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UNIVERSITY OF CALIFORNIA
AT LOS ANGELES
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LA ILUSTRACIÓN
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EMPANOLA Y
AMERICANA.
REVISTA DE BELLAS ARTES Y ACTUALIDADES
F U NIDIA D A
por el Excmo. Sr. D. Abelardo de Carlos.
AÑO XLII.
ÍNDICE DE LOS GRABADOS CONTENIDOS EN EL TOMO LXV.
(PRIMER SEMESTRE DE 1898.)
BELLAS ARTES.
itaadros, estatua?, monumentos, etc.
¡Adiós!, dibujo do Picólo, 304.
Aficiones precoces, dibujo de Sauber, 33.
Alegoría dkl Corpus Christi, por D. An¬
selmo Gascón de Gotor, 331.
Canciones de actualidad, dibujo de F. Al-
berti, 237.
Capuchinos en el coro cxntando vísperas,
cuadro de Navarrete, 189.
«Cjnff.tti» Y Serpentinas, dibujo de Jimé¬
nez Martín, 105.
Cjqübtsuía. cuvlro de G. Uoussin. 10.
Cjquetkuía, cua íro de Palmaroli, 101.
Costumbres andaluzas. — Una merienda, di¬
bujo de José García llamos, 28.
Cupido fin de siglo, 133.
De la corrida patriótica, dibujo de Pía, 234.
Despuéí de la función, cuadro de Degrave,
21.
El beso de un ángel, dibujo de M. Alcázar,
188.
En campaña, dibujo de Moreno Carbonero, 2 6 2.
En el baile, dibujo de Pía, 101.
En el columpio, dibujo de Carlos Vázquez, 8.
En el «foyer», dibujo de Muñoz Lucena, 17.
En la fuente, cuadro de Godward, 364.
Entre dos fue jos, cuadro de Percy Morau,
173.
Escudo colocado en el Ánco del nuevo Mi¬
nisterio de Fomento, escultura de lticardo
Bellver, 52.
¡Feliz año nuevo!, por Barraud, 1.
Intimidades, cuadro de Blaas, 14.
Jesús Nazareno, imagen que se venera en
u la iglesia de Sin Juaa de Letrán, en Mcm-
V toro (Córdoba), 209.
La Anuncación, cuadro de Murillo, 166.
La buenaventura al alcance de todos, di¬
bujo de F Mota, 49.
La emperatriz Isabel de Portugal, cuadro
del Tiziano, 149.
La farándula, cuadro de Garrido, 60 y 61.
La gallina ciega, cuadro de llicci, 13.
La Semana Santa f.n Madrid.— Visita de
Sagrarios, dibujo de Pía, 200.
La vendimia en Jerez, cuadro de Salvador
Viniegra, 93.
Las cuatro edades de la vida, cuadro de
Van Dyck, 45.
Las fiestas de Flora, cuadro de Cava-
llaro, 221.
Las joyas, cuadro de Czacborski, 10 y 11.
Madrid. — El pelele en los lavaderos, di¬
bujo de Emilio Sala, 103 y 109.
¡Mañana, gran día!, cuadro de Vollon, 156.
Monumento á Gayarre, por Mariano Ben-
lliure, 316 y 317.
«Música di camera», cuadro de Vicente Pal¬
maroli, 157.
Numtro Señor llevando la cruz, cuadro
de Sebastián del Piombo, 198.
Paisaje, por F. Morera, 44.
Paseo sobre el hielo, en el siglo xviii, cua¬
dro de P. Aureli, 29.
Primavera, cuadro de Linden, 140.
Propósito de la enmienda, dibujo de Alcá¬
zar, 172.
Recolección de la sal, cuadro de Salvador
Viniegra, 92.
Rbgreío de la pes3A, cuadro de Haquette, 113.
Riquezas ub Extremadura, cuadro de Emilio
Sala, 365.
San Juan ob la Peña, dibujo de Gastón de
Gotor, 202.
Secretos del tocador, cuadro de Lambert,
141.
Sueños de la noche de Reyes, dibujo de
Comba, 15.
Tapiz de «La Rendición de Granada», por
la Srta. D.* Catalina Narváez de Ruiz, 239.
Trafalgar, dibujo de J. Vallejo, 268 y 269.
Un currutaco, dibujo de C. Cuadra, 20.
Un día de Mayo, cuadro de Félix Mestres,
334.
DETRITOS.
Alvarez Tubau de Palbnoia (María), emi¬
nente artista española, 85.
Angelini (Enrique), cónsul tie Méjico en
Roma, 192.
Aranzabr y Estefanía (D. Ramiro), coro¬
nel de Infantería, 63.
Arbóh y Trcmantí (D. Fernando), laureado
arquitecto, 362.
Arguelles (D. llamón), coronel de volunta¬
rios de la isla de Cuba, 314.
Augustjn y Dávila (D. Basilio), gobernador
general de Filipinas, 136.
Atjñón y Villalón (D. llamón), ministro de
Marina, 293.
Bexlliure (Mariano), laureado escultor,
310.
Bermejo (D. Segismundo), ministro de Ma¬
rina, 177.
Blanco y Errnas (D. Ramón), gobernador
general de la Isla de Cuba, 357.
Bru (Isabel), del teatro de Apolo, 67.
Cadarzo y Rey (D. Luis), comandante del
crucero Rúni Cristina, 234.
Calleja (Dr. D. Julián), presidente técnico
del IX C ongreso de Higiene, 224.
Cámara Y Livermore (D. Manuel de la), con¬
traalmirante de la Armala, 277.
Campos (Luisa), del teatro de Apolo, 19.
Carrvnza y Ueguerv (D. llamón de), te¬
niente de navio, 212.
Cascajares y Azara (1). Antonio María), car¬
denal arz )bispo de Valladolid, 138.
Cavalotti (Felice), oralor y literato ita¬
liano, 176.
Ckrvf.ra y Topete (D. Pascual), contraalmi¬
rante de la Armada, 229.
Clara Barton (Mise), representante enCuba
de la Cruz R »ja norteamericana, 116.
Coll Y Zamuy (D. Francisco), mélico mayor
de S anidal Militar, 14.
Collado (D. Casimiro del), distinguido lite¬
rato, 356.
Conde Ferrucio Macóla. 167.
Cubas (Concepción), del teatro Eslava , 35.
Ciiamberlain (Mr.), ministro de las Colonias
de Ingl iterra, 303.
D’Annunzio (Gabriel), 97.
Dksniamps (L). Manuel), capitán del transat¬
lántico Montserrat y 245.
Díaz Morsu (D. Emilio), capitán de navio,
comandante del Cristóbal Colón , 323.
Díaz (D. Porfirio, hijo), capitin de Ingenie¬
ros del ejército mejicano, 36.
Dolz y Arango (D. Eluardo), ministro de
Obras Públicas y Comunicaciones de la Isla
de Cuba, 24.
Dovign Sigsbee (Mr. Charles), comandante
del Maine , en su cámara, 153.
Dreyfüs , 39.
Duque de la Victoria, individuo de la Aca¬
demia de Ciencias desde el año 1847, 40.
Dltse (Eleonora), eminente actriz italiana, 244.
El cabecilla Arangurkn, 71.
El comandante Esterhazy, 39.
El Dr. Paul Brouarokl, decano de la Fa-,
cuitad de Medicina de París, 213.
El emperador de Annam, Thanh Tiiai, ea
bicicleta, 84.
El general Fitziidgh Lee. cónsul general
de los Estados Unidos de Norte-América en
la Isla de Cuba, 159.
El general Saussibr, ex generalísimo del
ejército francés, 64.
El general Zurlinden, sucesor del general
Saussier en el gobierno militar de París, 58.
El príncipe Enrique de Prusia, jefe de la
según la división de la Escuadra alemana
en China, 5.
Frexas (D. Earique), eminente crítico musi¬
cal, profesor del Conservatorio de Música
de Buenos Aires, 48.
Gálvbz y Alfonso (D. José María), presi¬
dente del Miaisterio cubano, 6.
Gamazo (D. Germán), ministro de Fomen¬
to, 326.
Gladstone (Mr. William Evart), ilustre es¬
tadista inglés, 298.
González Muñoz (D. Andrés), teniente ge¬
neral, 37.
González y Pareado (D. Julián), general de
división. 3S4.
Goschen (Mr.), primer lord del Almirantazgo
de Inglaterra, 335.
Gorordo b Igartóa (D. José María de), ca¬
pitán del transatlántico Alfonso XIII, 273.
Guerra (Srta. D.R María Luisa), eminente
concertista, 170.
Haes (D. Carlos de), 376.
Hédigbr y Olivar (D. Emilio), capitán de
navio, 288.
Hernández y Fernández (D. Víctor), co¬
ronel , teniente coronal de Ingenieros, 32.
Humann, jefe de la Escuadra francesa del
Mediterráneo, 129.
Jefe y comandantes de la escuadrilla de caza¬
torpederos y torpederos destinada á la Isla
de Cuba, 169.
Jimeno y Cabañas (D. Aiml¡o), secretario
general del IX Congreso de Higiene y De¬
mografía, 224.
La oficialidad del aviso Giralda , 384.
La oficialidad del Montserrat , 248.
La Cerda y Gómez Pedro so (D. Manuel de),
general de división, 249.
Larrosa (D. José Ramón), decano do los
obreros y maestros de la fábrica de Tru-
bia ,31.
Long (Mr. John D.), ministro do Marina de
los EE. UU. de Norte-América, 160.
Loza y Pardavé (limo. Sr. Dr. D. Pedro),
arzobispo de Guadalajara (Méjico), 372.
M. Magdonald (Sir Claudio), ministro de In¬
glaterra en Pekín. 25
Maoías y Casado (D. Manuel), teniente ge¬
neral, 42
Malats (Joaquín), distinguido pianista es¬
pañol, 90.
Monga oa y Soler (D. Ilelioloro), coronel de
Infantería, 313
Monga da y Soler (D. Luis), general de bri¬
gada, 286.
Mon cayo ( José), del teatro de la Zarzuela, 51.
OsÉs y Rodríguez de Arellano (D. Joaquín),
general de brigada, 143.
Paz Graells (L> Mariano de la), individuo
de la Academia de Ciencias desde el año
1847, 40.
Teán (El Dr.), 87.
Pertierr\ y Albuerne (D. José), marqués
de Cienfuegos, 79.
Pidal y Mon (L>. Alejandro), 70.
Pino (Rosario), del teatro de Lara, 19.
Polo de Bernabé (D. Luis), ministro pleni¬
potenciario de España en Washington, 112.
Pon tes y Rosales (D. José de), primer far¬
macéutico de la Real Cámara, 338.
Prado y Villar (D Celedonio), maestro de
Instrucción primaria, 175.
Primer Gobierno autonómico de Puerto Rico,
321.
Primo de Rivera (D. Fernando), capitán
general de ejército, marqués de Estella, 53.
Primo de Rivera y Orbaneja (D. Miguel),
teniente coronel de Infantería, 58.
Reina Barrios (D. José Maria), presidente
de la República de Guatemala, 88.
Riouebjurg (Emilio), 87.
Rodríguez (D. Laureano), ministro de Agri¬
cultura, Industria y Comercio de la isla de
Cuba, 127.
Román (D. Manuel C.), jefe del partido auto¬
nomista de Puerto Rico, 383.
Romea (D. Julián), autor de El señor Joaquín,
estrenado en el teatro de la Zarzuela, 106.
Sanarklli (Doctor), distinguido médico, 351.
Sánchez (Salvador, Frascuelo ), popular ma¬
tador de toros, 164.
Sánghez y Gutiérrez de Castro (D. Juan
Manuel), duque de Almodóvar del Río,
ministro de Estado , 330.
Sbymour (Sir E. H.), comandante general de
la Escuadra inglesa en China, 25.
Tamayo y Baus (D. Manuel), 373.
Toral. y Velázquez (D. José), general de di¬
visión, 10J.
Torre í Campos (D. Rafael), comisario de
Guerra, 132.
Vizcondesa de Janzé, 327.
Zayas (limo. §r. D. Francisco), ministro de
Instrucción Pública del Gobierno de Cu¬
ba, 80.
LA GUERRA EN CUBA.
El titulado «Presidente de la República Cu¬
bana» Bartolomé Massó y su acompaña¬
miento, 161.
Guardias del titulado «Gobierno de la Repú¬
blica de Cuba», 137.
Individuos que forman el titulado «Gobierno
de la República de Cuba», 137.
Reparto de raciones en la trocha de Jácaro á
Morón, 24.
Residencia del titulado «Gobierno de la Repú¬
blica de Cuba» en la provincia de Puerto
Príncipe, 136.
Un tren militar conduciendo tropas, 4.
Bahía de Guantánamo, 385.
LA GUERRA EN FILIPINAS.
Croquis de la entrada y bahía de Manila, 263.
Gruta en Biac-na-bató. - Paseo del Malecón
y obras del puerto (Manila). — Calle del Ro¬
sario en Binondo. — Proveedores de víveres
á las puertas de Manila, 360.
Indígenas insurrectos y aliados do las tropas
norteamericanas, 361.
Los jefes tagalos en el tren que los condujo
á Dugapán, 76.
Sumisión de los principales jefes de la insu¬
rrección filipina. — Despedida de los jefes
tagalos y del teniente coronel D. Miguel
Primo de Rivera, en Sual, al abandonar ©l
archipiélago, 77.
Vista parcial de Manila, 341.
Idem de los puentes colgante y Ayala sobr©
el Pasig, 377.
LA GUERRA ESTRR ESPAÑA
Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.
Cañonero torpedero Hueva España , 308.
Idem de tercera, Ligera, 271.
Captura de dos redactores corresponsales del
periódico norteamericano World , en la
playa del Salado (Cuba), 313.
Cazatorpedero dispuesto para atacar, 169.
Croquis de la isla de Puerto llico, 282.
Croquis del Archipiélago Filipino, 2o6.
Croquis de las costas de la Florida y parte do
la del Norte de la Isla de Cuba, 255.
Croquis de la bahía de San Juan de Puerto
Rico, 279.
Croquis general de cables submarinos, 353.
Destructores y torpederos españoles, 89.
El acorazado Pelayo , 216.
El acorazado de segunda clase Cristóbal Co¬
lón , 328.
El acorazado Infanta María Teresa , 232.
El acorazado norteamericano Maine , 56.
El acorazado Massachusetts, 320,
El acorazado Vizcaya , 80.
El crucero no protegido Reina Cristina , 264.
El crucero no protegido Conde del Venadito ,
305.
El crucero norteamericano Merry Mac . — El
crucero español Reina Mercedes, 344.
El crucero norteamericano Montgomery , 161.
El destructor de torpederos Terror , 367.
El nuevo crucero Rápido , 250.
El transatlántico Saint Louis , 233.
El yate Giralda , 218.
Entrada del puerto de la Habana, 305.
Entrada de la bahía de Santiago de Cuba. —
Castillo del Morro — La población y la bahía.
— Muelle grande, 329.
Entrada y bahía de Santiago de Cuba, 312.
Escuadra de reserva fondeada en Cádiz, 300 y
301.
EE. UU. db Norte-América. — Instrucción
de reclutas de artillería en el fuerte Slocum
(Long-Island-Sound), 217.
— Fábrica de cañones de Washington, 160.
— La catástrofe del Maine.— El capitán Wil¬
liam T. Sampson, presidente de la comisión
norteamericana investigadora, 152.
Aspecto del buquedespnés de la explosión, 152.
El acorazado Maine sumergido, 152.
Los autores del informe yankee sobre las
causas de la voladura, 217.
La escuadra norteamericana á la vista de la
Habana. — Campamento de infantería de
Tampa.— El regimiento de línea núm. 13. —
Vista de Cayo Hueso. — Reconcentración de
tropas norteamericanas, 281.
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La escuadra volante americana en Hampton
Road, 256.
La escuadra española en Filipinas, 265.
La escuadra americana en Manila, 272.
La torre de proa del Vizcaya , 232.
Las guerrillas españolas rechazando el desem¬
barco de los americanos en Cienfuegos, 297.
Marina de guerra española, 124 y 125.
Marina de guerra norteamericana, 124 y 125.
Dinamitero Vesuvius , 378.
Plaza Norte del varadero, en Cárdenas, 287-
Plaza Sur del varadero, en Cárdenas, 287.
El mayor general Nelson A. Miles, 233.
Reclutamiento de voluntarios, 234.
Sección longitudinal del acorazado Maine} 194.
Torpederos en viaje parala Isla de Cuba, 169.
Torpedero americano Cusling , 271.
Trabajos de fortificación en la costa de San¬
tiago de Cuba, 340.
Recluta en Nueva York, 217.
Uniformes de los oficiales de la marina de los
Estados Unidos de Norte- América, 112.
V apor- correo A Ifonso XIII , 270.
Vapor norteamericano Right Arm, de la Em¬
presa contratista de la extracción del casco
del Maine , 184.
Vista parcial de Matanzas (Cuba), 280.
Vistas de San Juan de Puerto Rico.-— La en¬
trada del puerto. — Oeste de la ciudad. —
Barrio de la Marina y la bahía , 296.
ACTUALIDADES, ALEGORÍAS,
TIPOS, VISTAS, ETC.
Barcelona. — El Carnaval, 121 y 122.
— Desembarco de soldados heridos y enfer¬
mos de Filipinas, 168.
— Desembarco de tropas el 27 de Febrero
último de Filipinas, 144.
— Embarco de tropas para Cuba el 25 de
Febrero último, 144.
— Idem de tropas para Baleares, 288.
— Idem de pontoneros para Cuba el 5 del
corriente, 88.
— Idem de los batallones de Luchana y Ma¬
llorca para Canarias, el 5 del corriente, 216.
— Exposición de Bellas Artes é Industrias
Artísticas, 285. — Gran salón central, 320.
— Salas españolas y Sala extranjera, 319.
— Feria- concurso Agrícola, inaugurada el
5 de Mayo, 336. — Gran café-restaurant de
Colón y Academia de billar, 369. . .
— Llegada del León XIII conduciendo al ge¬
neral Primo de Rivera, ex gobernador gene¬
ral de Filipinas, 280.
Barcelona. — Palacio de Bellas Artes. — Inau¬
guración de la tómbola á favor de los dam¬
nificados por las últimas inundaciones. Di¬
bujo de Passos, 168.
Cádiz. — El Carnaval, 128.
Canarias (Santa Cruz de Tenerife). — Des¬
embarco de fuerzas expedicionarias, 236.
— Llegada de ingenieros militares, 236.
— Isla de Gran Canaria. — Cenobio de los
guanches con 503 celdas, 41.
Córdoba. — Catástrofe de Bélmez. — Vista de
la villa y mina Santa Isabel, 186.
— Solemnes funerales en la plaza del Santo,
185.
— Mina Santa Isabel, lugar del suceso, 185.
— Pozo núm. 22, de 180 metros, por donde
se extrajeron las victimas, 183.
Jerez déla Frontera. — La Fiesta del Arbol
en el Campo de Instrucción, 113.
La Habana.— Consulado norteamericano, 184.
— Las nuevas Cámaras. — Salón de Sesio¬
nes. — Vista exterior, 368.
— Manifestación de duelo con motivo del
entierro de las victimas del Maine, 143.
— Una manifestación ante la Capitanía ge¬
neral contra Iob groseros insultos á España
en las Cámaras y antees , 248.
Madrid. — Apertura de Cortes en el Senado. —
Ovación á S. M. la Reina Regente al leer
el discurso de la Corona, dibujo de Comba,
253.
— Llegada de SS. MM. al Senado, 250.
— Banquete de la Unión Conservadora, 72.
— El Carnaval, 120.
— Congreso de Higiene y Demografía. — Sala
séptima de la Exposición, 224.
— Máquinas de desinfección del Laboratorio
Municipal: carruajes, para heridos, de Sani¬
dad Militar, 225.
— Instalaciones de la Sociedad Protectora de
los Niños, del Sanatorio maritimo de Chi-
piona y de las publicaciones del Dr. Tolosa
Latour, 225.
— Congresistas de la sección de higiene mi¬
litar y naval, 240.
— Los delegados mejicanos, 240.
— Conferencia del Dr. Cajul en la Academia
de Medicina; recepción en el Palacio Real;
visita al Hospital Militar; banquete en el
teatro Real; recepción en el Ayuntamiento,
dibujo de Comba, 241.
— La primera comunión del rey D. Alfon¬
so XIII, 380 y 381.
Madrid. — Cuadro final de la función patrió¬
tica en el teatro Real el 31 de Marzo. — Ova¬
ción á S. M. la Reina, 204 y 205.
— El palacio de Bibliotecas y Museos, 220.
— Experiencias del suero antidiftérico de
Roux en el Instituto Microbiológico, 223.
— Fábrica Nacional de la Moneda y Tim¬
bre. — La acuñación de la plata, 345.
— Balanza automática, 347.
— La acuñación de la plata, 348 y 349.
— Máquina de inutilizar moneda. — Entrega
de la moneda fabricada. — Vista general de
la fábrica, 352.
— Fachada de la casa editorial de las obras
de Pérez Galdós, 289.
— Gabinete de Odontología del Dr. Gallar¬
do. — Sala de consultas, 191.
— Gran carroza gótica de la Empresa «La
Soledad», 292.
— Presidencia del Consejo de Ministros. —
Salón donde se celebran los consejos, 181.
— Prueba de una sustancia para la extinción
de fuegos, 148.
— Salida del batallón de León para Baleares,
249.
— Salida de Palacio de la Comisión del Se¬
nado después de entregar á S. M. la contes¬
tación al discurso de la Corona, 260.
— Solemne entrega á S. M. de la contestación
al discurso de la Corona, 257.
— Solemne Tedeum en Palacio, en acción
de gracias por la pacificación de Filipi¬
nas, 57.
— Solemne Tedéum en San Francisco el
Grande, en acción de gracias por la pacifi¬
cación de Filipinas, 73.
Mahón (Baleares). — Llegada de tropas á bor¬
do del vapor Ciudad de Mahón , 289-
Matanzas (Isla de Cuba). — Casa Consistorial
de la villa de Colón, 48.
Montoro (Córdoba). — Vista general de la
ciudad, 145.
Murcia. — La Semana Santa. — Maítr Doloro-
sa. — Cristo en la columna.— San Juan. —
La caída, esculturas de Salcillo, composi¬
ción de José Arija, 208.
— El prendimiento.— Salcillo, 207.
— La Verónica, escultura de F. Salcillo, 207.
Puerto Rico. — Patio interior del cuartel de
Ballajá. — Apeo del piso de la galería prin¬
cipal. — Grietas de los muros resentidos, 177.
San Juan de Puerto Rico. — Desembarco del
gobernador general Sr. González Muñoz, 81.
— Entierro del gobernador general Sr. Gon-
- zález Muñoz, 81.
Santiago dk Cuba. — Pescadores de Cayo
Smitb, próximo á la capital, 324.
Toledo. — El Alcázar, 32.
Zaragoza. — Vista parcial del principal salón
del café de Ambos Mundos, 176.
REVISTA EXTRANJERA ILUSTRABA.
Alemania. — Un nuevo sport. — Diversiones
populares, 65.
— Pruebas de aerostación recientemente ve¬
rificadas con un globo de aluminio, 41.
CocfliNCHiNA. — Gocong. — Visita del Empera¬
dor de Annam, Thanh-Thai, á las tumbas
de 8 us antepasados, 97.
China. — El acorazado inglés Centurión , 25.
— El fuerte de Talien-Wan, en la bahía del
mismo nombre, 25.
Escuadra alemana en China. — El acora¬
zado Deutschland, 5.
— El acorazado Gefión, 5.
— El crucero Kaiserin Augusta, 5.
— Vista general de Puerto Arturo, ocupado
por fuerzas rusas, 25.
EE. UU. de Norte-América.— Cayo Hueso. —
Edificio donde celebró bus sesiones la Co¬
misión encargada de investigar las causas
de la catástrofe del Maine , 196.
Francia.— El acorazado Brennus, 129. ?
— París. — El proceso Esterhazy. — Una se¬
sión del Consejo de guerra, 40.
— Palacio de la Vizcondesa de Janzé, 337.
— Moda femenina. — Tortugas bijoux, 65.
— Manifestación en honor del general Saus-
sier. — Destile de las sociedades patrióticas
en la plaza Vendóme, 64.
Italia. — Roma. — Bendición de Su Santi¬
dad, 209.
— La Semana Santa. — El Capitulo de San
Juan de Letrán dando gracias después del
bautismo de los judíos, dibujo de H. Este-
van, 201.
— Peregrinación mejicana. — Grupo de los pe¬
regrinos que van á Tierra Santa, 192 y 193.
— Su Eminencia el cardenal Herrera, acom¬
pañado del Embajador de España, recibien¬
do las visitas llamadas de calore, 228.
Marruecos. — Ingleses del sindicato The Globe
Venture, capturados por tropas del Sultán á
bordo del Alhassani , 96.
Noruega. — Skien.— Casa donde nació el céle¬
bre autor dramático Ibsen, 96.
Portugal. — Medalla conmemorativa del IV
centenario del descubrimiento del camino-
de las Indias, 295.
INDICE DE LOS ARTICULOS CONTENIDOS EN ESTE TOMO.
A — Los teatros, desde el número 1 al 15.
Andrade (D. Benito Mariano). — Literatura
novísima, 94. — Pueblos delincuentes, 338.
Anzorena (D. Luis). — El triunfo del arte
(poesía), 27. — El verdadero poeta (poesía),
178.
Arizcun (D. Ramón). — ¿Cómo se hace un
duro?, 346. — Del Sur de América, 385.
Armad ún (D. Juan), Ante una estatua (poe¬
sía), 386.
Becerro de Bengoa (D. Ricardo). — Por
ambos mundos, en todos los números.
Bonavento (D. Jacinto).— El cantor de la
miseria, 143.
Beruete (D. Aureliano). — Carlos de Haes,
379.
Blanco Belmonte (D. M.). — El diluvio
(poesía), 242.
Blasco (D. Eusebio) — ¡Sin luz!, 183.
Bnstillo (D. Eduardo). — El teatro en Es¬
paña, 142. — El «Ciego de Buenavista» (poe¬
sía), 226.
Calvo Bevilla (D. Luis).— Por qué el sol
no se apaga, 258.
Castelar (D. Emilio). — Alemania en China,
26. — La muerte de Cleopatra, 138. — Impo¬
sibilidad de las alianzas europeas, 219. —
Cuba nuestra, 267. —Los discursos de
Chamberlain y Salisbury, 362.
Cervera Bachiller (D. Juan). — Las cien¬
cias en España, 190.
Cuenca (D. Carlos Luis de). — Nuestros gra¬
bados, en todos los números. — A la Repúbli¬
ca yanlcee, 254. — Eucaristía (poesía), 331.
Díaz de Bzcovaff (D. Narciso). — Malague¬
ñas (poesía), 95.
Doctor Thebussem. — Sanes y compañía,
103.
Esperanza y Sola (D. J. M.). — Revista
musical, 318.
Fastenrath (D. Juan). — El centenario del
gran pintor alemán, 346.
Fernández Bremón (D. José).— Crónica
en todos los números.
Fernández Duro (D. Cesáreo). — Episo¬
dios de guerra marítima, 251, 314 y 330. —
Efectos del corso, 270, 299 y 378.
Fuentes (D. Anselmo).— Tercera ración
de artículos, 194.
Gascón de Goto* (D. Pedro). — San Juan
de la Peña, 202 .^Corpus Christi , 332.
Godró (D. Antonio).— A Grilo (poesía),
370.
Grilo (D. Antonio). — A mi querido poeta
Antonio María Godró (poesía), 370.
Jackson Veyán (D. José).— ¡Hay que ver¬
los! (poesía), 94. — Los estrenos, 111. — Los
Pepes muertos (poesía), 162.
Jover (D. José). — España (poesia), 274.
Xasabal.— La muerte de la Princesa de Join-
ville, 186. — La vida privada de un grande
hombre, 315.
Lapoulide (D. Juan). — Por la guerra
paz, 191.
Larrnbiera (D. Alejandro). — Voltaire, per¬
fumista, 175. — El alma del muerto, 350. —
- Noche de San Juan, 367.
Laszo de la Vega (D. Angel).— Vasco de
Gama, 288.
Leyva (D. Nicolás de). — El traje de
luto, 158.
Lope de Vega. — Soliloquio de un alma á
Dios, 206.
Lnstonó (D. E ). — Meter ruido, 27. — Los
que fueron , 334. '
Madariaga (D. Juan de). — Tribunales de
amor en Provenza, 46. — El problema de
Filipinas y el de la Península, 366.
Madrazo (D. Pedro de). — Tapiz de «La Ren¬
dición de Granada», 238.
Mar (D. A.). — Crónica parisiense, 303.
Ochoa (D, Rafael).— Carta de Cuba (poe¬
sía), 354.
Ontalvilla (D. L. de). — Juan de Juanes,
223.
Ossorio y Bernard (D. Manuel).— Ba¬
lance anual, 7. — Poetas desequilibrados,
155, 170.
Falacio (D. Manuel del). — Ante el cadáver
de mi querido amigo y compañero Manuel
Tamayo y Baus (soneto), 386.
F&lacio (D. Eduardo de). — El primero y el
último, 110. — A espada española, 187. — Sol
en Tauro (poesía), 354.
Fórez d0 Guzmán (D. Juan). — Tres gene¬
raciones de Silvelas y dos de Pídales, 78.
Pérez Galdós (D. Benito). — Episodios na?
dónales, 283.
Pérez y González (D. Felipe). — Con¬
trastes (poesía), 12. — Un reino por un
asno (poesía), 62. — Ofensas inofensivas,
106. — Din dan don ^ 299, 319.— Las ma¬
nos, 379.
Pérez Nieva (D. Alfonso). — Extrañas,
207. — Desayuno de gorrión, 331.
Pérez Záñiga (D. Juan). — ¿Más periodi-
• quitos? (poesia), 119.
B. España (D. Gabriel). — D. Eduardo
Dolz, 31. — El capitán del Montserrat , 254.
Beina (D. Manuel). — Dante (poesía), 82. —
Góngora (poesía), 306.
Beparaz (D. Gofizalo). — España en Amé¬
rica, 12.— Sorpresa en Arniens, 203. — Por¬
tugal en Oriente, 302.
Beyes (D. Arturo).— En la era (poesía), 142.
Bodao (D. José). — El sistema más cómodo,
(poesía), 47.
Bodrígnez Mourelo (D. José). — La re¬
volución del pan, 59, 107. — Las recientes
aplicaciones del horno eléctrico, 334.
Sánchez- Ar óvalo (D. C.). — La gavillera
(poesía), 111.
Sánchez Fórez (D. Antonio). — El primer
cuento, 12. — Grande en chico, 58. — El pú¬
blico . niño (?), 123. — El señor Andana,.
154.— Correo interior, 363.
Sandoval (D. Manuel de). — La nieve (poe¬
sía), 126.— A un impaciente (poesía), 195. —
La niña y la mariposa (poesía), 322. — Ins¬
tantánea (poesía), 354.
Sellés (D. E.).— Pruebas fotográficas, 6.
Serrano Fatigati (D. Enrique).— Ciudad-
Rodrigo, 187.
Soriano (D. Manuel). — La guerra (poe¬
sía), 290.
Stor (D. Angel). — La mano blanca, 30 —
Injusticia y lealtad , 95. — El cacao, el cho¬
colate y el ayuno, 206.
Tejera (D. José Pío). — La procesión de)
Viernes Santo en Murcia, 203.
Tolosa Latour (D. M. de).— El Congreso-
internacional de Higiene, 235.
Valora (D. J uan). — Sobre la primera repre¬
sentación de la tragedia Cleopatra, 43. —
Tres recientes representaciones teatrales,
75. — La duda, 90.— Sobre la primera re¬
presentación de El Padre Juanico , 174.
Verdea Montenegro (D José). — Las mu¬
jeres de Gabriel d’Annunzio, 97.
X.-^Un aniversario solemne, 47.
Zeda. — Pepito Pérez, 63. — Teoría y práo-
tica, 271. .
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Madrid.. . . <
Provincias.
Extranjero.
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN.
PRECIOS DE SUSCRIPCION. PAGADEROS EN ORO.
TRIMESTRE.
SEMESTRE.
ANO.
ADMINISTRACIÓN:
.ARENA. Xj, 18.
3.» pesetas.
40 id.
60 francos.
18 pesetas.
21 id.
26 francos.
Cubo. Puerto Rico y Filipinas. 12 pesos fuertes. < pesos fuertes
I Demás Estados do América y
Asia . 60 francos. 35 francos.
10 pesetas.
11 id.
14 francos.
Madrid 8 de Enero do 1898.
¡FELIZ AÑO NUEVO!
DEL NATURAL POR BARRAUD.
i
Digitized by ^.ooQie
2 — N.° I
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Enero 1898
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nues¬
tros grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Pruebas fotográfi¬
cas, por D. Eugenio Selles. — Balance anual. 1HU7. por D. Manuel
Ossorio y Bernard. — Contrastes, sonetos, por D. Felipe Pérez y
González — El primer cuento, por L> A. Sánchez Pérez. — España
en América, por D. G. Reparar.. — Por ambos mundos Narraciones
cosmopolitas, por D. Ríe irdo Becerro do Bengoa — Los teatros,
por a.— Sueltos. — Libros presentados it esta Redacción p >r autores
ó editores, por C.— Anuncios
GRABADOS. — Bellas Artes : ¡Feliz año nuevo!, del natural . por Ba-
rraud — En el columpio, dibujo de Carlos Vázquez —La* joyo*, cua¬
dro de Czaehorski.— La gallina vicia, cuadro de Ricci - Intimida-
de*, cuadro de Blaas. — Sueño * de la noche ti ’ It> ye*, dibujo de Com¬
ba.— Coquetería, cuadro de G Koussin. — En el «foyer», dibujo de
Muñoz Lueena. — l'n currutaco, dibujo de C. Cuadra. — Retrato de
D. Francisco Coll y Zamuv medico mayor de Sanidad Militar, or¬
ganizador de varios hospitales en la isla de Cuba — La guerra en
Cuba: Un tren militar conduciendo tropas.— La escuadra alemana
en China: El crucero Kais rin Angada. — El acorazado Deutschtand
—El acorazado G '.ñon. — Retrato del principe Enrique de Prusia,
jefe de la segunda división de la escu idra alemán i en china —
Retrato del Exorno .Sr. D. José M Gal vez y Alfonso, presidente
del Ministerio cubano.— Retratos de Rosario Pino, ael teatro de
¿ara, y de Luisa Campos, del teatro de Apolo.
NUESTROS SUPLEMENTOS. — lietrato de Mona Lisa . llamada vulgar¬
mente *<la Gioconda ». cuadro de Leonardo de Vinci. — En la plaza
May>r, dibujo de Emdio Sala.
CRONICA GENERAL.
Amigo R...:
~ E dice usted que le conteste en mi Cró-
í ¿Un nica, y nada me cu asta complacerle,
jjwlP porque mi respuesta coincide con lo
que sobre poco más ó menos había de
escribir en ella. 81 liemos de creer á
los periódicos, la gente está muy preocu¬
pada con los problemas políticos que hay
necesidad de resolver y la escasez de recur¬
sos; pero yo, que veo á todo el mundo diver¬
tirse, y los teatros llenos, y la animación de
tanta cara üe pascua, me tiguro que hay dos Hispa¬
nas: una que nos abruma con sus pesimismos, y
otra á quien no se le importa un bledo de cuanto
pueda suceder, y á la que toda variación es simpá¬
tica si tiene algo pintoresco, pero que no se halla
dispuesta á tomar parte en nada, sino á servir de
público y aplaudir ó silbar desde sus asientos.
Están asistiendo á una función.
Esa mayoría ni se ha opuesto ni se ha alherido
á lo de la autonomía de Cuba. No se explica qué
ganen ni pierdan los cubanos por tener como nos¬
otros un juego de ministros y sus Parlamentos: el
pueblo de Madrid se interesa poco por las discu¬
siones, y á la tribuía pública ya sólo acuden los
paletos, los cesantes y algún desocupado: nadie
lee el Diario de las Sesiones, y hasta los diarios po¬
líticos reducen tanto, cuando las Cortes están abier¬
tas, el extracto de los discursos, que, en realidad,
no se sabe lo que han dicho los oradores: es un
índice de los que hablaron, atribuyéndoles muchas
veces conceptos que no se les ocurrieron. En otro
tiempo, el solo anuncio de nuevas elecciones hu¬
biera agitado é interesado por lo menos al público;
hoy sólo se preparan los políticos que pueden figu¬
rar en algún encasillado, por haberse compren¬
dido que la voluntad electoral coincide casi exac-
timente con aquellos borradores: la voluntad na¬
cional pone en limpio la voluntad de los Gobiernos.
Creo que divago. Lo del general Weyler parece
terminado en bien, puesto que el Consejo Supre¬
mo no halla materia de delito en su exposición-
protesta contra las injurias inferidas por el pre¬
sidente Mac-Kinley: el hecho se presta á toda
clase de interpretaciones: en realidad, el ataque
fue grosero, pero contra la inviolabilidad presi¬
dencial sólo cabe protestar á cañonazos, y dema¬
siado sabía el general Weyler que si eran duras las
palabras presidenciales, al fin eran palabras, y
hace tiempo, y no por dichos, sino por hechos, que
venimos disimulando, y hemos tenido y ha tenido
Su Excelencia que reprimir la cólera, atendiendo
á razones principales para contenerla. Pero lo he¬
cho hecho está: si el Presidente injurió, el Gene¬
ral protestó con calor; si aquél es inviolable y
puede decir lo que guste, también las decisiones
de nuestro tribunal del Consejo Supremo de Gue¬
rra y Marina lo son, y asunto concluido.
Y si el documento no contiene nada penable,
claro es que las denuncias de los periódicos que le
publicaron no pueden prosperar. Y esto no es su¬
poner que la conducta del general Weyler nos pa¬
rezca completamente clara y satisfactoria. No le
hemos molestado nunca, y le hemos defendido en
lo que se le debía de justicia: vemos en él un
nombre y una significación útil para ciertas situa¬
ciones y eventualidades; creemos que desnatura¬
lizan su carácter y le colocan en inferior catego¬
ría los que pretenden darle' la apariencia de un
agitador: estos tipos sobran en España: jefes du¬
ros y enérgicos, dispuestos á reprimir revueltas,
éstos son los que hacen falta para las grandes oca¬
siones.
Y no es que tema complicaciones belicosas con
los Estados Unidos: podré equivocarme, pero los
considero el enano de la venta, á quien se metería
el resuello en el cuerpo si nos lo propusiéramos:
por de prónto, ya hablan de construir un cañón
gigantesco para defender á Nueva York: se han
asustado de sí mismos. Reconocemos que es una
nación muy ade antada industrialmente . pero,
dada su ambición y soberbia, ya hubieran inter¬
venido militarmente en nuestros asuntos
. Si tuviera el corazón
Zaide como la arrogancia,
porque rara vez resulta que el prudente carezca
de valor y el insolente de astucias para rehuir el
peligro. Lea usted estos párrafos curiosos de una
carta de Nueva York, escrita por el Sr. D. Lau¬
reano Fernández Auja, que conoce bien aquel
país:
«En realidad, es una nación muy débil en el
caso de un conflicto con otra hasta de cuarto or¬
den, pues su sistema militar y fuerza es muy po¬
bre comparado con el de Europa. Es además su
sistema financiero tan malo y peligroso en caso
de conflicto con una nación marítima, que cuando
se ofrece hacer alguna exportación de oro para
pagar los créditos á los remitentes de Europa,
siempre amenaza una crisis financiera en todo el
país, porque el Gobierno es el único responsable
de redimir el papel moneda circulante. La suma
de esta clase de moneda es colosal, sin medio para
redimirla: existe en circulación 1.100 millones de
pesos, sin haber más que 100 millones en la Teso¬
rería para responder de los 1.100 millones. Más
aún: el Gobierno tiene una deuda de cerca de 1.000
millones de pesos en obligaciones del 4 por 100
de interés, á plazos de diez y veinte años, y sobre
estas inmensas cargas hay en Europa más de
2.000 millones en obligaciones é hipotecas de las
Compañías de caminos de hierro de este país, por
los que tiene que pagar dividendos é intereses, y
sólo á una amenaza de guerra con una nación de
Europa caería sobre este mercado una cuarta
parte de esas obligaciones para convertirse en
oro, que no hay, y una crisis tremenda que impe¬
diría al Gobierno levantar fondos para la guerra.»
Concluye creyendo que, en caso de guerra, la vic¬
toria sería de España; y si se limitase á hacerla
marítima y no cometiese el error de desembarcar
un solo hombre, impondría condiciones á la gran
República. El Sr. Fernández Auja no desea, sin
embargo, la calamidad de la guerra, aunque no la
teme. Yo tengo mucho gusto en publicar estos da¬
tos y esta opinión del publicista que refutó en el
Commercial Advertiser las insolentes diatribas de
Mr. Taylor contra España, é insertó otros docu¬
mentos importantes, haciéndolos distribuir á los
diputados y senadores norteamericanos.
Pidal en Madrid, Sil vela en Badajoz ¿Se unen
al fin? Hoy por hoy, parece que existen cuatro
partidos conservadores: el que preside el Sr. Sil-
vela; el delSr. Pidal, con su círculo; los que espe¬
ran con el Sr. Elduayen . . y los que capitanea
D. Francisco Romero Robledo. Les está sucedien¬
do lo que á lo* republicanos; son los jefes, no las
huestes, los que no se entienden y concuerdan.
No faltan, sino que sobran jefes; es el defecto de
nuestra raza. Hay además un part do conservador
independiente, el de El Na en mol, que sólo tiene
de conservador el recuerdo de Cánovas, y es un
revolucionario antiliberal, ó, por mejor decir, un
contrarrevolucionario demagógico. lúiede que no
me explique bien, pero no sé decirlo de otro modo.
Esta es la síntesis, amigo mío, de los asuntos po¬
líticos de estos últimos días. Por supuesto, que al
honrado público español no le han cortado la di¬
gestión de los turrones, como tampoco los decre¬
tos del Gobierno. Ha comprendido que la historia
de España es muy pintoresca y entretenida, y
asiste á su desarrollo, como dije al principio de
mi carta, desde sus asientos de galería. Suyo afec¬
tísimo, — J. F. B.
o
« e
Dos dramas españoles están en juego en el Ex¬
tranjero: el Don Juan Tenorio , de Zorrilla, tradu¬
cido en verso alemán por nuestro querido amigo el
ilustre D. Juan Fastenrath, siguiendo los ritmos
del original, según nos manifiesta el traductor:
precede á su trabajo en la elegante edición del li¬
bro un estudio acerca del Don Juan en la literatu¬
ra universal, y una idea circunstanciada de El Bur¬
lador de Sevilla , en que se traducen también en
verso trozos de aquella comedia famosa. El Sr. Fas¬
tenrath ha adquirido con su trabajo otro título á la
consideración de los españoles : hace algunos años,
los escritores que nos hallábamos en Madrid ce¬
lebramos su venida en un banquete. Cerró los
brindis Castro y Serrano con un relato tan senci¬
llo como oportuno: contó que, visitando á Colonia,
entró en la casa de Fastenrath, y en ausencia de
éste fue recibido por su madre; pero ésta no sabía
el español ni Castro y Serrano el alemán, <ry sin
embargo, decía Castro, me hice entender de aque¬
lla señora: como que le hablaba de su hijo». Recor¬
dando aquel episodio, recorrí el Tenorio en alemán
y casi le he entendido: como que es el drama fa¬
miliar en que hemos aprendido á saborear la fres¬
cura y la belleza: por cierto que no ha hecho el
traductor la supresión del final del acto de la
quinta, como se acostumbra en el teatro, ni el
principio del acto segundo, en que se quita un
personaje; hemos reconocido los ovillejos, las dé¬
cimas de amor y las del panteón, sólo que no las
podemos pronunciar.
Tierra baja, , del Sr. Guimerá, se estrenó en
París, en un teatro destinado á dar á conocer las
obras extranjeras, y produjeron efecto sus escenas
culminantes. Sarcey cree que con algún arreglo, á
pesar de su violencia, la obra podría ser represen¬
tada en otros teatros de París. Por cierto que co¬
mete un error el crítico más sensato (1) de los que
hoy funcionan en París. Para un público español,
viene á decir, no habr i que explicar esa costum¬
bre extraña en que la obra se funda, de disponer
el señor de la honra de sus vasallos . Debemos,
en honra de Cataluña y de toda España, declarar
que esa costumbre necesita explicarse y probarse,
lo mismo al público español que al público francés.
Si ha existido algún privilegio tan deshonroso es¬
crito cuando pocos sabían leer, no creemos que
jamás le hayan hecho efectivo los españoles ni
sufrido los catalanes.
9
O O
Voy á hac3r tragir al lector unas píldoras de
crítica.
No sabemos si alguna estética ha clasificado la
literatura amena en dos grupos: la que fatiga y la
que interesa. Por mi parte, distingo mejor esa di¬
visión que la de la literatura regional cuando no
tiene dialecto propio: acaso en el atomismo á que
vamos descendiendo, y que hará del siglo XX el
siglo de los microbios si Dios no lo remedia, ten¬
dremos novelas de familia, dada la tendencia á
empequeñecer y estrechar el horizonte. Prefiero
los que vuelan á los que se encogen; pero no re¬
chazo géneros en literatura, y mucho menos que
cada cual se inspire en lo que mejor conoce. El
Lagar de la Vt nucía, que su autor D. Arturo Re¬
yes califica de novela andaluza, reúne todas las
condiciones para serio: autor, lugar de la acción y
diálogo andaluces. No parece que debe haber duda
en la veracidad de las descripciones, el provincia¬
lismo de los tipos y del lenguaje en que se expre¬
san; pero estas condiciones indispensables para la
calificación del regionalismo necesitan un peri¬
taje regional en cada caso, razón por la cual esa
cualidad que hoy tanto se estima no pertenece al
cuadro de las dotes esenciales de una obra litera¬
ria juzgada en su valor total y positivo; para la li¬
teratura universal, ó simplemente nacional, el re¬
gionalismo no es apreciable sino en cuanto sea un
filón de donde se extraigan y lleven bellezas al
arte en general; no tiene elementos para distin¬
guir y apreciar el regionalismo; tenemos que des¬
cartar éste, sin negarle su valor indígena y sus
encantos en el círculo por donde se extiende su
corta acción; pero no reconociéndole como ade¬
lanto, sino como limitación que reduce la cate¬
goría de las obras que no pasan de ese círculo,
aunque en conjunto pueden, por su abundancia,
dar variedad y riqueza de tipos á la literatura na¬
cional. El Lagar ds la Vihuela , siendo, según los
peritos, novela muy andaluza, es algo más: es una
novela fresca, sentida, poética, delicada y juve¬
nil; si el desenlace, que es lógico ante la razón, lo
fuera ante el sentimiento, sería una obra deliciosa
por completo; pero la desolación moral con que
deja á los personajes después de una acción tran¬
quila y dulce, y la indeterminación con que con¬
cluye, lo que se deslizaba claro y sereno tiene
algo del terremoto en un paisaje risueño: á mi
juicio, el final disloca la unidad de la impresión,
ese sentimiento general que es el espíritu de
una novela y que exige á unas terminar trágica¬
mente, y á otras de un modo más dulce. A mi jui¬
cio, D. Arturo Reyes ha sentido la novela y ha
pensado el final. Más inspirada que reflexiva, le
iba saliendo por sí sola; en fin, que ha estado á
pique de hacer una pequeña obra maestra sin que¬
rer, y se ha desgraciado en los momentos decisi¬
vos; pero que, á pesar de ello, está llena de poe¬
sía y sentimientos delicados, y es digna del juicio
que hizo mi amigo C... en su sección de Libros pre -
(1) Digan lo que quieran sus enemigos, ¿ quienes ofende el
gran sentido común del escritor, sentido que ya no está en moda.
Digitized by ^.ooQie
8 Enbro 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° i — 3
sentados; pero no he podido prescindir de la oca¬
sión que el libro me ofrecía para hacer algunas
reflexiones.
• •
La Epoca está celebrando el 50.° aniversario de
su fundación: no hemos visto el número con que
celebra esa fiesta periodística; pero el que esto
firma escribió por espacio de dos años sus ar¬
tículos de fondo, hace veinte años, y se honra y
se complace en recordarlo, y desea al decano de la
prensa madrileña toda la prosperidad que se me¬
rece, así como un recuerdo cariñoso á la memoria
del ilustre periodista D. Ignacio Escobar, primer
Marqués de Yaldeiglesias, y á su digno sucesor en
el título y en la dirección y propiedad de tan im¬
portante periódico.
También se ha recordado en estos días al nove¬
lista D. Manuel Fernández y González, y aun se
ha pedido que su nombre dé título á una calle.
«¿Cómo á una calle? — diría si pudiese hablaren su
lenguaje hiperbólico. — Yo debo dar nombre á una
provincia.» Y tendría razón si lo dijese compa¬
rándose con otros que figuran en los azulejos de
Madrid, y producen tal confusión que nadie sabe
dónde está nada. Por cierto que se ha insistido
en la leyenda de que Fernández y González sabía
poca historia: no es exacto; el que repase sus no¬
velas, que se leen siempre con gusto, hallará en
ellas algo más que un colorido intuitivo de época;
datos precisos de la antigua localidad de Madrid,
que sólo se saben con los planos á la vista; datos
de indumentaria que sólo se obtienen en los mu¬
seos, y de los usos y costumbres de otros tiempos
conformes con los pormenores que se hallan re¬
pasando crónicas, leyes olvidadas, constituciones,
reglamentos y libros poco conocidos. Si se equi¬
vocó muchas veces, en cambio acertó otras mu¬
chas en cosas que no se adivinan, sino que se ave¬
riguan; no era un ignorante, y á sus novelas por
entregas habrán de acudir los que escriban la his¬
toria de la novela popular, y páginas gallardas de
noble, claro y transparente estilo castellano.
<►
• «
— ¿No le parece á usted consolador el reparto
de juguetes que se ha hecho este año á los niños
pobres el día de Reyes?
— ¡Ya lo creo! no sabe usted con qué emoción he
sabido que hay niños todavía.
— ¿Qué dice usted?
— Que si me hubieran preguntado qué regalo con¬
vendría colocar en sus zapatitos, hubiera respon¬
dido: «Ponga usted tabaco ó credenciales.»
— Papá — decía un niño, — ¿por qué los Reyes
Magos no ponen juguetes á los niños pobres? ¿Es
que todos los niños pobres son malos?
— No . es que no pueden poner zapatos al bal¬
cón..... porque no tienen zapatos.
— ¿Habéis echado los estrechos?
— Sí; por cierto que la República Norteameri¬
cana cayó con el Cañón de Julio Verne.
— Se comprende: para bombardear el firmamen¬
to, á ver si cae en su bandera alguna estrella más.
— Pues yo soñé que había bailes de estrellas y
Mac-Kinley tenía que pegar con goma las de su
bandera para que no se encapasen de la percalina.
— Sueños: esas son estrellas fijas.
— Pues menudo movimiento tenían las del Sur
hace algunos años: no parecían fijas, sino errantes.
Se acababa de partir el pastel de Reyes: el haba
en dulce para la reina de la fiesta; el haba seca
para el galán que debía regalar.
— El año pasado — dijo una señora — no pareció
la del caballero; alguien debió tragársela.
— Se ha previsto el caso: el haba que hemos
puesto este año es de rejalgar.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
¡Feliz afio nuevo! , del nntural, por Barraud. — En el columpio, dibujo
de Carlos Vázquez.— La* joga», cuadro de Czaeboivki. — La gallina
ciega, cuadro de Ricci — Intimidarte*, cuadro de Blaaa. — Sueños de
la noche de Rene» , dibujo de Comba. — Coquetería , cuadro de
G. Rounsin.— En el « foyer» , dibujo de Muñoz Lueena. — Un curru¬
taco , dibujo de C. Cuadra.
Para felicitar cordialmente á sus lectores por la
nueva entrada del año, La Ilustración Espa¬
ñola y Americana ha escogido como enviada
extraordinaria á la linda muchacha que en nues¬
tra primera página aparece abriendo los blancos
velos que envuelven como brumas su graciosa ca¬
beza y saludando á todos donosamente en nuestro
nombre.
Quiera el cielo otorgarnos á todos la salud que
revela el animado semblante de nuestra mensa¬
jera, y tanta satisfacción por las prosperidades
logradas, como alegría demuestra su regocijada
sonrisa.
Un elegante dibujo de Carlos Vázquez publica¬
mos en la página 8. Dentro de la sencillez del
asunto tan gallardamente dibujado, puede encon¬
trar el observador cierto simbolismo de facilísima
interpretación : la joven que se complace en me¬
cerse dulcemente en el columpio, ha cogido al pa¬
sar una manzana del árbol inmediato; ¿y qué
Adán puede contemplar tranquilo esa fruta en fe¬
meniles manos?
El cuadro de Czachorski que reproducimos en
las páginas 10 y 11 está magistralmente compues¬
to, y tanto las figuras de las damas que contem¬
plan embelesadas las ricas joyas, como todos los de¬
talles del cuadro, están pintados admirablemente.
No menos agradable es la composición de Ricci,
que se ha inspirado en las costumbres de la época
de Luis XV para pintar su cuadro de La gallina
ciega , cuya copia damos en la página 13. En lujoso
salón, los atildados cortesanos de la época se di¬
vierten en juegos infantiles . no siempre ino¬
centes. El de la ga lina ciega, que los franceses
llaman Colín- Maillard , tiene, según ellos, un ori¬
gen heroico nada menos. Oolin-Maillard era un
bravo guerrero que en su último combate perdió
los ojos, y á ciegas siguió comlatiendo y ven¬
ciendo.
El origen del juego español no está tan averi¬
guado; pero seguramente debió ser distinto, pues
no cuadra el recuerdo del valiente ciego con lo
de gallina .
El cuadro titulado Intimidades, que ocupa la pá¬
gina 14, pintado con tanta verdad y tanta expre¬
sión por Blaas, copia fielmente dos hermosos tipos
de mujeres venecianas.
La carta, que hace sonreir á la lectora y pre¬
ocupa á la oyente, es sin duda de un carácter tan
íntimo . que fuera ind.screto tratar de averi¬
guarlo.
Cuando contemplamos á los pequeñuelos colo¬
cando cuidadosamente sus zapatitos, para que sobre
ellos depositen los Reyes Magos su regalo anual;
cuando los vemos acostarse el 5 de Enero llenos de
esperanzas y de temores, y despertar emocionadí-
simos al acercarse el momento de conocer la sobe¬
rana voluntad de sus Majestades orientales, nos
asombramos de su fe y hasta nos reímos á veces
de su ilusión. Mas si hacemos un íntimo examen
de conciencia, los grandes, que así juzgamos á los
pequeños, ¿cuántas noches de Reyes no encontra¬
mos en nuestros incesantes anhelos de todo el año?
El lápiz de Comba ha trazado en la página 15
una humorística composición, no diremos de alto,
sino de humilde simbolismo, puesto que tiene por
base..... la de nuestras propias bases, ó sea el cal¬
zado. ¡Es la noche de Reyes!
Los niños dejaron botitas y zapatos soñando en
los anhelados juguetes: la muchacha recién puesta
de largo coloca los zapatos de raso con que ha ido al
primer baile, y sueña con la timbrada carta del
Marquesito de X..., que está si cade ú non cade ; la
estrella coreográfica pone su calzado de bailarina
soñando con un aderezo muy repreciosísimo de que
la ha hablado un abonado á diario muy retesimpá -
tico. El segundo teniente Mengánez deja sus botas
más grandes, soñando con tres entorchados, ¡que
es soñar!; el diputado Fulánez sitúa su lustrosa bota
de charol junto al Diario de las Sesiones , en que fi¬
gura su último discurso sobre la suprimida renta
del Excusado, soñando con una gran cruz española,
si puede ser, ó extranjera, bien del Elefante blanco
ó de otro animal de cualquier color; la Zelipa, pan¬
talonera ella , que también trabaja en blanco.....
cuando no la pagan, pone sus zapatos, y sueña que
un mantón de la China... na
la van á regalar.
El artista deja bien visible la suela del zapato
para que se vea adonde no le llegan sus colegas, y
sueña con la primera medalla; el anciano coloca
sus zapatillas deseando más vista para sus ojos,
menos tos para su pecho y muchísimos más cupo¬
nes y billetes para su gaveta; la Menegilda pone
su calzado, y sueña con que cada rey la regale un
novio, melitar él, por supuesto, y uno de ellos ar¬
tillero . . si pudiera ser. El punto coloca los res¬
tos del calzado que posee, y sueña . ¡con dos
pesetas!
Resumamos nuestras impresiones en una consi¬
deración melancólica, mientras encontramos un
poeta pesimista que nos la versifique dolo rizán¬
dola:
Latida es sueño: sueño de noche de Reyes: los hombres
presentamos nuestros zapatos á la Fortuna, y la versátil
diosa ¡ay! nos trata d zapatazo
En su cuadro Coquetería ha hecho Roussin un
hermoso estudio de mujer. De él da perfecta idea
nuestro grabado de la página 16, y en él pueden
admirar nuestros lectores la artística colocación y
el correcto dibujo de la bella, que sabe que lo es
y se deleita en adornar con flores su arrogante
busto.
Tomás Muñoz y Lueena no ha buscado en las
costumbres de pasados tiempos asunto para la ar¬
tística composición que en la página 17 publica¬
mos. El asunto es de nuestros días, y aun más pro¬
piamente de nuestras iwches. En el lujoso foyer de
un teatro de ópera, los tenorios de bastidores ga¬
lantean á las bailarinas di rango frúncese que con
ellos platican alegremente mientras no suena la
palabra mágica a A escena », que disuelve los gru¬
pos, como dispersa una pedrada una bandada do
pájaros.
Muy bien estudiada y muy bien puesta la figura
del currutaco, que publicamos en la página 20,
diestramente pintada por Cipriano Cuadra.
Es gracioso el contraste que forma el elegante
traje del currutaco con su fisonomía tan poco dis¬
tinguida, y nos recuerda al señorito de pueblo, ga¬
lán , teatralmente hablando, en La Mojigata , de
Moratín.
»
« *
DON FRANCISCO COLL Y ZAMUY,
médico mayor de Sanidad Militar.
Nació en Aragón, y estudió en Barcelona la ca¬
rrera este distinguido médico, que de tan justa y
excelente reputación goza en el cuerpo de Sanidad
Militar, al que pertenece desde 1872. En él ingre¬
só después de muy brillantes ejercicios de oposi¬
ción, y durante la guerra carlista prestó excelen¬
tes servicios en los ejércitos de Cataluña y del
Norte.
Fue después médico del ministerio de la Guerra;
y cuando su talento y sus conocimientos médicos
lo habían proporcionado en Madrid una numerosa
clientela, le correspondió por sorteo pasar á Ul¬
tramar, y allá lué, posponiendo al cumplimiento
de su deber militar todas sus personales conve¬
niencias.
Destinado á Holguín, prestó inmejorables ser¬
vicios, y después organizó el hospital de Hacen¬
dados en la Habana, el dé Guanabacoa y el de
Regla, donde se encuentra destinado en la actua¬
lidad.
Don Francisco Coll se ha distinguido notable¬
mente en la presente campaña de Cuba, procu¬
rando siempre la mejor asistencia para el solda¬
do, logrando en este terreno verdaderos prodigios
su tesón aragonés, puesto al servicio de tan nobi¬
lísimos propósitos.
Cuéntase que, encontrándose una vez con que en
la numerosa enfermería de que estaban encarga¬
dos facultativos provisionales del país ocurrían
muchos fallecimientos, se hizo cargo él solo, sin
más auxilio que el de los sanitarios á sus órdenes,
de la asistencia de cientos de enfermos, y muy
pronto se vieron los mejores resultados de este
generoso y eficaz esfuerzo.
El Sr. Coll ha obtenido dos cruces de segunda
clase pensionadas del Mérito Militar, y se halla
propuesto para el empleo inmediato.
Cuantas personas conocen á este distinguido
jefe, cuyo retrato publicamos en la página 4, ce¬
lebran la franca lealtad de su carácter y lo afable
de su trato, así como la grandísima modestia que
acrecienta las simpatías que se ganan sus excelen¬
tes condiciones.
*
* *
LA GUERRA KN CUBA.
Un-tren milita* conduciendo tropa**. - *
Continuando nuestra información sobre la cam¬
paña de Cuba, donde, sin perjuicio de la generosa
concesión del nuevo régimen, se emprenden acti-
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4 — N.° 1
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Enero 1898
vas operaciones militares contra los
rebeldes, publicamos en la página 4 un
grabado representando un tren militar
para el transporte de tropas.
* 4
BARCOS ALEMANES EN CHINA.
En la página 5 damos el retrato del
Í>ríncipe Enrique de Prusia, que manda
a segunda división naval que Alema¬
nia ha enviado al extremo Oriente,
compuesta del acorazado Deutschland
y los cruceros Kaiserin Augusta y Ge -
fioriy de los cuales publicamos también
copias fotográñcas en la página citada.
Sabido es que, con objeto de exigir
una satisfacción por la muerte dada á
dos misioneros alemanes asesinados en
Yen-Tu el l.° de Noviembre, tomó po¬
sesión de Kiao-Tcheou, el día 14, el
contraalmirante Otto Diederichs , que
mandaba el Kaiser y los dos cruceros
Prinz Wilhelm y Arcond, por lo cual
no ha podido menos de llamar la aten¬
ción y preocupar seriamente á las de¬
más potencias el hecho de haberse en¬
viado una segunda división á las órde¬
nes del Príncipe de Prusia, al mismo
tiempo que se ha nombrado vicealmi¬
rante, comandante en jefe de las fuer¬
zas navales alemanas en el extremo
Oriente, al contraalmirante Diede¬
richs.
El acorazado Deutschland tiene
85 metros de eslora por 19 de manga, y
una máquina de 8.000 caballos que de¬
be producir una velocidad de catorce
nudos en servicio. Ya tripulado por
668 hombres, y tiene dos cañones de
26 centímetros, siete de 15, doce de
37 milímetros y ocho ametralladoras.
El crucero Kaiserin Augusta tiene
118 metros de eslora y 15 de manga,
y su potente máquina, de 12.800 caba¬
llos, ha logrado en los ensayos una
velocidad de veintidós nudos. Está ar¬
tillado con doce cañones de 15 centí¬
metros, ocho de 87 milímetros y ocho
de 57, y lleva 427 hombres. El GeJiony
D. FRANCISCO COLL Y ZAMUY,
MÉDICO MAYOR DE SANIDAD MILITAR,
ORGANIZADOR DE VARIOS HOSPITALES EN LA ISLA DE CUBA.
(De fotografía de los Sres. J. A. Suárez y C.“, de la Habana.)
construido por el mismo modelo, tiene
doce cañones de 15 y dos de 21, de
tiro rápido, diez de 37 milímetros, de
tiro rápido también, cuatro ametralla¬
doras y tres tubos lanzatorpedos, y
lleva 312 hombres.
La fuerza total que Alemania ha en¬
viado al extremo Oriente se calcula en
4.600 hombres hasta ahora.
4 4
DON JOSÉ MARÍA CALVEZ Y ALFONSO,
presidente del Ministerio cubano.
Publicamos en la página 6 el retrato
del jefe del partido autonomista en
Cuba, D. José María Gálvez, presiden¬
te del primer Ministerio formado en
Cuba al implantarse el nuevo régimen.
Nació en Matanzas en Noviembre de
1835, y se educó en los colegios de la
Empresa y del Sal radar, siguiendo
después la carrera de abogado, en cuyo
ejercicio ha sabido conquistarse gran
reputación. Dedicóse también con gran
fe al periodismo, y tomó muy activa
parte en la política con temperamen¬
tos tan radicales, que en la primera
guerra de Cuba fué confinado durante
algún tiempo en la provincia de Pinar
del Río, por considerársele sospechoso.
Cuando se organizó en dicha isla el
partido autonomista, abandonó el se¬
ñor Gálvez completamente los proce¬
dimientos revolucionarios, demostran¬
do desde entonces gran fe en las vías
legales. En la actual insurrección, no
tan sólo no tomó parte, sino que trató
de disuadir de su temerario empeño á
los sublevados de Baire, así como á
Maceo, Cabrera Camps y otros autono¬
mistas, que abandonaron su partido y
se lanzaron á la revolución.
La alta representación que tiene el
Sr. Gálvez como jefe y director de la
fusión de dos grandes partidos, ha sido
el fundamento de su elevación al im¬
portante cargo que hoy ejerce.
Muy sinceramente deseamos que su
talento y dotes de mando se empleen
LA GUERRA EN CUBA. — un tren militar conduciendo tropas.
(De fotografía.)
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6 — N.° I
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Enero 1898
con éxito satisfactorio en la difícil empresa que el
nuevo Gobierno tiene que cumplir, y que contribu¬
yan eficazmente á la pacificación y prosperidad de
la isla de Cuba bajo el glorioso pabellón de la
madre patria.
NUESTROS SUPLEMENTOS.
En uno de nuestros Suplementos publicamos el
célebre cuadro de Leonardo de Yinci, retrato de
la famosa belleza Mona Lisa, llamada la Gioconda .
Al contemplar cómo está pintado este cuadro, re¬
cordamos la autorizada opinión del eminente crí¬
tico H. Taine. Para él fue Leonardo de Vinci el
primer maestro completo del Renacimiento, y su
genio extraordinariamente delicado, buscador de
lo refinado y exquisito y casi fe¬
menino.
la tribu no se cuidaba de la suerte de sus compa¬
ñeros. El sentimiento de la miseria propia no
deja espacio para sentir la ajena, y además el vi¬
vir errante desapega del corazón los afectos fami¬
liares y el amor de la existencia, enseñando con
lección diaria cómo el paso por la tierra es un
viaje más penoso cuanto más largo, cuyo término
ni debe de apresurarse ni temerse.
En una tarde del invierno de 1897 acaeció en
Madrid un hecho que, para sus testigos, no pasó
de ser un escándalo sin consecuencias de los que
ocurren frecuentemente en los espectáculos pú¬
blicos.
Del asunto tan conocido como
la plaza Mayor en días de Navi¬
dad, ha logrado el talento de
Emilio Sala sacar el original di¬
bujo que reproduce nuestro se¬
gundo Suplemento . Lo verdade¬
ramente artístico de la composi¬
ción; la importancia que la figura
más humilde tiene, por la mane¬
ra de estar vista y dibujada; la
verdad de la escena de la señora
que no quiere comprar tan caro
como la piden, y la vendedora
que la llama para que ofrezca ,
todo en este hermoso dibujo re¬
vela al artista eminente tan jus¬
tamente celebrado.
C. Luis de Cuenca.
PRUEBAS FOTOGRÁFICAS.
Iban quedando ya muy pocos
individuos de la tribu húngara
que por el año de 1890 salió de
Waitzen, no lejos de Pesth.
Unas veces vendiendo sartenes
y calderos, otras haciendo títe¬
res, ya tañendo mal instrumen¬
tos desacordados ó bailando dan¬
zas sin compás, ya enseñando
monos y perros amaestrados, la
tribu había recorrido la Europa
central desde Yiena hasta las bo¬
cas del Elba, y desde Konisberg
hasta el pie de los muros de
Metz. En toda esta peregrinación
había ido dejando sus cuerpos
bronceados, sus huesos molidos
y sus melenas ensortijadas en
los cementerios y las cárceles de
Alemania. Pero aquella familia
nómada conservaba memoria del
lugar donde había muerto cada
padre, donde estaba preso cada hijo ó se había
prostituido cada hija. Solamente una pista que¬
daba perdida: la del camino que tomaron y el fin
que tuvieron Wilhelm ó Isabelo, separados de la
ranchería durante el invierno del año 9(>.
Verdad es que su separación no fué muy senti¬
da, porque los tales eran de lo peorcito de la cara¬
vana..... Wilhelm se fugó con todo el dinero de la
tribu; Isabelo siguió á quien se llevaba el dinero,
no para rescatarlo, sino para gozarlo.
Sabíase únicamente, por referencias de otros
húngaros, que los dos bribones habían atravesado
el reino de Baviera y entrado en Suiza con inten¬
ción de pasar á Italia. Pero nada más se supo de
ellos. Quién los suponía sepultados en los ventis¬
queros alpinos; quién muertos por alguna banda
de malhechores sicilianos; éste confinados en al¬
guna penitenciaría francesa; aquél cantando al
aire libre en competencia con los tañedores sabo-
yanos, ó viviendo al sol con poca ropa y mucha
hambre en compañía de los lazzaroni del golfo de
Nápoles.
Fuera de estas suposiciones, responso de la
ausencia que de cuando en cuando rezaban el pa¬
dre ó la madre de los seres perdidos, el resto de
Excmo. Sk. D. JOSÉ M. GÁLVEZ Y ALFONSO,
PRESIDENTE DEL MINISTERIO CUBANO.
(De fotografía.)
Gentes de todas clases asistían á la exposición
del milagro último de la inteligencia humana, el
cinematógrafo, pintura del movimiento, que con
su hermano el fonógrafo, depósito del sonido,
van llegando á la perpetuación de la vida y á la
muerte de la muerte. De hoy en adelante se ente¬
rrarán los huesos y la carne del hombre; pero el
alma con que habló y se movió, sus actos y pala¬
bras quedarán vivos y con nosotros sobre la haz
de la tierra.
Entre los espectadores había uno que llevaba un
buen cuarto de hora con la cara pegada al lenta
de uno de los cuadros, como si el curioso se hu¬
biera dormido sobre él.
Otro espectador, impaciente ya y cansado de
esperar su turno, le tocó suavemente en el hom¬
bro, invitándole así á dejar el puesto á los que
aguardaban.
El espectador dió un salto nervioso, volvió atrás
el rostro mudado de color, miró con espanto al
que le llamaba, y, más balbuciendo que hablando,
le dijo en lengua castellana y acento extranjero:
— ¡Eh! ¿Por que me agarra? ¿Adónde me lleva?
¿Me ha conocido usted?
— Por un posma de marca mayor.
El injuriado, antes que ofenderse, pareció tran¬
quilizarse con la injuria, y restregándose con las
manos los ojos como para desenturbiarlos, los
clavó otra vez en el aparato.
Esta segunda vista duró poco tiempo, unos cuan¬
tos segundos, al cabo de los cuales el hombre ex¬
tranjero se pncaró con su interlocutor, y asiéndole
violentamente por un brazo lo empujó hasta el
lente.
— Mire usted eso — le dijo.
Y no pasado un minuto, le asió otra vez y le
preguntó :
— ¿Ha mirado usted bien?
— No tanto como usted, pero me he enterado.
— Bueno, ¿y qué ha visto? ¿Qué representa eso?
— Un crimen.
— ¿Le parece?.....
— Un homicidio.
— No; asesinato.
— Sí; asesinato. El hombre del
gabán gris tiene cogido por el
cuello al hombre del gabán ne¬
gro y le da de puñaladas por la
espalda.
— ¿Se conoce, eh ?
— ; Ya lo creo! Es el cuadro
más perfecto de la Exposición.
— ¡Sí, sí!; pero es imposible,
imposible!
Y cogiendo á otro espectador
lo empujó también hacia el lente,
diciéndole:
— Mírelo usted, mírelo con
calma; porque este señor está
loco . y yo también lo estoy.
— Efectivamente; un asesinato
admirablemente reproducido.
— Y el matador ¿se parece
á mí?
El tercer espectador miró de
nuevo al cuadro , y luego á su in¬
terlocutor.
. — Es lo mismo. ¿Ha servido
usted de modelo para componer
la escena?
— ¡Sí, sí! pero ¿cómo? ¿cómo?
¡ Imposible!
Y, desencajado, pálido, fuera
de sí, la emprendió á puñadas
con el objetivo, que cayó al suelo
en pedazos. Quiso después rom¬
per el delgado tabiquillo de ma¬
dera que ocultaba los cuadros, y
con tal fuerza y prisa arremetió,
que lo hubiera conseguido á no
sujetarlo dos dependientes de la
Exposición.
— ¡Es un loco, un loco!— gri¬
taron algunos concurrentes, po¬
niéndose en guardia y á distan¬
cia para no recibir los golpes que
á diestro y siniestro repartía el extranjero.
Y, como realmente pareciera un loco furioso
por sus ademanes, semblante y palabras incohe¬
rentes, fué entregado á los guardias de seguridad,
quienes, después de amarrarlo, le condujeron á la
prevención en compañía del dueño del cinemató¬
grafo, que iba á reclamar indemnización de per¬
juicios.
El inspector del distrito se dispuso á interrogar
á aquel hombre que, loco, ebrio ó criminal, había
promovido un escándalo é inferido un daño en
propiedad ajena, y algunas lesiones á las perso¬
nas que le contuvieron.
Los agentes se le acercaron para desamarrarlo
con tan malos modos, que la acción parecía antes
acometida hostil que alivio de las ligaduras. Y así
debió de entenderlo el detenido, porque, hincán¬
dose de rodillas y con voz suplicante, exclamó:
— No me hagan mal, por Dios, que yo confe¬
saré.
— ¿Y cómo negarlo si lo sabe todo el mundo?
— Es verdad. Parece imposible, imposible. El
sitio era solitario y estaba fuera del camino. El
frío y la nieve impedían la circulación de toda
persona humana. El ruido de la inmensa cascada
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8 Enbro 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.'
— 7
ahogaba los gritos de la víctima. Además, éramos
completamente desconocidos en la comarca; la
visitábamos por primera y única vez. De manera
que no quedaban ni eco en el aire, ni huella en
la nieve, ni ojo en el espacio, ni prueba, en fin,
de ninguna especie, porque el ruido, la nevada y
la soledad las destruían todas. ¡Parece increíble!
— Evidentemente, es un pobre loco. Incohe¬
rencia de ideas. Ya ve usted ¿qué tiene que ver
esto con el escándalo de la Exposición? — dijo en
voz baja el inspector, que oía con la impaciencia
misericordiosa de quien por deberes del oficio
oye los desvarios de un demente.
Por el contrario, el dueño de la Exposición es¬
cuchaba con vivísimo interés, y con los ojos fijos
en la fisonomía del narrador, el cual prosiguió su
relación de esta manera ;
— Mi compañero Wilhelm, húngaro como yo,
caminaba delante de mí por aquellos senderos es¬
trechísimos de las montañas suizas. Yo no miraba
al su 3I0 que pisábamos. No podía apartar la vista
de las espaldas de Wilhelm, que llevaba en ellas su
zurrón, y dentro de él una buena cantidad de
plata con que pensaba comprar un oso y un orga¬
nillo para ganarse la vida vagabundeando por ca¬
minos y aldeas según costumbre de nuestra raza.
Llevábamos dos días de viaje, yo viendo siem¬
pre delante de mí el bulto que las monedas seña¬
laban en el zurrón, y mi compañero contando las
dichas que le prometían su organillo y su oso. No
parecía sino que el desdichado iba tentando mi co¬
dicia. Estimulábala además la soledad de aquellos
parajes. No pude resistir á la tentación; al llegar
cerca de la cascada, que ahogaría con sus mugidos
nuestras voces, entonces . No, yo no quería ma¬
tarlo; pero se defendió, y, empezada la mala obra,
no tuve más remedio que consumarla. Enterré.....
todo aquello . menos la plata, en un hoyo que
abrí con una piedra puntiaguda. Lo cubrí con ba¬
rro. Después . siguió nevando, nevando mucho,
gún vecino de los pueblos comarcanos, ni nadie
reclamaba, ni advertía la pérdida de persona de su
familia, ni conocía por aquellos retratos á los ac¬
tores del drama. Ni podían ser conocidos: eran
extranjeros vagabundos que atravesaban el país.
Ya nos lo ha dicho este hombre, que no es otro
sino el asesino, el original del retratado en el cua¬
dro. Aunque ha cambiado de traje, no ha cambiado
de cara: le conozco bien, como que estoy exhibién¬
dole diariamente. —
¿Para qué explicar esta historia, si su texto que¬
da claro y completo juntando las partes de que se
compone? El asesino, al ver reproducido exacta¬
mente en Madrid su crimen cometido un año atrás
en Suiza, fue presa de una alucinación por remor¬
dimiento ó por miedo; creyó que había sido des¬
cubierto y capturado. Cuando entendió que lo to¬
maban por loco, quiso negar, pero ya era inútil la
negativa.
Le acusaba el milagro moderno que resucita á
los muertos: le delataba la ciencia de la luz, testigo
mudo, fiscal sin voz que reconstruye lo pasado y
prueba con pruebas fotográficas. La fotografía fué
enviada á Suiza. Se desenterró el cadáver, se com¬
probó el delito y fué castigado.
Está visto que el oficio de los criminales va po¬
niéndose mal con el telégrafo, la fotografía y los
gabinetes antropométricos. El progreso es ene¬
migo del delito; parece que en él, más que en la
fuerza, desciende Dios al mundo para ejercer su
justicia y perseguir el pecado, haciendo de la cien¬
cia el luminar de sn sabiduría y el ojo de su pro¬
videncia que todo lo ve, está en todas partes, apro¬
xima lo remoto y penetra lo invisible.
Eugenio Selles.
BALANCE ANUAL.
y las capas de nieve borraron nuestras huellas y
cubrieron la sangre y la sepultura como si el suda¬
rio del muerto quedase fuera de ella. Nadie pudo
verlo, ni oirlo, ni saberlo. ¡Digo que es imposible,
imposible!
— Indudable — dijo el inspector siempre en voz
baja. — Se le acusa de un simple daño que no re¬
presenta el valor de veinte pesetas, y sale con la
relación de un asesinato horrible. Extravíos y vi¬
siones de su cabeza trastornada. No tenemos nada
que hacer con él. Llevadle á la sala de observación
del hospital.
— No, no es loco — observó el dueño de la Expo¬
sición. — Es un asesino; cuenta la verdad. Yo com¬
pletaré la historia.
Mi socio y yo viajábamos el invierno pasado
por Suiza, tomando vistas y cuadros para nuestro
cinematógrafo. Quisimos obtener el espectáculo
de una hermosa cascada con el movimiento de sus
aguas y espumas; espectáculo de gran belleza, au¬
mentada con el de una nevada en aquellos paisa¬
jes espléndidos. Nos acogimos con nuestros apara¬
tos, para preservarnos de la nieve, en una especie
de choza abandonada. Tomada la vista nos retira¬
mos con las placas encerradas en la cartera, porque
hacíamos en un pueblo cercano las operaciones
para revelar las fotografías. Cuando tres días des¬
pués examinamos la primera prueba, quedamos
sorprendidos por una escena que no esperábamos
ni habíamos visto, porque sin duda sus actores
entraron en el foco después de enfilar el aparato
y cuando nosotros mirábamos y atendíamos sólo
á nuestra máquina. A la parte izquierda de la cas¬
cada aparecía el cuadro vivo de un asesinato. Como
la fotografía no se engaña, ni reproduce más que
lo verdadero, ni ve visiones como un loco, ni in¬
venta escenas como un pintor, comprendimos que
se había escapado á nuestra vista un crimen cierto
que el ojo infalible de la máquina había sorpren¬
dido y guardado en el fondo obscuro de su retina
artificial.
Denunciamos el caso á la autoridad. Sus pesqui¬
sas no dieron resultado. A veces se ve el delito y
no aparecen los delincuentes: ahora aparecían los
criminales y no parecía el delito. No faltaba nin-
1897.
a pertenece á la Historia el año de
fcyWS 1897, habiendo dejado escritas en la
misma sangrientas y dolorosas pági-
nas> tales como la campaña entre
Grecia y Turquía, las guerras colonia-
les de España y la insurrección de la
India británica; ya se lia ausentado para
siempre, dejando á su sucesor el germen de
V nuevas complicaciones, como la importantí¬
sima del reparto de China entre las grandes po¬
tencias de Europa. Eterno batallar de la humani¬
dad para la incesante reforma del mapa político,
borrando límites, destruyendo influencias y cas¬
tigando con la extinción pueblos y razas.
En ocasiones, al estrago de las iniciativas hu¬
manas se unen otras plagas de más alto origen,
como la peste bubónica y el hambre, que tan ru¬
damente han castigado á la India, los terremotos
que en diversas regiones han producido incalcula¬
bles daños, las inundaciones lamentadas en nues¬
tra patria, y las destructoras mareas que en el
Celeste Imperio arrasaron pueblos enteros, repro¬
duciendo en nuestros días las grandes catástrofes
que suelen periódicamente señalarse en la histo¬
ria del mundo. Acaso en esta índole de calamida¬
des debiera incluirse también la horrible tragedia
del Bazar de la Caridad de París, que en un ins¬
tante redujo á cenizas y calcinados restos de difí¬
cil identificación hermosura, grandeza y poderío.
Las pasiones humanas en el carácter social que
hoy suelen revestir, han armado el brazo de algu¬
nos criminales, consiguiendo el asesinato de don
Juan Idiarte Borda, presidente de la República
del Uruguay, y de D. Atonio Cánovas del Castillo,
jefe del Gobierno español, ó fracasando en sus
tentativas contra las vidas del rey Humberto de
Italia, y de Mr. Faure, presidente de la República
francesa.
De otra índole más grata de sucesos, regístranse
en el año transcurrido el sexagésimo aniversario
de la coronación de la reina Victoria, en que se
puso de manifiesto la grandeza del Imperio britá¬
nico; el viaje á Rusia del Presidente de la Repú¬
blica francesa , durante el cual se lanzó de manera
oficial la palabra alianza; la celebración del cen¬
tenario de Guillermo I de Prusia; la elevación al
poder supremo de la República norteamericana
del Sr. Mac-Kinley, y el largo y divertido viaje
por Europa del rey siamés Chulalongkorn , mien¬
tras la capital de su reino era víctima del bando¬
lerismo, la miseria se enseñoreaba del país, los
desordenes se sucedían á cada momento, y el es¬
tado social permitía suponer un retroceso al es¬
tado semiprimitivo.
La historia completa del mundo en el año 1897
exigiría desarrollos incompatibles con las dimen¬
siones de un artículo, y debo renunciar á ella,
mucho más cuando reclama especial preferencia
lo que se refiere á la patria española, y ha de ser
objeto de los párrafos que siguen.
»
• o
Durante el año transcurrido, la prensa extran¬
jera ha publicado casi á diario columnas enteras
de telegramas de España. Los grandes problemas
internacionales no han motivado casi nunca ex¬
pectación tan grande como la situación de la na¬
ción española, sosteniendo simultáneamente dos
campañas sangrientas en Cuba y Filipinas, te¬
niendo que contener en el interior el anarquismo,
presa de enconadas luchas políticas, y sufriendo
las consecuencias del atentado criminal de que
fué víctima en Santa Agueda el insigne estadista
y jefe del Gobierno D. Antonio Cánovas del Cas¬
tillo: nuestras contiendas coloniales han tenido,
como todas las guerras civiles, caracteres de obs¬
tinación temeraria, de crueldad inconcebible en
unos casos, de heroísmo épico en otros: la metró¬
poli no ha cesado de enviar en los trasatlánticos
su juventud y sus tesoros, y de recibir por el mis¬
mo conducto heridos incurables y enfermos cró¬
nicos, víctimas de las traidoras balas y del mortí¬
fero clima. Los campos de batalla, los hospitales
y sanatorios, las profundidades del mar, los ce¬
menterios de ciudades y aldeas, numerosísimas
familias vistiendo luto, infinitos huérfanos faltos
de todo apoyo, testimonios son, y testimonios tris¬
tes y elocuentísimos, de lo que cuestan á España
las dos campañas de sus colonias. La liquidación
económica vendrá más tarde á aumentar el con¬
tingente de nuestras desgracias.
El anarquismo, arrebatando traidoramente la
existencia del Sr. Cánovas, puede, sin embargo,
haber ejercido decisivo influjo, no sólo en la mar¬
cha política interior, sino en las mismas guerras
coloniales. Fué el Sr. Cánovas del Castillo figura
de altísimo relieve y de excepcional importancia
en la moderna historia española; pero de tal suerte
había llegado á reunir en su persona los dogmas
políticos y los procedimientos de gobierno; tenía
sin duda en tan escasa estimación todos los pres¬
tigios y todas las iniciativas de los demás, que su
desgraciada muerte había de influir poderosa y
fatalmente en la suerte del partido que acaudilla¬
ba. En una situación como la conservadora, donde
los ministros no resolvían la cosa más pequeña
sin consultarla antes con el Sr. Cánovas; en un
organismo soc al donde hasta los tribunales de
justicia consultaban con aquél sus fallos y las aca¬
demias acudían para proveer sus vacantes á reci¬
bir la consigna del jefe del Gobierno; donde él lo
era todo, y los demás nada, su muerte debió ser,
y fué efectivamente, el desconcierto de las hues¬
tes que le seguían y en las que nunca quiso aquél
tolerar que se dibujase la figura de ningún posible
heredero.
El partido liberal llegó, por lo tanto, al poder
en virtud de la impotencia del partido conserva¬
dor y de las imposiciones de la lógica; pero el
partido liberal, durante los últimos meses de su
oposición, había contraído solemne compromiso
de reformar la política antillana, llevando á Cuba
y Puerto Rico el régimen autonómico, y á Filipi¬
nas profundas reformas administrativas, y sus
primeros actos fueron, con efecto, el cumpli¬
miento de aquellas promesas. Los inmediatos .re¬
sultados de esta política se han visto en Filipinas,
donde la rebelión parece dominada, habiéndose
pactado la paz con los principales cabecillas, en
condiciones honrosas para el prestigio de España
y que no excluyen la humanidad.
El establecimiento de la autonomía en Cuba no
ha ofrecido hasta la presente resultados igual¬
mente prácticos, acaso por las dificultades que
presenta tan hondo cambio en las instituciones
del país; pero el recrudecimiento de la lucha por
los insurrectos, los rasgos de desesperada violen¬
cia, tales como el asesinato del teniente coronel
Ruiz, que debió serles sagrado por su carácter de
parlamentario; el aplauso de los Estados Unidos á
la nueva política española; los trabajos iniciados
por los partidos cubanos para llevar sus principios
y su influencia al Gobierno y á las Cámaras insu¬
lares, síntomas son todos de que la reforma auto¬
nomista puede marcar nuevos rumbos á la vida
de las Antillas, sustituyéndose á la lucha armada
de la manigua la de los comicios, la del favoritis¬
mo, la de las ambiciones. Quédese á los políticos
la misión de examinar las ventajas ó inconvenien-
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EN EL COLUMPIO,
DIBUJO DE CARLOS VÁZQUEZ.
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BELLAS ARTES
COQUETERÍA,
CUADRO DE G. ROUSSIN.
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DIBUJO DE MUÑOZ LUCENA
18 — N.° I
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Exeko 1898
de oro, procedente délos criaderos; hermoso ejem¬
plar aurífero extraído y dispuesto con toda habi¬
lidad por los obreros de las minas de Mr. Parsons,
presidente del Comité ejecutivo de las tiestas. El
presenta es digno de la riqueza de los que lo en¬
vían, y por su originalidad responde por comple¬
to al carácter y gusto de los habitantes del Far
West y la comarca más or:ginal del mundo.
La leyenda vulgar entiende que las minas de
oro de California se agotaron hace bastantes años;
pero aunque en la parte merid onal de aquella re¬
gión no se explote el oro en la cantidad en que
durante los diez primeros años se explotó, benefi¬
ciase como nunca en la alta California y en las
inmensas regiones que se extienden por el Colo¬
rado, Arizona, Utah, Nevada, Montana, Idaho y
territorios vecinos. La cuantía de la producción es
extraordinaria. El Gran Oeste americano, la Cali¬
fornia amplia, continúa siendo el primer país pro¬
ductor del mundo. En efecto, de los 1.125 millones
de pesetas que valió el oro explotado en todos los
países mineros en el año de 1896, los Estados Uni¬
dos contribuyeron con 270; la Au^tral a con 225;
el Transvaal con 215; las Indias con 148, y Rusia
y otras muchas naciones, en conjunto, con 267.
No figuran en esa cifra de la producción norte¬
americana los 50 millones que han dado los yaci¬
mientos de la región de Klonyke, en la vertiente
Norte de la montaña de San Elias, en Alaska. Quie¬
re decir, pues, que hoy la explotación del oro en
el Oeste americano llega á valer 820 millones de
pesetas anuales. Y en ese colosal rendimiento
figura California á la cabeza de los territorios que
más producen. Curioso es consignarlo: California
produjo en 1896, en oro fino, 737.080 onzas, que
valieron 15.215.900 dollars ó pesos. Cada onza de
oro vale 20,87 dollars, y cada kilogramo 004,00.
El Colorado produjo 719.204, con un valor de
14.807.971; South Dakota, 237.378 y 4.319.000, res¬
pectivamente; Montana, 209.207 v 4.324.700: Neva¬
da, 116.020 y 2.410.538; Idaho, 104.203 y 2.155.300;
Arizona, 124.770 y 2.579.000; y otros doce estados
ó territorios el resto, hasta completar la cifra de
2.558.433 onzas y el valor de 52.880.209 dollars, ó
cerca de los indicados 270 millones de pesetas. Y
por si esta admirable riqueza natural no fuera bas¬
tante, añádase que las minas de plata dan al año
en los Estados Unidos 58 millones de onzas de
plata fina, que valen 198 millones de pesetas. Cada
onza, troijy de plata (31,103 gramos) valió en 1890
unos 07 centavos de dollar.
Bien pueden, por consiguiente, los Estados de
la gran República, y California sobre todo, cele¬
brar con rumbo, y sin temor á déficit, compro¬
misos ni responsabilidades, el aniversario 50.° del
hallazgo de la primera pe/dtay estrella y guía de
los mineros, no eclipsada aún, sino más fulguran¬
te y potente cada día, á pesar de los grandes des¬
cubrimientos de las demás comarcas auríferas del
globo.
*
tt »
No todos los buscadores y explotadores de los
yacimientos de oro celebrarán el aniversario. Mu¬
chos de ellos están hoy moriéndose de hambre;
otros perecen envueltos en las avalanchas de nie¬
ve y hielo, y algunos espera i los convoyes de soco¬
rros que desde las comarcas habitadas y habitables
les han enviado. La fiebre del oro, el espíritu aven¬
turero, el desprecio de la vida por la ilusión de
crearse una fortuna, han llevado en estos últimos
tiempos á muchas gentes á buscar el rico metal
en tierra inhabitable y apartadísima. El ir, como
iban antes los pionners emigrantes al Oeste ame¬
ricano, á lasRoquizas, al Colorado y á Montana,
es ni más ni menos que dar un paseo, comparando
esas excursiones con el interminable viaje á Alas¬
ka. Nuestra California española, San Francisoo
inclusive, estaba abierta, con su ruta marítima
desde los puertos de Méjico y de Guatemala, por
lo cual tampoco las excursiones californianas de
los mineros eran para ser consideradas como una
separación del mundo. Pero los viajes de la mí¬
sera emigración norteamericana á las tierras de
oro del Klondike, como hoy se llama, eso sobre¬
pasa los límites de todo lo aventurado, peligroso
y horrible. Para ir á apartar y cribar y lavar las
arenas auríferas del Klondike es preciso dejar
atrás todos los Estados de la Unión y el Canadá y
la Colombia británica, y llegar á la vecindad del
paso de Behring, á lo que antes se llamó la América
rusa, y trasponer la gigante cordillera donde se
alzan las cumbres volcánicas de San Elias, y avan¬
zar por los desfiladeros que conducen en tierra de
Alaska á la cuenca del Yukón y del Klondike.
Como quien no dice nada, este territorio de los
placeres'.! de oro está á 65 grados de latitud Norte,
sin comunicación con ninguna vía, lejos del mun¬
do, y á más de 300 kilómetros de las costas del
mar de Behring. Y allí, sin embargo, se ha hacina¬
do una masa de seres procedentes de todas partes,
sin otro ideal que el de la suerte obscura, sin más
equipaje «que lo puesto», sin más capital que la
audacia y los pocos años, sin más ley ni amparo
que el revólver, sin más amigo que la propia per¬
sonalidad y sin más enemigo que el prójimo.
¿Cómo han llegado hasta allí la mayor parte de
aquellos buscadores de oro? Nadie lo sabe ni á na¬
die le importa, y á ellos menos que á nadie. ¿Cómo
saldrán de allí? Alguno que otro, hecho millona¬
rio; los demás, hechos pedazos.
Las últimas noticias recibidas en Nueva York, y
difundidas por la prensa, cuentan tristes detalles.
Un peatón indio, conductor del correo que llegó
hace pocas semanas á Victoria, capital de la Co¬
lombia inglesa, en el vapor Toj¡ekay después de
haber hecho el viaje por tierra desde Klondike á
la costa Dyea en Alaska, refirió á las autoridades
que á fines de Octubre dejó cerca de los desfilade¬
ros de aquella región á un millar de mineros que,
impulsados por el hambre, habían huido de la ca¬
pital ó montón de los criaderos Dawson City para
llegar á Dyea ó á Skagway y poderse salvar. Más
de la cuarta parte de los fugitivos, extenuados por
el hambre y el frío, Labían muerto en la caminata,
y el resto de aquel horrendo tropel va dejando nu¬
merosos cadáveres por todo el trayecto que reco¬
rre. Cuando al peatón indio hizo saber en Dyea
loque había visto, bastantes animosos jóvenes de
la localidad pidieron socorros á las autoridades
para organizar sin pérdida de tiempo una expedi¬
ción y marchar á los desfiladeros á prestar auxilios
á aquellos desgraciados. La ciudad de Dyea además
pidió al Gobierno de los Estados Unidos 75.000
dollars para llevar en cincuenta días 500.000 li¬
bras de víveres de todas clases á Dawson City,
donde los horrores del hambre deben estar cau¬
sando muchas víctimas. El Congreco de la Repú¬
blica ha votado un crédito de 400.000 dollars
(175.000 la Cámara de Diputados y 250.000 el Se¬
nado) para socorrer á los trabajadores del Klon¬
dike. El ministro déla Guerra, Mr. Alger , está
preparando la expedición de socorros, y ha en¬
viado á Dyea á dos oficiales para que vean el mé¬
todo más rápido de pasar los desfiladeros cuando
llegue aquélla.
El último envío ó montón de aventureros que
salió de Nueva York para Alaska fué el City of
Colu/nbia , que dará la vuelta al cabo de Hornos
para remontar el Pacífico de punta á punta, de¬
biendo ser en Mayo cuando lleguen á la emboca¬
dura del Yukón, y en Junio cuando río arriba to¬
quen en Dawson. Van en la expedición 20 hombres
y 35 mujeres, en su mayor parte viudas, dirigidas
por una ídem Mrs. Hanuah Gould, que es la que
las ha sacado de sus casas y «de sus casillas». To¬
das marchan dispuestas á casarse con mineros. El
viaje desde Nueva York al cabo de Hornos y desde
allí á la costa de Alaska, en cinco meses, con tan¬
tas viudas alegres, debe ser lo más original y en¬
tretenido que puede darse. No faltará á bordo al¬
gún cronista que nos envíe su relación, si es que el
City of Col tu ubia no corre la misma suerte que ha
corrido el vapor de emigrantes buscadores de oro
Cleveland y que salió de San Francisco con provi¬
siones y socorros para enviarlos á Klondike, y que,
según noticias recibidas de Vancuver, naufragó en
el estrecho de Barklay, cabo Beale, ahogándose su
capitán , el comisario y 22 personas más. Los co¬
merciantes de Skagway han telegrafiado á todos
los centros mercantiles importantes de la costa del
Pacífico que les envíen á toda prisa víveres y pro¬
visiones sin reparar en los precios, para evitar que
en pleno invierno perezca en masa la población
minera de Alaska. Carísimo va á salir el oro para
muchos infelices, porque el número de los que que¬
den exhaustos bajo la nieve y entre los escombros
de sus chozas de lavado de las arenas auríferas
será muchísimo mayor que el de los que logren
volver á su país con un puñado de dollars en el
bolsillo.
o
« «
Mucho han adelantado los yankees en la explota¬
ción de las riquezas, pero mucho más se han re¬
trasado en el respeto á la libertad. En ningún
país pobre se podría hacer una ostentación de la
tiranía como la que vamos á referir. Lyncharon
hace veinticinco días á un negro los habitantes
de Osceola (Missouri), y, según parece, el sheriff ó
juez del condado, Mr. Bowen, no sólo no se opuso
á ello, sino que presenció impávido el acto de
crueldad de que el pueblo se tomara la justicia por
su mano. Protestó contra el sheriff y contra seme¬
jante barbaridad Mr. Rousseau, director de un pe¬
riódico que allí se publica, pintando con subidas
tintas los horrores de la ejecución, censurando
duramente á los que habían tomado parte en ella,
y poniendo á la justicia de vuelta y media por su
abandono, por sus complacencias y por la inmu¬
nidad en que había dejado á los furiosos verdugos
plebeyos.
El artículo de Mr. Rousseau -fué.. muy- leído y
celebrado entre las gentes sensatas de Osceola,
que repitieron sus ardientes censuras contra mís-
ter Bowen. Avergonzado éste por la crítica, exi¬
gió como juez al periodista que publicara una re¬
tractación completa, amenazándole con que, de
no hacerlo así, lo mataría donde quiera que le en¬
contrara. Ante tan feroz intimación, y conociendo
como las gasta el representante de la justicia,
creyó Mr. Rousseau lo más prudente tomar el pri¬
mer tren y dirigirse á Little Rock, en Arkansas,
á 480 kilómetros de su pueblo, para huir del al¬
cance del Poncio missoureño y ponerse al amparo
de las autoridades de otro Estado. Antes de mar¬
char dejó impreso otro artículo en su periódico,
en el que manifestó que abrigaba la evidencia de
que el juez le mataría si no rectificaba, pero que
teniendo plena conciencia de haber dicho la ver¬
dad al referir y censurar el escandaloso lyncha-
miento del negro y la indigna conducta de m's-
ter Bowen, prefería abandonar aquel pueblo «á
no tragarse sus palabras» (sic). Parece que el Go¬
bierno del Missouri ha ordenado que se practique
una información para averiguar lo que ha ocu¬
rrido y proceder contra el sheriff; pero éste, que es
todo un potentado y un político influyente, y un
tirano y un hombre de muy malas pulgas, todo en
una pieza, y que tiene á la ciudad metida en un
puño, está muy tranquilo respecto al fallo del
Gobierno, por más que brama y bufa como una
fiera cuando refiere lo que el periodista ha dicho
en su segundo artículo, y repite sin cesar que si
algún día da con Mr. Rousseau lo aplastará como
á un sapo, sin que le importe un bledo de la jus¬
ticia, del Gobierno y del pabellón estrellado de la
confederación patria.
•
« *
Pase, en fin, el que en comarcas semibárbaras
ocurran otras cosas estupendas, como la que cuenta
el periódico inglés indochino la Sin m Free Press.
En el distrito de Galle había una familia de un co¬
merciante rural, compuesta de marido, mujer y
un niño de tres á cuatro años. Visitaba la casa,
durante la ausencia del marido, un sacerdote bu¬
dista, que, tentado por el diablo, se enamoró per¬
didamente de la señora. Un día, al volver el ma¬
rido, le refirió el inocente niño todo lo que había
visto, y descubrió la pérfida conducta de su mujer,
con cuyo motivo se trabó espantosa disputa entre
los cónyuges. Pasada la borrasca salió el siamés á
proseguir sus ventas en la ciudad, y al volver á
cenar por la noche, halló á su mujer tan incomo¬
dada como el día anterior, la cual se negó á sen¬
tarse á la mesa y dijo á su marido, cuando éste le
preguntó por el niño, que lo había llevado á casa
de su abuela. Se renovó el altercado en mayores
proporciones; no quiso cenar tampoco el comer¬
ciante, y dejó sobre la mesa el abundante plato de
carne asada, que ella había condimentado. En las
primeras horas de la madrugada, sin haber podido
conciliar el sueño, sintió el hombre que alguien
se aproximaba á su cama, y levantándose asusta¬
do, se halló con su mujer, que, empuñando un
hulti ó puñal enorme, iba á asesinarle. Luchó con
aquella furia, recibiendo varias heridas, y pudo
ganar la puerta y salir á pedir socorro. Al caer la
esposa en manos de la justicia, se supo que por la
tarde había degollado al niño, cuya cabeza y parte
del cuerpo se encontraron en un cesto, y cuyo pe¬
cho y músculos de los brazos había asado su ma¬
dre, preparándolos después para que su marido
los comiera en la cena. El sacerdote budista y la
fiera, cargados de cadenas, aguardan el momento
próximo en que el verdugo dé cuenta de ellos.
Muchas horribles leyendas trágicas hay en las
tradiciones de casi todos los pueblos semejantes á
ésta, que desgraciadamente no es leyenda, sino
un hecho increíble, cuya narración tiene espanta¬
dos á los incultos y fieros habitantes de las tribus
que pueblan los valles de Nakhon-Savan, de Ayu-
thia, de Pre y de Xieng-Mai, por los cuales, sin
necesidad de telégrafo ni de ninguna clase de in¬
formes á la moderna, circuló con la velocidad del
rayo la noticia de tan espantoso suceso.
#
• •
Al fin del siglo, cuando la libertad parece inva¬
dirlo todo, se nota que para que no se desborde se
la ponen frenos, tanto más apretados cuanto más
libres son las naciones en que se disfruta de ella.
Estos frenos revisten la forma autoritaria de le¬
yes, reglamentos, bandos y cortapisas más ó me¬
nos severas. Pocas naciones disfrutan de mayores
libertades que Suiza, la tierra democrática y fede¬
ral por excelencia. Pues allí el Gobierno, el Con¬
sejo federal, acaba de decidir cuáles son los días de
fiesta en que nadie podrá trabajar. Como allí hay
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8 Enero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.é I — 19
tantas religiones y disidencias, la reglamentación
de los días de descanso ha tenido que ajustarse á
las creencias y tradiciones de la mayoría de los
habitantes de cada cantón, con lo ciial resulta que,
mientras en unos se huelga nueve y aun once días
al año , en otros no hay más que cuatro festivida¬
des en las cuales las fábricas, talleres y comercios
se cierran. El calendario suizo de las fiestas solem¬
nes y descansos ha quedado establecido guberna¬
tivamente de este modo:
En los cantones de Vatid, Bále-Ville, Berna pro¬
testante, Friburgo, Argovie y Bále-Campagne,
cuatro días, que son: Año nuevo, Viernes Santo, la
Ascensión y Navidad. En Neuchátel uno más, el
1." de Marzo; en Ginebra dos más, el de la elección
del Consejo de Estado y el día de San Silvestre; en
Zurich, además de aquellos cuatro días, los lunes
de las Pascuas, todas (Resurrección, Pentecostés y
Navidad); en Saint -Gall lo mismo, menos el día de
Navidad; en Schaffhouse, Thurgovie y Appenzell
no celebran la Pascua.de Navidad si cae en sábado
ó en martes, para que no haya tres días de fiesta
seguidos. En el país de los grisones no se cele¬
bra la Navidad, ni su Pascua, sino las de Resurrec¬
ción y Pentecostés y el día de San Esteban.
En los cantones católicos hay ocho fiestas de
precepto, incluyendo también Navidad; en el de
Bále-Campagne nueve, en Argovie diez yen Gla-
ris once. En su circular sobre las festividades y
días de descanso en las fábricas, que acaba de pu¬
blicar el Gobierno suizo, recuerda á los habitantes
de la federación que no se pueden tolerar más que
ocho fiestas según la ley, y exige á los últimos in¬
dicados que piensen y acuerden cuáles son las que
deben suprimir para quedar dentro de ese número.
La libertad no llega, pues, hasta el término de que
cada cantón tenga los días de fiesta y de gala que
crea conveniente, porque el Gobierno, que vela por
los intereses de sus súbditos, entiende que más de
ocho fiestas son muchas fiestas. Este afecto emi¬
nentemente socialista del Estado trae allí muy
disgustados á los individualistas, que no saben qué
oponer á la razón que, en defensa del acuerdo del
Gobierno, les ha dado el tío Hilfiker Wakker, al¬
calde de Schatelgans: <qNo seáis hipócritas! la fies¬
tas, aniversarios patrióticos, vacaciones y visitas
de cumplido, no son más que excusas para no tra¬
bajar y para beber vino!»
Ricardo Becerro de Bengoa.
El pasado domingo , por
la tarde, fué representado
el Fausto y en el que cose¬
charon muchos aplausos las Srtas. Fons, Lavín y
Gasull, y los Sres. Franco, García Prieto y Verda-
guer.
La noche del 4, para debut de la Sra. Galvani,
púsose en escena Lucia de Lammermoor , que tuvo
una brillante interpretación. La Sra. Galvani es
una excelente soprano ligera, cuya voz, si no de
gran volumen, es de agradabilísimo timbre y mu¬
cha extensión. Canta con extraordinario buen gus¬
to, y en muchas ocasiones se hizo aplaudir caluro¬
samente, viéndose obligada á repetir el rondó del
primer acto y á salir varias veces á escena á reci¬
bir los aplausos del público.
El tenor Sr. Beduschi cantó la parte de Edgardo
con singular perfección, demostrando que posee
excelentes facultades y una exquisita escuela de
canto. Tuvo momentos felicísimos que arrancaron
al público unánimes salvas de aplausos, especial¬
mente en el dúo del primer acto, el concertante y
el aria final.
Buti cantó asimismo de modo notable, y Tanci
y Yerdaguer cumplieron con su discreción acos¬
tumbrada. La orquesta, admirablemente dirigida
por el maestro Goula.
REAL.
Pará mañana, domingo, está anunciada la pri¬
mera representación de Et Buque fantasma ; para
el martes, Romeo y Julieta , por la Sra. Darclée;
para el miércoles, debut de la Sra. De-Machi, con
La Gioconda ; para el jueves, debut del tenor se¬
ñor Giannini, con La Traviata ; probablemente el
día 15 debutará el Sr. Mariacher, y para fin de mes
oiremos á la Sra. Theodorini y al Sr. Cardinalli.
Pedir más á la Empresa que tantas novedades
prepara, nos parece que sería pedir gollerías.
ESPAÑOL.
Muy en breve se estrenará Cleopatrck, de Sha¬
kespeare, arreglada á nuestra escena por D. Euge¬
nio Sellés. Según nuestras noticias, la mise en
scéne de esta obra llamará poderosamente la aten¬
ción por su riqueza y propiedad.
Han comenzado los ensayos de La Duda y
drama de D. José Echegaray, que se estrenará
inmediatamente después que O leopatra.
R08 ARIO PINO
del tee tro Lara.
PRINCESA.
La noche del 7 tuvo lugar la reprüe de La Dama
de las Camelias y desempeñada admirablemente
por la Sra. Tubau, que alcanzó muchos y entusiás¬
ticos aplausos en el papel de Margarita.
Próximamente se estrenará el arreglo hecho
por Ceferino Palencia de la obra francesa Múda¬
me Sans-Géne.
LUISA CAMPOS,
del teatro de Apolo.
PARISH.
El jueves, por la tarde, cantó por primera vez
La Tempestad el joven y notable tenor Sr. Figue-
rola. La brillante manera con que cantó su difícil
parte le valió calurosos aplausos y numerosas lla¬
madas á escena, especialmente al finalizar el her¬
moso terceto del tercer acto.
Hoy debutará en este teatro, con El Juramen¬
to y la notable tiple Srta. Amelia Baile.
ZARZUELA.
El 30 del pasado estrenóse en este teatro La
Guardia amarilla y obteniendo un éxito de los de
marca mayor, aunque poco ó nada merecido, á
nuestro juicio.
El libro adolece de inverosimilitudes marcadí¬
simas, de falta de espontaneidad en los chistes,
preparados algunos de ellos con tres meses de an¬
ticipación, y es de una pesadez abrumadora en su
segunda mitad.
De la música, muy superior al libro, merece se¬
ñalarse el primer número, que es el mejor de todos,
la marcha, y el terceto bufo que cantan Sigler,
Moncayo y Romea. El maestro Jiménez, que diri¬
gía Ja orquesta, fué aplaudidísimo al final de cada
uno de los números citados.
Lo más saliente de la obra son las decoraciones,
excelentemente pintadas por el Sr. Muriel, á quien
el público hizo salir varias veces á escena.
Merece un sincero aplauso la Empresa de la
Zarzuela por haber presentado esta obra sin escati¬
mar gasto alguno.
En la interpretación distinguióse Manuel Ro¬
dríguez y Conchita Segura, que hizo un alférez
monísimo .
El Sr. González es indudablemente un actor
de muchos pies . Baila sus papeles con verdadero
primor.
Los autores de La Guardia amarilla , Sres. Lu¬
cio, Arniches y Jiménez, fueron muy aplaudidos
y llamados muchísimas veces al palco escénico.
COMEDIA.
El Alcalde de ComejUy estrenado el pasado miér¬
coles, no fue del gusto de los señores. ¡Paz á los
muertos !
»
• *
En breve se estrenarán Terapéutica moderna ,
original de dos aplaudidos autores, y El Carna¬
val de Veneciay de los Sres. Merino, Rubio y Es-
tellés.
A.
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cuya esencia es exquisita: el Agua de toilette , deliciosa; el Jabón
dulcificante; el Extracto vegetal para la cabellera, y los Polvos
de arroz invisibles y aterciopelados, han hecho la conquista de
nuestros grandes salones.
El perfume que exhalan estos deliciosos productos es exacta¬
mente igual al de las flores y, por su persistencia y delicadeza
son los preferidos entre todos por nuestras lectoras.
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20 — N.0 1
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Enero 1898
LIBROS PRESENTADOS
A ESTA REDACCIÓN POR AtTI ORES Ó EDITORES
El Esqaña-Pobre».— La conocida casa
editorial del Sr. Gili, de Barcelona, ha en¬
riquecido su Colección Elzevir Ilustrada
con el nuevo tomo que anunciamos, pre¬
ciosa novela escrita en catalán por el emi¬
nente escritor Narciso Oller, y traducida al
castellano por D. Rafael Altamira.
Los nombres del autor y del traductor de
la novela nos relevan de hacer elogios de la
misma, que si excelente es en el dialecto en
que fué escrita, no lo es menos en castella¬
no, gracias á la excelente labor del Sr. Al¬
tamira, que ha sabido conservar en la tra¬
ducción todas las bellezas del original.
Se vende, como los demás tomos déla
misma colección , al precio de 2 pesetas, en
las principales librerías.
Familia y Sociedad) por D. L. Sánchez
de Castro. — Con este título ha publicado
unos interesantísimos estudios de fisiología
é higiene doméstica y social el Sr. Sánchez
de Castro, reputado médico del Hospital de
la V. O. T. de esta corte, de los cuales sola¬
mente diremos que su conocimiento es in¬
dispensable para todos por su indiscutible
conveniencia.
Forman un elegante volumen de más de
300 páginas, que se ha’la de venta en todas
las librerías al precio de 3 pesetas.
Don Juan Tenorio. — El popularísimo
drama de Zorrilla ha sido traducido al ale¬
mán y publicado recientemente por el dis¬
tinguido literato y colaborador nuestro don
Juan Fastenrath, que desde hace no poco
tiempo sostiene en Alemania una excelente
campaña digna de toda clase de elogios en
pro de las letras españolas, traduciendo las
principales producciones de nuestra litera-
tura.
Del Don Juan Tenorio ha tenido la bon¬
dad de remitirnos varios ejemplares edi¬
tados con gran lujo, que son verdaderas
maravillas tipográficas, cuyo envío le agra¬
decemos de todas veras.
Nuevo método para aprender el In¬
erte*. — La casa editorial de Friburgo
(Alemania) de B. Herder, ha publicado hace
algunos días y nos ha remitido ejemplares
del libro cuyo título encabeza el presente
suelto.
Sin que pretendamos juzgar el mayor ó
menor mérito del nuevo método que para
el conocimiento de la lengua inglesa da á
conocer el citado libro, diremos que, en
efecto, se recomienda por su claridad, y
desde luego se ve que ha de hacerse tan di¬
fícil aprendizaje con mucha mayor facili¬
dad y prontitud siguiendo el nuevo método,
que cualquiera de los ya conocidos.
El tumo, que está lujosamente editado,
UN CURRUTACO,
DIBUJO DE C. CUADRA.
se vende, al precio de 3,60 francos, en todas
las librerías de importancia.
La Exposición Nacional de Bellas
Artes de 1897.— El Centro Editorial Ar¬
tístico, de Madrid, ha comenzado la publi¬
cación de esta importante obra, la mejor y
más completa de cuantas publicaciones de
esta índole han visto hasta ahora la luz en
España.
Encomendado el texto á un crítico de
arte de la justa reputación é indiscutible
autoridad de D. Francisco Alcántara, no
hay para qué decir que los juicios que emite
de todas y cada una de las obras presenta¬
das en la última Exposición, y las semblan¬
zas artísticas que de sus autores hace, son
otros tantos trabajos que han de llamar po¬
derosamente la atención en el mundo artís¬
tico , y han de servir de segura guía á los
profanos en materias de arte, ilustrando á
nuestro público, tarea siempre digna de ala¬
banza, y mucho más si se lleva á cabo con
la perfección que lo hace el Sr. Alcántara.
Al texto acompañan reproducciones au-
totípicas de los principales cuadros y escul¬
turas, que dan perfecta y exacta idea de
lo que son los originales, pues son verdade¬
ramente notabilísimos.
Merece los mayores elogios el citado Cen¬
tro Editorial Artístico por la publicación
de la obra que anunciamos, que está edi¬
tada á todo coste. Van publicados en la ac¬
tualidad siete cuadernos , que se hallan de
venta en todas las librerías al precio de 3
reales cada uno.
La Nouvelle Revue Internationale.—
Hemos recibido ejemplares déla importante
publicación parisiense La Nouvelle Revue
Internationale , que desde hace algunos años
contribuye á popularizar en el Extranjero
los nombres de los autores que sintetizan la
gloria literaria de la España moderna. La
Nouvelle Revue Internationale publicará
pronto un número especial de más de dos¬
cientas páginas, de gran tamaño, que con¬
tendrá, además de una profunda informa¬
ción sobre el movimiento literario de este
tiempo, estudios y críticas sobre todos los
autores españoles contemporáneos, con re¬
trato y páginas escogidas de cada autor,
todo esto precedido de un prólogo de la
Princesa Ratazzi.
Nuestro colega parisiense Mr. Henri Cha-
rriaut, cuyas crónicas sobre España han
llamado tanto la atención, acaba de llegar
á Madrid , especialmente encargado de pre¬
parar este importante trabajo, que promete
ser el más completo de cuantos se han pu¬
blicado hasta ahora sobre los escritores mo¬
dernos de nuestro país. La tirada será de
determinando número de ejemplares, vías
suscripciones se reciben en el domicilio de
Mr. Charriaut, calle del Prado, 10. El pre¬
cio del número será 3 pesetas para los sus-
criptores, en lugar de 3,60.
C.
¿QUIÉN TIENE MIEDO DE C0MER?_
¿Ha visto usted comer alguna vez á un niño ó
á un animal que tiene hambre? Por supuesto
que lo ha visto usted muchas veces. ¡Con qué
gusto lo hacen! La satisfacción del hambre es uno
de nuestros mayores placeres. La Naturaleza lo
ha dispuesto así porque tenemos que comer para
vivir, y á fin de que no nos descuidemos ha he¬
cho agradable lo necesario.
Sin embargo, hé aquí una mujer que dice:
« casi que tenia miedo de comer*. Bien; pues el
niño saludable ó el perro hambriento no tienen
miedo de comer. ¿Por qué no? Porque la opera¬
ción nunca ha resultado más que en placer y be¬
neficio. ¡Niño feliz! ¡Perro feliz!
Miles y miles de seres en este país piensan en
la comida con disgusto y miedo. Con todo, traba¬
jan para adquirirla, y aprenden á rezar «el pan
nuestro de cada día, dánosle hoy*. No comer es
morirse. Lo saben. Comen, sin embargo, bajo
una especie de compulsión, como un hombre con¬
denado á suicidarse consentiría en tomar una
copa de veneno. Rehúsan un beneficio, compara¬
dos con el cual no son nada los demás beneficios
de este mundo. ¿Sufren en consecuencia? Por su¬
puesto que si. ¿Por qué se matan entonces? Esto
no es natural. La contestación es: no lo pueden
remediar. La historia sencilla de esta buena mu¬
jer lo demuestra. No tiene nada de nuevo ni de
taro, lo que es más de sentir.
Dice: «Siempre he sido muy saludable, hasta
Agosto de 1887, en que una mañana vomité del
estómago una cantidad de agua. Después sentía
por la mañana mal gusto de boca, falta de ape¬
tito, y después de comer me daban dolores en el
pecho y en el estómago. Poco á poco me puse
muy débil, hasta que algunas veces no podía te¬
nerme en pie. El estómago se me llenaba de ga¬
ses, y los dolores eran tan fuertes que me volvían
loca. A mis ojos todo era negro ó confuso; y me
encontraba como borracha, costándome general¬
mente una ó dos horas el reponerme. Con fre¬
cuencia me daban estos ataques, y trabajando en
Red Bank Mili, Radcliff, me tuvieron que sacar
al aire libre casi desmayada.
•Después de estos ataques se me ponía un co¬
lor horrible y apenas podía respirar, mientras
que el dolor de cabeza era insufrible, viéndome
precisada á ir á casa y á acostarme en un sofá.
Si alguna vez por la noche, después de dejar el
trabajo, me parecía que me iba á dar un ataque, |
no me atrevía á acostarme hasta que no se pasaba
el dolor.
>Cada vez me ponía más débil, porque el ali¬
mento no me hacía provecho. Aunque no tomara
más que pan con manteca se me hacía un peso
en el estómago, y casi que tenía miedo de comer .
Al fin me puse tan mala que fui á Bury á buscar
á un médico, que no me pudo aliviar. Luego fui á
ver á otro médico de Moses Gate, y más tarde á
otro de Little Lever. Todos me dijeron lo mismo,
que era indigestión crónica; pero sus medicinas
no me daban resultado. Por más de un año tuve
que estar dejando el trabajo, y no puede decirse
lo que sufrí.
»En Pascua de 1888 una de mis compañeras me
persuadió á que tomase el Jarabe Curativo de la
Madre Seigel, y mandé á Famwort por una bo¬
tella. Después de la primera botella me sentí
mejor, y para cuando hube tomado la tercera es¬
taba curada por completo. Nunca he tenido que
dejar el trabajo desde entonces. He recomendado
á muchos el Jarabe de Seigel. Lo he dado al ca¬
pataz, y también á una muchacha que trabajaba
á mi lado en el taller, y á los dos les hizo prove¬
cho. Vale más del doble de lo que cuesta. — (Fir¬
mado): Ellen Hatchman, mujer de Robert
Hatchman, Market Street, 13, Little Lever, cer¬
ca de Bolton, Inglaterra.»
Les que tienen la dicha de un buen apetito y
un buen estómago, no se interesarán mucho en la
historia de esta mujer; pero la multitud de hom¬
bres y mujeres, en fábricas y otras partes, que su¬
fren lo que ella, apreciarán su verdad y su im¬
portancia. Todo lo que cure la indigestión y nos
reconcilie con el alimento que Dios nos da para
que vivamos, resultará barato, aunque sea pre¬
ciso fundir oro para prepararlo.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venta en todas las farmacias, droguerías y ex-
Eendedurías de medicinas del mundo. Precio del
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22 — n.° n
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Enero 1898
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca.— Alemania en China. Es¬
tudio de historia contemporánea, por D. Emilio Cautelar, déla
Real Academia Española. — Meter ruido, por D. E de Lustonó —
— El triunfo del arte, poesía, por D. Luis de Ansorena.— La mano
blanca, por D. Angel Stor. — Don Eduardo Dolz, ministro de O oras
Publicas y Comunicaciones de la Isla de Cuba, por D. Gabriel R.
España.— Por ambos mundos. Narraciones cosmopolitas, por don
Ricardo Becerro de Bengoa. — Los teatros, por A. — Sueltos. Li¬
bros presentados á esta Redacción por autores ó editores, por C.
Anuncios. , , _
Grabados. — Bellas Artes: Después de la función , cuadro de Degra¬
ve. — ^Costumbres andaluza s: Una merienda, dibujo de José Garúa
Ramos. — J'aseo sobre el hielo en el sbjlo XVIII , cuadro üe J. Aureli.
— Aficiones precoces, dibujo de Sauber. — Retrato de D. Eduardo
Dolz y Arango, ministro de Obras Publicas y Comunicaciones de
la Isla de Cuba — La guerra en Cuba: Reparto de raciones en la
trocha de Júearo á Morón. — El reparto de China: Retrato de sir
Claudio M. Maedonald, ministro de Inglaterra en Pekín.— China:
El fuerte de Palien- Wan, en la bahía del mismo nomore —El aco¬
razado Centurión, buque insignia de la escuadra inglesa en China.
—Retrato del almirante sir E. H. Seymour, comandante general
de la escuadra inglesa en China. — Vista general de Puerto Arturo,
ocupado por fuerzas rusas. — Retrato de D. José Ramón Larrosa,
decano délos obreros y maestros de la fábrica deTrubia. — Retrato
de D. Víctor Hernández y Fernández, coronel, teniente coronel de
Ingenieros, director de las obras de reconstrucción del Alcázar de
Toledo. — Toledo: El Alcázar, nuevamente reconstruido. — Retrato
de Concepción Cubas, del teatro Eslava. — Retrato de D. Porfirio
Díaz (.hijo), capitán de Ingenieros del ejército mejicano.
CRÓNICA GENERAL.
~ n qué habíamos quedado en la otra Cró-
¡) kq nica?
—En que el Consejo Supremo ha-
. bía absuelto al general Weyier .
— Pues necesito rectificar y decir
que no entiendo bien lo que ha ocurrido:
fello es que el general Weyier está en Ma¬
drid y ha tenido que prestar nuevas declara¬
ciones.
— Pasemos á otro asunto: ¿qué hay de nuevo?
— Como no sea el haber parecido el Ministro de
Cuba Sr. Govín y poderse cantar la antigua segui¬
dilla, reformándola:
Un Ministro cubano
se me ha perdido;
lo he puesto en El Diario
y lia parecido .
En Nueva York: supongo que ya estará en la
Habana. Con este motivo se ha recordado la des¬
aparición del jefe del Estado republicano Sr. Fi-
gueras el año 1873: ello es que una mañana supo
España, con un asombro que dura todavía, que el
Presidente de la República se había fugado la no¬
che anterior. Dícese que algunos republicanos de
Huesca se encontraron con la visita inesperada de
su jefe y en el compromiso de hacerle pasar la
frontera, que reclamaba con urgencia. ¿Qué había
ocurrido? ¿Qué peligro esquivaba? ¿Es verdad que
se le había amenazado con arrojarle por la ven¬
tana si no abandonaba su puesto? Algo de eso se
dijo, y el caso debió ser muy serio, porque el se¬
ñor Figueras no había sido hasta entonces hombre
pusilánime, si bien el valor parlamentario es dis¬
tinto del valor militar, y éste del valor cívico y de
otras formas del valor en que acaso se pueda in¬
cluir, si bien sea execrable, la falta de vergüenza.
Ello es que al Sr. Figueras le faltó la serenidad en
aquella ocasión, y se dió el caso extraño y pinto¬
resco de la fuga del jefe del Estado ante un peli¬
gro de que no se daba cuenta el público. Como el
Sr. Govín no se ha fugado, sino que se ha perdido
de vista temporalmente, no hay analogía entre
ambos casos.
— Tiene usted otro asunto: la muerte del capi¬
tán general de Puerto Rico, D. Andrés González
Muñoz.
— El asunto es triste y anómalo. No es el primer
capitán general que muere en Puerto Rico; pero
morir repentinamente a las veinticuatro horas de
haber desembarcado, y llevándose al otro mundo
las instrucciones del Gobierno para dirigir en
aquella isla leal el cambio de administración y de
política, es, aparte de la cuestión de sentimiento
por las cualidades y servicios del benemérito mi¬
litar, una verdadera contrariedad para el Gobier¬
no. La muerte no ha podido ser más inoportuna.
— Rara vez deja de serlo.
—Tiene usted razón. Dígalo mi amigo particu¬
lar el doctor D. José María Esquerdo, que estando
ausente ha perdido una hija de dieciocho años de
edad, que sus amigas llamaban Paquita Esquerdo,
en la flor de su vida y de sus gracias, sin quo el
desgraciado padre pudiera asistirla con su ciencia
y su cariño.
— ¿No oye usted pregonar un extraordinario?
— ¿Quién hace caso? Los vendedores han abu¬
sado tanto de ese grito para vender papeles vie¬
jos, que no compro nunca los extraordinarios; sin
embargo, recuerdo que me resistí á adquirir el
que nos anunció la muerte de Cánovas; y como
voy á cerrar la Crónica, nada se pierde con leerle.
¡Muchacho! venga ese papel.
— ¿Qué dice?
— Motín en Cuba.
— ¡Aprieta! Como si no tuviéramos bastantes
complicaciones .
— Parece que le provocaron las demasías de al¬
gunos periódicos contra ciertas entidades del ejér¬
cito . . que fué empastelada alguna imprenta . .
que la empezaron algunos oficiales, y el paisanaje
la secundó . . que se ha restablecido el orden......
y hay algunos presos . ; se habla de energías .
— ¡Válgame Dios y qué desagradable es todo eso!
¿Qué piensa usted decir?
— Ante todo, póngase en mi caso. La Ilustra¬
ción es, más que un periódico, una obra por entre¬
gas, que forma tomo y va consignando con el gra¬
bado y con la pluma, para toda clase de lectores,
la historia contemporánea. No sabemos qué dis¬
posiciones regirán en Cuba cuando allí lleguen
estos números y en qué estado se hallará el espí¬
ritu público. Es imposible ó muy aventurado, no
para mí, sino para la empresa pacífica, uno de esos
que se llaman artículos valientes, mas fáciles de
hacer que los mesurados y contenidos. Tendría
que haber leído esos periódicos para juzgar de la
provocación , y saber por conducto desinteresado
los pormenores del suceso: sin estas seguridades,
todo lo que haya de escribir es hipotético y muy
expuesto á error.
— Pero no puede usted callarse.
— Eso no. IJn conflicto de esa especie es dema¬
siado grave, por su significación y el disgusto que
revela, para ser omitido. Desde luego creo en con¬
ciencia que por lo mismo que el ejercito, sujeto á
la dura disciplina militar, tiene grandes deberes
que cumplir y sacrificios que hacer, debe estar de¬
tendido por la ley contra las licencias de la plu¬
ma, que, como la experiencia ha demostrado, no
siempre sirve á buenas causas. Era la pluma en
otros tiempos la voz de un pensador, ó de un pa¬
triota, ó de un fanático quizás; hoy es también, ó
puede ser, la bocina de un negociante que se enri¬
quece por el escándalo; es también un poder que,
encastillado en sus privilegios, provoca y daña en
la honra, y agota el sufrimiento. En estas condi¬
ciones, si la ley no evita el choque de esa fuerza
poderosa y absorbente, cada vez más invasora,
tienen que producirse conflictos con la fuerza ar¬
mada si ésta se ve ofendida. Esos conflictos si se
resuelven por la fuerza, contra la prensa se resuel¬
ven; si por los tribunales, no estando el ejército
bien defendido por la ley, perderá el pleito el
ejército. Y como cada cual tiende á su propia con¬
servación , no es extraño que usen unos y otros las
armas que saben manejar cuando se produce una
de estas situaciones anormales. ÍSi no se han evi¬
tado con previsión, hay que soportar sus conse¬
cuencias. ¿Cómo resolverlas? ¿Con la violencia?
Sería agravarlas; y hoy sería inicuo que el Go¬
bierno, que practica la política de atracción y de
benevolencia, no la siguiese en este caso en que la
irritación es disculpable. Y no he de decir más en
esta Crónica, sino un consejo patriótico á los bue¬
nos españoles. Demasiado saben á quién conviene
que nos dividamos: se les solicitará de diversos
modos con este fin : no les demos gusto y les ha¬
gamos el negocio. Los indios parece que se les han
rebelado : ahora veremos cómo les hacen la guerra
esos filántropos.
— ¿Qué opina usted de la absolución, por el con¬
sejo de guerra francés, del comandante Esterhazy?
— Que el asunto no nos interesa; pero se ha he¬
cho tanto ruido al pretender la rehabilitación del
condenado Dreyfus, que se ha convertido en asunto
universal. Y como son tantas las mentiras echa¬
das á volar en los periódicos por una ú otra par¬
te, ó acaso por las dos, y como lo más sustancioso
del proceso se alegó á puerta cerrada, no hay ma¬
nera de formar opinión personal. Pero la conde¬
nación anterior de Dreyfus y la absolución de
Esterhazy por dos consejos de guerra, en que el
segundo ha sido indirectamente una revisión del
primero, parecen garantizar la justificación de uno
y otro fallo, ó no hay que fiarse para nada de la
justicia militar. La verdad es que las acusaciones
públicos de los hermanos Dreyfus y del Vicepresi¬
dente del Senado han sido poco eficaces, y la pri¬
sión , como único resultado, de una señora acusada
de no sabemos qué engaños, y el aplauso popular
tributado al comandante absuelto, deberían cerrar
para siempre ese proceso escandaloso: sin embar¬
go, quedan en Francia periódicos que insisten, y
como el proceso de la Vizcondesa ha de remover
aún ciertos incidentes, no se puede decir que es
una cuestión enteramente terminada, aunque le¬
galmente lo esté respecto de lo principal.
— ¿Y no cree usted que se ha ejercido presión
sobre el consejo de guerra?
— No negaré que ha podido haberla, pero en
uno y otro sentido, aunque ha sido más fuerte la
contraria á Dreyfus; pero la unanimidad de los
jueces no favorece nada al condenado, no ya en el
concepto legal , sino en el moral de las probabili¬
dades de un error y una ofuscación. ¿Qué pruebas
han sido esas que no han hecho dudar á uno solo
de los jueces?
— Quedan por oir los periódicos favorables á
Dreyfus: queda el libro prometido por Zola: sus
escritos, que ya han empezado: la causa del tenien¬
te coronel Picquart, que ha sido el promovedor de
todo.....
— Allá se las avengan. Más nos interesa la cir¬
cular del Fiscal del Supremo acerca del Jurado, de
que podemos formar parte ó ante el cual todos es¬
tamos expuestos á comparecer.
— No creía que el ministerio fiscal fuese parti¬
dario de esa institución.
— Ignoro lo que pensarán de ella sus individuos
en particular; pero como hay una ley que la esta¬
blece, y existe y funciona, está en el interés de la
justicia que se cumpla y que se depure el Jurado
en lo posible, especialmente en la formación de
las listas: por lo tanto, la circular ha sido conve¬
niente. Aun cumplida, ¿quién podrá impedir jamás
las simpatías ó enemistades de los jueces de hecho
respecto de sus convecinos, que podrán formar
mañana tribunal contra los que temporalmente
juzgan?
— Eso es según: si yo juzgase á un enemigo que
podría ser mi juez otio cuatrimestre .
— ¿Le absolvería usted para estar á la recíproca?
— Haría lo más seguro: le ahorcaría.
o »
— ¿Ha leído usted el nuevo reglamento de los
porteros de Madrid?
— Yo no leo reglamentos como no tengan de
antigüedad dos ó tres siglos; pero recomiendo el
actual á los curiosos del siglo XXI.
— Pues bien; los porteros no han de pasar de la
edad de sesenta años.
— ¡Truenos y rayos con el Sr. Aguilera! ¿Y cuál
ha de ser la jubilación de los escritores que no tie¬
nen derechos pasivos si nos quitan el refugio de
las porterías? Nos han cortado la carrera.
— Acusan también al Sr. Aguilera de inmiscuir¬
se en la propiedad ajena .
— En eso tienen menos razón: la propiedad
tiene muchas limitaciones ante el Estado: cuando
amenaza las vidas un edificio, se le derriba; si con¬
viene á todos sa expropia por utilidad pública, in¬
demnizando al dueño; está sometida, en fin, á le¬
yes de buen gobierno ó investigaciones fiscales.
— Dicen que trata de convertir al portero en
agente de policía.
— Eso ya tiene más perendengues, y puede vol¬
vérseles en contra á los liberales el dia de mañana.
Creo que la intención del Sr. Aguilera es buena,
y puramente como función de policía criminal;
pero sus inconvenientes llegarán á ser políticos
en España, y exceden á las ventajas: desde luego
las porterías, más que un modo de vivir, son un
retiro para los viejos y una ayuda para familias
pobres, en las que los reglamentos van á producir
una perturbación lastimosa. Por fortuna es toda¬
vía un propósito, y nada más; el Sr. Aguilera está
informándose, y le damos nuestra opinión.
— Hablemos de otra cosa .
— Procure usted que no sea muy seria, porque
la pérdida de ese retiro me ha dejado triste.
— Del supuesto Mr. Gandeaux, ese artillero fran¬
cés que había dado la vuelta al mundo á pie y sin
dinero.
— Y que ha resultado un farsante: hay la ven¬
taja de que su retrato queda estampado en muchas
partes, para que no engañe á nadie en adelante.
La prensa de provincias le recomendó á la de Ma¬
drid, ésta á la de toda España: creo conveniente
que se reproduzca de nuevo ese retrato con las
rectificaciones necesarias. Lo malo será para los
huéspedes sucesivos. No sé en qué periódico ó li¬
bro leí una anécdota que puede aplicarse á este
caso. Llegó á la tienda de un árabe un viajero fa¬
tigado: aquél le acogió con nobleza, le cedió su
lecho y partió con él su cena. «Véndeme aquel ca¬
ballo, le dijo el viajero. — No le vendo, porque es
el más corredor que salió de yegua. — Te pagaré
cuanto me pidas. — No se hable más de ello, y dur¬
mamos.» Pero el viajero, enamorado del caballo,
durmió apenas; levantóse antes del amanecer, en¬
silló y montó el caballo, y se alejó á todo galope.
Cuando el árabe despertó y notó el robo, pisoteó
furioso su turbante. «Salgamos á alcanzarle, le
decían sus criados. — Sería inútil; no hay caballo
que pueda adelantarle.» En aquel momento vieron
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15 Enero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x.° 11 — 23
volver al viajero galopando sobre el caballo robado;
llegó á la tienda, y le dijo al árabe: «Toma tu cor¬
cel: no hay otro como el tuyo; tuve un mal pensa¬
miento, y vengo á remediar el daño; porque si esto
se supiera por el mundo, ¿quién daría hospitalidad
ai viajero?» Sólo sé que esta anécdota tan oportuna
la he leído en alguna obra francesa.
— Pues yo he leído otra muy diversa en otro
periódico francés, que no tiene relación con ésta;
pero merece contarse por lo curiosa. Un periodista
y un empresario de provincias tuvieron una cues¬
tión, y éste recibió testigos del primero ; en su
consecuencia, buscó el empresario un tirador que
le diera alguna lección para defenderse.
— ¿Y se la dió?
— Le dió, sin querer, una estocada en el brazo,
que le ha hecho aplazar el duelo basta que se cure.
— Seguro que dirá el pobre empresario: «Si esto
es el ensayo, ¿cómo será la función?»
• #
• «
— Créelo, esa vida noctuírna es mala: te con¬
viene tomar el sol ; pero le aborreces .
— No lo creas, es cuestión de horas: nadie me
ganará á pasearme por el sol cuando el sol salga
de noche.
Llega al lugar del encuentro el abofeteado y sus
padrinos: aquél se quita su largo gabán de pieles
y aparece envuelto en una sábana.
— ¿Qué traje es ése? — lé dicen asustados.
— El que conviene en este lance. ¿No nos bati¬
mos á veinticinco pasos de distancia y avanzando?
— Así es.
— ¿No es un buen tirador mi contrario, y yo lo
soy detestable? Pues traigo el vestido que me co¬
rresponde: vengo de mortaja. .
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
Después de la fundan , cuadro de Desbrave. — Costumbres andaluzas ;
Unfl merienda, dibujo de José Garó1 a llamos — Pasea sobre el hiela
en el sin lo X VIII , cuadro de J. Aureli.— Aficiones precoces , dibujo de
Sauber.
El cuadro de Degrave, que reproducimos en la
primera página, debió su éxito en París, tanto á
lo artístico de la ejecución, como á la gracia de la
escena infantil que representa. Terminada la so¬
lemne función religiosa, cuando el clero y los fie¬
les salieron ya del santo templo, comienzan los
acólitos su misión de apagar las velas; y tan celo¬
sos se muestran de su cargo, que, olvidando el res¬
peto debido ai sagrado luuar en que se hallan, se
disputan la posesión de la larga insignia de su
mando.
Con la verdad y maestría de siempre nos repre¬
senta el pintor sevillano García Ramos, en el gra¬
bado de la página 28, paisaje, tipos, indumentaria
y costumbres andaluzas. Nuestros lectoies verán
sin duda con gusto la alegre escena de la merienda.
Los numerosos géneros de sport que van dispu¬
tándose sucesivamente la predilección de la moda,
no destrónan la antigua afición de los patinadores.
Debe ser realmente muy agradable eso de desli¬
zarse sobre el terso hielo describiendo curvas y
ziszás caprichosos, y es de admirar el sereno va¬
lor con que los aficionados se arriesgan sin temor
al craqnement precursor.. ¿.. del baño de impresión,
cuya sola idea pone carne de gallina. El cuadro de
Aureli de la página 29 reproduce una pintoresca
escena sobre el hielo.
Desde muy temprana edad muestran las criatu¬
ras sus disposiciones, que en sus aficiones prefe¬
rentes suelen revelarse claramente. La heroína de
nuestro grabado de la página 33 tiene tal predi¬
lección por el importantísimo arte encomiado por
Brillat-Savarin, que no se contenta con hacer co-
midita8 , sino que se arriesga á cosas mayores, y
con anuencia y aplauso de la familia ejerce de
cocinera chica en grande .
#
• •
DON EDUARDO DOLZ Y ARANGO, MINISTRO DE
OBRAS PÚBLICAS Y COMUNICACIONES DE LA ISLA
DE CUBA. — (Véase la pág. 24 y el artículo del se¬
ñor España en la 31.)
*
• #
LA GUERRA EN CUBA.
Reparto de raciones en la trocha de Júcaro A Morón.
Refiérese nuestro grabado de la página 24 á una
de las más importantes funciones para un ejército
en campaña, que en nuestra guerra de Cuba re¬
sulta por muchas razones de muy difícil empeño:
la conducción de las municiones de boca á los si¬
tios convenientes y en los momentos oportunos.
Nuestro grabado representa una escena de apro¬
visionamiento de la trocha de Jácaro á Morón.
•
« «
EL REPARTO DE CHINA.
En el notable artículo de D. Emilio Castelar,
que empieza en la página 26, hallarán nuestros
lectores interesantísimos datos sobre la cuestión
de China, que preocupa á las potencias europeas.
Completando nuestra información gráfica, da¬
mos en la página 25 la vista general de Puerto
Arturo, importante posición naval en la península
de la Mandchuria, ocupado por los rusos; el buque
insignia de la escuadra inglesa Centurión , y los
retratos del almirante Seymour, comandante en
jefe de la misma, y de sir M. Macdonald, minis¬
tro inglés en Pekín.
»
« #
D. JOSÉ RAMÓN LARROSA.
El l.° de Noviembre último falleció en Trubia
el decano de los obreros y maestros de aquella fá¬
brica, cuyo retrato publicamos en la página 31.
Desde los doci años, en que comenzó á servir,
ha venido distinguiéndose por su inteligencia, la¬
boriosidad y excelentes condiciones personales,
de tal manera que al cumplir la edad reglamen¬
taria para el retiro forzoso, si dejó de figurar en
el escalafón del personal, el Cuerpo de Artillería
le retuvo en Trubia en concepto de maestro even¬
tual, por considerar una gran pérdida para la fá¬
brica dejar sin empleo las grandes energías inte¬
lectuales que aun conservaba Larrosa, unidas á
una gran robustez física, envidiable á sus años.
Por lo que resume los principales datos de su
vida, y por lo que tiene de honrosa para la me¬
moria del inolvidable maestro, publicamos á con¬
tinuación la orden general de la fábrica del 2 de
Noviembre, dada por su coronel-director don
R. Fonsdeviela. Dice así :
«Al. rendir estos últimos tributos de carino, es¬
timación y aprecio al inolvidable D. José Larrosa,
dejamos consignado que todo esto ha sido fruto de
una inteligencia superior, laboriosidad infatiga¬
ble, conocimiento profundo de la maquinaria y de
cuantos detalles de fabricación requiere la del
material de guerra, cuyas excelentes cualidades
reunidas en un solo hombre estuvieron siempre
complementadas con una vida ejemplar.
»La biografía del maestro Larrosa presenta un
modelo de enseñanza para todos los que, con ca¬
rácter filiado ó eventual, dedican su existencia á
trabajos industriales. A los doce años empezó á
servir. No tenía aún veintitrés cuando fué por
primera vez en comisión á Bélgica. Aquel mismo
año fué nombrado maestro. El año 1858 recibió el
título de maestro examinador principal de ar¬
mas de fuego portátiles, desempeñando en el
mismo año una comisión en Inglaterra, y tres años
después fué nombrado primer maquinista, conce¬
diéndosele la cruz de Isabel la Católica en aten¬
ción á sus buenos servicios.
»Desempeñó en 1867 comisiones en Francia,
Inglaterra y Sevilla, y en el mismo año se le con¬
cedió la cruz de primera clase del Mérito Militar,
y se le nombró maquinista principal de las fábri¬
cas de Oviedo y Trubia. Comisionado el 70 para
las armas blancas en Toledo, recibió como recom¬
pensa de sus servicios otra cruz del Mérito Mili¬
tar, y desempeñó comisiones, con el el acierto de
siempre, en Ruelle y Nevers el mismo año.
»En todas partes el éxito obtenido por su inte¬
ligencia y celo recibió el beneplácito de sus jefes,
y le hicieron acreedor á su estimación.
»Con el fallecimiento del maestro Larrosa el
Estado ha perdido á uno de sus buenos servidores,
y en la fábrica de Trubia queda un vacío que so¬
lamente en el porvenir podrá llenarlo alguien to¬
mando como tipo y norte constante al que acaba
de fallecer.
»Apena mi ánimo el considerar que en las pos¬
trimerías de mi mando en este establecimiento,
la Providencia dispuso que asista al acto del día
de hoy. Acato sus inescrutables designios, y cum¬
plo mi deber prometiendo, cual de fijo promete¬
réis conmigo todos los que servís en Trubia, que
jamás, mientras vivamos, podremos olvidar á La¬
rrosa, y haremos siempre justicia á su mucho mé¬
rito y. excelentes condiciones.»
• «
EL ALCÁZAR DE TOLEDO.
Publicamos en la página 32 una vista fotográ¬
fica del Alcázar de Toledo, para dar á conocer las
nuevas obras que en su recinto van realizándose
con el fin de embellecerle, haciendo de modo que
el continente responda á las grandiosidades del
contenido.
La iniciativa de estas obras corresponde al
buen gusto artístico de ilustrado general D. Ma¬
nuel de la Cerda, actual subsecretario del Minis¬
terio de la Guerra, que hallándose de director de
la Academia General Militar por los años de 1890
al 93, y deseoso de que desapareciesen las depre¬
siones y escabrosidades que cercaban el palacio
afeándolo, así como de que se contuviese el fre¬
cuente hundimiento de las tierras que formaba la
importante explanada ó plaza de Armas al Oriente
del Alcázar, indicó la construcción del magnífico
muro que da á conocer nuestro grabado, logrando
los fondos necesarios al efecto, y encargándose
del proyecto y de su ejecución, por todo extremo
maravillosa, el inteligente coronel, teniente coro¬
nel de Ingenieros y comandante de la plaza, don
Víctor Hernández y Fernández, cuyo retrato va
también en la citada página.
D. VÍCTOR HERNÁNDEZ Y FERNÁNDEZ.
Nació el Sr. Hernández en Velés (Cuenca) el
12 de Abril de 1844; ingresó en el Colegio de In¬
fantería en Enero de 1880, y ya subteniente, en
la Academia de Ingenieros, en 1883. Siendo capi¬
tán del Cuerpo fué destinado á la Comandancia de
Toledo, dedicándose seguidamente á reconocer y
tasar las obras ejecutadas en el Alcázar desde 1867,
en que comenzó la reedificación, hasta Mayo de
aquel año, en que fueron suspendidas, presentando
otro proyecto sobre la base de una Academia ge¬
neral, y dando al edificio carácter monumental en
armonía con su primitiva construcción. Por el mé¬
rito extraordinario de estos trabajos se le conce¬
dió el grado de coronel.
Próximas á terminarse con éxito brillante tan
admirables obras, estalló formidable incendio en
el Alcázar durante la noche del 9 de Enero de
1887, y en pocas horas redujo á informes escom¬
bros la que había vuelto á ser, por la inteligencia
y perseverancia del Sr. Hernández, verdadera joya
artística de valor inestimable. Su arrojo durante
el siniestro para impedir que las llamas hicieran
pasto en las construcciones interiores del edificio
rayó á gran altura, tanto como su dolor al con¬
vencerse de que los esfuerzos resultaban impoten¬
te s ante la violencia de aquel incendio. Generales
alabanzas se prodigaron á nuestro biografiado, que
recibió también las gracias de S. M., estimulándole
para que no desmayase y volviese a reconstruir lo
destruido. Así lo hizo , recomenzando las obras en
Marzo de 1889 : de ellas forma parte el referido
colosal muro, que une á la resistencia de la mole
la elegancia y exquisito gusto en la labor, traba¬
jada con igual esmero que si se tratase de un ta¬
llado en madera.
Nadie <jue haya visitado á Toledo deja de ob¬
servar cuan difícil es emprender allí una obra que
encaje entre el enorme número de maravillas ar¬
quitectónicas de que ha de verse rodeada; desde las
ruinas de construcciones romanas que aún se ven,
no hay estilo, no hay orden de arquitectura que
no se encuentre representado. La catedral puede
decirse, sin incurrir en exageración, que encierra
un curso completo de aquel arte; su puerta llana
es del estilo griego moderno, el trascoro perte¬
nece ai Renacimiento; en varias capillas predo¬
mina la arquitectura árabe, y el altar llamado El
Transparente (situado detrás de la capilla mayor)
es un rico joyel del estilo churrigueresco; San
Juan de los Reyes, la maravilla más preciada que
encierra Toledo del gusto ojival; El Cristo de la
Luz, Santa María la Blanca y el Tránsito, carac¬
terizando y definiendo los tres períodos de la ar¬
quitectura árabe, desde el rudimentario, hasta el
rico y florido andaluz ; y mil más restos prodigio¬
sos, ante los que se admira todo el que siente algo
del arte que los ha inspirado. Toledo puede consi¬
derarse, y lo es, un museo de arquitectura.
Pero esta circunstancia, que sin duda llena de
orgullo á todo español, determinó para Hernández
grandes dificultades. Téngase en cuenta que se le
ordenó reconstruir el Alcázar dándole el carácter
monumental que había tenido, y no estará de más
observar aquí que no es un edificio perteneciente
á gusto y época determinados, pues basta dirigir
la vista á sus cuatro fachadas para observar que la
una recuerda á Alfonso X , otra á Isabel la Cató-
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24 — n.° n
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Enero 1898
lica, la tercera á Covarmbias y la úl¬
tima á Felipe II: el interior sí pue¬
de decirse que pertenece al Renaci¬
miento, y á él se ha atenido el
ingeniero al proyectar y dirigir la
restauración.
En virtud de lo expuesto, Her¬
nández tuvo que disponerse á ser
arquitecto de historia, y en tal gra¬
do lo ha conseguido, que es hoy, sin
duda alguna, uno de los más nota¬
bles de Europa, como lo prueban los
elogios que dirigen á sus obras cuan¬
tos extranjeros ilustres las han vi¬
sitado.
La más completa de ellas fué la
reedificación primera del Alcázar:
el notabilísimo salón regio, estilo
del Renacimiento, en que armonizó
la decoración suntuosa, hecha toda
bajo su dirección en Toledo, con la
inspiración del arte que realizó el
pincel de Sala mediante idea de
Hernández; la antecámara árabe,
en la cual se creía el visitante en
una de las maravillosas estancias de
la Alhambra; tal era la perfección
con que se había conseguido imitar
el estilo, así en arabescos como en
azulejos, construidos unos y otros
por personal de la Comandancia de
Toledo, dirigidos por el jefe tantas
veces citado, y la capilla, en que se
admiraba la talla de sus puertas,
también realizada sobre sus dibujos,
fueron pruebas concluyentes del
modo perfecto con que este modes¬
tísimo jefe supo responder á la abso¬
luta confianza que en él se había
depositado, ratificando este aserto
los demás notables trabajos que ha
realizado en los edificios de Capu¬
chinos, Santiago, el picadero y otros.
Finalmente; la reconstrucción
última del Alcázar, si bien relega
en parte al arquitecto, ensalza, en
cambio, al ingeniero: cuanto se di¬
ga es poco respecto al mérito que
tiene la colocación de los suelos y
armadura de acero en las condicio¬
nes en que se hizo: porque era pre¬
ciso apoyar la viguería en muros
construidos hasta el coronamiento,
caso que se presenta pocas veces;
pues lo ordinario es sentar los sue¬
los conforme va alcanzando el mu¬
ro sus distintas alturas, y tratándose
D. EDUARDO DOLZ Y ARANGO,
MINISTRO DE OBRAS PÚBLICAS Y COMUNICACIONES
DE LA ISLA DE CUBA.
(De fotografía de Franzen.)
de vigas de 10 y 12 metros de luz
(verdaderas vigas de puente) , se
comprende cuántas dificultades ne¬
cesitó vencer para dar cima á la
obra, como felizmente lo consiguió,
sin perder además de vista la posi¬
ble economía en los gastos ; siendo
premiado con varias cruces, único
medio que el vigente sistema de re¬
compensas permite aun para los
portentosos inventos del genio.
Jefes como el Sr. Hernández hon¬
ran, no sólo al Cuerpo cuyo unifor¬
me visten y al ejército, sino á la na¬
ción que cuenta con tan preclaros
hijos.
• *
D. PORFIRIO DÍAZ (HUO),
capitán de Ingenieros.
En la página 36 damos el retrato
del distinguido hijo del Sr. Presi¬
dente de la República mejicana,
general D. Porfirio Díaz, y de su
primera esposa la Sra. D.a Delfina
Ortega de Díaz.
El joven Porfirio Díaz ha recibido
una esmerada educación, primero
bajo la dirección de profesores es¬
peciales, y más tarde en el Colegio
Militar de Chapultepec, donde hizo
sus estudios profesionales con nota¬
ble aprovechamiento, y sujeto, como
todos ios alumnos, á la rigurosa dis¬
ciplina militar.
En 1895 terminó sus estudios,
obteniendo el título de ingeniero
militar y de capitán del ejército
mejicano. Con el objeto de ampliar
sus conocimientos hizo en seguida
un viaje á los Estados Unidos y á
Europa, y fué muy bien recibido por
la sociedad de los países que visitó.
En Octubre del pasado año re¬
gresó á su patria, y el 15 de No¬
viembre se unió en matrimonio con
la Srta. D.R Luisa Raigosa, hija de
una de las principales familias de
la sociedad mejicana.
* El ingeniero Sr. Díaz tiene ape¬
nas veinticinco años, y por su trato
finísimo, su clara inteligencia y su
vasta ilustración es una legítima es¬
peranza de Méjico.
C. Luis de Cuenca.
LA GUERRA EN CUBA. — reparto de raciones en la trocha de^júcaro á morón.
(De fotografía.)
*
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15 Enero 1808
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x.° ii — 25
SIR CLAUDIO M. MACDONALD,
MINISTRO I)E INGLATERRA EX PEKÍN.
9Mfl
i la p a ■
llliliili , i
CHINA. — EL FUERTE DE TALIEN-WAN , EN LA BAHÍA DEL MISMO NOMBRE.
KL ACORAZADO «CENTURIÓN», BUgUK INSIGNIA DE LA ESCUADRA INGLESA EN CHINA.
ALMIRANTE SIR E. II. SEYMOUR,
COMANDANTE GENERAL DE LA ESCUADRA INGLESA EN CIIINA.
VISTA GENERAL DE PUERTO ARTURO, OCUPADO POR FUERZAS RUSAS.
EL REPARTO DE CHINA.
(De fotografías.)
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26 — n.° n
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Enero 1898
ALEMANIA EN CHINA.
ESTUDIO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA.
I.
rSn^S^^.O hay en la tierra bien alguno compa-
rabie con la paz. El sentido vulgar lo
J c dice así. Desda que ve aquello á que
vivj podríamos llamar célula social, desde
^ que mira el hogar, la primera aspi¬
ración aparecida en el hombre de i tro
a - de la familia, es la paz doméstica per-
f feccionando la paz espiritual. Nuestra reli¬
gión cristiana, tan sumamente comprensiva
por arrancar de Dios y dirigirse á la huma¬
nidad y á todas sus facultades, así os bendice y
s iluda: «La paz del Señor sea con vosotros.» Y,
con efecto, cuantos pensadores han querido con¬
vertir en fórmulas científicas los afectos cristia¬
nos, se han percatado bien pronto de que lleva el
cristianismo en sus entrañas, por las bienaventu¬
ranzas, por el sermón sublime que nos manda
querer á nuestros calumniadores y enemigos, por
el apostolado pacífico y el reino de la palabra ó
dal verbo, sin que haya podido contrastarlo teo¬
cracia ninguna, el bendito régimen de la paz uni¬
versal. Por eso nuestra liturgia, tan poética en el
canon secular donde se prescriben las sabias par¬
ticularidades referentes á la misa, coloca muy
bien, al minuto de consumir la hostia y de beber
el cáliz los oficiantes, el ósculo y el abrazo de los
sacerdotes, representando al pie del altar la re¬
ce iciliación de los pueblos en el seno de las hu¬
manas sociedades. El suelo de nuestra Europa, he¬
cho por el espíritu cristiano y el espíritu científico,
empapado en ideas progresivas exhaladas por sus
poros como rayos de luz, está con todas sus fuer¬
zas físicas amoldándose, amoldando su materia
palpable al mandato del espíritu invisible, que le
impone una transformación de la guerra en tra¬
bajo, y como complemento de esta grande trans¬
formación, la paz y la libertad universal.
II.
Y, sin embargo, armamento popular, reductos
erizados de artillería por todas partes; enormes
cruceros en las oceánicas aguas; ejércitos marean¬
tes en tropel; explosivos por doquier; en un pun¬
to la dinamita; en otro punto la pólvora sin hu¬
mo; allá, más lejos, los cañones perfeccionados; á
las espaldas de quienes debían llevar el azadón los
fusiles exterminadores, ó sea bajo la paz univer¬
sal en el ánimo la guerra universal en el espacio.
Es ^as contradicciones suelen surgir con frecuen¬
cia en los pueblos y dejar su recuerdo en las his¬
torias. Así como se adelanta en vuestros ojos el
relámpago al trueno, que rebota en vuestros oídos
más tarde, habiendo estallado relámpago y trueno
á un mismo tiempo, la idea se adelanta al hecho, y
lo que ha muerto en el espíritu vive y palpita en
el espacio. Mas vive y palpita por poco tiempo. La
paz universal está decretada por el genio de la re¬
ligión y de la filosofía: aquello que ordena el genio
de la religión y de la filosofía se cumple sin reme¬
dio en el espacio, espejo de las ideas, tan etéreas
como las estrellas. La paz universal será, pero
hay que decirlo con tristeza: en esta hora corrien¬
te, se teme por muchos la guerra universal. Y se
teme fundadamente. Los aprestos pedidos en el
Parlamento americano; la conglomeración de bu¬
ques ingleses en las aguas mal tesas; el insolente
mandato por la escuadra germánica impuesto al
Gobierno de Haití; la facilidad con que pueden
chocar aquellas grandes potencias que recorren,
exploran y conquistan las orillas del Níger; los
estremecimientos de la India inglesa y del Sudán
egipcio; la gradual aproximación del choque tre¬
mendo entre Rusia ó Inglaterra sobre las mese¬
tas del Asia central ; ese desembarco de los alema¬
nes, so color de proteger sus misioneros sobre las
costas de China, con dobles amenazas al Japón y
á Rusia, y con dobles arrogancias del emperador
Guillermo y del almirante su hermano Enrique,
hácennos temer á todos los pacíficos una confla¬
gración oceánica.
III.
Mas dejemos aparte las reflexiones sobre todos
estos hechos, é historiemos lo que con ellos ocu¬
rre á diario. Si los pueblos americanos de nuestra
sangre reflexionan un minuto sobre cuanto ha
pa sailo en Haití, verán cómo las amenazas de los
ynnkees al mundo europeo se truecan, así que pue¬
den correr algún peligro los intereses materiales
de la grande República, en baladíes y jactancio¬
sas frases. Falsificando á diario la doctrina de
Monroe, formulada para otros tiempos y con
otros motivos, engañan á nuestras buenas gentes
iberas en el Nuevo Mundo, y les hacen creer cosa
tan falsa como que la bandera estrellada opone un
muro infranqueable á toda irrupción, y sólo nece¬
sita flotar en cualquier escollo para detener á los
irruptores. Y, sin embargo, nunca detuvieron los
yanlcecs á persona ninguna, ni contrastaron las
maniobras europeas ó monárquicas. A las barbas
de los Estados Unidos, un hijo de Luis Felipe
bombardeó Veracruz porque algunos muchachos
se habían comido, sin pagarlas, varias golosinas
de un pastelero francés; sin que los Estados Uni¬
dos pudieran impedirlo desembarcó la coalición
europea en Méjico, llevando consigo al usurpador
Maximiliano, derrotado y despedido con las tro¬
pas imperiales, no por los yankees del Norte, por
los españoles cíe la Nueva España, representados
en el inmortal Juárez; las naves de D.H Isabel II
pudieron guerrear en el Perú y en Chile, sin que
los Estados Unidos hicieran cosa ninguna contra
ellas; y un emperador tan débil como D. Pedro del
Brasil, destinado al destronamiento y á la pros¬
cripción, pudo matar la República en el Paraguay
sin que los Estados Unidos se alarmasen gran
cosa. Lo mismo acaba de suceder hoy. Resistió
Haití las demandas de Alemania parapetado tras
la esperanza de que intervendría la grande Amé¬
rica sajona en su favor, y cuando Alemania envía
cuatro buques al demandado, recuerda éste las
promesas yankees , y ve con dolor que tales prome¬
sas no sirven para nada. Magnífica lección que
deben aprovechar todos los pueblos españoles en
el Nuevo Mundo.
IV.
La cuestión asiática tiene ya otro aspecto. Como
en el conflicto haitiano debió Alemania cho¬
car con la República sajona, en el conflicto asiá¬
tico debió chocar Alemania con Rusia y el Japón.
Todo el mundo sabe cómo la última de estas dos
potencias, en lucha recentísima con el Imperio
Celeste, ocupó costas y aguas de las cuales tuvo
que salir, abandonando cuantiosa victoria, por im¬
posiciones de la diplomacia europea. Y cuando
ahora, tras los muchos alardes hechos y las mu¬
chas intimaciones lanzadas al .Japón para (pie no
se quedase con tierras chinescas y no mermara
los dominios del gran Emperador tártaro, ven los
japoneses á Germán ia en su lugar, no pueden me¬
nos que alarmarse y proponerse para lo sucesivo
un acaparamiento de sus conquistas futuras, ya
que otros han acaparado sus conquistas presentes.
YT este reconcomio del fuerte pueblo con la pode¬
rosa Germania, trae aparejados para lo por venir
innumerables conflictos. Algo de lo que sucede
con el Japón respecto de Alemania, sucede con
varias otras potencias europeas. Propietaria Fran¬
cia del Tonkín, protectora de diversos estados á
las orillas del río Amarillo, con grandes preten¬
siones sobre la repartición inevitable de China,
ve recelosa el pabellón germano cerca de sus pro¬
pias fronteras, á la vista casi de dominios los cua¬
les hanle costado indecibles sacrificios de dinero
y gran desagüe de sangre, posición en la cual se
halla también Inglaterra, primeramente por las
susceptibilidades que ha despertado la garrulidad
oratoria del emperador Guillermo entre los in¬
gleses contra su Imperio, y después por sus ricas
posesiones de Birmania, muy expuestas á un ata¬
que de cualquier escuadra que guarde territorios
en China, como las guarda hoy la poderosa Ger¬
mania.
V.
Pero quien más alarmada hoy sentirse debe por
el atrevimiento alemán es la gigantesca Rusia.
Entre todas las ideas capitales de su gente mesiá-
nicay soñadora, ninguna tan extensa en superfi¬
cie y tan profunda en solidez como la idea de
que Asia pertenece por completo al Zar, empera¬
dor y pontífice verdaderamente asiático. Llevada
Rusia de esta idea, en menos de siglo y medio
toma las tierras deí Ponto Euxino, donde llorara
Ovidio sus Tristes inmortales; entra por la indes¬
cifrable Armenia, y deja los jalones de una inva¬
sión semejante á las legendarias invasiones ati-
lescas; vence á los turcos en las montañas del
Cáucaso, y encadena con sus bayonetas las orillas
del Caspio; bordea el Norte de Bernia; se arras¬
tra por la Bactriana de Semíramis; toma posesión
de los sitios llamados el techo de la Tierra en las
tradiciones antiguas; amenaza tanto á la China
como á la India en esfuerzos perdurables, y con¬
cluye por descolgarse con sus armas en Mand-
ch uria, frente á frente del espacio en que hoy
Alemania gallardea, suscitándole una rivalidad
inesperada é increíble. Y todo esto, y toda esta
inmensidad, que puede recorrerse fácilmente, des¬
de las puertas de Petersbugo, hasta los desiertos
mongoles y los golfos chinos, está por completo
atravesada como de una espina dorsal, de un ferro¬
carril titánico, levantado por los ejércitos rusos
en obsequio á la industria en apariencia, pero en
obsequio á la guerra en realidad. Y cuando se
tardan tantos años, se consumen innumerables
tesoros, se gastan indecibles fuerzas vitales para
terminar una empresa como no han visto ninguna
otra los siglos, al fin y al cabo de toda ella surge
Alemania, y al surgir, con Alemania surge tam¬
bién el amago de un combate colosal entre dos
enormes potencias.
VI.
Yo sé muy bien el aspecto interior que tiene
para Guillermo II la ocupación del golfo chino.
Cabeza de un ejército continental como no hay
otro en Europa, quiere completar esta máquina
enorme con otro ejército de mar igualmente nu¬
meroso y fuerte. Muy despegado de Inglaterra el
Emperador, nación de cuyas libres instituciones
abomina, tiene, como buen hijo de inglesa, amor
infinito al mar, cuyo acceso le impide, con harto
dolor de su corazón, el carácter puramente conti¬
nental de su Germania. Y con el Emperador vivo
su hermano Enrique, bien semejante á los Enri¬
ques y los Alfonsos y los Fernandos de Aviz, in¬
gleses también por su madre, quienes desde Por¬
tugal conquistaron las mejores islas africanas, y
abrieron al pequeño reino los mares tormentosos
del Cabo y las riquezas del indiano Imperio. Uno
y otro, Guillermo y Enrique, se han dividido la
tierra y el mar, como buenos y fogosos jóvenes á
quienes les parece cosa fácil conquistar, si quieren,
las estrellas. Mas Guillermo tiene un ejército te¬
rrestre, y Enrique no tiene una escuadra maríti¬
ma, ó si la tiene, jamás estuvo en proporción
debida con sus ambiciones y con sus ensueños. En
esta penuria de fuerzas náuticas, hanse dirigido al
Parlamento para que les procure y vote aquél el
factor que se llama nervio de la guerra, dinero
para escuadras, y el Parlamento lo ha negado,
más propenso á los presupuestos de paz que á los
presupuestos de combate. Y á fin de mostrar lo
que harían si tuvieran las naves y el dinero nece¬
sarios, han zarpado desde las costas germánicas
lus pocos buques existentes, y han aparecido en
los dos extremos del planeta: en China para de¬
fender la religión cristiana y los misioneros ale¬
manes; en Haití para defender el comercio ale¬
mán y los comerciantes, dirigiendo estas prácticas
respuestas á las resistencias del Congreso.
VII.
Pero no puede, no, desconocerse que la cuestión
interior es lo menos en este problema; lo más es
la cuestión exterior. Así, Guillermo II acaba de
pronunciar trascendental arenga, en cuyos párra¬
fos porfía sobre un tema interesantísimo: la con1
tinuación de su alianza con Austria y con Italia.
Después de renovar las visitas imperiales y regias
este otoño; de dirigir aparatosas revistas los sobe¬
ranos unidos; de aclamar ejércitos enteros Jos
nombres de las naciones con quienes se creen li¬
gados, huelga este renuevo de afectos y de protet-
tas en los labios del Emperador, y sólo significan
al cabo los temores sentidos en su corazón de que
la presencia del destacamento alemán en China
hoy haya repercutido con desagradable repercu¬
sión en Italia y en Austria. De la última no ha¬
blemos. Rota eñ partidos y en razas irreconcilia¬
bles, sin fuerza ninguna centrípeta para atraerse
tales fragmentos centrífugos, bien puede asegu¬
rarse que acaba el Austria como un cuerpo celes¬
te que hubiera en los espacios infinitos reventado.
Mas á Italia no le sucede lo mismo. Mientras los
esclavones, los tcheques, los magiares, los croatas,
los poloneses, los servios, los rutenos, los dálma-
tas, los ilirios, los turcos, no han podido formar
en Austria una grande nacionalidad, porque care¬
cen de afinidades mutuas entre sí mismos, en Ita¬
lia se ha formado una hermosa nación, desde
los mares griegos hasta los mares lemosines, por¬
que hay allí las afinidades interiores que unen
los pueblos y fundan las naciones. Y esta naciona¬
lidad no puede comprometerse con Alemania en
aventura de ningún género que trascienda de al¬
gún modo á sus íntimas relaciones con Inglaterra,
de la cual necesita para su completa seguridad me¬
diterránea. Y como el golpe dado en China amaga
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15 Eneko 1808
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
a.° n — 27
lo mismo á Petersburgo que á Londres, Italia se
ha puesto en guardia frente al Emperador, y se
ha resentido con profundo resentimiento la siem¬
pre frágil y precaria triple alianza, contrastada
hoy por los moscovitas y los franceses.
VIII.
Ante causa de agitación europea tan grande
como las empresas germánicas en Oriente y Occi¬
dente, debe decirse una reflexión y debe recor¬
darse una enseñanza de toda oportunidad. Aquello
que no se renueva en el universo, muere. Dos
grandes Imperios enseñan ahora prácticamente lo
fundado ó incontestable de tal aserto. Mueren el
Imperio chino y el Imperio turco, los cuales han
dominado el Asia en siglos de siglos, y mueren
porque no han sabido renovarse, obedeciendo le¬
yes eternas del universo y de su vida. Los dos Im¬
perios, unas veces representados por tales razas,
otras veces representados por razas distintas de
las indígenas y primates, han quedado inmóviles
en la soledad de sus creencias, de sus costumbres,
de sus tradiciones, de sus dogmas. Y cuenta que
ambas tuvieron sendos legisladores, dados á en¬
tregarles libros y enseñanzas en verdadera con¬
gruencia con sus respectivas naturalezas ó índo¬
les. Pueblo mecánico, sin metafísica, y por ende
sin religión, dado á reglamentaciones oficinescas
las cuales hácenlo un inmenso cuartel industrial,
encontró China en Buda su revelador, quien dió
de mano á lo trascendental y reemplazó las reli¬
giones, los dogmas espirituales con una ley moral,
encaminada tan sólo á regular por medio de con¬
signas y de reglamentos la vida particular de los
chinos y la vida general de aquella sociedad ente¬
ra. Más fuerte, más poderoso, de más nervio el tár¬
taro mahometano que el tártaro budista, Turquía
tuvo también su correspondiente revelador nece¬
sario. Y este revelador, Mahoma, bien al revés de
Buda, creyó en los dogmas, y proclamó, como apli¬
cación y resumen de estos dogmas, el califato co-
ranesco y la guerra universal. Aunque no se había
dirigido el Profeta jamás personalmente á los mon¬
goles; aunque fueran sus predilectos Jos árabes,
todos pertenecientes á la sangre del Profeta, el
mahometismo se pegó á Mongolia, y el califato
pudo pasar así de Bagdad, de Damasco, de Córdoba,
de los puntos ortodoxos y clásicos, al descendiente
de Atila, es decir, al sultán de Constan tinopla.
IX.
Lo mismo la religión de Buda que la religión
de Mahoma, se diferencian de la religión cristiana
en que á la humanidad entera y á todos los tiem¬
pos esta religión mira y atiende, mientras aquéllas
miran y atienden á un período del tiempo y á un
pueblo de la humanidad. Mientras en el desarrollo
humano y en el progreso terrestre las dos religio¬
nes orientales sirven á las circunstancias en que se
hallan sus fieles y prosperan sus provechos, per¬
duran. Pero en cuanto el tiempo corre y el pueblo
crece, qué danse ambas religiones atrás, y hielan y
matan y petrifican á los pueblos que las habían
adorado. No cabe dudarlo: China muere por su
inmovilidad en Buda; Turquía muere por su inmo¬
vilidad en Mahoma. Y como alrededor de estos
pueblos inertes hay pueblos progresivos, el movi¬
miento, la vida, sustituyen y reemplazan á la in-
modificable inercia. Los japoneses en China, los
griegos en Turquía, muestran esta verdad evi¬
dente, apercibiéndose unos y otros á heredar los
dos viejos Imperios mongoles: el Imperio mongol
del extremo Óriente de Asia, y el Imperio mongol
del extremo Oriente de Europa. También se ha¬
llaban los japoneses metidos en un círculo mágico,
donde consumían su vida en la inmovilidad y en
la inercia; pero hace cuarenta ó más años que lo
rompieron por una revolución y se lanzaron á las
corrientes del progreso, las cuales, vivificadoras y
luminosísimas, los han llevado á la libertad y á la
victoria. Por su parte, algo de lo sucedido con los
japoneses en el Oriente asiático pasa con los grie¬
gos en el Oriente nuestro. Metidos en el círculo
de un patriarcado inerte que les imponía un viejo
bizantinismo incompatible con nuestra naturaleza
y nuestra edad, han roto este círculo, abrazando
las libertades modernas, cuya virtud y eficacia les
promete, tarde ó temprano, la herencia de Turquía.
X.
Pero no se trata hoy del reparto de Turquía: se
trata del reparto de China. El emperador Guiller¬
mo lo ha suscitado, con la triste ligereza y el ciego
aturdimiento connaturales á su complexión levan¬
tisca ó inquieta. Y el reparto de China suscita mu¬
chas dificultades por el número de coherederos
que se llaman á la parte y pretenden la herencia.
Desde luego amenazan caer sobre sus tierras cen¬
trales las tres grandes potencias: Francia desde
Tonkín; desde Birmania, Inglaterra; desde Mancl-
churia, Rusia. Y no son solamente las grandes po¬
tencias quienes se hallan interesadas en el repar¬
to: lo están, y mucho, las potencias que llamamos
segundas. Ni Holanda puede consentir que se mo¬
difique China sin saber cuáles seguridades á sus
dominios préstala inmensa modificación; ni Por¬
tugal puede consentir que, después de haber descu¬
bierto la India y traído á nuestra vida europea las
levaduras del Oriente con sus naves milagrosas,
corran riesgo los últimos restos de aquella domi¬
nación colosal que aun guarda en sus manos; ni
nosotros podemos consentir , dueños del gran ar¬
chipiélago asiático, y teniendo á nuestro alcance
las islas de los Pescadores, recién ganadas por los
japoneses, que se amenace más y más nuestra com¬
batida seguridad allí; por lo cual todos los pueblos
europeos tienen mayor derecho al reparto de Chi¬
na que Alemania, quien ha suscitado, como en
tiempos de las Carolinas, un problema en cuyo
planteamiento ha tenido parte, pero de cuya solu¬
ción sacará bien escaso provecho. Mas, sea de esto
lo que quiera, el testamento de China queda hoy
abierto con violencia por una temeridad imperial,
y nadie puede negar que, al lanzarse tantos here¬
deros unos sobre otros, entre sí choquen, susci¬
tando la guerra universal. ¡No lo quiera Dios!
Emilio Castelar.
METER RUIDO.
>^/7£^^erá, si ustedes quieren, una ilusión
mía, pero yo creo que los hombres no
buscan las lecciones de la experiencia
vf sino en aquellos actos importantes
que juzgan pueden interesar á sa for-
tuna ó á su gloria: para ellos nada signi¬
fican los mil ejemplos que constante¬
mente surgen á su alrededor, producidos
muchísimas veces por los acontecimientos
más sencillos.
Empeñado el hombre en el difícil sendero de
la vida, no se esfuerza en conocer ó buscar la
buena dirección por medio de los pequeños obs¬
táculos que estorban su marcha; se necesita para
llamarle la atención montañas escabrosas ó cor¬
pulentos árboles. Pero los árboles y las montañas
sólo se presentan de largo en largo trecho, mien¬
tras los obstáculos menores los encuentra uno á
cada paso: la cuestión está en verlos y en apre¬
ciarlos debidamente.
Estas reflexiones ocurríanseme hace unos días al
oir el tambor de un niño y la pandereta de otro.
Quizás crean ustedes, y hasta cierto punto con
razón, que la causa no estaba á la altura del efec¬
to; pero voy á convencerles de lo contrario.
Los dos niños son hijos de un apreciable amigo
mío, y tienen todos los encantos y gracias de sus
cinco y siete años: belleza que seduce, travesura
que alegra* ingenio que cautiva y enternece al
mismo tiempo. Los he tenido en mis brazos mu¬
chas veces desde que nacieron; los he visto cre¬
cer, y casi aseguraría que los quiero como cosa
propia si no tuviera la seguridad de ,que son cosa
ajena.
Hallóles la víspera de Nochebuena parados
frente al escaparate de un bazar de juguetes; fijos
loe ojos, los brazos caídos y sofocados por el de¬
seo. Cogíles de la mano, íes hice entrar en la
tienda y les dije que eligieran el juguete que más
les agradara; así sucedió; después de un breve rato
de incertidumbre, el de más edad eligió una pan¬
dereta, y el más pequeño un tambor.
No me lo perdonaré nunca.
Desde aquel aciago día los tengo continuamente
debajo de mis balcones, ensayando sus ruidosos
instrumentos; y no bastando esto, sin duda, para
expiación de mi delito, han logrado instrumentar
del mismo modo á todos los chicos del barrio.
Antes de levantarme tocan una diana que du¬
rará por término medio sus dos horas; me siento
á leer, y me acompañan con una llamada infer¬
nal; quiero meditar un rato, y Ríe aturden con sus
gritos y redobles; tengo precisión de escribir . .
y nada, no me dejan. Desde aquella hora fatal no
hay para mí ni un solo instante de reposo. Toda
la vecindad está desesperada, enfurecida, y yo,
que estoy mil veces más desesperado que todos,
ni aun me atrevo á unir mi voz á su coro de que¬
jas; porque ¿con qué derecho me atreveré á ha¬
cerlo, yo que soy la causa primitiva del mal, el
que dió á conocer á los niños de mi amigo las ex¬
celencias del tambor y de la pandereta?
Y ahora bien: ¿no podríamos contar en el mun¬
do diariamente millares de hombres que hacen lo
mismo que yo, y se preparan y arreglan ellos mis¬
mos lo que han de maldecir después?
Los que suministran constantemente á sus ene¬
migos medios de acusación, que hacen resonar
en todas partes contra su nombre.
Los que arrancan á los tímidos de su natural
reposo para lanzarles ai tumulto de la acción.
Los que, siendo escritores, distribuyen con la
misma justicia la mentida lisonja ó la infundada
censura.
Los que se burlan del que creen débil, sin otra
razón que la de suponerse más fuerte que él.
Los que explotan la miseria, sin reflexionar que
ellos á su vez son los miserables.
¿No hacen todos éstos con los hombres precisa¬
mente lo que yo hice con los niños de mi amigo?
¿No les dan tambores, zambombas, panderetas y
rabeles?
Su ruido atronador les perseguirá por mucho
tiempo y en todas partes. ¡ Y muy felices serán,
de seguro, si este ruido sólo les causa una molestia
y no un remordimiento!
Oigo á mis vecinitos que lloran: hace dos días
que sus padres les exigieron algunas horas de si¬
lencio; pero los niños, rebeldes á todas las sú¬
plicas y amonestaciones, han continuado en su
perpetuo ruido, hasta el punto de que su padre,
desesperado, les acaba de romper el tambor y la
pandereta.
¡Cuán elocuente debería de ser para nosotros
esta lección! ¡Nosotros, que abusamos constante¬
mente del prestigio ó de la fama de nuestro nom¬
bre, y nos dejamos llevar en brazos de la casuali¬
dad, de la que somos tan pocas veces dueños y tan
repetidas juguetes !
Cánsase, como es natural, la constancia del des¬
tino, lo mismo que se ha cansado el padre de los
niños; y cuando el rumor de nuestra prosperidad
ha importunado á todo el mundo, amigos ó indi¬
ferentes, entonces el encanto se rompe, apágase el
ruido, y ¿qué es lo que nos queda? Sólo la facultad
de llorar el tesoro perdido y que creíamos eterm».
¡Consolaos, pobres niños de mi amigo 1 Lo que
echáis de menos, lo que tanto os inquieta, se reem¬
plazará en breve; pero entonces las pruebas serán
más graves, y aprenderéis á vuestra costa que
todo el que mete demasiado ruido, lo mismo gran¬
de que pequeño, podrá, durante un plazo más ó
menos largo, incomodar á la humanidad, pero será
hasta que le hayan roto el tambor, la zambomba
ó la pandereta.
E. DE LüSTONÓ.
EL TRIUNFO DEL ARTE.
I.
— ¿Aquel amor? — me respondió el artista
Con acento impregnado de amargura; —
¿Aquel amor que presentó á mi vista
Mundos de inspiración y de ventura? .
¡Ya ha muerto! ¡Inútilmente
Busco en uii triste corazón su huella;
En vano fuerzo mi cansada mente
Para hacer revivir la imagen bella
De la mujer que un día r
Fué hermoso sol de la esperanza mía!
¡Se ha derrumbado el ideal, y seco
El corazón que para amar vivía,
Al invocar á mi pasado, el eco
Devuelve carcajada de ironía !
¿Cómo pasión tan fuerte
Pudo, viviendo el alma, hallar la muerte? .
¿Cómo de mis hermosas ilusiones
Quedan sólo los míseros jirones
Que arrastra el tiempo en su correr constante?
¿Cómo en infierno se trocó la gloria
De aquel amor, al parecer triunfante?
Muy pronto lo sabrás..... Oye esta historia.
II.
Como viví en la idea
De que alma que la dicha regatea,
Más que al amor al egoísmo atiende,
Y adelanta á conciencia hacia el abismo
Que su negrura tenebrosa extiende
Bajo los yertos pies del egoísmo,
Me entregué por entero
A la mujer que con su amor sincero
Echó un rayo de sol sobre mi vida,
Y, lleno de ilusión y de esperanza,
Creí ya para siempre conseguida
Cuanta felicidad el hombre alcanza.
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BELLAS ARTES
COSTUMBRES ANDALÜZAS.-UNA MERIENDA,
DIBUJO DE JOSÉ GARCÍA RAMOS.
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BELLAS ARTES
PASEO SOBRE EL HIELO, EN EL SIGLO XVIII,
CUADRO DE J. AURELI.
Digitized by ^.ooQie
30 — N.° 11
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Enero 1898
Yo, que hasta entonces del amor humano
Tenia sólo una intuición somera,
Por ser siervo del arte soberano
Que absorbe ai alma y como dueño impera,
Con la sencilla ingenuidad del niño
Di el corazón sin sombra de recelo
A aquel profundo seductor cariño;
Dulce regalo que me hacía el cielo
Precisamente en el fatal instante
En que, á mitad ti 3 la batalla ruda,
Mi espíritu alterado y vacilante
Se abismaba en las sombras de la duda.
Porque, después de la feroz tarea.
Del hombre dedicado
A dar vida á una idea,
Que es, por venir de Dios, germen sagrado,
Comenzaba á sentir esa zozobra
Del artista infeliz aniquilado
Por el gigante peso de su obra.
Sí .... Entonces, créeme, desfallecía... ..
Mas, como tierra que el invierno ha helado
Sil ardiente savia y su pod3r recobra
Con el beso de amor que el sol la envía,
Yo recobré los ánimos perdidos,
De nuevo se inflamó mi fantasia,
Y, venciendo el estúpido marasmo
Que abrió honda brecha en mi anterior empeño,
Con más fe, más valor, más entusiasmo,
Tendí otra vez á realizar mi sueño !
III.
Pero mi amor murió . ¡Dios lo dispuso!
¿De quién la culpa fué? . Yo á nadie acuso,
Pues tengo la certeza
De que aquella mujer me idolatraba,
Y hoy repite con fúnebre tristeza
Las palabras de amor que pronunciaba.
Mas, queriéndome tanto,
A causarme llegó profundo espanto
Que me fuera difícil explicarte,
Y que fin puso á la risueña historia .
¡Sintiendo celos por mi afán de gloria,
Cobró un odio de fiera por el arte! .
Y al verme preparado á la faena,
Clavaba en mi con ansiedad y pena
Su mirada ardorosa;
Y cuando yo, sin atender el ruego
Claramente pintado en su angustiosa
Faz, me ponía á trabajar con fuego,
Ya convertida en la mujer furiosa
Que ve su sufrimiento despreciado,
Con expresión aviesa
Contemplaba mi cuadro bosquejado,
Como tigre rabioso preparado
Á echar la garra y destrozar su presa!
IV.
¿Qué más puedo contarte?
En'esta lucha entre el amor y el arte,
Aunque fuera el primero muy profundo,
Pudo el segundo más . ¡Venció el segundo!
Pero hoy, falta de luz, el alma raía,
Que siente la nostalgia del pasado ,
Vive en honda y tenaz melancolía
Que ni tiempo ni ausencia han disipado;
Y aunque no logra sacudir el yugo
Del afán por el arte, que ha triunfado
Cual triunfa de la víctima el verdugo,
Se alza en muda protesta
Contra un ansia de gloria desmedida
Que, como todo anhelo de la vida,
No vale casi nunca lo que cuesta!
Luis de A x so re na.
LA MANO BLANCA.
Por la senda del deleite,
Como caballo sin Treno,
Me arrojo salvando montes,
Hasta alcanzar mi deseo d).
— '^NTRE las suntuosas residencias erigi-
.v* das fuera del recinto de la Alcazaba
ÍÁ de Córdoba, existía por el año 881 de
_ IjvX nuestra era, aguas abajo delGuadal-
^5?^ quivir y en la ribera izquierda del
Gran río , una magnífica casa llamada
Jardín de la noria , habitada por el prín¬
cipe Abdullah, hijo del sultán reinante Mu-
hamed.
Ceñíala casi toda dilatada huerta, poblada
de frutales y de flores, tendida en suave plano in¬
clinado hasta la misma orilla, excepto por el lado
de Levante, situado sobre una calle estrecha y tor¬
tuosa como las restantes de la ciudad, pero bien
empedrada y limpia, fresca en verano, abrigada
en invierno y abierta por uno de sus extremos á
los aires puros del campo.
La construcción no ofrecía exteriormente nada
(1) Schack, Poesía y arte de los árabes en España y en Sici¬
lia. — Trad. de D. J. Valora, t. n, pág. 174.
de notable, salvo sus extraordinarias proporcio¬
nes y alguno que otro estrecho ajimez que alum-
brnba el piso bajo, dentro del cual penetraba sin
dificultad la vista cuando las celosías se hallaban
abiertas.
Pero si el exterior era vulgar, realizaba el inte¬
rior el sueño de uno de esos palacios encantados
de Las mil y una noche*, en cuya traza se com¬
place tanto la rica imaginación de los orientales.
Azoteas enlosadas de mármoles de Almería;
graciosos pabellones sembrados por la huerta, sos¬
tenidos por columnas de mármol de Paros, con ar-
tesonados de labrado cedro, embutido de marfil,
oro y bronce; zócalos revestidos de mosaicos, semi-
asiáticos, semibizantinos; baños de alabastro co¬
ronados de elegantes cúpulas apoyadas en capri¬
chosas columnas de cono invertido; abundantes
albercas que por ocultas cañerías distribuían sus
puras aguas en mil cadenciosas fuentes, junto á
las cuales el señor y sus favoritas solían pasar las
calurosas siestas estivales, y en las que practica¬
ban sus abluciones en el invierno con tibias y olo¬
rosas aguas; tapices de Persia; aifamares ó tapetes
de Málaga; tisúes de Túnez; cojines de seda bor¬
dados de pedrería, traídos de la India; arquetas
de preciosas maderas incrustadas de oro virgen,
llamado de Tibar; barcos, hipopótamos y elefantes
' de ámbar, brindando por todas partes admiración
á los ojos, voluptuosidad á los sentidos; tal era en
rudo bosquejo la morada de Abdullah, modelo ele¬
gante, no obstante su edad ya madura, de la juven¬
tud dorada de su tiempo.
JCducado Abdullah en la elegante escuela de
Zaryab, famoso poeta persa que en los días de
Abderrahmán II había traído desde Bagdad á
nuestra España multitud de curiosas innovacio¬
nes, habíalas adoptado todas. Tañía el laúd: com¬
ponía versos más satíricos que sentimentales; co¬
mía espárragos, desconocidos antes de los musul¬
manes andaluces; usaba en la mesa manteles y
bandejas de cuero con vajilla de cristal; dormía
en camas de bien adobadas pieles; vestía aljubba*
de fina seda en primavera; alquiceles de delgadí¬
simo lino egipcio en verano, lavado con agua de
rosas y sal; caftanes de paño de color en invier¬
no, forrados de diversas pieles; albornoces raya¬
dos de Siria, tejidos de lana y seda en otoño; el
pelo cortado á tijera en vez de los tufos y guede¬
jas de sus ilustres antecesores, sin otros muchos
perfiles gastronómicos é indumentarios de que dan
prolija cuenta los escritores de aquella época.
Digámoslo, sin embargo, en honor del ilustre
epicúreo. Nada de todo lo dicho, excepto su am¬
bición devoradora, tenía para él importancia com¬
parado con su hermosa esclava Jehana, perla de
su harén y delicia de su corazón.
Dueña absoluta la favorita de su señor, no abu¬
saba tampoco de su imperio. Nacida en una isla
griega cercana á Siria; dotada de gran belleza,
sutil ingenio, voz melodiosa y suma modestia, ha¬
bíase dócilmente some ido á su suerte, muy lleva¬
dera, por otra parte, pues más que tiránico dueño,
era para ella el Príncipe galán rendido y obse¬
quioso.
Decir que Jehana carecía de defectos, sería fal¬
tar á la verdad, supuesto que era mujer. Hubiera
creído faltar al pudor femenil enseñando el ros¬
tro, menos que eso, dejando verse siquiera las bor¬
dadas orillas de sus ropas , ocultas bajo su amplio
izar , airosísimo manto blanco, artísticamente ple¬
gado de pies á cabeza, que la cubría todo el cuerpo,
cuando con su vacilante paso de paloma transitaba
por la calle. Poseedora, sin embargo, de unas ma¬
nos blancas y bien modeladas, provistas de delga¬
dos dedos, rematados por rosadas uñas, manos
dignas de las inmortales diosas de su raza, mos¬
traba cierta disculpable coquetería en lucirlas y
enseñarlas cuando la ocasión era oportuna, dentro
y fuera de la casa.
Pero ¿quién puede titularse feliz sin peligro?
Sucedió, pues, un día, que, hallándose la hermosa
griega entreteniendo al Príncipe con sus cantos y
sirviéndole de beber en cierta sala baja de la casa,
acertó á pasar por allí un elegante y apuesto jo¬
ven, sorprendido el cual de la dulzura de aquella
voz, detúvose en una rinconada de la estrecha
calle para poder escuchar á gusto sin llamar la
atención de los transeúntes.
Con los ojos clavados en la ventana, perdido en
profundo arrobamiento, ardía en deseos de cono¬
cer la hermosa cantora, hasta que, después de es¬
perar largo rato, logró distinguir su mano en el
momento de presentar la copa al Príncipe, quien,
acaso molestado por la viva luz de la calle, mandó
á su favorita correr la tupida cortina del ajimez,
operación en que la esclava tardó algún tiempo.
No vió más el apuesto transeúnte. Pero aquella
mano de incomparable elegancia, aquella voz tan
dulce y melodiosa, conquistaron su corazón de poeta
ó inflamaron con devoradoras llamas su cerebro.
¿Había visto la joven al gallardo caballero? No
lo sabemos, si bien es posible.
Sea lo que fuere, entre el joven y la esclava
existía una barrera infranqueable.
Así, fue en vano que tratara de engañarse el
mancebo acerca de este punto, ni que se esforzara
por ahogar su pasión en el seno de más fáciles her¬
mosuras, entre ellas una bellísima joven por la que
pagó una suma enorme y á la que puso el nombre
de su ídolo, porque lo escrito está escrito, y ni la
desenfrenada orgía, ni las caricias de su esclava,
pudieron impedir los decretos del destino.
Como el amor, sin embargo, es como la pobreza,
todo trazas, discurrió al fin el galán, sin calcular
las consecuencias, emplear los oficios de cierta
vieja judía, familiar de las mujeres de Abdullah,
con la que dirigió á Jehana los siguientes versos:
Desde que tu yo/. oí.
T.a paz y el juicio perdí,
Y tu dulce cantilena
Me dejó tan sólo pena
Y ansiedad en pos de sí.
Jamás á yerte llegué,
Y en tu voz pensando viro,
Y mi corazón cautivo
Por tu cantar lo dejé.
Quien por ti, Jehana, llora,
Tu nombre escrito en el seno
Pronuncia y piedad implora,
Como un monje nazareno
De aquella imagen que adora (1).
Quien con acentos tan místicos y ardorosos, más
propios de trovador provenzal ó de un lírico mo¬
derno que de poeta mahometano, expresaba la
desesperación de una pasión imposible, llamábase
Said Suleymán Ibn-Judi, uno de los más inspira¬
dos poetas é ilustres caballeros de su tiempo.
Hijo de nobilísima familia yemenita estable¬
cida en España desde la conquista, enemigo de los
Umeyas, cuyo yugo nivelador odiaba de muerte, á
semejanza de la republicana aristocracia árabe,
de la que era uno de los principales ornamentos,
atribuíanle los contemporáneos las diez cualidades
del perfecto caballero: generosidad, valentía, her¬
mosura, talento poético, elocuencia, gran jinete,
vigor físico, maestría en el manejo de la lanza, la
espada y el arco.
Mas ¡ay! el más valiente de los caballeros ára¬
bes era también el más tierno y galante de los
buenos mozos. Nadie se enamoraba tan pronto de
una voz argentina, de una espléndida cabellera, de
unos ojos negros, ó de la irresistible seducción
encerrada en una blanca y bien torneada mano.
Convencido por experiencia del poder de sus
versos sobre el corazón de las mujeres, aguardó
confiado, aunque con alguna impaciencia, la res¬
puesta de Jehana. Pero pasó cerca de una luna y
la respuesta no llegaba, ni supo lo que había sido
de la vieja encargada de la carta.
Perplejo se encontraba acerca de la resolución
que debería tomar, cuando un día encontró al vol¬
ver á su casa una cincelada caja de plata llevada
para él por un nubio mudo, que la entregó á los
criados del poeta.
Un triste presentimiento, que en vano trató de
desechar, asaltóle al verla. Solo por fin en una de
las habitaciones más retraídas de la casa, abrió la
caja con convulsa mano; mas quedóse al contem¬
plar el contenido rígi io y frío como un cadáver.
Sus presentimientos no le engañaban. Colocada
sobre delgados y blancos algodones de la India,
rodeados de alcanfor, v ó una mano blanca como
la cera, sangrienta todavía, amputada desde la
muñeca por el cuchillo, sin duda, de hábil ciru¬
jano, á juzgar por la limpieza de su corte.
Presa de terror supersticioso clavó los ojos en
la caja, y distinguió un enrollado pergamino, es¬
crito en elegantísimos versos, que decían, sobre
poco más ó menos:
«Sabedor de la pasión que sientes por Jehana,
y deseoso de hacerte dueño de alguna prenda de
su hermosura, te envío como recuerdo su mano
derecha, seguro de que conservarás recuerdo del
favor, mientras llega el día que puedas pagarle
con la cabeza al noble descendiente de Moawia,
— Abdullah ben Muhamed
Un rayo caído á sus pies no hubiera anonadado
tanto al enamorado poeta. A la estupefacción si¬
guió el horror, al horror la ira, y á la ira una te¬
rrible imprecación jurando venganza.
Sí; conocía el rencoroso carácter de Abdullah,
y no podía dudarlo. La mano, aquella mano lívida
teñida de sangre por algunos puntos, era la mano
misma un momento entrevista por el gallardo ca¬
ballero en el palacio del Príncipe.
Loco de dolor rasgó sus vestidos, pasó largos
días en silenciosa reclusión, y poco después del
famoso huracán que destruyó en aquel año la mi-
(1) Schack, Poesía y arte de los árabes en España y en Sici¬
lia.— Trad. de D. J. Valera, t. u, págs. 115 y lili.
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15 Enero 1808
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x.° 11 — 31
tad de Córdoba, abandonó dicha capital para le¬
vantarse en armas con sus compatriotas de Jaén,
Elvira y Granada.
No seguiremos á nuestro héroe en su acciden¬
tada carrera. Más constante para el odio que para
el amor, conservó largos años el rencor contra
Abdullah, á quien la envenenada lanceta de un ci¬
rujano, por el mismo sobornado, abrió el camino
del trono con la muerte de su heroico hermano
Almondhir.
En cuanto á Jehana, la olvidó en medio de los
combates y en el goce de nuevos amores, dignos
de Lord Byron, hasta convertir su recuerdo en una
especie de sueño, entre dulce y doloroso, desvane¬
cido en el pasado. Convertido, después de muchas
dramáticas peripecias, en jefe de los árabes inde¬
pendientes de Elvira, hacia el año 8lJl, gobernó
Said algún tiempo aquella región como verdadero
soberano, entregado más á la poesía y al amor que
á la política y la guerra, en las que había alcan¬
zado tan alta reputación entre aquellas en¬
cantadas sierras :
«Sierras que cubre el sempiterno hielo
Donde el Darro y Genil beben su rida. *
Pero él, que había olvidado las amenazas
de Abdullah, no había sido por éste olvida¬
do, ni como rival de sus amores de príncipe,
ni como enemigo de su trono.
Enamorado de la mujer del Cadí de Elvi¬
ra, magistrado que ya se hallaba en tratos
con Abdullah, pidióla una cita, que ella le
concedió en uno de los más apartados ba¬
rrios de la ciudad.
Said asistió disfrazado con un misliali , ó
manto de grosera lana usado por las gentes
pobres. Pero asaltado al salir de la miste¬
riosa casa por el marido agraviado, cayó
muerto á puñaladas en medio de la calle, don¬
de permaneció su cadáver hasta el otro día.
Abdullah había cumplido.su palabra.
Angel Stor.
DON EDUARDO DOLZ,
MINISTRO DK OBRAS PÚBLICAS Y COMUNICACIONES
I)E LA ISLA DE CUBA.
En el primer Ministerio colonial formado
en la grande Antilla á raíz de la implanta¬
ción del régimen autonómico, sobresale por
su tradicional españolismo, elevación de
ideasy sinceridad política el notable juris¬
consulto cubano D. Eduardo Dolz y Arango.
Nació en Pinar del Río el año de 1859.
Hizo sus estudios en las Universidades de
Zaragoza y Madrid, y cursando el último año
de Derecho regresó inopidamente a la Haba¬
na para recoger el postrer suspiro de su padre,
un célebre abogado cubano que gozaba de
grandes simpatías y de crédito envidiable.
Una vez terminados sus estudios, después
de graduarse en la Universidad de la Habana, en¬
tró de lleno en el foro, ejerciendo la profesión de
manera brillantísima.
Baste decir que fue llamado por el Sr. Amblard,
que tenía el primer bufete de la Isla, para hacer
los informes en estrados ante los Tribunales supe¬
riores. En aquel foro se da á los que se encomien¬
da esta difícil misión el nombre de estradütas.
Como se ve, inauguró sus trabajos jurídicos en
la forma en que otros los terminan. El mismo
cargo que entonces desempeñó fue ocupado con
anterioridad por dos jurisconsultos de gran re¬
nombre y justísima fama: D. Francisco de la Cerra
y D. Antonio Sánchez de Bustamante.
Como dato curioso de la actividad que desplegó
Dolz, se recuerda el hecho de haber pronunciado
en el primer año de ejercida profesional, ante las
Audiencias de la Habana, Pinar del Río y Matan¬
zas, ciento treinta y cinco informes orales, enorme
cifra que revela una incansable laboriosidad y
admirables condiciones para la oratoria forense.
En la política cubana figuró tarde, por haberse
negado resueltamente á afiliarse en partidos que
estuviesen compuestos sólo de cubanos ó de penin¬
sulares. Sus ideas , consignadas con tanta firmeza
como perseverancia en todos sus escritos, fueron
siempre de una gran concordia entre los dos ele¬
mentos que preponderan en la Isla de Cuba, y
creyó constantemente que en la conjunción de
esos elementos estaba el secreto del porvenir y
la única garantía de una paz firme y duradera.
En un memorable banquete celebrado en la Ha¬
bana, y durante el cual fue invitado á tomar
puesto en los partidos militantes, pronunció estas
frases, que son una verdadera síntesis de su pen¬
samiento : «Yo no me colocaré nunca tras esas pa¬
ralelas que separan como elementos irreductibles
á los que son hermanos por la sangre y por la his¬
toria; y aquí, en el centro, donde permanece en¬
tristecida la justicia, esperaré el día inevitable,
como todo lo qae obedece á las leyes superiores
del orden moral, en que se rompan esas dos líneas
inflexibles y se produzca el hermoso espectáculo
de la fraternidad de este pueblo.»
Cuando años después se iniciaron en Cuba co¬
rrientes de armonía, primero en la esfera eco¬
nómica, más tarde en sentido político, el Sr. Dolz,
de acuerdo con sus tradiciones, tomó puesto prin¬
cipal en aquel movimiento, ingresando en él por
derecho propio: como que se trataba del imperio
de sus ideas.
A partir de esa fecha, su nombre está ligado á
toda la historia contemporánea de Cuba. Fué uno
de los ocho firmantes del famoso manifiesto de 30
de Octubre de 1893, de donde arranca la franca
aceptación por los cubanos y los peninsulares, con-
D. JOSÉ RAMÓN LARROSA,
DECANO DE LOS OBREROS Y MAESTROS DE LA FÁBRICA DE TRUB1A.
t recientemente en Trubia.
(De fotografía.)
fundidos en una sola y común tendencia, de las
reformas coloniales que acaban de ser instauradas.
Dolz vino á la Península á ocupar un puesto en
el Ccmgrvíso cuando creyó que era oportuno con¬
tinuar en la metrópoli la propaganda que tanto
camino había adelantado allí.
Tras cuatro años de perseverancia en esta corte,
años de rudo batallar, y en los que ha sabido ha¬
cerse muchos amigos, regresa á su país investido
del cargo de ministro responsable del primer Ga¬
binete que se constituye.
Su presencia en el Gobierno cubano es, hasta
cierto punto, una garantía, pues ha representado
siempre la concordia entre los elementos metro-
políticos y nativos de la Isla, ha sabido sentir por
igual el amor á la región y á la patria común , y
ha considerado siempre la existencia del suelo
que le vió nacer como de todo punto inseparable
de la gloriosa nacionalidad española.
Gabriel R. España.
POR AMBOS MUNDOS.
XARRACIOXKS COSMOPOLITAS.
Invasión porcina en Francia : loa productores y el consumo. — Utili¬
zación de los cerdos en la Marina. — La industria europea en Chi¬
na.— Una lady cazadora de un principe indio.
Es original , aunque no se pueda decir rigurosa¬
mente ante la estética que es también curioso, el
singular contraste de que, mientras la diplomacia,
la prensa y la sociedad distinguida de Francia se
preocupan por las amenazas de invasión, que Eu¬
ropa va con virtiendo en hechos, en el Imperio
chino, los aldeanos, los abastecedores rurales de
los mercados, le paysan franjáis , claman albo¬
rotados ante los desastrosos resultados que en sus
intereses de productores origina otra inesperada
invasión: la de loe cerdos. (Y, como suele decirse,
¡perdone el devoto lector I)
El consumo de cerdos, cochinillos,' rostrizos ó
tostones es tan grande en la patria de Moliere,
que, según Mr. Jonnart, diputado del Pas-de-Calaie,
son bastantes los millones de cabezas, con sus co¬
rrespondientes manos, lomos, jamones, vientres,
patas y rabos, que anualmente entran en la na¬
ción para ma tener el equilibrio físico de sus hi¬
jos, constantemente alterado por las exigencias
estomacales. Esa invasión aterradora, según los
ganaderos de cerda, debe á todo trance combatir¬
se recargando los derechos de entrada de los pro¬
ductos extranjeros, para que el mercado nacional
y la clientela toda sean del exclusivo beneficio del
ganadero francés.
El asunto de la invasión porcina se ha tra¬
tado entre proteccionistas y librecambistas
en las Cámaras agrícolas, en el Cojisejo de
Ministros y en las publicaciones técnicas,
habiendo dado motivo al jefe del Gobierno,
Mr. Méline, para mostrarse tan hábil como
de costumbre al verse cogido en las redes de
la protección y escurrirse por las amplias
mallas de una tolerancia análoga al libre
cambio. Porque la verdad es que lo de la in¬
vasión no resulta cierto. Como simbólica pu¬
diera pasar, si alguien demostrara que los
puercos proceden de las pocilgas alemanas,
suizas ó inglesas, recordando aquello que dejó
escrito Juan Silveira (libro IV in Evang .,
cap. 187, núm. 42): «Per porcos signijicantvr
¡tomines impnri , voluptatibus dedi ti, valúe
indóciles in doctrina cueles ti, contemptore *
dininorum, terrenorum amatores , qui solum
terrewi meditantur .» Pero no se Wata de
s mbolos ni de alusiones, sino de gente de la
vista baja, con muchos kilogramos propios de
tocino y tejido adiposo. La invasión, ni lle¬
gó á millones de cabezas, ni hoy es tal inva¬
sión, sino huida. H ó aquí la prueba:
CERDOS Y COCHINILLOS CERDOS Y COCHINILLOS
ENTRADOS EN FRANCIA. SALIDOS DE FRANCIA.
En 1895 . 85 855 En 1895 . 14.450
En 1898 . 74.098 En 1898 . 34 472
En 1897 . 6 897 En 1897 . 85.112
Resultado: excedente de
LOS IMPORTADOS. LOS EXPORTADOS.
En 1895 . 51.405 En 1897 . 78.215
En 1898 . 39.828
Es decir, que la exportación resulta muy
considerable, síntoma evidente de un au¬
mento positivo en la producción interior,
que es ya superior al consumo, lo que origi¬
nará la baja de precios, y cuyo temor es el
que impulsa á los productores franceses á
pedir que se ponga toda clase de obstáculos á la
importación extranjera. Esta es la verdadera ma¬
dre, no del cordero, sino del tostón, que traen en¬
tre manos los aldeanos, aparente y ¡hondamentel
alarmados por la invasión de los cerdos extraños.
Gracias al exceso de producción interior pueden
exportar grandes cantidades de esa ganadería, y
realizar negoc os como el que han realizado, por
ejemplo, de Euero á Diciembre de 1897, en que
valieron las ventas para el exterior 5.898.500 fran¬
cos, mientras que sólo les ha costado la importa¬
ción de igual clase 191.KX).
#
• *
No es peligroso que en Francia y fuera de Fran¬
cia aumente el numero de cerdos, fuertes y de
buen tamaño; porque así como hasta ahora se ha
dicho, con razón, que esos animales no son útiles
en vida, sino después de muertos, desde hoy no
se podrá sostener razón semejante. El cerdo tiene
importantísima aplicación en la Marina para el
salvamento de náufragos. Oído á la caja: A fines
de Noviembre, un bu pie, el Kameruka , que iba
de Aden á Sydney, encalló, en una noche obscura
y borrascosa, en un arrecife, distante 150 yardas
de la costa. Dado el estado del mar, era imposible
pretender el que la tripulación utilizara las lan¬
chas para ir á tierra; ni en ésta, donde había mul¬
titud de curiosos, disponían de aparatos á propó¬
sito para lanzar cables hasta el barco náufrago.
En medio de la desesperación de los tripulantes,
uno de ellos, recordando que los cerdos nadan á
maravilla, indicó á sus compañeros la idea de bu-
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
D. VÍCTOR HERNÁNDEZ Y FERNÁNDEZ,
CORONEL, TENIENTE CORONEL DE INGENIEROS,
DIRECTOR DE LAS OBRAS DE RECONSTRUCCIÓN DEL ALCÁZAR DE TOLEDO.
TOLEDO. — EL ALCÁZAR, NUEVAMENTE RECONSTRUIDO.
(De fotografías de Compañy.)
15 Enero 1898
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x." ii — 33
AFICIONES PRECOCES,
DIBUJO DE SAUBER.
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34 — n.# ii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Enero 1898
jetar las vueltas de una cuerda gruesa, por uno de
los extremos, al cuerpo de diez ó doce cerdos que
en el buque había y lanzarlos al mar, siempre
con el cuidado de sostener á bordo el otro cabo ó
extremo, á medida que los animales se fueran ale¬
jando del vapor.
Aprobado el plan, y bien amarrada la cuerda,
como un tiro de diligencia, por los cuerpos de la
gruñente legión, se les colocó con gran trabajo y
riesgo en el agua, y entonces los animales, movi¬
dos por el instinto de huir de aquel peligro en que
se veían , tomaron veloces la dirección de la playa,
á la que llegaron todos, llevando como verdadero
portaamarras la soga, que de hecho dejó estable¬
cida la comunicación entre la tierra y el buque.
Con ella pudieron tender de uno á otro punto un
cable, con ayuda del cual la tripulación consiguió
sin riesgo pasar, poco á poco, á la costa. El hecho
ha sido muy celebrado entre la marinería de Aus¬
tralia, gran parte de la cual lo tomó á broma
cuando se refirió; pero el testimonio escrito y fir¬
mado por varios de los tripulantes del Kameruka ,
y las noticias que también tuvieron los habitan¬
tes de las playas inmediatas al cabo Pedro, donde
el hecho tuvo lugar , han disipado las dudas y han
servido para que se reconozca á los cerdos ese mé¬
rito especialísimo é inesperado, que en adelante
les dará derecho á figurar en vivo entre los ele¬
mentos imprescindibles para la seguridad de la
vida humana en la navegación.
•
• •
En una de las Crónicas anteriores quedó demos¬
trado cómo la opinión pública en Alemania se ha¬
bía impuesto al Gobierno en el asunto concreto
del desarrollo de la expansión colonial, obligán¬
dole á cumplir el deseo consignado en los acuer¬
dos de la «Sociedad de colonización*, que pedía
nada menos que la ocupación de un puerto ó de
una isla, por los alemanes, en la costa de la China.
El deseo quedó satisfecho; la aspiración de la
iniciativa privada de una sociedad particular se
cumplió, y hoy los súbditos de Guillermo II han
arraigado para siempre en el Celeste Imperio. Se¬
mejante ejemplo, exasperando la emulación y celos
de otras naciones, originará la repetición de actos
idénticos en aquellos mares dentro de poco tiem¬
po; y claro es que esta conducta obedece, más que
al espíritu de conquista y de dominio, á alguna
honda causa del momento que presenta caracte¬
res agudos de generalidad en las grandes naciones
de Europa. Esta causa es también el exceso de
producción, que origina el malestar del comercio
y de las clases obreras. Hay necesidad de buscar
países de gran consumo y de positiva riqueza, y
estos caracteres no se presentan tan de relieve en
ninguna parte como en China y en el Japón. El
Japón va dando ya á las industrias inglesa y ale¬
mana gran parte de lo que puede dar; pero la Chi¬
na no está realmente explotada. Viven en ella
380 millones de habitantes, y su comercio total
se elevó en 1896 á 333.670.000 taels, algo así como
1.350 millones de pesetas, en cuya suma entran
202.589.000 taels por valor de las exportaciones,
y 131.081.000 por el de la importación. Dentro de
esta última cifra cabe intentar un aumento de
otros 100 millones de taels para la producción
europea; y á asegurar ésta en beneficio preponde¬
rante de cada nación tiende la conducta de las
que, cuando nadie lo esperaba y con todo el des¬
caro posible, se han apoderado, ó se tratan de
apoderar, de los puertos chinos que sirvan de base
á la penetración mercantil. No basta el que estén
abiertos hasta veinticuatro para el tráfico, porque
en ellos domina la tarifa del Imperio; es preciso
tener puertos propios, para acumular en ellos
grandes existencias sin dificultad alguna, y po¬
derlas llevar después al interior mediante hábiles
estipulaciones.
Esta aspiración se despertó desde que, suscrito
en 1895 el tratado de Shimonoseki , desaparecie¬
ron los obstáculos que antes prohibían la entrada
de la maquinaria europea, y se concedió á los ex¬
tranjeros el derecho de establecer fábricas, depó¬
sitos y mucha clase de industrias. Con decir que
en los dos últimos aiígs se han instalado doce gran¬
des centros de hilado de algodón y treinta de seda,
con maquinaria y personal europeos, se compren¬
derá el vuelo que allí está tomando la invasión
blanca , que, al revés de lo que la tradición espe¬
raba, se ha impuesto al peligro amarillo . Este
existirá siempre contra los residentes europeos
en el Imperio, por lo cual, para evitarlo y conte¬
nerlo, es preciso que Europa tenga allí territorios
propios, y en ellos fortalezas y cuarteles, y en
sus puertos acorazados y cañones. Bé aquí, pues,
cómo se enlazan y armonizan la acción comercial
y la guerrera. Hé aquí por qué és preciso contar
con una base ofensiva y defensiva en aquel país,
para que el comercio y la industria europeos se
sostengan y encuentren salida, para que el exceso
de la producción, las necesidades de los pueblos
occidentales se equilibren y se satisfagan con los
elementos de vida de los pueblos de Oriente;
100 , 200 , 300 millones de chinos pueden caer
sobre los 4.084 ingleses, 1.325 norteamericanos,
875 franceses, 812 alemanes, 803 portugueses,
665 japoneses, 461 españoles, 373 suecos y no¬
ruegos que hay en aquellos puertos viviendo del
tráfico, y aniquilarlos; pero esto no sucederá ja¬
más si seis ú ocho puertos de la China están en
poder de Europa y sirven de estación á los respec¬
tivos cruceros y marinería armada. La necesidad
carece de ley, se ha dicho siempre, y ahora se ve
que las necesidades del continente europeo han
barrenado todas las leyes de la Historia y de la
propiedad. El comunismo aquí no ha hecho nada;
pero al amparo de las coronas imperiales se va á
repartir la China. ¡Exigencia de la necesidad!
•
* #
Han sido siempre los ingleses los maestros en
esta clase de apropiaciones, y no se han quedado
atrás las inglesas en el arte del aprovechamiento
y beneficio de los tesoros asiáticos. Hoy hace ocho
días que fué cazado con los envidiables lazos del
amor y de la Iglesia el príncipe indio Víctor Al¬
berto Jay Duleep Singh por la hermosa y nobilí¬
sima lady Ana Blanca Alicia Coventry. Son los
Duleep Singh los descendientes de los poderosos
rajahs del territorio indio de Pendjab, reducidos
por los ingleses á la categoría de grandes persona¬
jes de la corte inglesa, pero súbditos al fin, y no
soberanos como venían siéndolo. Con el señorío
efectivo de sus comarcas perdieron al mismo tiem¬
po la afamada joya que el mundo conoce con el
nombre de Diamante Ko-hi-Noor (montaña de
luz), perteneciente hoy á la corona de Inglaterra;
diamante que, habiendo sido tallado dos veces, aun
pesa 186 quilates y medio, y cuyo valor es de cerca
de 10 millones de pesetas. El abuelo del Príncipe
actual, que se llamó rajah Rumjeet Singh, sufrió
ese despojo; y su hijo el maharajah Duleep, domi¬
ciliado en Londres, convertido al cristianismo y
naturalizado inglés, se casó con una ilustre dama
de la nobleza, que es la madre de Víctor Alberto.
El maharajah no se conformó en Londres con la
renta anual de un millón de pesetas que le abo¬
naba el Gobierno: pidió mayores cantidades; re¬
clamó la restitución de su poderío en Pendjab;
huyó d^ Inglaterra; no pudo permanecer en la In¬
dia, y después de vivir algún tiempo acogido á la
protección de Rusia, se refugió en París, donde
terminó lastimosamente su vida aventurera hace
cuatro años.
Mientras tanto su hijo, educado á la inglesa por
su madre, bajo la salvaguardia de la reina Victoria,
que había sido su madrina de pila, percibía, muy
mejorada, la susodicha renta, y se hizo todo un
perfecto gentleman , disputado á porfía por las jó¬
venes de la más alta aristocracia. Entre ellas, la
preferida por el Príncipe fué Ana Coventry, des¬
cendiente de la casa condal de este título , creado
ara el lord corregidor de Londres L. W. Coventry
mediados del siglo xv. Los padres de la aristo¬
crática niña su opusieron rabiosamente á las rela¬
ciones y propósitos de casamiento de su heredera
con el indio, y el Gobierno ó corte del Virrey de
la India mostró su disgusto en repetidas ocasiones,
y por medio de constantes protestas, al saber que
trataba de unirse el sucesor de los revoltosos ma-
harajahs de Pendjab, cuyo apellido había sido allí
una verdadera bandera de guerra, con la hija de
una de las familias más consideradas en la aristo¬
cracia y en la corte de la metrópoli. Semejante
oposición influyó mucho para que también en Lon¬
dres mirara el Gobierno con malos ojos dichas re¬
laciones.
Pero ¡quién puede imponerse al amor! El Go¬
bierno inglés y el de la India y el Conde Coven¬
try han tenido que rendirse ante la firme decisión
de los chicos. Lady Ana ha derrotado á esa triple
alianza ofensiva y dificultativa. Asegúrase que la
augusta madrina del maharajah ha dado siempre
mucho ánimo á estos enamorados, y que por su me¬
diación se ha aumentado la renta que Víctor Al¬
berto Duleep Singh percibe , para que pueda vivir
con el boato digno de su alcurnia y de la de su
compañera. El poema indio británico terminó,
como queda dicho, hace ocho días con la boda de
los jóvenes en la iglesia de San Pedro y con una
espléndida fiesta en el palacio de Coventry. Allí,
como testimonio de la mediación de la egregia so¬
berana del Reino Unido, se veía entre los valiosos
regalos una estatua de bronce plateado con corona
de oro, sobre un pedestal de marfil que representa
á la reina Victoria, y que ostenta esta inscripción:
«Al príncipe Víctor Duleep Singh, para su matri¬
monio. De su madrina Victoria, reina y empera¬
triz, 1898.* Cuando los recién casados terminen su
excursión á París, donde hoy se encuentran, irán
á residir al palacio de campo de Hockwold, en el
valle del Wawency, donde se unen los condados
de Norfolk y Suffolk. El príncipe Duleep asegura
que ha vuelto á poseer el Ko-hi-Noor al unirse á
Ana Coventry, porque ella ilumina su existencia
como verdadera montaña de luz.
Ricardo Becerro de Bengoa.
tación de Lucia , poniéndose en su lugar, por pri¬
mera vez en esta temporada, El Buque fantasma .
La interpretación dada á esta ópera, si no fué
sobresaliente en conjunto, tampoco fué digna de
censuras. El puesto de honor correspondió al señor
Blanchart, que cantó toda su parte de una manera
incomparable, haciendo alarde de su poderosa
voz, su excelente fraseo y su talento dramático,
por lo que mereció los muchos y calurosos aplau¬
sos que le tributó el público, especialmente á la
terminación del gran dúo del segundo acto, en el
que rayó á inmensa altura.
La Srta. Fons cantó asimismo con notable acier¬
to y tuvo momentos felicísimos, que la concurren¬
cia premió con cariñosos aplausos. Muy bien can¬
tó su parte el Sr. Riera, que se hizo aplaudir en
muchas ocasiones, y bien el Sr. Franco, que salvó
con relativa fortuna los escollos de su difícil papel.
La orquesta, dirigida por Goula, como siempre:
muy bien.
•
« *
La siguiente noche, para presentación de la se¬
ñorita De-Macchi , fué puesta en escena la ópera
de Ponchielli, Gioconda.
La Srta. De-Macchi fue entusiásticamente cele¬
brada por su excelente voz, de agradable timbre,
gran volumen y no escasa extensión, que maneja
con maestría y exquisito gusto: además de ser una
notabilísima tiple es una perfecta actriz, que can¬
ta con gran valentía y expresión dramática. Satis¬
fecha puede estar la Srta. De-Macchi por la aco¬
gida que le fué dispensada, merecida indudable¬
mente, pero cariñosa y entusiasta en extremo.
Fué muy aplaudida durante toda la representación,
y particularmente en el dúo del tercer acto, que
tuvo que repetir.
La Sra. Guerrini en el papel de Laura confirmó
una vez más lo que todos sabemos: que es una no¬
table cantante y una perfecta actriz. Cantó de
modo admirable, con especialidad en el dúo citado.
El insignificante papel de la ciega adquirió gran
relieve, gracias al innegable talento artístico de
la Srta. Gardeta, que lo cantó deliciosamente,
siendo muy aplaudida por el público.
Muy bien los señores Beduschi, Riera y Blan¬
chart. Este último, indispuesto repentinamente,
se vió precisado á solicitar la indulgencia del pú¬
blico después del segundo acto, y á suprimir el dúo
y el terceto del cuarto. Afortunadamente parece
que la mencionada indisposición no le impedirá
tomar parte en las sucesivas representaciones, cosa
que de todas veras celebramos.
La orquesta merece especialísima mención, pues
en esta noche se excedió á sí misma bajo la pro¬
digiosa batuta del maestro Goula.
•
* •
Ayer llegó á Madrid el notable tenor Sr. Maria-
cher, que debutará uno de los próximos días. En¬
tre las óperas que cantará figuran El Profeta ,
Sansón y Dalila , Tannhauser y Guillermo Tell.
PRINCESA.
En tanto que llega el estreno de La Corte de
Napoleón (Madame Sans-Géne), María Tubau con¬
tinúa dando representaciones de La Dama de las
camelias , que son otros tantos triunfos para la
comparable artista. Y decimos comparable porque,
no obstante haber visto representar en Madrid la
misma obra á las más célebres étoiles dramáticas,
no recuerda á ninguna de ellas el primorosísimo
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15 Enero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.4 II — 35
trabajo d© María Tubau, que en La Dama de las
camelias ha hecho una de sus más brillantes crea¬
ciones.
Con María Tubau comparten los aplausos García
Ortega, Valero y demás artistas de la compañía,
que con su discreción contribuyen al buen resul¬
tado del conjunto.
PARISH.
Y va de debuts.
El primero de esta semana fué el de la señorita
Amelia Baile, verificado la noche del 13. Como
causa de la decadencia del llamado genero grande ,
se indicaba la falta de artistas de facultades apro¬
piadas para este género. Que no era esa la causa,
queda demostrado desde el momento que la em¬
presa de Parish presenta á menudo artistas de tan
relevantes condiciones como la Srta. Baile, tiple
de notable mérito, que posee una voz excelente,
extensa y bien timbrada, que domina por com¬
pleto gracias á su perfecta escuela de canto.
El público apreció en lo que valen las excepcio¬
nales condiciones de la Srta. Baile y la aplaudió
calurosamente durante toda la representación,
haciéndola salir á escena muchas veces al termi¬
nar aquélla, en unión de los artistas que la acom¬
pañaron.
• •
El segundo fué el de la Srta. Avelina Corona,
artista ventajosamente conocida por ser la que
estrenó el papel de protagonista de la ópera de
Bretón La Dolores.
Marina fue la obra que cantó la noche de su
debut , y pudimos apreciar que las sobresalientes
facultades de la Srta. Corona nada han perdido
desde que falta de Madrid. Es la misma tiple que
todos hemos oído, y la misma excelente actriz
cuyo talento todos hemos celebrado.
•
• •
En breve se estrenará Los Hijos del batallón , de
los señores Fernández Shaw y Chapí, obra que
promete ser uno de los grandes éxitos de la tem¬
porada.
LARA.
Anunciase para esta noche el estreno del ju¬
guete cómico en un acto, titulado El Dinero de
San Pedro.
ZARZUELA.
A fines del presente mes, según se nos asegura,
se estrenará El Señor Joaquín , de Julián Romea,
con música del maestro Caballero.
Los que conocen los números que están termi¬
nados, aseguran que el éxito no tendrá nada que
envidiar al de El Padrino de El Nene. Así sea.
APOLO.
El Reloj de cuco , zarzuela de los Sres. Labra y
Ayuso, música del maestro Bretón, será el primer
estreno que se verifique en este teatro. La fecha
aun no está fijada, pero parece que no ha de ser
muy lejana.
COMEDIA.
Cinematógrafo artístico , ó desfile de actores. Des¬
pués de Riquelme, se marchó Orejón por causas
que no son de este lugar. Pero la empresa de este
teatro no se apura por nada, y contrató inmedia¬
tamente al Sr. Palmada, que fue la causa inme¬
diata de que s© fuesen los Sres. Ortas, padre é
hijo.
Se separaron, además, de esta compañía la se¬
ñora Cubas y el Sr. Las Santas, que pasaron á Es¬
lava. En sustitución de la primera entra Pilar
García de Pinedo, que debutará muy pronto.
•
• •
Según parece, dentro de no muchos días se
presentará un primer actor muy celebrado, cuyo
debut en este teatro ha sido causa de muchas dis¬
cusiones.
* •
Matilde Pretel renovó sus laureles la noche del
pasado sábado cantando prodigiosamente El Cabo
primero. El público, que llenó el teatro al solo
anuncio de que lo cantaría la Pretel, aplaudió fre¬
néticamente á la notable artista y le hizo repetir,
después de una entusiasta ovación, la romanza co¬
reada del primer cuadro.
Orejón y Palmada, que han hecho el cómico
tipo de Parejo y muy bien los dos, así como la se¬
ñora Mejía y los Sres. Martín, Duval, Hidalgo y
Barraycoa.
* •
Hoy sábado se verificará en este teatro el estre¬
no del juguete cómico lírico en un acto, titulado
El Maestro de armas , letra de un aplaudido autor
y música de un reputado maestro.
• •
Han sido entregadas á la empresa de este teatro
El Puente del diablo , de los Sres. Vela y Servet,
y Ya se van los quintos , madre , del Sr. Alfaro.
Las dos zarzuelas llevarán música del maestro
Bretón.
CONCEPCION CUBAS
del teatro Eslava.
ESLAVA.
La noche del 14 se verificó la reapertura de este
teatro , del cual se ha hecho cargo una nueva em¬
presa.
La compañía presentada, bajo la dirección del
Sr. Banquells, es buena en conjunto y compuesta
por artistas tan conocidos y celebrados por nues¬
tro público como Sofía Romero, Cecilia Delgado,
Concepción Cubas, Amalia Fernández, Consuelo
Montañés, Blanca Urrutia, y Antonio González,
Casimiro Ortas, Miguel y Leopoldo Las Santas.
Rogelio Juárez es el único actor de la compañía
que era desconocido del público. Bien pronto, á
nuestro juicio, tíerá popular como tantos otros,
pues reúne condiciones excelentes para el género
a que se dedica, y probó que es muy justa y me¬
recida la buena reputación de que ha venido pre¬
cedido, reputación ganada en buena lid en los
principales teatros de América.
Cuenta la empresa de este teatro con multitud
de obras originales de los más reputados autores,
y se propone comenzar la serie de estrenos muy
en breve.
A poco que las citadas obras ayuden, no es
aventurado suponer, en vista del buen éxito al¬
canzado la noche de la reapertura, que la segunda
temporada del teatro Eslava ha de ser más pro¬
ductiva y brillante que la primera, tan desdicha¬
damente terminada. Así lo deseamos.
ROMEA.
Anúnciase para muy en breve también la re¬
apertura de este teatro con una compañía de gé¬
nero chico, á cuyo frente figurarán una aplaudida
y celebrada tiple que ha trabajado en este teatro
hace algunos años y un conocido primer actor.
A.
" En la noche del 5 del actual se inauguró en la planta baja de
la casa núm. 16 de la calle de Alcalá la instalación de proyec¬
ciones luminosas, hecha por el conocido fotógrafo D. Femando
Debas.
Sobre los a trac tiros que tienen para el público las fotografías
animadas, ofrecen las que presenta el Sr. Debas el interés de
constituir artísticos cuadros de la Vida y Pasión de Nuestro
Señor Jesucristo, con tal carácter y tal verdad, que impresiona
vivamente su contemplación.
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A ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
L.a Revue Hebdomadaire.
Ha comenzado el séptimo año de su publicación la muy in¬
teresante y muy completa revista parisiense que edita la casa
Plou-Nourrit y Compañía. El número de cada semana se
compone de 160 páginas, destinadas 16 de ellas á suplemento
ilustrado, que reproduce en excelentes fotograbados los suce¬
sos, monumentos, retratos, etc., y las otras 144 de texto con¬
tienen firmas tan importantes como las de Paul Bourget,
£ Fr&nqois Coppée, A. Theurcet, F. Sarco y, Maurice Talmeyr, etc.
Cada año publica por 32 trancos 7.488 páginas de texto y
832 de grabados.
La Administración remite un número de muestra á quien
lo solicite, enviando sus señas á la rué Oaranciere, 8 , París,
bajo sobre franqueado; y si se desea, á título de ensayo, reci¬
bir los cuatro números de Diciembre, que comienzan una
nueva serie, debe enviarse además un franco en sellos nuevos
del país en que se habite.
Geuljud frau Hesperien, por el Dr. Goran Bjorkman.
El Dr. Gttran Bjórkman, académico correspondiente de la
Española en Stockholmo , nos ha remitido un elegante tomo
(rae contiene las traducciones en verso sueco de las poesías
de autores españoles, entre los que figuran S. A. R. la infanta
D.a Paz de Borbón, D. Víctor Balaguer, D. Ramón Campo-
amor, D. Antonio Cánovas, D. Eugenio Carré Aldao, D.m Ro¬
salía Castro de Murguia, D. Gaspar Núñez de Arce, D. Ma¬
nuel del Palacio, D. Jacinto Verdaguer y otros.
El nombre del traductor, cuyos méritos literarios fueron
justamente apreciados en las academias y sociedades de Lon¬
dres, Italia y Portugal, es garantía de lo estimables que han
de ser sus traducciones; pero nosotros, al agradecerle sn cor¬
tés envío, hemos de manifestar sinceramente que nos com¬
place ver las obras de nuestros buenos autores traducidas á
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36 n
La ilustración española y Americana
15 Enero 1898
idiomas extranjeros; aunque, lamentándolo profun¬
damente, nada podemos decir de .ciencia propia
sobre unas versiones hechas en idioma que nos es
en absoluto desconocido.
Higiene del alma — Lujosfsimamente editado ha
puesto á la venta la Casa Editorial del Sr. Gili el
libro que anunciamos, cuyo título da á conocer
su laudable y meritorio fin y la conveniencia de su
lectura. Por sus especialísimas condiciones, la Hi -
giene del alma es un libro que debe figurar en to¬
das las bibliotecas y ser leído por todos.
La Tracción eléctrica —Con este título acaba
de publicar la casa Bailly-Bailliére é Hijos un ma¬
nual para poner al alcance de todos, hasta délos
menos versados en electricidad, uno de los proble¬
mas que más preocupan hoy, tanto por la novedad
que encierra, como por la trascendencia del mismo.
Ahora que con tanto empeño se solicitan conce¬
siones para establecer la tracción eléctrica en nues¬
tras primeras capitales, el tal librito viene á llenar
una necesidad: la de ilustrar en la materia y acla¬
rar las dudas que suelen asaltar á los que, cono¬
ciéndola en teoría, desconocen la aplicación prác¬
tica de la misma.
Su traductor, D. Ricardo Villalba y Riquelme,
completa el texto francés con las disposiciones le¬
gales que rigen entre nosotros y la documentación
necesaria para obtener el derecho á la explotación
de la nueva industria eléctrica.
En suma: el libro , que está ilustrado con magní¬
ficos y numerosos fotograbados, se recomienda por
sí mismo.
¿Qué debe leerse4? Ensayo de ordenación del
estudio, por J. Daniel Infante.
Hemos recibido ejemplares del folleto que, con el
título que encabeza estas líneas , ha publicado en
Rosario de Santa Fe (República Argentina) don
J. Daniel Infante. En forma de cartas, que por su
extensión y estilo hacen más fácil y amena la lec¬
tura, desarrolla el autor un importantísimo tema:
el de la ordenación del estudio. El institivo deseo
de saber del hombre encuentra como primera difi¬
cultad para ejercitarse la elección de aquello mis¬
mo que desea, y, vencida ésta, la forma de estu¬
diarlo y aprenderlo. Sobre estas dificilísimas cues¬
tiones discurre en su obra el Sr. Infante, que es un
{yensador profundo , y no dudamos en contestar á
a pregunta del folleto afirmando que entre lo que
debe leerse está ciertamente el folleto del Sr. In¬
fante.
Contestación al programa para laa oposi-
ciones del Cuerpo de Abogados del Estado , por
J. G y R.
Tenemos á la vista los cuadernos publicados de
esta obra, cuya utilidad para los que se preparan
para las oposiciones es incuestionable.
Concreta, sencilla y claramente redactadas las
contestaciones á todas las preguntas del programa
oficial para las oposiciones al Cuerpo de Abogados
del Estado, constituye esta obra un auxiliar po¬
deroso para recordar lo aprendido y en brevísimo
tiempo , así como para conocer lo esencial de las
materias especiales, no siempre fáciles de hallar
sintetizadas en textos que estén al alcance del que
los necesite.
La obra se publica por cuadernos semanales , al
precio de 2 pesetas. Los pedidos deben dirigirse á
D. Victoriano Suárez, Preciados, 48.
D* PORFIRIO DÍAZ (HIJO),
CAPITÁN DE INGENIEROS DEL EJÉRCITO MEJICANO.
(De fotografía remitida por nuestros agentes generales en Méjico,
Bree. Herrero Hermanos.)
£1 Saneamiento de San Sebastián, por don
César Chicote.
El sabio doctor, á quien ya en otras ocasiones
hemos celebrado justamente por trabajos análogos,
ha publicado un luminoso informe de un antepro¬
yecto de saneamiento de la parte antigua de San
Sebastián. El autor estudia con su reconocida com¬
petencia las causas que influyen en el manteni¬
miento de la salud pública y los medios más ade¬
cuados para realizar esta importantísima misión
de la higiene pública, y da áluz muy interesantes
estadísticas sobre mortalidad en las principales
capitales europeas y de España , así como de la
cantidad de aguas potables de que disponen las
más importantes.
Del mismo autor hemos recibido una Nota rela¬
tiva d la desinfección de locales con el formaldehi-
do, en la que estudia los métodos de desinfección
en varios países , considerando como el de más
energía de penetración el aldehido fórmico, y em¬
pleando el aparato construido por Mr. Adnet para
producir por presión vapores de formaldehido.
Véndese esta Nota al precio do una peseta.
Biografía de Fr. Luis de Granada, por el
Rdo. P. Fr. Justo Cuervo, de la Orden de Predica¬
dores.
El sabio rector del Colegio de San Juan de Co¬
ria, Fr. Justo Cuervo, ha publicado, nuevamente
corregida , su Biografía del Venerable Fr. Luis
de Granada , el incomparable escritor de obras as¬
céticas y maestro del habla castellana. Además de
su excelente Biografía , especie de boceto de la
Vida de Fr. Luis de Granada , obra extensa en que
hace años viene ocupándose el P. Cuervo, publica
en el mismo tomo unos discretísimos artículos li¬
terarios, en los que demuestra que el V. Fr. Luis,
y no San Pedro de Alcántara , es el verdadero y
único autor del Libro de la oración.
Vieron la luz estos artículos en la revista reli¬
giosa El Kantis mo Rosario , sosteniendo una po¬
lémica de crítica literaria sobre este asunto con
El Eco Franciscano , y, en nuestra humilde opi¬
nión, se demuestra en ellos per modo evidente la
Ja autenticidad del Libro de la oración de Fr. Luis
de Granada.
Véndese esta obra interesante al precio de 3 pe¬
setas.
Novelería» , por Manuel de Castro y Tiedra (Ba¬
rón de Sttoff).
El joven periodista D. Manuel de Castro, que es¬
cribe las Crónicas de salones en nuestro colega
El Globo con el seudónimo de Barón de Sttoff,
ha publicado, reunidos en un tomo, diez y siete
cuentos, con el titulo de Novelerías.
Gran observación de las costumbres y amenidad
en la narración , hecha en forma sencilla y fácil,
demuestra en esta primera obra el joven autor, y
estamos seguros de que el éxito que sus interesan¬
tes cuentos han de obtener le animarán segura¬
mente á continuar cultivando con gran lucimiento
un género para el que tiene, á no dudar, muy esti¬
mables aptitudes.
Sus narraciones «Las dos Marquesas*, «¿Invero¬
símil ? * y «El expósito * y sus « Cartas confidencia¬
les», son quizás lo mejor del libro , al que ha dedi¬
cado un ingenioso prólogo nuestro particular amigo
Francos Rodríguez.
Novelerías véndese, al precio de 3 pesetas, en las
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21 id. 11 id.
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Excmo. Sr. D. ANDRÉS GONZÁLEZ MUÑOZ,
TENIENTE GENERAL.
Nació en Santiago de Cuba el 23 de Mayo de 1840; t en Puerto Rico el 11 del corriente.
(De fotografía de Femando Debas.)
2G2897'
Digitized by ^.ooQie
38 — >\° m
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Enero 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica genera1, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca.— Sobre la primera repre¬
sentación de la tragedia Cleopatra , por D. Juan Valora, de la líeal
Academia Española. — Triounales de amor en Provenza, por el
Conde de Torre- Véle/.— El sistema mas cómodo, fabulilla, por don
José Kodao. — Un aniversario solemne en la Peal Academia de
Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, por X.— Por ambos mundos.
Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa, —
Los teatros, por A.— Sueltos.— Libros presentados á esta Redacción
por autores ó editores, por C.— Anuncios.
GK ABADOS. — Retrato del Excmo. Sr. L>. Andrés González Muñoz,
teniente general. — París: El proceso Esterhazy. Retratos del co¬
mandante Esterhazy y del capitán Dreylus. l/na sesión del con¬
sejo de guerra, — Retratos del Excmo. Sr. Duque de la Victoria y
del Excmo. Sr. D. Mariano de la Paz Graelis, individuos de la
Academia de Ciencias desde el año 1H i 7. — Alemania: Pruebas de
aerostación recientemente verificadas con un globo de aluminio.
— Isla de Gran Canuria: Cenobio de los y nandú «. con quinientas
tres celdas. — Retrato del Excmo. Sr. D. Manuel Maclas y Casado,
teniente general, nuevo gobernador general de Puerto Rico.—
Bellas Artes: Paisaje, por J. Morera. — Las cuatro edades de la vida%
cuadro de Van Dyck.— La buenaventura al alcance de todos , dibujo de
F. Mota.— Retrato de D. Enrique Frexas, eminente critico musical,
profesor del Conservatorio de Música de Buenos Aires. — Mu tan¬
zas (isla de Cuba): Casa Consistorial de la villa de Colón. — Retrato
de José Moneayo, del teatro de la Zarzuela.— Madrid: Escudo colo¬
cado en el atico del nuevo Ministerio de Fomento.
CRONICA GENERAL.
nos satisface el optimismo con que
los periódicos ministeriales juzgan la
IjL. conducta del Gobierno de los Estados
* Unidos: si es para tranquilizar al país,
sea en hora buena: no hemos de opo-
É(U/ f nern0B á los procedimientos de gobernar
que cada cual emplea si en el fondo
cuida de prepararse á las eventualidades, ya
no disimuladas, ya demasiado evidentes de
f nuestros amigos los yankees . Si no se ha vo¬
tado la beligerancia, ello es que ha tenido una
buena votación; y si aquel Gobierno no la adopta,
no es por amistad á España, sino porque el dere¬
cho de visita de buques que nos concedería esa
medida podía ser perjudicial á los rebeldes y pre -
( ¿pitaría el rompimiento. La cosa no puede estar
más clara: tienen una escuadra dispuesta á caer
sobre nosotros; pero no quieren precipitarse: ne¬
cesitan prepararse más: podrán ser simples ame¬
nazas, baladronadas tal vez; pero una vez lanza¬
das al aire, no creemos que nuestro Gobierno las
eche en saco roto, ni tenga indefenso nuestro te¬
rritorio, ni deje de estar dispuesto á lo que ocurra,
ni de arrostrar tremenda responsabilidad si no lo
preparara todo y aumentara en lo posible nues¬
tra fuerza, estando tan advertido del peligro, y de
que los Estados Unidos, aun jactándose, supone¬
mos que injustamente, de habérseles concedido lo
que se ha concedido á los cubanos, ni siquiera lo
agradecen. Es verdad que nación que ha sido re¬
presentada por un Taylor, que llora en los brazos
del Sr. Salvany á la idea de terminar la guerra de
Cuba, y apenas traspasa el mar hace lo que puede
para recrudecerla, exige que nuestros gobiernos
y representantes no tengan la menor confianza
en sus políticos, y se guarden bien de darles nin¬
guna noticia que no sea completamente falsa y
embrollada, que es lo único que se merecen. ,
En cambio, confortan el espíritu las pruebas de
afecto que recibe España en esa América que los
yankees quieren representar y absorber: por ejem¬
plo, el número único titulado El Río de la Plata ,
que se ha publicado en Córdoba á beneficio de la
Asociación Patriótica Española, para contribuir á
allegar recursos con que regalar á España un cru¬
cero que ha de llevar el nombre de ese número.
Saludemos con cariño al organizador, D. Francisco
Rodríguez del Busto, y á la Junta patriótica de esa
hermosa ciudad de la República Argentina. El
número resulta bello, y la mayor parte de sus pági¬
nas ensancha el corazón por su aliento patriótico.
Un distinguido escritor mejicano, D. Victoriano
Agüeros, antiguo é importante colaborador nues¬
tro, merece la gratitud de España: con motivo de
la visita hecha á Méjico por Mr. Bryan, el famoso
competidor de Mac-Kinley, le dirigió en su perió¬
dico El Tiempo un artículo que, á tener espacio,
insertaríamos con gusto; pero deben conocerse al¬
gunos de sus conceptos en extracto:
«Inglaterra no dejó en los Estados Unidos, al
declararse independientes, nada que acreditase su
interés por aquellas colonias, que agobió á impues¬
tos, y su obra con las razas indígenas fué de des¬
trucción; no dejó más monumentos que una vieja
casucha: la casa de correos. En cambio los espa¬
ñoles fundaron en Méjico una sociedad, una pa¬
tria; expidieron leyes que favorecían á la raza
vencida, dotándola de colegios y una universidad
no inferior á las de España; levantaron ciudades,
caminos, calzadas y monumentos que se admiran
todavía. Aquí — añade — ha encontrado Mr. Bryan
una crecida población indígena, mientras en los
Estados Unidos no queda ni rastro de las que po¬
blaron su territorio. Saque consecuencias, y no
dudamos que en la comparación saldrá triunfante
ante su criterio esa España tan calumniada, que
sin embargo, pese á sus enemigos, sembró de mo¬
numentos admirables toda la América. »
Ahora conviene saber que el Sr. Agüeros no es
sólo un hombre político, director de un diario im¬
portante: es un literato, un profesor y un aboga¬
do: con sus biografías de personajes mejicanos ha
demostrado ser un juicioso y veraz historiador. Al
editar una Biblioteca de Autores Mejicanos (1)
está demostrando, no sólo el amor que siente ha¬
cia su país y la cultura, sino que presta un servicio
á las letras castellanas, como lo han certificado los
Sres. Menéndez y Relavo, Yalera y Núñez de
Arce. Y que es un escritor de conciencia lo acre¬
dita el tomo VIII de dicha colección, que es el pri¬
mero de sus obras personales: la historia, la ense¬
ñanza, las costumbres y la crítica, objeto de sus
interesantes artículos y estudios, prueban además
su vasta erudición. Es, pues, una autoridad la que
habla así de España.
*
• *
Decíamos en el último número que no era posi¬
ble formar juicio personal fundado respecto de
esa incógnita judicial que pretenden resolver á
gritos y pedradas ios franceses. La famosa carta
en que Zola acusa á cuantos militares y calígrafos
contribuyeron á condenar á Dreyfus y absolver á
Esterhazy es considerada, por unos como una des¬
interesada, quijotesca y viril protesta en favor de
un inocente deshonrado por la justicia, y por otros
como infame especulación de un escritor corrom¬
pido que medró, adquirió fama y se enriqueció con
la explotación cínica, sistemática y productiva del
escándalo. Una y otra opinión han acalorado á las
gentes exaltadas: si los estudiantes de París vito¬
rean ai ejército y apedrean la casa de Zola, anar¬
quistas, socialistas y radicales se juntan y vito¬
rean á Zola y á Dreyfus: dos abogados, uno cris¬
tiano y otro judío, se dan de puñetazos en el
Palacio de Justicia: y en casi todas las capitales de
Francia se amotinan los estudiantes, y llueven pie¬
dras en los escaparates de ciertas tiendas, á los
gritos de «viva el ejército, mueran Zola, los trai¬
dores y los judíos». Se interpela al Gobierno en
las Cámaras, y no calman la agitación ni los días
que pasan ni los golpes de la policía. Claro es que
existen otras gentes, quizás la mayoría, que no se
consideran bastante asesoradas para tener una no¬
ción clara de la verdad en esta niebla, y periódicos
neutrales; otros que, como Le Tcinps , guardan una
neutralidad pérfida, ó sea aparente, que favorece
de un modo indirecto á Dreyfus, sin atreverse á
arrostrar la impopularidad de sus simpatías; y opi¬
niones intermedias, como la de creer que hay mu¬
cho censurable en Zola, en el sindicato israelita y
en los procedimientos militares.
Cúlpase de esta confusión á las deliberaciones
del consejo de guerra á puerta cerrada, como si á
puerta muy abierta no se cometieran errores judi¬
ciales; y se pretende imponer la revisión de los
procesos de aquellos que por apoyos poderosus lo¬
gran hacerse un partido, mientras cierran los ojos
y dan por bien condenados á todos los infelices
sentenciados por esos mismos tribunales á quie¬
nes se recusa en favor de Dreyfus y se da por
buenos y honrados ó inspiradores de confijmza
en los demás procesos. Porque no se trata de un
error judicial, sino que se les acusa de injusticia
cometida á sabiendas y de sentencias amanadas é
inicuas; y si esto fuera cierto, si el Estado Mayor
francés fuera, como pretenden los acusadores,
una agrupación de malvados ó ineptos, no sólo
procedería la revisión de los procesos de Dreyfus
y Esterhazy, sino de todo lo actuado por tan in¬
moral jurisdicción, vaciando los presidios milita¬
res y conduciendo á la Guayana una cuerda de
generales, jefes, oficiales y peritos. Y como no
hace falta ser francés para encontrar increíble y
repugnante esa conclusión; y como hasta ahora,
sólo se conocen episodios externos, más ó menos
relacionados con la causa, alegados aquí, desmen¬
tidos allá, y apenas pasa día en que no se invente
algo, y se desfigure todo por las pasiones desenca¬
denadas, parécenos asistir á un caso de locura pú¬
blica, en que los franceses están para venir á las
manos, con los mismos fundamentos que aquellos
caballeros que se batieron á muerte por si era me¬
jor poeta el Tasso ó Ariosto y que no habían
leído á ninguno de los dos.
(1) No necesitamos recomendar á las bibliotecas particulares
tan importante colección, que ya comprende obras de García
Icazbalceta, Peón Contreras, Villaseñor y Villaseñor y Agüe¬
ros: van publicados ocho tornos. Su precio es de un peso y me¬
dio cada uno. Administración y librería de El Tiempo , cerca de
Santo Domingo, núm. 4, Méjico.
Hay en este desbordamiento discípulos y adep¬
tos que aprovechan la ocasión para divinizar á
Zola, y hasta le creen solo; y si se les muestra los
que le rodean y defienden, todavía le juzgan solo
entre sus numerosos defensores. Hay quienes, no
pudiendo decapitarle materialmente, ofrecen su
cabeza de cartón en gran tamaño á las burlas del
Carnaval y le ejecutan en efigie. Y entretanto los
militares acusados, sin más defensa y movimiento
que la oficial, siempre fría y circunspecta, se pre¬
paran á presenciar el proceso de difamación y á
recibir las dentelladas del vigoroso publicista,
maestro en el arte de herir con la palabra, y acos¬
tumbrado á vivir en pleno ruido y manosear los
sentimientos, y temerán ser convertidos en per¬
sonajes de una novela experimental, así como los
comerciantes israelitas más ajenos ó indiferentes
ai proceso se juzgarán expuestos á pagar los vi¬
drios rotos por haberse convertido en semitas y
antisemitas los franceses.
Por nuestra parte, nos hallamos en esta duda:
¿Debemos creer que tanto militar honrado y de
posición en el ejército francés merece las acusa¬
ciones que les dirige el novelista? ¿Debemos creer
que Zola, al presenciar las ruinas del naturalismo,
quiere atraer al público que -se aleja con un pro¬
ceso de resonancia universal? Por ahora no vemos
claro: puede suceder que tenga pruebas; puede su¬
ceder hasta que se equivoque de buena fe. Por de
pronto, si es cierto que haya un sindicato que tanto
dinero distribuye, y los jueces militares son tan
sospechosos; si ha habido compras y ventas, es in¬
dudable que no se ha vendido ningún juez.
Pero, á decir verdad, tampoco nos consta que
exista el sindicato y que estén vendidos otros.
Como de que haya sido honrado el acusador no se
deduce que los acusados, que siempre lo fueron,
no lo sean; y la verdad es que, si la acusación re¬
sulta infundada y no se prueba, es inicuo abusar
de la celebridad de la pluma para deshonrar á
modestos y beneméritos militares, obligados á
callarse, y someterles á un terrible entredicho
moral. Hoy por hoy, la ley está contra Zola: él lo
confiesa: ha acudido á medios revolucionarios para
derribar lo que le estorba: ¿qué de extraño tiene
que en las calles le conteste la revolución con sus
rugidos? Dícese que es noble su propósito de salvar
á un inocente condenado . También aspiraba á
arrancar las insignias y los botones de otros pe¬
chos y degradar no á uno sino á muchos . Es un
pleito de honras. Hay (pie tener calma y esperar
las pruebas; que no es justo que el escritor deba
someter al documento humano su imaginación al
inventar, y no las necesite para deshonrar al
prójimo. Si las presenta, entonces habrá llegado
la ocasión de felicitarle por su audacia, aun con el
dolor que haya de producir la serie de ruinas que
proyecta. Contra ellas se revuelve el confiado y
generoso corazón de la juventud francesa. De un
lado el viejo escritor, tan avezado á revolver el
fango social; de otro, la juventud llena de ilusio¬
nes. ¿Quién acortará? Esperemos, esperemos.
* *
Doña Dolores Martínez Campos, que falleció en
Madrid el 15 del corriente, era una señora de al¬
tas prendas y sólida virtud. Viuda del consejero
de Estado, ingenioso escritor y excelente literato
D. Esteban Garrido, y hermana del General ilus¬
tre, sus consejos habían pesado algunas veces en
los asuntos públicos, no por oficiosidad femenil,
incompatible con su modestia, sino porque se es¬
timaban las claridades de su recto corazón y des¬
pejado entendimiento: aunque nunca traspasó en
su vida ejemplar su papel de buena madre de fa¬
milia y el ejercicio activo de la beneficencia, á su
lado, y con su conocimiento, se desarrollaron mu¬
chos sucesos íntimos de la vida política, de la que
sólo le correspondían las ansias ó inquietudes;
porque no era tranquilizador en el principio del
período revolucionario ser esposa de uno de los
redactores de La Gorda , y ver su casa convertida
de vez en cuando en redacción, ó á su marido sa¬
lir de noche para escribir en sitios diferentes
aquella sátira que, aunque legal, estaba siempre
amenazada de atropellos. Angustias y zozobras de¬
bió pasar más adelante, cuando se preparaba el
movimiento militar para la proclamación de Don
Alfonso, en que tan expuesta iniciativa tuvo su
hermano D. Arsenio; y para los cortos días en que
el General, jefe del Gobierno, tenía expansiones
familiares en su casa en compañía del agudísimo
Selgas, dulce y delicado con las flores, satírico im¬
placable con los revolucionarios, para esos cortos
días en que la proximidad del poder la permitió
desahogar su buen corazón, con recomendaciones
eficaces, ¡cuántos meses de incertidumbres y pe¬
nas en aquella promiscuidad con la política y la
guerra, que, unidos al dolor de la viudez, hubie¬
ran hecho infeliz su vida sin los goces de la bene-
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22 Enero 1898
: n.° m — 89
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
ficencia, á que se entregaba con pasión! Salude¬
mos con respeto esa tumba recién abierta, en que
su hija D.a Rosa Garrido y Martínez Campos ha
enterrado una madre, no sólo irreemplazable en
cuanto madre, sino como modelo de virtud, de
bondad, de buen juicio y de modestia.
• *
Valencia, Murcia, media Cataluña, ¿qué sé yo?,
han sufrido muchas pérdidas con las inundacio¬
nes. Son ya tan periódicas, tantas veces en vein¬
tidós años de Crónica las hemos lamentado, que
no sabemos que decir. Como por muchos esfuer¬
zos que haga la beneficencia no logrará indemnizar
lo que se destruye, y como el mal viene de atrás,
y suponemos que se habrán estudiado sus causas
y la posibilidad de remediarlo en cada región, de¬
bemos inclinar la cabeza ante lo que parece irre¬
mediable y pasar á otros asuntos que parecen
muy distantes y sin embargo tienen conexión con
las inundaciones: v. gr., la tauromaquia y la cá¬
tedra.
En efecto: por un encadenamiento de circuns¬
tancias, el rector que era de la Universidad de
Valencia, Sr. Moliner, ha sido destituido por efecto
de las lluvias que inundaron á Valencia: las llu¬
vias produjeron inundaciones; éstas desastres y
miserias; la miseria una corrida de toros benéfica,
encomendada al citado rector, que es aficionado
al arte del toreo y aun pasa por ser autoridad ; la
corrida discusiones y artículos tauromáquicos; és¬
tos disgustos y la separación del Sr. Moliner, y la
separación una protesta estudiantil.
Líbrenos Dios de intervenir en asunto que no
nos compete y sólo de referencia incompleta co¬
nocemos. Por un lado está la justificación, que
nos consta, del respetable Sr. Conde de Xiquena;
de otro las simpatías de la juventud valenciana al
ex rector: sin duda creemos que la representación
de la cátedra impone deberes de circunspección y
seriedad al que la ejerce; pero si sólo se tratase
de intervenir en asuntos tauromáquicos, como al¬
guien ha supuesto, debemos exponer humilde¬
mente que hay precedentes clásicos de la alianza
entre la ciencia y el toreo: díganlo hace siglo y
medio las fiestas celebradas en Salamanca para
festejar la canonización de San Luis Gonzaga: los
Padres Jesuítas pagaron y organizaron la corrida;
los estudiantes navarros torearon; asistió el Claus¬
tro, el Padre Isla hizo la revista y el público
aplaudió.
•
• *
— ¡Tabernero, acude á tu casa, que se ha inun¬
dado tu bodega!
— Déjalo, hombre, que casi no tenía más que
agua en los pellejos.
— ¡Sr. Alcalde, el pueblo se inunda!
— Bueno, los cerdos son excelentes nadadores;
que monten todos en cerdos salvavidas.
— ¿Y los que han hecho la matanza?
— El cerdo siempre flota; que hagan balsas con
hojas de tocino.
— I Sr. Alcaide, yo he vendido el mío!
— Pues, hijo mío, sálvese usted en dos docenas
de chorizos.
— ¿Cómo no extendió usted el padrón?
— Porque en la noche del 31 de Diciembre mi
casa era submarina, y no sé el nombre de los pe¬
ces que pasaron allí la noche.
— Y usted, ¿dónde la pasó?
— Nadando, y no sé dónde inscribirme.
— ¿Quién es usted?
— Sr. Gobernador, soy el alcalde del pueblo
inundado.
— ¿Y le abandonó usted? ¡La dimisión!
— Por presentada; pero como el pueblo está bajo
las aguas, nombre V. S. el atún que ha de susti¬
tuirme.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
PARÍS.
El proceso Esterhazy. Una sesión del consejo de guerra.
En la página 40 publicamos el grabado que re¬
presenta el acto de la vista ante el Tribunal mili¬
tar del proceso seguido contra el comandante
Esterhazy, con motivo de la célebre cuestión
Dreyfus.
Nuestros lectores conocen seguramente, por los
numerosos telegramas de la prensa diaria, el des¬
arrollo que esta cuestión ha venido tomando; y en
la Crónica general del presente número pueden
ver el juicio que nuestro querido compañero Fer¬
nández Bremón emite sobre este obscuro y enma¬
rañado asunto.
El comandante Eüterliazy.
El consejo de guerra lo constituían: el general
de Luxer, como presidente, y en concepto de vo¬
cales, los coroneles de Ramel y Bougon, del 24 de
Línea y 1." de Coraceros, respectivamente; los te¬
nientes coroneles Marcy, del I." de Ingenieros, y
Gaudelette, de la Guardia republicana, y los co¬
mandantes Rivalls, del 12 de Artillería, y Legnay,
del 113 de Infantería.
El coronel de Ramel tiene cincuenta y seis años,
y fué condiscípulo del Presidente en la Escuela
de Saint-Cyr, habiendo obtenido el empleo de ca¬
pitán en 28 de Abril de 1871, y el de coronel el 7
de Abril del año pasado.
Bougon nació el 10 de Febrero de 1850 en Na-
yon (Oise), y entró en Saint-Cyr en 1808. Nom¬
brado subteniente el día de la declaración de la
guerra de 1870, ascendió á teniente al año. Ganó
la cruz de caballero de la Legión de Honor du¬
rante la guerra, fué declarado oficial de esta Or¬
den el 11 de Julio de 1801, y hace dos años que es
coronel.
El teniente coronel Marcy tiene cincuenta y dos
años; entró en la Escuela Politécnica en 1805, fué
capitán en 1872 y ascendió á su actual empleo en
14 de Abril de 1805. Es caballero de la Legión de
Honor.
El capitán Dreyfus.
El teniente coronel Gaudelette nació en Amiens
el 17 de Junio de 1844 ; sentó plaza á los veintitrés
años en Infantería; llegó á oficial en la guerra
contra Alemania, y en 1879 pasó á la gendarmería
como capitán. Fué designado en 1894 para ejercer
las funciones de prevoste del Cuerpo expedicio¬
nario de Madagascar, y obtuvo la cruz de oficial de
la Legión de Honor durante esta campaña. A su
vuelta fue promovido al empleo de teniente co¬
ronel.
El jefe de escuadrón de Artillería Rivals nació
el 7 de Febrero de 1853; ingresó en la Escuela Po¬
litécnica en 1872; fue capitán en 1880 y coman¬
dante en 9 de Abril de 1894. También es caballero
de la Legión de Honor.
Lo es igualmente desde 1884 el comandante
Legnay, que obtuvo su actual empleo en 11 de Oc¬
tubre de 1892, y forma parte, como Gaudelette,
del primer consejo de guerra permanente, cuyos
miembros , con igual ó superior graduación que el
comandante Esterhazy, eran los llamados á figurar
en el tribunal que ha juzgado á este jefe.
A estas líneas acompañan también los retratos
de Dreyfus y de Esterhazy.
• •
KXC.’MO. SR. I). ANDRÉS GONZALEZ MUÑOZ,
teniente general.
Al dimitir el general Marín su cargo de capitán
general de Puerto Rico, el Gobierno propuso á
S. M. para reemplazarle al teniente general don
Andrés González Muñoz; y firmado el Real de¬
creto en 23 de Diciembre último, juró su cargo de
gobernador general el 27, y aquella misma tarde
partió para Cádiz , donde embarcó el día 30 en el
vapor correo Bueno* Aires .
El martes 11 del actual llegó á la pequeña Anti¬
lla y tomó posesión del mando, y á las seis de la
tarde falleció repentinamente á consecuencia de
una angina de pecho.
El general González Muñoz, cuyo retrato publi¬
camos en la primera página, nació en Santiago de
Cuba el 23 de Mayo de 1840, siendo su padre
oriundo de Venezuela y perteneciendo su madre
á una distinguida familia de aquella ciudad.
Durante la primera guerra de Cuba prestó ser¬
vicios en aquel ejército, obteniendo el empleo de
comandante y los grados de teniente coronel y de
coronel; regresó á la Península, y en la campaña
carlista fueron recompensados sus méritos con los
empleos de teniente coronel y coronel, y de nuevo
pasó á la gran An tilia, cuando aún no había ter¬
minado la guerra.
Como brigadier operó al frente de una columna
durante la llamada guerra chiquita , contribuyendo
á pacificar las jurisdicciones ‘de Guantánamo y
Baracoa.
Ascendió á general de división en 1892, y des¬
empeñó, entre otros cargos, el de segundo cabo de
Puerto Rico.
Con el general Martínez Campos marchó en 1895
á Cuba el general González Muñoz, conquistando,
en el ataque de las lomas de Rubí y Manolita, el
empleo de teniente general.
Una dolencia crónica al hígado obligó al gené-
ral González Muñoz á venir á la Península para
buscar alivio, y cuando se encontraba ya en Cuba
el general Blanco solicitó se destinase á aquel
ejército á dicho general.
Mientras disponía su viaje dimitió el general
Marín, y entonces el Gobierno propuso á la Reina
para reemplazarle al Sr. González Muñoz.
• «
retratos de los excmos. sres. duque de la
VICTORIA Y D. MARIANO DE LA PAZ GRAELLS, IN¬
DIVIDUOS DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS. — (Véase
la página 40, y el artículo correspondiente en
la 47.)
O
9 «
ALEMANIA.
Pruebas de aerostación recientemente verificadas
con un globo de aluminio.
Reproduce nuestro grabado de la página 41 la
prueba del globo de aluminio efectuada en Berlín
el 8 de Noviembre. No es nueva la idea de un
globo metálico, pues ya en 1842 Mr. Mares Mon-
ges construyó uno cilindrico de 33 pies de diáme¬
tro, formado con delgadas planchas de cobre y
lleno de gas hidrógeno.
Los progresos obtenidos en la manufactura del
aluminio y su coste relativamente pequeño, hi¬
cieron pensar en este metal como materia muy
á propósito para la construcción de globos, y Herr
Schwarz, de Agram, ideó y construyó el globo ci¬
lindrico de aluminio de colosales dimensiones que
en nuestro grabado aparece.
El aeróstato tenía 134 pies de largo y 40 de alto.
Desgraciadamente, la prueba del globo no dió
los resultados apetecidos; pues aunque llegó á ele¬
varse á 800 pies de altura, la falta de regulariza-
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111
LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Enero 1898
Excmo. Sr. DUQUE DE LA VICTORIA, Excmo. Sr. D. MARIANO DE LA PAZ GRAELLS
INDIVIDUOS DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS DESDE EL AÑO 1817.
PARÍS. — EL PROCESO ESTERHAZY. — UNA SESIÓN DEL CONSEJO DE GUERRA.
(De fotografía.)
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22 Enero 1808
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° III — 41
ción de su bajada fue sin
duda la causa de su fra¬
caso.
No falta quien asegu¬
ra que los resultados ob¬
tenidos bajo la direc¬
ción de los oficiales del
Real departamento pru¬
siano de navegación
aérea hubieran sido muy
distintos si el inventor
delglobo, HerrSchwarz,
hubiera dirigido y eje¬
cutado la ascensión;
pero, por desgracia, el
inventor había muerto
antes de hacerse el en¬
sayo.
•
• •
ISLA DE GRAN CANARIA.
Cenobio de los guanches , con qui¬
nientas tres celdas.
El segundo grabado de
esta misma página re¬
produce el original ó in¬
gresante cenobio, ó mo¬
nasterio, donde vivían
las sacerdotisas guan¬
ches y en los tiempos en
que la raza primitiva
poblaba las Islas Cana¬
rias.
Se halla situado, como
un nido de águilas, en
las enriscadas sinuosi¬
dades de una altísima y
abrupta sierra, en la ju¬
risdicción de Guía (Isla de Gran Canaria), y se presenta á la vista como una
gigantesca concha, de suelo desigual y paredes laterales, perforada en todas
direcciones por cuevas de mayor ó menor extensión, comunicándose unas
interiormente, y otras aisladas sin orden ni concierto.
Esta excavación se hallaba en aquel tiempo cerrada hacia la parte que mi¬
raba al precipicio por un corte vertical; pero hoy se hallan abiertas por ha¬
berse caído la parte de delante. El arco que forma la entrada mide unos
30 metros de abertura por unos 26 de alto, y va decreciendo según se pene¬
tra en el fondo.
La luz llega sin dificultad á todas las celdas que estaban destinadas á dormi¬
torios. Cuéntase que éstas eran habitadas por las Jlarimag uadasy mujeres con¬
sagradas á la Divinidad,
que vivían en recogi¬
miento, guardaban con¬
tinencia y hacían vida
pura y ejemplar, las cua¬
les estaban especial¬
mente encargadas de las
libaciones diarias, pre¬
sentando las ofrendas
de leche y manteca á su
dios.
Estas vestales cana¬
rias gozaban de grandes
privilegios. Su casa era
considerada como un
asilo sagrado, donde en¬
contraban gracia los
malhechores que en ella
se refugiaban. Vivían de
las limosnas que del pue¬
blo recibían. En tiempo
de sequía para los sem¬
brados, acudían al F ai-
can (sumo sacerdote), y
éste, según la costum¬
bre, ordenaba una pro¬
cesión general para
aplacar la cólera divina.
El orden de esta pro¬
cesión era el siguiente:
el F(ticdny acompañado
del rey, de la nobleza y
del pueblo, con palmas,
ramos y varas en las
manos, se acercaba á la
residencia de las flari -
maguadas , que le salían
al encuentro con vasos
de leche. Reunidos to¬
dos, se dirigían á la montaña de Tirma, y, subiendo á su cima, derramaban
con ciertas ceremonias la leche y manteca, bailando algunas danzas y ento¬
nando tristes canciones. Concluido esto, bajaban de la montaña y se diri¬
gían al mar, cuya superficie azotaban con las mismas ramas, palmas y varas,
dando feroces alaridos.
9
« «
EXCMO. SR. D. MANUEL MACÍAS Y CASADO,
teniente general /nuevo gobernador general de Puerto Rico.
El general Macías, nombrado para sustituir al general González Muñoz
en el mando de Puerto Rico, nació en Teruel en 3 de Noviembre de 1845; á
ALEMANIA. — pruebas de aerostación recientemente verificadas
CON UN GLOBO DE ALUMINIO.
ISLA DE GRAN CANARIA. — CENOBIO DE LOS «GUANCHES», con quinientas tres celdas.
(De fotografía.)
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42 — N.# ni
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Enero 1898
EXCMO. Sr. D. MANUEL MACÍAS Y CASADO,
TENIENTE GENERAL,
NUEVO GOBERNADOR GENERAL DE PUERTO RICO.
(De fotografía.)
loe catorce añoe ingresó en el Colegio de Infan¬
tería, y marchando á América á los dieciocho,
tomó parte en la penosa campaña de Santo Do¬
mingo. Pasó después á la Isla de Cuba, de donde
volvió á la Península, á los trece años de haber sa¬
lido de ella, con el empleo de teniente coronel y
grado de coronel.
En la guerra civil obtuvo, por sus excelentes
servicios, la efectividad de este empleo, y llamado
á Cuba por el general Martínez Campos, perma¬
neció en la Isla tres años, durante los cuales lo¬
graron sus méritos en la campaña el empleo de
brigadier y la gran cruz del Mérito Militar.
Apenas regresó á la Península se le confirió el
gobierno de la plaza de Melilla, donde dejó los
mejores recuerdos de su mando, que ejerció du¬
rante tres años. Mandó también la plaza de San-
toña, y al ascender á general de división fué des¬
tinado á la de Cartagena, cuya plaza desempeñaba
cuando se estableció la nueva organización mili¬
tar, quedando entonces de segundo jefe del tercer
Cuerpo de ejército.
Cuando los sucesos de Melilla vinieron á au¬
mentar la importancia militar de aquel mando, se
le encomendó este delicado cargo.
En 3 de Noviembre de 1893 ascendió á teniente
general y fué destinado á la Capitanía general de
Canarias. Después ha mandado en jefe el 5.° Cuer¬
po de ejército.
En esta misma página va su retrato.
*
* •
BELLAS ARTES.
Paisaje , dibujo de J. Morera. — Las cuatro edades de la vida , cuadro de
Van Dyck.— La buenaventura al alcance de todos , dibujo de F. Mota.
El arte con que Morera interpreta la Naturaleza
es tan personal, y su buen gusto tan conocido, que
al contemplar el paisaje que en la página 44 re¬
producimos se adivina desde luego que es obra
suya.
El frondoso sitio, tan bien escogido y tan artís¬
ticamente compuesto, produce una impresión su¬
mamente agradable, y la factura del dibujo acre¬
dita una vez más la maestría y la elegancia con
que Morera gasta el lápiz .
Representa el cuadro de Antonio Van Dyck,
cuya copia publicamos en la página 45, Las cua¬
tro edades de la vida . La infancia, hermosa y tran¬
quila, está simbolizada en el hermoso niño que
duerme descuidado; la juventud, bella y graciosa,
la representa la hermosa joven que ostenta en sus
manos las flores de la primavera de la vida y el
fruto símbolo del estudio y del trabajo; la edad
viril la expresa fuerte y altivo el guerrero que
ocupa el centro del cuadro, vestido de férrea ma¬
lla en señal de lucha y esfuerzo, cuya musculatura
revela el ejercicio activo, que robustece. En un
ángulo destaca la blanca cabeza del anciano, cuyo
cuerpo han encorvado los años y los sufrimientos.
Vuelve la vista hacia el fondo, y señala con el
dedo una dirección de la que no, puede apartarse,
y convencido y resignado emprende el último via¬
je, del que no se vuelve jamás.
La ejecución del cuadro, con tal profundidad
pensado, es digna del célebre discípulo de Rubens.
No es preciso penetrar en la tenebrosa guarida
del astrólogo, ni apelar á sus secretos prestigios
para conocer el horóscopo revelador de nuestra
buena ó mala ventura; en pleno día, y al aire li¬
bre, nos brinda la gitana con la profecía de nues¬
tra suerte, con la acostumbrada fórmula de: Te
ladigoy resalaos»
En el dibujo de Mota de la página 49 el resalao
es un quinto recién incorporado á filas, quien con¬
fía su mano á la hechicera, que le adivina desde
el color del pelo de su novia hasta los empleos que
la fortuna prepara al futuro héroe. Otros soldados
ríen de la candidez del pistólo ; pero para que en
el dibujo no falte junto á la nota cómica la seria
é interesante, ha colocado el artista al lado del
soldado á sus viejos padres, que oyen embelesados
á la gitana el porvenir que aguarda al hijo que la
guerra ha arrancado de su hogar.
• •
D. ENRIQUE FREXAS.
Es el retrato que en la página 48 publicamos
del notable crítico musical D. Enrique Frexas,
que por modo brillante ejerce en Buenos Aires su
difícil profesión. Hará unos cincuenta años que
nació en Murcia y se dedicó á la carrera de Juris¬
prudencia, que terminó en 1871 con gran brillan¬
tez. No le impidieron los austeros estudios del
Derecho adquirir muy sólidos conocimientos de
arte, y cuando después de escribir muy importan¬
tes trabajos en la prensa barcelonesa se trasladó á
Buenos Aires, conquistó en seguida el primer
puesto en la crítica del arte musical y comenzó á
ejercerla en el acreditado periódico La Nación .
De gran inteligencia y vastos y profundos cono¬
cimientos musicales, tiene además por tempera¬
mento tal integridad y tal independencia, que sus
juicios revisten una autoridad indiscutible.
En la actualidad es profesor de Historia y Es¬
tética de la Música en el Conservatorio de Buenos
Aires. Hemos tenido el gusto de leer la conferen¬
cia inaugural de esta clase, dada en dicho Conser¬
vatorio por el Sr. Frexas, y nos ha confirmado su
lectura el excelente concepto en que teníamos sus
aptitudes y su ciencia.
Sus atinadas consideraciones sobre el estado ac¬
tual del progreso musical; su noble propósito de
separar lo que es desarrollo y progreso eficaz y
fecundo de lo que es anárquica confusión y capri¬
choso radicalismo; su método para hallar la ver¬
dad estudiando en la historia de la Música lo que
el divino arte ha sido , y en la Estética lo que debe
ser y revelan claramente lo útilísimo que ha de ser
para los que en el Conservatorio de Buenos Aires
se dedican al estudio de la Música la cátedra al
Sr. Frexas encomendada.
Nosotros al felicitarle nos felicitamos, como es¬
pañoles, de ver un compatriota c^ue de tal manera
se distingue por su verdadero mérito.
•
* •
MATANZAS (ISLA DE CUBA).
Casa Consistorial de la villa de Colón.
El segundo grabado de la página 48 reproduce
una vista fotográfica de la Casa-Ayuntamiento de
Colón, pueblo de la provincia de Matanzas, fun¬
dado en 1818, al que se hallan agregados el de Cai¬
mito del Sur, y los caseríos Amarillos, Buenavista,
Calimete, Copuges, Corralillos, Francisco López,
Gallardo, Guareyras, Hanobona, Jagüey Grande,
Mejías, Montana Suní y Sitios, reuniendo 20.500
habitantes. Es el centro azucarero de toda la Isla.
•
• *
MADRID.
Escndo colocado en el ¿tico del nuevo Ministerio de Fomento.
En la página 52 damos copia del magnífico es¬
cudo de España que para el ático del nuevo Minis¬
terio de Fomento ha esculpido Ricardo Bellver, el
laureado autor de las estatuas de Elcano y El An¬
gel Caído y y de las importantísimas obras escultó-
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22 Enbro 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° iu — 43
ricas d© la catedral de Sevilla. Este trabajo herál¬
dico, tan artísticamente ejecutado, es la última
obra de Bell ver, y deseamos que en otras de más
empeño y más amplio campo para su gran talento
nos dé ocasión de tributarle mayores elogios.
Carlos Luis de Cuenca.
SOBRE LA PRIMERA REPRESENTACIÓN
DE LA TRAGEDIA «CLEOPATRA».
*4zz*¿*, ON motivo de la representación de
Gleopatra , tragedia tomada por Eu¬
genio Sellés de la que Guillermo Sha¬
kespeare escribió, siglos há, en len¬
gua inglesa, acuden á mi espíritu no
-sj pocas consideraciones, al parecer contra-
dictorias, algunas de las cuales voy á ex-
£* presar en el presente escrito,
j Lo primero que yo afirmo es la infalibili-
' dad del público en asuntos literarios; pero
esta infalibilidad suele quedarse en potencia , y á
veces no se actúa , por faltar las condiciones qae
para ello se requieren.
Pongamos por caso la oda de Quintana al le¬
vantamiento de España en 1808. Sin duda es di¬
cha oda una de las más sublimes poesías líricas
entre cuantas se han compuesto en toda lengua
humana, desde que componen versos los hombres.
Cuanto en ella se dice es en extremo nacional y
popular; se halla en perfecta armonía con el sen¬
tir y el pensar del pueblo en todos los momentos,
y singularmente en el momento en que se com¬
puso la oda. Y, sin embargo, la belleza de la for¬
ma, el primor ineludible del estilo poético, sin el
cual no sería verso, sino mala prosa lo que escri¬
bió Quintana, y su rapto lírico, á todo lo cual no
está acostumbrado, y para todo lo cual no está
educado el vulgo, inhabilitan la composición para
que sea del vulgo comprendida. De aquí que la
mencionada oda de Quintana, que debió ser popu-
larísima en nuestro país, sea solo estimada y gus¬
tada por los refinados aristócratas del pensamien¬
to, y sea para el vulgo como el Libro de los siete
sellos , ó por lo menos como algo escrito en griego
ó en hebraico.
En la oda de Quintana comprendo yo perfecta¬
mente la causa de la contradicción, y dejo á salvo
la infalibilidad del vulgo en potencia . Si fuera po¬
sible ilustrarle de repente para que penetrase el
misterio de la forma, donde lo bello y lo sublime
residen, acaso no habría composición alguna poé¬
tica española que tanto conmoviese y entusias¬
mase á la muchedumbre.
En otros casos la contradicción es más difícil
de explicar, pero también se explica. Sea uno de
estos otros casos el de la tragedia Gleopatra , es¬
crita en prosa, cuyas bellezas y sublimidades en¬
tran ó deben entrar más por los ojos y por los
oídos, y representada muy bien, así por María
Guerrero, como por Antonio Vico, con atinado
lujo, propiedad y elegancia en trajes y decoracio¬
nes. La tragedia, no obstante, ¿para qué disimu¬
larlo? ha gustado poco. ¿En qué consiste esto?
¿Dónde está, pues, la infalibilidad del vulgo?
La contestación se cae de su peso. No era vulgo,
ni era por consiguiente infalible, el público que
acogió la Gleopatra fría y desdeñosamente la no¬
che de su estreno. Yo tengo por seguro que la
Gleopatra hubiera sido estrepitosamente aplaudida
si acude á oirla, no un público selecto, sino el más
humilde y verdadero público de Madrid. El vulgo
madrileño del siglo XIX se hubiera complacido é
interesado tanto en la representación de Gleopa-
tra , como el vulgo de Londres en el siglo xvn.
No eran menester esfuerzos de atención, ni co¬
nocimientos previos para percibir la hermosura
y hacerse cargo de la grandeza de la obra y del
alto valer que tiene.
Expongamos aquí algunas de las razones que
hay para afirmar este valer; valer claro y paten¬
te, para cuya demostración no se requiere alam¬
bicar mucho, aunque no seamos entusiastas de
Shakespeare como Víctor Hugo, sino severos con
él como Voltaire y Moratín, de quienes no estará
de más sostener aquí que nunca negaron que
Shakespeare fuese un maravilloso dramaturgo, un
genio extraordinario, por más que censurasen el
desenfreno y la carencia de reglas y de medida
en sus producciones.
El argumento de la tragedia no puede pasar de
moda, ni puede menos de interesar en todas las
edades. La situación del mundo civilizado pocos
años antes de la venida de Cristo, y el destino de
las más importantes naciones de Europa, Asia y
Africa, todo se cifra y compendia en una acción
cuyo poderoso móvil es el amor ciego y entraña¬
ble de un hombre hacia una asombrosa mujer,
cuyos hechizos y seducciones parecerían fabulo¬
sos ó inverosímiles si no estuvieran tan irrefra¬
gablemente probados por los testimonios históri¬
cos más fidedignos y concordes.
Entre estos testimonios hay uno admirable por
la sencillez, candor y naturalidad del estilo: el de
Plutarco, á quien la docta antigüedad aclamó el
bueno y el hermoso . Shakespeare ha seguido fiel¬
mente á Plutarco, poniendo en diálogo y en esce¬
na, hasta con las mismas palabras á veces, lo que
Plutarco narra. De aquí que, al desdeñar la trage¬
dia de Gleopatra , no parece sino que se desdeña el
asunto histórico como de poca cuenta, y que se
desdeña también al bueno y hermoso Plutarco
como impertinente, fastidioso y desmañado.
¿Será acaso que Shakespeare haya estropeado el
asunto y destruido el encanto de la narración de
Plutarco al convertir la narración en drama? Aun¬
que nos sujetásemos á preceptos literarios seudo-
clásicos, más estrechos que los de Voltaire y Mo¬
ratín, y aunque fuésemos más severos que ellos,
tendríamos que contestar con un no á la anterior
pregunta. Todas las infracciones de las reglas, las
impropiedades y los anacronismos ; las chocarre¬
rías que para divertir y hacerse simpático á la
plebe de su tiempo pueda haber ingerido el poeta
inglés en su drama; los discreteos y tiquis miquis,
tan impropios del siglo de Augusto, que sin duda
hay también, y de que Shakespeare gustaba, ce¬
diendo á la moda del eufutsmo , que en el reinado
de Isabel de Inglaterra corresponde á lo que fue
el estilo culterano entre nosotros; y los personajes
inútiles ó inconducentes á lo esencial de la acción,
no bastan á desnaturalizarla, ni destruyen ni ofus¬
can tampoco los rasgos magistrales con que están
trazados y con que aparecen á nuestra vista los
dos principales personajes del drama: Gleopatra y
su amante el triunviro Antonio. Lo complicado de
ambos caracteres los hace más humanos, más con¬
formes con la realidad, más históricos y más vi¬
vidos , sin menoscabar su elevación heroica, sino
prestándoles el atractivo de lo inexplicado y mis¬
terioso. En el carácter de Cleopatra, en las pasio¬
nes que agitan su espíritu, hay una indetermina¬
ción y una vaguedad que tienen su fundamento en
la natural condición humana. ¿Es Cleopatra ambi¬
ciosa y soberbia, y ama á Antonio, y tiene celos
de Antonio por ambición, por amor propio y por
orgullo, ó le ama también de amor vehemente,
más ó menos sensual y perverso, pero como aman
otras mujeres enamoradas? Esto, ni lo deslinda
Plutarco, ni Shakespeare lo aclara, ni Cleopatra
misma lo supo durante su vida, ni tuvo de ello
plena conciencia. Tal vez lo sintió todo alternativa
ó simultáneamente, de donde los diversos aspectos
bajo los cuales se nos muestra la figura moral de
la singular Reina de Egipto, último vástago de los
Lagidas; despreciadora de los dioses; sin más ley
moral que su capricho y su deleite; heroicamente
valerosa cuando le daba vigor su orgullo ; con co¬
bardes desfallecimientos de mujer en otras oca¬
siones; prendada acaso real y efectivamente de
Antonio, como antes lo estuvo de César, como lo
están las mariposas de la brillante llama en cuyo
resplandor van á quemarse; y tal vez prendada
de sus ensueños y proyectos de ambición, y de lle¬
gar á ser reina y emperatriz del mundo, impo¬
niéndole como leyes sus antojos desde el Capitolio
de Roma, adonde hubiera subido con Antonio si
Antonio en Accio hubiera vencido.
El admirable ingenio de Shakespeare está por
cima de todas las faltas en que el mal gusto de su
tiempo pudo hacerle caer, que la crítica negativa
señala, y que aquí no se disimulan ni se atenúan
siquiera.
El general aplauso, el entusiasmo secular, la casi
adoración con que Shakespeare es mirado en el
mundo todo, y especialmente por una de las na¬
ciones más inteligentes, ricas, civilizadas y pode¬
rosas que ha habido en la tierra, deben infundir ó
infunden tal respeto, que parece desacato temera¬
rio y punto menos que delirio de la vanidad igno¬
rante y presuntuosa el mirar á Shakespeare con
desdén, poniendo nuestro propio criterio por
cima del de tantos y tan egregios entendimientos
humanos, durante tres siglos, unánimes en ensal¬
zarle.
En España somos no poco inclinados á tales
atrevimientos, que á veces tienen algo de chisto¬
sos, y que á veces también nos parecen simpáticos,
como manifestación de cierta independencia de
espíritu que no se deja arrastrar de lo que otras
personas dicen y piensan. Aquí, si Calderón ó
Lope no nos agradan, tendremos el miramiento
de no silbarlos; pero lo que es el desagrado no le
disimularemos en manera alguna: nuestro disimu¬
lo, en todo caso, valdrá para poner en nuestra re¬
probación la sal y pimienta del chiste. Yo recuer¬
do que personas bastante ilustradas , llamándome
aparte y hablándome cou cierto sigilo, han tratado
de hacerme confesar que la. Eneida y que las Geór¬
gicas eran obras inaguantables; que la litada no
vale un pito, y que yo elogiaba los tales poemas
para no chocar, para conformarme con el parecer
de los doctos y para pasar por docto también.
Hasta se cuenta de un atildado é ingenioso poeta
de nuestros días, que, poco antes de morir, llamó
á sus hijos como si tratase de hacerles importan¬
tísima revelación , y lo que les reveló fue que el
Dante le apestaba.
La verdad es que lo dicho no carece d© gracia,
y que demuestra que, así como ya no hay Inqui¬
sición para las cosas de la fe, tampoco debe ha¬
berla para la literatura, y que cada cual debe ser
libre de examinar y de juzgar según su criterio
y como mejor le parezca á los autores vivos y
muertos.
Indudablemente los principios en que se funda
el criterio literario no son un dogma revelado;
pero, en mi sentir, no son tampoco meramente
subjetivos. Para mí, así como la moral tiene un
fundamento absoluto, superior á toda mente hu¬
mana, así también, y si no tan claro, no menos
firme ni menos absoluto, tiene su fundamento la
estética, por cuya virtud comprendemos lo bello y
juzgamos las obras literarias y artísticas.
Ahora bien; ¿no es lícito sospechar, como conse¬
cuencia de lo expuesto, que implica por lo menos
frivolidad, intelectual miopía, ó ineptitud para
fijar la atención y comprender las cosas, el desde¬
ñarlas por malas ó por poco divertidas cuando
han sido celebradas como buenas y excelentes por
inteligencias superiores de varias épocas y países?
Shakespeare tendrá sus defectos. ¿Qué sér hu¬
mano no los tiene? Pero mucho ha de valer, á pe¬
sar de ellos, cuando nación tan grande y tan do¬
minadora en el mundo como la nación inglesa
ha hecho de él su ídolo; cuando Emerson se atreve
á decir que dicho poeta anuncia la posibilidad de
la aparición en la tierra de una raza superior á la
humana, y cuando Carlyle afirma que Inglaterra,
su patria, preferiría perder todo el Imperio de la
India á perder á Shakespeare, ya que éste, per¬
dida *la India y desbaratado y roto en mil pedazos
el Imperio británico, será todavía inmortal y glo¬
rioso lazo de unión de cuantos hombres esparcidos
sobre el haz de nuestro planeta sigan hablando en
inglés y pongan en Albión el origen de su casta.
No habrá autonomía, ni completa independencia,
ni sujeción á nuevo dominio que destruya ó borre
la original fraternidad de los ingleses, cuya más
clara manifestación será el libro que contiene los
dramas del gran poeta. Así, Cervantes, no sólo
para la Península española, sino para todas sus
antiguas colonias, hoy Repúblicas independien¬
tes, será rey ó benigno tirano, cuyo yugo no sacu¬
dirán nunca, y que las unirá á nosotros mientras
no se olvide el habla castellana, y contribuyendo
noble y eficazmente á que no se olvide.
Ya hemos visto que el asunto no es para desde¬
ñado, porque, sobre ser de muy apasionados amo¬
res, envuelve en sí la suerte del mundo en un so¬
lemne momento histórico; y, con el nacimiento
del imperio de Roma, constituye y marca una
nueva era. Plutarco, al referirlo todo, me parece
que no lo ha echado á perder. Shakespeare no lo
ha estropeado tampoco, á pesar de sus eufuísmos
y desarreglos. ¿Lo habrá estropeado acaso Euge¬
nio Sellés? Pero ¿cómo ha de ser esto posible?
Eugenio Sellés, procediendo con el más atinado
buen gusto y sujetándose á las exigencias del tea¬
tro en el día, ha suprimido cuantos personajes no
son indispensables para que la acción se cumpla,
se realice á la vista de los espectadores y sea com¬
prendida por ellos; ha procurado observar el pre¬
cepto de las tres unidades, y casi ha logrado la de
lugar, evitando las frecuentes mutaciones de es¬
cena, la subida y bajada de los telones y la tras¬
lación algo fatigosa del público, aunque sea en
espíritu, de Egipto á Italia, de Italia á Grecia, y
de Grecia á Egipto de nuevo; ha traducido fiel¬
mente, en elegante y castiza prosa castellana, lo
más bello de Shakespeare, y, por consiguiente, lo
más bello también de Plutarco; y, por último, si
vale decirlo así sin faltar al respeto que á Shake¬
speare se debe, ha hecho algo parecido á lo que
haría hábil y entendido agricultor que convirtiese
un magnífico, frondoso y un tanto cuanto enma¬
rañado bosque, donde pudiéramos extraviarnos,
en primoroso huerto, en el que persisten las más
ricas y lozanas plantas y flores que en el bosque
había, y donde siempre quedan á la vista, sin per¬
derse en el exuberante laberinto del follaje, las
dos personas, sobre las cuales importa que la aten¬
ción se fije.
Claro está que para leer á Shakespeare en casa,
todo este arreglo estaría de sobra y hasta sería
una profanación; mas para ver la obra de Shake-
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BELLAS ARTES.
PAISAJE,
POR J. MORERA.
m
-
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BELLAS ARTES
T
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CUADRO DE VAN DYCK
46 — N.° iii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Enero 1898
apeare en España y en el teatro, era indispensable
el arreglo, y Eugenio Sellés le ha llevado á cabo
con amor y con entendimiento del eminente poeta
cuya obra arreglaba, con no corta habilidad y con
el conveniente saber y experiencia de los efectos
y juegos de la escena.
Hecha así la apología de la tragedia Cleopatra,
que recientemente se ha estrenado en el teatro
Español, resulta grave acusación contra el pú¬
blico, á causa de su frialdad y de sus desdenes.
Tal vez me calificará alguien de contemporiza¬
dor; tal vez me llamará, y perdóneseme lo bajo y
familiar de la palabra, sobrado pastelero. Yo, sin
embargo, voy á ver si disculpo al público ó ate¬
núo al menos su pecado. Líbreme Dios de ser poco
galante, de echar la culpa de todo á las mujeres,
y de decir como decía Iriarte, hace ya cerca de
un siglo:
Las miyeres, que ahora no despuntan
Como en siglos pasados por discretas,
Si en el teatro público se juntan,
Aplauden cuando más al tramoyista,
Oyen tal cual chulada del sainete,
Y sirve lo demás de sonsonete
Mientras que están haciendo una conquista.
Nada de eso. Las mujeres son en el d^a tan dis¬
cretas ó más discretas que en cualquiera otra épo¬
ca. Su afición á hacer conquistas no es mayor ni
menor. Y en lo tocante á que gusten de las chola¬
das ó chuscadas de los sainetes, lo que es yo las
absuelvo, y hasta me confieso tan pecador como
ellas, porque también á mí me divierte y me hace
reir lo chusco ó lo chulo, y no veo por dónde ha
de oponerse esto á que agraden é interesen tam¬
bién las tragedias. Jamás he llegado á compren¬
der ese á modo de antagonismo , de que ahora se
habla tanto, entre el género grande y el género
chico . A mi ver, todo lo que es ingenioso, inspi¬
rado y sentido, ya propenda á conmover, ya ten¬
ga por objeto excitar la risa, pertenece al género
grande, aunque sea un sainete, como La Casa de
tócame Roque ó Las Castañeras picadas , ú otros
de autores vivos que no nombro, para que nadie
diga que los adtilo. No consiste, pues, ni en la fri¬
volidad de las damas, ni en sus pobres y malos
instintos literarios el que la Cleopatra no agrade.
Otra razón se aduce para esto, pero aun me pa¬
rece más falsa. Se dice que vivimos en tiempos
harto calamitosos y tristes, por lo cual no quiere
la gente que se añadan calamidades y tristezas
fantásticas á las reales y positivas que ya la abru¬
man, sino que quiere ir á reir y no á llorar al
teatro.
El anterior razonamiento, con todo, no tiene
fuerza alguna cuando se considera que, por cala¬
mitosos que sean los tiempos presentes, apenas
hay tiempo pasado que pueda calificarse de mejor,
en toda la prolongación de los siglos, por donde
siempre debieron de agradar los sainetes y des¬
agradar las tragedias. Y por otra parte, las lágri¬
mas que puede hacer verter una tragedia y el te¬
rror y la compasión que la tragedia inspira, son
de otra índole muy diferente de las lágrimas, del
terror y de la compasión que causan los aconteci¬
mientos reales y no imaginados ó reproducidos
imaginariamente, con arreglo á lo que sucedió si¬
glos há. De aquí lo que llamaba Aristóteles purifi¬
cación de las pasiones en el drama, porque nues¬
tro llanto, nuestra compasión ó nuestro terror,
por lo que en nuestra vida real sobreviene, traen
siempre consigo el dolor, la amargura y la pena,
mientras que el llanto, el terror y la compasión
que nacen por virtud estética en el espíritu hu¬
mano, realzan este espíritu en vez de deprimirle,
y soberanamente le deleitan. Y en el caso de
Cleopatra se ve esto con mayor claridad que en
cualquiera otro caso. ¿Qué espectador habría en el
teatro la noche del estreno que hubiera perdido ó
que temiera perder el imperio del mundo, que
hubiera dominado despóticamente multitud de
pueblos distintos, que hubiera tenido príncipes y
reyes en su séquito, y que hubiera caído por su
estupendo orgullo , por la ceguedad de sus amores
ó por sus crímenes casi sobrehumanos de puro
grandes, en tan hondo abismo como cayeron Cleo¬
patra y Antonio desde elevación tan pasmosa?
Confesemos que la compasión y el terror que pue¬
de infundir tal caída, por lo mismo que es tan
descomunal y extraordinaria, no molesta ni dis¬
gusta. Cualquier sainete, por gracioso que sea,
puede molestar y disgustar más. El Sutil trampo¬
so , por ejemplo, molestará interiormente, aunque
exteriormente haga reir, á todos los tramposos
más ó menos sutiles que le vean ó le oigan. Y Los
Tres novios imperfectos afligirán más que las des¬
venturas de Cleopatra y de Antonio á cuantos no¬
vios carezcan de perfecciones y de requisitos, acaso
más trascendentales que los que faltaban á los tres
del sainete, que eran: tuerto uno, sordo otro, y
otro tartamudo.
En suma; por nada de cuanto va dicho ha des¬
agradado ó ha agradado poco la tragedia de Cleo¬
patra. La causa del desagrado estriba en lo poco
que se fija la atención; en que entre nosotros acude
la gente al teatro, más para ver y ser vista, que
para oir los dramas; y en que cierto género de
composiciones requiere y hasta exige cuidadoso
recogimiento para comprenderlas bien, estimarlas
y juzgarlas. El mismo público que hubo en el tea¬
tro Español la noche del estreno, hubiera aplau¬
dido y celebrado la Cleopatra si la hubiera mirado
y escuchado más atentamente. Entretanto, yo creo
que, en vez de motejarle por su falta de atención,
y en vez de censurar su ligereza, debemos celebrar
y aplaudir que sé haya aficionado á ir al teatro Es¬
pañol y á escuchar las obras maestras, aunque pe¬
que en ocasiones de algo distraído. Esperemos que
se corrija de esta falta y que así contribuya eficaz¬
mente á que reverdezcan los laureles y á que re¬
viva la gloria que las musas de España alcanzaron
en su teatro, el cual compite en hermosura, en
elevación y en gracia con los de las demás nacio¬
nes del mundo, superándolos en riqueza.
La actual compañía del teatro Español se esmera
con tino y por cuantos medios están á su alcance
para que se realice dicha esperanza, y algo hace
también el público para ello acudiendo ahora al
teatro Español con empeño y constancia que desde
hace años no se mostraban. Nadie, pues, debe que¬
jarse de la indiferencia del público. De su distrac¬
ción en algunas obras serias hay, en mi sentir,
hasta ciertas causas materiales que serían muy fá¬
ciles de remediar. ¿Por qué ha de empezar la fun¬
ción por una obra importante, que exige ser oída
desde el principio, con reposo y con el espíritu
completamente despejado? Mi observación hará
reir, pero no importa: he de atreverme á decirla.
La gente come muy tarde en Madrid; llega al tea¬
tro á la mitad del primer acto, ó cuando ya el pri¬
mer acto ha concluido: se sienta de mal humor
porque ha tomado de prisa el café ó porque no le
ha tomado, y porque no ha fumado si fuma. El es¬
pectador, sobre todo el espectador elegante, se
halla así muy mal dispuesto para escuchar con
atención un drama que la merezca y que sin aten¬
ción no puede comprenderse ni estimarse en lo
justo. Debiera, pues, toda función de teatro em¬
pezar por el sainete, que en vez de llamarse fin de
fiesta , se podría llamar algo que equivaliese en
nuestra lengua á lo que llaman le ver du r idean en
Francia. Desde el fin del sainete hasta el comienzo
del drama, pudieran mediar dos ó tres cuartos de
hora para que charlasen y flirteasen galanes y da¬
mas, para que estuviesen ya reposados y bien aco¬
modados los espectadores que hubiesen venido á
pie, y para que todos estuviesen ya en el teatro,
sin que interrumpiesen la representación los que
á cada momento, durante ella, fuesen llegando de
sus casas. Convendría también que, durante la re¬
presentación, se atenuase muchísimo la luz de la
sala, á fin de que los espectadores no se distrajesen
mirándose unos á otros y fijasen la mirada y la
mente en el escenario. No estaría de sobra, por
último, que, una vez empezada la representación
de un drama, fuesen los entreactos lo más cortos
que se pudiese. Así no se daría tiempo para que los
espectadores se reinstalasen cómoda y honda¬
mente en la vida contemporánea y real de Ma¬
drid, y no tuviesen que hacer un grande esfuerzo
de voluntad para echar á volar la imaginación pe¬
rezosa cada vez que el telón se levantase de nuevo,
y salvar con ella, en Cleopatra , por ejemplo, en
el tiempo veinte siglos, y en el espacio toda la mul¬
titud de kilómetros que hay desde Madrid á Ale¬
jandría.
De todos modos, y aun Sin apelar á estos y á
otros remedios, tal vez la Cleopatra acabe por
agradar cuando la gente se haga cargo de que debe
ser así, y verdaderamente sienta el agrado, porque
lo que es yo, lo digo con franqueza, detesto la hi¬
pocresía, y prefiero que silben á Sófocles, á Sha¬
kespeare, y á otro mayor dramaturgo si le hu¬
biese, aunque fuera yo quien le tradujera ó le arre¬
glara, á que le aplaudiesen como para cumplir un
deber de conciencia, aparentando entusiasmo y
disimulando bostezos.
Juan Y alera.
TRIBUNALES DE AMOR EN PROYENZA.
Los siglos medios fueron de exaltación guerrera
y éxtasis poético. El combatiente y el trovador se
aunaban. Las grandes hazañas brotaban de los
grandes caballeros, y en el altar de la hermosura
se consagraban cantadas por el inspirado bardo.
La Provenza, ya romana y pagana, ó cristiana,
fue siempre una encarnación viva del regionalis¬
mo. Del m al Xin siglo tardó empero en consti¬
tuir su lengua y nacionalidad provenzal; pero en
todos ellos acentuó su carácter por esencia román¬
tico y poético, artístico y monumental.
Quieren algunos que la Provenza sea la Italia de
Francia, y la llaman ya desde la época romana,
tierra amada de los dioses inmortales, preferida á
Roma por senadores y cónsules, y donde César
buscaba descanso en Apta Julia ; recuerdan la Ve¬
nus de formas divinas, obra maestra de la escul¬
tura antigua fundada en Arlés; el arco de triunfo
de Orange; el templo de Nimes, más grandioso
que el de Roma, Yerona, Tarragona y Arlés, donde
veinte mil romanos veían caer á los gladiadores
saludando á César; y á pocos pasos de esa gigan¬
tesca Maison carré , el templo á Diana, cuyas cas¬
tas sacerdotisas se bañaban allí cerca, al abrigo de
las discretas y espesas arboledas; y después la
fuente de Vaucluse evocando las cascadas de Tí-
voli y Géménos, y la Sainte-Baume disputando á
los Apeninos sus árboles seculares, y Sainte-An-
toine, jardín encantador, aromatizado con el eter¬
no perfume de sus flores.
La leyenda refiere cómo sucedió la Pro venza
cristiana á la Provenza pagana. Aquella civiliza¬
ción á la vez potente y enervante, con sus cir¬
cos, sus teatros y sus fiestas perpetuas embriaga¬
doras de perfumes y alegría; sus sacerdotisas y sus
pontífices, sus gladiadores y sus esclavos, y sus or¬
gías amorosas, se vió interrumpida primero, ano¬
nadada después, por la llegada de Lázaro, el resu¬
citado Lázaro, seguido de María y Magdalena, las
santas mujeres que acompañaron á Jesús; y Mar¬
sella primero, y luego toda la Provenza, abolió los
falsos dioses, adorando al verdadero, y dedicando
al antiguo centurión Víctor, cristianizado bajo el
imperio de Diocleciano, y á Casiano, hospitales,
vías públicas, asilos y fundaciones de toda especie
á su advocación evangelizados. Y con tanto fervor
se arraigó el culto, que más adelante, cuando los
piratas africanos remontan el Ródano, la Proven¬
za, inspirándose en el héroe romancesco de la poe¬
sía meridional, Górard de Roussillon, se defiende
con ejemplarísima bravura, repugnando el rito
mahometano, y las piadosas y heroicas marsellesas,
para salvar su honor del desenfreno de las hordas
sarracenas, se desfiguran por completo los bellos
rostros, amputándose la nariz.
El siglo de oro de la poesía provenzal fué aquel
en que gobernaron los Condes de Barcelona, y
poético fue también el comienzo de esta soberanía.
Dulce, así llamada, la bella hija de Gerberge, en
la que acababa la primera dinastía de los Condes
de Pro venza de la raza germánica, casó con Ra¬
món Berenguer, conde de Aragón y de Barcelona.
Apasionada de su marido, quiso declinar en él todo
poder, cediéndole en absoluto sus derechos para
que fuera el dueño y señor de cuanto poseía, como
lo era de su cuerpo y de su alma: de este rasgo de
amor ardiente proviene la dinastía de los Condes
de Provenza-Catal uña- Aragón.
El florecimiento de la poesía provenzal ¿obede¬
ció al influjo de la poesía árabe, esplendente á la
sazón en los reinos de Sevilla, Granada y Córdoba,
dominados por los sarracenos?
Están divididas las opiniones, y los contradicto¬
res de esa influencia la creen nula, ó cuando me¬
nos muy exagerada, citando porción de trovadores
considerados como maestros en gaya ciencia, y
respecto de los cuales aparece evidente la imposi¬
bilidad de ser inspirados por los poetas árabes, á
quienes cronológicamente precedieron.
Citan, entre otros, al renombrado Bemard, el
bardo enamorado de la poderosa dama Agnés de
Montlu^on. «Las dulces canción es — decía el infeliz
Bernard — nacen todas del corazón: ¿quién sino el
amor puede inspirarlas? Hasta lo que sufro por él
me agrada; no conozco de mi amor más que las in¬
quietudes que me inspira; si sus penas tienen para
mí tanto encanto, ¿qué podría decir de sus placeres?
Mi dicha es inmensa cuando, traído por los aires,
me parece recoger un suspiro de mi amada ; todo
lo demás para mí en el mundo no existe, y en esos
momentos, aun en mitad del riguroso invierno,
parécenme los prados cubiertos de verdor, y la
nieve es para mí como un tapiz de flores.»
Todo esto en verso y con vihuela debía tener
una gran importancia artística y excepcional en
aquella época donde indispensablemente cada tro¬
vador se enamoraba á rabiar de la chátelaine, á
cuyo marido ó padre prestaba servicios poéticos-
filarmónicos ; y aun cuando las crónicas hablan
de muchas castellanas rendidas por la dulce con¬
vicción de la gaya ciencia, también enumera casos
como el de Bernard, y otros aún peores, condena¬
dos siempre á contar su amor á las estrellas y á
salir escapados de los castillos con la vihuela á
media asta, perseguidos por los celos y los largos
espadones del airado chátelain . Así le ocurrió á
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22 Enero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° ni — 47
nuestro Bernard, al cual, dicho sea entre parénte¬
sis, no se le ocurrían en sus versos cosa muy fuera
del alcance del último de nuestros amantes ó te¬
norios callejeros contemporáneos. El cliátelain de
Ventadour, de quien era esposa la sugestiva Agnés,
lo plantó en mitad de la corriente, y nuestro bardo
fue por el pronto á buscar abrigo á la corte de
Eleonora de Guyena, á la sazón en todos los es¬
plendores de la galantería.
Allí Bernard, ante el recuerdo implacable de su
dama, sigue cantando, y dice: «¡Que no pudiera
hender el aire como la golondrina, y llevar cada
noche mi corazón á los pies de aquella á quien de¬
dico mis canciones ! Alejado de la que amo , su
imagen llena mi sér, llevándola grabada en mi co¬
razón. Cada mañana el ruiseñor me despierta can¬
tándome sus amores; sus dulces gorjeos son prefe¬
ribles á mi inquieto y ardoroso ensueño. El viento
que viene del castillo de mi dama me acaricia,
trayéndome los perfumes del Paraíso; mi amor es
tan exclusivo, que no hay reina ni duquesa que
pudiese tentarme, y yo rehusaría lo mismo el amor
de la Condesa de Provenza que el de la preciosa
dama de Saluce , ó el de su hermana Beatriz de
Yiennois, porque no amo más que á ella.»
¡ Lo mismo que si al bueno del trovador le hu¬
biesen hecho el amor esas esplendentes hermo¬
suras!
Así cantaban los bardos proven zales en la época
del florecimiento de la poesía provenzal, de esa
que muchos cronistas de la gaya ciencia no quieren
ver influida por los poetas árabes: como para mues¬
tra basta un botón, no extractaremos ningún tro¬
zo de Pons de Capdeuil, otro de los maestros ena¬
morado sucesivamente (éste es reincidente) de
Azalais d’Anduze y de la Vizcondesa de Marsella;
ni de Geoffroy Rudell , apasionado de la hija del
Conde de Tolosa; ni de Folquet, loco de amor por
Azalais de Roquemartine; ni de tantos otros tro¬
vadores que lanzaron á los cuatro vientos sus ayes
amorosos y los pasaron á la posteridad, sin impor¬
tarles un ardite de cómo recibiría el mundo estos
desahogos líricos y públicos respecto de damas
sujetas á indisolubles vínculos; pero no resisti¬
mos á la tentación de copiar algo de Arnaud de
Marveil — de quien dijo Petrarca, el rnen f amono
Amoldy — también enamorado de otra hija del
Conde de Tolosa, á quien conoció en una excur¬
sión que hizo á su corte, según los cronistas, digna
de los más altos soberanos.
« ¡Oh Dios! — cantaba Arnaud; — ¡quién hubiera
podido prever que, en llegando á este país, paga¬
ría tan cara la temeridad de ver tanta belleza y
tanta gracia! Forzoso es alejarme; pero mi corazón
es como un espejo que me representa sus encan¬
tos; todo me la recuerda: la frescura del aire, las
praderas esmaltadas y el color de púrpura de las
flores. ¡Oh! yo digo que es la más bella del uni¬
verso. ¡Tan graciosa y tan sublime !..... Ninguna
razón puede oponerse á mi anhelo: es verdad que
precisa dejar a los reyes el honor de suspirar por
ella; pero el amor nos hace á todos iguales; mi co¬
razón vale tanto como el de los reyes, duques ó
condes. César venía de la nada y fué emperador;
¡yo podría aún, pues, elevarme hasta ella!.....»
Aparte de que no se elevó, porque una cosa es
nacer trovador y otra nacer César, la bella hija
del Conde de Tolosa tenía, por lo visto, distintas
opiniones amorosas y sociales que Arnaud de
Marveil, y sin conmoverse ante tanto amor, pre¬
firió casarse con Alfonso IV, rey de Castilla, ínte¬
rin, cuando menos, llegaba á César el trovador
gentil; con lo cual no hay para qué decir las tro¬
vas que el desahuciado amante echó al mundo.
Los tribunales de amor — ya llegamos á ellos —
respondían á este medio ambiente exaltado y ga¬
lante de delirio amoroso y de monomanías de
grandezas poéticas, artísticas y de perenne é inci¬
tada adoración á la hermosura.
Cuatro tribunales ó cortes de amor de carácter
principal existieron en Provenza, y radicaban en
Pierrefeu, Romanee, Avignon y Signe; este último
uño de los más nobles y más célebres, cuyas sen¬
tencias se invocaban por su gran autoridad.
Car Tolrai per me ai jugement
L'onorat castel de Signe.
Presidía Beltrame, dama de Signe, y, entre otras
bellas y excelentes magistradas, figuraban la Viz¬
condesa de Avignon; iStefanía, dama de Baulx;
flermesinda, dama de Porquiére; Mabile, dama
d’Orgon; Rostange, dama de Pierrefeu, todas jó¬
venes, expertas en cosas de galanterías, y con el
corazón y la cabeza volcanizados de amor y poesía.
El tribunal de Signe tenía una especie de có¬
digo previamente discutido y votado, al que se
prestaba ciega devoción, y cuyas reglas se aplica¬
ban de modo inexorable en las sentencias, á saber:
I. Quien no sabe callar y no sabe amar .
II. Nadie puede tener dos amores sinceros á la vez .
III. Los dones y expansiones del amor deben ser
voluntarios .
IV. El amor no ha vivido jamás en la casa de
la avaricia .
V. El amor no puede ser estacionario; debe siem-
pre aumentar ó disminuir .
VI. La facilidad de poseer mata él amor; las di¬
ficultades lo aumentan .
VII. Guando él amor disminuye , acaba pronta
y necesariamente .
La corte suprema estaba en Romanee, presidida
por la gentil Planéte de Gantelme , asistida de la
Marquesa de Malespino y de Saluce; Clarete, dama
de Beaux; Laurette de Saint-Laurent; Cécile de
Rascas; Hugone de Sabran, hija del Conde de For-
calquier;Héléne, damadeMonpasset; Isabel, dama
de Aix; Ursine, dama de Montpellier; Alicia de
Mauleón; Elisa de Meirargue y Laura de Sade,
constituyendo estos nombres un areópago de her¬
mosura y nobleza, cuyos fallos eran incuestiona¬
blemente acatados, y siempre confirmaron los de
la corte de Signe, aplicando el breve código antes
transcrito.
En estos tribunales de amor los sentimientos
elevados y nobles tenían firme apoyo, y toda in¬
delicadeza sufría dura condena. Las discusiones y
sentencias, unas veces en los suntuosos castillos y
otras bajo los frondosos árboles y entre el tejido
de perfumadas flores, menos bellas que las gracio¬
sas y poéticas magistradas, atraían concurso esco¬
gidísimo, ávido de las emociones suscitadas por
el debate de los casos particulares ó las cuestiones
de carácter general sometidas á discusión y fallo.
Haremos mención de algunas de ellas.
Cuestión propuesta: «La dama que se casa ¿puede
legítimamente guardar en el fondo de su corazón
un primer amor sin hacer traición á su marido?»
La cour , después de maduro examen, falla: «Nada
es más conforme á las tiernas leyes del amor: la
chátelaine no debe olvidar al caballero que la ha
amado, porque la fe dada es inviolable.»
Contra este fallo parécenos que siempre debió
interponerse, no recurso de casación , sino de di¬
vorcio; prueba, sin embargo, el exceso de poesía y
romanticismo de la época.
Cuestión propuesta: «Un amante dichoso y ama¬
do ha cortejado, sin embargo, á otra dama; después
de un mes de ausencia y olvido, vuelve al primer
amor: ¿la dama ofendida debe perdonar ó rehu¬
sar?» Discusión tumultuosa, larga y tendida; tem¬
peratura elevada; la cour falla: «Tal es la naturaleza
del amor; siempre que dos amantes aparenten de¬
sear otras relaciones de amor para probar la fide¬
lidad y la constancia de la persona amada, será
ofender los derechos del amor verdadero rehusar
las ternuras de un amante que vuelve, á menos
de existir pruebas de evidente y completa trai¬
ción.»
Este fallo resulta un poco obscuro y algo incon¬
gruente. Ignoramos si se pidió aclaración de sen¬
tencia en tiempo y forma.
Cuestión propuesta: «Un caballero eternamente
rechazado por la dama de sus amorosos pensa¬
mientos, la regala porción de objetos; la dama los
acepta, pero no el amor.» La cour falla: «Es pre¬
ciso devolver esos dones; ninguna dama, á menos
de ser del rango des courtisanes á ceinture dorée ,
puede aceptar obsequios de un amor rechazado.»
Cuestión propuesta: «Un amante divulgó el se¬
creto del amor generoso.» La cour falla: «Que ja¬
más pueda ser objeto de amor por dama alguna, la
cual, si contrariase la sentencia, sería inapelable¬
mente excluida de la sociedad en la Provenza en¬
tera.»
Fallo viril y justo, si raro de aplicar en aquellos
afamados y venturosos tiempos de exaltación y
fe caballeresca, de hidalguía y de apasionados y
sinceros sentimientos, no así en otros.
El Conde de Torre-Vélez.
EL SISTEMA MÁS CÓMODO.
F ABULILLA.
Pegando ¿ los animales
Con los que estaba enojado,
Hizo un borrico ilustrado
Varias críticas formales;
Y aunque el perro á todas horas
Le ladraba y le ofendía
Y á veces le dirigía
Palabras calumniadoras,
El borrico , con cordura
Y demostrando cachaza,
No dirigía á la raza
Canina ni una censura.
Siempre que un insulto oia
De la boca de algún can,
Juzgando necio su afán
Callaba y se sonreía;
Y si alguien le aconsejaba
Variar de procedimiento,
Con mucha calma el jumento
De este modo contestaba :
— ¿Variar? No; pues sé, á pesar
De que es grande mi ignorancia,
Que sin darles importancia
Hago á los perros rabiar.
Pues, sin publicar sus yerros,
Ya pasan muy malos ratos
Siempre que elogio á los gatos,
Que es censurar á los perros.
José Rodao.
UN ANIVERSARIO SOLEMNE
EN LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS EXACTAS,
FÍSICAS Y NATURALES.
0^50!^? F^N Ia historia del año próximo pasado
vJtVs V) consignará en sus actas la Real Aca-
demia de Ciencias el recuerdo de la
sesión especial que dedicó en 14 de
MaY° a celebrar el quincuagésimo ani-
versar^° del ingreso en la misma de
^ ' los preclaros y sabios varones Sres. Paz
Graells y Duque de la Victoria, que tanto
han enaltecido al profesorado y al cuerpo
de Ingenieros con sus trabajos, y que tanto
honran á aquella respetable Corporación. A la
inapreciable dicha de ser debidamente estimados
por su saber, y de gozar de universal considera¬
ción por sus relevantes prendas personales, unen
la muy envidiada de haber alcanzado larga exis¬
tencia, merced á cuyo privilegio han podido os¬
tentar sobre su pecho, durante cincuenta años, la
medalla de académicos. Mayor dicha es todavía la
de conservar, como conservan, la inteligencia y
el corazón sanos y vigorosos para continuar sien¬
do útiles á la enseñanza y al progreso de los inte¬
reses de la patria. No es esta la ocasión de hacer
de nuevo su biografía, pero sí deseamos, ai publi¬
car sus retratos en la página 40 y tributarles este
justo homenaje de consideración, reproducir el
texto del acta de la solemne sesión del aniversa¬
rio, debida á la correctísima pluma del reputado
hombre de ciencia, nuestro querido amigo el señor
D. Miguel Merino, secretario perpetuo de la Aca¬
demia, que dice así:
«Como miembros fundadores de esta Real Aca¬
demia, designados, uno por el Gobierno de S. M.,
juntamente con otros diez y siete insignes varo¬
nes de bien ganada reputación científica, y nom¬
brado el otro, también con diez y siete más, por
aquellos diez y ocho, primeros ilustres predece¬
sores nuestros — de conformidad todo con lo pre¬
ceptuado en el art. 4 del Decreto de su creación,
rubricado por S. M. la Reina D.R Isabel II á 25 de
Febrero de 1847, — pertenecen á esta Corporación
á contar, respectivamente, del 4 de Marzo y 3 de
Abril del mismo año, los Sres. D. Mariano de la
P. Graells y D. Cipriano S. Montesino. De los
los treinta y seis Académicos fundadores, treinta y
cuatro han dejado de existir durante este medio
siglo de incesante y afanosa Jucha por legar á la
posteridad grata memoria de su atropellado paso
por el mundo; y á estas horas, como lazo de unión
entre lo pasado, lo presente y lo venidero, recuer¬
do venerando del día de ayer, y ejemplo vivo,
digno de imitación, que debe servirnos de guía y
aliento para el de mañana, sólo conservamos en¬
tre nosotros, en estado, por gran fortuna, de en¬
vidiable salud corporal y de perfecta conserva¬
ción, mucho más envidiable todavía, de sus rele¬
vantes facultades mentales, entusiasmo por los
progresos de las ciencias y amor ála ilustración y
ventura del país, á los dos tan respetables señores
mencionados.
»Nada, pues, tiene de extraño que el pensamiento
de rendirles un tributo de justificada y especial
consideración, y señal de afectuoso compañerismo
al mismo tiempo, con motivo del quincuagésimo
aniversario de su ingreso en la Academia, naciese
vigoroso en la mente de algunos señores Acadé¬
micos: no sé de quiénes, ni considero tampoco
pertinente tratar de averiguarlo. Porque el pen¬
samiento, tímidamente aventurado en reunión
amistosa, celebrada á fines del mes de Febrero, y
presidida, por cierto, con discreción y tino ejem¬
plares, por nuestro siempre muy apreciado com¬
pañero, eminente botánico D. Miguel Colmeiro,
fué acogido con franco y caluroso aplauso por
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cuantos á lá reunión asistieron;
y también por aquellos otros se¬
ñores, en muy reducido núme¬
ro, á quienes el mal estado de su
salud, ó la necesidad de atender
al desempeño de obligaciones
imprescindibles, no permitieron
acudir á ella; pero que, tan pron¬
to como tuvieron conocimiento
preciso de su objeto y resultado,
se adhirieron ai pensamiento y
resolución de sus compañeros,
movidos por el mismo generoso
impulso que á todos animaba.
»E1 acuerdo, en suma, fue uná¬
nime; y en el modo de manifes¬
tará los Sres.Graells y Montesino
los sentimientos de respetuoso
afecto hacia ellos, y de justa y
elevada estima que le habían
dictado, después de meditado el
asunto, procurando huir de im¬
procedentes alardes de vanidosa
ó juvenil ostentación, tampoco
hubo discrepancia ninguna de
pareceres. Por unanimidad tam¬
bién se convino en ofrecerles
por igual una plancha de plata,
con dedicatoria adecuada al ca¬
so, conmemorativa del quincua¬
gésimo aniversario de su ingreso
en la Corporación, en los días,
respectivamente, 4 de Marzo y
3 de Abril del año 1847, acompa¬
ñada de expresiva, aunque sen¬
cilla, carta de felicitación, sus¬
crita por los donantes de una y
otra planchas.
» Preparadas éstas, citóse á
nueva junta para el 14 de Mayo,
á las nueve de la noche , en la
sala de sesiones privadas de la
nueva casa de la Academia, que,
con tan fausto motivo, se inau¬
guró en la misma noche; junta á
que, voluntariamente, bien pue¬
de asegurarse que no faltó nin-
DON ENRIQUE FRENAS,
EMINENTE CRÍTICO MUSICAL,
PROFESOR DEL CONSERVATORIO DE MÚSICA DE BUENOS AIRES.
guno de los miembros numera¬
rios de la Corporación, en pose¬
sión y ejercicio de su honroso
cargo.
»Y en la cual, después de dar
cuenta el que suscribe, para co¬
nocimiento especialmente de los
Sres. Graells y Montesino, úni¬
cos que en realidad lo ignoraban,
por haberse evitado cuidadosa¬
mente que fuera de sazón lo su¬
piesen, del objeto que la motivaba
y de los antecedentes ó tramita¬
ción, que al punto en que nos
encontrábamos ahora desde un
poco lejos nos había traído, le¬
yéronse las dos cartas de felici-
. tación, sin variantes una de otra
en el texto, que á continuación
se copia, autorizadas y realzadas
con las firmas, por el orden de
su consignación , de los Sres. La¬
guna, Puerta, Cortázar, Colmei-
ro, Los Arcos, Jiménez Hidal¬
go, Arrillaga, Torroja, Calleja,
Egozcue, Carracido, Rico, Rojas,
Echegaray, Escosura, Becerro de
Bengoa, Salvador, Moret, Botella,
Navarro Reverter, Saavedra, Ba¬
rra juer, Bosch y Merino; y se
les hizo entrega de las planchas
conmemorativas á que en ellas
so alude.
i» Profundamente conmovidos
por la muestra de consideración
que se les tributaba, de bien es¬
caso valor intrínseco, pero de al¬
tísima y muy satisfactoria signi¬
ficación por su procedencia, en
sentidas palabras, que llegaron
también al alma de los oyentes,
los Sres. Montesino y Graells die¬
ron, sucesivamente, por ello las
gracias á sus compañeros, de¬
seándoles además a todos larga
vida, consagrada al culto de las
ciencias, en bien de la patria y
MATANZAS (isla de cuba). — casa consistorial de la villa de colón.
(De fotografías.)
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VI MC S
TWta3£
LA BUENAVENTURA AL ALCANCE DE TODOS,
DIBUJO DE P. MOTA.
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para esplendor legítimamente adquirido de esta
Academia, por cuya prosperidad y buen noínbre
tenemos todos, nos recordaron, el deber de afa¬
narnos más y más cada día.
»Después de lo cual, por indicación muy oportu¬
na del Sr. Echegaray, prescindiendo de palabras
convencionales y dando rienda libre á los impul¬
sos generosos del corazón, con los cuales no hay
arrebato de elocuencia que ventajosamente com¬
pita en situaciones como esta que en vano hemos
procurado describir, levantáronse los concurren¬
tes al acto, y le pusieron digno fin cambiando es¬
trecho y cariñoso abrazo con los Sres. Graells y
Montesino, quienes se despidieron de todos sus
compañeros embargados por grata y honda emo¬
ción, que inútilmente procuraban dominar.»
He aquí el texto de la carta entregada á dichos
señores, y que firmaron, como queda dicho, todos
sus compañeros:
«Los académicos que suscriben tienen la honra
de ofrecer á V. E., en señal de merecido respeto
y de justa y elevada consideración á sus prolon¬
gados y eminentes merecimientos y servicios
científicos, la adjunta plancha de plata, conme¬
morativa del quincuagésimo aniversario de su in¬
greso, como miembro fundador, en esta Real Aca¬
demia.
» Verdaderamente insignificante es por su valor
material la ofrenda que le presentan; pero V. E. la
comunicará superior realce y precio de envidiable
estima si atiende á lo <^ue significa en realidad y
la recibe como expresión, aunque abreviada, muy
elocuente, del afecto que le profesan los que se
honran militando en cierto modo á sus órdanes,
consideran en V. E. simbolizada la historia glo¬
riosa de la Corporación y se dan por enaltecidos
con el título de compañeros suyos.
»Y V. E., bondadoso siempre, de seguro la acep¬
tará gustoso en tal sentido, y nos dispensará así
nueva ó inolvidable prueba de fraternal cariño.
»Madrid, 14 de Mayo de 1897.
»Excmo. Sr. D. Mariano de la Paz Graells.
»Excmo. Sr. D. Cipriano Segundo Montesino. »
X.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACION 1« COSMOPOLITAS.
Atavismos morales: el odio contra los judios. — La jettatura en Italia.
— Los amuletos: cuernos y coral. — El general Booth. — Un estu¬
diante de setenta y seis años.— Desaparición de los libros.
ada tiene de particular el que muchas
gentes sientan ó aparenten sentir
ciertos estremecimientos cuando se
habla de los judíos, ya que hay otras,
muy numerosas, que profesan como ar¬
tículo de fe la creencia de que entre el 'as
existen personas que producen el «mal
de ojo» y que difunden las desdichas con
sólo mirar al prójimo de cierta mapera. Mu¬
cho más antigua que la tradición de la anti¬
patía entre judíos y cristianos es esta de la in¬
fluencia maléfica, y, sin embargo, persiste y se
mantiene en una sociedad tan despreocupada y
descreída como la moderna. Judío ó diablo, para
el vulgo viene á ser lo mismo; y como éste no
admite que pueda haber diablo sin rabo, lógico es
que los judíos tengan también, cuidadosamente
oculto, ese apéndice caudal.
En toda la tierra de Campos, cuando alguna per¬
sona sale de una habitación y no deja cerrada la
puerta, le dicen las que quedan dentro: «¿Eres de
Frómista?»
Para el que no ha vivido en aquella comarca,
la pregunta no tiene sentido claro; pero los cam¬
pesinos, al escucharla, saben que equivale á decir:
«¿Eres judío y temes que, la puerta te coja el rabo
al cerrarla?» s
Porque de todas las juderías ó aljamas que ha¬
bía en aquella tierra, y que comprendían 4.714
judíos el año de 1800, á saber: Palencia, 1.066; Ca-
rrión Frómista, 2.733; Sahagún, 988; Paredes de
Nava, 1.758; Tariego, 88, y Dueñas, 81, la de Fró¬
mista, si no la más rica, era la más sonada, por la
importancia que en ella tuvieron los rabinos y
por los graves sucesos que ocurrieron en sus lu¬
chas de vecindario con los rabones. Aun se con¬
servan allí los nombres de arroyo Cedrón y otras
reliquias de la existencia del vecindario judío. Así
es que en lo antiguo, al decirle á uno que era de
Frómista, equivalía á llamarle judío; y aun hoy
dura la alusión, porque es muy frecuente oir esa
pregunta satírica en aquellos pueblos.
Yo no sé si en la tierra de Campos y sus alre¬
dedores á la tradición judaica se agrega la de las
brujas, duendes, maleficios y diablos de distintas
castas y figuras; lo que sí puedo asegurar es que
fuera de esa comarca y de España toda, así como
los judíos traen obsesionados á los franceses, y és¬
tos andan tras de aquéllos y tras de Zola á gritos,
empujones, puñetazos y pedreas, en Italia priva
«el mal de ojo», \s. jettatura, y muy pocos radica¬
les ni gü elfos hay, sean descreídos y casi ateos
los unos ó devotos y creyentes los otros, que no
crean con toda verdad que hay personas, jettato-
re , que con sólo mirarles ceñuda y fijamente les
meten los enemigos en el cuerpo y les dejan el
alma hecha un abismo de calamidades.
¿Por qué se suceden con tanta frecuencia las
crisis en el Gobierno italiano? ¿Por qué, por ejem¬
plo, cayó hace poco tiempo del poder un ministro
y general tan reputado como Pelioux? Los políti¬
cos responderán que fue porque el Parlamento
quiso introducir algunas economías en el presu¬
puesto de la colonia militar de Eritrea; porque el
ministro de Hacienda, Luzzati, había tratado tam¬
bién de contener los gastos de Guerra y Marina, y
porque los sobrantes que se confía que habrá en
los presupuestos venideros se aplicarán, no á au¬
mentar el contingente del ejército, sino á reducir
en lo posible las contribuciones; pero contra estos
razonamientos de los políticos están los de la
gente que lo entiende, que conoce el secreto y que
asegura que el general Pelioux cayó porque el di¬
putado ponente del proyecto de ley contra el au¬
mento de los gastos de guerra es un jettatore ,
S. Maurigi, que en cuanto se encaró con el Mi¬
nistro le miró, y le hizo caer de la poltrona con
sólo mirarle.
Cuando algunos días después el presidente Ru-
dini hizo saber á la Cámara que había presentado
su dimisión al Rey, dijo el diputado republicano
Antonio de Laurenzana, á propósito de un abuso
despótico del Gobernador de Caserta, que es otro
jettatore , compañero de Maurigi: «Yo creía que
estas dos influencias malignas se hubieran mutua¬
mente anulado, y con ello se hubiera salvado el
Gobierno (los diputados, al oir esto, hacen signos
de exorcización); pero no ha sido así. Las influen¬
cias se han coligado contra el Ministerio. ¡Buen
viaje, pues! Si habéis de volver á ocupar el po¬
der, que sea para bien de la nación; si no, ¡ojalá
os acompañen con su mala sombra esas dos in¬
fluencias malignas!» Esta maldición produjo in¬
descriptible efecto. Mientras muchos diputados se
reían y bromeaban al orador, otros echaron á co¬
rrer espantados, agitando en sus manos los amu¬
letos de cuerno, marfll y coral que llevan pen¬
dientes del cuello, debajo del chaleco, para librarse
de los maleficios de la jettatura . Diputados hay en
la Cámara italiana al lado de los cuales no se
sienta nadie por no sufrir la acción del «mal de
ojo». El mismo Crispi dicen que guarda siempre
cuidadoso un cuerno de coral para que le ampare
contra las influencias malignas; y muchos, muchí¬
simos diputados, senadores y ex ministros, y pu¬
blicistas y cortesanos que hacen gala de libre¬
pensadores y de no creer en ningún misterio y
que no practican ningún culto, creen á pies jun¬
tos en la jettatura y tiemblan cuando se les
aproxima ó les mira alguno que tiene fama de
jettatore , y huyen de él, repitiendo los gestos hi¬
pócritas y enseñándole el pulgar y el índice cru¬
zados.
9
« «
Contra la influencia de semejantes maleficios
usan muchos italianos los amuletos de coral ó de
asta del unicornio!!, engarzados en plata y guar¬
dados con gran estimación en un bolsillo interior
ó pendientes del cuello. Que los judíos tengan rabo
como el diablo, no pasa de ser una calumnia; pero
que los supersticiosos latinos, enemigos de ellos,
gastan cuerno alquilado, el cuerno del fantástico
unicornio, ó un cuernecito hecho de coral, esto
es verdad. Vieja es la fama que tiene el cuerno del
unicornio respecto á sus extraordinarias virtudes
contra diversas clases de ponzoñas naturales y ar¬
tificiales, y también espirituales y morales. Dijo
Santiago de Valencia: « Un icorn is si ve monoceros ,
ejus virtutis est, ut suo coma attacta, agua , etiam
aliquo veneno corrupta, reddatur salubris». Se le
ha considerado á dicho cuerno pro potu antido-
tum , y aseguraban además, cuando había unicor¬
nios (que hoy ya no existen más que pintados en
las armas de la Gran Bretaña), que « sicut enim
animal illud ex aquis poturn , ita atque reciproco
beneficio ab illo virtutem praeservatricem , et contra
venena alexipharmacum recipiunt ».
También se alabó mucho al coral, que detegit
venena ; esa admirable sustancia que Jtuctuat in
unáis, et durescit Ínter saxa, ó como se dijo en la
tierra de Crispi y de Maurigi: «Ne Vonde ondeggia
e fra le pietra e pietra » , y de la que nuestro don
Diego de Saavedra dejó escrito el lema Hobur , et
decus , consignando que ahuyenta las calamidades,
y facilita los éxitos en la palestra del trabajo. Su¬
ponían los antiguos que era una hierba que se pe¬
trificaba al salir del agua, y en su elogio escribió
Juan Bautista Bargiocco estos versos:
Herba fuit mollis, pelagi nutrita sub undis,
Qui modo purpureo splendet honore lapis.
uEquoreas mundi felix qui descrit undas,
Gemma erit illustris, si prius herba fuit.
Todas estas creencias, alabanzas, fantasías y su¬
persticiones estaban muy bien en los siglos XII al
XVI, cuando nuestros tartarabuelos vivían tan
atrasados; pero ¡qué pensar del atraso que supone
hoy el uso de los cuernos raros, corales y piedras,
á guisa de amuletos contra «el mal de ojo», contra
la jettatura, en países civilizados! Y si esto es ve¬
rifico, como dice mi barbero, ¡qué pensar de una
nación como Francia, que cree que va á ser devo¬
rada en crudo y aniquilada por los judíos! Entre
los hombres maduros hay muchos chicos, y cuan¬
do se examina y se conoce bien á los que parecen
grandes, resulta que suelen ser más chicos que
los anteriores. La chiquillada callejera pasará, y
los israelitas continuarán impertérritos en sus
trabajos y en su vida patriarcal, entonando en coro
aquello de:
Ledavid Barouh. Adonay tsouri
líamela med ya day la crab est bé 6 tay,
la mil hamah hasdi oum tzou da tí
mis ga bí oum fati li yeba ré he nou.
Elohé nouyé baré hé nou
Elohim va i ré ou to col afsearets.
¡El diablo que lo entienda! exclamará el lector.
El diablo no, pero cualquier judío se lo podrá tra¬
ducir . y cantar.
•
• •
El fatídico ¡anda! ¡anda! lo cumple mejor que
los judíos un creyente inglés, ni cristiano, ni ju¬
dío, ni hereje, ni moro, que lleva treinta y dos
años corriendo de la Ceca á la Meca, con un ejér¬
cito fantástico por detrás y haciendo él de fantás¬
tico general por delante. Me refiero á Mr. Booth,
general del ejército de la salud, ó de la salvación,
de cuyas excursiones y trabajos he dado cuenta
varias veces en estos párrafos. Ahora se ha dejado
caer el general por Ginebra, donde acaba de dar
una conferencia pública, en un oratorio adecuado
á su fe, en el casino, para desvanecer ciertos pre¬
juicios, para prevenir á los malintencionados y
para que aquella populosa ó importantísima capi¬
tal, metrópoli generosa de todas las propagandas,
conozca lo que es y lo que quiere el ejército de la
salvación. La austera figura del general, un viejo
muy tieso con aspecto de clergyman británico, se
destacaba en medio del estrado sobre el fondo rojo
del paño que cubría el testero de la plataforma.
A su lado, uno de sus oficiales, Mr. Roussel, de
Ginebra, desempeñó el papel de intérprete, repi¬
tiendo en francés las frases que con visible ener¬
gía, solemne ademán y mística unción pronuncia¬
ba en inglés el orador.
Manifestó Mr. Booth á los oyentes que en el
desarrollo de su campaña universal trabajaba á uñ
tiempo en la obra social y la obra espiritual. La
tarea de su ejército, aunque sólo viene realizán¬
dose hace veintidós años, es la más trascenden¬
tal é importante de nuestro siglo. Funciona en
cuarenta y cinco naciones, cuenta con 13.000 ofi¬
ciales bajo sus banderas, y ayudan á su propagan¬
da numerosos periódicos y revistas. «Exito tan
grande — dijo — no puede comprenderse sino ad¬
mitiendo que el ejército responde á una necesidad
de nuestros tiempos, que es lo que creen firme¬
mente cuantos adeptos oe inscriben todos los días
para secundar la obra. Sus esfuerzos tienden á un
fin altísimo: ayudar al hombre entero, en cuerpo
y alma.»
Desde que Booth publicó hace siete años su
libro: En las tinieblas de Inglaterra ; medios para
salir de ellas, con el que inició la gran campaña
de socorrer á las muchedumbres desheredadas, á
los pobres, á los viciosos y á los delincuentes em¬
pedernidos, el ejército conquistó las simpatías de
todo el mundo. Ante esa gran mejora social, quin¬
ce Gobiernos le aseguraron su subvención. A la
exposición de los principios en que está basada la
vida de la sociedad de Booth, añadió el orador la
de los medios de acción que emplea para cumplir¬
los. En todas las grandes localidades donde es po¬
sible crea talleres, refugios ó asilos y cocinas eco¬
nómicas para los fieles que le siguen y obedecen.
Procura combatir sin descanso la pereza y la hol¬
gazanería, causas fundamentales de la miseria
entre los desheredados. Ha conseguido salvar ó
mejorar la suerte y condición délas jóvenes aban¬
donadas y reincidentes en los vicios en una pro¬
porción de 75 por 100, de las inscritas para ser
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22 Ensbo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.tf iii — 51
socorridas, y de 60 por 100 entre criminales con¬
tumaces. Trabajan en esta obra de reclutamiento,
mejora y enmienda 1.500 oficiales. «Si no hacemos
más, exclamó Mr. Booth al terminar, es porque
no podemos. Todo aquello que dejemos de hacer,
que lo tomen á su cargo otros más poderosos.»
Después de rezar, al fin de la sesión, como lo ha¬
bían hecho al comenzarla, se recogieron algunos
donativos entre los circunstantes, y el General se
retiró á su hotel á esperar los resultados de su
misión, en un pueblo como aquel donde hay tan¬
tas religiones y templos disidentes y encontrados,
y donde es muy problemático que arraigue la
iglesia nómada del Ejercito de la salud y del cuerpo
y del alma.
•
• •
Errante como Mr. Booth, pero no bien acompa¬
ñado, y con cómodo servicio y abultado equipaje,
sino con un libro debajo del brazo y otros cuantos
en una pobre maleta, ha andado de pueblo en pue¬
blo, lejos de su tierra, un escolar polaco, W. Bo-
rysik, que acaba de terminar su carrera de Medi¬
cina, recibiendo la borla de doctor á los setenta y
seis años en la Universidad de Varsovia. Segura¬
mente este pobre hombre es el decano de los estu¬
diantes del mundo entero. Hallá hacia 1847 estu¬
diaba el cuarto año de la Facultad con tan escasos
recursos, tan falto de amparo, que no pudiendo
matricularse de nuevo, ni comprar libros, ni alter¬
nar con sus condiscípulos, por lo destrozado y raí¬
do de su indumentaria, se resignó á abandonar las
aulas, en esperado mejores tiempos. Logró, después
de llamar en vano á muchas puertas, que le admi¬
tiera una familia en calidad de profesor particular
de sus hijos, y fue poco á poco realizando su cons¬
tante ideal de comprar libros usados de Medicina
con los escasos ahorros que hacía. En estudiarlos
y apilarlos después en un baúl apolillado, donde
nunca pudo meter ropa blanca, ni negra, pasó
diez años, flaco como un sabio, y sabio como todo
el que no se preocupa más que de la alimentación
de la mollera. Pudo volver en 1857 á la Universi¬
dad para seguir su carrera, y siguiéndola estaba
cuando hizo explosión la política polaca con el
movimiento revolucionario de su independencia.
W. Borysik, arrastrado por el torrente de la fiebre
estudiantil que ardía en las filas de la juventud,
salió al campo, combatió y tuvo que huir al ex¬
tranjero, donde rehizo su maleta de libros. Cua¬
renta años ha andado por el mundo, en su tristísi¬
ma epopeya, sufriendo, enseñando y aprendiendo.
Al fin ha vuelto á Rusia y á su casa; es decir, á la
Universidad de Varsovih, donde los maestros, los
hijos de sus condiscípulos, le han otorgado, des¬
pués del correspondiente examen, el título de doc¬
tor. Con su borla y sus libros se ha trasladado á
Litbuania para practicar la profesión en los pocos
años que le queden de vida.
9
• 9
No durarán mucho los libros, porque, dada la
pésima calidad del papel en que se imprimen hoy
la mayor parte de los de precio humilde , se redu¬
cirán á polvo lentamente , sin que nada pueda evi¬
tarlo. Así lo ha demostrado hace ocho días en
Londres Mr. J. Mac Alister, en una conferencia
que ha dado ante la Asociación de Libreros. Las
pastas de que se sirve la industria del papel ba¬
rato se descomponen muy pronto; dentro de las ta¬
pas se acumulan apretadas masas del polvo resultan¬
te de la destrucción, y cuando se abren caen como
salvado cernido, según los oyentes de Mac Alister
pudieron verlo. Con el tiempo no harán falta bi¬
bliotecarios, porque no tendrán nada que guardar;
y ellos y los lectores y la sabiduría consignada en
los volúmenes impresos correrán la misma suerte,
aquella que sabemos que nos espera cuando nos di¬
cen..... pulvis eris . ¡Felices de las generaciones que
no encuentren libros en ninguna parte!
Ricardo Becerro de Bengoa.
y renombrado tenor Sr. Mariacher, recientemente
contratado por la empresa de este teatro.
Corta, relativamente, ha sido la ausencia de
Madrid del distinguido artista; pero el público
apreció los notables progresos que durante la mis¬
ma ha hecho, puesto que, si salió comenzando su
brillante carrera y alentado por el aplauso de nues¬
tros dilettanti , que le consideraban como una es¬
peranza para el arte lírico, vuelve en la plenitud
de sus facultades, haciendo alarde de las mismas
y encontrando motivos de lucimiento en las in¬
mensas dificultades de la obra de Meyerbeer, en
que tantos artistas de no escaso nombre han fra¬
casado. Su notabilísimo trabajo obtuvo el premio
que merecía con los calurosos aplausos que el pú¬
blico le otorgó, aplausos que llegaron á conver¬
tirse en estruendosas ovaciones al terminar de
cantar el Sr. Mariacher la pastoral, el brindis, el
himno y el dúo de la prisión, trozos que interpretó
maravillosamente.
La Sra. Guerrini compitió con el debutante, can¬
tando de magistral manera el difícil papel de Ber¬
ta, y compartió con él los aplausos, viéndose pre¬
cisada á presentarse en escena muchas veces al
terminar la representación.
Muy bien los demás artistas, así como loa coros
y la orquesta.
9
• 9
Una de las próximas noches se pondrá en esce¬
na, por primera vez en esta temporada, la ópera
Sansón y Dalila , cantada por la Sra. Guerrini y el
Sr. Mariacher.
JOSÉ MOSCA YO,
del teatro de la Zarzuela.
(De fotografía de Lokner.)
PRINCESA.
Anúnciase para esta noche la reprise de la no¬
table obra de Sardou, Andrea , en laque tan legí¬
timos triunfos obtiene la Sra. Tubau.
• •
El arreglo de la comedia de Sardou, Mme. Sans -
Géne> que se estrenará muy pronto en este favore¬
cido teatro con el título de La Corte de Napoleón ,
promete ser un verdadero acontecimiento teatral,
y para conseguirlo no perdona medio alguno el
inteligente Ceferino Palencia. El Duque de Ta-
mames ha ofrecido cuantos muebles posee, estilo
Imperio, para que la obra sea representada con
toda propiedad; y claro está que con tan valiosí¬
simos elementos ha de distinguirse La Corte de
Napoleón por el lujo y la rigurosa exactitud del
attrezzo y de la indumentaria con que ha de ser
puesta en escena.
PARISH.
Continúa la compañía de este teatro haciendo
la excelente campaña que comenzó ai inaugurar la
presente temporada. Constantemente se renueva
el cartel y se sacan del olvido las joyas de nuestra
zarzuela antigua, en cuya interpretación tanto se
distinguen los notables artistas que componen la
citada compañía.
Según parece , muy en breve se estrenarán Los
Hijos del batallón y obra que espera el público con
gran impaciencia y que promete ser un aconteci¬
miento teatral.
LARA.
Gorda, muy gorda, como se dice en el argot tea¬
tral, es la gracia de El Dinero de San Pedro , ju¬
guete en un acto estrenado la noche del 15 ; pero,
aunque gruesa , tiene mucha sal, y el público per¬
donó de buen grado la poca novedad del asunto
para celebrar con grandes carcajadas las situacio¬
nes cómicas en que abunda la obra y los chistes,
gordos también , pero en su mayoría cultos y de
buen gusto, que matizan el diálogo. Los autores,
Sres. Mario (hijo) y Santoval, merecieron los ho¬
nores del proscenio al terminar la representación,
en la cual se distinguieron notablemente las se¬
ñoras Val verde y Mavillard, y los Sres. Larra, Ruiz
de Arana, Ramírez y Santiago.
•
. • •
La reprise de Zar agüela y verificada el pasado
lunes, llevó gran concurrencia al citado teatro. La
obra de Vital y Ramos fué acogida con el mismo
éxito que la noche de su estreno, y el público pre¬
mió con sus aplausos á todos los artistas, y espe¬
cialmente á los Sres. Ruiz de Arana y Ramírez, que
desempeñaron por primera vez, y muy bien por
cierto, los papeles de D. Indalecio y Carlitos, res¬
pectivamente.
COMEDIA.
El Maestro de armas , presentado la noche del
15, fracasó, no obstante los laudables esfuerzos
hechos para salvarle por la Srta. Pretel y Sra. Mo¬
jí a, y los Sres. Palmada y Jerez.
•
9 9
Con La Boda de Luis Alonso y El Tambor de
granaderos se presentó al público el nuevo direc¬
tor de este teatro, Bonifacio Pinedo, que, tras cor¬
ta temporada en el teatro de Lara, vuelve á culti¬
var la zarzuela chica y género en el que tantos
aplausos ha conquistado y seguirá conquistando,
á juzgar por el cariñoso recibimiento que el pú¬
blico de la Comedia le hizo la noche de su debut .
A.
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cinco años se vende en el mundo entero á pe¬
sar de las muchas falsificaciones. Los Polvo*
de Arros y el Jabón Simón completan los
efectos higiénicos de la Crema Simón.
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Enero 1898
52 — > n.Mii
' LIBROS PRESENTADOS
i ESTA REDACCIÓN TOR AUTORES Ó EDITORES.
La Soberanía de España en Filipinas, por el
P. Francisco Foradada, de la Compañía de Jesús.
Opúsculo de actualidad, destinado á popularizar en
el país las salvadoras ideas relativas á esta materia,
llama el autor á su libro, y verdaderamente que es do
actualidad cuanto tiende á reformar la soberanía de
España en sus colonias, lo mismo en las del Archipié¬
lago filipino, donde la rebeldía dobló su cabeza y se
rindió ante nuestra gloriosa bandera, que en Cuba,
donde aun persiste con obcecada saña la sangrienta
rebelión contra la madre patria.
En cuatro partes divide el autor su libro: trata la
primera de la legitimidad, de la Soberanía de España,
y examina la potestad y el derecho coactivo que la
Iglesia tiene para predicar por todo el mundo la ver¬
dadera fe y el auxilio que para este fin están obligados
á darle los principes cristianos; demuestra en la se¬
gunda la utilidad que tiene para Filipinas la soberanía
de España; defiende en la tercera la sumisión que la
debe, y trata en la última de los obstáculos y medios
para la perpetua sumisión de Filipinas á la soberanía
de España.
La obra del ilustrado sacerdote de la misión de Fili¬
pinas de la Compañía de Jesús contribuirá poderosa¬
mente á popularizar la noción verdadera del derecho
católico, en armonía con los legítimos títulos de nues¬
tra dominación, entre los indígenas y peninsulares,
como muy acertadamente opina el P. Fiter, censor del
citado libro.
Al insigne Cánovas del Castillo.
Con esta dedicatoria en la cubierta se ha publicado
un libro en Santiago de Chile, que contiene muy sen¬
tidos y bien escritos Irabsjos dedicados por distingui¬
dos escritores é ilustres personalidades de aquella Re¬
pública á nuestro gran estadista Cánovas del Castillo.
Contiene el libro además relación de las exequias he¬
chas por el alma del mismo en Santiago de Chile, Val¬
paraíso, Concepción, 1 ñique, Tocopilla, Talca, Los
Angeles y Antofagenta, y la oración fúnebre pronun¬
ciada por el presbítero D. Ramón de la Jura.
Los trabajos literarios en que se celebran las altas
dotes y los méritos del finado están dedicados á nues¬
tro ministro D. Salvador López Guijarro y á la colo¬
nia española.— C.
MADRID. — ESCUDO COLOCADO EN EL ÁTICO DEL NUEVO MINISTERIO DE FOMENTO.
(Escultura de Ricardo Bellver.)
RODARON POR EL SUELO.
El lunes 24 de Noviembre de 1890 los periódi¬
cos americanos publicaron la siguiente noticia.
«Mrs. Sarah S. Henster East, 134 Street N. 873/
Nueva York, se suicidó de un tiro ayer mañana
Era una señora excelente, de una posición social
elevada, y pertenecía á la Iglesia presbiteriana
del Rdo. Dr. Ramsey. Tenía bienes, y se intere¬
saba mucho en varias caridades públicas y par¬
ticulares. Desde Julio último había sufrido mu¬
cho de indigestión, que produjo melancolía, y
después una especie de locura, bajo cuya influen¬
cia se quitó la vida.»
Hé aquí otra historia menos trágica, aunque
de la misma índole. El que la relata lo hace á su
modo. «Generalmente, dice, tememos á la muerte
y, sin embargo, una vez he querido morir, y hé
aquí el motivo. Hasta la Pascua de 1888 había
tenido salud; pero esta época (para tantos de ale¬
gría) fué para mí de tristeza, languidez y cansan¬
cio. Perdí el apetito, y me sentía muy mal des¬
pués de comer ios alimentos más ligeros. Los ojos
y la piel tomaron un color amarillo obscuro, y la
secreción renal parecía sangre. El dolor de estó¬
mago no se podía sufrir, y con frecuencia duraba
sin interrupción de doce á catorce horas. Algunas
veces tenía dolores noche y día , y me ponía tan
malo, que mi mujer tenía que velarme toda la
noche. Siempre estaba malo, me daba tos y arro- ^
jaba una flema verde.
»A pesar de la ropa de abrigo y de toda clase
de comodidades, siempre tenía frío, tiritando
como si la sangre se me hubiera empobrecido.
No podía tomar alimento sólido; vivía de caldos,
preparaciones de leche, etc., y después de cada
comida me daban dolores de estómago, que no se
quitaban con nada.
»Poco después, se me desarrolló una picazón
Í>or todo el cuerpo, como si tuviese envenenada
a sangre. El médico de la familia me estuvo asis¬
tiendo como cosa de un año. Por su consejo fui
á Harrogate á ver á otro médico y á beber las
aguas; pero hallándome peor me volví á casa. El
bañero de Harrogate y otros me dijeron que te¬
nía la sangre envenenada, lo que nunca habían
dicho los médicos. El primero había dicho que
los dolores procedían de piedras en la vejiga de
la hiel.
«Entonces consulté á un especialista eminente
de Manchester, que confirmó lo que había dicho
el otro médico, mas con ninguno me aliviaba.
»En este estado lamentable seguí seis meses
más, y me puse tan endeble que apenas podía an¬
dar, y tan delgado que se cayeron los aniflos fíe¬
los dedos y rodaron por el suelo. Eran tales los
dolores que deseaba morirme , y uno de los médicos
dyo á un amigo mío que no podía restablecerme.
•En Agosto del año pasado de 1890, cuando me
encontraba peor, me enviaron por el correo un
libro de una medicina llamada Jarabe Curativo
de la Madre Seigel. Me decidí á probarlo y mandé
Eor un poco á Lymm, á la botica de Mr. Evans
tespués de la primera botella me sentí un poco
mejor, y siguiendo con este remedio me volvió el
apetito, y poco á poco me fui poniendo fuerte. El
color se ha vuelto á poner natural, y me siento
tan bien como he podido sentirme en toda mi
vida; á la verdad, tan bien como cuando era niño.
Como sin inconveniente alguno toda clase de ali¬
mentos, y en los últimos tres meses he y miado en
peso treinta libras. Puedo añadir qué antes de
tomar esta medicina había cambiado tanto, que
mis amigos, y aun mis condiscípulos, apenas me
reconocían. A todo el mundo digo lo que debo al
íarabe de Seigel.»
La persona que hace este relato es un caba¬
llero de posición, conocido de todo el mundo en
Lymm. No quiere que se publique su nombre, pero
el Sr. J. H. Evans, el farmacéutico nombrado an¬
teriormente, atestigua la verdad de cuanto aquí
se ha dicho.
Este era un caso grave do indigestión con sus
consecuencias naturales. Toda la economía es¬
taba emponzoñada y desarreglada por los ácidos
iebidos á fermentaciones en el estómago, y si no
hubiera sido por el Jarabe de Seigel, un resul¬
tado desastroso se hubiera seguido en muy poco
tiempo.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venia en todas las farmacias, droguerías y ex¬
pendedurías de medicinas del mundo. Precio del
frasco, 14 reales; frasquito, 8 reales.
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El Amor y el Río Piedra, idem . 2
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Demás Estados de América y
Asía . . 60 francos. 3o francos.
64 — s.° iv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Enkbo 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica general, por D. José Fernández Bromón. — Nuestros
grabados , por D. Carlos Luis de Cuenca. — Grande en chico, por
I). A. Sánchez Pérez. — La revolución del pan, por D. José Rodrí¬
guez Mourelo. — Un reino por un asno, poesía, porD. Felipe Pérez
y González.— Pepito Pérez, por Zeda.— Por ambos mundos. Narra¬
ciones cosmopolitas, por D Ricardo Becerro de Bengoa. — Los
teatros, por A.— Sueltos. — Libros presentados á esta Redacción
por autores ó editores, por C. — Anuncios.
GRABADOS.— Retrato del Exorno. Sr. D. Fernando Primo de Rivera,
capitán general de ejército, marqués de Estella, general en jefedcl
ejercito de Filipinas. — Isla de (Juba: El acorazado norteamericano
Maine, fondeado actualmente en la bahía de la Habana. —Madrid:
Solemne Tedeum celebrado el ‘¿4 del corriente en la capilla del Real
Palacio, en acción de gracias por la pacilleacion de Filipinas.— Re¬
trato de D. Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, teniente coronel
de Infantería, comisionado por el Capitán general del Archipiélago
íllipino para acompañar á Hong-Kong á los principales jefes taga¬
los. — Bellas Artes: La Farándula , cuadro de Garrido. — Retrato de
D. Ramiro Aranzabe y Estefanía, coronel de Infantería, jefe de la
columna que dio muerte al caliecilla Aranguren. — Retrato del ge¬
neral Saussier, ex generalísimo del ejército francés. — París: Mani¬
festación en honor del general Saussier. Destile de las sociedades
patrióticas en la plaza Vendóme — La moda femenina: Las tortugas-
bijotid', de tamaño natural.— Un nuevo sport: Diversiones populares
en Alemania. — Retrato de Isabel Bru, del teatro de Apolo. — Re¬
trato del general Zurlinden, sucesor del general Saussier en el
Gobierno militar de París.
CRÓNICA GENERAL.
L Gobierno de Mr. Mac-Kinley nos ha
flSMfr (J* dado la grata sorpresa de presentar
en la bahía de la Habana, sin previo
¡SK/ aviso, el crucero Mame , que, según
nota posterior á su llegada, no lleva-
. ÍV ba otro encargo que el de hacemos una
vigita de cortesía. El Gobierno español,
agradeciendo el agasajo , no ha podido me-
nos de corresponder á la deferencia dispo-
' niendo salga otro buque de guerra á devol¬
ver el cumplimiento. Estábamos, pues, equivocados
cuando en nuestra Crónica anterior, escrita mu¬
cho antes de ese acto de amistad, manifestábamos
recelos, avisábamos al Gobierno presintiendo algo
inesperado, y le rogábamos que no se fiara de los
representantes de aquella nación en sus expansio¬
nes privadas. Más aún: éramos unos ingratos con
quien nos trataba de sorprender, como los buenos
hijos á sus padres, ocultando el regalito con que
les van á obsequiar el día de su santo. En hora
buena sea, y muchas gracias.
Sin duda estaban equivocados también otros
Gobiernos al enviar sus buques de guerra á la
Habana, como Alemania, Francia ó Inglaterra,
en la previsión de algo grave. Sin duda participa¬
ban del error nuestro los que felicitaron á Mac-
Kinley por su firmeza en enviar el Mame; y hasta
el acaparador de trigos que quiso especular con el
hambre pública ante la sensación que produciría
la noticia de aquella terrible expedición. Y ¡qué
diantre! hasta el mismo capitán del Maine , que
haciendo y recibiendo las ceremonias de rúbrica,
y nada más, se manifiesta muy agradecido á tales
demostraciones. Lo que el pesimismo temía, fun¬
dado en las palabras depresivas del discurso pre¬
sidencial, en las más recientes de uno de sus alle¬
gados, en la declaración que se había hecho de
nuestra ferocidad, y en otros síntomas, se ha con¬
vertido on salvas, cumplimientos y algunos dis¬
paros de luz eléctrica sobre el muelle de la Haba¬
na. Sea en hora buena, y sea en hora buena.
Porque, á decir verdad, temíamos, no un golpe
de mano, posible, pero dudoso, sino un acto de
esos que irritan los ánimos y producen un con¬
flicto, que se arregla, pero que entretanto causa
una perturbación en todos los valores y permite
realizar grandes jugadas, pues no faltan políticos
capaces de intentar este negocio. Y al fin y al
cabo, hay circunstancias y descuidos tan propicios
para aprovecharlos, que se le hace la boca agua á
cualquier Gobierno amigo para convertir en de¬
recho un hecho consumado. Y como hay amigos
que no respetan la mujer del amigo, hay Gobier¬
nos que pulieran caer en análoga tentación; que
somos débiles. Y esa vecindad de su escuadra me¬
rece tomarse en cuenta, dados los antecedentes y
amenazas de intervención más ó menos próxima,
aunque no creemos que eso se prolongue, ni que
el Maine haya ido á la bahía de la Habana á esta¬
blecerse. Y si de nosotros dependiera, pediríamos,
en confirmación de la amistad que se nos ponde¬
ra, la sustitución del cónsul Mr. Lee, aunque le
reemplazara otro peor. Y podemos aventurar to¬
das estas reflexiones, porque á los periodistas nos
está permitida la indiscreción sin consecuencias.
No cometeríamos, en cambio, otras si escribiéra¬
mos en periódicos noticieros, pues sabido es que
se exponen á incurrir en graves penas publicando
noticias reveladoras de lo que debe estar callado;
y sobre todo, porque el patriotismo lo aconseja,
aunque no fuera penable, intrigar actos que pudie¬
ran ocasionar un rompimiento. El Gobierno nor¬
teamericano se dice nuestro amigo: aceptemos la
fineza y procedamos á lo que convenga con la más
pulcra corrección; reprobemos ai que desafine y
comprometa ó perturbe la política del Gobierno,
á quien incumbe dirigir: hay una necesidad su¬
prema y un deber: cuidar todos de que no se de¬
bilite la unidad de la defensa nacional. Más tarde,
tiempo habrá de pedir cuentas de la honra de Es¬
paña con las memorables palabras de Méndez
Núñez á quien no haya sabido guardarla. Con
honra fueron nuestros mayores á tan lejanas tie¬
rras, y deben sus nietos volver de ellas con honor.
Bueno es que haya habido testigos en la Habana
del castigo del cabecilla Aranguren, el pérfido
amigo del teniente coronel Ruiz, á quien fusiló,
habiéndose confiado á su hidalguía. ¡Qué poco re¬
probaron los politicastros yankees aquel asesinato!
Murió al querer salvarse, cuando espoleaba á su
caballo; su cadáver, expuesto en la Habana, fué
reconocido, y di cese que 'vestía algunas prendas
del despojo de su víctima. Ya pagó su crimen. Que
Dios le perdone.
• •
Rara vez consignamos lo que sólo interesa á los
partidos: cada cual cumple, bien ó mal, el papel
que le toca desempeñar en el sistema político, y
no nos mezclamos en sus asuntos, sino en sus ac¬
tos cuando éstos favorecen ó perjudican á la pa¬
tria de un modo notable, ú ofrecen singularidades
dignas de mención ; pero como el sistema repre¬
sentativo sin partidos no puede funcionar, y el
conservador estaba semidi suelto desde la muerte
del gran Cánovas del Castillo, creemos que el ban¬
quete de unión entre los que seguían al Sr. Sil-
vela y eran presididos por el Sr. Pidal en el Círculo
Conservador, es un acto que merece ser registrado
por la Crónica: el número y la calidad de los con¬
servadores allí unidos forman una agrupación im¬
portantísima que puede funcionar como gobier¬
no: titúlase la unión conservadora: con esta nueva
formación resulta el mismo partido conservador,
sin las fuerzas respetables de los Sres. Elduayen,
Duque de Tetuán y las de Romero Robledo, en
vísperas de unirse entre sí, así como en vida
del Sr. Cánovas, al perder la fuerza que dirigía
D. Francisco Silvela, sufrió un desprendimiento
de importancia aquel partido; pero como enton¬
ces el Sr. Cánovas simbolizaba el pensamiento co¬
lectivo, la fracción separada sólo representó una
importante y dolorosa disidencia. Sucede ahora
que unos y otros, con las mismas razones, quieren
representar las ideas conservadoras, y sólo se re¬
suelve la diferencia por la significación de dos
figuras, que por su carácter militar permanecen
en la sombra: los generales Martínez Campos y
Weyler. No son realmente jefes, sino banderas de
ambas fuerzas: los futuros acontecimientos han de
decidir hacia qué lado se inclina la opinión: hoy
por hoy, el centro tiene las mayores probabilida¬
des de vida activa, á menos que sucesos gravísi¬
mos y funestos galvanizaran una tendencia que
en poco tiempo ha perdido toda apariencia de ac¬
tualidad; pero si se conforman éstos con los he¬
chos consumados, entonces entre el partido con¬
servador y el liberal habrá un centro, y esta
posición central en estos tiempos de transición es
muy ventajosa.
•
« •
Media hora duraron los golpes y las injurias en
el Congreso francés, según leemos en la prensa de
aquella capital: mucho tiempo nos parece; y como
un hombre sano puede dar sesenta puñetazos por
minuto, y una boca irritada lanzar ciento ochenta
insultos y más, por ser breves los más expresivos;
y como fueron muchos los que pegaban é injuria¬
ban, no es posible, si la duración del pugilato es
exacta, que haya quedado un hueso sano en el Con¬
greso. Congratúlanse algunos de ese espectáculo,
que toman como muestra de virilidad y pasión, y
para nosotros le quisieran : por fortuna no somos
ni parece que hemos de ser diputados: no hace
mucho rodaron en Yiena por los suelos algunos
señores diputados, y después de la cachetina de
París ha habido culatazos en las puertas del Con¬
greso de Bruselas, que trataba de forzar el dipu¬
tado radical Mr. Demblon , rodeado de sus amigos
de la Cámara, rebelándose contra el castigo de ex¬
pulsión temporal en que incurriera. Hay epide¬
mias de violencia como de cualquier otra enfer¬
medad contagiosa; que también enferma el hom¬
bre moral.
Dígalo Argel: no es allí la raza israelita tan
mansa y sufrida como en otras poblaciones, acaso
por formar un núcleo más fuerte , ó por el influjo
de algunos hombres más enérgicos: allí se han de¬
fendido contra el tumulto popular; han apaleado,
siendo alternativamente agresores y agredidos; ha
corrido la sangre, y han muerto judíos y cristia¬
nos, siendo la primera víctima un albañil español,
que en todas partes hemos de pagar los vidrios ro¬
tos: los saqueos de almacenes y el incendio de las
casas debían recordar otras edades: los tiempos se
reproducen. Las acusaciones de Zola traen un ras¬
tro sangriento.
Y éste, en tanto, prepara su defensa para el pro¬
ceso de difamación á que se halla sometido. Hay
que compadecer á los jurados. No bastaría una le¬
gislatura para examinar los libros, periódicos, do¬
cumentos, cartas, facsímiles que presenta, casi to¬
dos publicados: el desfile de testigos que propone
sería interminable: más que de aclarar, parece que
se trata de confundir y cegar á los jurados con una
nube de impresos y manuscritos, que por la difi¬
cultad de su síntesis necesitarían cabezas de sabios
para extraer de ellos lo útil, y no creemos quepan
en los cerebros poco preparados de los jueces de
hecho. En cuanto á los testigos, la mayor parte
parece que se excusan, y desde luego no se pre¬
sentarán los militares, que serán representados en
conjunto por el Ministro de la Guerra. Todo hace
presentir nuevos escándalos y agitaciones, y, lo que
es peor, sangre y desgracias, en que siempre pagan
algunos desdichados que nada tienen que ver con
el asunto. Habrá comerciante judío que no se ha¬
brá enterado de estas cosas sino por las pedradas
que rompieron los cristales de su tienda.
• *
También ha habido piedras en Madrid contra
la Redacción de El Progreso . Los estudiantes se
ofendieron por un suelto, y pidieron rectificación:
ésta no les satisfizo, y rompieron á pedradas los
cristales de las oficinas. Presentóse el gobernador,
Sr. Aguilera, práctico en aplacar tumultos, y con¬
siguió con su palabra contener á la irritada ju¬
ventud.
No es cuestión terminada, y sólo podemos in¬
dicarla en estas líneas. Los tribunales, por un lado,
entienden en ello: los estudiantes preparan nueva
manifestación, y se habrá efectuado cuando este
número se lea.
•
• *
La muerte del espada Piñero Gavira cuando le
conducían del Hospital á la clínica del Dr. Ru¬
bio para extraerle una bala, y luego su entierro,
han conmovido á los aficionados. Había recibido
el balazo apaleando á un subinspector de vigilan¬
cia que quiso prenderle por escándalo, según di¬
cen los periódicos. Al ejecutar aquel acto punible
parece que estaba embriagado. El vino y la fatali¬
dad han producido esta desgracia. Era guapo mozo
y valiente, y se ha cumplido el refrán de los va¬
lientes y el buen vino duran poco. Hay proceso, y
álo que resulte de él nos atenemos; que sólo po¬
demos repetir lo que se cuenta. Pero es verdadera¬
mente lastimoso que haya terminado una diver¬
sión de gentes alegres de un modo tan trágico: la
autoridad desconocida y golpeada, un hombre
muerto, una viuda y una madre abandonada, y un
subinspector encausado y con señales de violencia
en su cuerpo.
•
• •
A última hora recibimos un estado de los fon¬
dos recaudados por el Comité Patriótico Central
de la Isla de Cuba para el aumento de la marina:
EN EL BANCO ESPAÑOL EN EL BANCO DE COMERCIO
Oro . . 8 36.600,20
Plata . y> 89.974,49
Billetes . » 82.609,17
Total de ambas cuentas.
Oro . $ 28.572,49
Plata . » 432,81
Billetes . j> 3.634,05
32.639,35
241.913,21
209.273,86
»
• «
Según doctos pareceres,
Con la mitad del veneno
Que hay en el hombre más bueno
Se matan cinco mujeres.
La más chica, la más alta,
La delgada y la que abulta,
Todas tienen una falta:
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30 Enero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° iv — 55
Cuando á la vista no salta,
Es que la falta está oculta.
Breve extracto taquigráfico
De la Cámara francesa,
Transmitido á nuestra empresa
En un parte telegráfico:
« — ¡Ladrón! — ¡ J udío! — ¡Canalla!
¡Te he de dar con una tralla!
— ¡Ay! ¡que me han dejado cojo!
— ¡Ay! ¡que me han saltado un ojo!
( Continua la batalla .)»
— Padre cura, ¡confesión!
— ¿Quién la pide? — Un diputado
Que va á entrar en el salón
Y quiere estar preparado
Por si muere en la sesión.
Y dice el Temps , y yo asiento:
«París en calma revela
Que son en este momento
La plazuela un Parlamento
Y el Congreso una plazuela.»
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
EXCMO. SR. D. FERNANDO PRIMO DE RIVERA,
capitán general de ejército.
Muchas veces, cuando teníamos que dar cuenta
de los tristes sucesos de nuestras guerras colonia-
_ les, hicimos votos fervientes por que el cielo nos
otorgara la ansiada paz, y hoy que Dios ha que¬
rido que en el Archipiélago filipino se extinga la
tea asoladora de la guerra y brille esplendorosa la
llama de la paz fecunda, no hemos de ocultar
nuestra inmensa satisfacción, ni podemos dejar
de felicitar con toda el alma á cuantos contribu¬
yeron á este beneficio inmenso para la patria.
A cuantos lucharon contra la ciega y nefasta re¬
belión, á cuantos vertieron su sangre y perdieron
su vida por la causa de España, á todos, en fin,
los que procuraron y han logrado levantar el au¬
gusto lábaro de la patria muy por encima de las
bastardas pasiones que engendraron la lucha, de¬
dicamos nuestro homenaje, y en testimonio de él
publicamos en la primera plana el retrato del Ge¬
neral ilustre que en el Archipiélago personifica la
soberanía de España, y que ha sabido llevar á feliz
término la pacificación de aquella tierra, comple¬
tando con éxito tan feliz los nobilísimos esfuerzos
de todos.
•
• •
ISLA DE CUBA.
El acorazado norteamericano Maine , fondeado actualmente en la
bahia de la Habana.
En la página 56 damos á nuestros lectores un
dibujo del acorazado Maine , que la exquisita cor¬
tesanía de nuestros cariñosos amigos de América
nos ha enviado á las aguas de la Habana en cali¬
dad de tarjeta de visita, y en prueba de la franca
y sincera cordialidad de relaciones que con Es¬
paña los unen.
Hay espíritus suspicaces que presumen que el
envío de este acorazado se acordó cuando los su¬
cesos de la Habana hicieron creer en una oportu¬
nidad aprovechable y y hasta añaden que como, á
Dios gracias, la tranquilidad en la Habana sucedió
muy pronto á aquella efímera revuelta, la que se
engendró hostil tuvo que nacer amable, y el barco
que partió amenazador arribó afable, cortés, y
como se trataba del Maine amainó .
Ello es que, hasta la presente, nada que no sea
cumplimiento y finura ha ocurrido, y Dios nos li¬
bre de formar temerarios juicios sobre las ulte¬
riores intenciones de nuestros cariñosos y carita¬
tivos amigos.
Es el Maine un buque de combate de segunda
clase, que tiene 318 pies de eslora, 57 de manga y
22 de puntal; desplaza 6.682 toneladas y tiene una
marcha de 17 nudos por hora.
Tiene dos torres á barbeta, y lleva cuatro caño¬
nes de 10 pulgadas, seis de 6, ocho de tiro rápido,
cuatro OatlingSy cuatro lanzatorpedos y 510 hom¬
bres de tripulación.
Fué botado al agua en 1890.
• •
MADRID.
Solemne Tedeum celebrado el 24 del corriente en la capilla
del Real Palacio.
Ei día 23 del actual se celebró, á las once de la
mañana, en la capilla del Real Palacio el solemne
Tedeum dispuesto por S. M. la Reina para dar gra¬
cias al Todopoderoso por la terminación de la
guerra del Archipiélago filipino.
A la hora anunciada salió la regia comitiva, con
el ceremonial de costumbre, de las cámaras para
dirigirse por las galerías á la capilla.
La Reina Regente vestía traje color de violeta,
sobre el que destacaba valioso collar de perlas,
llevando como tocado la airosa mantilla negra de
encaje sujeta con joyas de brillantes.
S. A. R. la infanta Isabel lucía vestido color flor
de romero, también con mantilla negra y aderezo
de perlas orladas de brillantes.
S. M. había hecho invitación especial á las hijas
del general Primo de Rivera, que ocuparon du¬
rante la ceremonia la tribuna reservada del señor
Mayordomo mayor de Palacio.
La Real capilla interpretó con gran acierto la
gran misa en do del maestro Eslava, y en el ofer¬
torio la cuarta sinfonía de Mozart.
Terminada la misa, y dada la bendición por el
Sr. Nuncio de Su Santidad, el Sr. Obispo de Sión
entonó el Tedeum y que fué cantado bajo la direc¬
ción del maestro Zubiaurre, autor de la música con
que fué interpretado ei himno que en el bautizo
de San Agustín improvisaron este santo y San
Ambrosio.
A la solemnidad, además del Nuncio de Su San¬
tidad y de los Obispos de Madrid-Alcalá y Auxiliar
de Toledo, que ocupaban sitio preferente en el
presbiterio, asistieron las Duquesas de Fernán-
Núñez, Castrejón, Ahumada y la Conquista; las
Marquesas de Aguilar de Campóo, Molíns, Mondé-
jar y Sanfelices; las Condesas de Superunda, To-
reno, Real y Yillagonzalo ; los Duques de Gor,
Tamames, Granada de Ega, Sotomayor, Bailén,
Béjar y Vistahermosa; Marqueses de la Laguna,
Velada, Quintanar, Guad-el-Jelú y Aguilar de
Campóo, y los Condes de Humanes, Pinohermo-
so, Maceda y Aguilar de Inestrillas.
En la tribuna asistieron los Duques de Cala¬
bria. La fiesta religiosa terminó á las doce y media.
(Véase el grabado de la pág. 57.)
•
• *
D. MIGUEL rilIMO DE RIVERA Y ORBANEJA,
teniente coronel de Infantería.
Tan recientes son los sucesos de la pacificación
de Filipinas y tanta su importancia, que todos
nuestros lectores recuerdan seguramente sus me¬
nores detalles, que la prensa diaria ha revelado, y
no es necesario, por tanto, repetirlos.
Sabido es que los principales jefes de la insu¬
rrección pidieron, al someterse, se les permitiera
trasladarse á Hong-Kong, y que, como garantía de
que esta merced les era lealmente concedida, so¬
licitaron les acompañase el joven teniente coro¬
nel Primo de Rivera.
La intervención que este jefe tuvo en estos su¬
cesos fué por ello muy importante, y considera¬
mos de gran oportunidad para nuestra informa¬
ción gráfica la publicación de su retrato, que
incluimos en la página 58.
El teniente coronel D. Miguel Primo de Rivera
nació en el año 1870, y tuvo ingreso en el ejército
en 1884. Conocidos son los servicios que prestó en
Melilla, Cuba y Filipinas, y no hay quien ignore
su brillante carrera, pues que en estas campañas
ha ganado tres empleos y la cruz laureada de San
Fernando.
• •
BELLAS ARTES.
La Farándula , cuadro de E. Garrido.
Ocupa nuestras páginas 60 y 61 la reproducción
de 1 cuadro del pintor español E. Garrido , titulado
La Farándulay que figuró en ei Salón de los Cam¬
pos Elíseos de París del año último. No andan muy
conformes los eruditos en la etimología del baile
popular francés La Farándula: mientras unos en¬
tienden que recuerda el baile con que Teseo reco¬
rrió el célebre laberinto de Creta marcando sus
circuitos con el hilo de Ariadna, y otros creen que
se trata de la mímica accidentada que Vulcano
grabó en el escudo de Aquiles descrito por Ho¬
mero en el canto XVIII de La Iliaday juzgan otros
sabios que tiene su origen en el provenzal/amn-
doloy y en nuestro español farándula , reunión de
cómicos ambulantes.
El baile es popular en el Mediodía de Francia,
y en él un bailarín primero va marcando figuras
y giros varios, que las demás parejas repiten exac¬
tamente, formándose de esta manera ondulacio¬
nes, ziszás y vueltas muy características.
La composición del cuadro de Garrido está muy
bien entendida, y las figuras colocadas con exce¬
lente gusto.
•
• *
D. RAMIRO ARANZABE Y ESTEFANÍA,
coronel de Infantería.
En la página 63 publicamos ei retrato de este
bizarro coronel, cuyo nombre.es hoy repetido por
cuantos comentan con satisfacción justísima la
última operación por él dispuesta, merced á la
cual ha encontrado su merecida expiación ei trai¬
dor cabecilla Aranguren, que dió muerte al te¬
niente coronel Ruiz.
El coronel Aranzabe, que tiene cincuenta y un
años, ingresó en el ejército el año 1866, hizo la
guerra anterior de Cuba, y en la actual ascendió
al empleo que hoy ejerce, tuvo noticia de que el
citado cabecilla acudía frecuentemente á una finca
denominada Pita, situada entre los poblados de
Campo Florido y Tapeste.
Vivía allí la amante de Aranguren, con su pa¬
dre, que era el dinamitero de la partida de este
titulado general.
Hó aquí , según los datos que publica la prensa
de la Habana, telegrafiados á Madrid, los detalles
del hecho:
El Diario de la Marina dice que una columna
mandada por el coronel Aranzabe venía reco¬
rriendo, desde hace días, la jurisdicción de Campo
Florido.
Formaban esta columna los batallones de la
Reina y de Canarias, y los escuadrones de Pizarro.
En la mañana de ayer cogieron prisionero á
un negro que se hallaba en el campo asando pa¬
tatas.
Cuando fue presentado el prisionero al coronel
Aranzabe, éste le interrogó acerca del sitio en
que pudiera hallarse alguna partida rebelde, y le
dijo:
— Si me das una buena confidencia te regalaré
500 pesos.
La insistencia del coronel Aranzabe en pre¬
guntar y la oferta de tan espléndido regalo hacen
sospechar que el bizarro coronel tenía noticia de
que andaba por las inmediaciones algún impor¬
tante cabecilla, si es que no suponía que era Aran¬
guren el que estaba allí cerca.
El negro prisionero dijo al coronel que le da¬
ría una noticia importante , y que aceptaba el tra¬
to, prometiendo conducir á las tropas al lugar en
que se encontraba el cabecilla Néstor Aranguren.
La columna se puso en movimiento siguiendo
las indicaciones del prisionero.
Cuando llegaron las tropas cerca de un bohío,
el prisionero indicó la conveniencia de que se si¬
tuaran en determinados lugares para impedir la
fuga de Aranguren y de los insurrectos que le
acompañaban.
Hecho esto, y evitada toda posibilidad de que se
escapasen los perseguidos, dispuso el coronel Aran¬
zabe que el teniente coronel Benedicto, con un es¬
cuadrón de Pizarro, las guerrillas y alguna infan¬
tería, marchase sobre el bohío.
Entonces ya estaba cierto Aranzabe de que en
el bohío se hallaban Aranguren, su querida y al¬
gunos amigos del cabecilla.
En efecto, la fuerza entró rápidamente en el
bohío ó hizo varios disparos sobre un grupo de
gente que apareció á la puerta del mismo.
Todas las personas que formaban este grupo ca¬
yeron heridas.
Aranguren, pocos momentos antes de morir,
dijo:
— Soy Aranguren.
Con él estaba un tal Hernández y la querida del
cabecilla.
Hernández y la expresada mujer, que habían
recibido heridas de consideración, fueron inme¬
diatamente conducidos á Campo Florido.
»
e «
TARÍS.
Manifestación en honor del general Saussier.
Publicamos en el primer grabado de la página 64
el retrato del general Saussier, que cumplió el 16
del actual setenta años, límite de la edad regla¬
mentaria en el ejército francés. Cuenta el general
Saussier cincuenta años de servicios militares, y
asumía desde hace catorce el alto cargo de gober¬
nador militar de París, y desde hace diez el de vi¬
cepresidente del Consejo Superior de la Guerra,
siendo por tanto generalísimo de los ejércitos de
mar y tierra.
La carrera militar del general Saussier ha sido
muy brillante. En Africa comenzó á distinguirse,
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E L ACORAZADO NORTEAMERICANO «MAINEr, FONDEADO ACTUALMENTE EN LA BAHÍA DE LA HABANA.
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MADRID. — SOLEMNE « TEDEUM » CELEBRADO EL 24 DEL CORRIENTE EN LA CAPILLA DEL REAL PALACIO, EN ACCIÓN DE GRACIAS POR LA PACIFICACIÓN DE FILIPINAS.
(Dibujo do Comba.)
58 — n.# iv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Enkro 1898
y después en la guerra de Crimea, en la que fue
herido, ganó su empleo de capitán y la cruz de la
Legión de Honor á los veintisiete años de edad.
Destinado á la legión extranjera, combatió en
Argelia, siendo herido gravemente en una pierna
en el año 1857, y después de algunos de perma¬
nencia en aquel país, fué en 1863 á Méjico. De
aquella campaña cuéntanse hechos muy notables
del general Saussier, entre los cuales merece ci¬
tarse el siguiente:
Ai áño de ascender á comandante, tenían los
franceses puesto sitio á Oajaca, que los mejicanos
defendían enérgicamente, y hacia el fin de dicho
sitio celebrábase un consejo de guerra para deci¬
dir si debía intentarse el asalto de un bas-
hotel del Gobernador aparece entre sus ayudantes
el general Saussier, de gran uniforme, luciendo
sobre su pecho el gran cordón de la Legión de Ho¬
nor. Ante él desfilaron los manifestantes á los
acordes de dos músicas colocadas al pie de la co¬
lumna Vendóme, saludando con las banderas y
con estruendosos vivas á Francia y al ejército.
Después Mr. Levecq, presidente del Comité di¬
rectivo de la manifestación, presentó al General
el Libro de oro de las sociedades patrióticas, ador¬
nado con una acuarela de Pablo Merwart, y como
recuerdo y homenaje un bronce de Susse, reduc¬
ción de la «Defensa de la bandera» de Croisy,
grupo del monumento del general Chanzy.
LAS TORTUGAS «BIJOUX».
En el primer grabado de la página 65 ofrecemos
á la curiosidad de nuestros lectores muestras de
tamaño natural de las diminutas tortugas que las
caprichosas francesas han convertido en la joya
de moda.
Esta creación sensacional corresponde al gran
joyero de la calle Royal, Mr. Templier, en cuyo
escaparate figura, entre los estuches, una bandeja
de terciopelo blanco, en donde se exhiben los mi¬
núsculos quelonios, pertenecientes á la especie de
los emídeos. Sujeta por cuatro ganchitos á la con¬
cha va la montura de platino, y sobre ésta van en¬
garzadas las piedras preciosas con que se
tión, llamado el del farol porque en su
parte superior había uno que servía de
señal al enemigo.
Fué el parecer del consejo que aun es¬
taba aquella posesión demasiado defen¬
dida para que se pudiera intentar un asal¬
to; pero el comandante Saussier opinaba
lo contrario, y sostenía que aquella po¬
sición estaba abandonada, y que el farol
no era más que una estratagema, por lo
cual debían apoderarse de ella inmedia¬
tamente. Su proposición fue rechazada, y
furioso entonces, salió de la sala en que
el consejo se celebraba, se fue solo hasta
el bastión, cortó la cuerda que sujetaba el
farol y volvió para presentar su trofeo á
los oficiales que aun estaban discutiendo.
«Hé aquí — dijo — la prueba de que el bas¬
tión está abandonado.» Por este acto de
valor se le concedió la cruz de oficial de
la Legión de Honor.
Volvió de Méjico de teniente coronel,
y ascendido en 1869 á coronel, mandó el
41 de línea en la guerra franco-prusiana.
En ella, cuando el general Bazaine firmó
el 28 de Octubre la capitulación, tomó
Saussier la iniciativa de una carta que fir¬
maron 42 oficiales de su regimiento antes
de dirigirla al mariscal Lebceuf.
* Queuleu , 28 Octubre 1870.
»Los oficiales que suscriben, del 41 re¬
gimiento de línea, aunque no han recibi¬
do todavía la comunicación oficial de una
capitulación sin condiciones, creen, sin
embargo, deben considerar como verda¬
dero este inmenso desastre. Juzgan un
deber el protestar del modo más solemne
contra la rendición completa de un ejér¬
cito que aun no ha sido batido por el ene¬
migo. Todos os ruegan tengáis la comple¬
ta certeza de su concurso; y si queréis
hacer un llamamiento á su abnegación por
un acto enérgico, se declaran desde luego
dispuestos á combatir.»
La carta no tuvo resultado. El ejército
fué prisionero, y los oficiales del 41 fue¬
ron enviados á Colonia, y allí encarce¬
lados.
No quiso el coronel Saussier dar pala¬
bra de honor de que no trataría de eva¬
dirse y le enviaron los prusianos á la
frontera de Rusia, en la fortaleza de
Graudenz. Al fin consiguió su propósito
de evasión, y en unión de un ordenanza.
adornan, y en una anilla va sujeta la ca-
denita de oro que las esclaviza, que tiene
unos 20 centímetros de longitud.
El precio de estas joyas vivas es, por
término medio, de unos 500 francos.
No creemos que entre las españolas se
aclimate esta moda, ¡pues las juzgamos
muy poco aficionadas á tener encima bi¬
chos, aunque estén engarzados en brillan¬
tes. Aun en el mismo París, donde toda
novedad tiene su encanto, tenemos enten¬
dido que sólo ciertas . personas usan es¬
tas joyas, y que muy pronto la versátil
diosa de la moda redimirá de su innece¬
saria é injustificada esclavitud á los pa-
cientísimos animalitos.
El ingenioso caricaturista parisiense
Henriot pone en boca de una tortuga esta
ternísima súplica:
«¡Oh caballero! j Si sois siquiera de la
Sociedad Protectora de los Animales,
guardaos mis diamantes, pero devolved¬
me mi libertad!.....»
•
• *
UN NUEVO «SPORT».
Diversiones populares en Alemania.
Una diversión popular muy frecuente
en Alemania en la época de los grandes
hielos es el nuevo sport de que da idea el
dibujo que en la página 65 reproducimos.
El lugar de la escena es uno de los nu¬
merosos lagos del Oberspree, en Berlín.
Se necesita gran habilidad para guardar
el equilibrio sobre los pequeños aparatos
que resbalan sobre el hielo, impelidos con
auxilio de dos largos bastones con rega¬
tón de acero. La velocidad adquirida es
casi increíble, y en las frecuentes carre¬
ras en competencia, como puede supo¬
nerse , los más animosos competidores
suelen tener muy buenas caldas , sobre
todo al final.
#
• •
EL GENERAL ZURLINDEN.
En la página 68 incluimos el retrato del
general Zurlinden, que ha sustituido á
Saussier en el Gobierno militar de París.
Nació el general Zurlinden en Colmar
en 1837, y estudió en la Escuela Politéc¬
nica, de la que llegó á ser segundo jefe
de 1880 á 1885, en cuyo año ascendió á
como él disfrazado de obrero, llegó á general de brigada. Fue ministro de la
Francia, atravesando con mil dificultades D. MIGUEL PRIMO DE RIVERA Y ORBAYE JA Guerra en 1895, y últimamente mandó
y peligros Rusia, Polonia, Austria é Italia. teniente coronel de infantería * el 15*° Cuerpo en Marsella. El edificio de
En Marzo de 1871 fué como general de coml8l0nado por el capjtán general dei Archipiélago filipino pam acompañar la plaza de Vendóme, donde vivía el ge-
brigada a Argelia para combatir la insn- 4 Hong-Kong & ios principales jetes tagalos. neral Saussier, y donde recibió las mam-
rrección arabe: después de muchos com- f estaciones de respeto y cariño de que he-
bates recibió la encomienda de la Legión mos hablado, solamente lo ocupará el
de Honor.
Al volver á Francia intervino en la política, y
fué miembro de la Asamblea nacional en 1875,
por lo que el Ministro de la Guerra le puso de
oficio «en disponibilidad», y cinco años después
volvió al ejército de general de división, man¬
dando el 19.° cuerpo de ejército en Argel, y luego
el 6.° en Chálons-sur-Marne.
Tal respeto y tan grande afecto inspiró siempre
á sus compatriotas este General, que el domingo
16 del corriente se celebró en honor suyo una in¬
teresante manifestación.
Contestando á las felicitaciones de Mr. Levecq,
el general Saussier, con visible emoción que todos
los presentes compartieron, dijo: «No esperéis de
mí bellas frases: guardad el recuerdo de vuestro
general como yo guardaré el vuestro.»
Las sociedades de Alsacia-Lorena, los antiguos
individuos de la Guardia, los de Crimea y otras
importantes agrupaciones, presentáronle también
sus más cariñosos homenajes, y en estos actos sus¬
tituyó á la estudiada y artificial retórica la espon¬
tánea sinceridad y la cordialidad del afecto.
general Zurlinden provisionalmente, por-
, muy en breve, la residencia del Gobierno Mi-
r de París se trasladará á los Inválidos.
Carlos Luis de Cuenca.
GRANDE EN CHICO.
(COSAS DE TEATROS.)
Ciento veinte sociedades patrióticas, compuestas
de antiguos combatientes ó futuros soldados, re¬
uniéronse á mediodía en el Jardín de las Tulle-
rías para formar el cortejo, que se trasladó á la
plaza Vendóme entre doble fila de guardias muni¬
cipales.
Nuestro segundo grabado de la citada página
representa la llegada de la manifestación a dicha
plaza. En la ventana de encima de la puerta del
Al quedar el general Saussier, según la ley, en
disponibilidad fuera de los cuadros desde los se¬
tenta años, continúa sin embargo formando parte
del Consejo Superior de la Guerra en concepto de
encargado de una misión especial, pues no ha que¬
rido el Gobierno francés privarse por completo de
sus servicios y de su alta experiencia.
La manifestación, efectuada en los días en que
apasionadamente se discutían otras personalida¬
des del ejército, causó el mejor efecto.
#
• a
Grande en chico no es equivocación; aunque lo
parezca, por aquello de que el contenido ha de ser
menor que el continente. Chico en grande se en¬
tendería mejor, sin duda; pero no traduce con
exactitud, ni aun de un modo aproximado siquie¬
ra, lo que ahora en el magín está escarabajeán¬
dome.
Algo hay también en ello de chico en grande ; 6Í,
señor, que lo hay; pero lo principal es lo otro.
Y por si algunos lectores, excesivamente bon¬
dadosos, sintieran picada su curiosidad, de lo cual
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30 Enkbo 1898
LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA
LA MODA FEMENINA. — TORTUGAS «BIJOUX», DE TAMAÑO natural
(De fotografía.)
L.
UN NUEVO «SPORT». — DIVERSIONES POPULARES EN ALEMANIA.
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66 — n.° ív LA
tes de esplendorosa luz, las aficiones artísticas de
la gente latina, que aquí y allí tiene por maestros
y por ídolos á Velázquez y á Murillo, á Rafael y á
Guido Reni. Con exquisito gusto y singular acierto,
á juzgar por la crítica, fijan sus inspiraciones en
el lienzo aficionadas tan aplaudidas como Otilia
Denis, Matilde Lavalle, Sofía Posadas y Amelia
Magiione, y justamente celebrados han sido los
cuadros de Nicolau Cotanda, de Orlan di, de Delle
Yedove, de Francisco Fortuny, de Oriandi, de
Besques, de Gómez Plasent, de Bonifanti, Palao
y Sartorelli.
Los españoles habrán podido además saborear
el especial deleite, que el amor á la patria lejana
agranda y vivifica, ai encontrar en aquella Expo¬
sición obras de Muñoz Lucena, de Gutiérrez Ri¬
vera, del gran Sorolla y del inolvidable maestro
de tantos maestros, por tantos artistas enaltecido,
Casado del Alisal. Para las personas de gran cul¬
tura de la capital de la Argentina, para la socie¬
dad de exquisito gusto que forma, como en todas
partes, el estado mayor de la inteligencia, la apa¬
rición de las obras del glorioso autor de La Cam-
pana de Huesca ha sido una revelación , un ver¬
dadero acontecimiento. Verdad es que para los
que tantas veces las hemos admirado, siempre
produce indescriptible complacencia el volverlas
á contemplar, porque ejercen en el ánimo tan po¬
derosa atracción que lo arrastran, para que ante
ellas se detenga y enamore.
Accedió gustoso á presentarlas el ilustre y bene¬
mérito patricio D. Carlos Casado del Alisal, her¬
mano del gran artista, no sólo para que aquel pue¬
blo joven y animoso gozara conociéndolas, sino
acaso también para honrar una vez más á su pa¬
tria, y para rendir un nuevo recuerdo de cariño á
su autor, á quien quiso siempre con idolatría; que
no otra clase de afecto podía concederse al exi¬
mio hijo de la Tierra de Campos que á tanta al¬
tura como la de su genio brilló siempre por sus
grandes dotes personales de intachable caballero.
No puedo yo tampoco contener mi entusiasmo al
recordarle, ya que como amigo verdadero le traté
y le vi trabajar en aquella pobre tierra palentina
donde tuvo su cuna, que guarda hoy sus restos,
donde viví tantos años y donde nacieron mi
amante compañera y mis hijos; en aquella comar¬
ca que, á pesar de haber recibido de la Naturaleza
tan pocos encantos capaces de encender la inspi¬
ración y de convidar al culto del arte, fue la ma¬
dre de poetas, escritores y artistas como D. Gó¬
mez Manrique, D. Santo de Carrión, fray Ge¬
rundio, Berruguete, Juan de Celaya, Castrillo y
Villoldo.
En la Exposición de Buenos Aires han figurado
veintisiete obras de Casado, y entre ellas: Las dos
Olas , Coro de la Catedral de P alenda, Interior de
la misma , Vista de Venecia, Primavera , Retrato
de Doña Casilda Alisal de Casado , Retrato de
Don Pedro Casado , El regalo de la moña , Apo¬
teosis de Shakespeare , La Poesía (última obra, que
dejó sin terminar), numerosos bocetos de algunos
de sus principales cuadros, otros varios retratos
al óleo y al carbón, y una copia de las Meninas .
En tan hermosa colección, como legados de otros
grandes pintores á Casado, se veían un retrato de
éste, pintado por Bonnat, y un boceto de Rosales.
La prensa de Buenos Aires ha dedicado especial
recuerdo al autor de Los Carvajales , de la Capí Hi¬
larión de Bailón , del magistral Retrato de Isa¬
bel II, de la Batalla de Kintudia y del Rey Monje,
publicando su biografía y enalteciendo una vez
más sus grandes méritos. Esta honra, concedida
al pintor por lo más distinguido de la sociedad
argentina, ha sido muy estimada y agradecida por
cuantos conocieron á Casado del Alisal, y por
cuantos profesan la admiración que se merece á la
pintura española.
•
• •
En los mismos días en que Buenos Aires rendía
justo tributo de gratitud á D. Carlos Casado por
el envío de estas obras á la Exposición de la «Col¬
mena Artística», un genial escritor español, de viva
y chispeante facundia, sesudo en el pensar, humo¬
rístico en el decir y correcto en el manejo de la
pluma, el médico Severiano Lorente, publicaba en
aquella capital un libro, pequeño en volumen,
pero saturado de sustancia, que el editor de El
Comeo Español, de Buenos Aires, había dado á la
estampa, reuniendo, en artístico y fragante rami¬
llete de recuerdos, varios artículos que aquél había
escrito para el reputado diario, sostenedor de
nuestro espíritu en aquella República. En uno de
estos artículos, titulado En carruaje por las nu¬
bes, consagra Lorente el recuerdo de la primera
ascensión y travesía en coche por las cumbres de
los Andes que ha realizado viajero alguno, cuya
admirable y arriesgadísima excursión llevó á cabo
ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Enkbo 1898
D. Carlos Casado en compañía de su familia y del
escritor y módico en cuestión, sólo por no ir á
hacer la villegiatura veraniega á un puerto de mar
del Plata ó del Atlántico , y para pasarla cómoda¬
mente y con plena libertad en las playas de Chile.
Peregrino es, y de lo más notable que puede con¬
tarse, eso de ir á tomar baños desde la provincia
de Santa Fe hasta las costas chilenas, subiendo y
bajando en amplio carruaje las interminables ver¬
tientes de la colosal cordillera de los Andes; pero
este detalle de firmísima voluntad y rara energía,
es uno de tantos, uno de los más insignificantes
de los muchos más grandes y trascendentales que
ha sabido llevar á cabo D. Carlos, otro palentino
insigne, el fundador del pueblo de Villa-Casilda,
que eternizará el nombre de su madre , el creador
del ferrocarril Oeste Santafecino, el primer ex¬
portador de trigo argentino á Europa, el generoso
auxiliar millonario de D. Isaac Peral, el pródigo
auxiliar también de cuantas asociaciones patrióti¬
cas españolas se crean en aquella República, el
dueño de gran parte del territorio del Chaco, y el
hombre en cuyas manos nunca corrieron riesgo el
crédito, el capital, ni la honra propia, ni la de
nadie.
Severiano Lorente pinta, como suele decirse,
al hombre y sus obras en breves párrafos, de sa¬
liente relieve, con indiscutible gracia y con aque¬
lla viveza y alegre desenfado propios de la gente
de su estirpe, que heredó y conserva la claridad
de ingenio, la penetración y espíritu valiente ca¬
racterísticos del docto profesor y matemático, su
padre, que en Vitoria y Valladolid enseñó á la ju¬
ventud, y de quien tuve la honra de ser amigo y
discípulo. Su libro Recuerdos anecdóticos refiérese
á España, en la época en que el autor terminó su
carrera escolar, y tiene todo el encanto de las na¬
rraciones autobiográficas, cuando se relatan. con
chispa y donaire satíricos. Todos los capítulos de
que consta el libro se leen con creciente curiosi¬
dad. La Educación oratoria de Moret, El Memo¬
rión de Don Emilio y Una improvisación de Eche-
garay son deliciosos retratos de estos hombres
eminentes, bosquejos de hermoso colorido que
consagran el recuerdo de otros tantos alardes de
genio, desconocidos para la mayor parte de los
lectores de España. En el titulado Una frase de
Rui z Zorrilla, detalla gráficamente la energía de
carácter de aquel indomable político. La juventud
que estudiaba en Valladolid hace veinticinco años
leerá con regocijo los capítulos Cadetes y estu¬
diantes, Maldición heroica (una maldición de Pepe
Zahón ero) y El banquete de un enfermo, y en Vi¬
toria, y entre muchos amigos de Madrid, se sabo¬
rearán con deleite los que llevan por título Con¬
juración alfonsina y Ocurrencias de Gayar re .
Lorente ha sentido resucitar en su espíritu y en
su corazón estos recuerdos al hallarse muy lejos
de España, y el tiempo y la distancia, en vez de
atenuarlos, los han agrandado y embellecido, dán¬
doles en su imaginación y en su pluma más relie¬
ve, mayor fuego y más vida. «Desde el cafó Suizo
ó el Salón de Conferencias, la perspectiva de
nuestro país — dice en una carta-prólogo — puede
presentar accidentes un sí es no es antiestéticos,
solamente apreciables para quien la examina so¬
bre el fondo de las naciones á quienes tenemos
por modelo de buen orden y cultura; pero contem¬
plada con la avidez del expatriado, y desde la le¬
jana pampa en que vegeto, semejantes lunares
resultan imperceptibles; así es que, en el marco
de esta civilización adolescente, el cuadro de las
virtudes españolas y los españoles méritos ad¬
quieren relieves de una belleza y una magnifi¬
cencia que no pueden menos de enorgullecemos.
Y como el espectáculo de las cosas, el estudio
de la Historia, el conocimiento de la anatomía
política comparada, y los dictados de mi pobre
juicio, que reputo sano, me están diciendo á gri¬
tos que la España grande es la España católica,
monárquica, conservadora y castellana ...... ¿por
qué no he de proporcionarme el gustazo de decir-
lo, ya que no á gritos de la garganta, que nadie
me oiría en estas soledades, á gritos del pensa¬
miento, que habrán de repercutir en algunas con¬
ciencias?» El brillante escolar de Valladolid, el
periodista de Bilbao, Madrid y Buenos Aires, el
médico estudioso y concienzudo aparece ahora
ante sus amigos como un literato de envidiable
ingenio. No se olvide el expatriado que hay aquí
muchos que le recuerdan con satisfacción, y
envíenos pronto la Segunda serie de sus Anecdó¬
ticos.
•
• «
Trabajo de mayor trascendencia f extensión y
empeño es el que otro español ha realizado en la
Argentina al dedicar el positivo valer de su cul¬
tura literaria, el cúmulo de sus observaciones y
no poco esfuerzo, á describir, en un primoroso li¬
bro de abundante lectura, los dos tipos étnicos de
el emigrante castellano, que desde lo más recón¬
dito de nuestro suelo llega á aquellas playas con
una carta de recomendación, sin más equipaje que
lo puesto y sin un céntimo en el bolsillo, y que
á fuerza de trabajo reúne una fortuna, y el del
hijo casual del español, sér repugnante en mal
hora engendrado, que detesta á su padre y reniega
de su apellido, amargando con mortal pesadumbre
por su infame conducta la existencia de aquel
hombre de bien á quien debió la suya. En el des¬
arrollo de este cuadro total de la historia de bas¬
tantes familias, que es típica en las «evoluciones
de la sociedad argentina», aunque felizmente no
afecta á todas las de los emigrados, ni mucho me¬
nos; en el estudio anatómico moral de los buenos
y honrados españoles que allí despliegan grandes
energías para hacerse útiles y respetables miem¬
bros de aquella sociedad, y en el de sus renegados
descendientes infeccionados desde niños por el
odio á sus progenitores y á la madre patria de
donde proceden, se ha revelado el autor de este
libro un psicólogo verdadero y un escritor de al¬
tos vuelos.
Merecido premio es este para quien desde hace
algunos años trabaja con envidiable constancia en
la prensa de Buenos Aires, sosteniendo entre
nuestros paisanos, con inquebrantable decisión, el
amor á su patria. Tal benemérito campeón de la
buena causa es el joven publicista D. Francisco
Grandmontagne (Luis Jaizquibel), director de la
hermosa revista ilustrada éuskaro-americana La
Vasconia, por todos los vascos del Plata querido
y considerado.
La obra á que me refiero titúlase: Teodoro Fo¬
ronda, y en su animado estilo, fácil, correcto, mo¬
vido y humorístico en alto grado, se descubre el
profundo estudio que ha hecho de las obras de
nuestros novelistas contemporáneos más celebra¬
dos. A la norma elegante del lenguaje que en ellos
aprendiera, únese el mérito de estar su propio tra¬
bajo dialogado en el del pueblo callejero y de la
clase media de la Argentina, con sus característi¬
cos modismos tan estupendos é inadmisibles para
nosotros, con sus frases vulgares gauchas, con su
acentuación tan original, con las nuevas palabras
que aquellos pueblos han inventado en uso de su
autonomía, emancipándose de la severa pauta del
Diccionario castellano. En esta labor refleja tan á
maravilla Grandmontagne la charla de aquéllos
elementos, que comprenden desde los chinos, gau¬
chos, pulperos, y estancieros, hasta los comercian¬
tes y señorío de los pueblos, que es delicioso en
sumo grado el leerla y comenterla. Con igual exac¬
titud y con verdadera maestría y abundancia de
detalles están descritos los personajes, las tien¬
das, el campo, bis viviendas y la vida social de
cuantos se agitan en los poblados de la comarca
rural.
Y si en los capítulos de obra tan entretenida
y ejemplar se ve el empeño que su autor ha tenido
en demostrar que nada escapa á su observación,
respecto á los pormenores descriptivos, óchase de
ver también que aun ha ahondado y trabajado más
en la apreciación y pintura de las pasiones, donde,
á la verdad, el sentimiento del escritor aparece,
más que profundo y amplio, un poco desbordado.
No daña esto mucho á la contextura artística de
la obra; pero en cambio le quita bastante de la
amenidad y fácil desenvolvimiento que sus inte¬
resantes narraciones debieran tener, el cúmulo de
consideraciones personales que en ella ha interca¬
lado el autor, la mayor parte de las cuales en nada
se relacionan con los sucesos, y podían y debían
suprimirse para que el conjunto resulte más li¬
gero y más artístico y agradable por todos con¬
ceptos.
Si en el texto de estas breves crónicas cupiera,
yo reproduciría algunos párrafos de las magistra¬
les descripciones, de los alegres diálogos conteni¬
dos en los capítulos de Teodoro Foronda, para que
el lector se convenciese de que no hay nada de
exagerado en mis juicios. Al exponerlos hoy,
conste que he esperado á que concienzudos críti¬
cos españoles y americanos dieran su opinión
acerca del libro realista, de la labor fotográfico-
social de Grandmontagne; y cuando ellos han
aquilatado sus méritos, opinando del mismo modo
que yo había discurrido para mí, al leer y volver
á leer tan curiosas páginas, no abrigo ya temor
alguno al consignar lo que dejo escrito; y al feli¬
citar al estudioso é inspirado Luis Jaizquibel , de¬
seo que mantenga los buenos alientos de que ha
hecho alarde, para que en España y en América
se le lea á menudo en ese género de trabajos, tan
amenos en la forma y de tanta enseñanza ejem¬
plar en el fondo. .
Ricardo Becerro de Bengoa.
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30 Enbbo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° rv — 67
Saint-Saéns, Sansón y Dalila , no ha podido ser
más completa. La noche del 25 púsose en escena
por primera vez durante la presente temporada la
referida ópera, y el público saboreó con verda¬
dero deleite las innumerables bellezas de la obra,
aplaudiendo con calurosísimo entusiasmo á sus in¬
térpretes, que verdaderamente cantaron de un
modo excepcional.
De la Sra. Guerrini repetidas veces hemos dicho
que es una artista de extraordinario mérito, una
de las eminencias en su difícil arte, y en la citada
noche lo acreditó una vez más con su acabadísima
labor, admirable por todos conceptos. Temporada
de prueba es la presente para la ilustre artista, y
nada más se puede exigir a quien, como ella, rea¬
liza una labor constante, en extremo fatigosa, y
sabe encontrar motivos de aplauso y elogio en
cada una de las obras que interpreta.
£1 público premió sus méritos tributándola ca¬
riñosas y entusiásticas ovaciones, y haciéndola
salir á escena muchas veces al final de cada uno
de los actos.
Para el Sr. Mariacher, Sansón y Dalila ha sido
un nuevo y ruidoso triunfo. No decayó ni un mo¬
mento durante toda la representación, y cantó
con vigorosa energía y exquisito gusto la difícil
parte de Sansón, siendo interrumpido en no po¬
cas ocasiones por las aclamaciones del público, al
que supo cautivar con su maravilloso arte.
Digno de especialísima mención es el Sr. Buti,
que puso de relieve sus grandes condiciones, y
todos, absolutamente todos los artistas que toma¬
ron parte en la representación. La interpretación
dada á Sansón y Dalila ha sido quizás la mejor y
más completa de cuantas obras se han cantado esta
temporada.
De la orquesta nada hay que decir. Fué la mis¬
ma de siempre, y bajo la magica batuta del maes¬
tro Goula realizó verdaderos prodigios, así como
los coros, que merecen no pequeña parte del rui¬
doso éxito alcanzado.
Un aplauso á Luis París, infatigable y exce¬
lentísimo director de escena, que ha puesto la.
obra como hace mucho tiempo no se veía en el
Real. Y, para terminar, nuestra sincera enhora¬
buena á la empresa, que ha encontrado una fuente
de pingües ingresos en la ópera de Saint-Saéns.
ESPAÑOL.
El Sr. Sellés ha retirado á la empresa de este
teatro la autorización para representar su trage¬
dia Gleopatra , recientemente estrenada. La obra,
impresa, se publicará muy en breve.
•
• •
Repuesto por completo de la indisposición que
le impedía tomar parte en las representaciones,
ha vuelto á reanudar sus tareas artísticas el señor
Díaz de Mendoza.
PRINCESA.
Para después de La Corte de Napoleón, cuyo es¬
treno se verificará uno de los próximos días, la
empresa cuenta con las siguientes obras : El Ter¬
cer partido, de El Capitán Adelante; El Pedestal ,
del Sr. Ruiz Contreras; Buen Corazón quebranta
mala fortuna , del Sr. Pérez Seoane, y La Comida
de las fieras , del Sr. Benavente.
PARISH.
El joven y aventajado tenor Sr. Alcántara, re¬
cientemente contratado, se presentó al público de
este teatro la noche del pasado sábado en la zar¬
zuela, de los Sres. Ramos Carrión y Chapí, La
Bruja .
Nada ha perdido el distinguido artista durante
el tiempo que no ha cantado en Madrid; antes al
contrario, sus facultades han llegado á su apogeo,
y hase convertido en un excelente actor, cuali¬
dad de que caree ja por completo no hace mucho
tiempo.
El público premió con nutridos y calurosos
aplausos su excelente labor, haciéndole repetir la
jota, que cantó de una manera notable, y salir á
escena muchas veces á la terminación de todos
los actos.
Muy bien los demás artistas, así como los coros
y la orquesta, muy hábilmente dirigida por el
maestro López.
LARA.
Mimo, comedia en dos actos y en verso, por
D. Miguel Echegaray, ha sido estrenada en este
elegante teatro la noche del último lunes.
El asunto de la obra es poco original, pero está
desarrollado con exquisita habilidad, y las situa¬
ciones cómicas en que abunda el segundo acto,
muy superior al primero, fueron muy celebradas
y aplaudidas.
Mimo está escrita con corrección admirable,
abunda en rasgos de verdadero ingenio, y si no pe¬
sasen un tanto algunas escenas del primer acto,
en las que el autor exagera demasiado el mimo y
la mala educación de aquella recién casada, pre¬
sentaría la nueva obra un conjunto perfecto.
La interpretación que dieron los artistas de Lara
á esta comedia ha sido excelente. Rosario Pino
fué la heroína de la noche, desempeñando primo¬
rosamente el papel de niña mal educada; Larra,
muy bien, y acertados las Sras. Yal verde, Mavi-
llard, Las Heras, y los Sres. Ruiz de Arana, San¬
tiago , Gonzálvez y Ramírez. Este último estudió
concienzudamente su papel de camarero, y justo
es reconocer que lo desempeñó á la perfección.
Al final de la obra, autor y actores fueron lla¬
mados repetidas veces al proscenio, y recogieron
aplausos muy nutridos.
•
* •
La noche del 25 se verificó en este teatro la re -
prise del juguete en un acto Chifladuras , que di¬
virtió grandemente al público que llenaba la sala.
El éxito alcanzado nacía dejó que desear, así como
la interpretación dada al juguete por la señora
Pino, señorita Las Heras y los Sres. Ruiz de Arana
y Larra, que obtuvieron unánimes aplausos.
*
• e
El pasado sábado debutó con Los Corridos el
actor Sr. Soler, conocido ya de nuestro público,
que le ha aplaudido en el modesto teatro Martín. El
debutante estuvo discreto, y recibió algunas de¬
mostraciones del agrado con qae fue recibido.
Muy bien, como de costumbre, los artistas que le
acompañaron en el desempeño de la obra.
•
« •
El martes próximo celebrará su beneficio la se¬
ñora Val verde con un escogido programa, en el
que figura un monólogo titulado El Vestido de boda,
primera producción dramática de la Sra. Pardo
Bazán.
ISABEL BRU,
del teatro de Apolo.
(De fotografía de Lokner.)
APOLO.
En Apolo estrenóse anoche El Reloj de cuco,
zarzuela cómica en un acto, letra de los Sres. La¬
bra y Ayuso, música del maestro Bretón, y for¬
zoso es confesar que los autores del libro andu¬
vieron poco afortunados, así en la elección de
asunto, como en el desarrollo de la obra, que no
logra interesar ni divertir en ningún momento ai
público. Claro está que poco ó nada podía hacer el
maestro compositor con un libro que carece por
completo de situaciones aprovechares, y aun así
sacó el mayor partido posible. Una polca y el bai¬
lable final fueron muy aplaudidos, y merecieron
el honor de la repetición.
El clou de la obra es el citado bailable, admi¬
rablemente presentado y dirigido por el simpático
actor del mismo teatro Sr. Carrión.
El Reloj de cuco ha sido puesto en escena con ex¬
traordinario lujo de decoraciones y trajes, y por
ello merece sinceros plácemes el inteligente em¬
presario Enrique Arregui.
En la interpretación distinguióse especialmente
la Sra. Perales, que hace una primera bailari¬
na..... de primera, y los Sres. Carreras y Me-
sejo, que pusieron de su parte cuanto es posible
para que la zarzuela no naufragase en los momen¬
tos en que el temporal arreciaba y amenazaba se¬
riamente.
• •
Han comenzado los ensayos de la nueva zar¬
zuela de Arniches y Torregrosa, titulada El Santo
de la Isidra, cuyo estreno será probablemente el
primero que se verifique.
COMEDIA.
Ha sido encargado de la dirección artística de
este teatro el reputado y aplaudido autor dramá¬
tico D. Eduardo Navarro Gonzalvo.
• •
En la presente semana se verificará el estreno
de El Nuevo siglo , sátira original de los señores
Caesta Armiño y Taboada Steger, para la cual se
están pintando siete preciosas decoraciones y cons¬
truyendo un lujoso vestuario. Después de la obra
citada se estrenará la zarzuela del Sr. Alvarez
Naya y el maestro Hermoso, titulada La Dulce
Alianza .
A.
JABÓN DE LOS PRINCIPES DEL CONGO
«I mrt* perfumado de los jabones de toeador
LOCIÓN VAISSIER del cabello
3 grandes premios. 21 medallas de oro. — Fuera de oonoarte
4, PLACE SE Xi’OFÉ&A, PARIS
De renta en toda» laa buenas perfumerías de España, América.
LOS -¿-TOS
por fuerte y crónica que sea, tomen las
PASTILLAS DEL DOCTOR ANDREU.
Remedio prodigioso y ráp-do. 30 años de éxilo.
EL LANZA-PERFUME
PERFUMA IT REFRESCA
Automáticamente sin mojar ni manchar.
PERFUMES EXQUISITOS
En toda* laa buenas Perfumerías. — Depósitos principales i
Víctor Ga fsy .Union fi, B ARCELON A.; Vilar R1 cisura Hermanos,
Jarata, 5, VALENCIA; Vicente fUbeiro, Faoquciroi, LISBOA.
WALLBS & C*
le (Aatlgaa oaia ii EilLE PINQAT), SO, rus
- XaM<»-te-(?rami,PariH.— TRAJES Y ABRIOOS
ROYAL H0UBI6ANT Homblgnm^psP
fumista, 19, F&ubourg 8* Honoré, Parí i.
Perfumería erótica SENET, 35, ruedu Quatre Septembre,
París. ( Véanse los anuncios .J
Perfumería Ninon . V« LE CONTE ET Cie , 31 , rué du Quatre
Septembre. ( Véanse los anuncios .)
¡Ü&r Violeftepucníe
savo* — emites — mu os toilette
pouofte de mz
L.T. PIVBR a PARIS
Las joyas y adornos en imitaciones de diamantea y pie¬
dra finas de la casa Qeorge, 28, boulevard des Ilaliens, de
París, son tan perfectas, que es imposible á los ojos mis exper¬
tos distinguirlas de las verdaderas. Envió de cat&logo franco de
porte á vuelta de correo.
El VINO de PKPTONA OATILLON, si roq/or reconstituyente
de /ai fuerzas , rsatsbhcs o I apetito y los digestiones. Enfermedad*
dti BITÓMAQO, LANGUIDEZ, ANEMIA,**.
Digitized by ^.ooQie
68 — n.° ív
LA • ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y ' AMERICANA
30 Enero 1808
LIBROS PRESENTADOS
i ESTA REDACCIÓN POR AUTORES ó EDITORES.
Juegos florales» celebrados en Granada el 25
de Junio de 1897 •
La Real Sociedad Económica de Amigos del País,
de la provincia de Granada, nos ha remitido cjempla-
res de la elegante edición que ha hecho de las poesías
premiadas en los Juegos florales celebrados el 25 de
Junio del ano anterior, de los cuales dimos cuenta
oportunamente.
A dichas composiciones acompañan el acta de la
sesión, el discurso del Director de la Sociedad Econó¬
mica, el del Presidente del Jurado y el de D. Víctor
Balaguer, presidente y mantenedor de los Juegos flo¬
rales. Ilustran el folleto los retratos de la Reina de la
fiesta, el del Dr. Villarreal, director de la Sociedad Eco¬
nómica, el de D. Víctor Balaguer y el del poeta pre¬
miado con la flor natural, D. Miguel Gutiérrez Jiménez.
Mucho agradecemos al Sr. Villarreal su atención.
Reclutamiento y reemplazo del ejército. —
Ley , reglamentos y formularios , por D. José Díe y
Mas y D. Juan L. Lapoulide.
Nada más indispensable para los alcaldes, secretarios
y concejales de los Ayuntamientos, para los individuos
de las Comisiones mixtas de reclutamiento, jefes de
zona y de Cajas de recluta, y para los mozos y sus
familias, que conocer con exactitud las disposiciones
de la Ley de reemplazos rigente y los Reglamentos y
Reales órdenes que rigen sobre el particular. La pren¬
sa se ha ocupado de los numerosos errores cometidos
en la quinta de 1897, errores que, si en algunos de 1 os
casos se deben á la malicia ó al interés, en la mayor
parte de ellos tienen por origen la ignorancia de la ley
y sus disposiciones complementarias.
Por eso resulta de gran oportunidad la publicación
de la Ley de reemplazos comentada y Reglamentos
para su ejecución.
No necesitamos encarecer el mérito de esta obra;
nos basta con dar á conocer á nuestros lectores el su¬
mario de las materias que en ella se comprenden, para
que juzguen su indiscutible importancia y lo conve¬
niente que es adquirirla. Contiene: La ley de 1885 con
las reformas introducidas por el R. D. de 20 de No¬
viembre de 1888 y la ley de 21 de Agosto de 1896; la
jurisprudencia administrativa sobre legislación' de
* quintas; tratados internacionales en lo referente á este
importante servicio del Estado, y las disposiciones más
notables relativas á los voluntarios de las Provincias
Vascongadas; reglamento para la ejecución de la ley;
reglamento de exenciones por causa1 de inutilidad físi¬
ca; reglamento orgánico de las zonas militaros; ley re¬
formada sobre el ejercicio de la jurisdicción contencio-
so- administrativa; reglamento para su ejecución; re¬
glamento de procedimiento administrativo para las
dependencias del Ministerio de la Gobernación; regla¬
mento de procedimiento administrativo para las del
Ministerio ae la Guerra; colección la más completa de
formularios para todas las operaciones é incidencias
del reem plazo; apéndice legislativo; un extenso reper¬
torio alfabético de todas las materias comprendidas en
las leyes y reglamentos citados.
Véndese al precio de 5 pesetas en Madrid, y 5,50 en
provincias.
Album de la trocha — Breve reseña de una excur¬
sión feliz desde Gienfuegos á San Fernando, recorrien¬
do la línea militar, por cuatro periodistas.
Hemos recibido ejemplares de este Album , liosa¬
mente impreso é ilustrado, en el aue los distinguidos
periodistas Eva Canel, Nicolás de Gamboa, Alejandro
Menéndez y Antonio Porrúa refieren la excursión que
hicieron desde Cienfuegos á San Femando recorriendo
la trocha de Jácaro á Morón. En forma amena están
contados los detalles de la expedición, y muy bien he¬
chas las descripciones de los lugares recorridos y de
las obras de la trocha. Es libro muy curioso para cuan¬
tos gusten de conocer detalles de la guerra ae Cuba no
sabidos de todos. Los fotograbados que el libro con¬
tiene aumentan sobremanera el interés del texto.
Mucho agradecemos á los periodistas que lo escribie¬
ron el envío de ejemplares que se han servido hacemos.
Tratado gráfico de teneduría de libros por el
sistema de partida doble , por D. José M. Cañizares.
Ha publicado en Málaga el catedrático de Teneduría
y Prácticas de Operaciones de Contabilidad de la Es¬
cuela Superior de' Comercio un Tratado gráfico de te -
neduria de libros por el sistema de partida doblet
obra eminentemente práctica que dedica al comercio,
la banca y la industria, teniendo muy en cuenta que
á quien carece de tiempo para el estudio y de medios
para procurarse una enseñanza, debe facilitársele la
ciencia y . el arte gráficamente, para que la vista abar¬
que fácilmente y la inteligencia comprenda por senci¬
llo y metódico estudio aquello que, siguiendo otro ca¬
mino, exigiría profunda meditación . y esfuerzo de ra¬
ciocinio. Por eso declara el autor que uno de sus pro-
ósitos , acaso el principal , es el de hacer comprensi-
le por la vista los principios fundamentales y cientí¬
ficos de la Partida doble.
A este fin va ilustrado el libro con láminas en las
que gráficamente, y por modo muy original, tiende el
autor á facilitar la rápida posesión de estos conoci¬
mientos y su aplicación inmediata.— C.
EL GENERAL ZU BLINDEN,
SUCESOR DEL GENERAL SAUSS1ER
EN EL GOBIERNO MILITAR DE P A R í S .
(De fotografía.)
LA SALUD PARA TODOS
sin medicina, por la deliciosa harina .de salud
L* REVALENTA ARABIRA j .“¿K,
Cura las digestiones laboriosas, (dispepsias), gastritis, acedías, disentería, pituitas,
náuseas, fiebres, estreñimientos, diarrea, cólicos, tos, diabétis, debilidad, todos los
desórdenes del pecho, bronquios, vejiga, hígado, riñones y sangre. — 50 años de
buen éxito, renovando las constituciones más agotadas por la vejez, el trabajo ó los
excesos. Es también el mejor alimento para criar á los niños.— Depósito General ;
Vidal y Ribas, Barcelona, y en casa de todos los buenos boticarios y ultramarinos
de la Península y de Ultramar. Du Barry y Cía., 77, Regent Street, Londres.
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dinariamente la comprensión del texto. Su precio de venta es 8 pesetas en toda España.
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4 pesetas en Madrid, 5 pesetas en provincias y 6 pesetas en América y el extranjero (in¬
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AÑO XLII. — NÚM. Y
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Cuba, Puerto Rico y Filipinas. 12 pesos fuertes. 7 pesos fuertes.
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Madnd 8 de Febrero de 1898
Madrid....
Provincias.
Extranjero
70 — x.° v
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
Febrero 1898
SUMARIO.
TEXTO.— Crónica genera', por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenco.— Tres recientes represen¬
taciones teatrales, por D. Juan Valera, de la Real Academia Espa¬
ñola. — Tres generaciones de Sil velas y dos de Pídales, por D. Juan
Pérez de Guzmán— Dante, poesía, por D. Manuel Reina.— Por
ambos mundos. Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro
de Bengoa.— Los teatros, por A. — Sueltos. — Libros presentados á
esta Redacción por autores ó editores, por C.— Anuncios.
Grabados.— Retrato del Excmo. Sr. D. Alejandro Pidal y Mon, ini¬
ciador de la formación del nuevo partido Unión Conservadora. —
Retrato del cabecilla Aranguren.— Madrid: Banquete de la Unión
Conservadora, celebrado el 28 de Enero último en el teatro de los
Jardines del Buen Retiro.— Madrid: Solemne Tedéum celebrado el
28 de Enero último, en San Francisco el Grande, en acción de
gracias por la pacificación de Filipinas. Banderas y estandartes de
los cuerpos de la guarnición. Entrada de los estandartes y bande¬
ras en el templo. Trofeos militares en el atrio de San Francisco.
Los milicianos. Trofeos militares en el interior del templo.— Filipi¬
nas: Sumisión de los principales jefes de la insurrección filipina.
Los jefes tagalos en el tren que los condujo á Dagupán.— Despedida
de los jefes tagalos y del teniente coronel D. Miguel Primo de Ri¬
vera, en Sual, al abandonar él Archipiélago.— Retrato del excelen¬
tísimo 8r. D. José Pértierra y Albuerne, marqués de Cienfuegos —
Retrato del limo. Sr. D. Francisco Zayas, ministro de Instrucción
Pública del Gobierno de Cuba. — Marina de guerra española: El cru¬
cero acorazado Vizcaya en viaje para Nueva York. — 8an Juan de
Puerto Rico: Desembarco del general Sr. González Muñoz, el día
11 de Enero último.— Entierro del gobernador general Sr. González
Muñoz, el día 12 de Enero último. — Retrato del emperador de
Annam, Thanh Thai, en bicicleta.
CRÓNICA GENERAL.
fwí ^ IENTRAS el crucero Vizcaya marcha á
ílW devolver la visita del Mainey aletean
Jp/f en la proximidad de Cuba, á manera
de cuervos, otros buques de guerra
'mmr' norteamericanos. Nuestra impresión
personal no es muy pacífica, y por sí ó
por no, suponemos que no sóio estarán
evistas toda clase de eventualidades en lo
'erente á nuestra escuadra, sino á la defen¬
sa de nuestro litoral, sobre todo en las po¬
blaciones de importancia, y aun que la marina
mercante haya calculado la posibilidad de un cho¬
que imprevisto, y la manera de transformarse de
instrumento de paz en arma de combate : que cuan¬
do la seguridad de la navegación cesa, los desar¬
mados y los débiles no pueden hacer otro papel
que el de víctimas, y muchos pequeños esfuerzos
constituyen una fuerza temible. Porque España,
cargada de razón hasta los topes, y cansada de su¬
frir perfidias y una hostilidad hipócrita, no puede
menos de estar dispuesta y prevenida á lo que so¬
brevenga, si al fin se desemboza el encubierto. Es¬
paña ha demostrado hasta la saciedad que no quie¬
re guerra, que no puede ser responsable ante la
civilización de las catástrofes que ocurran; pero si
se la provoca y se la obliga, ¡qué habría de hacer!
Lo que en todas ocasiones.
Acaso nuestro pesimismo es infundado; tal vez
desconfiamos con exceso: como, de todos modos,
más vale prevenir que descuidarse, repitamos lo
de siempre. Confiemos en el Gobierno que dirige,
y tengamos disciplina y unión : tiempo queda de
combatirle á los que lo deseen; hoy corresponde á
todos patrióticamente darle fuerza. Esto es lo sen¬
sato y nacional. Ni le neguemos nuestra coopera¬
ción, ni le empujemos á extremidades: la guerra
es un mal, aun saliendo bien; y como no tenemos,
fuera de la defensa legítima, ningún objetivo útil
que alcanzar, debemos evitarla: para ello lo prin¬
cipal es estar dispuestos á no tolerar lo intolera¬
ble, y, sobre todo, como no nos cansaremos de re¬
petir, á prestar fuerza, no á debilitar la acción de
los que nos representan y dirigen. Ellos saben lo
que ignoramos; á ellos corresponde la vanguardia y
la dirección, y á nosotros coadyuvar á sus propósi¬
tos. Si tienen motivos para confiar en el Gobierno
norteamericano, alegrémonos bajo su responsabi¬
lidad; pero temamos los tratado^ de comercio que
se estipulen cuando los buques de guerra puedan
influir en ellos.
*
# «
Sr. D. Antonio Cortón.
Mi estimado amigo: Estaría conforme en todo
con su interesante prólogo del libro América (es¬
tudios históricos y filológicos), si no contuviera
una injusticia enorme respecto del Sr. Menéndez
y Pelayo. Hecha esta salvedad, le agradezco la re¬
misión del libro, que me da á conocer un nuevo
historiador, que lo es seguramente D. Luis Lloréns
Torres, que honra ya á su patria, Puerto Rico, á la
edad de veintiún años. Prescindiendo en los cita¬
dos estudios, por no ser de mi incumbencia, de
todo lo geológico, geográfico y filológico, y fiján¬
dome en lo puramente histórico, le declaro mi
grata sorpresa al enterarme de la serie ingeniosa
y razonada de pruebas con que esclarece el descu¬
brimiento de Puerto Rico, y que fué llamado Bo-
rinquen por los indios: subrayo la palabra por las
discusiones que ha suscitado su probable pronun¬
ciación.
Empezaré exponiendo los reparos que debo hacer
al libro del Sr. Lloréns: no me parece el título ade¬
cuado al asunto, á menos, y lo celebraría entonces,
que sean estos estudios portorriqueños el prin¬
cipio de una serie que haya de abarcar el estudio
del Nuevo Continente. Creo que va demasiado le¬
jos en sus conjeturas acerca del lenguaje primi¬
tivo: la filología termina en la primera gramática,
y allí debe enmudecer si quiere ser ciencia y no
pura fantasía: para ella no hay mas allá, ni para el
hombre más luz que la tradición recogida por la
historia y la revelación para el creyente, que nada
indican ó contradicen de un modo terminante la
suposición de que hubo hombres sin idioma. Po¬
dra la imaginación idear un pueblo mudo de hom¬
bres solos, pero no mujeres; y con el mismo dere¬
cho que los filólogos sostienen que la mímica y
alguna onomatopeya (y eso de las onomatopeyas
es muy convencional y elástico) fueron los funda¬
mentos de los idiomas, puedo sostener que la mu¬
jer, por necesidad imperiosa de su naturaleza, rom¬
pió a hablar espontáneamente, como ladra el perro
y canta el pájaro, y fué la inventora del lenguaje.
Pero no demos importancia á una divagación
protohistórica del Sr. Lloréns, de que no tiene la
culpa, sino las teorías, que son ai fin y al cabo
hipótesis más ó menos verosímiles, y no están en
armonía con la seriedad y lógica de su argumen¬
tación-ai historiar sobre lo conocido. En esta parte
confieso que he leído con admiración la claridad
que ha sabido producir en un punto obscuro de la
historia del descubrimiento de América, y no por
el hallazgo de documentos nuevos, que eso la ca¬
sualidad puede deparárselo á cualquiera, sino por
perspicacia natural, examinando los mismos ma¬
teriales que leyeron sin fruto tantos críticos. Me
refiero á la lucidez con que explica el motivo de
haberse separado de Colón su heroico compañero
de aventuras, el calumniado Martín Alonso Pin¬
zón, á quien califica con justicia del marino más
ilustre de España, y el más desgraciado, porque
murió á poco de regresar de su expedición sin
tiempo para rehabilitarse de las culpas que le acha¬
caban, ni hacer patente la importancia decisiva
de su cooperación en la empresa colombina, ni
dar á luz sus descubrimientos personales.
Ni un momento pretende el Sr. Lloréns reba¬
jar la gran figura de Colón. Con crítica sana exa¬
mina la situación recíproca de ambos marinos, y
da lo suyo á cada cual: busca y halla el motivo del
alejamiento de Pinzón con la Pinta en la única
base auténtica de conocimiento, en el Diario del
Almirante, y la halla en el deseo de arribar á la
isla de Raneque, designada por los indios como
abundante en oro, y citada varias veces en el Dia¬
rio: prueba, por la situación geográfica y noticias
que daban de dicha isla, que debía ser la de Puerto
Rico; y filológicamente, por la alteración y co¬
rrespondencia de los dialectos isleños; que Bane-
que no era otra cosa que Borinquen lo acredita
con la distancia de dicha isla y el tiempo que duró
la ausencia de Pinzón, y lo comprueba y ratifica
con el testimonio irrecusable del mismo Colón en
su Diario y hasta con un rastro material de que
Pinzón había traficado con los indios. El Sr. Llo-
réns, con una lucidez envidiable, ha demostrado
que Martín Alonso Pinzón fué el descubridor de
Puerto Rico á fines de 1492, y que fué un error,
aunque disculpable, celebrar el centenario de
aquel suceso en 1893.
El buen sentido, la agudeza y la erudición con
que el Sr. Lloréns llega paso por paso á estas con¬
clusiones, satisfarían en un historiador avezado;
tratándose de un joven de veintiún años, asom¬
bran. Le envidio á usted, amigo Cortón, el descu¬
brimiento de ese investigador temprano que da
frutos de otoño en la primavera. Permítame usted
que manifieste mi impresión con una frase fami¬
liar, pero expresiva: ¡Caramba con el niño!
•
• *
Los estudiantes de Madrid se apaciguaron: hay
que reconocer el tacto del gobernador Sr. Agui¬
lera, á quien debemos el inofensivo carácter de la
manifestación: al colocarse al frente de los estu¬
diantes y organizar su protesta por clases, con la
inspección de los bedeles, la quitó su índole tumul¬
tuosa. No ha sido tan pacífica en Granada la agita¬
ción estudiantil, acaso por no haberse empleado
para contenerla medios tan suaves. Los motines
escolares son gravísimos, no por la dificultad de
su represión, sino por lo que repugna y duele em¬
plear medios violentos. La debilidad enfrente de
la fuerza es siempre simpática, y la irreflexión de
los pocos años disculpa los excesos: además, todos
nos hemos amotinado cuando jóvenes; luego viene
la edad, y acaso remuerde la conciencia el recor¬
dar que apedreamos á un rector benemérito, ó que
hicimos jubilarse á nuestro catedrático de latín.
¡Y qué orgullosos estábamos entonces con la haza¬
ña que nos permitía jugar al marro en el Campo
del Moro á las horas de clase, y cóidq echamos de
menos con el tiempo las lecciones que perdimos!
Felizmente, la Universidad ha recobrado su cal¬
ma, y los estudiantes de Valencia y Madrid la dan
término con un almuerzo en el Vivero. Los tiem¬
pos han variado mucho : los escolares de hoy pue¬
den escotar á cuatro pesetas por cabeza: en los
tiempos que recordamos, para juntar esa cantidad
se necesitaba lo menos una clase.
« «
La Ciudad Muerta , del esteta italiano Gabriel
d’Annunzio, que según los telegramas había tenido
un gran éxito en París, representada por Sarah
Bernhardt, á pesar de los gastos considerables que
se hicieron para el decorado, ha sido retirada de
los carteles. Sarcey declara que es una obra abu¬
rridísima, y refiere que los actores se dormían en
los ensayos: la cortesía hacia un autor que escribía
en francés y estrenaba en París, y la simpatía per¬
sonal que se captó el escritor italiano, explicarán,
por lo visto, los aplausos que obtuvo la obra al
estrenarse. Mérito es, sin duda, escribir en un idio¬
ma extranjero ; pero esta condición literaria no se
puede tener en cuenta en el teatro. Debemos, sin
embargo, confesar que Sarcey es muy francés y
no es aficionado á las producciones exóticas. En
cambio, entre nosotros, los autores españoles tie¬
nen que tirar su pluma ó hacer sainetes, género
apreciable, pero que al fin y al cabo sólo requiere
la presentación de tipos en un simple episodio,
mientras una comedia exige esa presentación, el
desarollo de los caracteres, y una acción compleja
y de interés sostenido. Y volviendo á Mr. Sarcey,
sus preocupaciones no le impiden reconocer si es
ó no teatral una obra; así lo reconoció respecto de
Tierra Baja , de Guimerá, reconociendo y ponde¬
rando sus bellezas.
o
* «
Mientras los sevillanos comentan el hallazgo de
un tesoro numismático en las inmediaciones del
terreno que ocupó la antigua Itálica, y que proce¬
de de la época romana á juzgar por las mone¬
das, los periódicos romanos refieren un hallazgo
que si fuera auténtico, como aseguran, sería impor¬
tantísimo, pero que, salvo los argumentos con que
sostenga su autenticidad el profesor Sr. Horacio
Marucchi en un opúsculo que prepara, hay que ex¬
poner con toda clase de reservas. Trátase de un
dibujo que representa el momento anterior á la
crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo, hallado
en una pared de las ruinas del palacio de Tiberio:
junto á la cruz están varios soldados, y debajo es¬
crito el nombre de cada uno de ellos, así como la
figura y el nombre de Pilatos. Quince líneas en ca¬
racteres pompeyanos refieren la Pasión y Jas doc¬
trinas de Jesús. Supónese que esta representación
es contemporánea, y aun se atribuye á alguno de
los soldados que asistieron al Calvario. Caben tan¬
tas interpretaciones diversas respecto de ese ha¬
llazgo, que debemos esperar su reproducción para
formar juicio. Además, la falsificación de anti¬
güedades es un arte muy adelantado en Roma.
Y puesto que de arqueología se trata, ahora re¬
sulta que el relicario en forma de brazo que ma¬
dama Spitzer regaló al Museo del Louvre en 1892, y
que contuvo el de San Luis de Tolosa, rica mues¬
tra de platería de 1347, había pertenecido á un
convento de Medina del Campo; es decir, que su
propiedad corresponde á nuestra nación.
•
* *
— ¿ Será cierto que los yankees han inventado
una máscara para dar á los buques de guerra la
apariencia de pacíficos vapores ?
— Eso dicen: falta ahora saber si sus buques mer¬
cantes se disfrazarán de cruceros en este Carnaval.
— De modo .
— Que continúa el misterio, y no sabemos si se
preparan para la guerra ó para una batalla de flores.
Entretanto los políticos españoles se disponen á
la batalla electoral.
— Y usted ¿será diputado ?
— Sí.
— ¿Tiene usted distrito?
— No.
— ¿Se lo han prometido?
—Sí.
— ¡Hombre, sólo contesta usted con monosí¬
labos!
— Me ensayo para cumplir mi obligación en el
Congreso.
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8 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x.° v — 71
La pequeñísima República de San Marino está
sufriendo una crisis: se ha fugado con los fondos
el cajero de su Banco Nacional.
— ¿ Y cuánto importa el desfalco?
— No lo sé; pero lo grave, lo gravísimo, es el
descenso de población qae causa la fuga del ca¬
jero. La república tiene un habitante menos.
— ¿Se puede ver el parque? — preguntó un via-t
jero á un ciudadano de aquel Estado.
— Dentro de unos días: el revólver público le
han llevado á componer.
José Fernández Brbmón.
NUESTROS GRABADOS.
KXCMO. SR. D. ALEJANDRO P1DAL Y MON.
Damos en primera página el último retrato del
ilustre orador D. Alejandro Pidal y Mon, á cuya
energía se debe principalmente la unión de los
elementos del partido conservador, de tanta im¬
portancia para la política española de nuestros
días.
No necesitan de nuestro imparcial elogio su re¬
conocida elocuencia ni sus altas dotes de estadista,
Sues la notoriedad de sus cualidades es evidente
entro y fuera de España.
o
• o
MADRID.
Banquete de la Unión Conservadora, celebrado el 28 de Enero último
en el teatro de los Jardines del Buen Retiro.
En la página 72 publicamos un dibujo del ban¬
quete ofrécido al Sr. Pidal por los conservadores,
en el cual se declaró explícitamente la unión con¬
servadora, suceso de innegable importancia para la
política española.
El 28 de Enero próximo pasado la espaciosa sala
de espectáculos de los Jardines del Buen Retiro
presentaba un aspecto magnífico. Toda la platea
ocupada á lo largo por diez mesas enormes, y
frente al escenario, en el extremo opuesto, la
mesa presidencial. También hubo que colocar me¬
sas en los palcos, porque las de la platea no basta¬
ban para los numerosos conservadores suscritos al
banquete.
De la galería alta pendían colgaduras imitando
tapices, cuyo fondo estaba sembrado de llores de
lis. En las esquinas tenían la cifra A. XIII, y en
el centro un sol con las letras enlazadas U. C.
Las columnas aparecían revestidas de follaje, y
toda -la embocadura del escenario estaba llena de
macetas con hermosas plantas tropicales. En el
centro, y delante de esta artística decoración, los
retratos de SS. MM. el Rey y la Reina.
Ocupó la presidencia el Sr. Pidal, quien tenía á
su derecha á los Sres. Silvela (D. Francisco), Conde
de Tejada de Yaldosera, Fabié, Conde de Torre-
anaz y Marqués de Aguilar de Campóo, y á su iz¬
quierda á los Sres. Cos-Gayón , Marqués de Pozo
Rubio, Concha Castañeda, Marqués de Pidal y
Lastres.
El&r. García Alix, que tenía su puesto en esta
mesa, no lo ocupó, sentándose en otra con varios
individuos de la comisión organizadora.
Después del banquete, admirablemente servido
por la casa Fornos, y amenizado por la Sociedad
de Conciertos, dirigida por el maestro Goula, pro¬
nunció el primer brindis el Sr. Concha Castañeda,
explicando cómo nació la idea del banquete, y di¬
rigiendo sentido cariñoso recuerdo á la memoria
del Sr. Cánovas del Castillo. Refirió el propósito
del Sr. Pidal de la reunión de las fuerzas conser¬
vadoras, y el objeto de aquel acto, que no era otro
sino el de que las representaciones del partido ve¬
nidas de provincias pudieran adherirse á la con¬
ducta iniciada por el Sr. Pidal. Felicitando á éste
por su energía, terminó con calurosa protesta de
firme é inquebrantable amor á SS. MM.
El Sr. Silvela habló después muy elocuente¬
mente, siendo objeto de una entusiástica ovación.
La idea de la unión y la concordia fué el tema
de su discurso , que puede sintetizarse en el pá¬
rrafo queá continuación copiamos, y que fué ca¬
lurosamente aplaudido:
«¿No es obra meritoria y digna de aplauso que
los hijos en el hogar se reúnan, acallen y olviden
antiguas discordias, y se estrechen la mano ante
el cadáver del padre? Pues nosotros, encontrán¬
donos en análogas circunstancias, estamos obliga¬
dos á proceder de idéntico modo.»
Tuvo saludos cariñosos para nuestro valiente
ejército, y por él brindó, por la unión conserva¬
dora, por el Sr. Pidal y por la Reina.
Al final del discurso, como queriendo probar sin
duda que los hechos son más elocuentes que todas
las palabras, los Sres. Pidal y Silvela se abraza¬
ron, recibiendo una ovación que se prolongó al¬
gunos minutos.
El Sr. Pidal, cuyas brillantes dotes oratorias son
bien conocidas, pronunció un hermoso discurso.
Consideró la unión como obra providencial; que
Dios — decía — «se ríe allá desde las alturas infini¬
tas, desde donde rige y gobierna el mundo con los
atributos de su omnipotencia divina. El se ríe y se
burla de todos los obstáculos que intentan oponer
á su obra los hombres.
»Así, por causas pequeñas, El produce cosas
grandes; así, á veces hasta por errores, y hasta por
crímenes, prepara grandes síntesis, que forman las
grandes glorias de la historia.»
En párrafos grandilocuentes recordó memora¬
bles sucesos prósperos para España que nacieron
de males de los que la humana previsión no podía
esperar sino catástrofes y cataclismos. Los vivas á
la patria, á la unión conservadora, á los Reyes, al
Ejercito y la Marina terminaron amplificados en
bellísimos períodos de su notable oración.
Según datos facilitados por D. Manuel Fornos,
en el banquete se consumió lo siguiente:
Huevos, incluso los invertidos en pastelería,
1.500; 700 panecillos, 130 langostas, 160 kilos de
solomillo, trescientas docenas de ostras, 10 latas
de trufas, 700 mauviettes , 200 botellas de vino de
Grave, 400 de Burdeos, 300 de Champagne y 30
de coñac.
Para el servicio, todo con la marca de la casa,
se destinaron 3.000 vasos y copas, 200 botellas
para agua, 3.000 tenedores, 3.000 cuchillos, 600 te¬
nedores para ostras, 3.000 cucharas, y 800 entre
manteles y servilletas.
Aparte el gasto de decorado y de la orquesta, el
banquete ha importado 15.600 pesetas por los 520
cubiertos servidos, á razón de 30 pesetas cada uno.
• •
EL CABECILLA ARAXGUREX.
A estas líneas acompaña el retrato del triste¬
mente célebre cabecilla Aranguren, que contaba
entre los hechos importantes de su vida aventu¬
rera la muerte del teniente coronel Ruiz, que fué
su jefe y su amigo. En el número IV dimos deta¬
lles del fin de este rebelde, que no ha tardado en
expiar su culpa, y por esta razón no creemos ne¬
cesario repetir ahora dicho relato.
•
0 «
MADRID.
Solemne Tedéum celebrado el 28 de Enero último, en San Francisco
el Grande, en acción de gracias por la pacificación de Filipinas.
En la página 73 agrupamos seis viñetas de la
solemne fiesta celebrada en San Francisco el
Grande por el Gobierno de S. M., para dar gracias
al Todopoderoso por la pacificación del Archipié¬
lago filipino.
El suntuoso templo que tan valiosas obras de
nuestros más notables artistas decoran, fué enga¬
lanado con militares trofeos para dar especial ca¬
rácter á la solemnidad. El atrio y el interior del
templo se adornaron con dichos trofeos, artística¬
mente combinados bajo la dirección del coman¬
dante de Infantería D. Modesto Eraso y Prados,
profesor de dibujo de la Escuela Superior de Gue¬
rra, y en la entrada se colocó una gran cruz de
San Fernando formada por armas orladas de lau-
reí natural.
A las diez de la mañana del día 28 de Enero
llegaron al templo todas las bandas de los regi¬
mientos y batallones de guarnición en Madrid,
acompañando cada cual á su bandera ó estandarte
respectivos, escoltados por 20 hombres al mando
de un capitán.
Ya en el templo, al són de la Marcha Real, to¬
cada por todas las músicas, se depositaron las ban¬
deras en los trofeos dispuestos al efecto en el pres¬
biterio.
Desde la puerta de entrada al presbiterio, en
cuatro filas de divanes, se hallaban las comisiones
del Ejército, figurando en ellas los generales Vi¬
llar, Lachambre, La Cerda, Aznar, Campos, Hi¬
dalgo, Ezpeleta, Ortiz, Teherán, Canellas, Torre-
blanca, Rodríguez Ibáñez, Vallarino, Campomanes,
Palacios y Rendos, así como el general Martínez
Campos, contraalmirante Butler y otros muchos.
Cerca de los púl pitos se hallaban las tribunas
de los Cuerpos Colegisladores y la de los indivi¬
duos del Cuerpo diplomático.
A derecha é izquierda de los asientos ocupados
por las Comisiones militares se hallaban las sillas
para los invitados.
A las once en punto entró en el templo S. M. la
Reina con sus augustos hijos bajo palio.
Esperábanles en el vestíbulo los Ministros de la
corona, quienes siguieron á SS. MM. hasta la tri¬
buna desde la que asistieron al acto los Reyes.
Los Ministros ocuparon sillones colocados en el
presbiterio y aí lado del evangelio.
Ofició el Obispo de Madrid-Alcalá, y pronunció
una notable oración alusiva al acto el Sr. Obispo
de Sión.
La orquesta, dirigida por el maestro Mateos, in¬
terpretó la misa y el Tedéum de Eslava, el Largo
de Haendel y el Bmedictus deí mismo maestro
Mateos.
A la una salían los Reyes del templo, y á las dos
todavía no había sido desalojado por completo de
la gran concurrencia que asistió al acto.
•
• «
FILIPINAS.
Sumisión de los principales jefes de la insurrección filipina. ,
En las páginas 76 y 77 publicamos dos grabados
del mayor interés para nuestra información grá¬
fica de la paz conseguida en el Archipiélago fili¬
pino. Reproducen fotografías tomadas del natural
de dos escenas de la rendición de los principales
jefes de la insurrección tagala: el momento de la
partida del tren en que van los cabecillas Vinie-
gras, Aguinaldo y Belarmino, acompañados del
Sr. Paterno, y el de tomar las lanchas para em¬
barcar en el vapor Uranus que los condujo á
Hong-Kong.
El día 23 de Diciembre último se entregaron y
dejaron su campamento de Biac-na-bató (Piedra
Partida) 37 cabecillas, que eran: Emilio Aguinal¬
do, Mariano Llanera, Vito Belarmino, Antonio
Montenegro, Pío del Pilar, Manuel y Simón Tec-
son, Tomás Mascardo, José y Escolástico Viola,
Anastasio Francisco, Valeriano Díaz, Lázaro Ma-
capagal, Primitivo Artacho, Benito Natividad,
Luis Novenario, Doroteo López, Baldomero Agui¬
naldo, Gregorio H. del Pilar, Carlos Ronquillo,
José Salvador, Manuel Tinio, Salvador Estrella,
dos hermanos Alejandrino, Tagontog, Jocson, Le-
gaspi, Vida, de la Rosa, Ritual, Vicente Lucbán,
Cabigtin, Gatmaitán, Mariano Frías, López y Wen¬
ceslao Viniegras.
Emilio Aguinaldo salió con dos criados, y Be¬
larmino, que iba enfermo, con otro. Acompañá¬
bales el teniente coronel Primo de Rivera, el ár¬
bitro Sr. Paterno (D. Pedro) y el hermano de éste
D. Maximino.
Quedaron en Biac-na-bató, con los cabecillas
Artemio Ricarte, José Natividad, Malvar, Rizal
y tres más, los generales Fernández Tejeiro y
Monet.
Emilio Aguinaldo y su gente pasaron la Noche¬
buena en el pueblo de San Miguel de Mayumo,
donde se festejó la paz con gran entusiasmo; llegó
el día 25 á Baliuag, y el siguiente á Calumpit,
cruzando el río en la lancha Nueva Ecija .
En el momento de meterse Aguinaldo en la
lancha, y viendo que á ambas márgenes del río la
curiosidad había llevado á mucha gente de los ba¬
rrios, prorrumpió en vivas á España, á SS. MM., á
la paz, al general Primo de Rivera, y uno muy
sentido á «Filipinas siempre española», que fueron
contestados por las gentes y los demás cabecillas
con gran entusiasmo.
En mitad del viaje se cruzó con la lancha Nueva
Ecija la de guerra Ceres , que vigila aquellas aguas,
y Aguinaldo, ante la presencia de nuestros mari¬
nos, repitió los vivas.
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MADRID. — BANQUETE DE LA «UNIÓN CONSERVADORA», CELEBRADO EL 28 DE ENERO ÚLTIMO EN EL TEATRO DE LOS JARDINES DEL BUEN RETIRO.
(Del natural por Combo.)
i y Banderas y estandartes de ios cuerpos de la guarnición. — ó. Entrada de los estandartes y banderas en el templo. — 4. Trofeos militares en el atrio de ¡San Francisco. — 6. L »s milicianos. — 6. Trofeos militares en el interior del templo.
MADRID. — SOLKMNB cTEDÉUM» CELEBRADO BL 28 DB BNHRO ÚLTIMO, EN SAN FRANCISCO BL GRANDE, BN ACCIÓN DB GRACIAS POR LA PACIFICACIÓN DB FILIPINAS.'
(Del natural por Comba.)
74 — n.# v LA
Al llegar á Calumpit, el pueblo se desbordaba;
y allí, desde el desembarque hasta que los cabeci¬
llas entraron en el paradero Valero, donde almor¬
zarían, los vivas á la patria, á los Reyes, al Go¬
bierno y á la paz fueron continuos, delirantes,
repitiéndose en el almuerzo de Calumpit, en que
se hicieron votos por la prosperidad de la nación
española.
Los periodistas que fueron en el mismo tren es¬
pecial que Aguinaldo presenciaron las grandes
muestras de entusiasmo con que los pueblos del
tránsito acogían la paz conseguida, y oyeron con¬
tinuos vivas á España.
A las siete de la noche llegaron á Dagupán, tér¬
mino, del viaje por ferrocarril, donde esperaban
a los expedicionarios para disponer su alojamiento
el gobernador de la provincia, D. Joaquín Oliver,
y algunos individuos de la colonia oficial de Lin-
gayén, cabecera de Pangasinán.
Al siguiente día, 27, por la mañana, marcharon
los cabecillas en carromatas ¿ Sual , á tres horas
de Dagupán y el puerto más asequible del golfo
de Lingayón, y allí ya esperaba el vapor Uranus,
de la matrícula mercante de Manila, en el que se
hallaban el* comisario de guerra Pezzi y el capitán
de Cabaíleña’ Espinosa, que iban á Hong-Kong
con el teniente coronel Primo de Rivera y Pater¬
no (D. Pedro y D. Maximino) acompañando á los
cabecillas.
Llegado que hubieron á Sual, la despedida de los
cabecillas á su tierra fue sentidísima, y hubo nue¬
vas explosiones de entusiasmo al oirse los vivas á
España y á Filipinas perpetuamente española, da¬
dos por el mismo Emilio Aguinaldo.
A las dos de la tarde levaba anclas el Uranus ,
y momentos antes dirigieron Aguinaldo y sus com¬
pañeros el siguiente telegrama al general Primo
de Rivera:
«Los que fueron rebeldes filipinos, al separarse
del país natal envían su adiós de viaje, no sin pro¬
funda emoción y lágrimas en los ojos, dejando en
las manos de V. E. el cuidado de sus hogares y el
amparo* del suelo donde vieron la luz primera,
confiados todos en que España dará las reformas
sin sangré ni combate por los caminos del dere¬
cho y la justicia, que mucha sangre ha regado ya
el suelo luzóñico de tantos héroes y mártires, her¬
manos en la paz. A la política paternal de V. E. en¬
comiendan el verdadero concierto entre las liber¬
tades y derechos los que hoy se ofrecen lealmente
á España.
»Dios bendiga y haga duradera esta paz por el
magnánimo porvenir del hogar querido, Filipinas,
y por la prosperidad y grandeza de la patria es¬
pañola.»
Todos los cabecillas firmaron este telegrama.
El vapor Uranus llegaba á Hong-Kong dos días
después, y trasladados á Biac-na-bató los telegra¬
mas convenidos de Aguinaldo para los suyos, el
mismo día, 31 de Diciembre, deponían los rebel¬
des las armas y se izaba en Biac-na-bató la ban¬
dera española.
*
• *
KXCMO. SR. D. JOSÉ PERTIERRA Y ALMTERNE,
marqués de Cienfuegos.
Publicamos en la página 79 el retrato del malo¬
grado Marqués de Cienfuegos, español ilustre que
ejerció gran influencia en la política de la isla de
Cuba.
Nació en San Martín de Luiña (Oviedo), y muy
niño marchó á Cuba llamado por su pariente don
Pedro Albueme, rico comerciante de Cienfuegos y
uno de los españoles más patriotas de la isla. Muy
pronto regresó Per tierra á su país natal, y en
Oviedo cursó la segunda enseñanza, y la carrera
de Medicina en Madrid, donde se doctoró.
Volvió á Cienfuegos, y allí fué módico munici¬
pal, individuo del Ayuntamiento, diputado pro¬
vincial y presidente de la Diputación provincial
de Santa Ciara. El distrito de Cienfuegos le eligió
diputado á Cortes varias veces, y últimamente era
senador.
Fué coronel de Voluntarios, y con ellos tomó
parte en las operaciones de la campaña, obtenien¬
do por sus merecimientos la cruz roja del Mérito
Militar, la gran cruz de Isabel la Católica y título
nobiliario de Marqués de Cienfuegos.
La Sociedad de Asturianos, la de Beneficencia
y el Casino Español le tuvieron muchos años de
presidente.
* En el Comité del partido constitucional era vi¬
cepresidente, y siempre estuvo identificado con
Apezteguía.
Su vasta ilustración y sus excelentes dotes de
orador se avaloraban con la sincera modestia que
en su persona se revelaba, y su desinterés fue
siempre notorio, como lo prueba la modesta posi¬
ción en que ha dejado á sus ocho hijos.
ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA 8 Febrbro 1898
Sentidísima fué su muerte, porque era en Cuba
persona muy popular, por todos respetada y querida.
#
• •
ILMO. SR. D. FRANCISCO ZATAS,
ministro de Instrucción Pública del Gobierno de Cuba.
De una de las más distinguidas familias de la
isla es D. Francisco Zayas, un médico notable que
goza de envidiable reputación. Es miembro de las
corporaciones científicas del país y socio corres¬
pondiente de. varias Academias extranjeras, y á
sus vastos conocimientos en las ciencias natura¬
les, une largos y profundos estudios en las cues¬
tiones de enseñanza.
Pertenece desde su fundación á la Junta direc¬
tiva del partido autonomista, y se cuenta de él que
desde que su sobrino Zayas se fué á la insurrec¬
ción no tenía ni quería relación alguna con él. Su
sobrino fue el cabecilla que antes que Maceo inva¬
dió las provincias occidentales, y fué muerto por
nuestras tropas en la provincia de la Habana.
Ha llegado á los sesenta años con una historia
muy limpia, y goza de grandes simpatías y de ex¬
tensísimas relaciones en la isla de Cuba. En el pri¬
mer grabado de la página 80 publicamos su retrato.
•
* •
MARINA ESPAÑOLA DE GUERRA.
El crucero acorazado Vizcaya en viaje para Nueva York.
En la página 80 incluimos un dibujo de Caula
representando el acorazado de segunda clase Viz¬
caya, que va á Nueva York á devolver la cortés
visita del Maine á la Habana.
El Vizcaya fue construido en los astilleros de
Bilbao y botado al agua en 1890. Desplaza 7.000
toneladas, tiene una fuerza de máquina de 7.000
caballos, y lleva 20 cañones y 10 ametralladoras.
En condiciones normales puede desarrollar una
marcha de 18 millas por hora.
La dotación del Vizcaya la forman: el coman¬
dante, Sr. Eulate; segundo, Sr. Roldán, y tercero,
Conde de Villar de Fuentes ; los tenientes de na¬
vio Sres. Suances, Ristori, Magaz, Pazos y Cugo;
y los alféreces de navio Sres. Fajardo Sobrino,
Castro González y Manjón.
El contador, Sr. ürdapilleta; los módicos seño¬
res Jurado y Gómez Tornell; el capellán, Sr. Rie¬
ra; el capitán de infantería de Marina, Sr. Baleato;
los guardias marinas Sres. Sánchez, Jossi, Vega,
Saralegui, Manjón y Cherigueri, y el maquinista
mayor Sr. Fontela, formando un total de 492 tri¬
pulantes.
• *
SAN JUAN IJK PUERTO RICO.
resembarco del general Sr. González Muñoz y entieno del mismo.
El 11 de Enero próximo pasado, á las diez de la
mañana, formaban las tropas de la guarnición de
la capital de Puerto Rico para rendir honores á
su llegada al Excmo. Sr. D. Andrés González Mu¬
ñoz, capitán general y gobernador general de esta
isla; al día siguiente, los batallones que desfilaron
por delante del que ostentaba la suprema repre-
sontación de España en aquel país, desfilaban tam¬
bién ante el sarcófago que guardaba su cadáver.
Nuestros grabados de la página 81 reproducen tan
inmediatas y tan distintas solemnidades.
Era González Muñoz la personificación más aca¬
bada del soldado valeroso, incansable y entusias¬
ta; desde que vistió el uniforme de oficial de Ar¬
tillería hasta su muerte, tan pronto como se
encendía la guerra, tan pronto como las tropas
españolas se batían, en cualquier parte que fuera,
sentía su corazón la impaciencia de estar entre
aquellas tropas; siempre con la misma vehemencia,
siempre con el anhelo del oficial recién salido del
Colegio, que sueña con los combates y la gloria.
Su hoja de servicios da de ello buena prueba:
durante su hermosa carrera, en laque apenas hay
un ascenso que no haya sido ganado en campaña,
no ha dejado de batirse sino cuando no ha tenido
donde combatir á los enemigos de España ó de
las instituciones.
Era segundo cabo de la Capitanía general de
Puerto Rico, uno de los mandos más codiciados
por los generales de división, y en él se encon¬
traba sumamente satisfecho el malogrado general,
cuando estalló la insurrección, que todavía dura,
en la vecina Antilla. Desde aquel punto ya no
hubo para el general González Muñoz instante de
sosiego; ya no le agradaba el puesto tan deseado
con anterioridad; ya no podía descansar en nin¬
guna parte; ya no hablaba sino de la guerra; car¬
tas, telegramas, todo se apuró para conseguir un
lugar entre los que se batían por España; malhu¬
morado veía pasar los vapores que a la manigua
llevaban la sangre española, hasta que al fin, en
Agosto de 1895, consiguió ser destinado á Cuba, y
embarcó gozoso, alegre como un muchacho que
logra el capricho <^ue por largo tiempo le negaron
sus padres. Ocupo á su llegada la comandancia
general de Artillería, y no descansó hasta que lo¬
gró pasar á campaña activa con el mando de la
división de Manzanillo. Trabajó allí como siem¬
pre, como en todas partes, derrochando actividad,
fuerzas y salud. Cuando se pensó en operaciones
de importancia en Pinar del Río, allá fué, y su
salud, ya quebrantada, sufrió un rudo golpe, lle¬
gando á tai estado que se hizo imprescindible su
regreso á la Península. Sin acabar de tomar las
aguas que se le habían recetado; preocupado con
las operaciones que iban á tener lugar en Pinar;
sin hacer caso de los consejos de los médicos; des¬
preciando los dolores; sacando del corazón las
fuerzas que á su abatido cuerpo faltaban, regresó
á los cuarenta días á ponerse al frente de una di¬
visión, en peor estado que cuando dejó el mando
de ella.
Arrastrando un cuerpo que no podía moverse,
sirviendo su entusiasmo de lenitivo á sus dolores,
minado por la fiebre, sumamente enfermo, tomó
parte en todos los combates importantes, que die¬
ron por resultado el quebrantamiento de la insu¬
rrección en Occidente. Allí brilló , como en todas
partes, su antigua reputación de valeroso é incan¬
sable; y allí hubiera al fin sucumbido aquel cuerpo
que ya no podía resistir las fatigas ni los tormen¬
tos que el alma le imponía, si el General en jefe,
horrorizado de su estado, no le hubiera hecho á
viva fuerza retirarse á la Habana, donde estuvo
moribundo.
Restablecióse á medias, y ya teniente general,
fué nombrado jefe de Estado Mayor general del
ejército; pero á poco vióse obligado á regresar á
la Península por el deplorable estado de su salud.
En Puerto Rico se detuvo al hacer este viaje; y
los que año y medio antes le habían visto partir,
robusto, sano y joven, se espantaron al ver el an¬
ciano cadavérico que en año y medio de campaña
les devolvía la maldita guerra encendida por trai¬
dores.
Un año corto ha estado González Muñoz en Ma¬
drid; y sometido á una vida reposada en la que le
rodeaban los cuidados de su amante familia, me¬
joró; pero para que aquella vida se prolongara
era preciso que se hubiera deslizado siempre en las
mismas condiciones.
Creyóse que sus servicios podrían ser útiles en
Cuba, y sin contar con su salud, ni con las men¬
guadas fuerzas de su cuerpo, se dispuso á mar¬
char. Quedó vacante en esto la Capitanía general
de Puerto Rico, y para esta isla se embarcó.
El cambio de vida, la falta de reposo, las moles¬
tias de una navegación penosa, pusiéronle á las
puertas de la muerte, en tal estado que se temió
no llegara vivo al término del viaje.
A la llegada del correo á Puerto Rico, no estaba
el General en estado de desembarcar sino en una
camilla y de recogerse inmediatamente en el le¬
cho; pero las tropas estaban formadas, y no cua¬
draba á los alientos de su Capitán general tal en¬
trada: como siempre, despreció el sufrimiento, y
arrastrando sus hinchados pies, contraído su ros¬
tro por el dolor, y sonriendo, sin embargo, á las
caras conocidas que encontraba, bajó la escala, sa¬
lió del bote, entró en el coche, asistió al Tedeum ,
subió al palacio de Santa Catalina, y permaneció
en pie en su balcón presenciando el largo desfile.
Terminado éste, fué preciso sentarle, pues el
infeliz no podía mover sus abotargados pies.
Recibió después á Corporaciones, autoridades y
oficialidad; y al fin, tal alarde de sobrehumana
energía, semejante heroico esfuerzo, dió por resul¬
tado rendirlo en el lecho.
El descanso produjo una aparente mejoría: ani¬
móse su semblante, sentóse en la cama depar¬
tiendo con su familia, hasta llegó á estar de buen
humor; pero de pronto, y poco antes de las seis
de la tarde, sufrió un ataque de disnea que en
breves minutos terminó con la rotura de una vena
que instantáneamente puso fin á su existencia.
El entierro del general González Muñoz, en el
que se le tributaron los tan conocidos honores de
Ordenanza debidos á su alta jerarquía, se distin¬
guió sobre todo por la nota de sincero dolor que
en todas las clases sociales se advertía, porque to¬
dos en Puerto Rico conocían y estimaban en lo
mucho que valía al ilustre General español á quien
llora la patria.
De aquella tierra que descubrió con su esfuerzo
y regó con su sangre generosa, de aquella de
donde salieron víboras que muerden el seno de la
madre Patria, han salido también hijos amantes,
á los que puede servir de ejemplo el cubano leal
que consumió su vida en la manigua; ¡el general
González Muñoz!
*
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8 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° v — 75
EL EMPERADOR DE AXXAM, THAXH Til AI.
Con motivo deLreciente viaje á Saigón del em¬
perador de Annam, Thanh Thai, se han celebrado
fiestas muy brillantes en la capital de la Indo¬
china francesa en su honor y en el del rey de
Cambodge, Norodom. De las fotografías remitidas
con tal motivo, escogemos la que representa al
Monarca annamita montando en bicicleta en el
jardín de palacio (véase la pág. 84), como muestra
curiosa de las aficiones sportivas de S. M. Thanh
Thai.
Carlos Luis de Cuenca.
TEES REGIENTES REPRESENTACIONES TEATRALES.
OS españoles deben de ser, sin duda, el
pueblo más aficionado á divertirse
que vive sobre la faz de la tierra. Las
calamidades públicas que hoy nos
abruman, la prolongada guerra civil
en Cuba, que nos cuesta tanto sacrificio
^ de hombres y dinero, y el empeño tenaz
que parece tener una nación amiga en hacer¬
nos perder la paciencia, nada vale para que
la perdamos ni para quitarnos la afición á
las diversiones públicas, entre las cuales es la pri¬
mera la del teatro.
La gloriosa fecundidad de nuestra literatura
dramática aun da muestras de sí como en siglos
pasados. No entiendo yo, como entienden y de¬
ploran algunos, que en este punto hayamos decaí¬
do mucho en la época presente. Tal vez ha habido
en los últimos tiempos períodos de postración y
de relativa inferioridad; pero se notan síntomas
de que el gusto renace, de que la ópera italiana
no es ya el único espectáculo que atrae á las cla¬
ses elegantes y aristocráticas, y de que así estas
como el vulgo en general acuden á las represen¬
taciones de toda suerte de dramas en castellano,
ya con música, ya sin música. Las quejas que an¬
tes se oían contra nuestros actores y nuestras ac¬
trices han cesado por fortuna. Y no sin razón ce¬
san, porque los hay de verdadero mérito, y porque
todos se esmeran y á porfía trabajan para ganarse
el favor de la muchedumbre.
Relativamente á su población, tai vez no haya
en el mundo ciudad alguna que tenga tantos tea¬
tros como Madrid, abiertos, en actividad y muy
concurridos.
Tres de ellos, donde no se canta y sólo se reci¬
ta, son igualmente celebrados por sus actores y
por las obras que en ellos se representan. Y es
mayor el motivo que hay para elogiarlos y para
dar más estimación á los esfuerzos que hacen las
empresas, si se considera que en Madrid no hay
una población flotante y rica de extranjeros que,
como en París, van á divertirse, y que tanto con¬
tribuyen á sostener los teatros, ni soberano, prín¬
cipe ó gobierno que profusamente los subvencio¬
ne. De aquí que los autores tengan que escribir
más y que ganen menos, porque es difícil que una
obra se repita muchas veces por aplaudida que
sea, y de aquí que los actores tengan que estudiar,
ensayar y aprender de continuo nuevos papeles
para atraer al público, que no se renueva ni pue¬
de renovarse tanto como en otras partes.
Los estjrenos tienen, pues, que ser muy frecuen¬
tes, la ganancia de los autores más corta, y cien
veces mayor el trabajo de los actores.
A pesar de nuestro rico teatro de los tiempos
pasados y de la activa producción del día, nada
basta para satisfacer el anhelo de novedades que
el público tiene; de suerte que hay que recurrir
á menudo á traducciones, imitaciones ó arreglos
de dramas franceses, cuando no se refunden ó
modifican y adaptan á la moda de ahora y á las
exigencias de la escena en el día los dramas de
Calderón, Lope, Tirso y otros clásicos.
A mi ver, todos los géneros son buenos con tal
de que la obra, original, traducida, refundida ó
arreglada, sea buena, esto es, divierta ó interese.
Aunque parezca perogrullada lo que acabo de
decir, lo digo para que conste la expansiva impar¬
cialidad de mi criterio. En mí no hay predilec¬
ción ni por el género chico ni por el género gran¬
de, ni por lo moderno ni por lo antiguo, ni por lo
nacional ni por lo extranjero. Claro está que por
patriotismo preferiría yo que fuese nacional y no
extranjero lo que obtuviese mayor aplauso; y claro
está también que, por amor á la edad en que vivo
y á las personas que conozco y trato, preferiría yo
que gustase más-el público de las obras españolas
del día que de las antiguas obras españolas. Nada
de esto, sin embargo, basta á torcer mi juicio. Por
falta de inteligencia podrá pecar de poco atinado;
pero nunca me cegará la pasión y hará que pierda
su rectitud mi juicio.
Voy á dar cuenta aquí de algunas de las últimas
representaciones. Y como no es posible tratar de
todas, sólo hablaré de las tres que más han lla¬
mado mi atención recientemente. Cada una de
ellas se ha representado en distinto teatro, y en
cada una de ellas han brillado actrices muy cele¬
bradas y queridas del público, si bien de condicio¬
nes y carácter tan distintos, que ni se prestan á
odiosas comparaciones, ni la emulación cabe en¬
tre ellas.
En Lara se ha representado una comedia origi¬
nal y en verso de D. Miguel Echegaray, sobre la
cual, aunque otro escritor ha hablado ya en este
periódico, no podemos resistir á la tentación de
decir algo ahora. En dicha comedia se han lucido
y han agradado como siempre todos los actores de
aquella excelente compañía, y en particular las
Sras. Val verde y Pino.
Mimo es el título de la referida comedia. En el
primer acto se advierte cierta intención moral y
económica , que tal vez perjudica un poco al desen¬
fado y á la gracia de la obra. Hay allí una dura y
larga diatriba contra el lujo de las damas, contra
su afán por comprar sombreros, joyas y prendas
de vestir. A veces tiene chiste lo que dicen sobre
esto los personajes de la comedia; pero á veces
también llega á lo extremoso, y casi toca en can¬
sado y prolijo. Perdóneme Dios si hay en lp que
siento y digo alguna injusticia. La culpa es de las
damas con quienes estuve y hablé , las cuales no
acertaban á disimular su enojo de que tanto se de¬
clamase contra lo caros que cuestan los sombreros
y contra la supuesta necesidad de que cada señora,
en vez de tener dos ó tres, tenga cinco ó seis. Sin
duda sería mejor que aun se llevasen más á me¬
nudo las mantillas, en las cuales no caben muchas
alteraciones ni cambios, y de las cuales no es me¬
nester comprar unas cuantas cada año; pero, en
fin, el hombre pone y Dios dispone. En este caso
no es Dios, sino la moda. La moda obliga á usar
sombrero, y los sombreros son caros cuando no
son feos. Un marido, por consiguiente, debe lle¬
var entendido al casarse que su mujer ha de nece¬
sitar unos cuantos sombreros anuales, y no está
bien que halle en esto causa bastante de divorcio,
de separación ó de lanzarse á la vida alegre y rota,
abandonando á su legítima consorte y yéndose de
bureo á cenar con malas mujeres, gastándose el
valor de tres ó cuatro sombreros en cada cena.
Pero, como quiera que sea, es lo cierto que no bien
el autor dramático desecha ú olvida su moralidad
económica, la comedia Mimo resulta y es regoci¬
jadísima y amena. Las señoras y señoritas, que
fruncían el entrecejo y mostraban enojo y fasti¬
dio cuando la moralidad, empezaron á alegrarse y
á sonreír, y luego se rieron á carcajadas, y casi
perdonaron la moralidad del principio, y aplau¬
dieron por último estrepitosamente al autor, cuya
obra, sobre todo en el segundo acto, está llena de
chistes y de lances graciosos, y está versificada
con primor y facilidad envidiable.
La Sra. Pino apareció tan graciosa y simpática
en su papel de joven mimada y caprichosa, pero
buena y muy enamorada de su marido, que, á mi
ver, no hubo espectador que al aceptar por un ins¬
tante en su pensamiento el papel del marido , no
le hubiera comprado sin refunfuñar, y ya se en¬
tiende que contando con recursos, media docena
de sombreros y trajes y joyas. Muy de celebrar
fueron también el arte y la gracia maliciosa y
cómica con que la Valverde y el Sr. Larra hicieron
de viejos abuelitos casados, que recuerdan con
amoroso desasosiego los buenos tiempos de la mo¬
cedad, que sienten el prurito de celebrar algo á
modo de bodas de oro, y que se van de tajadillas
á un gabinete reservado de cierta fonda a echar
unas cuantas canas al aire. A esta fonda acuden
también por casualidad casi todos los demás per¬
sonajes de la comedia, lo cual da motivo á muy
divertidas situaciones, terminando luego con el
más feliz desenlace.
En el teatro Español sigue María Guerrero al¬
canzando brillantes y merecidos triunfos. Los
viernes y los lunes, especialmente, acude á verla,
oirla y aplaudirla cuanto hay de más distinguido
en la sociedad madrileña. Restablecido ya de la
dolencia que le ha aquejado durante algún tiempo,
el Sr. Díaz de Mendoza sale de nuevo á las tablas
y comparte, con su joven compañera, así los triun¬
fos como el hábil trabajo que es menester em¬
plear para obtenerlos.
La última obra, en que ambos actores han mos¬
trado lo que valen, ha sido la comedia de Lope ti¬
tulada La Hermosa fea .
Dicha comedia está- refundida por el Sr. Luce-
ño. No me aventuraré yo á juzgar sobre el mayor
ó menor acierto de la refundición. Para senten¬
ciar bien acerca de este punto sería indispensable
examinar con detención lo original y lo refundi¬
do, y yo ni he tenido tiempo para hacer ni he he¬
cho este examen. Diré, sin embargo, y hablando
en general, que ya que .sean casi inevitables las
refundiciones, conviene que sean muy sobrias y
más negativas que positivas; esto es, que se limi¬
ten á evitar las muy frecuentes mutaciones de es¬
cena, á suprimir largas relaciones que no tiene
hoy el público la paciencia de oir, y á suprimir
también algún lance ó episodio que acaso no con¬
duzca al desarrollo y desenlace de la fábula, sino
que confunda ó estorbe. El refundidor, para ha-
cerlodo esto, sólo debe poner de su cosecha los
pocos versos ó palabras que basten á enlazar ó á
empalmar lo que antes se ha dividido. De lo con¬
trario, se expone á ingerir en la obra antigua fra*
ses y pensamientos que á la legua parecen como
del día, y son como remiendos de otro paño sobre¬
puestos con poco respeto en antiguo tapiz ó en de¬
chado primoroso. Y el remiendo, aunque sea de
tela muy fina, casi siempre desarmoniza y des¬
entona el conjunto.
La Hermosa feay como no pocas otras comedias
de Lope, que las escribió á millares, pasma y he¬
chiza por la genial facilidad' con que la escribió el
poeta, por las galas de ingenio que brillan en
ella y por los primores de estilo de que está sal¬
picada. Pero como la comedia se conoce que está
escrita á escape, deja mucho que desear, dicho sea
con el debido respeto. Lope era riquísimo y tan
pródigo como rico, y no siempre empleaba bien
sino que despilfarraba á menudo los inagotables te¬
soros de su inventiva. Así es que en La Hermosa
fea están en germen El desdén con el desdén y otras
preciosas comedias de capa y espada de posterio¬
res dramaturgos. La Hermosa fea está menos estu¬
diada y menos meditada, hay menos interés y
menos gradación en el desenvolvimiento de la fá¬
bula que en las otras comedias á las que sirvió de
modelo; pero hay más riqueza que en el argumen¬
to de esas otras comedias en el argumento de la
de Lope, y su desdeñosa heroína, ofendida de que
el Príncipe la ha calificado de fea, y deseosa de
vengarse enamorándole y despreciándole, es más
real, humana, simpática y graciosa que la Diana
de Agustín Moreto.
Como quiera que sea, nos complacemos en afir¬
mar que la comedia de Lope estuvo bien represen¬
tada y puesta en escena, y que María Guerrero
fué una hermosa fea que desmintió del modo más
evidente el aserto calumnioso del presumido ga¬
lán, porque estaba lindísima y vestida con la ma¬
yor propiedad, elegancia y lujo. Al creciente aplau¬
so que siempre se le tributa, no contribuye sólo
su arte, en el que adelanta más cada día, ni las
prendas visibles que realzan su persona, sino tam¬
bién la melodiosa y musical dulzura de su voz,
que tiene extraordinario encanto y á la que sabe
prestar convenientes y variados acentos, desechan¬
do la melopeya monótona y cansada con que sue¬
len recitar los versos otros actores.
Aunque peque de largo este artículo, me cum¬
ple hablar ahora, y tal vez con mayor extensión,
del último estreno que ha habido en el teatro de
la Princesa. La obra representada ha sido una fa¬
mosa comedia de Victoriano Sardou (en colabora¬
ción con otro dramaturgo que se llama Moreau),
y cuyo título en la traducción castellana es La
Corte de Napoleón . Esta comedia ha sido vertida
en no pocas lenguas de Europa y puesta en escena
con general aplauso en los mejores teatros de va¬
rias capitales. Sin duda el autor de la comedia
quiso al componerla dar ocasión para que desple¬
gase y luciese todas sus facultades una actriz de
primer orden. La joven lavandera y planchadora
del tiempo de la Revolución, convertida luego en
Mme. Lefebvre, duquesa de Dantzig y mujer de
un ilustre mariscal de Francia, es la singular y
preeminente heroína de esta composición dramá¬
tica. Al elevarla para que resplandezca mejor, el
poeta no ha vacilado en ponerle como séquito ó
comitiva, ó más bien como pedestal, un conjunto
de personajes históricos del primer Imperio, sin
excluir al mismo Emperador, todos los cuales la
aúpan, la sostienen y se quedan muy por bajo. No
hay virtud ni excelencia de que carezca la marís¬
cala Lefebvre. Es hermosa mujer, fiel y enamora¬
da esposa, patriota ferviente, amiga leal llena de
generosa abnegación, graciosísima y discreta, y
tan atrevida y valiente que lo mismo arrostra las
balas y la metralla en los más encarnizados com¬
bates, que el enojo y la cólera de los más sober¬
bios y despóticos tiranos.
Yo no se por qué se dice, pero se dice, que los
teólogos de Albacete negaron el posse . No quiero
yo contarme en el número de estos teólogos; no
quiero poner límites á lo posible. Diré sí que lo
posible suele en la realidad aparecer inverosímil.
El arte, el ingenio, la magia, pues, de un autor
dramático consiste principalmente en hacernos
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FILIPINAS. — SUMISIÓN DE LOS PRINCIPALES JEFES DE LA INSURRECCIÓN FILIPINA. — LOS JEFES TAGALOS ES EL TRES QUE LOS CONDUJO A DAGUPÁN.
(De fotografía.)
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DESPEDIDA DE LOS JEFES TAGALOS Y DEL TENIENTE CORONEL D. MIGUEL PRIMO DE RIVERA. EN SUAL, AL ABANDONAR EL ARCHIPIÉLAGO.
78 — n.° v
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Febrebo 1898
aceptar lo que en realidad es inverosímil, como
verosímil y natural en el mundo encantado de la
fantasía. Para que esto se logre, el autor dramá¬
tico tiene sin duda misteriosas palabras de ensal¬
mo, algo á modo del ábrete ajonjolí , por cuya vir¬
tud abre á los espectadores de su obra las puertas
de ese encantado mundo y consigue que se delei¬
ten admirando sus tesoros.
En vista de lo expuesto, todas las observacio¬
nes que hagamos ó que podamos hacer sobre las
inverosimilitudes de La Corte de Napoleón , no
son censura, sino son elogio; porque á pesar de
ellas, y saltando por encima de ellas, la tal come¬
dia nos divierte, nos interesa y nos conmueve.
Por eso mismo admiramos más el arte exquisito
de Sardou, su profundo conocimiento del público
y de los efectos escénicos y su rara destreza para
enlazar y entretejer los hilos de la trama con que
logra tener al público embelesado y suspenso.
Francisco José Lefebvre fué capitán poco después
de casarse, y luego coronel y general y mariscal
y duque, por último. Siempre hubo de ser muy
estimado y muy íntimamente tratado por Bona-
parbe, á quien prestó auxilio, del modo más efi¬
caz, en día tan solemne y decisivo como el 18 de
Brumario. Apenas se compagina, por consiguien¬
te, ni parece verosímil que Napoleón no hubiera
conocido á la maríscala Lefebvre, sino de oídas,
hasta el año de 1810, cuando la llama á su gabi¬
nete para conferenciar con ella y para exigirle
que se resigne al divorcio, porque sus modales
plebeyos y sus insolentes y atrevidas palabras
sientan muy mal en una maríscala y en una du¬
quesa, y ofenden el buen tono que debe haber en
la corte. La Maríscala acude á la conferencia á
que Napoleón la ha llamado; en ella desafía la ira
del enojado Monarca, la transforma en admiración
y en gustosa sorpresa, y hasta llega á infundir en
el ánimo del príncipe anhelos amorosos, ó, por lo
menos, muy galantes y tiernos, que ella virtuosa¬
mente rechaza con discreta y gentil cortesía y con
entereza muy honrada. A la verdad , toda esta es¬
cena es bellísima. El espectador se deleita y aplau¬
de viéndola y oyéndola, y se olvida, y hasta pres¬
cinde, de lo inverosímil. Sólo la tardía reflexión
viene después á ponerlo de realce. ¿Cómo la Marís¬
cala, que llevaba ya cerca de veinte años de ser
séñora principal, no había acertado á desechar su
rudeza primitiva? ¿Por qué había de ser tan arrai¬
gada y tan honda esta rudeza, cuando ya en el
prólogo, veinte años antes de la acción del drama,
Mme. Lefebvre no es una lavandera ordinaria,
sino maestra en París, con oficialas que dependen
de ella, con casa-tienda y con cierto desahogo? Y
es lo más singular que Napoleón la conoció en¬
tonces, siendo él teniente ó capitán de artillería,
y la trató con tal intimidad que llegó á confiarle
sus apuros y miserias y los de su casa y familia, y
hasta le dejó á deber sesenta francos de una
cuenta de zurcido, lavado y planchado de cami¬
sas. ¿Dónde se hundió ó se escabulló Mme. Lefeb¬
vre para que Napoleón la olvidase por completo,
después de haberla conocido soltera, graciosa y
bonita; después de haberle confiado su situación
menesterosa, y después de haberle dejado á deber
sesenta francos? Nada de esto parece verdad aun¬
que pueda serlo. Y no obstante, agrada, sorpren¬
de y gusta que Mme. Lefebvre acuda, provista de la
cuenta de los sesenta francos, á la conferencia que
tiene con Napoleón y le pida con suavidad que se
los pague.
Para que brille más el valer de Mme. Lefebvre
y aparezca como un Deus ex machina , ó más bien
como una diosa ó genio providencial que desenlaza
dichosamente toda la tramoya, hay en la comedia
una acción secundaría, ó mejor diremos supedita¬
da, que se combina bastante bien con la acción
principal, ó sea con la vida y destinos de la prota¬
gonista.
El Conde de Neipperg aparece ya en el prólogo
herido y perseguido por las turbas, después de un
combate en las calles de París. Nuestra heroína le
salva escondiéndole en su casa. Lefebvre, que era
ya novio de ella, le busca celoso, le descubre, com¬
prende el noble propósito de su amada y contri¬
buye á que se logre.
En el drama el Conde de Neipperg no ha sido
tan olvidadizo como Napoleónitha conservado sus
buenas relaciones con Mme. Lefehyre, á quien en
verdad no debía sólo sesenta francoVsino la vida.
Enamorado devotísimo y platónicamente el
Conde de Neipperg de su compatriota la Archidu¬
quesa de Austria, emperatriz María Luisa, infunde
á Napoleón celosas sospechas, las cuales le indu¬
cen á mandar <jue salga el Conde de París y de
Francia en el termino de pocas horas. El Conde
tiene la audacia de penetrar de noche y recatada¬
mente en palacio para despedirse de la Empera¬
triz. Napoleón le sorprende precisamente cuando
estaba conferenciando con Mme. Lefebvre; hace
que le detengan y le traigan á su presencia. Hay
entonces una escena terrible y violentísima en la
que pierde el Emperador la conveniente sereni¬
dad de su augusto carácter, é insulta al Conde de
un modo ignominioso. El Conde desenvaina la es¬
pada contra el Emperador, con intento de vengar
el agravio, pero es detenido y preso, y Napoleón,
furioso, decide su muerte. La serie de casos y de
recursos ingeniosos, por cuya virtud la maríscala
Lefebvre salva de nuevo la vida del Conde, con¬
tribuye á que se disipen los celos del Emperador
y á que la emperatriz María Luisa aparezca ino¬
cente, da á todas las escenas que se siguen el más
vivo interés melodramático.
Al buen término que la maríscala Lefebvre
acierta á poner en todo este lance, que amenazaba
acabar en tragedia, contribuye el famoso Fouché,
ministro de Policía, cesante á la sazón, haciendo
tan agudos prodigios de ingenio que recobra la
cartera de policía, y consigue que la pierda Savary
y que además se acredite de torpe ó de tonto. Esta
acusación parece gratuita y sin el menor funda¬
mento cuando se recuerdan las delicadas y difíci¬
les comisiones y negocios diplomáticos que Napo¬
león confió en Rusia y en España ai Duque de
Rovigo, y que éste desempeñó tan hábilmente.
Pero á Sardou le convenía que resaltase la mara¬
villosa aptitud policíaca de Fouché, y no vaciló en
sacrificarle la reputación de Savary como hombre
discreto, entendido y oportuno. Fouché, además,
entra y sale, se cuela á deshoras en Palacio, sin
saber cómo, y más que hombre parece diablo be¬
néfico ó espíritu familiar de la Maríscala. Todo
esto entretiene, hechiza y complace al público lo
que no es decible.
Muy de alabar es también en La Corte de Napo¬
león el audaz talento con que Sardou saca á la es¬
cena á tantos personajes históricos, casi contem¬
poráneos, sin que se ofendan los hijos ó los nietos
de dichos personajes, que sin duda han asistido
alguna vez á la representación y que la han aplau¬
dido. Yo recuerdo haber visto esta comedia en
Yiena, donde hacía el papel de la Maríscala Le¬
febvre la hermosa y elegante actriz Odilón, y
donde veía la representación de sucesos reales ó
fingidos, ocurridos á su abuelo, el Duque de Mon-
tenuovo, nieto del Conde de Neipperg y de la em¬
peratriz María Luisa, de quien él fué mayordomo
cuando ella dejó de ser Emperatriz, y con quien
se casó después de la muerte de Napoleón en Santa
Elena.
En suma, La Corte de Napoleón es divertidísima
comedia, escrita con gran conocimiento del teatro.
El público escogido que asistió la noche de su es¬
treno en el teatro de la Princesa, la vió y la oyó
con gusto y le dió extraordinarios aplausos y ma¬
yores alabanzas. De creer es que dicha comedia
tenga muchas representaciones y dé grandes en¬
tradas. La empresa la ha presentado con toda pro¬
piedad, buen gusto y riqueza, contribuyendo á
ello la generosidad del Sr. Duque de Tamames, que
ha prestado al teatro los preciosos muebles que
posee en el estilo del primer Imperio , y cuya ele¬
gancia admiramos todos.
|¿£/La Sra. Tubau salió muy bien y muy ricamente
vestida, haciendo reconocer y confesar hasta á los
más descontentadizos que posee raras prendas y
notables facultades de artista. En todo estuvo bien;
pero, en mi sentir, sobresalió en los arranques im¬
petuosos de enojo y de^ cólera, y en recitar los
trozos elocuentes que pone el autor en su boca en
algunas ocasiones, como, por ejemplo, cuando con¬
testa á la Reina de Nápoles y á su hermana, que
le habían echado en cara su origen plebeyo y obs¬
curo. En la conversación con Lefebvre cuando re¬
chaza el propuesto divorcio, y en toda la conferen¬
cia con Napoleón, estuvo asimismo muy atinada
y hasta inspirada la Sra. Tubau.
Los demas actores se esmeraron y lograron sa¬
lir airosos y ser aplaudidos, señalándose muy sin¬
gularmente el actor Valero, que hizo el dificilísi¬
mo papel de Napoleón y que mostró ser no indig¬
no sucesor de su padre, uno de los actores á mi
ver de más mérito, quizás el más genial, que ha
habido en España en este siglo.
Juan Valera.
TRES GENERACIONES DE SIL VELAS
Y DOS DE PIDALES.
(APUNTES k VUELA PLUMA.)
En la parte correspondiente á la explicación de
los grabados se dan las noticias relativas al ban¬
quete celebrado el viernes 28 de Enero último en
el teatro de los Jardines del Retiro: un gran re¬
nacimiento del partido conservador, que había
quedado huérfano y sin tutela desde que el bár¬
baro crimen de Santa Agueda privó dolorosamen¬
te á España del estadista insigne á quien tantos
servicios debían la patria y el Trono; un abrazo
entre dos de los jefes más caracterizados de aquella
parcialidad política, en cuya fuerza social y polí¬
tica durante más de veinte años se apoyó el señor
Cánovas del Castillo para restablecer el Trono,
dar al país agitado una paz estable, fundar la hasta
entonces jamás lograda concordia de los partidos
en lucha, y robustecer las instituciones que han
brotado del espíritu de la libertad, en el seno del
orden y de la disciplina social.
No compete á un periódico como La Ilustra¬
ción Española y Americana hacer artículos po¬
líticos, ni á ello aquí nos atreveremos; pero del
mismo modo que en sus páginas ilustradas el gra¬
bado y la fotografía reproducen las imágenes de
los personajes de primera calidad en el rango de
los sucesos, para que los lectores de los dos mun¬
dos conozcan la fisonomía de los que por su posi¬
ción culminante excitan la vena de la pública cu¬
riosidad, sin descender tampoco al manoseado
terreno de la biografía, conviene acompañar el
culto iconográfico de sus personas con algunas
líneas que sirvan de bosquejo á sus antecedentes,
á su fisonomía moral, á aquello que perfecciona el
conocimiento íntimo que también la curiosidad
reclama.
•
• «
Así el Sr. D. Francisco Silvela, como el señor
D. Alejandro Pidal y Mon, unen en los anteceden¬
tes de familia, como en las prendas que les son
propias, á la superioridad alcanzada en el palen¬
que político, el prestigio conseguido sobre el ci¬
miento de las letras.
En el Sr. Silvela, desde poco después de me¬
diado el siglo xvm, toda la genealogía moral
descansa sobre los títulos de una ilustraciónjnte-
lectual que ha ido elevando á los individuos y á
las generaciones de tan distinguida familia hasta
levantarlos á la suprema cúspide en que desde el
último viernes de Enero ha quedado colocado su
actual representante, como sucesor del Sr. Cáno¬
vas en la jefatura del partido liberal conservador.
La familia de los Silvela procede de Valladolid.
Al nacer su abuelo D. Manuel Silvela y García de
Aragón, sus padres eran unos honrados comer¬
ciantes de aquella histórica ciudad. De edad muy
tierna quedó huérfano de padre, y atraído á Avila
al calor de su tío materno, D. Jacinto García de
Aragón , en esta última ciudad hizo sus primeros
estudios, demostrando desde niño la agudeza de
su ingenio y su natural aplicación. Su biógrafo,
que lo fué su hijo D. Francisco Agustín, dice que
su fisonomía había dejado de ser hermosa por el
estrago que en ella causaron las viruelas; pero su
extraordinaria vivacidad y la pasmosa facilidad
en expresarse, le hacían por todo extremo atrac¬
tivo. En los estudios de Avila tuvo por condiscí¬
pulo y amigo al joven D. Manuel Joaquín Taran-
cón, que llegó hasta la púrpura del Sacro Colegio,
y murió, después de mediado este siglo, de arzo¬
bispo de Sevilla.
En 1798 perdió á su tío, y tuvo que regresar á
Valladolid. En la ciudad natal y en la Universidad
que la honra, y de donde han salido tantos hom¬
bres eminentes, siguió la carrera de Derecho, en
que se licenció en Enero de 1808. Inmediatamente
se casó, al par que aceptó el desempeño de las cá¬
tedras de Volumen y de Código, en sustitución, y
cargó con el peso del estudio del abogado de aque¬
lla Real chancillería D. José Morales Arnedo, que
firmaba sus escritos. También tuvo por maestro
de prácticas al eminente Díaz de Lavandero, que
con Cambronero y Arnedo eran la suma del pres¬
tigio del foro valisoletano.
¡1808! El mero recuerdo de esta fecha evoca
el cuadro de toda la profunda revolución de Es¬
paña al comienzo de este siglo: la invasión ex¬
tranjera; el motín de Aran juez; la abdicación de
Carlos IV; el cautiverio de Fernando VII; Bayona;
el Dos de Mayo; la renuncia de la Familia Real,
cautiva de Napoleón ; el cambio de dinastía ; Bai¬
lón, Zaragoza, Gerona; la división del país en dos
bandos, el mundo de los oprimidos , el mundo de
los regenerados; el nuevo caos de donde había de
brotar, entre océanos de sangre, el germen del
porvenir.
«Somos ya posteridad para aquellos aconteci¬
mientos]), ha escrito, biografiando á su padre, don
Francisco Agustín Silvela, y esta frase lo dice
todo. El Conde del Montijo, provocador del motín
de Aranjuez, quiso ir á Bayona á matar á Napo¬
león para salvar á Fernando VII; su sobrina, Eu¬
genia de Guzmán, ha compartido el trono de Fran¬
cia bajo el imperio del tercer Bonaparte.Los afran¬
cesados de 1808 fueron los reaccionarios de 1823;
los afrancesados de 1808 fueron las primeras co-
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8 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° v — 79
lumnas del trono constitucional de Isabel II, al
quedar esta magnánima Reina niña, huérfana y
heredera. Los afrancesados de 1808 han sido los
patriarcas del partido del orden en la restauración
de la monarquía histórica y legítima, que han con¬
ciliado la monarquía reformada con el espirita de
la revolución.
De los recuerdos de D. Manuel Silvela, después
que sirvió á los veintisiete años de su edad la plaza
de alcalde de casa y corte de Madrid, bajo el go¬
bierno de José Napoleón, sólo queda por grata
remembranza la memoria de los servicios huma¬
nitarios que prestó á los que por su patriotismo
cayeron bajo el filo cruel y la saña del despótico
extranjero. «Vivíamos en la calle del Duque de
Alba, escribe su hijo D. Francisco Agustín. Cuan¬
do volvía del tribunal pálido, trémulo, desencajado
y sin fuerzas para apearse del coche y subir la es¬
calera de la casa; cuando, sin llamar á sus
hijos para prodigarles sus caricias, se de¬
jaba caer exánime en el lecho, era señal
indudable desque sus esfuerzos no habían
alcanzado á salvar alguna víctima: fue¬
ron, sin embargo, infinitas las que consi¬
guió arrancar del patíbulo.» El 3 de Agos¬
to de 1812, la corte y las tropas de José
Napoleón evacuaron á Madrid. Sin nece¬
sidad de los decretos de proscripción que
se expidieron contra los afrancesados y
sus familias, el populacho, ebrio y desen¬
frenado, usurpo los derechos de la justi¬
cia. Y cuando Silvela se disponía á mar¬
char de Madrid, su casa se llenó de gentes
agradecidas que con lágrimas le rogaban
que no se fuera.
•
• *
¡Toda su vida fué ya la proscripción!
¡Pero qué proscripción tan santa y tan
honrosa! Aquí quedó perdido su patrimo¬
nio: con su anciana madre, con su esposa
y con doe hijos menores de edad, cruzó
la frontera patria para siempre. Su ami¬
go y compañero de infortunio D. Pascual
Pazuangos le dió albergue en una quinta
que poseía cerca de Burdeos, en la hacien¬
da de Saint-Bris, y de allí salía todas las
mañanas á pie, para dar en la ciudad al¬
gunas lecciones de lengua castellana, á'
sesenta reales mensuales, hasta que el es¬
fuerzo del trabajo le permitiera pagar el
alquiler de una casa. Las mujeres de su
cariño, su madre y su mujer, eran la nota
dulce de su alma entristecida; ellas daban
consuelo á su corazón y brío á su volun¬
tad; ellas fueron las corredentoras gene¬
rosas de la situación común.
Aquellas lecciones individuales fueron
después aula de españoles y americanos:
aquellas estrecheces se convirtieron en
comodidad y abundancia; aquellos sufri¬
mientos se levantaron al rango del gene¬
ral respeto; su morada y su amistad fué
buscada por muchos hombres ilustres: loa
Azanza, los Urquijo, los Mazarredo , los
Almenara, los Burgos, los Lista, los Mi-
ñano, los Hermosilla, los Cambronero.
Desde aquel destierro se comunicó con
los ministros de Femando VII, que le
permitieron darles consejos de gobierno.
Ni quiso participar de los furores patrió¬
ticos de 1820, ni de las iras reaccionarias
de 1823. Admitió á Moratín en su casa y
en el seno de su familia; sostuvo docta
correspondencia con Meléndez Valdés; fijó el ho¬
nor de la literatura y de la ciencia patrias del lado
allá del Bidasoa, y ya en colaboración con Men-
dívil, ya con lucubraciones propias, rodeó su nom¬
bre de las aureolas del alto talento.
Antes de morir trasladó su liceo, su gabinete de
estudio, la publicación de sus obras y la educación
de sus hijos á París; y después que en aquella ca¬
pital cerró los ojos de su amigo del alma Inarco
Célenio (21 de Junio de 1828), y le levantó un
monumento funeral en el cementerio del Padre
Lachaise, entre los de Moliere y La Fontaine, des¬
cansó en el seno del Señor (9 de Mayo de 1832),
dejando á sus sucesores el ejemplo que imitar de
sus virtudes, el tesoro de su prestigio y el honor
ascendente de su memoria. Su hijo D. Francisco
Agustín, cuando regresó á Madrid, escribía: «Don¬
de quiera que llegaba, con saber que era hijo de
Silvela, me servía de título de recomendación.»
•
* *
Lista, en sus Estudios históricos y literarios ,
censura algunos de los escritos de Silvela, el ár-
cade Logisto Cario . Sus obras más importantes
fueron la Biblioteca selecta de literatura española ,
ó modelos de elocuencia y poesía , tomados de los es¬
critores más célebres desde el siglo XIV hasta nues¬
tros días , que con D. Pedro Mendívil publicó en
Burdeos en cuatro volúmenes en 1819, y el Com¬
pendio de historia antigua hasta los tiempos de
Augusto . La primera de estas obras lleva un dis¬
curso preliminar de Silvela, que es un compendio
crítico de la literatura castellana en paralelo con
la literatura clásica latina, y copiosas notas, con el
resumen biográfico de la mayor parte de nuestros
más grandes prosistas y poetas. Su hijo coleccionó
en 1845 sus Obras postumas , en las. que incluyó
el primero de estos trabajos y la biografía de Mo¬
ratín, que encabeza la edición de las también pós-
tumas de Inarco Celenio , que hizo publicar de orden
y á expensas del Estado el Gobierno de S. M. la
Reina Isabel II de 1867. Sus principales produc¬
ciones políticas fueron las Cartas de un refugia¬
do , que forman parte asimismo de esta edición, y
Excmo. Sr. D. JOSÉ PERTIERRA Y ALBUERNE,
MARQUÉS DE CIKNFUBGOS.
t recientemente en la isla de Cuba.
(De fotografía.)
su Memoria sobre la situación de España en 1823
con relación al estado de Europa . Otra de sus obras
más importantes es también la Introducción á los
estudios de las ciencias sociales , y particularmente
á la legislación . La tesis que desarrolla es la si¬
guiente:' «La jurisprudencia abraza la vasta econo¬
mía del orden civil, sube á los principios de la so¬
ciedad y refiere los casos particulares que discute.»
Lista, que consagró tres artículos al examen del
Compendio de historia antigua, sintetizaba su jui¬
cio acerca de ella con esta frase, notable en la plu¬
ma de tan docto censurante: «Es la en que, á
nuestro parecer, se desenvuelven con más filoso¬
fía las diferentes fases de la República domina¬
dora del mundo.» Después se lamentaba de que
por estar impresa en él Extranjero fuese poco co¬
nocida en España.
¿Qué había de proceder de tal tronco? Su hijo
D. Francisco Agustín, en París y Burdeos alcanza
todas las posiciones de la ciencia. La Universidad
de la antigua Lutecia le da sus grados en Derecho,
y todas las Sociedades sabias dispútanse el honor
de su nombre. En París y en Burdeos regentea
cátedras de Humanidades, de Lengua griega, de
Historia antigua y moderna, y, restituido á Espa¬
ña, después de la muerte de su padre, ocupa la del
Ateneo Científico y Literario de Madrid; da im¬
pulso á la Real Sociedad Económica de Amigos
del País de Avila, que preside ; llama la atención
en el foro jurídico y en el político; acepta cargos
gubernativos en provincias, y viene á ocupar los
escaños del Congreso de los Diputados desde 1837
y los de la Cámara vitalicia desde 1845. En 1838
fué ministro de Fomento y de lo Interior, bajo el
Gabinete que presidió el Duque de Frías; en 1840
lo fué de Gracia y Justicia en el Ministerio del
general D. Valentín Ferraz.
•
• •
Su labor científica y literaria corresponde á la
actividad intelectual que heredó de su padre y á
la dilatada ilustración que adornaba su espíritu.
Encontró al país en la cuna de las instituciones
representativas, y que las leyes sustantivas no
podían hacerse prácticas por falta de las
leyes orgánicas, y en 1839 publicó aquella
Colección de proyectos, , dictámenes y leyes
orgánicas , ó estudios prácticos de admi¬
nistración , que concentraba en princi¬
pios toda la labor legislativa que quedaba
por hacer. Su tratado ó Consideraciones
sobre la necesidad de conservar en los códi¬
gos y de aplicar en su caso la pena capital ,
ya impresa en francés en París en 1832
con el título de Du maintien de la peine
de mort, hizo una grande impresión en
todo el mundo sabio de la ciencia y de la
filosofía del Derecho , y á él fueron debi¬
dos el Proyecto de ley electoral arreglado
á los pHncipios del derecho público inte¬
rior ó derecho constitucional, publicado en
Lérida en 1836, y la Proposición de ley de
la jurisdicción, atribuciones , organización
y modo de proceder del Senado como tri¬
bunal de justicia, presentada á las Cortes
el 20 de Noviembre de 1847.
Lista también se ocupó de la Colección
d», proyectos de D. Francisco Agustín, de
la que decía: «Esta obra ha satisfecho una
de las más urgentes necesidades de la
época presente , á saber: la de crear el Go¬
bierno, que puede decirse no existe en
España. Tenemos, á la verdad, una Cons¬
titución (1837) que ha organizado él poder ,
designado su centro, sus atribuciones, sus
•límites;' pero ¿tiene el poder los medios y
Ja fuerza necesaria para moverse dentro
de esos límites y cumplir esas atribucio¬
nes? No: porque no existen leyes orgáni¬
cas que le pongan en contacto con las ma¬
sas, y hagan su acción segura é indefecti¬
ble. No esperamos felicidad para nuestra
patria mientras las discusiones públicas
no sean el examen de las verdades rela¬
tivas á la ciencia de la administración.»
La vena del talento no se agotó $n es¬
píritu tan despierto y tan fecundo: sus
hijos D. Manuel y D. Francisco prosiguie¬
ron toda la tradición de estirpe en per¬
petua elevación de actos y de facultades,
a semejanza de aquellas casas heráldicas
de viejo solar en las que el fundador, que
ennobleció su nombre con una hazaña
valerosa, dejó á sus hijos perpetua y vin¬
culada la tradición del honor, y el sim¬
ple hidalgo creó la cuna del héroe, el
héroe la del caudillo, el caudillo la de los
altos oficios militares, políticos ó palati¬
nos, y el oficial de suprema jerarquía la
del título nobiliario, y la del título no¬
biliario la del ricohome.
‘ Quedó V elisia, el amono escritor de alegre in¬
genio, orador, diplomático y ministro en el últi¬
mo peldaño, que su hermano D. Francisco, más
alentado, sube también. Pero ¿con qué anteceden¬
tes? Yo le recuerdo cuando con Pinel, Chico de
Guzmán , Carrillo de Albornoz y otros condiscí¬
pulos y amigos redactaban el periódico El Inde¬
pendiente, de Carrasco de Molina; con Bécquer,
Silió y Fernández Bremón, le vi abordar las pa¬
cíficas arenas literarias hasta en La Voz del Siglo,
de Azcárate y Moret; después formó en la mino¬
ría alfonsista de las Constituyentes de 1869, donde
sus discursos se guardaron en hojas de diamantes
con los de Cánovas y Bugallal. De sus discursos
políticos pronunciados en las Cortes de 1879 tam¬
bién se han hecho ediciones privilegiadas, y con
los que ha leído en actos solemnes de las Reales
Academias Española, de Ciencias Morales y Polí¬
ticas, de Jurisprudencia, y en el Ateneo dé Ma¬
drid, la codicia del saber ha hecho acopio para
conservarlos con perpetua estima. Abordó la his¬
toria y dió á las Cartas de la Venerable Madre
sor María de Agreda y del rey Felipe I V, coleccio¬
nadas por la labor exquisita de una ilustre dama
que se ha velado siempre en el recato de su mo-
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80 — n.° v
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8Febbkbo11808
ILMO. Sr. D. FRANCISCO ZAYAS,
MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA DEL GOBIERNO DE CUBA.
(De fotografía de los Sres. Otero y Colominas, de la Habano.)
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA. — EL CRUCERO ACORAZADO «VIZCAYA» EN VIAJE PARA NUEVA YORK.
(Dibujo de Caula.)
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LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Febrero 1898
SAN JUAN DE PUERTO RICO.— desembarco del gobernador general sr. González muñoz
EL DÍA 11 DE ENERO ÚLTIMO.
SAN JUAN DE PUERTO RICO.— ENTIERRO DEL GOBERNADOR GENERAL SR. GONZÁLEZ MUÑOZ, EL DÍA 12 DE ENERO ÚLTIMO.
(De fotografiar de los Sres. D. Ramón García y D. Feliciano Alonso:)
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8 Febrero 1898
— n.° v
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
destia, un prólogo que es una joya de la crítica,
retrato fiel y trasunto redivivo de una época en¬
tera de nuestra vida política.
En la vida doméstica su existencia es un modelo
de orden é intimidad; en la profesión del bufete
sa crédito se levanta en el pavés de su rectitud; en
la vida pública su palabra y sus promesas han des¬
pertado la fe en la opinión ; hasta disidente , no ha
concitado contra sí las molestias de la contrarie¬
dad. La integridad reflejada en todos sus ministe¬
rios se ha impuesto al respeto hasta de sus adver¬
sarios. ¿No es justo esperar que todas estas pren¬
das adquieran aún mayor brillo, si cabe, en la cima
adonde acaba de encumbrarse, en la jefatura del
partido conservador?
• «
La vida de los Pídales es otra cadena semejante
de laureles del saber, de la ilustración, de la inte¬
gridad y del patriotismo. ¿Hay que recordar al
fundador de la casa, al ilustre D. Pedro José Pidal
con su Colección de algunas poesías castellanas an¬
teriores al siglo XV y su prólogo al Cancionero de
Baena, sus Adiciones al Fuero Viejo de Castilla^
su Historia de las alteraciones de Aragón en el rei¬
nado de Felipe //, que Mr. Magnabal tradujo al
francés, sus Lecciones sobre la historia del golnerno
}/ legislación de España desde los tiempos primiti¬
vos hasta la Reconquista y y sus multiplicados dis¬
cursos en todas las Academias, en todas las Socie¬
dades científicas, y sobre todo en el Parlamento?
Su hijo D. Alejandro no ha sido menos fecundo
en su labor; pero su obra Santo Tomás de Aquino
le puso en el pináculo de las ciencias históricas
y filosóficas de nuestro siglo. Trajo á la restaura¬
ción el concurso y la adhesión de todo el Episco¬
pado; reconciliación de gran precio, que ha qui¬
tado á las guerras civiles del porvenir uno de los
. elementos más poderosos de las fuerzas del tradi¬
cionalismo. ¿Su elocuencia? La de un tribuno. ¿Su
amistad? La de un hermano. ¿Su patriotismo? El
de un héroe. Su palabra arrebata; su simpatía crea
el proselitismo; las fuerzas que le siguen son de
la mayor gravitación en la vida de las institucio¬
nes. La unión de estos dos grandes nombres cons-
■ tituye un sublime vaticinio á las esperanzas de
la nación en el advenimiento del nuevo reinado
de D. Alfonso XIII, que se aproxima.
Juan Pérez de Güzmán.
33 ANTE.
(pensamiento de a. barbier.)
¡Oh ardiente gibelino! ¡Oh genio augusto!
Cuando al fulgor sangriento del ocaso
Contemplo á solas tu broncíneo busto
De aguileña nariz , de rostro raso
Y enjutOy de mirada penetrante
Como una espada y tan temida acaso (1),
No puedo refrenar, sublime Dante,
Mi angustia, y una lágrima encendida
Resbala por mi pálido semblante :
¡Tan bien grabó tu desolada vida
Su honda huella con hierro incandescente
En tu se vera faz entristecida!
¿Quién arrugó tu soberana frente
Ceñida, cual de fúnebre mortaja,
Por negra caperuza? ¿Fué el torrente
De los años, que todo lo desgaja,
Ó de la ingratitud la daga fría
Que, marcando la frente, el pecho raja?
¿Fué en la prisión recóndita y sombría,
O en el destierro, liberal soldado,
Premio á tu patriotismo y bizarría,
Donde tu labio, en hieles empapado,
Por siempre enmudeció, contra la loca
Vil multitud, de maldecir cansado?
La sonrisa que vaga por tu boca,
Como siniestra mariposa obscura,
¿El altivo desprecio la provoca?
¿Signo es de compasión ó de ternura?
¿Es pálido reflejo de tu ira
O la espuma del mar de tu amargura?
El desprecio es tan sólo el que la inspira:
Desprecio altivo hacia la tierra ingrata
Que hirió tu pecho y ultrajó tu lira.
¡Cómo tu rostro lúgubre delata
Que al cívico valor ahogado viste,
De humana sangre en roja catarata!
0) Terceto de La Selva obscura.
¡Cuánto, excelso varón, cuánto sufriste
Al contemplar la rutilante aurora
De la verdad, cambiada en noche triste!
Creyendo voy que, bajo el bronce, llora
Tu corazón, henchido de dolores,
La muerte de tu amada seductora;
De Beatriz que , vestida de esplendores,
Surgió á tus ojos , en feraz pradera,
¿ Cual surtidor de plata entre las flores.
Tú viste arder en espantosa hoguera
Las víctimas del negro despotismo,
Y ondular de los vicios la bandera.
Sondaste de las almas el abismo
Y, ante ti, la voz «¡patria!» deshonrada
Fué por el labio impuro del cinismo.
Tú viste de la ley rota la espada,
Impune el crimen , la maldad triunfante;
La virgen libertad, mustia y violada.
¡Oh inmortal florentino! ¡Oh viejo Dante!
Comprendo las arrugas de tu frente
Y el lívido color de tu semblante.
¿Cómo no , si en tu pecho y en tu mente
Llevabas, como á un mundo de precitos.
La miserable humanidad doliente!
Comprendo los anhelos infinitos
De tu alma egregia; tu mortal quebranto
Y de tu ardiente cólera los gritos.
ros 7,50 pesetas por cada 100 kilogramos ; lo cual
cuesta á los consumidores 350 millones por año.
Italia produce anualmente de 40 á 42 millones
de quintales de trigo, y consume 50; de modo que
necesita importar unos 8 millones, que le valen
al Tesoro nacional unos G0 millones de pesetas.
Como el trigo nacional se vende al precio del ex¬
tranjero con las 7,50 pesetas de recargo, los pro¬
ductores vienen á beneficiar una prima total de 315
millones, que, añadidos á los 60 ya dichos, hacen
los 350 indicados. Los 60 son para el Gobierno, y
los 315 sirven para asegurar a los propietarios el
medio de sostener artificialmente la concurrencia
extranjera, sin que hasta ahora hayan servido en
cambio para mejorar los rutinarios procedimien¬
tos de cultivo. Ante la pública conflagración que
esta miseria causa, si el Gobierno rebajara los de¬
rechos de importación bajaría proporcionalmente
el precio del pan, y discurriendo así, pero á me¬
dias, trata en efecto de reducir los derechos desde
7,50 á 5 pesetas, pero sólo hasta el 30 de Abril, con
lo cual los acaparadores comprarán más barato
para guardarlo y venderlo al precio de hoy desde
Mayo en adelante; el Gobierno perderá todo lo
que rebaje en cuantas remesas lleguen en ese
tiempo, y los consumidores puede ser que tengan
algo de pan para hoy, pero mucha hambre para
mañana.
* •
Comprendo que las iras y el espanto
Agitaran tu lira ronca y fiera,
Nave que flota en piélago de llanto.
Comprendo, en fin, que al ver tu faz severa,
Terrible imagen del pesar eterno,
Una mujer en Rávena dijera:
«Es Dante, que retorna del infierno.»
Manuel Reina.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
El hambre en Italia: la cuestión en el campo y en el Parlamento —
Baja de las importaciones de trigo y harina en España. — Conté de
una huelga en Inglaterra. — La esclavitud de los negros en los Es¬
tados Unidos.— Lo que tienen Ion judíos en Francia.
) UN DEN el hambre y la miseria en Italia
de un modo aterrador. No bastan para
establecer el equilibrio entre los re¬
cursos y los consumidores las avalan-
chas de emigrantes que el malestar
arroja todos los días al Extranjero, y que
1 'V llegan á sumar cifras tan espantosas como
la de 793.689 personas huidas á la República
Argentina en los últimos veinte años (37.699
en 1894, 41.203 en 1895, y 75.204 en 1896); si
se agrega á cuya cifra la de los expatriados á otras
comarcas, será seguramente más de 1.200.000 ha¬
bitantes laque represente la pérdida que ha tenido
la nación en ese período. Los tristes sucesos ocu¬
rridos en Enero en Sicilia y en las Marcas; los sa¬
queos realizados por las muchedumbres en An-
cona, Falconara, Sinigaglia y Macerata; la honda
perturbación que hoy se siente en toda la penín¬
sula, revelan la existencia de un mal gravísimo y
hacen temer para el porvenir días muy infaustos.
En vano se trata de echar la culpa á las sugestiones
de los revolucionarios propagandistas de doctrinas
subversivas. No hay agente propagador del anar¬
quismo como el hambre. En Inglaterra, en Ale¬
mania, en Bélgica y en Francia las teorías sociales
más avanzadas han llegado á un grado extremo y
se han extendido mucho, porque los partidos cuen¬
tan con mucha gente, están mejor organizados, y
con sus propios donativos ó contribuciones volun¬
tarias pueden sostener fácilmente la propaganda y
las huelgas. Pero en Italia no; los labradores y los
obreros difícilmente se hacen eco de los propa¬
gandistas, y, sin embargo, impulsados por su ar¬
diente naturaleza meridional, se ve que, sin pre¬
paración previa, se sublevan las masas del proleta¬
riado y asaltan las casas-ayuntamientos y devastan
las casas de los ricos y saquean los graneros. Por
las muchas veces que se van repitiendo estos atro¬
pellos se puede decir son típicos, característicos
de aquel país.
Lo cierto es que la miseria se ha extendido en
proporciones alarmantes. Todo está allí resentido,
el trabajo y el comercio; todas las clases sufren,
pero ninguna como la que vive del trabajo diario,
y á la cual el trabajo falta. «Los aldeanos y los
obreros— dice un corresponsal desde Roma — mue¬
ren literalmente de hambre.» Y hoy, cuando se
lamentan las poblaciones de no tener pan, porque
el pan se ha convertido en un alimento de lujo,
pagan de derechos de entrada los trigos extranje¬
Tratando de estos apuros en el Parlamento ita¬
liano, ha sostenido el senador Di Camporeale,
hombre muy rico y que se trata muy bien, que
gran parte de la culpa de los alborotos que se la¬
mentan la tiene el presidente Sr. Rudini, porque
no ha aplicado con rigor la ley del domicilio coattOy
por la cual se puede desterrar de sus pueblos á
otros lejanos del reino, sin formación de causa,
no sólo á los que hayan sufrido condena, sino á
los sospechosos. De esa lenidad, ha dicho, abusan
los instigadores, que aprovechándose del público
malestar provocan revoluciones. Cree el senador
que si se hubiera desterrado de Ancona al impe¬
nitente agitador Mototista, no habrían sus paisa¬
nos los marchigioni llegado á cometer los atenta¬
dos que han cometido ; como si Mototista fuera el
causante del hambre ó el pan con que ésta se re¬
media. En Ancona saquearon y quemaron la casa
y almacenes del villino del rico comerciante Ga-
gliardi ; en Falconara-Marittima destruyeron una
casa, y en Sinigaglia devastaron los almacenes de
trigo del Príncipe Ruspoli, alcalde de Roma, que
en esta capital ha instalado panaderías económi¬
cas para los pobres, y que en su pueblo parece que
es uno de los primeros acaparadores.
•
• *
Felizmente, en España, aunque el pan no vale
muy barato, y aunque los derechos de importación
del trigo son bastante altos, no hemos llegado á
tener que pensar en las amenazas del hambre,
porque se han combatido con discreta oportunidad
y energía ciertas pretensiones del mercado, sin
que se diera lugar a sucesos como los de Italia. La
importación de trigos ha sido mucho menor que
la de los años anteriores (202.675 kilogramos en
1895, 187.759.640 en 1896, y 141.729.255 en 1897),
procedente casi toda ella de Rusia, siendo nula la
de los Estados Unidos, que venía ya muy reducida
(1.158.563 en 1895 y 3.870.209 en 1896). Asimis¬
mo se ha reducido mucho la de harina de trigo
(1.902.465 en 1895, 326.494 en 1896, y sólo 171.462
en 1897), en cuya reducción la procedente de
Francia ha bajado desde 1.733.20o y 259.596 á
40.228 respectivamente. ¡Dios nos envíe abundan¬
tes lluvias en la primavera, aunque no como las
de Valencia y Cataluña, para que una buena cose¬
cha impida el que el pan suba y la miseria asome,
ya que bastantes plagas hemos sufrido y sufrimos
fuera de la patria, que tanta sangre, lágrimas y
dinero están costando á esta magnánima tierra,
digna de mejor fortuna 1
•
• *
Muy elocuente y de gran enseñanza para los
obreros maquinistas ingleses ha sido el desastroso
resultado que , como natural castigo de la falta de
trabajo y de jornal , les ha producido la huelga de
veintisiete semanas, sostenida por las excitacio¬
nes de los jefes de grupo, que han estado entrete¬
niendo á los trabajadores mecánicos zin conseguir
nada al fin. Han tomado parte en la huelga diez
grupos de las Trade Unionsy que componen una
suma de 109.829 individuos, más 31.000 de la so¬
ciedad Unión de Mecánicos, más 8.000 de otras
varias. De todos ellos, unos 45.000 no han traba¬
jado durante todo ese tiempo, y los deiqás, si lo
han hecho, ha sido para ir acumulando fondos por
suscripción á fin de sostener la huelga. Los jefes
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8 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x • v — 83
de ella, no queriendo cargar con la responsabili¬
dad de los acuerdos extremos que debieran tomar¬
se, acordaron que los obreros votaran por cuarta
vez, ¿ fines de Enero, lo que deseaban, pidiendo el
voto ó respuesta, no sólo á los que realmente esta¬
ban en huelga ó sometidos al lock out , sino á los
que trabajaban, ya ocho, ó ya nueve horas. No pa¬
recían muy inclinados estos últimos á que la huel¬
ga continuara, porque tendrían que continuar des¬
contando parte de su jornal para pagarla, ni había
posibilidad de que votaran los que están prestando
servicio en los buques y los que han cambiado de
residencia en busca de trabajo. Así es que de los
110.000 votantes de Londres y su provincia se
creyó que sólo votarían 80.000, repartiéndose al
efecto otras tantas papeletas. El petardo dado á
los jefes ha sido mayúsculo, porque, aun ¿ costa
de grandes esfuerzos, sólo han conseguido que vo¬
ten 45.000; huelguistas efectivos en su mayor par¬
te, que desean que continúe la protesta y que no
se trabaje.
Veamos los efectos desastrosos de ella: la caja
de la sociedad <r Amalgamated » contaba con una
existencia de 300.000 libras esterlinas al empezar
la huelga, y la suscripción impuesta á los maqui¬
nistas que han continuado trabajando ha dado
otras 300,000, y las suscripciones públicas 140.000;
en suma, 740.000 libras, ó sean, refiriéndolas á
nuestra moneda si estuvieran á la par, 18.500.000
pesetas. Pues bien; la huelga ha costado en las
veintisiete semanas 720.000 libras, y, por consi¬
guiente , los obreros han visto reducidos sus fon¬
dos hasta quedarse sólo con 20.000 libras. Los 43
¿45.000 huelguistas han perdido, al no trabajar
durante ese tiempo, dos millones de libras; y las
industrias que de su trabajo dependen, otro mi¬
llón; de modo que, en cifras redondas, las pérdi¬
das de los mecánicos se elevan á cien millones de
pesetas. No hay para qué decir las que habrá pro¬
ducido esta paralización del trabajo á los dueños
y empresas ó compañías de las construcciones na¬
vales. Estadistas hay en Londres, muy versados
en estos cálculos, que sostienen que la huelga ha
ocasionado una pérdida total de diez millones de
libras esterlinas. Y, en resumen, ¿qué? Pues que
los mecánicos y maquinistas del Reino Unido se
encuentran en la misma condición social que hace
dos años y medio, aunque con muchas menos ilu¬
siones y menos dinero. No hay dinero, ni trabaio,
ni pan para todos; unos se estorban á otros; y solo
los que abandonan el país y se van á las lejanas
comarcas coloniales, son los que, si tienen juicio,
viven desahogadamente.
*
• #
Vivan como quieran en Inglaterra esos obreros,
mecánicos y maquinistas, son verdaderamente di-
ohosos si se comparan con Jos trabajadores, ne-
Íros, pardos y más ó menos blancos, de los Estados
el Sur de la Unión americana; de los de Ja Flo¬
rida, sobre todo. Acuello es sublime; como lo se¬
ría en Cuba si un día impusieran allí su libérrima
civilización los estrellados.
Las autoridades de la Florida, á fin de evitar
Jos gastos de sostenimientos de los presos en las
cárceles, sacan de ellas á los infelices y los alqui¬
lan en pública subasta á los particulares, para que
los dediquen á trabajar. «En Albión — dicen al
Daily Chromcle desde Nueva York — se han vendi¬
do hace pocos días de esa manera 430 personas,
hombres, mujeres y niños, por 20.000 dollars, con
destino á las minas de fosfato. El acto de la subasta
y compra es todo lo repugnante que cabe. Cuenta
un testigo ocular que los compradores ó alquiladores
de sangre humana manosean y soban como á bes¬
tias á los infelices sacados ¿ subasta, y los golpean
para probar su resistencia, y les hacen correr y
saltar en investigación de si están ágiles y sanos.
Vístenlos, después de comprados, con miserables
trajes de rayadillo, camisa y pantalón nada más,
y se los llevan como un hato de ganado.» Esto es
lo que se ve, lo que cae por fuera. ¿Quién es capaz
de imaginar la vida que arrastran en el interior
de las minas y canteras? «El tratamiento á que se
les somete — dice el corresponsal — deja muy atrás
en brutalidad al de los forzados de Siberia.» La
prensa norteamericana denuncia estos hechos, los
condena y pide justicia y remedio; pero la explo¬
tación infame continúa, y la libertad mal enten¬
dida ampara á los explotadores y hace de verdugo
para los desheredados. ¡Admirable enseñanza para
los que pretendan emanciparse, sin pensar en que
serán aniquilados por estas odiosas tiranías!
•
• «
¿Es posible que en el fondo de la persecución que
sufren los judíos en Francia, ahora, por ejemplo,
éntre por mucha parte la envidia? Cabe hacer esta
pregunta, porque, mirando al fondo con un poco de
detenimiento, se descubre que allí hay fondos su¬
ficientes para sublevar la codicia de todos los idó¬
latras del dinero. Hé aquí, en efecto, lo que se ve.
Hay en Francia 71.200 judíos, según el censo más
reciente, distribuidos de este modo: en París,
42.000; en la frontera del Este, 19.000; en Burdeos,
3.000, y en el resto del territorio 7.2Ó0. El capital
que poseen es de 20.000 millones de francos, en
valores mobiliarios en su mayor parte; porque los
judíos, ahora y siempre, han tenido su dinero en
forma que pueda realizarse y recogerse rápida¬
mente, por lo que pueda ocurrir. Para que se vea
lo que significa esa cantidad en una nación , baste
decir que la fortuna mobiliaria total de Francia es
de 80.ÍXK) millones para 38 millones de habitantes,
y que sólo entre 71.200 de éstos reúnen la cuarta
parte de ese inmenso capital, 20.000 millones.
¡A cuántas tentaciones y horrendos propósitos no
se presta el saber que tan pocos dispongan de tan¬
to! Considera, pues, devoto lector, si entre los
vendavales desencadenados que soplan de cuando
en cuando en diversas naciones de Europa contra
los descendientes de Moisés y de Jeremías, no en¬
trarán en gran parte las borrascas que en el cora¬
zón de las gentes origina el pesar del bien ajeno.
Ricardo Becerro de Bengoa.
el Sr. Bonci. Sin bombo ni platillos se había anun¬
ciado su presentación, y la sorpresa fue agrada¬
bilísima para el público al encontrar en el nuevo
tenor un artista de relevante y verdadero mérito,
con más y mejores facultades que muchos divos
de los que causan sensación y figuran en primera
linea.
Su cuadratura musical, como dicen los técni¬
cos, es completa; tiene una voz de gran exten¬
sión, muy igual en todos los registros, y si no es
de extraordinario volumen, es de timbre agrada¬
bilísimo. Además canta con exquisito gusto y per¬
fecta expresión , tiene completo dominio de la es¬
cena y sabe agradar al público en todos los mo¬
mentos.
La Sonámbula fué la ópera que cantó la noche
de su presentación, y en ella puso de manifiesto
todas las buenas condiciones de su escuela de
canto que acabamos de citar, por lo que mereció
los aplausos unánimes y calurosos del público, es¬
pecialmente en el primer acto y el andante del se¬
gundo.
La Sra. Galván, artista que á sus indiscutibles
méritos une el de la más exagerada modestia, hizo
una Amina inmejorable, siendo objeto de una
ovación al terminar el célebre rondo , pieza cul¬
minante de la ópera. Fué calurosamente aplaudida
durante el resto de la representación, y so vió
obligada á salir á escena á la terminación de to¬
dos los actos.
Digno de especialísima mención es el Sr. Riera,
que cantó excelentemente su parte y fué muy ce¬
lebrado en el aria del primer acto.
Muy bien los coros, y lo mismo la orquesta, di¬
rigida por el maestro Goula con la pericia que to¬
dos reconocen en el veterano profesor.
PARISH.
Una tránsfuga de Ja ópera, la notable tiple cor¬
dobesa Srta. Eloísa López-Marán, debutó en este
favorecido teatro la noche del pasado lunes. Su
procedencia acredita que la joven y distinguida
artista posee sobradas facultades para el género á
que se ha dedicado, circunstancia que demostró
plenamente la noche de su presentación, cantando
con gran desahogo y notable maestría su parte de
la zarzuela Gampanone , que fué la representada.
El público premió su excelente labor artística
con unánimes aplausos y numerosas llamadas á
escena al final de todos los actos.
Muy celebrado fué también el Sr. Alcántara,
que se vió obligado á repetir las cavaletas, así como
todos los artistas que tomaron parte en la repre¬
sentación.
•
0 •
La confección del lujoso vestuario que se ha en¬
cargado y la pintura de trece nuevas decoraciones
que exige la nueva obra Los Hijos del batallón ,
han sido las causas que han demorado su estreno.
Próximos á terminarse uno y otras, parece que la
citada obra, para el buen éxito de la cual no ha
escatimado la empresa medio alguno, será estre¬
nada á mediados del presente mes.
LARA.
La noche del 2 celebró su beneficio la Sra. Val-
verde con una función á la que concurrió distin¬
guidísimo y numeroso público. La novedad de la
noche fué el estreno de El Vestido de boda , mo¬
nólogo de la Sra. Pardo Bazán, que si bien está
correcta y castizamente escrito y abunda en fra¬
ses felices é ingeniosas, adolece en nuestra opi¬
nión del defecto de ser poco teatral ; es más bien
un artículo muy bien escrito, que una producción
dramática bien pensada. La notable manera de in¬
terpretarlo que tuvo la beneficiada contribuyó mu¬
cho á su buen éxito.
La Sra. Val verde recibió muchos aplausos y no
pocos y valiosos regalos.
•
• •
De otras novedades dignas de mención no hay
más que la reprise de Entre doctores , celebrada la
noche del 4, y la de El Marido de la TeUez'y la
del 5. Ambas obras alcanzaron el mismo lisonjero
éxito que la temporada anterior, y fueron exce¬
lentemente representadas por los principales ar¬
tistas de la compañía.
COMEDIA.
Próximamente dará su beneficio la aplaudida
primera tiple de este teatro. Para esa noche se
anuncia la representación de Miss Helyett y El
Monaguillo , cuyo protagonista interpretará por
primera vez en Madrid la Srta. Pretel.
•
• «
Los Sres. D. Joaquín Taboada y D. Juan Cuesta
y Armiño, autores de la sátira El Nuevo siglo, han
retirado esta obra, cuyo estreno estaba anunciado
para muy en breve.
A.
JABÓN DE LOS PRÍNCIPES DEL CONGO
el má* perfumado de los jabone» de tocador
LOCIÓN VAISSIER del cabello**
3 grande* premio*. 21 medalla* de oro.— Fnera de oonoarte
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más eficaz y poderoso para los enfermos, convalecientes y per¬
sonas débiles. — Expéndese en todas las farmacias de España.
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El ideal para las sefioras ss tener ana
bella encarnación y eea tez mate y aristo¬
crática, signos de la belleza. Ni arrugas ,
ni granos^ ni pecas , la epidermis sana y
Kmpia, tales son los resultados obtenidos oon
el empleo oombinado de la Creasa Sioris*
de los Polvos y del JaUs Simés. Exigid
bien la Creas filnrin, y no otros productos
similares.
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$4’ — N.° v
LA' ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Febrero 1898
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
América (estudio* históricos y filológicos), por Luis Lloran*
Torres.
£1 joven escritor de Puerto Rico Luis Lloréns Torres acaba de pu¬
blicar un notable estudio sobre la historia del descubrimiento de
aquella antilla y sobre filología de las lenguas americanas, que reve¬
lan una laboriosidad y una precocidad admirables en quien apenas
cuenta veintiún anos de edad y tiene la profundidad de conocimien¬
tos que el libro America demuestra. Entre sus interesantes capítulos,
son de la mayor importancia los que dedica al descubrimiento de
Puerto Rico , que atribuye á Martin Alonso Pinzón.
Nuestro antiguo y particular amigo Antonio Cortón, que ha escrito
una hermosa carta-prólogo para el libro de Lloréns, dice muy acerta¬
damente á este propósito: «Con datos é indicios rastreados en la his¬
toria, en la geografía, en la filología, ó deducidos del análisis del co¬
razón humano y de la moral de la época, construye usted una hipóte¬
sis muy verosímil y lanza á los vientos una conjetura muy aceptable.
Y esta conjetura, importa decirlo en alta voz, tiene base más firme y
pedestal más sólido que otras muchas de críticos justamente célebres
sobre asuntos de menor importancia.»
Véndese esta obra en la librería de Victoriano Suárez y en la de
Antonio J. Bastinos, de Barcelona, al precio de 4 pesetas.
Las Artes en Roma.
£1 éxito alcanzado por su Biblioteca popular de arte, hace, sin
duda, que La £spaña Editorial persista en la publicación regular de
aquélla.
£1 volumen que ahora acaba de ponerse á la venta, y que es el
xxvili de la colección, titúlase Las Artes en Roma , y no cede á nin¬
guno délos anteriores ni en interés para los aficionados á estos estu¬
dios ni en utilidad para la vulgarización de la cultura artística.
En él, y con la ayuda de 26 preciosos grabados, se estudian todas
las manifestaciones del arte en el pueblo romano en todas las esfe¬
ras, pública y privada, religiosa y civil, la arquitectura, la escultura
y la pintura, las artes industriales y decorativas, el traje y el adorno
de la persona, la cosa y la vida, todo cuanto hizo y nos dejó aquella
poderosa civilización , heredera de la griega y madre de la nuestra.
De venta en todas las librerías y en las oficinas de La £spaña Edi¬
torial, Cruzada, 4, á 1 peseta en rústica y 1,60 en tela.
Cuadro sinóptico de Ortografía castellana, por D. Augusto
Atienza.
Don Augusto Atienza acaba de publicar un interesante Cuadro de
Ortografía castellana , el cual miae un metro por 60 centímetros, en
el que se hallan comprendidas en forma sencilla las principales re¬
glas para el empleo de las letras, acentos y signos de puntuación.
Contiene además un extenso catálogo de voces de dudosa ortografía;
una relación de las abreviaturas usadas en nuestra lengua, y una
breve explicación de las diez partes de la oración.
La forma de este trabajo facilita singularmente el estudio ó con¬
sulta de su contenido, siendo de suma utilidad en las oficinas públicas
y particulares, colegios y escuelas, y en general para cuantos deseen
no cometer ninguna falta de ortografía, cuyas reglas no siempre se
' recuerdan con exactitud. — C.
BL EMPERADOR DE ANNAM, THAN H TH AI, EN BICICLETA.
(De fotografía.)
LA SALUD PARA TODOS
sin medicina, por la deliciosa harina de salud
LA REVALENTA ARABIGA I ZS,
Cura las digestiones laboriosas, (dispepsias), gastritis, acedías, disentería, pituitas,
náuseas, fiebres, estreñimientos, diarrea, cólicos, tos, diabétis, debilidad, todos los
desórdenes del pecho, bronquios, vejiga, hígado, riñones y sangre. — 50 años de
buen éxito, renovando las constituciones más agotadas por la vejez, el trabajo ó los
excesos. Es también el mejor alimento para cnar á los niños.— Depósito General :
Vidal y Ribas, Barcelona, y en casa de todos los buenos boticarios y ultramarinos
de la Península y de Ultramar. Da Barry y Cía., 77, Regent Street, Londres.
HACE RECORDAR LA TURBONADA.
En América, la gran turbonada del mes de
Marzo de 1888 por poco destruye la ciudad de
Nueva York. Nunca se había visto cosa por el
estilo. La nieve paralizó por completo el movi¬
miento local. Ni caballo ni vehículo podía transi¬
tar. Todos los alambres eléctricos estaban inuti¬
lizados, y durante dos ó tres días la gente de
Boston mandaba sus telegramas á Nueva York
por Londres, utilizando los cables transatlánti¬
cos; así que, debiendo recorrer cien leguas, reco¬
rrieron dos mil y cruzaron dos veces el Océano.
Un acontecimiento que ha hecho recordar esto
al que escribe, ocurrió hace poco aquí, en Ingla¬
terra. Dejemos al interesado que cuente su histo¬
ria. Dice: «He padecido toda mi vida de indigestio
nes. Tenía mal gusto de boca, dolor después de la
comida, poco apetito y acidez en el estómago; la
lengua con sarro y la boca constantemente llena
de un fluido acuoso. Todo lo que comía, por li¬
gero que fuera, me hacía daño y me daba dolores.
Sentía el pecho oprimido , dolores de costado y
mucha desanimación. De cuando en cuando iba á
ver al médico, quien me daba medicinas que me
servían de poco. El médico decía que se había
desarreglado la cubierta del estómago y se había
inflamado la membrana mucosa. En 1887 me
mandaron de Nueva York un folleto que trataba
<le una medicina que se llama Jarabe Curativo de
la Madre Seigel y de las curas extraordinarias
que había efectuado; así que procuré un poco , y
en seguida me sentí mejor. Con cuatro botellas
estaba completamente curado, y desde entonces
no he vuelto á sentir la indigestión. Habiendo
practicado como herbolario muchos anos, estaba
acostumbrado á curar la erisipela y otras enfer¬
medades, y con frecuencia venía á consultarme
la gente de la comarca. Después de mi cura, tanto
me impresionó el mérito del Jarabe de Seigel que
procuré una buena cantidad y lo recomendaba á
todos los enfermos, viniendo por él de todas par¬
tes. Puedo decir que los domingos se me llenaba
la casa de mineros de Coal Pjt Heath y de otras
pwtes. No he oído de él más que alabanzas y re¬
latos de las curas efectuadas , y la fama de esta
medicina se ha extendido por toda la parte occi¬
dental de Inglaterra, sin más anuncio que decirse
unos á otros los beneficios que les ha reportado.
-Deseo que todo el mundo sepa esto, y celebraré
que, al darle publicidad, otros que sufran como yo
puedan beneficiarse.»
La carta, de que hemos extractado lo que an¬
tecede, está firmada Moses Godwin, Oíd Sodbu-
ry(Sodbury), Glos., Inglaterra, y fechada 9 de
Abril de 1891. El que la escribe es labrador.
El lector notará que si bien el depósito princi¬
pal para la venta del Jarabe de la Madre Seigel,
como todo el mundo sabe, está en Londres, por
una extraña coincidencia los primeros informes
que de él tuvo Mr. Godwin llegaron de América á
mil leguas de distancia, lo que hace recordar la
turbonada arriba mencionada, y también que la
fama y utilidad de este medicamento se extien
den á todos los países civilizados.
Mr. Benjamín Edgerton, comerciante de co¬
mestibles, Platt Lañe, Whixall, Whitchurch,
Salop, dice: «Viviendo con Mr. Roberts, Fens
WoodFarm, empecé á sentir una pesadez en el
costado, y noté mal gusto de boca, con el estóma¬
go desarreglado é incomodidad después de las co¬
midas. No tenía apetito, y cuando me sentaba á
la mesa no podía tocar la comida. En la cabeza
sentía dolores y ruidos que no me dejaban dor¬
mir. No podía hacer trabajos fuertes, y sólo me
ocupaba en los más ligeros de la hacienda Des¬
pués de arreglar un vallado me parecía que me
iba á desmayar, y tenía que sentarme, sintiéndo¬
me tan abatido que me daban ganas de llorar.
Habiendo sido siempre fuerte, no me acomodaba
á verme reducido á tal extremo de debilidad.
Tomé medicinas y vi á un médico; pero aunque
me alivió algo, luego mq sentí peor que antes.
Así pasé más de un año, cuando una criada que
vino á vivir á casa de Mr. Roberts me habló de
una medicina llamada Jarabe de la Madre Sei¬
gel. Había oído hablar de ella en el tren á un ca¬
ballero que la alababa mucho, y decidí tomarlo.
Después de tomar dos botellas el alimento me
hacía provecho y cobré fuerzas, y siguiendo con
el Jarabe me puse bueno del todo y no he vuelto
á estar malo desde entonces. »
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venta en todas las farmacias, droguerías y ex¬
pendedurías de medicinas del mundo. Precio del
frasco, 14 reales; frasquito, 8 reales.
MALAS COSTUMBRES
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POR
D. EUSEBIO BLASCO
Un tomo, 0.° mayor francés, 3 pecctas. Se
halla de venta on la Administración do este
periódico, calle del Arenal, Ib, Madrid.
OBRAS DE D. MANUEL DEL PALACIO.
De venta en las oficinas de La Ilustración
EsrASoLA y Americana, Arenal, 18, Madrid.
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alguno, elíjase un dentífrico higiénico, acreditado
en la práctica. Deséchense, por perjudiciales, los
dulzainos. Un buen dentífrico ha de perfumar y
refrescar la boca deliciosamente con el aroma de
la menta y la rosa, Dero dejando un recuerdo ó
?usto ligero de los tónicos ó amargos, como su¬
cede con el Licor del l*olo de Oí ive. Por
mayor, M. García. Capellanes, 1, Madrid.
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mento más agradable y más recomendado para los
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época del destete y en el período del crecimiento.
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CUARENTA SIGLOS
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Historia útil á la generación presente. Este libro ha sido revisado por la
Autoridad eclesiástica.
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ción de este periódico, Arenal, 18, Madrid.
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Reservados todos los derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID. — Establecimiento tipolitográflco «Sucesores de Rivadeneyra»,
impresores de la Real Casa.
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PRECIOS DE SUSCRIPCION, PAGADEROS EN ORO.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Demás Estados de América y
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7 pesos fuertes.
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MARÍA ÁLYAREZ TUBAU DE FALENCIA,
EMINENTE ACTRIZ ESPAÑOLA,
EN « LA CORTE DE NAPOLEÓN )), RECIENTEMENTE ESTRENADA EN EL TEATRO DE LA PRINCESA.
(Do fotografía de M. Huerta.)
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN.
SEMESTRE.
Madrid... .
Provincias.
Extranjero
3o pesetas.
40 id.
50 francos.
18 pesetas.
21 id.
26 francos.
AÑO XLII.-NÚM. VI.
ADMINISTRACIÓN:
AKENAX,, 18.
Madrid 15 de Febrero de 1898.
86 — X.e VI
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
'15 Fkbkbbo 1898
SUMARIO.
TEXTO. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — La Duda , drama de don
José de Echegaray, estrenado en el teatro Español la noche del 11
de Febrero, por ü. Juan Valera, de la Real Academia Española.—
Literatura novísima, por D. Benito Mariano Andrade. — ¡Hay que
verlos! Al laureado pintor D. Silvador Viniegra, poesía, por don
José Jackson Veyán.— Malagueñas, por D. Narciso biaz de Encovar.
—Injusticia y lealtad, por D. Angel Stor.— Las mujeres de Gabriel
d’ Annunzio , por D. José Verdes Montenegro.— Por ambos mundos.
Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa.— Los
teatros, por A.— Sueltos.— Libros presentados á esta Redacción por
autores ó editores, por C. — Anuncios.
Grabados. —Retrato de Mana .ilvarez Tubau de Falencia, eminente
actriz española, en La Corte de Napoleón , recientemente estrenada
en el teatro de la Princesa.— Retratos de Richebourg y del doc¬
tor Pean.— Retrato del Excmo. Sr. general D. José María Reina Ba¬
rrios, presidente ae la República de Guatemala, asesinado el 8 del
actual. — Barcelona: Embarco de pontoneros y de reclutas destina¬
dos á Cuba, veriticado el ó del corriente. — Marina de guerra espa-
ñola: -Destructores y torpederos destinados á U isla de Cuba. — Re¬
trato de Joaquín Malats, distinguido pianista español. — Bellas
Altes: Recolección de la sal y La vendimia en Jenz, cuadros de Sal¬
vador Viniegra. — Bkien ^Noruega): Casa «onde nació el célebre
autor dramático Ibsen.— Marruecos: Ingleses del sindicato The
Globe Ventare capturados por tropas del Sultán á bordo del buque
de guerra marroquí AL /faenan i.— Retrato de Gabriel d’ Annunzio,
autor de La Ciudad muerta . recientemente estrenada en Pans. —
Gocong iCochinchina : Visita del emperador de Annam, Thanh
Thai, á las tumbas de sus antepasados.— Retrato del Excmo. señor
D. José Toral y Velázquez, general de división, gobernador militar
de la provincia y plaza üe Santiago de Cuba.
CRÓNICA GENERAL.
UÁNTOS artículos ha publicado la pren-
(5 sa universal acerca de la inviolabili-
v^ol ) dad de *a correspondencia! Y siquiera
*0B Gobiernos que la interceptaban ó
registraban tenían el pudor de ocul-
tarlo y de negarlo. Hacer gala del robo
■ígr s de una carta privada y publicarla además
&T en perjuicio del despojado, como ha hecho
| un periódico yankee con la del Sr. Dupuy de
* Lome dirigida á D. José de Canalejas, es el
colmo de la desvergüenza. Presentimos para la
prensa, si insiste en abusar de todo y ejercer es-
polios de esa índole, un castigo tremendo: el del
menosprecio público. Porque en nombre de la li¬
bertad del pensamiento se le concedieron los fue¬
ros que disfruta, y si no entendemos por libertad
de escribir más que la nuestra, y nos creemos due¬
ños de violentar el pensamiento ajeno obligándole
á decir á voces lo que depositaba en la intimidad,
ó le forzamos á confesarse en público, y vivimos
de pregonar secretos, no seamos hipócritas ai me¬
nos; tengamos el valor de nuestra profesión, y con¬
vengamos en que, bajo el título de libertad de la
prensa, lo que ha nacido en realidad es una inso¬
portable tiranía y la mas inicua de las inquisicio¬
nes: la que escudriña el pensamiento para comer¬
ciar con el escándalo.
Publicada la carta del Sr. Dupuy de Lome en
que hacía apreciaciones poco favorables respecto
del Presidente de la República de los Estados Uni¬
dos, nuestro representante cumplió su deber de
caballero: hizo dimisión irrevocable de su car¬
go. No podía en rigor proceder de otra manera
para no complicar con un asunto meramente per¬
sonal nuestras vidriosas relaciones internaciona¬
les. Claro es que no podía considerársele persona
grata desde aquel momento ; que nuestro Gobierno
no podía aceptar la responsabilidad de sus pala¬
bras, y diplomáticamente al reconocer por suya la
carta se había incapacitado para continuar en su
cargo. Más diremos: había cometido una ligereza
al depositar en el correo aquella confianza, á me¬
nos que se explique de otro modo la historia in¬
noble de esa sustracción, que merece averiguarse.
Libre ya el Sr. Dupuy de Lome de los deberes que
su representación le imponía; responsable ante el
mundo de las ideas que contra su voluntad ha de¬
latado la prensa norteamericana, será curiosa la
justificación con que nuestro antiguo y querido
amigo y colaborador las complete y desarrolle:
que si los diplomáticos yankees pueden sin incon¬
veniente, como Mr. Taylor, recobrar su libertad
de criterio cuando dejan su puesto oficial, con
harto mejor pluma y mayor comedimiento sabrá
hacerlo el autor De Madrid á Madrid pasando por
la China , verdadero y probado publicista.
¡Con quó placer respirará fuera de la atmósfera
sofocante en que ha vivido los tres larguísimos
años de su lucha contra las intrigas más rastreras,
desmintindo falsedades, contemporizando con la
perfidia y disimulando groserías! Debemos felici¬
tarle y declararle benemérito de la patria por ese
martirio de su espíritu. Resumiendo: se ha robado
una carta particular al Sr. Dupuy de Lome; los
que cometieron y aprovecharon el robo quedan
contentos y estimados: la víctima tiene que aban¬
donar la gran República antes de que cometan
con él otro atropello.
p
# *
Pocas noticias tenemos del asesinato del presi¬
dente de la República de Guatemala, general Ba¬
rrios. Sabemos únicamente que el matador era
extranjero, alemán según unos, y súbdito inglés
según noticias posteriores, el cual pagó su crimen
quedando muerto de un tiro en el instante. Con
tan escasos detalles sólo nos corresponde consig¬
nar este hecho bárbaro y enviar nuestro pésame á
la representación de aquel país hermano, privado
violentamente de su jefe.
•
• •
El general Macías ha dado parte al Gobierno
central de haber prestado juramento y quedar
constituido el primer Gobierno autonómico de
Puerto Rico. Este hecho histórico realizado en
aquel territorio pacífico, sin convulsiones, es una
evolución de los tiempos, que desearemos redunde
en beneficio de aquella hermosa isla y de sus lea¬
les habitantes, y que, en vez de desunirnos, es¬
treche si es posible nuestros lazos.
•
* * V
El proceso de Zola ha de volver locos á muchos
de los que no adopten el sistema general de adhe¬
rirse á uno de los partidos y no tolerar nada que
contradiga sus sentimientos. Son raros los hom¬
bres que pueden ó quieren abarcar los hechos en
su conjunto, y éstos son como las estatuas, que no
se conocen bien si no se da la vuelta alrededor.
Escribimos cuando toda la información esti pen¬
diente de las pruebas no aducidas hasta ahora: un
largo desfile ae testigos que se resisten á hablar,
escudándose en el secreto profesional, no sin ra¬
zón; otros testigos que nada atestiguan, sino que
pronuncian verdaderos alegatos forenses en de¬
fensa de Zola; público que acoge con rumores ó
aplausos lo que halaga sus inclinaciones; choques
personales y tumultos callejeros cada vez que en¬
tra ó sale el acusado, y alguna que otra pedrada en
el inofensivo escaparate de un judío. Tal es el es¬
pectáculo externo. En lo legal, no vemos todavía
que haya aportado Zola ninguna prueba de las
acusaciones que dirigió á los jefes y tribunales
militares; pero como la vista continua, no es po¬
sible decidirse; en realidad, sucede en este caso
que lo real es aparente, porque la cuestión some¬
tida á los jurados se reduce á lo siguiente: ¿Fue
Zola un difamador ai acusar á los generales y je¬
fes que entendieron en Jos procesos de Dreyfus y
Esterhazy, ó no? Y como la difamación existe
mientras no demuestre que tenía razón al acusar¬
les y pruebas positivas para arrojarles aquel pa¬
drón de ignominia, nos parece que el novelista
ha acometido una empresa temeraria, no tan épica
como se supone, pues es frecuente en la prensa
que escritores ligeros hagan acusaciones semejan¬
tes que no pueden probar y sean condenados por
los tribunales. ¿Esperaba citando á esos jefes y
oficiales conseguir declaraciones que les perjudi¬
caran? Algo problemático parece: el secreto pro¬
fesional los garantía, y lissta su propia defensa;
que no habían de dar armas á un enemigo.
Pero como tras todo esto liay una cuestión de
fondo, que es distinta y es la fundamental, la re¬
visión de los procesos, de aquí la lucha que sos¬
tiene el Presidente del Tribunal para evitar que el
de Zola sea una verdadera é ilegal revisión de
aquellos otros; anomalía jurídica que aprovechan
los abogados, hábiles por cierto, del novelista
para protestar de indefensión, y que proyecta
cierta sombra que favorece á su cliente.
Y para que la complicación saa mayor, los sen¬
timientos heridos establecen otra pugna, la más
apasionada y ruidosa, en torno del proceso: los
que creen en la conveniencia de los procedimien¬
tos especiales de la justicia militar, sobre todo en
lo relativo al espionaje, que es por su naturaleza
reservado, y los que, inspirándose en ideas gene¬
rosas, quieren que la justicia sea una y diáfana en
todas sus manifestaciones. De aquí las adhesiones
ó protestas que recibe el novelista.
Por último, la lucha entre sus admiradores ó
enemigos: los que se recrean con sus libros ó sien¬
ten repugnancia; los que crean que Dreyfus es
inocente, y los que se indignan de que se revuelva
el mundo en favor de un miserable ; los que ven
en el fondo una gran especulación ó un acto gene¬
roso. No es extraño que las gentes enloquezcan, y
se golpeen y griten, en medio de tantos elementos
de confusión y de peleas, y que den vivas á Zola
los anarquistas agradecidos, que gozan con toda
agitación, ó los letrados, que nacieron para la
controversia y la disputa.
»
• •
El Círculo de Bellas Artes abre un concurso pu¬
ramente honorífico, por ser, no sólo gratuito, sino
costoso para todos los que presenten sus trabajos.
Como se trata de remediar una de las grandes omi¬
siones de esta época erigiendo en Madrid una es¬
tatua enfrente del Museo á D. Diego Velázquez, la
convocatoria del Círculo honra á sus iniciadores
y á cuantos acudan á ese certamen desinteresado,
se acepten ó no sus proyectos. Tiempo es ya de
que la gran figura del autor de las Meninas, las
Lanzas , las Hilanderas y los magníficos retratos
con que enriqueció nuestro Museo y puso á la es¬
cuela española en lugar tan alto, se funda en bron¬
ce para atestiguar á los siglos la estimación que
nos merece.
o
6 4»
La lacha del toro y el elefante en la Plaza de
Toros de Madrid no satisfizo al ilustrado público.
El elefante, que era un parvulillo, sufrió algunas
cornadas y no quiso reñir. Los que creyeron que
era su trompa guerrera, se engañaron. No corrió
la sangre, y por consiguiente faltó la diversión.
• •
Estamos en plena diversión. La Sociedad de Es¬
critores y Artistas dió su baile de máscaras, y el
Círculo de Bellas Artes prepara el suyo. El alcalde
de Madrid, Conde de Romanones, dispone su ba¬
talla de flores en el Prado, y por todas partes hay
preparativos para el combate. Dícennos que se está
preparando una revolución en la música de los bai¬
les, la cual no puede realizarse todavía por falta
de los hombres. Hace tiempo que acuden las se¬
ñoritas más elegantes á ciertas academias, donde
aprenden toda clase de bailes nacionales, cansa¬
das de los eternos bailes extranjeros, únicos que
se usan en las reuniones españolas, con desprecio
de las gallardas sevillanas, la alegre jota, las ma¬
lagueñas, seguidillas, muñeira y tantas otras dan¬
zas animadas y graciosas que la moda y el extran¬
jerismo desterraron de los salones, como innobles
y plebeyas sólo por ser de casa. Ya hay muchas
y muy buenas bailadoras, pero hay escasez de bai¬
larines. ¿Romperán á bailar solas? ¿Dónde se
dará el golpe de Estado y cuándo? A los revisteros
de salones corresponde averiguarlo. Por nuestra
parte, somos capaces, no de tomar las castañue¬
las, sino de aplaudir esta resurrección de un ejer¬
cicio gracioso y animado.
•
• •
— ¿Cómo quiere usted que le saque la muela,
con dolor ó sin dolor?
— ¿En qué está la diferencia?
— En el precio.
— Pues si ha de doler de todos modos, que sea
al extraerla y no al pagar.
— Ven á paseo, Juan.
— No; todos los días me entretienes.
— Si lo hago por tu bien: mientras te distraes
conmigo no haces dramas.
— ¿Es cierto que se adjudicará un premio á la
máscara que mejor se disfrace de animal?
— Está acordado ese estímulo.
— ¿Y qué premio se concede al vencedor? ¿Una
cátedra?
— Hombre, no: si acaso, un buen alojamiento en
la casa de las fieras.
— Habrá mucha aglomeración de gente el día
del concurso.
— ¡ Pues dígole á usted si se escapara un toro!
— ¡Ya, ya! Los guardias le abrirían paso, creyén¬
dole una máscara que iba á optar al premio.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
MARÍA ÁLVAREZ TUBAU DE PALENCJA ,
eminente actriz españolo.
En la primera página publicamos hoy el retrato
de la eminente actriz española María Alvarez Tu¬
bau de Palencia, con uno de los trajes que luce en
la aplaudida comedia de Sardou Madame Sons -
Gene , recientemente estrenada en el teatro de la
Princesa con el título de La Corte de Napoleón.
El nuevo triunfo que en la interpretación de tan
difícil personaje ha obtenido María Tubau, con¬
firma una vez más la justa fama que en los teatros
de España y América ha conquistado su talento,
y los aplausos del público y los elogios de la crí¬
tica así lo atestiguan por modo evidente.
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15 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° vi — 87
EXCMO. SR. GENERAL D. JOSÉ MARÍA REINA BARRIOS,
presidente de la República de Guatemala.
Un nuevo atentado tenemos que añadir á la lar¬
ga lista de crímenes que la ceguedad de la pasión
política engendra con demasiada frecuencia en
nuestros días.
El asesinato se cometió el martes, 8 del actual,
á las siete de la tarde, en las inmediaciones de la
residencia presidencial.
El Sr. Barrios recibió un disparo de revólver
que le dejó seco.
El criminal es un alemán llamado Oscar Solin-
ger. Una de las personas que acompañaban ai Pre¬
sidente dió muerte ai asesino en cuanto éste co¬
metió el horrendo delito.
Ha sido proclamado jefe del Poder ejecutivo el
vicepresidente Sr. Estrada Cabrera, que tomó po¬
sesión de su elevado cargo inmediatamente.
Nació el general Barrios en San Marcos, en Di¬
ciembre de 1854, y desde los trece años comenzó
á tomar parte en las luchas políticas, luchando en
el alzamiento contra el Gobierno de Cero a de 1866
y en los de los dos años siguientes. En el ejército
revolucionario llegó á subteniente, ó ingresó en la
Escuela politécnica al crearse ésta. Distinguióse
por su valor en la guerra de 1876 contra los salva¬
doreños, y en la de 1885 llegó á general.
Fué subsecretario del despacho de la Guerra, y
primer vicepresidente del Congreso nacional, y
había sido elegido por gran mayoría Presidente do
la República.
Damos su retrato en el primer grabado de la
página 88.
« •
BARCELONA.
Embarco de tropas y de reclutas destinados á Cuba.
El día 5 del actual se efectuó en el puerto de
Barcelona el embarco, en el Montevideo, de 127 in¬
dividuos de la segunda unidad de pontoneros, y de
1.100 reclutas procedentes de las regiones 3.a, 5.a,
6.a, 7.a y 8.a y de las Baleares.
A las nueve y media de la mañana salieron del
cuartel de Atarazanas los primeros, á quienes el
cuarto regimiento de zapadores-minadores había
obsequiado con un buen desayuno.
El comandante general de Ingenieros D. Fer¬
nando Alameda y los jefes y oficiales francos de
servicio del regimiento acompañaron hasta el em¬
barcadero de la Paz á los pontoneros, que fueron
conducidos en uno de los vaporcitos golondrinas
al Montevideo .
En el muelle de la Barceloneta se verificó tam¬
bién á la hora citada el embarco de los reclutas.
En dicho sitio estuvieron presentes, mientras
duró la operación, el general de brigada don
Eduardo Soler, en representación del Capitán ge¬
neral, el comandante de la Guardia civil D. Trini¬
tario Salazar, el teniente Sr. Gutiérrez y varios
jefes y oficiales francos de servicio.
Un piquete del batallón cazadores de Figueras,
con bandera y música, estuvo situado en el andén
alto del mencionado muelle, y las bandas milita¬
res ejecutaron aires nacionales.
El embarco de los 1.100 reclutas duró dos horas
y media, practicándose con el mayor orden, pre¬
senciándolo el capitán de Infantería alemán señor
Weise, agregado á la embajada de su nación en
Madrid. Luego, en la falúa de la Capitanía ge¬
neral, se trasladó á bordo del Montevideo , reco¬
rriendo sus dependencias y presenciando el aloja¬
miento de los soldados.
El Montevideo, que zarpó con, rumbo á Cuba des¬
pués del mediodía, conduce además del material
de pontoneros sistema Birogo. destinado al río
Cauto, cuatro bultos de material de artillería para
la Maestranza de la Habana.
En la página 88 publicamos un grabado que re¬
produce el embarco de estos soldados que van á
reunirse á‘los que allí mantienen con su esfuerzo
la causa santa del honor de España.
• •
EMILIO RICHEBOURG.
Acaba de morir en París el fecundo novelista
Emilio Richebourg, cuyo retrato acompaña á es¬
tas líneas. Nació el año 33 en Meuvy (Haute-
Marne), donde ejercía su padre modesta posición,
y sin otros estudios que los que la instrucción pri¬
maria proporciona, se lanzó á París impulsado por
irresistible vocación literaria. Maestro primero,
empleado en una casa de comercio después, agre¬
gado á la Administración del periódico Le Fígaro
más tarde, encontró por fin su verdadero camino,
y llegó á ser autor acreditadísimo de novelas para
los folletines de los periódicos populares.
No fué la novela de observación ni la de primo¬
res de estilo la que cultivó Richebourg, sino aque¬
lla que por sus peripecias y situaciones dramáti¬
cas excita y mantiene el interés de los lectores.
Moral y sentimental, su género tuvo gran acep¬
tación, y su labor perseverante, que produjo unos
cuarenta volúmenes, le proporcionó gran popula¬
ridad y cuantiosas utilidades.
Como persona, disfrutaba Richebourg de gran¬
des simpatías por la sencilla houradez de sus cos¬
tumbres y su pródiga caridad.
• *
EL DOCTOR I*EAX.
Acompaña á estas líneas el retrato del célebre
cirujano francés Dr. Pean, muerto recientemente.
Nació Pean en Cliáteaudun, de una modesta fami¬
lia de cultivadores, el año 1830, y estudió en Pa¬
rís la medicina, siendo discípulo del célebre Né-
laton. Ingresó por concurso de alumno interno
en 1852, y en los hospitales ha adquirido la fama
de operador habilísimo, que le proporcionó gran
fortuna. Estuvo en el de Niños, en el de Lourdes,
San Antonio y San Luis, y fundó el Internacional.
de la calle de la Santé, cuya dirección ha desem¬
peñado hasta su muerte. Era académico desde 1887
y comendador de la Legión de Honor.
•
• *
MARINA ESPADOLA DE GUERRA.
Destructores y torpederos destinados á la isla de Cuba.
Los torpederos y destructores de torpederos
que van á ser enviados á Cuba compondrán dos
divisiones.
La primera saldrá de Cádiz para Canarias y la
Habana, del 25 al 28 del actual, y formarán parte
de ella los destructores Pintón , Terror y Furor ,
que ya están en Cádiz, y los torpederos Rayo,
Halcón y Azor , que han salido de Cartagena para
aquel puerto.
Esta primera división irá mandada por el señor
D. Fernando Villaamil.
La seguoda división se compondrá de los destruc¬
tores Osado, Audaz y Proserpina (éstos aun se ha¬
llan en Glasgow), y los torpederos Ariete , Habana
y Barceló .
Como tipos de estos barcos publicamos en el
grabado de la página 89 el Terror , que tiene 4 ca¬
ñones y 2 ametralladoras, máquina de 80 caballos
y 380 toneladas de desplazamiento; el Destructor,
con 5 cañones y 2 ametralladoras, fuerza de má¬
quina de 3.800 caballos y 368 toneladas; el Furor,
con 4 cañones, 2 ametralladoras y 380 toneladas;
el Halcón, con 4 cañones, fuerza de máquina de
1.600 caballos y 127 toneladas; el Rayo, con igual
número de cañones, 1.620 caballos y 120 tonela¬
das; el Audaz, el Osado, el Ariete y el Azor , así
como el transatlántico que conduce provisiones,
pertrechos, etc.
•
• •
JOAQUÍN MALÁTS ,
distinguido pianista españoL
En la página 90 publicamos el retrato del nota¬
ble pianista español Joaquín Maláts, que hoy ob¬
tiene el aplauso entusiástico de sus compatriotas,
después de haber logrado los del público y la crí¬
tica parisienses.
Cuéntase que Malats, cuando era niño, sentía
tal tedio para el estudio, que optó por aprender el
piano sólo por el afán de perder de vista los li¬
bros; y cuando el estudio del piano se formalizó,
perdió también su afición á éste, y solamente la
severidad de su padre y la perseverancia de su
profesor, el Sr. Governa, pudieron lograr que es¬
tudiara dos años, al cabo de los cuales dió un con¬
cierto en el Fomento del Trabajo Nacional de
Barcelona, en el que obtuvo gran éxito el pianista
de doce años.
No le animaron, sin embargo, los aplausos ni
los anuncios de un porvenir brillante; antes al
contrario, se acentuó tanto su aversión al trabajo
que su padre adoptó la severa medida de ponerlo
de aprendiz en una carpintería. La dura corrección
produjo en Maláts saludable efecto, y al mes de
estar en tan humilde oficio pidió perdón, é hizo
serio y eficaz propósito de la enmienda.
En 1888 ingreso en la Escuela municipal de Mú¬
sica de Barcelona; ganó el primer premio y ob¬
tuvo una modesta pensión del Ayuntamiento para
continuar sus estudios en París.
Suele tener aquel clima la útilísima propiedad
de curar á los españoles del pecado original de la
pereza, y Joaquín Maláts curó por completo y se
hizo trabajador infatigable.
En 1890 ingresó en el Consc rvatorio de París en
la clase de Beriot.
Dos años después, en los concursos obtuvo el
segundo premio, siendo tan brillantes sus ejerci¬
cios que los críticos de los periódicos más impor¬
tantes protestaron contra el fallo del Jurado y
opinaron que merecía el primer premio.
Esta recompensa suprema la obtuvo al año si¬
guiente por unanimidad.
Su maestro Beriot le tiene en tan alta estima,
que cuando Maláts dió su primer concierto en la
sala Erard de París , le acompañó la primera au¬
dición de su tercer concierto para dos pianos, y al
publicar su obra la dedicó al joven pianista es¬
pañol.
En la Asociación de la Prensa, en el Conserva¬
torio, en el Ateneo, en cuantos sitios ha tocado el
piano Maláts, ha sido unánimemente celebrado
como artista notable, que domina el mecanismo y
une á la agilidad más pasmosa un gran sentimiento
en la expresión, lo mismo en los pasajes que inter¬
preta con la más elegante delicadeza, que en aque¬
llos que requieren la más vigorosa energía. Maláts
es además compositor muy inspirado, como lo
prueba la colección titulada Impresiones de Es¬
paña.
#
* *
BELLAS ARTES.
Recolección de h nal y La vendimia en Jerez , cuadros
de Salvador Viniegra.
Ocupan nuestras páginas 92 y 93 dos reproduc¬
ciones de los cuadros de Salvador Viniegra, que
han constituido la novedad artística de estos días.
Expuestos han estado en el estudio de Mariano
Benlliure, y á verlos y admirarlos han acudido
S. M. la Reina y S. A. la infanta D.a Isabel y
muchísimos artistas y apasionados de las Bellas
Artes.
Representa el primero la recolección de la sal
en la isla de San Fernando, y el segundo la faena
agrícola de la vendimia en los frondosos y ricos
viñedos de Jerez.
De la composición pueden juzgar por sí mismos
nuestros lectores y del mérito de' los cuadros, aña¬
diendo á su imaginación el encanto que un color
lleno de luz y brillantez, presta á’ tan pintorescos
lugares y características escenas.
Los cuadros de V iniegra figurarán en la Expo¬
sición de Berlín y en el Salón de los Campos Elí¬
seos de París.
•
« «
SK1EN (NORUEGA).
C&fta donde nadó el célebre autor dramático Itaen.
En el melancólico paisaje noruego que repro¬
duce nuestro primer grabado de la página 96 figu¬
ra la casa en que nació el célebre poeta dramático
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88
tttf€S4l«Gus
15 Pedrero 1898
A Y AMERICANA
BARCELONA. — EMBARCO DE PONTONEROS Y DE RECLUTAS DESTINADOS Á CUBA, VERIFICADO EL 5 DEL CORRIENTE,
(De fotografía de Furnells.)
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MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA. — DESTRUCTORES Y TORPEDEROS DESTINADOS i LA ISLA DE CUBA.
90 — N.a VI
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
16 Febrero 1898
GABRIEL D’ANNüNZIO.
Con motivo de la representación en
París del drama de Gabriel d’Annun-
zio La Ciudad muerta , está siendo la
personalidad del escritor italiano la
actualidad literaria de estos días.
Gabriel d’Annunzio, cuyo retrato
publicamos en el primer grabado de la
página 97, es un poeta con ideales pro-
piosj de un mérito positivo, y sus obras
se leen y se admiran hoy, tanto como
en su patria, en Francia y en todos los
centros de cultura de Europa y de
América. Cuenta treinta y ocho años,
y á los veintidós se reveló con su Canto
nuoro y Terra promessa, colección de
poesías el primero, y novela el segun¬
do, que dieron á conocer sus poderosos
alientos y sus vivos anhelos de belleza
y redención. Publicáronse después Is-
wteo, la Chimera , el Poema paradisiaco^
las Odasnavalesy las Elegía# romanas , y sus novelas
El Inocente y El Placer y El Triunfo de la Muerte .
De sus obras dice un crítico italiano : « El espí¬
ritu del Renacimiento serpea en las novelas como
en las poesías de Gabriel d’Annunzio : la misma
decoración lujosa, el mismo afán de alto decoro,
de la majestad, de la dominación; y después el
teatro, todo un teatro nuevo que el poeta ha co¬
menzado á escribir, y que escribirá y represen¬
tará . El fantástico Sueño de una mañana de
j trimavera recorre los teatros, con la incompara¬
ble interpretación de Eleonora Duse; Sarah Ber-
nhardt representa en París La Ville mor te; todo
un teatro griego de los clásicos tiempos revivirá,
merced á un poeta que promete y . cumple.»
Claro es que, como nadie es perfecto en el mun¬
do y la crítica considera las producciones artís¬
ticas desde muy diferentes puntos de vista, d’An¬
nunzio es hoy más discutido á medida que crece
su fama. En La Cittá marta hay, sin embargo,
rasgos geniales de un poeta de altísimo vuelo, que
son eminentemente celebrados. Uno de los méri¬
tos de la obra es el estar escrita por un italiano en
francés literario; y se cuenta que, al recibir Sarah
Bernhardt el manuscrito, en cuanto lo leyó dirigió
al autor el siguiente telegrama: <t Splendide y splen -
dide y splendide!y>
JOAQUÍN MALÁTS
DISTINGUIDO PIANISTA ESPAÑOL.
(De fotografía de la Sociedad Artlstico-Fotográflca.)
KXCMO. SR. D. JOSÉ TORAL Y VELÁZQÜEZ ,
general de división, gobernador militar de la provincia y plaza
de Santiago de Cuba.
En la página 100 publicamos el retrato del ge¬
neral de di visión, D. José Toral y Yelázquez, ac¬
tual gobernador militar de Santiago de Cuba. Na¬
ció en Mazarrón (Murcia) el 13 de Agosto de 1832,
y huérfano en temprana edad, debe á su propio
esfuerzo y á su perseverante entusiasmo por la ca¬
rrera de las armas la posición brillante que ha sa¬
bido alcanzar.
Explicando como profesor en las academias mi¬
litares, y sirviendo á la patria en Africa y en
Cuba, se ha distinguido siempre por su reconocido
mérito. En la actual campaña, á la cual fué volun¬
tariamente sacrificando su bienestar en aras del
patriotismo, ha obtenido, á propuesta del General
en jefe, el ascenso á general de división á los ocho
años de ser general de brigada, y ha sido confiado
á su mando el importante Gobierno militar de
Santiago de Cuba. La mayor parte de sus empleos
y las muchas condecoraciones que adornan su pe¬
cho los ha ganado por mérito de guerra este bravo
General, que comparte con las fatigas de las armas
las tareas del estudio, consiguiendo una grandí¬
sima cultura.
Carlos Luis de Cuenca.
DRAMA DE D. JOSÉ DE ECHEGARAY,
ESTRENADO EN EL TEATRO ESPAÑOL LA NOCHE DEL
11 DE FEBRERO.
_A noche del viernes último se repre¬
sentó por primera vez en el teatro
Español el drama de Echegaray titu¬
lado La Duda . El aplauso q^ue obtuvo
en este drama la actriz Mana Guerre¬
ro fue unánime, estruendoso y mere¬
cido. Fácil es, por consiguiente, que el
crítico, en perfecto acuerdo con los es¬
pectadores, dicte sobre todo lo tocante á la
representación una sentencia justa, cuya va¬
lidez nadie trate de impugnar y de la que nadie
apele.
En cambio, acerca de la obra misma represen¬
tada hay y se manifiestan muy diver¬
gentes opiniones; y como la estética,
singularmente en su aplicación á casos
particulares, dista mucho de ser una
ciencia exacta como las matemáticas,
no debe extrañarse que el crítico vaci¬
le un poco ó un mucho, dude también,
ya que se trata de La Duday y se sien¬
ta inclinado, como el que ha escrito en
El Imparcialy á tomar para sí el papel
de un gracioso personaje que hay en el
mismo drama, que nunca dice sí ni nó,
que siempre dice según y y que apenas
sabe á qué atenerse.
Triste recurso es, con todo, aceptar
en esta ocasión el papel de D. Braulio,
que así se llama el mencionado perso¬
naje cómico, y buscar en él un asilo
para salir del paso y no tropezar con
peligrosos inconvenientes al emitir un
juicio, no vago é inseguro, sino termi¬
nante y resuelto.
Lo que desde el principio está fuera
ó, mejor diremos, por cima de toda
discusión, es el prodigioso y fecundo
ingenio de Echegaray, celebrado y
admirado en toda España y reconoci¬
do ya en los países extranjeros y entre
las más cultas naciones de Europa,
donde se ponen en escena sus produc¬
ciones y donde él es considerado como
una de nuestras mayores glorias con¬
temporáneas.
Todo lo que escribe un autor de gran
mérito no por eso es menester que sea
una perfección y una obra maestra. En
cada una de sus obras estampará él, á
no dudarlo, el hermoso é indeleble
sello de su alta personalidad; pero
bien puede ocurrir que ya esté más
inspirado, ya menos, y que componga
cosas que no alcancen del público la
alabanza y la admiración que vienen á
sancionar y á acrecentar su bien gana¬
da fama.
Acudir, como acuden algunos, para
explicar que no obtenga el poeta en
ocasiones el laurel de la victoria, á que
escribió de priesa, con determinado
fin y sujetándose á condiciones previas
que refrenan el vuelo de la inspiración
ó que le extravían ó le tuercen, puede explicar en
parte un mal éxito, pero no le disculpa.
No vale tampoco atribuir el malo ó el poco
éxito, si le hubo, á ligereza, ignorancia ó falta de
atención del público, sobre todo cuando se trata
del público de los viernes en el teatro Español,
que es el más culto, inteligente y escogido que en
Madrid hay. No tratemos, pues, de disculpar al
poeta ni porque escribió su drama á escape, ni
porque le escribió para que todo el peso ó impor¬
tancia de la acción recayesen sobre María Gue¬
rrero, y para que el drama fuese á modo de un
monólogo coreado. Y no culpemos tampoco al pú¬
blico porque no gustase extraordinariamente del
drama. A mi ver, aunque en esto me parezca yo
al cómico personaje D. Braulio, lo que no se sabe
aún con certeza es si el público gustó ó no gustó
de la obra. Y lo que ya se sabe con certeza es que
el público quedó sorprendido, maravillado y sus¬
penso al verla y al oirla, lo cual jamás acontece
con las obras medianas, sino sólo con las obras
producidas por autores de talento original y es¬
pontáneo, que no se resignan á seguir los fre¬
cuentados y trillados caminos, sino que se lanzan
con ímpetu valeroso por los no abiertos ni tal vez
hollados aún, para descubrir y conquistar inex¬
ploradas y desconocidas regiones en el mundo del
arte y de la poesía.
No puede negarse que en dicho mundo hay mo-
y satírico Enrique Ibsen, hace muy cerca de se¬
tenta años: el 28 de Marzo de 1828.
Pensionado por el Stor Hing desde 1866, reside
Ibsen casi siempre en Alemania, en Dresde ó en
Munich, y ha abandonado por completo la No¬
ruega y la pequeña ciudad de Skien, donde nació
de una familia de marinos escoceses y alemanes
que tuvieron que emigrar á las duras regiones es¬
candinavas.
•
* *
MARRUECOS.
Ingleses del sindicato The Globe Tentare capturados por tropas del
Sultán á bordo del buque de guerra marroquí Al-Hasmni
Una expedición de ingleses organizada por el
sindicato The Globe V enture , recientemente for¬
mado en Londres para operar en las costas de
Sus, frente á nuestras islas Canarias, ha tenido
un conflicto con las tropas del Sultán de Marrue¬
cos. Parece que la expedición inglesa,
ayudada por los naturales desconten¬
tos, tomo posesión del puerto de Ark-
sis; pero fueron interrumpidos, al des¬
embarcar víveres y municiones, por
el vapor jerifiano Al-Hassani , que
operaba en combinación con fuerzas
de tierra. Rehusaron los ingleses re¬
conocer el derecho de las autoridades
marroquíes para intervenir, é hicieron
fuego sobre el vapor moro desde su
barco el Tourmaline para impedir la
captura de uno de sus botes. Murieron
algunos moros; pero el bote fué cap¬
turado antes de que pudiera llegar al
Tourmáliney y cuatro ingleses y un
intérprete fueron hechos prisioneros
(segundo grabado de la pág. 96).
Los jefes del Sindicato sostienen
que los miembros de la expedición es¬
tuvieron en su derecho al desembar¬
car municiones y armas en Arksis,
puesto que obraban en combinación
con las tribus de Sus, quienes reclaman
su completa independencia del Sultán,
y únicamente reconocen la soberanía
de Sidi-Ben-Hassán, rey de Sus.
GOCONG (COCHINCHINA).
Visita del emperador de Annarn, Thanh Thai, á las tumbas
de sus antepasados.
En nuestro número anterior publicamos un re¬
trato del emperador de Annarn, Thanh Thai, como
aficionado al ciclismo: hoy, en el segundo grabado
de la página 97, presentamos al joven Soberano
en más serias y piadosas ocupaciones. Representa
la visita del Emperador annamita á la tumba de
sus antepasados en Gocong (Cochinchina). El 13
de Diciembre último S. M. Thanh Thai, acompa¬
ñado de Mr. Briére, residente superior; de Mr. Ni-
colai, teniente gobernador interino, y de uno de
sus hermanos, hizo esta piadosa peregrinación. En
la misma ciudad de Gocong viven todavía muchos
miembros de la familia Imperial de Annarn.
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15 Fkbrebo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° VI — 91
das que cambian con frecuencia, y que los autores
adocenados exageran las tales modas, remedando
á los que las imponenr en y desde los países, del
Norte de Europa, porque la decadencia política de
las naciones del Mediodía influye en esto más de
loque parece. En Echegaray, sin embargo, no se
advierte ni el menor rastro de imitación. Acaso
no logre él imponer la moda, petío tampoco la si¬
gue. No podrán jactarse rusos, suecos, alemanes,
ingleses y franceses de que él los imita. Toda
obra de Echegaray tiene la marca inequívoca de
la originalidad; da testimonio irrefragable de que
fué concebida en su cerebro, sin más concurso ex¬
traño que el de las impresiones que hace en él la
naturaleza, crean dd así determinados conceptos
de la vida humana y de sus pasiones, actos y des¬
tino. Pero si Echegaray no imita, coincide.
Se dan corrientes, así en el pensamiento hu¬
mano en general, como singularmente en litera¬
tura, que lo mismo que arrastran á Ibsen, pueden
arrastrar y arrastran á Echegaray.
Existe en el día decidida inclinación á hacer en
las obras literarias estudios y análisis del alma
humana, profundizando mucho, sin miedo á que
se aflija el lector ó el oyente y pase un mal rato
en vez de deleitarse. El referido análisis ó estudio,
desapiadado y hondo, se funda en una psicología
fisiológica donde lo espiritual y lo material apa¬
recen combinados y tal vez indistintos, y donde
la pasión nace casi siempre de un determinismo
preestablecido, cuyos gérmenes y raíces son el
temperamento y otras condiciones orgánicas que
se adquieren por herencia, ó que son innatas, aun¬
que no se hereden, y que el medio ambiente y
otras exteriores circunstancias desarrollan luego
en cada individuo. Hay, pues, en todo , algo de fa¬
tal ó ineluctable, como la caída de los cuerpos gra¬
ves hacia el centro, como el curso de los ríos hacia
la mar y como el eterno giro de los planetas en
el cielo. Unida á este poco lisonjero y desenga¬
ñado concepto de nuestro sér, ha brotado ó em¬
pieza á brotar cierta melancólica, negra y aflictiva
mitología, resultando de ella el simbolismo. La
literatura naturalista novísima propende, pues,
á ser simbólica, y de todo esto, ó sea de la psicolo¬
gía fisiológica y de la flamante simbólica mitolo¬
gía, tiene mucho La Duda del Sr. D. José de Eche¬
garay.
Claro está que La Duda no es un dios, ni una
diosa, ni un genio, ni un demonio que haga dudar
y que atormente así á los individuos de quienes se
apodera. No es ya Venus, ni Júpiter, ni Saturno,
ni otra deidad irritada, ni el propio Lucifer, ni
ningún espíritu maligno de quien y por quien el
protagonista de un drama ó de una novela se
siente poseído ú obseso. Es, sí, la propia pasión, ó
mejor dicho, la propia energía patológica que la
infunde, y que se encarna y aparece en un ser hu¬
mano de carne y hueso, el cual es á la vez una
criatura como las otras, con su nombre de pila,
con su apellido y hasta con su cédula personal, y
es ai mismo tiempo el genio malévolo contra
quien combate la persona, acosada por él y blanco
de sus iras.
En el caso del drama de Echegaray, el genio
inspirador de la duda se llama D.ft Leocadia. Algo
tiene D.* Leocadia de humano, pero es también
una abstracción personificada. Este doble carácter
presta á dicho personaje un no sé qué de miste¬
rioso que, sin rayar en lo sobrenatural, se pierde
en las esferas sombrías de la Naturaleza ó en el
laberinto tenebroso donde no acierta á llevar su
luz el pensamiento del hombre.
Prescindiendo ahora del papel simbólico que
doña Leocadia representa , considerémosla como
personaje real. Es una mujer tétrica, envidiosa,
poco feliz en todo y muy contrariada porque su
liija Lolita, enamorada y no correspondida de Ri¬
cardo, ha entrado en un convento y es monja.
Ricardo, rico, gallardo y discreto, adora, en cam¬
bio, á la señorita Amparo, hija del comerciante
D. Baltasar y de la Sra. D.a Angeles, modelo de
madres y de esposas.
Don Baltasar ha pasado en Chile cuatro ó cinco
años lejos de su mujer por inevitables motivos.
Durante el drama , D. Baltasar sigue ausente, aun¬
que no tan lejos.
Ricardo y D.a Angeles se han criado juntos, y
se profesan desde la infancia la amistad más en¬
trañable y más pura. Doña Angeles, pues, está
contentísima de que su hija se case, y se case tier¬
namente enamorada con el hombre á quien ella
estima más en el mundo como amigo.
Amparito es una niña mimada, apasionadísima,
enérgicamente nerviosa, agitada por los más no¬
bles y puros sentimientos, y buscando y esperando
en el amor de Ricardo, su futuro consorte, todas
las inmaculadas perfecciones que caben en esta
vida terrenal y transitoria en la unión de dos es¬
posos.
Doña Leocadia, valiéndose arteramente de la
calumnia, marchita las esperanzas de Amparo y
trueca su felicidad en desventura espantosa. Con
maña y sutileza va insinuándose por grados en el
espíritu de Amparito, y hace germinar en él la
vaga sospecha de que su madre y Ricardo pueden
haberse amado con menos inocente y limpio afecto
que el de la amistad. Al mismo tiempo, por medio
de anónimos y de otras sugestiones, D.R Leocadia
infunde dudas y recelos análogos en el alma de
D. Baltasar, el marido ausente.
La intimidad cariñosa con que Ricardo y doña
Angeles se tratan presta visos y apariencias de
verdad á la calumnia.
Amparo, que ama, estima y venera á su madre,
se resiste á creerla culpada. Empieza, no obstan¬
te, á dudar, y la atosiga la duda.
Don Baltasar, entretanto, más dominado que
su hija por las sospechas, llega á creer culpada á
su esposa, halla indecoroso y moralmente feo el
casamiento de la hija con el supuesto amante de
la madre, y se opone á él por medio de una carta,
sin expresar las razones en que su oposición se
apoya.
Cavila entonces Amparo acerca de las causas de
la imprevista oposición, ó interroga sobre ellas á
la perversa D.a Leocadia, la cual nada pone en
claro por lo pronto, pero sigue envenenando con
reticencias el alma de su víctima. Amparo, con¬
trariada en su amor, enferma de peligro, y su pa¬
dre entonces, á fin de salvarle la vida, ahoga re¬
celos y rencores, y da su consentimiento para la
boda.
No por eso se reposa la agitada mente de Am¬
paro. Antes persiste en ella el anhelo de averi¬
guar, aunque ya su padre consiente en la boda,
porqué se opuso á ella en un principio. Movida de
esta curiosidad insana, impulsada por la sed de
librarse de la; duda convirtiéndola en certidum¬
bre, aunque sea menester para ello apurar hasta
las heces el cáliz de la propia desdicha, Amparo
interroga de nuevo á D.11 Leocadia y la apremia de
tal suerte, que D.a Leocadia, como á pesar suyo y
como si cediese á la violencia, le entrega y le deja
leer una carta de su padre en que éste declara con
íntima confianza las razones que había tenido para
no consentir en la boda. Amparo lee la carta,
donde, con crudas palabras y descompuesto enojo,
D. Baltasar injuria á su mujer, calificándola de
liviana, viciosa y adúltera.
Amparo lee la horrible carta en el momento
en que va á dar el sí á Ricardo al pie del altar, en
la capilla misma de la casa, donde ya está todo
preparado y se hallan las personas que deben asis¬
tir al consorcio.
En aquel momento la razón de Amparo se tras¬
torna. La locura se apodera de su ser, y empieza á
manifestarse con una carcajada sardónica y con
otros síntomas violentos que María Guerrero figu¬
ra con tan estupenda habilidad que los espectado¬
res todos se conmueven y casi se aterran. Se diría
que la grande actriz, porque bien podemos, sin
ponderación ni lisonja, llamarla grande, ha estu¬
diado concienzudamente en un manicomio y ha
atinado á copiar con fiel exactitud los gestos, los
movimientos, los gritos y la risa de los locos fu¬
riosos.
En todo el tercer acto se desenvuelve el tre¬
mendo proceso de la locura, creciendo siempre el
interés, más doloroso que puramente estético, de
aquella representación realista.
Realista es por cierto la representación. Y á más
de realista, se da en una esfera casi vulgar y ordi¬
naria, donde los personajes que se mueven y ac¬
cionan tienen en la escala social una posición
bastante común : son gente de la clase media; bur¬
gueses acomodados, como hay muchos. Pero el
simbolismo que pone el poeta en su obra, y el es¬
píritu fatídico con que la informa y la anima, van
gradualmente penetrándola toda y trascendiendo
desde ella al ánimo del espectador ó del oyente.
Los personajes se agigantan en nuestra imagina¬
ción, calzan coturnos de la mayor altura, y los
sucesos adquieren el carácter de la leyenda ó del
mito . Así es como aceptamos, no sólo por verosí¬
mil, sino por muy natural y sencillo, que la ca¬
lumnia de D.a Leocadia, grosera y sin el menor
fundamento, no sea rechazada con la debida ener¬
gía por Ricardo y por D.a Angeles, sea tan fácil¬
mente creída por D. Baltasar, y acabe por mover
en el ánimo de Amparo tempestad tan horrible.
No es D.a Leocadia, no es una vieja chismosa y
perversa quien tan eficazmente calumnia; es, sí,
un poder misterioso, el espíritu calumniador per¬
sonificado, ó, como si dijéramos, el propio diablo ,
que es la esencia y la significación de la calumnia.
Adquiriendo todo de esta suerte colosales pro¬
porciones merced al arte mágica del dramaturgo,
que exalta la imaginación del auditorio, todavía
seguimos viendo y oyendo con los sentidos mate¬
riales una habitación mediana de Madrid y á la
gente que vive en ella ó que la visita. Pero con la
mente exaltada, los personajes, ó al menos la
figura capital que descuella en el drama, esto es,
Amparito, se convierte en heroína semejante á
los antiguos héroes de la tragedia griega: de casta,
condición y estatura superiores á las de los otros
mortales, y atormentados por un numen maléfico,
contra el cual combaten briosa y desesperadamen¬
te, triunfando al fin ó sucumbiendo en la lucha.
Amparo no es ya una señorita mimada, hija de
un comerciante, sino hermana ó parienta muy
próxima de Fedra, de Mirra, de Prometeo, de
Edipo ó de Or estes.
Las Furias vengadoras entran en su alma, obs¬
curecen y ciegan su razón, y hacen de ella instru¬
mento fatal de la cólera, de la justicia y de la ven¬
ganza del cielo.
Amparo, sin saberlo, sin tener conciencia de lo
que hace, cumple los decretos del destino. Así
como Orestes, creyendo sólo y anhelando sólo
castigar á Egisto y vengar á su padre, da también
de puñaladas á su madre Clitemnestra, y es in¬
consciente parricida, así Amparo, impulsada por
el frenesí que la domina, acierta á encerrarse á
solas con la duda, con D.a Leocadia, y cae furiosa
sobre ella y le aprieta la garganta entre los dedos
con la fuerza nerviosa que les presta la locura, y
acaba por ahogarla. Amparo cree que ha ahogado
la duda; pero ha ahogado también á una mujer,
ha cometido un homicidio, del que es irresponsa¬
ble: ha sido la ciega ó inevitable ejecutora de la ley
de los hados.
Tal es la escena final con que el drama termina.
Su atrevimiento es grande. Bien es menester todo
el pasmoso talento de que entonces dió muestras
María Guerrero, para que á los ojos del público
tenga dignidad trágica esta escena y no degenere
en ridicula ó en repugnante.
No contaba Horacio con artistas de tanto valer
como María Guerrero cuando dictó como precepto
de su Arte poética:
Neo Jilins coram populo Medea trucidet.
Cumplida la misión, providencial ó fatal, que la
locura tenía, Amparo recobra el entendimiento y
termina el drama.
Los sucesos ulteriores que de la muerte de doña
Leocadia resulten, cada cual queda en libertad de
fingirlos ó de arreglarlos como mejor le parezca.
Sería propio de un espíritu vulgar y fácilmente
chistoso el ponerse á discurrir en broma sobre el
procedimiento judicial que de seguro había de se¬
guir al homicidio. Amparo le ha cometido estando
loca, y no puede menos de ser absuelta. Cualquier
tribunal ó cualquier jurado no puede ser más se¬
vero con la hija de D.a Angeles que lo fue con
Orestes el Areópago, absolviéndole de la muerte
de su madre y libertándole de las Furias que le
atormentaban.
El público, imitando al Areópago que absuelve á
Orestes y al supuesto tribunal ó jurado que sin
duda absolvería á Amparito, absolvió también al
Sr. Echegaray de su singular atrevimiento; y parte
del público, si no todo, no se limitó á absolver,
sino que aplaudió el atrevimiento y le tuvo por
dichoso. Es verdad qjue muchos, al terminar el úl¬
timo acto y al salir a la escena María Guerrero y
el Sr. Echegaray, gritaban: ¡sola! ¡sola! , dando á
entender que únicamente aplaudían á la actriz, y
que no querían hacer participante del aplauso al
poeta. Pero otra parte del público, acaso la más
numerosa y la más razonable, gritaba: ¡el autor!
¡el autor! Esto, á mi ver, era lo justo. Innegable es
que sin el raro talento, sin el arte y sin las nada
comunes facultades de María Guerrero, el drama
hubiera hecho fiasco . ¿Pero qué drama mal repre¬
sentado no le hace y no está expuesto á conver¬
tirse en parodia, mientras más aspiraciones tiene
el autor á que sea sublime? El mérito de la actriz
fue innegable; ¿pero cómo negar ó escatimar la
alabanza al poeta que inventó el asunto y trazó el
cuadro donde pudo figurar la actriz y dar pruebas
de su mérito? En la vida real llana y burguesa de
todos los días, parece inverosímil, ó por lo menos
peregrino y raro, mucho de lo que sucede en el
drama de Echegaray; pero tampoco en la vida llana
y burguesa hay simbolismos, ni mitologías flaman¬
tes, ni encarnaciones de tenebrosos y abominables
poderes. En suma: lo real y lo ideal no forman
una ecuación perfecta; las figuras en el teatro tie¬
nen que tomar ingentes proporciones para que no
aparezcan insignificantes y mezquinas, y el arte
no es ni fué nunca una meticulosa reproducción ó
una exacta imitación de la Naturaleza, á no ser que
por Naturaleza se entienda, como entendía Aris¬
tóteles en su Poética y todo lo visible y lo invisible,
todo lo creado y lo increado, y cuanto hay ó puede
haber en el espíritu del hombre, en la tierra y en
el cielo. Con este elevado concepto del arte, bien
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CUADRO DE SALVADOR VINIEGRA.
BELLAS ARTES
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CUADRO DE SALVADOR VINIEGRA,
94 — n.° v
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Febrero 1898
se puede rechazar la acusación de inverosimilitud
con que tildan algunos el drama del Sr. Echegaray.
Aceptado lo simbólico, convertida D.H Leocadia
en la prosopopeya de la calumnia, y dotada de so¬
brehumanos ó irresistibles poderes, claro esti que
todo se explica; pero si volvemos á traer y á re¬
ducir el argumento del drama á la trivial llaneza
de la vida ordinaria, todavía sobreviene una difi¬
cultad, ó mejor diremos una deficiencia. Don Balta¬
sar había de tener mucha calma ó plena confianza
en la virtud de su mujer cuando, fuese por lo que
fuese, estuvo separado de ella, durante cinco años,
por el Atlántico y por un ancho continente.
¿De qué endemoniados recursos se vale D.R Leo¬
cadia, qué falsas pruebas aduce y con qué maña y
prestigio inculca en el ánimo de D. Baltasar, no
ya la duda, sino el error afirmativo, la convicción
de que su mujer le es infiel y le ha deshonrado?
Todo esto queda obscuro en el drama. Demos, no
obstante, como demostrado y sabido que hubo
suficiente causa para la horrible convicción de
D. Baltasar. Otro escrúpulo nos asalta entonces:
¿Por qué un hombre de juicio, decoroso, circuns¬
pecto y amantísimo de su hija, se arroja, por enor¬
me que sea su cólera, á escribir á la mala pécora
de D.a Leocadia infamando con los términos más
atroces á la madre de esa hija de el á quien él
tanto quiere? Resulta de ello que, si bien don
Baltasar no es malvado como D.n Leocadia, tal vez
es más funesto. Doña Leocadia es la causa primera
y mediata del mal; D. Baltasar es la causa inme¬
diata y determinante. En el punto en que sube á
su mayor altura el interés del drama, la carta de
D. Baltasar es lo que inclina ó, más bien, precipita
la acción hacia la catástrofe. Amparo se vuelve
loca al ver el falso testimonio consignado feroz¬
mente por su padre en un documento escrito. Du¬
rante la representación nada de esto, por dicha,
nos perturba la mente, dominada por el arte del
dramaturgo y por el hechizo que la inspirada
actriz ejerce en nosotros; pero después, si recapa¬
citamos y cavilamos sobre el caso, y si llega á mo¬
ver nuestro pensamiento una severidad moral y
crítica tal vez exagerada, no hemos de negar que
se nos ocurre un extraño aditamento para que el
drama se complete y concluya mejor, sin que que¬
de ningún cabo suelto. Deseamos que de repente
y como por milagro aparezca D. Baltasar sobre las y
tablas cuando Amparito aun está en vena de aho^
gar,yque arremeta con él y que también le ahogue.
Volviendo de nuevo, aunque pequemos de can¬
sados, á hablar de la actriz, bien podemos afirmar
que La Duda, independientemente de todo otro
valer, ha tenido por fortuna el de ser ocasión y
causa del mayor triunfo que María Guerrero ha
obtenido hasta ahora, y de que se revele en ella
con luminosa evidencia la actriz eminente. Si va,
pues, á representar, como se anuncia, en los tea¬
tros de París y de Londres, le auguramos el mejor
éxito y alta nombradla, no sólo en España, sino
en toda Europa.
Juan Valer a.
LITERATURA NOVÍSIMA.
)on la reciente publicación del libro de
Enrique Ferri, titulado Los Crimina¬
les en el Arte y en la Literatura ,
^ apórtase una piedra más, y muy po-
derosa, á la construcción del nuevo
J edificio literario - artístico , todavía sin
nombre propio y adecuado, que ya co¬
menzaron á edificar Lombroso con sus traba¬
jos sobre La Antropología criminal y la no¬
vela moderna y El Tipo criminal en el Arte ,
y Eduardo Lefort con una monografía que trata
Del tipo criminal según los sabios y los artistas .
Trátase no sólo de afirmar sólidamente cierta
tendencia artístico-literaria muy en boga en es¬
tos últimos años, sino también de señalarla nue¬
vos derroteros en su desarrollo, ensanchando de
tal manera su campo que bien puede decirse que
llegará algún día, pues elementos suficientes tiene
para ello, á formar género y escuela.
Lombroso, Ferri y Lefort pretenden en los tra¬
bajos citados sumar un argumento más á los mu¬
chos que ellos presentan en defensa de sus teorías
antropológico-criminales, deducido de la litera¬
tura y del arte pictórico y escultórico; pero lo
único que consiguen, acaso sin darse cuenta de
ello, es formar los moldes en que ha de vaciarse
la nueva manifestación de dicha tendencia en el
terreno del arte.
Ellos afirman que la creación de los notables
personajes criminales que tanto nombre dieron á
Balzac, Zola, Dostoyusky, Daudet, Paul Bourget,
D’Annunzio, etc., etc., son títulos legítimos de
gloria para la escuela antropológica que ellos pre¬
dican.
Zola, antes de escribir La Bestia humana , con¬
sulta El Hombre delincuente de Lombroso, así
como para la redacción de La Fortuna de los Rou-
gón y Germinal procura ponerse al corriente de
los estudios hechos hasta entonces de la muche¬
dumbre criminal, que tanta fama dieron al mismo
Lombroso, á Sighele y á otros autores.
Dostoyusky vive la realidad misma que viven
los presidiarios de Siberia, en sus obras La Casa
de los muertos y La Novela del presidio .
Daudet pinta magistralmente en Jack toda una
tribu de alocados criminales; y así Bourget, D’An¬
nunzio y otros notables escritores fíjanse siempre
con especial cuidado en los datos antropológicos
necesarios para describir la realidad criminal de
manera completa y precisa.
Y esto que se hace notar en los novelistas, pue¬
de afirmarse también de algunos célebres pinto¬
res: en El Juicio final , de Miguel Angel, varios
condenados tienen tipo mongólico ó negro, las
orejas puntiagudas y en forma de cucurucho, des¬
tacándose en el cuadro una cabeza de demonio con
la frente deprimida, la nariz puntiaguda y las ore¬
jas muy grandes.
El Tiziano en su Marti ño de San Lorenzo y en
el Cristo coronado de espinas ; Rafael en la Subida
al Calvario y en la Degollación de los mócenles;
Veronés en La Crucifixión y Jesús con la cruz á
cuestas, y Ribera en el Marti ño de San Bartolo¬
mé y el Suplicio de San Lorenzo , pintan á los de¬
monios, bandidos y verdugos con los rasgos fiso-
nómicos característicos del tipo criminal.
Ciertamente que hay notorios errores y faltas
de exactitud á veces muy lamentables en estas ob¬
servaciones, pues cosa clara es que no todos los
literatos citados por Lombroso y Ferri emplean
los mismos procedimientos en sus obras, dándose
el caso de que en alguno de ellos domine con fre¬
cuencia la nota idealista, y sólo con su gran tempe¬
ramento de creador, sin necesidad de consultar
obra científica alguna, forme un tipo criminal
acabado, con ese sentimiento vivo y palpitante
de la realidad que tanto caracteriza á la verdadera
inspiración; así como es sabido que los pintores
citados por Lefort no pudieron en su tiempo de¬
dicarse al estudio de lucubraciones recientes, y
únicamente guiados por innato instinto de lo bello,
que exige como cualidad esencial de su manifes¬
tación la proporcionalidad de formas, pintaron á
los ángeles y santos de facciones proporcionadas,
y á los demonios, bandidos y verdugos con los ojos
hundidos, los pómulos salientes, las orejas gran¬
des, los arcos cigomáticos desiguales, y gran asi¬
metría facial; en suma, con los caracteres físicos
en que más se nota y se muestra la desproporción
y por ende la fealdad.
Como Shakespeare creó locos y criminales para
el teatro de manera maravillosa, con la potencia
inconmensurable de su genio, Miguel Angel, Ti¬
ziano, Veronés, Rafael y Ribera pintan en el lienzo
demonios, bandidos y verdugos de notable exacti¬
tud con la fuerza de sus inspiraciones, que como de
artistas saben arrancar de la realidad los tonos y
matices necesarios para el logro del fin estético.
Pero, sea de esto lo que quiera, es lo cierto que
Lombroso, Ferri y Lefort afirman que existe en
la literatura y en la pintura el tipo criminal por
ellos descrito, y que, como consecuencia de la crí¬
tica que han hecho de algunas obras maestras de
los principales literatos y pintores, nace una nueva
tendencia literario-artística que consiste en el aná¬
lisis detenido del delincuente en algunas manifes¬
taciones de las bellas artes.
Curiosos en extremo serán los estudios que en
adelante hayan de emprenderse en esta materia,
y no renunciamos á leer algún día una lucubra¬
ción sobre la megalomanía de Don Quijote, un es¬
tudio sobre el delincuente en el teatro de Lope ó
Calderón, ó la descripción del tipo criminal en las
obras principales de D. José Echegaray ó de don
Benito Pérez Galdós.
La novela experimental, en virtud de esta nueva
fase de la crítica literaria, puede ensanchar su
campo considerablemente.
Estimulada por el aliciente del interés que por
ella muestran hombres dedicados á estudios cien¬
tíficos, apurará aún más sus extremos, y preten¬
derá llegar á algo de lo que sueña Zola, aunque no
sea exactamente á la concreción de su pensa-
— miento.
Entonces el documento humano se convertirá
en documento científico; el novelista no buscará
en la frenopatía el tipo de un loco criminal para
presentarlo, tai y como la ciencia le enseña, en
tramas inventadas y en episodios forjados por la
fantasía, sino que describirá á tal loco ó á tal eii-
minal, en la historia verdadera de su vesania ó
de su crimen ; no creará á Roubaud en La Bestia
humana calcándole en el farmaceútico Fenay-
rón, ni á Severina en Qabñela , sino que presen¬
tará en su trabajo literario al mismo Fenayrón, á
la misma Gabriela, como coautores de la muerte
violenta de Aubert.
No pueden por ahora precisarse los moldes de
esta nueva novela, que no podrá confundirse con
la novela histórica, ni equipararse con la narra¬
ción de una causa criminal; será un todo complejo
de análisis de pasiones, de disección de senti¬
mientos, de muestra de vesanias, de estudio de
instintos perversos, para cuya expresión atinada
necesitará hallarse poseído el novelista cientí¬
fico de los trabajos psicológicos de Wundt, de
los antropológicos de Lombroso, de los freno-
Í)áticos de Maudsley y Kraff-Ebing, y hasta de
os sociológicos y jurídicos de Spencer y Azcárate.
Benito Mariano Andrade.
;HAY QUE VERLOS! ai
AL LAUREADO PINTOR D. SALVADOR VINIEGRA.
Queridísimo paisano:
Quiero estrechar esa mano
Por el Arte respetada.
También nací gaditano,
Aunque yo no pinto nada.
;No lo pudo sospechar?
Pues conste, por egoísmo,
Y si lo llega á dudar,
Le puedo á usted enseñar
La partida de bautismo.
Sin ella á nadie convenzo,
Pero así lo quiso Dios,
Y á fe que no me avergüenzo.
Parroquia de San Lorenzo;
El año cincuenta y dos .
Nací después de San Juan.
En los libros constarán,
De fijo, el día y el mes:
Hijo de Jackson Cortés
Y de Dolores Veyán .
No abrigue usted duda alguna;
Nací en Cádiz, por fortuna,
Y lo declaro muy fuerte.
Soy gaditano. ¡ Qué suerte !
Tenemos la misma cuna.
Dormí en ella sólo un día;
Mas nunca su imagen grata
Se borra del afina mía.
¡Cádiz! . ¡Tacita de plata
De la bella Andalucía!
¡Cádiz! . Paloma indolente
Que al posarse sonriente,
Al mar se asoma indiscreta:
¡Preciosa perla sujeta
Por un hilo al continente!
¡ Patria del arte adorado!
Cuna del más celebrado
Y más ilustre pintor.
De un pintor que ni pintado
Pudiera hallarse mejor.
De su gloria soy testigo:
Es justicia, no merced,
Y yo su nombre bendigo.
(¡Déme las gracias, amigo,
Que estoy hablando de usted !)
Si peco de franco y justo,
No me ponga el ceño adusto.
¡Qué par de cuadros, señor!
Aun no me ha salido el susto,
Querido don Salvador.
ha faena salinera
¡Qué ingrata y qué verdadera!
¡Aquello es el natural!
¡Y qué montones de sal ,
Que para mi los quisiera!
¡Qué fina y qué transparente!
¡Para sentar nombre y fama
De autor cómico eminente
Con la sal que usted derrama
Tendría muy suficiente!
¿Pues, y la viña?..... No vi
Más jugo que lie visto allí.
¡Qué verdura!..... ¡Qué campiña!.....
¡No tiene usted mala viña
Con una viñita asi!
(1; Sus dos últimos cuadros, Recolección de la sal y La Vendimia.
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15 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
vi — 95
¡Qué alegría palpitando! ... _
¡Qué cuadro tan español!
¡Y qué tíos rebuscando
Los granos de oro, y sudando,
Abrasados por el sol!
La viña vale un portento :
Yo, que de andaluz me estimo,
«¡Jerez!» exclamó al momento.
¡ Lo conocí en el acento
De aquel gachó del racimo !
Queriéndome cerciorar,
Me acerqué á estrechar su mano,
Y está hablando ... ¡No ha de hablar!
¡No puede disimular
El ceceo jerezano!
El cielo de Andalucía
Le dio toda su alegría
Y ha triunfado de una vez.
¡ Vaya una sal y un Jerez ,
Paisano del alma mía!
No se quiera usted llevar
Sus cuadros ¿ tierra extraña.
¡Esos se deben quedar
En donde saben pintar
U cas y sal! ¡ En España!
Ilustre Don Salvador:
Mientras ocasión mejor
De premiarle se presenta,
Tómese usted por mi cuenta
Una medidla de honor!
José Jacksox Vkyín.
MALAGUEÑAS.
I.
¡Vaya un campanero torpe
El campanero del pueblo,
Que siempre que nos ve juntos
Empieza á tocar á fuego!
II.
Cuando más busco tus ojos,
Menos tus ojos me ven;
¡Cuántas caricias les guardo
Que no quieren recoger!
III.
¡Vaya unas penas que paso
Al ver ese cuerpecillo,
Sabiendo que tiene dueño
Y que nunca será mío!
IV
Los cantares do mi pecho
Son como gotas de sangre,
Que cuando so abre una herida
Se derraman á millares.
V.
Eres como el molinero
Que dejó podrir su trigo,
Sólo porque no molieran
Su grano en otro molino.
VI
Jardinero confiado,
No te llegues á dormir,
Pues hay ladrones que acechan
Las rosas de tu jardín.
VII.
i
Málaga.
Trajo plumas y pajillas
Para formar aquel nido,
Y al final voló su hembra
Y quedó el nido vacío.
Narciso Díaz dk Es» ovar.
INJUSTICIA Y LEALTAD.
El alboroto de Tordesillas del año 1420, triunfo
del partido acaudillado por el infante D. Enrique
de Aragón contra la oligarquía palatina que impe¬
traba en la corte de D. Juan II, recién salido de su
* minoría, tuvo, como suelen tener los pronuncia¬
mientos de esta clase, funestas consecuencias para
sus autores, especialmente para el ilustre condesta¬
ble D. Ruy López Dávalos, uno de los hombres
más bien intencionados y leales de aquella tor¬
mentosa época.
Acusado de traidor á los dos años del mencio¬
nado suceso, presentaron sus enemigos ante el
Rey catorce cartas, remitidas, según cuentan, por
el obispo de Zamora D. Diego de Fuensalida, fir¬
madas por el Condestable y selladas con su sello,
en que ofrecía al Rey de Granada, por sí y por el
infante D. Enrique, darle favor si les ayudaba en
sus intentos.
Figuraba entre las más graves una por la que
parecía mandar á su hijo Pedro López Dáva¬
los, adelantado mayor del reino de Murcia, diera
entrada y ayuda á los moros cuando éstos se la
pidieran, y otra en que.se hacía mención de
Diego Fernández de Molina, contador del Condes¬
table, y de Alvar Núñez de Herrera, su mayor¬
domo, como agentes y mediadores en tan feos
tratos.
La probanza era difícil y no hicieron en ella
mucho hincapié los calumniadores. Entablado el
proceso, limitóse la acusación judicial á cargar la
mano sobre el desacato de Tordesillas, en que Dá¬
valos había tenido muchos cómplices; á recordar
la ayuda prestada á D. Enrique en la toma de po¬
sesión, á mano armada, del marquesado de Ville-
na; y en el hecho de haber favorecido la fuga de
la infanta D.a Catalina, hermana del Rey, contra
la voluntad expresa de éste.
Sabedor con anticipación de lo que se tramaba,
pudo el Condestable poner en salvo su persona;
pero como lo que deseaban sus enemigos eran sus
bienes, de tal suerte copiosos que podía trasla¬
darse de Sevilla á Galicia posando siempre en
tierras suyas, ó sujetas á su jurisdicción, no para¬
ron mucha cuenta en su huida; antes les sirvió de
pretexto para despojarle y aumentar con los del
fugitivo sus estados.
En consecuencia fuéronle secuestrados todos,
sin dejarle villa, lugar, fortaleza, ni siquiera mue¬
ble, que no pasara á manos de aquellos ilustres
bandidos. Es más; con noticia de que en el castillo
de Jodar tenía acumulado un gran tesoro, enco¬
mendóse el embargo á Pedro de la Cerda, caba¬
llero de la casa de D. Alvaro de Lana. El repre¬
sentante de la oligarquía encontró únicamente
nuevecientos marcos de plata labrada en vajilla y
otras cosas de no mucho precio, que llevó al Rey,
el cual, por consejo de su favorito, dividió el todo
en diez partes, repartidas de este modo; dos al re¬
voltoso y avariento infante D. Juan de Aragón, y
una respectivamente de las ocho restantes á don
Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo; al almirante
D. Alonso Enríquez; Pedro de Zúñiga, justicia ma¬
yor de Castilla; Diego Gómez de Sandoval, ade¬
lantado de dicho reino; D. Rodrigo Alonso Pimen-
tel, conde de Benavente; D. Alvaro de Luna, conde
de Santisteban; Pedro de la Cerda, y Fernán Alon¬
so de Robres, antiguo privado de D.a Catalina de
Lancáster, viuda de Enrique III.
Conseguido el doble objeto de arrojar de Cas¬
tilla ai Condestable y de repartirse sus bienes,
¿qué importaba á los aprovechados políticos de
aquel tiempo lo demás? ¿Qué les importaba tam¬
poco el honor de un hombre honrado, ni que las
cartas fueran falsas, como mejor que nadie ellos
sabían?
En la política de dicho tiempo, la moral en¬
traba por nada; el éxito lo era todo. Así, lo prin¬
cipal se consideró secundario, lo secundario prin¬
cipal, á usanza de los procesos de esta índole.
La acusación de traidor contra Dávalos por las
mencionadas cartas no figuró, por tanto, ni tenía
para qué, en el inicuo proceso forjado por la ca¬
lumnia, acaso temerosos los acusadores de ser des¬
cubiertos.
Pero si pudieron despojar al Condestable de sus
bienes, no pudieron, sin embargo, ocultar la pro¬
pia malicia ni la inocencia del ilustre desterrado,
que, gracias á circunstancias providenciales, no
perdió ante los contemporáneos el honor con la
mancha de traición que sus enemigos le impu¬
taban.
Un leal vale mucho, y entre los criados del Con¬
destable había un hombre de hidalguía y constan¬
cia á toda prueba; su mayordomo Alvar Núñez de
Herrera, preso de orden del Rey en Ocaña con el
contador Molina, quien huyó, ó á quien acaso se
dejó escapar bajo condición de no hablar más en
el asunto.
Fue Alvar Núñez natural de Córdoba, hermano
de Fernán Gómez de Herrera, veinticuatro de
dicha ciudad, fundador del hospital de Santa Ma¬
ría en el Alcázar viejo y dotador de la capilla de
aquel nombre en la iglesia Mayor, donde dejó una
imagen de plata de Nuestra Señora, que allí se
veneraba todavía en el siglo XV n, con renta bas¬
tante para que ardiese perpetuamente en su honor
un blandón de cera.
Entrado joven y pobre al servicio de Ruy Dá¬
valos, llegó á tanto su fidelidad con el Condesta¬
ble, que de éste recibió grandes mercedes, aumen¬
tadas igualmente por el infante D. Fernando, más
tarde rey de Aragón, en premio de sus buenos
servicios prestados en las campañas de Setenil y
Antequera, donde mandó treinta lanzas muy es¬
cogidas.
Preso, como hemos dicho, en Ocaña á la caída
del Condestable, fue preciso á su propia instancia
abrirle proceso para depurar los hechos, aun con¬
tra la manifiesta voluntad de los émulos del Con¬
destable; proceso en que no sólo defendió con brío
su causa, sino también la de su señor, ofrecién¬
dose gallardamente al peligro si se le probaba la
culpa.
La conducta de Alvar Núñez en tan críticos mo¬
mentos merece el aplauso de todos los hombres
honrados. En vano se le brindó con la libertad á
trueque del silencio; en vano se le prometieron
grandes mercedes; en vano se le conminó, si ha¬
blaba, con graves castigos. Fiel y duro como el ace¬
ro, nada pudieron contra su acrisolada lealtad ame¬
nazas ni promesas. Todo lo menospreció Alvar
Núñez. «No plegue á Dio's — respondió él — que
por nada del mundo deje yo de proseguir este ne¬
gocio sin probar quién es el que ha hecho tan gran
falsedad. Y de tal modo lo haré patente, que la
fama del Condestable, mi señor, quede sin la man¬
cilla de maldad tan conocida. Primero morir que
dejar el hecho en duda. Un hijo vendiera por plei¬
tear en favor de tan justa causa.»
Así lo dijo, así lo cumplió.
Absuelto después de algún tiempo, procuró con
gran diligencia fuera preso un Juan García de
Guadalajara, secretario que había sido del Condes¬
table, tarea en que muy eficazmente le ayudó su
hijo Alvaro Rodríguez de Herrera, comendador
de la Orden de Caiatrava, dotado de igual tesón
que su padre.
Encerrado en la cárcel de Valladolid por man¬
dato del Rey, confesó Juan García, á la primera
vuelta del tormento, la falsedad de las catorce car¬
tas, hechas todas de su mano, el nombre del pla¬
tero que había abierto en Toledo los sellos puestos
en las mismas, quién le había inducido á hacerlo
y el precio que le dieran por que lo hiciese.
Esta confesión, dice Fernán Pérez de Guzmán,
fué guardada con gran secreto ; de manera que lo
cierto de ella no lo pudo saber nadie, aunque sí
presumir quiénes fueron los que esto mandaron,
«según las cosas que después subcedieron, y aun
el fin que hubieron los tales».
Convicto de su delito, fue degollado el culpa¬
ble en la plaza de Valladolid, no sin ser antes des¬
pojado de una ropa negra y de una banda pardilla,
especie de condecoración con que á hidalgos y
escuderos de su casa solía honrar el Monarca,
por cuya orden mandóse además proclamar en
las calles el siguiente pregón: «Esta es la justi¬
cia que manda hacer el Rey Nuestro Señor á
este mal hombre, alevoso, falsario, que falsó
ciertos nombres del condestable D. Ruy López
Dávalos. En pena de su maleficio mándanle dego¬
llar por ello.»
Probada de tan clara manera la inocencia del
Condestable, parecía natural, ya que no rehabili¬
tarle en su elevada dignidad, de que á la sazón dis¬
frutaba Alvaro de Luna, devolverle sus estados y
sus bienes.
Así lo dictaba la razón, así era justo se hiciese;
pero así no lo permitió la envidia, que con todas
sus fuerzas se opuso á los méritos del insigne
caballero; prueba cierta de que más por codicia
de sus riquezas que por celo de justicia se pro¬
cedió contra él y sus amigos; «gracias, dice un
enérgico escritor contemporáneo, á la avaricia que
en Castilla es entrada y la posee, lanzando della
vergüenza y consciencia: ca hoy no tiene ene¬
migos el que es malo, sino el que es muy rico.
Aquí podemos decir: ¿Quien te mató , Señor ? Dixo:
lo mío.»
Pobre, viejo y achacoso vegetaba entretanto el
Condestable en Valencia, abandonado de los prín¬
cipes por quienes se había sacrificado, vueltos
á la libertad y á la posesión de sus honores y bie¬
nes, con muchos de sus secuaces, por el perdón de
1425, del que únicamente quedó exceptuado Juan
García de Guadalajara.
Dícese que algunos años después le envió su su¬
cesor una carta de cumplimiento, y que el desgra¬
ciado anciano contestó al mensajero con estas pa¬
labras proféticas: «Decid al señor D. Alvaro que
cual él fuimos, y cual somos será.»
Pero si todos los grandes olvidaron en su des¬
ventura al honrado Condestable, no le abandonó
Alvar Núñez.
Salvado por el fiel criado el honor de su señor,
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M _ X • vt
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Febrero 1898
í
SKI EN (NORUEGA). — CASA DONDE NACIÓ EL CÉLEBRE AUTOR DRAMÁTICO IBSEN.
coronó la piadosa obra aliviando con sus bienes
las miserias de su existencia.
Reconocido a los beneficios durante tantos años
recibidos, vendió el honrado cordobés la mayor
parte de sn hacienda en ocho mil florines, canti¬
dad que en tres veces envió á Valencia por medio
de un hijo suyo, que, ¿ pie y disfrazado, conducía
un asno cargado con un telar de tejer paños, cu¬
yos maderos iban huecos, llevando en éstos la ma¬
yor parte del oro, y el resto bajo el albarda del
humilde animal, para evitar reconocimientos y
sospechas.
Más hizo todavía. Deseoso de asistir al viejo
Condestable en su soledad y sus achaques, aban¬
donó su casa y su familia; dejó confiados al Obispo
de Jaén algunos de sus hijos; depositó á su mujer
en un convento, y partió para Valencia, donde
tuvo el consuelo de asistir en su última enferme¬
dad ai ilustre proscrito, que murió en sus brazos
el 6 de Enero de 1428, á los setenta y un años de
edad.
«Ejemplo de lealtad y gratitud — dice un gran
escritor de nuestro siglo — raro en todos tiempos,
y mucho más en aquel en que por tan grandes
señores se daban tantos de inconsecuencia, de ol¬
vido y de codicia.»
Angel Stor.
MARRUECO S. — INGLESES DEL SINDICATO «THE GLOBE VENTURE» CAPTURADOS POR TROPA8 DEL SULTÁN
Á BORDO DEL BUQUE DE GUERRA MARROQUÍ « AL-HASSANI ».
(De fotografías.)
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15 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x ® vi — 97
LAS MUJERES DE GABRIEL D’ANHUHZKL
La rapidez inverosímil con que el
nombre del ilustre novelista italiano,
conocido hasta ahora de algunos lite¬
ratos, se ha hecho popular en España,
demuestra que hay en nuestro medio
intelectual condiciones favorables para
que el modo como siente D’Annunzio
la vida, la Naturaleza y el arte, aquí
repercuta y se propague. A partir del
modesto artículo que hube de publicar
en El Impar cial , se ha improvisado
una verdadera literatura que tiene á
Gabriel d’Annunzio por asunto. Tan
importante ha sido este movimiento,
que, al cabo de un mes de producido,
para ofrecer á los lectores de La Ilus¬
tración alguna novedad no se me
ocurre otra cosa que intentar un lige¬
ro boceto de los tipos de mujeres crea¬
dos por el poeta.
Es muy frecuente en la literatura
contemporánea que se considere la
mujer como una especie de encarna¬
ción del espíritu del mal, como una
fuerza de la Naturaleza, enemiga nues¬
tra, que nos avasalla é imposibilita la
realización de los más elevados ideales
de nuestra vida. Así aparecen las pro¬
tagonistas de El Padre y El Simoun ,
de Strindberg; la de El niño Ej/olf , de
Ibsen; la de Lo pasado , de Sudermann.
La protagonista de la ópera de Bizet,
la Carmen de Merimée, universalmen¬
te conocida, puede ser considerada
como tipo de esta concepción de la mu¬
jer: aquella Carmen que pesa sobre la
existencia de D. José como una mal¬
dición, le hace desertar, le convierte
en contrabandista, en asesino; mata
en él toda aspiración levantada, y le
abandona al fin, dejándose enamorar
por Escamillo.
En una gran parte de la obra litera¬
ria D’Annunzio domina esta misma
concepción, bien que soberanamente
GABRIEL D’ANNUNZIO,
AUTOR DE «LA CIUDAD MUERTA D, RECIENTEMENTE ESTRENADA EN PARÍS.
(De fotografía.)
embellecida por esa maravillosa facul¬
tad poética del inimitable estilista que
derrama sobre todas las cosas de que
habla raudales de idealidad. Dibujada
por artista tan refinado y exquisito, la
mujer no pone en esa obra de destruí
ción la repulsiva ferocidad de Lady
Macbeth ó de Biskra. Es adorable siem¬
pre; concurre á la obra artística del
amor con lo más delicado de su alma.
Hace el mal á pesar suyo, inconscien¬
temente, hasta cuando deja gozar al
hombre los más exquisitos deleites de
su intimidad espiritual. Hace el mal,
no porque tenga perversos instintos,
sino porque es su destino, porque la
Naturaleza ha hecho de ella un ánfora
esbelta en que apuramos el amor, y
éste es un veneno. La mujer envenena
con su amor como ciertas flores con su
perfume : irremediablemente , embria¬
gando siempre, y sin darse cuenta del
mal que realizan.
El más temible «efecto fisiológico»
de este singular veneno, aparte su ac¬
ción enervad ora, parece ser el de pro¬
ducir una sed inextinguible que ni él
mismo puede satisfacer por elevada
que sea la dosis á que se tome. La mu¬
jer se parecería en esto á la música,
que, según Tolstoi, es funesta porque
produce una excitación que no es ca¬
paz ella misma de calmar. Después de
haber gustado un momento el amor de
Helena, Andrés Sperelli, protagonista
de El Placer , en vano intenta reco¬
brarse, serenarse, conseguir que se le
pase el mareo de la embriaguez y cal¬
mar la sed de Helena que le atormenta.
Dueño de la hermosura de Hipólita,
Jorge Aurispa, protagonista de El
Triunfo de la muerte , también desfa¬
llece de sed; quisiera absorber el sér
de Hipólita por entero, penetrar hasta
lo más íntimo de su alma, y fundirse
y compenetrarse con ella. Helena que
se rehúsa, Hipólita que se abandona,
ambas matan de sed, ambas producen
GOCONG (COCHINCHINA). — VISITA DEL EMPERADOR DE ANNAM, THANH THAI¿ Á LAS TUMBAS DE SUS ANTEPASADOS.
(De fotografía.)
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98 — n.° vi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Febrero 1898
el mal y envenenan la vida. En lo hondo de una
y otra novela late aquella frase de Musset: «Cada
mujer á quien te acercas roba una chispa de tu
vida, sin devolverte otra de la suya.»
El Triunfo de muerte es la historia, en cierto
modo vulgar, de un hombre que va dejando en
brazos de la mujer amada todas las energías de su
cuerpo y de su alma; Sansón que, á los pies de
Daiila, sintiera que ésta le tomaba, no de golpe,
sino pelo á pelo, la abundante cabellera. Hipólita
á su lado, siempre joven, siempre fresca, hace
pensar que el desgraciado Aurispa, poniendo toda
su alma en aquella mujer, ha arrojado su vida á
un pozo sin fondo, que ha dado todo por ella y al
fin se quedará sin ella también. Esta nefasta in¬
fluencia de la mujer y su absoluta impotencia para
hacer la felicidad del hombre pudiera simbolizarla
la Isabel del Sueño de una mañana de primavera,
sobre quien cae toda la sangre de su amado, ase¬
sinado en sus brazos. Cayera en una roca la pre¬
ciosa sangre, y habría nacido de ella una florecida
azul: en Isabel engendra un sueño, pero un sueño
estéril, un triste desvarío de loca . ,y en torno,
embriagados por el hálito de la primavera, pictó¬
ricos de vida, estallan los capullos de las flores.
Tal es la mujer en las primeras poesías D’An-
nunzio, en El Placer , en El Sueño , en El Triunfo ,
pudiera decirse que en El Inocente también: la
misma Blanche Marie de La Gittá marta perte¬
nece á este tipo y responde á esta concepción. Sin
embargo, antes de escribir esta tragedia, D’Annun-
zio había publicado Las Vírgenes de las rocas —
quizá su mejor novela— y creado en ella tres tipos
de hermosura insuperable, y señalado una evolu¬
ción importante en su obra literaria. Estos tipos
son: Violante, la hermosura perfecta; Maximila, la
sensibilidad exquisita; Anatolia, la voluntad. El
ilustre novelista se eleva por fin de la voluptuo¬
sidad á la belleza plástica, y de ésta á la belleza
moral.
Estas mujeres, última y más delicada florescen¬
cia de una raza que se extingue, viven en el cam¬
po, sufriendo de su soledad. Violante, en extática
adoración de sí misma, siente que se pierde la
inútil belleza del barro divino de su cuerpo con
esa nostalgia del hombre que sentiría una cate¬
dral gótica, si tuviese alma y no viese á su alre¬
dedor constantemente quien se extasiara contem¬
plando los encajes maravillosos de sus ojivas.
Maximila es la María de El Placer , refinada y
quintaesenciada: alma toda ternura, siente la ne¬
cesidad de entregarse como esclava al hombre
que la enamore, y ofrecerle su existencia para
servir de pábulo á la suya. Anatolia, la voluntad,
la fuerza, sugiere la idea de que es la mujer capaz
de eternizar por el amor al elegido de su corazón
en una generación vigorosa, trasmitiendo á esa
generación cuantas exquisiteces espirituales ha
logrado conquistar la raza en su evolución secular.
Claudio, enamorándose sucesivamente de las
tres hermanas, y aspirando la más delicada esen¬
cia del sér de cada una, reconoce en Anatolia la
mujer de cuyo seno puede nacer el superhomo
que realice su aspiración: la aspiración de produ¬
cir la armonía del hombre libre y poderoso con la
naturaleza completamente revelada, comprendida
y dominada.
José Verdes Montenegro.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMuroLITAS.
Sesenta años de diputado. — Un matemático novelista. — Informali¬
dad yankee: las Antillas danesas y los Estados Unidos. — Coste de
la guerra de Egipto.
'^^ASO ejemplar, incomparable, en el tra¬
siego y agitación de los hombres más
ó menos públicos que trae consigo
^ _ la política, como protesta viva y elo-
cuente contra "el cambio de perso-
najes que representan á las provincias,
distritos, circunscripciones ó condados,
es el de Mr. Carlos,* Pelham Villiers, cuyos
funerales se acabañado celebrar en Inglate¬
rra. Este insigne ciudadano ha venido repre¬
sentando en el Parlamento á su distrito y pueblo
natal, la ciudad de Wolverhampton, durante se¬
senta años . Hombre' de firmes convicciones, de
profundos estudios, sencillo en sus costumbres,
simpático á todo el mundo, logró en vida, hace
veinte años, que sus electores agradecidoa le ele¬
varan una estatua, y ahora, al morir, le han hon¬
rado, no sus electores sólo, sino el partido liberal
inglés en masa, con una manifestación de duelo,
que ha ostentado todas las* pompas de una verda- -
dera solemnidad nacional. En la corona que le
dedicó el Cobden Club se leía esta inscripción:
<íHe gave the people bread!» «Dió pan al pueblo.»
Semejante testimonio consagraba el recuerdo
de la campaña de la abolición de los derechos so¬
bre la importación del trigo, que Villiers realizó
asociado á Cobden y Bright. Era, hace ya mucho
tiempo, el decano de la Cámara popular, y su
fama y el cariño que su pueblo le rendía databan
desde el año de 1833, en que pronunció en un
meeting su primer discurso. No era su féretro, en
el carruaje fúnebre, lo que el público está acos¬
tumbrado á ver, sino un verdadero montón de
flores que lo ocupaba todo, y que iba desparramán¬
dose por la vía al aumentarse con las que sin ce¬
sar caían sobre él. Bien puede decirse que nadie
acudió á presenciar el desfile de la comitiva del
entierro sin lanzar, sobre los restos del ciudadano
insigne, el florido ramillete. En las naves de San
Pablo de Londres, donde se celebró el oficio fúne¬
bre, no cabía la gente. Allí estaban el pueblo, el
partido liberal, y muchos personajes unionistas
con Mr. Chamberlain á la cabeza. Mientras las
campanas de la catedral británica tocaron á due¬
lo, respondieron á sus ecos las de la vetusta igle¬
sia de Saint-Peter’s Coliege en Wolverhampton,
como habían sonado el día en que desde su hu¬
milde casa le llevaron á recibir el agua del bautis¬
mo. Después sus paisanos desfilaron en manifes¬
tación de duelo por Snow-hill, ante su estatua,
velada por negros crespones, y cuyo pedestal que¬
dó cubierto de flores y coronas.
Sesenta años representando á un pueblo que
supo de esta manera honrar los merecimientos de
un hombre de bien, de un trabajador modelo, de
un político serio, elocuente, desinteresado y sos¬
tenedor constante de la concordia y de la prospe¬
ridad de sus representados, constituyen un dato
inolvidable en la historia política, que demuestra
con qué empeño, tenacidad y acierto persevera un
núcleo electoral en otorgar su confianza á quien
tanto valió y tan bien le ha servido, optando siem¬
pre por continuar disfrutando del bien conocido,
mejor que por buscar en los volubles cambios de
la representación una mejora tan hipotética como
insegura.
o
* c
Otro hombre ejemplar, como gran trabajador,
como insigne catedrático de Matemáticas y nove¬
lista popular, y como entidad muy respetada en
todo el Imperio británico, el Rdo. Carlos L. Dodg-
son, ha muerto también hace pocos días. Explicaba
Algebra en la Universidad de Oxford, dando gran
crédito á su verdadero nombre, y escribía libros
de amena literatura en sus ratos de ocio , firmán¬
dolos con el seudónimo de Lewis Carrol . Fué siem¬
pre solterón impenitente, é instado hace ya treinta
y seis años por su amigo y compañero el decano
Liddell á que escribiera un libro de enseñanza
literaria moral para las niñas, publicó una verda¬
dera obra maestra, The Adve atures of Atice in
Wonderland , dedicada á las hijas de Liddell, que
produjo verdadera sensación en las familias ingle¬
sas, que se popularizó inmediatamente, y contiene
frases que se han hecho proverbiales donde quiera
que se habla el inglés, y que está escrita con tal in¬
genio y encanto que, más que á los niños, deleita
y seduce á las personas mayores.
Y — ¡fecundidad admirable! — mientras el cate¬
drático Dodgson publicaba, entre otros trabajos
matemáticos, los que llevan por título: S gil abus of
plañe algebraical geometry , y Curiosa mathermi ti¬
ca y For multe of plañe trígono nietry , el novelista
Carrol hacía las delicias del pueblo dando á la pren¬
sa, además de la obra ya citada, otras como Through
the lookingglas and what Alice Found there , Atices
Adventures Vnderground y A tangled tale , etc.
¡Hermosa armonía de un talento bien cultivado
y nutrido, que por igual siente, ama y produce en
el campo de las ciencias que en el de las letras!
¡Representación verdadera de lo que debe ser la
cultura completa del hombre moderno, no atas¬
cado é inerte en el terreno árido del positivismo
científico , ni evaporado y errante en los espacios
del idealismo literario, sino bien puesto en equi¬
librio, dentro de su espíritu, por ambas potencias,
que á maravilla se compensan y sostienen cuando
la instrucción y la educación están dirigidas con
acierto desde los primeros años!
Cuando Dodgson publicó su Alicia cautivó tanto
el ánimo de la reina Victoria, que encargó que di¬
jeran al autor que no dejara de enviarle la primera
obra que publicase. Obedeció Dodgson, y, muy
complaciente y respetuoso, remitió poco después
á la augusta Soberana un tomo que se titulaba:
Tratado elemental de las Determinantes . La sor¬
presa de la Reina fué grande , y siempre ha cele¬
brado con verdadera alegría semejante recuerdo.
• •
A pesar de que en los Estados Unidos se ha sos¬
tenido siempre la doctrina de no adquirir posesio¬
nes fuera de su territorio, el ejemplo de la febril
expansión colonial que agita á las grandes poten¬
cias de Europa les ha hecho caer en la tentación
de sujetar á su dominio cuantas islas grandes ó
pequeñas les puedan convenir, desplegando para
ello ó la más transparente habilidad diplomática
ó la audacia. Audazmente dieron al traste con la
dinastía soberana de Hawai, estableciendo en
aquel archipiélago un Gobierno sucursal del suyo,
( jue se anexionará á la ¡madre patria! en cuanto
este lo desee; diplomáticamente, y por todos los
medios más censurables, tratan de que perdamos
á Cuba para establecer allí inmediatamente su
protectorado explotador, y por la vía mercantil
intentarán y se dice que intentan aún adquirir las
Antillas danesas de barlovento, que son: San Tho-
mas, San Juan y Santa Cruz, inmediatas á Puerto
Rico, en el grupo de las islas Vírgenes.
Esta última tentativa es ya vieja, y estuvo á
punto de convertirse en realidad hace algunos
años. En efecto, al comenzar la guerra separatista
del Sur contra el Norte, los Estados Unidos trata¬
ron con el Gobierno de Copenhague de comprar
esas colonias para establecer allí depósitos de ar¬
mas y de carbón. Los daneses se negaron á ello al
principio; pero cuando se encendió la guerra en¬
tre Prusia y Austria, y se convencieron de que los
prusianos iban á apoderarse de su península de
Jutlandia, como lo hicieron á medias, dirigidos
por el ilustre guerrero danés Moltke, gran militar
pero poco patriota, viéndose necesitados de di¬
nero convinieron en venderla por la cantidad de
tres millones de libras esterlinas, entendiéndose
que abonarían 1.500.000 si los prusianos adquirían
sólo las de San Thomas y San Juan.
Se estipuló además que, antes de firmar el con¬
trato, se consultaría la voluntad de los habitantes;
detalle que echó en olvido el Gobierno americano
en su prisa por adquirirlas. Cumpliéronlo, sin em¬
bargo, los daneses, y se hizo la consulta, resultando
del escrutinio, verificado en 9 de Enero de 1868,
que los de la isla de San Juan estaban todos con¬
formes con la venta, y que en la de San Thomas
sólo se opusieron á ella veintidós. El contrato se
firmó, y, sin embargo, como mientras tanto ter¬
minaba la guerra de secesión de los Estados Uni¬
dos, éstos, viendo que ya no necesitaban para
nada aquellas islas, se hicieron los suecos, y el mi¬
llón quinientas mil libras no parecieron por nin¬
guna parte. Las cosas quedaron como si nadie se
hubiera ocupado jamás de semejante asunto. Di¬
namarca consideró que no era digno de ella el
protestar de tai conducta, y se decidió á negarse
siempre en absoluto á tratar de tal negocio con los
Estados Unidos. Por eso ahora, sin que á nadie le
extrañe, ha hecho desmentir las noticias que han
circulado de que existieran negociaciones con
aquel objeto, al saberse que los norteamericanos
deseaban entablarlas de nuevo, en su afán de con¬
vertirse en una gran potencia marítima y desem¬
peñar el papel de árbitros en las Antillas. Al fiasco
de ocupación de la gran bahía de Samaná ha su¬
cedido éste , y si nosotros tenemos precaución y
energía, les seguirá el de que jamás dominen ni
en un puñado de arena de Cuba ni de Puerto Rico.
9
e e
Mientras las operaciones y el desarrollo total
de la campaña sostenida por nuestras tropas en la
isla de Cuba dan motivo á más ó menos razona¬
bles críticas, en las que con tan negros colores se
pintan nuestras pérdidas en hombres y dinero,
realízase otra campaña guerrera que mete poco
ruido, que no tiene objeto inmediato alguno, que
lleva ya catorce años de duración y que demuestra
que en todas las jefaturas de los ejércitos hay tanto
que censurar y corregir como en la de los nuestros.
Al insistir en el sostenimiento de su política in¬
ternacional egoísta, obliga Inglaterra á Egipto á
perpetuar la guerra en el Sudán, cueste lo que
cueste y salga lo que salga. Creyó un día la fantas¬
magoría británica que eHr desde el Cairo á.Jar-
tum, dominando al paso todo el valle del gran río,
sería empresa fácil que no costaría una sola gota
de sangre. Iba á ser la expedición como á modo de
una regata por el Nilo (With the casuel corps up
the Nile). Sucedió todo lo contrario: los dos cuer¬
pos de ejército enviados al Sur fueron deshechos
ante Metemmeh y ante Suakin.
En 1884 sólo tomaron parte en la expedición
8 ó 10.000 ingleses; en 1885 ya hubo necesidad de
aumentar el contingente hasta 25.000, contando
los batallones indios. Tampoco bastaron, y se au¬
mentó el ejército con nuevos cuerpos coloniales
que llegaron de Australia, del Africa Occidental y
del Canadá. Y todo ¿para qué? para no avanzar un
paso; para tener que someterse á una retirada. A
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15 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
-V.- vi — 99
este gasto inútil de hombres hay que añadir el
gasto de dinero. En 1884 votó el Parlamento inglés
un crédito de 800.000 libras. Al liquidar las cuen¬
tas de aquella campaña se vió que se habían con¬
sumido 11 millones de libras, ó sea 275 millones
de pesetas. Conquista realizada, ninguna; victorias
obtenidas, ninguna; resultado práctico de las ex¬
pediciones, cero.
¿Quién consumió todos esos hombres y todo ese
dinero? El clima, las enfermedades, la fatiga y la
sed. Se gastó mucho más en camellos que en mu¬
niciones ; mucho más en medicamentos que en ar¬
mas. El ejército británico no comía arroz y galle¬
tas tan sólo, como mucha parte de nuestro ejército
de Cuba, sino que se trataba «á cuerpo de rey».
Construyéronse 800 embarcaciones para doce hom¬
bres cada una, á fin de remontar el Nilo, y en
cada embarcación se llevaba un verdadero alma¬
cén de ultramarinos, mejor que ^ara alimento,
para regalo del soldado inglés. (Asi consta en la
relación The Sóldier's Pocket , Book Oor Field Ser¬
vice hy general viscount Wóíséley , 1888.) «Llevá¬
ronse grandes cantidades de carnes en conserva,
saladas ó curadas, mantecas, carnero ya condi¬
mentado, harinas escogidas, galletas finas, queso,
pastelería, escabeches, adobos, legumbres en con¬
serva, cacao, leche, erhswurst (embutidos), pi¬
mienta, té, azúcar, sal, vinagre, licores, lime-juice
(jugo de limón), tabaco, cerillas y bien repleto
botiquín.»
A pesar de ir tan bien provistos, la inclemencia
del Desierto diezmó los batallones. El clima tro¬
pical, las fiebres y los miasmas hicieron allí lo que
en todos los países análogos; y, en resumen, ni
como militares ni como higienistas han apareci¬
do los ingleses en Africa á mayor altura que nos¬
otros en Cuba. Y eso tratándose de expediciones
de 20 á 25.000 hombres. ¿Qué tal hubieran resul¬
tado la estrategia y la ciencia británicas si hubie¬
ran tenido que poner en campaña, como nosotros,
200.000 soldados para pelear, no contra árabes é
indígenas bárbaros, sino contra un enemigo bien
preparado y poderosamente sostenido por otra na¬
ción positivamente enemiga nuestra, como la
norteamericana? ¿A qué cifra hubieran subido los
275 millones de pesetas, tratándose de un ejército
ocho ó diez veces mayor? Conste pues, que en
todas partes cuecen habas; y qae si no lo hacemos
muy bien en nuestra campaña de Cuba, otros lo
hacen muchísimo peor en guerras más fáciles, y
eso que tienen más recursos y más entendimien¬
to (?) que nosotros, y regalan á sus soldados, no
con rancho insustancial, sino con pickles, marma-
lade, erhswurst , lime-juice y otras golosinas. Bien
nutridos y bien cuidados, y lejos de la deletérea
influencia de los yankees , que han prodigado á
manos llenas la dinamita, las armas y las muni¬
ciones, y los obstáculos morales contra la acción
de España, nuestros soldados no hubieran sufrido
ni la mitad de los rigores, penalidades y bajas que
tenemos que lamentar, resultando maravilloso el
que, con tales y tantas deficiencias, la insurrección
haya quedado reducida á sostenerse en su último
refugio, la madre patria no haya amenguado en
sus ánimos; y su honor y su nombre, aun á costa
de tantos sacrificios, se hayan levantado á tanta
altura como en los mejores tiempos; que no otra
cosa significan el esfuerzo realizado para vencer
en América y en Oceanía, y la generosa, nobilísi¬
ma conducta seguida con nuestros enemigos de
uno y otro mundo.
Ricardo Becerro de Bengoa.
REAL.
Una artista muy querida
del público de nuestro re¬
gio coliseo, Regina Pacini,
debutó la noche del pasado domingo con Los Puri¬
tanos .
La acógdda que obtuvo no pudo ser más entu¬
siasta ni más cariñosa. A su aparición en escena
fué saludada con una estruendosa salva de aplau¬
sos, y durante toda la noche no dejó de celebrar
y aplaudir ruidosamente el público los primores
de ejecución de que hizo gala su artista favorita.
El aria del segundo acto y el dúo del tercero, muy
especialmente, fueron interpretados por la seño¬
rita Pacini de manera incomparable, haciendo
verdadero alarde de sus prodigiosas facultades, su
exquisito gusto y su incomparable maestría. Las
ovaciones de que fué objeto al terminar cada uno
de los mencionados trozos fueron indescriptibles
por lo calurosas y prolongadas.
Muy bien acompañó á la notable diva el señor
Bonci, tenor de envidiables condiciones, que pa¬
tentizó la extraordinaria extensión de su voz
agradable y su escuela de canto perfecta. Compar¬
tió con la Srta. Pacini los honores del gran triun¬
fo alcanzado; fué muy aplaudido, tanto en los tro¬
zos que cantó solo, como en las piezas de conjunto,
y tuvo que salir á la terminación de todos los ac¬
tos á recibir los plácemes del público.
Blanchart, el excelente barítono, cantó su parte
con la corrección y gusto que sobradamente tiene
acreditados, mereciendo uuánimes aplausos en el
aria del primer acto y en el conocido dúo del ter¬
cero , que fué notablemente interpretado también
por Riera.
La representación en conjunto y separadamen¬
te fué inmejorable, lo que no es de extrañar ha¬
llándose encomendada á artistas de tan recono¬
cido mérito como los citados, y al maestro Goula,
inmejorable y peritísimo director de orquesta.
•
• *
Para hoy, martes, se anuncia la despedida del
tenor Sr. Mariacher, que cantará Sansón y Dalila ,
acompañado por la Srta. Guerrini y el Sr. Buti.
PRINCESA.
El éxito que La Corte de Napoleón alcanzó la
noche de su estreno ha sido confirmado en las
posteriores representaciones de dicha obra. El
público acude en gran número á saborear la belle¬
za del drama de Sardou y á aplaudir á María Tu-
bau , que ha hecho de su papel una creación ad¬
mirable.
PARISH.
Definitivamente se anuncia para el jueves 17 el
estreno de la zarzuela de Fernández Shaw y Cha-
pí titulada Los Hijos delhatallón. Ya están acaba¬
das las nueve decoraciones pintadas por los señores
Busato y Amalio, y las cuatro quo ha hecho el
Sr. Herreras, todas preciosas. Asimismo está ter¬
minado el lujoso vestuario confeccionado por el
Sr. Gambardella, y, á juzgar por las noticias que
de la obra propalan cuantos han presenciado los
ensayos, el éxito parece que ha de ser ruidoso y
excelente.
Bien lo merecen, no sólo los autores, que han
puesto cuanto saben y pueden, que es mucho, sino
también la empresa, que no ha omitido gasto ni
sacrificio alguno para conseguir un inmejorable
resultado.
LARA.
La noche del sábado último se verificó la reprise
de Las Tres Rosas , comedia de D. Carlos Fron-
taura hace mucho tiempo no representada. El
éxito fué grande, correspondiendo no pequeña
parte de él á las Sras. Val verde y Pino, Srta. Gar¬
cía Senra, y Sres. Ruiz de Arana , Larra y Alemán,
que estuvieron acertadísimos en la interpretación
de sus respectivos papeles.
•
• *
Hoy martes, beneficio de la Sra. Pino, en el
que estrenará el monólogo Tute de novios , y el
diálogo Somnambulismo y escritos ambos expresa¬
mente para la distinguida actriz. Además se re¬
presentarán las aplaudidas obras Mimo , La s Hor¬
migas y Nicolás.
COMEDIA.
Dícese que el día 19 se abrirá de nuevo este tea¬
tro con la compañía de opereta cuya lista damos á
continuación:
Maestro concertador y director, D. Francisco
de Pérez Cabrero.,
Actrices: Sras. Alvarez, García de Pinedo, Mon¬
tañés, Palacios, Pérez Cabrero (L. y M.), Pérez,
Pretel y Vizcaíno.
Actores: Sres. Aineto, Arjona, Banquélls, Ba-
rraicoa, Borroel, Jerez, Munín, Otero, Pinedo y
Rodríguez.
Apuntadores: Señores Fernández (D. Juan) y
Picazo.
Cuarenta coristas y veinte profesores de or¬
questa.
Repertorio: Miss Helyett , Mascota , Mosqueteros
grises, Artagnan , Niniche, Figuro, Rip-Rip , Di a
y noche , Monaguillo , etc., etc.
El debut de la compañía se verificará con la ope¬
reta Miss Helyett.
La próxima semana promete, pues, ser fecunda
en acontecimientos teatrales.
Esperemos.
A.
El eminente traductor del español al alemán D. Carlos Ne-
behay, que yíyíó muchos años en Andalucía, se ha retirado á
Viena, dedicándose á hacer conocer á sus compatriotas las belle¬
zas de la literatura española moderna.
Entusiasta de nuestra hermosa tierra, el Sr. Nebehay ha es¬
crito un libro titulado En el país de Carmen, tratando sobre
costumbres y la Yida en Andalucía, cuyo libro ha sido graciosa¬
mente aceptado por S. M. la Reina Regente, á cuya augusta
dama dedicó su obra el Sr. Nebehay.
JABÓN DE LOS PRÍNCIPES DEL CONGO
al m*« perfumado de loe jabonen de toeadnr
LOCIÓN VAISSIER del «.bello *
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Septembre. ( Véanse los anuncios .)
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París. ( Véanse ¿os anuncios.)
• •
Para mañana, miércoles, está anunciado el de¬
but de la Srta. Moreno, excelente artista que ha
elegido para su presentación el juguete cómico
Las Cuatro esquinas.
ZARZUELA.
El Señor Joaquín , de Julián Romea y el maes¬
tro Caballero, se estrenará, si no ocurre ningún
contratiempo, el próximo viernes. El éxito pro¬
mete ser sensacional.
APOLO,
BOYAL H0UBIGANT
fumista, 19, Faubourg 8* Honoré, París.
UVa S - ESSEMCE - EAU DE TOILETTE
PODOSE DE MIZ
La Ta PIVER A PARIS
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
También en la presente semana se estrenará en
este teatro una obrita. El Santo de la Isidra , de
Arniches y Torregrosa, será sometido al fallo del
público el próximo sábado*
II bailo, por P. GaYÍna.^-La popular biblioteca del editor mi-
lanés Ulrioo Hoepli ha aumentado su numerosa colección de
manuales con uno consagrado al baile. La historia de la danza
en los hebreos, los egipcios, los griegos, los romanos y los cris¬
tianos en la Edad Media y en los modernos tiempos forma la
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• i 00 — N.» VI
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
* 15 Pechero' 1898
primera parte de! libro, que dedica des¬
pués sus capítulos á la técnica de los
diferentes bailes pasados y presentes.
Es realmente curioso é interesante el
Manual del baile para el que desee co¬
nocer detalles de este alegre ejercicio
en todos los tiempos y lugares; pero su
utilidad sube de punto para los jóvenes
que necesiten aprender teórica y prác¬
ticamente el arte de Terpsícore.
Ilustran el texto 90 figuras, en las cua¬
les los pies de las damas y galanes es¬
tán representados respectivamente por
huellas negras y blancas, y los pasos y
piruetas por líneas, y termina con una
higiene del baile este Manual, que se
vende en Italia á 2,60 liras.
La Caja de música, poesías, por Ri¬
cardo Gil.
En elegante edición acaba de publi¬
car La España Editorial un nuevo tomo
de poesías de Ricardo Gil , que tan ven¬
tajosamente se dió á conocer como
poeta de grandes alientos eu su anterior
libro De los quince tí los treinta. En
la nueva colección de sus versos , que
acaba de ver la luz pública, se acredita
positivamente de poeta verdadero. No
constituyen el principal encanto de sus
composiciones la musical armonía de la
rima, ni el primoroso cincelado del es¬
tilo poético, en nuestro humilde con¬
cepto; antes al contrario , encontramos
el fondo superior á la forma. La pro¬
fundidad con que el asunto está pensa¬
do, el modo íntimo y sincero por que
está sentido, y la originalidad personal
con que lo expresa, nos conmueven y
deleitan más en las bellas poesías de
Ricardo Gil que la forma, en que ape¬
nas cabe lo mucho que piensa, siente y
canta.
Aplaudimos muy sinceramente al
Í>oeta cantor , pero conste que aun pre-
erimos la letra á la música.
El libro se vende en La España Edito¬
rial , Cruzada, 4, Madrid, y en las prin¬
cipales librerías, al precio de 3 pesetas
en rústica y 4 en tela.
Poetas del amor, por José. J. He¬
rrero.
El inspirado autor del poema Mar
adentro , que tan justos y unánimes
elogios mereció de Ja crítica, acaba de
publicar una versión castellana de las
poesías del famoso vate indio Kalidas-
sa, que floreció en el siglo vi de nues¬
tra era, y de las joyas literarias de
Heine que componen el Intermezzo.
Tienen de interesantes las primeras el
revelar un gran poeta totalmente des¬
conocido para nosotros, cuyo numen
le inspiró cantos amatorios en los cua¬
les la belleza de la poética vestidura
vela algún Unto las desnudeces del
asunto.
Los lieder de H. Heine son conocidos
Excmo. Sr. D. JOSÉ TORAL Y VELÁZQUEZ,
GENERAL DE DIVISIÓN,
GOBERNADOR MILITAR DE LA PROVINCIA Y TLAZA DE SANTIAGO DE CUBA.
(De fotografía)
y por todos admirados, y la versión en
verso castellano hecha por el Sr. He¬
rrero califícala Menéndez y Pelayo de
la más fiel y poética de las que en nues¬
tra lengua se han escrito.
Nada más grato para los que estima¬
mos al Sr. Herrero que suscribir las
fra-es que el eminente crítico citado le
dedica: «Aunque sus propios versos ori¬
ginales no le acreditaran, bastaría esta
versión para dar al Sr. Herrero crédito
y nombre de poeta. Su educación lite¬
raria sana y severa , basada principal¬
mente en el estudio de los modelos de
las literaturas inglesa y alemana, nos
hacen esperar de él que ha de trasladar
con feliz éxito á nuestra literatura, bien
necesitada hoy de savia vigorosa, ele¬
mentos nuevos y dignos de vivir y flo¬
recer bajo todos los climas.»
Cria del conejo, por R. E. y L. — Con
este título se acaba de publicar una
obra en extremo curiosa y que puede
producir grandes ganancias. Se ocupa
de las razas de conejos de campo, do¬
méstico, plateado, de China, Angora y
otras; del lepórido; de la crianza, mul¬
tiplicación, castración y alimentación;
engorde; gastos, productos, enfermeda¬
des y sus remedios; preparaciones culi¬
narias; aprovechamiento de las pie¬
les, etc.
Este libro, elegantemente impreso é
ilustrado con 17 grabados, se vende á
2,60 pesetas en Madrid, librería de Hi¬
jos de Cuesta, Carretas, 9. Se remite
certificado á provincias enviando una
libranza de 3 pesetas.
El Teatro Real por dentro (Me*
morías de un empresario), por D. Ma¬
nuel González Araco.
Hemos recibido ejemplares del libro
que, con el título que encabeza estas
líneas, acaba de publicar nuestro par¬
ticular amigo D. Manuel González Ara-
co, empresario que ha sido del Regio
coliseo.
Refiérense en el libro sucesos ocurri¬
dos en nuestro primer teatro lírico des¬
de que fué empresario del mismo el
Sr. Rovira hasta la fecha, con detalles
muy curiosos ; y como el Sr. Araco los
ha visto muy de cerca, según él mismo
declara y no se muerde la lengua, como
vulgarmente se dice, para relatarlos,
resulta la obra sumamente curiosa para
cuantos gusten de conocer interiorida¬
des de empresas para la mayor parte
de los lectores desconocidas. Claro es
que la índole de este libro no se presta
á la unánime alabanza, sino que forzo¬
samente ha de suscitar la controversia
entre tirios y troyanos, en cuya lid
nuestra neutralidad nos obliga al mo¬
desto papel de espectadores.
Véndese la obra al precio de 5 pese¬
tas.— C.
LA SALUD PARA TODOS
sin medicina, por la deliciosa harina de ealnd
DU BARRI
DE LONDRES
LA REVALENTA ARÁBIGA a _
Cura las digestiones laboriosas, (dispepsias), gastritis, acedías, disentería, pituitas,
náuseas, fiebres, estreñimientos, diarrea, cólicos, tos, diabétii, debilidad, todos los
desórdenes del pecho, bronquios, vejiga, hígado, riñones y sangre.— 50 anos de
buen éxito, renovando las constituciones más agotadas por la vejez, el trabajo ó los
excesos. ’ Es también el mejor alimento para cnar á los niños.— Depósito General :
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de la Península y de Ultramar. Du Babby t CU., 77, Regent Street, Londres.
CUADROS VIEJOS
POR
D. JULIO MONREAL
Colección do pinceladas, toques y esbozos,
representando costumbres españolas del si¬
glo XVII.
Un tomo, en 8.° mayor francés, que se
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La Ilustración Española y Americana, Are¬
nal, 18, Madrid.
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sista á la eficacia pode-
rosa, jamás desmentida,
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I reumático de Orive.
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seen conocerla. — En todas las farmacias. Por ma¬
yor: Bilbao, Orive, y Madrid, M. García.
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De venta ea las principales librerías, y en la AtaMstraciún de
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U U L 1J ti- EL descuidado que loe sufre
__ - - — - m por n° usar todos loadlas
Bill i Ikl A Cí el Licor del Polo de
lll U Orive. Pero el no tener
dolores de muelas depende de la voluntad; y
esto es tan exacto, que jamás tuvo dolencia al¬
guna en la boca el que se enjuagó todos los dias
con tan excelente dentífrico, que se vende en
toda farmacia y perfumería acreditada.
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Los amoríos de Juana (ídem) . 1
Dulces cadenas (ídem) . L25
Don Juan (ídem) . ^
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Doloras y cantares, ídem. . . • • • 7
Los Buenos y los Sabios, ídem . . • 2
El Amor y el Río Piedra, ídem ...••• 2
La utilidad de las flores (poema) . 1
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riódico, Arenal, 18, Madrid.
Recorvados todos los derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID. — Establecimiento tipolitográfleo «Sucesores de Rivadeneyra»,
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7 pesos fuertes.
35 francos.
BELLAS ARTES.
COQUETERÍA,
CUADRO DE PALHAROIil.
Digitized by ^.ooQie
102 — x.» vil
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Febbebo 1898
SUMARIO.
TEXTO. — Crónica general, por D José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Sanes y Compañía, por
el Doctor Thebussem.— Ofensas inofensivas, por L>. Felipe Pérez y
González. — La revolución del pan, conclusión, por D. José Rodrí¬
guez Mourelo. -El primero y el Ultimo, por D. Eduardo de Palacio.
—¿Más periodiquitosV, poesía, por D. Juan Pérez Zuñiga. — La ga-
villera, pcesia, por D. O. Sánchez- Arévalo.— Los estrenos, por don
Jos¿ Jackson Veyán.— Por ambos mundos. Narraciones cosmopoli¬
tas, por D. Ricardo Becerro de Benpoa.— Los teatros, por A.— Suel¬
tos. — Libros presentados á esta Redacción por autores ó editores,
por C— Anuncios.
Grabados — Bellas Artes: Coquetería , cuadro de Palmaroli. — En el
baile, dibujo de Pía. — «Confetti» // #crprntlm#, dibujo de Jiménez
Martin. — Madrid: El pelele en lo# lavadero #, dibujo de Emilio Sala.
— Regreso de la pesca, cuadro de Hacquette.— Retrato de Julián Ro¬
mea, autor de El Señor Joaquín , estrenado en el teatro de la Zar¬
zuela.— Retrato del Excmo. Sr. D. Luis Polo de Bernabé, nuevo en¬
viado extraordinario y ministro plenipotenciario de España en
Washington. — Uniformes de los oficiales de la marina de los
EE. UU. de Norte-América. — Jerez de la Frontera: La «fiesta del
árbol», celebrada el 10 del corriente en el campo de instrucción.—
Retrato de Miss Clara Barton , representante en Cuba de la Cruz
Roja norteamericana y encargada por sus compatriotas de repar¬
tir socorros ó los reconcentrados.
CRÓNICA general.
1 ABÍAMOS salido de aquello de la carta
sustraída á D. José Canalejas y que
resultó malamente en poder del Mi¬
nistro de Estado ycinkee , cuando la
voladura del crucero Maine en la ba-
hfo de Ia Habana ha suscitado otra cues-
tión. Entre nueve y media y diez de la
tj(.' noche del 15, un ruido espantoso y una gran
¿ llamarada y lluvia de proyectiles, que partían
• de aquel buque de guerra, anunciaron la ca¬
tástrofe: á pesar del peligro inminente que ofrecía
la aproximación á aquel foco incendiado, lleno de
materias explosivas, los botes de nuestro crucero
Alfonso XII y de diversos buques mercantes acu¬
dieron con abnegación á prestar auxilio, y gracias
á ellos y á las órdenes de las autoridades pudieron
salvar la vida cerca de un centenar de oficiales y
marineros y soldados, únicos supervivientes de
aquella formidable voladura. Recogidos y curados
los heridos, ss hizo á los muertos un entierro sun¬
tuoso, y desde el Gobernador general, el Gobier¬
no provisional de Cuba, á los altos poderes cen¬
trales, manifestaron en expresivos telegramas su
pésame al Gobierno y representantes de los Esta¬
dos Unidos por aquel accidente sensible que costó
la vida á unas 25U personas. La prensa española,
suspendiendo con este motivo las razones de queja
que teníamos con el Gobierno norteamericano, se
asoció noblemente á los tributos oficiales. Estos
son los hechos. Y desde el primer instante, la im¬
presión unánime, ese conocimiento general ins¬
tintivo producido por las primeras averiguaciones,
y que rara vez se equivoca, achacó la catástrofe á
un accidenta de la dinamo, que obró sobre un de¬
pósito de algodón-pólvora ú otra materia fulmi¬
nante.
Como la generosidad española no ha sido apre¬
ciada; como se han supuesto villanías para justifi¬
car el descuido ó la desgracia de los encargados
del gobierno del Maine ; como hay tantos intere¬
ses y odios que acechan pretextos para producir
nuevos conflictos, y no es el Gobierno yankee el
que nos parece menos sospechoso, nos abstenemos
de toda demostración de sentimiento. Estúpida
malicia se necesitaría para achacar al Gobierno
español una voladura que milagrosamente no ha
destruido uno de nuestros mejores buques y bom¬
bardeado la población, ocasionando un conflicto
moral y material. Descuido imperdonable y falta
de vigilancia el suponer que pudo atracar al buque
otra embarcación para aplicar un torpedo á su cos¬
tado sin que los centinelas lo notasen, y que se
acometise esa temeridad en una bahía plagada de
tiburones. Pocos días antes, el Maine se había re¬
puesto de víveres y carbón con un buque de su
país enviado por su Gobierno. En cambio, hay
motivos para creer que el Comandante y parte de
la oficialidad, que sólo han tenido dos bajas, esta¬
ban fuera del buque cuando ocurrió el fracaso.
Ya al proveerse de carbón se había ahogado un
oficial en la bahía; todo hace patente que á la im¬
pericia de esa marina improvisada y al excesivo
material de guerra que llevaba el Mame en su vi¬
sita amistosa, hay que atribuir la pérdida del bu¬
que. Dos responsables hay en primer término: el
cónsul Lee al pedir un buque de guerra para su
tranquilidad, y el Comandante, sometido hoy á un
consejo de guerra, según la ley marítima. Todo lo
demás es una leyenda innoble y malintencionada,
de que nos exculpa el mundo culto, ante el cual
apelamos de la \ inj urias groseras con que se nos
ha pagado un beneficio.
9
• •
En mala ocasión ha llegado nuestro crucero
Vizcaya á Nueva York: durante su travesía ha¬
bían ocurrido el cambio de nuestro representante
y la pérdida del Maine . Un periódico yankee había
ofrecido 50.000 duros al que probase que su pérdida
fué intencional. Gran prima para que los tunantes
hiciesen un embrollo; y en el Capitolio de Was*
hington, un deslenguado, cuyo nombre no escri¬
bimos por no ensuciar la Crónica, nos había lla¬
mado granujas. La policía ha rodeado nuestro
buque de guerra para impedir alguna traición. Su¬
ponemos que el Comandante sabrá evitarlo vigi¬
lando su buque y ála misma policía. Las Cámaras
han votado recursos para artillar sus costas, y en
tanto, una comisión ha pasado á la Habana para
juzgar al Comandante del Maine ó inspeccionar los
restos de su buque, y el Sr. Polo de Bernabé, nues¬
tro nu3vo ministro en Washington, se cruzará en
Liverpool con el Sr. Dupuy de Lome.
•
• •
Procuremos reducir á pocas líneas la impresión
que nos han producido las últimas sesiones del
proceso de Zola. La grafología deja mucho que de¬
sear como arte que produzca convicción. La idea
de la inocencia de Dreyfus ha perdido terreno. El
abogado Mr. Labori se ha descompuesto ante las
declaraciones del general Pellieux, y todo hace
temer que se agríen las cosas más de lo que es¬
taban.
•
• *
Dos partes tiene la carta con que nos favorece
nuestro querido amigo el ilustre escritor porto¬
rriqueño Sr. Cortón. Contra sus deseos prescindi¬
remos de la primera, que sólo á nosotros atañe;
pero insertamos con gusto su defensa de un con¬
cepto que le atribuimos, porque se hace justicia á
una eminencia de las letras. Dice así:
«Mas vamos á lo importante para mí, que es el
sambenito que usted, involuntariamente, me cuel¬
ga al expresar que he cometido , con respecto á
Menéndez y Pelayo, ¡una enorme injusticia: Dicha
asi la cosa, sin ampliarla, sin decir en qué consis¬
tió la injusticia, puede por alguien entenderse que
yo tengo el mal gusto de pertenecer al montón de
los detractores de Menéndez y Pelayo, que, pro¬
cedentes en su mayor parte de las escuelas demo¬
crática y racionalista, y, por supuesto, sin haber
leído una página suya, le aborrecen porque es ca¬
tólico y porque le creen reaccionario, y hasta se
permiten negarle el talento, dignándose conce¬
derle, á lo sumo, un memorión excepcional. Y
eso, francamente, me dolería; porque precisa¬
mente se trata de mi autor favorito, de mi crítico
predilecto, del publicista á quien juzgo la primera
figura de la literatura contemporánea. Menéndez
y Pelayo es un genio , y con eso está dicho todo .
Ser injusto con él, y ser injusto enormemente ,
como usted dice, más que demostración de igno¬
rancia fuera pecado de mal gusto . Por eso quiero
rectificar. Por eso quiero hacer constar que la in¬
justicia enorme á que usted se refiere, se reduce
sencillamente á haber dicho yo, en el prólogo del
libro de Lloréns, que los indicios en que se apoya
Menéndez y Pelayo para adjudicar a Alfonso Lanir
berto la paternidad del falso Quijote son indicios
ligeros..... Será ésta, tal vez, una apreciación equi¬
vocada, y lo es, sin tal vez, como mía, modestí¬
sima; mas no es, ni con mucho, una injusticia
enorme, como otras muchas de que suele ser víc¬
tima, de vez en cuando, el insigne autor de Las
ideas estéticas .
»Su antiguo amigo, — Antonio Cortón .»
Explicadas con tan elocuente claridad las pala¬
bras que nos parecieron injustas por creer que
tenían más latitud, dejan de parecérnoslo. En
efecto, no está probado aún quién fué el autor del
falso Quijote , y el Sr. Menéndez y Pelayo no lo dió
por resuelto, sino el periódico que anunció las hi¬
pótesis como descubrimiento.
•
• *
Hay en Sevilla dos hermanos; Duque el uno,
Marqués el otro, famosos bibliófilos y coleccionis¬
tas, el primero de obras históricas españolas, pero
en especial las de ciudades y lugares, y el segundo
de obras en verso, los cuales han reunido dos
magníficas bibliotecas, centro de consulta y re¬
unión de los aficionados y los sabios. Entre los
dos hermanos hay competencia para la adquisición
de obras relacionadas con sus respectivas aficio¬
nes; y es el caso que al volver de uno de sus via¬
jes, ambos satisfechos con sus compras, vanaglo¬
riáronse en su tertulia de haber aumentado su
colección con un libro precioso, que, siendo de los
suyos, pertenecía también á los que coleccionaba
el otro hermano, no estando dispuestos á cederle.
Se constituyó un Jurado para decidir cuál había
hecho mejor compra, y el Duque sacó un libro
que decía en su portada: « Crisol de la verdad , luz
especulativa, espejo reluciente , descripción sumaria
del convento de San Agustín de Xerez de los Ca¬
balleros, que en versos torpes hace Fr. Enrique
de Poianco, etc..... Córdoba. Imprenta de P. Del-
monte, calle Almonas.]) No sólo les pareció el libro
interesante para ambas colecciones, sino que hu¬
milló á uno de los asistentes, que había escrito una
obra sobre bibliografía cordobesa, no conocer el
libro ni la imprenta. Notificóse al Marqués que
exhibiese su compra, y sacó otro ejemplar del
mismo libro. Hubo un momento de duda; pero
preguntados los precios de la adquisición, el Duque
manifestó haberle costado dos duros, y se declaró
vencedor al Marqués, que le había comprado en
seis pesetas. Examinado el libro, se encontraron
noticias desconocidas : se agitaron los bibliófilos y
eruditos..... Pero quien desee saber todos esos de¬
talles y cómo se descubrió ser apócrifa la obra, y
cuáles son ahora los siete únicos ejemplares y
quién fué el verdadero fraile autor del libro, lea la
sabrosa descripción que se contiene de aquella
broma culta en la « Relación de caso famoso acae¬
cido en esta ciudad de Sevilla á un Duque y á un
Marqués , escrita por D. Lorenzo Miranda, hijo
del caballero del verde gabán».
•
• •
Podrán en algunas regiones de Castilla, como en
Italia, pedir los necesitados pan y trabajo; pero
gaditanos y madrileños nos divertimos en este
Carnaval.
No somos de esos que critican estos desahogos
públicos: cuanto mayores son los males, más nece¬
sidad hay de distraerlos: en la vida moderna los
pudientes salen á diversión por día; justo es que
las tenga el pueblo en algunas ocasiones. De los
espectáculos del Carnaval, lo más llamativo es el
desfile de las carrozas encomendadas á artistas
excelentes.
El día primero, único que alcanza esta Crónica,
fué soberbio. Los coches y máscaras tuvieron oca¬
sión de lucirse y bromear. Jamás hemos visto un
Carnaval más animado, ni coches y carrozas más
artísticos y elegantes. La gran longitud de la ca¬
rrera distribuyó el gentío; de otro modo, hubiera
habido desgracias: calles y paseos quedaron rega¬
dos de flores, serpentinas y papelusa, que así lla¬
maron nuestros abuelos del siglo XVII, aunque el
Diccionario no incluya la voz, á los papelillos que
hoy nombran con Jet ti, es decir, en italiano, y que
algunos vendedores, más castizos, voceaban: ¡lluvia
de colores!
Nosotros vimos símbolos de nuestro estado en
las elegantes carrozas que marchaban en forma¬
ción ó á la deshilada. En la paleta de colores de
Blanco y Negro , todos los matices de nuestra pa¬
leta política; en la perla, entre las ondas de los va¬
lencianos, un adorno que desean los Estados Uni¬
dos para su pechera; en la cocina de la Peña, con
su colosal perol, el mejor sistema de gobierno; en
la niña que simbolizaba la Industria, la pequeñez
de la nuestra; en la casa sin cubrir de los estudian¬
tes de arquitectura, la España de nuestro tiempo;
en el ara de Vesta, que todavía hay fuego sagrado,
aunque vayan las vestales por el arroyo y en coche
algunas que no lo son; y en el tigre premiado, las
deferencias con que recompensamos los zarpazos
que nos tiran. Y en aquella exuberancia de flores
y canastillos elegantísimos, que es preciso pensar
en otra cosa y dejarse de floreos.
¿Qué faltó para el mejor efecto de la comitiva
oficial? Trecho entre carroza y carroza para apre¬
ciarlas en detalle, y música para amenizarlas. ¿Que
era costoso? No lo creemos. Podían haberse citado
é intercalado todas las estudiantinas con sus tra¬
jes pintorescos. Así se hubiera fundido y comple¬
tado el nuevo Carnaval con el antiguo, y en este
lo más característico es..... digámoslo en un ro¬
mance :
LA ESTUDIANTINA.
— Así, señor estudiante,
Se zurra la pandereta:
Con las manos y los codos,
El tacón y la cabeza;
Así se salta, pasándola
Por debajo de la pierna,
Y así se disloca el cuerpo,
Se repica y se golpea.
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22 Frataso 1898
N.° vil — 103
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
Eso es tocar el pandero
Con todas las herramientas
De pulgares y nudillos,
Talones y rodilleras;
Y es afinar, cuando el índice
Con suavidad le voltea,
Y las inquietas sonajas
Como durmiéndose suenan,
Y bota el pandero al aire,
Recógele dando vueltas,
Y toma el repiqueteo
Y el sólido piso tiembla.
Callan las voces por verlo,
Deja de tocar la orquesta
De flautas y de violines,
De bandurrias y vihuelas;
Y cesan I09 postulantes
De requebrar á las hembras
Y recoger calderilla
En sus pañuelos de seda.
La pandereta enmudece,
Y la comparsa se aleja
Cantando una alegre copla
Al són de una jota nueva.....
Me voy tras la estudiantina,
Que quiero otra vez y treinta
Decirle al panderetero:
— ¡Así se panderetea I
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
Coquetería, cuadro de Palmaroli.— En el baile, dibujo de Pío. — «Ow-
fetU » v serpentina s, dibujo de Jiménez Mnrtin. — Manrid: El jxlelc
en loe lavaderos, dibujo de Emilio Sala. — Regreso de la pesca , cuadro
de Hacquette.
En estos días de bailes de trajes parece de ma¬
yor oportunidad el precioso cuadro del ilustre
Palmaroli, que reproducimos en la primera pá¬
gina. La elegante maja que viste el pintoresco
traje de la época á que dió nombre Goya, y luce
la bien prendida mantilla española, mírase como
á hurtadillas en el espejo, contemplando su cara,
que sonríe con gracia ai encontrarse hermosa. El
cuadro Coquetería es uno de los más celebrados
del insigne autor de La Capilla Sixtina .
Cecilio Pía ha arrancado del natural la graciosa
escena carnavalesca que representa nuestro gra¬
bado de la página 104. El baile del Real está en
toda su animación ; se cruzan acá y allá las espi¬
rales de colores; todo lo llena un diluvio de con¬
fetti; el alegre bullicio domina los acordes de la
orquesta, y al dulce arrullo de aquel estruendo
duerme tranquila en la butaca, con gran trabajo
lograda, la madre complaciente que se ha resig¬
nado á sus años á pasar la noche en el baile por
dar gusto á la niña. Esta, en cambio, no duerme,
y, escucha embelesada la amante querella de un
elegante adorador, que probablemente al termi¬
nar la fiesta no volverá á acordarse del santo de
sq nombre.
Ocapa la página 105 un dibujo de Jiménez Mar¬
tín, d© palpitante actualidad. Las serpentinas y los
confetti , que hace pocos años comenzaron á usarse
en los Carnavales madrileños, han llegado en el
actual á su mayor apogeo; y tal consumo ha habido
de estos artículos de fantasía , que han llegado á
agotarse las existencias en los comercios al por
mayor. La escena que nuestro grabado representa
tiene macha verdad: la expresión de las jóvenes
á quienes inundan de confetti los muchachos, re¬
vela la satisfacción con que notan que lo que pa¬
rece agresión es homenaje; la mamá, en cambio,
se resigna ante la fuerza de ley de la costumbre,
pero no sin fruncir el ceño y decir entre dientes:
«I No se por qué esos residuos de papel de los vasa¬
res han de tener el privilegio de ensuciar nuestros
sombreros y nuestros trajes!»
Las páginas 108 y 109 llena el hermoso dibujo
de Emilio Sala, que ha buscado asunto pintoresco
en las costumbres populares de Carnestolendas
que aun subsisten en los lavaderos del Manzana¬
res y en algunos barrios del Madrid viejo. Diver¬
sión exclusivamente femenina, el manteamiento
del pelele deja muy atrás al celebérrimo de San¬
cho Panza, pues no suele terminar sino con el
destrozo del protagonista. El pelele ó Judas, como
en otras partes se le llama, es un grotesco mu¬
ñeco relleno de paja y vestido con una indumen¬
taria todo lo ridicula posible, y su manteamiento
se acompaña con característica salmodia.
El pelele eslá malo,
¿Qué le daremos? .
cantan las regocijadas manteadoras, y escogen
como específico el agua de caracoles , que dicen po¬
see virtudes prodigiosas para el ganado bravio.
La vida y la gracia que tiene la escena dibujada
por Emilio Sala como él dibuja, no necesitan en¬
carecimientos por nuestra parte.
El grabado de nuestra página 113 reproduce el
celebrado cuadro de Hacquette, Regreso de la pes¬
ca . El cielo de Bretaña y el agitado mar junto á su
costa están admirablemente pintados, y el grupo
de la familia del pescador, que vuelve ai hogar tras
ruda y peligrosa tarea, está lleno de sencilla y
tierna poesía.
•
• •
JULIÁN ROMEA,
autor de El Señor Joaquín , estrenado en el teatro de la Zarzuela.
Publicamos en la página 106 el retrato del po¬
pular actor Julián Romea, hoy que á los aplausos
que como tal consiguiera en su carrera artística,
se unen los que el público y la crítica le otorgan
como autor dramático. No son nuevas las aptitu¬
des y aficiones á la literatura dramática en Julián
Romea, que varias veces ha obtenido éxitos favo¬
rables como literato y como compositor musical;
pero su última producción, El Señor Joaquín , es¬
trenada recientemente en el teatro de la Zarzuela,
ha revelado en él nobles tendencias para dignifi¬
car un género decadente; y aun cuando su acierto
no hubiera igualado á su propósito, plácemes siem¬
pre merecería su generosa iniciativa. Cordialmento
le felicitamos por su excelente éxito, y cariñosa¬
mente le animamos á perseverar en su laudable
idea.
•
« •
EXCMO. SR. D. LUIS POLO DK BERNABÉ,
nuevo enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de
España en Washington.
En la página 112 publicamos el retrato de don
Luis Polo de Bernabé, que muy en breve saldrá
para los Estados Unidos de Norte-América para
reemplazar en la representación de España á don
Enrique Dupuy de Lome. El Sr. Polo de Bernabé
comenzó su carrera de diplomático en 1872, y ai
año siguiente obtuvo el destino de agregado en la
Legación de Washington. Sirvió allí á las órdenes
de su señor padre, vicealmirante de nuestra Ar¬
mada, que intervino en la célebre cuestión inter¬
nacional del apresamiento del Virginias , y dejó
justa fama de su talento y discreción en Washing¬
ton, donde su hijo D. Luis fue secretario hasta el
año 1881. Sirvió como encargado de negocios en
París y Lisboa, y al ascender en 1891 á ministro
residente, lo fue en el Brasil y en el Cairo.
Hace más de tres años que desempeñaba en el
Ministerio de Estado el cargo de jefe de la sec¬
ción de Comercio y Consulados, y su nombra¬
miento en las presentes circunstancias prueba
plenamente el aprecio que al Gobierno de Su Ma¬
jestad merecen las especiales aptitudes de este di¬
plomático.
• •
UNIFORMES DE LOS OFICIALES DE LA MARINA
de los EE. UU. de Norte-América.
Damos en el segundo grabado de la página 112
muastra de los uniformes de los oficiales de la ma¬
rina de los Estados Unidos. Nada menos que diez
son los trajes que usan para distintos actos y ser¬
vicios: uniforme de lluvia, de media gala, de
invierno, de gala, de verano, de gran gala, de
etiqueta, de servicio, de diario y de la brigada
naval (tropa de desembarco). La gran gala úsase
en todas las ocasiones más solemnes, así como en
la revista general que se celebra el primer do¬
mingo de cada mes. La media gala, en las ordina¬
rias ceremonias de alguna importancia, como para
hacer la primer visita á los oficiales del puerto
y para concurrir á aquellos actos de la vida social
á que son invitados con carácter oficial los mari¬
nos. El uniforme de etiqueta (evening dress ), para
los mismos actos, sin carácter oficial, como un
baile ó un banquete; el de levita y pantalón de
diario, para los actos ordinarios del servicio, pre¬
sentación á los jefes y revistas semanales de ins¬
pección; el de diario, para visitar á oficiales de
otros barcos y á la entrada ó salida de puerto en
que todos los oficiales están sobre cubierta. El de
la brigada naval con sus polainas y su bota, úsase
en el servicio de tierra. El uniforme de lluvia y
el de invierno tienen en su propio nombre seña¬
lado cuándo han de vestirse.
En un ilustrado periódico de Nueva York he¬
mos leído, á propósito de estos uniformes, que
aunque algunos pueden combinarse, es muy difí¬
cil la combinación, por tener que estar siempre
dispuestos muchos de ellos; y el mismo periódico
asegura que es tanto el gasto que ex;gen del oficial
estos uniformes y tan modesto el sueldo que el
Estado les abona, que al oficial de Marínale cuesta
vestirse la mitad de la paga de un año.
«>
* «
JEREZ DK LA FRONTERA.
La fiesta del Arbol, celebrada el 10 del corriente.
Reproduce nuestro primer grabado de la pági¬
na 113 una de las escenas de la simpática fiesta del
árbol , celebrada en Jerez con verdadera solemni¬
dad el jueves 10 del corriente. Formáronse en la
plaza de Alfonso XII, á las doce de la mañana,
1.000 niños de las escuelas públicas y colegios par¬
ticulares, en catorce grupos, correspondientes á
los respectivos centros de enseñanza, que ostenta¬
ban sendos y muy lujosos estandartes, y á los ecos
de una banda de música marcharon de cuatro en
fondo al campo de instrucción, lindante con el
paseo de Capuchinos, sitio designado para la plan¬
tación, por infantiles manos, de £00 árboles.
El Sr. Abad, arcipreste, asistido por dos capella¬
nes, bendijo á los hombres y á los árboles, ambos
en miniatura, desde una tienda de campaña situa¬
da en el centro de aquel terreno, y cada dos niños
plantaron un arbolito, cantando todos después el
himno alusivo al acto, que compusieron el poeta
Fernández Shaw y el maestro Chapí para la fiesta
análoga que en Madrid se celebrara.
La población de Jerez, dando hermosa prueba
de cultura, dió al acto, al parecer sencillo, toda la
importancia que merece, y acudió en masa á la
fiesta del árbol, cerrándose las tiendas y escrito¬
rios de comercio.
Las comisiones oficiales dieron solemne repre¬
sentación al acto, cuya acertada organización ob¬
tuvo muy merecidos elogios; y los niños, que
conservarán del suceso medallas y banderas con¬
memorativas que mantengan su recuerdo, fueron
agasajados con espléndida merienda por el ilustre
patricio D. Luis de Isasi, siempre propicio á la ge¬
nerosa protección de la infancia.
Mucho celebraríamos ver convertida en costum¬
bre esta sencilla ceremonia, que en España daría
muy buen resultado, logrando disipar esa inex¬
plicable antipatía con que los ignorantes miran
al arbolado, con daño evidente de todos.
* «
MISS CLARA BARTON,
representante en Cuba de la Cruz Roja norteamericana
¡
Recordarán seguramente nuestros lectores, por¬
que no ha mucho que los periódicos diarios publi¬
caron la noticia, que miss Clara Barton salió para
Cuba á llevar socorros á los pobres campesinos re¬
concentrados. A título, pues, de curiosidad, inclui¬
mos en la página 116 el retrato de miss Clara, pre¬
sidenta de la Asociación americana de la Cruz
Roja, la cual miss no nos extraña que haya em¬
prendido un viaje á la isla de Cuba, tan cercana á
su país, recordando que ya fué á Turquía á ejercer
sus caritativos deseos.
Carlos Luis de Cuenca.
SANES Y COMPAÑÍA.
A D. Antonio Sánchez Pérez .
palabras que la forman.
Si decimos — por ejemplo — compra unas
alguáquidiSytrheme el acotillo ó tira esa
jerapellina y es probable que muchas perso-
r ñas no se hagan cargo de nuestro deseo —
ó de nuestro mandato. — De seguro saben lo
que es comprar , traer y tirar , pero no es fácil
que acierten á traducir, que digamos, las alguái-
quidasy el acotillo ó \& jerapellina.
Y, sin embargo, hay varias locuciones harto
claras para la generalidad de las gentes, aun cuan¬
do no acierten á definir alguno de los vocablos
que las constituyen.
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BELLAS ARTES
EN EL BAILE,
DIBUJO DE PLA.
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BELL AS- ARTES.
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DIBUJO DE JIMÉNEZ MARTÍN.
106 — n.- vil
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Febrero 1806
¡¡¡Por vida de sanes!!! — exclama colérico un
individuo mientras palpa los bolsillos echando de
menos su reloj ó su cartera.
¿Quién es sanes?
Pues sanes debe ser el nombre de algún sujeto,
6 de persona indeterminada, como Fulano ; ó el
demonio ..... ó un ente imaginario..... ó cosa por el
estilo. Resulta que no es nada de esto. — El apó¬
cope de santo es san ; y así como el plural de can
es canes y y el de pan panes y el de san es SANES.
De modo que — / Voto á sanes! ó ¡por vida de sa¬
nes! quiere decir voto á (los) santos ó por vida de
(los) santos .
Agreguemos unos cuantos ejemplos de las fra¬
ses por el estilo que acuden á nuestra memoria:
Estar bajo la férula de Fulano.
(Estar bajo su dominio.) Férula es la palmeta
que sirve para castigar a los muchachos, dándo¬
les con ella en las palmas de las
manos.
linfa y de algunos productos de la digestión, en¬
tre los cuales predominan las grasas.
Echar chiribitas .
(Dar muestras de enojo y furor, prorrumpir en
amenazas.) Chiribitas son las partículas que,
vagando en el interior de los ojos, ofuscan la
vista.
Perder la chabela .
(VolverseToco.) Ch abeta equivale á la hoja de
hierro que,) introducida por el agujero de otro
hierro’ o madero, sirve para asegurar entre sí
los hierros ó maderos que con ella se unen y
aprietan.
No faltan personas que suponen ser la chabela
el cuchillo ancho y corvo que usan los zapateros
para desvirar los zapatos. El nombre de dicho
instrumento es tranchete .
Tomar el tole .
(Partir aceleradamente.) Tole equivale á con¬
fusión y gritería popular.
Soltar la taravilla .
(Hablar mucho y de prisa.) Taravilla es la ci¬
tóla del molino.
Parecer un escuerzo .
(Se dice de la persona flaca y ruin.) ESCUERZO
es una especie de rana terrestre.
Creo
sobran
Mirar las musarañas .
(Estar distraído; mirar á otra parte
que á la que se debe.) MUSARAÑA ó
MUSGAÑO es un cuadrúpedo de diez
pulgadas de largo, con los pies muy
cortos, que se alimenta de vegetales
y despide un olor desagradable. Na¬
da tiene que ver con las telarañas,
como muchos creen, aun cuando Vm-
rar las telarañas sea frase equiva¬
lente á la de mirar las musarañas .
Tener tres bemoles .
(Ponderar lo que se tiene por muy
grave y dificultoso.) Bemol se dice
á la nota musical cuya entonación
es un semitono más baja que la de
su sonido natural.
Picar de soleta »
(Andar á prisa ó correr, huir.) SO¬
LETA es el lienzo con que se remien¬
da la planta del pie de la calceta
cuando se rompe.
San Mateo, la vendimia arreo .
(Que el día de San Mateo se hallan
maduras las uvas.) Muchos ignoran
que el adverbio ARREO equivale á
sucesivamente ó sin interrupción .
Estar en un brete .
(Hallarse en aprieto, sin efugio ó
evasiva.) Brete es la prisión de hie¬
rro que se pone á los reos en los pies
para que no puedan huir.
que las indicaciones apuntadas bastan y
para demostrar lo que arriba dijimos, ó sea
la existencia de frases muy claras, en
cuya composición entran algunas pa¬
labras muy obscuras para el mayor nú¬
mero de los oyentes.
Y por si á Ym. le parece que vale la
pena prolongar esta letanía, le da tras¬
lado de ella su amigo y servidor de
Ym., q. 1. b. 1* m.,
El Doctor Thbbussem.
Medina Sidonia, Febrero de 1808.
OFENSAS INOFENSIVAS.
Coger ó caer en el garlito .
(Sorprender á uno en la acción que
quería hacer ocultamente.) Garlito
es una especie de nasa ó red dispues¬
ta de tal modo, que entrando el pez
por la malla no puede salir.
JULIAN/ ROMEA,
AUTOB DE «EL SEÑOR JOAQUÍN 3» , ESTRENADO EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA.
(De fotografía de Lokner.)
Cortar el revesino .
(Impedir á uno el designio que llevaba ó inte¬
rrumpirle el discurso.) Revesino es un juego de
naipes, en el cual cortar el revesino equivale á
quitar una baza al que intentaba hacerlas todas.
En un tris .
(En peligro inminente.) Tris es el leve sonido
que hace una cosa delicada al quebrarse.
Vista de lince .
(Vista perspicaz.) El LINCE es un cuadrúpedo de
una vara de alto y color bermejo obscuro, que
trepa con facilidad sobre los árboles. Y lo más
curioso es que lo que de su vista se dice no me¬
rece el menor crédito.
Salida de pavana .
(Dicho destemplado ó fuera de propósito.) PA¬
VANA significa una danza española, grave, seria
y de movimientos pausados.
Importar un bledo.
(Ser una cosa insignificante.) Bledo es una
planta de flores pequeñas en forma de racimos.
Cobrar el barato .
(Predominar una persona por el miedo que im¬
pone á otra.) Barato es la porción de dinero
que da voluntariamente el que gana en el juego,
a las personas que quiere, y también la que exige
por fuerza el baratero.
No valer un ardite .
(Denota el poco aprecio de una cosa.) Ardite
era una moneda antigua de escaso valor.
Es una bicoca.
(Cosa de poca estima y aprecio.) Bicoca es una
fortificación de corta defensa.
Sudar el quilo.
(Trabajar con fatiga y desvelo.) QUILO es el lí¬
quido opaco, semejante á la leche, compuesto de
Tomar el portante .
(Irse, marcharse.) PORTANTE es el paso artificial
de las caballerías.
Así como hay honores que no hon¬
ran y valores que no valen, hay ofen-
• sas que no ofenden.
Dos sujetos, vetbi gratia , discuten
acaloradamente en la mesa del café
acerca de cualquier asunto que, á buen
. seguro, no les importa mucho ni poco,
' ó acerca de cualquier materia que posi-
' tivamente no conocen poco ni mucho.
El tema de la discusión puede ser la
consecuencia de un político, la táctica
de un general, la destreza de un tore¬
ro, el descubrimiento de un sabio, el
parte de un combate, el resultado de
un estreno, la «marcha» de un proceso
ó la solución de una charada—.., cual¬
quier cosa.
En las mesas de los cafés se habla
de todo, y todo se discute con calor,
con pasión, con intransigencia.
Pronto la discusión se convierte en
disputa, y la disputa no tarda en con¬
vertirse en «cuestión personal».
A falta de argumentos se dan voces,
á falta de razones se apela á las «pala¬
bras gruesas».
Y aquellos dos sujetos, á los que lla¬
maremos X... y Z— , que son dos buenos
amigos y dos excelentes personas, se
levantan airados, se miran hostiles y
se amenazan fieros, como gallos ingle¬
ses dispuestos á la riña, echando fuego
por los ojos y espuma por la boca, con
los entrecejos fruncidos y los puños
terriblemente apretados.
— Es usted un imbécil — dice X...
— Y usted un mamarracho — contesta Z...
— Me dará usted una satisfacción, so indecen¬
te — replica el primero.
— Le daré á usted un disgusto, so canalla — du¬
plica el segundo.
Los contertulios intervienen entonces para evi¬
tar que vengan á las manos, y procuran inútil¬
mente apaciguarlos y que se las den.
Las ofensas han sido gravísimas: el lance es
inevitable.
X... y Z... designan sus respectivos «represen¬
tantes», quienes con la ceremoniosa gravedad del
caso, se reúnen varias veces para buscar una solu¬
ción honrosa.
Y la honrosa solución es un acta que firman los
padrinos, y en la que consta que el Sr. X... llamó
al Sr. Z... imbécil ó indecente , sin propósito alguno
de ofenderle, y que el Sr. Z... dijo al Sr. X... ma¬
marracho y canallay sin intención alguna de infe¬
rirle el más pequeño agravio.
Un paso más, y resulta que los Sres. X... y Z— se
llamaron imbécil y mamarracho y indecente y cana¬
lla con el deliberado intento de «adularse mu¬
tuamente».
Y si en ese caso, y en otros casos semejantes,
repetidos con lamentable frecuencia, especial¬
mente en los debates políticos, la ofensa sólo «se
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22 Fkbrk&o 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n .• vu — 107
considera» inofensiva ociando la reflexión sucede
al arrebato y ia prudencia reemplaza al injustifi¬
cado encono, casos hay, y no pocos, en que los in¬
sultos más brutales, las injurias más soeces y las
ofensas más intolerables son desde luego proferi¬
dos con ánimo de lisonjear, y como si se tratara
de los más dulces, delicados y halagüeños piropos.
Después de un «estreno brillante», amigos y co¬
nocidos invaden en tropel el escenario, unos para
felicitar al autor más ó menos sinceramente, y
otros para «vengarse del éxito», estrujándolo sin
piedad y dándole golpes en la espalda como si pre¬
tendieran acabar con él.
Pues entre unos y otros nunca falta alguno que
diga á voces con el mayor entusiasmo:
— Pero ¿han visto ustedes qué talentazo tiene
este bruto?
Y el bruto tiene que sonreir y hasta que dar las
gracias por «la lisonja».
Algunas personas, particularmente algunos an¬
daluces, no encuentran modo mejor de expresar
su afecto ó de manifestar su entusiasmo que po¬
niendo á su «víctima» como hoja de perejil, como
chupa de dómine, como ropa de pascuas y como
no digan dueñas, y hay quien no se da por satis¬
fecho si no apura «contra el objeto de su admira¬
ción ó de su cariño» el vocabulario de los denues¬
tos, de las injurias y de las palabrotas más ofensi¬
vas, tabernarias y degradantes.
Dice uno un chiste ingenioso ó tiene una «ocu¬
rrencia» oportuna, que hace destornillar de risa á
cuantos le escuchan.
Pues á veces, el más entusiasmado de los oyen¬
tes, el que se ríe «con más ganas», encorvado el
cuerpo, enrojecido el rostro, con las lágrimas en
los ojos y los puños en el estómago, exclama á
gritos:
—¡Ay, qué tío ladrón éste, y qué gracia tiene!
Lo de tío ladrón es el elogio más «modesto»:
otras alabanzas ya más..... «expresivas» no se pue¬
den reproducir.
Hace pocos días iba yo por la Carrera de San
Jerónimo, y oí que una voz de hombre gritaba
detrás y no lejos de mí:
— Bribón, charrán, sinvergüenza, gracias á
Dios que te echo la vista encima,
A lo que otra voz varonil respondía, gritando
también desaforadamente:
— Yen acá pillo, granuja .
Yolyí apresuradamente ia cabeza creyendo pre¬
senciar una riña terrible y ver á dos carreteros ó
á dos golfos mayores de edad luchando á navajazos
ó á brazo partido, y con sorpresa vi á dos caba¬
lleros apuestos y elegantes que se abrazaban es¬
trecha y cordialísimamente.
Pero ¿qué tiene eso de extraño? No hay insulto
más ofensivo para una mujer que decirle «¡fea!»:
hay pocos animales más feos, repugnantes y anti¬
páticos que una mona, y, sin embargo, el amante
más apasionado llama ¡mona! mil veces á su no¬
via, y el caballero más galante dice á la señorita
más susceptible que está monísima , no ya sin agra¬
vio, hasta con satisfacción, complacencia y en¬
greimiento de ías «interesadas».
Pues, por lo contrario, dígale usted rapaz, por
ejemplo, á algún concejal sobreseído ó absuelto,
y de seguro, por lo menos, lo demanda á usted
por injuria y calumnia, si no le manda sus padri¬
nos, no los padrinos que le valen para medrar en
su carrera política, sino los padrinos para con¬
certar un lance, deseoso de hacer á usted jigote,
si puede, en el campo del honor.
Y, sin embargo, rapaz y rapaza, según el Dic¬
cionario, son el muchacho y la muchacha de poca
edad, precisamente de esa edad feliz y risueña en
que se simbolizan la pureza, el candor y la ino¬
cencia.
Dígale usted, en cambio, á un juez, á un fiscal,
á un magistrado, á un ministro, á un general, que
tienen gran prestigio , y seguramente le darán á
usted las gracias y se quedarán tan satisfechos.
Y, sin embargo, «prestigio», según el Dicciona¬
rio, es el engaño con que los prestigiadores embo¬
ban y embaucan ai pueblo, y «prestigiador» el
que hace juegos de manos y otras cosas con que
engaña á la gente sencilla.
Sabidísimos son los casos de aquellas amigas
que , al encontrarse en la calle después de no ha¬
berse visto en algún tiempo, se saludaron cariño¬
samente, diciéndose: «¡Yaya! ¡Ya parecieron las
perdidas!» «¡Nada de eso! ¡ Las perdidas son uste¬
des! . » y el de aquella otra ciudadana cjue «citó á
juicio» á una vecina, porque ésta le había llamado
buena mujer .
No hace mucho tiempo que celebró junta gene¬
ral ha Pirueta -Sensible, sociedad -de baile aga¬
rrado y y el presidente al pronunciar el discurso
de <r cajón», empezó con estas palabras: «Señores:
desde hace algunos meses no concurren á esta so¬
ciedad más que gorrones y petardistas, dicho sea
sin agraviar á ninguno y mejorando lo presente.»
Pero el verdadero colmo de la ofensa inofensiva
lo oí hace pocos días en labios de un amigo , exas¬
perado por la infidelidad de una mujer á quien
amaba ciegamente.
— Yo de la madre de ella — decía — no tengo
queja alguna. Todo lo contrario. La madre es una
mujer excelente, virtuosa, razonable . amiga leal,
esposa fiel y madre buenísima , en fin, una señora
en toda la extensión de la palabra. Pero ella .....
ella es una hija de . mala madre .
Felipe Pérez y González,
LA REVOLUCIÓN DEL PAN ‘1).
Conclusión.
II.
LOS HECHOS.
5*: O se modifica una industria de buenas
(¿¿ á primeras en cuanto los descubri¬
mientos científicos ó el mejor cono¬
cimiento de las materias originarias
dan base para ello, ni con los inme¬
diatos resultados de ciertos experimentos,
siquiera sean muy concluyentes, se des-
tierran antiguas prácticas y se desarraigan
métodos que, por la sanción del tiempo,
han adquirido tradicional carácter. Y si la
industria es la del pan, de antiquísimo origen, lle¬
gada hasta nuestros días sin alteraciones ni pro¬
gresos de monta, compréndese que la dificultad
sube de punto; que es larga tarea convencer á las
gentes, acostumbradas á comerlo, de que el pan
blanco, muy metido en harina, es alimento in¬
completo y no fácilmente digerible, inclinando
sus gustos hacia el substancioso pan moreno, pro¬
cedente directamente del trigo, que no ha me¬
nester ser molido ni triturado; pues tampoco la
Naturaleza redúcelo á polvo cuando germina, des¬
envolviendo el nuevo ser en aquella semilla con¬
tenido. En general, los adelantos industriales re¬
conocen como principio un estudio meramente
científico llevado á cabo respecto de las primeras
materias ó de los medios de transformarlas, y así,
considerando las deficiencias del conocimiento
químico de los hidratos de carbono — aún muy
distante de ser completo á pesar de los meritísi-
mos trabajos realizados estos últimos años — y la
casi absoluta ignorancia en la cual estábamos res¬
pecto de los diversos fermentos contenidos en el
grano, y, por consiguiente, de sus distintas accio¬
nes, compréndese pronto el atraso de la fabrica¬
ción del pan, relacionada con otras industrias,
explicándose al propio tiempo , por el desconoci¬
miento químico de la primera materia y sus me¬
tamorfosis, que los adelantos realizados hayan sido
encaminados al perfeccionamiento de los medios
mecánicos, esto es, á alejar el pan todo lo posible
de la categoría de alimento completo. Permane¬
cía invariable el principio de la panificación, bajo
pretexto de la no digestibilidad de la celulosa, sin
parar mientes en que pudiera haber fermentos
cuyo objeto fuese hacerla soluble ; se muele el
grano y de él sepárase el salvado, aprovechando
sólo una parte de aquello destinado á producir ín¬
tegramente, y sin intermedios, el pan completo.
Quizá por más apegados á las prácticas tradicio¬
nales, cuyo origen se remonta a tiempos muy le¬
janos del nuestro, aproxímanse á él, mejor que los
refinados pueblos europeos, cuantos en Marruecos
y otras naciones poco civilizadas trituran ó que¬
brantan el grano, reduciéndolo á harina nada fina,
y directamente con ello hacen su pan. Tampoco se
alejan mucho de los nuevos adelantos los campe¬
sinos poco amigos de repasar el salvado, los que
mezclan harinas gruesas, y aun cuantos añaden
trigo al maíz ó al centeno, para hacer de seme¬
jantes mixturas la base de su cotidiana alimenta¬
ción: por costumbre, unos y otros cambian, en
cierto modo, cuanto el uso ha consagrado, y sin
quererlo realizan algo dentro de los principios
modernísimos por los cuales ha de guiarse en
breve la industria del pan, cuando vaya conven¬
ciéndose la gente que el blanco constituye un ver¬
dadero lujo y dista bastante de ser un alimento en
el cual las materias hidrocarbonadas, las substan¬
cias nitrogenadas y las sales minerales se hallen
en las debidas proporciones para su digestión y
utilidad enlas-funciones-de-la-vida.
Reconoce como fundamentos la revolución del
pan los estudios é investigaciones en cuya virtud
(1) Véase la página 59 del númera IV*
distínguense en el grano de trigo variados elemen¬
tos, distintos en cuanto á su estructura y al modo
de actuar, en contacto del agua, á determinada
temperatura, siendo su función doble: química y
mecánica. También se apoya en el conocimiento
más perfecto de los fermentos, asimismo conteni¬
dos en el grano de trigo, los cuales, en su concepto
de substancias activas, reaccionan precisamente
con la celulosa, alterándola hasta volverla soluble,
fnneión cumplida, casi en totalidad, por el fer¬
mento nombrado citasa, quizá el primer cuerpo
destruido en los molinos harineros, cuando el
grano se rompe entre las dos piedras destinadas á
reducirlo á finísimo polvo, é importa consignar, á
guisa de otro fundamento para la transformación
de la industria del pan, que la nueva es sólo con¬
secuencia de haber observado, lo más minuciosa¬
mente posible, la maravillosa obra de la Natura¬
leza, cuando, dispuestas sus energías creadoras y
adecuado .el medio, la semilla comienza á germi¬
nar, rómpense las celdillas, desen vuélvense los
diversos elementos, cumpliendo cada uno su pa¬
pel, la fermentación precursora de la vida da prin¬
cipio, y en ella tiénelo el nuevo sér : tal es el inme¬
diato origen de esta pacífica revolución del pan,
de tan buena manera comenzada hace pocos años.
Comienzan los primeros intentos de llevar á la
práctica, respecto de la fabricación del pan, con¬
sejos y prescripciones del insigne Liebig el año
1871, y desde entonces el estudio del problema ha
adquirido grandes desarrollos: hiciéronse multi¬
tud de ensayos, propusiéronse numerosas solucio¬
nes, y los buenos resultados conseguidos alentaron
esperanzas de obtenerlos todavía más completos
en lo sucesivo. Hay ya muchas máquinas y siste¬
mas para hacer pan directamente del trigo sin
preparar antes la harina, evitando el cernido que
la priva de elementos nutritivos de la mayor im¬
portancia, y la revolución comienza luchando con¬
tra la gran industria harinera y la grande y tra¬
dicional rutina del pan blanco, verdadero lujo
sólo permitido á quienes pueden suplir con otros
substanciosos alimentos sus deficiencias nutritivas:
para éstos el pan representa un accidente, no es
esencial, é individualmente no prestan atención
á las grandes modificaciones de su industria; en
cambio su importancia sube de punto respecto del
obrero ó del campesino, los cuales buscan casi
exclusivamente en el pan — en muchos casos su
único alimento — los elementos reparadores de su
organismo, desgastado en el continuado trabajo
cotidiano, en su perenne labor por la misma con¬
quista de ese pan cuya fabricación trata de trans¬
formar la ciencia.
Asunto tan simpático y atractivo tuvo en Espa¬
ña un notable propagandista, el único que le ha
tratado con su notoria competencia. Hace poco
más de un año (en los meses de Abril y Julio de
1896) publicó mi buen amigo el Sr. D. Fernando
Aramburu, en el Boletín de Administración Mili¬
tar, dos artículos cuyo objeto fué dar á conocer lo
más fundamental relativo á la fabricación directa
del pan: allí consignó los principales datos histó¬
ricos referentes al problema, dando á conocer
asimismo las máquinas á la sazón tenidas por más
perfectas; hoy los sistemas han aumentado de
modo considerable, y aunque parten del mismo
principio, los procedimientos varían á cada pun¬
to, obteniéndose productos siempre de excelente
calidad, sabroso pan moreno, alimento completo
formado á expensas de todas las materias del gra¬
no, no separando de él ni la más leve y exterior
película de la corteza, antes aprovechando toda
su materia, siguiendo procederes semejantes á
aquellos puestos en práctica durante la germina¬
ción.
Existen, naturalmente, en el grano de trigo
dos especies de substancias, destinadas á cumplir
fines diversos: unas — los fermentos — provocan
las metamorfosis inherentes á la panificación; y
las otras — de ordinario compuestas de carbouo,
hidrógeno y oxígeno — son las que se modifican,
dando de sus propios elementos lo necesario para
el desarrollo de las primeras: esto sin contar los
compuestos minerales, ácidos silícico y fosfórico,
hierro y otros metales, cuya importancia para
hacer del pan un alimento completo queda ya bas¬
tante encarecida: así no se insiste sobre su utili¬
dad, de todos admitida, ni se menciona la conve¬
niencia de no separarlas en un inútil y perjudicial
cernido. No sólo las materias amiláceas y las gra¬
sas son modificables por los fermentos, pues su
acción extiéndese á algunas nitrogenadas, las cua¬
les, mediante influencia de aquéllos, experimen¬
tan hondas metamorfosis. En la complicada or¬
ganización del grano de trigo no se agrupan el
carbono, el oxígeno y el hidrógeno de una sola y
única manera, sino reconócense tres formas prin¬
cipales de su combinación, á saber: la celulosa, el
almidón y las grasas; las tres son susceptibles de
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lio — N.° vil
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Febrero 1898
modificarse, mas no lo hacen del mismo modo,
ni se alteran de igual manera por influencia de
un reactivo único, aunque respecto de alguno de
los grupos sea siempre el mismo el resultado final
de la metamorfosis química. De modo que cada
especie de compuestos ternarios no nitrogenados
requiere un fermento particular, cuyo desarrollo
89 efectúa á sus expensas, y de ahí que en el grano
de trigo existan varios, cada uno destinado á su
fin especial, dotado de acciones individuales so¬
bre una de las materias indicadas, é inerte res¬
pecto de las otras, á lo menos dentro de ciertos
límites: claro está que los dichos fermentos se
desenvuelven y actúan sólo en presencia del agua
y á determinada temperatura, nunca muy eleva¬
da; obran meoánica y químicamente, siendo am¬
bas acciones concomitantes: cuando éstas prolón-
ganse bastante tiempo resultan de ellas sólo agua
y anhídrido cartySnico, pasando por toda una se¬
rie de funciones en las cuales están representados
alcoholes y ácidos orgánicos, sobre todo con el
obligado antecedente de los productos interme¬
diarios, y se destruyen ó alteran no sólo por ex¬
cesivo calor, sino también cuando el grano es
sometido á las presiones indispensables para tri¬
turarlo ó convertirlo en finísima harina.
Otro elemento ya nitrogenado, el gluten, es asi¬
mismo transformable, y conócese su fermento espe¬
cial característico. Tenemos, por lo tanto, en el
grano de trigo substancias alterables y fermentos
destinados á metamorf osear las: aquéllas pueden
ser ternarias no nitrogenadas y ricas de nitrógeno,
y los fermentos pueden, á su vez, formar dos gra¬
os, según actúen sobre las primeras ó se limiten
reaccionar con las segundas. Así , para atacar y
disolver la celulosa está la citasa; es papel de la
diastasa y de la oerealina convertir el almidón en
dextrina y maltosa? la emulsina ejerce sus accio¬
nes sobre las grasas, y es modificado el gluten para
constituir peptonas, por medio de la tripsina ve¬
getal. Entendido el mecanismo de la función de
cada fermento y los resultados de ella sabidos, no
por mera oonjetura, sino mediante delicados ex¬
perimentos, cuya repetición no es ahora difícil,
compréndese el modo de germinar la semilla, y
algo se vislumbra de la química de tan complejo
acto desde el momento inicial de colocar el grano
en las adecuadas condiciones de humedad y tem¬
peratura: previsto todo en la Naturaleza, lo pri¬
mero es formar un medio ácido, apropiado á des¬
pertar los fermentos á la vida ; actúa entonces la
oitasa, precisamente el destinado á vencer las ma¬
yores resistencias de la dura celulosa externa,
hasta hacerla soluble y asimilable; semejante fer¬
mento obra además rompiendo celdillas y obli¬
gando á mezclarse los demás elementos del grano
para su mejor transformación. «Prescindiendo de
los demás fermentos, escribe el Sr. Aramburu, si
se consigue suspender el proceso de la germina¬
ción una vez disuelta la celulosa de las paredes de
las células, tendremos toda la parte alimenticia del
grano en condiciones asimilables por nuestro or¬
ganismo, el cual carece de fermento adecuado para
aquel fin, y de esta suerte vencida la dificultad que
se opone á la panificación directa del trigo.»
Estriba, pues, todo el problema en hacer solu¬
ble la celulosa, á fin de que, no teniendo que ser
separada por el cernido, contribuya á dar al pan
mas elementos nutritivos, porque los tiene abun-
dantas el salvado, y contiene, de otra parte, mu¬
chos elementos minerales, cuyo principal asiento
hállase en la más exterior y córnea membrana del
grano, oon forme en muchos análisis aparece de¬
mostrado. Yese de qué suerte el mecanismo quí¬
mico de la germinación trae aparejadas hondas
transformaciones en una de las mayores indus¬
trias. Bastó averiguar las funciones de la citasa
ara provocar la revolución del pan, según f ué sú¬
dente descorrer el velo que ocultaba el modo de
formarse el índigo para producirse todo aquel gran
movimiento cuyo resultado es la industria nueva
de la indigotina sintética. Pudo invocarse la no
digestibilidad de la celulosa como una necesidad
de la molienda y el cernido; ahora que sabemos
cómo el agua y el calor activando un fermento há-
cenla soluble, el problema del pan completo se re¬
suelve partiendo de principios de la ciencia pura,
y el producto resulta en excelentes condiciones
derivado del trigo directamente, sin intermedios
de ningún género, utilizándolo todo con sus ele¬
mentos orgánicos y minerales.}
Fácil es la práctica del nuevo sistema de hacer
pan reducido á las siguientes operaciones, casi to¬
das automáticas, y cuyo principio es igual en to¬
dos los métodos. Procédese primero á la limpieza
mecánica del grano; luego es lavado en agua y
puesto en gran cantidad de este líquido, con ob¬
jeto de separar las malas semillas y las averiadas,
las cuales, siendo más ligeras, sobrenadan, que»
dando sólo en el fondo el buen grano: hay aquí no
pequeña ventaja, porque en los molinos harineros
esta' separación absoluta es imposible de todo pun¬
to. Ya limpio el trigo, privado de toda semilla ex¬
traña, se somete á un tratamiento hidratante que
recuerda los comienzos de la germinación; en de¬
pósitos convenientes es tratado por agua, cuya
temperatura ha de ser de 50 á 54 grados centesi¬
males: en tales condiciones, el grano la absorbe,
hinchándose bastante y perdiendo su dureza poco
á poco: en este tratamiento es cuando funciona el
fermento denominado citasa; rómpense los tabi¬
ques de celulosa, la misma cutícula externa pierde
su aspecto y se ablanda, llegando un momento en
que el grano, conservando su ordinaria apariencia,
puede ser íntegramente deshecho entre los dedos,
indicando entonces que la absorción del agua ha
llegado al máximo; volvióse soluble la celulosa, y
ya no deben seguir más adelante los efectos de la
citasa. En cuanto al tiempo invertido para esta
primera operación, no es largo; bastan unas horas,
y depende de la naturaleza y calidad del grano,
cuyas circunstancias bien pueden considerarse re¬
guladoras de la hidratación, aunque el fenómeno
en esencia sea el mismo en todos los casos.
Llegado el término dicho, se está en el caso de
detener la acción de los fermentos suspendiendo
los fenómenos de la germinación; así, eliminado
el exceso de agua y escurrido el trigo, redúcese á
pasta, comprimiéndolo en máquinas á propósito,
de las que, aun siendo la industria tan nueva, hay
gran variedad, movidas á mano ó por vapor; lá¬
manse molinos de masa, están estañados, y en ge¬
neral dan buenos resultados, produciendo una
pasta homogénea, morena, y en la cual, si la hi¬
dratación del grano está bien hecha, no se distin¬
guen partículas de la corteza. Aparte de esto, hace
notar Gelinck, uno de los fabricantes y propaga¬
dores del pan completo obtenido directamente del
trigo , cómo las manos no tocan al grano hidra¬
tado ni á la pasta : aquél pónese en la máquina que
ha de estrujarlo por medio de palas de madera;
ésta cae en los mismos carretones destinados á
llevarla á las artesas donde ha de fermentar, para
más tarde ser mecánicamente amasada; pues una
vez conseguida la pasta con todo el grano, las sub¬
siguientes operaciones son las mismas que se prac¬
tican tratándose del pan ordinario; la diferencia
consiste en haber suprimido la molienda y el cer¬
nido, ó sea aquellas operaciones que privan en la
actualidad al pan de muchos principios alimenti¬
cios contenidos en el trigo, todo por obra y gracia
de haber descubierto el medio del cual sírvese la
Naturaleza para hacer soluble la celulosa, cuando
el grano germina originando una nueva planta.
Tal es, en principio, el conjunto de las opera¬
ciones de la nueva industria del pan. En cuanto á
sus productos, el artículo del Sr. Aramburu sumi-
ijistra datos suficientes para formar juicio en un
cuadro comparativo, del cual resulta que en el pan
nuevo, moreno, sabroso y que resiste muchos días
sin endurecerse, hay las cantidades siguientes de
los componentes esenciales, tratándose del pan de
trigo: agua, 50,96; substancias nitrogenadas, 9,89;
grasa, 0,36; hidratos de carbono, 35,99; celulosa,
1,21; minerales, 1,55; en tanto que el destinado á
la tropa en Madrid contiene : agua, 44,48; substan¬
cias nitrogenadas, 7,40; grasa, 0,56; hidratos de
carbono, 42,75; celulosa, 1,21; minerales, 1,30. Para
apreciar el valor de estos datos numéricos, resul¬
tado de minuciosos análisis, es menester fijarse
en las relaciones que deben existir entre la pro¬
porción de los hidratos de carbono y las cantida¬
des de elementos nitrogenados contenidos en el
pan digestible y asimilable; en tal respecto admí¬
tese que para cada parte de éstos ha de haber cua¬
tro de hidratos de carbono. Ahora bien: en el pan
completo de Gelinck dicha relación es de 1 á 3,64,
mientras que en el pan de la tropa de Madrid es
de 1 á 5,78, demostrándose así la superioridad del
primero: si á esto añádese el aprovechamiento
íntegro del trigo, la supresión de molienda y cer¬
nido y la baratura, pronto se entiende cómo nos
hallamos cerca de una gran revolución en la in¬
dustria del pan, que lo ha de cambiar radicalmente
y mejorar de modo tal, que contribuya, dando un
producto muy nutritivo, á la regeneración de los
individuos de la raza toda.
En el problema de las subsistencias, á cada punto
más complicado, la ciencia presta valiosos servi¬
cios, y de sus principios é investigaciones ha de
venir la revolución: ya Berthelot lo ha dicho en
el discurso al principio ciliado: «El problema de
los alimentos es un problema químico», y la nueva
industria del pan está demostrándolo: bastó seguir
de cerca el fenómeno de la germinación del grano
de trigo, saber que había un fermento capaz de
disolver ó hacer soluble la celulosa, obrando de
modo químico y mecánico, para cambiar lo que es
desde remotos tiempos tradicional en sus princi¬
pios y casi en sus procedimientos. Día vendrá — y
no lejano ciertamente — en que este adelanto,
ahora todavía en sus albores, sea substituido por
algo más perfecto y más cercano del desiderátum
de la síntesis orgánica. Sea cualquiera la nueva
reforma destinada á substituir al novísimo y toda¬
vía no generalizado sistema de fabricar pan, bien
puede asegurarse que saldrá de un laboratorio
como fruto de investigaciones finísimas, y se
acercará á los procedimientos empleados por la
Naturaleza, siempre sencillos, aunque de ellos ha¬
yan de resultar las más complicadas substancias.
Al servicio de la humanidad está la ciencia pro¬
curando su mayor perfeccionamiento y adelanto;
á resolver todos los problemas contribuye, y si el
hombre afánase de continuo en las investigacio¬
nes, conquistando verdades con el sudor de su
frente, éstas permítenle inventar medios de ase¬
gurar su sustento y poder dar á todos, bueno y
abundante, el pan nuestro de cada día.
José Rodríguez Mourelo.
PRIMERO Y EL ÚLTIMO.
ER el primero! aspiración nobilísima
del hombre en algunas ocasiones.
Deseo eterno de las mujeres res¬
pecto de los hombres y respecto de
Jas otras mujeres.
¡Conseguir el número uno en exáme-
nes, en su promoción, estudiando una
fjfX carrera, es honrosa y halagüeña satisfacción
del amor propio!
¡Ser el que dirige, el que manda, el pri-
mero en las consideraciones sociales!
El primer sabio ó sabio l.“, como anuncian en
el reparto de las comedias: «Sabio l.°, Sr. Pérez
López.»
El primer poeta ó Poeta 1
El primer capitalista.
En cambio, ¡qué desdichada suerte la de los úl¬
timos, por lo menos en esta vida, puesto que en la
eterna «los últimos serán los primeros»!
El último de nuestros políticos.
El último de «nuestros últimos autores».
El último abencerraje.
El último mono.
Hay excepciones:
« El último y el de la suerte » , que venden las
jóvenes «mestizas» que se dedican á la noble re¬
venta de décimos de la lotería.
El último en sorteos para campaña, y el último
en reir, como habrán leído ustedes:
Qui vira le dernier?
También hay excepciones en lo de ser el pri¬
mero.
Ejemplos: el primero á quien fusilan; el prime¬
ro que asalta una fortificación ; el primero que es¬
trena en el teatro en cada temporada.
La primera obra muere silbada, ordinaria¬
mente.
Pero entre ios primeros notables, el que más
méritos reúne es el primer mascarón que se lan¬
za á la publicidad en Carnaval; y el último entre
los últimos, también merece consideración y aun,
tal vez, «Abanico temporal».
La primera ó el primer máscara es el heraldo
de Carnaval.
Aparece como el primer caso de una epidemia,
mejorando.
Generalmente es un zángano disfrazado de niño
llorón ó envuelto en una sábana de sus mayores,
con ó sin ilustraciones, careta de «cartón virgen»,
modelo 1800, y calzado simbólico, puesto que, sin
mentir, no puede asegurar quien le lleva que no
va descalzo.
Y en las manazas, negras como si fueran here¬
dadas de Quintín Banderas, un látigo para obse¬
quiar á los muchachos que se interpongan en la
carrera del máscara.
De ocho á nueve de la mañana del domingo de
Carnaval, se echa á la calle el mascarón prema¬
turo.
¿Adónde va? ¡Quién lo sabe! — como decía un
orador fogoso en un banquete político.
—¿Quiénes somos? Nadie lo dirá. ¿De dónde
venimos? Todos lo ignoramos. ¿Adónde iremos?
¡Quién lo sabe!
Los comensales «se hicieron pedazos» aplau»
diendo al elocuente orador y filósofo de postre.
¿Quién sabe de dónde viene el mascarón pri¬
mero que se presenta en las calles de Madrid,
supongamos?
Se supone que no vendrá del cielo, como Hinco*
nete decía á su nuevo amigo Cortadillo , ni del
palacio de su familia, ni del taller, ni de la fá¬
brica.
EL
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22 Febrero im
N.° Vil — 111
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
Es de creer que sea un ciudadano libre y aun
doncello de enseñanza.
¿Quién es?
Por las «bromas que da» á las señoritas, sus
amigas, y á los (caballeros» con quienes tropieza
en la calle, se deduce que es persona principal.
— Adiós, Filo; no me conoces (vis) y yo á ti si.
¿ Adónde vas ahora por el carbón ?
La muchacha cae en seguida.
Cae en que el máscara es el dependiente del car*
bonario de su calle.
¿Adónde va el (endividuo» disfrazado?
A cumplir altos ñnes: embromar á su novia, que
es cocinera convicta y confesa, en una casa de la
calle Mayor, y después á (dar jaqueca» á un primo
recién venido (de allá», y funcionario público en
un establecimiento de coloniales, aunque en la
última escala; es decir, como joven de ultramari¬
nos y aun de lenguas; que también las hay del
Norte, á la venta, algunas veces, en la acreditada
casa donde él sirve al país.
Agotada la lista de sus relaciones, vuelve á em¬
pezar jpor la cocinera, si logra que baje á la calle,
después de esperarla durante dos ó tres horas..... y
en seguida á ver á su primo el ultramarino, hasta
que le indica el (principal», con sumacortesia del
ramo, que salga del establecimiento porque mo¬
lesta.
Después se lanza el máscara á recorrer calles.
A nadie conoce.
Parece que ha venido de otro planeta á pasar
unos días de incógnito en la tierra.
¡Ah! ¡cuántos meses ha pasado meditando y
esperando impaciente el domingo de Carnesto¬
lendas!
Verdad es que se divierte como pocos*
¡ Qué bromas !
La cocinera, el primo...*, epoi moriré .
¿Y el último máscara?
No se sabe á quién admirar más: si al primero
ó al último.
El último es el entusiasta que, no harto de dis*
frutar, tanto como el primero, de cuantos placeres
pueden brindar la careta de cartón y las manos
sucias, después de los tres días de divertimiento,
del miércoles de ceniza, (viendo» las meriendas
de las gentes alegres, en la pradera del Canal, por
mal nombre, conserva el disfraz, el buen humor,
y, á veces, la borrachera, hasta la mañana del
jueves.
Y aun, en otros casos, suele conservar el vesti¬
do de mamarracho por más tiempo; bien en la
delegación, en el juzgado y en la cárcel, ó bien
en la casa de socorro y en el hospital.
Después de largas, anchas y profundas medita¬
ciones, he conseguido aclarar un punto de interés
para la Historia del Carnaval.
El último máscara y el primero son uno solo.
O, cuando menos, son hermanos de capirote.
Eduardo de Palacio.
¿MÁS PERIO DI QUITOS?
Y El Clamor del fabricante
Dt barquillos y de obleas; — -
Y tienes otra revista
De muchísimo interés,
Que es El Eco del callista ,
Redactado con los pies;
Y si no recuerdo mal,
Tienes El Cuerno dañino ,
Periódico sin rival
En el género taurino,
Que con datos importantes
Y viñetas escogidas,
Ve la luz dos horas antes
De acabarse las corridas;
Y tienes , en conclusión,
El Madrid piramidal ,
Lila y Verde , El Biberón
Y El Chorizo provincial .
No obstante, y esto no es guasa,
Quizá te puedas valer
De la gente de tu casa
Para hacerlo. Vas á ver.
Los articulazos serios
De fondo , tú los harás.
Para ir á los ministerios
Coges á tu primo Blas.
Cosas de yankees y moros,
Tu chico las puede hacer.
Las reseñas de los toros
Que las haga tu mujer.
Que te haga la cocinera
Los artículos de crítica,
Y encárgale á la portera
De la información política.
Tu tío el padre Lasheras,
Que es listo, puede hacer notas
Ciclistas, cultos, carreras
De caballos y pelotas.
Encárgale, si te atreves,
A J uan la crónica negra.
Los crímenes se los debes
Encomendar á tu suegra.
Me dices muy satisfecho
Que eres de la Aáociación
De (a Prensa. ¡Muy bien hecho!
No es mala resolución.
Mas deja la prensa á un lado,
Pues tú lo ves muy sencillo,
Y el que va á quedar prensado
Aquí va á sor tu bolsillo.
Cosa por ti dirigida
Estará, pese á tu audacia,
Sin dar señales de vida,
Ni dar señales de gracia.
Te hablo así porque te quiero.
¿Periódicos? ¡No, por Dios!
¡Ah! Si te sobra dinero,
Haremos uno los dos.
Juan Pérez ZóSiga.
(carta particular que no tiene nada de particular.)
Amigo Ruiz: A pesar
De que eres tonto , te escribo.
¿Conque vas á publicar
Un periódico festivo?
¡ Hombre, tú has perdido el seso
Y vas á hacer un ciempiés !
No te metas, Ruiz, en eso,
Que te va á pesar después.
¿Te parece, desdichado,
Que hay pocos periodicuchos?
¿0 es que tú te has figurado
Que no es malo que haya muchos?
Tú eres persona simpática;
Pero no sabes siquiera
La mitad de la gramática
Que sabe mi lavandera;
Y es una majadería
Que hagas lo que han hecho varios
Amigos , en su manía
De publicar semanarios.
¿Quién te mete en esos trotes
Que no entiendes? ¿Tú no ves
Cómo están de papelotes
Las puertas de los cafés?
Ten en cuenta que además
De los de circulación
S|ue tú ya conocerás)
ay lo menos un millón
De ellos más, como El Pedante .
Literario , Las Ideas ,
LA GAVILLERA <».
En los feraces campos de mi tierra,
Donde se dora la preñada espiga
Que el rubio trigo encierra;
Donde en ruda fatiga
El pobre segador dobla la frente
Al calor inclemente;
Donde la mies como doradas olas
Con gallardo vaivén se balancea,
Y besa y acaricia y juguetea
Con miles de encamadas amapolas;
Donde en el surco anidan los trigueros,
Que libres y felices,
Unense vocingleros
Al canto de las pardas codornices,
Allí la conocí, junto á la era,
Y juro por Dios vivo
Que no he visto en mi vida, gavillen
De porte más altivo,
De lineas más correctas, hecha á tomo,
Aún más hermosa que la misma Ceres,
Y á la cual proclamaban las mujeres
La moza más esquiva del contorno.
o
o o
Á la sombra , muy cerca de la parva,
Donde el gorrión escarba,
La que f ué siempre gavillero esquiva,
ll) Fragmento del poema inédito de este nombre.
Sumida en reflexiones,
Muéstrase pensativa
En alas de risueñas ilusiones.
Y mientras tanto que su mente vuela
Sin saber lo que hace,
Parece que en su angustia se consuela
Deshojando una blanca correhuela
Que de la era entre las piedras nace.
o
o o
Sestean los gañanes á la sombra
En la tupida alfombra
Que tapiza la próxima arboleda,
Donde plácidamente se desata
Como cinta de plata
Un arroyuelo de corriente leda»
Y en desigual concierto,
Gavillaras y rudos segadores,
Tras de la tapia del vecino huerto
Se guarecen del sol y sus rigores,
En tanto que á bu antojo
Bajan al arroyuelo las perdices,
Y corren por los surcos del rastrojo.
Todo duerme en silencio en ese instante;
Solamente la pobre gavillera,
Sumida en su pesar, en su hondo anhelo
Inútilmente espera
Hallar para sus penas un consuelo.
Y en vano es qUe impaciente, la mirada
Inmóvil y clavada
En el sendero que hasta el pueblo llega*
Espere enamorada
Y en su impaciencia en el dolor se anega*
Mientras que, cruelmente,
Continúa inconsciente
Deshojando con dedos inhumanos
La flor que allí crecía,
Que en pago de su bárbara agonía
Deja su aroma en las crueles manos.
C* Sánchez-Arévalo.
> i
‘LOS ESTRENOS.
^ STRENAR hoy una obra del género chi¬
co es tan incómodo como estrenar un
par de botas.
Hay una notable diferencia entre
ambos estrenos.
Al que estrena calzado le duelen
sus propios pies, y al que estrena obras
chicas le molestan los pies ajenos .
Mucho antes de que al autor se le escurra
un pie, ya están los reventadores metiendo
la pata .
Los morenos se van poniendo imposibles, y al
juzgar á los autores hacen lo contrario de lo que
debían hacer.
Tienen indulgencia con los grandes y revientan
á los chicos *
Los autores en tres actos imponen cierto respe*
to, y son escuchados casi siempre hasta el final
del drama ó de la comedia.
Hay sainetes líricos en los que el pateo se inicia
con los primeros compases del preludio»
Como haya un tiempo de mazar ka juguetona*
ya están los impacientes marcando el compás con
la punta y con el tacón.
Y después de una sinfonía bailada por el públi¬
co, ya puede venir co£ exposiciones el desventan
rado libretista.
En la obra grande, la tesis ó el problema se im-¿
ponen, y el desenlace es esperado con prudencia#
AHÍ caben los parlamentos en quintillas y los
diálogos en arte mayor; y si con el galán se resis¬
ten al aplauso, con la dama se entregan los máq
descontentadizos.
Al autor chico no le consienten filosofías ni le
permiten parlamentos . Los filibusteros del estre-*
no fusilan al primero que les hace proposiciones
de paz.
Presentando tipos nuevos, se defiende un sai¬
nete; pero cualquiera encuentra esos tipos, ni se
los presenta á unos señores que conocen ya á todo
el mundo, y que han pagado tres ó cuatro pesetas
por una sección.
Después de una batalla con los revendedores, no
hay publico que se ría aunque le hagan cosquillas
en la planta de los pies.
Un temo catalán parece bueno por seis duros,
pero resulta malísimo por cien pesetas.
En los estrenos debut prohibirse la reventa, y
no abusar del respetable jurado que ha de juzgar
al presunto autor del supuesto delito .
Emitido el faUo la noche de la vista , la pro¬
testa del público en las siguientes representacio¬
nes no perjudicaría al reo absuelto que tenía en
el bolsillo el auto de libertad ; pero abusar de los
jueces antes de la sentencia es expuesto á torcer
la recta vara de la justicia.
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
-iiar—'»/ vii
22 Febrero 1808
«¿Por qué grita usted de ese modo?j>,
he preguntado á más de un furioso en
noches de estreno; y casi todos me
han contestado lo mismo, volviendo á
poner el grito en el cielo: «¡¡ Porque
me ha costado un duro la butaca!!»
Esta ha sido siempre la causa prin¬
cipal de la protesta.
Suprímase hasta la Contaduría en
la primera representación de una obra,
y salgan todas las localidades al despa¬
cho, con un pequeño aumento de pre¬
cio por la novedad del espectáculo .
Madruguen de ese modo los aficiona¬
dos á emociones fuertes, y el perezoso
que no acuda á tiempo, que no compre
por tres ó cuatro pesetas de prima el
derecho de convertir el teatro en una
plaza de Toros.
Conozco á los empresarios, y sé que
no seguirán el consejo.
Los revendedores son el alma del
negocio y el cuerpo de la nomina; los
morenos entran en el teatro con un
humor del diablo, y los autores estre¬
nan, vendidos al demonio en cuerpo
y alma.
Aunque parezca. raro, el abuso en la
obra grande es mucho menor. La loca¬
lidad ós más cara, y podría pagarse el
doble de su precio; pero pagar un duro
por lo que vale una peseta, es dar un
momio de un quinientos por ciento.
Perdonen los revendedores este pe¬
queño desahogo de un autor chico, ami¬
go mío, y sigamos con la debatida
cuestión de los estrenos.
Después de un éxito desgraciado, á
todos los profanos les extraña el que
la obra se haya puesto en escena.
«¿Pero no hay dirección artística?
¿No se leen las obras en este teatro?»
Dirección artística no la suele haber
casi nunca, desgraciadamente; pero
¿leer las obras? ¡vaya si las leen!
Lo malo es que no basta saber escri¬
bir ni saber leer. Hay que tener doble
vista para poder juzgar del éxito.
Excmo. Sr. D. LUIS POLO DE BERNABÉ,
NUEVO ENVIADO EXTRAORDINARIO
Y MINISTRO PLENIPOTENCIARIO DE ESPAÑA EN WASHINGTON.
(De fotografía de Camacho.)
Cada obra es un misterio impenetra¬
ble. Un expediente administrativo , ó
una urna electoral , pongo por caso.
¡Cualquiera adivina lo que va á salir
de allí!
Cuando los actores se ríen en los en¬
sayos, suele aburrirse el pfúblico en la
representación , y viceversa.
Los escenarios están muy obscu¬
ros» y por eso no se ve nada de telón
adentro.
Hay un indiscreto en El Liberal, que
dice que se asoma por los agujeros de
la cortina, y tampoco ve una. palabra.
| Y cuidado que es un chico con quinqué
propio ! Pero en el teatro no sirven
las luces naturales. Hay que verlo todo
con luz artificial, y entonces sí que
juzga con razón el menos discreto.
¡La eterna duda del éxito es el eter¬
no martirio de los pobres autores,
grandes y chicos!
El valor personal de los mismos va¬
ría según el temperamento de cada
uno.
Como yo me trato con los chicos más
que con los grandes, citaré algunos
nombres de los .primeros, suplicando
á los lectores que no abusen de esta
confianza y la indiscreción no salga de
entre nosotros.
Entre los autores los Iny cobardes
y valientes, abundando los primeros
como regla general. ,
Sinesio Delgado, el ilustre director
del Madrid Cómico , que fue, se coloca
en la primera caja de bastidores, y allí
oye impasible el pateo ó el aplauso, con
sonrisa mefistofélica ó angelical, se¬
gún el vino de los morenos.
¡Declaro á mi amigo Sinesio el héroe
de los autores chicos, y lo propongo
para una cruz laureada!
Sánchez Pastor, dignísimo subsecre¬
tario, que también fué, siente el frío de
la calentura cuarenta y ocho horas an¬
tes del estreno , y espera en una esqui¬
na, próxima al teatro, la noticia de la
De lluvia. De media gala. De invierno. De gala. De verano. De gran gala. De etiqueta. * De Bervicio. De diario. De desembarco.
UNIFORMES DE LOS OFICIALES DE LA MARINA DE LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.
(De fotografía.)
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22 Fxbbibo 1898
ILUSTRACION ESPAÑOLA
AMERICANA
mi — 113
REGRESO DE LA PESCA,
CUADRO DE HACQUETTE.
JEREZ DE LA FRONTERA. — LA a FIESTA DEL ÁRBOL», CELEBRADA EL 10 DEL CORRIENTE EN EL CAMPO DE INSTRUCCIÓN.
(De fotografía de Miguel Rubiales.)
114 — n.® vir
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
22 Febbbbo 1898
victoria ó del desastre. Más que autor, que lo es de
cuerpo entero, es un muerbo de cuerpo presente % al
que no gritarían nunca si el público le estuviese
viendo la cara.
(Hay otro autor más chico y más cobarde que el
anterior en noches de estreno; pero no estampo
aquí el nombre, porque sería el colmo de la indis¬
creción.)
José Jackson Veyán.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
Mr. Braaetiére, predicador: el Arte y la Moral.
El filósofo Nietzsche.— Caza humana, felina y canina en Bohemia.
este período del año en que lucen su
fe, su ingenio y su palabra los predi¬
cadores, nada hay más curioso que
los sermones de un predicador laico
tan reputado en el mundo de la crí¬
tica y de la literatura como el insigne
publicista francés Mr. Brunetiére. El
principal destello del talento, en todas las
obras humanas, es la originalidad. Cuantos
imitan, parodian ó copian, son ingenios de
segunda fila. Nada conmueve y levanta tanto á la
opinión como lo inesperado. Y nada la seduce y
arrastra como el arte. Pencar algo nuevo y expo¬
nerlo bien, son prendas seguras de la victoria al
hablar al público.
No hace muchos días, invitado Mr. Brunetiére
á dar una conferencia sobre asuntos de actualidad
en el estudio de la cultura moderna, escogió este
tema: «El Arte y la Moral», conceptos mil veces
tratados y manoseados en el libro y en la tribuna.
Pero la misma sencillez y vulgaridad del asunto
hicieron sospechar á los hombres entendidos que
acuden á las conferencias de la rué. des Mathu -
rins que el orador iba á decirles algo que no se
asemejara á lo oído hasta aquí; que al tratar de
cuestión tan discutida pe revelaría como se re¬
vela siempre, pensador atrevido, original y disi¬
dente respecto al común sentir, y, en fin, que su
labor dejaría honda base, motivo bastante para
detenerse ante ella y analizarla y trabar detenida
y fracbífera controversia, como en efecto ha su¬
cedido, porque aun discuten los pensadores acerca
de lo que el orador dejó dicho con acento de con¬
vicción y solemne tono.
«En el fondo de toda forma del arte — dijo —
existe un germen de inmoralidad.» Ante seme¬
jante afirmación originalísima, los oyentes que¬
daron estupefactos; y ante el propósito decidido
de predicar la moral en pleno París, hoy, que se
vislumbró desde los primeros párrafos del confe¬
renciante, la estupefacción se mezcló con la iro¬
nía. Expuesto ese principio, lo desarrolló Mr. Bru¬
netiére con enérgicos razonamientos, muy origina¬
les también. Según él, la inmoralidad, inseparable
de toda manifestación artística, no se nota sólo en
las obras ó creaciones vulgares y de discutible mé¬
rito y valor, sino en las obras maestras, en las
producciones que sellan la inmortalidad de los ar¬
tistas. «No es cierto— añadió — que el arte idealice,
purifique y ennoblezca todo cuanto toca. La su¬
puesta y ensalzada castidad de la escultura griega
no es más que un ridículo convencionalismo, una
hipocresía. Obras profundamente inmorales en que
se hace ostentación de la impudicicia y del crimen
son las creaciones Bayaceto, de Racine; Rodo-
guna, de Corneille, y la Antíope, del Correggio. Se
dirá que son paganas; pero ¿qué es el paganismo
más que el culto desenfrenado de las energías de
la Naturaleza?»
Para demostrar su tesis explanó los siguientes
argumentos: «El arte, cualquiera que sea, no obra
sobre nuestro espíritu más que por el intermedio
del placer, y de la voluptuosidad de los sentidos.
Pe aquí la tendencia del arte á no producir más
qae ese placer y>esa voluptuosidad, a convertirse
pn un alcahuete» (sic). Así lo dijo en crudo el ora¬
dor. «No otra cosa fue durante el siglo XVIII en las
obras de gran parte de nuestrps escritores, incluso
en las elegías de A. Chénier, que constituyen una
excitación violenta hacia la corrupción, tanto más
peligrosa, cuanto más sentidas y elegantes son
las estrofas. En la escultura antigua, prescindien¬
do de la lascivia ostensible, resulta mucho más*
insidiosa aún la seducción de la forma cuando su
preponderancia eclipsa al arte. El dilettantismo hi¬
pócrita, que busca excusas y explicaciones para
todo, destruye el sentido moral, y al hacer xlel_
placer estético el ideal y fin de la vida, liega á
arruinar á un tiempo el arte, la moral y la socie¬
dad misma. No por otra causa el estetismo exclu¬
sivo de la Italia del Renacimiento produjo la de¬
cadencia del arte nacional, y poco á poco, durante
tres siglos, la de la nación misma.
»Se dice que el fundamento del arte es la imita¬
ción de la Naturaleza; pero como la Naturaleza no
siempre es bella, sino muy fea á veces; como no
es buena, como no es moral, porque toda moral
es una reacción contra la Naturaleza; como no es
regular y verdadera, porque está llena de excep¬
ciones y monstruosidades, resulta que la imita¬
ción conduce á la inmoralidad.
»Los artistas, al verse necesariamente obligados
á cultivar esta originalidad de impresiones, se en¬
golfan en el individualismo, y desprecian á los
demás hombres, sin respetar sus preocupaciones y
sus sentimientos. Ese egoísmo ó egolatrismo artís¬
tico creó, por ejemplo, la doctrina antisocial de
Flaubert y de los Goncourt.»
Deduce de estos argumentos el orador que, aun¬
que es indudable que los artistas no se deben me¬
ter á predicadores de la moralidad, como el arte
no tiene objeto final en sí mismo, debe subordi¬
narse siempre á un fin más elevado. «El arte, aña¬
dió, tiene una función social, y su moralidad es
la conciencia con que realiza esta función. ¿Qué
función? Dada la insuficiencia y relatividad de
nuestros conocimientos, como no podemos definir
una cosa sino con relación á otra, la función so¬
cial del arte se define con relación á otras funcio¬
nes sociales: á la de la religión, á la de la tradi¬
ción y á la de la ciencia.
»E1 predominio de una sola de estas fuerzas es
peligroso. El de la religión origina la teocracia, y
los ejemplos de la China, de la Italia del Renaci¬
miento y la época presente, demuestran respecti¬
vamente los pelierros de la preponderancia de la
tradición, del arte y de la ciencia.
»Hay que procurar siempre que ninguna de es¬
tas funciones se imponga y eclipse á las otras,
sino que, por el contrario, exista el mayor equili¬
brio y armonía entre todas y cada una de ellas.
Como el mantener ese equilibrio permanente de¬
pende de la voluntad de los hombres, ya saben los
artistas y los filósofos y los científicos cuál es su
deber. Esta es la norma segura para que el trabajo
produzca resultados dignos del genio, de la sabi¬
duría y de la conciencia humana.»
Tal es la síntesis de lo que dijo Mr. Brunetiére;
manifestación muy original y elevada en su prin¬
cipio, un tanto vulgar en su desarrollo y demos¬
tración, y muy sabida y convencional en sus con¬
secuencias y conclusiones. Pero en la forma, en
la expresión, apareció el orador que domina como
quiere al auditorio; el artista correcto, brillante,
hecho un maestro, cual aparece siempre que ha¬
bla ó escribe, y que tan poderoso encanto produce
en sus admiradores.
• •
Cuando noches pasadas dió una hermosa confe¬
rencia en el Ateneo de Madrid el docto pensador,
publicista y académico Sr. Sanz Escartín, acerca
del desventurado filósofo alemán Nietzsche, de
quien varias veces me he ocupado en estas Cróni¬
cas, recordaba yo las afirmaciones de Mr. Brune¬
tiére, que asegura, como se ha visto, que el exceso
de individualismo que como enfermedad carac¬
terística predomina en el temperamento moral
de ios grandes artistas, á consecuencia de buscar
siempre la originalidad de las impresiones para
fundar su inspiración, les hace caer en una egola¬
tría insufrible, que se revela por el más profundo
desprecio á los demás, sin que quepa en ellos res¬
peto á nada ni á nadie. No se puede negar que
Nietzsche, el afamado autor de Zarathusta y de
la Gaga ciencia y fue, como pensador y escritor,
un artista admirable. Alumno brillantísimo en la
Universidad, niño genio precoz como pocos, se
sintió herido en su vanidad desde muy joven, al
ver que, después de ser tan ensalzado como escolar
y como profesor de Filología, nadie concedía á sus
ideas la importancia que él creía que tenían, y
aferrado á las cuales se obstinó en sostenerlas con¬
tra todo el mundo, convirtiéndose en un propa¬
gandista impenitente de las teorías más monstruo¬
sas, él que era el más tímido y afectuoso de los
hombres en la vida privada, y el más inocente,
sincero y falto de picardía en todos sus actos. Esta
misma sencillez é ingénita credulidad le hizo pen¬
sar que era cierto todo cuanto ideaba, y ante tal
fe, la indiferencia del mundo abrió ancho campo
en su alma á la exagerada estimación de su propio
valer y al odio ó desprecio á los demás.
No tiene nada de extraño que, por esto, un pen¬
sador tan originalísimo y atrevido como él, un ar¬
tista envanecido de su mérito , desviado una vez -
del camino del sentido común, dijera de sí mismo
lo siguiente: «He prpcurado durante toda mi vida
buscar un hombre que fuera superior á mí. ¡Jamás
lo he encontrado!» «No quiero, por supuesto, com¬
pararme á Wagner; pero, aun prescindiendo de la
cuestión de talento, yo soy de un rango infinita¬
mente superior al suyo!» «¡He sabido comprender
mucho mejor que Wagner la tragedia con música,
y conste que entiendo más profundamente que
Schopenhauer la música de la tragedia de la exis¬
tencia!.....» «El retrato que he pintado ó descrito de
Wagner vale mucho más que el original; es la re¬
presentación de un monstruo ideáis de tal mérito,
que servirá, seguramente, para producir grandes
artistas. El verdadero Wagner, el de Beyruth, no
es más que una pobre reproducción en grabado,
mal copiada de mi cuadro...... «De todos los bien¬
hechores y protectores de Wagner, á ninguno le
debe más que á mí.»
En fin, para que se vea hasta qué grado llegaron
el amor propio y la frescura de aquel pobre cora¬
zón y de aquella cabeza consumida por la fiebre,
hó aquí lo que Nietzsche escribía en 1882: «Nin¬
guno de «cuantos europeos viven y han vivido,
tiene un alma tan vasta como la mía; ni Platón,
ni Voltaire, ni Goethe me igualan en la extensión
del espíritu. Yo hubiera podido ser el Buda de
Europa; un Buda completamente opuesto al otro,
se entiende...... «¡Yo ocupo hoy la cima de toda
la reflexión y de todo el trabajo intelectual de
Europa!» ¿Para qué añadir más?
9
« «
>
En Alemania y en todos sus países circunvecinos
del centro de nuestro contipente se llega al colmo
de muchas extravagancias, no sólo entre los sabios
engolfados y abstraídos en las exageraciones del
espíritu destornillado, sino entre la gente vulgar
que vive del rudo trabajo mecánico y que se cuida
poco de las fantasías filosóficas, ni de lo que dicen
los libros. Centro de gran actividad mecánica y
agrícola es Bohemia, que en plena zona germánica
tiene asentada su típica raza tcheca y que alimenta
un mundo de mineros, herreros, maquinistas, obre¬
ros de las fábricas de vidrio, de las vías férreas,
de la explotación forestal y de otros múltiples ofi¬
cios, amén de otro cúmulo mucho más grande de
agricultores, ganaderos y pastores. Pues bien; gran
número de obreros mecánicos y rurales entretie¬
nen los días de descanso dedicándose á disfrutar
de los variados atractivos de la caza en las llanu¬
ras ó intrincados valles por donde corren el Elba,
el Mies y el Saxawa, y en las vertientes y re¬
vueltas de los montes Erzebirge, Bridy Wald y
Adler.
Cualquiera creerá que allí, como en todas partes,
la caza está limitada á matar perdices, liebres, co¬
nejos, patos, cervatillos y gamos, ó alguno que otro
zorro ó lobo, águila ó buitre que salgan á tiro. Pues
así es, en efecto, en parte ; pero el verdadero caza¬
dor apasionado, el artista cinegético tcheco, una*
vez en el campo, entre los barrios, tierras de labor
y prados de las aldeas, se cree único dueño y se¬
ñor de cuanto en derredor suyo se mueve, surge
en su ánimo la demencia del individualismo supe¬
rior, y, loco ó degenerado, imita á Nietzsche ó á Max
Nordau, disparando á diestro y siniestro contra
todo bicho viviente. Así se explica el que, según
la estadística formada por la policía rural en 1895,
los cazadores dieran muerte durante el año á
15.000 perros, 9.000 gatos, 2 caballos, 15 vacas,
182 bueyes y terneros, 270 cabras y 118 carneros.
¿Pueden darse cacerías más entretenidas, fáciles,
lucrativas y sustanciosas? ¿Es posible que haya
cazadores de más humor? Pero aun hay más. En
el libérrimo tiroteo que por allá se estila, van tam¬
bién muchos proyectiles á dar en el cuerpo del
prójimo, y la susodicha estadística añade que re¬
sultaron, si no cazadas, heridas 2.140 perdonas, y
muertas 51! No hay para qué decir la tarea que
semejante carnicería da á la justicia. En dicho año
los tribunales impusieron por delitos cinegéticos
2.500.000 pesetas de multas y 74.888 días de cár¬
cel, penas bien reducidas si se examina el número
de culpables que debió haber, la naturaleza de los
crímenes cometidos y los destrozos originados.
Como la práctica de ese género de caza universal
es ya vieja, cabe preguntar: ¿Quedan todavía perros
y gatos en Bohemia? ¿De qué pasta son aquellos
aldeanos tchecos, que deian fusilar así á sus gana¬
dos? ¿A qué número se eleva el de los tuertos, ro¬
tos, cojos y mancos que deben sus lisiaduras á tan
encantadora é higiénica diversión? No es lo lógico
que ésta se use de modo tan original é inocente
sólo en Bohemia, sino oue de seguro tendrá sus
partidarios igualmente liberales y despreocupados
en Moravia, Silesia, Sajonia y Baviera, que sou
sus vecinas; y en este caso, ¿á qué cifra alcanza¬
rán los horrores de la carnicería do pasatiempo
en medio de la culta Europa?
Ricardo Becerro de Bengoa.
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22;FtBfttB0 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.d VII — 116
nada tiene de particular que este distinguido ar¬
tista sufriera algún que otro tropiezo.
Muy merecedora de todos cuantos elogios quie¬
ran tributársele es la empresa, que ha puesto la
obra en escena sin reparar en gastos, y dignos de
mención los Sres. Bussato y Amalio, que han pin¬
tado nueve ó diez decoraciones, todas hermosí¬
simas.
Resumen: Los Hijos del batallón será indudable¬
mente una mina para la afortunada é inteligente
empresa del teatro de Parish. Mucho lo celebra¬
remos.
mente digna de mencionarse hay la representa- LAR A.
ción de Hamlet , cantado por la Srta. Pacini, que
ha sido un señalado triunfo para la eminente di va. En la brillante hoja de servicios del ingenioso
No obstante ser una de las óperas que más re- autor de La Rebotica hay que consignar una nueva
presentaciones lleva en la presente temporada, el victoria, obtenida en buena lid con su comedia
público acudió en mayor número que de costum- La Marquesita , estrenada la noche del 1(J del co¬
bre á admirar y aplaudir una vez más á la genial rriente.
artista que ha sabido conquistar por completo sus Verdad es que esta obra peca de ciertas in vero-
simpatías. La Srta. Pacini fué muy celebrada, y similitudes inexplicables en autor tan experto y
con gran justicia aplaudida, por la magistral ma- concienzudo; pero perdónalas de buen grado el
ñera con que canto su particella, especialmente espectador ante la brillantez del diálogo y la fuer¬
en el tercer acto, donde hizo verdaderos prodigios za cómica de ciertas situaciones, con las cuales se
que provocaron estruendosas salvas de aplausos, entretiene y divierte, sin echar de ver los ligeros
Muy bien el Sr. Blanchart, que es un barítono defectillos de que adolece La Marquesita , infini-
de excepcionales facultades, como tiene demos- tamen te menores que las muchísimas bellezas que
trado; y muy afortunados también cuantos artistas la adornan.
tomaron parte en la representación, que se vieron Maestro Vital , ¿por qué no suprime usted la pre¬
obligados á presentarse en escena á la termina- gunta que D.a Carlota dirige á Ramón, sobre si
ción de todos los actos. sabe servir—., por una ü otra banda ?
La orquesta como siempre, maravillosamente, Conste que exageramos la nota escrupulosa por
y muy bien el cuerpo de baile. tratarse de Vital Aza, el cual ostenta muy justa¬
mente hace tiempo los tres entorchados en la
PARISH. milicia literaria. '
La ejecución ha sido digna del mérito de la co-
En toda la línea triunfaron la noche del pasado media. La Sra. Pino y Srta. Moreno han caracte-
jueves los Sres. Fernández Shaw y Chapí, autores rizado y matizado con felicísimos rasgos sus inte-
de Los Hijos del batallón , melodrama lírico en resantes papeles, vistiéndose además con lujo y
tres actos, estrenado en este teatro. exquisita elegancia. La Sra. Valverde y los seño-
• El libro, cuya acción está basada en uno de los res Larra y Arana se han mostrado á la altura de
más interesantes episodios de El Noventa y tres , su bien ganada reputación. Soler ha interpretado
de Víctor Hugo, tiene, relativamente, escasa im- con gran verdad el carácter de Ramón, y los seño-
portancia. Es nada más un pretexto para que el res Ramírez y Gonsálvez han estado muy aforta-
músico derroche los tesoros de su inspiración, y nados,
desde este punto de vista nada más se puede pedir
al Sr. Fernández Shaw, que ha compuesto un li- ZARZUELA,
breto abundantísimo en situaciones dramáticas
eminentemente musicales. Está tratado el asunto Como autor y como actor obtuvo señaladísimo
con gran habilidad, y nada más que elogios me- triunfo Julián Romea la noche del último vier-
rece por su excelente labor el distinguido autor de nes. Su Señor Joaquín es un verdadero modelo
El Cortejo de la Irene , y tantas otras obras muy de comedia fina, culta y primorosamente dialo-
celebradas. gada. La acción desarróllase con arte exquisito,
La parte musical fué, pues, la que proporcionó y llévala el autor con tal conocimiento de los re-
el' éxito indiscutible, ruidoso, inmenso, alcanzado sortes escénicos, que el público entra desde el pri-
por Los Hijos del batallón . La ópera, porque de mer momento en la obra, y aplaude estrepitosa-
una ópera se trata, y de las de mayor empuje, es mente las innumerables bellezas que encierra
un continuo alarde de la inagotable inspiración aquel Señor Joaquín , al cual literariamente bien
del autor y del dominio que de los secretos de la podemos titular S. M. Don Joaquín .
instrumentación posee el eminente compositor A los que á diario declaman contra el rebaja-
Sr. Chapí. Como vulgarmente se dice, la partitura miento del gusto literario del público y contra sus
no tiene desperdicio, y nosotros, profanos por pervertidas aficiones, oponemos el grandioso éxito
completo en eüi arte musical, no intentaremos ana- obtenido por Romea, lo cual revela bien patente-
lizar detenidamente sus muchísimas bellezas ; ta- mente que, si bien en los calamitosos tiempos que
rea que, además, no nos permitirían los estrechos corremos impera la anarquía moral é intelectual,
límites de esta sección. Bastará con citar los nú- existe una masa de público sano y culto que dis¬
meros que más aplausos valieron á su ilustre autor, tingue el oropel del oro de ley, y aprecia éste en
lo que equivale á citar uno por uno todos los que su verdadero valor.
componen la ópera. El público madrileño ha demostrado en esta
Comienza ésta con un hermosísimo preludio, que ocasión su fino paladar aplaudiendo con entusias-
fué la causa de la primerá ovación tributada al mo desusado las galanuras de frase y las situacio-
maestro Chapí. A partir de aquél, la representación nes delicadísimas á que dan lugar el cariño filial
fué nna continuada serie de ovaciones repetidas de la simpática Trinidad, cuyo personaje encuen-
al terminar el scherzo del primer acto, el terceto tra intérprete inimitable en Conchita Segura, y
de. bajos y barítono del mismo, la escena de la ti- el profundo amor que el honradote Sr. Joaquín
pie con el coro de mujeres, y el final del segundo, comparte entre su hija y su mujer,
y el coro de niños, concertante y monólogo del En toda la obra no hay una sola frase de mal
tenor, del tercero y último acto. Indescriptible es gusto, ni un chiste retorcido ni que saque la ver-
el entusiasmo que dominó al público á la termi- giienza al rostro, y tales condiciones avaloran ex¬
nación de cada uno de los citados trozos, é innu- traordinariamente libro tan meditado y plan con
merables fueron las veces que se vieron obligados tanta fortuna desarrollado como los que constitu¬
ios autores á salir á escena á la terminación de yen la nueva producción de Julián Romea,
todos los actos, á recibir las entusiastas aclama- La música es del maestro Caballero, y con esto
ciones y aplausos de la concurrencia. queda dicho que nada dejó que desear. Sobre todo
En suma: un triunfo más, quizá el mayor que el último número es de gran inspiración, y con-
en su brillantísima carrera artística ha obtenido tribuye poderosamente al original y grandioso
el maestro Chapí, y un éxito indiscutible para el efecto final de la preciosa comedia.
Sr. Fernández Shaw. Pocas veces habráse visto una obra mejor en-
En la relación de los intérpretes dignos de aplau- sayada, ni interpretada con mayor amore é inte¬
so merecen mención muy especial la Srta. Coro- ligencia que la que presentaron los distinguidos
na. y la Sra. Fabra , que cantaron con notable artistas que tomaron parte en El Señor Joaquín.
acierto y gran sentimiento dramático sus difíciles Julianito Romea, como protagonista de la obra,
partes, poniendo á contribución sus hermosas fa- ha realizado uno de los trabajos más concienzu-
cultades para el mejor desempeño de sus papeles; dos y acabados de su notable carrera artística, y
y los Sres. González, Gamero y Soler, que se man- á igual altura es justo colocar á Conchita Segura,
tuvieron á la altura de sus bien conquistadas repu- á quien encaja como anillo al dedo la conocida
taciones. El Sr. C asañas no estuvo muy afortuna- frase, esta vez exacta de toda exactitud, de que
do la noche del estreno. Lo hallamos vacilante, empieza por donde otras acaban, y ya quisieran
temeroso, -y- claro es que, en tal estado de ánimo, muchas acabar por donde ella empieza.
Muy bien los Sres. González y Rodríguez, y
acertados los Sres. Moncayo, Sigler, Galerón y
Balsalobre.
Paca Segura fué muy aplaudida, y con justicia.
Las decoraciones del segundo y tercer cuadro,
debidas al talento del Sr. Muriel, son muy bellas
y agradaron extraordinariamente al público.
APOLO.
Chasqueado quedó el público que acudió al es¬
treno de El Santo de la Isidra, zarzuela estrenada
la noche del último sábado, suponiendo, al saber el
nombre de su autor, que sería una de tantas obras
en que el retruécano impera como soberano abso¬
luto en el diálogo. No quiere esto decir que en al¬
gunas ocasiones no se vea la manera de hacer del
autor de La Marcha de Cádiz y Los Camarones ,
pongo por chistes; pero en El Santo de la lsidra
no se sacrifica todo al retorcimiento de la frase,
y aligerada la obra de algunos chistes un tanto
subidos de color, resulta una zarzuela en que abun¬
dan las situaciones cómicas, si no muy originales,
bien preparadas; hay tipos muy bien observados,
y se mantiene el dialogo vivo, animado y chis¬
peante, sin abusar, como ya hemos indicado, del
juego de palabras, ya un poco desacreditado.
Nuestra sincera enhorabuena al Sr. Arniches,
autor del libro, qne ha obtenido un éxito franco y
grande sin necesidad de apelar á recursos de los
que van cansando al público.
De la música, toda muy animada y en conso¬
nancia con el corte del libro, merecieron los ho¬
nores de la repetición un dúo muy bien cantado
por la Sra. Perales y Emilio Mesejo, y un coro
muy bien instrumentado, en que se reproducen
con pasmosa fidelidad los ruidos é incidentes de
la popular romería de San Isidro. El maestro To-
rregrosa, autor de la partitura, fué llamado á es¬
cena justamente al terminar la representación.
De los artistas, además de la Sra. Perales y el
Sr. Mesejo, ya citados, merecen mención honorí¬
fica la Sra. Vidal y los Sres. Mesejo (J.), Carreras,
Sanjuán y Onti veros.
Y para que todo resultase bien, nada más que
aplausos merecieron las decoraciones del Sr. Mu-
riel, todas muy bonitas, y especialmente la del
cuadro final.
A.
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ralmente bonito, aunque muy sensible al
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mém Sláiám. No oonfundiroo oon otras
Digitized by ^.ooQie
22 Febrero 189$
LA, ILUSTBACION ESPAÑOLA Y AMERICANA
cuando en 1808 la invadieron los ejércitos de Na-
§ oleón, y á los dos años se inauguró en la isla ga-
itana el régimen constitucional.
Termina el cuadro histórico trazado en este li¬
bro al concluir el reinado de Fernando VII; es de¬
cir, donde comienza el otro libro del mismo autor
intitulado Dos Regencias ; asi como esta última
obra, que llega hasta la caída del regente D. Bal¬
domcro Espartero en 1843, enlaza con la que lleva
por título Recuerdo de cinco lustros , que com¬
prende desde la declaración de mayor edad de
D.a Isabel II en dicho año, hasta la revolución
de 1868. En estos tres libros ha consignado el se¬
ñor Villalva Hervás, con su criterio acentuada¬
mente liberal, los datos más salientes del des¬
arrollo de nuestras instituciones durante un labo¬
rioso período de más de sesenta años.
Como apéndice de la obra publica fragmentos
del discurso de Ruiz de Padrón sobre el voto de
Santiago , y su dictamen y discurso contra la In¬
quisición.
Véndese la obra á 2,50 pesetas en la librería de
Victoriano Suárez, Preciados, 42.
Orígenes del Justicia de Aragón, por Julián
Ribera.
La Colección de Estudios Arabes ha publicado
el segundo volumen, que contiene notabilísimos
estudios del sabio catedrático de lengua árabe en
la Universidad de Zaragoza, D. Julián Ribera,
acerca de los orígenes del Justicia de Aragón, para
probar la siguiente interesante tesis histórica: «El
Justicia de Aragón, como toda la jerarquía judi¬
cial de este pueblo, procede, por imitación ó copia,
de la organización jurídica ae los musulmanes es¬
pañoles.»
No cabe en la sucinta noticia bibliográfica que
en este sitio consignamos el detenido examen que
merecen la originalidad, profundidad y acierto
crítico que el autor revela en el citado libro, que
contiene las conferencias dadas por él sobre este
asunto en la Universidad de Zaragoza y en el Ate¬
neo de Madrid. El estudio que en apoyo de su tesis
hace el Sr. Ribera, sobre el hecho de la imitación
casi constante y general en la vida de los pueblos y
de los individuos, es realmente notable.
Véndese la obra al precio de 6 pesetas.
LIBROS PRESENTADOS
L ESTA REDACCIÓN POR AUTORES ó EDITORES,
l^enneignement nupérieur en Eupagne*
par Paul Melou.— Con sumo gusto hemos leído el
nuevo libro que el erudito autor de L’enseignement
supérieur et V enseignement technique en Franco
ha publicado sobre la enseñanza superior en nues¬
tra patria, porque no podemos mirar sin gran sim¬
patía toda obra extranjera que con seriedad se
ocupe en los asuntos españoles, y entre ellos nos
es aún más grata la de Mr. Paul Melou por la exac¬
titud de sus datos, que revelan formal y detenido
estudio de nuestros centros docentes.
El propósito del autor lo revelan las siguientes
líneas que de su libro copiamos: «He querido sen¬
cillamente consignar algunos rasgos generales que
marcan las etapas del camino seguido, y demos¬
trar cuán injustos son los desdenes que se afectan
al hablar de cosas que frecuentemente se ignoran.
Por no estar en la gran vía del movimiento eu¬
ropeo, los españoles son verdaderamente víctimas
de su aislamiento geográfico. Hay aquí una injus¬
ticia, y no es malo de vez en cuando reclamar en
su favor un poco de esa atención que atraen desde
otras partes el reclamo y el ruido.»
La historia de nuestros centros de enseñanza
desde la escuela de Huesca creada por Sertorio
hasta los estudios superiores del Ateneo, la expone
concisa pero muy completamente el autor, enco¬
miando el carácter de la enseñanza en las escuelas
árabes, los estudios de Sevilla y Toledo, las uni¬
versidades y colegios españoles de enseñanza libre,
el Museo Pedagógico, etc., etc., y dedica muy ca¬
riñosos elogios á nuestros más notables catedrá¬
ticos.
Ruiz de Padrón y su tiempo. — Introducción
á un estudio sobre Historia contemporánea de Es¬
paña, por Miguel Villalva Hervás.
La biografía del sacerdote D. Antonio José Ruiz
de Padrón, nacido en Canarias en 1757, religioso
franciscano, notable orador sagrado que predicó
el catolicismo en Filadelfia y elocuente diputado
en las Cortes de Cádiz, ha servido al Sr. Villalva
Hervás para bosquejar la situación de España
representante en Cuba de la Cruz Roja norteamericana y encargada
por sus compatriotas de repartir socorros á I09 reconcentrados.
de la digestión se hacen bien y naturalmente. La
razón es que la acción extraña del corazón era
ocasionada por la presión del estómago cuando
éste se llenaba del gas que producía el alimento
fermentado.
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tiempo! Citamos un caso — uno entre miles.
>La señora Mar y Cuddy, de Catherine Street,
28, Richmond Road, Lceds, hace poco que contó
á una amiga la historia de su vida, y, entre otras
cosas, dijo: «He sufrido enfermedades desde que
era niña. Siempre he tenido dolores antes y des¬
pués de comer, y no parecía que podía nunca
adquirir y conservar las fuerzas, sintiendo algo
3ue me aniquilaba. Tenía una sensación rara y
esagradable en el estómago. Algunas veces pa¬
recía que se aliviaba con el alimento, y otras que
se empeoraba. Por lo regular, cuando me ofre¬
cían alimento no podía tocarlo, y frecuentemente
me desmayaba nada más que ae verlo. Al cabo
de tiempo me puse tan débil que no podía estar
de pie ni andar. Creí que poco á poco me iba po¬
niendo tísica, y tomé toda clase de medicinas
para aliviarme, sin tocar resultado.
»A la debilidad y falla de apetito acompañaban
síntomas y sensaciones malas, que me alarma¬
ban mucho, entre otras las siguientes: la piel y
los ojos de color amarillento; algunas veces su¬
dor frío y pegajoso; dolores en los costados, en el
pecho y en la espalda; dolores de cabeza; una es¬
pecie de gas que me venía á la boca, tan agrio y
nauseabundo que no se podía sufrir; de cuando
en cuando unas palpitaciones ó agitación extra¬
ña, que me hacían creer se había afectado el co¬
razón; siempre dormía mal, y con frecuencia te¬
nía sueños horribles, y estaba tan melancólica y
falta de ánimo que apenas gozaba de placer al¬
guno. Tenía tan pocas tuerzas, que todo lo que
podía hacer era conservar el valor necesario para
el trabajo, de que, al menos en parte, dependía
el sustento de mi familia. Soy costurera, y puede
usted suponer la vida de trabajos que he pasado,
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(De fotografía de Franzen.) «.
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11$ — N ® VJ1I
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
28 Febrebo 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica general, por D. José Fernández Bramón -Nuestros
grabados, por i». Carlos Luis de Cuenca. — El xjübhco-... mno (O,
por D. A? Sánchez Pórez.-La nieve, soneto, por D. ManueldeSan-
doval. — Marina norteamericana, por D. A. de Caula. — Por ambos
mundos. Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro^ de
Bengoa— Los teatros, por A.— Sueltos. — Libros presentados á esta
Redacción por autores ó editores, por C.— Anuncios.
G rabados.— Retrato del Exorno. Sr. D. Segismundo Bermejo, mi¬
nistro de Marina. — El Carnaval en Madrid : Cesto de flores, de los
Srea Moreno Carbonero y Muñoz Legrara La tribuna del Juraao
en el Obelisco de la Castellana. Carrozas de Baco y \ esta. Bahra-
qutn romano. Fiesta ciclista. - El Carnaval en Barcelona: Carro
¿legórico anunciando el Carnaval. La estudiantina yalenciana Paso
de la cabalgata artistico-industrial por la Rambla de Cataluña.
Fiesta cioliSa. en el Parque. Fragmento de la Rúa en la Rambla,
pi-imer premio concedido á la sociedad Antichs Guerrers. Palanquín
chino que obtuvo el segundo premio en la gran retreta china veri-
Jlcada el martes de Carnaval. -Marina de guerra española. — Ma¬
rina de guerra norteamericana. — Retrato del Excmo. Sr. D. Lau¬
reano Rodríguez, ministro de Agricultura, Industria y Comercra
de la Isla de Cuba.— El Carnaval en Cádiz: Carroza de los astros.
Carroza de los montañeses. — Retrato del almirante Humano, jefe
de la escuadra francesa del Mediterráneo —Marina de guerra fran¬
cesa* El acorazado Brennus , buque almirante de la escuadra del
Mediterráneo.— Retrato de D. Rafael Torres Campos, comisario de
guerra, nuevo académico de la Real de la Historia.
CRÓNICA GENERAL.
Real decreto que da por terminadas
á£wrPi las anteriores Cortes, y convoca otras
lío nuevas para el 25 de Abril; la salida
'\u. del acorazado Vizcaya de las aguas de
W(Í7í&S& Nueva York, después de cumplidos
sus deberes de cortesía; las palabras pa-
WrcVyi cíficas del discurso de Mac Kinley en el
ijlv aniversario de Washington, y de Mr. Wood-
ford en su banquete á nuestro nuevo mims-
«' tro en los Estados Unidos, Sr. Polo de Berna¬
bé, por un lado; y por otro la baja de nuestros
fondos y de los valores norteamericanos, y los
partes alarmantes y belicosos con que nos han
dado la mañana, más de una vez, algunos periódi¬
cos, nos han llevado alternativamente de la espe¬
ranza en la paz á la inquietud natural que se sufre
en vísperas de un grave rompimiento.
Nunca ha exportado tantas mentiras la prensa
patriotera de los Estados Unidos, ni si ha burlado
mejor de sus lectores: á la invención de los torpe-
dos, que no se podía sosbaner, para explicar el
incendio del Matne , sucedió la de un plano sub¬
marino de la bahía de la Habana, que habían s is-
traído del archivo de nuestro Congreso, d sparate
tan enorme que ha hecho reir á media, España,
luego se inventó el informe de la comisión técni¬
ca, que no había dictaminado; y de todo ello sólo
queda la certidumbre de que existe en los Estados
Unidos un verdadero partido que se vale de todos
los medios para provocar un conflicto, ya real, ya
aparentí, para especular con una baja. Continua,
pues, el peligro, aunque con esperanzas de que
prevalezca la razón.
El gran acontecimiento europeo de estos días ha
sido la condenación de Zola por el Jurado á un año
de prisión y á tres mil francos de multa. «¡Cani-
balesl » dijo el novelista á los que constituían el
tribunal ó aplaudían su veredicto. Y contestó en
coro el público de la sala: « ¡Viva el ejército! ¡Viva
Francia! ¡Muera el difamador !» El pueblo de Pa¬
rís no se limitó á repetir con entusiasmo esos mis¬
mos gritos; quiso colgarle de un farol. Hubo inter¬
pelación en el Congreso, y el Gobierno tuvo una
imponente mayoría, acordándose que se imPn"
miese y fijase en los sitios públicos el discurso del
Presidente del Consejo, honor inusitado.
La verdad es que no esperábamos, tras la arro¬
gante acusación de Zola y la seguridad que mani¬
festaba en el buen éxito de su empresa, la pobreza
de pruebas en que apoyaba su temeridad. Si ha po¬
dido defenderse con cierta gallardía, todo se lo
debe á su excelente abogado Mr. Labori, que con
su habilidad y elocuencia ha sacado, no de los
testimonios y documentos favorables, sino inte¬
rrogando y envolviendo á los testigos de cargo,
materia, no de defensa, sino de duda, revolviendo
y escudriñando todo con infatigable astucia foren¬
se. Si consideramos además que Zola, aparte de su
pena, ha agravado la de Dreyfus, colocando en su
prisión dos nuevos cerrojos, el del Jurado y el del
Congreso, no comprendemos cómo se ha metido
y ha encerrado á su protegido en ese laberinto sin
salida, por lo mismo que tiene Zola reputación de
estudiar bien sus asuntos. Acaso pensemos mal;
pero se nos figura que ha confiado con exceso en
su autoridad como escritor, que en Francia esos
prestigios se habían respetado hasta hace algún
tiempo, y en la fuerza de su prosa. Pero fue uno
de los primeros iconoclastas como crítico, y el
mundo de las letras, tan dividido ó más que el de
la política, no reconoce ya inviolables: ademas.
saliéndose, por decirlo así, de su esfera, la literaria,
había tomado partido en una división pública, al¬
zando la peor de las banderas que puede enarbo¬
lar un hombre en días de agitación : una bandera
impopular. Otra falta ha cometido , á nuestro en¬
tender: la de la violencia; ha querido romper con
la cabeza una muralla. Y no ha tenido el tacto de
escoger la oportunidad más adecuada para su pro¬
pósito, pues todavía estaba abierta la herida cau¬
sada en el amor propio militar de los franceses
con La Débicle, para que resultase tenacidad ofen¬
siva al sentimiento nacional su nuevo ataque á
uno de los organismos del ejército.
Por otra parte, aunque acusado y defensor de
Dreyfus, toda la simpatía que hubiera inspirado
en ese concepto á las almas pías, quedaba obscure¬
cida por su papel de acusador. «\o acuso», había
dicho; y como ante un tribunal, compuesto por La¬
bori, Zola y Clemenceau, han desfilado, sufriendo
c irgos, aguantando sospechas é ironías, generales,
coroneles, peritos. ¿Y en qué proceso? en el que
todas esas sospechas y dudas se recogían por taquí¬
grafos y se difundían por la prensa y el telégrafo
á la cinco partes del mundo. De ios cargos con que
abrumaban á sus víctimas los acusadores en tiempo
de Tiberio y de Nerón, sólo han quedado algunas
palabras de Tácito ú otros historiadores. De ios
insultos que se han dirigido á Esterhazv y las som¬
bras que se han acumulado contra la probidad ó la
pericia de los que intervinieron en el proceso de
Dreyfus y Esterhazy, quedarán en millones de
ejemplares hasta el murmullo de las risas. ¿Que
extraño tiene qua París y la mayor parte de Fran¬
cia haya respirado y enloquecido al ver que ter¬
minaba aquella innoble y prolongada pesadilla?
Y nótese que en nada hemos mezclado á ios ju¬
díos. Si uno de ellos, Mateo Dreyfus, fue acusador,
al fin y al cabo defendía á su hermano y la honra
de su casa; y si existe un sindicato que paga y
promueve esta agitación, no nos consta; y si hay
quien compra conciencias, creemos más despre¬
ciable al que se vende, y nada tendrían que ver
lo i más en las intr igas de unos pocos.
Apartándonos de lo que se murmura y no se
prueba, se nos ocurre preguntar: ¿Había previsto
Zola este desenlace? Su apóstrofo á los jurados
nos hace creer que no. ¿Se resignará con su ven¬
cimiento? Su carácter y su altanería inclinan á
suponer lo contrario: el que se ha alabado de au¬
mentar la gloria de Francia con sus cuarenta to¬
mos de novela, tratará de tomar represalias. Si
tiene enemigos que le odian y llaman el nuevo
Aretino, y sienten náuseas al leer ciertas páginas
de sus obras, también tiene fanáticos que le idola¬
tran y se recrean en lo más bajo de sus recursos,
y le imitan y exageran, y son capaces de contar
la nueva era desde su entrada en la prisión. No es
asunto concluido, aparte de la apelación que ha
entablado y no es probable que prospere.
• •
— ¿De qué más se habla en estos días?
— Pues del regicidio frustrado en Grecia.
— Si el Rey de Grecia se ha salvado, ya nada
hay que hablar.
— Déla Pastoral del fcardenal arzobispo de Va-
lladolid, Sr. Cascajares. Dicen que Su Eminencia,
acordándose de haber sido artillero , ha hecho un
disparo de cañón contra todos los partidos.
— Calledes el mormurante
en mal hora, que no en buena;
que por cualquier niñería
facéis campaña á la Iglesia.
— Peor es hablar del motín de Salamanca y de
la carestía del trigo, de sacos destripados, gritería,
cárceles y procesos.
— Mala consejera es el hambre.
— Cuando es verdadera, la tengo por fuerza ma¬
yor irresistible y eximente: es el naufragio del
hombre en tierra. También se habla dé las acusa¬
ciones que dirige El Nacional al Sr. Govín, uno de
los individuos del Gobierno autonómico de Cuba.
— Sí; ha publicado el facsímile del final de una
carta, en que no se guarda gran respeto al Sr. Sa-
gasta; pero el Sr. Govín lo. atribuye á enemis¬
tades.....
— Hay más; se le acusa de ciertas instrucciones
dadas á un negociador con los rebeldes.
_ No siga usted; en estas acusaciones hay que
oir á las dos partes. De otro modo, los pleitos ter¬
minarían en la acusación.
_ Pues á otra cosa: ha causado gran sentimien¬
to la muerte de D. Ensebio Zuloaga.
_ Con razón: fué un gran cincelador, y creó en
Éibar una industria artística que honra á nuestro
país: padre de una familia de artistas, maestro de
dos generaciones, premiado en las principales Ex¬
posiciones extranjeras, ha muerto á los noventa
años de edad, dejando un nombre ilustre.
— También ha muerto el pobre Eduardo Saco.
—Tuvo desgracia. Chispeante gacetillero de La
Iberia en su época primera, ingenioso y decidor,
parecía destinado, con el triunfo de los suyos, á
uua carrera brillante, que empezó de director de
la Oaceta . La suerte se le torció, y ha muerto obs^
curecido y olvidado. Cuando se ha visto subir a
muchos que parecían valer poco, y estancarse á
otros que nacían con alas, no se puedo confiar en
la fortuna.
• •
Entre las fiestas particulares de este Carnaval,
ha sido celebrado con justicia el baile dado por el
Embajador de Italia, tanto por la selecta concu¬
rrencia, como por la originalidad de los trajes y
riqueza de los tocados. Entre las muchas ideas fe¬
lices qua tuvieron las señoras, fué notable la de la
Srta. Nadine Radowitz, hija del Embajador de
Alemania, que lucía sobre la falda un caprichoso
traje de sargento de la Guardia civil que realzaba
su hermosura. Los jefes y oficiales de aquel cuer¬
po, honrados con la preferencia, enviaron á la
linda y aristocrática alemana una cesta de flores
con una dedicatoria, en que se envanecían de su
alistamiento, «aunque no había cumplido el deber
de presentarse á sus jefes, de que la eximen en
atención á su gentileza». No nos extraña: á los
que no pertenecemos á la Guardia nos consta que
si ejerciese realmente la Srta. Radowitz sus fun¬
ciones de sargento, todos cometerían delitos para
poder ser capturados.
•
• •
— Todos te felicitan por el premio obtenido.
¿Te le han dado por tus estudios? Siempre fuiste
aplicadísimo.
— No ha sido por eso.
— ¡Ya! tú recibiste una herida en la guerra*....
— No adivina usted.
— Comprendo: la obra que estabas escribiendo
lia gustado.
— Me han premiado en estas máscaras por ha¬
berme disfrazado de animal.
— Estos italianos son tan finos..... es tan delica¬
da su ironía .
— ¿Por qué lo dice usted?
—Por el baile del Embajador de Italia. En sus
invitaciones á la sociedad española ha rogado á
los convidados que cada cual se hiciera una cabe¬
za; es decir, que ninguno se presentase con la
suya.
— Maestro, ¿ me puede usted hacer con la mía
otra cabeza?
— Hay tan poco material
— Aunque sea de chorlito .
— Cabeza, no; pero le puedo hacer un puño de
bastón.
—¿Qué traje es ése? Sombrero gris, pantalón y
gabán grises.
— Es mi color favorito.
— Sólo te falta una cosa: que te pongan la ce¬
niza en la frente.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
EXCMO. SR. D. SEGISMUNDO BERMEJO,
ministro de Marina.
En primera página publicamos el retrato del
Excmo. Sr. D. Segismundo Bermejo, ministro de
Marina.
Nació en San Fernando y se educó en el célebre
Colegio de San Felipe, de Cádiz, que dirigían don
Alberto Lista y Alcalá Galiano, y á los catorce
años ingresó en el Colegio Naval, embarcando muy
pronto en la corbeta Mazarredo , y tal aplicación
mostró que ascendió á oficial con seis meses de
^Sirvió en Cuba y Filipinas; fué después profe¬
sor en el Colegio Naval, y mandando sucesiva-
mente los barcos Santa Filomena , Alerta , Fxz^
rrOy Carmen y el buque-escuela Villa de Bilbaoy
se distinguió siempre como jefe de gran inteli¬
gencia, profundos conocimientos y excelentes
dotes de mando. En el Extranjero estudió y trajo
á España el primer material de torpedos fijos que
tuvimos y el de los automóviles, en cuyo impor¬
tante ramo de la guerra naval moderna tiene una
reconocida competencia entre Jos inteligentes*
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28 Febrero 1898
n.° vui — 119
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
Mandando de capitán de navio la Escuela de
Torpedos, oreó y dirigió la primera división de
torpederos, y como oficial general desempeñó la
Dirección del personal en el Ministerio, la jefa¬
tura de E. M. de la Armada y la jefatura de la Es¬
cuadra de Instrucción.
Posee varios idiomas y una ilustración general
vastísima, de la que son buena prueba, aparte de
sus innumerables trabajos profesionales, su estu¬
dio sobre el ataque y defensa del puerto de Carta¬
gena; su novela El Doctor Juan Pérez , por el es¬
tilo de las de Julio Verne; La Tierra , boceto cien¬
tífico, y su obra Fai, impresiones de viaje, escrita
en alemán y publicada en la Deustche Revue .
•
• •
EL CARNAVAL EN MADRID.
Las fiestas que por iniciativa del Sr. Conde de
Romanones han dado este año animación al Car¬
naval madrileño (pág. 120) , que venía muriendo
por consunción , han logrado seguramente su ob¬
jeto, con evidente beneficio del comercio y gran
complacencia de todos. La concurrencia en el Pra¬
do, la Castellana y Recoletos ha sido inmensa, y el
espectáculo de la cabalgata y la batalla de flores
resultó brillantísimo.
El orden en que se formó la cabalgata el do¬
mingo de Carnaval era el siguiente:
Una sección del Cuerpo de seguridad.
Una sección de la Guardia civil de á caballo.
Carroza de La Primavera . — Gran cesto de flo¬
res arrastrado por dos bueyes y conduciendo 25
mujeres, cada una de las cuales representaba una
flor distinta.
Obra de los Sres. Muñoz Degrain y Moreno Car¬
bonero, resultaba de muy buen efecto y obtuvo
general aplauso.
Dos cuadrigas romanas , construidas por los her¬
manos Gamelo, arrastradas cada una de ellas por
cuatro caballos, dos blancos y dos negros.
En cada una iban una mujer, representando una
matrona ropaana, y un guerrero. Las matronas lle¬
vaban en la mano una estatua pequeña.
Carroza titulada Culto á Bacoy construida por
D. Mariano Benlliure. — Representaba una gran
tinaja etrusca, sobre la cual iba el dios Baco. En
las cuatro esquinas se veían : en las de delante dos
jarrones romanos, y detrás dos fuentes también
romanas.
Iba la carroza tirada por cuatro bueyes, en lan¬
za, y conducía 12 mujeres representando á las ba¬
cantes.
Carroza titulada Culto á V esta , construida por
Simonet y Marip as.— Sobre un pedestal se alzaba
una estatua de la diosa Vesta; delante un pedestal
Tn¿R bajo, donde ardía el fuego sagrado. En las es-
S ninas, cuatro artísticos pebeteros pompeyanos.
Rematando las cuatro esquinas de la base, cuatro
mascarones representando la boca ver i f as , donde
los romanos depositaban las peticiones dirigidas á
los dioses.
La carroza iba conducida por cuatro bueyes, y
llevaba seis mujeres representando á las vestales.
Artístico palanquín conduciendo á Cleopatra
lujosamente ataviada.
Escoltaban á la Reina de Egipto varios soldados
romanos.
Cerraba la cabalgata la gran carroza del Círculo
Industrial.
Sobre la plataforma, adornada con atributos de
la Industria, se elevaba una esbelta chimenea de
fábrica.
En el frente, y bajo dosel verde y oro, iba sen¬
tada una niña representando la Industria.
Delante del dosel, ocupando la parte anterior
de la carroza, una máquina de imprimir, Minerva, ,
que tiraba cromos durante el trayecto, y detrás
una fragua y un yunque de forjar, en el que tra¬
baban cuatro obreros.
La aglomeración de los coches impidió que lle¬
garan á colocarse en su debido lugar otras carro¬
zas, entre las que llamaron justamente la atención
las siguientes :
Sociedad del Veloz Club. — Construida por el
comandante de Artillería Sr. Souza; representaba
una elegante maceta de claveles, encerrada en ar¬
tístico cache-pot de porcelana.
En el centro un hermoso clavel artificial , y al¬
rededor los socios del Veloz, con disfraces verdes
y grandes claveles en la cabeza, iban arrojando
flores, dulces y confetti.
Sociedad la Oran Peña. — Los pintores escenó¬
grafos Sres. Bussato y Amalio levantaron con
sumo gusto, sobre la plataforma de un camión, el
fogón de una cocina, apareciendo junto al pes¬
cante un gran perol que contenía flores.
Los socios que la ocupaban, disfrazados de mar¬
mitones y blandiendo instrmpentos de cocina,
iban arrojando flores al paso de la carroza.
De ella tiraban ocho caballos, cubiertos de tela
blanca, con gorros de marmitón en la cabeza.
Los cuatro jinetes que la guiaban vestían del
mismo modo.
Carroza titulada La Perla del Turia. — Dirigida
por un periodista de aquella región.
Figuraba una enorme perla en un mar formado
de gasas.
Para adornarla se han traído cerca de 12.000 ca¬
melias de Valencia, Murcia y Cartagena.
En la parte de delante, un grupo de delfines;
detrás, una parejita de niños ricamente vestidos
de valencianos.
La carroza iba tirada por seis muías enjaezadas;
detrás seguían tres parejas valencianas en muías,
representando las grupas típicas de aquel país.
Blanco y Negro , el popular periódico ilustrado,
acudió á la fiesta con una gran carroza.
En la parte anterior, varios redactores y cola¬
boradores, vestidos con capuchones florentinos de
los colores heráldicos del periódico, arrojaban flo¬
res y confetti.
Aparecían estar en la redacción, no faltando en
el adorno de la balaustrada tinteros y plumas de
gran tamaño.
Ocupaba la parte posterior una inmensa paleta,
inclinada de suerte que pudieran apreciarse bien
los colores, representados por lindas niñas con
trajes de tul.
Un mazo de colosales pinceles completaban el
artístico grupo.
Detrás tapaba la carroza una reproducción, en
gran tamaño, de la primitiva portada de Blanco y
Negro.
Una casa en construcción. — Reproducía una
casa de cuatro fachadas, y en la parle superior va¬
rios alumnos de las Escuelas de Ingenieros, de
Minas y de Arquitectura, vestidos de albañiles,
simulaban estar trabajando en la obra.
La Cuna. — Carroza ideada por Mariano Ben¬
lliure; figuraba una cuna colosal. Dentro de ella
iban cuatro máscaras vestidos de niños de seis
meses con el biberón, el sonajero, el faldón y los
zapatitos, que les caracterizaban á maravilla. Las
caretas eran rostros de criaturas. Al través de és¬
tas creía la gente adivinar las fisonomías de Ma¬
riano Benlliure, de Mariano Luque, del Conde de
Garay.....
Guiaba la carroza un ama de cría con lujoso traje
de pasiega.
Los caballos figuraban perros de lanas.
Merece consignarse igualmente la carretela de
doble suspensión con tiro á la Daumont y jinetes
vestidos á la postillona, del Sr. Marqués de Tovar,
cubierta totalmente de preciosas flores.
Otro pitter figuraba una gran cesta, cuyas flores
eran violetas femeninas muy bien ataviadas.
Un mail-coachy adornado con hojas y flores, del
Dr. Bussaca.
Una carroza representando á Dante en el in¬
fierno; y muchos más coches adornados, cuya lista
sería interminable.
Como formaban parte del Jurado artistas que
han sido autores de carrozas, no obtuvieron pre¬
mio las suyas, y fueron adjudicados en la siguiente
forma:
1. ° Estandarte de terciopelo morado con galo¬
nes de oro á la carroza titulada La Cunay del se¬
ñor Conde de Garay.
2. ° Estandarte en forma de lira, de terciopelo
azul verdoso con galones de plata, á la Daumont,
guarnecida de flores, del Marqués de Tovar.
3. ° Estandarte amarillo y plata al carro de Los
Cocineros y de la Gran Peña.
4. ° Estandarte azul claro y oro al carro titulado
Tiesto de claveles , del Nuevo Club.
5. ° Estandarte rosa obscuro y oro á la carroza
de Blanco y Negro.
6. ° Estandarte morado y oro á la carroza del
Círculo Industrial.
7. ° Estandarte granate obscuro y oro á la carro¬
za La Perla del Turia.
8. u Estandarte morado y plata al coche ador¬
nado del Dr. Bussaca.
9. ° Estandarte de raso verde y oro al coche de
las violetas.
10. ° Estandarte de raso granate y oro á la ca¬
rroza Dante en el infierno.
El lunes se celebró la mascarada ciclista, á pe¬
sar de lo desapacible de la tarde.
Precedidas por cinco Guardias civiles de caba¬
llería, partieron del Hipódromo unas 40 máqui¬
nas y en general adornadas con gusto y novedad.
Llamaba en primer termino la atención una
gran comparsa del Club Velocipédico Madrileño,
que representaba Una boda fin de siglo.
En un tándem marchaban los novios. Ella, de
blanco, con adornos de flor de azahar, cubierta por
blanco velo. El, de smoking , sombrero de copa y
calzón corto.
Cubría la máquina, que iba adornada de flores,
un artístico dosel de margaritas y rosas blancas.
Detrás, montados en bicicletas y vestidos con
mucha propiedad, seguían los padrinos, elegante¬
mente ataviados de negro, y á continuación el
notario, con su pupitre, en el que iba extendien¬
do el acta matrimonial; tres parejas de convida¬
dos, un cochero con su fusta y un lacayo.
Bebé et nourrice fin de siecle. — Equipo de tán¬
dem, que figuraba una cuna, y en ella un niño, al
parecer acostado, por la ingeniosa disposición de
los adornos; el bebé daba al pedal, lo mismo que
su nodriza, que ocupaba la trasera del tándem.
Pareja de escocesas. — Tándem montado por dos
señoritas admirablemente vestidas á la escocesa.
Equipo de clowns. — Tándem montado por dos
niños de cinco años, dos diminutos ciclistas que
saben manejar el pedal y los guías con extraordi¬
naria habilidad. La máquina iba adornada con
flores.
El tren. — Formaba este grupo una máquina,
tres vagones de primera, segunda y tercera y un
furgón.
Perro de aguas. — Bicicleta adornada y mon¬
tada por un joven ciclista disfrazado de perro de
aguas.
Tándem de flores. — Equipo engalanado con pro¬
fusión de flores artísticamente combinadas.
Los premios se otorgaron por unanimidad de
este modo:
Extraordinario, consistente en 100 pesetas: Club
Velocipédico Madrileño, por su comitiva nupcial.
Primer premio. — Sres. Capdevielle y Mose, por
su tándem de la cuna.
Segundo. — Señoritas escocesas.
Tercero. — Tándem de niños.
Cuarto. — «Veloz Sport Express».
Quinto. — Perro de aguas.
Sexto. — Tándem de flores.
Los premios consistían en estandartes de raso
de diferentes colores, en cuyo centro aparecían
pintados el escudo del Ayuntamiento de esta cor¬
te, y la inscripción: «Carnaval de 1898. — Madrid.
— Premio.»
• *
EL CARNAVAL EN BARCELONA.
La justa fama que siempre ha tenido el Carna¬
val en la capital del Principado, se ha confirmado
una vez más en las artísticas y lujosas fiestas cele¬
bradas este año.
Nuestro grabado de la página 121, que contiene
varias vistas de la cabalgata y de la Rúa que en
los epígrafes se especifican, da clara idea de la
animación y vistoso aspecto de la fiesta.
A las dos de la tarde del domingo se puso en
marcha, en el Teatro del Nuevo Retiro, la cabal¬
gata por el orden siguiente:
Tres municipales de caballería; pendones anun¬
ciadores, llevados por heraldos montados que ves¬
tían vistosas dalmáticas; un coche anunciador del
Corte Parisiense; la giganta; otro coche anuncia¬
dor de la Academia Martí ; grupo de máscaras y
heraldos á pie y á caballo, con trofeos carnavales¬
cos; la banda de la Casa de Caridad; mascarada
representando el modernismo, en la que había ca¬
prichosos y originales trajes; caricatura graciosa
de la escuela modernista; y terminaba con los
quatre gatsy coche anunciador de la fotografía
Clausolles, representada por una gran máquina
fotográfica; carro anunciador de la casa Mas-Bagá,
fabricantes de puertas de acero ondulado; carro
anunciador de una colchonería de la calle de Po¬
niente; carro de la farmacia Kneipp; carro con¬
vertido en casa rústica; carro de Don Quijote, que
obtuvo el primer premio; banda municipal del
Niu Guerrer; carro de mudanzas adornado; el
carro del Polichinela, sentado sobre un gran cas¬
cabel dorado y en actitud de tocar la trompeta,
muy vistoso y artísticamente ejecutado; otra ban¬
da de música; el coche que conducía á los organi¬
zadores de la fiesta, y los guardias municipales que
cerraban la marcha.
La cabalgata dió la vuelta completa á las Ram¬
blas, regresando al punto de partida, y al pasar la
primera vez por delante del Eldorado, hizo alto,
para que el Jurado, situado en el balcón de dicho
teatro, pudiera juzgar del mérito de los disfraces
y carros adornados.
El martes se efectuó la retreta. Poco antes de
las nueve salió del Palacio de Bellas Artes por el
orden siguiente: Municipales de caballería; heral¬
dos con pendones; comparsa de moros con faroles
japoneses; banda de niños tambores de la Casa de
Caridad; gran farola representando el globo terrá¬
queo; faroles de capricho; otra farola representando
el globo terráqueo; grupo de ciclistas; automóvil
del Sr. Bosch convertida en góndola é iluminada
con luces de bencina y farolitos de colores; carro
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1. Cesto de flores, de los Sres. Moreno Carbonero y Muñoz Degrain. - 2. La tribuna del Jurado en el Obelisco de la Castellana,
3. Carrozas de Baco y Vesta. — 4. Palanquín romano. — 5. Fiesta ciclista.
(De fotografías.)
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EL CARNAVAL EN BARCELONA.
i. Carro alegórico anunciando el Carnaval. — 2. La estudiantina valenciana. — á. Paso de ia cabalgata artistico-industrial por la Kambia de Cataluña.
4. Fiesta ciclista en el Parque. — 5. Fragmento de la Rúa en la Rambla.
(De fotografías de D. Juan Furnells.)
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122’ — n.# vin
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
- 28 Febrero 1898
con la máquina fotográfica de la casa Clausolles;
coche de la Cruz Roja; banda de música; carro
anunciador de la fotografía Puig; municipales á
caballo del Niu Guerrer, llevando faroles en el re¬
mate del casco; la banda humorística de la propia
sociedad parodiando la banda municipal; gran fa¬
rola del Niu ; comparsa de los Antichs Guerrera
compuesta de unos cincuenta ó sesenta individuos
montados y á pie, los cuales vestían ricos trajes de
gusto chino; gran farola china; riquísimo palan¬
quín, en el que iba una niña; templete de Buda;
la banda de la Casa de Caridad; el carro de Poli¬
chinela, y el coche de la comisión organizadora.
La comparsa de la sociedad humorística Les An¬
tichs Guerrers obtuvo dos premios del Jurado, y
los aplausos del público, por el buen gusto y acierto
que tuvieron en la elección de los trajes y por el
excelente dibujo del palanquín, del templete y de
las farolas que exhibieron.
en 1851 ingresó en el Seminario de Túy, donde
hizo varios estudios con notable aprovechamiento.
No sintiendo la vocación verdadera que exige
el estado sacerdotal, dejó el Seminario, vino á
Madrid y se trasladó después á la Isla de Cuba,
donde se dedicó al comercio; fue á Méjico, ingresó
en un regimiento de tiradores del ejército regu¬
lar, tomó parte en varias acciones de guerra, hasta
la entrega de la ciudad de Méjico, en que aban¬
donó aquel país , regresando á Cuba.
Avecindado en la Habana, colaboró en varios
periódicos, desempeñó varios cargos administra¬
tivos, fundó el Centro de Comercio, perteneció á
la Junta de obras del puerto, fué vocal de la Cá¬
mara del Comercio y de la Junta de Aranceles, y
en 1890 contribuyó poderosamente á la constitu¬
ción de la Liga de Comerciantes, de la que ha sido
presidente, y cuya representación ostentó en la
información del régimen mercantil á que aspiraba
mantas granate y azul, galoneadas de oro: los con¬
ductores vestían el traje de los dependientes de
tiendas de* vino.
Representaban á Cádiz y á Santander dos lin¬
das jóvenes, con gran propiedad vestidas, y cuyos
tipos respectivos eran muy á propósito para re¬
presentar ambas comarcas. Vestía la primera traje
rosa y lujoso mantón de Manila, celeste y crema,
llevando adornada su graciosa cabeza con la pei¬
neta y las flores. La segunda la adornaba con pa¬
ñuelo de seda azul y rojo colocado á la montañesa,
y lucía un lujoso cerpiño de terciopelo negro, con
cabos rojos sobre el camisolín profusamente bor¬
dado, y falda obscura festoneada con terciopelo
negro.
La otra carroza es la llamada de Los Asiros , de
gran originalidad y precioso efecto.
De estilo asirio, representaba un bloque de gja-
nito, de los que se tallaban para las construcciones
PRIMER PREMIO CONCEDIDO Á LA SOCIEDAD CC ANTICHS GUERREES D.
PALANQUÍN CHINO QUE OBTUVO EL SEGUNDO PREMIO.
EL CARNAVAL EN BARCELONA. — gran retreta china verificada el martes de carnaval.
(De fotografías de D. Juan Furnells.)
Los grabados de esta página representan dichos
palanquín y templete.
• •
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA.
En nuestro grabado de la doble página 124 y 125
presentamos agrupados los buques protegidos de
nuestra marina, que ya conocen los lectores de
La Ilustración por haberlos descrito separada¬
mente en otras ocasiones.
•
• •
MARINA DE GUERRA NORTEAMERICANA.— (Véan¬
se las págs. 124 y 125, y el articulo del Sr. Caula
en las 126 y 130.)
• •
EXCMO. SR. D. LAUREANO RODRÍGUEZ,
ministro de Agricultura, Industria y Comercio de la Isla de Cuba.
El ministro de Agricultura, Industria y Comer¬
cio en Cuba, D. Laureano Rodríguez, cuyo retrato
publicamos en la página 127, nació en La Guardia,
provincia de Pontevedra. Perteneciendo á una fa¬
milia de posición modesta, sus padres quisieron
que siguiera la carrera eclesiástica, y, en efecto,
Cuba, realizada ante el ministro de Ultramar en
aquella época, Sr. Fabié.
En 1891 fué elegido diputado á Cortes por la
Habana, y en 1894 tomó parte por primera vez en
la política, decidiéndose en favor de las reformas
de Maura y formando parte de la Junta central
del partido reformista.
Ha luchado con empeño por la concesión de re¬
formas económicas á Cuba, y por sus méritos, por
su actividad y sus servicios al país ostenta títulos
honoríficos que, como premio á su patriotismo,
le han otorgado los Gobiernos de la metrópoli.
•
• •
EL CARNAVAL EN CÁDIZ.
Con gran animación y brillante efecto se ha ce¬
lebrado el Carnaval en la bella ciudad llamada con
justicia la perla del Océano. Ha sido muy elogiada
la lucida cabalgata que recorrió el domingo las ca¬
lles principales, y en la cual dominaba la nota có¬
mica, tan adecuada para la fiesta de Carnestolen¬
das y tan propia del alegre carácter andaluz. Entre
las carrozas que más se distinguieron en el cortejo
hemos escogido dos de las principales, que en la
página 128 publicamos. Es la primera la de Los
Montañeses , que iba tirada por seis muías, con
de la época, llevando esculpidos en bajo relieve el
toro alado de Persépolis a ambos lados, y otros
emblemas de la mitología asiria.
Sobre el carro aparecen el Sol y la Luna, am¬
bos enlazados amorosamente bajo un enorme pa¬
raguas.
A sus pies, cuatro estrellas, prodigios de gusto
y elegancia y de gran riqueza.
Las cabezas del Sol y la Luna, cubiertas por ca¬
retas de latón representando esos astros de oro y
plata, producían excelente efecto.
Los caballos que arrastraban el carro iban en¬
jaezados con gualdrapas y arreos de época.
•
• •
EL ALMIRANTE BUMANN,
jefe de la escuadra francesa del Mediterránea
Con sumo gusto publicamos en el primer gra¬
bado de la página 129 el retrato del almirante
francés de la escuadra del Mediterráneo, Mr. Hu-
mann , con ocasión del banquete celebrado á bordo
del Brennusj buque insignia de aquella tscuadra,
en honor de nuestros marinos los comandantes
del Pelayo D. José Ferrándiz; de la Numancia
D. Julián G. de la Vega, y de la Victoria D. Sal¬
vador Rapallo.
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28 Febrero 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n • viii — 123
Si en las circunstancias difíciles y críticas es
cuando los pueblos aprecian mejor todo lo que
significan y valen las pruebas de simpatía, no hay
duda que en los actuales momentos causará el me¬
jor efecto en los corazones españoles este cariñoso
testimonio.
Las frases con que el almirante Humann ter¬
minó susbrindi8, al que siguió la Marcha Real es¬
pañola, merecen ser reproducidas textualmente.
«Puede afirmarse sin énfasis que las manos se
tienden por encima de los Pirineos, y los corazo¬
nes se reúnen. De nna y otra parte descansan con¬
fiadamente en el cuidado con que sostienen el
equilibrio legal de los intereses el gran patriota,
sabio y prudente, investido por largos años con la
primera magistratura de nuestra República, y la
egregia señora universaimente respetada y que¬
rida , princesa por el corazón como por la sangre,
que pone al servicio de su patria adoptiva el pres¬
tigio de una gracia soberana y la sagacidad de un
espíritu político tan viril como previsor. A ella,
pues, señores, ¿ S. M. la Reina Regente María
Cristina, deben muy respetuosamente dirigirse
los votos que hacemos por la prosperidad de Es¬
paña y la perpetuidad de las relaciones fraternales
que unen nuestras dos naciones.:»
A este discurso contestó con frases no menos
elocuentes y cariñosas el comandante del Pelayo
Sr. Ferrándiz.
Reciba nuestro cordial saludo lleno de grati¬
tud el Almirante francés , y sepa que colmaría
nuestro más vivo deseo si visitara nuestros puer¬
tos del Mediterráneo la escuadra que manda, por¬
que de este modo podría convencerse aún más
del aprecio que á los españoles merece la nobilí¬
sima conducta de la marina francesa.
En el segundo grabado de la misma página pu¬
blicamos el hermoso buque almirante de la es¬
cuadra francesa del Mediterráneo, el Brennus , á
bordo del cual se celebró el banquete.
»
• *
D. RAFAEL TORRES CAMPOS,
comida rio de guerra, nuevo académico de la Real de la Historia.
Nació en 24 de Abril de 1853, en Almería. Abo¬
gado y profesor auxiliar de la Universidad de Ma¬
drid, entró en el ejército al establecer el servicio
militar obligatorio el Gobierno republicano presi¬
dido por Castelar.
Ayudante de profesor en la Academia de Ad¬
ministración Militar al terminar la carrera y ser
promovido á oficial, se le encargó de la clase de
Geografía, y, siguiendo la dirección que representa
el libro Geografía histórico-militar de España , del
sabio general Gómez de Arteche, se consagró con
predilección á este estudio.
Fué profesor de la Institución libre de enseñan¬
za, y formó parte de la Asociación para la ense¬
ñanza de la mujer, que fundó Castro y preside
Ruiz de Quevedo.
Al reorganizar los ministros Albareda y Riaño
la Escuela Normal Central de maestros, obtuvo
por oposición una plaza de profesor de letras, con¬
sagrándose por completo á la enseñanza femenina.
Tomó parte en el Congreso Pedagógico de 1892
como vicepresidente de la sección de enseñanza
de la mujer y como ponente.
Secretario de la Sociedad Geográfica desde 1879,
y en relación en ella con Coello, Saavedra, el ge¬
neral Arroquia, Fernández Duro, Botella, Ferreiro
y otros, pudo recibir el influjo de estos hombres
ilustres, trabajando con ellos por el adelanto y
propagación de la Geografía.
Con Coello y Costa formó parte de la Sociedad
de Geografía Comercial, de la que fué secretario
general, y les ayudó en la campaña que tuvo por
objeto extender los dominios de España en Africa
y asegurar el enlace con nuestras posesiones de
Malasia. Al morir el ilustre Ferreiro, fué elegido
secretario general perpetuo de la Sociedad Geo¬
gráfica de Madrid. En dicha Sociedad, en el Ate¬
neo, en el Centro del Ejército y en el Fomento de
las Artes, ha hecho en forma de conferencias la
mayor parte de sus trabajos geográficos. El carác¬
ter de éstos se halla definido en el prólogo del
libro Estudios Geográficos que hizo Coello. Repre¬
sentando al Gobierno y á las Sociedades de Geo¬
grafía, ha tomado parte en los últimos Congresos
de Ciencias Geográficas de París, de Berna, de
Londres y de Lorient, recibiendo con este motivo
las palmas de oficial de Academia y de oficial de
Instrucción pública de Francia, y concediéndose
uno de los tres primeros premios que tuvo España
en la Exposición Internacional de Ciencias Geo¬
gráficas de Berna en consideración á sus trabajos
y á los del profesor Cossío. Ha sido nombrado
Írofesor de Geografía moderna en la Escuela de
¡studios Superiores del Ateneo.
Discípulo de Riaño y de Ginés de los Ríos en
Arqueología, publicó una monografía sobre la igle¬
sia de Santa María en Lebeña que sirvió para dar
á conocer uno de los más interesantes monumen¬
tos latino-bizantinos que hay en España, siendo
nombrado académico correspondiente de la His¬
toria. Estudió con el profesor Quiroga la gruta
de Altamira al ser descubierta, y negó el carácter
prehistórico que se atribuía á sus pinturas. Ha pu¬
blicado trabajos arqueológicos sobre el Alto Ara¬
gón y la provincia de Santander. En la serie de 1
conferencias organizadas por el Ateneo para so¬
lemnizar el Centenario de Colón, figura España
en California y en el Noroeste de América , consa- ,
grada á comparar históricamente la colonización
española y la anglo-sajona, y á poner en relieve las
glorias de aquélla y la inestimable y humanitaria
obra de nuestros misioneros de California.
En consideración á sus trabajos en Geografía y
Arqueología, la Real Academia de la Historia le
ha elegido su individuo de número en la vacante
de D. Luis Vidart.
Entre las corporaciones extranjeras que le cuen¬
tan en su seno como correspondiente, figuran el
Instituto de Coimbra, la Comisión permanente
Internacional de Protección á los Emigrantes, la
Sociedad de Geografía Comercial de París y la
Sociedad de Geografía de Lille.
La mayor parte de sus servicios militares los ha
prestado en la Academia del Cuerpo, en la Junta
Consultiva de Guerra y en la Junta Facultativa de
Administración Militar. Fué comisionado, en unión
de Amorós, para formar el mapa económico del
territorio nacional, que se propuso llevar á cabo,
como director de Administración militar, el ge¬
neral Salamanca; asistió á las maniobras militares
del ejército suizo, en 1891, para estudiar los servi¬
cios administrativo-militares, y representó al Mi¬
nisterio de la Guerra, en unión del comisario Que¬
vedo, en la Exposición Internacional de Subsis¬
tencias Militares de Viena, obteniendo en ella una
medalla de mérito. El resultado de sus estudios
hechos >en estos viajes ha podido utilizarse para
la reglamentación y adopción de nuevos modelos
para el servicio administrativo de campaña.
Está condecorado con tres cruces del Mérito Mi¬
litar de primera clase, dos de ellas por trabajos
científicos, y con otras de segunda clase pensio¬
nadas, en premio también de publicaciones. Da¬
mos su retrato en la página 132.
Carlos Luis db Cuenca.
EL PÚBLICO . NIÑO (?)
w£\/?^Vn escritor discretísimo y además bien
intencionado, circunstancias muy re-
f&S / comen dables ambas á dos y que — ¡ay!
— rara vez van juntas, el Sr. D. Da-
niel Collado, ha discurrido un medio
^ ¡ para procarar, y aun conseguir, la des-
aparición del género malo en literatura.
Si el procedimiento que propone el inge-
§ niosísiaio inventor prospera y obtiene buen
éxito, y si luego puede ser aplicado con algunas
modificaciones á todo lo demás (porque en el mun¬
do no hay solamente literatura, aunque bastantes
literatos se lo figuren), convengan ustedes con¬
migo en que el descubrimiento será el más prodi¬
gioso de cuantos hallaron hasta hoy los muchos
inventores que en el mundo han sido.
No me parece mal, antes, por el contrario, me
parece perfectísimamente lo propuesto per el se¬
ñor Collado, por lo menos en su plausible propó¬
sito; pero abrigo serios temores sobre la eficacia
de la panacea, aunque se prescinda, y no es poco
prescindir, de las dificultades que á su aplicación
se opusiesen.
Pero como puede suceder que esté yo equivo¬
cado — y bien sabe Dios que celebraría estarlo, —
expondré lisa y llanamente la teoría de mi bon¬
dadoso amigo y distinguido compañero Sr. Colla¬
do, para que mis lectores puedan por sí mismos
analizarla y discutirla.
El Sr. Collado, en un artículo muy ingenioso y
muy bien escrito, como todos los suyos, se pre¬
gunta á sí mismo:
«¿Debe procurarse por todos los medios lícitos
la desaparición del género malo?*
, Y se responde á sí mismo también: «Sí.»
Y acerca de esto sí que habrá uniformidad de
pareceres. Que debe procurarse la desaparición del
mal nadie lo niega, y justamente á eso aspiramos
todos y en todo.
Pero el articulista continúa preguntándose:
«¿Puede conseguirse esa desaparición?»
Y también se responde: «Sí.»
Y esto es lo que ya no me parece tan evidente,
y lo que, de seguro, hallarán dudoso, por lo me¬
nos, la mayor parte de los lectores.
Escritor tan inteligente y tan razonable como
el Sr. Collado no podía incurrir en el error (que
error habría sido, y muy craso) de aventurar tan
categórica y tan rotunda afirmación sin aducir
pruebas y razonamientos que la justificasen, y aquí
entra lo discutible y, á mi parecer, lo dificultoso
del procedimiento.
«La Prensa — dice el señor Collado — es el guía
que marca á la opinión, á la gran masa, los derro¬
teros que debe seguir, y, por regla general, esa
masa, esa opinión sigue el camino que la Prensa
le indica.»
Volveré sobre esta premisa; pero, por de pron¬
to, la admito para no entorpecer el razonamiento
del preopinante.
El cual preopinante prosigue su ingeniosa argu¬
mentación en esta forma:
«Pues bien; con que los directores de cuatro
ó seis periódicos de Madrid quisieran ponerse de
acuerdo, en bien del arte y en bien del público,
el mal género teatral sufriría un golpe rudo en
plazo breve.»
Por las antedichas razones acepto también sin
analizarla, por ahora, esta segunda premisa, acerca
de la cual pienso decir algo más adelante.
El articulista, después de evocar el recuerdo de
una cuestión dilucidada y resuelta entre algunos
revisteros de toros y unos toreros, agrega:
«Unanse, y hasta juraméntense si lo creen ne¬
cesario, y tomen el acuerdo do no dar cuenta del
estreno de ciertas obras, y ya verán cómo los au¬
tores que tengan condiciones se enmiendan, y los
que de ellas carezcan dejan de escribir.»
El señor Collado, al llegar aquí, tiene la bon¬
dad — que nunca le agradeceré lo que ella merece —
de sacar á plaza mi nombre; y presumiendo que
el procedimiento por él imaginado va á parecer-
me (y en efecto me lo parece) excesivamente au¬
toritario, casi dictatorial, me dice:
«Pero voy á contestarle, curándome en salud,
que también hay niños que piden ciertas golosi¬
nas, y sin embargo no se las dan, para evitarles
una indigestión.
»Figurémonos, pues, que el público es un niño,
y hagamos lo posible para que no se le sirvan
ciertos manjares teatrales que son indigestos, muy
indigestos; pongamos todos de nuestra parte lo
que podamos para hacer algo práctico en esta
cuestión, y si no nos decidimos, dejemos vivir en
paz á ciertos autores, y ruede la bola.»
Creo que, en definitiva, vendremos á parar en
eso; que, después de todo y bien examinado el
asunto, es lo mas natural, y por consecuencia lo
más sepcillo.
Porque es necesario fijarse en que el remedio
imaginado por el escritor aludido para la desapa¬
rición del género malo lleva envueltos, no obs¬
tante su aparente sencillez, varios trascendenta¬
les problemas.
Y ahora, reproducidos sin comentarios ni obser¬
vaciones los párrafos del trabajo suficientes á dar
idea de lo que hay en él de sustancioso, me pa¬
rece que ha llegado la oportunidad de volver so¬
bre las premisas, provisionalmente y sub condi -
tione9 aceptadas.
Establécese en la primera que «la Prensa marca
á la gran masa los derroteros que ha de seguir», y
hay quien opina (y no sin fundamento) que su¬
cede precisamente lo contrario; es, á saber, que la
opinión, la gran masa, marca y determina los de¬
rroteros que ha de seguir la Prensa. Ecos de la
opinión se llaman los periódicos, no sus guías; ser¬
vidores del público aspiran á ser, no sus maestros;
á dar gusto a las masas tienden, no á dirigirlas; y
justamente el secreto de la mayor ó menor circu¬
lación de un diario radica en la mayor ó menor
habilidad de quien lo dirige y de quienes le redac¬
tan para halagar á la mayor parte de los lectores.
Esta, pues, si no en absoluto negada la primera
premisa, puesta en tela de juicio cuando menos.
Y paso á examinar la segunda, en la cual se
contiene otra cuestión no menos importante, ni
menos discutible.
Si cinco ó seis periódicos de Madrid se jura¬
mentan para no dar cuenta del estreno de ciertas
obras, ¿dejará el público de ir á verlas?
No, no, mil veces no. Si la obra le gusta, si le
ofrece atractivos (no importa de qué clase), si le
hace sentir mucho ó le divierte, el público irá á
verla á pesar del silencio de los diarios.
Admito, no obstante, para ser condescendiente
por completo, que la conjuración del silencio tra¬
mada contra ciertas obras tuviera eficacia: ¿sería
posible que los periodistas convenidos y jura¬
mentados estuviesen siempre de acuerdo en la de¬
signación de esas ciertas obras?
Porque, señores juramentados (en hipótesis), la
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Colón.
)
t
I
Vitoria. Vdano. Oquendo.
MARINA DE GUER:
Kearsarge.
Columbio.
Brooklyn.
Xrirark.
Baltimore.
Atalanta.
/
MARINA DE GUERRA
DIBUJOS DE
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Google
É
María Teresa. Alfonso XII, Carlos V, IsladeLuzón. Marqués de la Ensenada. Cardenal Cisnfros. Isla de Cuba. Xu manda.
Vizcaya. Audaz. Osado. Terror . Furor » .
RA ESPAÑOLA.
Benningtun Bancroft.
Olympia. X ’eicark.
Castine. Minneapoli
Texas . Cushlng. Indiano.
ORTEAMÉRÍCANA.
JAULA
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126 — n.» vm
LA 'ILUSTRACION ’ ESPAÑOLA Y ÁMÉ^tlCA^A "
28 Febrero 1898
cosa tiene más importancia y más dificultad de lo
que parece.
¿Qué ciertas obras habían de ser las condenadas
á esa especie de ostracismo periodístico?
A esta pregunta no puede contestarse satisfac¬
toriamente, diciendo: « Las del género malo», por¬
que no hay género que sea malo per se; hay obras
buenas, y obras malas, y obras medianas (estas
son las que más abundan); pero género bueno y
género malo no los conozco, ni creo que los co¬
nozca nadie.
Por ventura, ¿había de imponerse esa pena de
desdén sistemático á determinados autores?
No oreo que ese absurdo haya pasado siquiera
por la mente á escritor tan discreto y tan amante
de la justicia como el Srj Collado.
¿Quiénes serían y qué idea darían de sus facul¬
tades anímicas los periodistas que, previamente y
sin apelación, dijesen: «Todas las obras de los
autores Fulano, Mengano y Zutano, sean como
fueren, las diputamos desde ahora por malas, y
por ende , nada diremos ni escribiremos acerca de
las que en lo sucesivo lleven al teatro?»
Si el anatema no podía lanzarse sobre el género,
ni sobre los autores, claro está que había de ser
casuístico, y no a prior i; solamente después de
cada estreno podría decidirse si la obra estrenada
merecía ó no merecía la honra de la crítica. Sería
necesario, por consiguiente, que una vez termi¬
nada la representación, celebrasen consejo los
periodistas juramentados para absolver ó conde¬
nar la nueva obra.
' ¿Estarían siempre conformes los críticos? Lo
probable, lo casi seguro, es que no lo estuviesen
nunca. No hay probabilidad, ni aun remota, de
que el criterio de uno fuese idéntico al de otro.
El 'de éste sería amplio, estrecho el de aquél.
Desde el que se asustase de La Vida es Sueño y
de Don Alvaro , por ejemplo, porque en esos dra¬
mas aparecen actrices con trajes de hombre y en¬
señando las piernas, hasta el que hallara inocente
y aceptable, como trabajo artístico, la m&s porno¬
gráfica de las apoteosis¡.de una zarzuelita al uso,
habría tantos matices de opinión como individuos
formasen aquella especie de Tribunal Supremo
literario.
Y todo ¿para qué? Para que el público siguiera
favoreciendo con su asistencia los teatros en que
hallaba diversión ¡y esparcimiento , más ó menos
honestos y menos ó mas cultor ^ •' **
No puedo figurarme que el público sea niño;
me parece, por el contrario, que es ya mayorcito
de edad. Pero si, en efecto, fuese niño, como ase¬
gura mi estimado compañero el Sr. Collado, ¿quién
tiene derecho á erigirse, auctoritate jtrojrria , en
su tutor ó curador ó maestro?
Yo, individuo ayer de esa colectividad que se
llama público; yo, parte casi insignificante de ese
niño que pide golosinas y busca manjares indiges¬
tos, soy admitido de la noche á la mañana, por
obra y gracia de eficaz recomendación de un ami¬
go ó por benevolencia de un compañero, en la re¬
dacción de un periódico, y por este solo hecho
quedo oonvertido en maestro ; ya puedo marcar á
la opinión los derroteros que ha de seguir; ya ten¬
go aptitudes para hacer de un Pedro Recio de Tir -
teafuera , y decirle al público, entre el cual estuve
hasta ayer: «Come esto; no comas eso; no gustes
de lo demás allá.»
¡Niño el público!
¡Buena niñez te dé Dios, por cierto! Pues, hom«
bre, si el público, si la muchedumbre suele saber
rufa y ver más claro y sentir más hondo que todos
los artistas y, todos los sabios del mundo!
¿Que las multitudes yerran á veces? ¿Quién lo
duda, ni quién lo niega? Se equivocan en muchas
ocasiones; «pero ¿acaso no se equivocan también
los individuos? No parece sino que esos maestros
que quiere nombrar mi buen amigo el Sr. Collado
serían infalibles. No; se equivocarían muchísimas
veces. Ahora, si se me dice que las equivocaciones
de las masas tienen ó pueden tener más terribles
consecuencias, reconoceré y declararé que es exac¬
to; pero haciendo observar cómo es también exacto
que los aoiertos de las muchedumbres tienen gran~
diosos resultados. Está compensado todo.
Y esto que pienso y digo refiriéndome á toda
clase de muchedumbres, tiene más fuerza cuando
se trata de las multitudes que asisten al teatro, en
las cuales hay que reconocer afición y tendencias
reveladoras de cierta cultura intelectual y de al¬
guna delicadeza de sentimientos.
Y no hablemos de los sabios, de los doctos, de
los entendidos en otras ramas del saber, ya que
no precisamente en literatura, que habrá (y hay
siempre) entre los espectiadores.^odas esas inteli¬
gencias cultivadas forman un^nivel intelectual, un
promedio de aptitud muy superior (de ordinario)
a la inteligencia y á la aptitud del 'más erudito de
los maestros. — Por eso, a mi juicio, y salvo mejor
parecer, el procedimiento ideado por el articulista
de La Ilustración Nacional , sobre ser impractica¬
ble, no habría de dar el resultado apetecido. Al fin
y á la postre, si de lo que se trataba era de impo¬
ner un veto á las obras malas ó peligrosas , más
sencillo era y más breve y, sobre todo, más hace¬
dero, restablecer la censura de teatros.
A. SÁNCHEZ PÉREZ.
Xj-A. nieve.
SONETO.
Bajando en copos desde el alto cielo,
La nieve, silenciosa y persistente,
Despliega sus cendales lentamente
Sobre los campos que endurece el hielo.
Ciñe su blanco y esponjoso velo,
Como un manto de armiño, la vertiente,
Y se mancha en el fango pestilente,
Al arrastrar sus orlas por el suelo.
Y en la anchurosa y solitaria plaza
Sus congelados copos apelmaza
Sobre la estatua colosal y erguida,
Y su esbelto contorno desfigura,
Cuál si otra vez la clásica escultura
Volviera al bloqueado que fué extraída.
Manuel dé.Sanpoval.
MARINA NORTEAMERICANA.
¿r ACE diez años, los Estados Unidos no
r- teníaR marina: se contentaban con re-
juvenecer los viejos monitores, cons-
tra^08 cuando la guerra de secesión.
* IfcipyTVy Todos fueron provistos de máquinas
v fiáJjÍK nuevas^ -incluso el > Miantonomoh y el
Monadnock, que son de hierro y ma-
Más tarde, adoptaron los planos de los cru-
▼ ceros ingleses: los del Baltimoi'e y el Phi -
ladelphia se los procuró el gran constructor White.
En 1889 emprendieron la construcción de aco¬
razados, copiándolos 'del Citadel-Bhip; construido
nueve años antes.'Desde entonces, los americanos
empezaron á preocuparse en aumentar su poder
naval.
Reorganizaron los arsenales del Estado, que
son: en el Atlántico, el de Brooklyn ó New York,
y el de Norfolk en Portsmouth; en la costa del
Pacífico el de Mare-Island, y recientemente se
creó el de Port-Orchand en Brambridge. Los de
Philadelphia y Boston están dedicados, el uno
exclusivamente á carenas, y á suministrar cade¬
nas y anclas el otro.
Instalaron en toda la costa de la República infi¬
nidad de talleres para reparar averías de poca im¬
portancia; y almacenes de efectos navales y de¬
pósitos de carbón, víveres y municiones, en los
puertos de New London, Port-Royal, New Oskant,
Hampton, Roads y Key-West.
Los astilleros particulares, como sucede ahora
entre nosotros, tienden á monopolizar los encar¬
gos oficiales; y los de Philadelphia, Boston, San
Francisco, Bristol, New York, Chester, Balth y
Baltimore se aprestan para hacer competencia á
los establecimientos del Gobierno.
Se fundó en Massachusetts, bajo la dirección
de Mr. Bethlehem, una importante fábrica de blin¬
daje de acero niquelado del sistema Harvey, que
puede competir con la que en Alemania tiene
Krupp.
Toda la artillería de grande y pequeño calibre
se construye en manufacturas del país.
Investigaron y estudiaron en todas partes, es¬
pecialmente en Europa, y una vez bien informa¬
dos de lo que les convenía, procedieron á construir
tipos de acorazados como el Indiana , y de cruce¬
ros protegidos como el Olympia y el Columbia ,
que no pueden negar su origen americano.
Construidos con una rapidez asombrosa, muy
en consonancia con la actividad de aquel pueblo,
no hay para qué decir que las construcciones su¬
frieron las consecuencias naturales de esta preci-
; pitación: casi todas las pruebas de corazas y de-
: más dieron mal resultado; los ajustes estaban apa¬
rentemente bien; pero en el interior resultaban
‘ defectuosos; las carenas exteriores, sin embargo,
parecían finas y de una perfección admirable; en
suma, en todos los barcos había falta de solidez,
pero buen aspecto.
../• ». Todo marchaba muy bien en apariencia, y ya
se veía en perspectiva una nueva nación maríti¬
ma, cuando los créditos destinados á este objeto
se agotaron. A la actividad febril sucedió un pe¬
ríodo de tres años de calma, en el cual no se hizo
absolutamente nada.
La consideración de que los otros países les cau¬
san poco temor, asegurada como está su defensa con
su propia situación geográfica y contando con que
los buques europeos al arribar á sus costas habrían
consumido todo su combustible y víveres, y otra
porción de ideas por el estilo, contribuyeron, á no
dudar, al abandono momentáneo y paralización de
tan grandiosos proyectos.
Llegó la guerra de Cuba, y con ella el temor de
complicaciones, y aun de uh rompimiento con Es¬
paña, motivado por su incalificable conducta fa¬
voreciendo inicuamente la insurrección; y dando
largas á sus codiciosas pretensiones, proceden si¬
gilosamente á construir acorazados y más acoraza¬
dos, llegando en poco tiempo á disponer de una
escuadra, en apariencia, respetable.
Como es país que no tiene tradición alguna en
su historia naval, nada tendrá de particular que
dentro de poco veamos todos esos buques ir al
montón de material viejo.
Felizmente para nosotros, las grandes chime¬
neas y los muchos humos de los yankees no deben
amedrentarnos, y más cuando por ellos mismos sa¬
bemos que todos los jefes y oficiales de la Arma¬
da, muy viejos en su mayor parte, tienen que ha¬
bérselas con gentes asalariadas, que se baten cal¬
culando por céntimos de peso el valor que deben
despiezar en el combate.
Mr. Herbert, distinguido político americano y
ex ministro de Marina, dijo, y es verdad, que no
haypals en el mundo que, poseyendo tanto material
de guerra , se halle menos preparado para hacer uso
de él.
La flota yankee hemos dicho que es aparente¬
mente poderosa; y, con efecto, por el estado que
damos en la página 130 así lo parece, y lo sería
en realidad si todos sus barcos fueran buenos.
Examinemos los acorazados de primera, 7n-
diana , Oregon y Massachusetts. Estos buques,
con las carboneras llenas, sumergen su coraza
por completo debajo del agua; de modo que sólo
en tiempo de paz se pueden permitir el lujo de
cargar las 400 toneladas de carbón que necesitan *
para recorrer todo su radio de acción.
Recargados de artillería, no sirven más que para
guardacostas, á pesar del pomposo nombre de aco-
' razados de combate.
El lo wa es por el mismo estilo que los ante¬
riores, aunque mejorado en su artillería, que es
más moderna y de menor peso.
Las torres del Kearsarge y el Kentucky ofrecen
algunas ventajas, como simplificación en las ma¬
niobras de carga y aligeramiento de peso; pero el
eje de las mismas está tan mal dispuesto, que la
artillería que montan quedará fuera de combate
en seguida que empiece á funcionar. Así es que en
los buques en construcción Alabama , California
y Pennsylvania se ha desistido de ponerlas. La
artillería secundaria es la única que tiene bien de¬
fendida.
El Texas tiene un blindaje muy deficiente: 15
centímetros en la batería y 19 milímetros en al¬
gunas partes. Sus máquinas resultaron muy malas;
se le reformaron y quedaron peor; no puede lle¬
var á bordo los torpedos que le estaban destina¬
dos. Sus planos son muy viejos, tomados del bra¬
sileño Riachuelo , aunque más reducidos.
El Maine , borrado de la lista, por la horrible
catástrofe del 15 del actual en la Habana, por su
escasa defensa no podía considerarse como aco¬
razado, y por su poco puntal y amura no servía
para crucero, puesto que con tiro forzado, con el
que dicen que alcanzaba 16 millas, embarcaba el
agua por la proa. Había sido reformado varias ve¬
ces durante su construcción,, y siempre quedó de-
t ficiente.
El servicio de la batería principal del New
York es sumamente difícil y peligroso; no tiene
más que un elevador de cargas eléctrico en cada
extremo, y el transporte horizontal tiene que ha¬
cerse á brazo.
El Brooklyn es, á no dudar, uno de los mejores
buques de la marina moderna; su velocidad de 21
millas por hora le permite, según su convenien¬
cia, aceptar ó rehusar el combate; se le denomina
destructor de cruceros , pero no puede habérselas
con los destroyers que andan 30 y 32 millas.
El Katahdin. Este originalísimo buque está des¬
tinado á efectuar sorpresas: su tripulación no pue¬
de dormir á bordo más que cuando es absoluta¬
mente necesario, por falta de capacidad. No puede
ir á combatir en alta mar; está muy bien defen¬
dido contra la artillería y los nuevos agentes ex¬
plosivos.
La idea del almirante Ammen, de combatir por
el choque, era muy buena en, el tiempo.de la gue-,
rra de secesión; pero _ entendemos que es poco
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38 Febbibo 189$
LA ILUSTRACI6N- ESPAÑOLA- '■? ' ÁMÉfeT(5ÁNAÍ
X* viir — 1 2T4
práctica en estos tiempos. Esta nave hay que con¬
siderarla como un ensayo que puede ocasionar
una evolución en la arquitectura naval del porve¬
nir, siendo un término medio entre el submarino
y el buque dé castillos altos como el Brooklyn y
el Kearsarge .
El Miantonomoh , el Monadnock y el Terror es¬
tuvieron más de veinte años sin terminar después
de botados al agua; se trató de modernizará s, no
pudiendo conseguirlo; están provistos de una cá¬
mara central, especie de buque fácil de separar
del cuerpo del monitor si éste llegase á ser des-
destruído; idea estrafalaria y falta de sentido,
pues al destruirse lo uno, con doble motivo se
destruí ría lo otro, que es de menos resistencia.
El Montereyy aunque más moderno, es por el
mismo estilo de los anteriores; tiene dos clases de
calderas: dos ordinarias y antiguas, y cuatro mul-
titubulares del sistema Ward, que sólo emplea
cuando necesita navegar á gran velocidad.
El Baltimore y el Philadelphia han navegado
muy bien; pero con la artillería de grueso calibre
que les han puesto su estabilidad es peligrosa.
La cubierta protectora del Cincinnati , el Mar-
bleheady el Montgomery y el Detroit es más bien
un peligro que una defensa; por falta de estabili¬
dad han tenido que aligerarlos de peso, llegando al
extremo de cortarles 15 centímetros de alto á
todoe los manteletes de defensa de la artillería;
sus máquinas están mal empotradas, y á pesar de
los muchos ventiladores no se puede estar en sus
cámaras.
El Columbia , al volver de Kiel, atravesó el
Atlántico, probando su velocidad y resistencia, y
navegando por término medio 18 millas: el último
día ya no pudo navegar á tiro forzado. Este y el
Minneapolis son los dos cruceros más grandes que
tienen. No sirven para acompañar escuadras por
lo caros que resultan, ni son-bastante fuertes para
atacar obras de fortificación en tierra. Su principal
objeto es, pues, el de perseguir y destruir los bu¬
ques mercantes.
Todos los demás buques, por su escasa impor¬
tancia, no valen la pena de ocuparte en ellos.
Merece, sin embargo, mencionarse que, por auto -
rización del Congreso, han sido claidticados como
cruceros auxiliares en tiempo de guerra los trans¬
atlánticos siguientes:
En el Atlántico: «International Navigation
Company»: San Luisy San Paul, París y New
York.
«Pacifique Mail Company»: NeU'porty Colum -
biay City of Para y Lampazas . \
«Red D. Company»: Caracas , PhüadelpJiia' y
Venezuela.
«Panama Railroad Company»: A d van ce y
Alliange.
«New York and Cuba Mail Company»: Oriza -
bay Yumuriy City of Washington y Saratoga.y Sé¬
neca y Y u catan y Seguranza , Vi gitanea y Cincho.
En el Pacífico tiene además la Compañía «Mail
Pacifique» los vapores City of Si dneyy City of Pc-
kiny City of Rio Janeiroy Perúy Colóny San Jóse ,
San Blasy San Juan y Acapulco.
El armamento de estos buques sería de 46 ca¬
ñones de 152 milímetros de tiro rápido; 27 de 127
milímetros; 104 de 101 milímetros; 54 de 57 milí¬
metros; 8 de 47 milímetros, y 112 ametralladoras
Maxim.
Mucho queda por decir- sobre las condiciones
marineras y de guerra de todos los buques de la
escuadra norteamericana; pero no es posible ha¬
cerlo dentro de los reducidos límites de un ar¬
tículo.
A. db Caula..
PQR AMBOS MUNDOS.
N AllUACI ON KS CüSMi )POMTAS.
Tiempo engañador: la sequía: tristes esperanzas- — Contrastes: gue¬
rra á los abrigos forradas de foca, en los Estados Unidos.— Al Polo
poco á poco.— La vuelta del ballenero Navarch.
t'^Wi^sír® eB*e invierno tan agradable, de es-
plend oroso cielo, templado ambiente
primaveral y encalmada atmósfera,
bueno para el recreo, propicio y abo-
nado para la grippe traidora, seco has-
ta lo inverosímil, y, por consiguiente,
vjrLO» pésimo para el campo; en este período de
7Jr radiante sol en Castilla y en Andalucía y
Levante, cuando Avila, Burgos y Soria, vi-
1 gías y centinelas del tiempo crudo, no acu¬
san mínimas temperaturas inferiores á ocho ó
nueve grados bajo cero, se pree.uno en Niza ó en
Orotava ó en Terceira, al leer que el termómetro
marca— 25°en San Petersburgo,— 36 en Haparanda,
, Excmo. Sr. D. LAUREANO RODRÍGUEZ,
MINISTRO DE AGRICULTURA, INDUSTRIA Y COMERCIO DE LA ISLA DE CUBA*
(DeJotográfia de loe
— 38 en Arkángel ,—31 en Moscou. Tiempo tan her¬
moso no viene á tiempo,; y. por' esto» anda' trastor¬
nado todo» lo que depende de la marcha^ natural de
’ los fenómenos que a la vida importan.^ Adónde
han ido, ó adonde van, aquellas. beneficiosas llu¬
vias, aquellos temporales regulares, que equilibran
los rigores de las estaciones, difundiendo con la
humedad y la evaporación la .frescura en' los me--
ses caniculares, y trayendo calor y jugo para los
organismos en el período frío? En el verano últi¬
mo no cayó una sola gota de agua en un’ período
de sesenta y siete días, durante los meses de Julio
y Agosto hasta el 12 de Septiembre;. y en el de
ciento sesenta y seis días, desde 10 de Junio á 13
de Octubre, sólo se registraron 56 milímetros de
lluvia por oentímetro cuadrado de superficie. En
los treinta últimos años no se había dado el caso
que en 1897, de que no lloviera nada en los meses
de Julio y Agosto. Y el carácter pertinaz de la se¬
quía continúa en el período opuesto del año: en
Diciembre, Enero y Febrero apenas ha llovido.
Esta ausencia del agua, que puede traducirse en el
presente por la frase: «No hay salud», se conver¬
tirá mañana, si la sequía sigue, en esta otra: « ¡No
hay pan ! »
Vease, pues, cómo el invierno, disfrazado de
tiempo hermoso, esconde bajo tal disfraz un cala¬
mitoso porvenir, y cómo las apariencias agrada¬
bles del momento son prenda segura de una si¬
tuación adversa para mañana, contraria á todo lo
que sentimos y podemos imaginar hoy. ¡Ojalá fue¬
ra tan radical el contraste y el cambio en otro
8p68. Otero y Colominas.)
I
i
orden de hechos! Obscuro, triste y preñado de
alarmas y de terrores aparece el horizonte en que
vivimos, y no hay pena que no tenga su arraigp en
lo más hondo del pecho de la generación actuaL
Si ese cielo amenazador y ese porvenir cerrado
son advertencia bastante para que vivamos aten¬
tos á lo que nos conviene y pensemos seriamente
en lograrlo, si el malestar que nos rodea nos hace
ponernos en guardia para evitar mayores males y
remediar los presentes, radical, en efecto, será el
contraste que ofrezca un mañana pacífico, ventu¬
roso, restaurador de nuestras energías y de nues¬
tras riquezas, con la inmensa pesadumbre que hoy
sentimos y que parece condenada á no tener fin.
Del tiempo bonancible y espléndido en la apa¬
riencia, pero seco y aniquilador en su desarrollo,
vendrá, por la falta del agua bienhechora, la' mi¬
seria; del período borrascoso, sangriento^ abruma¬
dor, pero imponente, ejemplar, lleno de enseñanza,
exigente en materia del cumplimiento de los de¬
beres patrios, vendrá, por la sobra de lágrimas
con que aquí se han llorado nuestros desaciertos y
se lavan nuestras culpas de hombres locos, fantás¬
ticos sin amor y sin ideal , vendrá la paz tan sus¬
pirada, y con ella el remedio y la ventura. Y lo
mismo en el mundo físico que en el social, los
trastornos de las leyes de la Naturaleza resultará
que son lo que siempre han sido, pasajeros; y so¬
bre ellos prevalecerán , en el tiempo y en los pue¬
blos, la regularidad, el equilibrio y la armonía.
•
• •
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CARROZA DE LOS MONTAÑESES.
EL CARNAVAL EN CÁDIZ.
(De fotografías de Rafael Rocafull.)
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA!
28 Febrero 1888
28 Fsbbkbo 1898 j
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
h.# yin — 129
Al .amparo de este tiempo benigno
de que disfrutamos, nada tiene de par¬
ticular que ande la gente «á cuerpo»,
con ligeros abrigos, con esclavinas que
no tienen de capas más que el nombre
y lo enorme y peludo de los cuellos, y
que las verdaderas capas españolas y
los rusos madrileños y las pieles de
boas y gatos estén destinados al con¬
tingente de la reserva. En cambio,
desde el paralelo 45° para arriba, con
sol y todo, el frío arrecia, y todo el
mundo se abriga por dentro y por fue¬
ra. En los Estados Unidos, por no de¬
jar en paz á nadie, han declarado la
guerra á los abrigos forrados de piel
de foca, en virtud de una ley que sir¬
vió para romper las hostilidades desde
l.° de Enero de este año. Los que no
han querido, ni sabido proteger nunca
á los indios ni á los negros dentro de
la República; los que nos prptegen. á
nosotros con la dinamita que envian á
Cuba, han dado ahora en proteger á
las focas, de determinadas zonas marí¬
timas, para que no se meta nadie con
ellas. Uno de los remedios ideados .
para ello es impedir la importación en
los Estados Unidos de todo abrigo que
esté forrado cpn piel de ese animal.
Calcúlese la serie de altercados, es¬
cándalos, jaleos y reclamaciones á que
estará dando lugar en las aduanas se¬
mejante disposición. Puesta la ley en
vigor en 29 de Diciembre último, ¿de¬
bía tener efecto retroactivo y caer so¬
bre los forros vitulinos cosidos al paño
de las capas y rusos con anterioridad
á dicha fecha? Así lo entendieron los
empleados, á pesar de las protestas de
los viajeros, á quienes dejaban sin oa-
potes en cuanto aparecía la piel de
foca, procediese ésta de donde proce¬
diera. Contra semejante tiranía hubo
de acordarse una salvedad, consistente
en que, cuando el viajero, forrado de
foca, pudiera demostrar con la factura
del comerciante y por la manifestación
de dos testigos que la prenda de abrigo
era de uso anterior á 1897, no se mo-
EL ALMIRANTE HUMANN, ,
JEFE DE LA ESCUADRA FRANCESA DEL MEDITERRÁNEO.
, (De fotografía.)
lestara ni exigiera ningún derecho.
Pero ¿quién iba á pedir á un sastre ó
peletero las facturas de un abrigo usa¬
do? Y aun presentada la factura, ¿quién
ha dicho que el fabricante no entrega¬
ba á sus amigos y parroquianos todas
las que quisieran, con la fecha que les
pareciera bien? En cuanto á los testi¬
gos, es ridículo pensar que, no siendo
parientes del portador, ó personas de
su habitual trato, dé la casualidad de
que viajen con él y ofrezcan garantías
de crédito. Uno de los choques más so¬
nados, en estas peripecias de la Aduar
na ha sido el ocurrido recientemente
en Niágara Falls con la aristocrática
señora inglesa miss Parkiston. Llegó á
la frontera por una de las vías férreas
del Canadá, y cuando más arropada y
temblorosa (en un' día de niebla á 16
bajo cero) estaba en su compartimien¬
to, sufrió la investigación fiscal de los
aduaneros yankeesy que quisieron des-
pojárla de su: rico abrigo (sea •cal/
shel^er) de 1.000 pesos de valor. La
miss furiosa cerró los puños, acercán¬
dolos en actitud hostil á las narices de
la policía fronteriza ; lanzó toda clase
de pestes contra la Unión estrellada y
sus egoístas libertades; demostró que
había comprado en Londres en 1894
aquella magnífica capa; y cuando los
a laaneros creyeron terminado el inci¬
dente, al dejarla en paz, cundió entre
ellos el espanto al ver que la señorita
suspendió su viaje, llamó á un notario,
hizo levantar acta £e las declaraciones
de cuantos habían presenciado el regis¬
tro y desacato, formuló 6u reclamación
en los libros de la Compañía del ferro¬
carril, y por medio de abogado presen-?
tó un escrito al juez de la comarca para
procesar nada menos que al Gobierno
de la República y en demanda de repa- •
ración de daños y perjuicios.
Muchos y mayores líos eran los que
esta ley originaba que los que podían
[amontonarse conducidos por los tre¬
nes, y para remediarlos en parte, la
Dirección de Aduanas ha acordado que
I '
MARINA DE GUERRA FRANCESA.— el acorazado «brennus», buque insignia de la escuadra del mediterráneo.
(De fotografía.)
Digitized by
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180 — H.*vm LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA * Y AMERICANA' 28 Fdmoo 1898
RELACIÓN DE LOS BUQUES QUE CONSTITUYEN LA MARINA DE GUERRA NORTEAMERICANA.
CASCO.
MAQUINA.
¡PIES INGLESES I tt
NOMBRES.
ACORAZADOS DE 1.a |
Indiana . i
Oregon . > A.
Massaohusetts. . '
Iowa . | A.
Kearsarge . .
Kentucky . A*
ACORAZADOS DE 2.a
Texas . A.
360 72
368 72
CRUCEROS
ACORAZADOS.
New York . A.
Brooklyn... . A.
GUARDACOSTAS
ACORAZADOS.
Katahdtn . A .
Miantonomoh . H .
Ampbitrite .
Monadnoek . H.
Terror .
Montercy . I A.
Puritan . I H.
CRUCEROS
PROTEGIDOS DE 1.a
Chicago . A .
Charleston . A.
Atalanta . I .
Boston . ) A*
Baltimore . j A
Philadelphia . i A>
Newark . .
San Francisco . * A •
CRUCEROS
PROTEGIDOS DE 2.a
Cincinnati . .
Raleigh . A*
Marblehead . i
Montgomery . [ A.
Detroit . '
Olympia . I A.
Columbia . A
Minneapolis . *
CAJONEROS
PROTEGIDOS.
Bennington .
Concord..» . A.
York Town . )
Machias. . |
Costina . A.
Nashvillt*.. . . . )
Helena . I .
Wilmington . i A*
Petrel . . . . . . j .
Bancroft . i A *
Vicksburg . )
Newport . } A.
Annapolis.. . . '
380 64
400 61
4.500 315 48 10 2
4.040 300 46 19 2
3.189 270 42 18 1
4.600 315 48 20 2
4.083 310 49 18 2
3.183 291
2.000 257
5.800 340
7.475 412
f 1.220 ¡
1.370
1.392
890
838
CRUCERO
DINAMITERO.
Yesuvius . A.
TORPEDEROS.
Cushing . H.
Stiletto . M.
Ericsson . . H.
Y 8 más.
MONITORES
CON UNA TORRE.
LUGAR
de su
construcción.
I BLINDAJE
[en pulgadas
ígaaa 8. _ a 2. a
- - ARTILLERIA. 8 |
H tS a* 3* ^
3 H, revólver Hotchkiss; RC. rayados, cargándose por la | o® o.
I p 3. recámara; AM, sin rayar; AL, ánima lisa; B , Bouche; 5- S 8 ®
: ; g TR, tiro rápido; G, Gatlings. $ g B §*
: ® El calibre está en pulgadas inglesas (14 milímetros). 8* : ® jj[
11.000 15
10.500 16
Philadelphia .
604.000
San Francisco. ...
1893
636.000
18
Philadelphia .
604.000
Idem . |
| 1896 |
| 900.000
14
Newport News. . . j
i 1896 {
800.000
15
15 3,2 *
6,17 3,5
4.000 ¡Norfolk.
8.000 ¡Philadelphia . 1891
7.000 ¡Idem . 1595
495.000 12
700.000 3,7*
7,10 6.3
8.5 6,3
> ¡Bath.Me .
1.800 ¡Chester .
¡Wilmington . .
San Francisco
Philadelphia.
» I San Francisco
3.500 |Chester .
1893 18 6.000
1876 272.000 |
1581 *
1883 272.000
1H83 206.800
lh.ll > I
9.000 16 5.000 Chester . 1885 177.800
7. U)0 17 6.000 San Francisco _ 1858 >
3.511 15 4.000 Chester . 1884 123.600
10.750 19 7.000 Philadelphia . 1888 ¡^LOOO
8 869 18 ü lina Idem . 1 890 254 h 000 /
8.869 18 9.000 San Francisco ... . 1889 270.000)
10 000 1 8 o sno Bro°klyn . lsp9 220.000
íu.uoo 18 2.500 Norfolk . | 1892 228.600
Boston .
5.400 18 2.800 Baltimore . ¡ 1892 122.500
Idem . (
17.363 20 13.000 San Francisco. ... 1892 477. 600
21.500 21 11.000 Philadelphia . ¡ JJJJ Jjí.WO !
Chester . 1890
3.533 16 3.700 Idem . 1*90
Philadelphia . 1888 (
Bath.Me . 1*92
1.600 13 > Idem . 1892 (
Newport News... 1895 ^
1.600 12 > Idem . | i
1.600 12
1.513 12
1.213 13 j
31 14 1 2.300 14
t Baltimore . . 18*8
) Elizabeth . 1892
iBath. Me . !
(Idem . I »
/ Elizabeth . (
.... 1884 01.000
930 | 246 26 10 I 2 4.459 19 » ¡Philadelphia . 1888 70.000 | j>
105 100 14 5 2 1.720 20
31 88 11 3 1 359 16
120 149 15 4 2 1.800 20 \
Canon ic us..
Mahopac. ..
Manhattan.
Wiandotte..
Catskill ....
Jason .
Lehigh. .. ..
Nahant .
Nantuóket.
Passaic .
2.100 I 206 45 13 | 1
1.875 | 200 45 11 1
CAJONEROS DE 3.a
i Boston . 1864 !
(Jersey . 1865 I
i Idem . 1865 \
[Cincinnati . 1864 )
/New York . 1863 (
l Idem . 1861 ]
'Chester . 1861 (
‘.Brooklyn . 1863 >
/Boston . 1863 \
’ Brooklyn . 1861 J
H* 176 32 12 1
Monocacy . I H.
Alarm . I H,
850 | 255 25 9 1 1
800 | 158 28 10 | 1
4-13/' RC; 8-8" RC; 4-6" RC; 20-6" TR; 6-1" TR; 4 G. ..
4-12" RC; 8-8" RC; 6-4" TR; 20-6" TR; 6-1" TR; 4 G..
4-13" RC; 4-8" RC; 14-5" TR; 20-6" TR; 6-1" TR; 4 G.
2-12" RC; 6-6" RC; 12-6" TR; 6-1" TR; 4 G . 4
6-8" RC; 12-4" TR; 8-6" TR; 4-1" TR: 4 G . $ JE0
8-8 * RC ; 12-5" TR ; 12-6" TR ; 4-1" TR ; 4 G . 8 909
625 486
410 520
6 18 6,3
7 11 * 2
9,7* 11 * 2
13 10,14 3,2
12 11 * 2
4-6" TR . . . »
4-10" RC; 2-6/' TR; 2-3" TR; 2-1" TR . *
4-10" RC; 2-4" TR; 2-6" TR; 2-3" TR; 2 G . *
2-1?" RC; 2-10" RC; 6-6" TR: 4-1" TR: 2 G . *
4-12" RC ; 6-4" TR ; 4-3" TR; 4-1" H ; 4 G . »
250 155
250 170
4 1 * 4 RC: 8-6// RC; 2-5// RC; 10-0// TR: 4-1" TR; 2 G. » 831 325
2 lU 2-8"RC;0-0"RC;4-8//TR:2-3"TR;2-l"TR;0G . 4 328 300
> 1* 2-8"RC;0-0"RC;2-6"TR;2-3"TR;3-l"TR;0G.... > 490 270
4 i 4,2* 4-8"RC;6-6"RC;4-0/'TR;2-3"TR;2-l"TB;6G.... 5 400 375
4* 3,2 12-6/' RC; 4-6" TR; 4-3" TR; 2-1" TR; 7 G . 6 350 323
1-6// TR ; 10-5 " TR ; 8-6" TR ; 4-1" TR ; 2 G. .
3 9-5" TR ; 6-6" TR ; 2-1" TR ; 2 G .
4 i 2 4-8/' RC; 10-5// TR; 14-6// TR; 6-1" TR; 4 G .
4,2 * 1-8// RC ; 2-6" TR ; 8-4" TR ; 12-0" TR ; 4-1" TR ; 4 Q • . .
6 250 295
6 200 187
6 400 412
6 760 477
> > I 6-6" RC; 2-6// TR; 2-3" TR; 1-1" TR; 4 G . 2 200 197
3 2 *
8-4" TR; 4-6// TR; 2-1" TR; 2 G . 1 i&o 169
8-4" RC; 6-6// TR; 2-1" TR; 2 G . , 100 132
1 1 4-4" TR; 2-6// TR; 2—3// TR; 1-1" TR; 2 G . 2 200 132
> > 6-4" RC; 4-6// TR; 2-1" TR; 2-3" TR . „ 100 144
> > 2-4" RC;2-6" TR; 4G . „ 310 120
3 cañones de dinamita de 15 pulgadas; 3-3// TR. (Dejó!
de ser dinamitero para convertirse en aviso-torpe-V > 160
dero, y se quedó peor de lo que estaba.) . \
2-9// AL; 1-8// B; 1-6" RC; 1-3" RC; 2-3" H; 1 G .
4-8// AL; 2-6// RC; 1-3// RC; 1-1" AL; 4-3//; 2-4" H; 1 G.
>160 »
> > >
> > >
y 10 más de madera del mismo tipo, que no alcanzan más que 200 toneladas y 8 millas de velocidad, los mayores, entre los cuales los hay del año 1858
como et Hartford (hoy armado) y el Iroquois . — . . -3
A esta lista hay que añadir varios buques muy antiguos sin valor militar, como Michigan, Finta , Richemond , Omaha , Enterprise , Ajjax y Comanche ,
asi como el Lancaster , Saratogo , Santa Muría j^Pén&acole, que sirven hoy, unos, de escuelas de clases, y otros de pontones. - -
Nota. — Están terminándose el Illinois y el Alábama , de 11.525 toneladas.
Digitized by ^.ooQie
2&Febr*bo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA-
W.# VIII — 181
los abrigos reconocidos se sellen y marquen, y que
se dé á sus dueños un certificado de tal garantía.
El remedio es peor que la enfermedad: nadie quiere
que le sellen la capa ó el ruso, y entre los pocos á
quienes ha parecido bien semejante medida, ha¬
blan los diarios de Nueva York de una señora ne¬
gra, que después que le sellaron el forro de foca
de su redingote, iba repitiendo con acento de sa¬
tisfacción: €¡Oh, qué gusto! ¡Ya estoy tranquila!
¡Ya tengo sellada mi piel I »
En otros tiempos, de los escarmentados nace¬
rían los avisados, según dice el proverbio; pero
hoy no. Duro escarmiento ha dado la región de
los fríos eternos, el camino del Polo, ¿ muchos
aventureros, y, sin embargo, cada día hay mayor
número de atrevidos emprendedores que intentan
repetir, no la suerte , sino la desgracia. No tarda¬
rán en llegar noticias de la expedición belga ¿ las
tierras antárticas, y mientras se pierden en las
ignoradas latitudes del extremo Sur, prepárase
el teniente de la marina norteamericana Mr. Pea-
ry á llegar al Polo Norte, caminando may despa¬
cio y siguiendo un procedimiento que no ha se¬
guido nadie hasta ahora. No es nn novicio ni un
aficionado en materia de excursiones por la zona
glacial, sino un práctico bien experto y mejor
curtido por la soledad y¡ los hielos. La última ex¬
pedición que ha realizado para hacerse á las ar¬
mas, ha sido al golfo de Inglefield, situado en los
77°, 44 de latitud, donde realizó las observaciones
necesarias para preparar su futuro viaje. Propó-
nese salir en el próximo verano, avanzando á lo
largo de la costa de Groenlandia, hasta llegar al
límite septentrional esta isla, á los 82°, punto
por él ya visitado en Julio de 1893, siguiendo des¬
pués la cadena de islas que dice que existen ex¬
tendidas hasta unas 200 millas del Polo. El es¬
pacio restante se podrá recorrer, según él, en unos
treinta días, poco más ó menos.
Su sistema de avance será este:, sólo le acompa¬
ñará otro norteamericano; pero en cambio irán
con él bastantes familias de esquimales, que for¬
marán campimentos ó estaciones de reserva, ayu¬
da, comunicación y aprovisionamiento. La parte
más numerosa del acompañamiento constituirá la
estación principal en Fjord Osbome Sherard , des¬
de donde Mr. Peary y su compañero saldrán para
el Norte con seis familias. En reposado avance y
dejando perfectamente marcada la ruta ó línea del
itinerario, irá instalando de 50 en 50 millas una
familia con todos los recursos y elementos nece¬
sarios para que haya siempre entre ellas comuni¬
cación regular y constante. De este modo puede
decirse que «poblará» un trayecto de 300 millas.
El plan no está en proyecto, sino en vías de inme¬
diata realización, porque el afamado viajero ha
conseguido que sus paisanos secunden el gran
pensamiento reuniendo una suma de 150.000 pe¬
sos, que han puesto á su disposición, y porque ade¬
más del gran acopio de materiales necesarios, tie¬
ne ya escriturados á los esquimales que marcharán
con él. La base de su campaña consiste en reali¬
zarla muy despacio y sin dejar de estar ni un sólo
día en comunicación telefónica con los que vayan
quedando atrás. Así no hay temor de que se pierda,
y utilizará el consejo que le dió hace veinte años
en Umanak un esquimal muy viejo, al recordarle
este refrán secular, que por allí se repite:
thwentf danp Phelfs-Irhansth NecJgydelf tchys f
Asdthey » lo que, en castellano, quiere decir:
«Para llegar al Polo
Procura no quedarte nunca solo.»
m
• •
Bien acompañado, con su mujer y más de cin¬
cuenta. aventureros, salió hace más de dos años,
con rumbo á aquel misterioso y desconocido pun¬
to, desde uno de los puertos de la alta California,
el capitán Mr. Typendell en su buque ballenero
Naparch . Pasaron meses y meses, nada se supo de
los expedicionarios, y se les dió por perdidos y
casi olvidados.
Hace dos semanas, con gran sorpresa y satis¬
facción, súpose en San Francisco de California
que acababan de llegar al puerto, á bordo de un bu¬
que procedente de Victoria (Colombia británica),
el capitán, su compañera y dieciséis ó veinte expe¬
dicionarios más. Los recién venidos, positivamente
resucitados para sus paisanos, cuentan que no aca¬
ban en materia de dramáticas aventuras. El bu¬
que Navarch navegó bien hasta unas 120 millas
al Norte de Point-Barrow, Ooglaamia (Inu-it),
á 75° en el Océano glacial; pero bien pronto se
vió rodeado vé incrustado entre los hielos, cuya
fuerza de compresión lo hizo pedazos. Refugiá¬
ronse -los tripulantes, utilizando algunos restos,
en un gran témpano flotante que hallaron á corta
distancia; y aprovechando algunas horas de sere¬
nidad de la atmósfera, pudieron el capitán y otros
seis náufragos volver atrás y arrastrar desde la
cubierta del buque, sobre los hielos, un lanchón,
en el que se embarcaron con la señora, dejándose
llevar por el viento al través del espacio no con¬
gelado, que aun quedaba en algunos trayectos.
Otros treinta tripulantes intentaron en vano arre¬
glar la segunda lancha despedazada que había en
el buque, y volvieron á encaramarse en un tém¬
pano para salir de aquel desierto antes de que
toda la superficie del mar quedase helada.
No saben cuántas horas duró el arrastre por el
Océano, en mediQ de aquel laberinto de amena¬
zadoras masas heladas, que marchaban con espan¬
tosa velocidad, chocando y partiéndose en millo¬
nes de fragmentos. Calculan que estuvieron sobre
el témpano doce días, sufriendo los horrores del
hambre y del frío. Cuando habían perdido toda
esperanza, los divisó un ballenero, el Threhsery
que los condujo á un puerto de Alaska. Durante el
viaje sobre el hielo sólo quedaron dieciséis vivos.
En tanto, Mr. Typendell y sus compañeros pu¬
dieron llegar, después de espantosos sufrimientos,
á Copper Island, desde donde salieron, en un bu¬
que norteamericano, para Victoria y Han Francis¬
co. De los supervivientes del témpano, once han
tenido que pasar algunos meses en un hospital de
Alaska, porque era tal su grado de extenuación
que no podían ni tenerse en pie, ni comer, ni ha¬
blar. ¿Tendrán mejor fortuna el teniente Peary,
su compañero y sus familias de esquimales? ¿Abri¬
rán seguro paso hasta el Polo al Duque de los Abra¬
zos cuando llegue á aquellas latitudes? Allá se las
compongan, porque bólo el pensar que en el Fjord
Osborne marca á estas horas el termómetro 47
grados bajo cero, y eso que tal estación se encuen¬
tra en lo más meridional de la caminata polar que
ha de seguir Peary, nos hiela la sangre, el humor
y la atición á contemplar los mapas.
Ricardo Becerro de Bengoa.
El Barbero de Sevilla , cantado magistralmente
por la Srta. Regina Pacini, y los Sres. Bonci, Buti,
Baldelli y Riera.
El difícil papel de Ros i na no encontrará segura¬
mente intérprete más fiel y adecuado que la se¬
ñorita Pacini, que canta y expresa de modo inimi¬
table. En la escena de la lección de música inter¬
caló las Variaciones de Proch y un vals de Arditi.
El numeroso público que llenaba la sala aplaudió
frenéticamente á la inspirada artista, y la hizo
salir repetidas veces al palco escénico.
El popular Baldelli hizo un Don Bartolo con la
maestría y gracia de siempre, y la orquesta, diri¬
gida por el maestro Goula, estuvo muy bien.
•
• •
El 16 del mes actual ha caducado el plazo de dos
años de prórroga que las Cámaras italianas conce¬
dieron en Febrero de 1896 á los editores de la
ópera de Rossini II Barbiere di Siviglia9 para que
pudieran percibir derechos de representación. Por
lo tanto, El Barbero de Sevilla es ya del dominio
público, y puede ponerse en escena sin satisfacer
derechos de autor.
•
• •
El martes se efectuará el beneficio de la emi¬
nente diva Regina Pacini con la ópera de Bellini
Los Puritanos y en la cual tantos aplausos ha obte¬
nido en unión del tenor Sr. Bonci.
PRINCESA.
Anúnciase para la primera función de moda de
la segunda serie, que se celebrará el jueves 3 del
próximo Marzo, la única representación de la pre¬
ciosa comedia de Ceferino Palencia La Charra ,
siguiendo el viernes poniéndose en escena la
aplaudida obra La Corte de Napoleón .
PARISH.
Continúa llevando numeroso público á este afor¬
tunado teatro* el melodrama de Fernández Shaw
y el maestro Chapí, Los Hy os del Batallón .
LARA.
Esta noche se volverá á representar en este tea¬
tro la antigua comedia de D. Enrique Gaspar La
Chismosa 9 refundida en dos actos por su aútor.
Balbina Valverde, que estrenó la obra hace mu¬
chos años é hizo una verdadera creación del di¬
fícil papel de la protagonista, logrará seguramente
un éxito brillante en la nueva serie de represen¬
taciones que es fácil asegurar á La Chismosa .
ZARZUELA.
Probablemente se estrenará el viernes próximo
La Buena sombra y sainete lírico de costumbres
andaluzas, de los Sres. Alvarez Quintero y del
maestro Brull, y muy en breve la zarzuela cómica
El Seminarista y de conocidos autores.
El inteligente artista Sr. Muriel es el encargado
de pintar las decoraciones para ambas obras.
CÓMICO.
El 26 se inauguró este elegante teatro con las
aplaudidas zarzuelas ¡Viva mi niña! y La Zarina y
La Banda de trompetas y El Bajo de arriba .
Todos los artistas, que en su mayoría son cono¬
cidos del público madrileño, fueron muy aplaudi¬
dos, especialmente Felisa Lázaro.
Para el viernes próximo anúnciase el estreno
del juguete en un acto Los Remiendos .
A.
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132 — n.° viii
LIBROS PRESENTADOS
A ISTA BSD ACCIÓN POB A UIO BES Ó ED1TOEES.
Verbos españoles— Diccionario de la con¬
jugación castellana, por Rafael Diez de la
Cortina. _ ...
El autor de métodos para aprender idiomas,
premiado con medalla de primera clase en la
Exposición de Chicago en lb93, ha publicado en
Nueva York la quinta edición de su libro de
enseñanza Verbos es-pañoles, que dedica á los
norteamericanos que estudian castellano.
La utilidad reconocida de las anteriores es
mayor en esta última edición, por el aumento
de vocablos, reglas y notas prácticas, y los
ejemplos relativos á las preposiciones que los
verbos rigen. Contiene la obra del Sr. Cortina
un estudio preliminar sobre el verbo castellano,
la conjugación de los auxiliares, regulares, irre¬
gulares, reflexivos, recíprocos, impersonales y
defectivos, y lista completísima de los verbos
regulares, con su régimen y sus equivalentes
ingleses. , . , , . ,
El Sr. Diez de la Cortina es el introductor de
la aplicación del fonógrafo á la enseñanza de
los idiomas, y no hay duda que ha de ser este
invento útilísimo para educar el oído, elemento
muy importante para ei estudio de las lenguas,
{>ue8 el discípulo puede oir siempre que quiera
as lecciones del maestro en el aparato que las
reproduce con toda su fuerza, cadencia, infle¬
xión, énfasis, acentuación y pausas.
La obra Verbos esjyañoles véndese en Nuera
York al precio de un peso, encartonada, y
75 centavos en rústica.
Historia de I** trnslsclonea miUfrrn-
sas de la Santa Casa de Nazareth en Loreto .
Los portentos de Monte- Alvemo y mi viaje d
Tierra Santa, por el Revdo. Fr. Francisco Lo¬
renzo María de Rojas de Mollina.
Se ha publicado , corregida y aumentada, la
tercera edición de la obra que el Revdo. Padre
Superior de la Misión apostólica de las Siete
Palabras ha escrito sobre las milagrosas trasla¬
ciones déla Gasa de la Santísima Virgen María
de Na zarel h á Tersa! z (Dalmacia) en 1291, y
después & Loreto en 1294, donde exisle hace
teis siglos. La historia de la Santa Casa Laure-
tana es poco conocida en España, y segura¬
mente causará profunda y gratísima impresión
en los lectores católicos el libro del P. Rojas
de Mollina, por el que conocerán detallada¬
mente tan interesantes hechos.
A ¡a historia de la morada santa sigue en la
la obra citada el relato de los portentos de
Monte* Alverno , donde hizo penitencia San
Franisco de Asís, y termina el libro con las im¬
presiones que el autor sintió al visitar los San¬
tos Lugares donde se realizaron los máB subli¬
mes misterios de la religión de Cristo.
El volumen , de 450 páginas, lujosamente en¬
cuadernado, véndese en España al precio de
2,50 pesetas.
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
D. RAFAEL TORRES CAMPOS,
COMISARIO DE GUERRA,
NUEVO ACADÉMICO DE LA REAL DE LA HISTORIA*
(De fot o¿ rafia de M. Huerta.)
i 8 Febrero 1898
A Rosalía de Castro.— Hemos recibido ejem¬
plares del elegante folleto en que se describe el
cariñoso homenaje que á la memoria de la ilus¬
tre poetisa Rosalía ae Castro han tributado, los
' gallegos residentes en la República Argentina-
Una prueba más del amor inquebrantable'
que éstos conservan á la hermosa tierra en;
que nacieron , han sabido dar en esta solemne
y brillantísima velada literario-musical dedi¬
cada á la inspirada autora de Follas Novas •
Contiene el folleto un bello resumen del acto,
escrito por el director de El Eco de Galicia ,
Sr. Castro López; los discursos de los señores •
Dr. Anido-Bares, Puig Gómez, Suárez Salgado
y Castro López; una sentida poesía del señor
Conde Salgado ; los grabados aue lo ilustran y
representan retratos de Rosalía de Castro; el
acto de la velada; los diplomas dedicados á los
que en la solemnidad tomaron parte, y la co¬
rona de bronce destinada al mausoleo que guar¬
da las cenizas de la inspirada cantora de Gali¬
cia , la cual corona fue enviada con dicho ob-
jeto á la Sociedad Ecoríómica de Amigos del
País, de Santiago.
Benefactores y hombres notable* de
Puerto Rico, por Eduardo* Neuman Gandía.
El laureado escritor D. Eduardo Neuman,
cuyo retrato publicamos no há mucho tiempo,
acaba de punlicar el primer volumen de la
obra que, con el título que encabeza estas lí¬
neas, contiene bocetos biográfico- críticos de
las ilustres personalidades peninsulares é insu¬
lares que han contribuido al progreso moral y
material de Puerto Rico desde el descubri¬
miento de América hasta nuestros días.
Ardua labor de investigación, tanto más di¬
fícil cuanto mayor es la escasez de archivos
1 seculares, ha realizado el Sr. Neuman, y es
muy digna de elogio la imparcialidad del autor,
lo completo de las biografías y el orden y mé¬
todo con que se enlazan cronológicamente.
Ilustran esle primer tomo muchos fotogra¬
bados, hechos en la afamada casa de Boston
«Peters and Son» , que representan monumen¬
tos, antigüedades, vistas y retratos lomados
de los datos más auténticos que ha obtenido
una laboriosa y perseverante investigación.
El Monitor de 1** Kxposlcíoné*.
Hemos recibido el segundo numero de
Monitor de las Exposiciones , órgano de ^ Ex¬
posición de París cíe 1900, interesante publica¬
ción editada por la Agencia Hispano- Francesa .
Este segundo número, en cuya forma mate¬
rial se han introducido importantes mejoras,
Contiene artículos de C. Laisant, ex diputado
y profesor do la Escuela Politécnica; del ilus¬
trado presbítero V. Charbonnel, iniciador del
Congreso religioso universal en 1900; un curio¬
so trabajo estadístico de Henry Deseormeaux,
sobre las relaciones comerciales de Francia y
España; un interesante estudio sobre la Ha¬
cienda española, de Georges Polack, etc , etc.
Se publica dos reces al mes, 1 , rué Saint -
Georges , París. — C,
LICOR DEL POLO DE ORIVE
Nada hay tan desagradable como una dentadura sucia, una boca de olor fétido, unas encías pá¬
lidas y blandas. Las señoritas que poseen el arte de la belleza y que saben lo que más encanta al
hombre, sostienen sus dientes con hermoso y nacarado marfif 1 ' J J 1
4nnrofn y la boca deliciosamente perfumada por la menta y la rosa, con el uso diario del más ba¬
rato y mejor de lot dentífricos del mundo Licor del Polo de Orive. Por mayor, Melchor
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gría,) (Idem) . . . 1
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El año campestre (ídem) . . 1
Teodomiro, ó la Cueva dól Cristo
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Bálsamo Aiitiieiiiuático de Orive, reco¬
nocido como irreemplazable* en todo el mundo
para calmar en el acto los más indomables ata¬
ques de reuma. En los casos más desesperados es
el constelo de los enfermos y el crédito de los mé¬
dicos que lo recetan.— En todas las farmacias.
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MADRID. — Establecimiento’ tipolitográfleó «Súcesóres de BivádfeíeyÁ»,
impresores de la Real Casa.
Digitized by AjOOQLe
8 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x.° ix — 135
¡ Cómo ríen ! Escuchémoslas.
¿De qué han de hablar? De sus novios.
— ¿Está en la calle, Manuela? .
— ¿Quién? — El de marras: el prójimo.
— ¿Le has citado? — ¡Dios me libre!
— ¿Le presientes? — Lo supongo.
— Voy á verlo. — Estoy segura.
— ¿Quién te lo dice? — El barómetro:
Habiendo nieve en la calle
No puede faltar el oso.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
Cupido fin dé siglo, fotografía artística de Taima. — Primavera,
cuadro de Linden —Secretos del tocador , cuadro de Lambert.
No es el Amor que nuestro grabado de la pri¬
mera plana representa aquel desnudo y desver¬
gonzado rapazuelo que con los ojos vendados se
entretenía en disparar sus envenenadas flechas;
los tiempos han cambiado, y en los que corremos
es preciso andar con pies de plomo. Cupido se pre¬
senta cubriendo decorosamente su antigua desnu¬
dez; y libres de venda sus despiertos ojos, todo lo
miran y todo lo observan, meditándolo todo se¬
riamente el muchacho antes de flechar á nadie.
Así nos lo representa la artística fotografía de
Taima, siempre bello y siempre niño, pero niño
precoz, en cuya fisonomía se revela una tranquili¬
dad poco tranquilizadora para aquellos á quienes
dirija sus tiros con premeditación y quizás con
alevosía.
El cuadro del artista belga Gastón Linden, que
reproduce nuestro grabado de la página 140, ha
figurado en el Salón del Campo de Marte de Pa¬
rís. Primavera le titula su autor, y es realmente
una impresión de juventud, de frescura y de gra¬
cia lo que el artista ha pintado en esa interesante
y poética figura de mujer.
El cuadro de Lambert, Secretos del tocador , que
publicamos en la página 141, faé muy celebrado
en la última Exposición de pastelistas de París.
Es inagotable el número de asuntos que en las
graciosas travesuras de los gatos encuentran los
artistas de ingenio. Zapaquilda la bella , no la
gata doncella de la fábula, sino la respetable ma¬
dre de familia, lleva á su prole á recrearse sobre
la mesa de un elegante boudoir . Una delicada esen¬
cia, nunca olida hasta entonces, atrae la curiosi¬
dad de los mininos hacia la destapada caja de ve¬
lutina* secreto de tocador para ellos totalmente
desconocido. El final gracioso de la escena se adi¬
vina fácilmente: el más atrevido meterá su hoci-
quillo en la caja, y al aspirar el impalpable y per¬
fumado polvo, sentirá tan horrible cosquilleo que
huirá haciendo fu . naturalmente. La familia,
alarmada, seguirá su ejemplo, y en su tumultuosa
fuga, abanico, borlas, caja y polvos saldrán ro¬
dando, divulgándose los secretos del tocador por
el santo suelo !
# «
EXCMO. SR. D. BASILIO AUGUSTIN Y DÁVILA,
nuevo Gobernador general de Filipinas.
El teniente general D. Basilio Augustin y Dá-
vila, nombrado Gobernador general de Filipinas,
para donde embarcará en breve, nació el 12 de
Febrero de 1840, y entusiasta por la carrera mili¬
tar, ingresó en el cuerpo de Estado Mayor del ejér¬
cito, en el que siempre tuvo una brillante repu¬
tación. Sus excelentes servicios militares, y muy
especialmente los que prestó en la última guerra
carlista, le hicieron llegar muy joven á oficial ge¬
neral , habiéndose confiado á su pericia importan¬
tes mandos. Hace poco más de tres años ascendió
á teniente general, siendo nombrado comandante
en jefe del octavo cuerpo de ejército, y después
pasó á mandar el sexto cuerpo, con residencia en
Burgos, donde se hallaba al ser designado por el
Gobierno de S. M. para el cargo importantísimo
de Gobernador general de Filipinas.
El general Augustin no ha tenido asiento en las
Cámaras, ni ha pertenecido hasta ahora á ninguna
agrupación política.
Tiene las grandes cruces de San Hermenegildo
y del Mérito Militar. En la página 136 publicamos
el retrato de este distinguido general, á quien de¬
seamos todo género de prosperidades en su nuevo
y difícil mando.
• #
LA GUERRA EN CUBA.
Nuestra información gráfica sobre la guerra de
Cuba ofrece hoy á la pública curiosidad el segun¬
do grabado de la página 136, y los tres que figuran
en la 137, los cuales tienen el interés de represen¬
tar asuntos del campo insurrecto tomados fotográ¬
ficamente del natural por Mr. Pagliuchi.
En el último de dichos grabados pueden nues¬
tros lectores contemplar la vera effigies de los in¬
dividuos que constituyen el Poder Ejecutivo de la
campestre República cubana. Su presidente, Bar¬
tolomé Masó, nació en Manzanillo en 1832, y
tomó parte en la insurrección de 1868. Desde el
24 de Febrero de 1895 se halla en el campo rebel¬
de, siendo elegido en 18 de Septiembre del mismo
año vicepresidente, y en 29 de Octubre del año
próximo pasado presidente de la dicha República
ambulante. Entre los mambises tiene el empleo de
general de división.
El vicepresidente es el abogado Domingo Mén¬
dez Capote, de quien hablamos ya en nuestro nú¬
mero XXXVI del citado año. Nació en Cárdenas
(Matanzas); fué protegido del Marqués de Balboa,
y por él fué nombrado abogado del ferrocarril del
Oeste, cargo que desempeñaba cuando se marchó
con los insurrectos, á poco de ocurrir un desfalco
en la citada Compañía y de suicidarse un compa¬
ñero suyo.
Decían algunos periódicos de estos días que se
había presentado. Nosotros lo dudamos. Méndez
Capote es brigadier inclusive en la manigua.
Son miembros del gabinete . á la intemperie:
el secretario de la Guerra, José B. Alemán, briga¬
dier él , natural de Santa Clara y de treinta y cua¬
tro años de edad, editor del periódico La Defensa
y regidor en el Ayuntamiento de Santa Clara;
el secretario de Hacienda, coronel Ernesto Fons
Sterling, nacido en la Habana hace veintiocho
años; el de Estado, coronel también, Andrés Mo¬
reno de la Torre, hace treinta y ocho que nació en
Cárdenas (Matanzas); el de Gobernación, que no
ha pasado de teniente coronel, es Ramón Silva,
natural de Puerto Príncipe, de treinta años y doc¬
tor en Medicina.
De la residencia oficial de este gobierno da idea
la vista que en la página 136 publicamos, y en los
primeros grabados de la 137 aparecen los regi¬
mientos que custodian al Poder ejecutivo. Es el
primero el de Panchito Gómez , y el segundo el de
Agramonte; y agrupados como están en estudiada
actitud fotografiadle , nos recuerdan esas instantá¬
neas que suelen publicar los periódicos de los es¬
trenos , porque parecen un final de cuadro de una
zarzuela del género chico.
•
• *
EMMO. SR. D. ANTONIO MARÍA CASCAJARES Y AZARA,
cardenal-arzobispo de Volladolid.
Recientemente se ha ocupado la prensa diaria
en comentar la Pastoral que el Emmo. señor car¬
denal Cascajares, arzobispo de Valladolid, ha diri¬
gido á los fieles, con ocasión de las bulliciosas fies¬
tas del Carnaval, llamando la atención á más altas
y trascendentales cuestiones, que en los azarosos
tiempos presentes se compadecen mal con aque¬
llas alegrías.
Neutrales en absoluto en las contiendas de la
política, menos que nunca hemos de permitirnos
juzgar dicha Pastoral en lo que á los asuntos pú¬
blicos se refiera, y nos limitamos á la publicación
del retrato del ilustre Arzobispo de Valladolid,
que dejó la brillante carrera de oficial de Artille¬
ría para abrazar el estado eclesiástico , en el cual
sus reconocidos méritos le han elevado á los más
altos cargos, hasta obtener de Su Santidad la púr¬
pura cardenalicia. (Véase el grabado de la pági¬
na 138.)
• *
D. JOAQUÍN OSÉS Y RODRÍGUEZ DE ARELLANO,
ascendido ¿ general de brigada por servicios prestados en la
campaña de Cubo.
El general D. Joaquín Osés, cuyo retrato damos
en la página 143, nació en Mendigorría (Navarra)
en 30 de Octubre de 1841, ingresando como ca¬
dete en el regimiento de Borbón en el año 1857,
siendo oficial á los dos años.
Capitán en 1868, pasó en Mayo del 71 volunta¬
riamente al ejército expedicionario de la Isla de
Cuba, donde prestó excelentes servicios comba¬
tiendo aquella insurrección, y ganando por he¬
chos de armas tres cruces rojas y el empleo de
comandante y grado de teniente coronel. Perma¬
neció en Cuba hasta 1881, siendo después en la
Península secretario del Gobierno militar de Oren¬
se , hasta su ascenso á teniente coronel en 1888,
quedando entonces de ayudante del General go¬
bernador.
Coronel en 1890, mandó las zonas militares de
Cieza, Lora, Vergara y Lugo hasta Octubre de
1895, en que fué otra vez voluntariamente á Cuba.
Distinguióse al frente del enemigo con la media
brigada de su mando en muchas ocasiones. Estuvo
cinco meses de gobernador en Santa Clara, y á
petición propia fué destinado en fin de Junio del
propio año á mandar una media brigada en la ju¬
risdicción de Remedios, en donde en fin de No¬
viembre quedó encargado del mando interino de
la brigada de Jatibonico del Norte, asistiendo á
diferentes acciones y distinguiéndose en la de las
Lomas del Tigre en 14 de Febrero de 1897, donde
batió durante cinco horas al enemigo, perfecta¬
mente atrincherado, desalojándolo de sus posicio¬
nes y causándole más de cien bajas. Por este he¬
cho de armas le fue concedida la cruz de tercera
clase del Mérito Militar roja.
Siguiendo las operaciones, batió en 4 de Julio
á la partida del cabecilla Barroto, matando al
hermano de éste, titulado prefecto, y haciendo
prisionera á la familia del cabecilla y recogiendo
documentos de la prefectura, municiones y boti¬
quín, y huyendo el enemigo con muchas bajas.
Por esta acción, y otras varias operaciones hasta
fin de Agosto del propio año, se le otorgó la cruz del
Mérito Militar roja, pensionada, de tercera clase.
Por propuesta del general Weyler, reiterada
por el general Blanco, ha sido promovido á gene¬
ral de brigada por Real decreto fecha 9 de Febre¬
ro próximo pasado, continuando en el mando de
la brigada que interinamente desempeñaba.
BARCELONA.
Embarco de tropas con destino & la Isla de Cuba.
El día 25 de Febrero último, á las ocho y media
de la mañana, salieron de Barcelona para Ultra¬
mar, acompañados por la escuadra de gastadores,
bandas de cornetas y tambores, la música y una
compañía del regimiento de Almansa, con su ban¬
dera, los reclutas del anterior reemplazo perte¬
necientes á las zonas de la región de Cataluña y
de las Baleares, á quienes correspondió marchar
á Cuba, y que, después de haber recibido la ins¬
trucción militar correspondiente, fueron licencia¬
dos para sus casas, habiéndoseles llamado recien¬
temente á concentración.
A las nueve en punto empezó el embarco, efec¬
tuado con el mayor orden.
Media hora después salieron del cuartel de
Jaime I, precedidos por la música del batallón
cazadores de Figueras, los reclutas del 5.° cuerpo,
los cuales tan pronto como llegaron al muelle
empezaron á embarcar.
Todos los soldados vestían traje de rayadillo,
llevando liada una manta.
Mientras esperaban que les tocase el turno para
el embarco, algunos soldados se entregaron á los
placeres de la danza, lamentando muchos de ellos
que no se les haya dejado disfrutar durante el re¬
ciente Carnaval de las fiestas de sus respectivos
pueblos.
Sin embargo, se hallaban alegres y ansiosos de
pisar la cubierta del Montserrat , vitoreando á Es¬
paña al alejarse del muelle las golondrinas que les
condujeron al vapor.
Como algunos observaran que había algunas
mujeres llorando, objetaron:
— No llorar, no llorar aquí. Guardad las lágri¬
mas para cuando estéis en vuestra casa.
El embarco terminó á las once, habiéndose di¬
rigido á bordo, en la falúa de la Capitanía gene¬
ral, el general de brigada D. Mariano de Pedro y
algunos jefes y oficiales.
De jefe de la expedición, compuesta de 1.080
hombres, va el teniente coronel de Caballería
D. Ricardo Callol.
Nuestro primer grabado de la página 144 repre¬
senta la escena del embarco.
• •
BARCELGNA.
Desembarco de tropas procedentes de Filipinas.
El 27 de Febrero próximo pasado, á mediodía,
ancló en el puerto de Barcelona el vapor-correo
extraordinario Isla de Panay.
Conducía 907 pasajeros, de éstos siete jefes y
oficiales, 22 sargentos y 792 soldados, en su mayo¬
ría enfermos y heridos.
El buque y los tripulantes quedaron sujetos á
tres días de observación, debiendo zarpar después
para Marsella con objeto de limpiar fondos. Veri¬
ficada esta operación, regresará á Barcelona, de
donde emprenderá viaje á Manila el día 5 ó 6 de
Mayo.
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136 - n.° ix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Mabzo 1898
El desembarco de los soldados
comenzó á las dos de la tarde en
las escaleras de la Paz, desde
donde eran conducidos los re¬
cién llegados hacia el cuartel de
Atarazanas , en cuyo patio se les
sirvió por señoritas de la Cruz
Roja tazas de caldo, vino gene¬
roso y pastas.
De los soldados que regresan
enfermos, 46 fueron trasladados
al hospital Militar en grave esta¬
do, debido á la anemia, paludis¬
mo y tuberculosis, 52 al Sanato¬
rio oficial, é igual número al de
la Cruz Roja.
Es muy digno de alabanza, y
sin duda merecedor de recom¬
pensa, el comportamiento del
dueño de los vapores llamados
golondrinas , D. Francisco An-
glada, quien gratuitamente, y
por caridad y patriotismo, viene
desembarcando miles de solda¬
dos que llegan á Barcelona pro¬
cedentes de Cuba y Filipinas, in¬
cluso los enfermos y heridos,
procurando que estos últimos va¬
yan desde á bordo á tierra con
los mayores cuidados y comodi¬
dades posibles.
Esta interesante y triste esce¬
na del desembarco es el asunto
de nuestro segundo grabado de
la pigina 144.
* •
MONTORO (CÓRDOBA).
Vista general de la ciudad.
Montoro, cuya vista publica¬
mos en la página 145, es la anti¬
gua Epora, situada sobre las ro¬
cas de la margen izquierda del
Guadalquivir, formando una pe¬
queña península; fué uno de los
ocho Municipios romanos que se
hallaban en la Bética, y uno de
los tres federados de Roma en
Andalucía. Son muchas las ins¬
cripciones, lápidas y sepulcros
que se suelen encontrar y que
demuestran su antigua grandeza
y poderío , como las monedas
que en uso de su soberanía se
batieron en esta población con
el título de República Eporense.
La cristiandad debió introdu¬
cirse pronto en Epora, y la luz
Excmo. Sr. D. BASILIO AUGUSTIN Y DÁVILA,
NUEVO GOBERNADOR GENERAL DE FILIPINAS.
del Evangelio se extendió por
estos territorios, puesto que Res-
tituto , presbítero de Epora en
el siglo m, asistió al Concilio
lliberitano (primero celebrado
en España) y firmó después de
los obispos, como procedente de
ciudad de más consideración.
El emperador Alonso VII ga¬
nó Epora á los moros y le puso
por nombre Montoro en 1155,
aludiendo á la fortaleza del sitio;
después, en tiempo del rey don
Sancho III, volvió á caer este
pueblo en poder de los moros,
hasta que D. Alfonso VIII lo re¬
conquistó en 1190; pasado el año
1209 se apoderaron otra vez los
árabes de Montoro, y D. Fernan¬
do III en 1236, después de ren¬
dida Córdoba, le puso sitio, rin¬
diéndose los moros tras obstina¬
da resistencia el 24 de Agosto del
mismo año, día de San Bartolo¬
mé, por lo cual es el patrón de
dicha ciudad.
Es Montoro patria de varones
insignes, y entre las obras nota¬
bles que tiene sobresalen el hos¬
pital de Jesús, que es uno de los
mejores de Andalucía, y el mag¬
nífico puente de piedra, cons¬
truido á expensas del pueblo allá
por los años de 1500, cuyo coste
pasó de 200.000 ducados, por cuya
notable obra los Reyes Católicos,
desde Granada, concedieron á
Montoro varias gracias y privile¬
gios, confirmándolos después el
emperador Carlos V, Felipe II,
III y IV y otros monarcas espa¬
ñoles.
Este pueblo fué villa hasta el 8
de Agosto de 1808, en cuyo día
la Junta central, á nombre de
S. M. D. Fernando VII, le con¬
cedió el título de noble, leal y
patriótica ciudad por sus brillan¬
tes hechos de armas contra las
tropas francesas mandadas por
el general Dupont, coadyuvando
á la victoria de Bailón.
También en la primera guerra
carlista se distinguió, y en los
días anteriores á la batalla de
Alcolea fue el cuartel general de
Noval iches.
Su término es muy rico en
olivares que producen excelen¬
tes aceites.
LA ESPERANZA (CUBA). — RESIDENCIA DEL TITULADO GOBIERNO DE LA «REPÚBLICA DE CUBA», EN LA PROVINCIA DE PUERTO PRÍNCIPE.
(De fotografías.)
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• "
•i
8 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ‘ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° ix — 137
LA GUERRA EN CUBA.
'»•
« REGIMIENTO DK PANCHITO GÓMEZ»,
«REGIMIENTO DE AGRAMONTE»,
DESTINADOS A LA CUSTODIA DEL TITULADO GOBIERNO DE LA «REPÚBLICA DE CUBA».
Ernesto Fons. secretario de Hacienda. Andrés Moreno de la Torre, secretario de Estado. José B. Alemán, secretario do la Querrá.
Domingo Mendez Capote, vicepresidente.
Bartolomé Maoo, titulado preeidenie de la República.
Manuel llamón -Silva, (secretario de la Gobernación.
INDIVIDUOS QUE FORMAN
EL TITULADO GOBIERNO DE LA «REPÚBLICA DE CUBA».
(De fotografías.)
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138 — n.° ix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Marzo 1898
En la actualidad se están verificando importan¬
tes obras en el puente de Montoro, cuyo uso ha
cedido el Ayuntamiento al Estado para dar paso á
la nueva carretera de Montoro á Cardeña. Pronto
se terminará por una compañía representada por
el ilustrado socio D. Sebastián García Vázquez,
dirigiendo las obras del puente el entendido inge¬
niero D. Modesto España y ayudante D. Julio
García Pretel, y llevadas á la práctica por el hábil
aparejador D. Rafael Carpió.
MADRID.
Prueba oficial de una sustancia química para la extinción de fuegos.
El grabado de la página 148 reproduce las prue¬
bas que hace poco se hicieron , en el antiguo em¬
barcadero del Canal, de un procedimien¬
to químico para extinguir con extraordi¬
naria rapidez los incendios.
La invención , que corresponde á doña
Isidra Gómez y Sánchez, consiste en una
sustancia que, disuelta en el agua, impide
la evaporación de ésta al ser arrojada so¬
bre el fuego, y hace por lo tanto que el
líquido extinga la combustión.
Merced á las incesantes gestiones del
apoderado de la inventora, D. Enrique
Bellón de Rojas, pudieron verificarse las
pruebas ante una docta comisión del
Ayuntamiento, compuesta de los señores
Párraga, Marqués de Santa Ana y Conde
de Torres- Arias, un arquitecto munici¬
pal, una brigada de bomberos al mando
del veterano Trillo, y varios represen¬
tantes de la prensa.
Se realizó el experimento llenando de
leña una caseta construida ad hocy á la
que se prendió fuego, rociándola previa¬
mente de petróleo.
Cuando mayores proporciones tomaba
el voraz elemento, bastó una cantidad
relativamente pequeña del líquido com¬
puesto para sofocarlo en el acto. Nuestro
grabado representa el instante en que, al
llegar el líquido á la caseta, cesan las lla¬
mas, quedando sólo la columna de humo
que se eleva.
Por tres veces se repitieron las prue¬
bas, con idéntico satisfactorio resultado.
Este eficaz invento ha de ser de gran
utilidad en las fábricas, almacenes y de¬
más establecimientos, donde, con apara¬
tos apropiados, podrá extinguirse en sus
comienzos cualquier incendio que pueda
ocurrir.
Carlos L. de Cuenca.
un hombre tan hombre como Antonio, de fuerza
y de vigor increíbles, en quien la naturaleza ma¬
terial predominaba con aquel predominio sobera¬
no, debía satisfacer los instintos groseros de la
hembra, mal satisfechos por la hermosura de Cé¬
sar, muy olímpica ciertamente, pero afeminada
y recordando siempre más la gracia de su inmor¬
tal abuela Venus, que la fuerza física de Marte,
intensamente representada por Antonio. No hay
en la historia tipo de mujer caída y viciosa tan
femenil como el tipo de Cleopatra. Ella no libra
ningún género de proyecto al poder propio de los
dueños del mundo, ni á las intrigas de las cortes,
ni á la fuerza de las armas; ella lo libra todo á sus
fascinaciones y á sus encantos. Cuando César está
en Alejandría, no espera cosa de su entendimiento
político, el cual debía moverle á conjurar la usur¬
LA MUERTE DE CLEOPATRA.
ESTUDIO HISTÓRICO LITERARIO.
I.
La gran Reina egipcia que venció á Ju¬
lio César y á Marco Antonio, vencida fué
por Octavio Augusto. Los cargos capita¬
les dirigidos por éste á Cleopatra se resu¬
mían en dos: primero, la ingratitud con
César, á quien debiera el trono, deuda
más tarde acrecida por obsequios y favores innu¬
merables y pagada con la deserción de su bandera
y el auxilio á sus asesinos; segundo, el amor inte¬
resado hacia Marco Antonio, en el cual rio entraban
tanto los afectos naturales á un corazón de mujer,
como las ambiciones propias de una reina. Real¬
mente, la escena representada en estos minutos por
la tentadora serpiente demostraba que la gloria de
su nombre ilustre, los verdes laureles de su dinas¬
tía inmortal, el acrecentamiento de un imperio
tan vasto, la dominación de razas tan diversas, el
deseo de reproducir las grandezas de Alejandro
frente á las grandezas de César, aquella nativa
emulación del Oriente con el Occidente que llena
toda la historia humana, superaban con mucho al
amor de Cleopatra por Antonio. La egipcia repre¬
senta y personifica la exaltación al trono de una
mujer sensual y voluptuosa, de pocos escrúpulos
femeniles y de ninguna conciencia moral, tentada
siempre por los reclamos del amor, y tentadora,
que avasalló primero al divino César exaltando
su genio al contacto de su alma, y avasalló luego
al pretoriano Antonio exaltando el sensualismo
suyo al contacto de su cuerpo; seducciones guia¬
das por su ambición de reina y sometidas al inte¬
rés de su dinastía y de su imperio. Naturalmente,
Emmo. Se. D. ANTONIO MARÍA CASCAJARES Y AZARA,
CARDENAL-ARZOBISPO DE VALLADOLID.
(De fotografía.)
pación del hermano que la destronara; esperó to¬
dos sus apetecidos logros del encantamiento lle¬
vado en su cuerpo, y entrando metida dentro de
un fardo en el palacio cesáreo , avasalla para siem¬
pre al César. Luego, cuando, muerto César, pro¬
pende al partido estoico de los republicanos últi¬
mos, y rotos éstos, Antonio recoge como encargo
capital castigarla, no apercibe naves, ni requiere
armas, ni junta pertrechos, ni congrega ejércitos;
velámenes de purpura, cordajes de seda, tapices
de Persia, pebeteros de ámbar, cojines de tisú,
guirnaldas de flores, flautas de oro, danzas de ba¬
cantes, y sus propias gracias, aquellas gracias ava¬
salladoras, le sirven para esclavizar al general
romano y sobreponer al Occidente prosaico y po¬
sitivo, el hechicero y panteísta Oriente. En Accio
los nervios suyos no le permiten presenciar el
horror de una batalla, y después de haber puesto
en línea escuadras tortísimas como soberana om¬
nipotente, huye avergonzada y confusa como his¬
térica mujer. Y aunque ya raya en los cuarenta,
y el exceso ha fatigado su cuerpo, siquiera no haya
de ningún modo enflaquecido ni hastiado su alma,
todavía libra mucho en el poder perdurable de su
sexo propio sobre el sexo opuesto, y de sus gra¬
cias personales sobre todo varón. Así, permite que
su ejército de tierra se rinda en Pelusa y abra las
puertas del Egipto al vencedor; permite que los
restos de su escuadra se rindan, á pesar de su nú¬
mero y de su fortaleza, en la rada misma de Ale¬
jandría; para extraer su trono entero de aquel
deshecho naufragio, y colocar á sus hijos trans¬
mitiéndoles con fortuna la herencia de cien abue¬
los, basta con repetir los medios empleados en
César y Antonio. Como sugirió al primero cam¬
biar la sede capital del mundo, llevándosela en
sus bagajes desde la orilla del Tíber á las orillas
del Nilo; y como sugirió al segundo el impulso
merced al cual desenvainó su espada contra Ro¬
ma, creía ejercer el mismo influjo y determinar
el movimiento mismo en Octavio, el tercero y
último -de los dueños del mundo. Pero en Octavio
se halló solamente la política de perfidia, el cálculo
de un frío matemático, la doblez de un
ambicioso débil, la razón de Estado pro¬
saica, la burocracia tradicional comple¬
tamente falta de nervios y de sangre, so¬
bre cuyas facultades no ejerce poder al¬
guno aquella seducción femenil que usara
y ejerciera Cleopatra en César y Anto¬
nio, quienes, por lo mismo que tenían
pasión y fuerzas, estaban sujetos á debi¬
lidades y caídas.
II.
No cabía poner de ningún modo ni la
disculpa ni la justificación. Intentólo
Cleopatra después de ver la poca eficacia
de sus fascinaciones sobre aquel cuerpo
casi yerto, y nada consiguió. Elocuente,
muy elocuente, no acertó á explicar en
su elocuencia ni sus alianzas con los tri¬
bunos , ni sus sugestiones á los pretoria-
nos. Apenas decía una frase, Octavio le
cerraba el camino, bien con una observa¬
ción profundísima en que la exactitud
rompía ó derrotaba la elocuencia, bien
con un recuerdo en que la evocación opor¬
tuna recrudecía las acusaciones fiscales.
Parecióle así á Cleopatra inútil toda jus¬
tificación, y sa redujo á pedirle muy en¬
carecidamente que la dejara vivir en paz,
y pusiera en el trono, ya que á ella no,
á sus hijos. Hizo, pues, todo lo posible
por vivir. Los buques reunidos en sus cos¬
tas egipcias, tras los desastres de Accio,
como avecillas vueltas á su nido y recon¬
centradas bajo sus alas, fueron por man¬
dato suyo conducidas al istmo de Suez,
para ver si podían, pasando en hombros
de siervos, caer en el mar Rojo, y requi¬
riendo desde allí el Oriente, levantar bajo
los cielos de Caldea, sobre las arenas del
Desierto, con los escombros de Babilonia
y de Ni ni ve, por la desembocadura del
Eufrates y del Tigris, tan semejante al
Nilo, un imperio nuevo de Alejandro, que
reprodujera la fuerza y el poder de Semí-
ramis, la voluptuosidad y el ardor de Sar-
danápalo. Pero, frustrada esta empresa,
ya no le quedó ningún recurso para sal¬
varse más que la seducción natural de sus
gracias y el soberbio poder de sus instin¬
tos. Frustrado este medio á su vez en la
frialdad congénita con Octavio, ya sólo
pensó comprarle. Todo cuanto se le había
ocurrido para moverle aquel día con móvil
espiritual é íntimo cualquiera, fué colo¬
car las efigies y simulacros de César en el recinto
donde recibió al heredero y sobrino suyo para
que le recordasen todo su poder de hembra y toda
su autoridad de reina sobre la persona de aquel á
quien debía Octavio la posesión de su imperio.
Mas agotados todos los recursos, recurrió á las ri¬
quezas, única cosa que aguijoneaba la curiosidad
y exacerbaba el deseo de un dictador tan prosaico.
La escena de amor, el diálogo de política, el in¬
tento de seducción mezclado con proyecto de glo¬
rias y dominaciones, concluyó por manera bien
vulgar: concluyó entregando Cleopatra el inven¬
tario de sus tesoros y riquezas. Octavio, en quien
la codicia ejercía tanto imperio como la volup¬
tuosidad en César y Antonio, miró aquellas tablas
cubiertas de números como el avaro contempla
su oro, con la misma increíble pasión. Pero en
aquella tierra de traiciones, y en aquel imperio des¬
compuesto, quedábanle á Cleopatra nuevas amar¬
guras que gustar y nuevos contratiempos que su¬
frir en el contagio de inmoralidad que pudría
hasta el aire vital. Seleuco, su tesorero, deseando
congraciarse con el tirano, le reveló en aquel
mismo momento que había Cleopatra burlado una
porción de joyas y dinero á su codicia. Cuando la
Reina oyó esto, levantóse del amplio cojín donde
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8 Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° ix — 139
yacia tendida, y persiguiéndolo por el salón, cla¬
vóle sus uñas como una gata en la garganta, con
tal furor, que lo estrangulara seguramente á no
arrancárselo de las manos. Octavio se desterni¬
llaba de risa viendo tal cólera y mirando la me¬
tamorfosis en tigre de aquella serpiente. Cleopa-
tra le observó cuán horrible cosa era que, mien¬
tras él, su enemigo y vencedor, le rendía tantos
homenajes y le daba tantas alabanzas, aquel perro
se atreviese á morderle y le arguyese y acusare
de distraer para sí riquezas separadas, no con
ánimo de ornarse á sí misma, con ánimo de rega¬
larlas á Livia, mujer de Octavio, y á la hermana
misma de éste, viuda legítima del pretoriano An¬
tonio. Viendo el dictador los recursos empleados
por Cleopatra para granjearse la protección suya,
creyóla incapaz de todo acto resuelto, y decidida,
muy decidida, por vivir y perdurar en este mun¬
do. Así es que, haciéndole reverencias parecidas
á muecas, y mofándose allá en su interior del
afán que mostraba por vivir, se despidió de Cleo¬
patra Octavio.
III.
¿Cuál fue la causa ocasional de la muerte que,
burlando todos sus instintos y venciendo todas
sus propensiones, Cleopatra se diera con valor
heroico á sí misma? Dejemos aparte las ideas ge¬
nerales al mundo antiguo. Desconocedor en abso¬
luto de la resignación y conformidad cristianas,
el infortunio no se atribuía entonces tan sólo á
imposiciones fatales de la Naturaleza ó malque¬
rencias acerbas de los hombres: atribuíase tam¬
bién á un abandono de los dioses. El desgraciado
veía una orfandad irremediable tanto en la tierra
como en el cielo. Extinta su patria, rota su causa,
un hombre antiguo no sabía para qué y á qué vi¬
vir. Cleopatra fuera del trono, era tanto como
Cleopatra fuera del mundo. Por motivos análogos
á los que determinaron el proceder de Catón y de
Bruto, se determinó su propio proceder. La histo¬
ria clásica nos muestra en el sitio de Jerusalén, y
en el sitio de Sagunto, y en el sitio de Numancia,
Sue, no ya los individuos se suicidaban en aque-
os tiempos, se suicidaban también las colectivi¬
dades. Cleopatra supo que Octavio la deseaba viva
para presentarla con su corona de soberbia empe¬
ratriz en las sienes, pero con su cadena de triste
cautiva en las manos, al pueblo rey. Sabido esto,
su oficio de reina valió y pudo más que todo en
ella, y decidió morir como un héroe en holocaus¬
to y sacrificio, antes que dejar tal afrenta grabada
en los recuerdos y en los huesos de sus padres.
Notó que la seguían, y cuidaban, y celaban mu¬
chísimo, porque los vencedores, en su orgullo,
destinábanla para trofeo de su victoria como un
morrión ó un escudo recogido en el campo. No
Sodía ir como esclava, no, á la capital de Occi-
ente quien fuera soberana y reina y diosa del
Oriente. La vergüenza le subiría con tanta inten¬
sidad al rostro, que veríase allende la tumba su
indeleble rubor y sonrojo. Hija del Oriente y Gre¬
cia, entroncada con los dioses, inscrita en la más
ilustre raza del mundo y del tiempo, descendiente
de aquel Alejandro en cuya presencia se pierden
y en cuya lumbre se obscurecen todos los genios
habidos; con los Ptolemeos, los padres de cien
reyes, los intérpretes del cielo y los sacerdotes
del pensamiento por progenitores; con las estre¬
llas de mil nombres helenos, á cual más glorioso,
en la corona; ella, que había tenido altares en
Roma y visto la efigie suya levantarse consagrada
y bendecida en templos donde se atropellaban los
sacerdotes romanos para idolatrarla; ella, que
reinara sobre aquel Egipto á cuyo seno fueran los
sabios y los sacerdotes á nutrirse de sus misterios;
ella, señora de Libia y sus desiertos, cuyos lími¬
tes no ha conocido ni señalado todavía la humana
ciencia; señora de Cyrene, fundada por la her¬
mosa ninfa que huyó á los besos de Apolo, y rica
en flora de ideas; señora de Chipre, donde Venus
tuvo su cuna y el amor su Oriente; señora de
Creta, que vió la transformación de los dioses
asiáticos, informes como fetos, en dioses griegos,
trayendo los resplandores del humano espíritu
sobre sus sienes; señora de Siria, el suelo de las
magias y de las hechicerías, el patrimonio de los
Seleucidas; señora de Fenicia, que mostró á los
hombres cómo se fijan las letras del alfabeto y
cómo se cambian los productos del trabajo en las
relaciones del comercio; la que había visto pasar
por su mente todas las ideas paganas, caer de hi¬
nojos á sus pies todos los reyes asiáticos, ir en
tropel, llamados por sus evocaciones, á sus altares
todos los dioses conocidos; la que compartiera el
trono de Julio César y el tálamo de Marco Anto¬
nio; la que se alzara junto á la Victoria romana en
el Capitolio y tuviera en Alejandría santuarios;
aquella mujer que hablara con diez embajadores
á un tiempo en diez lenguas diversas, que cono¬
ciera desde los pensamientos hasta los astros,
desde las matemáticas hasta la metafísica, y desde
la historia de los seres criados hasta la historia de
los sistemas filosóficos; emperatriz en los palacios,
musa en las artes, amazona en la guerra, sibila en
el templo, maga en el sacrificio, no podía ir como
sierva y cautiva entre despojos y trofeos á la vía
Sacra para divertir un momento á los soeces ro¬
manos cuya corona estuvo á punto de fundirse al
rayo abrasador de su genio. No, jamás. Cleopatra
debía morir cien veces antes que pasar por tal
sonrojo. Si no la dejaban envenenarse con ningún
tóxico, enven enaríase con su propia hiel; si no la
dejaban rasgarse las entrañas con ningún puñal,
rasgaríaselas con sus dientes y con sus uñas, mu¬
riendo al dolor, á la desesperación, á la ira, mas
no á la vergüenza de tantas humillaciones como
le aparejaba el vencedor y el tirano. ¡ Presentarse
ahora en su triunfo, quizás atada con cuerdas á su
carro, objeto de compasión, ella, objeto eterno de
natural envidia ! Octavio celebraba con pompa la
victoria de una guerra civil que debía celebrar
con lágrimas. Y para el triunfo de una guerra
civil imponía tributos no pagados jamás desde
las espléndidas victorias de Paulo Emilio. El no
necesitaba pedir los honores del triunfo ni á esa
turba de míseros eunucos á que había quedado
reducido el Senado de Roma, ni á esa otra tur¬
ba de siervos viles á que había quedado redu¬
cido el pueblo rey. No habría de estar años ente¬
ros, como Luculo, sin poder ir al viejo recinto
de la Ciudad Eterna. Octavio era ya cónsul, tri¬
buno, pretor, pontífice, Roma entera, y por con¬
siguiente la tierra entera también. Los astros, los
cielos, el aire y las aguas con sus innumerables
seres; las sustancias de los campos y las esencias
de los espíritus; el fuego del sol y el fuego del
hogar; las ideas que discurren por los entendi¬
mientos, y los dioses que truenan en los templos;
el universo visible y el universo invisible, con¬
densábanse como por milagro en el frágil cuerpo
de aquel hombre, quien pedía de los mortales no
solamente obediencia servil, adoración idolátri¬
ca. Cleopatra creía ver su entrada triunfal en
Roma; los árboles doblándose al peso de los cu¬
riosos; las orillas de la vía Flaminia llenas por
los pueblos rurales; los arcos de ramajes inte¬
rrumpiendo á cada minuto el paso; los innumera¬
bles aduladores con guirnaldas de rosas en las sie¬
nes y braserillos de incienso en las manos; delante
carrozas sobrecargadas de estatuas, de aras, de si¬
mulacros, de dioses, como Cleopatra vencidos y
como Cleopatra avergonzados; luego, montones
de armas, penachos, escudos, cascos, todos esco¬
gidos en el campo de las derrotas egipcias, cho¬
cando unos con otros en el movimiento de la in¬
mensa procesión, y produciendo estridentes soni¬
dos que le desgarrarían sus entrañas de reina;
luego los magistrados de sus tribunales sacratísi¬
mos, los generales de sus numerosos ejércitos, los
ministros de su palacio, los sacerdotes de su culto,
reducidos á esclavos y llevando en sus manos án¬
foras llenas con los tesoros de los Lagidas; luego
los tálamos de marfil y oro, las aras de pedrería,
el trono altísimo suyo, sus alhajas y sus coronas,
y á los pies del vencedor mismo, á los pies de Oc¬
tavio, ufanado y ensoberbecido con la corona de
laurel en las sienes y alzado sobre la cuadriga de
briosos caballos, ella maniatada con cadenas, roja
de vergüenza, caída desde los santuarios de los
dioses en las ergástulas de los esclavos, con cha¬
cota y rechifla señalada por aquellas gentes, quie¬
nes después de haber temblado á su nombre y
sombra se holgarían de apestarla con el hedor de
su aliento y escupirle ponzoñosas salivas á la cara.
IV.
Cleopatra, pues, resolvió morir en la mansión
de sus padres. Ateneo nos ha dejado la descripción
exacta de un salón lagida en Alejandría. Imagi¬
naos columnas de cincuenta codos talladas en ma¬
deras olorosas y ricas; arquitrabes cuadrados de
áureos bronces, dispuestos para sostener airosas
galerías, muy parecidas á las usadas en nuestros
patios árabes; toldos de púrpura cruzados por ban¬
das blancas; paredes pintadas con frescos multico¬
lores donde resaltaban figuras egipcias; los peristi¬
los formados por pilastras en forma de palmeras
y de tirsos; los suelos alfombrados por pieles de
tigre; el aire balsámico al aroma de las rosas ale¬
jandrinas y al perfume de los pebeteros asiáticos;
efigies de animales verdaderos y simbólicos escul¬
pidos en mármoles preciosos; cuadros de Cicione
junto á tapices de Persia, alternativamente; mara¬
villosos escudos de oro y plata; hornacinas con si¬
mulacros griegos y délficas trípodes; lechos alza¬
dos en pies de misteriosas esfinges y cubiertos con
tiznes de oro ; todo ello rociado por una lluvia de
varia pedrería. ¿Puede presentarse un teatro más
ajeno á la muerte? Pues antes de dirigirse á la
eternidad, Cleopatra se sumergió en su baño de
leche. Después se miró en su espejo romano de
plata. Untóse luego el cuerpo con la olorosa coco-
drilea y con la pasta ródica. Disimuló el surco de
las lágrimas en su rostro con pomada de habas , y
disolvió pastillas de lentisco en su saliva para per¬
fumar el aliento. Caíale blanca estola desde su
cuello á los pies como en las ceremonias de Isis,
y se envolvía como la noche serena en el manto
de gasa negro todo sembrado con estrellas de oro.
Perlas riquísimas de India entrelazábanse á sus
trenzas; collares de varias esmeraldas adornaban
su pecho; tumbagas de todas las piedras conocidas
sus dedos; serpientes de oro sus desnudos brazos;
eslabones de oro sus tobillos; sandalias también
de perlas sus pies, y sus orejas dos gruesos zafiros,
semejante al primer lucero de la tarde el uno y el
otro al postrer lucero de la mañana. Luego ciñó á
su frente su corona de reina unida con su diadema
de diosa. Su figura hermosísima se dibujaba cual
nunca bajo esta blanca túnica nupcial de la muerte.
El melancólico tinte de sus agonías aumentaba sus
gracias. En ninguna de sus bodas apareció tan des¬
lumbrante como en esta boda final. Aquellos ojos
relumbraban más que las piedras preciosas del
mundo y las estrellas resplandecientes del cielo.
Todo lo preparó y apercibió con femenil coquete¬
ría. El tálamo de marfil y oro estaba en su puesto.
Había hecho mullir la cabecera de púrpura como
para un sueño tranquilo. Ardían los pebeteros de
ámbar á los cuatro costados del lecho despidiendo
misteriosas esencias. Las enseñas de su familia
flameaban en las bóvedas. Los cetros de los reinos
que había regido se amontonaban en haces á sus
plantas. Pendían los exvotos de mil generaciones
en las paredes. Erguíanse los dioses domésticos
sobre las aras como para una festividad. Relum¬
braban las lucernas encendidas. Y ya sólo podía
restar el tenderse allí Cleopatra y morir, como si
en vez de acabarse una reina se durmiera una
diosa en su lecho de nubes ó se apagara una idea
en la humana conciencia.
V.
Tras los muchos estudios emprendidos y las
experiencias atesoradas á fin de procurarse una
muerte serena, Cleopatra escogió, como lo menos
dañoso y lo más suave, la picadura del áspid. Ele¬
gido este animal ponzoñoso, necesitábase introdu¬
cirlo en la regia estancia. Los centinelas romanos
dábanse hábiles trazas impidiendo la muerte de
Cleopatra y conservándola como tributo á la so¬
berbia de Octavio. Mas gracias á su industria de
mujer, un labriego lo llevó en humilde canastillo
de mimbres, cubierto de pámpanos y ocupado por
una docena de higos. Bajo los pámpanos escon¬
díase la víbora. Cleopatra, como buena griega, de¬
bió saludar aquellos melifluos frutos tan gustados
en Atenas, que á ellos, á los muchos allí consumi¬
dos en todas las estaciones propicias, debieron los
atenienses el mote célebre de sicofantas. Todo
resplandecía en el universo á la hora de morir
Cleopatra. Reverberaba el mar los rayos del sol en
su azul superficie, y el campo aparecía tranquilo
como una égloga. No sabían todos aquellos espa¬
cios cuánto iba en aquel minuto á morir. No sabía
el Oriente que su alma se disipaba. No sabían las
pirámides que los jeroglíficos de su teología iban
á caerse como del árbol á los cierzos las hojas he¬
ladas. No sabían los dioses egipcios que agoniza¬
ban. No sabía el sacerdocio cómo estaban cayén¬
dose á impulsos de un terremoto los templos con¬
sagrados al culto. El espíritu de Asia, evaporán¬
dose, llevábase consigo todo el espíritu oriental.
Los sacerdotes dejaban el mundo entregado á los
jurisconsultos de Roma, sin misterios, es verdad,
pero también sin poesía y sin grandeza, eternos
escribas, comentadores eternos, prosaicos testa¬
mentarios del alma oriental. Acabábanse los cán¬
ticos alegres para oirse las tristes lamentaciones
tan sólo. Despoblábase de dioses la tierra y corría
el espíritu universal como viento fortísimo sobre
mar encrespado. Moríase la vieja teogonia, y el
mundo estaba en la imprescindible necesidad ya
de pedir arrodillado sobre las cenizas, comido por
la voraz lepra, en perdurable maceración y peni¬
tencia, una gota de rocío á los cielos y un rayo de
ideas nuevas á la conciencia universal. Sobre aquel
mortuorio lecho de Cleopatra se derruía un mun¬
do. Los bueyes egipcios no mugirían de nuevo; no
ladrarían los perros vigilantes á las puertas de los
templos; no velarían las serpientes astutas; y po¬
blándose de ascetas el desierto aquel por donde
corrieran los Cambises y los Sesostris, disiparían
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BELLAS ARTES
PRIMAVERA,
CUADRO DE LINDEN.
Digitized by ^.ooQie
8 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# IX — 143
dres escrupulosas á pensar en la necesidad del
teatro blanco para la familia, como en algunos tea¬
tros de París ocurre con frecuencia. Y es que al
escritor francés se le escapa la intención del do¬
ble sentido de esos retruécanos y juegos de pala¬
bra que tantas veces sublevan al público sano, aun
entre las risas de los despreocupados que toman
por chiste la desvergüenza.
Traduce Lyonnet con facilidad, exactitud y gra¬
cia los poco complicados argumentos de las zar-
zuelillas que más le han divertido; y si bien en¬
cuentra las razones que influyen para que el es¬
pectáculo dividido en secciones halle el favor del
público, no deja de ver claro lo dañosa que su
dominación puede ser para el arte de gran aliento,
abandonado por algunos poetas y artistas que fe¬
lizmente podían cultivarle, renovando sus anti¬
guas glorias.
Sin conocer personalmente al autor de El Teatro
en España , de su trabajo deduzco que, si no do¬
mina del todo nuestro idioma, le posee lo bastante
para no incurrir en errores de bul¬
to. Comprensible es que, al barajar
Pero aqui, amigo Lyonnet, no hay comercio
como en París, donde el reclamo en la prensa
cuesta tan caro á los artistas. Aquí se imita al
francés, pero la imitación es gratis , y por eso el
reclamo es más frecuente. Aquí no hay poeta ni
artista que no cuente con su crítico, ó con su re-
portery más activo y humano, y á veces desintere¬
sado hasta la más piadosa abnegación y el olvido
absoluto de su opinión propia.
De ahí la abundancia de insignes,i lustres^ emi¬
nentes. Y agradeciendo y estimando yo la alusión
lisonjerísima con que Lyonnet me favorece por
mis últimos trabajos de crítica teatral, pobre pero
sincera, en estas mismas columnas, no puedo me¬
nos de confesar con él que, efectivamente, en ese
punto, que llama capital , de la crítica, el abando¬
no y el desdén distinguen en general á nuestra
prensa, y tarea de tal importancia está hoy «al
nivel de la sección de las noticias del día, de los
reclamos y de los anuncios». Y aun pudo añadir
que el interés de la industria se sobrepone en
En las calles apartadas del centro, de tenebro¬
sas viviendas amontonadas, respiraderos pestilen¬
tes de sus moradores miserables, cantaba el juglar,
rodeado de pobre gente, ignorante, haraposa, ham¬
brienta; cantaba con ira santa de profeta unas
veces; otras abatido, desconsolado; Cristo humano
sin divinidad de Redentor; otras veces estrofas
sin sentido, pero resplandecientes de armonía,
letanías de amor que penetraban el alma como
un aroma de todos los amores y en cuantos le es¬
cuchaban, rodeándole apretados, devoradores de
las palabras; los rostros cerrados con dura expre¬
sión de triste ignorancia, se esclarecían, como
iluminados de súbito por interior aurora y para
siempre, ungidas por la divina poesía, quedaban
grabadas en su frente las santas palabras..... jus¬
ticia, piedad, esperanza.....
Jamás cantó de otros amores el poeta cantor de
la Miseria, como le llamaban todos.
Dama Miseria era su dama, y nunca tuvo más
fiel amador.
• #
los nombres de nuestras numerosas
actrices de todo género, llame al¬
guna vez señora á la que es señorita,
y viceversa. Pero no he podido ex¬
plicarme cómo el traductor fiel de
algunas frases poco usadas ha po¬
dido escribir equivocadamente en
castellano, y nada menos que tres
veces en dos páginas, el titulo de
una de las comedias más populares
de Bretón, Muérete y verás . «Mué¬
rete, si verás», escribe, para tradu¬
cir luego, del verdadero título, «ET
tu verras*.
En cambio de ese error inexpli¬
cable, revélase bien, en el examen
de obras tomadas del francés ó el
alemán, que no se le ha escapado
ninguna de las hazañas de nuestros
aprovechados merodeadores en el
campo de la escena extranjera.
Y allí saca á relucir traducciones
y arreglitos y reducciones de esas
con que los truchimanes de que ha¬
blaba Fígaro dejan en la sombra á
los originales , cobran el barato y no
pagan los vidrios rotos al descuida¬
do vecino.
•
• «
Conocedor aparece también
Lyonnet de las especiales cualida¬
des que caracterizan á nuestras pri¬
meras actrices, y no deja de ser
buen observador de éstas al clasifi¬
carlas con relación á las más nota¬
bles artistas de la escena francesa,
á las que la Tubau y la Guerrero
han estudiado atentamente. Recuer¬
da á la Tessandier para aconsejar
con su ejemplo á la primera, y en
la escuela de Sarah Bernhardt co¬
loca á la segunda.
En María Guerrero encuentra,
como yo, exceso de movilidad, en
la mirada y el gesto sobre todo, y
ASCENDIDO L GENERAL DE BRIGADA POR SERVICIOS PRESTADOS EN LA CAMPAÑA DE CUBA.
(De fotografía.)
La hija del Rey era muy aficiona¬
da de la poesía, y aunque cien poe¬
tas cortesanos halagaban de conti¬
nuo su vanidad de hermosa y de
princesa, deseaba escuchar al poeta
callejero de libre espíritu, al que
satirizaba las costumbres cortesa¬
nas, al que amenazaba con ruinas y
muerte á los poderosos, al que no se
humillaba á la hermosura, ni al po¬
der, ni á la riqueza, al enamorado
cantor de la Miseria.
Le oyó por fin, y lloró al oirle; y
estaba tan hermosa llorando triste¬
mente tristezas que nunca había
sentido, que el poeta cantor de la
Miseria, por vez primera, cantó la
hermosura de una mujer. Afirmaba
la Princesa que poeta alguno le ha¬
bía emocionado tan dulcemente, y
afirmaba el poeta que nadie como la
hermosa Princesa había compren¬
dido sus canciones.
— Mal hice en escuchar á tanto
poeta cortesano. ¿Qué podían decir¬
me sino mentiras lisonjeras?.....
Desde hoy tú serás mi poeta prefe¬
rido.
— Mal hice en cantar mis cancio¬
nes á los miserables. ¿No es mejor
conmover piadosamente á los pode¬
rosos, que despertar amenazadores
á los humildes? Desde hoy sólo can¬
taré para vos.
Y de este modo quedó el poeta al
servicio de la hija del Rey. Con sus
colores y bordadas las armas reales
al pecho, sobre el corazón, le veían
cabalgar al estribo de la carroza re¬
gia ; los miserables habían perdido
á su poeta para siempre, y desde
entonces, si algún nuevo juglar ve¬
nía á decirles: «Oidme, yo soy otro
cantor de la Miseria», pasaban de
largo, desconfiados, tristes, incré-
en la extremada excitación nervio-
dulos.
sa el agente principal de la manera escénica de
actriz tan inteligente, que se hubiera perdido para
nuestro teatro si el famoso Coquelin hubiera abier¬
to un poco la mano, dándola carta de naturaleza
en el teatro de Francia.
No es de extrañar que Lyonnet, galante con las
damas de la escena española, haya respetado los
extremos de la leyenda glorificadora con que las ha
obsequiado la crónica ligera de nuestro tiempo, y
que no haya querido señalar los límites en que na-
sueltos de contaduría al interés puro del arte que
á todo trance debe defender la crítica.
Concluyo felicitando á Henry Lyonnet por su
imparcial y sincerísimo estudio de nuestro actual
teatro, y así quisiéramos en España que lucieran
la discreción y la buena fe en cuantos escritores
extranjeros tratan de las distintas manifestacio¬
nes de nuestra vida nacional.
Eduardo Büstillo.
— ¡BahI cantor de la Miséria hasta que las prin¬
cesas quieran oirte.....
Jacinto Bena vente.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
turalmente las encierran sus especiales condicio¬
nes para el arte. Porque, al fin, las cualidades f ísi- — ■■ —
cas y esa misma dominación absoluta de los ner¬
vios en el trabajo escénico, á que con razón alude EL CANTOR DE LA MISERIA.
Lyonnet, impiden que la actriz sea del todo capaz
de componer el gesto, la acción y las actitudes y
movimientos de la figura en las grandes y decisi-
vas situaciones dramáticas. No es cosa tan fácil la traza, uno de tantos juglares ca-
hacer eminentemente trágica á una artista contra llejeros, truhanes desvergonzados; era
la irresistible fuerza de la naturaleza. P00^ avasallador de la multitud,
Conforme estoy con muchas de las conclusiones de la multitud miserable, sufridora de
que el escritor francés formula en el final de su todos los dolores, sin sentido del pro¬
estimable trabajo, y no es la menos exacta y justa P*° sufrimiento.
la que se refiere á la facilidad con que en la prensa Desde el amanecer errante por la cia¬
se prodiga el elogio á poetas y artistas. Lyonnet ye dad, atravesábalas calles principales, donde
se maravilla con mucha gracia ante la abusiva Ty la nobleza, el poderío , el tráfico mostrábanse
frecuencia de los calificativos de distinguido , muy . insolentes, sin pararse á cantar una vez sola;
aplaudido , genial , eminente , etc., etc., y recuerda pero al pasar lento, contemplador melancólico
las etiquetas que lucen ciertos géneros del comer- del expansivo bullicio, recogía en el alma indig-
cio: fino, muy fino , superfino , extrafino . nación y tristeza.
Fin de las guerras: un libro de M. de Molinari. — Los ideales ▼ Is
realidad.— Lucha contra las miserias rurales: las asociaciones bel¬
gas.— Lucha contra las miserias urbanas: los ColUge aettlemenU,—
El gran J. von Miquel , ministro de Hacienda de Alemania.
^ ewnomxstesy acaba de publicar un
TxS0L^á|¡j£ libro muy importante con el título de
Apogeo y decadencia de la guerra , en
Q116 86 ocupa de la debatida cuestión
VVv/ Y i de si las guerras son ó no necesarias, y
yr si debe pensarse seriamente en que termi-
nen de una vez para siempre. El insigne
' apóstol del libre cambio es acérrimo partí*
daño de que no vuelva á encenderse la guerra en
ninguna parte. Mientras en el mundo, en los tiem¬
pos bárbaros, no hubo seguridad alguna para loe
hombres, para las familias y para los pueblos, la
guerra fue una institución necesaria; la guerra
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144 — ix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Marzo 1898
BARCELONA. — EMBARCO DE TROPAS CON DESTINO Á LA ISLA DE CUBA, EFECTUADO EL 25 DE FEBRERO ÚLTIMO.
BARCELONA. — DESEMBARCO DE TROPAS PROCEDENTES DE FILIPINAS, VERIFICADO EL DÍA 27 DE FEBRERO ÚLTIMO.
(De fotografías de Juan Furnells.)
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MONTORO (CÓRDOBA). — VISTA GENERAL de la ciudad
(De fotografía.)
146 — n.° ix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Marzo 1898
creó la seguridad, y en el cumplimiento de esta
gran misión estuvo su grandeza y llegó á su apo¬
geo. Pero una vez arraigada detinitivamente la
seguridad en el mundo civilizado, concluida esa
misión, no responde á ninguna exigencia, no tie¬
ne razón de ser, y al prepararla y sostenerla re¬
sulta un gravísimo perjuicio. La guerra, que sirvió
de amparo y base á la seguridad, es hoy, aun sólo
en el hecho de estar preparado para ella bajo la
engañosa excusa del si vis pacenté para bellum% la
causa fundamental de la inseguridad y del peligro
y de la alarma consiguientes.
Tal es el principio que sienta M. de Molinari
en su obra; dedicando el razonado conjunto de
ella á investigar qué progreso social tendrá sufi¬
ciente virtualidad para hacer que la guerra, que
ha entrado en su período de decadencia, concluya
para siempre. Semejante aspiración es vieja. Cuan¬
do Kant enseñaba que la moral es la base de la
política, y hablaba de respeto recíproco de las vo¬
luntades de dos ó más pueblos, y deseaba que se
formara un Estado de naciones (civitas gentium)
que aumentara hasta comprender á todas las de
la Tierra, ya decía que el ideal de la paz no era
una fantasía quimérica, sino una obligación que
tendría al fin que cumplirse. Protestando contra
la guerra, declaraba Condorcet que todo pueblo
sabe que no puede ser conquistador sin perder su
libertad; que las confederaciones permanentes son
el único medio que las naciones tienen para ase¬
gurar su independencia, y que éstas deben buscar
siempre la seguridad y no el poderío. Pues bien;
lo mismo en tiempo de Kant, que de Condorcet,
que hoy, leyendo á Lavelaye, á Michel Revon,
á Blunschli, á Corimer, á Tolstoi, á Herbet Spen-
cer, á Wirchow, á Maglhaes Lima, á Bebel, á
F. Passy, á la Baronesa de Suttner, á G. Moch, á
Moneta, y demás entusiastas propagandistas de la
paz, se ve que la argumentación, plan y propósi¬
tos de Molinari se han repetido mucho en estas
humanitarias y civilizadoras campañas.
Y se ye, y se demuestra de nuevo también, al
contemplar á esos hombres enamorados de esos
ideales, que dentro de todo gran pensador hay,
más que un creyente, un crédulo; más que un cré¬
dulo, un niño que se apasiona de una idea, y que
á fuerza de acariciarla cree que toma cuerpo, vida
y realidad, y que existe y puede multiplicarse en
sus manifestaciones; y no sólo esos grandes obre¬
ros de la inteligencia Jo creen, sino que con la
misma ingenuidad infantil lo cuentan á todo el
mundo. Molinari creyendo en la posible termi¬
nación ¡definitiva de las guerras, como Molinari
librecambista sin límite alguno, son el mismo
ideólogo, de espíritu generoso y juvenil, que en
medio (Je sus ilusiones, y á pesar de sus razona¬
mientos, choca á cada instante con la triste reali¬
dad, qué le enseña que el mundo cuanto más se
civiliza -más se arma, apercibiéndose al combate;
y que el libre cambio inglés, el único y más cele¬
brado del mundo, sólo cambia libremente con
quienes ;le tiene cuenta, y ni cambia, ni trata, ni
se entiende con aquellos á quienes, en reciproci¬
dad, no|puede explotar.
Se repetirán los Congresos de la Paz, como el
último celebrado en Hamburgo; predicarán la
buena nueva allá para el siglo (?) Passy, el gene¬
ral Turif, la Baronesa Suttner, Lund, Moscheles,
Bajer, Moch y La Fontaine; se brindará en entu¬
siastas banquetes por la Federación universal de la
Paz; será de nuevo mil veces condenado el indi¬
vidualismo radical que ha escrito al frente de la
sociedad contemporánea este cdioso lema: Cada
uno para sí y guerra de todos contra todos; se di¬
fundirá idesde Berna á todos los ámbitos de la Tie¬
rra el teixto del Appel aux nations para la unión
de todos los esfuerzos en favor de la concordia, de
la justicia y de la paz, para que entremos en el
reinado del derecho; se aspirará á cerrar las fábri¬
cas de armas, los parques y arsenales, y, sin em¬
bargo, mientras en las escuelas de Alemania ento¬
nen los chicos desde que saben hablar el himno
de Ruckert en honor del veterano Barbarroja, el
emperador Federico; mientras aprendan de me¬
moria el Calendario patriótico , y la historia na¬
cional con las hazañas de la época de la Befreiung-
krieg ; mientras en Francia y en Rusia y en In¬
glaterra hagan lo mismo, se olvidarán todos los
generosos ideales de la paz, y atolondradas las
gentes por los vibrantes toques de los clarines
guerreros, irán con el entusiasmo de siempre á
cobijarse bajos los pliegues de la bandera patria,
repitiendo en coro al contemplarla lo que decía el
caballero Marino en su oda á la guerra:
E da punto di lancie , e di quadrella,
Quanto lacera piü, tanto pii bella .
Más positivas y humanas son las asociaciones
para concluir con la guerra que nos hacen las ca¬
lamidades públicas, ó la miseria y el abandono
sociales. Bélgica, el país que adoptó como lema de
su escudo esta útilísima verdad: «La unión es la
fuerza», acaba de hacer públicos los resultados
admirables que el espíritu de cooperación produce
entre los labradores, propietarios y braceros, en
cuantas necesidades siente tan poderoso elemento
nacional. Según los datos que tengo á la vista,
figuran en las asociaciones rurales para el pro¬
greso del cultivo 150 comités agrícolas, con 23.735
individuos; 136 sociedades de hortelanos, con
18.461, y 1.881 sociedades agrícolas, con 7.108. Los
sindicatos de labradores, cuyo objeto es adquirir
semillas, abonos, alimentos para el ganado y má¬
quinas, compraron artículos por valor de 5.127.747
pesetas en 1895, y de 7.443.679 pesetas en 1896.
La explotación de la leche, quesos y mantecas
tiene allí una importancia extraordinaria: sus sin¬
dicatos crearon 40 lecherías nuevas en 1896, y
102 en 1897, aumentando el número de industria¬
les inscritos en ellos desde 3.501 á 9.890. Este des¬
arrollo ha de ser muchísimo mayor aún, porque la
población belga, á pesar de lo que su ganadería
produce, necesita importar anualmente 13 á 15
millones de kilogramos de leche, mantequillas y
quesos, que cuestan de 22 á 26 millones de pesetas.
El crédito agrícola está bien sostenido y des¬
arrollado por medio de numerosas sociedades
cooperativas locales, de las llamadas Cajas Raif-
feisen , que prestan gran auxilio á los labradores
modestos. Existen también sociedades de seguros
contraías pérdidas de cosechas, que, por ejem¬
plo, en 1895 aseguraron existencias por valor de
5.599.653 pesetas, y abonaron 85.480 de indemni¬
zaciones. En Brabante, Flandes oriental, Lieja,
Limburgo y Hainaut funcionan sociedades de se¬
guros mutuos para la ganadería vacuna, que, en
general, abonan á los asociados dos tercios del va¬
lor del animal en casos de siniestros.
Dicho se está que, gracias á este apoyo mutuo
tan bien entendido, tan económico y tan opor¬
tuno y eficaz siempre, no se ven entre las familias
rurales belgas esos cuadros de desolación ni esas
escenas de miseria que son tan comunes en la ma¬
yor parte de los demás pueblos, y que, como para
pertenecer á las sociedades cooperativas es nece¬
sario tener la costumbre del ahorro en las fami¬
lias, claro es que el que más y el que menos pro¬
cura no adquirir trampas por sostener vicios;
cuidado que fomenta la propia estimación por el
empeño de no vivir en desprestigio, y mantiene á
los labradores en un estado de mutuo respeto y
moralidad que envidian cuantos viajeros enten¬
didos y curiosos recorren aquellas provincias, al
acordarse de lo que en otras partes se ve.
Esto en cuanto á combatir la miseria rural ; res¬
pecto á la urbana, hay más medios ó elementos
para aminorarla; pero pocos conozco tan nobles,
tan conmovedores ni tan fecundos en buenos re¬
sultados como los que con el nombre de Colleye
settlements funcionan en Inglaterra, en el Canadá
y en la Unión, y que hoy se intenta aclimatar
también en Francia. Suponga el lector que se reco¬
gen medio ó un centenar de chiquillos vagabun¬
dos en una capital, y se les instala en un edificio
arreglado para ello, y que los que los han recogi¬
do, varios aristócratas ó gentes ricas, hacen el
enorme sacrificio de irse á vivir con ellos la ma¬
yor parte de las horas del día, y que les instruyen,
les alimentan, les visten, les enseñan á asearse y
los entretienen agradablemente en los ratos de re¬
creo. Al amor de los hijos recogidos en mitad de
la calle acuden por natural instinto, aunque casi
olvidado y pervertido, algunas madres de ellos, y
con ellas á veces, y á veces después, algunos pa¬
dres, muchos de los cuales, al ver bien tratados y
redimidos á sus hijos, se rinden y renuncian á su
vida errante y desastrada, y se redimen también.
«Todo lo vence el cariño», puede decirse, con en¬
tera verdad, en esos caritativos centros. El bien,
la caridad y la enseñanza, cuando se hacen ó se
dan con severidad, con formulismos, con aspereza
y con tacañería, producen honda repugnancia; pero
suministrados con el atractivo de la simpatía rea¬
lizan milagros.
Milagro es, además, el que gentes del gran
mundo desciendan á practicar obra tan caritativa,
olvidando las comodidades de su vida y sumer¬
giéndose en pleno ambiente de sufrimientos y pri¬
vaciones. Un acaudalado aristócrata inglés, Mr. De-
nisson, fué el fundador de esta legión benéfica.
Dejó el boato y comodidades de su casa y de la
alta sociedad, y vivió cinco años en medio de los
pobres, con toda humildad y abnegación, instru¬
yéndolos y apartándolos de la vida del vicio. Imi¬
táronle en seguida, inspirados por su nobilísimo
ejemplo, algunos estudiantes de Oxford y Cam¬
bridge, varios profesores y propietarios, coronan¬
do la obra un rico gentleman que dejó bastantes
fondos para desarrollarla. Esto era en 1855, año
en que se crearon dos instituciones con ese carác¬
ter: hoy existen veintisiete en Londres, y hay va¬
rias establecidas en Edimburgo, Glasgow, Man-
chester, Nueva York, Chicago, Boston y Filadelfia.
En todas ellas se empieza por acoger á los niños,
y atraídos por éstos acuden los mayores. Una se¬
ñora de la alta nobleza de Francia, Mme. Coste de
Beauregard, instituyó en su país la primera casa
de este género, la de las obreras de Popincourt, á
la que concurren, para instruir, educar, acompañar
y entretener á las niñas recogidas, numerosas da¬
mas, todo lo más distinguido de París. Veinticinco
ó treinta de ellas reciben á las pobres, las obse¬
quian con juguetes, dan á sus pobres madres des¬
validas pastas y vino, las tratan con todo afecto,
y así se explica que entre las duquesas, condesas y
millonarias pululen 600 criaturas redimidas de la
miseria. Las aristócratas educan con su ejemplo á
las madres desarrapadas, ó insensiblemente se ve
cómo se transforman familias deshechas, viciosas
y condenadas al vicio y al crimen, en familias
amantes, cuidadosas de su ajuar, trabajadoras y
con fe en el porvenir. En el asilo de Popincourt
la aristocracia protege á más de cuatrocientas fa¬
milias, en las que los hijos ayudan á sus padres, y
en las que los padres han entrado en un período
de noble regeneración.
Tan admirable ejemplo ha convencido á muchas
gentes indiferentes ó incrédulas; el settlement pri¬
mitivo tendrá pronto otros centros sucursales que
adquirirán acaso más importancia que éste, y la
instalación inicial hecha en los desiertos y pobres
locales de unos almacenes arreglados con reparos
y remiendos ha estrenado hace tres semanas una
casa nueva, donde la caridad está dignamente do¬
miciliada. No hay nada de fantástico ni de ideal
en estas campañas contra la guerra de la miseria
y en pro de la paz social, porque este es uno de
los caminos prácticos más seguros para cumplir la
gran misión de «amar al prójimo». Aquí no hay
inseguridad alguna para las naciones, como la que
producen los preparativos de las guerras; aquí se
opera poco á poco la redención social, y con ella
se asegura la paz con mayores arraigos cada día.
O
• 4»
En el país que hizo rico la guerra, Alemania,
se ha celebrado hace pocos días la fiesta de haber
llegado á los setenta años de edad el gran admi¬
nistrador de su riqueza, H. Juan von Miquel, an¬
tiguo admirador de Carlos Marx, antiguo socialista
exaltado, hoy hombre de orden, de peso y de uni¬
versal fama. Pocos ministros de Hacienda se han
visto en el caso en que él se ve, y ninguno ha po¬
dido decir lo que él dice: «¡Me sobra dinero por
todas partes!» Y es verdad: no sabe lo que hacer
con él, y está madurando el plan de constituir un
gran fondo de reserva, guardando anualmente un
montón de millones en una caja especial, que será
apéndice ó suplemento de la del Tesoro nacional.
Era Von Miquel alcalde de Francfort hace algu¬
nos años, en ocasión en que el Emperador llegó á
aquella ciudad. En las fiestas con que obsequiaron
al Soberano hubo el banquete de rúbrica, en el
cual el Alcalde se sentó al lado del Emperador. Ha¬
blaron de Hacienda, y supo Von Miquel exponerle
de un modo tan sencillo, tan claro, tan convin¬
cente su sistema de contribuciones é impuestos,
que el Monarca, que estuvo oyéndole atento desde
la sopa á los postres, le dijo al levantarse: «¡Usted
es mi hombre, Sr. Miquel!» Y lo fué, en efecto.
Su plan era este: «Que los ricos paguen mucho
y los pobres poco.» Al realizarlo se armó la gran
cruzada contra él, porque todos los que pagaban
más que antes, gritaron en coro: «¡Este hombre
está loco; va á arruinar á la nación!» El dinero
afluía que era un portento; pero combatido por los
poderosos, no pudo aplicar por completo su siste¬
ma; cedió, y los ricos se calmaron: los contribu¬
yentes modestos, en cambio, estuvieron y están
contentos.
Un detalle curiosísimo del gran hacendista prác¬
tico es el siguiente: Ideó un físico una lámpara
que se alimenta con alcohol, y que alumbra bas¬
tante bien y con poco riesgo. H. Miquel lo supo y
exclamó: «¡Nos hemos emancipado de los Estados
Unidos y de Rusia: se acabó el petróleo; se salvó
la industria nacional de la producción de alcohol,
de remolacha y patatas!» Presentó la lámpara al
Emperador y le dijo: «Si conseguimos que alguno
de nuestros ingenieros perfeccione este aparato y
se pueda usar, dando toda la luz posible y sin pe¬
ligro alguno, habremos vencido á todos los países
productores de petróleo, y consumiremos con gran
economía y ganancias nuestros alcoholes.» La lám¬
para no se ha perfeccionado aún; pero el Ministro
espera con fe, y no usa en su despacho otro siste¬
ma de iluminación. Se non é vero , al menos esta
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8 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.# ix — 147
referencia demuestra que Yon Miquel, además del
plan ya indicado, tiene otro no menos plausible:
el de fomentar las riquezas naturales de su pais
para no necesitar de las ajenas.
Ricardo Becerro de Bengoa.
de la Srta. Pacini, celebrado la noche del último
martes.
Una enorme cantidad de flores, valiosísimos y
numerosos regalos, y una continuada ovación, re¬
cibió y escuchó la incomparable artista durante
la representación de Los Puritanos , que fue la
ópera cantada la mencionada noche, y cantada de
magistral manera por la beneficiada, que lució su
extraordinaria agilidad y su exquisito arte, muy
especialmente en la polaca, el aria del segundo
acto y el dúo final. La terminación de cada una de
estas piezas fué seguida de otras tantas ovaciones
entusiastas y prolongadas.
Bonci, Blanchart y Riera, que acompañaron ¿
la notable diva en la interpretación de la ópera,
. merecieron los muchos aplausos que el público les
otorgó, y fueron llamados á escena á la termina¬
ción de todos los actos.
*
# #
Pagliacciy ópera cantada la noche del pasado
miércoles por primera vez, fue un señalado y rui¬
doso triunfo para la Sra. De Macchi, que inter¬
pretó notabilísimamente la parte de Nedda, dán¬
dole toda la gracia y colorido dramático que tan
difícil papel exige. Cantó con exquisito gusto, y
fué muy celebrada durante toda la representación,
viéndose obligada á presentarse en escena al fina¬
lizar aquélla.
El Sr. Buti cantó perfectamente su parte y sa¬
tisfizo por completo al público, que le aplaudió
mucho, así como á los Sres. Bertrán, García
Prieto y Tanci, que cumplieron como buenos.
*
• «
La noche siguiente, es decir, la del jueves pa¬
sado, fue una de las mejores que ha habido esta
temporada para los aficionados á la buena música.
Cantóse Rigoletto , y formaron el cuarteto en¬
cargado de su interpretación las Srtas. Pacini y
Gardeta, y los Sres. Bonci y Blanchart. Con decir
esto, está dicho que el público quedó satisfechísi¬
mo, hasta el punto de pedir con insistencia la re¬
petición de varios trozos de la ópera.
Regina Pacini, que con razón disfruta déla pre¬
dilección de nuestro público, se excedió á sí mis¬
ma y cantó maravillosamente toda la ópera, espe¬
cialmente el dúo del segundo acto, el caro nome9
el dúo del tercero y el cuarteto, donde la ovación
fué interminable y delirante.
Bonci es sencillamente el tenor que mejor ha
cantado Rigoletto desde hace muchos años. Cierto
que la ópera encaja perfectamente en sus notables
facultades; pero no por eso son menos justos los
aplausos que escuchó al terminar la balada, el dúo
con Gilda, la popular canción y el cuarteto del
último acto, piezas que cantó admirablemente y
en las que derrochó arte y facultades.
La Srta. Gardeta puso de manifiesto sus incom¬
parables condiciones y su inmenso entusiasmo ar¬
tístico; cantó de manera notable, y fué con justi¬
cia muy aplaudida y celebrada.
Y, por último, Blanchart, nuestro eminente com¬
patriota, quedó á la altura de su bien ganada repu¬
tación. Pocos artistas podrán hacer la campaña
que esta haciendo el eminente barítono, que canta
todo, y todo muy bien, tan bien como Rigoletto ,
en el que es insustituible.
La orquesta, bajo la dirección del veterano maes¬
tro Goula, hizo prodigios, y los coros estuvieron
muy bien. En suma: una representación inmejora¬
ble en conjunto y separadamente.
Durante la presente semana debutará el tenor
Sr. Cardinali, que viene precedido de gran repu¬
tación.
ESPAÑOL.
Ha comenzado á ensayarse y muy en breve se
verificará el estreno de Las Bodas de Fígaro , co¬
media en cinco actos de Beaumarchais, arreglada
á nuestra escena por D. Luis Valdés.
PRINCESA.
La Corte de Napoleón continúa proporcionando
grandes entradas á la afortunada empresa de este
teatro y calurosos aplausos á los artistas que to¬
man parte en su representación. Sin embargo, la
dirección artística no se duerme sobre los laure¬
les, y prepara, para un plazo relativamente corto,
novedades que han de completar la campaña tan
fructuosa y digna de aplauso que viene sostenien¬
do toda la temporada.
LARA.
Ninguna novedad ha ocurrido en este teatro
aparte de la reprise de La Chismosa , verificada el
último lunes, y el beneficio de la Sra. Mavillard,
celebrado la noche del pasado sábado.
La Chismosa , comedia de Enrique Gaspar, in¬
justamente olvidada, obtuvo un éxito grande y
franco. El público escuchó con gran interés toda
la obra, celebrando las cómicas situaciones en que
abunda y la fácil y primorosa versificación del
diálogo.
Muy bien estuvieron en la interpretación Rosa¬
rio Pino, Balbina Val verde y Emilia Mavillard,
que representaron sus papeles inmejorablemente,
y no menos bien los Sres. Larra y Ramírez; este
último adelanta notablemente, y llegará muy pron¬
to á formar en primera línea entre nuestros acto¬
res cómicos.
•
4» 4»
La Marquesita , La Chismosa y La Función de
mi qiuéblo fueron las obras representadas la noche
del beneficio de la Sra. Mavillard, quien alcanzó
muchos aplausos y recibió innumerables y valio¬
sos regalos.
•
• •
Para hoy se anuncia el estreno de La victoria
del General , en cuya representación toman parte
las Srtas. Moreno y Feros, Sras. Pino y Yalverde,
y los Sres. Larra, Santiago y Gonsálvez.
CÓMICO.
Estrenar Los Remiendos , de Navarro Gonzalvo
y el maestro Calleja..... e poi moriré.
Esto es lo que ha hecho el infortunado teatro
de ex Capellanes. Y no queremos decir que Los
Remiendos hayan sido la causa del cierre. Al con¬
trario, es una zarzuela entretenida y amena, con
música inspirada y alegre, que valió los honores
del proscenio á sus autores.
Los cuales no han cobrado ni las tres noches de
derechos dobles. Lo lamentamos de todo corazón.
ZARZUELA.
La Buena sombra , además de ser una zarzuela
muy bonita, es, por lo que se ve, patrimonio exclu¬
sivo del coliseo de la calle de Jovellanos, que se
llena por completo todas las noches gracias á su
buena sombra y á la de los hermanos Alvarez
Quintero.
La Buena sombra de éstos es indiscutible. Han
acertado (y no por casualidad, que conste) á tra¬
zar un cuadro de costumbres andaluzas con toda
la luz, colorido, gracia y viveza propias de Sevi¬
lla, que es el lugar donde se desarrolla la acción.
Esta es sencilla y natural ; el diálogo es chispean¬
te, vivo ó hiperbólico, como requieren los tipos
copiados en el sainete , todos tomados del natural
y delineados con rasgos felicísimos y seguros.
En resumen : La Buena sombra es un sainete
con todas las de la ley, que dará muchas y buenas
entradas al teatro de la Zarzuela y mucha honra y
provecho á sus jóvenes autores, que son de los que
vienen empujando , como se dice en el argot de la
gente de pluma.
El maestro Brull se encontró con un libro en el
que había que encajar números musicales á fuerza
de mazo, y demasiado ha hecho con meter varios,
frescos, alegres, sobre motivos andaluces, que
se escuchan con agrado. El primero, sobre todo,
aunque demasiado largo, es el más notable de la
partitura.
De los intérpretes citemos especialísimamente
á Lucrecia Arana, que hizo una andaluza que no
hay más que pedir; Antoñita Espinosa, artista es¬
tudiosísima y muy discreta; la Cárcamo; Julián
Romea, actor que hace todos los papeles que le den,
y todos de manera sobresaliente; Pepe Moncayo,
que borda el papel de Triquitraque; Orejón, que
va abandonando el odioso camino de las imita¬
ciones, y resulta un actor original y con cosas
propias; Rodríguez y Gonzalito que estuvieron
muy retebién.
Pablo Arana durmió y se despertó con excesiva
naturalidad.
MARTÍN.
Con Julián Fuentes á la cabeza, ha comenzado
á actuar en este teatro una compañía de zarzuela,
modesta pero muy aceptable, en la que figuran
como tiples las Srtas. Urrutia y Fernández.
El éxito obtenido ha sido excelente en cuantas
obras han representado, especialmente en la r¿?-
prise do De la noche á la mañana , que fué muy
bien interpretada.
Para hoy se anuncia el estreno de un apropó¬
sito escrito para la Srta. F ernández por dos aplau¬
didos autores.
A.
JABÓN DE LOS PRÍNCIPES DEL CONGO
el nián perfumado de los jabonea de tocador
LOCIÓN VAISSIER ^del cabello
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cinco años se vende en el mundo entero á pe¬
sar de las muchas falsificaciones. Los Polvos
do Arros y el Jabón Simón completan los
efectos higiénicos de la Crema Simón.
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
Memoria leida en la junta general de accionistas del Banco
de España celebrada el l.° del corriente, que comprende las
operaciones efectuadas por dicho establecimiento de crédito
en el año 1897. Hemos recibido ejemplares de dicha Memoria»
y damos las gracias al Secretario general del Banco de Es¬
paña por su atención.
También agradecemos al Secretario general de la Unión Ibero-
Americana el envío de la Memoria de los trabajos realizados
durante el año próximo pasado por dicha institución, Me¬
moria leída y aprobada en junta general ordinaria de 30 de
Enero último.
Batallón de Voluntarios de Madrid. — Con este título
hemos recibido un folleto elegantemente impreso, que contiene
la relación de los donativos y nombres de los donantes para
la formación de dicho batallón de voluntarios, la lista del
personal según la revista del mes de Octubre de 1896 y la
Digitized by ^.ooQie
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Marzo 1898
148 — n.o íx
cuenta de gastos. Al frente de la portada
figura un fotograbado con el retrato en gru¬
po de los jefes y oficiales que componen la
plana mayor del batallón.
La electricidad simplificada. — La
aritmética de la electricidad , por Sloane.
Traducciones de D. José Pía.
Parecía imposible que después de la Pe¬
queña Enciclopedia Electromecánica de
Graffigny se pudiesen escribir libros distin¬
tos á éstos sobre electricidad; y no sólo se
han escrito, sino que la librería editorial de
Bailly-Bailliére é Hijos no ha tenido repa¬
ro en publicarlos, pues en lugar de perjudi¬
car la renta de los de Gralfigny, son los
nuevos libros un complemento de aquéllos.
Los dos tomos primeros que hemos teni¬
do el gusto de recibir y examinar se titulan
como indica el epígrafe.
El primero es el más sencillo que hasta
ahora se ha publicado; en cuanto al segun¬
do, es un tratado práctico de cálculos eléc¬
tricos de todas clases, reducidos á reglas
sencillas, para las que no se necesita más
conocimiento que el de la aritmética ele¬
mental. Cada regla va ilustrada por uno ó
más problemas prácticos, con las soluciones
detalladas de cada uno. El libro termina con
una extensa serie de tablas, y su precio es
1,60 pesetas en rústica y 2 en tela.
Noticiero-Guía de Madrid — Con este
título acaba de publicarse en Madrid un cu¬
rioso é interesante libro, arreglado por un
compañero nuestro en la prensa que oculta
bajo la firma Un repórter su verdadero nom -
bre. El Noticiero- Guia tiene una primera
parte descriptiva, ilustrada con magnífi¬
cos fotograbados, que da á conocer al lec¬
tor, sin fatigarle, todo lo que Madrid en¬
cierra digno de mención. Publica además
varias tarifas y noticias útiles para el co¬
mercio y para los particulares, y las señas
muy completas del personal de los centros
oficiales.
La parte material nada deja que desear.
El libro se vende á una peseta, con permi¬
sos gratuitos para visitar varios museos
establecimientos públicos.
Los pedidos deben dirigirse al Adminis¬
trador del Noticiero- Guíaf calle de San Pe¬
dro, 8 duplicado, tercero.
MADRID. — PRUEBA OFICIAL DE UNA SUSTANCIA QUÍMICA PARA LA EXTINCIÓN DE FUEGOS,
CELEBRADA RECIENTEMENTE EN EL EMBARCADERO DEL CANAL.
(De fotografía.)
SU COMPAÑERO DE VIAJE. „
El hombre sabio nunca pierde la oportunidad
de hablar á las demás personas. Por muy grande
que sea nuestro saber, siempre hallamos que otros
poseen informes que nos serían muy útiles é in¬
teresantes. A veces obtenemos estos informes en
un momento; al paso que en otras ocasiones se
originan de una conversación que al principio no
llevaba camino señalado, ni tenía otro objeto que
meramente hablar. El que suscribe tuvo en cierta
ocasión que efectuar un viaje de mil millas por
ferrocarril, con el objeto de averiguar la verdad ó
la falsedad de ciertos hechos alegados. Antes de
haber viajado la mitad de la distancia me en¬
contré con un hombre en el tren, el cual en el
curso de nuestra conversación me dió pruebas
palpables de la verdad de los hechos antedichos,
naciéndome esta comunicación sin la menor idea
de que la casa de negocios que yo representaba
tuviese un interés enorme en la materia. Habien¬
do, pues, inesperadamente logrado el objeto de
mi viaje, salí ael tren y me volví A mi casa. Los
hechos subsiguientes mostraron la verdad de lo
3ue mi compañero de viaje me había manifesta-
o. Cosas parecidas á ésta ocurren constante¬
mente, las cuales tienen mucho influjo en los
negocios de la vida diaria.
El Sr. Emilio Gómez Navarro, de Almuñécar,
había estado sufriendo por mucho tiempo de una
enfermedad que los médicos no podían curar. En
▼ano había perdido el tiempo y el dinero en busca
de la salud. Estaba ya casi desesperado, y no ha¬
llaba el menor placer en la vida. No hay duda
de que, si le hubieran asegurado que existía algún
medicamento para recobrar su salud, hubiera
cruzado la tierra y Ja mar para obtenerlo. Pero
este medicamento estaba mucho más cerca de lo
3ue él imaginaba, el cual llegó á su conocimiento
e una manera que nadie hubiera podido adivi¬
nar. Permitámosle que recite él mismo su his¬
toria:
«En contestación á la muy estimada carta de
usted fechada el 11 del próximo pasado — escribe,
— paso á informarle á usted que, no solamente no
tengo el menor inconveniente en que se publique
mi nombre, sino que deseo que todo el mundo
sepa los buenos resultados que he obtenido des¬
pués de tomar el remedio de usted.
•Por lo tanto , certifico y declaro el hecho de
que he estado sufriendo por espacio de cinco años
de un dolor muy severo en el estómago, causado
por la mala digestión. Tenía mal sabor en la boca,
y un aliento ofensivo y desagradable, y después
que había comido, los dolores en el estómago
eran casi insoportables. Tomé todas Jas medici¬
nas que los médicos me ordenaron, algunas de las
cuales me aliviaron un poco. He probado varias
clases de aguas, especialmente la famosa de Lan-
jarón, siendo esta última la única que me alivió
por algún tiempo, por cuya razón fui allí con
mucha frecuencia; mas después de haber dejado
de tomarlas por algún tiempo, empecé á empeo¬
rarme de nuevo.
•Naturalmente, mi dolencia me causaba mu¬
cho disgusto y ansiedad. En uno de mis viajes á
Granada hallé un caballero que viajaba en el
mismo carruaje que yo; y habiendo entrado en
conversación con él y referídole mis padeci
mientos, me recomendó que probase el Jarabe
Curativo de la Madre Seigel, diciéndome que él
se había curado por su mediación en iguales cir
cunstancias, y que lo probase de todos modos,
pues si no me aliviaba podía entonces supri¬
mirlo.
AGUA DE COLONIA DE ORIVE
extra, de aroma riquísimo y permanente, cuatro veces más barata y muy superior á muchas de
las más acreditadas del Extranjero. Su inmenso crédito en esto se fundó. En frascos, farmacias
y perfumerías. Por mayoi, M. García, Madrid. Por medida remesa su autor á domicilio, franco
envase estación ferrocarril Bilbao, 6 pesetas litro. Desde cuatro litros, á 4 pesetas.
•Las palabras de este señor me causaron tan¬
tísima impresión por su aparente confianza en
esta medicina, que tan pronto como llegué á Gra¬
nada compré una botella de este medicamento
á D. Cándido Peña. Sintiéndome muchísimo me-
Í'or, continué con este remedio hasta que ha¬
da tomado ocho bolellitas, comprándolas ádon
José Marín, de esta ciudad; dando por resultado
que me hallo ahora completamente curado, res¬
tándome tan sólo el dar las gracias á mi compa¬
ñero de viaje y á usted. (Firmado): — Emilio Gó
mez Navarro, Almuñécar (Granada), 15 de No¬
viembre de 1897. •
Una narración tan llana y tan bien dicha no
requiere mucho comentario. Nos alegra mucho
que nuestro amigo encontrase el verdadero re¬
medio para su dolencia, y que lo encontrase de
la manera que nos lo ha referido, sirviendo esto
para ilustrar la doctrina de la Providencia y el
hecho de cómo un hombre puede ayudar á otro
aunque no le haya visto jamás. La dolencia cu¬
rada tan feliz y tan radicalmente por medio del
Jarabe de la Madre Seigel, según nuestro corres¬
ponsal nos informa, era del estómago, ó sea in¬
digestión crónica; enfermedad muy común y la
más triste de todas las enfermedades si no se cura
á tiempo. Y si el nombre de la medicina que cura
esta enfermedad no llega á conocerse pronto en
toda España, no será ni la culpa del Sr. Emilio
Gómez Navarro, ni la del caballero que viajó con
él en el tren.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venta en todas Jas farmacias, droguerías y ex-
Íiendedurías de medicinas del mundo. Precio del
rasco, 14 reales; frasquito, 8 reales.
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alguno, elíjase un dentífrico higiénico, acreditado
en la práctica. Deséchense, por perjudiciales, los
dulzamos. Un buen dentífrico ha de perfumar y
refrescar la boca deliciosamente con el aroma de
la menta y la rosa, pero dejando un recuerdo ó
gusto ligero de los tónicos ó amargos, como su¬
cede con el Licor del Polo de Orive. Por
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Impreso oon tinta Ae la fábrica LORILIBUI y C.% 16, m Bugtr, París.
Reservados todos loe derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID.— Establecimiento ti poli tográfico « Sucesores de Rivadeneyra»,
impresores de la Real Casa.
Digitized by ^.ooQie
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Digitized by ^.ooQie
150 — *.• x
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Marzo 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica general, por D. José Fernández Brcmón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — El Beñor Andana, por
D. A. Sánchez Pérez.— Poetas desequilibrados, por D. M. Ossorio y
Bernard.— El traje de luto, por D. Nicolás de Ley va. — Por ambos
mundos. Narraciones cosmopolita» , por D. Ricardo Becerro de
Bengoa. — Los Pepes muertos, poesía, por D. José Jackson Veyán.
Lob teatros, por A.— Juegos Florales y Certamen en Sevilla, por X.
—Sueltos.— Libros presentados á esta Redacción por autores ó edi¬
tores, por C. — Anuncios.
G RABADOS. — Bollas Artes: La emperatriz doña Isabel de Portugal , mu¬
jer de Carlos I de España, cuadro del Tiziano, existente en el Mu¬
seo del Prado, de Madrid. — ¡Mañana, gran día!, cuadro de Vollon.
— Música di camera , cuadro de Vicente Palmaroli. — La Habana:
La catástrofe del Maine. Estado actual del acorazado sumergido.—
Retrato del capitán William T. Sampson, presidente de la Comisión
norteamericana investigadora de las causas del siniestro.— Aspecto
del buque después de la explosión.— Retrato de Mr. Charles Dwign
Sigsbee, comandante del Maine , en su cámara. — Manifestación de
duelo con motivo del entierro de las victimas del Maine. — Sección
longitudinal del acorazado Maine. — Retrato del general Fitzhugh
Lee, cónsul general de los EE. UU. de Norte- America en la Isla de
Cuba. — Retrato de Mr. John D. Long, ministro de Marina de los
EE. UU. de Norte- América. — Interior de la fabrica de cañones de
Washington (EE. UU. de Norte-América) — Isla de Cuba: El cru¬
cero protegido de segunda clase norteamericano, Montgomery , fon¬
deado actualmente en la bahía de la Habana. — La guerra en
Cuba: El titulado «Presidente de la República cubana», Bartolomé
Masó, y su acompañamiento. —Retrato de Salvador Sánchez (Fras¬
cuelo), popular matador de toros.
CRÓNICA GENERAL.
a votación entusiasta de cincuenta mi-
llones de pesos, en el Congreso de
Washington, para gastos militares, y
el aplauso significativo con que se
acogió el nombre de Lee por aquellos
políticos, podrán tener el pretexto de
ser un escudo para la conservación de la
paz; pero, dados los antecedentes, no puede
T20* entenderse como una demostración pacífica,
á menos que la conciencia de las muchas
provocaciones que nos han dirigido hubiese pro¬
ducido en aquellos ánimos la intranquilidad á que
se condena el ofensor que siente la injusticia de
sus ataques y teme la responsabilidad en que ha
incurrido. La situación es tan clara que á nadie
puede engañar: toda Europa y toda América sa¬
ben á qué atenerse. En los Estados Unidos reside
la Junta revolucionaria que atiza la guerra en
Cuba: en el Capitolio de Washington se nos han
dirjgido denuestos sin cesar: de los puertos de la
República han salido, salen y saldrán las armas,
la dinamita y las balas explosivas con que se atiza
y alimenta la insurrección: á cada ventaja nues¬
tra sucede invariablemente una exigencia inicua
ó una demostración favorable á los rebeldes: como
si no fuera bastante, fondean y reconcentran su
escuadra cerca de la Isla, y envían otra á Hong-
Kong, próxima á Filipinas: un día, de repente, se
presenta el crucero Maine en la Habana, cargado
de proyectiles y fulminantes, en actitud de com¬
bate, después que el Mensaje presidencial había
lanzado frases groseras é injustas al General que
acababa de representar al Gobierno español en
Cuba y á nuestro valeroso ejército.
En cambio, la conducta de España se ha pasado
de prudente: ha atendido á todas las reclamacio¬
nes exageradas de los Estados Unidos: ha sepa¬
rado jefes y representantes de quienes se quejaron:
no sólo respetó las ventajas que gozan los súbdi¬
tos norteamericanos en Cuba, aun sobre nosotros,
sino que indultó á todos los condenados por la ley:
concedió á Cuba una autonomía completa: y cuan¬
do, por descuidos y tal vez por excesiva aglome¬
ración en el Maine de materias explosivas, teme¬
raria en un clima tan cálido como la Habana, voló
aquel buque, los marinos de la Trasatlántica y
del Alfonso XII salvaron la vida, con riesgo de
la suya, á un centenar de tripulantes; la población
los atendió generosamente, honró los restos de
los que perecieron, se dolió del desastre y dió
pruebas de amistad, correspondidas con dudas gro¬
seras y absurdas acerca de la causa del desastre.
Si á esto añadimos que á España no le conviene
la guerra, ni tiene ni puede tener otra aspiración
que la legítima de defenderse si la atacan , lo cual
ante los movimientos más que sospechosos de los
buques norteamericanos es presumible, ó, por lo
menos, digno de precaverse, ¿qué disculpa, que
objeto tienen esos armamentos, y esa exhibición
de recursos y aprestos belicosos con tira una nación
de que sólo han recibido excesivas, hartas y hasta
humillantes deferencias, cuando para no prodi¬
garlas tenía de su parte el derecho y la razón?
¿Es que han enloquecido con una monomanía de
grandezas? ¿Es que el negocio ha encontrado en
los gastos de esos aprestos una especulación? ¿Es
que, como en Texas, como en todas sus adquisi¬
ciones, lo que sucede en Cuba ha sido promovido
y sostenido por esa nación que hoy se dispone al
fin á dar la cara? ¡Y cuándo! Cuando se ha descu¬
bierto que sus alardes de humanidad á los recon¬
centrados encubrían un contrabando lucrativo.
Suceda lo que quiera, España tendrá de su parte
la justicia; y si los norteamericanos se unen para
cometer una iniquidad, ¿hemos de estar separados
para impedirla? No sólo interesa esto á Espstña,
sino á Europa, y más aún á toda la América que
está al Sur del río Bravo. Los cambios podrán ob-
cilar, pero no los sentimientos nacionales. No es
ocasión de decir quien tiene la culpa de lo que su¬
cede: todos acaso la tenemos: es ocasión de agru¬
parse y brindar con el Sr. Moret en el banquete
dado á los Sres. Aguilera y Conde de Roma-
nones:
¡Por la integridad de la patria !
Como es natural, se ha escrito mucho y se ha
mentido no poco acerca de la actitud de las poten¬
cias: el Gobierno guarda reserva, y hace bien; lo
que fuere está oculto, y así debe permanecer; y
como muchas de las noticias se esparcen para cal¬
cular el efecto y para averiguar lo reservado, de¬
bemos aconsejar á nuestros compañeros en la
presa mucho pulso. Dejemos al Gobierno que di¬
rija, y ayudémosle, no sólo con nuestra pluma,
sino con lo que será más útil, con nuestra dis¬
creción.
*
* *
El hombre del día es un cabo que, al frente de
nueve hombres — que esos, por lo visto, defendían
la importante estación del cable en Bolinao, — vién¬
dose rodeado de indígenas insurrectos que corta¬
ron su comunicación con Manila, telegrafió al
Ministro de la Guerra qué debía hacer. « Resistir»,
se le contestó. Y el cabo, como si dispusiera de un
ejército, respondió: «Resistiré». Otro acaso hu¬
biera respondido: «Moriré». Pero es más épica la
confianza de poder resistir con nueve hombres
á mil.
Ahora bien; todos se preguntan: ¿cómo se llama
ese cabo? No se sabe, ó no lo sabemos en el mo¬
mento de escribir. Pero tiene interinamente un
apellido glorioso que se ha ganado y podía susti¬
tuir ai suyo:
El cabo Resistiré.
«
e •
Poco espacio nos dejan otros asuntos para co¬
rresponder á los autores que nos han favorecido
con sus libros. Condensaremos nuestras impre¬
siones. Uno de ellos titula su libro Intimidades
(poesías), y es nuevo en la plaza, según dice en el
prólogo el Sr. Fernández Yahamonde: llámase
D. Francisco Villaespesa, y canta sus desengaños
amorosos con esa melancolía que todos hemos sen¬
tido sobre el papel en la edad de la alegría: pro¬
fiero á todas sus poesías «La lucha», por su acento
vigoroso: se lee con gusto el libro hasta que llega
la blasfemia de la página 108; entonces se cie¬
rra, y calculando la edad del poeta, y la fuerza que
tiene la tentación cuando se ocurre en verso al¬
guna idea atrevida, se le disculpa diciendo : ¿Quién
no ha blasfemado en verso alguna vez siendo jo¬
ven? Con ó sin estas extralimitaciones, el autor
de las Intimidades es poeta.
Don Mariano Aramburo y Machado ha formado
un libro, y ha hecho muy bien titulándole La Ave¬
llaneda, con sus brillantes conferencias del Ate¬
neo acerca de la insigne poetisa camagüeyana. Es
un panegírico , pero merecido. Sólo con su Balta¬
sar le hubiera ganado; pero tiene un hermoso
teatro, gran caudal de poesías, novelas, y cultivó
con gloria casi todos los géneros literarios. Una
objeción nos permitimos hacer al Sr. Aramburo,
que extraña cómo D.H Gertrudis Gómez de Avella¬
neda no cantó las libertades regionales: sencilla¬
mente porque no las sentía; era una española na¬
cida en Puerto Príncipe; quería á su tierra y á su
patria, y dejaba á otros la forma de esas relacio¬
nes que corresponde á los políticos, y ella era
poetisa: si no lo hizo es porque no lo sentía: tenía
demasiada pluma para no deslizar esos ideales, si
los tuviera, como hicieron otros de menos ingenio.
Muy de acuerdo con el Sr. Aramburo en lo de su
doble naturaleza varonil y femenina, y con sus
juicios atinados: se leen con gusto sus noticias de
la autora, y hasta la última nota de su libro.
En cuanto al tercer tomo de la colección de las
obras de D. Angel Saavedra, Duque de Rivas, co¬
leccionadas por su hijo D. Enrique, sucesor en el
título y el talento , y que enriquece la selecta Bi¬
blioteca de Escritores Castellanos, bastan el nom¬
bre del autor, y decir que contiene su poema El
Moro expósito ,’ para que sea innecesario añadir
más. Es una de esas obras populares en su tiempo,
y cuyo mérito la posteridad ha sancionado y lee
con placer y con respeto.
* *
P Siento tener que rectificar á Ensebio Blasco, que
me atribuye el acto de negarme á firmar la orden
de destierro del Sr. Ruiz Zorrilla cuando estuve
en su sección en 1875, año primero y último de
mi carrera administrativa. Era yo jefe de nego¬
ciado de primer^ clase, y Blasco jefe de la sección
de Orden público: no llegué á estar en ella quince
días; en mi negociado sólo se despachaban licen¬
cias de armas, alquiler de cuarteles de la Guardia
civil, vestuario de los de Orden público y otros
asuntos análogos , todos de índole administrativa,
y que se resolvían con una fórmula invariable.
Pedí y obtuve un negociado más ameno en otra
Dirección, que desempeñé hasta mi ascenso á oficial
de secretaría en la Presidencia. No intervine, pues,
en ningún asunto de confidencias, destierros, ni
nada reservado durante aquellas dos semanas es¬
casas, por no ser de mi incumbencia, y sin duda
Blasco me confunde con algún otro, lo cual no es
extraño en veintitrés años de fecha. Y como sus
conferencias van á formar un libro, se lo adverti¬
mos, porque mejorará suprimiéndome un mérito
que no me corresponde y por el cual me felicitan
sin razón.
«
• •
Dos entierros populares, uno en Roma, otro en
Madrid, asocian por el vínculo igualitario de la
muerte á dos figuras tan diversas, como el orador
y revolucionario italiano Cavalloti y el matador
Frascuelo . Cavalloti era para nosotros un cono¬
cido antiguo, presidente de aquella comisión de
periodistas italianos que nos visitó hace algún
tiempo: aun nos parece oir su fogosa peroración
en el banquete de los Jardines del Retiro, y los
aplausos con que saludábamos sus palabras afec¬
tuosas para España. Era su tipo físico el de un
paisano nuestro. Soldado, escritor, tribuno, agita¬
dor, duelista, patriota catoniano, ha muerto como
ha vivido, luchando; buscando el pecho del adver¬
sario en su trigésimosegundo desafío; el sable de
aquél le atravesó la boca y le hizo enmudecer para
siempre. Había ido al duelo alegre y lleno de con¬
fianza. Un jefe de partido que muere tan inespe¬
rada y trágicamente, en el vigor de sus facultades,
cuando estaba próxima á expirar la tregua patrió¬
tica que había concedido á los partidos monárqui¬
cos, sucumbe en el momento más favorable para
su popularidad y apoteosis: la gratitud de los unos
y el sentimiento y esperanzas defraudadas de los
otros, uniéndose á las simpatías personales, deter¬
minan una conmoción casi universal. De aquí que
los estudiantes pasearan con banderas enlutadas,
que se depositaran 450 coronas en la casa mortuo¬
ria, y que alternaran en el cortejo fúnebre los re¬
presentantes del país más conservadores con los
anarquistas que rodeaban su estandarte negro, los
socialistas el suyo negro y rojo, y los católicos que
protestaban contra el duelo. En éste, el vencido ha
resultado triunfador.
Al entierro de Frascuelo , que con este nombre
y no por el de Salvador Sánchez Povedano bri¬
llará en la historia del toreo, asistió el todo Ma¬
drid verdadero, el que figura en las revistas de
salones y de toros, la clase media y la gente po¬
pular: había coches que conducían las coronas;
la caja, llevada á hombros por toreros; el coche
fúnebre, de todo lujo, iba de respeto; y en medio
de aquella ostentación, lo que caracterizaba el
acto era la muchedumbre que se agolpaba en to¬
das las calles del tránsito, a pesar del mal día, y
llenaba ventanas y balcones. Frascuelo había sido
popular por su destreza y valentía en la plaza, y
popular por su tipo y su elegancia en el vestir de
corto, por sus rasgos de caridad y algunos actos
de arrojo como ciudadano. Había pasado su tiem¬
po, pero no su fama y el cariño de las gentes. Si
otros hombres de mayor mérito no obtienen esas
ovaciones póstumas, es porque no hay tanta gente
capaz de comprenderlo; pero el valor y la des¬
treza en el toreo la sienten, distinguen y admiran
con pleno conocimiento altos y bajos, grandes y
plebeyos; es una superioridad que llega á todas
las inteligencias.
Cuando pasaba el entierro de Zorrilla, oímos
preguntar á una mujer:
— ¿Quién es el muerto?
— Un gran poeta.
— ¿Y qué es poeta?
— Uno que hizo coplas.
Nadie preguntará en España: ¿Qué es torero?
•
• •
Por lo demás, la plaza de Frascuelo y Lagar¬
tijo , aquellos capitanes generales del último pe¬
ríodo, ha sido ya provista: cuando el pueblo llora
y en tierra á un matador, piensa en sus sucesores
y en la próxima corrida, diciendo:
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15 Marzo 1898 LA
¡Á LA PLAZA!
— A la Plaza de Toros
Voy, vida mía;
Como ya no hay calesas
Voy en tranvía:
Luego iré á verte,
Y sabrás lo que han hecho
Guerra y Reverte .
Me han dicho que los toros
Son superiores,
Y pondrán banderillas
Los matadores:
Esos chavales
Las pondrán, si se pican,
Monumentales.
Yoy á pasar la tarde
Muy divertido
En la contrabarrera
De mi tendido
Y entre mi gente,
Soltando desvergüenzas
Al presidente.
Nadie á gritar me gana
Si se alborota;
Llevo para animarme
Llena la bota:
Si alguien se enfada,
Ya tiene el hombre encima
La puñalada.
¡Ay, como los espadas
No hagan primores!
¡Ay, como no me gusten
Los picadores!
Al que ande flojo,
Le insulto, le apedreo,
Le salto un ojo. —
Y sale echando chispas
El matasiete,
Tentando en su bolsillo
La de Albacete.
Yo soy testigo
De lo que hace en la plaza.
Porque le sigo.
Se acurruca en su asiento,
Nunca vocea,
Ni silba, ni se enfada,
Ni se menea.
Bebe su vino,
Y se pasa la tarde
Como un doctrino.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
La emperatriz dolía Isabel de Portugal , mujer de Garlos I de España,
cuadro del Tiziano, existen te en el Museo del Prado, de Madrid.—
¡Mañana, gran día!, cuadro de Vollon. — Música di camera, cuadro
de Vicente P&lmaroli.
En la primera página publicamos el hermoso
cuadro del insigne pintor veneciano Tiziano Ve-
celli, en el que su habilísimo pincel hizo el retrato
de la emperatriz Isabel de Portugal, mujer del
gran Carlos I de España.
Nació el célebre artista en 1477, y bien pronto
superó á sus maestros Zuccato, Éellini y Giorgio-
ne, y recibió del Senado de Yenecia el título de
primer pintor de la República. Alfonso de Este le
encomendó la decoración de su palacio de Caste-
11o; recorrió Tiziano varias ciudades de Italia, sien¬
do en todas ellas muy justamente admirado; y ni
León X logró hacerle quedarse en Roma, ni con¬
siguió Francisco I atraerle á Francia: el artista
consagró sus talentos al Rey de España, y desde
1545 á 1556 ejecutó para Carlos I notabilísimas
obras. Contaba el pintor ochenta años de edad
cuando Felipe II sucedió en el trono al solitario
de Yuste, y aun siguió pintando para el nuevo
Monarca. Murió en Yenecia á los noventa y nueve
años.
El retrato de la emperatriz Isabel reúne á su
mérito artístico el poético é interesante recuerdo
de la conversión del Duque de Gandía, á quien
llamamos hoy San Francisco de Borja.
Sabido es que, al fallecer D.a Isabel, fué encar¬
gado el Duque de Gandía de la conducción á Gra¬
nada del regio cadáver, y que al llegar el mo¬
mento de su solemne entrega y descubrirse el
ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
féretro que encerraba los mortales despojos, tan
horrible y repugnante encontró aquel antes her¬
mosísimo rostro de la que fué su soberana, que
sintió irresistible tedio de toda hermosura y gran¬
deza perecederas, é hizo voto irrevocable de no
servir á señor que pudiera morir; consagrando
desde entonces su alma y su vida al eterno Señor
de cielos y tierra.
— ¡Mañana, gran día! — exclama la cocinera, y
lo dice con un hermosísimo pavo en la mano, y se
lo cuenta á un gato tan adelantado en sus apetitos
que antes de empezar á pelar el ave ya pide su
ración.
Todo, pues, indica en el cuadro de Yollon que
á los amos, los convidados, los criados y los gatos
les espera un gran festín. ¡Buen provecho! (Véase
la pág. 156.)
El precioso cuadro de Vicente Palmaroli, que es
sin disputa de los más notables de color que pintó
el inolvidable artista, reproducimos en nuestro
grabado de la página 157. Representa un elegante
gabinete de principios de siglo, en el que una linda
joven toca en la mandolina una primorosa sonata
que deleita á sus amigos, que en religioso silencio
la escuchan. No puede escogerse más apropiado
lugar, ni más característicos oyentes de la música
di camera.
«
« •
LA CATÁSTROFE DEL (C MAINR».
La honda impresión que producen siempre los
siniestros marítimos por lo espantoso de sus con¬
secuencias, ha sido esta vez todavía más grande
por las especiales circunstancias que en el deplo¬
rable accidente concurrieron. Tratábase precisa¬
mente del barco de guerra cuya llegada al puerto,
de la Habana dió motivo á muy distintas inter¬
pretaciones, y ha querido la fatalidad que en los
momentos en que más extrañaba su presencia en¬
frente de la capital de nuestra gran Antilla, en
medio de la bahía y en la obscuridad de la noche
una formidable explosión destrozó aquella pode¬
rosa máquina de guerra, que se hundió en las on¬
das y arrebató la vida á numerosas víctimas.
Los despachos que el cable trasmitió en seguida
y las correspondencias después, han sido minu¬
ciosamente reproducidos por la prensa diaria, y
están tan presentes en la memoria de todos que
sería aquí ocioso repetir detalladamente el relato
de tan espantosa catástrofe.
Pero hoy, cuando la distancia que de aquellas
latitudes nos separa ha permitido que lleguen á
nuestro poder los datos gráficos auténticos que con
toda solicitud pedimos; hoy que, sin recurrir á con¬
jeturas ni fantasías más ó menos artísticas, pero
nunca exactas, podemos ofrecer una información
verdadera á nuestros lectores, publicamos en las
páginas de La Ilustración los grabados de pal¬
pitante actualidad que creemos habrán de satisfa¬
cer cumplidamente su natural curiosidad.
En la página 152 reproducimos con fotográfica
exactitud el estado actual del Maine .
El buque se halla completamente sumergido,
quedando á flor de agua, desde el departamento de
máquinas á la popa, la cubierta de ésta. En esa
parte el buque no sufrió, viéndose las ruedas del
timón, el cabrestante y las lumbreras de la cáma¬
ra; en la extremidad del castillo de popa se en¬
cuentra fuera del agua el reflector eléctrico y un
cañón Hotkins.
El departamento de máquinas y toda la proa
han quedado completamente destrozadas; sólo pre¬
sentan al nivel del mar las calderas en estado de¬
plorable, y una masa informe de hierro y de ma¬
terial de artillería.
De los dos palos sólo existe el mayor.
Esos tristes restos quedan no más del. hermoso
acorazado que ya describimos en nuestro núm. IV,
construido en 1890, y cuyo coste fue de 2.500.000
pesos!
¿Cuál fué la causa de tal desgracia?
¿Un descuido? ¿Una imprudencia? ¿La combustión
espontánea de las materias sumamente inflama¬
bles que existían á bordo? ¿Un accidente en los
dinamos ó en los circuitos de su alumbrado eléc¬
trico? Una comisión norteamericana, compuesta
del capitán Sampson, capitán Chadwic, y tenien¬
tes Schroeder y Marix, ha sido encargada de in¬
vestigar cuál de aquellas causas ha sido la verda¬
dera. á las cuales la opinión de los que desconocen
en absoluto el carácter del pueblo español añaden,
en el arbitrario terreno de la sospecha, la de un
atentado por medio de un torpedo ó una mina.
Nosotros, como todos los nacidos en tierra es¬
pañola, protestamos contra tan descabellada hipó¬
tesis. Los que más heridos consideren el corazón
de la madre patria por el proceder de los yankees
en la insurrección cubana; los que más deseo sien¬
ten de rechazar amenazas ó vengar afrentas, po¬
drán desear la lucha, la franca y noble lucha cara
á cara, sin parar mientes en el éxito, ni conside¬
rar si son'más menos poderosos los enemigos;
pero ni ellos ni ninguno son capaces de pensar en
resolver con cobardes y viles atentados cuestiones
que al honor afectan y sólo honradamente pue¬
den resolverse.
En uno de los grabados de la citada página 152
publicamos el retrato del presidente de la citada
comisión, Mr. William T. Sampson.
También incluimos en la página 154 una sec¬
ción vertical del acorazado Maine , con todos sus
interiores compartimientos, y por ella pueden
nuestros lectores formar idea del sitio que ocupa¬
ban las carboneras, las dinamos y los pañoles de
municiones á proa, donde, á juzgar por los destro¬
zos, la explosión debió ocurrir.
Oponiendo hechos nobles y generosos á insidio¬
sas sospechas, recordaremos la conducta observada
por nuestros bravos marinos , por las autoridades
y por el pueblo de la Habana en el auxilio de las
víctimas, y las elocuentes muestras de sentimiento
sincero ante tal desgracia que las clases todas de
la población dieron en el entierro de los que en
la catástrofe perecieron.
Dedicaron coronas á las víctimas del Maine:
El pueblo de la Habana, la escuadra y aposta¬
dero de las Antillas, el Comandante y oficiales de
la Capitanía del puerto, el Capitán del puerto, la
Corporación de prácticos del puerto de la Habana,
el Habana Yacht Club , La Discusión , el Diario
del Ejército y otras muchas particulares.
Abrían la marcha de la fúnebre comitiva cinco
batidores de la Guardia municipal montada, en
traje de gala.
Seguían á continuación secciones de bomberos
camisetas rojas y del comercio, con su banda de
música y escuadra dé gastadores los primeros, y
bandas de cornetas y redoblantes los segundos.
Los veinticinco sarcófagos, que fueron coloca¬
dos: seis en el carro de auxilio de los bomberos
municipales; cinco en el de los del comercio, y los
catorce restantes en otros tantos coches fúnebres,
pertenecientes á las diversas agencias funerarias
de la Habana.
Detrás marchaban dos compañías de desembar¬
co, formadas por fuerzas de infantería de Marina
y de marinería de nuestra escuadra, destinadas á
hacer los honores correspondientes á las víctimas,
y después la música del regimiento de Isabel la
Católica.
La Corporación municipal en pleno, con sus
maceros y presidida por el gobernador regional
D. José Bruzón y por el alcalde municipal señor
Marqués de Esteban, iban á continuación.
Cerraba la comitiva el acompañamiento, á cuya
cabeza, en primer término, figuraba el cónsul
Lee, el vicecónsul Mr. Springer, varios oficiales
de la Marina americana y el personal del consu¬
lado; y en segundo término el general Sr. Gonzá¬
lez Parrado representando al general Blanco, el
Sr. Obispo diocesano, el Comandante general del
Apostadero, el Presidente y Secretarios del Go¬
bierno Colonial, Secretario del Gobierno general,
Subsecretarios, la Audiencia territorial, Cuerpo
consular, Claustro universitario, el Gobernador
del Banco, Comisión de la Diputación Provincial,
Consejo de Administración, Sociedad Económica,
Clero, Diario de la Mari na , empleados de las di¬
versas Secretarías de despacho. Cámara de Co¬
mercio, Unión de Fabricantes de Tabaco, carac¬
terizadas personas del partido autonomista, Junta
de Obras del puerto con todo su personal y una
sección de marineros, Alcaldes de barrio, Lonja
de víveres, Sociedades de beneficencia y recreo,
y numerosas comisiones del ejército y volunta¬
rios, con los generales que se encuentran en la
plaza.
El capitán del puerto, Sr. Pastor y Landero,
asistió al entierro con toda la oficialidad de nues¬
tra Marina franca de servicio.
La fuerza de Marina, que acompañaba el entie¬
rro, hizo la descarga de ordenanza.
Ya en el cementerio, el limo. Sr. Obispo cantó
un solemne responso, y acto continuo se procedió
á dar sepultura á los cadáveres en varias fosas,
que fueron cedidas» sin percibir derechos de nin¬
guna clase.
Del aspecto de las calles de la Habana al paso
del fúnebre cortejo, pueden formar idea nuestros
lectores por el segundo grabado de la página 153.
En la misma publicamos un retrato del coman¬
dante del Maine , Mr. Charles Dwign Sigsbee, re¬
producción de una fotografía hecha á bordo.
' *
• *
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PRESIDENTE DE LA COMISION NORTEAMERICANA
ESTADO ACTUAL DEL ACORAZADO SUMERGIDO.
INVESTIGADORA DE LAS CAUSAS DEL SINIESTRO.
(De fotogTafias.)
ASPECTO DEL BUQUE DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN.
(Dibujo de Caula, de un croquis remitido por nuestro corresponsal Sr. Otero.)
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V
15. Marzo 1898
LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA
Mr. CHARLES DWIGN SIGSBEE,
COMANDANTE DEL «MA1NE», EN SU CÁMARA.
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LA HABANA. — MANIFESTACION DE DUELO CON MOTIVO DEL. ENTIERRO DE LAS VÍCTIMAS DEL «MAINEj
(Do fotografías.)
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164 — n.° x
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Marzo 1898
EL GENERAL FITZHÜGH LEE,
cónsul general de los EE. UU. de Norte- América en la Isla de Cuba.
Publicamos en la página 159 un exactísimo re¬
trato del general americano Fitzhugh Lee, que
como cónsul general representa en la Isla de Cuba
á los Estados Unidos.
La historia del sobrino de aquel general Lee,
famoso caudillo de la gente del Sur en la guerra
de Secesión, tiene dos partes: la anterior á su
ida á Cuba como cónsul, que no nos interesa, y la
posterior....* que conocemos demasiado.
• •
MR. JOHN D. LONG,
ministro de Marina de los EE. UU. de Norte-América.
En estos días en que tantas noticias se publican
y tantos comentarios se hacen de los aprestos na¬
vales que los EE. UU. de Norte-América procuran
realizar con gran premura, es de mucha actuali¬
dad la figura del secretario del Departamento de
Marina, Mr. Long, que, á juzgar por lo que se dice,
trabaja sin descanso á fin de poner en condicio¬
nes de combate las fuerzas navales de aquella Re-
su bahía, el crucero norteamericano Montgomery,
del cual publicamos una fotografía en nuestro gra¬
bado de la página 161.
Por la relación de los buques de la marina de
guerra norteamericana que insertamos en nuestro
número VIII, tienen conocimiento nuestros lecto¬
res de este crucero protegido de segunda clase,
que mide 257 pies ingleses de eslora, 37 de man¬
ga, 14 de puntal, y desplaza 2.000 toneladas. Su
fuerza de máquina es de 5.400 caballos, y alcanza
la velocidad de 18 millas. Fué construido en Bal¬
timore en 1892, y tiene tres baterías de barbeta,
9 cañones de cinco pulgadas, 6 de seis y 2 de una,
de tiro rápido; dos Gatlings y seis tubos lanza¬
torpedos. Su dotación es de 187 hombres.
• *
LA GUERRA EN CUBA.
El titulado presidente de la República Cubana , Bartolomé Masó,
y su acompañamiento.
Completando nuestra información, publicamos
en la página 161 una reproducción de la fotogra¬
fía hecha en el campo insurrecto por el escritor
norteamericano Pagliuchi. El Presidente in par-
tibus atraviesa los campos seguido de su acompa-
Poco después apareció de banderillero en las
dos novilladas que se verificaron en los días 8 y
13 de Diciembre de 1863, figurando á las órdenes
de Villaverde.
Así siguió toreando por varias provincias, pro¬
tegido por Juan Mota, banderillero de Cuchares,
actuando, ya de banderillero, ya de matador, hasta
que en la corrida celebrada en Madrid el día 27
de Octubre de 1867, á beneficio del Real Hospital
de Nuestra Señora de Atocha, tomó la alternativa
de manos del célebre espada Francisco Arjona
Guillén ( Cuchares ).
Las muchas cogidas que sufrió, algunas de ellas
tan graves que pusieron su vida en peligro, no
amenguaron jamás su valentía, y cada vez que vol¬
vía á torear después de curarse, parecía más arro¬
jado que antes.
Los toros que le hirieron murieron á sus manos
antes de salir el herido de la Plaza, y esta cir¬
cunstancia justificaba la frase que frecuentemente
solía repetir Frascuelo: c A todo el que me ha co¬
gido le he matado.* Una pulmonía ha puesto fin á
su existencia tantas veces salvada de peligros que
parecían mayores. Descanse en paz.
Carlos Luis de Cuenca.
1. Cañón de 8 pulgadas. 10. Máquinas. 19. Bombas hidráulicas. 28. Ventiladores.
2. Pañoles. 11. Camareta de guardias marinas. 20. Pañol de municiones de 10 pulgadas. 29. Puente.
3. Espacio de la caña del timón. 12. Pañol de municiones de 10 pulgadas. 21. Pañol de municiones para cañón de 6 pulgadas. 30. Reflector eléctrico.
4. Cámara del comandante. 13. Calderas. 22. Pañol de galletas. 31. Aljibe ó deposito de aceite.
5. Cámara baja. 14. Pañol del cabo de luces. 23. Santabárbara. 32. Aljibes.
6. Espacio de aparatos de gobernar. 15. Calderas. 24. Pañol de municiones de 6 pulgadas. 33. Pañol ael maestre de víveres.
7. Pañol de municiones de 6 pulgadas. 10. Torres. 25. Torpedos. 34. Cadenas.
8. Pañol de armas portátiles. 17. Dormitorio de marinería. 26. Carbonera. 35. Pañol de armas.
9. Cámara de máquinas. 18. Dinamos. 27. Torre del comandante. 36. Pescante del ancla.
SECCIÓN LONGITUDINAL DEL ACORAZADO «MAINE*.
pública, tan pacífica antes como ahora belicosa,
al parecer.
En el primer grabado de la página 160 publica¬
mos el retrato de dicho Ministro.
•
• #
INTERIOR DE LA FÁBRICA DE CAGONES DE WASHINGTON
(EE. UU. de Norte-América).
En la citada página 160 incluimos una repro¬
ducción fotográfica del departamento del arsenal
de Washington destinado á la fabricación de ca¬
ñones.
Los calibres de los cañones hasta ahora fabri¬
cados en el arsenal son de 4, 5, 6, 8, 10, 12 y 13 pul¬
gadas.
Las dimensiones del cañón mayor construido
para la marina son: calibre, 13 pulgadas; longitud
del cañón, 39 pies 9 ¿ de pulgada; peso del cañón,
136.000 libras; de la carga de pólvora, de 520 á 560
libras; del proyectil, 1.100 libras; velocidad inicial,
2.100 pies por segundo; ídem á 2.500 yardas, 1.805
pies por segundo; espesor de la placa de acero que
puede perforar á 1.000 yardas de distancia, 25,54
pulgadas.
Estos datos son también norteamericanos.
• *
ISLA DE CUBA.
El crucero protegido de segunda clase norteamericano Montgomery ,
fondeado actualmente en la bahía de la Habana.
En sustitución del acorazado Maine , sin duda,
ha llegado al puerto de la Habana, y fondeado en
ñamiento. Hubo un rey de los campos en Cuba;
ahora no es más que presidente . de los campos
también .
* •
SALVADOR SÁNCHEZ («FRASCUELO*),
popular matador de toros.
En la página 164 publicamos el retrato del po¬
pular matador de toros Salvador Sánchez (. Fras¬
cuelo) , muerto el 8 del actual.
Justifica su publicación la celebridad conquis¬
tada en el circo taurino durante muchos años de
temerario arrojo en su peligrosa profesión, y por
eso á todos sus retratos hemos preferido el que le
representa en la plenitud de su fama de matador
de toros, cuando vistió por última vez el traje de
luces .
Salvador Sánchez (Frascuelo) nació en Churria¬
na, pueblo de la provincia de Granada, el 21 de
Diciembre de 1844.
Hijo de José y Sebastiana, honrados vecinos
del referido pueblo, Salvador se trasladó á Madrid
cuando tenía muy pocos años de edad.
Aprendió el oficio de papelista, con el que sos¬
tenía á su anciana madre, que á poco de llegar á
la corte se quedó viuda.
Impulsado por su hermano Francisco, fué á uno
de los pueblos inmediatos á Madrid, á Pozuelo de
Alarcón, donde toreó algunos moruchos.
Aquel primer ensayo despertó en Frascuelo la
afición á los toros, y desde entonces tomó parte
en muchas capeas ó corridas de novillos.
En 1862 toreó los embolados en la Plaza de esta
corte.
EL SEÑOR ANDANA.
Al Dr . Thebustém.
7^^UAND0 pasan rábanos, comprarlos,
4 dice la frase proverbial: «con que se
OS )N aconseja (según explica el Dicciona-
rio de Academia Española) apro-
vechar la ocasión de adquirir ó lograr
: QAnol 1 mm aa víanú ó la TV* On Alt "V nA
vechar la ocasión de adquirir ó lograr
^52^] aquello que se viene á la mano*. Y no
me perdonaría yo nunca haber desaten-
^ dido tan prudente consejo cuando se me pre-
j sentaba oportunidad para departir, en amor
y compaña, con persona por tantos concep¬
tos ilustre y estimable como el Dr . Thebussem .
El cual doctor, cuyo elogio no hago porque su
solo nombre es suma y compendio de sus alaban¬
zas, afirma en un artículo primoroso (lo mismo
que todos los suyos), publicado no há mucho tiem¬
po en las columnas de esta misma Ilustración,
que «hay varias locuciones harto claras para la
generalidad de las gentes, aun cuando no acierten
á definir algunos de los vocablos que las consti¬
tuyen*.
Menciona el famoso doctor algunas de esas lo¬
cuciones, cuya significación y cuyo alcance ana^
liza y expone — como maestro que es — con lucidez
suma, entre ellas: Voto á sanes , Mirar las musa¬
rañas , Cortar el revesino , Estar en un tris , etc.;
y poniendo, demasiado pronto á mi parecer, tér¬
mino á su interesante y curioso trabajo, me dice:
«Creo que las indicaciones apuntadas bastan y
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15 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° x — 155
sobran para demostrar lo que arriba di j irnos , ó
sea la existencia de frases muy claras, en cuya
composición entran algunas palabras muy obscu¬
ras para el mayor número de los oyentes.
»Y por si á Vm. le parece que vale la pena de
prolongar esta letanía, le da traslado de ella su
amigo, etc.»
Sí, me parece; vaya si me parece que vale la
pena de prolongar esa letanía, siempre que sea el
mismo Dr. Thebussem quien se encargue de pro¬
longarla; ó, en su defecto , persona que para labor
tan delicada tenga, como tiene el doctor, autori¬
dad y competencia. Que esa persona no he de ser
yo, por sabido se calla; pero ya que el iniciador
del pensamiento ha tenido la ocurrencia, para mí
(á un tiempo mismo) grata y honrosa, aunque inex¬
plicable, de dirigirse á mí, voy, no á prolongar la co¬
menzada letanía — que á tanto no alcanzan ni mi
atrevimiento ni mis fuerzas, — sino á llevar, á modo
de ripio y cascote, al pie de la obra, materiales de
acarreo. Y quien haya de realizar el trabajo verá
si son utilizables; lo cual me parece dudoso. Ad¬
vierto, sin embargo, al condescendiente doctor
que en el revoltillo de frases que, al azar y sin or¬
den ni concierto alguno, meto en mi carretón, que
he de verter cerca de la obra para que sirva de re¬
lleno, si para eso sirve, he incluido bastantes que
son muy claras, en cuya composición entran pa¬
labras, no obscuras, sino por el contrario clarísi¬
mas también, pero que significan, en aquella frase
f precisamente, algo muy distinto de lo que en el
enguaje ordinario significan.
Todos entendemos, por ejemplo, lo que pre¬
tende decir quien dice que Fulano se llamó an¬
dana; pero yo no he sabido nunca, y eso que al¬
gunas veces lo he procurado, quién es Andana , si
ese es el nombre de un sujeto; ó qué andana es esa,
si es una cosa.
Tan desconocido como Andana es para mí
Jorge, de quien es sabido que, según la locución
corriente, admitida y vulgar, le tiran de la oreja
los que juegan.
€Tirar de la oreja á Jorge » es frase que enten¬
demos todos: los vocablos tirar , Jorge , oreja , y la
y de son perfectísimamente claros é inteligibles
para cualquiera; lo que ya no está claro, sino obs¬
curo, es el enlace entre la idea expresada por esas
palabras y el pensamiento que expresa la frase.
Y si puño es la mano cerrada, como dicen que
decía Perogrullo, ¿puede explicarse lo que signi¬
fica puño cerrado? Pues esa es una locución que
oímos todos y todos empleamos y todos enten¬
demos.
Siendo lo más curioso del vocablo puño el he¬
cho de que para el vulgo — en las frases más popu¬
larizadas — significa: en unas ocasiones, cosa gran¬
de; y en otras, cosa pequeña.
« Verdades como puños* se dice de verdades muy
grandes; « Una celda como un puño » significa clara¬
mente que se trata de celda muy pequeña.
Prescindiendo de esta digresión que lo original
del caso ha impuesto, y tornando á la voz oreja,
¿para quién es obscura la locución: « Tirarse de una
oreja y no alcanzarse á la otra?*
Pues las palabras qoe componen esa frase tam¬
poco pueden ser más claras.
Y, sin embargo, no hay modo de vislumbrar si¬
quiera la razón de que esa frase exprese lo que ex¬
presa.
Frases hay en cuyo significado andan desacor¬
des la Academia y el uso.
Usual, ' generalmente admitida y aceptada por
todos es la locución «a boca de jarro* , para expre¬
sar que un tiro ha sido disparado á quema ropa; la
Academia, sin embargo, enseña que <aá boca de
jarro* es la acción de beber sin medida, y que el
disparo á quema ropa debe decirse á « boca de ca¬
ñón* , que seguramente no ha oído nadie, ni nadie
ha empleado desde hace mucho tiempo. Lo cual no
quiere decir que antes sí se empleara , pues yo sos¬
pecho que no se ha empleado nunca.
Todo el mundo sabe lo que es cantar; todo el
mundo sabe lo que es mano , y todos en España
sabemos lo que se expresa cuando se dice de uno
que canta en la mano .
Pero ¿por qué se dice eso? ¿Por qué lo entende¬
mos? ¿Cuándo y dónde se ha convenido en que esa
frase tan usada signifique para nosotros lo que en
efecto significa?
Y no quiero hablar, pues se ha dicho ya mu¬
cho de ellas, de las frases á pie juntillas y á ojos
vistas , en que se falta á las más rudimentarias re¬
glas de la sintaxis, y que, no obstante, admitimos
sin protesta y entendemos sin dudas.
Que el embriagarse sea pillar una mona (1), y
que el hallarse próximo á la borrachera sea estar
(1) El roigo ha introducido en distintas épocas otros rarios
nombres; pero ninguno ha prosperado definitivamente, ni ha
conseguido desbancar á ese cuadrumano.
á medios pelos , lo sabemos todos. Lo que ignora¬
mos es qué relación hay entre la embriaguez y la
mona, y cuál existe entre esos medios pelos y la
semiborrachera.
Casi tan vulgar como el «voto á sanes*, de que
hablaba el Dr. Thebussem, es el juramento «;>or
vida del otro dios*, en que sin duda se alude á
cualquiera de los dioses del paganismo; pero no
sabemos cuál sea.
Común es y corriente, y desde luego inteligible,
la oración: «Se puso de tiros largos .» Pero ¿qué
tiros largos son esos?
Y no (ligamos nada de acoger el cielo con las ma¬
nos*, que es ya cuanto puede cogerse, aunque se
trate del cielo raso de una habitación baja de
techo.
Lo que de seguro no habrá oído el Dr. Thebus¬
sem, y eso que ha oído y ha anotado muchas cosas
curiosas, es lo que oí , en un pueblecillo de la pro¬
vincia de Toledo, á una señora alcaldesa que reñía
con su esposo ó con su criada: «Yoy á cantarte,
decía ella, la pangelina, muy bien cantada.»
¡La pangelina! No podrá figurarse nadie lo que
la tal palabra roe hizo discurrir.
— ¡Qué vendrá á ser eso de la pangelina! me
decía yo á mí mismo; y dándole vueltas al voca¬
blo, vine á caer en la cuenta de que pangelina era
adulteración del Pange, lingua, que la alcaldesa
toledana había convertido en una palabra sola,
como la señora (de quien nos hablaba el nunca
bastantemente llorado El Estudiante) rezando en
latín macarrónico la oración dominical, había
inventado un San Tificeto (por sanctificetur) , y
una Doña Bisodia (por da nobis hodie), análo¬
gas á la pangelina de mi cuento, que no es cuento,
sino historia.
En ese mismo pueblo se decía , hace ya algunos
años, y aun creo que se dirá hoy, « meterse en ca-
giiela* por meterse en cama. Esa locución ya me
explicaron los mismos del pueblo que significaba
« meterse en casa de abuela*. Sabido es que en los
pueblos suele decirse cá por casa, y agüelo por
abuelo.
He registrado esas dos frases de localidad, que
no son siquiera provincialismos, porque me han
parecido curiosas, y porque ya dije al comenzar
que me proponía llevar para el futuro trabajo del
Doctor los escombros y el cascote que hallase á
mano. En concepto de tales me ocurre echar al ca¬
rretoncillo las frases siguientes:
Ciertos son los toros; Hacer las cosas á trompa y
talega; No saber de la misa la inedia; Quedarse á
media miel; Caerse de un nido; Meter la pata, que
casi viene á ser como enseñar la oreja; Dar al
demonio el hato y el garabato ; Entre col y col, le¬
chuga; Dar al traste; Guarda, Pablo; Pensar en las
batuecas; Estar en Babia; Dejarse caer (sin caer¬
se); Dejarse decir (siendo uno mismo el que dice):
Ir de capa caída; Ojo al Cristo; ¿A qué carga de
agua?; No decir tus ni mus, ó Sin decir oxte ni
moxte; Caerse las alas del sombrajo (que no tiene
alas ); Echar pelillos á la mar; todo lo cual , si bien
se mira, parece tortas y pan pintado (lo de pan
no entiendo, como no entiendo lo de que
de pan sean buenas las tortas), si con lo
que falta por decir se compara.
Y con esto y con suplicar al Dr. Thebussem que
perdone el atrevimiento mío, en que alguna res¬
ponsabilidad le alcanza, l. b. 1. m. y se ofrece á
sus órdenes, como siempre, su leal amigo y admi¬
rador sincero,
A., SÁNCHEZ PÉREZ.
pintado
á falta
POETAS DESEQUILIBRADOS.
I.
Te NTRB 1°8 g¿neros de locura contagiosa
O •>*) <llie ¿ Ia doliente y flaca hu-
manidad, pocos habrá tan generales y
que tantos estragos hayan producido
como la manía poética. Personas res-
^ potabilísimas y que honran sus respec¬
tivas profesiones y artes, jóvenes entu¬
siastas y laboriosos, hombres de maduro y
sereno juicio, hasta venerables ancianos, se
sienten á lo mejor acometidos de la citada
manía poética, y dan al traste en un momento con
reputaciones y prestigios, para convertirse acaso
en objeto de mofa y ludibrio de desocupados y ma¬
liciosos.
De esta índole de desequilibrados pudiera for¬
marse muy extenso catálogo, y aun me acuso de
haber reunido no pocos datos con dicho objeto;
Sero más tarde renuncié al pensamiento, ó le re-
uje, mejor dicho, á límites mucho más modes¬
tos: como que trato sólo de hacer una ligera y sin¬
tética reseña de tres de las figuras más salientes
en este género, tres desequilibrados que simboli¬
zan en sus nombres los géneros dramático, épico
y puramente lírico, ó sean D. José Pascual y To¬
rres, profesor veterinario de Málaga; D. José Alon¬
so y Buján, notario de Avilés, y D. José González
Estrada, pasamanero madrileño.
No es necesario examinar la producción entera
de Pascual y Torres si quiere conocerse el carác¬
ter de la misma, tarea por otra parte ímproba y
para la cual me conceptúo sin alientos; pero como
quiera que una de sus obras ha logrado el privi¬
legio de motivar la locución, hoy generalizadísi-
ma, de ¡la mar!, reducción de ¡A la mar!, que es el
título de aquélla, y como tengo la dicha de poseer
uno de sus ejemplares, me fijaré brevemente en la
producción citada, seguro de que por el hilo de
esta comedia podrá el lector juicioso sacar el ovillo
de todo el teatro de Pascual y Torres.
Conviene hacer constar, sin embargo, que Pas¬
cual y Torres no fue, ó no es — pues ignoro si vive
aún — uno de los muchos españoles que «cometen»
un drama ó una comedia y desaparecen en seguida
de escena. Nuestro autor, sin perjuicio de las ta¬
reas de su profesión de veterinario, ha cultivado
las letras casi sin interrupción, y desde 1868, en
que se dió á conocer con ¡A la mar!, hasta 1888
en que hizo representar El Cartujo, su teatro com¬
prende los siguientes titules: Deuda de gratitud;
Luis el arrogante, ó la soberbia castigada; El
Triunfo de la libertad , ó la batalla del puente de
Alcolea ; La Fornarina; La Trianera ; Hernán
Cortés; La Corona de laurel, y El Consuelo en la
montaña. Y después de esta indicación bibliográ¬
fica, acaso incompleta, pero interesante para los
que en lo futuro tracen la historia literaria espa¬
ñola del siglo XIX, vuelvo á la obra con que Pas¬
cual y Torres inauguró su carrera teatral.
En Diciembre de 1867 había sido presentada á
la Censura de teatros del reino, á la sazón desem¬
peñada por el insigne y malogrado Narciso Serra,
una comedia procedente de Málaga y titulada
¡A la mar!
$1 autor de El Amor y la Oaceta cumplió con
abnegación heroica el deber de leerla, devolvién¬
dola en 20 de aquel mes con la siguiente nota:
«Examinada esta comedia, no hallo inconveniente
en que su representación se autorice (si hay algún
teatro que la ponga en escena), con las supresio¬
nes hechas.»
No debió ser muy fácil vencer la condicional
invocada por el censor de teatros, pues la obra no
fué llevada á la escena hasta el 21 de Mayo de
1868, después de este nuevo exequátur de la auto¬
ridad local malagueña:
«No debe haber inconveniente en la represen¬
tación de esta comedia, en los mismos términos y
requisitos impuestos por el señor Censor de tea¬
tros. — Málaga, 18 de Abril de 1868. — Joaquín Ruiz
de la Herrán. *
La obra se representó, pues, en el teatro del
Príncipe Alfonso, «con fervoroso entusiasmo y
aplaudido éxito», según consigna el ejemplar, to¬
mando parte en su desempeño D.a Virginia Pérez
y D.a María Imperial, y los Sres. Parreño, Martí¬
nez, Rico, García y Barberá. El «fervoroso entu¬
siasmo» se tradujo, según particulares informes,
recortes de periódicos y memorias de gente vieja,
en llamadas incesantes, aplausos atronadores, llu¬
via de flores y laureles, coronas de frutos, guir¬
naldas de tomates, y hasta el lanzamiento á la es¬
cena, en representación del reino animal, de un
borriquillo recién nacido, ejemplar único, según
mis informes, en éxito teatral, sin contar una
(fiadema de herraduras, como símbolo de la pro¬
fesión ejercida por el autor cuando no trabajaba
de poeta.
Y al terminarse la representación, las músicas
de la localidad acompañaron, entre hachones de
viento, al autor aplaudido, cuya fama había de ir
desde entonces en progresivo aumento.
¿Merecía tales honores la obra representada?
Juzguen mis lectores por sí mismos.
Su argumento no puede ser más interesante.
Julia, hija del capitán de navio D. Alfonso, habita
en Jerez de la Frontera, en 1808, y al aparecer en
escena, junto á un balcón, bordando una chinela,
pone al público en autos de que es día festivo con
las siguientes frases:
¡Qué tarde
tan hermosa hace!
el céfiro stiaYe
azulado celaje.
Del balcón distingo
la paseante reunión.
Es domingo,
hay mucha animación.
Y á pesar de ser domingo sigue bordando, por¬
que Julia es muy trabajadora y muy buena, según
dice en la escena segunda Beatriz, su doncella, en
la siguiente admirable síntesis:
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BELLAS ARTES.
¡MAÑANA, GRAN DÍA!
CUADRO DE VOLLON.
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CUADRO DE VICENTE PALMAROLI
158 — n.° x
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Marzo 1898
Á la labor, á la labor,
& la calle, ¿ misa,
de higiene lo mejor,
cuidando el ruiseñor,
los canarios,
un rato al piano,
luego al bastidor.
A pesar de tales condiciones de la heroína, su
corazón no es insensible al amor, y ella misma se
vende cuando exclama, mirando por el balcón:
Mas i qué distingo !
1 el Vizconde del Arco .
¡qué brioso corcel!
Aquí existe, á mi modo de ver, cierta anfibolo¬
gía, de que no resulta muy bien parado el Viz¬
conde; peto Beatriz se encarga de explicarla, di¬
ciendo que
á la niña le causa .
el jinete emoción;
precaución muy útil después de su referencia al
caballo , y añadiendo que el tal Vizconde se ha acer¬
cado á ella — la dueña — varias veces; pero las con¬
fidencias no pasan de ahí, porque llaman á la
puerta:
estremece la campanilla
cuando chilla.
Y entra en escena D. Alfonso , ante cuya pre¬
sencia se levanta Julia para decirle:
Mirad . es una chinela,
ya tengo concluida la compañera.
El público se entera, no sin trabajo, deque
aquella labor se halla destinada á un hermano de
la joven, que está ausente, y que, aunque
espadachín, parrandero
y trovador .
será lumbrera del foro,
lo elegirán diputado
y llegará á ser ministro.
Pero D. Alfonso tiene que marchar inmediata¬
mente al Departamento de Cádiz, y como lleva
para el viaje
lo más sucinto,
bu hija le encarga — ¡fuerza del asonante ! —que
le traiga de Cádiz
una rama de mirto.
El amante Vizconde aprovecha la ausencia del
padre para penetrar en la casa y hablar con la
dueña, vestido una vez de casaca, y un poco des¬
pués con traje á la jerezana; pero á la escena oc¬
tava, el padre ha regresado de su viaje — prueba
de la rapidez de las comunicaciones en 1808; — su
hija y la dueña se turban hasta el punto de que la
primera se encuentra mal.
La otra quiere explicarlo y dice:
Es un mal que hace poco
se desarrolló en su corazón.
Y el padre exclama:
Me asusta . una aneurisma
tal vez .
Chica, ¿llamo al Doctor?
Julia.— • No, señor.
Y eso ¿ qué es ?
D. Alfonso. — Un tumorcito que se forma sin color ni dolor
en las membranas, por la dilatación de las ar¬
terias.
Como se ve, el autor, hombre de ciencia ante
todo, renuncia á las gallardías de la rima para de¬
finir la enfermedad.
Siguen unas cuantas escenas en que Julia vuelve
á su chinela, D. Alfonso se sienta junto á una es¬
fera y refiere al público lo que fue el combate de
Trafalgar, y los dos criados se disputan el amor
de la anciana Beatriz á navajazos y tiros; todo lo
cual, si distrae un poco del asunto principal la
atención, contribuye á poner de manifiesto que
para Pascual y Torres no tienen secretos los más
difíciles géneros de la poesía, y que lo mismo
toca lo dramático que lo festivo. Pero, después
de estas escenas episódicas, la obra adquiere de
nuevo caracteres dramáticos. Él padre ha amena¬
zado á Julia con encerrarla en un convento y á
Beatriz con entregarla á la Inquisición ; es de no¬
che y entran por el balcón el Vizconde y otro in¬
dividuo, con sombreros chambergos de plumas,
cosa muy propia de las modas de 1808; el padre
penetra en la escena con una espada ~desnúda y se
bate con los dos invasores; llegan los criados con
luces, y entonces se ve que el compañero del Viz¬
conde no es otro que el hermano de Julia, el
cual cae desmayado; acuden las mujeres, y ya
desde este punto la obra marcha á su desenlace
con plausible rapidez, que no todos los autores
dramáticos dominan. Véase la clase:
Alfonso. — ¡Hijo mío!
Miguel. — ¡Amado padre!
Alfonso.— Ahí tienes
al que ha querido manchar
nuestra honra .
véngame .
Miguel. — En un lance muy apurado
me salvó la vida;
pero mañana
al despuntar la aurora —
1 Julia mía, siempre tan hermosa!
Julia. — ¡Hermano mío!
Vizc. k Julia. — Tomad mi solitario
como ofrenda nupcial.
Julia. — Aceptado.
Vizc. Á D. Alf. — Sólo falta vuestra bendición.
Alfonso. — Concedida.
Vizconde. — Venid, hermano mío. (Se abrazan.)
Beatriz. — Niños, seguid
la moda, la luna
de miel á viajar.
Juan (criado). — ¡Y vos, señor capitán!
Alfonso. — A la mar.
Todos repiten Á LA MAR.
El autor dice en una nota que esto está tomado
«del dicho ó apotegma del almirante D. Casto
Méndez-Núñez delante de Valparaíso y después
del bombardeo, cuando los jefes de las escuadras
extranjeras le preguntaron dónde iba».
Tal es, á grandes rasgos, la obra que mayor
éxito ha logrado en el teatro moderno, y en cuya
impresión puso el autor, deseoso de no ser robado,
un sello en seco, firma entera y un signo tipográ¬
fico, cuidando á la vez de advertir en una nota
que perseguiría á cuantos la reimprimiesen ó re¬
presentasen sin su permiso, y que se reservaba el
derecho de traducción á lenguas extranjeras, pre¬
visiones todas muy dignas de tenerse en cuenta
aquí donde el mérito es objeto de todo género
de explotaciones.
Desde dicho estreno, hasta el de El Cartujo
(1883), la fama de Pascual y Torres no decayó
un momento, y con justicia completa, pues en
esta última óbra el poeta se presenta con la mis¬
ma frescura que en su primera juventud. Hé aquí,
como prueba de ello, algunos versos de su escena
de introducción:
D. Juan. — ¿ Adónde tan presto vais,
oh mi querido amigo?
Cartujo. — Al teatro Principal,
esta noche hay baile
de máscaras, y voy forzosamente á bailar.
A ver á mi querido amigo
don Enrique Pino, que muy
gordísimo está,
que es un caballero
muy sensible y barbián.
D. Juan. — ¿Es posible cuando vuestras pantorrillas
flacas están?
Cartujo. — Vos lo creéis así,
pero cuando me caliento,
doy muchas más contradanzas
que el furioso vertiginoso vendaval.
Pascual y Torres ha cultivado también la poesía
lírica. A la vista tengo, pero por la brevedad
omito, un acróstico que dedicó en 1870 á las her¬
manas Marchisio, ilustres cantantes, y otros ver¬
sos dedicados á Rafael Calvo y á D. José Echega-
ray (1877), con motivo de haber representado el
primero el drama En el puño de la espada; palpa¬
ble demostración de que entre genios no existen
envidias ni rivalidades. También introdujo Pas¬
cual la novedad de hablar en verso al cuerpo elec¬
toral una vez que solicitó sus sufragios para repre¬
sentarle en Cortes^y en cuyo documento se dice,
entre otras cosas:
Tiempo es ya que la azada
reemplace en los campos al fusil;
tranquilidad, ventura, paz deseada,
el martillo, el escoplo, el mandil,
se cambien por el horrísono cañón,
las fábricas, los talleres y el estudiantil
brillen y florezcan en esta desventurada nación,
y concluya para siempre la guerra civil.
Los electores tuvieron el buen acuerdo de no
darle sus votos, pues Pascual y Torres hubiera
sido, después de diputado, uno de tantos directo-
" res generales, consejeros de Estado ó ministros;
pero habría acabado probablemente para la poe¬
sía, y hombres como él se deben, no á la admi¬
nistración ni á la política, sino al Parnaso exclu¬
sivamente.
Quise ser muy breve en este estudio, y llevo ya
una porción de cuartillas sin haber tratado más
~ que* derpóéta~dramático~ Pascual* y "Torres. Quede
para un segundo y último artículo algo de lo que
tengo que decir del épico Alonso Buján y del lí-
) rico González Estrada.
M. Ossorio Y Bernard.
EL TRAJE DE LUTO.
mediados de Agosto obtuvo Luis un
mes de licencia en el Ministerio con
objeto de ir á Peñascales, donde es¬
taba veraneando su madre, á la que
jj. había de acompañar en el viaje de
ic regreso á la corte, después de que él dis-
)x frutase también de una corta temporada
de holganza á orillas del mar.
Una de las ideas que más le seducían al
emprender el viaje era la de ver á su primo
Ricardo y reanudar con él la recíproca comunica¬
ción de sus pensamientos, en íntimos coloquios
de ciencia, artes, literatura y otras diferentes
materias, pues la extremada simpatía de sus espí¬
ritus, más que los vínculos del parentesco, quitá¬
bales el temor de manifestar ignorancia en las
cuestiones en que se reconocían legos, hasta el
punto de conversar sin reserva de ideas; es decir,
como si pensaran en voz alta, sin que les arre¬
drase lo más intrincado y metafísico.
Muchas veces, durante el invierno, recordaba
Luis la espaciosa y retirada habitación que servía
á su primo de despacho, laboratorio y gabinete de
consulta policlínica, pensando, con singular cari¬
ño, en ios diferentes objetos que contribuían á
darle carácter: la estantería, repleta de libros que
él casi pudiera catalogar de memoria; el retorcido
alambique en un rincón, y en el de enfrente,
firme como un centinela, aquel espantable esque¬
leto en cuya monda calavera solía Luis dejar el
sombrero; la mesa-escritorio, donde todo andaba
revuelto, y en ella una hermosa cabeza anatómica
de porcelana; entre los dos balcones, el armario
de los instrumentos quirúrgicos, de los reactivos
y de otros diversos objetos y sustancias, y en el
centro , sobre el mármol del velador grande,
cápsulas, tubos de ensayo, probetas, lamparillas
de alcohol, y demás enseres de la alquimia mo¬
derna.
Luis tenía el convencimiento de que su primo
era un sabio desconocido; á su juicio, hubiérale
bastado publicar los estudios que tenía escritos
acerca del embrión y el feto para promover una
revolución en la obstetricia, y aun en la psicolo¬
gía biológica; pero su carácter huraño y poco co¬
municativo, ai par aue modesto, oponíase á la
brillante manifestación de su genio, que se esteri¬
lizaba, por falta de ambiente, en la clínica de un
vecindario rural. El de Peñascales creía semi-
brujo al joven doctor, por haber ensayado con
fortuna el hipnotismo en la curación de algunas
enfermedades nerviosas, rebeldes á la terapeútica
ordinaria.
El concepto que Ricardo tenía de Luis era tam¬
bién lisonjero en extremo, y no hubiese dudado
en diputarle por crítico y artista originalísimo,
aunque inédito. En suma, entre sus almas existía
una atracción recíproca, cual si reconociesen su
común origen en una generación anterior. Física¬
mente en nada se parecían, pues la ley de heren¬
cia habíase complacido tan sólo en la semejanza
psicológica, sin que esto implique que dejasen de
existir muchas diferencias accidentales.
El padre de Ricardo y la madre de Luis eran
hermanos, y aunque el casamiento de aquélla la
obligó á residir en Madrid, no dejaron de reunirse
anualmente los disgregados miembros de la fami¬
lia, por ser Peñascales uno de los más deliciosos
balnearios del Mediterráneo. Además, Ricardo
había cursado la Medicina en la Universidad Cen¬
tral, y esta circunstancia hizo que el y su primo
viviesen bajo el mismo techo la mayor parte de
su juventud.
Pocas horas antes de salir de Madrid, Luis re¬
cibió carta de su madre, una carta de tonos ale¬
gres en la que abundaban los proyectos de días
de campo y excursiones marítimas. Bajo tan gra¬
tísimos auspicios, libre del menor presentimiento
funesto, llegó Luis á la penúltima estación de su
viaje, y en ella encontró á su primo Ricardo, que
supuso haber salido aquella misma mañana de Pe¬
ñascales para asistir á una consulta.
Era una piadosa mentira para ganar tiempo,
evitando una explicación instantánea. La madre
de Luis había muerto repentinamente, la noche
anterior, á consecuencia de un derrame seroso.
• *
El día siguiente al del entierro los dos primos,
reanudando antigua costumbre, tomaban café en
el despacho de Ricardo. Este apenas había logrado
hasta entonces arrancar algún monosílabo al afli¬
gido huérfano, cuyo pensamiento no cesaba de
bucear en las amargas profundidades del dolor
que inundaba su espíritu. Con el pico de la cucha¬
rilla machacaba Luis el poso de azúcar que había
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15'(Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.#x;— .159
quedado en su taza, y en este nimio entreteni¬
miento parecía tener concentrada la atención con
una insistencia estúpida. De improviso alzó la ca¬
beza, y clavando la mirada en su primo le pre¬
guntó:
— ¿Tú crees en los presentimientos?
Sorprendido por pregunta tan inesperada, el
joven doctor contestó con otra.
— ¿Has tenido alguno acaso?
— No, ahora no ha sido eso ; pero..... — Luis cam¬
bió de rumbo, aunque no de tema. — Los he tenido
otras veces. ¿Te acuerdas de cuando se cayó mi
pobre madre en el patio de tu casa?
— Sí; la tuve que curar un esguince en el pie.
— Pues aquella tarde paseaba yo por el Retiro
sin pensar en ella. Do repente hirió mi pensa¬
miento la visión rápida de la caída de mi madre,
y su voz angustiosa, diciendo: «i Ay,
hijo mío!» Aquella impresión se
me borró instantáneamente , y no
la recordé hasta que recibí carta
dándome noticia del percance.
— ¡Ah, caramba!..... — exclamó
Ricardo. — Es un caso curiosísimo
de telepatía, que me recuerda lo que
se cuenta de un francés, llamado
Michel, que vió desde París caer
herido al general Damremont en la
toma de Constantina.
— Según eso, ¿crees tú en la
trasmisión del pensamiento á dis¬
tancia?
— ¡Qué sé yo!..... La telepatía,
como la adivinación del pensamien¬
to, el somnambulismo hipnótico,
ciertos presagios, y otras cosas
inexplicables, deben de formar par¬
te de una gran ciencia que comienza
á aplicarse empíricamente, donde
quizás esté la clave de esa verdad
que los filósofos han perseguido y
perseguirán siempre en vano. Yo
mismo, como sabes muy bien, ten¬
go hechos algunos estudios curio¬
sos; pero más que mis propios ex¬
perimentos, las observaciones ca¬
suales afirman, cada día más, mi
creencia en .que existen fuerzas
desconocidas que ejercen su acción
en el hombre, sin que nuestros im¬
perfectos sentidos puedan perci¬
birlas.
— Pues el presentimiento, cora¬
zonada, ó como le quieras llamar —
dijo Luis, — es un hecho corriente.
¿Existirían los vocablos que expre¬
san su idea si ésta no encarnase en
la realidad? Una percepción fugaz,
extraña á las impresiones inmedia¬
tas; una predisposición del ánimo,
contraria á las circunstancias que
nos rodean, se relac ona luego con
un hecho acaecido lejos de nos¬
otros, ó que sucede más tarde: ya
tenemos el presagio. He observado
que es más frecuente de lo que se
cree pensar con insistencia en una
persona que se tenía olvidada, ó ha¬
blar de ella, y á los pocos días tener
noticia de su fallecimiento. Esto
suele ocurrir cuando la persona nos
es indiferente; pero cuando muere
una persona querida, en la que pen¬
samos y de la que hablamos con
frecuencia, si hay anuncio, necesariamente ha de
ser más preciso.
— Y, sin embargo, Luis, sería imposible re¬
batir con razonamientos al que sostuviera la in¬
tervención exclusiva de la casualidad, máxime
cuando muchos de esos pensamientos y estados de
ánimo pasan sin que venga hecho alguno á darles
categoría de presentimiento. Pero yo creo que en
todo eso hay una causa cuya presencia sólo puede
admitirse intuitivamente; quizás la sensibilidad
humana tiene un radio de acción más extenso de
lo que imaginamos, y del que han conseguido ex¬
teriorizar visiblemente, en algunos sujetos hipno¬
tizados, Lecomte, Rochas, los profesores de Nancy
y otros hombres de ciencia. Si mi presunción fuese
cierta, tendrían fundamento científico muchos fe¬
nómenos inexplicables, y hasta sería lógica la apa¬
rición del ruin de Roma , ese amigo que asoma al
punto en que de él se habla.
Luis, poco satisfecho por aquella hipótesis, fijó
una mirada en el humo de su cigarro, que se des¬
vanecía en el aire, y dijo:
— He leído que, hallándose Apolonio de Tiana
en Efeso, arengando al pueblo, suspendió su dis¬
curso, como si fijase la atención en otro lugar, y
exclamó: «¡Hiere!». Después, volviéndose á sus
No dijo más Ricardo, y Luis también perma¬
neció silencioso durante algunos minutos. El
pensamiento que le había hecho iniciar la con¬
versación pugnaba, otra vez, por manifestarse en
palabras.
— Ricardo, lo que vas á oir, si no es efecto de
una casualidad muy grande, rechaza toda clase de
hipótesis que tiendan á darle una explicación ra¬
cional. Te he dicho que ningún presentimiento
me anunció la muerte de mi madre, y es verdad;
pero me ha ocurrido otra cosa más rara, que no
me atrevía á decirte, no sé por qué. Se refiere á
un acto mío, inconsciente é involuntario, reali¬
zado algunas horas antes de ocurrir la desgracia,
cuando ni aun vosotros mismos podíais preverla.
Hacía yo alegremente el equipaje, colocando las
prendas que me parecían de uso más conveniente
para el veraneo: hubiera jurado que
puse en la maleta un temo de lani¬
lla de color ceniciento; pero, al
abrirla aquí, me encontré en su lu¬
gar mi traje negro, el que llevo.....
No dudo que lo guardé yo; pero sin
saberlo, como impulsado por alguien
que trastornase mi vista y guiara
mi mano .
Ricardo permaneció silencioso,
buscando, tal vez, una hipótesis que
explicase la distracción de su pri¬
mo. Este callaba también, y en la
calma soporífera de la siesta, que
dormía entonces Peñascales, oíase
el continuo batir de las olas sobre
la playa. Un rayo de sol, filtrándose
por dos varillas de la persiana , hi¬
rió de soslayo al esqueleto, entre las
mal encajadas mandíbulas, y aque¬
lla mancha de luz le pareció ¿ Luis
una horripilante sonrisa de burla.
Nicolás db Leyva.
POR AMBOS MUNDOS*
NARRACION ES COSMOPOLITAS.
Un monarca posadero. — £1 juramento judicial
inglés, los microbios y la desinfección de las
Biblias — Robinsón Gussman en Clipperton. —
El Paraíso en la tierra de Baffin. — Loa tres fu¬
turas escuadras de la marina alemana.
La picara Naturaleza exige que el
rey, para que viva y se conserve
como tal, ha de ser y conservarse
como un hombre, sujeto á todas las
contingencias, penalidades y gustos
del organismo físico, y el mundo
moderno exige con las impurezas
de la realidad que el rey sea un in¬
dustrial. Preciso es trabajar dentro
de tan alta categoría, si no para vi¬
vir, para ahorrar, para prevenirse
contra las adversidades del mañana
obscuro é incierto; y el trabajo, ya
que no sea servil por ser mecánico,
ha de ser económico, y como tal,
necesariamente servil también. Un
soberano podrá ser hombre de ne¬
gocios, jugador de bolsa, empresa¬
rio de vías férreas ó de fábricas, y
menos aún, dueño de una fonda, ca¬
sero de gente transeúnte. Este es el
caso en que se encuentra, en su ca¬
lidad de monarca é industrial, el
Rey de Wurtemberg, que explota la propiedad y
ganancias de dos grandes hoteles en su misma
corte, en Stuttgard. Mucha importancia tienen para
él el libro de la Deuda pública nacional y los capí¬
tulos del presupuesto del Estado; pero no la tienen
menor el libro de caja de los beneficios de sus
fondas, y el que registra las cuentas de las coci¬
nas, comedores y cuartos. Como hostelero añade
á la lista civil una ganancia de 320.000 pesetas
anuales, que es un pico muy respetable allí donde
escasean los millones que, como honorarios, se
conceden al jefe de la nación. Tan lucrativa pro¬
fesión parece que es vieja en la dinastía rei¬
nante. Cuando el zar Pedro el Grande residió al¬
gún tiempo en Stuttgard, el príncipe que enton¬
ces reinaba supo que el soberano ruso iba á vivir
en el hotel-posada real como un simple viajero; y
no queriendo que apareciera incompatible su cali¬
dad de dueño del parador con su categoría regia,
decoró la fachada del palacio con arreglo á la
pompa de tan distinguido huésped, ordenó que se
le cobrara por el hospedaje lo mismo que á los de¬
más viajeros, y el día en que llegó el Zar, se vis¬
tió de posadero, le esperó al pie de la escalera y
le tributó el homenaje debido como pariente en
la soberana estirpe y como atento y cumplido fon-
oyentes: «¡Ya no existe el tirano!» En aquel ins¬
tante, acababan de asesinar en Roma al empera¬
dor Domiciano.
— No negaré que sea cierto el hecho: he com¬
probado otro de la misma índole; verás. Una no¬
che tuve que asistir á la criada de D.R Jo vita, que
fué atacada en el lecho de un fuerte acceso de li-
pomanía histérica. Pasó el ataque, y la muchacha
nos dijo que había visto morir, en sueños, á su
amo. El marido de D.“ Jovita habíase marchado á
Prayvera dos días antes. ¡Cuál sería, pues, mi sor¬
presa cuando, ai siguiente, vino un propio con la
noticia de que D. Pedro había fallecido repentina¬
mente, á la una de la madrugada, la misma hora
del ataque!
— Estas cosas dan mucho que pensar.....
— Mucho, Luis. El sueño es otro misterio impe-
EL GENERAL FITZHUGH LEE,
CÓNSUL GENERAL DE LOS SE. ÜU# DE NORTE AMÉRICA EN LA ISLA DE CUBA,
(De fotografía de Otero y Colombios.)
netrable; durante él se columbran mil aconteci¬
mientos distantes en el tiempo ó en el lugar: ¿es,
acaso, que durmiendo se ve más claro por estar
el espíritu más desligado de la materia y en mayor
contacto con la verdad? Yo he tenido precisión de
despertar á media noche para un viaje, y la su¬
gestión de la hora ha desvanecido mi sueño con
una exactitud cronométrica, sin dejarme un mi¬
nuto de sobra: de día y con el reloj á la vista, ó me
apresuro demasiado ó liego tarde. Yo he recorrido
un pueblo, por primera vez, adivinando que iba á
desembocar en una plazoleta donde había un es¬
tanco: luego, he creído que aquel paraje lo tenía
ya visto en sueños .
— ¿Y no crees, Ricardo, que en todo eso existe
algo sobrenatural?
— Si entendemos por sobrenatural lo que escapa
al dominio de nuestra razón, que es limitada, pero
suponiéndolo ajustado á desconocidas leyes de la
Naturaleza, no tengo inconveniente en admitirlo.
Yo no soy espiritista, ni teósofo; soy un módico,
educado en el experimental ismo, que trabaja so¬
bre las modificaciones, más ó menos sutiles, de la
materia, y no sobre los problemas ontológicos.
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160 — x.° x
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Marzo 1898
dista. Es seguro que hoy, en caso seme¬
jante, no se decidiría el Príncipe á pre¬
sentarse con ese atavío burgués; pero lo
que no puede asegurarse es que dejara de
presentar la cuenta al monarca extranjero
al terminar la residencia en el hotel, por¬
que hoy como nunca « una cosa es la rea¬
leza, y el negocio es otra cosa».
•
• •
Entre las impurezas de la realidad,
lo más impuro son los microbios. Todo
cuanto el hombre manosea queda cuajado
de ellos, y si al manoseo se añade el be¬
suqueo, deja la mucosa de los labios mi¬
llares de colonias de bacilos y bacterias
en lo que se ha besado. De aquí el que
los pensadores pulcros y escrupulosos no
quieran dar el ósculo á lo que sin apren¬
sión ninguna viene siendo por la multitud
osculizado. Para prestar juramento ante
los tribunales ingleses se besa una pá¬
gina de la Biblia . Como se jura tan á me¬
nudo, no hay para qué decir cómo estará
la hoja de los besos. No hace mucho
tiempo que un módico, se vió obligado á
cumplir con esa formalidad; y conven¬
cido el hombre de que aquel rincón del
papel donde habían dejado su humedad
tantas bocas era un peligroso foco de in¬
fección, al oir que iba á ser multado si no
besaba, solicito en regla que se desinfec¬
tase la Biblia . El tribunal, después de de¬
tenida deliberación, accedió, y entonces
el médico hizo unos cuantos asperges con
ácido fónico sobre la página sagrada, la
dejó secar, la purificó por calefacción y
besó en ella muy complacido. Al saberse
Sor la prensa este suceso, dada la man i a
e las ligas en Inglaterra para conseguir
las aspiraciones más ó menos populares,
se constituyó una Liga antiséptica del ju¬
ramento, y esta es la hora en que trabaja
para que, antes y después del beso, se
desinfecten las Biblias r de los^tribunales.
Mr. JOHN D. LONG,
MINISTRO DE MARINA DE LOS EE. Uü. DE NORTE- AMÉRICA.
Lógico es, como consecuencia de ello, que
dentro de poco se desinfecte también de
Real orden todo lo que se haya de besar ó
se haya besado, con lo que seguramente
no va á ver bastante ácido fénico en el
Reino Unido para la desinfección general.
Por si se necesitaba un argumento demos¬
trativo concluyente, los ligue ros cuentan
con un hecho horripilante que ocurrió á
fines de Febrero. Un policeman compare¬
ció á prestar declaración ante el tribunal
de Wareham. Juró, besó, y tres horas des¬
pués empezó á sufrir terribles dolores en
la garganta, que se le inflamó por completo
y con tal gravedad que, á pesar de todos
los remedios empleados, murió asfixiado,
como si le hubiera atacado fulminante ga-
rrotillo. Hicieron los médicos la autopsia
del cadáver, y encontraron en las mucosas
de la laringe y tráquea una profunda in¬
flamación purulenta. Alguno de ellos re¬
cordó que había besado en la manoseada
Biblia del tribunal, y ál reconocer ésta,
vieron que estaba completamente sucia y
húmeda y grasicnta en el lugar donde los
juradores ponen sus labios. Sobrevino el
escándalo consiguiente; la prensa y el pú¬
blico protestaron en coro, y se convino en
celebrar sucesivos meetings en los princi¬
pales pueblos para que concluya de una
vez semejante sistema de prestar jura¬
mento ante la justicia. Con ello ni la re¬
ligión ni la justicia perderán nada, y en
cambio se salvarán muchos j mlicemen in¬
flamables.
«
« «
El procedimiento más seguro para evi¬
tar los males contagiosos de la infección
es el vivir solo, sin que otros prójimos
nos comuniquen sus emanaciones, eflu¬
vios y organismos vivos adherentes. Así
vive, según la prensa americana, un ca¬
ballero particular, Mr. Gussman, en el is¬
lote de Clipperton, no señalado en los
INTERIOR DE LA FÁBRICA DE CAÑONES DE WASHINGTON (EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA).
(De fotografías.)
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15 Marzo 1898
N.° X — 161.
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
ISLA DE CUBA. — EL CRUCERO PROTEGIDO DE SEGUNDA CLASE NORTEAMERICANO, « MONTGOMBRY » ,
\
FONDEADO ACTUALMENTE EN LA BAHlA DE LA HABANA.
LA GUERRA EN CUBA.— EL TITULADO «PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA CUBANA», BARTOLOMÉ MASÓ, T SU ACOMPAÑAMIENTO.
(De fotografía de F. D. Pagliuchi,)
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162 — x.° x
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Marzo 1898
mapas, apenas nombrado jamás, y cuyas cimas
coralíferas y playas diluviales asoman en pleno
Océano Pacífico entre las costas del Norte de Mé¬
jico y la ruta del archipiélago de Hawai. Aquel
punto perdido en la inmensidad de los mares con¬
tiene, como otras muchas islas, grandes yacimien¬
tos de guano, que se propuso explotar una Compa¬
ñía norteamericana de fabricación de fosfatos.
Al frente de un grupo de obreros llegó á ella
Mr. Cussman, representante de la empresa, y co¬
menzó la explotación. Como realmente aquella
isla no es de nadie, créense con derecho á poseerla
los mejicanos y yankees , por hallarse más próxi¬
mos á ella que otras naciones; los ingleses cuando
pasan por sus aguas, y hasta los franceses, que en
sus mapas de Oceanía la señalan con una pince¬
lada del color que indica que es una posesión suya.
Al saberse en Méjico que los del Norte la ex¬
plotaban sin título ni obstáculo alguno, enviaron
allá un buque de guerra, que desembarcó un pelo¬
tón de soldados. Enarbolaron éstos su bandera na¬
cional, echaron el guante á los explotadores del
guano, incluso al jefe Mr. Gussman, y los pusieron
á buen recaudo á bordo. En el momento de sepa¬
rarse de la costa para conducirlos á un puerto me¬
jicano, saltó Mr. Gussman desde la cubierta al mar
y se volvió nadando «á su isla», llevándose oculto
entre las suelas de una bota el título de propiedad
de los criaderos de guano, que le había entregado
la Compañía de los fosfatos, y su nombramiento
de representante. Los mejicanos, creyendo que
aquel hombre perecería al encontrarse solo en la
isla, le dejaron huir. Esta escapatoria tuvo lugar á
fines de Agosto, y ahora se ha sabido que Mr. Gus¬
sman continúa sin novedad en su importante sa¬
lud en Clipperton, hecho todo un Robinsón, aguar¬
dando á que la Compañía le envíe otros compañe¬
ros. Ni el guano, ni los huracanes, ni la humedad,
ni el sol, ni el pescado, ni la fruta silvestre de al¬
gunas reducidas cuencas de vegetación que hay
entre los repliegues del macizo interior de la isla,
han hecho mella en su naturaleza, perfectamente
garantida en la soledad contra las epidemias é in¬
fecciones. Acostumbrado á vivir solo, y «á sus an¬
chas», exclamará en cuanto vea que desembarca
algún prójimo: — ¡Un hombre! ¡Hó ahí el enemigo!
»
« O
Algo semejante dicen los felices usufructuarios
del Paraíso terrenal, que, según parece, se ha des¬
cubierto en la tierra de Baffin, costera del estre¬
cho de Cumberland y bahía de Hudson. Cuando
los dichosos mortales que lo pueblan ven llegar
algún buque ballenero ó algún vapor mercante,
dicen con espanto: «¡La civilización! ¡Hé ahí el
enemigo!»
Residen en aquella estación glacial hace treinta
años cuatro ó cinco europeos, casados con muje¬
res esquimales, y un grupo de indígenas que no
echan de menos ninguna de las ventajas y atrac¬
tivos de la llamada vida moderna.
Sus chozas, bien pertrechadas contra el frío,
son amplias y cómodas estancias; sus trajes, de
piel de foca, no se sujetan á patrón ni figurín al¬
guno; su mesa, siempre bien provista, exige poca
ciencia culinaria; sus leyes sociales se reducen á
una sola, al respeto á la familia del vecino, y sus
aspiraciones están reducidas á ir viviendo. No ha¬
cen nada, no se preocupan por nada; viven en
paz y holganza, y con quererse mucho marido,
mujer, hijos y padre, cada uno en su hogar y Dios
en el de todos, «van tirando», sin dárseles una
higa de cuanto en el resto del mundo pasa. Uno
de los europeos, un inglés, Mr. Bhurtons, recibió
en Diciembre un exhorto del juez de su pueblo
para que, cuando gustara, se presentase á recibir
cuantiosa herencia que le había correspondido de
una Empresa minera del Sur de Africa; y luego
que se enteró de la misiva se la leyó á su esqui-
mala y á sus esquimalillos de casa, los cuales,
abrazándose á su esposo y padre, exclamaron:
«¡Tú nos dejas por ir á buscar ese montón de
ochavos! ¿Podrás comprar con ellos la felicidad
que nosotros te damos de balde?» La opinión de
Mr. Bhurtons era la misma que la de su gente, y
para dejar á ésta satisfecha rompió el llamamiento
del juez, diciendo: «¡Váyanse al diablo las 90.000
libras que me ofrecen! No faltarán parientes, abo¬
gados y procuradores que supongan que me he
muerto, y que se las coman.»
•
• •
¡Contraste singular! Mientras en una noticia se
ve que hay hombres y familias que huyen de la
civilización y que desprecian el dinero, cuenta
otra que las exigencias de lo más refinado del pro¬
greso, que son los progresos del arte de la guerra,
se imponen , y que á todo trance se busca dinero
para realizarlos. Espanta el proyecto de reconsti¬
tución de la marina alemana, que se está discu¬
tiendo en el Parlamento del Imperio. Trátase de
que éste cuente para el año de 1904 á 1905 con tres
poderosas escuadras, compuestas las dos primeras
de 17 acorazados, 8 guardacostas acorazados, 9 cru¬
ceros de primera clase y 26 de segunda; y la ter¬
cera, ó sea la de reserva, de 2 acorazados y 7 cru¬
ceros. Dada la marina hoy existente, tienen que
construir para completar ese cuadro 7 acorazados
y 3 cruceros, que costarán 1.250 millones de pese¬
tas. Para acumular esa suma se consignarán au¬
mentos progresivos en las cantidades anuales,
desde 117 millones y medio de marcos en el pre¬
supuesto corriente de 1897 á 1898 hasta 150 millo¬
nes en cada uno de los cuatro últimos años.
El Gobierno y el Emperador seguramente ven
con entusiasmo la realización de ese plan. Dado
el enorme desarrollo de la marina mercante, di¬
cen los alemanes, es indispensable el crear para
los períodos de guerra una escuadra poderosa de
guerra que la proteja y defienda. La inmigración
alemana al Extranjero exige asimismo el que ésta
se encuentre eficazmente protegida en todo el
globo. La rivalidad, bien conocida, de Inglaterra
contra Alemania necesita ser refrenada con ese
titánico alarde de poderío naval. Aun no teniendo
hoy completa la escuadra, ya se ve cómo la han
distribuido por todas partes, enviando dos cruce¬
ros de primera al extremo Oriente y diez de se¬
gunda á América, tres al Asia Oriental, dos al Este
africano, dos al Occidente de Africa y uno á Cons-
tantinopla.
Contra el proyecto sostiénese en la Cámara
ruda oposición, mantenida por Bebel y los socia¬
listas, y por los liberales; pero cuenta con la ad¬
hesión decidida del partido católico, que es hoy el
árbitro del Parlamento. El Centro católico, en
efecto, que vaciló durante algún tiempo, está en
la cuestión de la escuadra al lado del Gobierno,
pudiendo asegurarse por eso que el proyecto, leído
ya en el Reichstag, será pronto ley. ¿Qué espera
dicho partido á cambio de su apoyo? Créese en el
Imperio que el Emperador consentirá que se
apruebe el pensamiento de la admisión de los je¬
suítas en el país; pero la experiencia ha demos¬
trado que, á pesar de las votaciones favorables que
esa admisión ha logrado en el Parlamento, siem¬
pre ha rehusado el Soberano el otorgarle su san¬
ción.
Si estaño es la recompensa, nadie acierta cuál
podrá ser; pero como para el partido católico esa
admisión es un ideal, sostenido siempre con entu¬
siasmo, no hay duda de que, á pesar de todas las
negativas, si la nación aplaude un día la obra mag¬
na de completar la triple escuadra, y, por consi¬
guiente, la de admitir los considerables créditos
necesarios, no podrá negar al Centro la realización
de su deseo y se abrirán de nuevo las puertas de la
patria á los jesuítas alemanes.
Ricardo Becerro de Bengoa.
LOS PEPES MUERTOS.
(súplica AL PATRIARCA SAN JOSÉ.)
¡Tocayo de mi alma
¡ Santo bendito !
De los Pepes que viven
No hago memoria.
Me acuerdo de los muertos,
Y felicito
A los Pepes ilustres
Que estén en gloria.
Muchos Pepes de abajo
No se merecen
El que los felicite
Con noble intento.
¡ Los Pepes de allá arriba
Me lo agradecen,
Aun con ser tan humilde
Mi pensamiento!
Hoy, al felicitarte,
Busco tu auxilio
Y de mi Patriarca
Perdón espero.
Reparte esas tarjetas
A domicilio ,
Y, aunque no cobres nada,
Haz de cartero.
Como á tu lado tienen
El dulce nido,
De encontrarlos muy pronto
Ten la esperanza,
Y al ver á cada ano
Dile al oido
Lo que voy á decirte
En confianza.
Dile al gran Espronceda
Que de su gloria
Aun brilla el ardoroso
Rayo fecundo,
Y que el mundo grabadas
En la memoria
Conserva las estrofas
Del Diablo Mundo .
Dile al pobre Zorrilla ,
Muerto de pena,
Y que en la tierra tuvo
Su purgatorio,
Que joven y gallardo
Sobre la escena
Aun sigue enamorando
Don Juan Tenorio .
Dile á Pepe Velarde
Que aun tiene ¿ gala
El recordar sus versos,
Siempre que llora,
La tórtola i que esconde
Bajo del ala
La cabeza , esperando
La nueva aurora .
Dile á Castro y Serrano
Que aun atesoro
De su prosa castiza
Ricos caudales,
Y la patria conserva
Con letras de oro
La copia de sus Cartas
Trascendentales .
Dile á Pepe Valero ,
El noble anciano,
Que de su triste ausencia
No me convenzo;
Que en la escena me falta
El veterano:
¡El mudo de La Aldea
De San Lorenzo!
Del cuartel á la puerta
No hay quien acierte
Como ella, en la chulapa
Del regimiento.
¡Dile á la Hijosa , dile
Que, por mi suerte,
No he visto Niña boba
Con más talento!
Al ilustre Casado
Hazle que entienda
Que su nombre es de gloria
Rico trofeo,
Y es asombro del mundo
Esa Leyenda
Del Rey Monje , que adorna
Nuestro Museo.
Dile á Pepe Estremera
Que aun nos fascina
Con el dulce recuerdo
Su breve historia,
Y que aun se aplaude el libro
De esa Zarina
Que le ofreció á un maestro
Su mayor gloria.
Dile al Marqués insigne
De Salamanca
Que pobló los terrenos
Más apartados,
Que con él murió el rico
Rey de la banca,
Y ya no hay más que pobres
Acaudalados.
¡Felicita á esos muertos
Que el mundo llora;
Abraza á esos ilustres
Pepes queridos,
Y otorga el anhelado
Perdón que implora
Al más humilde Pepe
De los nacidos!
José Jackson Vetán.
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15 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.* x — 163
REAL.
Nada ha ocurrido digno
de mención durante la pa¬
sada semana en el regio
coliseo* La carta del tenor Cardinal], dando cuenta
á la empresa de la imposibilidad en que se halla
de cantar en Madrid esta temporada, ha sido el
único suceso que ha ocupado la atención de los
aficionados al bel canto . Reconocido el artista por
los médicos de la empresa, certificaron éstos la
imposibilidad de que cantase, y en su consecuen¬
cia, la empresa telegrafió á Italia con objeto de
contratar otro tenor que sustituya al Sr. Cardi¬
nal!.
Mientras esto no se efectúe, no habrá, proba¬
blemente, ninguna novedad que registrar. Espe¬
remos.
ESPAÑOL.
Conformes están cuantos han visto Las Bodas
de Fígaro , estrenadas en este teatro la noche del
último viernes, en que, pasada la época en que
Beaumarchais escribió el original de la obra tra¬
ducida, ésta carece en absoluto de interés, y pa¬
rece inocente y sosa la comedia que en 1784 debió
su éxito no á su mérito literario principalmente,
sino á la sátira despiadada que encerraba, y que
dió origen á acaloradas polémicas, discusiones y
controversias.
En una palabra, el éxito de la comedia de Beau¬
marchais fué debido únicamente á las circunstan-
dablemente la magnitud de dos acontecimientos
teatrales.
LABA.
Obra de enredo y de acción exclusivamente, sin
chistes de dicción, retruécanos, dislocaciones ni
fracturas del lenguaje, es La Victoria del General ,
juguete cómico estrenado con excelente éxito la
noche del pasado martes en el teatro de Lara. So¬
lamente por las nombradas cualidades sería digna
de toda clase de elogios la nueva obra del señor
Santa Ana; pero si agregamos á lo dicho que las
situaciones cómicas están buscadas y preparadas
con habilidad, que la acción está fácil y natural¬
mente conducida á su desenlace, y que los tipos
están primorosamente trazados y muy bien esco¬
gidos, se comprenderá sin esfuerzo que fué justo
y merecidísimo el éxito alcanzado.
El público se divirtió grandemente con los in¬
cidentes y peripecias de la obra, celebrando con
grandes carcajadas los desplantes y pujos orato¬
rios del Sr. Santiago, que representó admirable¬
mente el tipo del hablador pedante é insoportable
que tanto abunda en la vida real.
Al terminar la representación tuvo que salir,
muchas veces á escena á recibir los aplausos del
publico el Sr. Santa Ana, acompañado de los in¬
térpretes de su nueva producción.
De éstos merecen especialísima mención, ade¬
más del Sr. Santiago ya citado, las Sras. Val verde
y Pino, Srtas. Moreno y Feros, y los Sres. Larra y
Gonzálvez.
• •
El jueves próximo celebrará su beneficio el se¬
ñor Ruiz de Arana. Se representarán las aplau¬
didas obras La Victoria del General , Zaragüeta y
Deuda de sangre .
cias que concurrieron á formarlo en la época de
su estreno; y, por lo tanto, una vez desaparecidas
dichas circunstancias, no puede interesar ni en¬
tretener á nadie.
Esto ocurrió la noche que se estrenó la traduc¬
ción del Sr. Valdés. El público escuchó con res¬
peto y atención, aunque sin entusiasmo, y sola¬
mente dió muestras de su agrado al ver las esce¬
nas caricaturescas á que da lugar la vista del pleito
del matrimonio y los quid pro quos en que abunda
el cuarto acto. Apreció en la reciente producción
una regular comedia de enredo, como muchas que
se ven, ni buenas ni malas; y consignamos con
gusto que, por esta vez, el fallo ha sido justísimo,
en nuestra humilde opinión.
Muchos han sido los intentos de connaturalizar
en la escena española Le mariage de Figaro; pero
todos, incluso el del Sr. Valdés, han resultado fa*
llidos, y suponemos que no ha de conseguirse tal
resultado traduciendo fielmente la comedia de
Beaumarchais, intente quien la intente tan difí¬
cil empresa.
Aparte de las pocas condiciones de viabilidad
de Las Bodas de Fígaro , preciso es reconocer que
:1a traducción está correctamente hecha, quizás si¬
guiendo demasiado fielmente el texto del origi¬
nal, y que la labor del Sr. Valdés, bajo este con¬
cepto, es muy digna de estima y acreedora á toda
elase de elogios.
María Guerrero fué la actriz de siempre, repre-
. sentando el papel de Susana con gran talento y
cantando la canción del segundo acto con exqui¬
sita gracia. Excelente interpretación dió á su pa¬
pel de Querubín la Srta. Ruiz, así como á los suyos
respectivos los Sres. Díaz de Mendoza, Díaz, Re¬
villa, Qarsi, Cirera y Robles.
•
• •
Para el próximo viernes se anuncia como pro¬
bable el estreno de la obra de Cavalloti, La Hija
de Jeftéy traducida por el Sr. Jurado de la Parra*
•
• *
Posteriormente á ésta se estrenará el drama en
tres actos, original del Sr. Guimerá, titulado El
Padre Juanico .
PABISH.
Dos reprises interesantes se anuncian para muy
en breve. La primera es la de Los Mosteases y zar¬
zuela de los ores. Amiches, Lucio y Cantó, con
música del maestro Chapí, no representada en
Madrid desde la época de su estreno. La segunda
es la de La Dolores , de Bretón, de cuya protago¬
nista hizo una verdadera creación la notable ti¬
ple Srta. Corona. Ambas reprises alcanzarán indu-
APOLO.
Se preparan para dentro de pocos días en este
teatro los estrenos de las siguientes obras: El Man¬
tón de Manila y de los Sres. Iráyzoz y Chueca; Los
Hombres públicosy de Burgos y Jiménez, y Los Cla¬
veles rojos y de Iráyzoz y Jiménez.
A.
JUEGOS FLORALES Y CERTAMEN EN SEVILLA.
Con la protección del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, se
celebrarán Juegos Florales y Certamen científico, literario y ar¬
tístico, con arreglo al siguiente programa:
Sección de Literatura .— Tema l.° Poesía lírica con libertad
de asunto, metro y número de tersos. Premio de honor: Una
flor natural. — Tema 2.° Oda á la patria. Premio: Un objeto de
arte, regalo de S. M. la reina D.a Isabel II.— Tema 3.° Tradi¬
ción popular sevillana, en terso. Premio: Un objeto de arte, re¬
galo del Excmo. Sr. Gobernador citil de la provincia.— Tema 4.°
Poesía humorística con libertad de asunto. Premio: Dos jarro¬
nes, regalo del Ateneo. — Tema 5.° Artículo de costumbres an¬
daluzas, «La vendimia*. Premio: Un pensamiento de oro, re¬
galo del Ateneo.
Sección de Ciencias históricas y sociales . — Tema 6.° Noticia
crítica del movimiento filosófico en Sevilla desde la época de
la Enciclopedia hasta el presente. Premio: Un objeto de arte,
regalo del Excmo. Sr. D. José de Hoyos y Hurtado, conde dé
Val deinfantas, senador del Reino.— Tema 7.° Sumario estudio
estadístico del estado actual de la industria sevillana, clasifica¬
ción de las industrias, producción y circulación, capital y tra¬
bajo. Premio: Quinientas pesetas, ofrecidas por el Excmo. señor
D. Augusto Plasencia, conde de Santa Bárbara.
Sección de Ciencias naturales, físicas y matemáticas.—
Tema 8.° Enfermedades del naranjo en Andalucía, diagnóstico,
profilaxis y tratamiento. Premio: Doscientas cincuenta pese¬
tas, ofrecidas por la Excma. Diputación Provincial.
Sección de Jurisprudencia.— Tema 9.° Condición de la mqjer
en el derecho civil y en el derecho político. Premio: Un objeto
de arte, regalo del Excmo. Sr. D. Francisco González Alvarez,
senador del Reino.
Sección de Medicina. — Tema 10. Dadas las condiciones topo¬
gráficas del suelo de Sevilla, ¿cuál es el mejor sistema de al¬
cantarillado aplicable á la misma? Premio: Un objeto de arte,
regalo del Círculo Mercantil de Sevilla.
Sección de excursiones.— Tema 11. Génesis, desarrollo, flore¬
cimiento y decadencia de la Escuela de pintura sevillana. Pre¬
mio: Un objeto de arte, regalo de la Real Maestranza de Caba¬
llería de Sevilla. — Tema 12. Plan de reformas urbanas, por or¬
den de urgencia, que conviene realizar en Sevilla. Premio: Un
objeto de arte, regalo de D. Tomás de Ibarra y González, dipu¬
tado á Cortes.— Tema 13. Situación actual de los braceros en
Andalucía y medios de mejorarla. Premio: Un objeto de arte,
regalo de D. Carlos de Lastra y Romero. — Tema 14. Un pro-
Íecto de restauración de la fachada de una casa grande y nóta¬
le de Sevilla, construida en los siglos xv ó x vi.— Premio: Un
objete de arte, regalo del Excmo. Sr. D. Francisco Ruiz Martí¬
nez, senador del Reino.
Sección de Bellas Artes. — Tema 15. Seis dibqjos originales
en colores, á la aguada, tamaño natural, para seis jarrones ó
ó vasijas de barro esmaltado, estilo mudejáríco ó renacimiento
italo-español. Premio: Un objeto de arte, regalo de los señores
Pickman y Com pañí a.
CONCURSO PARA OBRAS PICTÓRICAS.
Siete premios del Centro de Bellas Artes: l.° Quinientas pe¬
setas y diploma de honor. 2.° Dos de trescientas pesetas y di¬
ploma de honor. 3.° Dos diplomas de honor. 4.° Exclusivo para
los señores socios: Dos premios de trescientas pesetas cada uno.
El plazo para la admisión de las obras en la Secretaria del
Ateneo y Sociedad de Excursiones termina á las doce de la no¬
che del 31 del corriente. — X.
JABÓN DE LOS PRÍNCIPES DEL CONGO
«I luii» perfumado do loa jabonea de tocador
LOCIÓN VAISSIER °°dercabeíío,a
3 grandes premios. 21 medallas de ero. — Fuera de ooaourso
4, ?UOE DE ¿’OPÉ&A, PARIS
De venta en todas las buenas perfumerías de España y América.
Remedio prodigioso y rápido. 30 años de éxito.
AWk\\m o P!e fAütlQss usa de EBILE PIM8AT), BO nte
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Jumu, 5, VALENCIA; Vioenta Ribeiro, Fanqueiros, L18BOa.
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
Poesías de Evaristo Sitio. — Se acaban de publicar, en ele¬
gante tomo, las poesías del escritor Evaristo Sillo, poetar
periodista, que nació en Santa Cruz de Iguña (Santander)
en 1841 y murió en 1874. Mucho trabajó en Madrid el malo¬
grado Silio, que colaboró en El Eco del País , La Constitu¬
ción, La Voz del Siglo y otros periódicos; publicó muchas
composiciones poéticas, y se ocupó de la critica literaria.
Contiene el tomo recientemente publicado: Desde el valle ,
colección de sus poesías líricas aue apareció en 1868; Santa
Teresa de Jesús , poema; La Magdalena , fragmento, y El
esclavo. Avalora el mérito de este libro un prólogo de Menén-
dez y Pelayo, que resume el mérito de Silio en los siguientes
términos: «Evaristo Silio y Gutiérrez era lírico de egregias
disposiciones, de profundo sentir y noble pensamiento; ele¬
gante y atildado , al par que sencillo en la forma , en el len¬
guaje castizo con raras excepciones, correcto y fluido en la
versificación. A veces le falte nervio y robustez en el decir;
suele adolecer de monotonía en las ideas, y aun en las frases;
su caudal poético no era muy rico. Pero así y todo, ha de¬
jado bastantes composiciones verdaderamente inspiradas que
le alzan no poco sobre el nivel de los líricos de segundo
oiden.»
Véndese al precio de 3 pesetas.
Album de cantares, por D. Santiago Díaz Gil.
Hemos recibido ejemplares del folleto en que ha adicionado
sus cantares el poete D. Santiago Díaz Gil. La misma fecun¬
didad que para los bellos cantos populares tiene nuestra tierra,
y el número de inspirados poetas que han acertado con la
forma espontánea, sencilla y hondamente sentida de este poe¬
sía popular, hacen cada vez más difícil sobresalir en este géne¬
ro de composiciones sin caer en imitaciones de lo mucho bueno
que en él tenemos. El señor Díaz Gil tiene personalidad , y su
especial modo de ver y sentir el natural hacen para él fácil
tarea la de encerrar en la concisa forma de los canteres
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164 — n.6 x
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Marzo, 1898
pensamientos suyos, en forma general¬
mente fácil. Muchos de lós cantares de
la colección pueden citarse entré los
mejores que la musa popular ha pro¬
ducido.
Velázquez, par A. de -Beruete. — Muy
en breve se pondrá á la renta la artís¬
tica obra que, sobre nuestro inmortal
Velázquez, publicará el editor pari¬
siense H. Laurens; .y el asunto del li¬
bro, las aptitudes del escritor y la pre¬
sentación artística del- volumen, segu¬
ramente obtendrán el favor del público
inteligente.
El célebre pintor francés León Bon-
nat ha escrito el prólogo , que leyó re¬
cientemente en una sección de la Aca¬
demia de Bellas Artes de París , y en el
cual habla de nuestro compatriota
Au rebano de Beruete en los siguientes
términos: ... ,
«Nadie mejor ni con más aptitud que
el Sr. Beruete puede contarnos la vida
y describirnos la obra de Velázquez. Su
doble calidad de pintor y literato; su
apasionado amor por su inmortal com¬
patriota; sus lecturas; sus pacientísi-
mas investigaciones en los archivos y
en los museos; sus viajes por Europa;
su conciencia tan escrupulosa; su cu¬
riosidad, siempre despierta, y, en fin y
sobre todo, su valor para decir la ver¬
dad, le han ayudado á escribir este li¬
bro importante, que es y será el libro
definitivo sobre el gran pintor español.»
Hemos visto las ilustraciones de la
* obra, encomendadas á los Sres. Braun,
Clément y Compañía, y las reproduc¬
ciones heliográtícas de los cuadros de
Velázquez están maravillosamente he¬
chas. Las ilustraciones son : 16 helio¬
grabados tirados aparte, 68 blocs tipo¬
gráficos en el texto y un retrato de Ve¬
lázquez grabado al agua fuerte por León
Bonnat, tomado del que hizo Veláz¬
quez de sí mismo en el célebre cuadro
Las Meninas.
El precio de la obra, que se compon¬
drá de 800 ejemplares numerados, es,
por suscripción', el de 40 francos.
La situación del pais, por D. Juan
Cano y Mora.
* Desde que en mal hora estajló en Fi¬
lipinas la insurrección tagala son mu¬
chas las obras que se han publicado,
consagradas al estudio de sus verdade¬
ras causas, y encaminadas á buscar la
más segura eficacia de los remedios que
hayan de aplicarse á tan lamentables
males. De muchas de estas obras inspi¬
radas por el patriotismo hemos hecho
ya mención en nuestras modestas no¬
tas bibliográficas, elogiando, como era
justo, el noble propósito de sus au¬
tores. Hoy ha llegado á nosotros un
nueyo libro de esta clase. Contiene la
colección de artículos publicados en el
periódico de Manila La Voz Española ,
por su redactor-jefe D. Juan Cano y
Mora, acerca de la insurrección tagala,
sus causas y principales cuestiones que
afectan á Filipinas.
ras
y- V
SALVADOR , SANCHEZ («FRASCUELO»),
i POPULAR MATADOR DE TOROS.
Nació en Churriana (Granada) el 21 de Diciembre de 1844 ; t en Madrid el 8 del corriente.
(De fotografía de Fernando Debas.)
El autor, que ha consagrado- mucho
tiempo al estudio de esi as cuestiones,
y es periodista muy distinguido por su
ilustración, trata de ellas con un crite¬
rio sereno, en el que palpita vivísimo
amor á España y á cuanto signifique
defensa y seguridad de su soberanía.
Asuntos de sus concienzudos, artícu¬
los son, entre otros: Los funcionarios
públicos; El régimen municipal; La ad¬
ministración de justicia; Las corpora¬
ciones religiosas; La instrucción públi¬
ca ; La propiedad territorial ; La indus¬
tria y el comercio; El clero secular; La
difusión del castellano; La prensa fili¬
pina, y el Régimen y administración de
las islas.
Véndese el libro al precio de un peso.
Vislumbres, porTorcuato Tasso Berra
Con el título que encabeza estas lí¬
neas ha publicado el escritor catalán
D. Torcuato Tasso Serra una numero¬
sa colección de pensamientos en pro¬
sa y verso. Gran profundidad en mu¬
chos de ellos y agudísimo ingenio en
otros, hemos encontrado en la muy
agradable lectura del libro del señor
Tasso, á quien felicitamos sinceramente
por su obra; pero nuestra leal franqueza
nos obliga á decirle que encontramos
muy superiores los que ha escrito en
prosa, que afortunadamente son los que
más abundan en la colección.
Fugaces.— Poesías, por Sofía Casanova.
. La Biblioteca Gallega ha enriquecido
su colección con el libro Fugaces, co¬
lección de las poesías de la inspirada
escritora Sofía Casanova. Muy niña
aún, sintió en su alma la poética ins¬
piración, y comenzó á escuchar los sin¬
ceros y justos aplausos con que eran
acogidas sus primeras canciones. Mu¬
chas de éstas nos place encontrar en el
libro que hoy tenemos ante Ja vista,
que nos trae á la memoria épocas muy
felices de la vida al volver á leer las be¬
llas estrofas que á su autora oímos re¬
citar: otras, escritas después de dejar á
España y constituir un hogar en. remo¬
tos climas y sufrir inconsolables dolo¬
res , nos revelan que la inspiración de
Sofía Casanova no la ha abandonado,
ni ella ha olvidado á la poesía, sino que
escribe aún mejor que escribía cuando
las tertulias literarias de Madrid cele¬
braban su talento. Consignamos una
impresión; no intentamos hacer un joi-
cio en el que nuestra leal amistad sería
quizás tacha de parcialidad muy justi¬
ficada.
Alburas d© caricatura*.— Lance»
de honor .
La casa editorial de Luis Tasso , de
Barcelona, ha comenzado la publica¬
ción de sus álbums de caricaturas , que,
á juzgar por el primer cuaderno, titula¬
do Lances de honor, tendrán segura¬
mente un éxito muy favorable. El di¬
bujante Xandaró ha dibujado para el
mismo ilustraciones artísticamente gra-
ciosas.««-C.
En toda cías© d.© vómitos y diarreas, y en
toda olas© d© Indisposiciones del tuto di¬
gestivo, emplead los
Salicilatos de VIVAS PÉREZ
adoptados de X3eal Orden
POR EL MINISTERIO DE MARINA Y POR EL DE QUERRA
Los recomiendan indiscutibles autoridades médicas. — Celebran con entu¬
siasmo sus efectos cuantos los usaron.
Se Imitan y falsifican sin resultado.
efe p 9 | 99 a No hay uno que se re-
1 1 1 I I ■■ I sista á la eficacia podé¬
is fa I I III II rosa, jamás desmentida,
II n 1 lll U del Bálsamo Anti-
| |>|b lll reumático de Orive.
Se detalla la compos'ción á los médicos que de¬
seen conocerla. — En todas las farmacias. Por ma¬
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166 — n.° xi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mabzo 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica general, porD. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca.— Poetas desequilibrados,
por D. Manuel Ossorio y Bemard.— Sobre la primera representa¬
ción de El Padre Juanita, drama en tres actos de D. Angel Guime-
rá, por D. Juan Valora, de la lleal Academia Española.— Voltaire,
perfumista, por D. Alejandro Lirrubiera.— El verdadero poeta,
poesía, por D. Luis de Ansorena. — Por ambos mundos. Narracio¬
nes cosmopolita por D. Ricardo Becerro de Bengoa — Los teatros,
por A.— Sueltos. — Libros presentados á esta Redaceión por autores
ó editores, por C.— Anuncios.
GRABADOS.— Bellas Artes: La Anunciación , cuadro de Murillo.— Pro¬
pósito de la enmienda, dibujo de Alcázar. — Entre do* fuegos, cuadro
de Percy Moran.— Retrato del diputado conde Ferruccio Macóla.
—Barcelona: Desembarco de soldados heridos y enfermos proce¬
dentes de Filipinas, verificado el 17 del corriente. — Inauguración
de la tómbola org inizada á favor de los damnificados en las últi¬
mas inundaciones. — Torpederos en viaje para la Isla de Cuba.—
Jefe y comandantes de la escuadrilla de cazatorpederos y torpede¬
ros destinada á la Isla de Cuba.— Cazatorpedero dispuesto para
atacar.— Escuadrilla de Icazatorpederos y torpederos destinada á
la Isla de Cuba: Orden de marcha de la escuadrilla, con el transat¬
lántico Ciudad de Cádiz.— Retrato de la Srta. Mana Luisa Guerra,
eminente concertista. — Retrato de D. Celedonio Prado y Villar,
maestro de instrucción primaria.— Retrato de D. Felice Cavallotti,
orador y literato italiano. — Zaragoza: Vista parcial del principal
Balón del café de «Ambos Mundos». — Puerto Rico : Recalzo del
cuartel de Ballajá , proyectado por el teniente coronel de Inge¬
nieros D. Rafael Aguirre, y ejecutado bajo la dirección del coman¬
dante del mismo cuerpo , D. Rafael Rávena. Patio interior del
cuartel. Apeo del piso de la galería principaL Grietas de los muros
resentidos.
CRÓNICA GENERAL.
?N qué quedamos?
— Pues en que todo sigue lo mismo,
ñ J en que los norteamericanos conti-
y mían fortificando sub puertos y com-
prando buques de guerra con las in¬
tenciones más pacíficas.
— ¿Y el informe acerca de la voladura
del Maine?
— Siguen reservándosele.
— ¿Sabe usted que ya sospecho si tienen
dos 6 tres informes diferentes para aprovecharlos
según sus conveniencias?
— No lo aseguraré; pero, dada su política, todo
está en lo posible.
— ¿Cree usted que nos declararán la guerra?
— Unos días sí y otros no. Desde luego está vis¬
to que tratan de animar á los de la manigua para
que no les falte el pretexto consabido de la dura¬
ción de la guerra y los perjuicios que irroga á los
ñor teamericanos.
— Pero ¿se explica usted que toda una nación
sea cómplice de tan descarada farsa?
— No lo comprendo: ó es allí la verdad artículo
de contrabando, ó están expuestos los farsantes á
una convulsión social que concluya con ellos: se
concibe un pueblo dominado por una tribu de mal¬
vados, pero no la unanimidad de la desvergüenza.
— También los pueblos tienen ambiciones na¬
cionales que acallan los escrúpulos.
— No lo niego; pero entonces se declaran fran¬
camente , porque el disimulo no es propio de la
muchedumbre. Y á propósito de ésta: di cese que ha
c mtado himnos patrióticos: ¿cuáles? ¿El del Norte
ó el del Sur? Porque sería curioso que esas dos es¬
cuadras que organizan concluyesen por ser ene¬
migas. Las armas tienen ese inconveniente: se
sabe lo que cuestan, no contra quiénes se emplea¬
rán; puede darse el caso de que alguno de los que
han votado esos créditos contribuya á la compra
de la bala que ha de llevarle la cabeza.
— Como el Brasil, que les ha vendido sus buques,
puede haberles proporcionado elementos para el
futuro bloqueo de sus puertos. La marejada del
Norte no se detiene en Cuba: avanza, avanza, y
¡ay de las naciones de América que no se preparen
para contenerla, y no les pongan obstáculos á
tiempo, y no se libren primero de su influencia
mercantil, primer paso de su intervención polí¬
tica! La falsa América, alimentada de sangre eu¬
ropea, todo lo invadirá. Ya lo han dicho, aplau¬
diendo en un teatro la unión de las banderas
inglesa y norteamericana: «El mundo para las
dos.» Claro es que sólo se trata de una idealidad,
que es impetrar de Inglaterra apoyo, ó una neu¬
tralidad simpática: besar la mano del leopardo en
vez de pisarle la cola; pero fíjense en que ya no
invocan lo de Monroe, sino su raza.
— Invocan alternativamente lo que les conviene.
Ayer insultaban á Inglaterra, hoy le besan la
mano; mañana se la morderán: los ingleses saben
á qué atenerse. En cuanto á España, paga culpas
pasadas; la ayuda que dió á esa nación para fun¬
darse. ¿Pero quién sabe? Cuba podría ser su casti¬
go. A veces lo que parece una mina se convierte
en un cementerio como lo de Bélmez.
— Debió ser terrible la explosión de gases que
mató tantos mineros. ¿Sabe usted que, á pesar de
las precauciones que se deben guardar, ya pica en
historia la repetición de esas catástrofes?
— En España, por fortuna, no son tan frecuentes.
—Pero esta ha sido espantosa.
— La empresa paga los entierros.
— ¡Pues no faltaba más que no lo hiciera!
— Socorrerá á las familias de las víctimas.
— Y cumplirá con un deber rudimentario. Hay
que legislar en esto de las industrias peligrosas.
No es justo que el accionista, que expone sólo su
dinero, no tenga en estas catástrofes sino pérdidas
insignificantes, y la familia del obrero que pierde
su vida, y no tiene parte en las ganancias, exponga
todo su capital.
— ¿Es usted socialista?
— Soy cristiano. El jornal es el simple pago del
trabajo; pero me parece inmoral que en un estrago
producido por las condiciones de la industria, pa¬
gue el obrero ese accidente y no padezca nada el
capital.
— ¿Pues qué consideraría usted justo?
— Pagar á las viudas y los huérfanos el jornal
del obrero muerto por los años que, según las ta¬
blas de mortalidad, se supone que hubiera podido
vivir.
— Eso sería la ruina de una empresa.
— ¿Y por qué hemos de preferir la ruina de los
infelices? Además, sólo exigiría á las compañías
que asegurasen la vida para indemnizar á las víc¬
timas en casos de esa índole.
— De eso á la revolución social hay un paso.
— Creo lo contrario: las revoluciones se conju¬
ran por medio de la equidad. No hay manera de sal¬
var el combatido capital sino moralizándole. Por
lo mismo que constituye un poder, hay que tem¬
plarle; por lo mismo que es útil, conviene evitar
que se haga odioso. Pero esto no se puede explanar
en una crónica. El socialismo me parece absurdo;
pero como el individualismo lo es también, para
robustecer esta sociedad vacilante hay que aumen¬
tar con leyes justas el número de los interesados
en sostenerla, y disminuir el de los desesperados.
Cuando los vínculos morales se aflojan, hay que
fortalecer los materiales.
Yo. — Me limito á transcribir lo que he escucha¬
do. El lector elegirá . probablemente quedarse
con sus ideas anteriores.
•
• *
El Ayuntamiento de Barcelona prepara para
el 1." de Mayo ferias y concursos agrícolas en que
se exhiban los productos de ganadería, de volate¬
ría, aves de corral y de lujo, palomas y toda clase
de perros, gatos, y cuanto concierne á la apicul¬
tura, sericicultura y las industrias campestres en su
mayor extensión. Para ello organiza una Exposi¬
ción en que se instalen las muestras, ferias en que
se vendan ganados y productos, y concursos y pre¬
mios para las diversas labores agrícolas; todo lo
cual se detalla en los programas. Trátase de que
los labradores puedan dar á conocer sus respecti¬
vas industrias, tanto para ensanchar su mercado,
como para mejorar aquéllas con la comparación
de otros sistemas de cultivo, explotación rural y
cría de animales, de labor ó destinados al consumo,
con ejemplos prácticos y conferencias. Como cree¬
mos útil para toda la España agrícola ese gran
concurso y ese gran contacto de labradores, nos
complace cooperar con nuestro anuncio á la publi¬
cidad de esta feria colosal y exposición de nuevo
género. Los que gusten saber más pormenores se
dirigirán al secretario general D. Martín Lorenzo
Coria, Palacio-Parque, en Barcelona, y director de
la Revista titulada Feria- Concurso Agrícola .
•
• •
La Tercera ración de artículos del Dr. Thebus-
sem no desmerece de las anteriores, y con eso
queda hecho su elogio. Aunque corresponde el tí¬
tulo del libro á los otros, todos son independien¬
tes, como los artículos ó estudios no tienen entre
sí más relación que los ideales y el ingenio del
autor, su castiza prosa, y su crítica, razonada y
siempre culta: no es el Dr. Thebussem un satírico,
sino un carácter festivo que se burla de toda ridi¬
culez, razonando sus ataques y probando lo que
sostiene. A pesar de ser su nombre anagrama de
embuste, rinde siempre culto á la verdad, como
caballero que es, y en sus reparos y disentimien¬
tos advierte y enseña, sin ofender ni molestar,
como quien, guiado por recta intención, sólo atien¬
de á mejorar, no á miserables pasioncillas de es¬
píritu ruin y atrabiliario; que tipos de este género
no faltan en las letras, porque también las letras
crían chinches. No es posible sintetizar lo que
contiene el volumen: ya discurre acerca de los
apellidos castellanos; ya nos da amenas noticias
gastronómicas, heráldicas, bibliográficas y filatéli¬
cas; ya resuelve consultas de todo género, porque
al Dr. Thebussem acuden en sus dudas, como á
una agencia de curiosidades, cuantos necesitan
informes de antiguallas no tratadas en los libros
y relativas á nuestros usos populares, cuestiones
gramaticales, precios de las cosas en tiempos re¬
motos, y otras mil diabluras, que resuelve con
textos de su archivo singular. Ello es que, saltando
de asunto en asunto y llevados por la claridad de
su estilo, sus cuentecillos oportunos, y la variedad
y amenidad de aquella recopilación de artículos
sustanciosos, casi siempre humorísticos, se con¬
cluye de leer el abultado tomo sin un momento de
cansancio. Como que nos conduce un maestro des¬
de la primera á la última página del libro.
Que D. Ricardo Gil era un poeta original y de
hondos sentimientos, ya todos lo sabíamos. Pero
¿habría acertado en su nuevo tomo de poesías La
caja de música? La unanimidad de los elogios nos
lo hizo dudar hasta que leimos el libro, j Son tan
sospechosas esas explosiones de alabanzas que,
como obedeciendo á una consigna, parecen obede¬
cer á una batuta directora!..... Pero esta vez, á
nuestro juicio, han sido justas: diremos más. La
caja de música es uno de esos libros que sólo se
dan á luz de tarde en tarde: es un hermoso ramo
de flores olorosas que recrean la vista y embalsa¬
man el alma: siendo todas sus páginas delicadas y
poéticas, no hay monotonía, sino riqueza y varie¬
dad: por cualquiera parte que se abra el libro., se
encuentra algo bello; y tiene otra cualidad: sus
versos conmueven al hombre más duro, y pueden
ser leídos por las niñas.
*
• •
— ¡Cuánto pajarraco jingo ha caído sobre la Ha¬
bana! Senadores, corresponsales..—
— ¡Qué pocos habrían de quedar si se disparase
un cañón!
— Sólo con el fogonazo
Vuela toda la bandada.
— No hace falta un cañonazo:
Basta una perdigonada.
— ¿Cree usted que nos declararán la guerra esos
yankees?
— Tienen cincuenta millones de duros dispo¬
nibles.
— Tenían.....
— ¿Cómo? ¿Ya los habrán gastado?
— Con unos cuantos cañones
Las cuentas se saldarán:
En buenas manos están
Esos cincuenta millones.
— ¿Conque un industrial yankee puso una perca-
lina que imitaba á la bandera española para que
el público la pisara?
Si ese caso no es patraña,
Pondría el hombre un pañuelo:
Que la bandera de España
Nunca ha estado por el suelo.
— Dicen los yankees que los indios han pedido
pelear contra nosotros.
— ¡Qué prisa tienen de acudir á la función! No
esperan á que se abra el despacho. Esas son casta¬
ñas de Indias.
— ¿Y serán de los que arrancan la cabellera al
enemigo?
—¡Qué miedo ! Esto va de veras:
Ya veo en la Casa Blanca
Todas nuestras cabelleras.
— A mí nadie me la arranca
Mientras yo tenga tijeras.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
La Anunciación, cuadro de Murillo. — Propósito de la enmienda, dibujo
de Alcázar. — Entre dos fuegos, cuadro de Percy Moran.
En nuestra primera página reproducimos el
hermoso cuadro de Murillo que se conserva en
nuestro Museo del Prado, y que representa el su¬
blime momento en que el arcángel Gabriel saluda
en su morada á la purísima doncella de Nazareth,
y la anuncia en nombre del Señor el cumpli¬
miento del divino misterio de la Encamación del
Hijo de Dios.
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22 Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xi — 167
Aparece la poética figura de la Virgen María
arrodillada ante un reclinatorio, en el cual se ve
nn libro abierto. El Arcángel, con la rodilla en
tierra, expone á la elegida su embajada señalando
al Espíritu Santo, que está en lo alto en forma de
paloma, rodeado de ángeles y serafines.
El cuadro, que pertenece al segundo estilo del
inmortal Murillo, en el cual su manera de pintar
aparece más franca, con más vivo sentimiento del
natural, más calor en sus tintas y más transpa¬
rencia en las sombras, revela al pintor idealista
cristiano que con tanto acierto interpretó siempre
la poética imagen de la Madre de Dios.
La figura de la Virgen, llena de sencillez, un¬
ción y humildad, expresa perfectamente la im¬
presión de su alma al pronunciar aquellas subli¬
mes frases: HÉ aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.
El dibujo de Alcázar que en la página 172 re¬
producimos representa una de las artísticas igle¬
sias de la monumental Salamanca, y las dos figu¬
ras tan delicadamente dibujadas expresan muy
bien el pensamiento de la composición. Acompa¬
sada de su madre, la gentil salmantina se acerca
al confesonario, santiguándose humildemente. Si
el rostro es el espejo del alma, no han de ser gra¬
ves las culpas de que la muchacha tiene que acu¬
sarse; pero á su edad y con su cara, no habrán de
faltarle pegadillos que justifiquen su sincero pro¬
pósito de la enmienda.
El asunto del grabado de la página 173 no es
tranquilo como el anterior, sino muy al contrario.
El cuadro de Percy Moran nos presenta uno de los
momentos más críticos para una hermosa, ase¬
diada á la vez por dos adoradores. Entre dos fue¬
gos se encuentra la protagonista, y quizás sufre
en tan difícil momento V embarras du clioix ..... á
menos que no prefiera á los dos, ó se quede sin
ninguno..... ¡que se dan casos!
• •
BARCELONA.
Desembarco de soldados heridos y en Termos procedentes de Filipi¬
nas.— Inaucruración de la tómbola organizada ¿ favor de los damni¬
ficados por las últimas inundaciones.
A las seis y media de la mañana del día 17 del
corriente fondeó en el puerto de Barcelona, pro¬
cedente de Manila, el transatlántico P. de Satrüs-
teguiy que, una vez amarrado en el muelle de la
Capitanía, recibió la visita de la Sanidad maríti¬
ma, comenzando luego el desembarco del pasaje,
en el cual figuraban ochenta y tantos soldados en¬
fermos, que con las debidas precauciones fueron
trasladados en vaporcitos-golondrinas al muelle
de la Paz.
En Atarazanas se sirvieron á los infelices pas¬
tas, caldo y vino.
De ellos 25 fueron conducidos al Hospital mili¬
tar, 23 al Sanatorio oficial y 22 al de la Cruz Roja.
Los demás fueron conducidos al Depósito de U l-
tramar, desde donde se han dirigido á sus casas.
La mayoría de los jefes y oficiales que regresa¬
ron de Filipinas en el P. de Satrústegui visitaron
al Sr. Conde de Caspe, quien recibió además la
visita del general Castilla, que regresa del archi¬
piélago algo delicado dp salud.
Además de los muchos jefes y oficiales, funcio¬
narios civiles y particulares que llegaron en el P. de
Satrústeguiy desembarcaron 54 sargentos y 477 ca¬
bos y soldados.
Véase el primer grabado de la página 108.
El domingo 13 del corriente se efectuó en Bar¬
celona la inauguración de la tómbola organizada
¡V beneficio de los perjudicados por las últimas
inundaciones.
Nuestro segundo grabado de la página 168 re¬
presenta el gran salón central del Palacio de Be¬
llas Artes, en donde se hallaban instalados, for¬
mando artística pirámide, los 3.500 objetos de la
tómbola y casi todos de verdadero valor ó mérito
artístico.
Muy desapacible era la tarde; pero, á pesar de
esto, acudió al Palacio de Bellas Artes numerosa y
distinguida concurrencia; que nada pueden las in¬
clemencias del tiempo contra la animosa virtud de
la caridad, á cuyos estímulos respondieron las au¬
toridades eclesiásticas, civiles y militares, y las
bellas y elegantes damas que en la ciudad condal
dan brillantez y animación á toda solemnidad, y
no podían faltar al más grato de los deberes que
tienen las almas nobles: el de socorrer al desva¬
lido.
#
FELICE CAVALLOTTI,
orador y literato italiano.
Publicamos en el primer grabado de la pági¬
na 176 el retrato del poeta, periodista y orador
italiano Felice Cavallotti, muerto el 6 del actual
en Roma en un duelo. Nació en Milán el 6 de No¬
viembre de 1842, y desde su infancia reveláronse
sus ideales y sus energías, pues á los doce años es¬
cribía poesías contra los austríacos, y á los dieci¬
siete publicaba su libro Germania é ltaliay y partía
á Sicilia á combatir en la guerra. Dedicado después
al periodismo, los procesos y los duelos empeza¬
ron para él, hasta tal punto que un biógrafo de Ca¬
vallotti dice con exactitud: a Su vida en estos años
puede epilogarse así : poesías, prosa, procesos y
duelos.»
En su vida política figuró como radical exaltado,
y su primera entrada en el Parlamento italiano
fue una tempestad con motivo del juramento. En
la Cámara y en la prensa apenas ha cesado desde
entonces de hacer una enérgica oposición.
Obtuvo triunfos como autor dramático, y gozaba
de gran reputación como poeta. Hará diez años
que le conocimos en Madrid, cuando una expedi¬
ción de periodistas italianos vino á visitarnos, y
entonces pudimos apreciar sus altas dotes de ora¬
dor y su carácter expansivo y entusiasta.
Cuando la terrible epidemia colérica de 1884,
partió á Nápoies con la expedición de voluntarios
por él organizada, y aun se recuerdan y se enalte¬
cen las pruebas de nobilísima abnegación y cari¬
dad que dió Cavallotti.
De una discusión en la prensa, sostenida con el
diputado Conde Macóla, vino á originarse su 33.°
duelo, que le fue tan funesto. Desde el primer asalto
atacaba Cavallotti briosamente y Macóla estaba á
la defensiva, suspendiéndose el combate por creer¬
se que el primero estaba herido; pero no resultó
así, y continuó el duelo. En el segundo asalto una
estocada tocó la camisa de Cavallotti sin llegar á
la piel, y en el tercero, tras brevísimos golpes, se
ordenó un nuevo alto .
— ¿Qué pasa? — preguntó entonces, sin darse
cuenta de que estaba herido; pero en el acto un
chorro de sangre salió de su boca, y no pudo ar¬
ticular más palabras.
La punta de la espada de Macóla le había en¬
trado por la boca y roto la carótida. A los diez mi¬
nutos escasos Cavallotti había muerto.
Acompaña á estas líneas el retrato del diputado
conde Ferruccio Macóla, que nació en Campo San
Piero (Padua) el 17 de Mayo de 1861. Estudió la
carrera de Marina; pero bien pronto se dedicó al
periodismo, y fue director de II Secolo XIX , de
Genova. Estuvo en el Brasil y en los Estados Uni¬
dos estudiando la emigración, y su libro Europa
Conde Ferruccio Macóla.
olla conquista delV America latina fue muy cele¬
brado.
Estuvo en áfrica como corresponsal.
Se ha batido quince veces en duelo, y en el pe¬
núltimo fue herido en la cara de alguna gravedad.
Con motivo de la muerte de Felice Cavallotti, se
agita la opinión contra el duelo. ¡No hay mal que
por bien no venga! ¿Cuándo seguirán las naciones
civilizadas el ejemplo de Inglaterra, donde un
duelo se juzga por todo el mundo un anacronismo
tan bárbaro como el llamado juicio de Dios de la
Edad Media?
O *
ESCUADRILLA DE CAZATORPEDEROS Y TORPEDEROS
destinada & la Isla de Cubo.
En la página 169 publicamos tres grabados re¬
ferentes al viaje á la Isla de Cuba de la escuadri¬
lla de cazatorpederos y torpederos. Representa el
primero uno de estos barcos dispuesto para la
marcha, y el último un cazatorpedero en disposi¬
ción de ataque. El centro de dicha página lo ocupa
un grupo del jefe y comandantes de la escuadri¬
lla. La manda el ilustre marino D. Fernando Vi-
llaamil, á quien otras veces hemos dedicado muy
justos elogios y á quien se debió la adquisición
del Destructor y uno de los tipos más notables de
barcos de la armada española, y la fragata Nauti -
lus% escuela de guardias marinas, que hizo el no¬
table viaje de 40.000 millas alrededor del mundo.
El teniente de navio de primera clase D. Fran¬
cisco de la Rocba manda el cazatorpedero Terror ,
de 406 toneladas, con su equipo de guerra y 72
tripulantes para el mar; los de igual empleo, don
Pedro Vázquez y D. Diego Carlier, mandan, res¬
pectivamente, los cazatorpederos Plutóny de. 450
toneladas, y Furor , de 406, con el mismo equipo
y tripulación que el anterior.
Los torpederos los mandan los tenientes de na¬
vio siguientes: D. Claudio Alvargonzález el Ázor%
D. Manuel Somoza el Arietey D. Antonio Rizo el
Rayo y todos ellos de 120 toneladas, su equipo de
guerra y 26 tripulantes para el mar.
En la página 170 representa nuestro primer
grabado el orden de marcha en que van los cita¬
dos barcos. Este orden es el de cuña: va delante
el transatlántico Ciudad de Cádiz ; siguen el Arie-
tey el Azor y el Terror (parte superior del dibujo),
y el Rayo y el Pintón y el Furor (parte inferior).
•
• «
SRTA. MARÍA LUISA GUERRA,
eminente concertista.
Figura el retrato de la notabilísima pianista
Luisa Guerra en el segundo grabado de la pá¬
gina 170, muy pocos días después de su brillan¬
tísimo concierto en el Ateneo de Madrid. En aque¬
lla casa donde tantos y tan notables artistas se
han hecho aplaudir justamente, produce Luisa
Guerra verdadero fanatismo. Apenas puede con¬
tener la gente el amplio salón, y agólpanse á sus
puertas las muchísimas personas que acuden á es¬
cuchar á esa pianista incomparable. Porque no es
solamente su dominio del mecanismo, ni la ex¬
presión, ni la elegancia de su ejecución lo que en¬
tusiasma, sino aquella su manera personalísima
de sentir la música y de interpretarla, por tal
modo sugestiva, que produce en los que la ven y
la escuchan verdadera fascinación. Su presenta¬
ción en el Ateneo de Madrid es para todos un
acontecimiento, y, según el insustituible Teodoro ,
va siempre precedido de una revolución .
•
• •
D. CELEDONIO PRADO Y VILLAR,
maestro de instrucción primaria.
El retrato que en la página 175 publicamos no
es de victorioso caudillo, político ilustre, célebre
artista ni prócer opulento, sino de un modestísimo
maestro de escuela.
Don Celedonio Prado y Villar nació en Estollo
(provincia de Logroño) en 30 de Agosto de 1828,
y habiendo venido á Madrid muy joven y sin re¬
cursos para emprender una costosa carrera, eligió
la modesta de maestro, que siguió con lucimiento,
obteniendo el título de Normal superior y elemen¬
tal. Fundó un colegio en una humilde casa de la
plaza de San Ildefonso, y en él se ha consagrado á
la penosa tarea de la enseñanza durante cuarenta
y tantos años. Allí donde comenzó allí sigue, lo
que era entonces es ahora , viendo tranquilo y sa¬
tisfecho á los niños que enseñó á leer ocupar en
España altas posiciones en las distintas profesio¬
nes á que se dedicaron.
Sus discípulos tuvieron hace poco una feliz idea,
que realizaron brillantemente el 3 del actual: ofre¬
cer un banquete á su antiguo maestro, al que con¬
currieron los que en tantos años recibieron en sus
aulas la base de su instrucción.
Tuvimos el gusto de ser invitados á tan simpá¬
tica fiesta, á la que asistieron catedráticos, mili¬
tares, periodistas, diputados, médicos, actores,
comerciantes, literatos, industriales..... todos dis¬
cípulos del Sr. Prado.
Terminado el banquete, en el que no faltaron
cariñosas adhesiones de los ausentes y entusiásti-
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168 — n.° xi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mamo 1898
míí&Sñi
BARCELONA. — DESEMBARCO DESOLDADOS HERIDOS Y ENFERMOS. PROCEDENTES DE FILIPINAS, VERIFICADO EL 17 DEL CORRIENTE.
(De fotografía de Juan Furnells.)
BARCELONA. — PALACIO DE BELLAS ARTES. — INAUGURACIÓN DE LA «TOMBOLA» ORGANIZADA Á FAVOR DE L03 DAMNIFICADOS
POR LAS ÚLTIMAS INUNDACIONES.
(Dfl*uo de Fas»».) Digitized by Google
69
TORPEDEROS EN VIAJE PARA LA ISLA DE CUBA.
(Dibujo de Caula.)
D. Francisco Arderius,
D. Claudio Alvargonzález, D. Manuel Somoza, ayudante secretario D. Antonio Rizo,
comandante del torpedero Azor. comandante del torpedero Arlete. del Jefe de la escuadrilla. comandante del torpedero Rayo.
D. Francisco de la Rocha, D. Fernando Villaamil,
comandante del cazatorpedero Terror, jefe de la escuadrilla.
D. Pedro Vázquez,
comandante del cazatorpedero Plulón,
D. Diego Carlier,
comandante del cazatorpedero Furor.
JEFE Y COMANDANTES DE LA ESCUADRILLA DE CAZATORPEDEROS Y TORPEDEROS DESTINADA Á LA ISLA DE CUBA,
(De fotografía d9 Reymundo y C.*)
CAZATORPEDERO DISPUESTO PARA ATACAR
(Dibujo do Caula.)
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170 — n.° xi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Marzo 1898
eos brindis de los comensales, se trasladaron dis¬
cípulos y maestro á la- escuela donde s sintieron
chicos, y dieron á la fiesta digno remate con la
alegre expansión de la más cariñosa intimidad.
Mientras el viejo maestro lloraba como un niño
ante las demostraciones de afecto de que era ob¬
jeto, examinamos aquella escuela, que, según los
longitudinal, en cuatro espaciosas naves, en las
que hay colocadas 250 mesas y veladores para el
servicio del público.
Dan luz y ventilación al gran salón rasgados
ventanales, que corresponden, en cada una de sus
líneas longitudinales, á la galería de pórticos y al
jardín del mismo café, alumbrándose por la no¬
ciones de habitabilidad, cuanto por su posición,
pues está situado en el punto más alto de la capi¬
tal. Tiene capacidad para un batallón de nove¬
cientas plazas con toda la oficialidad , que disfruta
de cómodos pabellones.
Las fachadas interiores correspondientes al
patio central son un modelo de arquitectura mili-
ESCUADRILLA DE CAZATORPEDEROS Y TORPEDEROS DESTINADA Á LA ISLA DE CUBA.
ORDEN DE MARCHA DE LA ESCUADRILLA CON EL TRANSATLÁNTICO ((CIUDAD DE CÁDIZ».
(Dibujo de Caula.)
testigos presenciales, está como estaba hace cua¬
renta años, y en cuyos muros figuran, entre los
cuadros de enseñanza , dos grabados del Dos de
Mayo de 1808 y un retrato de S. M. la reina doña
Isabel II, que revelan la constancia de Prado lo
mismo en la enseñanza que en sus entusiasmos y
en sus respetos.
Bueno es que esta constancia del maestro, que
no ha tenido en su vida otro cargo oficial que
el de vocal de unas oposiciones, se conozca
en España y América, y bueno también que
el noble Ministro de Fomento, apasionado
defensor de toda honrada causa, no lo ig¬
nore.
ZARAGOZA.
Vista parcial del principal salón del cafó de
«Ambos Mundos)».
En la calle de la Independencia, de Za¬
ragoza, que es un bellísimo salón-paseo que
agrada en extremo á cuantos visitan la ca¬
pital aragonesa, y entre los modernos y
suntuosos edificios que la embellecen, se en¬
cuentra el que se conoce con el nombre de
« Ambos Mundos», propiedad del Banco de
Crédito de Zaragoza. Este edificio se com¬
pone de dos grandes casas, pabellones y jar¬
dín, que forman una sola manzana, con una
prolongada y espaciosa galería pública, de
dieciocho pórticos de fachada al salón-pa¬
seo, además de las dos laterales que le dan
acceso.
Cuando se levantó este edificio, se cons¬
truyó de planta el renombrado cafó que
también lleva el título de «Ambos Mundos»,
cuyo salón principal es objeto de admiración
general por su extraordinaria capacidad, y
muy perfecta y bien proporcionada disposi¬
ción.
Luego que el Banco local adquirió tan im¬
portante predio, trató de dejar asegurada,
en bien de Zaragoza, la próspera subsisten¬
cia de un establecimiento que le hace honor;
y no pudiendo el Banco atender debidamen¬
te á su administración, por estar constante¬
mente requerida su atención por asuntos de
índole muy diferente, creó y fundó bajo sus
auspicios, y con importante participación en
la empresa, una Sociedad por acciones que
tuviese por exclusivo objeto la explotación
del café, fin que la Sociedad ha desenvuelto de
modo tan satisfactorio, que mucho antes de ter¬
minar el primer período social ha podido devolver
á sus accionistas la mitad del capital desembol¬
sado, quedándole elementos y recursos bastantes
para verificar con desahogo los fines para que fué
constituida.
El salón principal del café tiene una área su¬
perficial de 756 metros cuadrados, formando un
paralelogramo regular de 36 metros de longitud
por 21 de latitud, y una elevación uniforme de 7
metros; 27 columnas dividen el salón, en sentido
che con 152 mecheros que prestan mayor luci¬
miento á la riqueza de su decorado.
Además del reseñado salón principal, reprodu¬
cido en nuestro segundo grabado de la página 176,
cuenta este cafó con tres gabinetes adyacentes, un
salón de actos, ceremonias y fiestas, y otro de bi¬
llares, con las correspondientes y adecuadas de¬
pendencias para el servicio interior del estableci¬
Srta. MARÍA LUISA GUERRA,
EMINENTE CONCERTISTA.
(De fotografía.)
miento, entre las que merece notarse las bodegas,
que por las extraordinarias condiciones de ampli¬
tud, buenas luces y ventilación llaman la atención
de cuantos tienen ocasión de visitarlas.
#
* •
PUERTO RICO.
Recalzo del cuartel de Baila já.
El cuartel de Ballajá, construido en 1855, es uno
de los mejores alojamientos de tropa con que
cuenta la isla de Puerto Rico, tanto por sus condi-
POETAS DESEQUILIBRADOS <*>.
II.
Habiendo entrado en mi propósito dar ca¬
bida en este ligero estudio á un poeta épico,
la elección del mismo no me fué nada fácil, tanto
porque el género que cultivan semejantes desequi¬
librados requiere estudios que no todos han conse¬
guido hacer, como porque involuntariamente se
encaminaba mi pensamiento á dos entidades, res¬
petabilísima la una por sus años, su dignidad y
hasta por los cargos que desempeña en la repúbli¬
ca de las letras; merecedora la otra de análogos
respetos por la ejemplar laboriosidad de que ha
dado muestras, trasladando á verso castellano no
(1) Véase el número anterior.
tar, por lo bien combinadas que se encuentran la
resistencia con la ligereza. De estas fachadas, está
representada la del Este en el primer grabado de
la página 177, tomado, como los siguientes, de
fotografías del distinguido aficionado D. Ramón
García.
Los temblores de tierra del año 1867, que tantos
estragos causaron en la isla, resintieron los ci¬
mientos de toda la parte Oeste, y, como con¬
secuencia, los muros que sobre ellos descan¬
saban, abriéndose grandes grietas, cuyo mo¬
vimiento ha seguido desde aquella época
hasta la fecha, en que, vista la imposibilidad
de detenerlo, decidióse atacar el mal de raíz
construyendo nuevos cimientos sin destruir
los muros existentes, yendo á buscar el te¬
rreno firme, constituido por un banco de pie¬
dra, antigua cantera explotada.
Fue estudiado y redactado el proyecto de
recalzo de los muros por el ilustrado teniente
coronel de Ingenieros D. Rafael Aguirre, so¬
bre la base de sostener aquéllos en arcos de
ladrillo y pilas de hormigón hidráulico asen¬
tadas en el banco de piedra. Se encomendó
la ejecución de los trabajos al comandante
del mismo Cuerpo D. Rafael Rávena, y ac¬
tualmente se hallan cimentados en firme
dos de los tres muros que hay que recalzar.
El segundo grabado de la página citada se
refiere al apeo del piso de la galería princi¬
pal, y en el tercero de la misma página, así
como en el de la 180, se ven las muchas grie¬
tas existentes en la parte resentida.
Otra obra análoga fué ejecutada en el edi¬
ficio de los Consejos de esta corte por el mis¬
mo Cuerpo de Ingenieros, con éxito tan feliz
como el que hasta ahora se ha obtenido en
la del cuartel de Ballajá, y ambas obras con¬
firman el reconocido mérito del Cuerpo de
Ingenieros militares, y, en particular, de los
encargados especialmente de su estudio y
realización.
Carlos Luis de Cuenca.
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22 Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N .• XI — 171
sólo los poemas extranjeros más notables, sino
poniendo mano en el Pentateuco y haciendo de él,
no yp una, sino dos traducciones poéticas diferen¬
tes. Con semejantes eliminaciones, fáciles de com-
{irender , reclama desde luego, por derecho propio,
a preferencia en estos párrafos el antiguo notario
de Avilés D. José Alonso Buján, fallecido en 22 de
Febrero de 1888, de sólida y bien ganada reputa¬
ción profesional, y que contribuyó al brillo de las
letras patrias con el poema Píramo y Tisbe, y el
Altercado entre Ayax y Ulises sobre las armas de
Aquiles , traducido y puesto en verso del latín, del
libro de las Metamorfosis de Ovidio, en ciento
veintiuna octavas, de las cuales copiaré como
muestra las tres salteadas que siguen:
T los jefes que de jueces hacían,
de sus asientos se posesionaron,
cuando ya los soldados circuían
el rallado de estaca que formaron;
y, cuando apenas sentádose habían
ya en la ralla al fuerte Ayax observaron
mirar la playa sigueya y armada
con faz adusta, de ira impacientada.
Soy á la madre de Efigenia enriado
también, que no pudo ser persuadida
á la exhortación , por lo que apelado
hé á la astucia que salió fallida;
puesto que conseguí haberla engañado:
comisión que si de Ayax emprendida
fuerA, del viento á la escuadra propicio
de cierto al presente no habría indicio.
Antes de la sangre del desdichado
niño lacedemón, de Apolo herido
mortalmente de un modo inopinado,
letras comunes al niño querido
de Apolo, y á este varón enojado
escritas en medio sus hojas sido
han: la una de este niño el nombre indica,
la otra del varón la queja predica.
Conocido, por la leve muestra que antecede, el
carácter de la producción literaria de Alonso Bu¬
ján, no es de extrañar que la prensa se apoderase
del Altercado para hacer resaltar sus gallardías y
bellezas, y que se proyectasen para el autor toda
clase de ovaciones, y se le consagraran juicios
como el de un autor anónimo de la capital astu¬
riana, que decía:
«.—.No tenemos inconveniente en asegurar que
P tramo y el Altercado son las mismas obras lite¬
rarias que tienen la originalidad de parecerse á
un inmenso depósito de medidas: en el Altercado
hay versos de á cuarta, no escaseando los de á
metro, y abundan los de vara de Burgos : algunos
hay (los menos) que tienen justamente el kilóme¬
tro. Un chico muy aprovechado de este seminario,
y conocedor de toda clase de medidas, ha hecho
un cálculo muy curioso al leer los primeros versos
del Altercado: midió la distancia que separa á esa
bonita villa de Leganés, y demostró que con los
tres primeros versos de la segunda octava se anda
el camino y aun sobran treinta y dos sílabas. Pero
estos cálculos, hechos por mera curiosidad, en
nada aminoran el mérito de la última producción
del Sr. Buján.....:»
Alonso Buján salió á la defensa de su trabajo,
originándose con tal motivo numerosas polémicas,
de las que un admirador le recomendaba se apar¬
tase, en una oda que tengo á la vista, y de la cual
copiaré los siguientes versos, en los que hábil¬
mente se imitaba al notario-poeta:
Sigue el camino que las musas
trazádote en tu destino te han,
y desprecia las confusas
querellosas voces que te dan
los que traducir no pueden,
y que jamás podrán,
al sublime Ovidio latino
Nason, que yace en la mansión de los que han
sido.. Vive tranquilo en tu conciencia,
que la ingrata posteridad
reconocerá tu original estilo
y que la modesta cristiandad
no podrá echar en el olvido
• la ciencia naciente de espiritualidad
que tú profesas, y que te indujo
á tener espiritual conformidad
en los momentos en que el influjo
de críticos sarcásticos criticado te han
sólo por la asquerosa envidia
que tienen á J. Alonso Bqján.
Y básta de poetas épicos, ya que respetables
consideraciones me han obligado á guardar silen¬
cio respecto á otros que pudieran con buen dere¬
cho disputar al notario asturiano la primacía en
este trabajo conmemorativo.
III.
No sin ciertas vacilaciones previas, me he deci¬
dido por el lírico González Estrada en este estu¬
dio. Tanto es el número de los desequilibrados
por el amor á la poesía, entre los cuales, acaso,
acaso, reclamaría número muy preferente, amén
de algunos centenares que omito, El Indiano de
Bendejo (1).
Sin embargo, la personalidad de González Es¬
trada es mucho más saliente, porque el cordonero
madrileño fué un verdadero revolucionario y un
jefe de escuela cuya doctrina fundamental, infini¬
tas veces repetida por él, consistía en que: «todo
lo que no sea escribir en acróstico, es verso común
que sólo se escribe para personas vulgares» , y en
asegurar que..... «los presuntos poetas del día han
degollado la poesía».
González Estrada hacía imprimir sus versos en
hojas sueltas, aprovechando á la vez las cenefas,
marmosetes y servicio de fundición que existían
en las imprentas; no formaba pliegos, y mucho
menos volúmenes, y acaso no existiría hoy una
colección de aquellas admirables muestras de no
haber sido reunidas, ignoro por quién, bajo una
portada manuscrita que dice : POESÍAS de D. José
González Estrada con motivo de la guerra de Ma-
rruecos . Madrid , 1860. (Biblioteca Nacional.)
Yo no discutiré si lo de Poesías está bien apli¬
cado ó no; pero habré de decir, rindiendo culto á
la verdad, que lo de la guerra de Marruecos no es
completamente exacto, pues nada tienen que ver
con ella la mayoría de las composiciones que en-
* cierra el volumen, dedicadas á un elefante, á es¬
cenas de la vida ordinaria, á recuerdos patrióticos
y progresistas, tauromáquicos y musicales, y aun
asuntos de carácter pornográfico y naturalista,
aunque éstos son pocos. También son muchas las
polémicas literarias — de algún modo han de lla¬
marse, — para muestra de las cuales copio el final
de la dedicada «á los presuntos literatos del día
capsulistas del arca inagotable de nuestros respe¬
tables autores» :
oopleros y los más romancistas
obras para reumáticos dolores
galiciosos y de mal género
O duros mulos incongruentes
píricos simulados pestilentes
>n8Í0808 de glorias y dinero
cabéis lo que digo papelones
2o escribís ningún acróstico
Olvidáis el mérito lógico
n&8i todos sois ramplones
Eabilones; lo más elegante
Ws el escribir con gran novedad
coaber imitar la grandiosidad
Mérito y lira de Cervantes
>pologistas de vosotros mismos
ruz oscura de confabulados
>plaudidos de comisionados
satanás os llevo á los abismos.
Véase también el siguiente fragmento de la
«contestación á un vate muy preciado, escritor
rutinario, autor dramático, ramplón como son casi
todos los del día, y retocador de brocha gorda»:
>migo pinta tus orejas de burro
Sira deja en paz á tus parientes
O es tal vez objeto futuro
Retratista de brochas pestilentes
W de verte con el tiempo te juro
Cftalir á Zaragoza con los dementes.
De las composiciones consagradas al ejército,
baste reproducir la que sigue:
El ejército de España
usares y coraceros
cazadores y artilleros
repartid bien la metralla.
Unión valientes españoles
entusiastas aguerridos
mueran los caires enemigos
y triunfen nuestros pendones.
González Estrada fué entusiasta de la Real fa¬
milia española; tan entusiasta, que en una de sus
prodigiosas combinaciones llega á decir que Aris¬
tóteles, Job, Escalígero, Cervantes, los Argenso-
las y otras eminencias de todos los tiempos y to¬
das las naciones «elogiaron á Carlos IV, rey de
España y emperador de las Indias».
A la reina Isabel consagró numerosas poesías,
leyéndose en una de ellas:
Ilustre sobera. . . \
superior fi... f
útil y heroí. . . »na
ilustrada con fortu...i
joven bailan. . . )
La composición que sigue imita en su forma á
la viscera que su título indica:
(1) Don Manuel Pérez de la Vega, conocido por El Indiano
de Bendejo, había colocado en su casa la siguiente inscripción:
Don Manuel Pérez de la Vega
de las cuatro partes del mundo llega
diciendo á todos desde Bendejo su lugar
que las anduvo por tierra y por mar.
Jesús, José y María, .
dirá al leer esto alguna tía. 1
Esto sí que es buena poesía,
tan buena como la luz del dial
EL CORAZÓN.
De la más alta nobleza
es Isabel nuestra soberana
real título de grandeza;
de la ilustre España
es primera cabeza
nadie lo extraña
con gran lindeza
es buena maña
reina de
fine
za
Al Príncipe de Asturias en 1859, después Al¬
fonso XII, le consagró la siguiente composición:
>ngelical Príncipe de Asturias
faurel majestuoso de grandeza
floreciente bástago de fineza
Obsequio prodigioso de hermosura,
2ació para monarca de las Españas
Soberano providencial luminoso
Objeto y lustre y muy gracioso
Oibertido feliz con buenas mañas
Obediencia todos debemos prestar
Oomo ángel de ventura obstentar
fste será el rey de las azañas.
Y creándose dificultades sobre dificultades, le
dedicó un soneto, que él tituló pentacrústico impe¬
rial, y de cuya factura, ya que omito la letra por
su escaso interés, da claro testimonio el cuadro
que sigue:
Pero á González Estrada no bastaban los éxitos
logrados por sus poesías, á causa del número siem¬
pre corto de los lectores. Aspiró á mucho más:
quiso que la poesía laberíntico-pentacróstica tu¬
viese representación propia en la prensa, y á este
fin creó en 1864 El Pistón , periódico que llegó á
tener fabulosas tiradas, pero que hoy no se en¬
cuentra en ninguna de nuestras bibliotecas pú¬
blicas. Es seguro que muchos buenos aficionados
conservarán como oro en paño la edición; pero
indudable también que antes de dejársela arrancar
preferirán que les arranquen la vida. En dicho
periódico, que se publicaba sin día fijo y sin fecha
en algunos de sus números, veíase la siguiente
cabeza:
EX. pistón.
PERIÓDICO DE CHISTES Y RISAS,
LITERATURA DE CHARADAS, CUENTOS, BURLAS,
EMBUSTES DE BUEN GÉNERO, OVILLEJOS, ENIGMAS,
EPIGRAMAS Y SÁTIRAS.
Y junto al título pistonudo los siguientes la¬
dillos:
Lira y aprieto
de sonsonete,
con clarinete,
en desconcierto.
La poesía
de El Pistón
y acordeón
con armonía.
En el texto abundaban, respondiendo á la indi¬
cación del título, ovillejos al natural é invertidos,
cruces, copas, pentacrósticos cruzados, diagona¬
les, triples, de caracolillo, ojivales y parabólicos.
Se combatía siempre á Ferrer del Río, y algunas
veces á Hartzenbusch; se echaba por los suelos á
los catedráticos de retórica vigentes; se saludaba al
autor del Quijote , llamándole ilustre poeta conso¬
nante .
Su influjo fué tan portentoso, que no hubo afi¬
nado que no se contagiase con el género. En ter¬
tulias y cafés, en academias y teatros, las perso¬
nas de buen humor trataban de emular las glorias
de Estrada , y se contaron por arrobas las compo¬
siciones que se le remitieron. El animaba á unos,
desengañaba á otros, repetía una v cien veces que
no tenía espacio para complacer a todos, y que la
tipografía no se prestaba á reproducir composi¬
ciones en forma de jarrones pompeyanos ó de
bailarinas andaluzas. ¡Quién sabe si muchas ver¬
daderas celebridades de hoy no tendrán que acu¬
sarse de haber fomentado en 1864 la pacífica é
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BELLAS ARTES.
PROPÓSITO DE LA ENMIENDA,
DIBUJO DE ALCÁZAR.
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BELLAS ARTES.
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ENTRE DOS FUEGOS
174 — n.* xi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Marzo 1898
inofensiva monomanía del cordonero! El perió¬
dico murió á los veinticuatro números, si mis in¬
formes no mienten, y Estrada, pocos años después,
consecuente en sus literarias aficiones, llevaba á
todas las empresas teatrales una comedia titulada
El Charivari , que no llegó á representarse, y en
la cual, al describir la escena, decía: Una mesa en
'primer término con tapete verde , y alrededor varias
personas decentes . Acaso , de no haber sido las em¬
presas refractarias al género, hubiéramos tenido
en Madrid un éxito no menos ruidoso que el al¬
canzado por Pascual y Torres en Málaga con su
obra ¡A la mar!
De todas maneras, la celebridad de José Gon¬
zález Estrada excedió á la de sus congéneres y á
la que disfrutó en los comienzos del siglo el som¬
brerero Abrial, y se explica perfectamente: Abrial
fué el poeta del absolutismo, y Estrada, á pesar de
su fervor dinástico, lo fué de la libertad. Al morir
en Febrero de 1883, decía el autor de estos párra¬
fos en un artículo necrológico:
«Pero, si Estrada ha muerto, discípulos deja en
el mundo de las letras que prosigan y perpetúen
la escuela. Cierto que no harán pentacrósticos de
cruz de Malta, ni parábolas métricas, ni combina¬
ciones extravagantes en la forma; pero, en cambio,
las harán en los pensamientos, y sabido es que en
tan peligrosa gimnasia intelectual sólo consiguen
hacerse bien unas cuantas planchas. En aquél se
creía advertir una perturbación mental; en éstos,
que se reputan cuerdos, la locura toma caracteres
más alarmantes para el buen gusto, que paga en
último término los atropellos de la poesía penta-
cróstica y de la prosa retorcida y pretenciosa de
algunos escritores modernos.»
M. Ossorio Y Bernard.
SOBRE LA PRIMERA REPRESENTACION
DB
«EL PADRE JUANICO,
DRAMA EN TRES ACTOS DE D. ÁNGEL GUIMERÁ.
1 110 *rascen^ese nunca á la vida polí-
tica de la nación española, y si nunca
produjese el
unión entre 1<
española, y i
menor conato de des-
. . _ _ los hombres que la cons-
tituyen, para mí sería considerado
„ ^ como un bien y no como un mal, y como
) muestra de exuberancia y rica variedad
de nuestro ingenio, el que poseyéramos dos
ó tres lenguas literarias, con sus literaturas
respectivas, y no una sola lengua y una lite¬
ratura sola. Para mí, pues, desechando el temor
que indico y que á veces me asalta, no es de la¬
mentar, sino es muy de celebrar, que la lengua
catalana haya vuelto á florecer espléndidamente
en nuestro siglo, y haya dado frutos tan abundan¬
tes y sazonados en la poesía lírica y épica, y en
las novelas y dramas de Mosén Jacinto Yerdaguer,
de Víctor Balaguer, de Narciso Oller, de Angel
Guimerá y de muchos otros autores.
Toda obra de mérito escrita recientemente en
lengua catalana ha sido ó puede ser traducida en
castellano. Así la conoceremos bien todos los es¬
pañoles y gustaremos de ella; pero ya siga la obra
sólo en catalán, ya se traduzca en el lenguaje de
Castilla, siempre formará parte de la literatura
española, y podrá contarse como gloria nacional
de España mientras no se rompa el lazo que nos
une y la nación persista sin desbaratarse y morir,
lo que no permita jamás el cielo. Unidos catala¬
nes, aragoneses y castellanos hemos incurrido en
no pocas faltas, hemos padecido multitud de infor¬
tunios, y tal vez á causa del rápido aumento en
cultura, fuerza productiva , inventos y recursos de
otros pueblos, hemos quedado á la zaga de algunos
de ellos, resultando del atraso cierta relativa y
y lastimosa decadencia. Pero también nuestro
predominio en el mundo, nuestra hegemonía en
Europa y las cosas más altas que España ha he¬
cho, las ha hecho cuando ya todos los españo¬
les estábamos unidos. De aquí infiero yo que si
hubiera alguna causa para que una porción de
los españoles culpase á la otra de los males que
hoy padecemos, la misma causa podría haber para
que una porción se atribuyese todas las glorias,
todas las hazañas , todas las conquistas y todo el
mérito. Lo razonable, por consiguiente, es tener
por seguro que , así en la habilidad como en la tor¬
peza, en los aciertos como en los errores, en el
desfallecimiento como en los bríos, somos por
igual responsables, y debemos repartirnos tam¬
bién por igual el vituperio y la alabanza.
Prescindiendo de las anteriores consideraciones,
yo he de confesar, aunque castellano, que el es¬
mero con que hoy se cultiva el idioma de Cata¬
luña tiene cierta ventaja <^ue tal vez logre yo ex¬
plicar valiéndome de un símil. Un campo, por fér¬
til que sea y por muy cuidado y cultivado que esté,
puede esterilizarse si á menudo se siembra ó se
planta y se sacan de él muchas cosechas, mientras
que, si se le deja reposar y en barbecho durante
largo período, su fertilidad renace, y cuando se
cultiva de nuevo, aquello que produce tiene más
jugo y sustancia, y tiene además un no sé qué de
primitiva originalidad y pureza de que carece el
producto de lo que continuamente y sin descan¬
sar un momento ha estado beneficiándose. Du¬
rante más de tres siglos apenas han escrito en
catalán los más fervorosos catalanes. En cambio
catalanes y castellanos han escrito en la lengua
de Castilla, y usando esta lengua han incurrido en
maneras viciosas, en prosaísmos, culteranismos,
lirismos falsos, sentimentalismos tontos y extran¬
jerismos de toda laya, de que la lengua catalana
ha acertado á libertarse porque estaba como dor¬
mida. Ha sido esta lengua como la encantada prin¬
cesa de los cuentos fantásticos, que, al despertar
de un sueño de tres ó cuatro siglos, se halla tan
joven, tan lozana y tan pura y limpia de toda con¬
tagiosa y fea convivencia como en el día en que
empezó su sueño secular en apartado retiro.
No afirmo yo que así sea, sino que así debe ser.
El escritor catalán, al hacer que resucite su lengua
escrita ó literaria, la aprende y la toma de dos
fuentes: de los antiguos prosistas y poetas de los
siglos XIII, XIV y XV, y de los candorosos labios
del vulgo. De ambas fuentes deben manar las pa¬
labras y las frases como onda cristalina sin mezcla
de elementos extraños que la enturbien; con el de¬
licado y embriagador aroma de un vino añejo y
generoso conservado por largo tiempo en vaso se¬
llado, á par que con el sabor campesino y con la
sencilla candidez que persisten ó que se supone
que persisten entre los habitadores de las peque¬
ñas aldeas, de las montañas y de otros lugares es¬
quivos. Es evidente, sin embargo, que el poeta que
escribe de esta suerte en lengua catalana se ha
criado y se ha educado en nuestro siglo, leyendo
no poco en castellano, en francés, en inglés y en
otros idiomas, ó impregnando y nutriendo su es¬
píritu con los refinamientos, sutilezas, dudas y
enmarañados conceptos de nuestros días, de todo
lo cual no es fácil que se despoje. Por esto recelo
yo mucho que el escritor catalán de ahora ha de
introducir en lo quer escribe, consciente ó incons¬
cientemente, enorme multitud, si no de palabras,
de frases y de giros que ni emplean ni entienden
sus compatriotas rústicos de nuestra edad, y que
no emplearían ni entenderían tampoco los anti¬
guos escritores clásicos catalanes si resucitaran.
En suma, yo sospecho, no experimentalmente,
sino por deducción, que en la actual literatura ca¬
talana ha de haber no poco de sobrepuesto, que
sería ininteligible para los antiguos escritores, y
que si el vulgo catalán de ahora va entendiendo
ya, es porque insensiblemente modifica y trastor¬
na su lengua creando un catalán nuevo.
En el drama del Sr. Guimerá, que nos sugiere
las anteriores reflexiones, se incurre menos en
esta que apenas me atrevo á calificar de falta: en
este inofensivo y piadoso embuste.
Me refiero al drama titulado El Padre Juanico ,
representado por primera vez en el teatro Espa¬
ñol de Madrid en la noche del 18 de Marzo. Se¬
gún mi leal saber y corto entender, sin el prurito
presuntuoso de impugnar las opiniones de otros
críticos y de hacer que prevalezca la mía, voy á
dar aquí cuenta de dicho drama y á exponer el
juicio que de él he formado, juicio muy en conso¬
nancia, por fortuna, con el del público, que reci¬
bió el drama dándole extraordinarias muestras
de aprobación y repetidos y estrepitosos aplausos,
llamando al autor á la escena y concediéndole to¬
dos los honores de un verdadero triunfo. Los per¬
sonajes de dicho drama son rústicos aldeanos,
más inocentes acaso en su mayoría de lo que, á no
dudarlo, serán en realidad los aldeanos de ahora
en el país de nuestro poeta. Como no filosofan, ni
politiquean, ni discurren sobre quintas esencias y
tiquis miquis, conservan el candor, la sencillez y
la pureza castiza de la lengua, á lo cual contribuye
no poco el estar en prosa el drama, salvándose así
el escollo de la amanerada dicción poética que
hace á menudo que los personajes de un drama se
expresen como jamás se expresó ningún sér hu¬
mano en ninguna de las lenguas naturales cono¬
cidas hasta el día presente.
Aunque conocemos el drama traducido ya al
castellano, la traducción ha de ser, sin duda, muy
fiel y ceñida á la letra, por donde la cándida sen¬
cillez del original se conserva en la traducción en
gran parte. Y este ha sido, á mi ver, uno de los
principales hechizos por cuya virtud el drama
agradó á los espectadores y fue por ellos tan cele¬
brado. Sus interlocutores todos se expresan con
naturalidad, si no inusitada, muy rara en el tea¬
tro, sobre todo cuando no tropieza el autor, por
buscar la naturalidad, en lo sobrado trivial, pro¬
saico y rastrero, ó no cae en lo ruin y en lo cha¬
bacano.
Hemos oído tildar los caracteres y la acción del
drama de muy comunes y manoseados. No negaré
yo que el asunto carece por completo de novedad.
Es asunto que, desde las primeras edades en que
se escribieron cosas poéticas hasta el día de hoy,
ha atraído por manera irresistible la atención de
los poetas y los ha impulsado á tratarle. Su bel¬
dad no puede ser más antigua, pero también es
siempre nueva y siempre renaciente cuando la
busca en dicho asunto un poeta de corazón y de
ingenio. Las circunstancias, pormenores y acci¬
dentes suelen variar, pero lo esencial es idéntico.
Un simple jovenzuelo ó inexperto pastorcillo y
una muchacha inocente, ya sea princesa, dama ó
zagala, se enamoran sin saberlo; é ignorando hasta
el sér y el nombre del amor, el amor brota, apa¬
rece y se revela de súbito en sus almas puras.
Nada más bello ni más simpático para el público,
en todas las épocas y pueblos, que esta aparición
y revelación del amor en las almas que ni le co¬
nocen ni le evocan, pero que por lo mismo son
más dignas de recibirle. Para penetrar en ellas,
creando mil benéficos y divinos prodigios, el amor
baja del cielo en la antigua fábula de Esopo. La
hija del rey Lomapad y el mancebo criado en el
yermo y que no había visto nunca mujeres, cuenta
el poema indio que se enamoran y se besan; y
al punto pierde su poder la maldición brahmáni-
ca; los dioses todos del cielo de Indra se vuelven
propicios; cae abundante lluvia sobre los sedien¬
tos campos de Angra, desolados por la sequía, y
todo aquel reino se transforma en floreciente pa¬
raíso. Los amores idílicos de este género reapa¬
recen en todas las literaturas, y el tema no se
agota, y produce á menudo lindísimas composicio¬
nes, desde el Oaristis de Teócrito hasta la Sed de
agua de Somoza; desde Dafnis y Cloe hasta Ju¬
lieta y Romeo y Pablo y Virginia. Apenas tenía
Mozart doce años cuando, animado por el Empe¬
rador de Austria, y tomando por asunto uno de
estos inocentes amores, compuso su primera ope¬
reta, donde con vernal y pasmosa germinación
aparecieron ya las más tempranas flores de sus
suaves ó inspiradas melodías. La historia de doña
Clara y del adolescente D. Luis, que la siguió,
prendadísimo de ella, disfrazándose de mozo de
muías, apenas ocupa una página del Quijote , y sin
embargo D. Luis y D.a Clara viven vida inmortal
y simpática en el espíritu de cuantos saben leer,
sentir y comprender el precioso libro de Miguel
de Cervantes.
Valga lo expuesto para prueba de que en tal
asunto la falta de novedad no es falta, sobre todo
cuando Guimerá no imita sino coincide con los
los muchos poetas que anteriormente le han to¬
cado. El idilio amoroso de la puhilla Rosó y del
boyero Toni es obra de la inspiración del poeta, y
está tomado directamente de la realidad, aunque
purificada y abrillantada por dicha inspiración
con ideales destellos. Rosó y Toni no proceden ni
son copia de Dafnis y Cloe ó de Pablo y Virginia;
pero se les parecen como buenos y dignos herma¬
nos, diferenciándose de ellos por la diversidad de
las circunstancias y del medio ambiente. El inte¬
rés que sus amores nos inspiran es ya grandísimo
al terminar la magistral exposición del primer
acto ; pero el interés no llega á su colmo y va cre¬
ciendo en el acto segundo, y con virtiendo sin
violencia el idilio en tragedia. A mi ver, esta
conversión requiere, para que no sea brusca y
disonante, una lentitud amena, un desenvolvi¬
miento pausado, que no ha de confundirse con la
languidez que halló alguien en el segundo acto del
drama. En el tercero la acción se precipita, y no
puede menos de precipitarse, porque el interés
ha llegado á su colmo. Rosó y Toni se aman ya
cuanto es posible amar, y saben que se aman.
Jorge está decidido á abusar de su autoridad y le
la pasiva obediencia de Rosó para obligarla á qie
acepte á Lloren só por marido. Al boyero Toni se
le van á llevar como prófugo para que sea soldac o.
Menester es un poder superior y benéfico que des¬
haga las intrigas y maquinaciones de Llorensd y
de Jorge, salve á los amantes y haga que triunfe
el amor de ellos . La nobilísima figura del Padre
Juanico es el Deus ex machina del poema. A coeta
de su vida salva él á los dos enamorados, y herido
de muerte, los casa y santifica sus amores.
Hay quien hila muy delgado, y censura que el
Padre Juanico muera por casualidad. Llorensó d e¬
para una pistola para matar á Toni, y la bala hiere
y mata al Padre Juanico, que aparece en aqcel
momento.
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22 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# xi — 175
Se nos presenta aquí una cuestión que no me
atrevo yo a dilucidar y resolver de un modo defi¬
nitivo y terminante, defendiendo ai Sr. Guimerá
y condenando á los que le censuran. Diré, no obs¬
tante, lo que en defensa del Sr. Guimerá acude á
mi pensamiento; pero lo diré con mucha modes¬
tia, y valga por lo que valga.
Es lo cierto que lo casual, lo contingente ó lo
fortuito se da solo para la mente humana, y sólo
se aplica á cosas que no prevemos ni pronostica¬
mos, aunque nada tengan de casuales. Lo probable
es que todo cuanto sucede esté ya determinado y
prescrito fatal ó providencialmente; que el sino,
el destino, las leyes de la Naturaleza ó Dios mis¬
mo lo tengan de antemano irresistiblemente dis¬
puesto. En este sentido, casi no hay drama ni
cuento donde lo mal llamado casual no éntre por
mucho, ya porque en el suceso real que el poeta
imita ha entrado por mucho, ya porque
el poeta, que hace el papel de Providen¬
cia en el mundo artístico que ha creado,
dispone las cosas como mejor conviene á
sus fines. Nada más casual que la muerte
del Marqués de Calatrava. La pistola de
D. Alvaro le mata sin que D. Alvaro ten¬
ga semejante propósito. Y de esta casua¬
lidad, con todo, resulta el drama: dos
homicidios en duelo, un fratricidio y un
suicidio. Casual es también , en el Orestes
de Alfieri, que, al interponerse Clitem-
nestra entre Egisto y su hijo, Orestes ma¬
te á su madre; pero la ley de los hados
debía cumplirse así, y de aquella tremen¬
da casualidad proviene la persecución de
las Furias que atormentan y acosan al pa¬
rricida, y su ulterior purificación y abso¬
lución en el templo de Minerva. Otelo no
hubiera ahogado á Desdémona si la evi¬
dente prueba que le dieron de que era
fiel se la hubieran dado pocos minutos
antes. Nada más casual ni más imprevisto
tampoco que el accidente que impidió á
fray Juan entregar á Romeo la carta en
que fray Lorenzo le decía que Julieta ha¬
bía tomado un narcótico y que no estaba
muerta, sino dormida. Romeo, sin estar
prevenido, acude al cementerio, se mata
con veneno por creer muerta á su ama¬
da, y cuando Julieta vuelve en sí se mata
ella también; de suerte que, á no ser por
una desdichada casualidad, Romeo y Ju¬
lieta se hubieran ido vivos y contentos
desde Yerona á Mantua y hubieran sido
muy dichosos.
Deduzco yo de los ejemplos citados,
ejemplos que pudiera multiplicar si no te¬
miese aburrir á los lectores, que lo ca¬
sual, lo imprevisto ó como quiera llamar¬
se, entra como factor en los casos de la
vida real, y no puede menos de entrar
también como factor en el mundo y la
vida de las ficciones poéticas, que de la
vida real deben ser adecuado trasunto.
El poeta no lo deja ver á las claras. Ehto
queda semivelado en misterio y envuelto
en indecisa penumbra. Y vagamente nace
en el ánimo del lector ó del espectador el
que se le presentaban y lie vando á cabo su empresa.
Si Llorensó fué ó no después castigado por su
crimen, esto, aunque importe, no es fácil que
quepa y se decida dadas las condiciones del dra¬
ma. Baste con que el Padre Juanico evangélica¬
mente le perdone. En una novela tal vez podría
atarse este cabo suelto probando que Llorensó, en
riña con Toni, disparó la pistola y mató al cura
por acaso. En virtud de estos hechos verdaderos y
bien probados, cada cual puede calcular ó dictar
él mismo la sentencia.
La que nosotros dictamos acerca del drama es
casi tan favorable como la dictada por el público
en la noche del estreno. Mucho contribuyeron á
que así fuera, acrecentando el valer de la obra del
Sr. Guimerá, el esmero con que fué puesta en es¬
cena y el talento con que desempeñaron sus pape¬
les} todos los actores, y principalmente Donato
D. CELEDONIO PRADO Y VILLAR,
MAESTRO DE INSTRUCCIÓN PRIMARIA*
dulcificado la voz, hasta el punto de que, cuan¬
do hablaba, parecía como si en un rincón de la
tienda sonara un violín tocado pianísimo. Amén
de esta particularidad, era el perfumista un tanto
giboso, achaque natural en quien se pasa el día
haciendo reverencias: una perpetua sonrisa ilumi¬
naba el rostro membrilloso del tendero.
Nadie que le viera detrás del mostrador ponde¬
rando á su clientela el último elixir, el aceite más
de moda ó el agua milagrosa para teñir el pelo,
tendría á D. Remigio por hombre escéptico y bur¬
lón; antes al contrario, creeríale el más inofen¬
sivo, dulce y pazguato de los horteras. Y, no obs¬
tante, D. Remigio Cabezales era un gran escéptico
— así como suena, — un filósofo que seguía mal, y
sin entender de ello gran cosa, la escuela volte¬
riana.
Y tenía al Gran Francisco — así denominaba
cariñosamente á Yol taire — como autori¬
dad indiscutible , y , viniese ó no á cuen¬
to, sacábale á relucir en todos los casos.
«A propósito de esto, dijo el autor del
Edipo . » Y soltaba alguna frase, dicha
en un francés macarrónico.
La culpa de esta idolatría la tuvo un
corredor de esencias, parisiense, que,
pillándole en el flaco á D. Remigio acerca
de su afán en creerse invulnerable á
todo género de sentimentalismos, le ha¬
bló de Voltaire con tales exageraciones
ditirámbicas, que el comerciante cayó
como tórtola en el lazo y leyó con avidez
las obras del ídolo; y aunque para leerlas
tuvo que acudir muchas veces á un dic¬
cionario francés- español, porque no en¬
tendía gran parte de las frases, quedóse
al fin sin comprenderlas, por ser su cere¬
bro sólo nomenclador de productos quí¬
micos aplicados al arte del embelleci¬
miento personal.
Con la lectura de aquellas obras descu¬
brió el buen señor nuevos horizontes; cre¬
yóse completamente transformado en lo
esencial de su espíritu ; se tuvo por varón
fuerte, y dió en la flor de reirse de todo:
interiormente, por supuesto; que una cosa
es ser filósofo, y otra el estar detrás de
un mostrador á ojos vistas del público.
Si alguna cliente joven daba á enten¬
der á D. Remigio que iba á contraer ma¬
trimonio, aunque con los labios felicitara
con entusiasmo á la interesada, allá den¬
tro de su espíritu se reía mefistofélica-
mente, y murmuraba: «Un par de infeli¬
ces más, atados para siempre en un mismo
banco en la cárcel del destino.»
Y quedábase tan fresco.
Leía en los periódicos que un cualquiera
había realizado un acto heroico, y glosaba
la noticia para el nudo de su corbata: «El
egoísmo de conquistar algo ha sido el mó¬
vil heroico de ese Micromegas.»
Si la noticia lo era de suicidio, murmu¬
raba: «Dichoso él que precipita el viaje al
mundo de la luz.»
Y si de duelo: «Hé ahí dos tontos que
van á dar la razón á un pedazo de acero.»
sentimiento de que lo imprevisto ha sido
providencial y de que ha sido así porque
no podía ser de otra manera.
Por más vueltas que demos al argu¬
mento del drama del Sr. Guimerá, no hallaremos
para él mejor desenlace que el desenlace que el
Sr. Quimera le ha dado.
La aparición de la Virgen del Rosario, traída
en procesión devota por las muchachas del pueblo,
impide, como por milagro, que el bondadoso Toni,
ciego ya de ira, aunque casi en justa defensa, co¬
meta un homicidio. Llorensó, que es el personaje
más odioso del drama, es quien estéticamente
debe cometerle y quien le comete. El rencor,
la mala vergüenza de verse vencido y postra¬
do» y también los celos, son móviles sobrado po¬
derosos para impulsarle al crimen y hacerle
disparar la pistola contra su venturoso rival. Cla¬
ro está que la bala bien dirigida hubiera debido
herir á Toni y no al Padre Juanico; pero al
herir al Padre Juanico no es realmente la casua¬
lidad quien dirige la bala, sino el certero tino
dramático, que se sustituye aquí á la Providencia
y dispone los sucesos para que tengan, hasta cier¬
to punto, un término patético á par que dichoso.
El sacerdote salva y redime con su inocente san¬
gre á los inocentes enamorados; da la vida por in¬
maculado amor y por caridad desinteresada hacia
la hija de la que amó en su juventud con amor
terrenal, aunque honrado y legítimo, y expira glo¬
riosamente como héroe vencedor y como mártir,
casando á Toni y á Rosó, saliendo airoso del em¬
peño en que se puso, allanando las dificultades
(De fotografía de M. Huerta.)
Jiménez, Fernando Díaz de Mendoza y María
Guerrero, la cual cada día da mayores pruebas de
aptitud y de amor á su arte. María Guerrero ca¬
racterizó muy hábilmente la condición, tono y
modales de la sencilla y joven aldeana cándida¬
mente enamorada; y hasta en el traje, que realzaba
su graciosa y linda figura, acertó á lucir el cuidado,
el buen gusto y el estudio que á todo consagra.
Juan Valera.
VOLTAIRE, PERFUMISTA.
I.
Don Remigio Cabezales, dueño de una de las más
acreditadas perfumerías de la corte, era alto como
un espárrago de procesión, huesudo, de rostro gra¬
nujiento, y tan estirado que ni recién salido de una
prensa; los bigotes, entrecanos, eran como dos in¬
terrogaciones caídas sobre el labio superior. Cual¬
quiera al verlos y admirar la reluciente calva de su
dueño, haríase esta ó parecida pregunta: «¿Qué
confianza le inspira á este hombre su famosísimo
Tónico capilar Cabezales , que así se ofrece tan
huérfano de cabello . ?» A D. Remigio, el trato
con gente principal durante treinta años habíale
Y así por el estilo hacía frases que te¬
nía por derivadas de aquellas otras del
Gran Francisco , y dábase por el hombre
de más meollo y el más feliz de la tierra.
Decía que la fortuna está muchas veces en la
cáña de una escoba. Y no mentía, que él de mo¬
zalbete agarróse á tal arma en la lucha por la
existencia, comenzada en las lobregueces de an
angostísimo herbolario de la calle del Ave María.
Y allí estuvo, hasta que á fuerza de ahorros y pri¬
vaciones pudo tomar en traspaso una herboriste¬
ría de mala muerte. Despachando cuartos (en
aquel entonces eran desconocidos los céntimos)
de flor de malva, crémor, ipecacuana, liquen, sal
de higuera, trajinando en toda clase de hierbas
medicinales, y ahogándose con el polvo odorífero
que se escapaba de los botes al destaparlos, «hizo
unos ochavos», y metióse á perfumista, descubrien¬
do un nuevo tónico capilar, que, gracias á los
anuncios de cuarta plana, mejor que á la bondad
del invento, completó su fortuna.
Don Remigio vivió siempre solo: su tempera¬
mento, sus gustos y hábitos hacíanle ver la bella
mitad del género humano como cosa secundaria
que no merecía la pena de tomarse el trabajo de
estudiarla, ni menos aún conquistarla.
Con el trasiego de jabones, pinturas, polvos,
aceites, vinagrillos, pomadas, aguas milagrosas,
perfumes, esencias y tutti quanti (y es mucho)
inventado para disimular, corregir ó acrecentar
los dones naturales, creyóse D. Remigio en el
punto estratégico para sostenerse victorioso, á la
vista de las «debilidades femeniles», contra las
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176 — N.° xi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mabzo 1893
escaramuzas que el hijo de Venus
pudiera darle.
De todo el fárrago mitológico,
Mercurio era el único dios que Ca¬
bezales conocía.
II.
Voltaire, perfumista, sintió á los
cincuenta años que se apoderaba de
él una enfermedad que no le pro¬
ducía daño físico, pero que, sin mo¬
tivo alguno, poníale tristón.
Epto le alarmó sobremanera.
¡Él, el hombre que se reía de
todo, que tenía al planeta como una
bolita de billar cubierta su superfi¬
cie de bichos parlantes, que algún
día había de hacer la gran caram¬
bola al chocar con algún planeta
errabundo en el incomparable ta¬
pete del espacio, sumirse en me¬
lancolías como damisela enamora¬
diza ó galancete aburrido! No sería
esto verdad..... Buscó en los libros
de su maestro — por tai le tenía —
algo que pintara el caso suyo; y des¬
pués de leer hojas y más hojas, le
entró cansancio y dejóse arrastrar
por el espíritu aquel que le hacía
pasarse las horas muertas contem¬
plando los vividos destellos que la
luz arrancaba á los frascos y botes
de la perfumería, en suspenso la
imaginación, hasta que la presencia
de un parroquiano obligábale á ha¬
cer alto en tamaña « tontería espi¬
ritual».
Al despachar el pedido, hablaba
como por máquina, mucho y de
prisa: buscaba un remedio en la
conversación.
Por las noches entrábale extraño
desasosiego, que le obligaba á pasár¬
selas en vela, revolviéndose en el
lecho como si estuviera acostado
entre sal. Con ojos lánguidos con¬
templaba el tembloreo del encen¬
dido pábilo. Su luz batía ácompasa-
FELICE CAVALLOTTI,
ORADOR Y LITERATO ITALIANO.
Nació'en Milán (Italia) el 0 de Noviembre de 1842; t en Roma el 6 del corriente.
(De fotografía.
da allá en la pared. A largos inter¬
valos oía dar las horas en un reloj
de torre cercano, y contaba las cam¬
panadas. Una . dos..... tres..... cua¬
tro . Apagaba la luz, y cerraba los
ojos; pero todo inútil. Permanecía
despierto, escuchando atento los
menores ruidos, el crujir de una
madera reseca, los aldabonazos en
la calle, el maullar de un gato, el
continuo rumor que poblaba el dor¬
mitorio, rumor semejante al que se
nota aplicando al oído un caracol
de mar.
En tan interminables ocios, en¬
treteníase en repasar in mente las
páginas de su historia: no había en
ella nada interesante, nada conmo¬
vedor; era una serie continuada de
operaciones aritméticas, de cálcu¬
los positivos; un montón de nom¬
bres de productos y proveedores;
una agenda de herboristería y per¬
fumería. Ni un rayo de luz, ni una
nota alegre, ni un recuerdo de
amor, ni unos ojos de mujer, ni
una palabra pasional; su vida era
la de un calendario cuyas efemé¬
rides no fueran otras que las de:
«Gano tanto», «pierdo tanto».
Consultó el caso aquel de sus in¬
somnios y melancolías á un médico,
y el Hipócrates, en són de zumba,
le dijo:
— Señor Cabezales, es ya hora
de que busque usted su media na¬
ranja.
Don Remigio tuvo aún una son¬
risa volteriana que oponer á la re¬
ceta ; pero en lo más recóndito pen¬
só que no iba tan descaminado el
Esculapio.
Y sin saber por qué, comenzó á
pensar seriamente en la medicina
propuesta.
Pero aquello era casi un sacri-
egio.
Era indigno de un hombre como
él doblegarse á las exigencias de
buscar la media naranja.
3
%
ZARAGOZA. — VISTA PARCIAL DEL PRINCIPAL SALÓN DEL CAPÉ DE «AMBOS MUNDOS».
(De fotografía de Constantino J. Gracia.)
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Marzo 1898
TATIO INTERIOR DEL CUARTEL.
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APEO I>BL riso DB I.A GALERÍA PRINCIPAL.
GRIETAS DE LOS MOROS RESENTIDOS.
PUERTO RICO. — RECALZO DEL CUARTEL DE BALLAJÁ, PROYECTADO POR EL TENIENTE CORONEL DE INGENIEROS D. RAFAEL AGÜIRRE,
Y EJECUTADO BAJO LA DIRECCIÓN DEL COMANDANTE DEL MISMO CUERPO, D. RAFAEL RÁVENA.
(De fotografías del distinguido aficionado D. Ramón García.)
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178 — n.° xi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Marzo 1898
III.
Voltaire, perfumista, se casó después de soste¬
ner una lucha horrorosa entre sus principios filo¬
sóficos y su enfermedad espiritual; se casó pronto
y mal: pronto, porque cuando se piensa á los cin¬
cuenta años en el matrimonio, se hace éste á la
carrera; mal, porque su mujer, aunque joven y
guapa, padecía de una dolencia que no cura nin¬
gún esposo cincuentón: la de la coquetería.
Días antes y días después de su boda, D. Remi¬
gio ponderaba las excelencias del matrimonio, y
veía éste desde el prisma de un entusiasta opti¬
mismo.
«El yugo más dulce que han inventado los hom¬
bres es el del matrimonio. Sin él seríamos todos
unos desgraciados.»
Así decía en su afán de hacer frases.
Llegó á tanto su entusiasmo, que en cierta oca¬
sión, apilando en la cocina cuantas obras de Yol-
taire halló á mano, le dijo á su mujer, que sor¬
prendida miraba aquella operación:
— Ya tienes material para encender la lumbre
unos cuantos días.
— Pero, hombre, ¿á qué viene ese auto de fe con
unos libros tan bonitos?
— ¡Son los libros de un hereje! — replicó con
enfado Cabezales.
Si la mujer tiene sólo veinte años y el marido
pasa de los cincuenta, el matrimonio es un peli¬
gro para ambos cónyuges.
Esto lo reconoce ahora por su mal D. Remigio.
— Es vivir constantemente en duelo y en ri¬
dículo consigo mismo..... Los celos se encargan de
vengar la tontería de uno, cometida durante mu¬
chos años per no casarse á tiempo.
Es una frase del ex volteriano perfumista.
Alejandro Larrubiera.
EL VERDADERO POETA.
I.
— Es inútil mi anhelo — repetía
Juan con honda y tenaz melancolía; —
Por desgracia, he nacido
En un instante tan fatal, que en vano
Quiero hallar el acento soberano
Que despierte á este mundo adormecido.
El prodigioso genio del Poeta
En tiempo no lejano
Logró del corazón del sér humano
h% victoria más grata y más completa;
Pues, como voz suprema del destino,
Ya altiva, ya solemne, ya indignada,
Si vió á la humanidad extraviada,
Con firme mano la indicó el camino.
Y humilde esclava del profundo encanto
De aquel poder al que admiraba tanto,
La multitud, con ansia desmedida
De hallar el bien y ennoblecer su vida,
Obediente á la magia del conjuro
Y aspirando á sublimes perfecciones,
Por hacer hueco en que poner lo puro
Arrojaba de sí ruines pasiones.
¿Pero por qué razón la Poesía
Tal triunfo entonces conseguir podía
Sobre el alma feliz de los mortales?
Porque aún en ésta sin cesar latía
El germen de los grandes ideales.
Porque en las horas de mayor tristeza
Levantaba á los cielos la cabeza
Con el valor sublime
Del hombre bueno, en su esperanza fuerte,
Y que va resignado hacia la muerte,
Y á Dios alaba con la voz que gime.
Porque con firme y con seguro paso
Por el camino de la fe marchaba
Sin vacilar un punto ni hacer caso
De las espinas que al andar tocaba.
Por no mirar á la virtud cual fútil
Aspiración, sino cual noble anhelo,
Y por no suponer esfuerzo inútil
El que aparta del mundo y lleva al cielo!
II.
»Mas, hoy, la voz que con pujanza vibra’
Y arroja el rayo que en su seno esconde,
No es de esperar que en la conciencia ahonde,
Ni arranque llanto, ni conmueva fibra.
Se pierde siempre sin saber en dónde .
¡Triste batalla la que á veces libra!
¡Ni un eco solo á su poder responde!
Y, perdiendo el vigor en el vacío,
Es débil soplo lo que ayer fué trueno,
Y es canción funeral que causa frío
Lo que era canto de entusiasmo lleno!
III.
»¿Dónde encontrar la inspiración potente
A la que el mal sin resistir se entrega,
Que excite ¿ multitud indiferente
Y á toda luz del sentimiento ciega?
No hay voz que nos responda en el desierto,
Y el afán más profundo nunca llega
A devolver la vida á lo que ha muerto.
Por eso ante el estúpido marasmo
En que esta edad petrificada yace,
Ve el Poeta infeliz que su entusiasmo
Como á golpe de maza se deshace .
La indiferencia ¿ ru deseo espanta .
La negra duda en su cerebro nace .
El quisiera cantar . ¿Pero qué canta? .
¡ Yo ni mi pluma ni mi frente humillo !»
Terminó con desprecio soberano.
«¡Y enmudezco! ¡Es más noble y más sencillo!»
Y, contestando al vate, un pajarillo
Cantó sobre un pantano .
Luis de Ansorena.
POR AMBOS MUNDOS.
NAUR ACIONES COSMOPOLITAS.
Proclamación de la Reina de Holanda. — Jubileo del emperador
Francisco José. — Un trono que se alquila: el rey Aurtliun de
Arauco.
¿repáranse en Holanda y en Austria-
Hungría á celebrar grandes fiestas en
honor de sus soberanos. La reina Gui¬
llermina de Orange llegará á la ma¬
yor edad que la Constitución holan¬
desa exige para reinar al cumplir en
Agosto próximo dieciocho años, y será
solemnemente coronada en La Haya. Con
tal motivo han empezado ya á animarse las
poblaciones, ideando toda clase de festejos,
que demuestran el gran cariño que el país profesa
a su Reina. No hay establecimiento público, ni
casa de comercio, ni sala de familia donde no se
vea el retrato fotográfico de S. M. Guillermina en
traje holandés. Es la futura soberana una joven
de típico corte flamenco, de rostro y cuerpo muy
redondeados, robusta, con hermosos ojos llenos
de inteligencia y dulzura, y de gracioso aspecto y
enérgica expresión. Muéstrase orgullosa por ser la
última descendiente legítima de la gloriosa casa
de Orange, en cuya historia y tradiciones apren¬
dió desde niña á fundar sus afectos ó sus antipa¬
tías á las demás naciones de Europa. Aborreció la
memoria de Felipe II y del gran Duque de Alba,
y hablándose en cierta ocasión de estos recuerdos
delante de ella, exclamó con la candidez de una
niña: «Mucho me atormentan esas historias, y
conste que el Rey de España no debe esperar que
yo le invite jamás á venir á mi corte.» ¡Cosas de
muchachos!
La característica franqueza de la Reina ha sido
muy celebrada siempre. Encargó su madre al pin¬
tor Josselin de Joung que hiciera su retrato, y
después de dos sesiones de estar parada y fija ante
el artista, dijo en francés: «¡Me aburro horrible¬
mente con este pintor tan pesado!» Su madre la
miró severamente, como reprochando tal queja;
el pintor continuó silencioso dando pinceladas, y
la Princesa, en vez de arrepentirse, dijo, levan¬
tándose: «¡Basta por hoy; yo no puedo resistir
más!» No hay para qué ponderar la extrañeza del
pintor y las excusas que le dio la Reina madre
para disimular tan brusca salida.
«¿Qué os parece de Inglaterra? le preguntó un
día el Príncipe de Gales, cuando Guillermina re¬
gresó de uñ viaje á la Gran Bretaña; ¿qué es lo
que más os ha llamado allí la atención?— Pues os
lo diré, contestó; lo que más me ha complacido es
el ver cuán amables son allí las personas, cuando
yo creí que eran tan ásperas y ordinarias, á juzgar
por los ingleses que había conocido en Holanda.»
Semejante ingenuidad juvenil agrada mucho á la
Soberana de la Gran Bretaña, que siempre ha ce¬
lebrado las ocurrencias de Guillermina y cuya
compañía le complace en extremo.
Un embajador de Holanda contaba á la futura
Reina sus impresiones acerca de las Soberanas ex¬
tranjeras, y de la juventud aristocrática de otras
cortes. «¿Tiene usted hijas? le preguntó Guiller¬
mina.— Sí, Majestad, contestó el embajador.—
Pues preséntemelas usted en palacio, porque á
mí me agrada mucho el hablar en holandés con
las jóvenes. — Señora, exclamó el embajador, mis
hijas no han nacido en Holanda, han vivido siem¬
pre en el Extranjero, y no hablan más que..... —
¡Ah! pues entonces, le interrumpió la Reina, de¬
jémoslas en paz; porque no me complacería el
conversar con jóvenes holandesas en un lenguaje
que no es el de su tierra.»
Fuera de estas corazonadas de los pocos años,
la Reina es lo más afectuosa, sencilla y natural
que puede darse. Al pensar en ella se preguntan
los holandeses: «¿Con quién se casará la Reina?»
Muchas veces se ha anunciado que las convenien¬
cias internacionales y diplomáticas le habían im¬
puesto un novio; pero, dado el carácter de la So¬
berana, se cree en Holanda que nunca accederá á
casarse por razones de Estado, sino que sabrá es¬
coger, con su voluntad enérgica é independiente,
el marido que más le agrade, porque á todo se
prestaría menos á someterse con docilidad á la
opinión de sus ministros.
•
• •
El venerable emperador Francisco José se verá
también muy pronto obsequiado por su pueblo, con
motivo de la celebración de su jubileo quincuage-
simal. El atractivo más notable y espiritual de las
fiestas será el certamen de pintores y escultores,
al que han sido invitados los mejores de Europa
y de América por los artistas más celebrados de
Viena. Como no se trata de una exposición cual¬
quiera, sino de un verdadero alarde del genio, de
una solemne manifestación nacional, claro es que
cuantos artistas tomen parte en ella procurarán
enviar verdaderas obras maestras que, á porfía,
honren á sus autores y á las naciones de donde
proceden. Los franceses han contestado con la ad¬
hesión de maestros laureados tan conocidos como
Beraud, Carolus-Duran, Ohaplain, Puvis de Cha-
vannes, Roybet, Fremiet, Moutenard, Rodin, Hen-
ner, Cazin, Billote, Mme. Lunaire, Moroty Boutet
de Mouvel, cuya lista se amplía diariamente. Tra¬
tándose de maestros tan aplaudidos, claro es que
no hay Jurado de admisión de obras, porque nin¬
guna de ellas desmerecerá del crédito de los artis¬
tas que las envían. El certamen promete ser, pues,
una maravilla, y ya la fototipia y la cromolitogra^
fía preparan sus aparatos con objeto de dar á co¬
nocer en todo el mundo las joyas de arte, que
prestarán incomparable atractivo y esplendor al
jubileo.
También la industria se propone realizar un
gran alarde de su valía en el Imperio, y no hay
para qué decir que poetas y literatos trabajan para
que resulte inolvidable la apoteosis que consagre
el recuerdo del patriarca imperial, tan querido en
Austria, como en Hungría, como en todas las co¬
marcas de la nación poliglota. A las pompas mun¬
danas se unirán las de la legión religiosa católica
que constituye el nervio de aquella raza, y que re¬
pite, á una con su Emperador, aquella conmove¬
dora invocación y profesión de fe y de esperanza
así concebida:
Lieber Golf , mach ’ mich fromm
JJoss ich in den Ilimmel Komm.
«¡Oh Dios amado, hazme piadoso para que pueda entrar en
el cielo!*
o
* *
Hoy, en que casi todo se vende y se compra, po¬
drá cualquiera persona de buen humor y de posi¬
bles darse pisto de soberano, y si la suerte le ayu¬
da, celebrar también su jubileo, si no con cuadros
al óleo, con cuadros vivos, y si no con esculturas de
mármol, con personajes de carne y hueso. De¬
duzco esto del anuncio que ha publicado la Pall
Malí Gazette, y que, á la letra, dice: «El que desee
un trono puede dirigirse á Mr. Le Baulx. — Pata-
gonia.» En efecto, allí hay un trono vacante, con
amplio territorio, súbditos, mucha autonomía y
pocos vecinos incómodos. Un francés, Mr. X..., en¬
contró en sus exploraciones por las tierras de
Araucania extensa comarca olvidada, de la cual
no se cuidaba nadie, y en la que vivían sin rela¬
ciones con el mundo multitud de indígenas no ya
tan fieros como los que describió Ercilla, y* tam¬
bién bastantes mestizos emancipados de toda ley,
constitución y formalidad. El explorador se hizo
cargo de tan feliz hallazgo, predicó sus planes po¬
líticos á estilo de sacamuelas, sin que nadie' le hi¬
ciera caso, y se proclamó rey de aquella tierra,
como se pudo proclamar inspector de orden pú¬
blico, donde nadie sabía lo que era público, ni or¬
den. Ninguno de sus espontáneos súbditos tomó
en serio tal proclamación; pero él en cambio la
consideró como uno do los hechos más gloriosos
de la época moderna. Como el llamarse Pipelet ó
Pompincourt no pega para nombre de rey, se de¬
nominó Antonias Aurelias, y con tan rimbom¬
bante etiqueta imperial romana empezó á diri¬
girse á los principales hombres políticos europeos,
los cuales se devanaron los sesos para averiguar
quién podría ser semejante aerolito patagónico
regio. Poco después de fundar su reino y su dinas¬
tía, á los cincuenta años de edad, vivió algún tiem-
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22 Marzo* 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
tf.d xi — 1Í9
po en grande , é hizo un viaje por Europa repar¬
tiendo títulos y cruces para constituir su corte.
A su regreso á Arauco le esperaban los chilenos,
que le echaron con cajas destempladas del impro¬
visado reino. Convertido por fuerza «en soberano
desterrado», cambió de nombre, y bautizándose
en alemán con el de Herr von Toncius, se refugió
en Marsella, donde ha muerto en la mayor mise¬
ria. Pero no desaparecieron ni su reino ni las cos¬
tumbres cortesanas que enseñó á sus súbditos, los
cuales conservan algo así como las tradiciones de
la corte y practican con cómica formalidad la imi¬
tación del ceremonial europeo. Tal es la novedad
que ha descubierto en aquellos lejanos países el
explorador Mr. L. Baulx, que ha publicado una
curiosa Memoria acerca de los caballeros titulados
y grandes cruces que por allí andan envueltos en
pobres harapos, y acerca de aquella corte pour
vire , y de los progresos agrícolas, que no han pa¬
sado de los^ue conoció Capoulicán. Pero, en fin,
el trono esta vacante, y el nuevo explorador lo
anuncia en alquiler, por si alguno cae en la tenta¬
ción , de ' pagarlo bien y de ocuparlo durante el
breve-tiempo que le dejen en paz las carabinas de
ios tiradores chilenos.
Ricardo Becerro de Bengoa.
no es, ciertamente, de indolentes ó poco activas.
Su afán de presentar novedades y de procurar
complacer al público es bien notorio, y efecto de
ól fué el estreno de la ópera II Gladiatores origi¬
nal del joven compositor Giacomo Orefice, verifi¬
cado la noche del pasado domingo.
No fué, ni mucho menos, un acontecimiento
artístico el referido estreno. II Gladiatore no es
ópera que haya de proporcionar á su autor gran
fama ni mucho provecho. Es una partitura sin re¬
lieve, incolora en absoluto, y no acusa en el señor
Orefice cualidad alguna sobresaliente, pues en ella
no son de notar más que algunas marcadas remi¬
niscencias de otros compositores italianos moder¬
nísimos.
Pero si la música del joven maestro adolece de
falta de inspiración, no puede acusársele de inco¬
rrecta. En la factura de toda la ópera, especialmen¬
te en el intermedio del primero al segundo cuadro
y en las primeras escenas, se echa de ver el gran
conocimiento del arte que su autor posee. A juzgar
por su última producción, este compositor es un
buen mecánico musical, valga la frase, más que
un artista de inspiración. Si ésta le favorece más,
en adelante no dudamos que habrá de hacer obras
de mayor aceptación y más resonancia que II Gla¬
diatores
El público, galante con el autor, que dirigió su
obra, aplaudió varios trozos de la misma ó hizo re¬
petir el intermedio antes citado. Muchos y mere¬
cidos aplausos escuchó también la Srta. De-Mac-
chi, que cantó la obra con pasión, poniendo todas
sus excelentes facultades y su alma de artista al
servicio de su ingrato y difícil papel. Salir airosí¬
sima, como supo salir la Srta. De-Macchi, de tan
comprometido empeño, no es empresa fácil, ni
que esté al alcance de artistas adocenadas. Justí¬
simos fueron, pues, los muchos y calurosos aplau¬
sos que el público la tributó.
Del Sr. Blanchart no hay que decir más que
cantó como siempre : inmejorablemente.
Es un artista de mucha conciencia, excepciona¬
les facultades y gran talento, y no es de extrañar
que para él cada representación sea un nuevo
triunfo. Escuchó muchos aplausos, así como la or¬
questa, que no desmereció en nada de su grande y
justa fama.
PRÍNCIPE ALFONSO.
El día 10 del próximo mes de Abril comenzará
á actuar en este teatro una compañía de ópera, de
la cual forman parte las sopranos Sras. Gabbi, Mi-
cucci, Russo, Benimelli, Bendazzi, Stehele, Rubio
y Trottolini; mezzo-sop ranos, Srtas. Mas y Zawner;
tenores, Sres. Duc, Garbín, Garulli, Sigaldi, Mo-
ratilla y Blanquer; barítonos, Sres. Hernández,
Modesti, Viale y Sales, y los bajos Sres. Rossato,
Verdaguer, Vidal y Cabello. Como director figura
el conocido y eminente maestro Arturo Vigna.
Entre las óperas que han de representarse figu-
4
ran: Aida , con la que se verificará la inauguración
de la temporada; Otelo, La Forza del destino,
L' Africana, Gli Ugonotti , Lohengrin, Tannhaü -
ser, Guglielmo Tell y otras varias del repertorio,
estrenándose además la nueva del maestro Puc-
cini, titulada La Bokeme.
Buenos elementos ha agrupado la inteligente
Empresa que ha de explotar este negocio, y no
sera nada extraño que haga una excelente tempo¬
rada de primavera, tanto más, cuanto que los pre¬
cios señalados á las localidades son harto econó¬
micos para el conjunto de compañía que se ofrece.
El abono es por cuarenta funciones, y termina el
plazo el día primero de Abril próximo.
PRINCESA.
Para el próximo jueves se anuncia el estreno
de la comedia en tres actos titulada Buen cora¬
zón quebranta mala ventura, original de un dis¬
tinguido autor. Con este motivo se terminan las
representaciones de La Corte de Napoleón, y sen¬
sible es que, por tener la compañía que dar fin á
sus tareas artístioas el día 28 del próximo mes,
haya de dejar de poner en escena obra que con
tanto éxito viene representándose. Además de la
comedia que ha de estrenarse pasado mañana, la
dirección artística de este teatro se propone dar
á conooer otras dos obras nuevas antes de termi¬
nar la temporada. Deseamos que ésta termine tan
feliz y fructuosamente como viene siéndolo desde
sus comienzos, pues digna de tal premio es la Em¬
presa por sus constantes esfuerzos.
PARISH.
Proporciones de estreno gordo revistió la re-
prise de La Dolores , verificada la noche del 18 en
el teatro de Parish. Seguramente no escuchó el
maestro Bretón tantos ni tan calurosos aplausos
la noche del estreno de su ópera, como la del pa¬
sado sábado. Llenóse por completo el espacioso
teatro al anuncio de la reprise , y desde el prelu¬
dio hasta que terminó la representación no cesó
el público de aplaudir, demostrando el placer con
que saboreaba las muchas bellezas con que el emi¬
nente compositor supo adornar todos los números
de su obra.
Esta fue en conjunto muy bien representada.
La Srta. Corona, encargada del papel de protago¬
nista, supo renovar los laureles que conquistara
estrenando tan difícil parte, y cantó con gran
maestría y notable sentimiento dramático toda la
obra, y muy especialmente el acto tercero, en el
que se mostró á la altura de su envidiable reputa¬
ción artística.
Valentín González interpretó con grandísimo
acierto el papel de sargento, mereciendo los mu¬
chos y entusiastas aplausos que le tributó el pú¬
blico, pues hizo una verdadera creación. Con
justicia disfruta la fama de ser uno de los mejores
cantantes que tenemos. Muy bien cantó el Sr. Ca-
sañas la parte de Lázaro, así como la Srta. Baile y
el Sr. Querol y el estudioso y simpático Gamero
sus papeles respectivos.
Merecen especialísima mención el Sr. Figuerola,
que cantó magistralmente la popular é inspirada
jota del segundo acto, que tuvo que repetir á ins¬
tancias del público, y la orquesta, que hábilmente
dirigida por el maestro Bretón contribuyó pode¬
rosamente al buen conjunto de la representación.
Al terminar ésta tuvieron que presentarse en es¬
cena muchas veces autor y actores para recibir los
aplausos del público. Bien lo merecieron todos,
puesto que La Dolores es una de las obras que me¬
jor interpretadas han resultado de cuantas se han
puesto en escena.
LARA.
La noche del pasado martes se puso en escena
por primera vez en este teatro la comedia de Mi¬
guel Echegaray, El octavo no mentir .
Se distinguieron en su interpretación la señora
Val verde y Srta. Moreno y los Sres. Larra y San¬
tiago.
La Srta. García Senray los Sres. Soler y Valle
desempeñaron sus papeles discretamente.
Al final de cada uno de los actos los actores se
presentaron en escena muchas veces á recibir los
aplausos del público..
•
• «
Para hoy, en la segunda sección, está anunciado
el estreno de un juguete cómico en prosa, original
de dos distinguidos autores, y titulado La Jaula
del loro .
« «
Para el miércoles próximo, debut de la divettc
portuguesa Mercedes Blasco, que dará á conocer
canciones y fados de su país y couplets franceses
de los más en boga.
MODERNO.
Como base de la compañía que durante las pró¬
ximas Pasoaas comenzará á actuar en este teatro,
figuran las notables tiples Sras. Delgado, Lázaro y
Méndez.
La nueva Empresa abrirá unos abonos especia¬
les por un mes, al precio de cinco pesetas, nove¬
dad hasta ahora desconocida en Madrid. La lista
completa de la compañía se publicará en breve.
A.
JABÓN DE LOS PRÍNCIPES DEL CONGO
el uAm perfumado de los jabones de tocador
LOCIÓN VAISSIER del cabello
3 grande* premio*. 21 medalla* de oro.— Fuera de oeaonrea
4, PLACE DE Xi’OFÉRA, PARIS
De renta en todaa la* buena* perfumería* de España j América.
LOSaTOS
por fuerte y crónica que sea, tomen las
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Remedio prodigioso y rápido. 90 años de óxito.
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uvuui eo gg raun uuu
bella encarnación y esa tez mate y aristo¬
crática, signos de la belleza. Ni arrugas,
ni granos], ni pecas , la epidermis sana y
limpia, tales son los resultados obtenidos con
el empleo combinado de la Crema Simé»*
de los Polvos y del Jabón Simón. Exigid
bien la Crema Slmón9 y no otros productos
similares.
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
Feria-Concurso Agrícola.— Hemos recibido ejemplares de
la revista que se publica en Barcelona con el precedente títu¬
lo , y que es órgano oficial del Comité ejecutivo de la Expo¬
sición.
Esta publicación es útilísima para cuantos deseen tomar
parte en tan importante Concurso, convocado por el Ayunta¬
miento de Barcelona, y que se realizará mediante exhibicio¬
nes permanentes (instalaciones fijas), periódicas (mercados
semanales) y únicas (concursos especiales).
Exhibiciones permanentes serán las de semillas, granos,
harinas, vinos, aceites, cervezas, maquinaria, jardinería orna¬
mental, industrias rurales, vaquerías, leches, quesos, mante¬
cas, etc., etc.; las de plantas medicinales, forrajeras y textiles;
conservas de carnes, pescados, frutas y legumbres; productos
forestales (maderas, resinas, etc.); libros que traten ae agrono¬
mía y sus especialidades y de cuanto la Feria-Concurso abar¬
ca; planos de construcciones rurales, canales de riego, vías de
comunicación, memorias, monografías, etc., etc.
Las exhibiciones periódicas, ó mercados semanales, admi¬
tirán para su venta directa ganados y aves de todas clases.
Las exhibiciones únicas, ó concursos especiales, servirán
para conocer, apreciar y estimular los ejemplares tipos de la
ganadería y avicultura dedicados á la reproducción, por gra¬
dación de especies, géneros, razas y clases.
En estas exhibiciones únicas figurarán los trabajos de expe¬
rimentación en los terrenos asignados para campos de culti¬
vo; el funcionamiento de laa máquinas y artefactos ntilizables
en cada una de las operaciones del laboreo de las tierras. Ha¬
brá concursos de injertadores y podadores. Prácticas de viti¬
cultura y vinificación; de olivicultura y refinación de aceites.
Prácticas de envases para el consumo directo y la exportación.
Además del Concurso hfpico (primero que se celebrará en
España) y de loa ya indicados, llamarán la atención, por su
novedad y utilidad, los de avicultura, apicultura, sericicultura,
horticultura y floricultura; el concurso canino; los de produc¬
tos de la ganadería (pieles, cueros y lanas), y, en suma, todos
los que se detallan en loa programas generales.
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22 Marzo 1898
LA ILUSTRACION ESPAÑOLA Y AMERICANA
Química biológica aplicada A la higiene
y d la patología humanas, por el Dr. H. Ar-
dieta.
Se han publicado los primeros cuadernos
de la importante obra científica cuyo título en¬
cabeza estas lineas, escrita por el Dr. Ardieta,
ex catedrático de Química y antiguo alumno de
la Facultad de Ciencias de París, ventajosa-
mente conocido por sus trabajos en la cátedra,
libros y revistas científicas.
La importante materia de la Química bioló¬
gica en sus aplicaciones á la Patología y á la
Higiene tenía pie ser estudiada hasta ahora en
obras y revistas extranjeras, y es realmente
Utilísima la publicación emprendida por la casa
Soler, de Barcelona, que la pone al alcance de
todos.
Seguramente este libro ha de ser útilísimo
no sólo á los médicos, para quienes es indis¬
pensable, sino al naturalista, al abogado y á
los que entienden en las difíciles cuestiones de
la Administración pública. Porque la esfera
amplísima en la cual desarrolla sus teorías y
vulgariza sus hechos la Química biológica , tan¬
to afecta á los fenómenos de la Yida en los ór¬
ganos de los seres Yivientes, como á las tras¬
cendentales inYestigaciones de la Medicina
legal, del Derecho y de la Antropología, y á los
importantísimos datos según los cuales han
de resolYerse las condiciones de salud, des¬
arrollo y crecimiento de las colectividades. La
obra se publica por cuadernos de 24 páginas, al
precio ae una peseta. Las láminas sueltas que
ilustran la obra, además de los numerosos
grabados intercalados en el texto, se compu¬
tan por 8 páginas.
Un Concurso de caridad.— Entre los con¬
signados en el Almanaque Bailly- Bailliére
figura uno que consiste en hacer un babero para
niño.
Además de 5G premios, cada señora que
tome parte en este Concurso recibirá un diplo¬
ma, en el cual constará que ha remitido un
babero para el Concurso de caridad y el pre¬
mio que haya obtenido, en caso de que el Ju¬
rado le haya adjudicado alguno.
Una vez repartidos los regalos, todos los ba¬
beros serán entregados á la Inclusa de Madrid
para los pobres niños que allí entran.
El plazo de admisión termina el 31 del co¬
rriente.— C.
RECALZO DEL CUARTEL DE BALLAJÁ
(De fotografía de D. llamón García.)
¿SE HA ENCENDIDO PARA USTED ESTE FARO?
«Creo que el Gobierno debía erigir inmediata¬
mente un nuevo faro en el punto de la costa de
Florida que he marcado. Es lugar peligroso, en
que los buques pueden aconcharse contra la cos¬
ta y perderse.»
Así escribe un capitán al Gobierno de los Esta¬
dos Unidos. Se refiere á un punto de la costa de
tor preguntará: — ¿Cómo es que una persona que
más de una vez ha tenido la apariencia y se ha
sentido en estado de muerte, ha podido recobrar
tan pronto la salud con una sola medicina, des¬
pués de no haber dado resultado el tratamiento
de un médico hábil? A esta pregunta estamos obli¬
gados á dar una contestación razonable y satis¬
factoria. No estamos en Ja época de la magia ni
| de los milagros. El Creador obra por medio de sus
¡ leyes, y deja á los hombres que averigüen lo que
son por medio de la experiencia y la observación.
La enfermedad real de esta señora era indiges-
I tión, producida sin duda por un trabajo excesivo
: y posiblemente por falta de precaución con res-
| pectó á la comida y al sueño. En esta enferme¬
dad común y peligrosa, el estómago está constan¬
temente más ó menos inflamado por un gas, que
se produce por el alimento en descomposición y
fermentación. Esto hace que el estómago oprima
al corazón, que está por encima, produciéndose
así la palpitación irregular, la paralización y el
desmayo.
El remedio empleado, Jarabe Curativo de la
Madre Seigel, atacó este estado alarmante de co¬
sas, curando la verdadera enfermedad que lo oca¬
sionaba, indigestión y estreñimiento. Este caso
debe servir de aviso contra la tendencia á equi¬
vocar los síntomas por la causa. Esta señora ha
tenido la fortuna de emplear el único remedio
existente, antes de que la situación se hiciera más
critica de lo que ya era.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de '
venta en todas las farmacias, droguerías y ex- J
pendedurías de medicinas del mundo. Precio del I
frasco, 1¿ reales; frasquito, 8 reales.
LA SALUD PARA TODOS
sin medicina, por la deliciosa harina de salud
LA REVALENTA ARABIGA !
Jura las digestiones laboriosas, (dispepsias), gastritis, acedías, ai
lisenteria, pituitas,
náuseas, fiebres, estreñimientos, diarrea, cólicos, tos, diabétis, debilidad, todos los
desórdenes del pecho, bronquios, vejiga, higado, riñones y sangre. — 50 años de
buen éxito, renovando las constituciones más agotadas por la vejez, el trabajo ó los
excesos. Es también el mejor alimento para criar á los niños. — Depósito General :
Vidal y Ribas, Barcelona, y en casa de todos los buenos boticarios y ultramarinos
de la Península y de Ultramar. Do Barry y Cía., 77, Regent Street, Londres.
América, y no hay duda de que tiene razón. No
puede haber demasiados avisos contra los peli¬
gros. La siguiente carta, que se imprime con las
mismas palabras del que la escribió , puede ser
una especie de faro para muchos de nuestros lec¬
tores. La escribe la Sra. Plowright
w , mujer de
Willi&m Plowright , de Lincolnshire Bakery, Che-
etham Street, 23, North Street, Cheeth&m, Man-
chesler.
La señora dice: «En la primavera de 1889 pa¬
decía de enfermedad del corazón y debilidad ge¬
neral, llevando así desde Abril á Septiembre. Al
principio la enfermedad se apoderó de mí sin que
casi me diese cuenta. Me sentía languidecer, me
cansaba á poco que hiciera, me faltaba la respi¬
ración y me desmayaba. No podía comer ni dor¬
mir bien. Siempre había tenido un genio alegre,
pero se efectuó un cambio, y pronto me vi cansada
y desanimada. Sentía mucho dolor en el pecho y
y no podía comer nada sin
SUEÑOS Y REALIDADES
DON RAMON DE NAVARRETE
La mejor recomendación de este ameno libro es manifestar que está escrito por el dis¬
tinguido cronista de salones y teatros El Marqués de Valle- Alegre.
Elegante volumen en 8.° mayor francés, que se vende, á 4 peseta* en la Administración
de este periódico, Arenal, 1H, Madrid.
región del corazón,
disgusto. Hasta para tragar un poco de agua sen¬
tía dolor.
» Así pasaron algunas semanas, alendiendo al
trabajo de la tienda y de la casa, pero -intiéndome
muy abatida. Probé medicinas simples, pues soy
muy contraria á medicinarme, mas creí que de¬
bía hacer algo por aliviarme. No poniéndome
mejor consulté al médico de la casa, persona
que tiene mucha clientela y está muy bien consi¬
derada. Después de un examen cuidadoso, me
dijo que tenía congestión del hígado, enfermedad
del corazón y debilidad. Me estuvo asistiendo al¬
gunos meses. Me daba medicinas que por el mo¬
mento me hacían provecho, y luego caía en mi
estado anterior. De cuando en cuando, el corazón
dejaba de latir y tenía toda la apariencia de es¬
tarme muriendo. Esto me llenaba de alarma;
pero á poco revivía y me sentía mejor.
/Esto me dijeron que era lo que se llama an¬
gina pectoris , y se dice enfermedad incurable.
Así seguí hasta fines de Agosto, cuando mi ma¬
rido y otros amigos me persuadieron á que pro¬
bara el Jarabe Curativo de la Madre Seigel. Mi
marido había tomado ya un poco de una botella
de esta medicina, y yo había leído algo sobre ella
en un libro que habían dejado en la tienda. Sin
embargo, no creía que me haría mucho provecho.
Empecé tomando quince gotas, y como no daban
buen resultado, tomé treinta gotas siguiendo lo
que se aconseja. Esta dosis parecía conveniente,
pues después de una botella empecé á sentirme
más fuerte. Los dolores en el pecho y en los cos¬
tados desaparecieron gradualmente, y al cabo de
las dos botellas se había restablecido mi salud.
Ahora estoy muy buena, y no me ha vuelto á dar
trabajo el corazón.»
Esta es la relación que hace la Sra. Plowright
en calma y desapasionadamente. No le hemos
añadido nada, ni nada le hemos quitado. El lec-
CIIDAI 151 A C J^QVECKS, calambres en el
kUVlHL(IIM9MfómA¿o,/)/«f0r/«mo, toda* 1*»
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precedido de un prólogo del académico
AURELIANO FERNÁN DEZ-GUERRA
Los primeros se conservan
I Lw blancos y sin sarro, fuer-
rAini A O tes y sin desangre; y las
Y r segundas duras y rosadas
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MADRID. — Establecimiento t i poli tográfleo «Sucesores de Rivadeneyra »
impresores de la Real Caso.
Reservados todos los derechos de propiedad artística y literario.
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r
MADRID . — PALACIO DE LA PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS.
SALÓN DONDE SE CELEBRAN LOS CONSEJOS.
(De fotografía de Franzen.)
Digitized by LjOOQie
182 — n.° xii
LA -ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA X -AMERICANA
30 JJabzo 1898
SUMARIO.
TEXTO —Crónica general, por D. José Fernández Bremón. -Nuestros
grabados, por D. Oarlos Luis de Cuenca.— ¡Sin luz!, por D. Eusebio
Blasco.— La muerte de la Princesa de Joinville. Recuerdos de la
•orte de Luis Felipe, por Rombal.— Ciudad-Rodrigo. Tradiciones,
recuerdos y monumentos, por D. Enrique Serrano Fatigati.— A es¬
pada española, por D. Eduardo de Palacio. — Las ciencias en Es¬
paña. La Odontología moderna, por D. Juan Cervera Bachiller.—
Por la guerra paz, por D. Juan Lapoulide. — Tercera ración de
artículos, por D. Anselmo Fuentes. — A un impaciente, soneto, por
D. Manuel de Sandoval.— Los teatros, por A.— Sueltos.— Anuncios.
GRABADOS.— Madrid: Palacio de la Presidencia del Consejo de Mi¬
nistros. Salón donde se celebran los Consejos. — La catástrofe de
Bélmez (Córdoba): Pozo niím. 22, de 180 metros de profundidad,
por donde se extrajeron los muertos y heridos — La mina Santa
Imbel, donde ocurrió la explosión el 17 del actual.— Solemnes fu¬
nerales tributados á las victimas, en la plaza del Santo, el 19 del
corriente. - Vista general de la villa y de la mina Santa lsol>el,
donde ocurrió la explosión. — La Ilabana: Casa que ocupa el Con¬
sulado norteamericano. — Vapor norteamericano liight Arm , de la
empresa contratista de la extracción del casco del Maine.— Bellas
Artes: El Beso (le un ángel, dibujo de M. Alcázar. — Capuchinos en el
coro cantando vísperas, cuadro de Navarrete — Madrid: Gabinete de
Odontología del Dr. Gallardo. Sala de consultas — Roma: Peregri¬
nación mejicana. Retrato del comendador Enrique Angelini, cón¬
sul de Méjico en Roma.— Grupo de los peregrinos que van á Tierra
Santa. — Peregrinos visitando un columbario en la via Appia.
Subiendo la «Scala Santa». Audiencia concedida por Su Santidad
León ~VTTT á los peregrinos mejicanos. Misa pontifical celebrada el
12 del corriente en la capilla del Colegio Pió Latino-Americano.—
Cayo Hueso (EE UU. de Norte -Amé rica): Edificio donde ha cele¬
brado sus sesiones la Comisión americana encargada de la investi¬
gación de las causas que originaron la catástrofe del Maine.
CRÓNICA GENERAL.
^ AS elecciones de diputados y nuestras
diferencias con los Estados Unidos
han reconcentrado en estos días la
atención del público español. Algo se
ha hablado de un suceso desagradable
en Manila , y no ha faltado quien pre¬
tendiera aprovecharle para aconsejar
reformas que á otros les parecen fuente de
complicaciones y trastornos. Dejando esto
aparte, no por trivial, sino por acudir á lo
apremiante, debemos hacer constar que la actitud
de los Estados Unidos ha sido y continúa siendo
nuestra mayor preocupación: como que, á pesar
de algún optimismo de última hora, más instin¬
tivo que razonado, el pueblo español, que no desea
aumentar los males de la guerra que sufre con
otra más dudosa, pero aún más injustificada, se
ha resignado, se ha acostumbrado á esta sangrienta
eventualidad, con la tristeza pero con la sereni¬
dad y brío del hombre de honor que tiene la con¬
ciencia tranquila, ante la agresión brutal, cuando
llega á los límites de lo insoportable. Más dire¬
mos: no á pocos, sino á muchos que no la desean
hemos oído dudar de si la guerra con que nos
amenazan, que preparan sin ocultarlo, con que más
ó menos claramente nos conminan, puede ser un
bien; porque padece más el organismo con una
debilitación muy prolongada, que con una vio¬
lenta pulmonía.
Como en el período agudo á que las cosas han
llegado pueden mediar entre el momento de es¬
cribir y de leerse estas reflexiones hechos inespe¬
rados, nos debemos limitar á decir lo más indis¬
pensable. La negativa del Gobierno norteameri¬
cano á que reconociese el Maine una comisión
mixta de marinos españoles y yankees , ya fue sos¬
pechosa; pero podía tener una disculpa más huma¬
nitaria que justa: la da atenuar la responsabilidad
de sus marinos cuando tanto necesita de ellos y
los primeros informes parecían culparlos de aban¬
dono y negligencia. La pretensión del capitán del
buque de que se volara ó destruyera el casco en
que están las pruebas de lo que ocurrió, fue más
que sospechosa, y la negativa del general Blanco
previsora y necesaria. Falta saber cómo explican
ellos el hecho de haberse salvado treinta oficiales,
todos menos dos, y haber perecido tres cuartas
partes de la tripulación. Cuando se usan contra
nuestra honra artificios de toda clase; cuando la
voladura del Maine resulta provechosa á la polí¬
tica invasora de aquel Gobierno, tenemos el dere¬
cho de dudar si convenía á esa política el sacrificio
de un buque y algunos centenares de infelices, y
acaso la posible destrucción del crucero español
anclado junto al Maine: lo único positivo es que
á España no le convenía. Pero ¿ á qué insistir en
cosas tan dilucidadas? Los informes americano y
español, de que se sabe ya lo fundamental, llegan
cuando la opinión está formada. Aquél, destinado
á soliviantar los ánimos del vulgo en los Estados
Unidos y á excitar á los energúmenos del Capito¬
lio, ya ha producido sus efectos: agresiones, insul¬
tos, mascaradas teatrales; sólo falta que se traduzca
en actos oficiales de hostilidad. El informe espa¬
ñol se halla conforme con lo que la razón, la cien¬
cia y el recuerdo de lo sucedido ha hecho que sea
la opinión pública de todo el mundo culto. No po¬
drán basar en aquel hecho un pretexto de guerra.
Dícese que buscan un pretexto humanitario: el
socorro á los reconcentrados, é introducir joyas
entre los comestibles. No engañarán á nadie con
esa supuesta humanidad. Es úna guerra de ambi¬
ción, de negocio; ó un negocio-tan indigno que
revuelve ej mundo para producir una gran jugada
de baja y un ínangoneo inmundo de caudales. La
especulación es insaciable; comercia con todo;
hoy comercia cóh sangre. ¡Ah, filántropos!
Contrastando con sus gritos y embustes y deli¬
rios de su prensa, que parece histérica según los
cablegramas, España ha permanecido digna y se¬
ria; ha contestado á ios denuestos volviendo la
espalda con desdén: no hará la guerra; no insul¬
tará á nadie; pero se defenderá si se la acomete.
Ai fin y al cabo, todas las madres españolas que
visten luto saben perfectamente que más que ai
clima de Cuba, más que á las balas explosivas de
los insurrectos, deben culpar de su desgracia á
esa nación que ya parece resuelta á dar la cara.
Si hay guerra, el mal será para todos. Para ellos
solos la responsabilidad y el remordimiento, si
tienen sombra de conciencia.
¿Mediarán estas ó aquellas potencias? Obras son
amores, y no buenas razones. Europa está pre¬
ocupada en sus asuntos. Alemania y Austria reti¬
ran de Creta sus fuerzas, y tienen sus miradas
fijas en la China. Alemania se ha decidido á ser
gran potencia colonial. Inglaterra tiene en Niza
convaleciente á su primer ministro. Lo que fuere
pronto ha de sonar.
• «
Tenemos ya Congreso. Las elecciones del do¬
mingo han resultado según los cálculos sabidos.
Si ha habido desanimación en las grandes capita¬
les, no lo traducimos por indiferencia, sino por
falta de verdadera oposición. Se ha dejado vencer
al Gobierno porque el instinto general compren¬
día la necesidad de que venciera. En los distritos,
sólo los intereses privados han reñido como siem¬
pre. Pronto tendremos Senado. Luego, las Cortes
resolverán los casos arduos que se han de ofrecer
en la legislatura que pronto ha de empezar. Espe¬
remos también, para juzgar de su previsión y pa¬
triotismo.
*
« *
Camila Sánchez es una novela americana, es¬
crita en Barranquilla y muy bien impresa é ilus¬
trada en Barcelona. Su autor, el poeta D. Abraham
Z. López-Penha, desea conocer nuestra opinión
acerca de esta obra, sin duda por constituir un
cambio en la dirección de su talento. Como una
opinión no es una crítica que implica estudio y
necesita desarrollo, no tenemos inconveniente en
complacerle, y desde luego le diremos con fran¬
queza que lo mejor que tiene su novela está en el
fondo, y sus mayores defectos son de forma. En¬
tendámonos respecto de esto último: nos referi¬
mos únicamente á imperfecciones de lenguaje, no
al orden y estructura de la composición, que es
bueno, lógico y bien graduado su interés. Pero no
hay lector español que no salte de su asiento al
leer estos y otros provincialismos ó lo que fueren:
«Cuando te robabas (1) los dulces á tu abuelo»;
« Levantada (2) en esta escuela», por educada;
«mas al acto se reprimió»; «pasara par sobre la ne¬
gra cenefa»; «está usted encantadora por demás»;
«respondió entre ruborizada y sonreída »; etc., etc.:
defectos intolerables para nuestro oído, que no se
compensan al ver con gusto que usan todavía esas
regiones algunos giros y vocablos antiguos deste¬
rrados de nuestro lenguaje, donde todos baten el
record , y anuncian los portfolios y el coin y otras
novedades, y comen en restaurant y viven en ho¬
tel. Y conste que no advertiríamos estos defectos si
no constituyeran vicios muy frecuentes en el au¬
tor, con lesión grave del idioma, que faltas aisladas
se encuentran en las obras de los que hoy tienen
mayor crédito; y si no demostraran la convenien¬
cia de que el Sr. López-Penha residiera algún tiem¬
po en España para corregirse, si se dedica á la
novela, porque nada hay tan expuesto como el diá¬
logo familiar á incurrir en esos yerros que nota
en España el más indocto. Y ya que hemos indi¬
cado aquéllos con lealtad, debemos consignar en
qué consiste su mayor acierto: en la poesía que
sin pesadas descripciones emana de la obra; en la
delicadeza y ternura de los afectos, y en que está
el libro tan bien sentido como si sus páginas fue¬
ran episodios de la vida del autor. Tiene para nos¬
otros, además, otro encanto: aquellas escenas ín¬
timas de la familia americana, aquellos nombres
y apellidos españoles, y aquellas jiras campestres,
nos parecen suceder no en un país extranjero sino
en una de nuestras provincias, entre personas co¬
tí) Creimos que era errata, pero la falta se repite.
(2) ¿Vendrá del Yerbo francés élever mal comprendido?
nocidas, y nos recuerdan la sociedad española de
otros tiempos. No perdimos sólo con la América
inmensos territorios: quedóse allí extraviada la
mitad de nuestra familia, y la mitad de nuestra
sangre y nuestra fuerza.
•
• •
Todos los periódicos franceses han dedicado un
afectuoso recuerdo á la memoria del Sr. D. Alfonso
Aldama, hermano de la Sra. Duquesa de Rivas, y
apreciado en París por sus dotes de caballero como
por su destreza en el arte de la esgrima, tan ejer¬
citado por todos los españoles en otros tiempos
como abandonado en los últimos, y que hoy vuel¬
ve á renacer, aunque ya no sea el arte popular que
aprendían hasta los muchachos de la calle cuando
1 ts lecciones se daban al aire libre y los diestros
se disputaban á botonazos el dinero en las pales-
trillas de la Tela: el Sr. Aldama, según la prensa
francesa, siendo por su larga residencia en Fran¬
cia un parisiense, representaba el tipo legendario
de nuestra raza. Debemos agradecer la estimación
que de ésta y del finado hacen los periodistas fran¬
ceses, y enviamos á la Sra. Duquesa de Rivas la
expresión de nuestro sentimiento.
La magistratura ha perdido en estos días uno de
sus dignos individuos en D. Agustín Puebla, ma¬
gistrado de la Audiencia de Madrid, que deja un
nombre respetado por su probidad é inteligencia.
Era hermano del ilustre artista D. Dióscoro Teó¬
filo Puebla, profesor de la Escuela Superior de
Pintura, á quien acompañamos en su justísimo
dolor, así como á toda su atribuladísima familia.
•
• •
El toreo ha tenido dos bajas. Una en la plaza:
el pobre espada Ripoll, enganchado por una ingle
al dar un pase de muleta, con tal desgracia que
sólo le dió tiempo para recibir los Sacramentos.
Y el viejo y famoso Regatero , poco afortunado
como matador y banderillero excelente; el último
que usó en Madrid el calañés, el amigo de los
aristócratas y uno de los tipos más familiares de
la villa.
•
• •
Ante un escaparate.
— ¿Qué prefieres?
— No sé si me comería mejor aquel salmón ó
aquella lengua de ternera. ¿Y tú, Juanillo?
—Yo estoy promiscuando con la vista.
Histórico.
— Maruja, ¿quieres venir conmigo al teatro? Me
han regalado dos entradas.
— Estoy sin aviar.
— ¿Y qué importa? Nos vamos á un rincón.
— Chica, la verdad: si no me pongo polvos, no
me divierto en el teatro.
— ¿Es este el colegio electoral?
— Sí, señor. ¿Viene usted á votar?
— No, señor. Vengo de oyente.
— ¿Sales diputado?
— Cuento con el acta.
— ¿Limpia?
— ¡Ya lo creo I Me han ofrecido el acta en blanco.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
MADRID.
Palacio de la Presidencia del Consejo de Ministros.
Salón donde se celebran los Consejos.
El grabado de la primera página es una exacta
reproducción del salón de la Presidencia donde se
celebran los Consejos de Ministros. La rica y sen¬
cilla decoración es de severa elegancia, y en su
testero figura un retrato de S. M. D. Alfonso XIII.
Sería necesario un libro para consignar los re¬
cuerdos que este salón de Consejos encierra, por¬
que sería preciso referir los miles de sucesos que
en nuestra agitada historia política han sido allí
resueltos por nuestros gobernantes. Hoy se venti¬
lan en él cuestiones trascendentalísimas para nues¬
tro honor nacional, cuyas difíciles soluciones á to¬
dos nos preocupan. Quiera Dios inspirar á los Mi¬
nistros que en este salón se reúnen, y otórgueles
la gloria de acertar en sus consejos.
•
• •
Digitized by ^.ooQie
30 Marzo 1898
LA - ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA 'Y áETERICANA
N.# xii — 183
LA HABANA. -
Casa del Consolado norteamericana — Vapor norteamericano Right
Arm, de la empresa contratista de la extracción del casco del Maine.
— Cayo Hueso: Edificio donde ha celebrado sus sesiones la Comi¬
sión americana investigadora de las causas que originaron la catás¬
trofe del Maine.
Como la catástrofe del Maine , que en mal hora
nos enviara la inverosímil cortesía norteameri¬
cana , lejos de perder su actualidad, cada vez la
tiene mayor y más importante, completamos hoy
nuestra información gráfica con nuevos grabados,
cuya exactitud fotográfica les presta verdadero
interés.
Representa el primero de la página 184 la casa
del Consulado de los Estados Unidos en la Haba¬
na, con sus guardias de Orden público; y
el segundo el barco americano Right
Arm , anclado junto al Maine . Este wrec-
king-tug ha estado extrayendo del buque
sumergido objetos y documentos.
El grabado de la página 196 representa
la casa que en Cayo Hueso ha ocupado la
Comisión investigadora americana para
celebrar sus sesiones, y de la que ha sali¬
do el luminoso é imparcial dictamen en
que se ha ocupado toda la prensa.
La Comisión la han formado el capitán
Sampson, del Iowa9 antiguo jefe del Ne¬
gociado de ordenanzas; el capitán Chad-
wick, del New York , y los tenientes Pot-
ter, del mismo, y Mari, del Vermont .
•
• •
BELLAS ARTES.
El beso de un ángel . dibujo de M. Alcázar. — Capuchinos
en el coro cantando vísperas t cuadro de Navarrete.
Más que por el arte con que Alcázar ha
dibujado el asunto del grabado de la pá¬
gina 188, agrada su composición por el
delicado y poético pensamiento que la
inspira. La familia cristiana á los pies
del Redentor crucificado, le ofrece el sér
más querido; y buscando para el homenaje
de su adoración la expresión más pura y
sentida, hace que el inmaculado labio de
una tierna criatura deposite sobre el en¬
sangrentado pie del Mártir del Gólgota el
beso de amor.
Reproduce el grabado de la página 189
el hermoso cuadro de Ricardo Navarrete,
que representa los padres capuchinos del
convento de la plaza Barberini de Roma
cantando vísperas en el coro. Este cua¬
dro, que valió al notable pintor valencia¬
no dos medallas, fué adquirido por el Go¬
bierno de España para el Museo Nacio¬
nal, donde hoy se conserva.
ción en nada grada. Esta escalera es la que subió
Nuestro Señor Jesucristo en el palacio de Pilatos,
desde cuyo edificio fué trasladada á Roma por or¬
den de Santa Elena en el año 326, y pueden ima¬
ginar nuestros lectores la devoción con que los
creyentes practicarán la citada ceremonia.
Representa el tercer grabado la audiencia con¬
cedida por Su Santidad León XIII á la peregrina¬
ción mejicana. Este solemne acto se verificó en la
sala Clementina. Acompañaban á Su Santidad los
Obispos mejicanos de Chilapa, limo. Sr. D. Ramón
Ibarra y González; de Puebla, limo. Sr. D. Per¬
fecto Amezquita; de Tamaulipas, limo. Sr. D. Fi-
lemón Fierro ; Mons. Antonio Sabatucci , arzobis¬
po titular de Antinoe; el Secretario de la Sagrada
Congregación de Indulgencias y Sagra¬
das Reliquias, y los funcionarios de ser¬
vicio en la noble antecámara pontificia,
Guardias nobles y Guardia suiza.
El comendador Angelini , cónsul gene¬
ral de Méjico en Roma, cuyo retrato, en
traje del país que representa, publicamos
en el primer grabado de la página 192, ha
trabajado con excelente éxito por esta pe¬
regrinación, y ofreció á Su Santidad el
óbolo enviado por los Obispos de Colima
y Cuernavaca. Los Prelados mejicanos
ofrecieron los de sus diócesis respectivas,
y en representación de las de Guadalajara,
Querétaro y Michoacán, los sacerdotes
Sres. Gordillo, Rozas, Nieto y Barbosa.
Cuando Su Santidad acabó de dar la
vuelta á la sala, conversando con todos
los peregrinos, que le besaron la mano,
leyó un discurso en latín el Obispo de
Chilapa, al que contestó el Santo Padre
en el mismo idioma.
Dióles Su Santidad su apostólica ben¬
dición , y se retiró á sus habitaciones acla¬
mado con entusiasmo.
En acción de gracias por el buen resul¬
tado de la peregrinación, se celebró una
misa de pontifical en la capilla del Cole¬
gio Pío Latino-Americano el 12 del co¬
rriente, oficiando el obispo de Puebla,
Ilmo.Sr. Perfecto Amezquita, predicando
el obispo de Chilapa, limo. Sr. D. Ramón
Ibarra y González, y dando la bendición
el obispo de Tamaulipas, limo. Sr. File-
món Fierro. Asistieron todos los peregri¬
nos, los alumnos del Colegio y la colonia
mejicana de Roma.
Esta religiosa solemnidad representa
el último grabado de la página citada.
Los peregrinos se trasladaron después
al estudio fotográfico De Federicis, para
retratarse en el grupo que reproduce nues¬
tro grabado de la página 192.
Cáelos L. de Cuenca.
vista de- la -mina Santa Isabel , propiedad de la**
Compañía de ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y .
Alicante.
El día 19 se celebraron solemnes exequias por
el eterno descanso de las almas de aquellos des¬
dichados obreros; y siendo insuficiente la capaci¬
dad del templo para contener la concurrencia,
hubo de escogerse para la religiosa solemnidad la
plaza llamada del Santo.
De este piadoso y conmovedor funeral da idea
el grabado que en la misma página 185 insertamos.
Con objeto de ofrecer, algún consuelo á las fa¬
milias de las víctimas, á quienes la muerte de éstos
ha dejado sin recursos, se ha apelado á la caridad;
y, como siempre que en esta noble y desgraciada
LA CATÁSTROFE DE BÉLMEZ. — pozo núm. 22, de 180 metros
DE PROFUNDIDAD, POR DONDE SE EXTRAJERON LOS MUERTOS Y HERIDOS.
LA CATÁSTROFE DE BÉLMEZ (CÓRDOBA).
En la página 186 publicamos la vista general de
la villa de Bélmez, situada en ameno y extenso
valle á orillas del Guadiato, tan conocida por la ri¬
queza de su cuenca carbonífera, y donde el 17 del
corriente ocurrió la terrible catástrofe que pro¬
dujo considerable número de víctimas.
Según noticias de testigos presenciales, serían
las cinco de la tarde cuando las personas que esta¬
ban próximas al pozo maestro número 22 de la
mina Santa Isabel , cuyo grabado acompaña á es¬
tas líneas, notaron señales de haber ocurrido des¬
gracias en el interior de la mina.
Avisado de lo que ocurría el director facultati¬
vo, Mr. Maurice, bajó acompañado de personal
suficiente, y desde el primer instante se persuadió
de la gravedad del suceso, pues encontró muchos
cadáveres y muchos heridos.
Parece que se habían negado á los destajistas
los explosivos para barrenos, y hasta se les había
prohibido terminantemente emplear este procedi¬
miento; pero en ocasión en que los capataces ha¬
bían salido por ser la hora del relevo , algún des¬
tajista cometió la temeridad de echar un barreno
cargado con pólvora y carbón, que produjo la ex-
losión que tantas víctimas ha causado. El sitio
onde ocurrió fué el traba jadero número 210, si¬
tuado á 400 metros del pozo maestro número" 22
citado, y á 180 metros de profundidad. Por dicho
pozo fueron sacados los cadáveres y los heridos en
las vagonetas que se emplean para la extracción
del carbón.
La espantosa catástrofe produjo general cons¬
ternación, y dió lugar á desgarradoras escenas
cuando las familias de las víctimas acudieron anhe¬
lantes á conocer la triste suerte que á los seres
queridos eupiera en tan tremenda desgracia.
Nuestro grabado de la página 185 reproduce una
tierra se la invoca, han acudido las almas genero¬
sas al amparo de los dolores é infortunios.
S. M. la Reina Regente, el Prelado de la dióce¬
sis, la prensa y la sociedad la Unión Minera de
España, han acudido con su eficacísimo concurso
á tan generosa empresa, á la que deseamos un éxito
considerable en bien de aquellos pobres seres afli¬
gidos por desgracia tan horrible.
• •
MADRID: GABINETE DE ODONTOLOGÍA DEL DOC¬
TOR gallardo. — (Véanse los grabados de la pá¬
gina 191 y el artículo del Sr. Cervera Bachiller en
la 190.)
•
• •
LA PEREGRINACIÓN MEJICANA EN ROMA.
Los grabados de la página 193 son recuerdos de
la estancia en Roma de la peregrinación mejicana
que va á los Santos Lugares. Representa el pri¬
mero la visita de un grupo de peregrinos á los cé¬
lebres columbarios, cementerios pequeños com¬
puestos de una serie de nichos semejantes á los
nidos de un palomar, de donde toman su nombre,
y en los cuales depositaban los antiguos romanos
las cenizas de los difuntos, encerradas en urnas de
barro ó de mármol. Hablando de ellos, decía Pe¬
dro A. Alarcón: «Descubiertos en 1831 por un
pueblo acostumbrado ya á respetar los monumen¬
tos de pasadas civilizaciones, los columbarios per¬
manecen intactos, tales como se hallaban hace
miles de años, cuando su piadoso guardador los
cubrió de tierra para ocultarlos á la profanación
de sacrilegos invasores, y tales como el arado de
un pobre labriego los hizo aparecer ante la absorta
vista de nuestra generación.»
El segundo grabado representa á los peregrinos
mejicanos efectuando la piadosa costumbre de su¬
bir de rodillas la Scala Santa , recitando una ora¬
ISI1T LUZ!
qué disimularlo ni negarlo? La orga-
nización de nuestras cárceles y presi¬
dios es defectuosísima.....
Somos verdaderamente crueles con
los criminales. En el Extranjero, el
criminal, desde el momento en que deja
f-— - de pertenecer á la sociedad y entra en
poder de la justicia, es tratado con tan pia¬
dosa bondad, que puede llevar con resigna¬
ción su destino y su pena.
En España parece que nos complacemos en ha¬
cer más dura de lo que es la suerte del que tiene
la desventura de ser ciudadano penable.
Odia el delito y compadece al delincuente; esto
se repite, pero no se practica.
Dijérase que compadecemos el delito y que al
delincuente le odiamos.
Llenos tengo los cajones del escritorio, yo, que
vivo dedicado á estudiar y consolar hasta donde
puedo las desdichas de mis prójimos, de cartas de
presos.
De ellas resulta que en todas las cárceles y pre¬
sidios de España los cautivos de la ley viven de
horrible modo. Los calabozos suelen ser húmedos;
el preso se ve obligado — ¡qué horror y qué asco! —
á depositar en un rincón de su celda lo que no
puede nombrarse. La alimentación es mala; el
aire está envenenado; apenas salen á tomar un
poco de fresco y de aire ni en veranó ni en invier¬
no. Todos los vicios se desarrollan y fomentan en
los antros con nombre de correccionales de nuestro
país...... -
Pero hay algo más triste todavía.
Algo que no sucede más que en España. He vi-
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184 — n.® xn
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
80 Mamo 1898
sitado las cárceles de Francia,
Italia, Alemania, Inglaterra,
Bélgica, Holanda, Rusia y Norte-
Amórica ; en ninguna parte he
visto lo que pasa aqui, y es ¡que
el preso, de noche, no tiene luz!
En todos aquellos países, las
celdas tienen una abertura en las
puertas que sirve de medianil de
la luz nocturna. Es decir, que ia
mitad del mechero de gas, petró¬
leo ó luz eléctrica alumbra al
preso, y la otra mitad alumbra el
pasillo donde ejerce su vigilancia
el guardián de noche.
De esta manera, el preso no
está jamás solo consigo mismo,
que es el peor de los castigos.
Imaginad lo que representan
de insomnios, de estado nervio¬
so, de recuerdos, de remordi¬
mientos, de desesperación sorda
y aislada las horas que median
entre el crepúsculo y el alba.....
Un día, en una de mis visitas
á la cárcel de San Sebastián, que
es una de las mejores de España
por su construcción, su limpieza
y el buen gobierno de las herma¬
nas de la Caridad que la dirigen,
me sorprendió la noche. Esperé
á ver el sistema de alumbrado
del establecimiento. El Director
me enteró de que no había luz
más que para los corredores, y
observé entonces que las celdas
no tenían más luz que la que en¬
tra en ellas durante el día por el
ventanillo interior del que da á
la calle.
Era en Diciembre, en uno de
esos días en que anochece á las
cuatro y media de la tarde y ama¬
nece cerca de las ocho de la ma¬
ñana.
Es decir, ¡que los presos viven
en completa, obscuridad cerca de
dieciséis horas!
Creía yo que esto sólo ocurría
en alguna cárcel de provincias;
LA HABANA. — casa que ocupa el consulado norteamericano.
(De fotografía.)
. pero parece ser que la cruel me¬
dida es general; que en Madrid
mismo, en la llamada Oárcel mo¬
delo, sucede lo mismo.
¡Sin luz!
E* preferible la muerte. Al
triste, al afligido, al que vive pri¬
sionero y forzosamente ha de re¬
cordar tantas cosas, diez ó doce
horas de obscuridad deben pare-
cerle horrible tormento. Y en
este país nuestro, donde el sol
brilla con más fuerza que en
ninguna parte, privar hasta de
la luz artificial a un detenido ó
á uu penado es el colmo de la
dureza.
Además, el buen gobierno de
esas casas exige la luz nocturna.
No se puede vigilar á obscura?.
No pueden ni carceleros ni ins¬
pectores saber lo que pasa den¬
tro de cada celda sin que la luz
penetre antes en ellas. El menor
peligro, el menor incidente, se
sabe ó se averigua tarde con este
sistema de tinieblas celulares.—.
Yo me figuro la tortura del ase¬
sino á quien le quede un resto de
conciencia, solo y en la sombra
frente al fantasma de su vícti¬
ma..... Las personas nerviosas ó
anémicas, al cerrar los ojos en
la obscuridad, y aun sin cerrar¬
los, suelen ver pasar por delante
de sus ojos nubes blancas, algo
así como efluvios de una masa
azulada que toma formas inco¬
herentes..... Estas visiones du¬
rante toda una noche de invier¬
no deben ser espantosas. A lo
menos, el que tiene en su cuarto
una lamparilla, una media luz
cualquiera, distrae su vista con
los objetos que le rodean; si des¬
pierta sobresaltado, ve algo que
le tranquiliza y le hace olvidar el
ensueño de que despertó con an¬
gustia. Pues al preso en España
le hemos condenado á la sombra
LA HABANA. — VAPOR NORTEAMERICANO «RIGHT ARMd, de la empresa contratista
DE LA EXTRACCIÓN DEL CASCO DEL «MAINEd.
(Da fotografía.)
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30 Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
n.® xa — 185
LA MINA «SANTA ISABEL», DONDE OCURRIÓ LA EXPLOSIÓN EL 17 DEL ACTUAL.
SOLEMNES FUNERALES TRIBUTADOS Á LAS VÍCTIMAS, EN LA PLAZA DEL SANTO, EL 19 DEL CORRIENTE.
LA CATÁSTROFE DE BÉLMEZ. (CÓRDOBA).
(De fotógrafos del Sr. D. E. Lupiáfiez.)
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186 — n.® xii
30Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
eterna, sombra de día, sombra de noche..... som¬
bra siempre.
No, no puede ser. En una nación cristiana y ca¬
tólica Jas leyes y reglamentos deben ser cristianos
también, porque si aun en los países más despóti¬
cos, como Rusia, por ejemplo, reglamentos y leyes
procuran que el preso viva de un modo relativa¬
mente humano, no tenemos derecho nosotros á
tratarle con crueldad indigna de nuestros senti¬
mientos religiosos.
Pidamos á los Gobiernos, y á la Administración
que ellos dirigen, organizaciones en consonancia
zas, á que pertenecía su padre, y la de los Borbo-
nes de las Dos Sicilias, que era la familia de su
madre, y era hermana de D.a María de la Gloria,
la reina hermosa cuyo nombre va unido á las li¬
bertades de Portugal, y del emperador D. Pedro,
que proporcionó al Brasil los días de más prospe¬
ridad de que ha gozado, y que murió r»o hace mu¬
cho en el destierro, conservando en cambio de la
imperial diadema que le arrebató la Revolución, la
del saber, la nobleza y el respeto, ante la que se
inclinaba toda Europa.
Su otra hermana, que vive todavía, es la Prin-
ni Berryer pensaba en el advenimiento imposible
de su Enrique Y, ni Ledru-Rollin en la República,
que parecía un sueño. Se disputaban los políticos
las carteras de ministros, pero no llegaban jamás
los ataques hasta el Trono, y reinaba el más com¬
pleto optimismo , apenas turbado por las profecías
de Enrique Heine y por algunas inspiraciones de
Lamartine consideradas como delirios poéticos.
Mr. Odilon Barrot, el candidato de la oposición
á la presidencia de la Cámara de los Diputados,
sólo obtuvo 78 votos, mientras Mr. Sauret, el can¬
didato del Gobierno, había sido elevado al sillón
LA CATÁSTROFE DE BÉLMEZ (córdoba).— vista general de la villa y de la mina «santa Isabel®, donde ocurrió la explosión.
(De fotografía del Sr. D. E. Lupiáñez.)
con los adelantos de la vida moderna, y que no
sean nuestras cárceles hoy, como tres siglos haoe,
pudrideros infectos y calabozos del Santo Oficio.
Eusebio Blasco.
LA MUERTE DE LA PRINCESA DE JOINYILLE.
RECUERDOS DE LA CORTE DE LUIS FELIPE.
^OS años, á pesar de su incesante tarea
destructora, habían respetado á algu¬
nas de aquellas interesantes prince¬
sas que en el apogeo de su juventud
y de su belleza brillaron en la corte
inolvidable del rey Luis Felipe y de
la reina María Amelia, y las habían de¬
jado llegar hasta nuestros días, aunque
cubriendo su cabeza venerable de canas, y su
frente, que fué hermosa, de arrugas.
Una de estas princesas es la madre del príncipe
Fernando de Bulgaria, Clementina de Orleans,
que á los ochenta y cuatros años de edad acaba de
vencer cruel dolencia y ha recobrado la salud; la
otra, menos afortunada, aunque de diez años me¬
nos de edad, era la Princesa de Joinville, que ha
exhalado el último suspiro en brazos de su esposo
y rodeada de sus hijos y de sus nietos.
La Princesa de Joinville, con sus cuñadas la Du¬
quesa viuda de Orleans, la Duquesa de Nemours, la
de Montpensier y la de Aumale, y la princesa
Clementina, brilló en la corte de las Tullerías en
los tiempos felices de la Monarquía de Julio, y
descuella entre las mujeres de la familia de Or-
leans, que forman una de las galerías femeninas
más interesantes de la Europa del presente siglo.
Belleza, gracia, talento, virtud, todo lo reunían
aquellas princesas, modelos de esposas y de ma¬
dres, que formaron en torno de María Amelia una
corte brillantísima en los días felices del mando
y del poder, y que la rodearon de cariños y respe¬
tos que aminoraron la desgracia de la caída y la
consolaron de las tristezas del destierro.
La Prinoesa de Joinville era americana, brasi¬
leña, hija del emperador D. Pedro I, que murió el
año 1834, y de la archiduquesa Leopoldina, que fa¬
lleció en 1826.
En sus venas se unía la sangre de los Bragan-
cesa Januaria, condesa de Aquila por su enlace
con uno de los Borbones de la familia Real de las
Dos Sicilias.
Diecinueve años tenía la infanta D.a Francisca
cuando el Príncipe de Joinville, el bravo marino,
que era el tercero de los hijos de Luis Felipe y
de María Amelia, fué á buscarla á Río Janeiro
para darla su corazón y su mano y llevarla á la
corte de Francia, instalada en el palacio de las
Tullerías, que abría sus salones al genio, al poder
y á la belleza.
Pocas cortes ha habido más notables que la de
las Tullerías bajo el reinado de Luis Felipe, y sea
el que quiera el fallo que acerca de este Monarca
pronuncie la Historia, no podrá negar que Francia
le debió los años prósperos y felices que mediaron
desde la caída del último de los Borbones de la
rama mayor hasta la catástrofe de 1848.
La corte de las Tullerías no se parecía en nada
á la de Palais-Royal , y cuando Luis Felipe se
presentaba en los salones vestido de etiqueta, con
el calzón corto, que era para todos de rigor, y con
las insignias de la orden de la Jarretiera, que lu¬
cía siempre, nadie hubiera conocido en él al Mo¬
narca popular de las barricadas.
En cuanto á la reina María Amelia, no perdió
nunca su aire de gran dama, y nieta de Empera¬
trices de Austria, se complació mucho en dar á la
corte de su esposo el aspecto de buen tono que
tomó cuando la Monarquía de Julio, reconocida
por las cortes de Europa, íntima amiga de la de
Inglaterra, con la que acababa de cambiar cordia¬
les visitas, y unida por lazos de parentesco con la
de España, perdió su aspecto de advenediza.
El Duque de Nemours, el Príncipe de Joinville,
el Duque de Aumale y el Duque de Montpensier,
hijos del Rey, contribuyeron, con sus esposas, al
esplendor de aquella corte, y en ella brilló con su
interesante belleza y con su exquisita elegancia la
Princesa de Joinville, que acaba de fallecer á los
setenta y cuatro años de edad , y lució entonces
los diamantes más espléndidos que han brillado
en Europa, y que habían formado parte del regio
dote que le había dado su hermano el Emperador
del Brasil.
Mr. Guizot y Mr. Thiers descollaban entre los
hombres políticos más notables de aquel reinado,
sobre todo el primero, que después del triunfo ob¬
tenido en la negociación diplomática de los famo¬
sos matrimonios españoles , llegó al apogeo de su
poder. La oposición en las Cámaras era dinástica;
presidencial por 223. La monarquía constitucional
parecía asegurada definitivamente en Francia, que
se ufanaba con las conquistas de Argel, en las que
los hijos del Rey habían tomado tanta parte.
La Princesa de Joinville gozó en aquel tiempo
de la mayor ventura de que puede disfrutar una
mujer. Su marido era, después de la muerte del
Duque de Orleans, el más popular de los hijos de
Luis Felipe, y le vitoreaban siempre que se pre¬
sentaba en público, recordando sus victorias nava¬
les y el acto de patriotismo que realizó cuando
llevó á Francia, desde la isla de Santa Elena, los
restos mortales de Napoleón I.
Pero aquella dicha de la Princesa de J oinville,
como la de todos los Orleans, duró poco. La Revo¬
lución derribó á la Monarquía de Julio, como había
derribado á la de los Borbones, y la rama menor
tuvo que tomar, como la mayor, el camino del des¬
tierro, donde se abrió la tumba del rey Luis Fe¬
lipe y de la reina María Amelia.
Desde la caída de los suyos, la Princesa de Join¬
ville puede decirse que ha vivido retirada del
mundo. Sus últimas alegrías públicas, digámoslo
así, fueron las de la boda de su hija, la hermosa
princesa Francisca, con su primo el Duque de
Chartres, el hermano menor del Conde de París.
Este matrimonio se celebró en Kingston-sur-
Tamesis, el 11 de Junio de 1863, y á él siguió po¬
cos meses después el del Conde de París con la
infanta de España D.a Isabel, hija de los Duques
de Montpensier.
Los Duques de Aumale dieron con motivo de
estas bodas algunos bailes en su residencia de
Twickenam, y la reina Amelia recibió con algún
aparato en el castillo de Claremont.
En estas fiestas lució por última vez sus esplén¬
didos brillantes la Princesa de Joinville, que no
ha vuelto á presentarse en sociedad después de la
muerte de su suegra la reina María Amelia, acae¬
cida el 24 de Marzo de 1866.
Es verdad que desde aquella época ha sufrido
crueles reveses: los desastres de Francia en la gue¬
rra con Prusia; la caída del trono de su abuelo en
el Brasil; la muerte de su hermano en el destie¬
rro, y otros, de los que sólo han podido consolarla
las tiernas afecciones de familia y las oraciones
que su alma de católica ferviente dirigía con fre¬
cuencia al cielo.
Dios le ha concedido una muerte cristiana y
tranquila en brazos de su esposo, que fué el afecto
más grande de su vida, y rodeada de sus hijos y
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30 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xii — • 187
de sus nietos. La recompensa de sus virtudes la
encontrará en el cielo, donde son más duraderas
las venturas que en este triste valle de lágrimas,
donde nada prevalece.
Kasabal.
OIUDAD-RODRIGO.
TRADICIONES, RECUERDOS Y MONUMENTOS.
obre una eminencia cercana á Portu-
gal se levanta Ciudad-Rodrigo envuel-*
ta por amplia cintura de murallas que
sirven ^oy sólo de paseo á sus habi¬
tantes, y ennoblecida con su catedral
de Fernando II á un extremo, y el cas-
^ tillo de Enrique de Trastamara al otro,
como recuerdo de dos épocas muy diferentes
py. para ella y de caracteres bien marcados am¬
bas en el cuadro de la civilización española.
Mirada desde el NE., se la ve destacarse sobre
los cerros que ocultan á las Hurdes , territorio se-
misalvaje que conserva su fisonomía primitiva en
medio de las corrientes de progreso que enlazan
á dos pueblos hermanos. Hay en las crestas de
aquella sierra un poderoso estímulo para la fanta¬
sía, y en sus vertientes meridionales más de un
problema humano y nacional digno de preocupar
a los sociólogos. Ha sido más fuerte la naturaleza
agreste del suelo y algunas dificultades en las co¬
municaciones para conservar á una masa de hom¬
bres alejados de la cultura general del país, que el
espíritu de caridad para atraerlos al comercio de
ideas con el resto de sus conciudadanos.
Abundan en Ciudad-Rodrigo las tradiciones cu¬
riosas y los recuerdos históricos notables. Cuadros
de mediano mérito, epitafios de autenticidad du¬
dosa y bultos de piedra evocan en la memoria del
viajero las fantásticas leyendas; en tanto que los
acontecimientos reales han quedado asociados,
unos á edificios artísticos de primer orden, y otros
á! monumentos ramplones, que no enaltecen mu¬
cho el patrio espíritu moderno.
: Representa un lienzo la escena del obispo que
fué resucitado por especial favor divino é interce¬
sión de San Francisco. El bueno de Pedro Díaz
había nacido, por lo visto, -con un corazón más
sénsible á la belleza de las damas que fuerte para
inclinarle al cumplimiento de sus deberes ecle¬
siásticos ; lo cual demuestra que en el siglo XIV,
lo mismo que en la época clásica y en nuestros
días, era la carne uno de los más temibles enemi¬
gos del alma para las gentes de todos los estados
7 jerarquías.
! Forjaríale quizás su fantasía mil imágenes y pro¬
yectos extraños, cuando le sorprendió una muerte
repentina sin espacio para el arrepentimiento. Los
parientes más cercanos ocultaron durante tres días
la desgracia, ganosos de repartirse los bienes sin
asociados inoportunos, cual si fueran caciques. po¬
líticos de los tiempos modernos; y cuando termi¬
nados á su gusto los gitanescos trabajos, expusie¬
ron el cadáver en la iglesia, vieron con terror
incorporarse el cuerpo en el ataúd, abrirse espan¬
tados los ojos y moverse los fríos labios, comuni¬
cando al auditorio noticias del otro mundo poco
gratas á los oídos de las gentes soberbias y codi^-
ciosas.
El en anteriores tiempos alegre prelado obtuvo
veinte días para consagrarlos al arrepentimiento,
hizo grandes penitencias , y se cree piadosamente
que alcanzó su perdón de la misericordia divina.
De los parientes nada añade la leyenda; quizás se
asustarían al pronto con la pavorosa aparición, y
volverían más tarde á sus costumbres naturales,
como hacen hoy otros muchos que son sus legíti¬
mos descendientes.
La segunda leyenda es de carácter muy distinto:
juegan en ella hombres violentos, caballeros ase¬
sinados, viudas vengativas, paladines vengadores
y doncellas concedidas en premio al vencedor,
sonando al mismo tiempo apellidos de una familia
para mí muy querida por los lazas de parentesco
y amistad que á ella me unen, pojMnás que de ella
me separen las tendencias políticas.
El noble castellano Sancho Pérez fue asesinado
alevosamente ó con abuso de superioridad de fuer¬
za por cinco hidalgos de la estirpe de los Garci-
López, y la viuda proclamó en seguida, su deseo de
ser vengada, macerando su cintura con cinco apre¬
tadas vueltas de nudosa cuerda de esparto, y pro¬
metiendo la mano de su hija al que satisfaciera la
triste deuda de sangre inocente con la sangre de
los culpables.
Estimulado á la vez por el premio anunciado y
por lo caballeresco de la empresa, cruzó la raya de
Portugal Esteban Yáñez Pacheco, en demanda de
los asesinos de Sancho Pérez. Acudieron sólo dos
al reto contra ellos lanzado, y los dos fuerbn
muertos por el valiente lusitano. Desciñóse la viu¬
da otras tantas vueltas de su tosco cinturón, y
halló marido para su hija en el vengador de su es¬
poso. Yáñez Pacheco obtuvo? así por su arrojo el
señorío de Cerralbo,begún esta tradición, y fué el
fundador de una dinastía en que sonaron, andando
el tiempo, nombres de arzobispos y virreyes, y
figuran hoy jefes de partido, que son en nues¬
tros días lo que los señores feudales en otros si¬
glos.
Con las dos anteriores contrasta la sencilla y á
la vez dramática leyenda de María Alfonso la Co¬
ronada . Era ésta humilde por su nacimiento, pero
de altiva y brava condición. Su belleza atrajo las
codiciosas miradas de su señor , y puesta en la al¬
ternativa de matarse ó de matar al apasionado vi¬
cioso para salvar su virtud, optó por el segundo
extremo, realizando una defensa de su honra más
valiente y sobre todo más eficaz que la hecha por
la tantas veces cantada matrona romana.
Los hechos históricos asociados al nombre de
Ciudad-Rodrigo están mucho más grabados en la
memoria de los españoles. En los siglos antiguos,
ataques á la población, resistencias tenaces, des¬
trucción en unos cuantos días de los edificios le¬
vantados con el inteligente trabajo de muchos
años, muertes de hombres, luto de familias y ca¬
lurosas felicitaciones al terminar los combates de
los que no habían sufrido dentro del recinto. En
los primeros años de nuestra centuria, asaltos y
sangre derramada para que ondease sobre los mu¬
ros la bandera francesa; nuevos ataques poco des¬
pués con el éxito de sustituirla por la española,
acompañados de grandes daños en ambas ocasio¬
nes para los pobres moradores. N o hay que extra¬
ñar que la ciudad no haya crecido : lo admirable
es que subsista.
La memoria de una de estas heroicas defensas
realizada por los habitantes, la de 1810, es la que
se ha asociado al monumento que se encuentra
frente á una puerta de la catedral, mandado erigir,
á lo que parece, por las Cortes españolas en 1812,
y no sabemos por quién realizado. Para que el via¬
jero experimente allí algo, es necesario que lleve
en su alma muy impresa la imagen de la ciudad,
abrasada por el fuego de la artillería, y de sus no¬
bles hijos muriendo por ella, y no compare la
grandeza épica de las figuras con la ramplonería de
la fábrica en que se ha escrito la fecha del glorioso
acontecimiento.
Añadiremos á los anteriores los recuerdos de un
hecho histórico del siglo xiv, y de un fenómeno
físico del siglo XV, consignados ambos en todos
los libros en que se trata algo de la historia de
Ciudad-Rodrigo. Acababa Alfonso XI de celebrar
sus bodas con D.ft María, cuando al llegar á esta
población tuvo que dejar allí su esposa atacada de
repentina dolencia, empezando por una enferme¬
dad la innumerable serie de desdichas que había
de padecer con el tiempo la infeliz Princesa. En
el mes de Enero de 1433, descansando en ella
Juan II, estalló sobre la ciudad un bólido como el
que hace pocos años estalló sobre Madrid, produ¬
ciendo la natural alarma de las gentes que no pre¬
guntaron sólo entonces de qué naturaleza era, sino
los acontecimientos humanos que predecía.
Los monumentos de Ciudad-Rodrigo pueden re¬
ducirse á la catedral, comenzada en el siglo xn, y
la capilla de Cerralbo, erigida en la segunda mitad
del siglo XVI; pero es la primera una construcción
tan interesante, y está tan llena de objetos dig¬
nos de estudio, que no podrán presumir de cono¬
cedores del arte monumental español los que no
la hayan visitado.
En la iglesia se amalgaman los elementos romá¬
nicos con los ojivales primarios, siendo el interior
del templo pobre de enterramientos y estatuas
yacentes. En las portadas y el claustro abundan en
cambio las representaciones. La puerta principal
las ostenta de muertos que se levantan de sus tum¬
bas llamados á juicio, y demoniosíque arrojan á
los condenados dentro de una enorme caldera,
uniéndose á éstas varias escenas de la vida de la
Virgen. El claustro contiene muchas de las que
son comunes en otros edificio^ románicos, asocia¬
das á originales capiteles donde se ven una enor¬
me araña, una tortuga, un monstruo semejante al
pulpo, un lagarto y un sapo, con líneas parecidas
á las de las ilustraciones de varios códices.
Pero la obra que han citado sólo al paso los es¬
critores más leídos y contiene tallas más raras es
la sillería, trabajada por Rodrigo Alemán, com¬
parable á la que hizo este mismo artista para la
iglesia de Piasen cia, y en algunos detalles á la de
Zamora. Ceán Bermúdez dice en su excelente
Diccionario que llenó á la de Plasencia de capri¬
chos, y dió un tono más serio á la de Ciudad-
Rodrigo, probando así que, caso de verla, la debió
ver muy de prisa.
Tanto las paciencias de las sillas bajas y altas,
como los respaldos de estas últimas y pasamanos,
contienen muchas escenas poco describibles, al
lado de otras reveladoras de una fresca fantasía.
Un hombre en situación apurada ha manchado sus
ropas, y se avergüenza del resultado. Otro presen¬
ta en cómica actitud la rodela para defender á su
olfato de los ataques con que le amenaza la sucie¬
dad de un compañero. Estas tallas, las de Plasen¬
cia y las de Zamora, muestran que aquellos imagi¬
neros de final del siglo XV y principios del XVI
sentían á menudo inspiraciones tan poco pulcras
como las que ha traducido con colores en muchas
de sus tablas el pintor Jerónimo Bosco.
Hay otras escenas que descubren un espíritu
atrevido, crítico y burlón contra instituciones res¬
petables y personas. Están bien dibujados cerdos
hilando, leyendo, escribiendo en unas hojas, oran¬
do y disputándose un libro. Tres pellejos de vino
con cabezas humanas cantan ante un libro de coro.
Una figura con cabeza de fraile despliega alas do
murciélago. Dos monjes aparecen abatidos en los
pasamanos del asiento episcopal. Hace visajes un
mono con* mitra, y un diabolín se presenta con el
mismo sagrado signo y un báculo.
Dos fábulas muy conocidas se ven representa¬
das en las curiosas tallas de Rodrigo Alemán. El
oso y el osezno, que lamen un panal y reciben cas¬
tigo de las abejas, se destacan esculpidos en un pa¬
samanos . La cigüeña que convida á la zorra, y la
presenta la redoma de estrechísimo cuello en que
sólo cabe su agudo pico, están bien dibujadas de
medio relieve en una paciencia.
Unidos á los anteriores aparecen figurados mil
hechos de la vida real, que dan calor y animación
ai cuadro de aquellas composiciones. Un niño ca¬
balga sobre un palo con cabeza de caballo; un car¬
nicero descuartiza una res; otro niño come fruta;
un chotillo mama; un cordero se rasca; dos hom¬
bres se disputan un jamón, asociándose también á
estas imágenes, luchas de animales, cacerías, com¬
bates humanos, plantas con frutas y alguna más de
gusto muy clásico, como los cráneos de toros con
cuernos y guirnaldas, que abundan en los relieves
romanos.
Tal es, descrita muy á la ligera, la sillería de
Ciudad-Rodrigo, que nos proponemos estudiar en
una Memoria más extensa.
Una mañana del último Agosto dejé la ciu¬
dad, después de visitar sus monumentos, para di¬
rigirme á Portugal. Llevaba el grato recuerdo de
la acogida que me habían dispensado el bondadoso
Obispo; el deán, tan discreto é inteligente; mi
erudito consocio de la Española de excursiones,
D. Clemente Velasco, y Salgado, el dueño déá .ho¬
tel, que trata á sus huéspedes como cariñosos ami¬
gos. Pensaba al mismo tiempo en los muchos que
no pudieron hallar entre aquellos hospitalarios
muros ni caridad ni atenciones por las duras leyes
de la guerra, y al pasar en el tren sobre las tierras
mezcladas con abundante polvo de huesos huma¬
nos, sentía hondo pesar por las muchas madreé
que han pagado en todo tiempo con la sangré de
sus hijos las torpezas y las iniquidades de los qué
se enriquecen á menudo con las desgracias dé la
patria.
Enrique Serrano Fatigati.
A ESPADA ESPAÑOLA.
hasta
acom-
I Verse metido á valiente contra su
voluntad!
Pero las leyes del honor le llevaban al
terreno, y tuvo que transigir con las leyes,
aunque protestando con toda la energía de
que era capaz.
Donde menos se piensa se presenta ocasión
para tropezar y aun para «matarse con cualquiera».
Esto no se lo explicaba Ramón; pero se lo ex¬
plicamos los amigos que mediamos en el asunto.
Asunto delicadísimo.
Ramón era mozo joven y propenso á las diver¬
siones propias de la edad, como se dice vulgar¬
mente.
Vi ó anunciado un baile de máscaras y concurso
de mantones y pendones de Manila, y se dijo :
— Allá voy yo esta noche.
No en clase de mantón ni para optar al premio;
pero sí en clase de pendón involuntario.
Y se vistió decentemente, con frac y sombrero
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BELLAS ARTES
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CAl'iU.C'HINOS EN EL CORO CANTANDO VÍSPERAS
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CÚAIJeO DE NÁVÁRRETE. - •
190 — n.® xii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Marzo 1898
de copa, según exigía la empresa en los carteles,
por previsión.
Como que, de no advertirlo así, solían presen¬
tare 3 sujetos ó caballeros con cazadora y sombrero
ancho, y aun más modestos en indumentaria.
Ramón entró en el salón del baile con la ale¬
gría propia de la edad (y van dos).
Paseó en medio de aquella muchedumbre «aris¬
tocrática», y aun se disponía á buscar pareja, no
de seguridad, sino de confianza.
Pero no necesitó molestarse mucho.
Porque una buena moza, al parecer , se le colgó
de un brazo, y con la voz fingida y atiplada que
usan todas las máscaras, le dijo:
— Aquí me tienes.
— ¿Eh? — preguntó «sorprendido».
— Caballéro — añadió la mascarita en tono na-
tural, —confío en usted: estoy perdida.
— {Perdida! ¡Caracoles! — exclamó Ramón.
Y continuó pensando:
— ¡Perdida, y en un baile de máscaras con man¬
tones y pendones !
Pero, repuesto del susto, dijo á la hermosa dama,
porque así la creía y porque lo era, efectivamente,
la enmascarada:
—Cuente usted conmigo para todo.
—Gracias, caballero; huyamos del salón.
Y así lo hicieron.
Ramón, impulsado y aun arrastrado por su pa¬
reja, salió del salón de baile con ella.
Un hombre los seguía.
Pero un hombre colosal, grande, inmenso, con
más barbas que un gastador antiguo, fuerte, al pa¬
recer joven, como de veintiocho á treinta años, y
de aspecto rudo y temible.
Ramón era un niño grande : había cumplido los
veinticuatro años y representaba quince.
Pequeño, delgadito, rubito, sin barba y casi sin
bigote.
Un soplo del barbudo acabaría, seguramente,
con una docena de Ramoncillos, como si fueran
muñecos recortados de papel.
Xa pareja salió perseguida en dirección al guar-
. darropa.
—¡Me he divertido !— pensaba Ramón.— ¡Dejar
el .baile cuando apenas me había enterado del
personal!
! El hombre grande vaciló un momento: en se¬
guida asió de un brazo á la másgara, la despren¬
dió de su acompañante, y sacudió á éste un pun-
í tapié que obligó al infeliz á estrechar entre sus
, brazos y á besar á un guardia de seguridad, para
■ no dar con su cuerpo en el suelo.
Sobrevino el escándalo, y el hombre de las bar¬
imbas y la enmascarada salieron juntos.
Ramón intentó detenerlos.
Pero se interpusieron otros dos gigantes, según
le parecían á Ramón, que le dijeron:
Tranquilícese usted: ese caballero, nuestro
amigo, nos ha encomendado la misión de enten¬
dernos con usted.
Ea, ¡lance personal!
Ramón acudió á nosotros.
—¿Qué debo hacer? — nos preguntó.
—Lo primero guardarte el puntapié — le respon¬
dimos, — y acudir al terreno.
Esto no le convenía.
En lo de guardarse el puntapié ya estaba él re¬
suelto.
Pero no pudo evitar el duelo.
Hubo conferencias y ajustes y regateos entre
testigos.
Y aquello de:
— El ofendido es el nuestro, y le corresponde
la elección de armas.
Y lo de:
— La pistola.
— La espada francesa.
—La italiana.
— La rusa (no ensalada).
Conque se acordó que fuese la española.
— La española y á veinte pasos — rugió Ramón
en un arranque de bravura. — Y con muleta.
— ¿Qué muleta ni qué niño muerto?
Llegó el momento.
Cuando se encontraron el grande y el chico, el
primero explicó la cosa: había tomado á Ramón
por un amante de su mujer.
La cual había ido al baile con unas amigas, sin
segunda intención y aprovechando la ausencia de
su esposo.
Pero no hubo arreglo.
El de las barbas retiraba el puntapié.
— Nada.
¿Quién había de esperar aquello?
Hasta llegó el coloso á proponer que su enemigo
le devolviese el golpe: un puntapié á fondo.
No hay que decir cuánto se crecería Ramón.
Quería batirse á muerte, sin vuelta, vamos, sin
opción á curarse de las heridas*
A espada, á sable, á escopeta.....
Por fin, un acta humillante para el hombre gi¬
gantesco terminó el asunto.
— Fíense ustedes en las apariencias — repetía
Ramón. — En lo sucesivo llevaré al terreno á cual¬
quiera.
— No, mira— le advertimos; — no te comprome¬
tas por si acaso.
Eduardo de Palacio.
LAS CIENCIAS EN ESPAÑA.
LA ODONTOLOGÍA MODERNA.
I.
uria vez en este m*smo iu8ar* y
^ajo e* m*smo epígrafe que encabeza
wl estas líneas, lo hemos dicho: la sin-
guiar idiosincrasia de los españoles
<Tj nos lleva á ponderar todos los gran-,
des adelantos, inventos y progresos que
en el Extranjero se realizan ó del Ex-
tranjero provienen, y á deprimir todo lo
y nuestro. Y, sin embargo, en España tenemos
no poco propio que admirar, á pesar de la
indiferencia con que Gobiernos y opinión pública
acogen cuanto tiende al desenvolvimiento de ideas
y mejoras positivas 'relacionadas con los diversos
ramos de las ciencias, tanto especulativas como
de aplicación. La iniciativa individual se sobre-
{>one, con valor rayano en el heroísmo, á todos
os obstáculos, y concluye por triunfar.
Eso sucede, por ejemplo, con la Odontología,
una de las ramas más importantes hoy de las cien¬
cias módicas.
No se necesita de grande argumentación para
probar la importancia de esta especialidad: los
hechos la demuestran cada día.
Los dientes son órganos esencialísimos para las
funciones de la digestión por el trabajo mecánico
que ejecutan, facilitando así la acción química
ulterior en todo el aparato gastrointestinal. Por
eso sus enfermedades son con frecuencia causa
eficiente de trastornos locales, que repercuten so¬
bre el estado general del ser humano, ocasionando
desórdenes en la nutrición, accidentes nerviosos
y accidentes funcionales. Por el contrario, cuando
se hallan en perfecto estado de conservación ó
higiene, facilitan los admirables fenómenos de
la digestión y nutrición, contribuyendo por modo
tal, en parte no escasa, á la prolongación de la
vida, á la longevidad.
No puede negarse tampoco que influyen pode¬
rosamente en la modulación de la voz: nadie con¬
cibe á un orador ó un cantante sin dientes: la
vocalización perfecta es imposible con un instru¬
mento — y valga la figura — lleno de brechas: esto
es primordial.
Son, por último, un elemento esencial de ex¬
presión para el rostro. Una boca sin dientes ex¬
cita la hilaridad, destruye la pureza de las líneas
y da al traste con la fisonomía más hermosa y ex¬
presiva. Todos los tratadistas de la belleza humana
lo han reconocido siempre.
De ahí la indiscutible importancia de la ciencia
odontológica en todos tiempos, pero mucho más
en los nuestros. Hoy,' en las ciudades y grandes
centros de población se hallan en minúscula mi¬
noría las personas que conservan la dentadura
perfecta y sana. No se sabe si debe atribuirse á las
condiciones especial í simas de la vida moderna, á
circunstancias climatológicas ó al abandono gene¬
ral en que se tiene la salubridad pública, á despe¬
cho de todos los progresos; pero, sea de ello lo que
fuere, el fenómeno existe, y todas las estadísticas
médicas lo confirman.
II.
La Odontología apenas tiene todavía historia:
es casi de ayer. Es lógico suponer que en todos
tiempos, aun los más remotos, la caries de los
dientes preocupó á los médicos de aquel entonces.
Recientemente se ha observado que los dientes de
ciertas momias egipcias llevaban un anillo de oro,
quizás destinado á cubrir alguna obturación: no se
explica de, otra manera ese curioso detalle; pero
toda conjetura se pierde en las nebulosidades que
durante muchos siglos han envuelto la Medicina,
más empírica que racional y científica hasta una
época muy reciente.
No hay que buscar la Estomatología, de cuya
ciencia es una derivación la Odontología, en los
pasados siglos. Los barberos y practicantes de ci¬
rugía menor, que más de una vez, por extraer al¬
gún raigón poco «católico», dejaban sin quijada al
primer cristiano que en sus manos caía, y los
«sacamuelas» de feria, eran los únicos sacerdotes
de la dentistería. El charlatanismo era la nota ca¬
racterística de la profesión. La frase «hablar más
que un sacamuelas» se ha hecho proverbial y es¬
culpe, por decirlo así, el bajo nivel del arte en
mantillas.
Hasta el siglo XVin, muy promediado ya, no
empieza á tomar matices científicos la dentistería.
Los sabios médicos Fauchard, Jourdain y algún
otro, fueron los primeros apóstoles de la nueva
ciencia y realizaron los primeros trabajos y estu¬
dios fisiológicos profundos acerca de esta materia;
pero más bien considerándola como una deriva¬
ción de la Medicina que bajo el aspecto de arte
dental propiamente dicho, esto es, la conjunción
de la ciencia y de la industria para realizar una
finalidad esencialmente fisiológica y práctica.
A nuestro siglo, por tantos conceptos maravi¬
lloso, corresponde la gloria de haber realizado esa
evolución, tan útil á la humanidad doliente. Los
Estados Unidos de América iniciaron la reacción
y la monopolizaron durante algún tiempo.
Sus adelantos sirvieron de poderoso acicate al
profesorado del viejo Continente, y á aquel movi¬
miento respondió Europa con potente impulso.
Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y Suecia
tomaron^ la iniciativa y aportaron pronto á * la
nueva qbra científica su contingente de hombres
notables y de ideas y descubrimientos.
Magitot, sabio médico que hónrala Estomatolo¬
gía francesa, Dubois, Tomes, Cunningham, He-
wits, Miller, notable bacteriólogo alemán, y o.tros,
han levantado á gran altura, en nuestros días, la
Odontología en Europa. Las escuelas francesa é
inglesa, si menos ricas que las americanas, no les
son inferiores por la enseñanza que en ellas se da
ni por el brillante éxito que sus discípulos han lle¬
gado á alcanzar. La Escuela odontológica de Pa¬
rís goza ya envidiable fama y recluta sus más dis¬
tinguidos alumnos en toda Europa, sin excluir á
nuestra España. El elemento industrial predomina
en los progresos de las escuelas americanas; el es¬
peculativo en las europeas. En la conjunción de
uno y otro estriba el porvenir de la Odontología.
III.
La mecánica y la industria, con sus portentosos
adelantos, han dado en nuestra época gigantesco
impulso al perfeccionamiento del arte dental, ora
facilitándole instrumentos de admirable preci¬
sión, ora perfeccionando un día y otro día las
sustancias que constituyen la base de los nuevos
tratamientos de la especialidad, como el oro, las
amalgamas, cementos, dientes artificiales, etc.
La electricidad, verdadera palanca de Arquíme-
des de nuestros tiempos, dón divino que tantas
maravillas y tan grandiosa revolución está ope¬
rando en todas las esferas de la actividad humana,
presta valiosísimo concurso á la Odontología, unas
veces como elemento mecánico, y de ello dan
testimonio los tornos operatorios, los ventilado¬
res, el martillo eléctrico, etc., etc.; otras como
factor esencial en las curaciones, según se ve por
la galvanocáustica y la endoscopia.
La última y más sorprendente aplicación de la
electricidad á la Odontología es la cataforesis ,
cuyos ensayos, no definitivos aún, permiten espe¬
rar asombrosos éxitos en punto á la supresión del
dolor, tan difícil de evitaren algunas operaciones
dentales. ¡La magia realizada por la ciencia mo¬
derna!
Innovaciones y progresos tales han contribuido
en gran manera en nuestros días á elevar el nivel
profesional de la clase y á dignificarla, atrayén¬
dola el respeto de la opinión y la estimación del
profesorado médico. Los Congresos de dentistas,
ya regionales, ya internacionales, que se celebran
con frecuencia; la multiplicación de las Socieda¬
des odontológicas, y la tendencia marcadamente
científica de la dentistería actual, son síntomas
por extremo simpáticos para los hombres pensa¬
dores.
En otras naciones abundan ya los médicos esto-
matólogos: en España son pocos todavía los que
se dedican á tan importante y útil especialidad,
pero los hay muy notables, dicho sea en honor de
nuestro país. Nuestros médicos jóvenes, que tan
ardua batalla se ven precisados á sostener cuando
salen de las aulas, por la competencia, antes de
abrirse camino; esa brillante y estudiosa juventnd
á la que la lucha por la existencia obliga á veces á
condenarse al ostracismo de la aldea ó á mendigar
un mísero destino en cualquier ramo de la Ad¬
ministración pública, tiene al presente, con los
progresos de la Odontología, abiertos amplios ho-
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30 Marzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.* XII — 191
rizontes donde conquistarse nombre y fortuna, con¬
tribuyendo además á elevar los prestigios de una
clase profesional que va ya, por su evolución cien¬
tífica, desprendiéndose de la impedimenta del
charlatanismo que sobre ella pesó un tiempo como
mortificante estigma.
En Madrid y en Barcelona existen hoy Socie¬
dades odontológicas muy estimables, que han lo¬
grado evidentes progresos en la materia. En Abril
próximo, con motivo del IX Congreso internacio¬
nal de Higiene y Demografía que en Madrid va á
celebrarse , se reunirá también una Asamblea in¬
ternacional de dentistas, en la cual se espera con
justicia que ha de mostrarse digna de nuestra cul¬
tura la Odontología española.
IY.
Cuenta Madrid con muy notables gabinetes den¬
tales, como los de los Sres. Portuondo (D. R.), Agui-
lar, Gutiérrez, y el que acaba de instalar el doctor
Gallardo, ilustrado módico estomatólogo , que ba
hecho largos estudios en el Extranjero sobre la
especialidad á que ha dedicado su talento y sus
iniciativas. Ese gabinete, del cual dan idea los gra¬
bados de esta misma página, reúne los elementos
de instalación é instrumental más perfectos que so
conocen, y puede admitir, estamos de ello seguros,
la comparación, sin desventaja, con sus similares
más notables del Extranjero.
La electricidad forma su base en sus diversas
aplicaciones, tanto técnicas como higiénicas, de
que antes hemos hablado: empléase el gas para la
calefacción y ventilación, lo mismo en el gabinete
de operaciones que en el laboratorio ó taller; para
la purificación del agua se usa la filtración más
perfecta por medio de bujías de porcelana de
amianto; la esterilización de los instrumentos, que
se considera como punto esencial en la cirugía
moderna, se hace por estufas de ebullición ó por
el trioximetileno; en una palabra, nada falta, no
sólo bajo el concepto de la técnica dental, sino
también de cuanto la ciencia exige hoy en orden
á la asepsia y antisepsia.
El departamento de prótesis es tan completo
como el gabinete operatorio, pudiendo ejecutarse
en él fácilmente los más delicados y minuciosos
trabajos de mecánica dental.
Son estos gabinetes dignos de ser visitados por
los hombres de ciencia, y seguramente han de
serlo por los miembros de la próxima Asamblea
odontológica.
V.
Un recuerdo histórico para concluir.
El descubrimiento de la anestesia, una de las
más trascendentales conquistas de la ciencia
contemporánea, es un timbre de gloria para la
Odontología, puesto que se debe á un dentista, á
Horacio Wells. Ejercía éste la profesión en Hart-
MADRID. — GABINETE DE ODONTOLOGÍA DEL DOCTOR GALLARDO.
(De fotografía.)
ford (Estados Unidos). Según refiere el docto pro¬
fesor de Fisiología de la Sorbona de París, mon-
sieur A. Dastre, en su interesante obra Les Anes -
thésiquesy asistía Wells el 10 de Diciembre de 1841
á una conferencia de química instructiva y re¬
creativa dada por Mr. Colton. Hizo éste al final
algunos experimentos de inhalación del protóxido
de ázoe, y Horacio Wells, hombre de viva inteli¬
gencia y profundo observador, notó con sorpresa
que uno de los concurrentes, sometido á la inha¬
lación, era presa de la más extraña agitación,
hasta el punto de darse fuertes golpes contra los
bancos y las sillas, causándose heridas que mana¬
ban bastante sangre. Vuelto en sí , afirmó que ni
había sentido ni sentía dolor alguno. Aquello fué
una revelación para Wells, que bien pronto aplicó
tan singular descubrimiento á los que en su gabi¬
nete habían de sufrir alguna operación dentaria,
empezando por aplicarse á sí mismo el gas insen¬
sibilizador antes de hacerse extraer un diente,
resultando de la prueba que sólo experimentó
como un ligero alfilerazo.
Sin embargo, los' experimentos en gran escala
no fueron tan concluyentes; y mientras, alecciona¬
dos por aquella tentativa, otro dentista, Morton,
y el químico Jakson, asociados, después de asiduos
trabajos, daban á conocer otro anestésico, el le -
théon , compuesto secreto que no sólo hacia á los
hombres y á los animales insensibles al dolor,
sino que además los aletargaba durante la práctica
de operaciones quirúrgicas. Este, nuevo descubri¬
miento, que no era otra cosa que el éter desnatu¬
ralizado por la esencia de neroli, causó gran sen¬
sación en el mundo científico, y en menos de dos
años llegó á ser el anestésico por excelencia, que
tan inútilmente venían buscando la cirugía y la
Odontología. Al presente, el protóxido de ázoe, el
éter y el cloroformo reinan sin rival.
Hagamos votos por que los odontólogos españo¬
les logren pronto emular y aun eclipsar las glorias
de sus colegas extranjeros, con nuevas brillantes
conquistas en el campo de la ciencia.
Juan Cervera Bachiller.
POR LA GUERRA PAZ.
I.
MADRID. — GABINETE DE ODONTOLOGÍA DEL DOCTOR GALLARDO. — SALA DE CONSULTAS.
(De fotografía.)
jCAN Parrondo y Robusti&no Gil eran
quintos del 93 jpor el cupo de Villalo-
bón; pero habíanles ocurrido no po¬
cas peripecias antes de entrar uno y
otro en el servicio.
Como que Juan Parrondo estuvo á
punto de librarse, y á Robustiano Gil no
le faltó casi nada para ir con recargo á Ul¬
tramar. Todo por virtud de la voluntad que
usaba á diario un tío del primero, cacique
del lugar, y de las artes de que sabía valerse el
secretario del Ayuntamiento.
Al llegar la época de las quintas, y toda vez que
por estar en auge entonces los Parrondos y ven¬
cidos los Giles de Villalobón, á aquéllos les tocaba
no dar soldados ni satisfacer contribuciones, pero
sí servirse de los bienes de propios, etc., etc., y
á los segundos correspondíales no oler siquiera
éstos, pero sí pagar por los otros hasta la contri¬
bución de sangre, cosa fué sabida, y aun aceptada
por todo el pueblo, que Juan se quedaría en su
casa seguramente, mientras Robustiano cargaba
con el fusil.
Y eso que este último era hijo de padre sexage¬
nario y más que pobre, y no tenía otros herma¬
nos, reuniendo así cuantas condiciones exige el
artículo no sé cuántos de la ley, mientras que el
otro carecía de ellas; y si bien su padre figuraba
entre los más ricos del lugar, hubiera parecido
que renunciaba á las preeminencias y goces del
mero y mixto imperio parrondil si se avenía á dar
seis mil reales por redimir al muchacho del ser¬
vicio.
La trampa que armó el secretario consistía en
hacer que apareciese Gil como prófugo, omitiendo
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192 — n.° xii
LA. ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Marzo 1898
pasarle las citaciones que manda la ley
para concurrir á la clasificación y de¬
claración de soldados, y negándose
luego a escuchar sus quejas. Así, aun¬
que no lo fuese en realidad, constaba
en el expediente como tal prófugo.
Entonces existía un precepto legal que
otorgaba derecho á librarse del servi¬
cio á todo aquel que denunciara á un
prófugo, precepto que sólo sirvió para
que se cometiesen mil irregularidades
y algunas infamias, y que venía perfec¬
tamente á los Parrondos y al secretario
para realizar lo que habían discurrido.
Denunciado fué, por consiguiente,
como prófugo el pobre Gil, y la Comi¬
sión provincial, donde los fautores de
la cosa tenían mucha mano, aprobó la
denuncia. Por lo tanto, concedióse á
Juan el derecho á no servir en activo,
y se castigó á Robustiano destinándole
á hacerlo en Ultramar con el recargo
correspondiente.
Hubo, no obstante, un alma caritati¬
va que aconsejó al supuesto prófugo la
forma en que debía reclamar ante el
Ministro de la Gobernación. El expe¬
diente fué así al Consejo de Estado; y
como por mucho que valiese la influen¬
cia de los caciques de Yillalobón no
podía llegar á tan altos centros, y ade¬
más aparecía el fraude muy mal hecho,
vino á resultar que se deshizo la tram¬
pa, quedando libre Robustiano de la
pena que por prófugo le habían im¬
puesto, obligándosele tan sólo á servir
en filas si le tocaba en suerte. Y en
cuanto á la denuncia hecha por Juan,
tampoco prevaleció, y tuvo éste que
resignarse á prestar servicio. La ava¬
ricia de su padre impidió además que
se redimiese, pues el hombre se metió
en tratos con una agencia de redencio¬
nes, lal cual le estafó, como á otros mu-
. chos, haciéndole perder unos cuantos
. centenares de pesetas, todo por querer
ahorrar. Y lo que es peor, el mozo, á
. causa de haber expirado ya el término
legal para redimirse, hubo de ingresar
en el ejército.
II.
Como eran del mismo cupo, al mis¬
mo batallón también fueron los dos
reclutas, y aun á la misma compañía.
El atolondramiento que al principio
produce la vida de cuartel evitó que
chocasen entre sí; pero á medida que
pasaba el tiempo iba saliendo á la su¬
perficie el rencor que se tenían: Pa-
rrondo á Gil, por creer que éste gozaba
con verle humillado, y Gil á Parrondo,
por la treta que se le había querido
jugar.
La influencia de los Parrondos, su¬
biendo del cacique al diputado, y del
diputado á las autoridades militares,
llegó al cüartel , sirviendo para que á
Juan lo nombrasen ordenanza ae la
oficina coronela, y después para que lo
ascendiesen á cabo.
El primer destino separábalo de Gil,
lo que fué un bien para éste; pero el
segundo, que le hizo volver con los ga¬
lones á prestar servicio en la compa¬
ñía, proporcionóle ocasión de ejercer
autoridad sobre su enemigo; y hasta
tal punto se atrevió á abusar de ella,
que los sargentos enteraron á los ofi¬
ciales y éstos al capitán, quien se lo
comunicó al primer jefe, explicándole
la causa de aquel odio. El coronel, para
prevenir cualquier disgusto, ordenó
que el soldado Robustiano Gil pasase
á otra compañía, quedándose el cabo
Juan Parrondo en la suya.
Así las cosas, con la guerra de Cuba
llegó el destino del batallón á la Isla.
Parrondo estuvo á punto de permane¬
cer aquí; pero la tacañería de su padre
lo impidió, pues á punto de concertar¬
se la permuta con otro cabo, se deshizo
todo por cuestión de unos cuantos du¬
ros que no quiso aquél pagar.
En el vapor tuvo ocasión el cabo, y
v más de una, de hacer sentir de un mo-
COMENDADOR ENRIQUE ANGELINI, do contundente á Robustiano cómo le
cónsul de méjico en roma. hubiera tenido más cuenta conformar¬
se desde un principio con su suerte,
(De fotografía de Schembroche y Baldi.) qne no haberse id0 con reclamaciones
ROM A. — PEREGRINACION MEJICANA.— GRUPO DE LOS PEREGRINOS QUE VAN A TIERRA SANTA.
(De fotografía.)
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80 Mabzo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.* xii — 193
Peregrinos visitando un columbario en la vía Appia. — Subiendo la «Scala Santa». — Audiencia concedida por Su Santidad León XUI á los peregrinos mejicanos.
Misa pontifical celebrada el 12 del corriente en la capilla del Colegio Pío Latino* Americano.
ROMA. — LA PEREGRINACIÓN MEJICANA.
(Dibujo de H. Estovan.)
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194 — n.® xii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
SO Marzo 1898
al Ministerio. Así habría servido solo, y sin tener
cerca de sí quien convirtiese los rojos galones de
estambre en instrumento de venganza y de los
odios de aldea.
Por fin llegaron á Cuba, y poco después opera¬
ban en no recuerdo qué provincia. Parrondo y Gil
dejaron de tropezarse, cada cual en su compañía,
y durante bastante tiempo nada les ocurrió de
particular.
Mas al cabo de algunos meses se volvieron á en¬
contrar. Gil había salido del hospital adonde fué &
curarse unas calenturas, y estaba en espera de que
viniese el batallón, que operaba por aquella zona,
para incorporarse á su compañía; Parrondo era
cabo de ordenanzas de las oficinas, y por lo tanto
hallábase libre de salir á operaciones.
Cierto día recibió el comandante militar aviso
de que los insurrectos estaban atacando á un for¬
tín destacado de la población, y para ir á su soco¬
rro organizó una columnita con la gente disponi¬
ble, entre la guarnición y los escribientes, orde¬
nanzas, convalecientes de varios cuerpos y demás
partidas sueltas, y la envió para que acudiera rápi¬
damente al punto atacado. En ella fueron Parrondo
y Gil*
Y el capitán que la mandaba, al llegar al fortín,
y encontrándolo ya libre, mandó practicar un re¬
conocimiento, para lo que dividió su fuerza en
grupos. El cabo Parrondo con ocho soldados man¬
daba uno de ellos, en el que iba su aborrecido Gil.
III.
Abriéndose paso por entre la espesa manigua
avanzaban los nueve , cuando al llegar á una clara
del terreno recibieron algunos disparos. Cubrié¬
ronse como les fué posible , y comenzó un tiroteo
bastante vivo. De pronto unos veinte insurrectos
arrojáronse sobre el pelotón, y lo hubieran ma¬
cheteado á no defenderse Parrondo y los suyos
vigorosamente.
El enemigo huyó, y los nuestros aprovecharon
el respiro que esto les daba para retirarse, no muy
de prisa, pues tenían que trasportar á tres solda¬
dos heridos. Otro quedó muerto, y allí lo dejaron.
De los heridos, uno iba por su pie; los demás, sos¬
tenidos cada uno por dos compañeros. Sólo mar¬
chaban libres Parrondo y Gil, que con el Mauser
preparado, y volviendo la cabeza á cada momento
para ver si reaparecían los mambises , cubrían la
retirada de aquella pequeñísima pero valiente co¬
lumna.
En esto oyóse un tiro, y al suelo cayó el cabo
Parrondo, mientras Robustiano, echándose el fu¬
sil á la cara, disparábalo en dirección á la espesura
de donde se les había hecho fuego, sin ver á nadie,
Eero comprendiendo que allí estaba el enemigo.
os otros soldados útiles y los heridos descargaron
también sus fusiles. Luego siguieron la marcha,
menos Gil, que permaneció junto al cabo, el cual
yacía en tierra sin sentido.
Por un instante lo contempló con ira; después
bajóse á recogerle el fusil para que no cayera en
poder del enemigo. Entonces pudo observar que
abría los ojos y le miraba con expresión de angus¬
tia. No había muerto. Sonaron dos ó tres tiros más
que hicieron al pobre Gil volver la cabeza en di¬
rección al sitio de donde venían y llenar de cartu¬
chos otra vez el depósito de su Mauser. Hizo in¬
tención de continuar, y de prisa, á reunirse con el
grupo; pero rápidamente, y. como á impulsos de
un movimiento instintivo, cogió á Parrondo por la
cintura, y echándoselo sobre un hombro, fué á
esconderse con él en un espeso manigual próximo.
Allí esperó un rato, hasta que dejóse de oir el fue¬
go; y volvió entonces á salir, no sin haber procura¬
do antes contener la hemorragia del herido, apli¬
cándole un pañuelo empapado en aguardiente de
caña, del que llevaba en la cantimplora. Le hizo be¬
ber también un buen trago, que reanimó al infeliz,
y así Parrondo por su pie, pero sosteniéndolo Gil,
siguieron poco á poco a ver si lograban alcanzar á
la columna. No tuvieron esa suerte, y tras de una
marcha penosísima que duró algunas horas, á pe¬
sar de que sólo tenían que recorrer poco más de dos
kilómetros, llegaron al fortín avanzado, de donde
ya, por no ser necesaria, había salido la fuerza de
socorro con dirección al pueblo.
El comandante del destacamento avisó por te¬
léfono al de la plaza, y aquella noche el cabo Pa¬
rrondo y el soldado Gil dormían en el Hospital
militar, pues el último, aunque no herido de gra¬
vedad, volvió con las ropas y las carnes destroza¬
das y rendido de fatiga.
IY.
Habían pasado algunos meses: por la carretera
que va de Villalobón á Cértoles, estación de vía
férrea la más próxima, iban, unos en carro, caba¬
lleros en muía ó pollino otros, y á pie los demás,
buen número de vecinos del primero de ambos lu¬
gares. Pero no caminaban reunidos, sino en dos
grupos, separados entre sí más de cien metros. Así
llegaron á la estación y así permanecieron en ella,
á la una parte los Parrondos y á la otra los Giles;
que estas familias y sus deudos, amigos y partida¬
rios, eran los que aquellos grupos formaban.
La de Juan y la de Robustiano habían tenido
carta de Santander, en que éstos les decían que
acababan de desembarcar y que llegarían á Cér¬
toles á tal hora. A esperarlos, pues, acudían sus
parientes y no pocos que no lo eran; casi todo el
vecindario de Villalobón.
La mañana estaba fresca, y ambos grupos man¬
teníanse en el andén muy separados. Más de una
mirada hostil cruzábase entre los de uno y otro.
Los padres de Gil, aunque alegres por la esperan¬
za de ver á su hijo pronto, no perdonaban á los
que con sus trapacerías se lo arrebataran dorante
más de dos años; y los de Parrondo, entre los
c a ales estaba el Alcalde, no podían contener su
despecho al ver que aquellos mendigos de Giles
habían conseguido romper las ligaduras del poder
absoluto ejercido por el bando á la sazón dominan¬
te sobre todos los seres del lugar y sus inmedia¬
ciones.
El silbido de la locomotora los sacó de tales pen¬
samientos, y poco después el tren paraba frente al
andén. En las ventanillas de los coches de tercera
aparecían muchos soldados con traje de rayadillo,
demacrados y amarillentos, y que, así y todo, te¬
nían humor de saludar á gritos y con bromas á las
gentes que llenaban la estación. En una de esas
ventanillas venían dos gritando más que los otros,
un sargento y un soldado, allí muy juntitos, abra¬
zados casi.
Paró el tren, y la portezuela de aquel coche se
abrió, bajando el soldado, quien desde el estribo
tuvo que ayudar el descenso del otro, más débil y
enfermo: eran Robustiano y Juan; éste ya con los
galones de sargento, y los dos con varias cruces
rojas sobre la descolorida guayabera.
Los vecinos de Villalobón arrojáronse sobre
ellos, teniendo que mezclarse ambos grupos; y
allí fue la de abrazos y gritos y lágrimas de ma¬
dres, hermanas y primas, y de mozas y mujerucas
no parientas, tanto que á poco los destrozan. Por
lo pronto los separaron, y cada pelotón salió con
el suye del andén, dirigiéndose hacia la carretera.
En ella estaban los carros y las caballerías. A Pa¬
rrondo le tenían preparada una galera, casi tartana,
de su tío el cacique , y á ella le subieron, y ya iban
á emprender la marcha, cuando se observó que
buscaba á alguien.
— ¿Qué buscas? — le preguntaron.
— ¿Y Robustiano?
— ¿Para qué quieres á ese ?
— ;Toma! para que venga aquí conmigo.
— I Contigo 1 ¿Aquí entre nosotros? .
— Conmigo y abrazaos los dos, como me sacó de
la manigua cuando me hirieron. Qué, ¿no lo sa¬
bíais? A él le debo la vida.
Los Parrondos se miraron con estupefacción
unos á otros. No sabían que hacer ni qué decir.
En esto apareció el grupo de los Giles, y Juan
asomándose á la trasera del vehículo, gritó:
— ¡Eh, tú, Robustiano, súbete aquí!
El soldado, separándose de entre los suyos,
subió.
— Ahora — volvió á decir Juan — nosotrosyim-
tos y vosotros yunto detrás, y todos al pueblo, y
se acabaron las cuestiones. ¡Andando!
Y el grupo, sólo un grupo , siguió tras de la ga¬
lera-tartana, donde con Juan y Robustiano habían
subido el padre de éste y el Alcalde.
Los vecinos de Villalobón caminaban muy con¬
tentos, y en más de unos ojos de mujer y en algu¬
nos de hombre asomaban lágrimas que ninguno
de ellos podía explicar.
El caso es que en el pueblo se acabó la rivali¬
dad de Giles y de Parrondos, contribuyendo á la
unión la boda del sargento Juan, inútil para el
servicio, pero no para el matrimonio, con una
hermana de Robustiano.
¿Y no tiene moraleja este cuento? Pueden bus¬
carla y dar con ella los lectores, si gustan.
Juan Lapoulide.
TERCERA RACIÓN DE ARTÍCULOS.
Así llama el Dr. Thebussem su último trabajo,
originalísimo como todos los suyos, de fina crítica
y de sana enseñanza, al mismo tiempo que recrea
tivo.
Con algún ejemplo vamos á demostrarlo.
«Cristóbal Colón $ se titula un capítulo, ocupán¬
dose de una obra publicada en Barcelona haciendo
historia del glorioso navegante.
El Doctor menciona el pasaje de la historia de
Colón en el que se dan noticias que marcan cos¬
tumbres y creencias de la época del descubri¬
miento. Señala la Real Cédula de 23 de Febrero
de 1505, por la que se concede al almirante Don
Cristóbal Colón, que no podía andar á caballo
por causa de sus enfermedades, licencia para via¬
jar en muía ensillada y enfrenada, por cualquier
parte de los reinos y señoríos de España; y señala
también el testimonio dado en la carabela Niña
por el escribano Luna, el día 12 de Junio de 1494,
declarando el Almirante, con los pilotos, maes¬
tros y marineros, que Cuba era tierra firme y no
isla..... é imponiendo pena de 10.000 maravedises,
cien azotes y cortar la lengua á quien lo contrario
dijese.
Trascendental ha sido para España que Cuba
no fuese tierra firme y sí isla, no habiéndose apli¬
cado en ella los consejos del gran legislador Don
Quijote, revelados á su inmortal escudero para el
gobierno de su ínsula, cuando dice aquél á éste
que ha de temer á Dios, porque en el temerle está
la sabiduría, y siendo sabio no podrá errar en
nada.
Diferencia esencialísima ha sido que Cuba no
fuese tierra firme y sí isla tan codiciada, no apli¬
cándose en su gobierno aquellos consejos de Don
Quijote ai flamante gobernador, cuando le dice:
«Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele
tener mucha cabida con los ignorantes que pre¬
sumen de agudos. Hallen en ti más compasión
las lágrimas del pobre; pero no más justicia que
las informaciones del rico. Cuando pudiere y de¬
biere tener lugar la equidad no cargues todo el rigor
de la ley al delincuente, que no es mejor la fama
del juez rigoroso que la del compasivo », etc., etc.
La diferencia esencialísima á que antes aludi¬
mos se refiere á cómo en la historia se han des¬
arrollado los sucesos por lo que respecta á la gran
Antilla; que otra hubiese sido la suerte de todos,
isleños y peninsulares, habiendo formado parte
del continente americano el territorio cubano.
Por más que , para los grandes hombres como
Colón y Cervantes, tierra firme, ó sin serlo Cuba,
en ellos de sus actos hubiese resplandecido siem¬
pre la acción de una buena voluntad.
Esta ha querido demostrar Thebussem en su ca¬
pítulo ó carta Seudonimia , reproduciendo párra¬
fos de una carta de Don Quijote á Sancho, ya go¬
bernador de la ínsula Barataría.
«No hagas muchas pragmáticas, y si las hicieres
procura que sean buenas, y sobre todo que se grfar-
den y cumplan; que las pragmáticas que no se
guardan, lo mismo es que si no fuesen; antes dan
á entender que el príncipe que tuvo discreción y
autoridad para hacerlas, no tuvo valor para hacer
que se guardasen.»
Hoy diríamos el Poder ejecutivo.....
A nadie queremos culpar, ni tampoco al Poder
legislativo; pero sirvan de lección los recuerdos
que tiene para España aquella sesión de las Cortes
generales ordinarias de 10 de Octubre de 1813,
que recibieron con agrado las felicitaciones de
ayuntamientos del Perú participando que la Cons¬
titución española había sido publicada y jurada
allí con regocijo y solemnidad.
Los regocijos públicos en los recientes estudios
sociológicos, se ve que tienen más de peligrosos
que de satisfactorios andando el tiempo.
Concretándonos á España, para abreviar, no
podemos menos de reproducir íntegro del libro
de Thebussem este párrafo de un artículo escrito
el año 1889 , que dice así : t
«Si el hallarse en las listas de masones viene ’á
ser como encontrarse, v. gr., en la de mozos para
reemplazo del ejército, en las de policía para ser
perseguido, en las del Jurado para administrar
justicia, etc., es decir, en esas agrupaciones para
las cuales no se cuenta con el beneplácito del in¬
dividuo, bien podré ser masón contra mi voluii-
tad, sin comerlo ni beberlo.»
El autor demuestra gallardamente su indepen¬
dencia de carácter, y el aspecto de mesa revuelta
que tiene la cosa pública.
A criticarla agudamente encamina la reseña que
hace de que España disfruta el privilegio de mar¬
char á la cabeza de los países más prolíficos en
emisiones y variedades de sellos. Ninguno le aven¬
taja en el número, y casi todos le exceden en la
calidad del producto. Empresa difícil era la de
clasificar metódica y acertadamente los cuatro¬
cientos y pico de sellos de la Península y de Ul¬
tramar.
Pero cuando la crítica resplandece con todo su
esplendor, es cuando el ilustre Doctor describe
Una alcaldada , de la que fué víctima en Enero
de 1874.
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30 Marzo 1890
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# xii — 195
De ella da cuenta en forma epistolar, y al prin¬
cipio de su carta estampa estos renglones:
cYo no pertenezco á ningún bando politico, ni
me he mezclado en asantos electorales, ni he pre¬
senciado sesiones del Parlamento, ni he servido
cargos ni destinos públicos, ni fui miliciano, ni
soy jurado, ni siquiera elector, qae mi dinero me
cuesta el no serlo. Y por esta causa, por esta anti¬
patía que me produce cuanto se relaciona con la
res publica , me admira y espanta que haya hom¬
bres dispuestos á gastar su tiempo, su salud, sus
doblones y su paciencia en llegar á diputados vul¬
gares y del montón, de esos cuyo paso por el Con¬
greso sólo contribuye al destrozo de alfombras.»
Anselmo Fuentes.
Á UN IMPACIENTE.
SONETO.
Lo que no logres hoy , quizá mañana
Lo lograrás; no es tiempo todavía;
Nunca en el breve término de un día
Madura el fruto, ni la espiga grana.
No son jamás en la labor humana
Vano el afán ni inútil la porfia;
El que con fe y valor lucha y confia,
Los mayores obstáculos allana.
Trabaja y persevera, que en el mundo
Nada existe rebelde ni infecundo
Para el poder de Dios ó el de la idea;
¡Hasta la estéril y deforme roca
Es manantial cuando Moisés la toca,
Y estatua cuando Fidias la golpea!
Manuel de Sandoval.
teatro lírico. A la de Regina Pacini, que se des¬
pidió cantando como ella solamente sabe hacerlo
El Barbero de Sevilla , con el aditamento de las
Variaciones de Proch, que le valieron una de las
mayores ovaciones que habrá escuchado durante
su vida artística, han sucedido la de la Sra. De-
Macchi, que se despidió el pasado martes cantan¬
do magistralmente I Pagliacci, un acto de Norma
y la nueva ópera II Gladiator e9 en las que demos¬
tró cus excepcionales dotes artísticas, recogiendo
abundante cosecha de aplausos, y la de los seño¬
res Bonci y Blanchart, verificadas la noche de
ayer, cantando Rigoletto de la incomparable ma¬
nera con que ambos excelentes artistas interpre¬
tan todas las obras en que toman parte.
Finalizando ya la temporada oficial de abono,
nada habrá que sea digno de mención en los días
sucesivos, y el Real cerrará sus puertas hasta el
{>róximo año. Dignos de toda clase de elogios son
os esfuerzos hechos constantemente durante la
presente temporada por el inteligente empresario
Sr. Conde Salazar y el insustituible director de
escena D. Luis París, que han conseguido , gracias
á no escasos sacrificios pecuniarios y á una activi¬
dad y énergía incomparables, hacer una campaña
como no recordamos otra desde hace bastantes
años. Los aplausos y plácemes del público recom¬
pensarán tantos esfuerzos en la venidera tempo¬
rada, que deseamos sea tan próspera y excelente
como ha sido la presente.
•
• •
Para mañana está anunciada la función patrió¬
tica cuyos productos íntegros se destinarán á au¬
mentar la suscripción nacional abierta para adqui¬
rir nuevos buques de combate, función debida á la
única y generosa iniciativa del Sr. Conde Salazar,
que ha cedido gratuitamente el teatro con todos
sus servicios. Los artistas que en ella toman parte
han renunciado asimismo á toda clase de remu¬
neración. El programa, por cierto muy notable, és
el siguiente:
Primer acto de La Favorita , por las Srtas. Sal¬
vador y Gasull, y los Sres. Bonci y Calvo; Regreso
di la patria, por el orfeón Eco de Madrid; dúo del
segundo acto de Los Puritanos , por los Sres. Blan¬
chart y Riera; Concierto , en el que tomarán parte
las Srtas. Galvany, De-Macchi y Pacini, y los se¬
ñores Bertrán, Battistini, Baldelli y Calañas; La¬
mentación , de Gounod, ;Galia /, por las Srtas. De-
Macchi y Salvador, y más de cien artistas que han
ofrecido su cooperación ; tercer acto de Ernani ,
por la Srta. De-Macchi, y los Sres. Bertrán, Blan¬
chart, Riera y Tanci; cuadro final de Cádiz , de los
maestros Chueca y Val verde.
Se han ofrecido para tomar parte en este cua¬
dro: Clotilde Lombía, Pilar Acebes, Antonio Vico,
Juan Mela, Carlos Sánchez, Enrique Lacasa, Ri¬
cardo Asensio, Lardhy, Benlliure, los alumnos de
la Escuela de Bellas Artes, y gran número de pin¬
tores, escritores y artistas, cuya enumeración va
hecha en la prensa diaria.
Dirigirá la orqaesta el maestro Goula.
• •
El día 2 del próximo Mayo, probablemente,
dará la primera de las cuatro funciones por que se
ha abierto el abono la eminente actriz Eleonora
Dase. Dichas funciones se verificarán desde dicho
día 2 hasta el 12, y las obras representadas serán,
según parece, La Dama de las camelia s> Magda ,
La Mujer de Claudio y otra de un autor inglés,
no conocida en Madrid, que se titula La Segunda
mujer .
PRÍNCIPE ALFONSO.
El reparto de las primeras obras que se pon¬
drán en escena es el siguiente:
Primera. Aida, por las Sras. Micucci y Mas, y
los Sres. Duc y Modesti.
Segunda. Boheme (estreno), por las Srtas. Ste-
hele y García Rubio, y los Sres. Garbín, Hernán¬
dez, Viale y Rossato.
Tercera. Gli Ugonotti , por las Sras. Gabbi, Rot-
tolini y Zawner, y los Sres. Sigaldi, Hernández,
Vidal y Verdaguer; y
Cuarta. Guillermo Tcll , por las Srtas. García Ru¬
bio y Gasull, y los Sres. Duc y Hernández.
El 4 del próximo Abril llegará el célebre maes¬
tro Vigna, director de orquesta, y el 5 empezarán
los ensayos de la ópera Boheme .
ESPAÑOL.
El aplaudido autor y celebrado dibujante don
Pablo rarellada dió á conocer en este teatro la
noche del pasado viernes su última producción,
que es un bonito sainete en un acto, titulado El
Figón . Como su autor no se propuso al escribir
El Figón más que hacer pasar un rato agradable
al público, censurando al propio tiempo el mal
gusto que en materia de literatura dramática rei¬
na actualmente, nada más que elogios merece su
labor, hecha con gran discreción y mucho gra¬
cejo, por lo que alcanzó unánimes aplausos de la
concurrencia, que al terminar la representación
obligóle á presentarse en escena numerosas veces,
en unión de los actores que interpretaron, exce¬
lentemente por cierto, la nueva obra.
PRINCESA.
Mañana se pondrá en escena, por primera vez
en esta temporada, la comedia no representada
hace muchos años, cuyo título es Por derecho de
conquista , y en la cual se distingue notablemente
la Sra. Tubau.
•
• •
Ha entrado á formar parte de la compañía que
actúa en este afortunado teatro la aplaudidísima y
hermosa actriz Julia Martínez, alejada de la es¬
cena desde hace algunos años. Es una buena ad¬
quisición, y por ella felicitamos á la empresa.
PARISH.
Semana de beneficios. Dos, y ambos de exce¬
lentes resultados, han sido los que se han verifi¬
cado: el primero, el de la Srta. Landy, se celebró
el pasado sábado, y en él obtuvo la distinguida
artista no escasos aplausos y muchos y valiosos
regalos de sus admiradores y amigos. El segun¬
do , de la Srta. Corona, se verificó la noche del
pasado martes, y la notabilísima tipie cantó ma¬
gistralmente los actos primero y tercero de La
Dolores , el aria y dúo de Cavalleria rusticana y
el segundo acto de Los Hijos del batallón . Innu¬
merables fueron también los regalos con que sus
admiradores Ja demostraron las muchas simpatías
que cuenta entre nuestro público, é innumera¬
bles las veces que tuvo que presentarse en es¬
cena á la terminación de todos los actos, para es¬
cuchar las cariñosas ovaciones con que el público
premió su excelente trabajo.
Para el próximo viernes se anuncia el bene¬
ficio del Sr. Casañas, con el siguiente programa:
primer acto de La Tempestad , tercero de Marina
y tercero de La Dolores .
LARA.
No es obra de gran empuje ni de importancia
La Jaula del loro , estrenada el pasado miércoles
en el teatro de Lara. Es sencillamente un juguete
de enredo, mejor que muchos otros que se han
celebrado con bombo y platillos, que abunda en
situaciones cómicas muy bien preparadas, dialo¬
gado con mucha gracia fina , y en el que no se en¬
cuentra, ni por casualidad, un chiste de tinte ver¬
doso, ni una dislocación de lenguaje. Sus autores,
los Sres. López Monis y Sánchez Gerona, han
huido cuidadosamente de los juegos malabares de
palabra en el diálogo y de la chabacanería en el
asunto, y justo es reconocer que han escrito un
juguete bastante regocijado, que no tendrían in¬
conveniente en firmar muchos autores de nota.
La interpretación f ué como siempre en este tea¬
tro, distinguiéndose la Sra. Val verde y los seño¬
res Larra, Ruiz de Arana, Ramírez y Santiago.
•
• •
Mañana celebrará su beneficio el Sr. Larra, que
pondrá en escena las siguientes obras: La Victo -
ria del General , Mimo , el diálogo nuevo titulado
También la gente del pueblo ..... y La Cuerda Jloja .
ZARZUELA.
El Seminarista . R. I. P. Se estrenó la noche del
martes último, y no fue del agrado de los morenos .
Digna de mejor suerte es la música del maestro
Nieto, que compuso para la fallecida obra. Entre
varios números muy agradables merecen mencio¬
narse una introducción que fué aplaudida, y un
cuarteto que no se repitió por ir la obra cuesta
abajo .
De los artistas que ejecutaron la obra citaremos
únicamente al Sr. Romea, que conservó la sereni¬
dad de ánimo hasta el último momento, é hizo
cuanto pudo para evitar el naufragio.
Un aplauso parala empresa, que puso la obra
con gran esmero.
A.
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196 — n.® jii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Marzo 1893
CAYO HUESO (EB. UU. DE NORTE -AMÉRICA).— EDIFICIO DONDE HA CELEBRADO SUS SESIONES LA COMISIÓN AMERICANA
ENCARGADA DE LA INVESTIGACIÓN DE LAS CAUSAS QUE ORIGINARON LA CATÁSTROFE DEL « MAINE ».
. . /
(De fotografía.)
NO HAY MAS QUE APLANAR UN EXTREMO.
La antigua historia del huero de Colón se ha
contado miles de reces y no ha quedado antigua.
No es difícil rer á trarés de una piedra de moli¬
no si alguien ha abierto antes un agujero. ¿Poner
un huero de pie? Por supuesto No hay más que
aplanar un extremo. La cuestión es ser el pri¬
mero que ha pensado en ello.
En la actualidad hay una idea que se demues¬
tra mejor por medio de una pequeña historia.
«Toda mi rida — dice una señora — he sido pro¬
pensa á dolores de cabeza y á ataques de bilis. Casi
todas las semanas me daba uno con fuertes dolo¬
res en las sienes y un peso en los ojos que no me
dejaba abrirlos. Me daban mareos y tenía que
estar constantemente acostada en un sofá, y hu¬
biera tenido que guardar cama si no hubiera sido
por la necesidad de cuidar de mi familia. Por la
mañana tenía mal gusto de boca, que tenia que
enjuagar frecuentemente por llenáiseme de una
flema espesa. Tenía tan poco apetito que apenas
comía, y después de los alimentos más sencillos
me daban fatigas y los romitaba.
•Algunas reces también arrojaba un fluido
▼erde, y me daba un dolor fuerte y desconsolado
en el costado derecho. Después de cada ataque
me sentía muy débil, lánguida, cansada y lo pa¬
saba muy mal; unas reces mejor, otras peor. Así
esture algunos años, y en este tiempo tomé me¬
dicinas de todas clases que llegaban á mi conoci¬
miento, y esture dos años riendo á un médico,
poniéndome peor á pesar de todo lo que se hacía.
»Un día de Abril de 1800 me trajeron á casa un
libro de una medicina Humada Jarabe Curatiro
de la Madre Seigel, y en él encontré un caso
como el mío. Me procuré una botella en Monkga-
te, en la botica del Sr. John Beckett, y después
de tomarlo un poco de tiempo, con sorpresa y
alegría me abandonaron los dolores de cabeza >
las fatigas, y nunca me había sentido mejor. Si
hubiera conocido e-*ta medicina y la hubiera usado
hace años, me hubiera ahorrado muchos sufri¬
mientos. — (Firmado): Elisa Ware, Newbro
Street, 65, York, Abril 23 de 1891.»
No podemos saber hasta que no aprendemos
De la carta se desprende que esta señora sufría
de indigestión crónica y enfermedad del hígado.
Esto explica la presencia del fluido verde de que
habla, que es bilis. El objeto de la bilis es que
pasa del hígado á los intestinos para lubricarlos
y ayudar á la expulsión de las materias fecales.
En este, como en todos los casos de indigestión,
la bilis estaba fuera de su lugar. Permaneciendo
en la sangre, en donde es un veneno, ocasionaba
los dolores de cabeza, mareos y otros síntomas
Eeligrosos y desagradables. Esto sucedía porque
acía trabajar al hígado demasiado, hasta que al
fin dejó de trabajar, como suelen hacerlos tra¬
bajadores cuando se abusa de ellos. El hígado
llegó á este estado por causa del estómago, que,
á consecuencia de la indigestión , trataba de que
el hígado hiciera el trabajo de los dos.
Vemos de este modo que esta dificultad era la
verdadera, y todas las demás, consecuencias y
síntomas. Al curar el desarreglo gástrico, el Ja¬
rabe Curativo de la Madre .Seigel libró necesaria¬
mente al paciente do todos sus resultados.
El Sr. John McDonald, Oreen Park, Canter-
bury, Nueva Zelandia, escribe: «Con mucho gusto
testifico la eficacia del Jarabe Curativo de la Ma¬
dre Seigel. Hace unos siete años que perdí la sa¬
lud por completo. Vi á cuatro médicos, mes y
medio á cada uno, sin lograr aliviarme. Alguien
me dijo que probase el Jarabe. Lo hice, y en
veinte días estaba curado. Desde entonces, hace
ahora unos siete años, he gozado de perfecta sa¬
lud y he aumentado en peso 28 libras. Tengo mas
de cincuenta años, y parezco mejor que cuando
tenia veinticinco, (¡¡radas d Dios y á la Madre
Seigel .*
De este modo aprendemos á poner un huevo
de pie, y también que el mejor medio de tener
salud es curar la indigestión.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venta en todas las farmacias, droguerías y ex¬
pendedurías de medicinas del mundo. Precio del
frasco, 14 reales; frasquito, 8 reales.
CUENTOS, POR D. JOSÉ FERNÁNDEZ BREMON.
De venta en las oficinas de La Ilustración
Española y Americana, Arenal, 18, Madrid.
LICOR DEL POLO DE ORIVE
Nada hay tan desagradable como una dentadura sucia, una boca de olor fétido, unas encías pá¬
lidas y blandas. Las señoritas que poseen el arte de la belleza y que saben lo que más encanta al
hombre, sostienen sus dientes con hermoso y nacarado marfil, las encías duras y rosadas como el
carmín y la boca deliciosamente perfumada por la menta y la rosa, con el uso diario del más ba¬
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cipales librerías. Precio, una peseta.— Los pedidos é
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Salicilatos de VIVAS PÉREZ
adoptados d.e I^eal Orden
POR EL MINISTERIO DE MARINA Y POR EL DE GUERRA
Loa recomiendan indiscutibles autoridades médicas. — Celebran con entu¬
siasmo sus efectos cuantos los usaron.
Se imitan y falsifican sin resultado.
VINO de CHASSAING
BI- DIGESTI VO
Prescrito desde 25 años
Contra las AFFECCIONES de las Vías Digestivas
PARIS, 6, A tenue Victoria, 6, PA RIS
T ur TODAS LAS PR1KC1PALBS VA a MACLAS
REUMATISMO
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Impreso 00a tinta de la ftfbrloa LOMLIEPX y C.\ 16, rus Suger, París.
fieaervodos todos los derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID.— Establecimiento tipolitográfico «Sucesores de Rivadeneyra»,
impresores de la Real Casa.
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AÑO XLII. — NÚM. XIII
administración:
A. E E N A X», 18»
Madrid, 8 de Abril de 1898.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Demás Estados de América y
Asia .
NUESTRO SEÑOR LLEVANDO LA CRUZ,
CUADRO DE SEBASTIÁN DEL.PIOMBO.
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198 — n.° xin
LA ILÜSTRa6iÓN ESPAÑOLA' Y AMERICANA
8 Abril 1898
SUMARIO.
TEXTO. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — San Juan de la Peña,
por D. Pedro Gascón de Gotor, presbítero, correspondiente de la
Real Academia de la Historia. -Sorpresa de Arnicas, por D. G. Re-
paraz. — La procesión del Viernes Santo en Murcia y el escultor
Salzillo, por D. José Pío Tejera — Soliloquio de un alma á Dios,
poesía, por D. Lope de Vega — El cacao, el chocolata y el ayuno,
por D. Angel Stor. — Extrañas. Las campanadas de la Pascua, por
D. Alfonso Pérez Nieva. — Por ambos mundos. Narraciones cos¬
mopolitas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa.— Los teatros, por A.
—Sueltos.— Libros presentados á esta Redacción por autores ó edi¬
tores, por C — Anuncios.
GRABADOS.— Bellas Artes: Nuestro Señor llevando la cruz, cuadro de
Sebastián del Piombo. — La Semana Santa en Madrid: Visita de Sa¬
grarios, dibujo de Pía.— La Semana Santa en Roma: El Capitulo de
San Juan de Letrán dando gracias ante el altar de la Confesión
después del bautismo de los judíos. — Ilustración del articulo San
Juan déla Peña. — Madrid: Cuadro Anal de la función patriótica
celebrada en el teatro Real la noche del 31 de -Marzo -ultimo Ova¬
ción tributada á S. M. la Reina Regente. — La Semana Santa en
Murcia: La Verónica. El prendimiento. Mater Dolorosa? Cristo-en
\i columna. San Juan. La caída. — Jesús Nazareno: imagen que se
venera en la iglesia de San Juan de Letrán, en Montoro Córdoba».
— Roma: Bendición de Su Santidad León XIII en la plaza de San
Pedro.— Retrato de D. Ramón de Carranza y Reguera, teniente de
navio, agregado naval de España en los EE. UU.áe Norte- America.
CRÓNICA GENERAL.
es condensar las impresiones
JpW de estos días. Esto es lo que oíamos
^ principio:
— ¿Qué me dice usted del mensaje
/ ¿ las Cámaras con que acompaña
Mac-Kinley el informe de la comi-
^ sión norteamericana acerca de la vola¬
os dura del Maine?
X# — Que me repugna tanta hipocresía. Sólo
con empezar diciendo que la ida del crucero á la
Habana significaba una visita de cortesía, y que
así fue aceptada y devuelta por el Gobierno espa¬
ñol, se patentiza la falta de sinceridad del docu¬
mento, cuando es sabido hasta de los chiquillos lo
que ocurrió, y que aquel buque iba á intimidar ó
provocar. Pues ¿qué me dice usted de la indirecta
al pueblo de los Estados Unidos, diciendo que á
su sensatez se debía que no hubiera tomado la ven¬
ganza? Si eso no es excitar los ánimos con apa¬
riencia de moderación, no entiendo el lenguaje
político.
— ¿Lo juzga usted así?
— ¡Ya lo creo! lo tengo por evidente; y sólo
siento una cosa.
— ¿Cuál?
— Que hemos sido burlados apelando á nuestra
hidalguía: se hizo creer que convenía salvar la
responsabilidad del jefe del buque y oficialidad
salvada, y no hemos debido consentirlo en asunto
tan grave. ¿Los hubieran recibido con* palmas en
su patria á saber su verdadera conducta? Indigna
y hace arder la sangre que, siendo los españoles
los que salvaron á los supervivientes, se nos inju¬
rie y haga cargos, y sean recibidos en palmas los
que evitaron el peligro.
— Tal vez no pase de eso.
— Sería lo de menos; pero, créalo usted, ese do¬
cumento del Presidente traerá cola.
Al día siguiente:
— ¿Qué hay de nuevo?
— Nada bueno: los oradores del Capitolio pare¬
cen energúmenos. Los periódicos jingos no pueden
expresarse más soez ó indignamente: todo se vuel¬
ve llamamientos á la guerra, y se dice que el Pre¬
sidente tiene miedo.
— La cosa se complica; y nosotros ¿qué hacemos?
— Correr el temporal. Como los asuntos diplo¬
máticos son tan reservados, no se sabe lo que ocu¬
rre; pero se habla de un Consejo de Ministros muy
importante, y el pueblo empieza á acostumbrarse
á la idea de otra guerra: por de pronto, se organiza
á toda prisa una función en el Real para empezar
á reunir fondos destinados á adquirir un buque de
combate.
— Ya lo sé; pero me parece que falta tiempo
para que esa función improvisada de productos.
— No lo sé: dicen que nos han hecho imposicio¬
nes inadmisibles, y esto no es sino el principio de
la contestación que da el público. Los fondos ba¬
jan que es un primor. La Reina está muy animo¬
sa, y es claro, ¿ qué han de hacer los hombres?
— ¿Cuánto se recaudó en el Real?
— Ciento cincuenta mil duros.
— ¡Hermoso beneficio!
— Como que sólo el Marqués de Villamejor dió
cincuenta mil duros por un palco.
— Aplaudirían su generosidad..—
— Tuvo una merecidísima ovación. En fin, hubo
butaca que se pagó á mil pesetas, y entrada gene¬
ral á tres mil; un obrero dió cien duros por la suya.
~¡Esto es hermoso! '
— Pues más hermoso todavía^Tesultó que, siendo
el entusiasmo, delirante, no se.oy.ó ni un insalto
contra nuestros provocadores, y sí sólo vivas y
aplausos. Conmovida estaba la:* Reina al verse tan
vitoreada. Magnífica sensación la dé aquel público
tan unido, digno y entusiasta; pero cuando sonó
la marchía de Cádiz y todos á una voz respondie¬
ron al grito musical de ¡Viva España!, aquello fué
imponente.
Más adelante:
— ¿Sabéis lo que se dice? Que la guerra es in¬
evitable: pronta. Es decir, que en vez de una ten¬
dremos dos guerras. Los Estados Unidos nos la
declaran.
— ¿ Por lo del Maine?
— Están en duda por qué. La’cuestión es decla¬
rarla. - t \
—Es que lo del Maine no puede ser causa sino
de un arbitraje;* porque el informe de nuestros
mári nos-vale tanto como el suyo y es contrario,
y porque la opinión de todos los técnicos nos es
favorable.
— Pues será por lo de los reconcentrados.
— Si ya no los hay.
— Pues será porque les da la gana: se creen
fuertes, nos juzgan débiles y extenuados .
— ¿Y que te parece de esto?
— Al principio me dió temor, lo confieso: una
desgracia más para el país: las consecuencias para
todos: ¡más sangre!
— Eso mismo siento.
— Pero es el caso que, como no encuentro otro
medio, me parece que me voy acostumbrando.
Terrible es empezar otra lucha; pero ¿qué le he¬
mos de hacer?
— Pienso como tú. Somos los acometidos, y la
indignación me quita los escrúpulos.
— ¿Qué dicen las gentes?
— Estoy admirado. Ha habido una manifesta¬
ción esta tarde, para no sé qué cosa, de malos tra¬
tos á los de Montjuich, mezclado con la cuestión
de trigos, cuestiones que rabian de verse juntas.
Todo Madrid estaba enterado, si no del hecho en sí,
porque la verdad es que sólo sabemos claramente
que es inevitable la guerra, sin pormenores ni
datos precisos: pues bien, ni en la manifestación,
ni en las calles, ni en las plazas, ha habido gritos,
ni nadie se ha descompuesto.
— En cambio en los Estados Unidos ya han
ahorcado las estatuas de Sagasta, Dupuy, Mac-
Kinley, ¿qué sé yo? ¿Será falta de calor?
— Todo lo contrario: nunca he visto á la gente
más unánime y decidida; pero en serio, sin jac¬
tancias, con la sangre fría del que no busca rui¬
dos y se revuelve sonriendo contra el agresor y le
dice: — ¡Ea! Acométenos; hemos descontado todo
lo peor; no te saldrá de balde.
— ¿Tan dispuestos están?
— Ese es el espíritu general.
— De modo que la guerra.....
— La esperan con tranquilidad.
— ¿Qué dicen los soldados?
— Que saltan las cápsulas queriendo meterse en
los cañones.
— ¿Y los jóvenes?
— Desean ser soldados.
— ¿Y los viejos?
— Se armarán aquí para sustituir á los que va¬
yan hacia allá.
— ¿Y las madres?
— Ya no tienen lágrimas: han derramado tan¬
tas que tienen seca el alma, y sólo sienten ira.
La ola sube; la paciencia está agotada; se va cris¬
talizando algo grande en la conciencia pública.
¿Que va á suceder? ¿Estará el Gobierno al unísono
con ese sentimiento?
— ¿Qué ocurre?
— Que ya no hay guerra.
— ¡Hombre! Pues que sea enhorabuena para
todos.
— Media Su Santidad. Lo dicen ya con seguri¬
dad los periódicos.
— ¿Se saben las bases?
— Cada cual dice su cosa. Un armisticio .
— ¿Y eso tiene trazas de formal?
— Mediando Su Santidad León XIII .
— Quiero decir, ¿está admitida la mediación poí
ambas partes? Porque no bástanlos buenos deseos
del Pontífice.
— Con decir que España está conforme y que la
propuso Mac-Kinley .
— Permítame usted: la inició España.
— Alto ahí: es cosa de Alemania.
— Enten (íá
monos.
Pero ftté\mposible que se entendieran.
Nueva fase.
— Todo ha concluido, ya no hay mediación: va¬
mos á la guerra.
— Pues lo siento; pero..... ¿qué se le ha de hacer?
— Sin embargo, hay un átomo de esperanza.
— ¿Cuál?
— ¡Dios sobre todo!
Hemos procurado reflejar fielmente las alterna¬
tivas por que han pasado el pensamiento y las
ideas en Madrid, y al decir Madrid, creemos que
en toda España. Escribimos en plena duda, que
acaso se habrá aclarado en parte ó del todo cuan¬
do se lea nuestra Crónica; en momentos que pare¬
cen muy críticos, pero que tienen acaso la ventaja
de empujar las cosas á una solución definitiva. En
medio de todo, y suceda lo que quiera, consuela el
ánimo el considerar la calma conque todos se dis¬
ponen á arrostrar con gratitud ó digna resigna¬
ción lo que Dios sea servido concedernos ó ne¬
garnos. La Semana Santa transcurre con preocu¬
paciones graves para todos; que a todos alcanza
este trastorno político-social. En todos los templos
se disponen rogativas por la paz, y hay verdadera
gratitud hacia el beatísimo León XIII, sea cual¬
quiera el éxito de su bondadosa intención, por sus
caritativos sentimientos.
Nuestra última impresión ai cerrar esta Cró¬
nica, es la ruptura de relaciones. Los Estados Uni¬
dos no ceden en sus exigencias, y España, que ha
cedido siempre , no puede dar más. Así lo ha ma¬
nifestado el Gobierno. No hemos buscado la gue¬
rra, no la queremos, la consideramos una calami¬
dad pública; pero España no tendrá en lo que
suceda ni responsabilidad ni remordimientos de
conciencia. Si se llega á verter la sangre en nom¬
bre de la humanidad, resultará muy sangrienta la
ironía de esas gentes compasivas. Y como no hay
más razón que la justifique que un negocio, será uno
de tantos crímenes pagados que registra la Histo¬
ria, pero entre todos el más inmoral y escandaloso.
Dios proteja á España, y que todos cumplan sus
deberes: unión, energía y desprendimiento de las
haciendas y las vidas. Se trata de la honra nacio¬
nal, y cuando la conciencia está tranquila debe
estar animoso el corazón. Duélenos el nuestro
porque servimos para poco; pero sufriremos y go¬
zaremos con los pesares y ventajas de nuestro
ejército y marina, si no hay otro temperamento
que las armas ni más arreglo que la destrucción.
¡Dios no lo quiera I
•
• *
Zola está de enhorabuena. El Tribunal de Casa¬
ción ha anulado todo el procedimiento por el cual
fue condenado á un año de prisión y multa: no le
ha absuelto, como dicen algunos de sus partidarios;
ha declarado que el Ministro de la Guerra que le
acusó no tenía representación para ello, y sí el
Consejo de Guerra agraviado por el autor do Nana .
No tiene, pues, la responsabilidad legal en que ha¬
bía incurrido, pero le queda la moral. El lallo del
alto Tribunal francés se ha limitado á ui a cues¬
tión de forma, dejando al Gobierno en situación
crítica, de que se ha disculpado con otr< prece¬
dente en que se había sentado jurisprudencia de
la representación legítima del Ministro de la Gue¬
rra. Falta saber ahora si el Consejo de Gu írra in¬
tentará de nuevo el proceso y si se renovar i la agi¬
tación: en ese caso, el escritor naturalista ^ olvería
á ser acusado, y no sabemos si empezaría ] a agita¬
ción ó encontraría hastiado al público frai cés.
•
• *
El cigarro que fuma D. Lesmes da un chi squido*
— ¿Qué tendría dentro? Esto es una ex dosión.
— Felizmente no eres súbdito american* : si no,
pedirías á España una indemnización, y * endría-
mos que pagarte la nariz, las gafas y un so obrero.
— Un orador yankee , enseñándonos loi colmi¬
llos, ha tachado á España de cobarde.
— Estaría terrible, porque un yankee rritado
debe parecer un jabalí.
— ¿Conque un disparo de esos cañonei cuesta
tanto?
— Un dineral.
— Pues no nos indispongamos con Rot schild,
no sea que bombardee el universo.
José Fernández Bren >n.
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8 Abril 1898 LA.
- -NUESTROS -GRABADOS.-
BBLLAS ARTES.
Nuestro Señor llevando la cruz , cuadro de Sebastián del Piombo.
La Semana Santa en Madrid: Visita de Sagrarios , dibujo de Pía.
Después de ser cruelmente flagelado, coronado
de espinas y brutalmente escarnecido por el pue¬
blo judío, salió Jesús con su cruz al lugar llamado
de la Calavera, y en hebreo Gólgota. En estos mo¬
mentos representa al Salvador el cuadro de Se¬
bastián del Piombo, que en la primera página re¬
producimos. El Redentor, en cuya fisonomía se
refleja la divina armonía del más acerbo sufri¬
miento con la más humilde conformidad, camina
agobiado bajo el peso de la cruz, ayudado por Si¬
món el de Cirene.
El verdadero apellido del autor de este hermoso
cuadro es Luccani, y el sobrenombre del Piom -
boy con que es generalmente conocido, procede de
haberle encomendado el pontífice Clemente VII
el oficio del piombo en la Cancelaría, donde, como es
sabido, se despachan las bulas con el sello de plomo .
Nació Sebastián del Piombo en Venecia en
1485, y fué discípulo de Georgione, con el que
aprendió á ser excelente colorista, y del gran Mi¬
guel Angel, que le enseñó su portentosa manera
de dibujar y le ayudó hasta el punto de colaborar
en algunos de los cuadros de Sebastián. Este bri¬
lló en Roma, y en los últimos tiempos de su vida
di cese que apenas se ocupaba en la pintura, mo¬
destamente satisfecho con su empleo de la Cance¬
laría. Murió en 1547.
Con la elegancia que tantas veces hemos reco¬
nocido en sus artísticos dibujos, representa Cecilio
Pía, en el que nuestro grabado de la página 200 re¬
produce, la piadosa y tradicional costumbre de vi¬
sitar los Sagrarios en la tarde del Jueves Santo.
Las damas españolas, invencibles mantenedoras
de nuestras clásicas costumbres, persei^ran en
asociar en este día á la piedad de su cristiana de¬
voción las galas más lujosas en honor de tan so¬
lemne fiesta, y difícilmente se hallarán en otra
parte galas más adecuadas que el traje negro y el
incomparable tocado de la mantilla española.
•
• *
LA SEMANA SANTA KN ROMA.
Entre las solemnes ceremonias religiosas que
en Roma se celebran durante la Semana Santa,
llaman muy justamente la atención de los extran¬
jeros que se encuentran en la Ciudad Eterna las
que el Sábado de Gloria se practican en la basílica
de San Juan de Letrán. Comienzan éstas antes de
las siete de la mañana, y no terminan antes de
la una.
El Cardenal Vicario, acompañado de todo el
Capítulo y clero de la Patriarcal y de todos los
ordenandos, pasa procesionalmente al vecino Bap¬
tisterio de Constantino, donde, después de la ben¬
dición de la pila, se celebra el bautismo de los
judíos.
El dibujo de H. Estevan, que en la página 201
publicamos, representa el momento en que el Ca¬
pítulo, clero y ordenandos, al regresar á la basíli¬
ca, se arrodillan al pasar por delante del altar de
la Confesión y dan gracias al Todopoderoso por
el acto realizado.
Después se trasladan al ábside y se celebra la
misa solemne, durante la cual se verifica la orde¬
nación de los diáconos.
•
« •
SAN JUAN DE LA PEÑA. — (Véase la pág. 202.)
• •
MADRID.
La función patriótica en el teatro Real.
En la doble página 204 y 205 reproduce nuestro
grabado el magnífico y brillante aspecto que la
sala de nuestro primer teatro lírico presentaba en
la función patriótica celebrada en la noche del
jueves 31 del próximo pasado Marzo.
El patriotismo de todas las clases sociales con¬
tribuyó con noble emulación á aumentar los ren¬
dimientos de esta fiesta, abonando por las locali¬
dades sobreprecios considerables, y enviando do¬
nativos, entre los cuales no puede dejar de citarse
©1 del Sr. Marqués de Villamejor, que dió por su
palco un millón de reales; pero como además de
esta importantísima cooperación material había
que llevar á la fiesta la del espíritu, al teatro Real
acudieron S. M. la Reina y SS. AA. la Princesa de
Asturias y la infanta D.a Isabel, y el todo Madrid
distinguido y elegante, á declarar con su presen¬
I ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° XIII — 199
cia y proclamar con su entusiasmo que todas las
clases se identifican en un solo pensamiento y un
solo amor cuando del honor de la patria se trata.
Todos los artistas que en la brillante fiesta*^ to¬
maron parte fueron muy aplaudidos, porque? el
público premiaba con calurosas ovaciones, además
de sus artísticos méritos ya reconocidos, el gene¬
roso concurso que á tan simpática solemnidad pres¬
taban.
Pero el momento capital de la función fué el
cuadro final , obra de los eminentes artistas her¬
manos Benlliure, Lhardy y otros, ayudados por
los alumnos de la Escuela de Bellas Artes y por "el
director de escena del teatro , D. Luis París.
En el centro, y en último término del escena¬
rio, alzábase sobre un gran pedestal un león do¬
rado de gran tamaño en actitud gallarda y arro¬
gante, sosteniendo con una de sus garras el escudo
de España, que á su vez descansaba sobre un pa¬
bellón de banderas nacionales.
Detrás del león, cuyos ojos eran dos focos eléc¬
tricos de gran potencia, aparecía otro cuerpo ar¬
quitectónico mas reducido, en el que se veían las
tres carabelas Pinta, Niña ; y Santa María , repro¬
ducción fiel de las que surcaron el Océano al des¬
cubrir Colón un Nuevo Mundo para España. En
el centro de este pedestal, las inscripciones <r Al¬
fonso XII» y «Alfonso XIII».
A los lados de este monumento, en cuya parte
superior se destacaba una matrona representando
á España, daban guardia marineros.
Al pie del artístico trofeo se agrupaban los hé¬
roes de nuestra historia, las artistas con lazos de
los colores nacionales, y numerosa representación
de las regiones españolas con sus característicos
trajes.
Cuando el público saludaba con sus aplausos la
aparición de tan hermoso cuadro, la orquesta y las
músicas militares entonaron la popular marcha de
Cádiz ; y entonces apareció en el escenario, en
proyección luminosa la frase ¡Viva España!,
como si del fuego de todos los corazones y de la
luz de todas las miradas hubieran irradiado aque¬
llas palabras y se reflejasen por un sublime espe¬
jismo en el cielo de aquel imponente cuadro.
El público en masa se levanta de sus asientos y
estalla atronador el enérgico ¡viva!: la Reina, pro¬
fundamente emocionada, se levanta también, y
entonces suenan los acordes de la Marcha Real, y
brotan de todos los labios los vivas á España y
á los Reyes, y la marcha y los vivas se confunden
en un solo himno, porque todos los corazones
sienten entonces que la Patria y la Corona forman
una sola ó inseparable majestad.
Este momento sublime de la función patriótica
es el escogido por nuestro compañero Comba para
su dibujo de las páginas 204 y 205.
•
• *
LA SEMANA SANTA EN MURCIA. — (Véanse las
páginas 207 y 208, donde publicamos las famosas
esculturas de Salzillo, cuyas fotografías nos ha
remitido el Sr. Conde de Roche, y el artículo del
Sr. Tejera en la pág. 203.)
*
« #
JESÚS NAZARENO,
que «e venera en la iglesia de San Juan de Letrán,
en Montoro (Córdoba).
La piedad de los vecinos de Montoro, en la pro¬
vincia de Córdoba, tributa fervoroso culto á una
hermosa imagen de Jesús Nazareno, que se venera
en la iglesia de San Juan de Letrán de aquella po¬
blación.
Una lucida cofradía saca procesionalmente to¬
dos los años á tan grandiosa imageD, haciendo es¬
tación el Viernes Santo de madrugada, y es real¬
mente conmovedor el cuadro que en la triste
ceremonia conmemora el camino del Calvario y
la pasión del Redentor.
La hermosa imagen que presentamos en el gra¬
bado de la página 209 es de origen bastante anti¬
guo, que, si hemos de creer en la tradición, es obra
del gran Montañés, y retocada hace años por el
aventajado cordobés Sr. Monroy.
La actitud noble de la imagen, la manifesta¬
ción verdadera en su semblante de la huella del
dolor y del desfallecimiento, sus ricas vestiduras
de terciopelo y oro, como la rica cruz de plata,
hacen que todo sea de gran mérito artístico, y así
lo reconocen las personas inteligentes; habiéndo¬
se dado el caso que, encontrándose accidental¬
mente en Montoro un Sr. Obispo de Teruel, fué
tanto lo que le admiró esta imagen, que despren¬
diéndose el Sr. Obispo de su valioso pectoral lo
puso al cuello del Señor.
Son muchos los donativos, promesas y cultos
que se le dedican á esta imagen, á la que consa¬
gran mayor fervor los hijos de Montoro, ponién¬
dose bajo su amparo y protección en todas sus
tribulaciones y desgracias.
•
• •
ROMA.
Bendición de Su Santidad León XIII en la plaza de San Pedro.
Nuestro segundo grabado de la página 209 re¬
presenta una de las más grandes maravillas de
Roma, la plaza de San Pedro en la más alta solem¬
nidad de las grandes ceremonias pontificales que
con mayor majestad y ostentación se celebran: la
bendición de Su Santidad á la ciudad y al mundo
entero: urbi et orbu
La plaza de San Pedro en Roma, que nuestro
grabado representa, tiene una grandiosidad que
maravilla. Es una elipse cuyo mayor eje tiene
738 pies de longitud, formada por dos galerías
compuestas de 284 columnas jónicas. Sobre las ga¬
lerías, que tienen 61 pies de altura, se elevan 96
colosales estatuas de santos. Abierta la elipse en
su fondo, se une por dos galerías rectas, coronadas
también de enormes esculturas, á la magnífica es¬
calinata sobre la cual se levanta el más gigantesco
y venerable templo del mundo católico.
La fachada de la basílica mide 370 pies de lati¬
tud por 485 hasta la cruz de su ingente cúpula;
ocupa el centro de la plaza un obelisco egipcio que
remata la cruz cristiana á una altura de 140 pies,
y desde el principio de la plaza hasta la puerta de
San Pedro media una distancia de 400 varas.
En el balcón central de la basílica, que deja en
sombra el amplio baldaquino que la cubre, aparece
la blanca figura del Vicario de Cristo, levantando
$u soberana diestra para derramar la santa bendi¬
ción por los ámbitos del mundo sobre las frentes
de los fieles, en nombre y para gloria de Aquel que
nació dignificando la personalidad humana, vivió
redimiendo al mundo por la divina eficacia de su
palabra y abrió las puertas de la eterna vida con
su muerte.
• *
D. RAMÓN DE CARRANZA Y REGUERA,
teniente de navio, agregado naval de España en los EE. UU. de
Norte-América.
El teniente de navio D. Ramón Carranza y Re¬
guera, cuyo retrato publicamos en la página 212,
nació el 16 de Abril del 63, de familia de marinos;
su padre fué el vicealmirante D. José de Carran¬
za (q. e. p. d.), y sus tres hermanos son oficiales
de la Armada y sirven actualmente en Cuba.
A los trece años ingresó en la Escuela Naval,
siendo el primero de su promoción; de guardia
marina y alférez de navio siempre estuvo em¬
barcado.
De teniente de navio navegó en la Blanca,
Nautilus , Numancia , Navarra y Gerona y Pelayo
y Venadito . Cuando ocurrieron los sucesos de Me-
lilla, embarcó voluntario en aquella escuadra de
operaciones.
Mandando el cañonero Tajo naufragó cerca de
Pasajes, y después de salvar la dotación y cauda¬
les no quiso abandonar su buque, sumergiéndose
con él y siendo recogido por un bote pescador. El
consejo de guerra le absolvió libremente.
Pidió en seguida destino en Cuba, donde estuvo
de oficial de derrota en el Alfonso XII y mandó
el cañonero Contramaestre , con el cual rescató la
goleta Deliay que, cargada de víveres, habían apre¬
sado los insurrectos, privándoles de tan impor¬
tante recurso.
Se apoderó del alijo de una expedición que hizo
el DauntlesSy á viva fuerza y tierra adentro, esca¬
pándosele el buque enemigo por su mucho andar
únicamente; el alijo constaba de 900 fusiles, me¬
dicinas, botiquines, banderas, víveres, ropas, co¬
rrespondencia y otros efectos. En esta operación
de guerra le ayudó la lancha Ardilla .
Tomó parte en varios hechos de armas, con
fuerzas del ejército y desembarcos que hacía con la
gente de su cañonero, habiendo obtenido por los
hechos anteriores de la campaña y por las acciones
de Lomas de Yagují, Colmenar de Vista, Río San
Juan, Playa de la Gallina, Santa Teresa y otras,
las siguientes recompensas: dos cruces de María
Cristina, dos cruces rojas del Mérito Militar, pen¬
sionada una de ellas; otra roja y pensionada del
Mérito Naval; teniendo aún pendiente de resolu¬
ción un juicio contradictorio para la cruz laureada
de San Fernando, la más alta recompensa á que
pueden aspirar los militares españoles.
Este distinguido marino ha sido el encargado
de llevar á Washington el informe de la comisión
española, referente á las causas que originaron la
catástrofe del Maine .
Carlos Luis de Cuenca.
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LA SEMANA SANTA EN ROM A. — EL CAPÍTULO DE SAN JUAN de letrán dando gracias ante el altar de la confesión después del bautismo'de los judíos,
202 — N.* lili
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Abril 1898
SAN JUAN DE LA PEÑA.
tres horas de la ciudad de Jaca (Ara¬
gón), y situado entre Poniente y Me¬
diodía, aparece, ala vista del viajero,
elevado monte, conocido en la anti¬
güedad con el nombre de Paño , y
más tarde de Plano , quizás por la in¬
mensa llanura que forma en su vértice.
Su ascenso está lleno de asperezas y no
exento de peligros, tanto más, cuanto que el
camino se halla dividido por el carrascal ,
especie de barranco ó despeñadero en el que cre¬
cen hermosos tilos.
Sobre el monte existe una cueva de proporcio¬
nes gigantescas, en cuya cima, según la tradición,
el caballo de Juan de Atarée hundió su planta
cuando, desbocado, iba á lanzarse por aquella pro¬
minencia, que no había visto en la velocidad de
su carrera.
Atares, en recuerdo de tan señalado favor del
cielo, construyó á sus expensas un monasterio
dentro de la monumental cueva natural que oculta
la montaña, cuyo ingreso está apuntado en la ilus¬
tración de este escrito, dedicándolo á San Juan
Bautista; y consagrándose al Señor, fué el primer
prior de aquel monumento que había de ser pan¬
teón de la realeza aragonesa.
La cueva, según Briz Martínez, tiene de planta
300 pasos de longitud por más de 60 de latitud, y
para dar idea aproximada de su elevación, diré que
bajo ella se edificaron dos templos, uno encima
del otro, en épocas distintas, y aun queda una bó¬
veda natural de más de 6 metros de elevación para
llegar á las escoriaciones estalac tí ticas del terreno.
La cripta, ó iglesia baja, es del tiempo de Garci
Ximénez, montañés de nacimiento, proclamado
primer rey de Sebrarbe en tan histórica cueva, se¬
gún tradición constante, como D. Pelayo lo fue en
Covadonga.
Consta de dos naves, bajas y angostas, sosteni¬
das y adornadas con columnas y arcos romá¬
nicos.
Én mal estado de conservación á pesar de su
historia y de su arte, existe un claustrillo con
capiteles historiados, casi fuera algunos de sus
sustentáculos, que se elevan entre la hierbecilla
que crece al azar bajo la peña que les sirve de
bóveda.
Uno de estos capiteles es el que en primer lu¬
gar se destaca de la composición. Figura la en¬
trada de Cristo en Jerusalén.
Como en los sarcófagos antiguos, bajos relieves
y mosaicos de que nos hablan Aringhi, Bottari y
Mabillón en sus obras, Nuestro Señor aparece im¬
berbe, por aludir los artistas á su naturaleza divi¬
na, exenta de las vicisitudes del tiempo; va mon¬
tado en la borrica (á la que sigue un asnillo), que
significa, según unos, dada la dulzura y pobreza
de este animal, el reino pacífico y humilde del
Mesías, que no tenía otro objeto que la conquista
de los corazones; y, según otros, la Sinagoga, en
la cual mandaba conforme al texto de San Mateo.
Con la mano izquierda lleva las riendas, y la dere¬
cha la tiene levantada para dar la bendición lati¬
na: sus cabellos sor largos, divididos en la frente
y rizados; su cabeza está cubierta con un birrete '
muy plano, y sobre él el nimbo que desde antes
de Constantino principió á ponerse en la figura
del Redentor, y se generalizó más tarde, en el si¬
glo vi, para distinguir al Salvador de los ángeles
y santos.
Las demás figuras del capitel son israelitas: de
pie unos, con telas y palmas en las manos para
cubrir el camino, y otros encaramados en los ár¬
boles para cortar ramas y arrojarlas ¿ su paso.
En este pasajero triunfo del Redentor creían
ver los primeros cristianos una figura de su resu¬
rrección y de su entrada definitiva en el cielo
(Aringhi, I, VI, cap. XII). También se complacían
en observar allí la predicción figurada de la con¬
quista que Jesucristo debía hacer, por medio de
su santa Ley, de las naciones idólatras represen¬
tadas por el asno.
Las paredes del claustro tienen sepulcros de di¬
ferentes épocas: en los que aparecen al pie de la
composición, se hallan esculpidos el monograma
de Cristo, la cruz inmissa decorada con flores, y
uuo con figuritas que sostienen un medallón con
efigie. Generalmente el monograma de Cristo se
halla formado por la combinación de la X y la P,
que son las dos primeras letras de su nombre en
griego, si bien en algunos sepulcros la cruz es de
ocho brazos, como se ve en el que está en la parte
inferior del dibujo.
Posteriormente, el monasterio de San Juan de
la Peña se dedicó á la Virgen del Pilar, cuya ima¬
gen, según tradición, fué llevada por Voto y Fé¬
lix cuando se consagraron á Dios en tan apartada y
enriscada mansión, en la que recibieron cristiana
sepultura: Garci- Ximénez, primer rey de Sobrar-
be; D.a Enenga, su mujer; Garci-Iñiguez I, rey II
de Sobrarbe; D.a Toda ó Thenda, su esposa; don
Fortunio Garcós I, rey III de Sobrarbe; D. Sancho
Garcés I, rey VI; D.a Galinda, su esposa; D. Garci-
Ximénez, II de este nombre, hermano del rey don
Iñigo Arista; D. García Iñiguez II, VI de Sobral -
be; D.a Urraca ó Blanca, su mujer; D. Sancho Gar¬
cés Abarca (el Cesan )> primer rey de Aragón y VIII
de Sobrarbe; D.a Toda Urraca, su mujer; D. García
Sánchez Abarca I, rey IX de Sobrarbe y II de
Aragón; D.a Teresa Galíndez, su esposa; D. Sancho
Garcés Abarca II, rey X de Sobrarbe y III de
Aragón; D.a Urraca Fernández, su mujer; D. Gar¬
cía Sánchez Abarca II ( el Trémulo )9 rey XI de So¬
brarbe y IV de Aragón; D.a Urraca Fernández, su
mujer; D. Gonzalo Sánchez, hermano de D. Gar¬
cía II; D.a Caya, esposa primera del rey D. San¬
cho III (el Mayor ); D.a Munia ó D.a Mayor, segunda
esposa; D. Ramiro I, rey de Aragón; D.a Gilberga
ó Ermisenda, su esposa; D. Sancho Ramírez IV,
monarca de Aragón; D.a Felicia, su esposa; don
Pedro I de Aragón; D.a Berta ó Inés, su esposa;
D. Pedro, príncipe de Aragón, hijo del Rey del
mismo nombre; D.a Isabel Sancho, infanta de Ara¬
gón y hermana del anterior; D. Fortunio Enecón,
príncipe, hijo de D. Sancho III; D. Fernando
Sánchez, hijo de D. Sancho Ramírez; D. Aznar,
primer conde de Aragón (1).
El recuerdo de tan ilustres cenizas no ha sido
bastante para perpetuar de un modo decoroso el
lugar que los cobijó. Abandonado y á la intempe¬
rie permanece la morada predilecta de tan escla¬
recidos monarcas, príncipes y magnates do la Co¬
rona de Aragón , que se halla rodeada de pintores¬
cos paisajes, en los que, quizá por falta de noticias,
nuestros artistas no han ido á inspirarse para sus
cuadros.
¡Lástima da que el Gobierno de S. M. no haya
fijado su vista en este grandioso monumento na¬
cional, en el cual se hallan enlazados el arte y la
historia de España en sus .tiempos de mayor pros¬
peridad!
Quizás venga el remedio para su conservación,
que le corresponde de derecho, cuando el tiempo
haya derruido tan artístico é histórico monas¬
terio, en el que, cual frío sepulcro, nace la
hierbecilla que salpica sus labores y acelera su
ruina...-
Pedro Gascón de Gotor, pbro.
C. de la Real Academia de la Historia.
(1) Acaecido el último incendio en 1675, en el mismo año se
principió la construcción del nuero monasterio con el producto
de las rentas del abad, cuyo cargo estuvo vacante cuarenta y
dos años.
A expensas de Carlos III, en 1770, se construyó el panteón
real, adonde se trasladaron los restos mortales de los reyes y
príncipes, poniéndolos en veintisiete urnas cinerarias, coloca¬
das unas sobre otras, nueve en cada grupo, las que fueron cu¬
biertas con planchas metálicas, en las que se esgrafiaron sus
nombres respectivos.
En los muros que están frente á las sepulturas labraron , en
el centro, un retablo Carlos Salas, con las imágenes del Cruci¬
fijo, de María y de San Juan, en mármol de Carrara; para el de
la derecha, Estrada, platero real de Huesca, hizo el busto de
bronce de Carlos III, y en el de la izquierda, Ipas puso cuatro
relieves histórico-aragoneses; la batalla de Ainsa, ganada por
Garci-Ximénez , en la que se apareció la cruz ; la batalla de Ara-
huest, que ganó Iñigo Arista, con la aparición también de la
cruz; Sancho Ramírez en el sitio de Huesca, y la jura de los
reyes de Aragón.
Estas obras son muy notables, especialmente las qne labró el
catalán Salas, y el busto del platero Estrada.
El techo del panteón es un artesonado estofado con sumo
gusto y esplendidez.
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8 Abril 1898
n.# xm — 203
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
SORPRESA DE AMIENS.
> B las facciones más dignas de memo¬
ria que han hecho los españoles, y
también de las más olvidadas, es la
sorpresa y toma de Amiens por Her¬
nán Tello Portocarrero. Por ahora
se cumplen tres siglos de aquella em¬
presa gloriosísima; y aunque el centena¬
rio merece mejor conmemoración que un
solo y humilde artículo, me determino á es¬
cribir éste, persuadido de que si no le escribo que¬
dará sin ninguno.
Mandaba en el ejército de Flandes el archidu¬
que Alberto, el cual, por orden del rey Felipe II,
tenía empeñada la mayor y mejor parte de él en
la guerra con Enrique IV, dejando á los herejes
de Holanda que se recobrasen del mucho daño
que el Duque de Parma, Alejandro Faroesio, les
había hecho, y que no fué mayor por habérselo
estorbado la guerra de Francia, indiscretamente
movida y sostenida por aquel Rey. Viéndose el
Duque con pocas tropas, determinó solicitar nue¬
vas levas de Alemania, procurando al mismo tiem¬
po hacerse con algún dinero, lo que le era aún
más necesario, pero muy difícil porque las arcas
reales estaban vacías y la Hacienda de S. M. sin
crédito. Mientras el Archiduque buscaba medios
de vencer estas y otras dificultades, llegó á noticia
de Hernán Tello Portocarrero, gobernador de la
plaza de Doullens, ganada poco antes al enemigo,
que la vecina ciudad de Amiens estaba, por fuerte
y bien guarnecida, más confiada de lo que á su
seguridad podía convenir, y que sería fácil sorpren¬
derla aprovechando la ocasión, que con frecuen¬
cia se ofrecía, de hallarse casi toda la gente del
presidio reconociendo el campo, pues solían dejar
dentro corto número de soldados. Mandó Hernán
Tello á Amiens (no queriendo fiarse del confidente
que le llevó estas noticias) á un soldado práctico
en la lengua francesa , valeroso y entendido , lla¬
mado Francisco del Arco, el cual pronto volvió
diciendo ser todo verdad. Mandado por segunda y
tercera vez, esta última en compañía del capitán
La Croix, borgoñón, trajo tan buenas nuevas, que
Hernán Tello acordó intentar la sorpresa, gallar¬
da resolución que aprobó el Duque luego que le
fué comunicada.
Las tropas señaladas para ella fueron: cinco
compañías del tercio de D. Alonso de Mendoza,
tres del tercio de D. Agustín Mesía, y dos del de
D. Antonio de Zúñiga, las que hacían un total de
550 españoles; de Calais fueron 600 hombres, en¬
tre valones y alemanes; del regimiento de irlan¬
deses de Stanley 400 hombres, y Mr. de Heeme
llevó además seis compañías que acababa de le¬
vantar en Flandes. Con esta infantería y la que
se pudo sacar sin dar sospecha de la guarnición
de Doullens, reunió Hernán Tello hasta 2.200 hom¬
bres. La caballería que pudo juntar no pasaba de
500 caballos.
A las nueve de la noche salió Hernán Tello de
la plaza secretamente, hallándose reunido con toda
su gente poco después junto al riachuelo Authie.
Caminó hasta media noche con sumo silencio y
sigilo, y cuando le pareció que era llegado el mo¬
mento de comunicar á los capitanes el propósito
que tenía, declaróles cuál era éste y cuál la traza
que había imaginado para llevarlo á buen térmi¬
no. Hubo varios pareceres, los más de ellos con¬
trarios, por creer todos imposible que con fuerzas
tan menguadas se pudiese ganar la plaza, y más
imposible todavía el sustentarla después de gana¬
da. Los guías dijeron también que no llegarían
antes de amanecer á los puestos señalados, y que,
por tanto, serían vistos por los de Amiens antes
de haber hecho ninguna emboscada; oído lo cual
por Hernán Tello mandó volver caras y que co¬
menzase la retirada; pero los soldados, si bien no
sabían adónde iban ni á qué, comenzaron á decir
que los llevasen adonde quisieran, que ellos da¬
rían buena cuenta de su cometido, por mucho que
tuviesen que hacer y caminar. Animado por tan
buenas disposiciones y por la opinión de otros ca¬
pitanes, particularmente por la de Francisco de
Deza, y sabiendo cuánto importa en la guerra,
para llegar á la victoria, la buena disposición de
animo de los soldados, mandó que se continuara
la jornada; y tanta prisa se dió la pequeña hueste,
que al sonar las cuatro de la mañana en el reloj de
la abadía de San José, cerca de Amiens, estaba ya
á medio tiro de cañón de ella, ocupándola y ase¬
gurándola con silencio tal, que D. Carlos Coloma
le califica de milagroso.
Retiróse un tanto la caballería y emboscóse cui¬
dadosamente. De la infantería sacáronse 300 sol¬
dados, de ellos 200 españoles, que se adelantaron
hasta la ermita de la Magdalena, hasta unos 500
pasos de la huerta de Montrecourt, es decir, la que
mira al camino de Doullens. Al romper el día oyóse
el ruido de la diana que tocaban los tambores de
la guarnición , y á las siete abrióse la puerta y sa¬
lieron algunos arcabuceros á descubrir, haciéndolo
tan mal que se volvieron luego, dando por seguro
que los españoles se hallaban á cien leguas de allí.
Yiendo los capitanes de la gente escondida en la
Magdalena el descuido de los de Amiens, pasaron
luego á ejecutar las órdenes que tenían de Hernán
Tello. El teniente Bautista Doñano, milanos, de la
compañía del capitán Daniel, el sargento Francis¬
co del Arco y un soldado, disfrazados de aldeanos,
y cargados con sacos de nueces, manzanas y le¬
gumbres, encamináronse hacia la ciudad á la des¬
hilada, juntándose con los campesinos que á aque¬
lla hora comenzaban á entrar por la puerta de
Montrecourt. Detrás iba un carro lleno de hazas
de trigo, guiado por dos soldados borgoñones, á
los que seguían otros seis soldados valones, todos
disfrazados, de probado valor y gran seguridad,
mandados por el capitán La Croix y un sargento.
Doñano, Francisco del Arco y el soldado que iba
con ellos llevaban escondidas unas pistolas. Los
demás no tenían armas, <r pareciéndoles que iban
más disimulados de aquella manera, y que, entra¬
dos una vez dentro, no les podían faltar las que los
enemigos tenían arrimadas en el cuerpo de guar¬
dia». (Coloma, Las guerras de los Estados Bajos ,
pág. 151.) La señal de arremeter había de darla
Francisco del Arco disparando la pistola en vien¬
do que el carro estaba en medio de los dos rastri¬
llos, para que al bajar éstos no pudieran llegar al
suelo y quedase libre la entrada.
Llegaron los primeros soldados, y acercáronse
al cuerpo de guardia á calentarse , ponderando el
frío que hacía (que en verdad era mucho) ; y como
hacía largos años que vivían en aquellas tierras
de Picardía, imitaban tan bien el acento y ade¬
manes de los campesinos, que los de la guardia
nada sospecharon de ellos. Estando en lo más ani¬
mado de la plática vino una vieja á avisar que hi¬
ciesen buena guardia, porque aquella noche habían
pasado el Authie tropas españolas, de lo que mucho
rieron los franceses; y á uno que pensó llevar re¬
cado al señor de Saint-Paul, le mandó el caporal
que no se moviese. Francisco del Arco , que con
gran disimulo estaba atento á la entrada del carro,
viéndole ya entrar por la puerta de la ciudad , y
que el borgoñón, apeándose de él, había cortado
los tirantes, disponíase á hacer la señal, cuando,
llegándose á él el sargento de guardia, le preguntó
con voz alterada de dónde era, á lo que, sacando
la pistola y disparándosela en los pechos, contes¬
tó: «De aquí soy». Quitóle luego la partesana y
arremetió con los demás, á tiempo que ya acudían
los disfrazados, dándose tan buena maña que en
breves instantes mataron á los veintidós soldados
que guardaban el rebellín.
A todo correr llegaron los 300 hombres que es¬
taban emboscados en la Magdalena. Tuvieron, sin
embargo, tiempo los franceses de dejar caer el
rastrillo, el cual era tan pesado y de tan agudas
puntas que pasó el carro, á pesar de las tablas que
bajo el trigo llevaba, y casi cerró la entrada á los
nuestros. Mas, levantado nuevamente, pudo pe¬
netrar Hernán Tello con el grueso de la tropa, y
en poco tiempo quedó Amiens por España, con
muerte de bastantes franceses y huida de los prin¬
cipales, entre ellos el Conde de Saint-Paul. El sa¬
co duró todo el día, y por ser la ciudad grande y
pocos los soldados que la ganaron, dicese que toca¬
ron á tres casas por cada soldado.
La toma de Amiens fué uno de los mayores des¬
calabros que tuvo Enrique IY de Francia, y la de¬
fensa que de la plaza hizó después Hernán Tello
merece contarse entre los sucesos más honrosos
de nuestra historia militar. Los lectores me per¬
donarán si, cortando aquí el hilo de la narración,
dejo para otro día el relato de aquel asedio, del
que los españoles amantes de las glorias patrias
debieran tener siempre en la memoria los más in¬
significantes pormenores.
G. Reparaz.
LA PROCESIÓN DEL VIERES SANTO EN MURCIA
Y EL ESCULTOR SALZILLO.
La ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno de
la ciudad de Murcia, que desde antiguo viene com¬
poniéndose de un número indeterminado de ma¬
yordomos de lo más escogido y señalado de la ca¬
pital, se fundó en el año de 1600, siendo obispo
de Cartagena D. Juan de Zúñiga, y vicario don
Alonso de Puelles, por quien está firmado el auto
de aprobación de las primeras y curiosísimas cons¬
tituciones de aquella Hermandad, la cual desde
un principio, pero muy especialmente desde hace
siglo y medio, fué la destinada por la suerte á dar
más días de gloria y lustre imperecedero al arte
murciano.
Su principal objeto, después de otros de devoción
y culto hacia el Santísimo Cristo Nazareno, su ti¬
tular, fué, y lo sigue siendo todavía, el de organi¬
zar una procesión en la mañana del Viernes Santo,
para cuyo fin hubo de adquirir algunos pasos re¬
presentativos de la sagrada Pasión del Redentor:
pasos que fueron renovados distintas veces y en
diversas épocas, ya por completa destrucción, ya
por grave deterioro de los mismos, hasta que con
el feliz motivo de la venida á Murcia, á principios
del siglo xvm, del artista italiano D. Nicolás
Salzillo para los efectos de la obra de la portada
de la catedral , y habiendo éste contraído aquí ma¬
trimonio con la murciana D.a Isabel Alcaraz, tuvo
esta ciudad la suerte de que en ella naciese (12 de
Mayo de 1707), se criase y floreciese su insigne y
nunca bien como se debe elogiado escultor D. Fran¬
cisco Salzillo y Alcaraz, á quien la Cofradía, pene¬
trada de sus relevantes talentos y felicísimas dispo¬
siciones, le fué encomendando las esculturas que
en la actualidad posee con justo orgullo, como
consta de las cuentas y recibos de esta religiosa
Corporación; y exceptuando únicamente la ya ci¬
tada imagen del Cristo, su patrono , hecha en 1600
por Juan de Rigustera, á la que nunca por otra se
ha pensado, ni el mismo Salzillo quiso dar sustitu¬
ción, no sólo por respetos á su indisputable méri¬
to artístico y carácter de época bastante acentua¬
do, si que también y muy principalmente por
razón del fervor inmenso y devoción acendra¬
dísima que siempre ha inspirado y sigue inspi¬
rando á todos los murcianos.
Entre todas las esculturas descuella y merece,
en primer término, particular mención el paso de
La Oración del Huerto , por su admirable ar¬
cángel, tipo de inenarrable belleza, y también
por la imagen de su Cristo atribulado, en cuyo
semblante y actitud se hallan pintados de un modo
magistral, á la vez que la aflicción más honda, la
resignación más sublime. Así es también, si no de
mayor precio y de más levantada inspiración, la
del Señor de La Caída; y según atinada observa¬
ción hecha por inteligentes, comparado este paso
con el anterior, ofrece un prodigio de habilidad
artística: el sayón que amenaza golpear sobre la
hermosísima cabeza del Salvador, y el San Gabriel
que en La Oración del Huerto lo conforta, están
tomados de un mismo modelo; y, sin embargo, el
diestro cincel del artista supo imprimir en el uno
las líneas de la ferocidad más repugnante, y en el
otro las de la idealidad más pura y casi divina.
El paso del Prendimiento , llamado aquí también
del Beso , por el que el impuro labio del malvado
apóstol está imprimiendo en el apacible y sereno
rostro de su divino Maestro, es igualmente una
obra de superior calidad, y, como grupo escultural
y estudio de anatomía, acaso la mejor que salió de
las manos de este aventajado artista. Ambas imá¬
genes, de tamaño natural, como lo son todas las
que vamos describiendo, están entalladas en un
solo tronco: la expresión del Cristo es inimitable,
y es notable sobre todo la soberbia estatua de San
Pedro, que, irritado el semblante, espada en mano
y alzado el nervudo brazo, amenaza con potente
fuerza descargar su cólera sobre el osado Maleo,
bajo sus pies tendido en tierra.
El paso de La Cena ó Mesa de los Apóstoles,
inspirada, como la de Leonardo de Yinci, en el
momento en que el Salvador anuncia á sus discí¬
pulos que uno de ellos había de venderle traido¬
ramente, no deja tampoco nada que desear como
trabajo de escultura animado, majestuoso y sor¬
prendente, en que su autor supo hacer gala de las
habilidades que poseía en labores de cabezas y en¬
carnaciones de variada y diversa índole.
En cuanto al paso del Cristo en la columna ó de
Los Azotes , aunque algo inferior en mérito á los
anteriores, no deja por eso de revelar en algunos
de sus detalles el cincel del maestro, principal¬
mente por lo que se refiere á actitudes y estudio
del natural.
Además de estos pasos, que constituyen otros
tantos cuadros plásticos, ejecutados con el primor
á propósito para producir la admiración de cuan¬
tos los contemplan, esculpió también Salzillo para
la misma Cofradía otras imágenes sueltas, como
son la de la mujer Verónica , dulce y simpática; la
del San Juan , apuesto y bizarro, y la de la Dolo-
rosa, creación artística incomparable, y feliz ha¬
llazgo del genio, obtenido en sus excursiones por
las profundidades misteriosas del bello ideal y en
los momentos de la exaltación imaginativa más
noble, fecunda y religiosa, siendo por ello esta
imagen considerada por algunos, no sólo como
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. NOCHE DEL 31 DE MARZO ÚLTIMO. — OVACIÓN TRIBUTADA A S. M. LA REINA REGENTE.
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206 — n.° xiii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Abril 1898
digna de poder competir con el mismo Arcángel
de La Oración , sino hasta superior á tan extraor¬
dinaria y bellísima escultura.
Tales son, pues, con la de Juan de Rigustera,
las que desde hace siglo y medio vienen saliendo
en la procesión del Viernes Santo, conducidas á
hombros de nazarenos vestidos de túnicas mora¬
das, y las que desde entonces se custodian cuida¬
dosamente en la iglesia rotonda de Jesús, propia
también de la misma Cofradía, en camarines y
capillas adecuadas, algunas de las cuales, por cier¬
to, han sido modernamente ensanchadas, con el
fin de que todos los apasionados del arte, así pro¬
pios como extraños, que tienen el gusto de visi¬
tarlas, puedan á su placer admirar tan bellas obras
cómoda y convenientemente (1).
El orden que llevan en la procesión , que sale á
las seis en punto de la mañana para retirarse á las
once próximamente por causa de su dilatada ca¬
rrera, es el siguiente: Paso de La Cena; ídem de
La Oración del Huerto; ídem del Prendimiento;
ídem de Jesús en la Columna; ídem de La Mu¬
jer Verónica; ídem de La Calda; ídem de Jesús
Nazareno; ídem de San Juan , é ídem de La Do -
lorosá.
Entre uno y otro paso van en parejas acompa¬
ñando un gran número de penitentes nazarenos,
ya con cruces, ya con cirios, cubierto el rostro y
con piadosa y grave compostura, coya ardiente
devoción hacia estas imágenes de la pasión del
Salvador les impulsa en este día á tomar cada
cual su cruz y seguirle; contribuyendo de este
modo á dar mayor esplendor y animación á esta
fiesta religiosa, que es, sin disputa, la más seria
y solemne de cuantas de esta clase se celebran en
Murcia.
Es verdadera lástima que no la conozcan ma¬
yor número de forasteros de los que hasta ahora
han tenido la dicha de admirarla; pero es in¬
dudable que el lucimiento de estas preciosidades
esculturales aumenta infinitamente más al ser
contempladas en la calle con el adorno, la sun¬
tuosidad y el lujo que llevan en esta procesión
magnífica.
José Pío Tejera.
SOLILOQUIO DE UN ALMA Á DIOS.
Dulcísima vida mía
En quien la inmortal está,
Por quien vivo y por quien ya
Morir mil veces querría.
Cuando en esa cruz os miro,
Puesto que tantas se os ven,
No tenéis llaga, mi bien,
Que no me cueste un suspiro.
Queda el sentimiento en calma
Del consuelo que procuro,
Porque pienso que las curo
Con el aliento del alma.
Entristézcome de suerte
Que á veces, Señor, quisiera
(1) Para estas y otras mejoras de considerable importancia,
relativas á la conservación esmerada de estas estatuas, recibió
hace unos pocos años la Cofradía, de su antiguo mayordomo de¬
cano D. José Elgueta, un respetable legado, ya en gran parte
invertido. Las capillas hasta ahora ensanchadas y renovadas
son la de la Oración del Huerto, construida de nuevo, y las de
La Cena y Prendimiento, en las cuales, entre otros buenos de¬
talles, ha tenido la Cofradía el pensamiento de colocar los cua-
d ritos que á continuación copiamos, por enterar, como enteran,
al forastero y al investigador de ciertos curiosos pormenores
dignos de saberse:
El del paso de La Cena dice: «Se concluyó este paco por el
insigne D. Francisco Salzillo en el año de 1763, y fué pagado
por la Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno, en 24 de Abril,
en la cantidad de 27.749 reales; incluyendo en dicho precio los
taburetes, silla de Jesús, tornillos, potencias de plata y porte
de las tres varas de haya, desde Cartagena, de donde las remi¬
tieron de regalo. = Sustituyó este paso al de La Mesa de los
Apóstoles , obra de D. Nicolás Salzillo. = Lo conducen en la pro¬
cesión 26 nazarenos, que llevan de peso 1.312 kilogramos, equi¬
valente 114 arrobas y una libra, según se comprobó el día 4 de
Marzo de 1896.»
El del Prendimiento: «Concluyóse este paso, ejecutado por el
insigne D. Francisco Salzillo, en el año de 1763, y fué pagado
por la Ilustre Cofradía de Nuestro P. Jesús Nazareno, en 24 de
Abril, en la cantidad de 8.602 reales. = Lo conducen en la pro¬
cesión 24 nazarenos, que llevan de peso 695 kilogramos, equiva¬
lente á 60 arrobas y 10 libras, según se comprobó el día 4 de
Marzo de 1896.»
Y el de La Oración : «En las cuentas de la Ilustre Cofradía de
Jesús, correspondientes al año de 1754, consta que se concluyó
este paso en dicho año por el escultor D. Francisco Salzillo y
en la cantidad de siete mil quinientos reales, en esta forma : =
Por la cabeza, manos y pies de Jesús, 600. = Por cada uno de
los tres Apóstoles, 1.500.=Por el Angel, 2.000.=Por Jas andas,
varas y nube plateada, 400. = Lo llevan en la procesión 28 na¬
zarenos.»
Suponemos que el digno Presidente de esta Ilustre Cofradía
continuará poniendo en las demás capillas que se vayan arre¬
glando estos curiosos datos , desconocidos hasta hace poco del
público y muy apreciados de los eruditos y artistas.
Que un ángel por Vos muriera
Por no sentir vuestra muerte.
Mas luego vuelvo, mi Dios,
Á pensar que me obligara
Tanto , que me enamorara
Como yo lo estoy de Vos.
Mejor es que á Vos os deba,
Dulce Jesús, tanto amor,
Aunque ver vuestro dolor
A tanto dolor me mueva.
Cuando niño, os contemplaba
Niño en brazos de María,
Y en su divina alegría
Tiernamente me alegraba.
Cuando vuestra Madre sale
Con tal agnus por joyel,
No hay rosa, lirio y clavel
Que vuestra hermosura iguale;
Mas cuando Cristo amoroso
De la cruz pendiente os ven,
Como me hacéis mayor bien,
Me parecéis más hermoso.
Porque con esas corrientes
Y llagas dulces y hermosas,
Todo sois lirios y rosas,
Todo jardines y fuentes.
Que esas espinas divinas
Son para enseñar, mi Dios,
Que aunque sois jardín, en Vos
Se ha de entrar por las espinas.
Pues dejadme entrar, Señor,
A coger rosas tan bellas;
¡Descanse el alma con ellas,
Que se desmaya de amor!
Causáis amor tan profundo
Muerto de amores, mi Dios,
Que envidio los que por Vos
Parecen locos al mundo.
No hay amor, no hay voluntad,
En cuantos el mundo admira,
Porque todos son mentira
Y sólo amaros verdad!
Rebelde estuve primero,
Y en ofenderos constante;
Mas ya labró mi diamante
La sangre de ese Cordero.
No le tengáis en prisión;
Dad lugar, oh cruz siiave,
A que los brazos desclave
Para que me dé el perdón.
Que pienso, aunque le ofendí
Con tanta inmortal ilaqueza,
Que ha bajado la cabeza
Para decirme que sí.
Pero dejadme llorar,
Que, aunque habéis por mí pagado,
Ya para el menor pecado
Me parece corto el mar.
Lope de Vega.
EL CACAO, EL CHOCOLATE Y EL AYUNO.
caca^üa^ ó cacaguate, árbol del ea-
cao, constituía, según las tradiciones
religiosas de algunas provincias de la
m. Nueva España, uno de los más bellos
ornamentos del paraíso terrestre, si-
tuado en los alrededores de Tula, ciudad
*ry» antiquísima, cuyas ruinas subsisten cerca
de la actual aldea de Ocasingo, en el Estado
de Chiapas, y lugar del que, según muchas
leyendas, partieron las predicaciones del fa¬
moso profeta Quetzalcoatl, símbolo maravilloso
de la civilización americana desde el Amazonas
al Mississippí.
Fuente el prodigioso árbol de inagotable riqueza
para las regiones del Nuevo Mundo comprendidas
entre el Yucatán, Venezuela y Guayaquil, no es
maravilla que los adeptos del profeta, hombre
blanco y barbudo, por cierto, rindieran fervoroso
culto á su divino bienhechor bajo el nombre de
Votán, nombre que nada tiene que ver con el
Wodam de la mitología germánica.
Con razón llama, pues, Fernández de Oviedo al
árbol del cacao «el árbol de todos el más presciado
entre los indios y su tesoro»; y el P. Bernabé
Cobo, «una de las plantas de que mayor estimación
hacían los indios de la Nueva España antigua¬
mente, y al presente los españoles que moran en
estas Indias, y aun los habitadores de la mayor
parte de Europa, y de cuyo fruto se ha venido á
hacer la granjeria más copiosa y rica de cuantas
se practican en estas Indias».
Dos aplicaciones principales, sin contar algu¬
nas otras menos importantes, tenían las almen¬
dras de cacao entre los indígenas americanos, an¬
teriormente á la conquista española: una, como
moneda y especie tributaria; otra, como bebida
denominada chocolate.
Los calmhunis , ó gentes ricas de Guatemala y
Nicaragua, miraban el cacao con la misma estima¬
ción que los españoles y otros pueblos el oro y la
plata, porque con él compraban todas las cosas que
necesitaban: un conejo valía diez almendras ; ocho
nísperos de la tierra ó munon- zapotes, cuatro;
ciento un esclavo.
Convertido el cacao por los soberanos aztecas
en una especie de regalía de la Corona, pagábase
en dicha especie el tributo por los productores del
fruto con arreglo á la calidad del mismo, variable
en cada región, siendo más fino el de Soconusco,
como también sucede ahora.
Desechado para las grandes transacciones des¬
pués de la introducción de la moneda, subsistió
largo tiempo todavía para las pequeñas por el po¬
der de la costumbre, prefiriéndole indígenas y es¬
pañoles al vellón, mirado en Nueva España con
universal desprecio cuando en dicho virreinato
quiso introducirse.
El valor del cacao, al igual de todos los valores,
fiuctuante, se regulaba por cargas, cada una de las
cuales constaba de veinticuatro mil almendras, ó
sea unas ochenta y una libras, cuyo precio fué al
principio de cuatro á cinco pesos de oro común en
los mercados productores, diez á doce en Méjico
durante la segunda mitad del siglo de la Conquis¬
ta, cincuenta al comenzar el siglo xvn, y hasta
diez ó doce pesos el millar de almendras años más
tarde, no obstante haberse en gran manera exten¬
dido las plantaciones en Guayaquil y los Yuncas,
región esta última, según afirma el P. Bernabé
Cobo, en que no necesitaba el árbol tantos cuida¬
dos como en Guatemala y Venezuela.
Generalizado en la Nueva España para las ven¬
tas menudas, no faltó tampoco en la metrópoli, y
lo consignamos como hecho curioso, quien, con
motivo de las frecuentes crisis monetarias por
que pasaba nuestro mal traído y peor llevado ve¬
llón, propusiera, en los comienzos del reinado de
Felipe IV, su introducción en la Península. De¬
fendió, entre otros, semejante arbitrio el eru¬
dito Fray Pedro de León, lector de Teología y re¬
gente de los estudios en San Basilio, de Salamanca,
en atención, conforme dice, á la sequedad y dura¬
ción de las almendras de cacao, á la dificultad de
poder extraerse de la Península ni circular sin
grave perjuicio por los países extranjeros, á ser su
cultivo exclusivo en Indias, y á otros razonamien¬
tos ingeniosos, si bien desprovistos de sentido
económico, entre los que merece especial men¬
ción la pretendida imposibilidad de falsificarse,
puesto que aun antes de la conquista solían ha¬
cerlo los mismos indios, rellenando de tierra los
hollejos de la almendra después de sacada ésta, y
volviéndolos á pegar con gran arte y no menos
sutileza.
Pero entre todas las aplicaciones del cacao, nin¬
guna hay, sin embargo, más conocida que el cho¬
colate, regalo de golosos, aliménto de sanos, me¬
dicina de enfermos, y bebida, como le llamó Linr
neo, digna de los dioses. Sobre él se han escrito
libros, apologías, diatribas, canciones, sátiras y
sonetos capaces de formar una bibliografía bas¬
tante curiosa y nutrida para satisfacer la pasión
de los glotones literarios.
Pongamos, pues, á contribución algunos de los
aludidos libros: « Destas almendras — leemos en
uno de los más antiguos — los señores e principa¬
les hacen cierto bevraje (sic), como aquí se dirá,
que ellos tienen en mucho: e no lo usan sino los
poderosos e los que lo pueden hacer, porque la
gente común no usa ni puede usar con su gula o
paladar tal bevraje , porque no es más que empo¬
brecer adrede, o tragarse la moneda o echalla
donde se pierde......
Hemos señalado con bastardilla la afirmación
dS no usar la tal bebida la gente común, por no
ser del todo exacta, pues es cosa averiguada que
la usaban todos en las provincias productoras, si
bien de clases muy distintas: finas y superiores
los ricos, que mezclaban con la almendra vaini¬
llas, ajiy otros productos; inferiores y ordinarias
el vulgo, que la componía con canela de la tierra
y achiote , á fin de dar gusto y color á la pasta.
Veamos ahora cómo elaboraba este rudimentario
chocolate la gente plebeya, elaboración de que nos
da prolijos y curiosos pormenores el buen Gonzalo
de Oviedo.
«Tuestan — dice — aquellas almendras como ave*
llanas muy tostadas, e después muélenlo; e como
aquella gente es amiga de beber sangre humana,
para que este bevraje parezca sangre, échanle un
poco de bixa, de forma que después se torne colo¬
rado : e molido el cacao sin la bixa paresce de co-
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8 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xiii — 207
lor pardo. E después que está muy bien molido en
una piedra de moler, passado e remolido quatro o
cinco veces, echándole un poco de agua al moler,
hácese una pasta espesa, e aquella massa guárdas-
se fecha un bollo; e quando lo quieren beber ha
de haber passado, después que se molió, quatro o
cinco horas á lo menos para estar bueno, e mejor
desde la mañana á la noche, e mejor está para
otro día (como lo recomendaba Brillat-Savarin), e
assi se tiene cinco o seis días más .
»E aquella pasta tiéndansela por los carrillos e
barba e sobre las narices, que paresce que van
embarrados de lodo ó barro leonado, e alguno muy
roxo, porque mezclan bixa con ello; e después que
lo han assi tendido ellos e las mujeres, aquel pien¬
san que va más galán que más embarrado va; e
assi se van al mercado o hacer lo que les convie¬
ne; e de rato en rato chúpanse aquel su aceyte,
tomándole poco a poco con el dedo. Ello a la vista
de los Chrisptianos paresce y es mucha suciedad;
mas a aquellas gentes ni les parece asqueroso, ni
mal fecho, ni cosa inútil; porque con aquello se
sostienen mucho e les quita la sed e la hambre, e
los guarda del sol e del ayre la tez de la cara.»
La receta de este chocolaie de pobres no puede
ser más sencilla: por cada treinta almendras echa¬
ban un cuartillo de agua, hacían hervir la mezcla
y la vertían para tomarla en otro cacharro desde
cierta altura á ñn de que levantara mucha espuma.
El de los ricos era otra cosa, sin llegar á los re¬
finamientos de Brillat-Savarin y de algunos fabri¬
cantes modernos. Junto con el cacao tostado y
molido mezclaban los elegantes de Nueva España
muchas otras cosas exquisitas, en conformidad de
sus gustos y aficiones, por ejemplo, achiote , ó bixa
Orellana, vainillas, orejuelas, miel, canela, algu¬
nas especies de flores secas, chile ó aji (pimienta),
y, en fin, lo que cada cual quería.
Gomara refiere que en las comidas de Moctezu¬
ma se servía el cacao con verdadera profusión en
magníficas jarras de oro y plata; y otro historia¬
dor, que al entrar el Emperador en el harén toma¬
ba siempre para confortarse una gran taza de cho¬
colate, servido en espléndido caparazón de tortuga
incrustado de pedrería, que arrojaba con su mano,
después de beber, al lago que rodeaba su palacio,
como el Rey de Tulé.
Todo debe decirse, sin embargo. El chocolate
repugnaba al principio á los españoles, por su co¬
lor algo pardo, su espuma poco agradable y su sa¬
bor bastante amargo; pero introducida en Amé¬
rica la caña de azúcar, fuéronse aficionando á la
gustosa poción, hasta el punto de hacerse la
bebida más habitual y apreciada entre indios y
españoles de la Nueva España: con ella obsequia¬
ban los primeros á los señores que pasaban por-
su tierra; con ella se regalaban a todas horas los
últimos, sobre todo las españolas naturalizadas en
aquellos países, que se morían por el negro choco¬
late , como le llama el P. Josef de Acosta, quien
dice abusaban tanto de esta bebida que se la ha¬
cían servir por sus esclavas en la misma iglesia,
dando motivo en ocasiones á severas reprensiones
episcopales y á deserciones de ciertos templos
donde no se toleró el exceso, para asistir á otros,
generalmente de monjas, en que no encontraban
las damas impedimentos á su gula.
Hemos dicho más arriba que existe una biblio¬
grafía entera y curiosa en España acerca del
chocolate, y así es la verdad. El Dr. Juan de
Cárdenas, en el libro titulado De los proble¬
mas y secretos maravillosos de las Indias , im¬
preso en Méjico en el año 1591, trata extensa¬
mente, en el libro II, capítulo VIII, acerca del
chocolate y de la manera de fabricarle. En con¬
cepto de nuestro doctor, el cacao para hacerle
bueno debe ser añejo por ser más mantecoso
que el nuevo, mientras han de elegirse los otros
materiales entre los mejores y más frescos que
se encuentren.
La dosis ordinaria era esta : cien almendras
de cacao; media onza de especias, tanto de Cas¬
tilla, canela, anís, ajonjolí, como de Indias, tos¬
tadas todas ellas, si bien aparte del primero,
hasta que éste tome el color negro, y las especias
el color rojo obscuro. Es de condenar, añade el
autor, el uso de los confiteros, que dejan el ca¬
cao casi crudo para que éste pese más. Bien ba¬
tido el chocolate, no debe, con todo, beberse la
espuma, por ser indigesta, propensa á ciertas
molestias de estómago é inspirar en muchas
personas terribles tristezas.
Las damas guatemaltecas alcanzaron grande
fama en la elaboración del exquisito producto,
y á ellas se debe la invención de hacerlo en ta¬
bletas, que deshacían en agua caliente, choco¬
late de señores sumamente apreciado, a al que
daban mucha gracia con su puntica de dulce».
Ei más común era una especie de polcada
hecha con maíz, llamada atule , usado por to¬
das las plazas y calles mejicanas, y el mezcla¬
do con harina tostada de cebada, que resultaba
muy fresco.
Otro médico notable, el Dr. Juan de Barrios,
en la obra que tituló: Libro en el qual se trata
del chocolate y qué jrrovechos HAGA..... y qué rece¬
tas conviene para cada persona y etc., impreso
igualmente en Méjico en 1609, da saludables
consejos y suministra algunas recetas para ha¬
cer chocolate, no sólo conforme al temperamento
de cada persona, sino también conforme al sexo
de las mismas. Recomienda á los sanguíneos el
chocolate con agua y sin estimulantes de ningún
género, poco anís, chile y azúcar, y nada de ámbar
ni almizcle para las mujeres.
Los flemáticos deben tomarle , al contrario, con
todos los excitantes á los anteriores prohibidos, y
beber la poción cuanto más caliente puedan. Los
biliosos, sin chile ó pimiento de Chiapa, con cosas
de buen olor, como el almizcle, y beberle con atule
tibio. Como sé ve, los españoles del siglo XVI co¬
nocían ya los chocolates de salud .
Dejando á un lado, pues la materia es prolija,
algunas otras preparaciones del cacao en confitu¬
ra, grajeas, el pinoli ó cacao frío, hecho con maíz
tostado, pimiento y azúcar, digamos algunas pala¬
bras, para concluir, acerca de la famosa cuestión
tan debatida en América y en España desde hace
más de trescientos años, sobre si el chocolate que¬
branta ó no quebranta el ayuno.
Divididas las opiniones de canonistas, teólogos
y médicos en lo relativo á este punto, pasa como
doctrina corriente, á mediar del siglo XVII, que
el chocolate es un líquido, y que liquidum non
frangitjejuniumy como sostuvo el P. Brancaccio,
en su libro De potu et uso chocolatae diatriba y que
le valió, según dicen,
el capelo cardenali¬
cio; polémica en que
intervinieron la cé¬
lebre Maintenon y la
Princesa de los Ursi¬
nos, que defienden el
parecer de los más
razonables teólogos.
Con gusto diría¬
mos algo sobre las
falsificaciones del
chocolate en el si¬
glo xvn, falsificacio¬
nes de que á cada
paso se quejan los es¬
critores de aquellos
tiempos; mas como
quiera que en este
punto los fabrican¬
tes modernos han
continuado y aun
perfeccionado la
tradición, termina¬
remos diciendo que,
hasta acerca de estas
adulteraciones, es
verdad ei conocido
adagio: Nihil novum
sub solé .
Angel Stor.
LA SEMANA SANTA EN MURCIA. -^jcl prendimiento.
Escultura de F. Salzillo.
LA SEMANA SANTA EN MURCIA. — la verónica.
Escultura de F. Salzillo.
E 3C T IS aS* .A. S .
LAS CAMPANADAS DE LA PASCUA.
qüel súbito repiquetear de las campa*
naB qUe lanzó al espacio la cabeza de
yy la torre, coronó la catedral con un
L himno de alegría. Al Gloria ferviente
brotado entre la niebla del incienso
en el presbiterio, bajo la vieja nave gó-
tica, respondía el alto mechinal ente¬
jé nando el canto de la resurrección con
sus lenguas de bronce. Fué un estallido de
* notas. Diríase que los esquilones, mudos du¬
rante dos días, desentumecíanse y arrojaban al
aire las vibrantes voces, abiertas las alas.
Buen rato duró el concierto sacro en la cúspide
de la torre, sin cesar de contestarse las campanas
unas á otras. Sobre el coro de voces finas de las
pequeñas, atropellándose en un volteo loco, resal¬
taba de cuando en cuando el acento de la mayor,
pausado y grave, como si pretendiera ponerlas en
orden. Tenían aquellas campanadas ecos de triun¬
fo. Por su lengua argentina hablaba la divina pa¬
labra, promulgando su inmortalidad; y mientras
la serena mañana envolvía con su luz la catedral,
y el sol encendía sus agujas ojivales y sus vidrie¬
ras de colores, allá iban volando, volando á los
cuatro vientos, las celestes armonías, como un
manantial de inagotables burbujas.
Al cabo cesó el volteo, y entonces las aves, los
únicos seres que podían distinguirlo, vieron en el
aire una cosa singular. Algunas, después de volar
á lo largo de los campos, otras en seguida de ten¬
der el vuelo desde la torre, todas en las alturas del
espacio, iban tomando forma corporal las campa¬
nadas conforme subían; contornos suavísimos de
mujeres delgadas, apenas envueltas en jirones de
nubes, suelta la flotante cabellera, remontándose
con actitudes de pájaroí pero sin ayuda de alas,
como si pesaran menos que el aire y ascendieran
por propia virtualidad. Y enían de los cuatro con¬
fines de la tierra en bandadas y sueltas; ya un
compacto pelotón, ya una sola. Y al encontrarse
sonreíanse con una sonrisa llena de claridades de
amanecer, y se miraban con sus ojos henchidos
de parpadeos de estrellas.
Pero lo extraño de tales mujeres no era su as¬
pecto de sombras con vida, su falta de pesantez
que dejaba sospechar la absoluta carencia de carne
en sus cuerpos, sino su voz. Al reunirse se habla¬
ban, y su acento no resultaba humano; tenían vi¬
braciones sonoras, dejos metálicos, timbres de
bronce de tonos distintos y afinados que repercu¬
tían en el aire ondulando; tenían por palabra una
campanada, pero una campanada jubilosa, radian¬
te, espléndida, de gran alegría, que hacía brillar
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FRANCISCO
oALCILLO
.MURCIA
MDCCXXXVitl--;
208 — N.# xui
ilustración española y americana
8 Abril 1893
vSv*
vn
m
LA SEMANA SANTA EN MURCIA.— mater dolorosa.— cristo en la columna.— san juan.— la caída.
(Composición de José Arija.)
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n.° xin — 209
Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
los átomos en la misma luz matinal
á pesar de los rayos del sol, Y ve¬
nían* todas cantando por el espacio,
entonando himnos de fiesta en los
que brotaban alabanzas y saluta¬
ciones.
— Somos las campanadas de la ca¬
tedral de las catedrales — cantaba
un grupo de aéreas mujeres de ojos
azules y cabellos de trigo, con unas
vpcecitas finísimas, «ojivales», — la
de Colonia, la de encaje, la cons¬
truida sobre los bloques de la leyen¬
da, la que por primera vez hizo to¬
car la campanilla al alzar para que
lá muchedumbre se arrodillase.
Nuestro vuelo de Pascua bebe su
frescura en el viejo Rhin, el sagra¬
do río germánico, y al oirnos galo¬
par sobre sus tejados agudo*, toda
la ciudad se estremece con el inque¬
brantable orgullo de su Edad Media.
Otras deidades blancas también,
de cabellera más obscura, do igual
acento argentino y tenue, con in¬
flexiones que recordaban lo aéreo
del gótico, venían cantando:
— Aquí estamos las campanadas
de la catedral «latina», de Nuestra
•Señora de París, la que triunfó de
los albigenses. Desde el siglo xili
glorificamos 1 a Resurrección con
nuestros acentos, y á pesar del olvi¬
do de su pasado, todavía la gran ca¬
pital se arrodilla al oirnos, y reza y
nos ama.
* —Nosotras somos las campana¬
das del monasterio del Escorial —
cantaba un pelotón de ronco y gra¬
ve tono, lleno de austeridad, — y to¬
das las Pascuas volamos desde sus
maniposterías greco-romanas, cae¬
mos de la montaña para recordar á
los españoles que la fe católica lué
la piedra miliar de su grandeza. El
espíritu dé Felipe II vive en nues¬
tros badajos.
— Aquí llegan las campanadas de
la Giralda — y las beldades que así
gritaban eran de tez morena y ne¬
gro peló, y sas ojos resplandecían
como los de ningunas otras viaje-
JESÚS NAZARENO,
IMAGEN QUE SE VENERA EN LA IGLESIA DE SAN JUAN DE LETRÁN, EN MONTORO (CÓRDOBA).
(De fot: grafía.)
ras, pareciendo más mujeres que
ángeles. Nosotras somos las de la
Semana Santa de fama universal, y
nuestros benditos ecos, al azotar el
aire, le dejan impregnado dó olor á
jazmín. Nosotras cumplimos con la
Iglesia, y después de entonar el
himno de la Pascua, volteamos el
de la feria. ¡Viva la cristiana: Sevilla!
Las campanadas germánicas, las
francesas, hasta las bravias escuria-
lenses, acentuaron la luz de su son¬
risa al oir á las andaluzas. Y se en¬
tremezclaron cogiéndose de las ma¬
nos y besándose con besos que eran
otras tantas tocatas de carrillón.
Las deidades históricas seguían acu¬
diendo. Tan pronto sonaba el bor¬
dón del Kremlin de Moscou, como
el campanile de San Marcos de
Venecia.
Apartada de las demás, la cabeza
baja, el desaliento en el semblante,
manifestando una honda tristeza,
volaba una campanada solitaria. Se
la hubiera tomado por la imagen del
dolor. Rehuía el acercarse á sus com¬
pañeras, y caminaba muda. Había
sido advertida sin embargo.
— ¿Quién es ésa? — preguntó con
tintineo de plata una campanada de
la catedral de Toledo.
— No lo sabemos — la replicó la
mesurada esquila de la cartuja de
Pavía.
— ¿Qué la pasará?
— Va llorando.
—Es la única triste de la Pascua.
El desfile de aéreas beldades pro¬
seguía. Detrás de las campanadas
históricas remontábanse las campa¬
nadas humildes, las escapadas de
las torres vulgares, de las iglesias
no monumentales, de las fábricas
donde ne hay nada grande sino la
oración. Y también cantaban todas
su himno.
— Nosotras somos la alegría del
campo, y cuando la Pascua nos des¬
pide de la torre, la Naturaleza en¬
tera sonríe al sentirnos caer sobre
ella como un rocío dé amor. La pri-
ROM A. — BENDICIÓN DE Sü SANTIDAD LEÓN XIII EN LA PLAZA DE SAN PEDRO.
(De fotografía.)
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210 — n.° xni
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
8 Abril 1898
mavera es la más hermosa de las cuatro estacio¬
nes, porque la beudiceu nuestras campanadas.
— Nosotras venimos del mar, y cuantos buques
encontramos á lo largo de la costa nos saludan con
sus salvas, sus sirenas ó sus velas. Es una voz que
no desoye nunca el navegante, porque bajo las
amenazas del Océano se nos ama como desde nin¬
gún otro sitio.
— Nosotras procedemos de la selva, y allí nos
hacen el coro saludando á la Resurrección los pi¬
nos con sus liras y la brisa con su flauta. Y cuando
nos desparramamos por el arbolado, todas las co¬
pas «prorrumpen» en un sollozo.
— Las soledades de la cordillera nos idolatran,
y cuando turbamos el imponente silencio de las
alturas, las rocas repiten nuestra voz y las cañadas
se quedan murmurando con respetuosa entonación
nuestros acentos.
— Nosotras apena* volamos un kilómetro á la
redonda — decían con su vocecilla apagada, de
timbre débil, varias campanadas de ermita; — pero
no nos faltan dos altozanos que abren todas sus
amapolas cuando escuchan nuestra música.
— Nosotras también — agregaban otras campa¬
nadas de cascado tono procedentes de la espadaña
de una vieja abadía — alcanzamos escaso terreno
con nuestra destemplada esquila; pero nos basta
con que nos quiera la huerta de nuestro con¬
vento.
La campanada triste quedábase atrás gimiendo,
sin poder seguir á las demás en su ascensión. Por
su rostro pálido de aparición sobrenatural resbala¬
ban unas lágrimas, que se convertían al caer en
luceros brillantes.
Al cabo otras campanadas humildes se compa¬
decieron de ella y la hablaron.
— ¿Te cansas, hermana?
— ¿Quieres que te ayudemos?
— ¿Por qué lloras así?
— ¿Qué te sucede?
— ¿De qué torre eres?
La campanada solitaria las consideró con su mi¬
rada de infinita dulzura, mirada de Dolorosa, y ex¬
clamó con una voz que tenía ecos de fúnebre
doble :
— Vosotras subís al cielo llenas de alegría, por¬
que habéis promulgado en el mundo entero la
Pascua de Resurrección, haciendo estremecerse á
toda la Naturaleza de ternura al recibir vuestro
beso. ¿Ha habido alguien que os rechace?
— Nadie.
— ¡Pues yo he tenido esa desgracia; yo he tro¬
pezado con un sér á quien mi acento augusto no
ha hecho ni sentir, ni doblar la rodilla, ni palpi¬
tar el corazón !
— ¡Sería una roca! — balbucieron llenas de asom¬
bro las campanadas.
— Por dentro sí; pero por fuera tenía las apa¬
riencias de un hombre. Yo entré la primera en el
cuarto en que trabajaba, y le di inocentemente el
beso de paz. Mis hermanas no pudieron seguirme.
Cerró la ventana en seguida jurando contra nos¬
otras, y gracias á que pude huir de la maldita ha¬
bitación por una rendija de la vidriera.
— Pero ¿quién era esa estatua?
Y la campanada triste, aceptando el sostén de
sus hermanas para continuar su vuelo, concluyó
con suprema amargura:
— Sólo tuve tiempo de ver que firmaba al pie de
Una cuartilla en la que escribía: El Incrédulo.
Alfonso Pérez Nieva.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACION' KS COSMOPOLITAS.
Las grandes catástrofes marítimas. — El pesar y el sport.— El gran
Diccionario egipcio-alemán. — La ChrisUh socialer Verein,— Guerra
de los yankees á los sombreros femeninos.
■A voladura deí Maine , que viene sir¬
viéndole último pretexto á nuestros
enemigos para plantear el conflicto de
la guerra, ha sido en las modernas
catástrofes marítimas tal vez la única
lya causa no se explicará nunca clara-
ente, dado el empeño que la opinión
& de los Estados Unidos muestra de
er el prejuicio de que semejante hecho
fué intencionado, obscureciendo con sus mañosos
ó interesados razonamientos ó teorías la explica¬
ción probable de lo ocurido y difandiendo para
siempre la duda, arma poderosa y asiento de toda
clase de errores, que en el espíritu de los que nos
quieren mal, y aun en el de los que son indiferen¬
tes, servirá de eterno argumento contra el dicta¬
men leal, concienzudo y desinteresado que nues¬
tros peritos emitan. La violencia del mar embra¬
vecido sepultó en los abismos á nuestro crucero
Reina Regente , y respecto á las demás tremendas
desgracias, sabidos de sobra son los motivos que
las originaron. Fácil es recordar esos siniestros
espantosos: la fragata-escuela de guardias marinas
Eurydice se fué á pique frente á la isla de Wight
con 300 hombres, en 1878; tires meses después, á
consecuencia de una falsa maniobra, el navio ale¬
mán Kfjenig Wilhelm hizo desaparecer en el canal
de la Mancha al Grcesser Kurfurst , con 216 tripu¬
lantes; en aquel mismo año, un obús ruso de la
plaza de Ibsail, que bombardeaban los turcos, hizo
saltar al monitor de la marina de éstos Lnfti
Dejdily con sus 300 hombres; y asimismo los ru¬
sos volaron con un torpedo, en el Danubio, el aco¬
razado turco Hifsi Rahma , pereciendo 62 mari¬
neros; en 1879, en la guerra chileno-peruana, el
Huáscar echó á pique con su espolón al Esme¬
ralda , pereciendo 110 hombres; el Captain , per¬
dido entre las nieblas del cabo de Finisterre,
desapareció con 472; en 1891, el acorazado chi¬
leno Blanco Encalada saltó por la explosión de
un torpedo que le lanzó el Almirante Lynch , ma¬
tando 243 tripulantes; en 1882 el cañonero Datral
se perdió en el estrecho de Magallanes con 154
marineros, á consecuencia de una explosión inte¬
rior del gas; en 1893 el Campordown , buque almi¬
rante de la escuadra inglesa, se hundió con 336
hombres, incluso el jefe de ella Mr. Tryon, frente
á Trípoli (Siria), por un error de mando de este
marino; y, en fin, en la guerra chino-japonesa re¬
cuérdase cómo quedó destruida la escuadra del
Celeste Imperio en un solo combate naval. Lo que
no ha ocurrido jamás en la historia de los sinies¬
tros es que una nación noble y caballerosa haga
volar un buque de otra nación, á mansalva, dentro
de sus aguas, valiéndose de arteros medios, y esto
no ha sucedido tampoco hoy en el puerto de la
Habana, donde el Maine quedó destruido. Nosotros
pelearemos con gloria contra los enemigos como
en Trafalgar ó en el Callao, ó sucumbiremos azo¬
tados por la desgracia, como en el caso del Reina
Regente en el Estrecho; pero no hemos minado
ni minaremos nunca traidoramente ni el poder
ni la reputación y buen nombre de nadie, digan
lo que quieran los informes técnicos redactados
sin formalidad y con prejuicios malintenciona¬
dos. Nuestra limpia historia no está á merced de
semejantes informaciones. *
•
• *
He escrito la palabra informalidad, y, en efecto,
resulta que no hay nada menos formal que la apa¬
rente tiesura materia! y moral de la raza anglo¬
sajona y de sus hijos, donde quiera que se han esta¬
blecido. En ninguna parte habrá pasado nada más
informal que lo que, según un diario australiano,
acaba de ocurrir en Melburne. Ha muerto un rico
personaje en aquella capital, en cuyo suntuoso en¬
tierro iba á pie considerable número de amigos,
formando el fúnebre cortejo, que recorrió las ca¬
lles más céntricas. Al llegar frente á un elegante
edificio, donde ostenta sus «anuncios del momen¬
to» una reputada empresa de información telegrá¬
fica, los parientes del difunto que iban presidiendo
el duelo, se separaron de las filas y fueron en grupo
al portal de dicho edificio, seguidos por otros mu¬
chos que les acompañaban. Amontonáronse allí
y leyeron con avidez uno de los partes recién pues¬
tos, entablando luego animada discusión, mientras
que el resto del cortejo, con el carruaje fúnebre,
estaba parado en medio de la calle. Ante seme¬
jante espectáculo se habían detenido muchísimos
transeúntes, que afluían desde las calles inmedia¬
tas y desde diversas partes de la calle misma, y
que, sorprendidos, contemplaban la parada inex¬
plicable de tal comitiva. La presidencia y sus acom¬
pañantes inmediatos volvieron á proseguir su ca¬
mino, luego que comentaron lo que en el cartel de
los telegramas se leía.
¿Qué decía aquel papelote? Pues sencillamente
daba cuenta de las peripecias de la gran partida
de cricket que se estaba jugando entre los socios de
un club australiano y de otro inglés. Los desconso¬
lados padres, hermanos, hermanos políticos, tíos,
primos y demás parientes del difunto, sportistas
acérrimos , no habían podido presenciar el match
á causa del entierro, pero tampoco podían resistir
á la tentación de enterarse de cómo iban hacién¬
dose las jugadas; por lo cual dieron orden á los
conductores del entierro de pasar por la calle
donde está el club de anuncio del sport y aunque
fuese necesario pasar para ello por tres ó cuatro
calles que no figuraban en la ruta de la casa mor¬
tuoria al cementerio.
Ha sido muy celebrada en Australia semejante
ridicula ocurrencia, porque allí han repetido los
sportmen entusiastas que tal suceso demuestra
cómo pueden concillarse el respeto á los muertos
con el cumplimiento de los deberes que exige la
afición aristocrática á los ejercicios atléticos.
»
• •
Por si se quieren hacer ejercicios de sport inte¬
lectual, recomiendo á los aficionados una obra que
va á publicar la archiseria nación alemana. El em¬
perador Guillermo ordenó el día 19 del actual que
se destinen cuantos fondos sean necesarios á la
publicación de un gran Diccionario egipcio-ale¬
mán. Están encargados de los trabajos de redac¬
ción los catedráticos Ebers, de la Academia de
Ciencias de Berlín; Ezman, de la de Gottinga;
Pictschmann, de la de Leipzig , y Stendorf , de la
de Munich. Comprenderá la obra cuantas palabras
figuran en las lenguas jeroglífica y hi orática, y las
de los textos demóticos y coptos. Según el ¿Egip-
tischer Kurier , la preparación de este trabajo mo¬
numental exigirá diez años; pero una vez termi¬
nado con arreglo al admirable plan concebido por
esos sabios, constituirá la más poderosa ayuda de
que podrán disponer los orientalistas para el co¬
nocimiento de las antigüedades egipcias.
•
• •
En el sport moral también se crean cada día
nuevos centros de actividad. La ciudad de Berna,
donde hay sociedades de todo y para todo, tendrá
desde primeros de Abril una nueva iglesia, asocia¬
ción ó secta para el estudio y reforma de las cues¬
tiones sociales: la Christch socialer Verein. Propó-
nense sus miembros ocuparse sin descanso en la
tarea de mejorar las condiciones morales y mate¬
riales de los obreros, rigiéndose y actuando con ab¬
soluta independencia de toda aspiración política,
eclesiástica y confesional. La primera determina¬
ción que han tomado es la de instalar asociaciones
análogas en las principales ciudades de Suiza, y
ponerse en relación con el gran centro que, con
idénticas tendencias, existe en Europa, que es el
de Basilea. Uno de los iniciadores de la idea tuvo
una f rase feliz en el día de la inauguración de las
sesiones preparatorias, al manifestar que esta
nueva Verein debiera llevar por símbolo tres ces
(C. C. CL), no porque fueran trescientos los socios,
ni cosa parecida, ni porque aspirasen á vivir tres¬
cientos años, sino porque lo más necesario para
llevar ,adelante su empresa era contar con Cari¬
dad y Constancia y Capital.
•
• •
Los Estados Unidos han declarado la guerra
á . los sombreros de las señoras en los teatros, y
es seguro que sufrirán una vergonzosa derrota. La
finura y consideración propias de la áspera corte¬
sía yanlcee se dejaron arrastrar por la opinión jin¬
goísta antifemenina (allí h&yjingoes para todo), y,
sin andarse en rodeos ni escrúpulos, el Municipio
de Boston decretó la prohibición de que ninguna
señora se presentara en el teatro con sombrero.
Inmediatamente sobrevino la insurrección. A la
cabeza de las ofendidas y sublevadas se puso mie-
tress Coleman, y aun no hace quince días que,
formadas en bullicioso regimiento, asaltaron el
Palacio Municipal. Dicha dama, oradora famosa,
demostró que la orden del Alcalde era contraria á
la higiene, á la estética y al comercio.
A la higiene, porque se ha demostrado que sop.
muchas las señoras y señoritas que padecen cata^-
rros, trancazo, cefalalgias, otitis, renitis, dolores
de muelas y reumas desde que se las ha obligado
á quitarse el sombrero al entrar en las salas de los
teatros. A la estética, porque no hay espectáculo
más animado y hermoso que el que forma el con¬
curso de mujeres ataviadas con caprichosos y ele¬
gantes sombreros en un teatro, ni cuadro más
prosaico que el verlas en el mismo local con la
cabeza al aire, aunque vayan artísticamente pei¬
nadas. Al comercio, en fin, porque la venta de los
sombreros, que sostiene tantas industrias, perde¬
ría mucho si no pudieran lucirse en los centros
más concurridos y apropiados, que son los teatros,
conciertos y circos, «nuestro principal campo de
batalla», como dijo mistress Coleman.
La mayor parte de los concejales de Boston, al
contemplar la nube que se les viene encima, y
ante el temor de que la explosión femenina traiga
terribles consecuencias, han nombrado una comi¬
sión especial que se encargue de estudiar y conju¬
rar el conflicto. Por su parte, las señoras conside¬
ran seguro el triunfo, asegurando que ahora, como
siempre, los que tendrán que quitarse el sombrero
y hasta ponerse de rodillas, siempre que la mujer
Ío ordene, serán los hombres.
Ricardo Becerro de Bengoa.
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8 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# xm — 211
En el lugar correspon¬
diente damos cuenta de la
función patriótica verifica¬
da en este teatro la noche del último jueves del
pasado mes, y que ha sido la novedad teatral única
que ha absorbido por completo la atención del pú¬
blico durante la pasada semana. Dicho queda el
gran entusiasmo que reinó durante toda la fun¬
ción, y especialmente en el cuadro final, y nues¬
tros lectores pueden darse exacta cuenta de él
viendo el grabado de las páginas 304 y 305 y el
Suelto correspondiente. Pero nada decimos en él
acerca de los artistas que tan generosamente pres¬
taron su valiosísima ayuda, y entre los que nada
han escaseado los rasgos de entusiasmo, tan dig¬
nos de elogio como los verificados por el público,
que entregó una respetable suma para pago de sus
localidades. La Srta. Pacini, demorando su viaje á
Varsovia, donde debía cantar el día l.° de Abril;
la Srta. De-Macchi telegrafiando á la empresa de
Monte Cario, por la cual estaba contratada, que
rescindiría el contrato si la negaba el permiso
para cantar en la extraordinaria función; el se¬
ñor Battistini, que, hallándose accidentalmente
en Madrid , apresuróse á ofrecerse incondicional¬
mente á la empresa del teatro Real ; las señoritas
Gardeta y Fons, que hallándose enfermas solici¬
taron un puesto, aun cuando fuese entre los coros;
y, en suma, los muchos y prestigiosísimos artistas
que generosamente brindaron su cooperación, son
tanto ó más dignos de alabanza que los magnates
que pagaron á peso de oro su localidad, con ser
estos dignos de los mayores encomios por su in¬
negable y ferviente patriotismo.
Con tales entusiasmos no es de extrañar que el
programa, cuya enumeración detallada anticipa¬
mos en nuestro pasado número, fuese admira¬
blemente ejecutado en todas sus partes. Cantóse
en primer lugar el primer acto de La Favorita ,
en el que tomaron parte las Srtas. Salvador y Ga-
sull, y los Sres. Bonci y Calvo, que interpretaron
notabilísimamente sus respectivos papeles, escu¬
chando ruidosos y entusiásticos aplausos. A conti¬
nuación el orfeón Eco de Madrid, dirigido por el
maestro Alvira, cantó el Regreso á la patria, que
produjo gran entusiasmo en el público por la bri¬
llante manera con que fue cantado; siguió á éste
el dúo del segundo acto de Los Puritanos, que va¬
lió una calurosísima ovación y numerosas llama¬
das á escena á sus intérpretes los Sres. Blanchart
y Riera: las enérgicas y valientes notas de esta
hermosa página musical de Meyerbeer impresio¬
naron fuertemente al público, que prorrumpió en
atronadores aplausos, bien merecidos por cierto,
phes los Sres. Blanchart y Riera cantaron este nú¬
mero con gran vigor y valentía, poniendo todas
sus poderosas facultades y toda su alma de artis¬
tas en su interpretación.
Constituía el cuarto número del programa el
Concierto, en que tomaron parte la orquesta, que
tocó de maravilloso modo, dirigida por la incompa¬
rable batuta del maestro Goula, la Sinfonía sobre
motivos españoles, de Gevaert; la Srta. Galvany,
que cantó magistralmente el vals de la Sombra de
IXnorah; el Sr. Bertrán, que se distinguió y ob¬
tuvo muchos aplausos cantando la romanza de La
Africana ; el Sr. Casañas, que interpretó como él
sabe hacerlo la romanza de Marta, y el incom¬
parable Baldelli, que cantó deliciosamente el aire
popular napolitano II Zampognaro, y alcanzó una
ovación ruidosísima, teniendo que cantar algunas
otras piezas de su repertorio pedidas con insis¬
tencia por el público.
Intencionadamente hemos omitido los nombres
de la Srta. Pacini y el Sr. Battistini, porque, con
ser todos los artistas que tomaron parte en el con¬
cierto de indiscutibles méritos, ninguno alcanzó
el éxito grandísimo, entusiasta, inmenso que Bat-
tistinf al cantar incomparablemente la romanza
de Ma/ria di Rudens, á la terminación de la cual
le hizo objeto de una ovación calurosa y prolonga¬
dísima el público, que no se cansaba de aplaudir;
y Regina Pacini, que tuvo que repetir las popula¬
res carceleras de Las Hijas del Zébedeo, después
de estar interrumpida largo tiempo la función por
los aplausos y aclamaciones que la concurrencia
tributo á su artista favorita.
/Calía!, la hermosa lamentación de Gounod,
fue ejecutada por toda la compañía, coros, orques¬
ta y más de cien artistas que ofrecieron su coope¬
ración. Entre los coros cantaron las primeras par¬
tes de la compañía, y los solos estuvieron á cargo
de las Srtas. De-Macchi y Salvador, que fueron en¬
tusiásticamente aplaudidas y celebradas. El penúl¬
timo número lo componía el tercer acto de tíerna-
ni, que cantaron primorosamente la Srta. De-Mac-
chi y los Sres. Bertrán, Blanchart, Riera y Tanci,
y como final figuraba la popular marcha de Cádiz,
momento en el que el entusiasmo del público fué
delirante y del que da cuenta nuestro compañero
Cuenca en el lugar apropiado.
La fiesta, pues, resultó mucho más brillante de
lo que pudiera esperarse, aun siendo tan eminen¬
tes como son los artistas que en ella tomaron par¬
te. Nada en absoluto dejó lo más mínimo que
desear, é injusto fuera, por lu tanto, no destinar
un lugar preferente, en la relación de los más me¬
recedores de caluroso elogio, á Luis París, alma de
la función, que con prodigiosa actividad, grandí¬
sima inteligencia y no escasos esfuerzos supo or¬
ganizar, en brevísimo tiempo, una solemnidad
artística para la cual, si bien ha tenido muchas
facilidades, también se ha visto obligado á allauar
numerosísimos obstáculos y á armonizar elemen¬
tos incompatibles y heterogéneos, consiguiendo
un resultado que muy pocos, casi podemos asegu¬
rar que nadie más que él, obtendrían.
Los resultados de la función son del dominio
público, por haberlos publicado con toda clase de
detalles la prensa diaria. Con decir la respetable
suma recaudada está hecho el mejor elogio de to¬
dos cuantos han contribuido con su esfuerzo á tal
objeto, pues gracias á su generosidad y desinterés
ni un solo céntimo se ha restado de la suma adqui¬
rida para el noble y levantado fin con que se or¬
ganizó fiesta de tanta resonancia.
PRÍNCIPE ALFONSO.
Han comenzado los ensayos de la Boheme, ópera
que ha de ser el clou de la excelente temporada de
primavera que comenzará en este teatro el día 10
del corriente mes.
PRINCESA.
Por derecho de conquista, el arreglo de la primo¬
rosa comedia de Legouvé, fué puesto en escena por
primera vez, desde hace muchos años, en este tea¬
tro, la noche del 31 de Marzo.
Decir que la reprise fué un ruidoso triunfo para
María Tubau, no ha de extrañar á nadie, pues sa¬
bido es que el papel de anciana aragonesa, que en
esta obra representa, es una de sus más geniales
creaciones, Su labor artística fué una verdadera
filigrana, y la distinguida concurrencia que lle¬
naba la sala del teatro no cesó durante la repre¬
sentación de celebrar y aplaudir á la Sra. Tubau,
llamándola numerosas veces á la escena á la ter¬
minación de todos los actos.
Muy bien representaron sus papeles respectivos
la Srta. Palma, Sra. Alverá y el Sr. Morano, á quie¬
nes ayudaron eficazmente para el buen conjunto
de la obra los Sres. Mendiguchía, Sánchez Bort y
Porredán.
« •
Como primera obra de un escritor, nada puede
pedirse a El Tercer partido , juguete cómico en
tres actos, estrenado el pasado sábado. Está des¬
arrollado con gracia y naturalidad el asanto, en el
que abundan las situaciones cómicas, algunas de
gran fuerza; bien hecho y chispeante el diálogo, y
se escuchan con agrado los tres actos, en los que
el autor no ha roto moldes , pero tampoco ha hecho
padecer á los oídos de los espectadores con chistes
chabacanos ni otras lindezas muy en uso, por des¬
gracia. Cierto es que en la obra se notan algunas
deficiencias, hijas de la poca experiencia del autor:
pero dispensadles son en gracia á las excelentes
disposiciones que revelan las bellezas que matizan
la nueva producción de nuestro compañero don
Pedro Hernández, distinguido periodista y desde
hoy discreto autor dramático.
Al buen éxito alcanzado por El Tercer partido
contribuyeron poderosísimamente la Sra. Tubau,
que desempeñó de modo admirable un papel de es¬
casa importancia; jas Srtas. Palma, Arnau y Ruiz,
y los Sres. García Ortega, Mendiguchía, Yilanova,
Sánchez Bort, Almada, Valle y Morales. Todos, en
unión del autor, fueron llamados á escena nume¬
rosas veces al finalizar la representación.
•
• •
Para muy en breve se anuncia el estreno de la
obra en tres actos El Pedestal, original del señor
Ruiz Contreras.
PAEISH.
Con el primer acto de La Tempestad , el tercero
de Marina y el tercero de La Dolores celebró su
beneficio, la noche del pasado viernes, el notable
tenor Sr. Casañas, que tan brillante campaña artís¬
tica ha hecho durante la presente temporada. El
beneficiado cantó tan bien como de costumbre la
preciosa romanza de La Tempestad, el terceto de
Marina y el dúo de La Dolores, las tres piezas más
salientes de la función anunciada, y recibió al ter¬
minar cada una de ellas valiosísimos y numerosos
regalos de sus muchos admiradores, amén de los
calurosos aplausos que le prodigó el público.
Muy bien cantaron, acompañando al beneficia¬
do, la Sra. Fabra, Srta. Corona, y los Sres. Querol,
Navarro, González y Gamero, que compartieron
con él los justos plácemes de la concurrencia.
•
• •
Tan brillante como el de Casañas fué el benefi¬
cio del notable bajo Valentín González, que se ve¬
rificó la noche del 2 del corriente mes. Las obras
puestas en escena fueron el tercer acto de Cam-
panone , el segundo de Las Campanas de Carrión
y El Düo de la Africana . En todas ellas cantó con
su acostumbrada maestría el distinguido artista,
haciendo gala de sus poderosas facultades y su en¬
tusiasmo artístico, y recibió cariñosas y prolon¬
gadas ovaciones en premio á su excelente labor.
LARA.
Para mañana, día en que se reanudarán las re¬
presentaciones interrumpidas durante la Semana
Santa, está anunciado el estreno de la comedia en
dos actos titulada La lluvia de mil colores .
APOLO.
Uno de los próximos días se estrenará El Buen
mozo, zarzuela de Perrín y Palacios, con música
del maestro Chapí, de la que tenemos las mejores
noticias. Celebraremos que no sean desmentidas.
ZARZUELA.
El primer estreno que se verificará en este tea¬
tro es el de la zarzuela El Puente del diablo, de
los Sres. Vela y Servet, con música del maestro
Bretón.
A.
JABÓN DE LOS PRÍNCIPES DEL CONGO
el más perfumado de loe jabonee de toeador
LOCIÓN VAISSIER °°del cabello
3 graadM premios. 21 medalla* de oro.— Fiera de ooaoerae
4, FULGE DE L’OFÉ&A, PARIS
De Tente en toda* laa buenas perfumerías de EspaSay América.
LOSiTOS
por fuerte y crónica que sea, tomen las
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DEL DOCTOR VALDÉS GARCÍA, DE MONTEVIDEO.
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París. ( Véanse los anuncios.)
Perfumería Aitum, Maiaon LE CON TE. 31. rué du Quatre-
Septembre. ( Véan* lot a***not.) ’
VI0LETTE IDÉALE
HesUfssl, perfumista, París, 19, Faubourg S* Honoré.
vopmuuim wivUO OI UUL1H DA[Q-
ralmente bonito, aunque muy sensible al
aire demasiado vivo y al sol demasiado
ardiente. Para impedir el bochorno , prie¬
to*, barros y hasta las manchas de pecas , em¬
pléese para la toilette la Crema Simón á
i* glicerina, los Polvos de Arros y el
Jabón Simón. No confundirse con otras
órenme»
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212 — n.° xiii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Abril 1898
LIBROS PRESENTADOS
k ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES
£1 canto litúrgico y el órgano, por
D. J. Jimeno de Lerma.— Nadie con más tí¬
tulos para escribir y hablar en nuestro país
acerca de la música religiosa que el Sr. Ji¬
meno de Lerma, director del Conservato¬
rio Nacional de Música, catedrático de ór¬
gano en este alto centro y una de las au¬
toridades europeas más indiscutibles en
aquella hermosa y principalísima rama del
arte de los sonidos.
Con estos antecedentes se comprenderá
con facilidad la gran importancia del libro
del Sr. Jimeno, que acaba de poner á la
venta La España Editorial, dedicado ^ es¬
tudiar el canto religioso por excelencia, el
canto litúrgico t y el rey de los instrumen¬
tos, el organo; libro admirable por sus
tendencias y por su método , por la copiosa
erudición con que trata los aspectos histó¬
ricos y por la vasta ciencia que resplandece
en los técnicos, por su forma y por su
fondo.
Por hoy nos limitaremos á dar cuenta
de la aparición de esta obra de carácter tan
nuevo en nuestra literatura artística, y que
tanto ha de influir en la enseñanza y en la
depuración del gusto.
El canto litúrgico y el órgano forma un
hermoso volumen de xvi-h438 páginas en
4.°, al precio de 5 pesetas en rústica y 6 en
tela en las principales librerías y en La
España Editorial, Cruzada, 4, Madrid.
Pasionaria murciana, por D. Pedro Díaz
Cassou. — Hemos recibido ejemplares del
libro cuyo til tilo encabeza estas lineas, que
trata de la Cuaresma y. Semana Santa en
Murcia, sus costumbres, romancero, pro¬
cesiones, esculturas y escultores y cantos
populares.
Muy erudito su autor en antigüedades
de aquella hermosa tierra, ha sabido re¬
unir en su obra tan numerosos é intere¬
santes datos que no puede leerse sin espe¬
cial complacencia, ála que ayuda en no
escasa parte el amenísimo estilo en que la
obra está escrita.
Ilustran el texto fototipias de Hauser y
Menot de las artísticas efigies labradas por
Salzillo y Bussi, y, como apéndice, va la
música do los antiguos cantos.
Método práctico de fabricar «bonos
químicos y de emplearlos , por D. Pablo
Kons. — La importancia que para la agri¬
cultura tienen los abonos químicos, tan
poderosos pnra aumentar considerablemen¬
te la producción del suelo, es poco conocida
en nuestra pal ria, y aun los pocos que en
ella se usan eslán muy mal fabricados para
acreditar aquella importancia por los re¬
sultados obtenidos. Estas razones han de-
D. RAMÓN DE CARRANZA Y REGUERA,
TENIENTE DE NAVÍO, AGREGADO NAVAL DE ESPAÑA EN LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRJCA.
(De fotografía de lo» Sres. Reymundo y C.*, de Cádiz.
cidido al Sr. Fons á la publicación de un
opúsculo, en el que, breve y muy sencilla¬
mente, trata de esta matena. El análisis
del suelo, la clasificación de los terrenos
para aplicar á cada cual el abono químico
que le convenga, la fabricación de estos
abonos y otras muchas noticias y fórmulas
sobre cultivo , forman el conjunto de este
manual práctico, que juzgamos muy útil
para los agricultores que deseen buscar en
los adelantos de la ciencia auxiliares más
poderosos que los que la rutina les ha en¬
señado.
El método se vende á 50 céntimos de pe¬
seta.
La pintura inglesa.— Con el tomo xxix,
que pone ahora á la venta, comienza la
preciosa Biblioteca Popular de Arte, que
publica La España Editorial, una serie de
volúmenes destinados al examen y estudio
de la pintura contemporánea en Europa .
Dicho tomo está dedicado á la pintura
inglesa en la segunda mitad del siglo ac¬
tual , y al estudio de los nombres y de las
obras más notables de un movimiento ar¬
tístico tan poco conocido en nuestro país y
tan digno ae serlo por su significación cu¬
riosa y singular, y por el mérito indiscuti¬
ble de aquellos artistas.
Otra circunstancia da más valor á este
volumen, y es el examen y estudio de la
escuela prerrafaelista, de que ha sido após¬
tol el ilustre Ruskin, que tan considerable
influencia ha ejercido con sus libros admi¬
rables en el desenvolvimiento de las ideas
estéticas en Inglaterra y en el continente.
Ilustran el tomo 33 grabados, reproduc¬
ción de las obras más notables de los pin¬
tores estudiados en él. De venta en La Es¬
paña Editorial, Cruzada, 4, Madrid, y en
las principales librerías, á una peseta en
rústica, y 1,50 en tela.
Luz eléctrica.— Manual práctico para uso
de los abonados, por D. Marcelino Ortega.
El jefe de telégrafos D. Marcelino Ortega
ha publicado un librito que contiene reglas
y consejos muy útiles para los que hacen
en sus casas instalaciones de alumbrado
eléctrico.
En forma sencilla y clara te exponen
todas las averias que ordinariamente pue¬
den presentarse, el procedimiento para ha¬
llar el sitio en que han ocurrido, sus cau¬
sas y la manera de remediarlas. Detállame
también las precauciones quo es indispen¬
sable adoptar en las instalaciones eléctricas
de todas clases, tanto para su mejor con¬
servación como para la seguridad de las
personas, indicando los sitios donde existe
peligro.
El trabajo del Sr. Ortega va seguido do
las conclusiones generales establecidas por
las Compañías para el suministro de la
energía eléctrica, cuyo conocimiento es úti¬
lísimo para los abonados.
Véndese á una peseta el ejemplar.— C.
DIGNO DE CONFIANZA.
« La confianza— dy o un famoso hombre de Es¬
tado — es una planta que crece con lentitud.» Es
necesario que conozcamos bien á un hombre
antes de que tengamos confianza en él, de lo cual
no puede quejarse. Si queremos obtener un prés¬
tamo, es necesario que demos una seguridad que
satisfaga al prestamista. El engaño es siempre
posible, pero no dura por mucho tiempo; pues la
verdad, en cuanto á los hombres y á los hechos,
sale tarde ó temprano á luz. Y aunque un hom¬
bre sea un embustero de nacimiento, no puedi
hacer negocio por mucho tiempo bajo una base
falsa, viéndose compelido á ser honrado ó á de
sistir de su empleo. Sí; aunque todos Iob hombre»
fueran embusteros, como el rey David declaró e ?
su excitación, se verían, no obstante, obligado»
á ser verdaderos y honrados en asuntos de dinero
y devpropiedad. De otro modo,- el mundo seria
Simplemente un barbarismo. No podrían existir
relaciones permanentes entre las personas y las
naciones , y el comercio de toda clase sería abso¬
lutamente imposible.
Podemos, pues, resumir desde lurgo que un ar¬
tículo que ha Bido conocido en todas partes por
muchísimos años, y siempre empleado y reco¬
mendado , es en verdad lo que se dice que es. Ha¬
biendo sido éste abiertamente probado por el
tiempo. y la publicidad, su carácter no admite el
menor género de duda. Por esta causa, el señor
Pedro Gil Pérez está justificado en decir lo si¬
guiente: « No es necesario alabar el Jarabe Cura¬
tivo de la Madre Seigel, pues el bien que ha hecho
Lestá constantemente haciendo es conocido en
Jas las partes del mundo.»
«Tengo el placer de añadir— continúa diciendo
—mi nombre á la larga lista de los que han sufrido
y han recobrado su salud por su mediación. Yo
había estado padeciendo de una dolencia del es¬
tómago tan terrible y continua, que con frecuen¬
cia me veía obligado á vomitar el alimento que
había'estado tomando, para de este modo obtener
alivio del dolor que sentía por causa de no haber
digerido el alimento. Tuve consultas con varios
médicos, y tomé todas las clases de medicinas
que me ordenaban para estas dolencias, sin obte¬
ner, después de todo, el menor alivio.
•Por; ultimo , fui á la tienda de drogas quími¬
cas de D.a Dolores Martínez, la cual es la única
señora que ha obtenido un grado de Medicina
en España, y habiendo tenido una consulta con
ella me aconsejó tomara el Jarabe Curativo de la
Madre Seigel, por cuya mediación me hallé com¬
pletamente curado después de haber tomado dos
botellas solamente. Tiene usted completa liber¬
tad para publicar esta carta si así lo creyese con¬
veniente. — (Firmado): Pedro Gil Perez, Algolfa
(Alicante), l.° de Noviembre de 1897.»
Otro corresponsal nos dice lo siguiente: «Obra
en mi poder la muy estimada de usted, en con¬
testación á la cual paso ahora á informarle que
no tengo el menor reparo en decir cuál ha sido
mi experiencia del célebre remedio de usted. Yo
había estado sufriendo durante unos ocho años
de mala digestión, con dolores indescriptibles en
todas Jas partes de mi cuerpo, severísimos á ve¬
ces. Tomé muchas medicinas, Bin obtener el me¬
nor alivio. Finalmente, habiendo oído los resul¬
tados obtenidas en casos semejantes con el em¬
pleo del Jarabe Curativo déla Madre Seigel, com¬
pré al instante una botella de este remedio. Ha¬
biendo hallado antes de concluirla que me sentía
aliviado en gran manera, compré varias botelli-
tas más, unas después de otras, sintiéndome cada
día más y más aliviado. En la actualidad me
hallo completamente restablecido, no teniendo
necesidad de tomar más medicinas. Le doy á us¬
ted el más completo permiso para publicar esta
relación para el beneficio de los demás. — (Firma¬
do): Francisco Romero, Marbella (Málaga), 18
de Octubre de 1897. >
Todos los que hayan tenido una experiencia
personal de este medicamento saben muy bien
que su grande reputación se ha originado entera¬
mente de sus méritos, y que actualmente alivia
y cura las enfermedades para las cuales los pro
pietarios lo recomiendan sin el menor género de
duda. Testigos en todas las clases sociales y de
todas las condiciones de la vida, voluntaria y
agradecidamente testifican su eficacia para todas
las dolencias que generalmente afligen al hom
bre. Y como'la mayor parte de estas dolencias es
causada por los desórdenes de los órganos diges¬
tivos, la importancia de tener siempre á mano
el Jarabe Curativo de la Madre Seigel y de to¬
marlo al momento cuando se presente la menor
señal de indigestión, queda desde luego justifi¬
cada. Siendo la opinión de las autoridades en
Medicina de que á lo menos la mitad de las per¬
sonas están sufriendo más ó menos de esta clase
de dolencias tan difíciles de curar como fáciles de
contraer, no hallamos dificultad en comprender
que el Jarabe Curativo de la Madre Seigel tenga
tanta demanda, siendo, como lo es, un específico
para curarlas.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venta en todas las farmacias, droguerías y ex¬
pendedurías de medicinas del mundo. Precio del
frasco, 14 reales; frasquito, 8 reales.
DENTADURA
Para conservar ésta sana ó sin padecidliento
alguno, elíjase un dentífrico higiénico, acreditado
en la práctica. Deséchense, por perjudiciales, los
dulzamos. Un buen dentífrico ha de perfumar y
refrescar la boca deliciosamente con el aroma de
la menta y la rosa, pero dejando un recuerdo ó
gusto ligero de los tónicos ó amargos, como su¬
cede con el Licor del Polo de Olive. Por
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mento-más agradable y más recomendado para loo
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época del destete y en él periodo del creoimientou
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desórdenes del pecho, bronquios, vejiga, hígado, ríñones y sangre.— 50 años de
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Reservados todos Vos derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID.— Establecimiento tipolitográfico «Sucesores de Bivadeneyra»,
impresores de la Real Casa.
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PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN, PAGADEROS EN ORO.
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN.
AÑO XLII. — NÜM. XIV
ADMINISTRACIÓN:
AXtECT A X., 18
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Provincias.
Extranjero.
7 pesos fuertes.
35 pesetas.
40 id.
50 francos.
18 pesetas.
21 id.
26 f roncos.
Madrid, 15 de Abril de 1898.
EL Dr. PAUL BROUAptDEL,
DECANO DE LA FACULTAD DE MEDICINA DE PARÍS Y PRESIDENTE DE LA COMISIÓN PERMANENTE
INTERNACIONAL DE LOS CONGRESOS DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.
(De fotografía de Fernando Debae.)
Digitized by
ANO.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
12 pesos fuertes.
Demás Estados de América y
Asia . . .
60 francos.
jü m
uMI
II m
214 — N.# XIV
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
15 Abbil 1898
SUMARIO.
TKXTO.—Crónica general, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados , por i). Garlos Luis de Cuenca. — Imposibilidad de las
alianzas europeas, por D. Emilio Castelar, de la Real Academia
Española. — Juan de Juanes y el libro del Barón de Alcahali, por
D. L. de Ontal villa. — Por ambos mundos. Narraciones cosmopoli¬
tas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa. — Del «ciego de Buenavis-
ta», poesía, por D. Eduardo Bustillo. — Los teatros, por A. — Suel¬
tos. — Libros presentados á esta Redacción por autores ó editores,
por C.— Anuncios.
Grabados.— Retrato del Dr. Paul Brouardel, decano de la Facultad
de Medicina do París y presidente de la Comisión permanente in¬
ternacional de los Congresos de Higiene y Demografía. — Barce¬
lona: Embarco en el muelle de la Barceloneta de los batallones de
Luchana y Mallorca expedicionarios á Canarias, verificado el 5 del
corriente.— Marina de guerru española: El acorazado de primera
clase Pelayo, dispuesto para salir del dique de Tolón, después de
terminadas sus reformas. — El yate inglés Giralda, adquirido para
aviso por el Gobierno español , aprestándose actualmente en el
puerto de Barcelona. — La Habana: Los autores del infame y ca¬
lumnioso informe yankce sobre las causas de la voladura del Maine ,
& bordo del Manyroue.— EE. UU. de Norte-América: Preparativos
de guerra. Un centro de reclutamiento en Nueva York.— Instruc¬
ción de reclutas de artillería en el fuerte Slucum (Long Island
Sound).— Madrid: Congreso de Higiene y Demografía. El Palacio
de Bibliotecas y Museos donde celebra sus sesiones el IX Congreso
Internacional de Higiene y Demografía. — Sala 7.* de la Exposi¬
ción.— Instalaciones de la Sociedad Protectora de los Niños, del Sa¬
natorio Marítimo de Chipiona y de las publicaciones del doctor
Tolosa Latour. — Máquinas de desinfección, por la presión de va¬
por, del Laboratorio Municipal. Carruajes, para la conducción de
heridos, de Sanidad Militar. — Bellas Artes: Las fiestas de Flora ,
cuadro de Cavallaro. — Madrid: Experiencias del suero antidifté¬
rico de Roux en el Instituto Microbiológico.— Retratos de los doc¬
tores D. Julián Calleja y D. Amalio Jimeno y Cabañas, presidente
técnico y secretario general, respectivamente, del IX Congreso de
Higiene y Demografía.— Su Eminencia el Cardenal Herrera acom¬
pañado del Embajador de España y su séquito recibiendo las vi¬
sitas llamadas de calore
CRÓNICA GENERAL.
y la clave de ella en el Mensaje presidencial tan
ponderado. Desde luego, nuestra posición moral
era muy fuerte. Sólo se ofrecía una objeción: siem¬
pre que hemos hecho concesiones morales, ha dis¬
minuido nuestra fuerza material; y cuanta más
razón teníamos, menos medios quedaban de am¬
pararla.
En esta corta tregua, ¿qué ocurría? La retirada
rápida de los Cónsules norteamericanos de Cuba
y de Manila. El síntoma no era favorable á la paz,
pero podía ser también un acto encaminado á jus¬
tificar el aplazamiento del Mensaje. Y si hemos
de ser imparciales, ya que ellos no lo sean, así
como España pretende rehuir imposiciones, debe¬
mos reconocerles el derecho de aparentar que no
las sufren. La retirada de esos Cónsules formaba
gran contraste con la tranquilidad y seguridad de
Mr. Woodford entre nosotros, paseando á pie la
tarde del Jueves Santo en los sitios más concurri¬
dos de Madrid, sin ser por nadie molestado. Míster
Woodford, aparte de sus fueros, no es para nos¬
otros sino un funcionario de un país en pleito con
el nuestro y que cumple aquí con su deber.
A todo esto, ¿qué uecíau los representantes de
los insurrectos? Decían que no estaban dispuestos
á transigir con menos que con la independencia,
y que si no empezaban los Estados Uniüos por re¬
conocer aquélla, serían con ellos en singular ba¬
talla. Eso de la independencia parece que disonaba
mucho en Washington.
•^^^erramos nuestra Crónica anterior con
la impresión de una ruptura de rela-
^ ciones con los Estados L nidos: la gue-
rra parecía en aquel momento inevi-
table ó inmediata: el Ministro norte-
americano había dirigido al Gobierno
una especie de ultimátum pidiendo una
^ contestación en brevísimo plazo: el Gobierno
Y le había contestado confirmando sus decisio-
* nes anteriores, y se consideraba imposible
todo arreglo: la diplomacia nada tenía que tratar,
y la guerra podía surgir de un momento á otro
con todos sus horrores. Y como ante ese azar te¬
rrible que nos hallaba maltratados en la hacienda
y disminuidos, tras una larga lucha, por el vómito
y las balas, aunque animosos y tenaces, más que
por conveniencia inmediata y apreciable, en de¬
fensa del decoro y de la política del porvenir; ante
la inminencia, repetimos, del no buscado y siem¬
pre rehuido conflicto, alzábamos los brazos hacia
Dios y hacia la bandera nacional, fijando la vista
en las alturas.
El conflicto no ha estallado aún. ¿Qué ha suce¬
dido en estos días? Visiblemente, sin creer ni ne¬
gar que haya, porque debe haberla, una parte re¬
servada á los profanos, la mediación de las seis
grandes potencias europeas en apoyo de las ges¬
tiones del Pontificado ha venido á robustecer
aquella influencia moral que trata de impedir
nuevo derramamiento de sangre. ¿Ha producido
efectos materiales? Desde luego, la negativa del
Gobierno español á la imposición del Gobierno
norteamericano fijó el límite de su aguante ante
la insolencia de su adversario: éste, que interpre¬
taba la prudencia como debilidad, quedó descon¬
certado: contaba con vencer fácilmente por me¬
dio de amenazas, y vió con sorpresa que estaba
equivocado. Todos sus preparativos de guerra, que
acaso destinaba in péctore á imponer la ley á los
cubanos, insurrectos ó no, y á realizar una ane¬
xión brutal, aunque necesitase despoblar la Isla,
abandonada por España, se convertían en una gue¬
rra marítima formal y dudosa antes de entrar en
la segunda parte del problema. ¿Reflexionó aquel
Gobierno?
Alemania, Austria, Francia, Inglaterra, Italia
y Rusia intervinieron con un consejo humanita¬
rio: el mensaje que esperaban las Cámaras impa¬
cientes, se aplazó con disgusto de los amarillos:
dióseles por razón ó pretexto la necesidad de de¬
jar tiempo á sus compatriotas y cónsules para
abandonar la Isla: el Ministro norteamericano en
Madrid retiró y se tuvo por no escrita su carta de
apremio; y en esta situación, los representantes
de las seis potencias acreditados en esta corte se
presentaron á nuestro Ministro de Estado, acon¬
sejando que se concediera un armisticio á los re¬
beldes: hízoseles presente las razones de decoro y
de conveniencia que lo impedían : á las primeras
satisficieron , desde el momento que las seis gran¬
des potencias salvan aquél con su consejo y opi¬
nión : las segundas quedan en pie y en el haber de
España. Se concedió el armisticio á Su Santidad y
á las potencias. ¿Qué había que hacer ya? Esperar,
sin interrumpir los preparativos para rechazar
una agresión, la conducta de los Estados Unidos,
Todo esto y algo que no podemos añadir había
sucedido en los días que mediaron entre nuestra
Crónica anterior y la lectura del anunciado Men¬
saje. Dejemos á un lado su parte expositiva, que
es la monótona repetición de las acusaciones á Es¬
paña tantas veces refutada, y las supuestas trope¬
lías de las armas españolas, sin que se nos reco¬
nozca ni una sola virtud, ni una sola de las muchas
concesiones hechas á su soberbia susceptibilidad
en aras de la paz. Todo ha sido inútil: margaritas
echadas..... al montón. Mientras el mundo entero
reconoce nuestra moderación y prudencia, Mac-
Kinley nos presenta como una nación no civili¬
zada: jamás se ha faltado á la verdad con tanta
frescura é insistencia, ni se han omitido tan sin
escrúpulo las razones y descargos del adversario.
¿Y qué diremos del derecho de intervención fun¬
dado en que Cuba está á sus puertas, y en que, á
nuestro amparo, han creado allí intereses comer¬
ciales? ¿No está más á las puertas de Méjico, que
nada nos reclama? ¿No contiene una doctrina ame¬
nazadora para Méjico, Honduras, Guatemala, Santo
Domingo, y cuantas naciones se hallen en igual
proximidad? ¿La acepta Inglaterra para el Canadá?
¿Se la reconocen los Estados Unidos á Inglaterra
en caso de que una guerra civil en su propia casa
moleste ó perjudique á los canadienses? ¿No com¬
prende Mac-Kinley adónde le arrastran esas afir¬
maciones? ¿Qué estado americano no las leerá con
preocupación y dejará de ponerse muy en guardia
para sus relaciones mercantiles con los norteame¬
ricanos, sobre todo cuando se arma y deja de ser
una pacífica república? ¿Qué estado americano no
mirará con espanto el avance marítimo de esos
vecinos peligrosos, de esos nuevos cartagineses
que envían primero sus tocinos y sus máquinas
para preparar el camino á sus escuadras, alterando
y dividiendo primero el país que desean invadir?
Pues preferirán tratar mercantilmente con Europa
y el Japón; comprenderán la necesidad de tener
buques y garantizarse mutuamente de los riesgos
de esa política invasora con urgencia vital. El
egoísmo con que al establecer esas reglas se pres¬
cinde de los intereses de todo el Nuevo Mundo, lo
demuestra. No hay más América, según ellos, que
los Estados Unidos. Ellos son los únicos, los ver¬
daderos americanos. Expulsemos á la hermana
mayor, dicen, que ya se someterán las más peque¬
ñas. Mac-Kinley ha sembrado las semillas de una
guerra futura y muy larga en su Mensaje.
Pero prescindiendo de la prosa del tal docu¬
mento, y considerando concretamente, y con re¬
lación al estado crítico de las cosas, su significa¬
ción y alcance de actualidad, no podemos conside¬
rarle ni tranquilizador ni encaminado bacia la
paz, aunque aparente ó dé en realidad un paso
atrás en el camino de la guerra. Suponen algunos
que debió antes ser horrible para los españoles, y
que se ha suavizado; creemos lo contrario: si hu¬
biéramos mantenido la primera actitud, no se hu¬
biera expresado con menos comedimiento. Ello
es que se arroga el derecho de intervención ; que
nos echa en cara la guerra civil que sus Cónsules
atizaban y sus buques mantenían, y al pedir per¬
miso á las Cámaras para movilizar sus fuerzas
nos amenaza con la guerra para cuando lo juzgue
más oportuno. Y no es ese lenguaje la ruda fran¬
queza de un politicastro mal educado, sino la arti¬
ficiosa alegación del usurero que cae sobre la presa
para enredarla y aturdiría con astucia. Es, como
decía un periódico hace días, el zorro que se las
echa de león. Nunca ha sometido nación alguna,
en estos tiempos de publicidad, á tan desagrada¬
ble trabamiento. ¿Cómo desconocer nuestra sobe¬
ranía en Cuba esos extranjeros que llegaron á
América dos siglos después que los españoles la
habían descubierto y civilizado, y darnos por ra¬
zón que estamos á sus puertas y les molestamos?
Si hablase así un piel roja, callaríamos. Pero ¿á qué
discurrir ni refutar la letra de ese documento,
cuando todo se condensa en esta frase: — Os juzga¬
mos débiles y empobrecidos; somos más en nú¬
mero, y poseemos más riquezas: dadnos vuestra
última joya, ó vive Dios que izaremos en nues¬
tros buques el pabellón negro del pirata?
Por otra parte, hay que tener en cuenta que
Mac-Kinley escribe para un pueblo fanfarrón , y
no debe tener idea de lo que disuenan en nuestro
oído ciertas asperezas; y si la tiene, á las arrogan¬
cias debemos oponer nuestra dignidad, diciendo á
Europa: — Os hemos hecho una concesión que juz¬
ga Le Temps enorme. ¿Nos habéis atado á la co¬
lumna para recibir esos azotes?
El instinto popular recibió con desconfianza lo
del armisticio: las personas reflexivas y las gentes
de negocios, como el principio de la paz; la juven¬
tud caliente, como una mala abdicación. De aquí
que se aprovecharan algunos para promover los
alborotos que hemos presenciado en estos días, y
que han producido algunas prisiones y el destierro
á San toña del general Borbón y Castellví. No está
el horno para rosquillas, como vulgarmente se dice,
para que aumentemos las preocupaciones de los
que dirigen la política. Desde luego estamos de
enhorabuena por la retirada de Mr. Lee, que era,
según fama, uno de nuestros peores enemigos.
Dejémosles deshonrar sus bocas con vilezas con¬
tra España. Se creen los más fuertes, y gritan é
insultan: es axiomático que todo insolente es co¬
barde cuando llega la ocasión. No excitaremos al
combate los que no hemos de participar de sus pe¬
ligros, ni traficar con las industrias de la guerra,
que son muchas, desde el acorazado á la noticia. Y
ante el mundo civilizado tenemos en ciertas de¬
claraciones del Mensaje nuevos argumentos á
nuestro favor. ¿Que esto parece poco? ¡Quién sabe!
De todos modos, siempre es bueno cuando hay
peligro conservar la sangre fría. Dejemos que gri¬
ten esos jingos como soeces que son y mal criados;
que aplaudan á Mr. Lee, de quien asegura un pe¬
riódico cubano que fue el verdadero instigador de
la voladura del Maine , cuyos restos, para evitar
comprobaciones, pretendía destruir; á quien se
acusó de recibir contrabando entre los socorros á
los reconcentrados, y de quien se dice que, al huir
de la Habana, ha escrito á los rebeldes que pro¬
longuen la resistencia: no está clara su interven¬
ción en lo del asesinato de Ruiz. Dejémosles acla¬
mar á ese agente tenebroso, digno caudillo de la
gentuza que le aplaude.
Nuestro Gobierno hizo publicar en una nota ofi¬
ciosa las siguientes declaraciones hechas en Con¬
sejo de ministros, y que produjeron el mejor
efecto por su mesura y decisión:
«Aun cuando faltan en la transmisión los trozos
de referencia á mensajes anteriores cuya lectura
sería indispensable para completar su sentido, el
Consejo estimó que lo que le era conocido bastaba
para afirmar, frente á las doctrinas en el Mensaje
expuestas, las de la soberanía y derechos de la
nación española, incompatibles con extrañas inge¬
rencias para la resolución de ?us asuntos interiores.
»No estima el Gobierno que, aparte de la so¬
lemne afirmación de los derechos de la nación, le
corresponda hacer en estos momentos declaración
alguna mientras resoluciones del Congreso norte¬
americano ó iniciativas del Presidente no deter¬
minen en hechos concretos las doctrinas expues¬
tas en el referido documento.
3> La inquebrantable conciencia de su derecho,
unida á la resolución de mantenerlo íntegro, ins¬
pirarán á la nación, como le inspiran al Gobierno,
la serenidad necesaria en estos difíciles momentos
para dirigir con acierto y defender con energía los
sagrados intereses que son patrimonio de la raza
española.»
Entretanto procuraba el Gobierno recibir con
cortesía á los huéspedes que han venido á celebrar
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15 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xiv — 215
el Congreso de Higiene y Demografía, inaugu¬
rando sus sesiones, facilitándoles las visitas de
hospitales, asilos y establecimientos públicos, ob¬
sequiándoles con un banquete en el Real, y S. M. con
una recepción en Palacio; demostrando que nues¬
tras preocupaciones no nos privan de la tranqui¬
lidad necesaria para agasajar al extranjero, ni han
de perturbar sus útiles y pacíficas tareas: entre
las muchas notas agradables para nosotros, con¬
signan los periódicos el buen efecto producido por
la elocuencia del Sr. Arellano, delegado por Mé¬
jico, que entre aplausos ruidosos llamó á España
la madre de su madre.
El Gobierno ha decidido abrir una suscripción
nacional, y ya sólo falta estar muy prevenidos y
esperar sin temor los acontecimientos. Termina¬
mos nuestra Crónica anterior con la impresión de
una ruptura: no la vemos hoy conjurada ni tan
próxima, pero siempre inminente y de difícil des¬
viación. Está visto que buscan sólo que demos un
pretexto que justifique su agresión, y no sería ex¬
traño en su perfidia que cometiesen un crimen
para achacárnosle como el caso obscuro del Maine ,
que ha llegado el momento de aclarar. Que no tra¬
tamos con gente de buena fe, cosa es sabida. Lo
malo es que la guerra es un negocio para algunos.
Eq resumen: hemos vuelto á caer en las ti¬
nieblas.
•
• •
— I Hombre! ¿qué entiende usted de marina para
trazar planes de guerra?
— Mas que usted.
— Yo siquiera he nacido en puerto de mar.
— Yo vivo en la calle del Barco.
— ¿No le asusta á usted la guerra?
— Es mi elemento. -
— ¿Será usted militar?
— No, señora; soy yerno.
•¿Qué opina usted de la paz ó la guerra?
— No sé si vengo ó si voy,
E ignoro el cómo y el cuándo;
Tampoco sé dónde estoy,
Ni si despierto ó soñando.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
MR. PAUL BROUARDEL,
decuoo de 1a Facultad de Medicina de París, presidente de la Comi¬
sión permanente internacional de los Congresos de Higiene y De¬
mografía.
Publicamos en la primera página el retrato del
Dr. Brouardel , presidente de la Comisión perma¬
nente de los Congresos de Higiene y Demografía,
hoy entre nosotros con motivo de la celebración
en Madrid del IX de dichos Congresos bajo el pa¬
tronato de SS. MM.
Nació Brouardel en Saint-Quentin (Aisne) el
17 de Octubre de 1837, y obtuvo el doctorado en
Medicina en 1865. Fué nombrado módico del hospi¬
tal de San Antonio en 1873, y en 1879 profesor de
Medicina legal. Desde 1878 dirigía los Anales de
Higiene pública y de Medicina legal , y ha llegado
sucesivamente á ser académico y presidente de la
Sociedad del mismo nombre, director del Labora¬
torio de la Morgue, y decano de la Facultad de
Medicina de París en 1887. El Dr. Brouardel fué
con el Dr. Roux encargado de estudiar la vacuna
anticolérica del Dr. Ferrán, dictaminando contra
su sistema.
El Dr. Brouardel es autor de muchos folletos y
memorias sobre asuntos de medicina.
* •
BARCELONA.
Embarco en el muelle de la Barceloneta de los batallones de Lu-
chana y Mallorca expedicionarios á Canarias , verificado el 5 del
corriente.
El día 5 del corriente llegaron á Barcelona, pro¬
cedentes de Tarragona y Valencia, respectivamen¬
te, los batallones de cazadores de Luchana y Ma¬
llorca. A las nueve de la mañana llegó al muelle
de la Barceloneta el batallón de Luchana con su
escuadra de gastadores, banda de cornetas, música
y bandera, embarcando poco después en los vapo¬
res golondrinas.
En el citado muelle se hallaban desde, mucho,
antes de la llegada de las* tropas tol generáí de día*
D. Alberto de Borbón y varios jefes y oficiales.
A las diez, y cuando había terminado ya el em¬
barco del batallón de Luchana, llegó al embarca¬
dero el de Mallorca, que en poco más de media
hora fué transportado al vapor-correo Antonio
López .
Durante la operación, así como en el trayecto
que recorrieron dichas tropas desde la estación al
muelle, sos músicas tocaron marciales marchas.
El embarco se ha efectuado ordenadamente: las
tropas vestían el traje de diario, con mochila y
manta, y llevaban sus correspondientes fusiles
Mauser. (Véase el primer grabado de la pág. 216.)
El batallón de Luchana se compone de 600 in¬
dividuos de tropa, al mando de su teniente coro¬
nel D. Adalberto Eguía; y el de Mallorca de 596
plazas. Va mandado por su coronel D. Juan Pe-
reyra.
El vapor-correo Antonio López zarpó á las cua¬
tro y cuarto de la tarde con rumbo á Las Palmas
de la Gran Canaria.
*
« «
MARINA DE GUERRA ESPADOLA.
El acorazado de primera clase Pelayo y el yate inglés Giralda.
Damos en el segundo grabado de la página 216
una reproducción, del acorazado español de pri¬
mera clase Pelayo en el dique de Tolón, donde ha
sido reformado.
En Diciembre de 1896 se contrataron las refor¬
mas siguientes: reemplazar las antiguas calderas
por otras nuevas del sistema Nielan sse ó Belleville,
compuestas de diez y seis cuerpos, fabricadas en
los talleres de la sociedad Forges et Chantiers de la
Mediterranée , é instalar una batería de ocho ca¬
ñones de 14 cent;metros, de tiro rápido, sistema
Canet, en reemplazo de los de 12 centímetros.
Practicadas que fueron las reformas convenien¬
tes, partió el buque de Tolón.
Representa nuestro grabado de la página 218 el #
nuevo aviso Giralda adquirido por el Gobierno es¬
pañol. Era el Giralda uü magnífico yate de-exce¬
lentes condiciones marineras, propiedad del opu¬
lento lord Cayon. Desplaza 1.750 toneladas, tiene
dos cañones Hogkins y dos ametralladoras y un
andar de 19 milhuu-
E1 Giralda lleva dos proyectores de luz eléc¬
trica de 3.200 bujías, y fué construido hace dos
años.
En la actualidad se encuentra aprestándose en
el puerto de Barcelona.
• *
LA HABANA.
Los autores del infame y calumnioso informe yankee sobre las causas
de la voladura del Maine , A bordo del Manjrove.
El informe de la Comisión yankee sobre las
causas de la voladura del Maine era preciso que
resultara yankee también ; y como por el camino
de la imparcialidad no podía llegarse más que al
término de la justicia, fué necesario echar por
otro camino, y se escogió el de la perfidia.
A falta de pruebas buenas son las hipótesis, y
éstas, cuanto más venenosas y ofensivas, tanto
más á propósito para producir el doble efecto ape¬
tecido: adular la pasión del feroz jingoísmo y pro¬
vocar insidiosamente la indignación de los espa¬
ñoles para llegar al anhelado rompimiento con que
sueñan hace tiempo los que apetecen lo que es
nuestro y piensan que su fuerza es superior á todo
derecho.
En el primer grabado de la página 217 publica¬
mos los retratos de los miembros de la Comisión
que nos atribuye un atentado en que nadie cree,
sino los energúmenos que por aquellas tierras
fermentan de las heces de lo peor de todos los
países que allí encontraron refugio y fortuna.
Mucho antes de que existiera el Mainey ni na¬
cieran los jingos, ni se nombraran comisiones de
marinos yankees , existía en nuestra tierra un pro¬
verbio que dice : El que las hace las imagina .
*
e «
EE. UU. DE NORTE-AMÉR1CA.
Preparativos de guerra.
Los dos últimos grabados de la página 217 dan
idea del movimiento belicoso de los yankees en es¬
tos días: representa el de la derecha la instrucción
de los reclutas de los nuevos regimientos de arti¬
llería en «Fort’Slocum», isla de Davids, Long Is-
land Sound. No es la marcialidad la nota que dis¬
tingue á estos reclutas de sombrero hongo y de
chaquet, ni es fácil calcular los belicosos bríos que
se esconderán bajo esa indumentaria de paisano
cursi; pero lo que sí se advierte es que, dada la in¬
minencia del casus belli , los están instruyendo con
toda precipitación , como á aquellos guerreros en
camisa de Los Sobrinos del capitán Grant.¿Y cómo
dudar de que se trata de los sobrinos en el país
de Samy el indiscutible tío?
El otro grabado reproduce una escena del re¬
clutamiento por el sistema de anuncios, tan pe¬
culiar en el país del reclamo. Su convocatoria se
hace por car telón es ilustrados con viñetas. Los
lectores revelan claramente la minuciosidad con
que se enteran de las condiciones y el cálculo que
hacen de la utilidad del negocio. Indudablemente
habrá tarifas de distintas clases: un soldado va¬
liente, sobrio, sufrido y disciplinado...... tantos do-
llars; id., sin sobriedad^..., tantos.....; id., sin disci¬
plina, cuantos.....; id., sin valor...- (como las mues¬
tras), etc., etc.
•
• •
MADRID. — CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.
El Palacio de Bibliotecas y Museos donde se celebran las sesiones.—
Sula 7.* de la Exposición.— Instalaciones déla Sociedad Protectora
de los Niños, del Sanatorio marítimo de Chipiona y de las publi¬
caciones del Dr. Tilosa Latour. — Máquinas de desinfección y ca¬
rruajes para la conducción de heridos.
Reproduce el grabado de la página 220 la facha¬
da principal del Palacio de Bibliotecas y Museos
Nacionales, donde ahora se celebra el IX Con¬
greso Internacional de Higiene y Demografía.
Fue colocada la primera piedra de este hermo¬
so edificio por S. M. la reina D.a Isabel II, comen¬
zando las obras en 1866. El primer proyecto fué
del arquitecto D. Francisco Jareño, y después hizo
los planos últimos el Sr. Ruiz Salces.
En la planta baja tiene el edificio 22 salones,
46 en el entresuelo y 93 en el piso principal. El
frontón es obra de Agustín Querol, y los grupos de
figuras de alto relieve representan las Ciencias y
las Artes que florecen al benéfico influjo de la Paz.
Sobre el vértice se levanta la estatua de España,
que lleva en la mano una corona de laurel, y en
los ángulos se hallan las estatuas del Genio y del
• Estudio. < j .
En la escalinata están las estatuas de San Isidoro
y D. Alfonso el Sabio , del escultor Alcoverro. En
las puertas las de Luis Vives, Lope de Vega, Ne-
brija y Cervantes.
En este edificio se hallan instalados, además de
la Biblioteca Nacional, Ios-Museos Arqueológico,
de Historia Natural, el Archivo Histórico Nacio¬
nal y el de Pintura y Escultura contemporáneas.
En la página 224 publicamos una vista de la
sala 7.a de la Exposición del Congreso de^Higiene
y Demografía que se celebra en el Palacio de Bi¬
bliotecas y Museos. En dicha sala figuran, entre
otras instalaciones interesantes, -las del' Instituto
de Higiene Urbana, de Barcelona; del Biológico
de Organoterapia de baños y estufas, de Labat; de
desinfectantes Laurenol; de Orive, de Bilbao; de
la Empresa Española de Filtros; de sifones higiéni¬
cos del Sr. Pables; de la casa francesa Mallié, que
expone filtros de porcelana de amianto; del Ins¬
tituto Rubio; del proyecto del Sr. Belmas; del
Hospicio de Madrid; del Instituto de Higiene de
Sevilla del Dr. Murga con preparaciones, instru¬
mentos y suero; de Adnet con instrumentos, quí¬
mica y bacteriología y de los aparatos para evitar
accidentes y enfermedades de los obreros (Ams-
terdam). En el fondo del grabado se halla la en¬
trada á la Sala del Laboratorio Central de Medica¬
mentos de Sanidad Militar de España.
En el grabado primero de la página 225 apare¬
ce en primer término la instalación de la Socie¬
dad Protectora de los Niños. Creada estasofciedad
en 1878, fué objeto y es motivo de su obra civi¬
lizadora y humanitaria procurar por todos los
medios posibles la conservación de la vida de los
niños desde su nacimiento, libertándolos de los
riesgos y peligros á que los expone su debilidad;
protegerlos, cualesquiera que sea su clase y condi¬
ción, contra el abandono, la miseria, los malos
tratamientos y los ejemplos de inmoralidad, y
popularizar en las familias los preceptos más úti¬
les de la higiene y de la moral de los niños, en
armonía con los preceptos religiosos.
En tan benéfica labor , socorre la pobreza extre¬
ma de aquellas familias donde hay niños que ca¬
rezcan de alimentos ó vestidos ó sufran cualquier
otra apremiante necesidad. Tiene establecido un
Refugio para albergar en él y ser madre amorosa
de todo pequeñuelo que quede en el mundo desam¬
parado, dándoles luego colocación permanente.
Ha fundado y sostiene un Sanatorio para niños en
el hermoso paraje de las montañas de la Alcarria,
donde se encuentrap establecidos los baños de
Trillo. Cuenta con un acreditado Cuerpo médico
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— N.° XIV
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Abril 1898
BARCELONA. — EMBARCO EN EL MUELLE DE LA BARCELONETA DE LOS BATALLONES DE LUCHANA Y MALLORCA
EXPEDICIONARIOS A CANARIAS, VERIFICADO EL 5 DEL CORRIENTE.
/'
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA. — el acorazado de primera clase «pelayo», dispuesto para salir del dique de Tolón,
DESPUÉS DE TERMINADAS SUS REFORMAS.
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15 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xiv — 217
Teniente Potter. Capitán Chadwick.
Capitán Sampson.
Teniente Marix.
LA HABANA.— LOS AUTORES del infame y calumnioso informe «yankee» sobre las causas de la voladura del «maixe»,
Á BORDO DEL aMANGROVE*,
EE. UU. DE NORT E- AMÉ RIC A. — preparativos de guerra.
UN CENTRO DE RECLUTAMIENTO EN NUEVA YORK.
EE. UU. DE NORTE- AMÉRICA. —instrucción de reclutas
DE ARTILLERÍA EN EL FUERTE SLOCUM (LONQ ISLAND SOüND).
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.a XIV
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA' Y AMERICANA
Abril 1898
abogados, y con consultas públicas y
le ambas facultades, que cuidan de la
infantil y velan por los derechos todos
os, insistiendo particularmente por que
cumplan las leyes protectoras de la in-
iiene, por último, una publicación men-
5, al reflejar y dar cuenta de toda esta
labor, publica artículos consagrados á
;an interesante como meritoria,
llegan los casos de protección por ella
y en su Refugio actual, amplio, her-
fiénico local, que cuenta con dos espa-
uy bien dotadas escuelas, y que está si-
la calle de Bravo Murillo, niim. 42, se
il presente 100 niños de ambos sexos;
i ene en su Sanatorio de Trillo 40 enfer-
bien instalados.
f MADRID.
Experiencias del suero antidi ftér ico de Roux
en el Instituto Microbiológico.
Con motivo del IX Congreso internacional de
Higiene y Demografía publicamos el grabado de
la página 223, que representa el acto de practicar
una sanaría al caballo árabe Sultán , del Dr. Ro-
bert, por éste y los doctores Zubiaurre y Llórente,
fundadores del Instituto Microbiológico de Ma¬
drid, en el mes de Octubre de 1894.
Sabido es de todos que fue en el VIII Congreso
internacional de Higiene y Demografía, celebrado
en Budapest en Septiembre del año 1894, donde
se dieron á conocer los notables estudios de Ber-
hing y de Roux sobre la curación de la difteria
por el empleo del suero de caballo inmunizado. Y
Real orden del 22 de Mayo de 1895 autorizando la
elaboración y venta del suero antidiftérico á los
- Sres. Llórente, Robert y Hernández.
Al frente del Instituto se halla hoy sólo" el doc¬
tor Llórente, pues por causas (pe desconocemos
se han separado de su compañía los Dres. Her¬
nández, Zubiaurre y Robert; y si bien es sensible
esta desunión en los que todo fué entusiasmo, no
deja de ser un hecho evidente el que en Madrid
el suero antidiftérico ha salvado centenares de
enferinitos (1); porque si antes del suero morían,
según afirma el Dr. Monmenex (2), más del 80
por 100 de los atacados, con el uso de este ma¬
ravilloso medicamento la mortalidad ha sido re¬
bajada al 13,01 por 100. (Boletín de la Revista
de Medicina y Cirugía prácticas, 15 de Agosto
de 1897) (3). *'
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA, — el yate inglés «giralda», adquirido para aviso por el gobierno español,
APRESTÁNDOSE ACTUALMENTE EN EL PUERTO DE BARCELONA.
igulo del fondo figura la instalación del
Marítimo de Santa Clara en Chipiona,
'atamos detenidamente no h¿ mucho
la de las publicaciones del Dr. Tolosa
do grabado de la misma página contiene
Las de desinfección del Laboratorio Mu-
Madrid, por el sistema Genesse Hers-
, de presión por medio del vapor. Bajo
;o de la derecha se hallan los carruajes
1 Militar para el transporte de heridos.
•
• •
BELLAS ARTES.
au Fiesta* de Flora , cuadro de Cavallaro.
o de Cavallaro que reproducimos en la
representa una de las nocturnas y bu-
astas del paganismo. A fines del mes de
alebraban los famosos juegos en honor
liosa de la primavera, esposa de Céfiro,
el imperio de las flores y la primera
Los griegos la llamaban Cloris, y lleva-
o á Italia, siendo introducido en Roma
Según algunos autores, las fiestas flora-
araban en honor de la cortesana Flora,
*blo romano colocó en la categoría de
laberle dejado por heredero de sus cuan-
es.
egos, que por celebrarse en un templo y
le una divinidad tan poética y apacible
osa de las flores parece que debían bri-
candorosa sencillez, eran precisamente
itrario y dejaron fama por sus escanda-
edenes.
• •
si bien la comunicación del Dr. Roux, dando
cuenta de la aplicación del suero en el Hospital
des Enfants Malades, de París, conmovió no tan
sólo á los módicos, sino también al mundo entero,
sobre todo á las madres de familia, por las fechas
anteriores vemos que en Madrid no se perdió el
tiempo para obtener el precioso específico de Ber-
hing-Roux y poder curar el garro tillo .
El 29 de Enero de 1895, presentados por los
Excmos. Sres. Marques de San Felices y Conde de
Caudilla, los Sres. Llórente y Robert fueron re¬
cibidos en audiencia por S. M. la Reina Regente,
que, como soberana y madre , les alentó en su em¬
presa humanitaria, suscribiendo además dos mil
quinientas pesetas para el sostenimiento y des¬
arrollo del naciente Instituto, y regalando des¬
pués hermosos caballos para el mismo fin benéfico.
S. A. la Infanta D.H Isabel dispensó también el
mismo favor, recibiendo á los doctores y contri¬
buyendo con mil pesetas de su bolsillo particular.
A ejemplo de las excelsas personas, y en épocas
diferentes, los Marqueses de Cubas, Urquijo, Con¬
des de Caudilla, Sres. D. Manuel María Alvarez,
Baüer, Dentisch, generala Jovellar, el Círculo de
la Unión Francesa, Dres. Mariani, Argumosa,
Yaldós, González, etc., etc., hicieron también im¬
portantes donativos con el mismo fin.
Un aficionado , el Sr. D. Leandro A. de Torrijos,
en agradecimiento á la curación de su hijo Fer¬
nando, inyectado por el Dr. Robert, hizo la foto¬
grafía que reproducimos, y entregó además la can¬
tidad de mil pesetas al Instituto.
Durante seis meses, el caballo Sultán propor¬
cionó suero suficiente para tratar multitud de
niños diftéricos en Madrid y provincias, y como
consecuencia del análisis que de este suero prac¬
ticó oficialmente el Dr. Mendoza, jefe del labora¬
torio del hospital de San Juan de Dios, se dictó la
BRES. D. JULIÁN CALLEJA Y D. AMA LIO J1MENO Y CABAÑAS,
presidente técnico y secretario fren eral, respectivamente,
del IX Congrego de Higiene y Demografía.
Publicamos en la página 224 el retrato del no¬
table médico español D. Julián Calleja, que des¬
empeña la presidencia técnica del IX Congreso de
Higiene y Demografía que actualmente se cele¬
bra en la corte. Nació en Madrid el Dr. Calleja
en 1837, y cursó con gran brillantez la carrera,
ganando muchos premios y luchando contra la di¬
fícil situación en que vivía, debiendo así todo su
porvenir al propio esfuerzo. Obtuvo una plaza de
ayudante de director del Colegio de San Carlos, y
al mismo tiempo que la desempeñaba tenía una
clase de repaso de Anatomía. Ganó por oposición,
en 1863, la cátedra de la misma asignatura en la
facultad de Medicina de Valladolid, y durante su
viaje á dicha capital prestó sus auxilios profesio¬
nales á las víctimas de una desgracia, y obtuvo
por ello la cruz de Beneficencia.
Al morir el Dr. Fourquet, obtuvo en brillante
oposición la cátedra que éste dejó vacante. En 1873
fue nombrado decano de la Facultad, y en los
cinco años que ejerció el cargo mejoró y amplió
los Museos Anatómico, Instrumental é Iconográ¬
fico, así como los departamentos de micrografía,
farmacología y toxicología, y terminó la organi¬
zación independiente y adecuada del hospital clí¬
nico.
En 1878 dimitió el decanato, siguiendo en el
(1) Hace quince días, el niño de nuestro particular amigo se¬
ñor D. Eugenio de Carlos fué curado rápidamente por una in¬
yección de suero de Roux practicada por el Dr. Robert
(2) Enfermedades infecciosas en Madrid. Biblioteca Científica
Moderna, 1894.
(3) Madrid, La diphterie et le sérum antidiphterique. XII*
Congrés International de Moscou. (19-26 aoüt 1897.)
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15 Abril - 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xiv — 219
profesorado. Ha sido en varias ocasiones conse¬
jero de Instrucción Pública, senador del Reino y
director general de Instrucción Pública. Es aca¬
démico de la de Medicina y de la de Ciencias. El
Dr. Calleja es además autor de muchas y muy im¬
portantes obras científicas.
En la misma página publicamos el retrato del dis¬
tinguido Dr. D. Amal i o Jimeno, que, como secre¬
tario general del Congreso de Higiene y Demo¬
grafía, ha sido el alma de los dificilísimos trabajos
de organización del mismo, y, con una actividad
inquebrantable por todos reconocida, contribuye
en primer término al más brillante éxito de la
asamblea.
Nació el Dr. Jimeno en Cartagena en el año 50,
y cursó en las Universidades de Valencia y Madrid
la carrera de Medicina con gran aprovechamiento,
ganando el título de doctor como premio extraor¬
dinario.
Fué médico titular de Pujol (Valencia), y allí
3 aró su primer estudio científico acerca de la
tria. De 1872 á 1874 colaboró asiduamente en
El Oenio Médico Quirúrgico , publicando sus no¬
tables trabajos La estética en las ciencias médicas
y Un habitante de la sangre , en los que se reveló
como literato y estadista excelente.
Por oposición ganó en 1874 una plaza de médico
de baños, y el 75 la cátedra de Patología general
de Santiago. Pasó después á Valladolid y á Valen¬
cia, donde explicó Terapéutica y Materia médica.
En 1888 desempeñó la cátedra de Higiene privada
y pública en la Universidad Central, y después la
de Patología quirúrgica, reemplazando en ella al
Dr. Creus.
El año 1885 acompañó al Dr. Ferrán en su odi¬
sea por España, siendo, como dice uno de sus bió¬
grafos, el evangelista del descubrimiento del mé¬
dico tortosino; y en 1891 fué á Berlín con la
Comisión científica para estudiar el descubri¬
miento del Dr. Koch contra la tuberculosis, sobre
el que escribió muy importantes Memorias.
Director de varios periódicos científicos, lite¬
rato distinguido y orador elocuente muy celebra¬
do en ateneos y academias, ha sido diputado á
Cortes por Alcira y es senador del reino.
Entre sus publicaciones científicas figuran el
Tratado elemental de Terapéutica y Materia 'mé¬
dica y las Lecciones de Patología general .
Goza el Dr. Jimeno de excelente reputación
como módico, y numerosa clientela acude con es¬
pecialidad á su gabinete electroterápico.
« •
EL CARDENAL HERRERA.
Nuestro grabado de la página 228 representa al
nuevo Cardenal Herrera, arzobispo de Santiago,
acompañado del embajador de España en el Vati¬
cano, Sr. Merry del Val; de Monseñor Marzolini,
camarero secreto de Su Santidad, caballero de
capa y espada, y de los Secretarios de la Embajada
de España, en el momento de empezar las visitas
llamadas de calore . Son éstas, como es sabido, las
recepciones que tiene cada Cardenal antes del con¬
sistorio de cuantos acuden á ofrecerle sus respetos. .
Carlos Luis de Cuenca.
IMPOSIBILIDAD DE LAS ALIANZAS EOEOPEAS.
i.
O hay que forjarse ilusiones sobre
alianzas, pues la ilusión produce mo-
n mentánea ceguera, y necesitamos los
;1k5 españoles tener muy clara la vista y
muy abiertos los ojos en las terribles
'{circunstancias por cuyos enormes bajíos
'¿atraviesa nuestra patria. En vano se le¬
vantará el venerable León XIII ofreciendo
generosísimo su paternal y santa mediación
entre nosotros y los maldecidos yankees; en
vano se vestirán los embajadores de las grandes
potencias sus más bordados uniformes, presen¬
tándose muy solemnes casa del Ministro de nues¬
tras relaciones exteriores con aires de árbitros y
aparatos de arbitraje; todo eso aparece á nues¬
tro pensamiento reflexivo y á nuestra machucha
experiencia un alardeo vistoso, mas inútil, sin
resultados favorables posibles, pues nuestra Es¬
paña no puede aspirar á género alguno de alianzas
efectivas y eficaces con ningún pueblo y con nin¬
gún Gobierno europeo. Siempre pintaron mal á
nuestras gentes y á nuestras tierras las alianzas
con los extraños. Las dos obras capitales de nues¬
tra historia se emprendieron y remataron sin
aliado alguno; la reconquista del suelo patrio y la
invención del mundo americano. Desde principios
del siglo XVI á fines del siglo xvri nos hallamos
unidos con Austria, y esta unión horrible nos
condujo á la rota de Rocroi primero, después á
la humillación de Westfalia, desangrándonos por
extraños dioses y por ajenos lares en todos los
campos de batalla: desde fines del siglo XVII hasta
comienzos del corriente siglo estuvimos aliados
con Francia, y este gravísimo error nos traio el
conflicto perdurable con Inglaterra; el infame
pacto de familia, tan perjudicial á nuestros nacio¬
nales intereses, pospuestos siempre por la dinas¬
tía Borbón á los intereses de su genuína patria; la
separación de Nápoles y Sicilia], con gravísimo de¬
trimento del poder español, sacrificado á los afec¬
tos domésticos de Isabel Farnesio y á las locuras
del extraviado Alberoni; la guerra por los anglo¬
sajones del Nuevo Mnndo, que nos trajo á la pos¬
tre y término el terrible caso de la pérdida del in¬
menso imperio colonial antiguo; la batalla de Tra-
falgar, donde se hundió con gloria nuestra incom¬
parable marina; y la irrupción napoleónica, que
tiró á matar nuestra independencia y á convertir
nuestra soberbia patria en la Polonia del Medio¬
día. No son populares aquí las alianzas extranje¬
ras; pero aunque lo fuesen, imposible intentarlas,
y menos conseguirlas. Para convencerse de tal
verdad, no hay como estudiar el estado interior y
exterior de cada pueblo con atención verdadera.
Empecemos en esta enumeración por Francia y
los franceses.
II.
El estado interior de Francia no se presta mu¬
cho á una política firme y resuelta. Esa facilidad
con que la enajena un caso particular ó individual
de traición, más ó menos cierto, dice cómo su es¬
tado nervioso deja mucho que desear, y cómo cual¬
quier desarreglo, parecido al causado por las cati-
linadas de Boulanger, puede atentar con debilidad
incurable ó con muerte segura sus maravillosas
instituciones parlamentarias, que son su honra, y
en cuya perduración libramos los pueblos libres
fundadísimas esperanzas. Todo lo hubiera podido
temer de Francia menos que en sus entrañas,
donde se encarnaron los más bellos ideales mo¬
dernos, estallara una explosión de pasiones anti¬
semíticas, precursora de guerras nuevas religiosas
ó incomprensibles para mí en suelo donde se ha
levantado la inmortal Constituyente y en espíritu
que ha difundido por toda la tierra y por toda la
humanidad los derechos del hombre. Zola, enfure¬
ciéndose por un caso particular y aislado, después
de haber á cien casos de trascendencia universal
permanecido indiferente; Rochefort, colocándose
por sus luchas con algunos republicanos á la ca¬
beza de una reacción religiosa como la reacción
antisemítica y defendiendo el ejército que deshizo
la Comunidad revolucionaria y estuvo á pique de
fusilarle allá en los campos de Satory; Bruñe tiére,
el eximio director de la Revista de Ambos Mun¬
do s, publicación fomentadora del espíritu moder¬
no, pidiendo, como los jesuítas de Versalles en
casa de Mme. Maintenon, cosa muy análoga con
el cese de un edicto tan saludable como el edicto
de Nantes y los misterios que han rodeado las cau¬
sas conocidas por aquellos tribunales de guerra;
el empeño temerario de los magistrados en iden¬
tificar administración con justicia y en ahogar el
juicio público y en impedir hasta el derecho sacra¬
tísimo de defensa; las agitaciones populares de
París, Argel, Marsella, movidas por pasiones tan
arqueológicas como el odio á los judíos; esa intran¬
sigencia de los radicales con los católicos llevados
por mano de León XIII al seno de la República,
prueban que su política interior no es muy firme,
ni están muy asentadas las instituciones democrá¬
ticas en sus amplias bases.
III.
La política exterior no me parece más concreta
que la política interior para pedirle se arriesgue á
una grande alianza. Primeramente ignoramos cuál
provecho saca Francia de su amistad con Rusia, y
sólo sabemos cuál provecho saca Rusia de su amis¬
tad con Francia. Esta vió cómo su amiga y aliada
se había comprometido, en protocolo aparte con
Bismarck, á respetar la estabilidad en Alsacia y
Lorena, compromiso que frustraba todos sus pla¬
nes, y sin embargo ayudó á su aliada en las em¬
presas asiáticas, en el acaparamiento de la Mand-
churia, en el reto al Japón, en las maniobras sobre
Corea, en el asedio á China y en las amenazas al
Ganges. Hoy existe, ya establecida, una inteligen¬
cia indirecta entre Alemania, Rusia y Francia en
el extremo Oriente de Asia, y se rompe la inteli¬
gencia directa sobre los problemas cretenses y
griegos en el extremo Oriente de Europa. Esta si¬
tuación; su nueva conquista de Madagascar, tan
difícil á las saludables apropiaciones coloniales;
sus acaparamientos en el río Amarillo, donde cada
día dilata más sus posesiones del Tonkín ó influye
más en los asuntos del Annam y del Siam; los pla¬
nes concebidos y practicados para ir aprovechando
en bien suyo la proximidad entre sus fronteras
argelinas y las fronteras marroquíes ; el continuo
pleito que trae hace años urdido con el temerario
Rey de Bélgica por las veleidades conquistadoras
de este cuitado en las orillas del Congo; esa porfía
por el Níger, donde ha estado en riesgo de suscitar
un conflicto guerrero con la Gran Bretaña si el
sesudo pensamiento de Salisbury no se opone á
las bruscas salidas de Chamberlain, patentizan á
una cuántos problemas abrumadores lleva Francia
sobre sus espaldas, y cómo no puede arriesgarse
á nuevas alianzas, generadoras fatales de nuevas
complicaciones.
IY.
Igual sucede, ó cosa parecida, con Inglaterra.
En política, circunstancias á veces casuales deci¬
den de todo. Si la coalición monárquica europea
hubiera podido aprovechar los primeros momen¬
tos de la Revolución francesa para intervenir con¬
tra ella y ahogarla bajo sus ejércitos, aplasta de
seguro á Francia, y mata en germen, para siempre
no, pero sí por mucho tiempo, aquel semillero de
ideas antimonárquicas. Mas la gran promovedora
del conflicto, su directriz y su alma, Catalina de
Rusia, estuvo los primeros años de la Revolución
empeñada en la guerra con Turquía, en el reparto
de Polonia, en el acaparamiento de Crimea; y
estos altos negocios, de una importancia tan gran¬
de para sus conquistas en el Norte y en el Oriente,
le impidieron aceptar los planes ideados por Gus¬
tavo de Suecia y dirigidos á invadir Francia extin¬
guiendo la revolución en París. Años más tarde,
cerca ya del 93, impelió el ejército prusiano á las
Argonas, y á Lila el ejército austriaco, Francia se
había constituido en República, cuyos voluntarios
déla libertad, un pueblo en armas, triunfaron,
así en Yalmy como en Jemmapes, y al són de la
Marsellesa hicieron correr á los déspotas, despo¬
jándolos de las coronas del derecho divino troca¬
das en coronas constitucionales por el creador
aliento de la revolución universal. Pues bien; si al
comienzo de la guerra nosotros nos dirigimos á
la Gran Bretaña, la encontráramos de seguro en
su provechoso y soberbio aislamiento, de ningún
modo dispuesta, ni aun entonces, á intervenir en
empresas poco aceptas á su carácter; pero sí pro¬
picia, muy propicia de suyo, á una mediación
práctica por una larga serie de intentos diplomá¬
ticos, encaminados á mantener en el mar de las
Antillas una larga estabilidad.
V.
Y hubiera sucedido cuanto anuncié yo en aque¬
lla sazón, porque Inglaterra, la metrópoli madre
de los sajones, se hallaba muy mal con estos sus
hijos. Inquietísimos, aunque poco resueltos, los
yankees promovían dificultades á’su antigua metró¬
poli por las pesquerías de Terranova,por las fron¬
teras del Canadá y los tratados mercantiles con
este dominio británico, por la desembocadura del
Orinoco tan litigiosa en aquellos días, por la isla
Trinidad, y otros asuntos no menos enojosos. El
pueblo americano había escupido, como suele y
está en su temperamento, por el colmillo y ar-
mádole á Inglaterra esas molestias diplomáticas,
semejantes á picaduras de mosquito, las cuales no
emponzoñan y matan, como las picaduras de ví¬
bora, pero molestan hasta producir con vigilias é
insomnios una desesperación verdadera. Mas hoy
todo ha cambiado. Alemania, insolente con Amé¬
rica en la cuestión de Haití, se apodera del primer
puerto chino que le place, y facilitando con tal
conquista los planes ambiciosos de Rusia, hiere á
cuantos pueblos han puesto las miras de sus espe¬
ranzas en acaparamientos futuros de China ó en
tratados mercantiles con China. Y entre tales
pueblos descuellan Inglaterra, interesadísima en
aquellas regiones; Japón, victorioso de China en
los últimos años y maltrecho porque le han sacu¬
dido su Corea de los puños y le han dejado por
todo premio del triunfo la isla de Pescadores; los
Estados Unidos, eternamente dados á pensar que
por una compensación, frecuentísima en las hu¬
manas sociedades, el Occidente de nuestro globo,
America, debe civilizar, poseer, dirigir el Oriente,
Asia. Existe, pues, una liga de intereses entre Ja¬
pón, Inglaterra y los Estados Unidos, y no inten¬
temos romperla.
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MADRID. — EL PALACIO DE BIBLIOTECAS Y MUSEOS DONDE CELEBRA SUS SESIONES EL IX CONGRESO INTERNACIONAL DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.
(De fotografía de Fraazen.)
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CUADRO DE CAVALLABOt
222 — n.® xiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Abril 1898
VI. por fuerza que dejarles el espacio marítimo, mien-
tias Alemania combatía y se agrandaba por la
¡Buena está Inglaterra para soltar aliados viejos tierra firme. Tan poco aptos aparecían- los alema- '
en busca de novísimos aliadosl Allí se hace la opo- nes para el mar, que Yenecia conservó su carác-
sición, más que sobre los asuntos interiores, sobre ter entre asiático, griego, italiano, levantándose
los asuntos externos. Y el partido liberal no deja atrevida sobre las lagunas de San Marcos, donde
vivir ai partido tory, ahora gobernante, porque le no pudiese llegar la terrestre Alemania,
imputa la disminución del influjo inglés, así en
Bizancio como en Pekín. Cuando las líneas férreas IX.
de Rusia se dilatan desde los centros del Imperio
á los umbrales de India y China; cuando el codi¬
ciado Puerto Arturo cae sin remedio en manos de
los moscovitas; cuando la inteligencia entre pode¬
res tan enormes como los tres que se han reunido
en las aguas amarillas ponen espanto y terror con
amenazas de realización inminente, no se pue¬
de, no, pedir á Inglaterra, tan menesterosa hoy de
alianzas, la renuncia y abdicación de las amista¬
des americanas, con que jamás conseguirá muchos
provechos, pero sí meterá mucho ruido. El Go¬
bierno inglés, según opinión de sus enemigos,
hoy se contenta con que los acaparadores de Chi¬
na proclamen la completa libertad del comercio
humano en todos aquellos puertos, y no quiere
creer que los recientes acaparadores proclaman
esto por evitar conflictos, y proclamarán mañana
lo contrario en cuanto posean ya con propiedad
no interrumpida los territorios arrancados tími¬
damente hoy al Imperio chino. Y esta cuestión
aparece como una cuestión de alianzas naturales
entre Japón, América é Inglaterra, porque los in¬
tereses comunes aúnan muchas voluntades, y las
voluntades aunadas por estos intereses tienen que
contrastar el inmenso poderío de Francia, Rusia
y Alemania en China. Pésima hora, pues, la co¬
rriente para urdir inteligencias entre Inglaterra
y España.
YII.
Heme detenido ante las dos grandes naciones
centrales, porque son al par naciones marítimas,
pues tratándose de América y de una guerra con
los. americanos, inútiles de toda inutilidad las na¬
ciones continentales y terrestres. Hé ahí la infe¬
rioridad manifiesta de Rusia respecto de Inglate¬
rra. Mientras de dilatarse por los continentes se
trate , Rusia podrá bordear las fronteras de Per-
sia, poseer la Mongolia vecina del Celeste Impe¬
rio y del pueblo indio, avanzar á su grado por de-
• siertos y cordilleras inaccesibles á toda fuerza
marítima; pero en cuanto dispute á Inglaterra la
menor mota de un territorio abordable por las es¬
cuadras británicas, tendrá Rusia que ceder sin re¬
medio y que resignarse á una completa derrota.
Ya lo dijo en sus formas gráficas el Canciller de
hierro, al asegurar lo tranquilo que se hallaba por
conflictos muy anunciados y temibles entre Rusia
é Inglaterra, cuando la una se parece á la ballena
y la otra se parece al elefante, animales muy ba¬
talladores, y á pesar de batalladores imposibilita¬
dos para una guerra entre sí, porque no tendrían
espacios apropiados al combate gigantesco los dos,
y no podría el uno combatir en tierra firme, y no
podría el otro combatir en las aguas. Así, tratán¬
dose de las grandes potencias, descarto yo de una
grande alianza con España la enorme potencia
moscovita. Pero no hay esta razón únicamente;
hay otra razón potísima. Si Rusia tiene y conserva
un secular afecto y una grande alianza tradicio¬
nal con algún pueblo, es su afecto á los america¬
nos y su alianza con América. ¿Cómo había de
interrumpirlos por nosotros?
VHI.
Algo parecido á lo que sucede con Rusia sucede
con Alemania también. No puede contársela entre
las potencias marítimas. El germano siempre gustó
de las irrupciones continentales, y nunca pasó
las aguas oceánicas; pasó tan sólo aguas como las
del Rhin ó las del Danubio. Sus vándalos empren¬
dieron algunas excursiones marítimas por la parte
Norte de Africa, pero sin verdadera importancia
intrínseca y sin verdadera trascendencia militar.
La única familia de Alemania con vocaciones y
aptitudes náuticas me parece la familia sajona;
vocaciones y aptitudes adquiridas por su estada en
el archipiélago británico y por su mezcla con los
marinos audaces normandos. Y se comprende fácil¬
mente la reclusión de Alemania dentro del espacio
continental y de la tierra firme. Sin puertos en el
mar donde comenzó la navegación sus primeros
ensayos ; sin puertos en el Mediterráneo ; con po¬
cos puertos en el Báltico, y esos repartidos entre
daneses, moscovitas y escandinavos; teniendo al
Oriente tres pueblos tan marinos como Dinamar¬
ca, Suecia y Noruega, y ai Occidente tres pueblos
tan marinos como Flandes, Holanda y Norman-
día, érale imposible competir con ellos, y tenía
Y, sin embargo, Alemania se ha empeñado en
ser un pueblo marítimo, avaro de grandes adqui¬
siciones coloniales. Cuando la fiebre por el aquis-
tamiento de apartados territorios dominara sobre
Europa, Bismarck congregó en Berlín un diplo¬
mático congreso para que tratase de la legisla¬
ción colonial, cosa tan extraña como si en Valen¬
cia se reuniera un congreso que tratara de pieles,
y en Moscou un congreso que tratara de naran¬
jas. Hanme parecido siempre ridiculas todas las
exploraciones germánicas, tal y como las conta¬
ban los mismos periódicos germanos. Aquellos
exploradores graduados en las Universidades, ca¬
balleros sobre asnos, con un paraguas so el brazo
derecho y un libro so el izquierdo; puestos de an¬
teojos y acostumbrados á la tranquila existencia
de sus ciudades literarias ; por cargas de jamones
westfalienses y toneles de cerveza bávara segui¬
dos, parecen unos seres ridículos, prestándose, no
á las conquistas, á las burlas de los salvajes. Así
adquirieron el dominio de Zanzíbar; tronaron y
relampaguearon allí algún corto espacio de tiempo,
hasta concluir, penetrados de su impotencia colo¬
nial, por hacer un triste combalache, trocando su
posición africana por una madrépora, por un arre¬
cife, por un escollo, por el islote Heligoland que
le cedió Inglaterra, quedándose con la codiciada
Zanzíbar. Mas á pesar de tales desengaños, no hay
que aguardar enmienda de Alemania; su impeni¬
tencia y su tenacidad se muestran en aquella cala¬
verada sobre las Carolinas, que tan cara pudo cos-
tarle, y aun se muestra más hoy, perturbando el
planeta con las adquisiciones asiáticas y propo¬
niéndose construir una poderosa escuadra.
X.
Este punto de la escuadra me parece obra de
una grande, nerviosa sobrexcitación en el Empe¬
rador y fruto de una irremediable imperial neu¬
rosis. Queriendo repetir los grandes hechos, Gui¬
llermo se propuso, en sus ensueños ambiciosos,
organizar un ejército nauta, muy análogo con el
ejército terrestre organizado por su grande y glo¬
rioso predecesor el primer Guillermo. Mas no com¬
prende una cosa el joven exaltado Príncipe, hoy
sobre Alemania imperante; no comprende que la
formación de un ejercito continental tuvo su ob¬
jeto claro, y que la formación de un ejército tras¬
atlántico no tiene que sepamos objeto ninguno.
Así lo han comprendido las varias clases alemanas
reunidas en aquel Parlamento nacional, comba¬
tiendo todo aumento de gastos en el presupuesto
de la marina germana. Mas el Emperador y su her¬
mano Enrique han puesto empeño tal en recabar
ese voto, que acaban de conseguir su plan y de me¬
ter á su Imperio en gastos enormísimos. Una vez
y otra vez fueron á la carga, requiriendo del Con¬
greso nacional ese aumento de gastos; una vez y
otra vez, el Congreso nacional se resistió á ello en
votaciones enormes. Inútilmente Guillermo daba
lecciones de geografía náutica; inútilmente ame¬
nazaba en discursos exaltadísimos á los diputados;
inútilmente reunía su familia y sus cortesanos en
las tribunas del Congreso para que pesaran sobre
los legisladores con vociferaciones de irreveren¬
cia y gestos de verdadero desacato; los diputados
no prestaban oído al paralelo imperial entre las
resistencias del antiguo Congreso prusiano al ejér¬
cito terrestre, y las resistencias del nuevo Con¬
greso germánico al ejército nauta: las obsesiones
imperiales únicamente obtenían implacables ne¬
gativas.
XI.
Mas Guillermo fué á Roma por todo. Un día se
encajó en Occidente, amenazando la república de
Haití; otro día se encajó en Oriente, cogiendo una
piltrafa del territorio chino, con el fin concreto de
mostrar cómo si falto de gran escuadra corre por
todos los mares, qué no haría si tuviese la escua¬
dra formidable pedida por él y negada por sus
inexpertos diputados. Según el Emperador, Ale¬
mania no puede vivir sin su industria, la cual com¬
pite con la industria británica, y habiendo menes¬
ter muchos mercados, tiene que abrirlos con sus
cañones y que celarlos con sus escuadras. Así, pide
grande armada y fondos para la construcción y
mantenimiento de esta grande armada, indispen¬
sable á sus proyectos intercontinentales. Y le ha
salido muy bien la cuenta de sus recentísimas ex¬
pediciones; pues en tanto que no se movía, le des¬
deñaba el Parlamento, y así que se ha movido,
entrando en China, el Parlamento le ha dado el
voto requerido tantas veces y tantas veces trocado
por él en veto. Liberales históricos, liberales uni¬
tarios, señores patricios, cosecheros de centeno y
trigo, todos cuantos ayer se negaron á decretar una
grande marina, hoy la decretan y caen al pie del
Emperador, deslumbrados por el hecho quizá ca-
laveresco de las recientes conquistas. Dos factores
tan sólo han permanecido en su antigua intransi¬
gencia: la diputación bávara y la escuela socialista.
Bien han hecho, pues no me parece congruente
con grandes proyectos mercantiles esos grandes
proyectos belicosos, y á la riqueza de Cartago no
se llega nunca por los procedimiento® de Roma.
Cuando la ciudad fenicia intentó ser conquistado¬
ra, dejó de ser mercantil.
XII.
No hay que aguardar auxilio alguno ¿ España
de un Emperador metido en tales intrincadas y
laberínticas confusiones. Guillermo tiene mucho
por qué curarse de sí mismo para curarse de los
demás. Cierto de la enemistad francesa; más cierto
aún de la enemistad británica; desasido del con¬
cierto europeo en Oriente por su amor á la infame
Turquía; nada seguro de Rusia, y á diario desligán¬
dose de Italia y Austria, su posición es por todo
extremo embarazosa para procurarse y traerse
nuevos embarazos. Así permanecerá en inerte
neutralidad. E igual digo de Italia y Austria. La
primera guarda sobrados escarmientos dolorosos
en sus propias posesiones coloniales para irse ¿
batallar por las posesiones coloniales ajenas; y la
segunda está en tal período de disolución , que no
puede valerse á sí misma y menos podrá valer á
los demás. El craso error cometido por el Imperio
austríaco al consentir la fantástica erección del
trono hecho artificialmente para Maximiliano,
encuéntrala muy retraída de toda empresa que
tenga por objeto capital América. Y aunque no
guardara tal enseñanza, paralizaríala en todo sano
propósito su disolución interior. Aquellos Parla¬
mentos que nunca llegan á un acuerdo ; aquellas
sesiones parecidas á las sesiones de los más rojos *
clubs revolucionarios; el odio á lo Caín que sien¬
ten todas aquellas regiones entre sus connaturales
si llevan sangre distinta por las venas; el escan¬
daloso empuje antisemita; las revoluciones comu¬
nistas de Transilvania; los obstáculos opuestos ¿
la reanudación del pacto con Hungría; la evoca¬
ción del período revolucionario del 48, perpe¬
trada á presencia del mismo emperador José,
dicen que Austria no puede cuidarse de los demás,
que Austria necesita cuidarse de sí misma en su
disolución y acabamiento.
XIII.
Es cosa muy delicada para nosotros esto de las.
alianzas europeas frente á las naciones america¬
nas. Ó no tenemos ningún ministerio que cumplir
en la futura historia, ó estamos en el caso de
creernos, por haber creado América, un pueblo
siempre americano y de prometernos para lo por
venir la representación de un elemento allí tan
poderoso como el elemento ibero en los consejos
del anfictionado sublime que dirigirá tarde ó tem¬
prano al planeta entero, libre y redimido. Nos*
otros no podemos , encontrándonos con nuestros
hijos en todas las tierras del Nuevo Mundo, echar¬
les sobre las espaldas la pesadumbre del mundo
antiguo , y menos hacerles temer veleidades insa¬
nas ó imposibles de una reconquista y de una reac¬
ción verdaderamente criminales. Hé ahí la mayor
infamia de los yankees : el propósito que nos atri¬
buyen de reunir todos los Reyes europeos contra
las Repúblicas americanas, y de convertir un con¬
flicto interior entre nuestros rebeldes y nosotros,
conflicto por los yankees fomentado y sostenido,
en una guerra entre dos mundos. No se alarmen
los pueblos americanos por esta infamia que nos
atribuyen sus enemigos natos los sajones, cuando
nosotros formamos parte legítima de la grande
América española y ellos quieren destruir la gran¬
de América española, sustituyéndola con una te¬
rrible América inglesa. Por muy formidables que
los Estados Unidos sean y por muy pequeños que
á nosotros nos juzguen, aparecen por fuerza lógica
tan enormes las ventajas de nuestra posición, y,
sobre todo, tan enormes las ventajas de nuestro
derecho, que á nadie necesitamos, y solos podre¬
mos, como en cien ocasiones inolvidables, salvar
nuestra integridad geográfica y nuestra indepen¬
dencia nacional.
Emilio Castelab.
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15 Aran 1895 LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA »* «v - 223
JUAN DE JUANES
Y EL LIBRO DEL BABÓN DE ALCAHALÍ.
Sr. D. José E. Serrano Morales, académico de
la de Bellas Artes de Valencia.
Mi distinguido amigo: Otra papeleta
habrá de archivar usted en sus nutridos
legajos bibliográficos. Me refiero al Dic¬
cionario biográfico de artista* valencia -
nos y por el Barón de Alcahalí. Obra pre¬
miada en los Juegos florales de Lo Rut
pennat el año 1894.
Arques Jover y Orellana, el canónigo
Mayáns y Boix, entre otros, cuidaron con
cariño de perpetuar la memoria de los
principales artistas de nuestra tierra; pero
su labor, deficiente en demasía ante las
exigencias de la crítica y ante los moder¬
nos adelantos de la investigación biográ¬
fica, demandaba los esfuerzos de un eru¬
dito de las condiciones del Sr. Barón de
Alcahalí.
La manera como ha cumplido el autor,
pocos como usted pudieran juzgarla dig¬
namente, pues conoce muy bien la in¬
mensa labor que supone la redacción de
un Diccionario biográfico, por haber de¬
dicado sus esfuerzos de muchos años á
trabajos de esta índole. Plácemes sin
cuento merece el escritor que por ma¬
nera tan gallarda se nos revela; pero mi
entusiasmo valencianista me obliga á co¬
municar á usted algunas reflexiones acer¬
ca del libro mencionado.
Trata el autor de los pintores, graba¬
dores, escultores y arquitectos valencia¬
nos, aportando muchísimas noticias y do¬
cumentos inéditos, y realzando el interés
de la obra con la atinada crítica que res¬
plandece en toda ella, incluso en el juicio
que emite acerca de los contemporáneos. El señor
Barón demuestra vastísimos conocimientos en el
proceso histórico de nuestras Bellas Artes; sólo
resta que algún erudito, siguiendo sus huellas,
haga lo propio respecto á los músicos del antiguo
reino, para tener una historia completa de las Be¬
llas Artes en Valencia.
Llega á mi noticia que, siguiendo en su propó¬
sito de acopiar materiales para facilitar la re ons-
titución de nuestro pasado artístico, piensa el
autor ampliar su trabajo publicando un apéndice
al Diccionario, apenas reúna los datos que pres¬
tarle puedan ulteriores investigaciones.
Precisamente al deseo de fomentar tan laudable
proyecto obedece estacaría, porque con algo pue¬
do contribuir á la ampliación de los artículos re¬
ferentes á los Juanes y aumentando el cúmulo in¬
teresante de noticias que nos da el Sr. Barón de
aquella dilatada familia de notables pintores hasta
hoy desconocidos, cuya gloria resumía y personi¬
ficaba el corifeo de la Escuela valenciana, el pri¬
mer artista que hizo desaparecer el amaneramien¬
to entre los pintores españoles, Juan de Juanes,
en una palabra.
Terminado el retablo del altar mayor de la pa¬
rroquial iglesia de Bocairente por el honorable
Joseph Esteve imaginayrey acordaron los jurados
de esta villa encargar las obras de pintar y dau-
rar lo retaule á Vicent Joanes . El hijo del célebre
pintor fué el procurador de su padre en la escri¬
tura de concordia, que publica el Sr. Barón en la
página 164 de su obra, y habrá usted notado en el
eapítulo v de dicha escritura que Joanes se obli¬
gará á venir ab sa casa en la dita vila de Bo -
cayrenty per tot lo mes de agost primer vinent ó del
any correnty estará y habitará en aquélla y tindrá
son cap mayor durant la pintura del dit retaule.
Yo no afirmaré, sin tener datos suficientes, que
Juan de Juanes y su familia se hubiesen estable¬
cido en Bocairente en 1578, fecha de la escritura,
y se albergasen en casa de Magín Armengol. Lo
indudable es que en 20 de Diciembre de 1579
otorga Juanes su testamento, y al día siguiente
entrega su alma á Dios. Se ha dicho que el famoso
retablo, compuesto de 15 tablas, son obra del cé¬
lebre pintor, cosa que me permito dudar fundado
en las siguientes razones:
Tres anys es el plazo convenido para la pintura
del retaule; y en la suposición de que Juanes, ayu¬
dado de sus hijos, hubiese comenzado su trabajo
en Agosto de 1578, vea usted el tiempo apto que
tuvo hasta la muerte, teniendo en cuenta la nue¬
va suposición de que la enfermedad ó imposibili¬
dad para el trabajo hubiese sido corta.
A esta razón de congruencia he de añadir otras
de mayor peso. Creo que Juanes, ayudado de sus
hijos, comenzó el célebre retablo, y no lo acabó,
teniendo que regresar, tal vez, su familia á Valen¬
cia. Mientras tanto, las obras de pintura del reta¬
blo estaban paralizadas, y en el fondo de fábrica
de la parroquia de Bocairente entraban algunos
legados, tal como el siguiente que entresaco del
Libro de Visita de dicha parroquia en el año 1586:
«El discreto pere mayques notario con (sic) su úl¬
timo testamento dexó para el retablo de la Iglesia
de la villa de bocayrente 4 libras, las quales se de¬
positaron en poder del magco. Joseft Calatayud,
vezino de la dicha villa para quando se haga. — Y
en este mismo año el Visitador diocesano D. Fran¬
cisco de Mesa dispuso que se emprendiesen de
nuevo aquellas obras, y así consta en uno de sus
Mandatos de visita.»
Sin duda esta orden no tardó en tener debido
cumplimiento, siendo llamado á terminar las pin¬
turas del retablo empezado el mismo hijo del có¬
bre Juan de Juanes, pues en el « Llibre de Clavaria
jpeytadela vila en lo any MDLXXXVII, finit
en lo any MDLXXXVIII essent clavarijoan belda
de miquehy leo en la sección de Dates , folio 2.°:
«Item paga á Vicent Juanes pintor quatorce llin-
ses . de la paga de agost del any MDLVI per
raho de consemblant pensio que en dita vila casum
any es fó en dit termini consta ob apoca rebuda per
lo dit avenar not. á III de nohembre MDLXXXVII
que ab lo salasi de dita apoca que son XI diners
suma tot XIIII Ib.»
En el citado libro de visita, sección denominada
«Quenta de la sisa que se a echado par (sic) el reta¬
blo», existen algunos datos de los que se deduce que
los jurados de la villa habían impuesto sobre cada
libra de carne una sisa de dos dineros para efecto
de / datar el retablo; y «la noticia de haber pagado
á Joanes, pintor, ciento treinta libras diez y nueve
sueldos y ocho dineros en parte del quitamiento
de cinco mil sueldos que la villa se cargó para el
retablo, ay apoca rescibida por Joseph avinar not. á
tres de noviembre de mil quinientos ochenta y
tres».
Si esta última fecha no está equivocada, po¬
dría tener relación con la de «21 de agost any
MDLXXXII», citada en la escritura que el Sr. Ba¬
rón copia en la página 176 de su obra. La duda de
si Juanes, el hijo que hasta ahora se había conside¬
rado como artista muy mediocre, fué el continua¬
dor de las pinturas del retablo después del falle¬
cimiento de su padre, queda desvanecida con la
lectura de los siguientes asientos del tantas veces
citado Libro de Visita:
Item dió en descargo que pago al
dicho Joanes por hun [a] histo¬
ria de la horación del huerto
que á echo para el retablo, se¬
tenta libras . 70 Ib.
Item por otra historia de los Reies
que pintó el dicho Joanes . 46 Ib. 13 s. 4 d.
Item al mismo Juanes por princi¬
pio de otra historia . 23 Ib. 6 s. 8 d.
Entiendo que con estas noticias podrá fijarse
con alguna mayor exactitud la paternidad de las
pinturas del célebre retablo. Resta ahora averi¬
guar qué se han hecho esas quince tablas, y tam¬
bién respecto á ese particular puedo comunicarle
alguna noticia, sin que me atreva á sacar conse¬
cuencias, pues el Sr. Barón es el llamado á hacer¬
lo, y lo hará seguramente, prestando otro valioso
servicio á la historia de nuestras Bellas Artes.
En la Visita parroquial de 1819, doe ex arch pa. -
roq Bocaiy leo lo siguiente:
mNota. Sabedor á más su señoría el señor Visi¬
tador de que S. M. católica (Q. E. P. D,), el Señor
D. Carlos quarto había tenido á bien tomar las
hermosas pinturas que adornaban el Altar mayor
de esta Iglesia, recompensando su importe con la
quantiosa suma de quince mil libras, de las que no
se hacía mención en las presentes cuentas de fá¿>
brica, ni constaban tampoco en las visitas anterior
res, pasó el oficio siguiente al muy Ilustra Ayun¬
tamiento de esta villa, el que con su contestación
es como sigue: «Noticioso de que la bondad de
»S. M. católica nuestro soberano Carlos Quarto que
»en paz descanza (sic) recompenso con la quantiosa
»suma de quince mil pesos las pinturas que tuvo á
»bien extraer de esta Iglesia Parroquial : Savedor
»además de las vicisitudes que ha sufrido esta suma,
»y cierto de que su resultado ha sido hasta el pre-
»sente no entrar en el fondo de Fábrica cantidad
»alguna como nos consta por el reconocimiento que
»hemos hecho en la actual visita de las cuentas de
»la misma; Esperamos del zelo de V. S., que como
»tan interesado en el recobro y de vida inversión
»de la expresada cantidad, practicara las más vivas
»diligencia8 para el efecto, valiéndose de los pode-
»rosos medios que le suministra su autoridad^...
»Confiando nos comunicará de todo la noticia co-
»rrespondiente para que inserta (sic) en la Visita
»Eclesiástica de esta Parroquial, conste siempre de
»porcion tan considerable del enunciado Fondo Pío
»y se tomen á su tiempo las debidas cuentas. Dado
»en el acto de la Visita á primero de Junio de 1819.
»=D. Pedro Cano, Visitador General. = Por man-
»dado de su Señoría muy Ilustre. =Dr. Domingo
»Caldés, Presbítero Secretario. = Señor Alcalde
»del Ayuntamiento de la villa de Bocairente.» —
A lo cual contestó la corporación municipal: «Que¬
dar enterada y dispuesta á practicar las oportunas
diligencias.»
Si de algo pueden servir las anteriores noticias
al Sr. Barón de Alcahalí , ruégole se las transmita
con mi humilde y desautorizada, pero sincera, y
entusiasta enhorabuena.
Mande siempre como guste á su afmo. s. s.
L. de Ontalvilla..
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1ADRID.— CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFIA. — SALA 7." DE LA EXPOSICIÓN INSTALADA EN EL PALACIO de museos y BIBLIOTECAS.'
(De fotografía de Franzen.)
Dr. d. amalio jimeno y cabanas,
SECRETARIO GENERAL DEL IX CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFIA
(De fotografía de A. García.)
Dr. D. JULIAN CALLEJA,
PRESIDENTE TÉCNICO DEL IX CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.
(De fotografía de Valentín .)
Y
k.-Yv'»
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15 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.® xiv — 225
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
Luchas interiores en los Estados Unidos: el
negocio antes que la humanidad.— La com¬
petencia ferroviaria. — El acaparamiento
del trigo. —El déflcit de la Hacienda.—
Ilusiones yankees. — Explotadores de la
guerra.— El ejercito activo.— Las milicias.
—Combatientes y combatientes.— El ne¬
gocio.
Mientras la opinión ciega y
desenfrenada del pueblo norte¬
americano nos empuja á la gue¬
rra, piensan seriamente en aquel
país muchos hombres sensatos
que, á pesar de las estupendas
ponderaciones que se oyen en el
mundo acerca de los grandes re¬
cursos y elementos con que cuen¬
ta, lo cierto es que en su seno ar¬
den, hoy por hoy, tres guerras
civiles que demuestran que sobre
la nación y sobre la humanidad
está el negocio, única razón que
les asiste para haber sostenido,
en colaboración con el vómito,
la guerra de Cuba, y para inva¬
dirla y explotarla mañana si
pueden.
üna de esas guerras es la de
las Compañías de ferrocariles,
engolfadas en sostener encarni¬
zada competencia. La empresa
denominada Pacific Canadien
ha rebajado sus tarifas de trans¬
porte de viajeros, hasta el punto
de que sólo cobra 40 pesos por
asiento desde Nueva York á San
Francisco, es decir, por un tra¬
yecto de 1.200 kilómetros, igual
á tres veces la distancia de Ma¬
drid á Francfort. Semejante re¬
baja, aplicada á las mercancías,
ha hecho que esa red del Norte
transporte en poco tiempo cinco
millones de toneladas de carga
en 440.000 vagones, con cuyo
movimiento se hubiera podido
MADRID. — CONGRESO DE HIGIENE’ Y DEMOGRAFÍA.
INSTALACIONES DE LA SOCIEDAD PROTECTORA DE LOS NIÑOS, DEL SANATORIO MARÍTIMO
DE CHiriONA Y DE LAS PUBLICACIONES DEL DR. TOLOSA LATOUR.
sostener sin pérdidas el tráfico
de las tres ó cuatro líneas que
surcan el centro del territorio
de la Unión. Pero ¿qué le im¬
porta al yarikee ferrocarrilero de
Chicago que las demás Compa¬
ñías truenen , que sus empresas
quiebren, que algunos cientos de
millares de obreros queden sin
trabajo, y que innumerables pue¬
blos vean sus fábricas, sus co¬
mercios y sus fondas cerradas?
La. lucha, no por la existencia,
sino por el egoísmo acaparador,
reviste allí caracteres repugnan¬
tes, y no hay compatriotas ni
prójimos, sino seres que se dis¬
putan la supremacía de la vida
regalona, conquistada á expen¬
sas del martirio de algunos mi¬
llones de hambrientos.
La segunda lucha interior ac¬
tual es la de los acaparadores de
trigo. Debía ir á menudo Mr.Mac-
Kinley á la Bolsa de contrata¬
ción de .cereales en el Board oj
Trade para enterarse de cómo
se entiende el humanitarismo
por aquellas gentes á quienes
suelta sus Mensajes humanita¬
rios. Entre los acaparadores al¬
cistas de Chicago figura á la ca¬
beza José Leiter, que teniendo
hoy en su poder 20 millones de
busheh de trigo, sigue compran¬
do todo lo que se presenta con
objeto de hacer subir los precios
desde 4,50 pesatas busliel á 5,25 y
llegar á G,25, que es su ideal.
Nada le importan los esfaerzos
del campeón de los bajistas, Fe¬
lipe Armour, el primer contra¬
tista de cerdos del mundo, por¬
que la legión de acaparadores
que tiene á sus órdenes recogen
hasta el último grano, le fían la
dirección de sus millones, se sa¬
cian en la ganancia y no oyen los
MADRID.— CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.— MÁQUINAS DE DESINFECCIÓN, POR LA PRESIÓN DE VAPOR,
DEL LABORATORIO MUNICIPAL. — CARRUAJES, PARA LA CONDUCCIÓN DE HERIDOS, DE SANIDAD MILITAR.
(De fotografías de Franzen.)
MSfiffl El
MMK
Wm m
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228 — n.» xiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Abril 1898
clamores de sus compatriotas y de los europeos
que se quejan de que el pan está caro. ¿Qué le im¬
porta al que trafica en grande con el oro, que el
resto de la humanidad perezca de hambre? Hay
una esperanza, allá para el mes de Agosto: la de
que Rusia, la India y la Argentina obtengan bue¬
nas cosechas; pero ¿y si son medianas ó malas? El
alza continuará, Leiter venderá sus trigos al precio
que le parezca bien , y yankees y europeos conti¬
nuarán sometidos á la más vergonzosa de las tira¬
nías: á la del agio.
La otra lucha es la del temor que allí siente el
capital ante los anuncios de la guerra, porque,
aunque muchos hacendistas patrioteros sostienen
á todas horas que los gastos que la campaña inter¬
nacional ocasione darán nueva vida á las fábricas
y contribuirán á la prosperidad industrial, lo cierto
es que de los Bancos de Nueva York se retiraron
en la última semana de Marzo 115 millones de pe¬
setas de depósitos; el interés del dinero sube mu¬
cho para sostener ficticiamente el crédito: ante
semejante alza afluye el dinero reservado hasta
ahora en Europa, producto de la venta de grandes
exportaciones de cereales y que devengaba mó¬
dico interés, en términos que en tres semanas se
han enviado á aquel país unos 120 millones de pe¬
setas en oro; y, en fin, el Tesoro público, que apa¬
recerá al fin de este e jercicio con 300 millones de
déficit, llegará á duplicar tal cifra á consecuencia
de los gastos de la guerra, y no habrá más reme¬
dio que recurrir á nuevos empréstitos y á decretar
nuevos impuestos. Como los de Aduanas, sujetos
á la tarifa Dingley, no podrán aumentarse , recar¬
gados todo lo posible el café y el té, la imposición
recaerá sobre el tráfico y consumo interior, y en¬
tonces ante la elevación de las contribuciones,
ante la carestía de los artículos , se verá lo que es
el pueblo yankee, que, dado su típico egoísmo, no
querrá aumentar sus glorias ni aun á costa de un
solo centavo.
Tal vez la ceguera que en su entendimiento pro¬
duzca la esperanza de una enorme indemnización
pagada por España, ó la de la seguridad de poseer
y explotar las riquezas de Cuba, le hagan ir ade¬
lante en su osadía, sin preocuparse del mal estado
actual de su Hacienda, ni de la ruinosa lucha so¬
cial que corroe sas entrañas con el predominio de
las grandes empresas, ni del alza de los tributos y
de las subsistencias que necesariamente sufrirán;
pero ni la victoria está en sus manos, ni la indem¬
nización deja de ser, hoy por hoy, otra cosa que
una fantasía, ni el dominio de la isla de Cuba será
para ellos jamás un hecho, desde el momento en
que todo el que se sienta hijo de la raza española
comprenda la inmensa desgracia que sería para
toda la América que habla castellano el predomi¬
nio de la raza sajona en el mar de las Antillas.
*
• #
Por sí ó por no, la fantasía norteamericana
forjó hace mucho tiempo su plan de campaña para
la invasión de Cuba. Imposible es que pueda darse
idea más torcida que la que la populachería yan -
kee tiene formada de su superioridad y de nuestra
insignificancia. Para ella era cuestión de coser y
cantar el que el Maine apagara en una hora los
fuegos de las fortalezas de la Habana, desembar¬
cara sus abigarrados tripulantes y se apoderaran
de la ciudad. Hoy repiten que es la cosa más senci¬
lla el reconcentrar 100.000 hombres, ; en cuarenta
y ocho horas!, en Atlanta, transportarlos á un
puerto de la costa, embarcarlos en seguida, poner¬
los en Matanzas, atravesar las cincuenta millas
que hay hasta la Habana y dar todo por con¬
cluido.
Y los que sueñan en los Estados Unidos con se¬
mejantes maravillas saben positivamente que se
engañan, porque aquella nación, que se ha empe¬
ñado siempre en ser una República «antimilitar»
y en no sostener más ejército permanente que el
necesario para contener alguna sublevación de
los indios, no cuenta en efectivo más que con
25.000 soldados que merezcan tal nombre, y de
ellos sólo 20.000 que puedan pelear inmediatamen¬
te. Este contingente armado se halla bien ins¬
truido, dispone de cuantos elementos modernos de
combate necesitan utilizarse hoy, cuenta con bue¬
nos oficiales, y existen además excelentes cuadros
para constituir nuevas fuerzas; pero como éstas no
se pueden improvisar, lo cierto, lo innegable es
que allí no hay más que de 20.000 á 25.000 hombres
en disposición de combatir con tropas regulares.
Desde esa cifra á la de 100.000 hombres, media el
abismo de la fantasía acariciada por el tío Sam.
Las cifras que consigno aquí como efectivas son
las que constan en los Annuáls Reports de los ge¬
nerales Miles y Wingate. Según ellos, el efectivo
de la artillería no llega á 4.000 hombres, y en cam¬
bio, sólo los fuertes de defensa de Nueva York
necesitan 13.000 para su servicio y hasta 29.000 los
de Portland, Portsmout, Boston, Newport, Grand
Gull, Fuerte Mifflin, íSierte Me. Henry, Fuerte
Monroe, Charleston, Savannah, Key West, Pensa-
cola, Mobile y Nueva Orleans. Ante semejante de¬
ficiencia, ha pedido el general en jefe Miles que se
creen cinco regimientos de Infantería y dos de
Artillería; pero, creados y todo, aun faltan muchí¬
simos para llegar á los 29.000 que exige la defensa
de esos puntos. Se llamará á los voluntarios, y
como si no; el voluntario yankee es un ganapán
semiseñorito que no sirve para pelear en Cuba,
según lo han demostrado, en los tres años de la
campaña, los muchos aficionados filibusteros que
desde Tampa y Cayo Hueso llegaron á la isla, para
huir de ella más que á paso en cuanto se sintieron
enfermos ó castigados por el calor, por la falta de
alimentación ó por el cansancio. Se apelará á las
«milicias», á las reservas, á los cuerpos improvi¬
sados, sin espíritu militar alguno; y estas masas
armadas, que á lo sumo sirven para sostener el
orden en los pueblos, serán en una campaña regu¬
lar, ante un ejército acostumbrado á la guerra, lo
que siempre han sido: patulea. Esta acumulación
de hombres, in extremis% podrán resultar útiles en
las contiendas interiores de un país, en las guerras
civiles como la de Secesión de 1861 á 1865, pero
no frente á ejércitos organizados y aguerridos.
Así opina con sano criterio el entendido publi¬
cista militar Charles Malo, cuando, ocupándose de
las ilusiones de los yankees respecto á la guerra de
Cuba, dice describiendo á nuestros soldados:
«Todo el mundo sabe que el ejército español
posee virtudes militares que no se improvisan de
la noche á la mañana, ni se adquieren con dinero;
menos vistoso y ostentoso que otros muy afama¬
dos, es posible que tenga más fondo y base que los
demás; cuenta en su composición con el verdadero
soldado: sobrio, robusto, resistente, bravo, entu¬
siasta, y por lo mismo tenaz, lleno de patriótico
orgullo y exaltado por el sentimiento de su propia
superioridad. Si durante mucho tiempo ha pelea¬
do sin fortuna contra un enemigo menos nume¬
roso, es porque éste, amparado por el país y por
el clima, ha podido emplear contra él la práctica
que el mismo enseñó hace mucho tiempo en la lu¬
cha contra los ejércitos de Napoleón. Que en lu¬
gar de un enemigo que no da frente y que se
esconde sin cesar, cuya habilidad consiste en dis¬
parar á mansalva sobre las tropas españolas, y en
dejar que la fiebre amarilla las diezme, encuentre
otro ejército que se bata, como lo hará el norte¬
americano si va á batirse, y entonces la decisión
española, bien impulsada, en vez de tener que
permanecer casi inactiva, resultará ser una cosa
muy distinta de lo que en Nueva York y en otras
partes se piensa que es.»
*
* «
En medio del entusiasmo patriótico (?) que
hierve en los Estados Unidos, asoma sin cesar la
fiebre avara del negocio. Las Cámaras votaron el
crédito de 250 millones que Mr. Mac-Kinley les
pidió, y hay muchos, muchísimos, que procuran
apropiarse la parte que creen que podra corres¬
ponderles en esta suma. Los puertos, la marina,
el ejército, los contratistas serios ó improvisados,
todos quieren ser partícipes de ella. Diez días des¬
pués de votado el crédito ya se habían consumido
125 millones, es decir, la mitad de él. Para más
de 63 buques mercantes, viejos y nuevos, grandes
ó medianos, se solicita en estos momentos el que
sean adquiridos por el Gobierno por el máximum
de su precio de construcción. Se fortifican con ver¬
dadero delirio y sin plan alguno las islas del Sur,
próximas á Cuba; se trabaja sin descanso en las
obras de defensa de las ciudades del Norte, so¬
ñando sin cesar que avanza el enemigo; y aunque,
según dicen, el puerto de Nueva York está con¬
vertido en un Gibraltar, nadie deja de pedir no¬
ticias diarias de la marcha que la escuadrilla es¬
pañola de destroyers sigue por el Atlántico, con
rumbo á aquellas costas.
El comercio calcula con temor la suerte que po¬
drá tener su exportación si se arman en corso los
barcos mercantes españoles, tripulados por viz¬
caínos, gallegos, andaluces y catalanes. La cosa,
en efecto, merece pensarse, porque sólo el algo¬
dón y sus tejidos que envían á la Argentina, al
Brasil, á Méjico, al Africa austral y á otros pue¬
blos ribereños del Atlántico, valen al año 17 mi¬
llones de pesos, y 26 los productos de la industria
minera y metalúrgica que mandan á dichos países,
y 5 la maquinaria agrícola para el Sur de América.
Y no hay que decir que los yankees vivían
desprevenidos ó que daban poca importancia á los
aprestos militares, porque mientras que en la ma¬
rina militar gastaban 15.032.046 pesos en 1882,
emplearon 34.561.546 en 1897, y porque, aun dada
la tendencia antibelicosa de la nación, consumie¬
ron el ejército, las fortificaciones y las academias
y servicios 43.570.494 en aquel año, y 48.950.267
en este.
No hay en las aspiraciones de los yankees nada
que tenga que ver ni con la libertad, ni con la hu¬
manidad, ni con la religión, ni con la patria. No
hay más que el delirio de la explotación de las ri¬
quezas antillanas. En 1888 los Estados Unidos im¬
portaban productos cubanos por valor de 50.208.464
pesos, y exportaron á la Isla géneros suyos que
valieron 11.388.151. Pues bien; en 1892 la im-
ortación ascendió á 78.228.542, y la exportación
22.244.878. ¿Por qué el tráfico de esa creciente
riqueza no ha de ser, con todos sus provechos
y con todo su valor, del dominio exclusivo de
los Estados Unidos? ¿Por qué consentir que tan
valioso tesoro esté en manos de los españoles ó de
los cubanos? ¿Qué ciudadano de la Unión hay que
admita ni la soberanía de España, ni la indepen¬
dencia de la Isla? Con la guerra han perdido mu¬
cho los yankees : en 1 895 la importación de pro¬
ductos cubanos descendió á 51.718.888 pesos, y en
1896 á 24.708.849, y en 1897 á 16.233.456; y respec¬
tivamente las exportaciones bajaron á 9.498.054,
á 7.296.613 y á 9.308.515. En 1893 había valido
21 millones, y 17 en 1895. Esto, y nada más que
esto, que no la humanidad, es lo que le duele á la
gran República. Estos son para ella los verdaderos
horrores de la guerra. ¡Cómo consentir que la
guerra civil continúe! Y si ellos han perdido esto,
¿cuánto y cuánto más no hemos perdido nosotros?
Pero ¿qué les importa que España se hunda, con
tal de asegurar el negocio y rendir culto al doUar
omnipotente? Sin embargo, torres más altas han
caído al luchar con España, y posible es que ahora
seamos nosotros la causa de que queden disgrega¬
dos para siempre los que hasta aquí se denomina¬
ron Estados Unidos.
Ricardo Becerro de Bengoa.
DEL «CIEGO DE BUENA VISTA».
ROMANO E PATRIÓTICO.
Sin salir de mi distrito,
Desde aquí lo veo todo,
Y no es la luz con que veo
La luz que entra por los ojos.
El sol que á mí me ilumina
Brilla del alma en el fondo;
No tiene oriente ni ocaso,
Ni sufre eclipses tampoco.
Yo en su calor hallo vida
Y, á sus fulgores hermosos,
No hay alegría ni hay pena
Que no sienta en lo más hondo.
En los de mi honrada patria
Hallo mis afectos propios;
Si alcanza glorias, las canto;
Si sufre penas, las lloro.
Hijo soy de la Matrona
Que en dos mundos alzó el solio,
Y la cruz llevó á las Indias
Y con la cruz rindió al moro.
Sangre tengo de los héroes
Que, con noble y santo arrojo,
De Covadonga á Granada,
Del mundo fueron asombro.
Viejo y ciego está el que un día
Cantó combates gloriosos,
Y aán alienta el viejo y canta
Para animar á los mozos.
Hijos son éstos de aquellos
Que pusieron, victorioso,
Sobre el imperio africano
El pabellón gualdo y rojo.
Nuestra bandera, teñida
De oro y sangre, cruza el golfo,
Mostrando que es más en ella
La noble sangre que el oro.
Causa de honra es la de España,
La del enemigo de odio;
Mueven guerra ingratos hijos
Que á la Madre dan sonrojos.
Raza de avaros sin patria
Hoy nos provoca en su apoyo,
Vendiéndoles un servicio
De que está acechando el cobro.
La libertad les ofrece,
Simula intentos piadosos;
El canto de la sirena
Oculta el rugir del monstruo.
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15 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA t AMERICANA
N.4 xiv — 22?
Mas son los ingratos hijos,
Frente á loe leales, pocos;
Por los leales la Madre
Levanta altiva su rostro.
No verá si es en la lacha
Su rival más poderoso;
Ve ya qae es más su justicia
Que del contrario el encono.
Así f ué siempre al combate,
Serena, apoyada sólo
En la fuerza del derecho
Y en su escudo nunca roto.
Si á la lucha corres, Madre,
Tu hiio ciego ve con gozo
Que el claro sol de tu gloria
Es ya la luz de sus ojos.
Eduardo Bustillo.
teatro Español. El Oran galeoto fué la obra ele¬
gida por el eminente actor, y nada hemos de decir
ácerca de la magistral manera con que representó
el hermoso drama de Echegaray, porque sabido es
que hace en él una de las creaciones que más han
contribuido á su fama y con la que patentizó ayer
una vez más que es el genial é insustituible actor
de siempre, que sabe suplir los inevitables daños
que el tiempo y el trabajo producen en sus por¬
tentosas facultades con ios arranques de su in¬
menso talento artístico. La noche de ayer fué una
de las mejores para el insustituible primer actor
de nuestro teatro contemporáneo, y el público
premió su inmejorable labor artística con espon¬
táneas y cariñosas ovaciones, que le obligaron á
f tresentarse en escena á la terminación de todos
os actos.
A última hora estrenóse un diálogo en verso
titulado Los Dos sueños, original de Ensebio Blas¬
co. ^ada tiene que envidiar en punto á frescura,
gracia y delicadeza la última producción del ce¬
lebrado autor de Pobre p orfiado ..... á las que más
renombre le han dado. El diálogo, hecho con sin¬
gular maestría y profundo conocimiento del tea¬
tro, es una verdadera filigrana literaria, valga la
frase, ó hizo pasar un delicioso rato á los espec¬
tadores, quienes &1 terminar la representación
pidieron el nombre del autor y su presencia en
las tablas. El Sr. Blasco no salió por no hallarse
en el teatro.
Be la interpretación bastará decir que estuvo á
cargo del beneficiado y de la Srta. Ruiz, para con¬
signar que fué inmejorable. Apibos artistas fue¬
ron aplaudidos y aclamados calurosamente, y el
Sr. Vico recibió, con numerosos y valiosos regalos,
evidentes pruebas de que son muchos los admira¬
dores con que cuenta.
*
• •
Para esta noche se anuncia el estreno del dra¬
ma en tres actos titulado Liliput , original del dis¬
tinguido literato D. Luis de Ansorena, obra por la
que hay verdadera curiosidad por las noticias que
de ella ha dado la prensa diaria.
PRÍNCIPE ALFONSO.
A juzgar por sus inmejorables comienzos, la
temporada de primavera inaugurada en este tea¬
tro la noche del último, domingo, ha de ser tan
brillante como productiva para la inteligente y
afortunada empresa. El público de las grandes so¬
lemnidades llenaba por completo la amplia sala la
noche de la inauguración, á lo que contribuyó in¬
dudablemente el anuncio de Aída como la prime¬
ra ópera que habla de cantarse, pues la hermosa
obra de Verdi, hace bastante tiempo no represen¬
tada, es de las que mayor número de admiradores
cuenta entre los aficionados á la música.
Los artistas encargados de su interpretación,
algunos de ellos ya conocidos y aplaudidos por
nuestro público, satisficieron con creces los deseos
de los espectadores.
La Srta. Miccuci es una tiple dramática de pri-
missimo carteüo . Su voz es extensa, voluminosa y
de agradable timbre, y la maneja con exquisito
buen gusto y notable expresión dramática gracias
á su excelente escuela de canto. Nuestra compa¬
triota la Srta. Concepción Mas es asimismo una
cantante sobresaliente y una actriz de grandes en¬
tusiasmos y nada escasas facultades. Ambas oye¬
ron durante toda la representación frecuentes de¬
mostraciones del agrado con que el público acogió
su excelente trabajo, y merecieron los honores
del proscenio.
El tenor Duc es antiguo conocido de nuestro
público, que en la anterior temporada ha aprecia¬
do y celebrado sus innegables méritos como can¬
tante. Se mostró á la altura de su bien conquis¬
tada reputación artística, é hizo gala de sus pode¬
rosas facultades y de su correcta escuela, siendo
aplaudido con entusiasmo. El Sr. Modesti cumplió
notablemente su cometido; es un barítono de ex¬
tensa y agradable voz, y un consumado artista
digno do figurar en nuestro primer teatro lírico.
Muy bien cantaron los Sres. Verdaguer y Cabe¬
llo, artistas de gran discreción y no escaso mérito,
que contribuyeron poderosamente al buen con¬
junto de la ópera. Los coros y la orquesta, hábil¬
mente dirigida por el maestro Vigna, que demos¬
tró ser justísima la gran reputación de que venía
precedido y supo hallar nuevos efectos en la cono¬
cida partitura de Verdi, cumplieron su cometido
á la perfección y merecieron buena parte de los
aplausos que el público prodigó á todos.
*
* #
El próximo sábado se estrenará La Boheme , de
Puccini, ópera que con inmenso éxito se ha repre¬
sentado en los principales teatros líricos del Ex¬
tranjero, y cuyo estreno, suspendido la noche de
ayer por una repentina indisposición del tenor
Sr. Garbín, promete ser un verdadero aconteci¬
miento musical en Madrid.
Bicho eminente artista y la Srta. Sthele, cantante
que viene precedida de gran reputación, verifi¬
carán su debut con la nueva partitura de Puccini.
PRINCESA.
El Sr. Ruiz Contreras, ventajosamente conocido
como autor dramático por anteriores y aprecia¬
bles producciones, dió á conocer en este teatro la
noche del pasado sábado la comedia en tres actos
titulada El Pedestal , que mereció una benévola
acogida del público.
No sobresale la última obra del Sr. Ruiz Con¬
treras por la novedad del asunto, ya tratado por
otros autores; pero está la acción bien conducida,
aunque en algunos momentos languidece, lo que
hace que pesen un tanto algunas escenas; el diálo¬
go bien entendido y escrito en ameno y correcto
lenguaje, y las situaciones bien preparadas, cuali¬
dades que hacen á El Pedestal acreedor á los aplau¬
sos con que fue recibido por el público. El Sr. Ruiz
Contreras fué llamado á escena, y tuvo que presen¬
tarse varias veces al final de los actos segundo y
tercero.
La interpretación excelente por parte de todos
los artistas que en ellá tomaron parte, distinguién¬
dose especialmente la Sra. Alverá y la Srta. Palma.
* *
Para hoy se anuncia el beneficio del Sr. García
Ortega con la reprise de la comedia de Bumas
Demi-monde .
PARISH.
Hoy debutará en este teatro con la zarzuela
Campanone la eminente cantante Srta. Milagros
Gorgé , que ha regresado á España después de ha¬
cer una brillantísima campaña artística en varios
teatros extranjeros.
LARA.
La lluvia de mil colores , estrenada la nobhe del
sábado, no fué del agrado de los morenos. ¡ Paz á
los muertos!
•
• •
El martes por la noche se verificó la repilse de
la comedia en dos actos Los Corazones de oro , que
fué muy del agrado del público y en la que escu¬
charon justos aplausos por su notable trabajo la
Sra. Pino, Srta. Moreno, y los Sres. Larra, Ramí¬
rez, Ruiz de Arana, Santiago, Valle y Gonzálvez.
*
• •
Anoche se estrenó El Marido pintado , juguete
cómico que no tiene absolutamente nada más ni
menos que los mil juguetes que en el mundo han
sido ..... aplaudidos justamente.
Vaciado en los moldes de tantas otras obras del
mismo género, no tiene más objeto que distraer
agradablemente sin resolver problemas ni plantear
tesis, y hay que reconocer que llena su misión
perfectamente, gracias al dialogo, chispeante y
limpio de chistes de mal gusto, y á las abundantes
situaciones cómicas que el autor ha sabido prepa¬
rar con habilidad.
El autor, que. resultó ser B. Gabriel Briones,
fué aplaudido y llamado á escena al finalizar la
representación, en unión de los artistas que inter¬
pretaron la obra de un modo excelente, como es
costumbre en este teatro.
APOLO.
Los Altos hornos , zarzuela estrenada la noche
del martes último, en que se verificó el brillante
beneficio de la Srta. Pino, no pasó , á pesar de su
fácil versificación y de los buenos deseos de los
actores encargados de interpretarla. El público no
quiso apreciar las bellezas de la obra, que las tiene
sin duda alguna, y la desaprobó ruidosamente
desde las primeras escenas. Los autores, dando un
ejemplo digno de imitación, la retiraron la misma
noche del cartel. Reciban nuestro pésame por el
fracaso y nuestra enhorabuena por su digna con¬
ducta.
ZARZUELA.
Para hoy se anuncia el beneficio de la notable
tiple Srta. Arana, que ha dispuesto un programa
variado y selecto.
*
* *
En breve se estrenará El Puente del diablo , de
los Sres. Vela y Servet, con música del maestro
Bretón, obra para la cual está pintando varias de¬
coraciones el notable pintor escenógrafo señor
Muriel.
*
• •
Uno de los primeros días de la semana próxima
verificará su debut en este teatro la aplaudida pri¬
mera tiple Srta. Felisa Lázaro.
A.
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Digitized by ^.ooQie
128 — n.° xiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Abril 1808
LIBROS PRESENTADOS
i^TA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES
sncia y Filosofía— Estudios biológicos
or el P.* Zacarías Martínez Núñez.
El sabio profesor del Colegio de Agustinos
e El Escorial, P. Zacarías Martínez, ha
ado á la estampa un notable libro , pri-
lero de los que dedica á los problemas
iológicos que más preocupan en I la actua-
ídad á los hombres de ciencia. Propónese
1 P. Martínez demostrar con argumentos
ae las mismas ciencias naturales sumi-
listran, que los que reniegan de los dogmas
stán sometidos al capricho y á la ilusión,
r en vez de ser independientes v libres,
trrastran la cadena de lá esclavitud, que un
redo absurdo y ridículo les impone. En la
kctualidad, según explícitamente manifles-
a el sabio agustino, no es posible conten -
lerse en empresas de esta clase con gene-
ales consideraciones filosóficas aplicando
os principios de la antigua y tradicional
Escolástica; «este método, dice, en otras
idades legítimo, no lleva hoy á ningún re-
lultado práctico. Peor es condenar las nue¬
ras hipótesis científicas en nombre del dog-
na ó del credo católico; quien así proceda
lucha con armas desiguales y expone la re¬
ligión á perder algo de su grandeza y digni¬
dad. A la hora presente debe el apologista
descender al detalle, estudiar la Naturale¬
za; recorrer museos y laboratorios, formar
colecciones, medir cráneos , . usar del mi¬
croscopio, comprobar y aquilatar las ob¬
servaciones propias y las ajenas, emplean¬
do al exponerlas los términos técnicos co¬
rrientes si quiere librarse do las críticas
materialistas».
Estas líneas que copiamos de la intro¬
ducción, demuestran y retratan, mejor que
cuanto pudiéramos nosotros decir, el espí¬
ritu, las tendencias y la fortaleza con que
el P. Zacarías Martínez desciende al terreno
donde acampan los enemigos de la verdad,
para reñir con ellos las batallas de la cien¬
cia en noble lid y tremolar victorioso el lá¬
baro de la Religión.
Véndese el libro al precio de 6 pesetas.
Dispendio de Aritmética, por Manuel
Antonio Rueda.
Hemos recibido ejemplares del libro de
educación para las escuelas hispano-ameri-
canas, escrito por el ingeniero civil y pro¬
fesor de Matemáticas, D. Manuel Antonio
Rueda, y editado por la casa Appleton y
Compañía. .
La aritmética elemental está admirable¬
mente dispuesta por el autor para hacer fá¬
cil á los niños su estudio, enseñándoles
SU EMINENCIA EL NUEVO CARDENAL HERRERA ACOMPAÑADO DEL EMBAJADOR DE ESPAÑA
Y SU SÉQUITO RECIBIENDO LAS VISITAS LLAMADAS «DE CALORE*.
desde el principio á razonar. En forma
muy clara y concreta está expuesta la teo¬
ría de las principales operaciones de la
aritmética, y no dudamos en su gran utili¬
dad para la enseñanza.
Camila Sánchez , novela de costumbres,
por Abralsanz Z. López Penha.
Hemos recibido ejemplares del libro cuyo
título encabeza estas líneas, esmeradamen¬
te impreso en Barcelona en la tipolitogra-
fía de Espaca, y muy artísticamente ilus¬
trado por Cabrineti.
En la novela de costumbres del Sr. López
Penha abundan las brillantes y pintorescas
descripciones , se admira un acabado estu¬
dio de los caracteres, y se sigue con interés
una sencilla acción narrada en un estilo
primorosamente trabajado.
La Ley, discurso leído por D. Luis Redo-
net y López Dóriga al recibir la investidura
de doctor en Derecho.
Damos las gracias al Sr. Redonet por la
atención que ha tenido de remitimos ejem¬
plares de su discurso sobre la Ley. Su estu¬
dio sobre la Ley eterna, la natural y la po¬
lítica demuestra sus sólidos conocimientos
en la ciencia del Derecho, al mismo tiempo
que sus apreciables aptitudes de escritor
erudito.
Páque» fleuries. Número especial de la
Nouvelle lievue Internationale .
Hemos recibido este interesante número
de 128 páginas, que contiene cuentos, cró¬
nicas, estudios, cartas, autógrafos, leyen¬
das , páginas de historia , ciencias , poesías,
cuestiones políticas , interviews, impresio¬
nes , máximas , retratos, etc., etc., firmados
jjor ilustres escritores franceses y espa¬
ñoles.
De éstos contiene trabajos de Castelar,
Cánovas del Castillo, Echegaray (D. J.), ge¬
neral López Domínguez , Pardo Bazán
(D.a E.) y Palacio Valdés. Entre los autó¬
grafos los hay de S. M. la reina D.a Isabel,
del rey D. Alfonso XII, de Víctor Manuel,
de Cánovas , de Víctor Hugo , de A. Dumas,
de Eugenio Sue, de Saint-Beuve, de Jorge
Sand, de Labiche, de Paúl Bourget, de Cop-
pée, de Julio Simón, de Sully Prudhomme,
de Mistral, de Méline, del general Canro-
Legouvé y otros.
El número va ilustrado con los retratos
de Castelar, Mme. Raltazzi de Rute, Paúl
Bourget, F. Coppée, Paúl Henreir, Mistral,
Sully Prudhomme, Lemonnier, Cánovas,
Méline, Claretie, Paúl Cambon y Henry
Maret.
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Premiada con las más altas menciones honoríficas en 37 exposiciones y concursos.
Ea m m g§ a No hay uno que se re-
I 1 11 A sista á la eficacia pode-
I I ■ H rosa, jamás desmentida,
I I ■■■ 11 del Bálsamo Antl*
^ III O reumático de Orive,
letalla la composición á los médicos que de-
i conocerla.— En todas las farmacias. Por ma-
Bilbac Orive, y Madrid, M. García.
En toda cías© cLe vómitos y diarreas, y en
toda clase de indisposiciones del tu/bo di-
g-ostlvo, emplead los
Salicilatos de VIVAS PÉREZ
adoptados de XSeal Orden
POR EL MINISTERIO DE MARINA Y POR EL DE QUERRA
Los recomiendan indiscutibles autoridades médicas.— Celebran con entu¬
siasmo sus efectos cuantos los usaron.
Se imitan y falsifican sin resultado.
^ | Af|P^ Los calma en el acto al
iUULUIiIL wk descuidado que los sufre
■ ■ ■■ por no usar todos los dias
ficMI irt AQ el Licor del Bolo de
* |9| U Llinv Orive. Tero el no teneT
dolores de muelas depende de la voluntad; v
esto ee tan exacto, que jamás tuvo dolencia al¬
guna en la boca el que se enjuagó todos los días
con tan excelente dentífrico, que se vende en
toda farmacia y perfumería acreditada.
VINO o« CHASSAINQ
Sl-Dioianvo
Prescrito desde 25 efios
Contra las AFf EGCIONES di Us Vías Dtiasthai
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Y wm TODAS LAS PDISOIFALM VAIS LUIAS
OBRAS DE D. MANUEL DEL PALACIO.
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AÑO XLII. — NÚM. XV
ADMINISTRACIÓN:
ARENAL, 18.
Madrid, 22 de Abril de 1898.
Excmo. Sr. d. pascual cervera y topete,
CONTRAALMIRANTE DE LA ARMADA ESPAÑOLA,
COMANDANTE GENERAL DE LA ESCUADRA EN OTER ACION ES
(De fotografía de Edgardo Debas.)
Digitized by
230 — N.® xv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abril 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica general, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca.— IX Congreso Internacio¬
nal de Higiene y Demografía. Madrid, 1898, por D. M. de Tolosa
Latour.— Tapiz de La rendición de Granada , de la Sra. D.m Catalina
Narvaez de Kuiz, por D. Pedro de Madrazo, de las Reales Acade¬
mias Española, de la Historia y de Bellas Artes.— El diluvio, sone¬
to, por D. M. Blanco Belmonte. — Por ambos mundos. Narraciones
cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa. — Los teatros,
por A.— Sueltos.— Libros presentados á esta Redacción por autores
ó editores, por C.— Anuncios.
G «abados. — Retrato del Exorno. Sr. D. Pascual Cervera y Topete,
contraalmirante de la Armada española, comandante general de la
escuadra en operaciones. — Marina de guerra española: El acora¬
zado Infanta María Teresa, buque insignia de la escuadra en ope¬
raciones.— La torre blindada de proa del acorazado Vizcai/a. —
EE. UU. de Norte-América: El transatlántico Saint-Louis , adqui¬
rido por el Gobierno i/ankee para crucero, al mando del ex coman¬
dante del Maine. — Preparativos de guerra. El mayor general Nel-
son A. Miles examinando las defensas de Nueva York. — Recluta¬
miento de voluntarios pufa improvisar las dotaciones de la escua¬
dra vankee. — Canarias (Santa Cruz de Tenerife;: Desembarco de
fuerzas expedicionarias. — Llegada de los refuerzos del cuerpo de
Ingenieros militares.— Bellas Artes: Canciones de actualidad , dibujo
de F Aiberti.— Ilustraciones del articulo de D. Pedro de Madrazo.
— Madrid: IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía.
Los delegados mejicanos.— Congresistas extranjeros y españoles de
la sección de Higiene militar y naval. — Conferencia del Dr. Cajal
en la Academia de Medicina.— Recepción en el Palacio Real.— Vi¬
sita al Hospital Militar. — Banquete en el teatro Real. — Recepción
en el Ayuntamiento.— Retrato de Eleonora Duse, eminente actriz
italiana.
CRONICA GENERAL.
^ * MPEZÓ el Congreso de Washington
acordando la intervención y autori¬
zando el uso de la fuerza contra nos¬
otros; continuó el Senado proclaman¬
do la independencia de Cuba con gran
dolor de Mac-Kinley, el promovedor de
* todo; no se entendieron en eso de la in¬
dependencia..... Allá se las hayan. Cualquiera
de esas votaciones es motivo suficiente de
ruptura con España, porque legislan como si
Cuba fuera territorio suyo. ¿Qué pretexto dan? ¿La
voladura del Maine ? La comisión española en su
informe niega la existencia de esa supuesta mina,
pues no se hubiera ocultado á nadie su colocación
en puerto tan concurrido como la Habana: la fa¬
cilidad con que accedieron las autoridades de ma¬
rina al reconocimiento oficial norteamericano; el
cuidado con que éste prescindió de los españoles;
su pretensión de destruir el casco apenas evacua¬
ron su dictamen, en vez de querer conservar la
prueba de sus afirmaciones; la rapidez con que
hizo su visita amistosa el Maine , visita cuyo ca¬
rácter puso en movimiento los buques de guerra
europeos y alarmó al mundo, y rapidez que excluye
toda probabilidad de preparar ninguna máquina
en aquella bahía tan extensa y frecuentada; esto
en cuanto á la preparación, que en lo relativo á
ataque á traición en buque que debía ejercer en su
posición delicada exquisita vigilancia, bastaría
para alejar toda idea de accidente externo: la mis¬
ma actitud del Gobierno español, siempre cedien¬
do, evitando siempre todo roce y disgusto con los
norteamericanos; la conducta de los marinos espa¬
ñoles con las víctimas; todo, en fin, de tal manera
convence de que lo del Maine es un odioso y vil
pretexto evocado en nuestro daño, que caracteriza
de villana y torpe su agresión. Con decir que ca¬
lifican de heroica la conducta del comandante del
barco cuando nadie ignora lo que hizo, basta para
juzgar la política de esas gentes que padecen el
delirio de la codicia y de la guerra.
Be nos resistía creer en la existencia de todo un
pueblo engañado por los alborotadores: sin duda
los cerebros yankees tienen aisladores por donde
no penetran la razón, la verdad y la justicia, y
sólo reciben el fluido de la calumnia. Sólo así se
conciben las injurias á España de sus oradores;
los insultos groseros á nuestros uniformes y ban¬
deras; los ataques á nuestra principal representa¬
ción, que sólo en una población de España han
sido imitados, pero reprimidos y remediados en
el acto; el asesinato alevoso en Chicago de un po¬
bre comparsa que salía disfrazado de soldado es¬
pañol, y las innumerables tropelías de las turbas.
Hasta el nombramiento del ex cónsul Lee , que
hipócritamente alentaba la insurrección, mientras
recogía los planos de nuestros fuertes y estudiaba
sus futuras combinaciones estratégicas, negocian¬
do, según dicen, con los socorros de los reconcen¬
trados, y exclamando: «¡Por finí», cuando puso el
pie sobre la cubierta del Maine . Todo es tan inno¬
ble y tan burdo, que se siente una especie de as¬
fixia moral sólo al considerarlo, y para escribirlo
debería mojarse la pluma no en tinta sino en
lodo. Sólo falta que invoquen la humanidad los
que provocan á la guerra: sólo falta que se las
echen de libres los que insultan á sus propios sol¬
dados de color por su raza, algo más noble y pura
que la de algunos políticos de quienes renegaría
Washington, y acaso descendientes de los huidos
de las cárceles de Europa, mestizos del crimen, que
es el impuriticador verdadero de la sangre. Pues
bien; en España no hay blancos ni gentes de co¬
lor, todos somos prójimos; y ellos insultan á los
que resolvieron la guerra de secesión cuando fla¬
cos y sin fuerzas los blancos se habían cansado
de pelear y abandonaban ios cañones para volver
á los negocios. No hemos excitado jamás á la gue¬
rra; pero saltan sin querer á la boca los magnífi¬
cos versos de García Gutiérrez en Venganza Ca¬
talana :
No es oprobio ceder cuando se agota
De la mezquina humanidad el brío;
Mas sucumbir vencido sin derrota
Y el látigo besar que nos azota,
¡Nunc&l eso excede al sufrimiento mío.
El cónsul Lee al fraternizar con Evangelina
Cisneros, ¿qué demuestra? La razón con que hace
mucho tiempo pedíamos el relevo de ese conspi¬
rador, que se garantía de sus intrigas con la in¬
munidad de su representación, y sin duda quiso
estrechar la mano del general Blanco al despe¬
dirse, mano que no podía menos de rehusarle. No
calumniaremos al engañado pueblo norteameri¬
cano creyendo que allí no hay gente buena ; pero
los posos se han subido á la cabeza; que al fin y al
cabo lee , traducido al castellano, significa hez, y
cuando se agita un pueblo, como cuando se agita
una cuba,las heces tiotan é impurifican todo el vino.
La conducta hidalga del pueblo español, ¿qué sig¬
nifica? Que cuando una nación ha peleado durante
once siglos por sus ideales, no hay un español, por
más que las vicisitudes de los tiempos le hayan
llevado á trabajar en lo más obscuro de un pozo,
que no sienta en sus venas la hidalguía de su raza
de soldados. No somos patrioteros: tenemos cos¬
tumbre de criticarnos á nosotros propios; pero po¬
demos hacer esa afirmación con verdad y sin jac¬
tancia. Los Estados Unidos desconocen esa altivez
legítima. Pues tienen que contar con ella, y tiene
que contar con ella Europa; y no se fíen en que
para hacer la guerra hace falta dinero, dinero y
dinero: también se hace la guerra cuando no le
hay, para adquirirle. Destrozados y miserables
empezaron los españoles su reconquista, y no pa¬
raron hasta pasearse por todo el mundo. Véanse
en los cuadros de Snavers qué cubiertos de andra¬
jos iban los que tomaron á Breda; sin zapatos en¬
traron en Italia los soldados de Napoleón, y en
medio del año del hambre se batieron contra este
gran capitán nuestros mayores.
Y no confíen en la prudencia de los Gobiernos;
que éstos deben serlo, pero los pueblos no lo son.
Y tal puede ser el estallido que produzcan la
afrenta inmerecida y la injusticia enorme, que el
grito de exasperación conmueva y alborote el
mundo, y todo lo agite y envuelva en un remolino
de catástrofes. Que en el fondo se ventila un pro¬
blema universal: si merece el nombre de civiliza¬
ción y debe subsistir y triunfar, sobre la que se
funda en lo justo y razonable, la ley del más rico,
la del que más máquinas de guerra paga ó cons¬
truye para destruir sobre seguro y desde lejos; la
alta piratería de los acorazados invulnerables. Y
no es esto sólo; sino exigir declaraciones de que
la guerra sólo se haga en la forma regular en que
dominan y son dueños: es como si los bandidos
que acometen pidieran que sólo pudiera rechazár¬
seles con navajas y trabucos. Cuando el derecho
internacional consiga que la guerra no se haga
sino con fuerzas iguales, podrá ser equiparada al
duelo; pero mientras haya enormes desigualdades,
cada cual debe defenderse como pueda.
Las Cámaras de Washington se entendieron en¬
tre sí y se aprobó la resolución más insolente que
se ha dirigido á nación civilizada: declarando li¬
bre al pueblo cubano, exigiendo al Gobierno espa¬
ñol que renuncie inmediatamente á su autoridad y
retire sus fuerzas navales y terrestres de Cuba y
sus mares, autorizando al Presidente para dispo¬
ner de las fuerzas de la República, y desmintiendo
tener intención de ejercer allí soberanía sino para
la pacificación de Cuba.
Aparte de esta violación de todo lo sagrado con
relación á España, se trata con evidencia de enga¬
ñar traidoramente á los cubanos: es verdad que
se desecha también una declaración de guerra á
España, y en seguida se acuerda lo que arriba con¬
signamos y que no es sino una declaración de gue¬
rra en términos aún más denigrantes. ¿Qué falta
ya? Ni aun la firma del autor. Falta la guerra.
Flota sobre esta conducta anómala como una
pretensión pérfida y ridicula de que recaiga sobre
España la responsabilidad de la declaración de
guerra. Hay que confesar que Mr. Morgan propo¬
nía, al declararla, una conducta más decente.
La primera respuesta del elemento oficial espa¬
ñol la dió el Sr. Sagasta con su sobrio, viril y pa¬
triótico discurso en la reunión preparatoria de las
mayorías de las Cortes que han inaugurado sus ta¬
reas en tan críticos momentos. El discurso de la
Corona, sencillo, mesurado y decidido en la defen¬
sa del honor y los derechos de España, forma gran
contraste con la grosería del Mensaje de Mac-
Kinley. Los vivas y la agitación de pañuelos y
sombreros en el Senado fueron entusiastas: un
fluido patriótico bienhechor hacía palpitar los co¬
razones.
Como jamás hemos deseado la guerra ni la ha
deseado España, podemos decir muy alto que ya
no vemos manera de evitarla. Es decir; hay una
que propone Le Tempe con la mayor tranquilidad:
toda vez que en Washington no son escuchadas
las potencias, podrían éstas influir sobre el Go¬
bierno de Madrid para que se resignase á la ampu¬
tación que pretenden hacernos los Estados Uni¬
dos. Sólo hay un inconveniente: que aun tenemos
vergüenza, y que se contestaría á las potencias:
— ¿Ustedes harían lo que aconsejan?— Y si res¬
pondiesen que sí, se añadiría sencillamente: —
Pues España no lo hace. Ella descubrió, pobló y
civilizó a América hace cuatro siglos, y los hijos
de los soldados de Cortés y Pizarro no pueden sa¬
lir de América despedidos como lacayos aunque
lo mande todo el universo. Los pueblos no sólo
viven de pan, de adelantos y de comodidades, sino
de sentimientos y de honra: podemos haber sufrido
con paciencia las calumnias, las traiciones, las
alevosías é injurias de esos hombres sin concien¬
cia, con el desprecio de la persona decente que
escucha sin pestañear groserías de plazuela; pero
¿á quién no enciende el rostro la villana despedida
de esos malnacidos, que nos echan de casa en tér¬
minos tan despreciativos? ¡Ellos, que si tienen tie¬
rra que pisar, á España se la deben ! Somos de los
pacíficos, y cólera reprimida ruge en nuestros pe¬
chos. ¿Cómo latirá el corazón de la juventud y de
los que visten el uniforme del ejército y de la
marina ante la bofetada innoble que ha recibido
el rostro de la patria?
Y, sin embargo, hay especuladores que convier¬
ten en provecho y quieren agravar nuestras des¬
venturas: hay políticos sin conciencia que preten¬
den revolvernos en odio al Gobierno establecido
para satisfacer odios personales. ¡Qué importa!
Cada cual cumple en el mundo su destino : unos
nacen leones, y otros víboras. Esperemos que se
imponga el sentimiento nacional coñ enérgica
unidad á los que se arrastran por el suelo, y en¬
salce á los que se eleven y se sacrifiquen. Criticar
es fácil; hacer frente á las situaciones angustiosas
desde el Gobierno, muy complicado y laborioso.
Que no se repita una vez más el símbolo aquel de
la cucaña, en que los franceses ayudaban al que
subía, los ingleses le contemplaban cruzados de
brazos, y los españoles le tiraban de los pies para
hacerle resbalar.
Europa, y en especial Inglaterra, se prepara á
presenciar, como si fueran maniobras, las opera¬
ciones ó combates marítimos, como quien presen¬
cia un simulacro, para estudiar la nueva táctica
naval. Para los que gritan desde seguro, empu¬
jando las gentes á la guerra, será un espectáculo;
para nosotros una calamidad que es preciso arros¬
trar con ánimo sereno. No parecíamos destinados
por nuestra modesta potencia naval á ser de los
primeros, después de Chile y el Japón* que hubié¬
ramos de ensayar la táctica moderna: esa modes¬
tia, que acaso se haya exagerado — somos incompe¬
tentes para resolverlo, y la experiencia parece
próxima, — ha dado ocasión á la insolencia yankee ;
y, sin embargo, ellos, tan prósperos; ellos, que son
setenta millones contra dieciséis, y tienen Cuba ¿
sulado; ellos, que insultaban á Inglaterra poco hace,
la miman, la llaman madre, como pidiéndola ayu¬
da en el trance en que se han puesto por su ambi¬
ción y por su gusto. ¿Quieren ayuda para su atro¬
pello? ¿No nos llamaban cobardes? ¿Y es esta su
valentía? ¿Quieren que la marina más poderosa
del mundo caiga también sobre nosotros y les
guarde las espaldas?
Consignemos su última iniquidad. Parece que
Mac-Kinley, al dar su sanción á tan descarada
tropelía, ha tenido la audacia de asegurar que
ha hecho todo lo posible por la paz. Si esto es
cierto; si lo cree, teníamos razón al escribir en
otra obra:
«La conciencia es una prójima que vive en paz
con muchísimos bribones.»
Digitized by ^.ooQie
22 Abril 1898 LA
Posible es qae cuando este número circule ha¬
yan resonado los primeros cañonazos de la gue¬
rra. A los que aseguran que carecemos de objeti¬
vo, se les contesta fácilmente: — ¿No es un objetivo
claro y poderoso volver por el decoro de la na¬
ción y su prestigio? ¿Da lugar á ninguna clase de
avenencia la brutal conminación que se nos hace?
¿Hay sangre que la sufra? ¿No seria nuestra fla¬
queza señal y aviso para que acudiesen á devorar¬
nos los cuervos que husmean los cadáveres de los
pueblos? — Pudo evitarse la insurrección de Cuba
con transacciones, en su principio. No volvamos
sobre el pasado; pero esta es una guerra vital, ó
se nos negará el agua y el fuego. Sólo nos obliga¬
ría á inclinar la cabeza con desaliento que el Go¬
bierno, conocedor de nuestra fuerza y medios de
acción, nos lo advirtiera. Entonces callaríamos
llenos de dolor. Pero el Gobierno, cansado de tem¬
planzas, excita á España á defenderse, y no cabe
dudar. Triste es la guerra; pero los buques se cons¬
truyen y se arman para estas ocasiones, y para
ellas se alistan y conservan los ejércitos. No les
pediremos lo imposible, sino el cumplimiento del
deber. Si aun con todo esto el pueblo español, de¬
caído y sin ánimo, no protestara de la afrenta in¬
merecida ni sintiera la guerra, callaríamos tam¬
bién. Pero sucede todo lo contrario. La piden el
instinto público y la ira, que ya no puede conte¬
nerse y estalla por los ojos y las lenguas. En los
cuerpos de guardia, los sables saltan de las vainas;
hasta las mujeres se han avergonzado del insulto,
y las criaturas chupan veneno en los pechos de
sus madres.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
KXCMO. SR. D. PASCUAL CERVERA Y TOPETE ,
contraalmirante de la Armada española. - -
En la primera página publicamos el retrato del
contraalmirante de la Armada española D. Pas¬
cual Cervera y Topete, comandante general de
nuestra escuadra en operaciones.
El contraalmirante Cervera, que nació en 18 de
Febrero de 1839, lleva más de cuarenta y cinco
años de servicios efectivos, y ha demostrado su
valor y su inteligencia en las campañas de Africa,
de Joló y de Cuba, distinguiéndose igualmente en
la guerra civil y en la defensa del arsenal de la
Carraca.
Adornan su pecho, como recompensa de servi¬
cios brillantes, dos cruces del Mérito militar con
distintivo rojo, 1^ del Mérito naval, y la placa de
San Hermenegildo, además de otras varias nacio¬
nales y extranjeras. Ha sido ministro de Marina,
y en la actualidad ejerce, á bordo del Infanta Ma¬
ría Teresa, , el mando de la escuadra en opera¬
ciones.
•
• *
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA.
El acorazado Infanta María Teresa. — La torre blindada de proa del
acorazado Vizcaya.
Representa el primer grabado de la página 232
el acorazado Infanta María Teresa , buque insig¬
nia de nuestra escuadra de operaciones. Hace pre¬
cisamente un año que , invitado el Gobierno espa¬
ñol por el de los Estados Unidos á las fiestas que
se celebraron con motivo de la inauguración del
monumento erigido al general Grant, fué este
mismo barco á Nueva York, y entonces los perió¬
dicos independientes, como el Post y el Herald ,
celebraron su brillante entrada y reconocieron
sus excelentes condiciones de combate. A aquel
viaje para pacífica solemnidad ha sucedido el de
ahora, para responder con la energía de nuestra
raza á la provocación de aquel país, cuya perfidia
trama hace tiempo traidoras asechanzas á nuestro
derecho. Con toda el alma celebraremos que muy
en breve se confirmen las opiniones de aquellos
periódicos, y que las excelentes condiciones de
combate de nuestro acorazado se demuestren prác¬
ticamente contra los barateros de nuestras co¬
lonias.
En el número XIY del año próximo pasado des¬
cribimos este hermoso barco.
Sabido es que cuando el funesto Maine fué en
mal hora á Cuba á demostrar la cortesía de los
yankees, cuya sinceridad podemos apreciar ahora,
fué á Nueva York á pagar la visita nuestro acora¬
zado Vizcaya , que hoy forma parte de la escuadra
de operaciones. De este hermoso barco de comba¬
te, que desplaza 7.000 toneladas y tiene 20 caño¬
ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xv — 231
nes y 10 ametralladoras, publicamos como detalle
interesante la torre blindada de proa. Mirando
ese cañón que por ella asoma, siéntese en estas
circunstancias el deseo de oir el trueno de su es¬
tampido y de ver el destrozo de su certera punte¬
ría en los barcos con que esa República de piratas
intenta apoderarse de lo ajeno contra la voluntad
de su legítimo dueño, con manifiesto ultraje de
todo derecho. (Véase nuestro segundo grabado de
la pág. 232.)
•
• •
EE. Uü. DE NORTE-AMÉRICA.
El transatlántico Saint-Louis.— El mayor general Nelson A. Miles
examinando las defensas] de Nueva York.— Reclutamiento de vo¬
luntarios.
En el primer grabado de la página 233 reprodu¬
cimos uno de los barcos yankees de la marina mer¬
cante destinados á auxiliares de la de guerra. Fué
el Saint-Louis el primero de los construidos para
la línea de América en los astilleros de William
Cramp et Sons, de Filadelfía, y le da hoy cele¬
bridad el que va á mandarle, según noticias, el
heroico comandante del Maine , Mr. Sigsbee, sal¬
vado de la catástrofe por hallarse comiendo y be¬
biendo alegremente . en otro barco. ¿Tendrá la
misma suerte en su nuevo mando?
Representa nuestro segundo grabado de la pá¬
gina 233 al mayor general norteamericano Nel-
son A. Miles recorriendo las obras de defensa del
puerto de Nueva York.
Desde 1891 se halla en vías de ejecución un plan
colosal de defensa de las costas de los Estados
Unidos, que exigía para su completo desarrollo
un período de veinte años de labor constante. No
se adelantó gran cosa en estos trabajos hasta 1895,
en que el general Nelson A. Miles llamó la aten¬
ción de su país sobre la necesidad de activarlos, y
entonces tomaron gran incremento las obras, jiara
las que se votaron por el Congreso cuantiosas can¬
tidades. Estas aumentaron en 1896 ante la posibi¬
lidad de un conflicto con España, y se destinaron
á Nueva York 913.600 pesos para la entrada del
Este, y 1.299.600 para la entrada del Sur.
Lo que se llama comúnmente bahía interior de
Nueva York tiene dos entradas desde el mar: una
por la bahía baja ó exterior, á través del estrecho
que existe entre los fuertes Hamilton y' Wasd-
worth, siendo necesario para llegar á esta bahía
salvar antes la línea de bajos y canalizos que se
extienden entre Sandy-Hook y Rocaway; la otra
entrada es por el río del Este, y á ella da acceso el
canal de Long Island.
La defensa exterior del puerto de Nueva York
la constituyen las baterías de Sandy-Hook, cuyos
cañones de mayor alcance son de 12 pulgadas.
Sandy-Hook es una lengua de arena, de costas
muy bajas, envueltas de ordinario en las densas
brumas tan frecuentes en aquellas latitudes.
Afirman personas peritas que su escasa altura
otórgale condiciones muy desventajosas para tirar
contra los barcos, y aun entorpecerían más el tiro
las frecuentes horas de niebla; de modo que la en¬
trada á la bahía exterior exigiría el auxilio de al¬
gunos buques de combate, porque de lo contrario
se encontraría á merced de una escuadra enemiga,
ya que en las cercanías no existen obras que la
flanqueen, ni que puedan tampoco ser establecidas.
El fondo permite á las barcos aproximarse á
Rokaway, y aun llevar á cabo operaciones atrevi¬
das de desembarco en Coney Island y Long Island,
y aun sobre Brooklyn á Fort Hamilton.
El reclutamiento de los marinos figura en la
página siguiente.
Ante los oficiales del Vermonty en el astillero
de Brooklyn, comparece un voluntario que se
siente belicoso sin duda, y pretende entrar en la
Armada..... y en la que se va armar . Los oficiales,
al verle, dudan entre darle un feo ó tomarle ellos.
La viñeta del centro representa los aspirantes
aguardando su turno ante el Richmondy en el asti¬
llero de Long Island.
El interior del mismo barco representa la parte
inferior del grabado, y á su bordo figuran los fu¬
turos nautas llamados á dominar los mares apenas
se enteren bre vi si mámente de lo que hay que ha¬
cer para ser hombre de mar, que no es precisa¬
mente lo mismo que hombre al agua .
Si no tuviéramos seguridad completa de la au¬
tenticidad del dato, dibujado en seido por un nor¬
teamericano, diríamos que el grabado era apócrifo,
y que esos no eran marinos y ankees ni de ninguna '
parte, sino una leva de golfos conducidos á alguna
colonia penitenciaria.
• •
CANARIAS (SANTA CRUZ DE TENERIFE).
De semideo expedicionarias.— Llegada de los refuerzos
del cuerpo de Ingenieros militares.
El primer grabado de la página 236 representa
el puerto de Santa Cruz de Tenerife (Canarias) á
la llegada de parte de las fuerzas expedicionarias
de la Península. La fotografía instantánea que el
grabado reproduce da clara idea de la animación
que reinaba en dicho puerto al desembarcar las
tropas.
Millares de cohetes anunciaron la llegada de
los vapores, y la población entera acudió á los
muelles á recibir á las tropas con grandísimo en¬
tusiasmo.
Cinco bandas de música en remolcadores, y las
autoridades y comisiones de las sopiedades y de
la prensa salieron á recibirlas, no cesando un mo¬
mento los calurosos vivas á España, al ejército y
á los Reyes.
El segundo grabado representa el batallón del
segundo regimiento de Ingenieros, que llegó el 6
del corriente, formado delante de la Comandan¬
cia de Marina de Santa Cruz de Tenerife.
#
• *
BELLAS ARTES.
Canciones de actualidad , dibujo de F. Alberti.
El precioso dibujo que en la página 237 repro¬
ducimos, une á su mérito artístico una gran opor¬
tunidad. En estos días en que el sentimiento na¬
cional, herido por las provocaciones de la República
yankee , estalla en patrióticas expansiones, los
cantores populares dan al olvido sus relatos de
espantosos sucesos y sus coplas picarescas, para
entonar canciones de actualidad , ora ensalzando
patrióticas glorias, ora fustigando con sátira im¬
placable á nuestros despreciables enemigos.
Apenas preludian sus intencionadas coplas vanse
acercando los transeúntes poco á poco, y acaban
por formar apiñado corro en torno de los músicos
ambulantes, celebrando su literatura especial, más
por el fondo que por la forma.
« o
MADRID. — IX CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.
Los delegados mejicanos. — Congresistas extranjeros y españoles de
- la. sección de Higiene militar y naval. — Festejos en honor de los
congresistas.
El grupo fotográfico de Fernando Debas, repro¬
ducido en el primer grabado de la página 240, lo
constituyen los delegados mejicanos del Congreso
de Higiene y Demografía. Méjico ha enviado al
Congreso de Madrid una brillantísima representa¬
ción, pues en ella han figurado: el Dr. Altamirano,
director del Instituto Médico Nacional, profesor
de Terapéutica de la Escuela Nacional y miembro
de la Academia; el Dr. Ramírez de Arellano, ins¬
pector de Sanidad; el Dr. Garay, profesor de Bac¬
teriología de la Escuela Normal de Profesores; el
Dr. Gaviño, que lo es de la Nacional de Medicina
y miembro de la Academia; el Dr. López, primer
jefe de Sanidad Militar, y el Dr. Monjarás, direc¬
tor del Hospital de San Luis, inspector general de
Salubridad, miembro de la Sociedad de Medicina
Pública y de Higiene profesional de París, todos
ellos delegados del Gobierno mejicano.
No puede desconocerse el grandísimo interés
que en las actuales circunstancias despierta la Hi¬
giene militar y naval, que tan eficazmente procura
el bienestar físico de los ejércitos de mar y tierra,
y estamos seguros de que nuestros lectores verán
con gusto el grupo de los congresistas (segundo
grabado de la pág. 240) que en el recientemente
celebrado en Madrid constituían esta sección.
El primero de la izquierda es el Sr. Vives, di¬
rector del Laboratorio central de medicamentos
de España, y siguen sucesivamente los Sres. Guts-
chow, general médico de la marina alemana; Ga¬
llego, jefe de la sección de Sanidad en el Minis¬
terio de la Guerra de España: Sthar, que tieen el
mismo cargo en Alemania; Cuneo, inspector ge¬
neral de Sanidad de la marina de Francia; Zuylen,
coronel de ingenieros de Holanda; Richard, mó¬
dico principal del ejército francés, delegado del
Ministerio de la Guerra; Mahmoud-Bajá, director
de la Escuela de Medicina de Constantinopla; San¬
tos, médico mayor español. En la segunda fila, por
el mismo orden, figuran los Sres. Olea, farmacéu¬
tico primero, español; Gómez Florio, subinspector
médico de segunda clase; Furia , teniente coronel,
~ médico italiano; Stechow, médico mayor alemán;
Faye, médico mayor noruego; Yabe, médico de ma¬
rina japonés; Arendt, id. alemán; Hirai, médico del
Ministerio de la Guerra del Japón; Murset, teniente
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MARINA DE GUERRA E S P A Ñ O L A, — el acorazado «infanta mabía Teresa»,
RUQUE INSIGNIA DE LA ESCUADRA EN OPERACIONES.
-
' T^V Hfi'' ' 1 *
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abbil 1898
*
' i ' ' ‘ ' • * ? ’
«L
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA. — la torre blindada de proa del acorazado «Vizcaya».
(De fotografía de los Sres. Otero y Colominaa» de la Habana.)
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7ZZ?.
22 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA. — el transatlántico «saint-louis», adquirido por el gobierno «yankee» para crucero
AL MANDO DEL EX COMANDANTE DEL «MAINE».
EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.— PREPARATIVOS DE GUERRA.— EL MAYOR GENERAL NBLSON A. MILES
EXAMINANDO LAS DEFENSAS DE NUEVA YORK.
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tí.° XV
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abril 1898
2. UU. DE NORTE-AMÉRIC A. — RECLUTAMIENTO DE VOLUNTARIOS PARA IMPROVISAR LAS DOTACIONES DE LA ARMADA «YANKEE».
, médico suizo; Dziewouski, médico mayor
Macpherson, consejero mayor inglés; Des-
gs, de la Escuela de Val-de-Gráce (Fran-
nail Bey, profesor de la Escuela de Medi-
Constantinopla. En la tercera fila, siempre
erda á derecha: Sres. Martín Salazar, mé-
mero español; Larroca, médico mayor ar-
; Bruinier, médico segundo holandés; Pó-
z, médico mayor español; Alabern, id., id.;
nn, médico principal de Baviera; Torres,
;ctor médico de primera clase español; algo
jo Girava, médico mayor norteamericano;
nás albo, Cano, teniente coronel de inge-
>spañol; Larra y Cerezo, médico prime-
secretario de la Sección; Sloker, id., id.
aa fila: Llanas, farmacéutico segundo es¬
carola, médico mayor id.; Espino, id., id.;
n, subinspector de primera, id.; Fernández
,, id.; Rodríguez Cardoso, subinspector f ar¬
co, id.; Babé, coronel de ingenieros id.;
, subinspector farmacéutico, id.; Ubeda,
utico primero, id.
amos el grabado de la página 241 (com-
l y dibujo de nuestro compañero Comba)
>rdo de las más importantes recepciones
que en honor de los congresistas se han celebrado
en Madrid.
En la tarde del 11 del actual el Claustro de la
Facultad de Medicina abrió las puertas del anti¬
guo Colegio de San Carlos á los congresistas, y con
excelente acuerdo dispuso que el Dr. Cajal, cele¬
bridad científica europea por derecho propio, die¬
ra una conferencia. Aventurada era la empresa,
pues muchos congresistas no conocen bien el cas¬
tellano; pero fué tal el vivo interés y respetuosísima
atención con que todos los extranjeros escucharon
al sabio maestro , que expuso con noble sencillez
y modestia sus descubrimientos, valiéndose de di¬
bujos propios; fué tan unánime y prolongada la
ovación, que bien puede considerarse como seña¬
lado triunfo científico este solemne acto.
Rivalizaron en cortesía y cordialidad los seño¬
res Brouardel y Calleja. El primero, al abrir la
sesión, dedicó un saludo á la juventud científica
española, y con oportunidad suma y galana frase
le contestó el decano español, diciendo que no le
había presentado á los escolares, que en buen nú¬
mero ocupaban los escaños del anfiteatro, por ser
sobradamente conocido en el mundo científico su
colega el decano francés.
Visitóse detenidamente la Facultad y el Hospi¬
tal clínico por los congresistas divididos en grupos
y acompañados por todos los catedráticos de la
Escuela, que les obsequiaron con verdadera esplen¬
didez.
Las difíciles circunstancias de la política, no
impidieron al Gobierno español atender á sus de¬
beres de cortesía con los congresistas extranjeros,
y en la noche del 12 se celebró en la elegante sala
del regio coliseo un banquete oficial en honor de
dichos señores, al que les invitó el presidente ho¬
norario del Congreso, Sr. Ministro de la Gober¬
nación.
El acto resultó brillante.
De la visita al nuevo Hospital Militar quedaron
encantados los congresistas, y no cesaron de elo¬
giar aquel edificio , modelo en su clase, el cual por
reunir todos los modernos adelantos que ha lo¬
grado la ciencia, puede considerarse como el pri¬
mero de Europa.
Muchos y merecidos plácemes recibió con pao-
tivo de esta visita el teniente coronel de Ingenie¬
ros Sr. Cano, autor del proyecto de una obra* que
honra á España.
Muy brillante estuvo la recepción que en la pri¬
mera Casa Consistorial ofreció el Ayuntamiento
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22 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° xv — 236
de Madrid á los individuos del IX Congreso de
Higiene y Demografía. La concurrencia numerosa
y distinguida, en la que descollaban bellas y ele¬
gantes damas, fué obsequiada espléndidamante
después del magnífico concierto dirigido por el
maestro Jerónimo Jiménez.
Pero de todas las recepciones ninguna más im¬
portante que la que se celebró en el Real Palacio
en la tarde del 13 del actual.
Desde el salón del Trono al magnífico llamado
de las Columnas, donde estaba dispuesto un es¬
pléndido buffet y estaban abiertas todas las hermo¬
sas salas del Regio Alcázar, adornadas con gran¬
des corbeilles de flores.
Pocos minutos después de las tres salió de la
cámara S. M. la Reina, acompañada de S. A. la
infanta D.a Isabel, los Duques de Calabria y las
damas.
Allí se hallaban también todos los Ministros de
gran uniforme, excepto el Presidente y los seño¬
res Correa, Bermejo y Moret, el Capitán general,
Alcalde y Gobernador.
S. M. la Reina conversó afablemente con los de¬
legados de Francia, Alemania, Inglaterra y demás
países , que estaban en distintos grupos al frente
de los respectivos congresistas.
Por delegación del Sr. Ministro de la Goberna¬
ción, hizo las presentaciones el secretario general
del Congreso, Dr. Jimeno. Terminado este acto
preliminar, la Reina volvió á presentarse con su
Majestad el Rey, que vestía el uniforme militar,
ostentando en el pecho la insignia de congre¬
sista. Le acompañaban sus augustas hermanas la
Princesa de Asturias y la infanta D.a María Te¬
resa.
La corte, precedida del mayordomo mayor de
Palacio, Sr. Duque de Sotomayor, atravesó la sa¬
leta, salón del Trono, sala de Gasparini, salón de
los tapices, el de las porcelanas, cruzando las ha¬
bitaciones de Carlos III, hasta el gran salón de
Columnas, ocupado en toda su longitud por el buf¬
fet y y retirándose á las cuatro á sus habitaciones
con el séquito.
Los congresistas, con el mayor orden, á pesar de
ser muy cerca de dos mil en número, hicieron
honor al espléndido agasajo.
El Cuerpo diplomático, las instituciones oficia¬
les, academias, clase médica y centros de enseñanza
estaban dignamente representados.
•
• •
ELEONORA DUSE,
eminente actriz italiana.
Pronto llegará á esta corte, para presentarse á
nuestro público en el teatro Real, la eminente ac¬
triz italiana Eleonora Duse, cuyo retrato publi¬
camos en la página 244.
La justa fama de que goza esta artista fue ple¬
namente confirmada el año pasado en París, don¬
de el fanatismo que Sarah Bernhardt inspira no
bastó á contener el entusiasmo qon que aclamaron
á la Duse en las mismas obras del repertorio de
su actriz favorita.
En Portugal, donde actualmente actúa Eleonora
Duse, son unánimes los elogios que la prensa la
tributa por su portentosa manera de interpretar
La Mujer de Claudio , Magda, La Locandiera y La
Dama de las camelias .
Carlos Luis de Cuenca.
IX CONGRESO INTERNACIONAL DE HIGIENE
TT DEMOGRAFÍA.
MADRID, 1898.
Naciones tan cultas como Bélgica convocan con
frecuencia estas certámenes internacionales, an¬
siando conocer las opiniones de los pensadores
del mundo entero acerca de puntos concretos de
la Ciencia, del Derecho, de la Beneficencia, etc., á
fin de aplicarlas á su especial legislación. Y esta
oportuna iniciativa ha sido secundada por los
demás países, que, aprovechando momentos de
alegre bienestar, como los que acompañan á la
celebración de Centenarios, Exposiciones univer¬
sales, etc., reúnen en capitales importantes los
Congresos para festejar mejor á sus ilustres hués¬
pedes.
Bruselas inauguró la serie de Congresos Inter¬
nacionales de Higiene, que han venido celebrán¬
dose sucesivamente en París, Turín, Ginebra, El
Haya, Viena, Londres y Budapest. Estas ciudades
prósperas y felices alcanzaron el ansiado honor
de acoger en su seno á los cultivadores de la rama
más importante de la ciencia, entre los cuales se
hallan módicos, ingenieros, demógrafos, arquitec¬
tos, maestros, filántropos, ocupando un lugar pre¬
ferente la mujer, que coopera de un modo de¬
cidido con su actividad y talento al bienestar físico
y moral de la humanidad, acudiendo con gran
entusiasmo á estas reuniones. Todos los jefes de
Estado protegieron dichos Congresos otorgándo¬
les la honra de su presidencia honoraria, y al ser
elegida la capital de España como centro de re¬
unión del IX Congreso Internacional, no faltaron
espíritus excesivamente apocados que auguraban
un espantable fracaso, por ser rasgo característico
en nuestro pueblo una ingénita modestia sumisa
y vergonzante, de que sólo se despoja en los mo¬
mentos críticos de su vida para realizar actos de
heroica grandeza.
El Congreso Internacional de Higiene ha ser¬
vido de piedra de toque para probar que nuestro
corazón no desfallece, ni nuestra inteligencia se
enturbia por las tribulaciones más hondas.
La Comisión organizadora, compuesta del doc¬
tor Gimeno, delegado español en Budapest, el
Dr. Calleja, Marqués del Busto, Martínez Pache¬
co, Fabié, Cajal, Mariño, Calvo, Fernández-Caro,
O vilo. Veranes, Barber, Mariscal, Salcedo, Reven¬
ga, Calatraveño, Ruiz de Velasoo,- Jiménez, Se-
net, Gómez Pamo, Francos, Larra y Cerezo, Mon-
taldo. Valle y Aleixandre , comenzó sus tareas
secundada briosamente por algunas, muy pocas,
personalidades amantes de la ciencia y del pro¬
greso, y, justo es decirlo, por el ministro de la
Gobernación Sr. Ruiz Capdepón, en nombre del
Gobierno de S. M. El día 30 de Marzo telegrafió
éste á los Embajadores y Ministros plenipotencia¬
rios para que pusieran en conocimiento de los co¬
mités de todos los países que, á pesar de las cir¬
cunstancias críticas por que atraviesa España, se
celebrarían la Exposición y Congreso en la fecha
indicada, y el 10 de Abril se inauguraban solem¬
nemente las sesiones en el hermoso Palacio de Bi¬
bliotecas y Museos.
Pronunciaron discursos los Dres. Calleja, Brouar-
del y Vallin, en nombre de Francia; Versmann,
de Hamburgo; Max Gruber, de Austria; Putzeys,
de Bélgica; Girard, de los Estados Unidos; Con-
rad, de Holanda; Macalister, de Inglaterra; Pa-
gliani. de Italia; Silva Amado, de Portugal; Hé-
guy, del Uruguay; Rodríguez de Arellano, de
Méjico; Faye, de Noruega; Guillaume, de Suiza,
Mahmoud-Bajá, de Turquía; Yabe, del Japón, y
los Sres. Aguilera, gobernador de Madrid; Conde
de Romanones, alcalde; Gimeno, secretario gene¬
ral, y el Ministro de la Gobernación. Desde en¬
tonces el éxito fue en aumento.
Se evidenció el respeto que merece la ciencia
española en la conferencia dada por el ilustre Ca¬
jal en la Facultad de Medicina; empezaron las vi¬
sitas á distintos centros de beneficencia y ense-
blemas que simbolizan. Personalidades ilustres, y
algunas ya de edad avanzada, como el Sr. Mar¬
qués de Guadalerzas y el Sr. Duque de la Victoria,
acudieron diariamente á discutir en las respecti¬
vas secciones, demostrando su ferviente amor á la
ciencia. Celebridades europeas, como Lceffler,
Behring, Sanarelli, Proust, Bertillon, etc., etc.,
intervinieron con gran entusiasmo en los deba¬
tes. Autoridades como el presidente de la Dipu¬
tación Provincial, Sr. España, cooperaban al me¬
jor éxito presidiendo sesiones, ostentando con or¬
gullo sus títulos profesionales; el cuerpo médico
hallaba medio de conciliar sus trabajos profesio¬
nales con las tareas del Congreso, y, por último,
la juventud estudiosa acudió en masa también,
constituyéndose en ciceroni de los extranjeros los
muchos escolares que poseen idiomas.
Al propio tiempo se organizó la Exposición de
Higiene, que tiene cien expositores más que la úl¬
tima de Budapest y es digna de estudio detenido.
Los cuerpos de Sanidad Militar y de la Armada
rivalizaron en celo y entusiasmo, probando con
hechos prácticos lo mucho que España ha reali¬
zado en la Isla de Cuba durante la guerra. Las es¬
tadísticas, cuadros, mapas y memorias fueron ce-
lebradísimas y causaron honda sensación. Vióse
también patentes la importancia de las institucio¬
nes sanitarias españolas y centros de cultura en
la Guia Militar de Madrid y en la Guia Oficial,
lujosamente impresas.
La falta absoluta de espacio nos impide hacer
reseña más completa y cabal de lo mucho bueno
que se oyó en las secciones. Estas eran trece, como
se ha dicho: diez referentes á Higiene y tres á De¬
mografía . Las primeras trataron de Microbiología
aplicada á la Higiene ; Profilaxis de las enferme¬
dades transmisibles; Climatología y Topografía
médicas; Higiene urbana; Higiene de la alimenta¬
ción; Higiene infantil y escolar; Higiene del ejer¬
cicio y del trabajo; Higiene militar y naval; Hi¬
giene veteHnaria civil y militar ; Arquitectura é
Ingeniería sanitaria . Las segundas se ocuparon
de la Técnica de la estadística demográfica; Resul¬
tado* estadísticos , y Demografía dinámica .
Hé aquí las conclusiones votadas por el Con-
- greso en- la sesión de clausura:
Sección l.H, clase 1.a: Microbiología aplicada .
— Después de discutir la proposición del Dr. Ja-
nowski, jefe del servicio módico del Hospital del
Niño Jesús, de Varsovia, acerca de «la necesidad
de una definición única de la toxina diftérica en
~ todos los puntos donde se fabrica el suero antidif¬
térico», la sección propone, á petición de los se¬
ñores Chantemesse, Nocard y Calmette: «el nom¬
bramiento de una Comisión internacional com¬
puesta: por Alemania, Berhing, Ehrlich, Fraenkel,
Lceffler, Pfeiffer, Wassermann; por Inglaterra,
Woodhead y Mac Fadyan; Austria, Grüber y
Klebs; América, Sanarelli; Bélgica, Van Ermen-
genn; Bulgaria, Babés; España, Llórente y Men¬
doza; Francia, Calmette, Chantemesse, Duclaux,
Marmoreck, Nocard, Roux; Holanda, Spronck;
Hungría, Pertik y Fodor; Italia, Di Vestea, Sclavo;
Japón, Kitasato; Rusia, Gabritschewski, Vladi-
miroff, la cual estudiará para el próximo Con¬
greso un método único de determinación del poder
antitóxico de los sueros manifestando la inocui¬
dad del suero antidiftérico, y la conveniencia de
practicar pronto las inyecciones de dicho suero
aun en los casos de angina ó de laringitis sospe¬
chosas. Esta Comisión debe informar acerca de los
peligros qüe presenta el tratamiento local antisép¬
tico de la difteria, pues la sección opina por una¬
nimidad qué ese tratamiento local antiséptico fa¬
vorece siempre las inyecciones secundarias y priva
al organismo de sus principales medios de defensa
contra la enfermedad. j> .
Sección 2.a: Profilaxis de las enfermedades infecí
A ^acüídad con <lue 86 transmiten las
noticias de todo género y el carácter
tó cada día más enciclopédico de la pren-
UzBrf¡d:^ sa han quitado algún interés á los
Congresos internacionales, adonde
acuden los hombres de ciencia deseosos
de hacer demostraciones prácticas de sus
descubrimientos.
V* En este sentido, no son estas asambleas,
ni pueden serlo, como en otras épocas' tri¬
buna solemne desde la cual se lancen novedades,
ni tampoco, por su especial carácter, Parlamentos
científicos encargados de dictar leyes á la huma¬
nidad. Conviene hacer constar todo esto, pues
muchas personas al acudir á los Congresos inter¬
nacionales creen, con ingenua candidez, que van á
oir de labios de los investigadores secretos hasta
entonces cuidadosamente guardados, y al mismo
tiempo discuten las conclusiones propuestas cual
si fuesen á dotar de un código^ severo á los pueblos.
ñanza; y los hospitales Militar, de Niños, de San
Juan de Dios, Casas de socorro, Asilos de Santa
Cristina, Instituto Rubio, Colegios de Chamartín
de la Rosa y San Ildefonso merecieron grandes
elogios de los extranjeros.
S. M. la Reina dió una solemne recepción en
Palacio; el Ministro de la Gobernación un ban¬
quete en el teatro Real; el Ayuntamiento una
fiesta en la primera Casa Consistorial; la Dipu¬
tación Provincial una corrida de toros; todos
los teatros funciones de gala. Las Embajadas ce¬
lebraron banquetes y recepciones, y bien puede
decirse que el pueblo, con su cortesía y cultura,
contribuyó á la brillantez de estos actos, que de¬
jarán imborrables recuerdos en la mente de los
que asistieron á ellos.
Entretanto las trece secciones se reunían todos
los días por la mañana; algunas por la tarde para
discutir los trabajos presentados, siendo las más
concurridas las de Microbiología aplicada é Hi¬
giene infantil y escolar, significándose de esta
suerte el gran interés que inspiran los vitales pro-
ciosas. — Conclusiones presentadas por el Dr. Ovilo,
aprobadas por unanimidad:
«1.a Las ropas usadas son muchas veces ve¬
hículo seguro de enfermedades tan gravés cómo la
tuberculosis, lá difteria; la .viruela, la escarlatina
y otras, sin previa desinfección. Su venta debe ser
prohibida.
»2.a Los utensilios de uso común de las peluque¬
rías son portadores muchas veces de enfermeda¬
des de la piel y de ojbras tah graves, como el lupus
y la sífilis. En loj>odiblé, cada individuo debe usar
los de su propiedad particular, y las autoridades
deben procurar, por todos los medios á su alcance,
que se introduzca en las peluquerías una desinfec¬
ción racional. En ningún caso los dueño# podrán
obligar á los dependientes á prestar servicio á pa¬
rroquianos que muestren señales evidentes de en¬
fermedades que son conocidas hasta por el vulgo.»
Lá 4.a sección de Higiene urbana propone:
«l.° Que procede la filtración de todas las aguas
superficiales que alimenten las ciudades, mediante
' un'sistéma de filtración central.
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- N.* XV
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abril 1898
CANARIAS (santa cruz de Tenerife). — llegada de los refuerzos del cuerpo de ingenieros militares.
(De fotografías remitidas per la Sociedad la X.)
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22 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
x.° xv — 237
CANCIONES DE ACTUALIDAD,
DIBUJO DE F. ALBERTI.
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238 — n.# xv LA
i>2.° Que parece útil continuar los estudios em¬
prendidos con motivo del VIII Congreso sobre
higiene de la vía pública, y en virtud de ello sería
ventajoso que se pidiese á la Comisión internacio¬
nal un trabajo en este sentido para el próximo
Congreso.
»3.° El empleo de madera como pavimento de¬
berá proscribirse en los hospitales que se constru¬
yan en lo por venir. Solamente se podrán conser¬
var los suelos de madera en los hospitales actuales
si se impermeabilizan.
»4.° Es de desear que las autoridades encargadas
de velar por la salud pública prohiban el riego di¬
recto de legumbres frescas y verduras con aguas
fecales.»
Además la sección , en unión de la 10.a ( Arqui¬
tectura é ingeniería sanitarias )y ha examinado
las conclusiones presentadas al Congreso de Buda¬
pest, que fueron objeto de estudio por una Comi¬
sión internacional. Ambas secciones han sancio¬
nado el texto presentado por dicha Comisión, te¬
niendo en cuenta los informes de las Sociedades
de Higiene más autorizadas de Francia é Ingla¬
terra, y sólo han hecho algunas adiciones en la
disposición final, dedicada á recomendar expresa¬
mente su aplicación á la práctica.
Quedan, pues, formuladas del siguiente modo:
«1.a La salud pública se mejora, previniéndose la
explosión de las epidemias en las ciudades y habi¬
taciones, mediante la eliminación de las sustan¬
cias fermentescibles y una abundánte distribución
de agua pura.
»2.ft El revestimiento de las calles debe ser liso
y tan impermeable como sea posible, para facilitar
la limpieza é impedir la infección del subsuelo.
#3.a Deben adoptarse medidas especiales en la
construcción de las casas, á fin de que ios muros
y locales estén exentos de humedad y de las ema¬
naciones del suelo.
»4.a Las canalizaciones interiores deben estar
dispuestas de modo que se evite todo estancamien¬
to, realizando el desagüe rápido á la alcantarilla de
la calle de las aguas sucias y materias excremen¬
ticias; deben ser impermeables á los líquidos y
gases, perfecta y constantemente aireadas, y pro¬
vistas de sifones que protejan el interior de las
habitaciones contra toda emanación.
»5.a Las alcantarillas públicas deben asegurar
el desagüe rápido y sin detenciones de las aguas
y las materias que conducen hasta la desemboca¬
dura final, estando perfectamente aireadas.
»6.a El ancho de las calles deberá ser el mayor
posible, habida cuenta la altura de las casas. Esta
relación se establecerá en cada localidad tenien¬
do en cuenta las circunstancias locales y climato¬
lógicas. Toda construcción habitada debe estar
iluminada hasta el fondo, y recibirá aire por dos
lados por lo menos.
»7.a Deben hacerse reglamentos especiales en
cada localidad por las autoridades públicas, á fin
de hacer obligatoria la aplicación práctica de los
principios arriba expuestos. Los Gobiernos y Mu¬
nicipios deben perseguir resuelta y enérgicamente
la realización de las prescripciones precedentes,
sobre todo la que se refiere al saneamiento de las
casas.»
La 6.a sección, de Higiene infantil y escolar , pre¬
sentó á propuesta del Dr. Tolosa Latour las si¬
guientes conclusiones, unánimemente aprobadas:
«1.a El Comité internacional permanente acon¬
seja la vulgarización, por medio de cartillas ó
publicaciones populares, de los preceptos de la
más rigurosa asepsia durante el parto y ulterior¬
mente de la puérpera y del niño al nacer, para
evitar la oftalmía purulenta de los recién nacidos.
»2.a La constitución de una Comisión interna¬
cional que estudie para el próximo Congreso la
conveniencia de que los Poderes públicos promul¬
guen leyes protectoras que, como la de Roussel en
Francia, contribuyan á disminuir la mortalidad
infantil en los primeros meses de la vida.
»3.a Abogar por la difusión de los preceptos hi¬
giénicos entre las clases populares y por la ense¬
ñanza de la higiene infantil en las escuelas públi¬
cas y colegios, sobre todo de niñas.
»4.a Recomendar la creación de inspecciones
médicas en asilos , escuelas y talleres.
»5.a Preconizar las ventajas obtenidas por las
colonias escolares y el ejercicio del niño al aire
libre.
»Y 6.a Aconsejar el fomento de los Sanatorios
marítimos y de montaña para la profilaxis de las
enfermedades de los niños.»
De intento no se ha hablado de la gran parte
que la mujer ha tomado en este Congreso, para
consignar aquí que la ilustrada cooperación de las
señoras y señoritas Aleixandre, Carbón ell, la Ri-
gada, Telia, Monreal y otras, 'amén de las muchas
que han asistido} á lasTsesiones, prestaron gran
realce á los debates, y servirán seguramente para
ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abril 1898
propagar los preceptos de que se ha hecho mérito
en todas partes, muy especialmente en lo que se
relaciona con la higiene infantil.
La sección 7.a ( Higiene del trabajo y del ejerci¬
cio) presentó, á propuesta del Dr. Decref, las si¬
guientes conclusiones:
«1.a El ejercicio libre al aire libre debe ser con¬
siderado oomo el más higiénico, especialmente en
la primera y segunda infancia.
»2.a Todo ejercicio, sea cual fuere, que tienda
al desarrollo especial de un sistema, aparato ú ór¬
gano, y por lo tanto á su función, debe ser consi¬
derado como un medio terapéutico y no como un
medio higiénico, quedando el médico solamente
autorizado para dirigir su aplicación.»
La sección de Demografía , á propuesta de los
Sres. Sedlaczerk, Bertillon y Candido, propone
una modificación en la organización uniforme de
la estadística de la mortalidad infantil bajo las
siguientes bases:
«1.a Un niño recién nacido después del sexto
mes de gestación y que ha respirado, no debe ser
considerado como nacido muerto.
»2.a En lo que concierne á la proposición hecha
por el Sr. Director Bockh, de Berlín, en unión del
Sr. Sillvergleit, de Magdeburgo, según la cual la
hora del nacimiento y la de la muerte deberían
declararse para fijar mejor la edad de los falleci¬
dos, el Comité opina que tal declaración, por inte¬
resante que sea, no es aceptable en las actuales
circunstancias por pecar de demasiado detallista.
»3.a En lo referente á los niños que mueren du¬
rante el primer año de la vida, el comité entiende
que la edad debe ser anotada de la siguiente ma¬
nera: durante el primer mes de su vida por díay y
durante los siguientes por mes.
»Si estas reseñas pueden considerarse como de¬
masiado detalladas, podrían suministrarse al me¬
nos según los siguientes períodos de edad (que es¬
tán adoptados en Francia):
de 0 á 4 días.
— 5 á 9 —
— 10 á 19 —
— 20 á 30 —
— 1 á 2 meses
— 3 á 5 —
— 6 á 12 —
»4.a En cuanto á las causas de las defunciones, el
comité opina que por lo menos deben especificarse
las causas siguientes:
»Viruela, roséola, coqueluche, difteria y crup,
meningitis, neumonía y bronquitis, diarrea, con¬
vulsiones, debilidad congénita, muerte violenta,
otras causas, causas desconocidas.
»Por regla general, la enfermedad principal
debe ser anotada. En caso de coexistir dos enfer¬
medades, que una no sea derivación de la otra,
debe anotarse la más peligrosa de las dos.»
Por último, se acordó que el Congreso de Ma¬
drid una su voto al deseo formulado por el Insti¬
tuto Internacional de Estadística en sus sesiones
de Berna y San Petersburgo, «para que se pro¬
ceda en 1900 en todos los países civilizados a un
censo general de población, á ser posible en el
mismo mes. Esta clasificación debiera comenzar
con el próximo siglo y renovarse todos los años
cuya milésima termine en cero».
Hé aquí á vuela pluma un bosquejo de lo más
esencial acaecido en el Congreso de España, único
sin duda en el mundo por los penosos momentos
en que se ha celebrado. Otros países en circuns¬
tancias menos críticas aplazaron asamblea^ aná¬
logas.
¡Ojalá que, al reunirse en 1900 el próximo en
París, con motivo de la Exposición universal,
pueda España concurrir con nuevos bríos, demos¬
trando una vez más su amor al progreso y á la
ciencia, bien probado con varonil entereza duran¬
te las sesiones del IX Congreso de Higiene y De¬
mografía de Madrid!
M. db Tolosa Latour.
TAPIZ DE “LA RENDICION DE GRjANADA”,
POR LA SEÑORA I DOÑA CATALINA NARVÁEZ DE RUIZ.
Renacimiento de la tapicería bordada de la Edad Antigua. — Consi¬
deraciones históricas sobre la tapicería bordada y la tapicería te¬
jida. — Su estado actual: su porvenir.
Si yo no hubiera visto, contemplado y admirado
la primorosa obra de arte á que voy á consagrar
estas líneas, á cualquiera que me hubiese invitado
á_yerla anunciándomela lisa y llanamente como
un tapiz bordado por una señora, reproduciendo
el cuadro de D. Francisco Pradilla La Rendición
d# Granada, le habría contestado: — Lo doy- por
visto: disfrútelo su dueño muchos años, con un
marco de felpilla y abalorios. Tan lejos estaba
de figurarme lo que realmente era el precioso
trabajo de que voy á hablar. Tan acostumbrados
estamos, en vista de las labores de mujer con que
tropezamos de continuo, á mirar el bordado como
la parodia, la caricatura y el verdugo del arte; á
tal punto, hoy que el bordado á mano está en des¬
uso para obras de cierta importancia, y no entra
ya, como antiguamente, en el número de los pro¬
cedimientos que informan el verdadero arte pic¬
tórico, que el mero anuncio de bordado de señora
trae á la imaginación las insustanciales combina¬
ciones de letras, cruces y flores bordadas en ca¬
ñamazo, que en los colegios de niñas llaman de¬
chados , haciendo que no nos acordemos para nada
de tantas matronas ilustres que, según la fábula y
las antiguas historias, llevaron el arte del bordado
á la mayor perfección. En efecto, tenemos ya casi
olvidado que Filomena bordó en lana las tristes
aventuras de Progne; que Penélope bordó en su
famosa tela los sucesos que habían puesto en peli¬
gro la vida de Ulises; que, según la narración de
Homero en su Ilíada, Elena bordó los combates
entre griegos y troyanos; que Andrómeda estaba
bordando no sé qué cuando fueron á anunciarle
la muerte de Héctor. Y vamos olvidando tambiéñ,
como cosa despreciable del tiempo viejo, la mu¬
cha estimación en que se tenían tales labores en
épocas de gran florecimiento artístico, de lo que
nos dan testimonio, entre otros escritores verídi¬
cos, Aristóteles y Plinio, aquél refiriéndonos el
hecho del sibarita que mandó bordar una tapice¬
ría con las imágenes de los seis dioses mayores,
en cuyo borde superior lucían soberbios arabescos
de Suza, ostentando el inferior arabescos persas;
y Plinio contándonos que Catón de Utica poseyó
una tapicería de cama bordada, obra babilónica,
que costó 800.000 sestercios, y que Nerón pagó por
otra semejante cuatro millones de la misma mo¬
neda.
Todas estas soberbias piezas de tapicería, ya de
dibujo sólo á simple contorno al estilo griego, ya
con las figuras de relieve al uso frigio, ya con to¬
dos los colores propios de la» pintura, según se
practicaba en Babilonia, fueron ejecutadas á mano,
en bastidor ó sin él, con agujas; en cambio, hoy
reservamos este bordado para la falda cursi de
raso con ramajos de hilo de oro, que se ha de rega¬
lar al niño recién nacido al llevarle á cristianar,
ó para la bolsa de labor con el perrito de aguas de
relieve, ó para las floreadas chinelas que se ofre*-
cen al abuelito en el día de su santo. Lo repito*
hoy, al anunciarnos un bordado de señora, sóló
pensamos en el cañamazo, las felpillas y los abal¬
lónos; y aquellos soberbios cobertores, aquelloé
magníficos tapetes y paramentos de camas y mei-
sas y paredes de los, potentados egipcios, babilo¬
nios, griegos y romanos, y aun los tapices reca±
mados de los próceros y ricos hombres de la Edad
Media; y aquellos bordados celebérrimos que al
inaugurarse la Edad Moderna se ejecutaban eñ
Yenecia, Milán y Génova; todo aquello..... ¡como
si nunca hubiera existido!
Pues bien, una señora de nuestros días, una in¬
teligente gaditana en quien corren parejas el in-í
genio, la discreción y la hermosura, se ha prcn
puesto rehabilitar en la estimación de las perso*^
ñas de buen gusto ese olvidado arte antiguo que
tanta y tan merecida fama dió á las Penélopes y
Andrómacas; es decir, el bordado clásico de los
mejores tiempos del arte helénico. Porque, según
ella — y soy de la misma opinión — nunca la tapi¬
cería de telar ó mecánica podrá sustituir á la ta¬
picería bordada á mano para la fiel reproducción
de un cuadro de las dimensiones que ordinaria¬
mente consienten nuestras modernas viviendas.
Doña Catalina Narváez de Ruiz, que es la señora
á quien aludo, demuestra esta verdad con el ejem¬
plo de la bellísima página pictórica de Pradilla La
Rendición de Granada , reducida por medio del bor¬
dado en bastidor á poco más de 2 metros de lon¬
gitud por 1,50 de altura; es decir, á la medida
ordinaria de un cuadro coa figuras de tamaño
pusinesco. El cuadro del esclarecido pintor, que
hubiera podido muy bien, atendidas sus grandes
dimensiones, ser traducido en un gran tapiz de
alto lizo con todos sus pormenores y accesorios, al
quedar reducido á 2 metros largos de amplitud so¬
lamente en otro tapiz tejido, hubiera tenido que
perder todo lo que son menudencias, porque la
gruesa red que forman los lizos con la trama había
necesariamente de dejar burlada toda la maestría,
toda la habilidad y diligencia del más experto ar¬
tífice; mientras que traducido á un bordado de bas¬
tidor de 2 metros de largo en un paño de raso
fuerte sin trama visible uha dado por resultado una
primorosa obra parecida á la pintura de un consu¬
mado acuarelista — un Mr. West ó un Arbós, por
' ejemplo, — un acuarelista valiente y brioso en cier-
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22 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.® xv — 239
tas partes, como en las sombras del primer término
y en el modo de atacar los tonos calientes de los
ropajes; en otras partes minucioso miniaturista,
como en las oaras y manos de las personas, en el
empaste y medias tintas de las carnes y en la
suave gradación de luces y sombras, en el modo
de acusar todos los accidentes de la tez, fresca y
tersa en las damas y pajes, curtida y rugosa en los
hombres de armas, pero siempre claro, definido y
sin la menor confusión.
El procedimiento que ¿ la inspirada autora ha
sugerido su privilegiado ingenio es de todo punto
original; ella, como ha dicho muy atinadamente
mi perspicaz amigo Kasabal, maneja la aguja como
el pintor maneja el pincel. Sobre una superficie de
raso, tersa como una cartulina de Brístol, pone las
hebras de seda y da las puntadas de una manera que '
no se explica con palabras, pero cuyo resultado es
maravilloso, porque, sin más elementos que sus agu¬
jas y sus hebras de centenares de matices, reprodu¬
ce el cielo con sus luminosos y nacarados vapores,
la tierra con sus surcos, sus arboledas y sus veladas
lontananzas, los grupos de moros y cristianos con
sus característicos trajes; los hombres, los caballos,
los arneses, las guarniciones, las armas, las bande¬
ras, y hasta los adornos y joyeles que resaltan sobre
las ropas; y acusa el aspecto externo de cada obje¬
to, animado ó inanimado, según su naturaleza, con
la fidelidad del espejo, de tal suerte que no es po¬
sible dejar de distinguir con toda claridad lo que es
agua, lo que es cielo, lo que es fronda, lo que es
tierra, y el hierro, y el oro y la plata, el paño, la
felpa, el cuero, el pelo (1). Asusta el considerar el
incontable número de puntadas que se habrán te¬
nido que dar para cubrir una superficie de más de
2 metros de longitud, y la paciencia y el tiempo
que habrá sido preciso consumir para llevar á cabo
semejante labor; y sin embargo, no es esto lo que
debe causar admiración, que si á esto redujera
D.a Catalina Narváez el mérito de su obra, des¬
graciadamente para ella podría ponérsela en pa¬
rangón con aquel mal aconsejado escultor de cjuien
nos refiere Yincencio Carduchi, en sus Diálogos
de la pintura-, que encajó en el ojo de una aguja
un Cristo crucifi jado, con la Virgen y San Juan
al pie, siendo así que tales prodigios de pacien¬
cia no requieren más que disposición de instru-
mentos y un lago ó balsa de fiema para hacerlos. ^
Si el mérito del tapiz que nos ocupa consistiese
en hacer á fuerza de puntadas un cuadro de histo¬
ria, bueno ó malo, semejable á la obra de un pin¬
tor, todavía compararía yo á D.a Catalina Narváez
con aquel artífice á quien se le ocurrió labrar uña”
cota de malla de madera, haciendo que cada sorti-
juela fuese de una sola pieza y se moviese por sí
como las de acero, y que todas ellas trabadas for¬
masen la cota. Cuéntase que, conseguido su intento
á fuerza de trabajo y de tiempo, le pareció que su
obra sería digna de un monarca, de quien de se¬
guro recibiría el merecido premio, y así se pre¬
sentó con ella al Emperador, el cual, después de
haberla visto, y considerado más el ‘mal empleo
(1) Véanse las dos respectivas fotografías, que reproducen Ja
una el grupo * que forman los Reyes Católicos y su acompaña¬
miento, y la otra el precedido por el rey moro.
del tiempo y del trabajo que la obra, le dijo: «Her¬
mano, vos tenéis un muy buen ingenio, mas ha-
béislo empleado muy mal; llevaos vuestro gusto,
que yo no le he de tener en cosa que no sepa para
qué pueda ser buena.»
En el caso presente sucede todo lo contrario : el
inacabable trabajo, la paciencia infinita empleada
por la autora del tapiz, desaparecen ante el mé¬
rito artístico que ha convertido una labor de agu¬
jas en un verdadero cuadro lleno de bellezas en
la alta esfera del verdadero arte pictórico.
Es evidente que quien llega á tal grado de per¬
fección en el manejo de la aguja de bordar, tiene
que ser por precisión una excelente pintora..... Y
lo es, en efecto, D.a Catalina Narváez, á tal punto
que su bordado resulta, como se ha visto, un cua¬
dro de grande efecto, y con la ventaja de que se
le puede mirar á todas luces, porque no reluce en
parte alguna como, por desgracia, sucede con casi
todas las obras de pintura al óleo. Es de un mate
simpático, que le hace parecer una grande acua¬
rela con toda la entonación que se sabe dar hoy
á este género de pintura.
Resulta de lo dicho que D.a Catalina Narváez
de Ruiz ha demostrado, en efecto, que los cuadros
de grandes dimensiones, que hoy sólo tienen colo¬
cación, por lo general, en espaciosos edificios,
como iglesias, museos, palacios, universidades,
seminarios, institutos de caridad, etc., para ser
reproducidos en tapicería acomodada á las dimen¬
siones comunes de nuestras viviendas, deben ser
bordados á mano, y no en telar de altos ó bajos
lizos. Resulta igualmente que la tapicería bordada
ó de bastidor, ejecutada como sabe hacerlo la ex¬
presada señora, se presta á reproducir, no en
grandes dimensiones sino en las ordinarias de
dos ó dos y medio metros de longitud, cualquier
género de pintura, desde el tamaño que llamamos
pusinesco , hasta la miniatura; que la tapicería bor¬
dada, ya al uso griego y frigio ó de figuras á con¬
torno con relieve y sin colores, ya con colores al
estilo asirio, y no la tejida en telar mecánico,
era la que ejercitaban con sus aristocráticas manos
aquellas princesas y matronas de los tiempos clá¬
sicos, las Penélopes, Andró macas y Elenas, de
quienes nos hablan lo» poetas é historiadores grie¬
gos; y que para hacer, rejnacer este clásico borda¬
do, por tanto tiempo dado al olvido, lo que prin¬
cipalmente falta son personas de gusto y acauda¬
ladas que sepan apreciar y pagar lo^ que tales_
productos valen, atendidos su mérito artístico y
el gran consumo de tiempo y de paciencia que
exigen.
Pero ocurre preguntar: ¿Habrá quien imite la
abnegación de D.a Catalina Narváez, i n virtiendo
en una labor de capricho, y pór puro amor al arte,
tan considerable repuesto de habilidad y de inte¬
ligencia? ¿Y habrá quien invierta considerables
sumas en la adquisición de tales bordados? Todo
depende de la perfección de la obra, del aprecio
que hagan de ella los hombres constituidos en au¬
toridad, ya eclesiástica, ya civil ó militar, y de la ne¬
cesidad, positiva ó imaginaria, que esté llamada á
satisfacer; porque si el público, que se educa y
forma sus gustos y aficiones
por el ejemplo de los que
le dirigen, se acostumbrara
á preferir este género de
trabajos tan perfectos á los
de los bordadores vulgares
y rutinarios, en los objetos
que los requieren, como
son los tapetes, los coberto¬
res de invierno, las ropas
de altar, las vestiduras sa¬
cerdotales y episcopales,
las capas de coro y sus ca¬
pillos, las mitras, palios y
estandartes, banderas, etc.,
la escuela de bordadores-
tapiceros que se formase
bajo la dirección de D.a Ca¬
talina Narváez no estaría
nunca ociosa, y nunca la
faltarían particulares acau¬
dalados y de buen gusto que
la encargaran obras de bor¬
dado clásico historiado, de
la importancia del tapiz de
La Rendición de Granada ,
prefiriéndolas á las copias
al óleo de los más famosos
cuadros del Museo del Pra¬
do. Todo lo antiguo de buen
origen tiene su atractivo, y
así se explica que haya bi¬
bliómanos que prefieran un
carcomido manuscrito pro¬
cedente de cualquier scriptomum benedictino del
siglo xiv, ó un incunable del xv, ó un ejemplar
de la Biblia de Maguncia impresa en 1453 con tipos
de Schoef fer, á las más hermosas ediciones de San¬
cha ó de Didot.
La buena tapicería bordada, de asuntos ya his¬
tóricos, ya alegóricos, ya mitológicos, que tendrá
siempre partidarios entre las personas de depu¬
rado gusto, no podrá rivalizar en el mercado pú¬
blico con la fabricada en telar mecánico, por¬
que hay entre una y otra la misma disparidad que
existe entre un manuscrito original y un impresó.
El bordado á aguja es obra de un artista, el cual
ha de ejecutar. por sí mismo la copia del cuadro
que tiene delante; el tapiz tejido es obra de un
industrial, que se guía servilmente por el cartón
en que se le marcan los contornos y los colores.
Aquél es ejemplar único; éste es uno entre mu¬
chos ejemplares. Pero por lo mismo que el tapiz
historiado .bordado á. aguja es _ de mayor prez que
el tejido, y es obra mucho más lenta que la fabri¬
cación de éste, y sale infinitamente más caro,
fuerza era que cayese en desuso, si no en completo
abandono, el día en que, por una serie de extraor¬
dinarios acontecimientos, la tapicería tejida, mé-
nos perfecta pero de fabricación rápida y relati¬
vamente barata, apareciese como el instrumento
más á propósito para solemnizar el advenimiento
de todo un nuevo orden de cosas y de una nueva
era en las naciones europea^. Y, en efecto, esos
acontecimientos se' presentaron uno tras otro en
el siglo xv, época la más gloriosa para la Monar¬
quía española, porque en él se consumó, bajo el
prudente cetro de los Reyes Católicos, el triunfo
conmemorado en el lienzo del inspirado Pradilla,
que arrojó al islamismo de Granada, es decir, de
su último baluarte en Europa. Un gran impulso
providencial hacía al mundo redoblar sus ener¬
gías: Cristóbal Colón y Américo Vespucio com¬
pletaban con el descubrimiento de América la re¬
dondez del orbe terrestre; Gutenberg y Schoeffór
extendían hasta lo infinito el alcance de la pala¬
bra humana, antes reducida á estrechos límites;
robustecíase la obra de la formación de las gran¬
des Monarquías con la centralización á que tan¬
to deben las naciones modernas, y aumentaba el
prestigio del poder real, preciosa salvaguardia de
la paz pública contra los conatos de rebelión de
los grandes y los instintos anárquicos de la ple¬
be. El elemento letrado, los juristas formados
en la Escuela del Derecho justinianeo, pudieron,
á la sombra de un trono firmemente cimentado
con los actos de energía y de verdadera virtud cris¬
tiana de los Reyes Católicos, propagar más eficaz¬
mente la doctrina de que la potestad Real debía
ser una y absoluta, como lo había sido la impe¬
rial , su norma y matriz.
Desde el momento en que las naciones se aco¬
modaron, con más ó menos docilidad y con más ó
menos enérgicas protestas de parte de las clases
privilegiadas, á este régimen político, lo que más
urgía era presentar ante sus ojos esa potestad Real
omnímoda como una emanación de la Divini¬
dad, y rodearla de todo el prestigio y de todo el
aparato posible de esplendor y magnificencia. De
aquí el lujo deslumbrador de tapicerías de asuntos
de todo género que durante los siglos xv y xvi
se desplegó en las cortes de Europa, algunas de
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240 — n.° xv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abril 1898
las cuales sobrepujaron en
esta clase de ostensible
grandeza á los mismos
egipcios y babilonios. La
tapicería colgada, de la
cual conservan todavía be¬
llísimos ejemplares mu¬
chas poblaciones de Fran¬
cia, Bélgica, Inglaterra,
Italia y España, era de ne¬
cesidad absoluta en aque¬
llos tiempos. Debo citar
entre las más notables las
que forman las colecciones
de Nancy, Yalenciennes,
Reims, Bayard, la Chaise-
Dieu, el Louvre, Berna,
Aix, Aulhac y Beauvais,
todas historiadas, repre¬
sentando, ya pasajes de la
Historia Sagrada, ya lan¬
ces de* la guerra de Troya
y otros hechos heroicos,
ya fiestas palacianas, ó tor¬
neos ó escenas de monte¬
ría. 1 Porque no solamente
se cubría con colgaduras
de tapices la desnudez de
las paredes, sino que se
usaban además en todas las
ocasiones solemnes, civiles
y religiosas, como procesio¬
nes, en los claustros de las
catedrales, entradas de
príncipes y enlaces dé f á-
milias Reales, para dar un
aspecto risueño á las ca¬
lles, y plazas públicas. Fi¬
guraban además cómo col¬
gaduras en las salas de los
festines, en los torneos, re¬
vistiendo las barreras y las
galerías que ocupaban los
espectadores, y en estos ca¬
sos eran sus asuntos haza¬
ñas de héroes. Estos asun¬
to s alternaban , según la
oportunidad y circunstan¬
cias, con otros de la histo¬
ria antigua, ó con hechos
Dr. Adrián de Garay. Dr. J. J. Ramírez de Arell&no.
Dr. Guillermo Gaviño. Dr. Femando Altamirano. Dr. Jesús E. Monjarás.
LOS DELEGADOS MEJICANOS,
(De fotografía de Femando Deba*.)
fabulosos de los tiempos
heroicos, ó cacerías de ani¬
males feroces, ó boscajes,
ó escenas de la vida común
y campestre. En lujo de ta¬
picerías no le iba en zaga
Europa al Oriente, cuando
Luis IX de Francia pudo
regalar al Khan de los
mongoles una tienda de
campaña de tapicería en
que se representaba L a
Anunciación, y cuando
Juan de Nevers pudo pagar
una parte de su rescate á
Bay aceto I, después, dé la
derrota de Nicópolis, en
tapices de Arras que r re¬
presentaban la Historia de
Alejandro .
No por haber cesado las
causas que motivaron el
gran desarrollo de la ta¬
picería tejida en los si¬
glos xv y xvi, cesaron
oportunas aplicaciones de
esta útilísima industria ar¬
tística en los siglos siguien¬
tes hasta nuestros días; de
modo que puede decirse
que al echar mano de este
precioso instrumento co¬
mo auxiliar del culto ex¬
terno de la potestad regia,
se vino á consagrar para lo
futuro su empleo en todas
las ocasiones en que con¬
viniese ostentar autoridad,
fastuosidad y grandeza. '
Mas no por esto la fabrica¬
ción de la tapicería histo¬
riada de alto lizo ha podido
sostenerse como industria
lucrativa, y bajo este as¬
pecto, este arte y el de la
tapicería bordada á mano
han corrido igual suerte.
CONGRESISTAS EXTRANJEROS Y ESPAÑOLES DE LA SECCIÓN DE HIGIENE MILITAR Y NAVAL.
MADRID. -IX CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.# xv — 241
MADRID. -IX CONGRESO DE HIGIENE Y DEMOGRAFÍA.
CONFERENCIA DEL DR. CAJAL EN LA ACADEMIA DE MEDICINA. — RECEPCIÓN EN EL PALACIO REAL.— VISITA AL HOSPITAL MILITAR.
BANQUETE EN EL TEATRO REAL.— RECEPCIÓN EN EL AYUNTAMIENTO.
(Dibujo de Comba.)
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242 — n.° xv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Abril 1898
Ahora bien; ¿renacerá la gran tapicería tejida,
como se procara que renazca la primorosa tapice¬
ría bordada? Creo que no, porque falta la necesi¬
dad que ha de satisfacer, al menos mientras se con
serven, con buenas ó malas restauraciones y re¬
miendos, los ejemplares de tapicería antigua de las
fábricas de Arras, Bruselas, etc., con las cuales se
acude á las no muy frecuentes urgencias ac¬
tuales.
Pero si esta tapicería ha de renacer, cuando sé
hagan cartones para representar con ella alegorías
ó asuntos de Historia sagrada ó de hagiología, en
vez de imitar el realismo de los flamencos, pro¬
cure el pintor inspirarse en el grandioso estilo de
los maestros italianos del tiempo de Rafael, que
son admirable escuela de sencillez, elegancia y
decoro. El dibujo para la tapicería debe ser, como
para la pintura mural, sobrio, reposado, sin ex¬
presión demasiado individual y concreta.
En cuanto al renacimiento del bordado clásico
antiguo, histórico ó legendario, no monumental
sino primoroso, inaugurado ya con gran acierto en
la reproducción del cuadro de La Rendición de
Granada por D.a Catalina Narváez de Ruiz, en¬
tiendo que este género de labor puede muy bien
tener aplicación al sinnúmero de objetos que he
señalado en el cuerpo de este artículo, y que ya la
expresada señora, al elegir para muestra de su no¬
ble propósito y de sus generosos alientos ese cua¬
dro, nos ha dado á entender que sabe discernir lo
que hay de verdadero ó de supuesto en las tradicio¬
nes recogidas por los antiguos escritores griegos
y latinos, y con muy buen acuerdo, huyendo de la
excesiva austeridad del bordado griego y frigio,
en que se supone que las figuras eran del mismo
color que el fondo (cosa singular en una raza de
tan exquisito gusto como la helénica), ha adoptado
el bordado de colores de los asirios, con lo cual da
mayor amenidad y atractivo á su trabajo.
Sólo falta, para que esta inauguración se haya
verificado bajo felices auspicios, que se realice
cierto rumor acreditado entre el público que estos
días atrás acudió á la exposición de tan peregrina
obra en la Real Academia de San Fernando, se¬
gún el cual habría resuelto S. M. la Reina que el
tapiz de D.a Catalina Narváez de Ruiz pasase á ser
ornato del regio Alcázar. El bello marco de ro¬
ble con relieves del renacimiento español del si¬
glo XVI , que desde luego revelan el primoroso
hierro del tallista y dorador P. José Suárez, está
por su parte reclamando no menos augusta dedi¬
cación.
Pedro de Madrazo.
EL 3DILT7TTIO.
, Como nube fatídica y sombría
Descarga la impiedad sobre la tierra;
Rompen sus diques, pregonando guerra,
La torpe envidia y la soberbia impía.
Ruge desenfrenada la anarquía
Y su rugido al Universo aterra,
Salta el vicio del cauce que lo encierra
Y la maldad levántase bravia.
El hombre mata al hombre en lid sañuda;
La humana estirpe á la verdad imnola
Tras batalla feroz, tremenda y ruda;
Avasallante crece negra ola,
Y en el mar tenebroso de la duda
¡El Arca de la Fe navega sola! .
M. Blanco Belmonte.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
La fruerra yankee y las ideas: cristiandad y humanitarismo de aquel
pueblo. — Misticismo hipócrita. — Procedimiento de usurpación
que siguen. — Anexión de Tejas y Hawai. — Lo que será Cuba en¬
tregada á si misma.— Canonización de Cristóbal Colón.
braham Garfield, aquel presidente
~ 1 de los Estados Unidos que por su sa¬
ber, por su bondad y por las univer¬
sales simpatías que supo despe rtai
era el reverso del callejero Mac-Kin-
ley, dejó escritos notables pensamientos
en sus mensajes, y uno de ellos fue éste
«Las ideas son los grandes guerreros de)
mundo; una guerra sin ideas es una brutali¬
dad. » Hace dieciocho años que aquel varÓB
íntegro consignó estas frases, y hoy pueden apli¬
carse con toda justicia y verdad á la campaña que
contra nosotros ha emprendido el abigarrado y
orgulloso pueblo yankee. Ninguna idea le mueve
para arrastrarnos á la guerra, porque no son ideas
los ruines propósitos de usurpación y de despojo
que le animan. Las ideas reciben este nombre
cuando encierran algo noble y levantado, y en la
contienda presente, preparada ó hipócritamente
desarrollada desde que la infame insurrección cu¬
bana empezó, nada hay de levantado ni de no¬
ble; no hay ideal alguno de esos que impulsan á
las naciones á cumplir con sus deberes ó á reali¬
zar grandes empresas; no hay más que el crimi¬
nal atrevimiento del que se cree grande y pode¬
roso de pisotear y esclavizar al que consideran que
es pobre y pequeño. Eternos mercaderes que tra¬
tan de legitimar sus rapiñas ocultando la mano
con que roban detrás de la Biblia, á su gusto in¬
terpretada, hablan hoy, al lanzarnos el reto gue¬
rrero, de los deberes cristianos y de la humani¬
dad; ellos, los verdugos de la guarnición rendida
de Fort-Pillow; los autores de las matanzas de los
prisioneros de Andersonville y de Salisbury; los
héroes de la carnicería del valle de Shenandoah;
los incendiarios, saqueadores y fieras que brilla¬
ron en la destrucción de Columbia, de Atlanta y
de Richmond ; los colaboradores del general But-
ler, que consideró á las señoras de Nueva Orleans
como mujeres públicas; los arrasadores de Tejas,
que superaron con su barbarie á la Inquisición
más desenfrenada; los que impávidos vieron pe¬
recer á trece mil prisioneros en el Tennessee, de
treinta mil amontonados en reducido espacio; los
que adornaron sus campos con dos mil quinientos
ahorcados, sin formación de causa; ellos, los ex-
terminadores y usurpadores de los dominios me¬
jicanos; los entusiastas de la ley de Lynch; los que
barrieron entre oleadas de sangre á los indígenas
sioux, vintas, navajdes, white mountains y che-
y ennos, acorralándolos lejos de todo contacto con
el mundo después de haberlos diezmado; los que
tratan, no como á hombres, sino como á perros
hediondos, á la raza negra que puebla los Instados
del Sur; los que vieron imperar el Ku-Klux-Klan
con todos sus horrores; ellos, los que, teniendo
una historia nacional tan pequeña en el tiempo,
no pueden limpiarla de estas abominaciones tan
grandes en los hechos; ellos, con la Biblia tradu¬
cida al caló yankee y al argot and Slangy ¿nos pue¬
den dar lecciones de cristianismo, ni de humani¬
dad, tratándose de un pueblo como el español,
cuyo único carácter tal vez consiste en que es de¬
masiado creyente, demasiado cristiano y dema-
si ado caballero?
No hay para qué, pues, pretender que exista la
idea de un cristianismo y de una filantropía so¬
ñada entre los alcohólicos arrebatos del whiskey
saloony en los impulsos que han llevado á la gue¬
rra á los norteamericanos. Denominar cristiana á
su conducta es blasfemar cínicamente y usar del
nombre de Dios para robarnos la Isla de Cuba,
después de dejarla convertida en un charco de
sangre y de cenizas; es hacer ridículo alarde de
una hipocresía repugnante.
¡Ojalá que aquel pueblo, tan dado á hacer fra¬
ses místicas en sus patrioteras plataformas, tu¬
viera una idea más cabal y digna de lo que Dios
ordena!
«Cuando doscientos cincuenta mil valientes —
dejó escrito Mr. Garfield— pasaron desde el campo
del honor, á través del diáfano velo, á la presencia
de Dios, y cuando después el presidente mártir
(Lincoln) se reunió con los difuntos héroes de la
República, la nación estuvo tan cerca del velo, que
los hijos de los hombres oyeron las palabras de
Dios.»
Ahora también, la triste condición humana pone
en el caso á españoles y norteamericanos de tras¬
pasar el velo diáfano; pero á tiempo, muy á tiem¬
po, los hijos del Norte-América han podido oir las
palabras de Dios, pronunciadas desde el Vaticano,
y no han hecho caso de ellas. Seguramente volve¬
rán á resonar, lanzadas desde más alto, entre el
estampido de los cañones, repitiendo en los oídos
de nuestros miserables enemigos: maledicteds!
maledicteds! «¡malditos! ¡malditos seáis!» y todo
su poder se estrellará contra nuestra justicia y
contra nuestro valor. God ivilling!
El procedimiento que siguen los yankees para
apoderarse de Cuba es análogo al que siguieron
para anexionarse á Tejas y al que han empleado
en la anexión de las islas Hawai. Empiezan siem¬
pre por promover las tendencias separatistas bajo
el lisonjero y engañoso ideal de que el territo¬
rio se haga independiente y por sí mismo se go¬
bierne; coadyuvan á la rebelión, y logran, en efec¬
to, que se establezca esa independencia pasajera;
el Gobierno del territorio, incapacitado para con¬
tener la mala administración y desórdenes, cam¬
bia sin cesar; los Estados Unidos se sienten moles¬
tados y al parecer intranquilos con semejante
anarquía, y una vez seguros de que nadie se opon¬
drá á su voracidad, proclaman descaradamente sus
propósitos anexionistas, invaden el suelo deseado,
se apoderan de él, y la Unión cuenta, al cabo de
poco tiempo, con un Estado más.
Así ocurrió en Tejas, considerable territorio de
la República mejicana, siempre solicitado por la
avaricia yankee para redondear sus dominios so¬
bre el goifo. Ella incitó constantemente á sus ve¬
cinos á separarse de la nación, consiguiendo su
objeto en 1838, en que Tejas se declaró indepen¬
diente, y desde cuya fecha la nueva é incauta na¬
ción vivió en constantes disturbios. El presidente
de los Estados Unidos J. Polk anunció en su primer
Mensaje, en 1845, que era necesario apoderarse de
Tejas y del Oregón; las tropas federales mandadas
por Z. Taylor avanzaron hasta Río Grande, y mien¬
tras se preparaba esta usurpación, decía el Presi¬
dente en su Mensaje: «El mundo no tiene nada
que temer de la ambición militar de nuestra Re¬
pública, y los Gobiernos extranjeros deben consi¬
derar por lo tanto la anexión de Tejas como la pa¬
cífica adquisición de un país que desea incorpo¬
rarse á nosotros.» ¡Puro cinismo yankee! Tanto
deseaba el país incorporarse á ellos, y tan pacífica
fué la incorporación, que, una vez rotas las hostili¬
dades contra Tejas y Méjico unidos, duró más de
dos años la guerra; se combatió desesperadamente
en Palo Alto, Resaco, Molino del Rey, Chapulte-
pec, Monterrey y Buen avista, y de los 99.000 hom¬
bres que invadieron á Tejas y á Méjico, fueron dar¬
dos de baja 40.000, desertaron 6.000 y perecieron
25.000, costándoles la campaña 150 millones de
pesos. Pero los Estados Unidos triunfaron, y á
consecuencia de esta campaña Méjico convino en
entregar también la Alta California y el territo¬
rio denominado Nuevo Méjico por 20 millones
de pesos. La guerra fué severamente juzgada por
el insigne historiador Spencer, y en el Senado de
Washington tuvo que oir Polk, de labios de los
representantes, que semejante campaña era un
baldón para el Gobierno.
A pesar de ello, la República, usurpadora de la
Florida, de Tejas, de California y del Oregón, se
hizo grande á expensas de tales despojos, y se vió
coronada por el éxito con que la fortuna ayuda á
los audaces. En aquellas comarcas, adquiridas por
20 millones de pesos, se descubrieron en 1848
grandes yacimientos de oro, que para 1850 produ¬
jeron 48 millones de pesos, y sólo en 1852 unos
56 millones. De España eran las Floridas Oriental
y Occidental que limitaban el Atlántico y el Mis-
sissippí, y de España eran Tejas, Méjico y las Ca¬
lifornias; más territorios propios tuvo España en
lo que se llama América del Norte que la Repú¬
blica de la Unión; pero en cuanto sonó la hora de
la independencia, en cuanto aquellos pueblos se
emanciparon, llegó el momento de la esclavi¬
tud blanca y del yugo sajón, y las Floridas y
Tejas y Nuevo Méjico y la Alta California queda¬
ron sujetas al carro de explotadores y egoístas
yankees .
En medio del Pacífico, en los islotes de Hawai,
han realizado los Estados Unidos idéntica hazaña.
Movieron violentamente los ánimos del país, cons¬
pirando contra la dinastía indígena que ocupaba el
trono. Derribado éste, establecieron un gobierno
semiautonómico de cuatro mercachifles norteame¬
ricanos, y al fin, con todo el cinismo de costum¬
bre, enarbolaron la bandera de la Unión en el
palacio de Honolulú, y el archipiélago indepen¬
diente quedó esclavo, es decir, anexionado.
• *
Si, lo que no esperamos, la suerte de las armas
nos fuera adversa, y el suelo y el clima cubano y
nuestros soldados no lograran aniquilar ¿ los in¬
vasores yankees , y Cuba pasara ¡por la fase inter¬
media ya dicha de la fugaz independencia, entre¬
gada la Isla á las pasiones, odios y barbarie de la
gente de color y á la fatua incapacidad de los se¬
ñoritos vagos de las ciudades, habladores y soña¬
dores sempiternos, ¿cuál sería la suerte del terri¬
torio antes de llegar á la definitiva fase de la
esclavitud ó anexión á los Estados Unidos, irre¬
mediable término de tan 'sangriento drama?
Conteste por nosotros el general haitiano Ma-
rius, que acaba 'de dirigir desde París una carta ¿
Mac-Kinley, y cuyo texto ha publicado el New
York Eerald ..... «Cuba, dice, se convertirá en
otro Haití, que ha tenido diecisiete presidentes
desde que logró su independencia; de los cuales,
uno sólo, Nissage, bajó sano y salvo del poder. De
los demás, fueron asesinados Dessalines, Henry
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22 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
k.° xv — 248
y Guerrier; fu A fusilado por los rebeldes Salnave;
consiguió huir mal herido Domingo; otros diez
fueron desterrados, después de haberse librado
huyendo de ser f asilados; y, en fin, Hipólito mu¬
rió victima de la pesadumbre y de la locura por
haber exterminado á muchos infelices en 1891.
La población de Haití, que cuando era española
sostenía un tráfico mercantil de 408 millones,
apenas alcanza hoy á 120.» Tal es el porvenir que
le espera á ¡Cuba libre !, si llega á serlo, para verse
después devorada por la insaciable rapacidad de
la Unión americana.
Cuando todas las furias del infierno parece que
se desatan contra la nación que descubrió la Amé¬
rica; cuando Europa, incluso los gloriosos, magná¬
nimos, poderosísimos y tremendos portugueses,
nós perdonan la vida, haciendo alarde de su mise¬
ricordiosa neutralidad ante las fanfarronerías é
infamias del pueblo del oro, para que éste no se
disguste ni se irrite, y para evitar que aquí las
potencias se hagan pedazos en una hecatombe in¬
ternacional; cuando desde América se cierne so¬
bre nosotros la última de las miserias, se asegura
que va á ser un hecho en Roma la beatificación de
Cristóbal Colón, del providencial genio «que trajo
las gallinas». El periódico italiano La Stampa pu¬
blica un informe autorizado en el que se mani¬
fiesta que la Congregación de Ritos había suspen¬
dido los trámites del expediente de beatificación
porque no era posible demostrar con suficientes
testimonios que Colón tuviera á su Jiijo Diego en
legítimo matrimonio. Ahora, según parece, ha lo¬
grado el investigador fiscal de la caqsa, después de
largos y minuciosos trabajos de registro, compul¬
sa y análisis de documentos en multitud de archi¬
vos, encontrar la partida original de casamiento
de Cristóbal Colón, y en su consecuencia, abierto
de nuevo el expediente, trabájase en él con tanta
actividad como cuidado, y circula la noticia de que
el éxito será completo y de que no habrá dificul¬
tad alguna para que el gran hombre que figura en
lugar incomparable en los monumentos públicos
figure en los altares.
Si así sucede, podrá repetirse ahora con más ra¬
zón que nunca, respecto al nuevo San Cristóbal:
«que atravesó los mares llevando sobre sus hom¬
bros, con la doctrina redentora de Cristo, al Cristo
mismo», lo que dejó admirablemente escrito el
poeta Giambatista Marino:
Portó di la dal rio
II devoto Gigante,
Qaa si supposto al Cid celeste Atlante,
Sorra le spalle il gran figlioul di Dio;
Ma ceda á' me’ poich’io
Sal legno ardito mió
Christo portai , Christoforo secondo
Di lá dal mare, anzi di lá dal mondo.
\
Allí llevó Colón al Cristo y allí dejó establecido
el eterno Calvario de España, donde tanta sangre
ha derramado y derramará. Liquidadas las cuen¬
tas, resulta que el descubrimiento de las Indias
Occidentales fué un desastre interminable para
nuestra patria. Ganó con ello mucha gloria y al¬
gún dinero, que fugazmente pasó por la nación
para desaparecer en los abismos del resto de Eu¬
ropa, y perdió en cambio la mitad de su población,
y con ella los brazos y las energías para sostener
el glorioso puesto que había logrado ocupar en el
mundo durante el siglo xvi. Cien años después
no teníamos ni gente, ni poder, ni autoridad, ni
recursos, aunque poseíamos muchas Indias. Difí¬
cilmente pudimos salir después de tan triste si¬
tuación. Ahora, cuando empezábamos á resucitar,
nos ha empobrecido y continúa desangrándonos
la poca América que nos quedaba. Pero la mala
suerte no se vincula en los pueblos; y como aun
quedan aquí mucha resistencia de raza, mucha se¬
renidad, mucha hiel en las entrañas y mucha
fuerza en los puños, el mal concluirá, y sabemos
mirar cara á cara al resto del mundo con más en¬
tereza, más honor y más bríos que nunca. Nada
tendremos que agradecer á las demás naciones, ni
aun aquellas que, teniendo sangre española en las
venas, se vean gravemente amenazadas por la he¬
gemonía, por el poder tiránico del montón de mi¬
llones de yankeesy que, dueños acaso de las gran¬
des Antillas, les impongan desde ellas su despó¬
tica voluntad. De este peligro seguro sólo podrá
verse libre la América latina si conseguimos que
Cuba y Puerto Rico continúen, gracias á nuestro
esfuerzo, emancipadas del vergonzoso yugo anglo¬
sajón. Inielligenti pauca, '
Ricardo Becerro de Bengoa.
Apremios del espacio, y
la indiferencia de la aten¬
ción pública, fija en asun¬
tos de mayor interés é im¬
portancia que lo que á los
espectáculos se refiere, nos impiden hablar tan
detalladamente como quisiéramos de los aconteci¬
mientos teatrales ocurridos durante la pasada se¬
mana. Nos limitaremos, pues, á dar breves noti¬
cias de ellos, dejando para otro lugar y mejor
ocasión comentarlos como se merecen.
PRÍNCIPE ALFONSO.
La noche del pasado viernes se representó La
( Jioconda , ópera con que debutaron la soprano
dramática Sra. Gabbi y el tenor Sr. Sigaldi. La
primera demostró ser una artista dotada de exce¬
lentes facultades; canta con notable expresión,
delicadeza y exquisito gusto, y sabe decir con
gran sentimiento dramático, por lo que mereció
muchos y ruidosos aplausos. El Sr. Sigaldi, cono¬
cido ya de nuestro publico, dijo muy bien la parte
de Enzo, y alcanzó también muchos aplausos, es¬
pecialmente en la romanza del segundo acto, que
cantó de modo inmejorable.
Muy bien secundaron á los citados artistas las
señoras Mas y Zawner, y los Sres. Modesti y Ros-
sato, así como los coros y la orquesta.
•
• •
La noche del 16 se verificó el estreno de La fío -
heme . El éxito fué inmejorable, y en la imposibi¬
lidad de detallar las muchas bellezas que contiene
la obra, nos limitaremos á enumerar los trozos más
sobresalientes, que el público escuchó con gran in¬
terés y celebró con verdadero entusiasmo. En el
primer acto descuella principalmente el dúo final,
que constituye una página brillantísima, y que fue
muy bien cantado por la Sra. Stehle y el Sr. Garbín,
quienes tuvieron que presentarse en escena varias
veces al terminar tan inspirado trozo. El segundo
acto es de conjunto casi en su totalidad, y única¬
mente se destaca de dicho conjunto, que está per¬
fectamente estudiado y entendido, un vals de her¬
mosa factura, deliciosamente cantado por la seño¬
rita García Rubio, y aplaudido con justicia. El ter¬
cero es, indudablemente, el mejor de la ópera; el
terceto de tiple, barítono y tenor es hermoso so¬
bre toda ponderación, y muy especialmente la
parte de tenor, delicadísima é inspirada, que va¬
lió al señor Garbín una de las más calurosas ova¬
ciones por la brillante manera con que supo inter¬
pretarla. El cuarteto con que termina este acto es
simplemente un prodigio, y el público, subyugado
por su belleza, pidió insistentemente la repetición,
haciendo al final de ésta una ovación calurosísima
á las Srtas. Stehle y García Rubio, y los Sres. Gar¬
bín, Modesti y Vigna, que llevó la orquesta magis¬
tralmente. Al terminar el acto tercero, el éxito
grandioso de La fíohéme pudo darse por indiscu¬
tible, viniendo á confirmarlo y aumentarlo el
cuarto y último, que es todo él una maravilla de
gracia y de inspiración. En él sobresalen las esce¬
nas del baile y del desafío, que fueron con justicia
muy celebradas; la muerte de Mimi, momento al¬
tamente dramático y conmovedor, que aplaudió
extraordinariamente qI público, y una preciosa
canción interpretada por el Sr. Rossato de un
modo notable.
Por lo dicho compréndese que la interpretación
de la nueva ópera nada dejó que desear. La seño¬
rita Stehle, que debutó con ella, es una cantante
de primer orden y una consumada actriz dramá¬
tica, que puede compararse ventajosamente con
cuantas se han presentado ante nuestro público.
De los demás artistas nada añadiremos á lo ya
dicho: todos cumplieron su cometido á la perfec¬
ción, contribuyendo á aumentar el grandioso éxito
de La fíohéme , éxito verdadero y grande como
pocos.
ESPAÑOL.
Liliput , drama en tres actos estrenado la no¬
che del pasado viernes, no fué del agrado del pú¬
blico, que en diferentes ocasiones dió muestras
demasiado claras y ruidosas de la poca complacen¬
cia con que oyó la nueva producción.
De los artistas que tomaron parte en la repre¬
sentación del drama merecen mención especial
las Sras. Guerrero, Ruiz, Guillén y Cancio, y los
Sres. Díaz de Mendoza, Jiménez, Carsi, Cirera y
Allen-Perkins.
• •
Para hoy está anunciado el estreno de El Hom¬
bre negro , original de D. José Echegaray.
PARISH.
La noche del viernes debutó la eminente tiple
Srta. Milagros Gorgé, que fué acogida por el pú¬
blico con gran entusiasmo. Nada han amenguado
las portentosas facultades de la distinguida artista,
que hizo prodigios de agilidad, alcanzado justa¬
mente ruidosos aplausos durante toda la represen¬
tación.
LARA.
La Jota y juguete cómico en verso, estrenado la
noche del beneficio de la Srta. Moreno, no gustó
á la concurrencia. La beneficiada, que fué muy
aplaudida en las demás obras en que tomó parte,
recibió numerosos regalos de gran valor y gusto
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244 — n.® xv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 * Abril 1898
LIBROS PRESENTADOS
i ESTÁ REDACCIÓN POR AUTORB8 Ó EDITORES.
V^es Hópitsux Milltaire* de I* He de
Cuba pendant La guerre actuelle , por el doc¬
tor Larra y Cerezo. , , , . .
Hemos recibido ejemplares de la interesante
comunicación dirigida al Congreso Internacio¬
nal de Higiene y Demografía por el Dr. Larra
y Cerezo, lujosamente editada por el Depósito
de la Guerra. .. .
De un modo gráfico y en artísticas láminas
preséntase el mapa sanitario de la Isla de
Cuba, planos de la Habana con sus estableci¬
mientos sanitarios , la estadística sanitaria de
la Isla, con distribuciones parciales geográficas
de la fiebre amarilla, heridos, paludismo, disen¬
tería, fiebre tifoidea y tuberculosis. En otros
cuadros se estudia la distribución topográfica
de las heridas sufridas, la mortalidad y morbi¬
lidad por cuerpos del ejército, gráficas compa-
ratiTas, y, por último, acompañan planos des*
criptÍY08 del Hospital de Alfonso Allí y del
barco- hospital San Ignacio de Logóla . Este
trabajo constituye casi un libro, que ha sido
muy solicitado por los congresistas.
La ciencia española responde elocuentemente
con él á las calumnias de nuestros enemigos.
La nación que ha realizado la gran obra hu¬
manitaria que las estadísticas presentadas por
el Dr. Larra demuestra; el pueblo que después
„ de cuantiosos sacrificios cuenta con un cuerpo
de Sanidad Militar tan abnegado como labo¬
rioso, bien merece, ya que no cumplida justicia,
pues tales cosas no son de uso diario en esta
época, por lo menos el respeto y la admiración
de todas las naciones cultas.
Desde lejanas tierras. — Galería de narra¬
ciones ilustradas para la juventud, colecciona¬
das por un Padre de la Compañía de Jesús.
La casa editorial Herder, de Friburgo de
Brugivia (Alemania), ha emprendido la publi¬
cación de libros para premios y regalos, á fin
de oponer la sana doctrina católica á las anti¬
rreligiosas de otras obras que circulan con la¬
mentable profusión. _ - ,
Las narraciones que contiene esta Galena, se
desenvuelven en país extranjero, y su objeto
principal es describir los episodios de la vida
militante de los misioneros católicos, ó las vi¬
cisitudes á que se han visto expuestos los indí¬
genas recién convertidos. Se consagra en ellas
atención preferente á la pintura fiel del te¬
rritorio , y de las tradiciones y costumbres de
ELEONORA DUSE,
EMINENTE ACTRIZ ITALIANA.
los pueblos en cuyo seno se desarrollan los su¬
cesos, siendo por lo tanto muy .á propósito para
comunicar á los jóvenes lectores no pocos co¬
nocimientos de geografía é historia. Otra utili¬
dad mayor pueden producir todavía: la de ofre¬
cer intuitivamente una lección determinada
por medio de ejemplos, que promueven el es¬
píritu de imitación. Finalmente, la circunstan¬
cia de ser los héroes de esas narraciones contem¬
poráneos de aquellos para quienes en primer
término se han escrito, las ha de hacer sin duda
doblemente simpáticas á nuestra juventud.
Van estas sencillas narraciones Desde leja¬
nas tierras ilustradas con primorosas láminas.
De esta galería hemos recibido El cautivo
del Corsario, por F. S.; La Expedición d Nica¬
ragua, por el P. Spillmann, y Los Hermanos
coreanos del mismo autor, bonitos libros en 12.°,
ilustrados con cuatro grabados cada uno.
Láminas sueltas.— Hemos recibido el segundo
número de esta notable publicación, editada
con lujo é ilustrada con fotografías de Lokner,
que lleva el subtítulo en La Corte de Napoleón
( Mme . Sans-Oéne), y resulta interesantísimo.
Contiene: La Corte de Napoleón ó la corte
de Ceferino , por F. Serrano de la Pedrosa, y los
grabados: Napoleón; Catalina y Neipperg; Ma¬
dama Sans-Gene y el modisto; Mme. Sans-Géne
y el zapatero; Catalina y Lefévre; Despedida
de Neipperg; La recepción; Lefévre; Mme. Sane-
Gene; La Maríscala y Napoleón; ¿Traidor?»...;
escena final de la obra. Retratos de varios per¬
sonajes.
Se halla de venta en la librería del Salón del
Heraldo de Madrid al precio de 0,75 pesetas.
Feria-Concurso A (fricóla.
Hemos recibido el número 6.° de la revista
Feria- Concurso Agrícola; y así por las impor¬
tantes materias que trata, como por el gran in¬
terés que reviste para los productores que se
presentan en el gran Certamen próximo á ser
inaugurado en Barcelona, juzgamos dicho nú¬
mero uno de los mejores de publicación tan
excelente.
Hé aquí el sumario:
Nuestra Feria- Concurso Agrícola: La sec¬
ción IV, por D. José Balcells.— Programa del
concurso canino. — Dietario y orden de los
Concursos especiales de Ganadería. — Progra¬
ma de premios y recompensas en las exhibi¬
ciones permanentes: Reglamento del Jurado. —
La apicultura en la Feria-Concurso Agrícola.
— Lo que dice la prensa. — En pro de la Feria-
Concurso: Junta de propaganda.— Valladolid.
— Noticias y avisos. — Anuncio. — C.
UN DÍA de acontecimientos notadles.
«Yo no puedo acordarme — deda un caballero
anciano— si esto tuvo efecto antes ó después de
haber yo ido á Londres; mas ahora recuerdo que
fué después, porque el día mismo en que mata¬
ron á ese pobre infeliz le había yo «atado refi¬
riendo mi visita á la iglesia de San Pablo, á la
abadía de Westminster, etc., etc.*
El lector podrá ver lo poco que este hombre
había viajado. Nacido en el extremo Norte de
Inriaterra, casi nunca había salido de su pueblo
nativo, y cuando en su vejez fué á la gran ciu¬
dad para pasar allí algunas semanas, llegó á
ser este viaje un acontecimiento notable y el
único de su existencia, de tal manera, que siem¬
pre calculaba la época en que alguna cosa había
sucedido, con referencia á este viaje, diciendo
que la tal cosa había sucedido antes ó después
de su visita á Londres.
Asimismo, aun la historia del mundo contiene
pocos detalles, siendo en su mayor parte una
historia de las naciones, reyes, guerras y catás¬
trofes; una’ cadena de montes,: de los cuales sólo
vemos las cúspides más altas. Lo mismo sucede
también durante la vida de las personas , cuyos
principales acontecimientos dan colorido á todo
lo demás: El día en que experimentamos un gran
bien ó un gran mal es un día separado do todos
los demás, como un general á la cabeza de su
ejército, haciendo una grandísima impresión en
nuestros corazones , como una letra grabada en
mármol.
A una ocasión de esta clase es á la que se re¬
fiere el Sr. Teófilo Vindel cuando dice lo siguien¬
te: « Fué un día notable mi vida. » No había he¬
redado una fortuna de algún pariente distante, ni
había encontrado un diamante de inestimable
precio en la calle; pero había hallado una cosa
machísimo mejor, es decir, su salud perdida, la
cual acababa de recobrar después de seguir el
consejo que le habían dado.
« No hallo palabras suficientes para darle á
usted gracias— escribe— por el grandísimo favor
que acaba de conferirme. Después de haber es¬
tado sufriendo por espacio de ocho años me he
restablecido por completo tomando solamente
dos botellitas de su remedio, y cada vez que me
acuerdo de esta medicina me parece como si la
hubiera recibido de las manos de algún santo.
En verdad, fué un día muy notable de mi vida
cuando mi amigo el Sr. Bartolomé Gómez , de
esta ciudad, me aconsejó que tomase el Jarabe
Curativo de la Madre Seigel. Solamente las per¬
sonas que hayan sufrido de indigestión inflama¬
toria crónica pueden realizar en su justo valor
mis continuos y terribles padecimientos, que casi
me tenían baldado, sin poder descansar ni
dormir.
»E1 sabor de mi boca era en extremo desagra
dable, habia perdido el apetito y no podía dige¬
rir lo poco que comía. Cada vez me iba poniendo
más delgado, sin el ;menor deseo de trabajar,
triste y abatido; de modo que la vida había per
dido para mí sus encantos. Pero durante los úl
timos cuatro meses mi apetito ha sido excelente
y me voy poniendo más grueso. En una palabra,
estoy ahora lleno de vigor, en perfecta salud y
contento. Le envío á usted, pues, estas pocas
líneas, no solamente para mostrarle á usted mi
gratitud, sino también para que las publique si
así lo creyese conveniente.— (Firmado): Teófilo
Vindel, Kascafría, 25 de Octubre de 1897.*
«Me valgo de esta oportunidad — dice otra per¬
sona — para informarle á usted que por espacio
de cinco años he estado sufriendo de indigestión
inflamatoria, sin hallar el menor alivio no obs¬
tante las muchas medicinas que tomaba, pues
aun los mejores medicamentos no me servían de
iotra cosa sino para aliviarme por un poco de
tiempo. Hace algunos meses llegó á mis manos
uno de los libritos de usted describiendo el reme¬
dio para esta clase de enfermedades; y aunque
imaginé que seriatan inútil como todos los de¬
más que yo había antes tomado , no quise por eso
dejar de probarlo. Y habiendo empezado á hacer¬
lo, me sentí mejor después de haber tomado la
primera botella, lo cual me indujo á seguir, con
el resultado* de que ahora me hallo en perfecta
salud, debiendo mi cura al Jarabe Curativo de la
Madre Seigel, cuyo hecho no titubeo de afirmar
en Jo más mínimo. Este es un remedio que reco¬
miendo á todo el mundo. — (Firmado): Joaquín
Uribe, Huércal-Overa (provincia Almería), 2 de
Septiembre de 1897.»
Es un hedió que nunca apreciamos lo que te¬
nemos hasta el día en que llegamos á perderlo
por completo. De este modo nunca apreciamos el
| valor infinito de nuestra salud hasta que la he-
1 mos perdido. Y cuando la recobramos , si es que
llegamos á recobrarla, nuestro contento y satis¬
facción no tienen límites. Nuestra alegría es en¬
tonces grandísima, y estamos agradecidos á un
resultado tan feliz, cuyos sentimientos son natu¬
rales al paso que agradables. Pero nuestros co-
I rresponsales van aún más adelante, pues desean
que todo el mundo conozca la medicina á la cual
deben su nueva vida y vigor. Y esperamos asi¬
mismo que el día en que este artículo sea leído
por otras personas que estén sufriendo, sea para
ellas un día notable de su existencia, en el sen¬
tido que el Sr. Teófilo Vindel emplea estas pala
bras.
El Jarabe Curativo de la Madre Seigel está de
venta en todas las farmacias, droguerías y ex-
Íiendedurías de medicinas del mundo. Precio del
rasco, 14 reales; frasquito, 8 reales.
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rros á los propensos á resfriarse, friccionándose á diario suavemente el pecho. En frascos, far¬
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AÑO XLII. — NÚM. XVI
ADMINISTRACIÓN:
ABEK A L, 18.
Madrid, 30 de Abril de 1898.
D. MANUEL DESCHAMPS,
CAPITÁN DEL TRANSATLÁNTICO «MONTSERRAT», QUE BURLÓ EL BLOQUEO DE LAS COSTAS DE CUBA.
(De fotografía de Franzen.)
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24(5 — n.# xvi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Abril 1898
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Episodios de guerra
marítima. Combate de Puerto Cabello, por D. Cesáreo Fernández
Duro. — A la república yankee, poesía, por D. Carlos Luis de Cuen¬
ca.— El capitán del Montserrat, por D. Gabriel R. España.— Por qué
el sol no se apaga, por D. Luis Calvo Re villa.— Por ambos mundos.
Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa.—
Sueltos. — Libros preentados á esta Redacción por autores ó edito¬
res, por C.— Anuncios. , , . ,
GRABADOS.— Retrato de D. Manuel Deschampa, capitán del transat¬
lántico Montserrat , que burló el bloqueo de las costas de Cuba.— La
oficialidad del transatlántico Monteen at á bordo del mismo.— La
Habana: Una manifestación patriótica ante la Capitanía general,
con motivo de los groseros y procaces insultos á España en las
Cámaras yankee* — Retrato de D. Manuel de la Cerda y Gómez Pe-
droso, general de división, subsecretario del Ministerio de la Gue¬
rra. —Madrid: Salida del batallón de León, el 23 del corriente, des¬
tinado á reforzar la guarnición de las Baleares.— Marina de guerra
española : El nuevo crucero auxiliar Rápido , recientemente adqui¬
rido en Alemania.— Madrid: La apertura de Cortes en el Senado. El
pórtico del Palacio del Senado momentos antes de llegar SS. MM.
— Llegada de SS. MM. al Senado. — Ovación tributada á S. M. la
Reina Regente durante la lectura del discurso de la Corona. — Sa¬
lida del Senado de la Mesa presidencial y parte de la comitiva.—
El Senado en pleno dirigiéndose al Real Palacio.— Salida de Palacio
de la Comisión del Senado después de entregar á S. M. la contesta¬
ción al discurso de la Corona.— Croquis de las costas de la Florida
y parte de la del Norte de la Isla de Cuba.— La guerra entre Espa¬
ña y los EE. UU. de Norte-América: La escuadra volante americana
en flampton Road.
CRÓNICA GENERAL.
estamos en guerra con los Es¬
tados Unidos: y como la guerra es
siempre una calamidad para los pue¬
blos (jue la sufren, claro es que la si-
tuacion anterior resultaba intolera-
ÍSKSP' ble, cuando ai romperse las hostilidades
parece que mejoramos de postura. Y es
que á la guerra sorda, pero cierta, que nos
hacían los Gobiernos de la Unión, ó de la
Yanquilandia, como quiere el ingenioso Ca¬
via que se la titule; á la perjudicial y antipática
molestia de la ingerencia de sus diplomáticos en
nuestros asuntos, ha sucedido una solución difícil,
pero clara, y hemos sacudido una tutela odiosa y
denigrante, y podemos, como el Gobernador de
Madrid cuando vió alejarse el tren que conducía á
Mr. Woodford camino de Francia, decir, respi¬
rando libremente: «Ya estamos solos: ya podemos
gritar hasta cansarnos ¡Viva España!»
Un periódico inglés tuvo la desvergüenza de
afirmar que, mientras nuestra representación en
los Estados Unidos había gozado una seguridad
sin límites, en España sucedía todo lo contrario.
Le Tempe, saliendo á su encuentro, dijo con ra¬
zón que era una calumnia. En efecto, el periódico
de Londres, con un descaro inconcebible, no des¬
figuró la verdad, sino que la volvió del revés com¬
pletamente. Aunque todo eso pertenece al pasado,
nos conviene hacer constar que nuestro derecho
está fortalecido por la corrección de nuestros ac¬
tos. Reprimidas las manifestaciones populares
cuando podía la excitación producir agresiones
contra los símbolos de la enemistad; toleradas
cuando ya no existía ese riesgo, se han contenido
las aclamaciones á la patria, el ondear de sus co¬
lores y la afirmación üe sus derechos en los lími¬
tes justos del entusiasmo y la hidalguía. Si hay
tímidos é irresolutos, nos lo ocultan; si hay egoís¬
tas, fingen patriotismo; si hay canalla, no osa pre¬
sentarse; y desde un extremo al otro de la Penín¬
sula, en la amenazada Manila, en la bloqueada
Habana, en Puerto Rico, en Canarias y las Balea¬
res, en los presidios de Africa, en las colonias es¬
pañolas del Extranjero, se alza un clamoreo pa¬
triótico que eleva el espíritu y alienta el corazón.
Como la mentira es una de las palancas que em¬
plea el enemigo contra nosotros, aseguran que el
castillo del Morro ha disparado los primeros ca¬
ñonazos. Aquel fuerte lo que hizo fue avisar con
el cañón la aparición de la escuadra enemiga blo-
queadora; es decir, dar la señal de alarma para
prevenir á los nuestros que la escuadra yankee ha¬
bía empezado las hostilidades cerrando nuestro
puerto. Aquel acto de fuerza fué la ruptura naval
y material de las hostilidades; y el apresamiento,
sin previo aviso, de algunas naves mercantes es¬
pañolas que navegaban sin conocimiento del es¬
tado de guerra, no sólo acto de fuerza, sino pirá¬
tico y traidor y contra todo derecho. Si es cierto
que así lo reconoce el enemigo, y mantiene se¬
cuestrados esos buques á conciencia de que no de¬
ben estarlo, nos parece más inicuo el secuestro
que la presa. En cuanto á considerar las señales
del Morro como el rompimiento de las hostilida¬
des, es tan risible y pérfido como cargar en nues¬
tra cuenta el descuido de los oficiales del Maine .
La provocación y el rompimiento positivo de la
guerra antes de declararla, partió de los Estados
Unidos. No cabe duda. La declaración tardía, des¬
pués de haberla empezado, no es sino un nuevo
artificio, grosero como toda su conducta, con que
pretenden, como miserables picapleitos, embro¬
llar un asunto claro y hacemos responder de sus
maldades. El bloquear una plaza fuerte es un acto
de hostilidad: lo es el apresar buques: tengan si¬
quiera el valor de aceptar la responsabilidad de
sus acciones.
En cambio, el honor y el placer de haber recha¬
zado y cañoneado primero á un buque de guerra
enemigo en el puerto de Cárdenas, corresponde á
uno de los más pequeños de nuestra armada, la
goleta Ligera , que hizo retroceder con averías á
un buque de guerra yanquilandio. ¡Con qué gusto
apuntarían el cañón los artilleros! Envidiémosles
el desahogo de aquellos cañonazos. La ventaja de
la primera presa la ha obtenido el cañonero Elcano
cerca de Manila, apoderándose de una fragata con
1.600 toneladas de carbón, cargamento en aquellos
mares de importancia. El mérito de haber burlado
el bloqueo de algunos puertos de Cuba lo han al¬
canzado varios buques, y por haberlo hecho con
pertrechos y soldados, se ha celebrado mucho al
capitán del transatlántico Montserrat , que fondeó
sin novedad en el puerto de Cienfuegos. Esto y la
actitud firme y valerosa del general Blanco y del
ejército, voluntarios y paisanos en la Habana,
donde ante la amenaza del bombardeo no se han
cerrado los teatros; y la salida del general D. Pa¬
tricio Montojo para esperar á la escuadra yankee
que se dirige hacia Manila, tienen nuestros ner¬
vios en tensión al escribir esta revista. ¡Singular
coincidencia! El lema acuérdate del Maine , que
han adoptado en sus banderas los yankees para ex¬
citar á sus marinos, puede servir para mantener
la indignación militar entre los nuestros. — Acor¬
daos de la infamia del Maine , les repetiremos
mientras dure la guerra; ved cómo pagan las vidas
que salvasteis en la bahía de la Habana y los peli¬
gros que arrostrasteis, mientras los jefes y oficia¬
les del Maine y ahitos de champagne en otro buque,
dejaban perecer á sus pobres marineros. No olvi¬
déis nunca la felonía del Maine y marinos españo¬
les. Si en los azares de la guerra piden auxilio en
sus buques incendiados, ¡acordaos del Maine!
Lo que no podemos es irritarnos con lo que lla¬
man el bombardeo de Matanzas. Esta hermosa
ciudad sigue como estaba y las baterías españolas
en su puesto. Gastar tantos proyectiles para asesi¬
nar á un pobre mulo.....
« Si es broma puede pasar » ,
pero no demuestra la potencia naval de la Repú¬
blica.
No estamos en los secretos de los cambios para
explicarnos bien la enorme subida de los francos;
pero el instinto público se ha opuesto á la depre¬
ciación del billete y á la crisis monetaria que se
quería producir. Podrán tenerse quejas del Banco
de España: nos hicimos eco de ellas hace poco;
pero los disgustos leves de familia ceden y se aca¬
llan ante consideraciones de más peso. Los estu¬
diantes de Zaragoza cortaron la cola de la sucursal:
un banquero patriota les ayudó, ofreciendo una
prima á los billetes: lo mismo hicieron otros en
Valencia: el Banco abrió sus arcas y ofreció pagar
en plata á quien quisiera, y en Málaga se consignó
esta máxima salvadora: «El billete de Banco re¬
presenta la honra nacional. »
Y si estos hechos son ciertos, ¿qué corresponde
al Gobierno? Cuidar que la depreciación de esa
moneda fiduciaria no se justifique forzando la
máquina de tirada sin fortalecer sus garantías.
Ese billete es hoy un instrumento necesario: no
debe mellársele. Be anuncia el adelanto de un año
en las contribuciones, reintegrable en diez años:
tenga el Gobierno en cuenta que ese contribuyente
es la primera materia de todos los recursos, y tam¬
poco conviene oprimirle en la situación por que
atraviesa: preferiríamos que ese anticipo, fácil
para muchos, imposible para otros, fuera volunta¬
rio, estimulando el patriotismo en todas las pro¬
vincias, para que acudan á la patria en esa forma
los que puedan. Nos parecen indispensables los
tributos de guerra. Y creemos insensato y antipa¬
triótico, cuando necesitamos y necesitaremos del
crédito, atacar los intereses de la deuda en forma
sensible. Hay que pagar con honradez lo que se
debe, para pedir lo que haga falta; y pedir en Es¬
paña y fuera de ella, donde tengamos simpatías;
y en cuanto al pago de los intereses de las deudas
exteriores, establecer el affidavity que consiste en
una relación jurada, y con seria responsabilidad,
para que no se falsifique, consignando el domicilio
de los propietarios de los títulos, á fin de que co¬
bren en pesetas los residentes en España, en fran¬
cos los de Francia, en libras los ingleses y en
marcos los alemanes. Con impuestos de guerra,
adelanto voluntario de contribución, el sacrificio
de las bolsas predicado á todos en nombre del de¬
coro público, y los empréstitos dentro y fuera que
sean necesarios, podremos hacer frente al con¬
flicto si las clases mercantiles, pensando hasta
con egoísmo, comprenden que con un corto es¬
fuerzo de todos se salvan los mayores peligros, y si
el Gobierno sacrifica en algo su amor propio en
aras de la hermandad y de la concordia. Justo es
que expongamos algo todos en la guerra; que no se
ha de hacer con los cuerpos de nuestros soldados y
marinos. El ejemplo dado en la Habana por el
Marqués de Argüelles prueba lo que se podría ha¬
cer en nuestra patria. Es mucho exigir que se sa¬
crifique como donativo una fortuna; pero présta¬
mos patrióticos y moderados, ¿no habrá quien los
haga? La Patria pide sangre, y los pobres se la
dan sin quejarse. ¿Negarán los ricos el auxilio de
sus capitales?
Entretanto la suscripción patriótica crece en la
Gaceta . Algunos impacientes quisieran que los do¬
nativos se hicieran en el acto: se parecen á los que
piden un combate naval rápido y sin preparación,
para soltar un artículo ó poesía ya dispuestos. Y
hay quien desea convertir en contribución for¬
zosa el regalo voluntario , disponiendo del dinero
ajeno con esplendidez. Nada más contraprodu¬
cente que esa presión, y protestamos contra ella
para que no se cierren ante la conminación los
bolsillos que se abrirán seguramente ante la súpli¬
ca. España pide á sus hijos no apuntándoles con
el Mauser, sino extendiendo, para recoger las
ofrendas, la bandera nacional. Haya un cepillo en
cada centro, donde depositemos en silencio nues¬
tro óbolo los que no podamos dar cantidades que
hagan bulto en la Gaceta: impongámonos el grato
y frecuente deber de ese tributo anónimo para el
culto de la patria; que de las gotas de lluvia se for¬
man los arroyos y los ríos caudalosos. Imítese el
ejemplo de Alicante, que ha emitido sellos de sus¬
cripción voluntaria con el lema de ¡Viva España!
para añadir al franqueo de las cartas, é invéntense
arbitrios de fácil ejecución y que no admitan fil¬
traciones ni molesten, y dense facilidades al Go¬
bierno para hacer frente al conflicto, en la seguri¬
dad de que ha de ser el beneficio para todos. Y en
fin, seamos agradecidos y cumplamos un deber.
Nadie ha olvidado la persecución que sufrió la
Duquesa de Castro-Enriquez en la prensa; la fisca¬
lización que se hizo de sus actos privados y la
modestia de su vida interior: se la culpó de avara,
y nadie, que sepamos, ha rectificado este concepto
ante el donativo, verdaderamente regio, de cien
mil duros que ha hecho á la nación: desprenderse
de lo que constituiría en estos momentos una renta
de nueve ó diez mil duros, merecería un desagra¬
vio. Así se contesta á la calumnia. Por nuestra
parte , besamos la mano á esa buena española en
nombre de la patria.
Mientras los Estados Unidos, declarando, no sa¬
bemos si de un modo eficaz, que se adhieren al
convenio de 1856, han practicado el corso apre¬
sando un buque mercante por otro que no perte¬
nece á la marina de guerra, España conserva su
derecho, porque no puede ni debe renunciarle;
pero en cambio ha reconocido de un modo posi¬
tivo, y con tacto envidiable, los principios del de¬
recho de gentes moderno respecto de beligeran¬
tes y neutrales. Los que dudaban que el corso
pudiera armarse en nuestra época, se habrán con¬
vencido de que si es un arbitrio duro, y reservado
para momentos críticos, si éstos llegasen, sería
una resolución indispensable que, en vez de es¬
candalizar al mundo, le hallaría justificado y na¬
tural. Las naciones mismas que le renunciaron le
practican, agregando á la marina de guerra, en
concepto de auxiliares, los buques y tripulaciones
mercantes que convienen al Estado. Nada más
hipócrita que esa renuncia que se elude con un
nombramiento de auxiliares: el corso existe y
existirá mientras las naciones, en caso de guerra
marítima, usen del derecho natural de la defensa
con las fuerzas de que puedan disponer: todo con¬
siste en la forma de expedir los nombramientos y
regularizar esos servicios. Claro es que la libertad
de los antiguos corsarios no encaja en nuestro
tiempo; pero la sustancia como poder ofensivo
será siempre la misma. ¡Pues bueno fuera que no
nos reserváramos el derecho de amenazar al ene¬
migo allí donde convenga! La marina de guerra
es elástica mientras haya buques españoles y pa¬
pel en que extender los nombramientos tempora¬
les y honores que hagan falta.
La actitud del Senado español no puede ser más
correcta y patriótica. Lejos de convertirse en
rueda inútil , parece dispuesto á ser un centro gu¬
bernamental y patriótico. El Congreso se ha en¬
golfado en la discusión lenta, solemne é inútil
del Mensaje. La preocupación pública se fija en la
guerra y los recursos para sostenerla. El ánimo de
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30 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
K.° xvi — 247
las gentes no decae, y al cerrar esta Crónica pa¬
rece inminente el ataque de Manila. Las noticias
falsas para influir en los juegos de Bolsa circulan
que es un gusto, aunque duran muy poco el error
y sus efectos. Cada tarde se despacha un extraor¬
dinario con noticias teatrales, que se desmienten
á la noche. Y sobreponiéndose al espíritu egoísta
de la especulación y los políticos de oficio, se le¬
vanta decidido el partido única y exclusivamente
nacional, que comprendiendo que los males de la
guerra no han de recaer solamente sobre los que
se baten lejos de la patria, sino que á todos obliga
según su estado el sacrificio, acabará por impo¬
nerse á los egoísmos que debilitan y perturban,
barriéndolos á escobazos y dictando á los díscolos
la ley suprema de la unión para la defensa del
país.
El Sr. Arzobispo-Obispo y el Gobernador de Ma¬
drid han reunido á la prensa y á los presidentes
de círculos para que ayuden á la suscripción na¬
cional, excitando á todos á contribuir y procurar
que en los centros industriales, en todas las re¬
uniones, en el seno de las familias, se pidan y re¬
únan las grandes ó cortas cantidades, para que esa
suscripción sea digna de España. Es un deber que
á todos corresponde. Hacemos el llamamiento con
toda la efusión de nuestra alma á todos los com¬
patriotas, tanto de América como de la Península,
y á los que sin serlo ya llevan nuestro nombre y
saben que su causa es nuestra causa; á cuantos
crean que tenemos el derecho y la justicia. Sangre
y corazón sobran : asistamos á la Patria con el di¬
nero que la falta: la honra y la vergüenza consis¬
ten esta vez en no guardar con avaricia lo que
puede salvar á la Nación : haya una competencia
de sacrificios. La mujer puede con su aliento pode¬
roso comprometer y obligar á los que tienen , ha¬
ciéndoles llevar su ofrenda al Banco: no haya
pueblo ni aldea que no dé su tributo para la de¬
fensa nacional: den para comprar una cápsula los
que no puedan dar para un cañón: salgan de sus
escondrijos las onzas empolvadas; empeñe su cha¬
queta ó su levita el que no tenga dinero, para que
no carezcan nuestros buques de carbón, ni de ali¬
mento y vestidos nuestras tropas. Hagamos en esta
forma un alzamiento nacional, y que sea la España
moderna, por su desinterés y generosidad, digna
de sus glorias de otros tiempos.
• •
Acabamos de leer el interesante libro de nues¬
tro antiguo amigo D. Ildefonso Jimeno de Lerma,
director de la Escuela Nacional de Música y De¬
clamación y catedrático de órgano de la misma.
Se titula Estudios sobre música religiosa , y com¬
prende dos monografías: el Canto litúrgico y el
Organo. En aquél se estudian los orígenes de nues¬
tra música religiosa, compuesta, según los sabios,
de dos elementos, el hebreo y el griego; la influen¬
cia que ejercieron en su primera reforma San
Ambrosio, y dos siglos después San Gregorio el
Magno, y la mayor ó menor autenticidad de los
textos más antiguos que se conservan del canto
gregoriano. Entra con ardor en la polémica que
sostienen hace tiempo los maestros acerca de la
traducción exacta de la escritura musical antigua
para restaurar su verdadero carácter, y declara
irresoluble el jeroglífico, contra la opinión de
nuestro amigo el P. Uriarte, que prosigue la difici¬
lísima tarea. El Sr. Jimeno de Lerma sostiene que
la Iglesia conserva por tradición lo esencial de
aquel canto, y expone las decisiones pontificias
que se oponen á la reforma. Declaramos nuestra
incompetencia en un asunto tan Controvertido por
los musicólogos. El libro relativo al órgano nos
ha enseñado, tanto en su parte histórica como en
el análisis técnico de ese magnífico instrumento,
una multitud de hechos que ignorábamos, y de
que nos hemos enterado con placer. Hijo del in¬
signe organista D. Román Jimeno, se puede decir
que el Sr. Jimeno de Lerma tuvo por cuna la caja
del órgano, jugueteó con los teclados desde niño
y curioseó los secretos de sus registros compli¬
cados, y supo por qué conductos llegaba el aire
comprimido á aquellos enormes tubos que admi¬
rábamos los otros muchachos desde lejos como
cosa extramortal y tan fuera de nuestro alcance
como las nubes y luceros. A los catorce años era
ya organista, y á los diecinueve maestro de ca¬
pilla de la catedral de Santiago de Cuba, por opo¬
sición, ganando después de una vida de labor
artística, £or oposición también, la cátedra que
regentea en la Escuela Nacional, de que es hoy
director, sucediendo al insigne Monasterio. He¬
mos leído, por lo tanto, como de quien procedía,
su erudito trabajo, penetrando con tan buen guía
en las concavidades de aquella divina y compli¬
cada maquinaria, recorriendo sus orígenes y trans¬
formaciones, recordando los compositores sacros,
organistas y organeros más famosos, y cuanto tiene
relación con ese arte sublime en que el Sr. Jimeno
de Lerma es un maestro.
El tomo in de las obras de D. Enrique R. de
Saavedra, duque de Rivas, que con el título de
Cuadros de la fantasía y de la vida real se pu¬
blica en Barcelona, contiene tres obras poéticas.
La hija de Alimenón es la hermosa leyenda de
Santa Casilda, en romances octosílabos, de sabor
entre cristiano y morisco, según conviene al
asunto, y con animadas y justas descripciones. La
Noche de Navidad es un diálogo dramático, escrito
para ser representado en Palacio por el Rey cuan¬
do tenía nueve años y medio, y por la Infanta su
hermana, y en el que intervino la Princesa de
Asturias recitando uno de sus pasajes más salien¬
tes: fué una sorpresa preparada para S. M. la Reina
por la infanta I).* Isabel, de carácter reservado y
familiar: el diálogo responde por su discreción y
delicadeza, aunque improvisado, al objeto, condi¬
ción y edad de los actores. Juramentos de amor
es un pequeño poema dedicado al ilustre Cam-
poamor, y el mejor, á nuestro juicio, del lindo
tomo que se ha puesto á la venta. Escrito en silva
con elegante facilidad , corresponde á la envidiable
reputación literaria de su autor.
Chulaperías , de López Silva, con prólogo de
Cavia, pertenece á otra literatura, la de rompe y
rasga. De color verde subido, se diferencia de la
del Duque de Rivas como un salmis de perdiz, de
una ración de callos bien picante. Los platos es¬
tán en los escaparates; elija cada cual los manja¬
res de su gusto.
•
• •
Histórico.
— ¿Qué opina usted de los yankees?
— Ño me hable usted de ellos: ;no haber acep¬
tado la medianería del Papa esos herejes!
— ¿Y qué es eso del bloqueo de Cuba?
— Los yankees han hecho una línea en el agua,
y dicen: «Por aquí no pasa nadie.» Y como la raya
se ba borrado, pasan nuestros buques cuando
quieren.
Los marinos yankees son divinos.
Revienta el Maine por dentro, y dicen sus fa¬
cultativos: «Ha sido un accidente externo.»
Atiza la Ligera un proyectil en el costado del
Cushing , y los técnicos exclaman: «Fué un acci¬
dente interno.»
Y esta vez el caso es discutible: ha sido una la¬
vativa de plomo para uso interno, administrada
desde afuera.
— ¿De dónde es el aya de tus niños?
— De Nueva York.
— ¿Joven?
— En aquel país todas son jamonas.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
D. MANUEL DESCHAMPE,
capitán del transatlántico Montarral, que bnrló la vigilancia
del bloqueo de las costas de Cuba.
Eq primera página publicamos el retrato del
bravo y experto marino D. Manuel Deschampe,
que mandaba el vapor transatlántico Montserrat
y supo burlar el bloqueo de la escuadra yankee y
ía persecución de que fué objeto dicho barco, arri¬
bando felizmente á Cienfuegos.— (Véase el ar¬
tículo del Sr. España en la pág. 254.)
#
• •
LA HABANA.
Manifestación patriótica ante el palacio del Gobernador general.
Al conocerse en la Habana las amenazas y los
propósitos de los yankees, creció ante el peligro
la gallardía de nuestra raza, y el levantado espí¬
ritu estalló en patrióticas demostraciones.
El segundo grabado de la página 248 representa
una de estas manifestaciones de entusiasmo ante
el palacio donde reside el Gobernador general;
entre ellas merece especialísimst mención la que se
efectuó al conocerse la conducta del Gobierno de
la metrópoli ante el ultimátum de Mac-Kinley.
En la proclama convocando al pueblo , decíase
entre otras patrióticas frases:
«Dirijámonos todos al palacio donde reside el
representante de nuestra nación. Este palacio se
hundirá antes de consentir que ondee en él otra
bandera que no sea la española.»
A las ocho de la noche se puso en marcha la
manifestación, en la que se veían muchas ban¬
deras.
Los Casinos y edificios públicos lucían esplén¬
didas iluminaciones.
En todos los comercios se habían colocado ban¬
deras y colgaduras con los colores nacionales.
Cuando la manifestación llegó al palacio de la
Capitanía general, se vió que éste estaba ocupado
por las personalidades más importantes de la isla.
Los manifestantes daban frecuentes vivas á Es¬
paña, que eran contestados con verdadero frenesí.
Iban en la manifestación seis bandas de música.
De pronto una corneta dió el toque de silencio.
El general Blanco desde el balcón pronunció un
sentido discurso de tonos enérgicos y levantados.
«Todos estamos dispuestos á morir — dijo —
antes de dejarnos arrebatar este pedazo de tierra
española.»
Estas frases produjeron frenético entusiasmo.
Después añadió:
«Juro no salir vivo de Cuba si no salgo vic¬
torioso.
»Ahí tenéis detrás del castillo del Morro á la es¬
cuadra americana ; pero la bandera española está
clavada allí, y no será arriada jamás.»
El discurso del Capitán general fué acogido con
entusiasmo indescriptible.
Las músicas tocaron la marcha de Cádiz , y el
público prorrumpió en vivas ardientes y entu¬
siásticos.
Recorrió la manifestación las principales calles
de la población sin que ocurriera el menor inci¬
dente desagradable, ni cesara un solo momento el
entusiasmo, á pesar de haberse recibido la noticia
de que la escuadra americana se dirigía allí con el
propósito de bloquear la Habana.
. . *
• •
D. MANUEL DE LA CERDA Y GÓMEZ PEDROSO,
general de división.
El general de división D. Manuel de la Cerda y
Gómez Pedroso, actual subsecretario del Ministe¬
rio de la Guerra, cuyo retrato publicamos en la
página 249, tiene una hoja de servicios reveladora
de los merecimientos que le han elevado á dicho
importante cargo.
Cadete de artillería en 1853; teniente en 1857;
capitán en 1865; comandante de infantería por el
acierto y serenidad con que, á cuerpo descubierto,
dirigió los fuegos de su batería contra los subleva¬
dos de 1866 en Madrid; con ella asistió, bajo el
mando del Marqués de Novaliches, á la batalla de
Alcolea, ascendiendo por su bizarro comporta¬
miento á teniente coronel de la antedicha arma,
y pasando á desempeñar en la misma su nuevo
empleo. En 1871 fue destinado á Filipinas de ayu¬
dante de campo del Capitán general de aquel Ar¬
chipiélago, donde, además, desempeñó el cargo de
presidente del Consejo de Guerra permanente de
Manila; y habiéndosele designado para una comi¬
sión extraordinaria sobre Joló, asistió al bombar¬
deo y toma de esta plaza, distinguiéndose notable¬
mente allí como en cuantas operaciones de guerra
ha tomado parte.
Regresado á España en 1873, y siguiendo el ejem¬
plo de sus antiguos compañeros del cuerpo de Ar¬
tillería, pidió y obtuvo el retiro. En 21 de Sep¬
tiembre del propio año volvió al servicio, que dejó
nuevamente en 1875, permaneciendo en esta si¬
tuación hasta 1880, en el que por comprenderle el
Real decreto de 28 do Noviembre, y hecha la cla¬
sificación de los empleos y grados que le hubieron
correspondido, se le concedió el empleo de co¬
ronel.
En este cargo, y al frente del regimiento de
Alava desde 1884 al 88, pudo ya desarrollar sus
talentos militares en mayor extensión, los que le
hicieron merecedor del ascenso á brigadier, cuyo
mando ejerció en los distritos de Andalucía, Ca¬
taluña y Castilla la Nueva, desempeñando luego
la secretaría del Consejo Supremo de Guerra y
Marina, y siendo promovido á general de división
el 30 de Diciembre de 1895, cuando contaba más
de cuarenta y dos años de efectivos servicios.
Posee las condecoraciones siguientes: cruz de
San Juan de Jerusalén, dos de San Fernando de
primera clase, las de segunda y tercera del Mérito
Militar, cruz y encomienda de Carlos III, enco¬
mienda de Isabel la Católica, medalla de Africa,
encomienda de la Orden de Cambodge y grandes
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SO Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
LA OFICIALIDAD DEL TRANSATLÁNTICO «MONTSERRAT» Á BORDO DEL MISMO.
(Do fotografía de Franzen.)
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LA HABANA. — UNA MANIFESTACIÓN patriótica ante la capitanía general, con motivo de los groseros y procaces INSULTOS A ESPAÑA
EN LAS CÁMARAS « YANKEES».
(De fotografía.)
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30 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° xvi 249
cruces de San Hermenegildo, Mérito
Militar y Naval y la de San Benito de
Avis,
Por esta sucinta reseña de servicios,
méritos y condecoraciones queda ava¬
lorada la figura militar del general La
Cerda; pero con ser tan importantes
unos y otros, les supera su brillante
etapa al frente de la Academia Gene¬
ral, cuya supresión nunca será bastan¬
te sentida, y sus notables dictámenes
orales y escritos como fiscal militar
del Consejo Supremo de Guerra y Ma¬
rina, y muy especialmente su notable
acusación con motivo de la célebre
causa de los anarquistas de Barcelona,
en la que los togados le felicitaron ca¬
lurosamente por su elocuencia y por el
vigor de los razonamientos sin acri¬
monia alguna deducidos de los hechos
y de la estricta aplicación de la ley.
Respecto de su nombramiento para
el cargo que en la actualidad desempe¬
ña, debemos felicitar al Ministro del
ramo.
Sus subordinados elogian calurosa¬
mente sus altas dotes de mando y su
afabilidad y discreción exquisitas, y
con ser tantas y tales las cualidades
brillantes de su personalidad oficial ,
no aventajan á las muy excelentes del
caballero en la vida privada.
•
• •
MADRID.
Salida del batallón de León, destinado á Baleares.
En los días 23 y 24 del actual, res¬
pectivamente, salieron de la estación
del Mediodía los regimientos de León
y de Vad-Ras, á quienes hizo el pue¬
blo de Madrid la más afectuosa despe¬
dida. El segundo grabado de esta pági¬
na copia el conmovedor aspecto de la
estación invadida por una muchedum¬
bre que no cesó de tributar á nuestros
soldados las cariñosas demostraciones
de su entusiasmo patriótico.
Próximamente á las cinco de la tar-
D. MANUEL DE LA CERDA Y GÓMEZ PEDROSO,
GENERAL DE DIVISIÓN,
SUBSECRETARIO DEL MINISTERIO DE LA QUERRA.
(De fotografía de í. Marti.)
de entraban en el andén , á los acordes
de la marcha de Cádiz; los soldados, y
á su llegada estalló una ovación inmen¬
sa, que no se interrumpió ya hasta que
el tren militar desapareció en la curva
que va á ocultarse tras el depósito de
máquinas. Fué una ovación de cerca
de una hora. Los vivas á España, al
Rey, á la Reina, al ejército y a la ma¬
rina se sucedían sin interrupción.
Entre inmenso clamoreo, la multi¬
tud, abrazada á los soldados, les llevó
hasta los coches del tren militar.
Casi al mismo tiempo invadieron la
estación las cigarreras, llevando dos
banderas, una de seda con cordones de
oro y el siguiente letrero en letras de
plata: «Las cigarreras de Madrid al va¬
liente ejército y á la marina española.»
Las mujeres dél pueblo, las señori¬
tas aristocráticas, confundidas con los
soldados, los colmaban de obsequios,
entre los que merece citarse el de dos
señoritas extranjeras, que no quisieron
revelar su nombre, que repartían entre
los soldados medallas de la Virgen del
Pilar sujetas por lazos con los colores
nacionales.
A lo largo de los andenes se veían
quince ó veinte banderas, entre ellas
la de los estudiantes, también de seda
como la de las cigarreras.
Entre el público se hallaban casi to¬
dos los oficiales y jefes de la guarni¬
ción francos de servicio, gran número
de generales, diputados, el Goberna¬
dor civil, el Alcalde y el Presidente
de la Diputación, que suspendió la se¬
sión y por acuerdo unánime acudió con
los diputados de la provincia á despe¬
dir al batallón expedicionario.
Los trenes que tuvieron que salir de
la estación antes que el militar se vie¬
ron obligados á hacerlo con gran len¬
titud.
Todos los coches habían sido ocu¬
pados por el público , que formaba
apretados grupos sobre el techo de los
vagones.
MADRID.— SALIDA DEL BATALLÓN DE LEÓN, EL 23 DEL CORRIENTE, DESTINADO A REFORZAR LA GUARNICIÓN DE LAS BALEARES.
(De fotografía.)
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250 — n.° xvr
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Abril 1898
A las seis menos cuarto se oyeron dos toques de
atención. Por un momento cesó todo el griterío.
El Obispo de Sión bendijo entonces á los expe¬
dicionarios.
Poco después se oyó la señal de partida, y el
tren, compuesto de cuatro vagones en los que iba
el armamento, y de diecisiete coches ocupados por
jefes, oficiales y soldados, se puso en marcha pau¬
sadamente; volvió á sonar el himno de Cádiz , y
las veinte mil almas que ocupaban los andenes y
se extendían por la estación hasta la entrada en
agujas, y las doce mil que se agolpaban en los pa¬
tios y que se hallaban en el parapeto de la calle
del Pacífico, volvieron á gritar, descubriéndose:
«¡Viva España! ¡Viva el Ejército! ¡Viva la Marina!
¡Vivan los Reyes!»
Cuando el tren tomó la pendiente que comienza
más allá del semáforo y desapareció de la vista
del público, comenzó éste á desfilar tranquila¬
mente y en el mayor silencio.
sante aspecto que presentaba el salón de sesiones
en los momentos en que S. M. la Reina leía el
Mensaje de la Corona entre los vítores y aclama¬
ciones que acogían los párrafos más enérgicos.
Para el acto de la apertura había desaparecido
del estrado la mesa presidencial; á la izquierda del
dosel, que cobijaba los dos sillones destinados á
los Reyes, veíase la tribuna para S. A. la infanta
D.a Isabel, y al lado opuesto un repostero cubierto
por tapete de terciopelo rojo bordado de oro, que
contenía los atributos de la Monarquía, y una mesa
destinada á la presidencia.
Ocupó el sillón presidencial, colocado detrás de
dicha mesa, el presidente de la alta Cámara, señor
Montero Ríos, vestido de frac, y ostentando en el
cuello la insignia del Toisón de Oro.
Junto al Sr. Montero Ríos tomaron asiento los
dos secretarios de edad deL Congreso, Sres. Ur-
quijo y Ortueta.
A las dos y veinte entró en el salón S. A. la in¬
tes, cuya decisión suprema sancionará sin duda la
inquebrantable resolución que anima á mi Go¬
bierno de defender nuestros derechos, cualquiera
que sea el sacrificio que para lograrlo se nos exija.
Al identificarme así con la nación, no sólo cumplo
los deberes que juré al aceptar la Regencia; busco
también fortalecer mi corazón de madre, confiando
en que el pueblo español, agrupándose en derre¬
dor del trono de mi hijo, le sostendrá con su fuerza
incontrastable, mientras llega el momento en que
á él le sea dado defender personalmente el honor
de su nación y la integridad del territorio que nos
legaron nuestros gloriosos antepasados.»
Al abandonar SS. MM. el Palacio del Senado,
repitiéronse las aclamaciones con entusiasmo, y
en el tránsito, hasta el regio alcázar, de la brillante
comitiva no cesaron los vivas á España, á los Re¬
yes y al ejército.
Cuando se nombró la comisión que había de po¬
ner en [manos de S. M. la Reina la contestación
MARINA DE GUERRA ESPAÑ OLA. — el nuevo crucero auxiliar crápido», recientemente adquirido en Alemania.
(De fotografío.)
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA.
El nuevo crucero auxiliar Rápido , recientemente adquirido
en Alemania.
Publicamos en esta página el hermoso vapor
mercante de la Compañía Transatlántica Ham-
burgo- Americana Normannia, recientemente ad¬
quirido por el Gobierno español para crucero au¬
xiliar de nuestra marina de guerra. El vapor, cuyo
nombre actual es el de Rájñdoj es magnífico, de
modernísima construcción, y tiene 520 pies de
eslora, 17.000 toneladas de desplazamiento y un
andar de 20 millas. Sus máquinas son de 16.000 ca¬
ballos de fuerza.
*
• •
MADRID: LA APERTURA DE CORTES EN EL SENADO.
El pórtico del Palacio del Senado momentos antes de llegar SS. MM.
—Llegada de SS. MM. al Senado. — Ovación tributada á S. M. la
Beina Regente durante la lectura del discurso de la Corona.— Sa¬
lida del Senado de la Mesa presidencial y parte de la comitiva.— El
Senado en pleno dirigiéndose al Real palacio. — Salida de Palacio
de la Comisión del Senado después de entregar á 8. M. la contes¬
tación al discurso de la Corona.
Consagramos los grabados de las páginas 252 y
253 á la solemne apertura de las Cortes españolas,
3ue en las actuales circunstancias ha tenido gran-
ísima importancia.
Representa el primero la entrada del Palacio
del Senado momentos antes de la llegada de Sus
Majestades, y el segundo la magnífica carroza lla¬
mada de la Corona en el momento de llegar los
Reyes á dicho Palacio.
El tercero, dibujado fielmente por nuestro com¬
pañero Comba, reproduce el animado é intere-
f anta D.a Isabel , que vestía una magnífica toilette
de corte, consistente en cuerpo y manto morado y
falda de brochado color caña; en la cabeza y cuello
corona y collar de brillantes, y cruzando su pecho
la banda de todas las órdenes que posee S. A.
Pocos instantes después penetraron SS. MM.
La Reina Regente lucía elegantísima toilette co¬
lor violeta, con manto del mismo color, orlado de
encajes. Sobre el pecho, lazos de brillantes, y de
estas piedras la corona, que se destacaba en su ca¬
beza sobre un grupo de plumas: llevaba la cola del
manto el Sr. Marqués de Montalvo.
S. M. el Rey vestía el uniforme militar con las
insignias del Toisón.
La entrada de los Reyes fué saludada con in¬
menso clamoreo de vivas al Rey, á la Reina, á Es¬
paña, al ejército, á la marina, á Cuba española y á
la patria con honra.
Los Reyes, al llegar al estrado, se colocaron en
los dos sillones situados bajo el dosel.
Detrás veíase á la alta servidumbre de las Rea¬
les personas.
Los individuos del Gobierno se colocaron á la
derecha del trono.
El Presidente del Consejo de Ministros entregó
á S. M. el Mensaje, que la augusta señora leyó con
voz débil al principio, pero que se fué animando,
y tomaba entonación ante los vivas y aclamacio¬
nes de la Cámara. Estas fueron entusiastas sobre¬
manera cuando S. M. dijo:
<rY por si llega ese supremo momento en que la
razón y la justicia tengan por único amparo el va¬
lor de los españoles y la tradicional energía de
nuestro pueblo, he acelerado la reunión de las Cor¬
del Senado al Mensaje de la Corona, se acordó por
aclamación que todos los senadores se unieran á
la misma, y así se efectuó el miércoles 27 del ac¬
tual á las dos de la tarde.
Precedían á la representación de la alta Cámara
cuatro maceros, é iban á su servicio veinte ujieres
en traje de gala.
Formaban la comitiva unos sesenta senadores,
y al frente de ellos el presidente, Sr. Montero
Ríos, y los secretarios.
Casi todos vestían de etiqueta parlamentaria,
frac y corbata negra; de uniforme con grandes
cruces los Sres. Martínez Campos, Azcárraga, But-
ler, Fernández Caro, Cortejarena, Marqués de Vis-
tabella, Valcárcel, Conde de Vilana, Fuentefiel y
Sánchez Gómez.
Con la comisión iban los cardenales Cascajares
y Sancha, y los Obispos de Madrid y Tarragona.
Al llegar á la plaza de Armas, la guardia exte¬
rior de Palacio formó, y la banda batió marcha de
Infantes.
Poco después de cerrarse la puerta principal de
Palacio detrás de la comitiva, descendió de su co¬
che, apoyado en dos ayudantes, y penetró en la
regia mansión el veterano Conde de Cheste.
En Palacio esperaban á la comitiva varios sena¬
dores, siendo muy pocos los que no han podido
asistir.
La Reina recibió al Senado en el salón del Tro¬
no, vistiendo precioso traje gris obscuro, y acom¬
pañada de S. M. el Rey, que vestía uniforme de
alumno de la Academia de Infantería.
A la derecha del trono estaba el Gobierno, y
detrás y á la izquierda los jefes de Palacio.
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30 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xvi — 251
El Presidente de la alta Cámara leyó la contes¬
tación del Senado al Mensaje de la Corona.
Con arreglo á las prácticas de estos actos, Su
Majestad se limitó á escuchar la respuesta del Se¬
nado.
Luego conversó la Reina con el Sr. Montero Ríos
y otros senadores que se hallaban más próximos
al trono.
Al retirarse los senadores, dieron vivas al Rey y
á la Reina.
Los Ministros hablaron después brevemente con
la Reina, y se retiraron de Palacio para asistir á
las sesiones de las Cámaras.
La mayoría de los senadores marcharon en co¬
ches particulares.
La comisión regresó al Senado en los coches de
respeto.
En recuerdo de este solemnísimo acto de im¬
portancia excepcional, publicamos los grabados de
las páginas 257 y 260.
• •
CROQUIS DE LAS COSTAS DE LA FLORIDA Y PARTE
DE LA DEL NORTE DE LA ISLA DE CUBA. — (Véase
la pág. 255.)
• •
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE- AMERICA*
La escuadra volante americana en Hampton Road.
Ocupa la página 256 el grabado que representa
la escuadra volante americana tal cual estaba or¬
ganizada al romperse las hostilidades entre Espa¬
ña y los EE. UU. de Norte-América.
Componíase del Texas , acorazado de 6.300 tone¬
ladas de desplazamiento, velocidad de 17 millas,
33 cañones y 6 tubos lanzatorpedos; el Brooklyn ,
crucero acorazado de 9.250 toneladas, velocidad
de 21 millas, 40 cañones y 6 tubos lanzatorpedos;
el MinneapoliSy crucero con cubierta protegida,
de 7.475 toneladas, velocidad de 23 millas, 31 ca¬
ñones y 6 tubos lanzatorpedos; el Columbia , cru¬
cero de la misma clase que el anterior, y el Massa-
chusettsy acorazado de 10.288 toneladas, 16 millas
de velocidad, 46 cañones y 6 lanzatorpedos.
El Texas , según los últimos telegramas, es el
que se halla en Cayo Hueso dispuesto para salir
conduciendo 14.000 toneladas de víveres á Matan¬
zas. ¿Han oído alguna vez nuestros lectores contar
algo más raro que esto de bloquear una isla y .
enviarla víveres los enemigos precisamente al
puerto que bombardearon hace poquísimos días?
Carlos Luis de Cuenca*
EPISODIOS DE GUERRA MARÍTIMA.
COMBATE DE PUERTO CABELLO.
RA ruptura de relaciones diplomáticas
entre España y los Estados Unidos de
América; los preliminares que á ella
han conducido; la tensión de los áni¬
mos en la República provocadora; las
evenciones belicosas, compras,* aco-
os, alistamientos, todo hace presentir
íinente choque de bajeles de guerra
•bolando las insignias distintivas de las
aos naciones, se avisten en la mar. Quizá al
salir á luz estas líneas han sonado los cañones y
ha perdido el agua la transparencia natural por
instantes en el lugar del encuentro.
Será la vez primera que, de modo abierto y
franco, midan las armas con los que llevaron las
luces del cristianismo y de la civilización al con¬
tinente occidental, los que allá, á la postre, han
dado al olvido las doctrinas de Penn y las aplica¬
ciones de Washington, sus magistrados, arrojando
el guante en la seguridad de ser más poderosos.
Solapadamente, bajo el doble disfraz del pabellón
y de la causa, han reñido, sí, batalla en diversas
ocasiones, teniendo en no pocas motivo para arre¬
pentirse. Propóngome referir sucintamente al¬
gunas.
Eran tiempos en que el vehículo del hombre
sobre las olas, la nave, se formaba con los mate¬
riales flotantes que venían sirviendo para cons¬
truirlo desde la época remota de su iniciación. El
viento lo impulsaba; las velas, orientadas con in¬
teligencia, determinaban su camino , y aunque los
medios defensivos y ofensivos con que se armaba
hubieran cambiado mucho desde el invento de la
pólvora, se hallaba, en los efectos, á distancia
bastante mayor de ios que al presente encierra el
buque militar, conjunto acerado de máquinas com¬
plicadísimas, igníferas, neumáticas, eléctricas y
funiculares; almacén de proyectiles explosivos,
que suma á las ciegas probabilidades del azar lo
que resta al valor y á la serena especulativa; labo¬
ratorio de gases de posible expansión impensada,
y de mayor peligro en las manos descuidadas ó
torpes para los que los manejan, que para aquellos
á quienes la aviesa intención los destina; en últi¬
mo término, formidable agente destructor, impo¬
nente fortaleza, á la que inmoviliza y anula, sin
embargo, la carencia de combustible.
Lo que de entonces acá se mantiene sin altera¬
ción es el espíritu que en la República angloame¬
ricana ha dirigido a los buques, de madera ó de
hierro, de vela ó de vapor, hacia los fines de do¬
minación, hipócritamente disimulados.
En esos tiempos de que hago memoria, habién¬
dose extendido de Norte á Sur por todo el Mundo
Nuevo la revuelta con que los hijos de españoles
laboraban para emanciparse de la tutela metropo¬
litana, el Gobierno de Washington los alentaba,
los proveía de barcos, armas, hombres y dinero,
con su cuenta y razón, bien entendido, sin esca¬
sear por ello las protestas de amistad y simpatía
ofrecidas al Gabinete de Madrid. Ayudando ade¬
más á la constitución de escuadrillas para cada uno
de los núcleos insurgentes, y demandándoles di¬
plomas ostensibles, pobló el mar de corsarios apa¬
rejados en sus puertos para destruir nuestro co¬
mercio, persiguiéndolo con el afán de la rapiña,
no tan sólo en las aguas de las Indias, en nuestras
propias costas peninsulares, y aun dentro del Es¬
trecho de Gibraltar.
La guarda de la Costa-Firme en las provincias
de Venezuela estaba á la sazón encomendada al
capitán de navio D. Angel Laborde y Navarro con
harto escasos elementos para hacerla efectiva: una
fragata, un bergantín y una goleta componían la
fuerza puesta á su disposición, ¡y en qué estado!
La fragata, que era de las de procedencia rusa, se
deshacía por sí sola, podridas las maderas, y per¬
día alguna de las condiciones esenciales cada vez
que la brisa soplaba con alguna violencia. De gente
andaban los tres buques tan escasos por la prolon¬
gación de la campaña y los efectos mortíferos del
clima, que llegó á reducirse la tripulación de la
goleta á dos marineros y cuatro grumetes, bajando
en proporción la de la capitana á 167 hombres,
desnudos, sin pagas, sin ración á veces, alimen¬
tándoles el amor de la bandera que les estaba con¬
fiada. ¡La patria tenía tantas atenciones que cubrir!
Mientras la vetusta fragata en continua movili¬
dad cruzó á la vista de la tierra, ninguna embarca¬
ción enemiga osó ponerse á tiro; pero llegó el mo¬
mento que debía esperarse, en que dejó de ser
posible mantener á flote aquel cascajo. El 25 de
Noviembre de 1822 acusó la sonda del calafate la
entrada en bodega de 210 pulgadas de agua en al¬
tura, por hora.
Por acuerdo unánime de los oficiales, en junta
con su comandante, se decidió arribar sobre la
costa meridional de la isla de Santo Domingo, que
distando cien leguas largas, era el punto más pró¬
ximo no ocupado por los enemigos colombianos.
Sería prolijo enumerar las faenas que se pusieron
por obra en la travesía, trabajando todos, sin ex¬
cepción, en el penoso ejercicio de las bombas; mas
no es de omitir un rasgo de la tripulación agobia¬
da, que, á vista del puerto de salvamento, prefirió
la prolongación de su miseria á la humillación de
la dignidad. Sea Laborde, el jefe admirable, espejo
de la marinería, quien lo cuente:
«Nunca se borrará de mi memoria la noche del
7 al 8 de este mes (Diciembre), en que sólo pudo
achicarse el agua á beneficio de las bombas juga¬
das por la más bizarra y animosa tripulación que
sea dable encontrar en el mundo entero, estimu¬
lada á más con el noble ejemplo de los oficiales .
»Desde el instante que la urgencia fué conoci¬
da, hastíalos enfermos desertaron la enfermería y
voluntariamente se presentaron al trabajo ocho
de los diez que había, lamentándose los dos res¬
tantes de que su estado de postración no les per¬
mitiese hacer otro tanto .
d Al amanecer del 8 creí que la proa de la fragata
se desmoronaba, así como lo restante de la obra
muerta, que trató de atortorar y alivió trayendo
hacia el centro los cañones.
dA la una y media de la noche recalé sobre la
costa, algo á sotavento de la isla Vaca, y perma¬
necí sobre bordos cortos hasta aclarar el día 9.
Experimentamos una mar llana y ventolina muy
suave, pero ninguna disminución en el agua, lo
que confirmaba la opinión de introducirse por los
fondos.
^Conseguido ya tener un puerto inmediato y á
sotavento; hallándose las bombas en malísimo es¬
tado, á punto que tuvimos que suplir industrial¬
mente la falta de las guarniciones superiores con
rodajas de madera; considerando el ímprobo tra¬
bajo de la gente, aunque deseaba hallar ánimo en
ella para seguir hasta Santiago de Cuba, no me
atreví á resolverlo sin consultar el ánimo de mi
tripulación, pues aunque repugnaba ponerme bajo
la dominación de los negros de Santo Domingo,
cosa que, por lo que me es personal, me era más
odiosa que la muerte que inmediatamente nos
amenazaba, creí sin embargo que, en conciencia,
no podía disponer de la vida de los demás con
igual desprendimiento. Consideraba á más que en
balde tomaría por mi parte la más generosa reso¬
lución, si por la do unos infelices que veía ago¬
biados con el continuo y más apresurado trabajo
de las bombas no hallaba igual constancia y ro¬
bustez. Creí que antes de abandonar las playas de
la isla de Santo Domingo debía explorar el ánimo
de mis súbditos, para medir en consecuencia mis
determinaciones, tanto más, cuanto que la expe¬
riencia de dos años me aseguraba podría contar
en el mayor extremo con la más ciega subordina¬
ción á mis órdenes, y esto era para mí una nueva
razón para no intentar nada sin consultarme con
los beneméritos que tengo la honra de mandar.
^Consecuente á lo dicho, congregué á mis oficia¬
les, á quienes, como á mí, no asistía más duda
para proseguir hasta Cuba sino que á la gente fal¬
tasen las fuerzas físicas. Quedaba á más que rece¬
lar del mal estado de las bombas, de las cuales ya
una se hallaba inútil y las demás con viento, en
fuerza de ocho meses de constante uso y del for¬
zado que acababan de experimentar. En seguida
hice concurrir sobre el alcázar á toda la dotación,
y expuse la situación en que nos hallábamos, el
recurso que nos quedaba de tomar á Port-Louis y
asegurar de este modo las vidas de los riesgos de
mar, sin poder precaverlos de tierra, poniéndose
bajo la dependencia de los habitantes y gobierno
de Haití; los esfuerzos que se requerían para pro¬
seguir hasta Cuba, particularmente si nos sobre¬
venía alguna calma ó sotaventeásemos de dicho
puerto, ó si se nos llegaban á inutilizar de repente
las bombas. Nada fué capaz de intimidar ni con¬
mover sus ánimos, y todos prorrumpieron á una
voz, asegurándome morirían antes al pie de las
bombas que consentir que una sola hilacha cayese
bajo la dominación de los negros; y acordes nues¬
tras resoluciones, prorrumpieron con la mayor
alegría en festivas aclamaciones de ¡Viva la na¬
ción! ¡Viva el Rey!»
Dios les dió su amparo: llegaron á Cuba tan á
tiempo, que sentada la quilla en el fondo de la
ensenada de los Cocos, la fragata Ligera tumbó
sobre un costado, como el noble caballo moribundo
que resiste hasta que el dueño se echa en tierra,
para dejarse caer.
Laborde se trasladó á la Habana á pedir urgen¬
temente otra fragata con que volver á la costa de
su guarda, y con la nombrada Sabina y la corbeta
Ceres , puestas con dificultad á sus órdenes, se hizo
á la vela en Abril.
Durante la ausencia, reunidos los buques ene¬
migos bajo la dirección del comodoro Danells,
habían establecido el bloqueo de Puerto Cabello,
estrechando á las tropas españolas. Sorprendidos
con la aparición de las dos naves de la Habana,
trataron de largarse apresuradamente; pero ya
tarde para el convencimiento de que lograrían
evadirse, por recurso formaron línea de combate
en esta forma: corbeta María Francisca , de 22
cañones; corbeta Car abobo de 28, con las insig¬
nias del mencionado comodoro; goleta Leona de 4,
y bergantín Independiente de 16. Fuera de la lí¬
nea, á sotavento , situaron á otras tres goletas de
guerra, Manuel , Rayo , Flor de la Mar¡ y dos sin
armamento. Eran, en suma, nueve barcos.
Laborde se dirigió á toda vela sobre la línea,
desde barlovento , atacándola á las cuatro y media
de la tarde, á distancia de tiro de pistola, con vivo
fuego resistido dos horas. Las corbetas insurgen¬
tes, que en este tiempo habían procurado desarbo¬
lar á las contrarias, arriaron bandera, dispersán¬
dose en el acto los otros buques; el bergantín
maltrecho.
No poco lo fué el aparejo de la Sabina , partidas
las vergas y masteleros de gavia, así como el bota¬
lón de foque, atravesado en dos sitios el palo ma¬
yor y muy lastimadas las velas y jarcias; mas por
lo mismo que en el casco recibió poco daño no
hubo en los dos buques más baja personal que diez
y siete heridos, mientras que de los insurgentes se
registraron cuarenta muertos, veinte heridos y
trescientos prisioneros.
Acabada la función, como por ella quedó levan¬
tado el bloqueo en aquella fecha ¿ l.° de Mayo de
1823, entró el comandante español en Puerto Ca¬
bello con las presas, procediendo á su reconoci¬
miento. No había en tales bajeles colombiano más
que el color de las banderas: jefes, oficiales y ma¬
rineros respondieron en lengua inglesa al interro¬
gatorio.
Cesáreo Fernández Duro.
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30 Abbil 1898
252 — n.° xvi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
MADRID.— LA APERTURA DE CORTES. — el pórtico del palacio del senado momentos antes de llegar ss. mm.
MADRID. — LA APERTURA DE CORTES.— llegada de ss. mm. al senado.
(De fotografías.)
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MADRID. LA APERTURA DE CORTES EN EL SENADO. — ovación tributada á s. m. la reina regente, durante la lectura del discurso de la corona.
(Dibujo de Comba.)
254 — n.# xvi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Abbil 1898
A LA REPÚBLICA «YANKEE».
“EL CAPITÁN DEL «MONTSERRAT».
Soñaste en cano, con artera traza, ,
d mansalva lograr tu felonía;
que al peso abrumador de tu amenaza
no inclina la eeroiz la patria mía.
¿‘Qué nos importa el insolente alardes
de tu poder , que tu soberbia aumenta ?
Calcula el riesgo . el mercader cobardes ,
no el caballero al oindicar su afrenta.
Quien por las leyes del honor se riges ,
al reto acude sin pasión bastarda;
¡siempre por el decoro que lo exiges ,
nunca por el provecho que le aguarda!
No hay honor en la fuerza codiciosa
que empuja contra el débil al malvado.
Sólo el vigor del alma generosa
siente la gloria del morir honrado.
Tú, que del lucro y en el agio vive#,
por la codicia hidrópica que sienten,
ya sé que no esperabas ni conciben
que asi luchen y mueran los valiente sí.
Mas los verás en la terrible brega
cómo alcanzan la gloria soberana.
¡Si el triunfo es dón de la fortuna ciega,
la gloria es justa prez de quien la gana!
T con gloria ha de ser si sucumbimos,
y con honra ha de ser como triunfemos;
que en Numancia y JLrepanto lo aprendimos,
y contra tu poder lo probaremos.
%laza formada con la vil escoria,
ni el oro ni el poder te regenera;
no se roban los timbres de la historia,
ni se compra el honor de la bandera.
•Glorias hay en el triunfo y en la muerte
para el que en jDios y en su derecho fia:
¡nunca en el despotismo del más fuerte
jamás en la cobarde alevosía /
¡No! No has de ver tu orgullo satisfecho,
ni lograr del honor la ejecutoria:
luchando sin razón y sin derecho,
caerás con mengua ó vencerás sin gloria.
Si, ¡ vive fDios! Que en el combate rudo
la sangre teñirá de los valientes
como timbre de gloria nuestro escudo;
para estigma de oprobio vuestras frentes.
CARLOS LUIS DE CUENCA.
«Llevo dos malas chocolateras
pero llevo mucho peso en el fon¬
do del buque y además muchí¬
simo corazón, y lo que no pueda
hacer con balas lo haré con una
embestida.»
Sí, con toda esa gallardía, se expresaba
' el bravo marino antes de partir. Sus
palabras fueron publicadas por la
prensa, y la gente comentaba muy á
gusto frases reveladoras de carácter
tan varonil y enérgico.
Después de todo, habituados estamos
ios españoles á las más ardientes explosio-
<V nes del sentimiento patrio, y ya no nos debe
7 sorprender la entereza de nuestros marinos,
ni la intrepidez de nuestros soldados.
La valentía y el arrojo son dones profusamente
repartidos por la Naturaleza entre los hijos de esta
tierra querida; y aquí, es preciso decirlo bien alto^
ni se conoce el miedo, ni se calcula el peligro, ni
se pierde la serenidad en los más críticos mo¬
mentos.
La bizarría demostrada por el capitán del Mont¬
serrat es peculiar á todos los marinos que tripu¬
lan barcos, ya sean de guerra ó mercantes, en
donde ondee la bandera gualda y roja.
Un telegrama de la Agencia Mencheta daba
cuenta hace poco de la siguiente contestación
dada por el capitán del Satrustegui á los que le
despedían deseándole un viaje sin accidentes:
— Mi vapor — decía — no será nunca remolcado
por ningún buque yankee , pues antes echaré el
barco á pique.
Ese es el genio de la raza. En cambio nuestros
*• enemigos, que tienen muy desarrollado el instinto
de conservación , huyen veloces al primer ataque
de una mala cañonera, la más insignificante de
nuestras unidades de combate.
Al zarpar el día 10 del puerto de Cádiz el vapor
Montserrat y fijóse mucho la atención en lo peli¬
groso y arriesgado de aquel viaje, emprendido en
vísperas de guerra, cuando era esperada de un
instante á otro la ruptura de hostilidades.
Llevaba á bordo .500 soldados, bastantes jefes y
oficiales y gran cantidad de víveres, carbón y mu¬
niciones.
Llegó sin novedad á Canarias, y no pudo el
aguerrido capitán del buque conocer todavía nada
concreto sobre la actitud de los Estados Unidos.
Sin la menor preocupación por los sucesos verda¬
deramente graves que se echaban encima con bru¬
tal rapidez, partió de las Palmas el día 14.
Su misión era delicadísima, las responsabilida¬
des inmensas. La captura de la embarcación á sus
órdenes por la escuadra norteamericana, no hu¬
biera constituido un vulgar apresamiento ó un
acto más de piratería que añadir á los ya realiza^
dos por aquellos mercaderes sin escrúpulo, sino
que hubiera significado una pérdida grande para
la nación, que había puesto á bordo del vapor á
muchos de sus hijos y que le confiaba el trasporte
de numerosos pertrechos de guerra.
El viaje inspiraba, sin embargo, mucha con¬
fianza á todos’ los que seguíamos con la imagina¬
ción la ruta' del transatlántico. Sabíamos que iba
al mando de óLD. Manuel Deschampe, un valiente
hijo de la Coruña que une á su carácter íntegro y
resuelto los conocimientos de náutica más exten¬
sos y una pericia singular demostrada en sinnú¬
mero de ocasiones.
No bien empezó la racha de los apresamientos,
corrió en Nueva York como válida la noticia de
haber caído en poder de la escuadra yankee el va¬
por Montserrat . Lo mismo se dijo por muchos pe¬
riódicos de Europa que surten sus informaciones
con telegramas de Washington y Key West.
En cambio, entre nosotros reinaba la tranquili¬
dad más absoluta, conservándose intacta la fe en
el éxito del esclarecido marino Deschamps.
Lo prueba la prensa de aquellos días , que se ex¬
presaba en estos términos:
«Antes de zarpar estaban descontadas las con¬
tingencias del viaje, y es algo difícil la presa.»
No tardó en recibirse un telegrama de un co¬
rresponsal que desde la Habana decía:
«A mediodía vimos que llegaba un vapor de gran
porte. Créese que es el Montserrat . Cuando lle¬
gaba cerca de la escuadra cambió de rumbo, ale¬
jándose perseguido por uno de los cruceros norte¬
americanos.»
Y tampoco se hizo esperar la oficial confirma¬
ción de esta noticia, más halagadoramente expre¬
sada por el general Blanco en la siguiente forma:
«El vapor Montserrat se presentó á la vista del
— Morro. La escuadra destacó un-buque para impe¬
dir su entrada, y el Montserrat se vió obligado á
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30 Abril 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
n.® xvi — 265
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA. — la escuadra VOLANTE americana en hampton ROAD,
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Texas. Brooklyn. MinneapolU. Columbio. Massachuscíts.
258 — n.° xvi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Abkil 1898
hacerse á alta mar. Créese que ha podido burlar
la persecución.))
Todos los corazones rebosaban de contento, y
ya nadie ponía en duda el feliz término de la di¬
fícil travesía.
No fueron vanas las esperanzas de los buenos
españoles. El capitán Deschamps, procediendo he¬
roicamente, salvó todos los obstáculos, y llevando
por divisa el lema del antiguo crestón: «O encuen¬
tro camino ó me al)ro uno» , atravesó la línea de
fuegos de los acorazados yankees , recorrió la costa
occidental de la Isla de Cuba, pasando por frente
de Mariel y Bahía Honda, continuó por el Norte
de la provincia de Pinar del Río hasta dar la
vuelta al cabo de San Antonio, y siguiendo in¬
verso camino por la parte Sur de la gran Antilla,
fondeó con toda felicidad en la bahía de Jagua¡
de la ciudad de Cienfuegos.
Tal es al menos el itinerario que se supone pro¬
bable, con los datos que hoy conocemos. Y sea
cual fuere la dirección seguida por el magnífico
vapor de la Compañía Transatlántica que ha bur¬
lado el fantástico bloqueo, lo cierto es que este
hecho ha puesto una vez más de relieve la poca
efectividad de las fuerzas navales de los Estados
Unidos.
Antes ya habían logrado entrar en el puerto de
la Habana el crucero italiano Oiovanni Bauzan
y un buque de la Compañía Herrera .
Ahora, con la arribada del Montserrat se acabó
de ver que no es exacto el bloqueo hasta Cien-
fuegos notificado por Mac-Kinley á las potencias.
Antes de 1856 cabía lo que se llamaba bloqueo en
el papel , que consistía en la declaración escrita,
sin estar apoyada por el número de barcos sufi¬
ciente.
Hoy, para que el bloqueo sea efectivo, se pre¬
cisa que las fuerzas marítimas resulten bastantes
para impedir en absoluto todo género de comuni¬
caciones entre el punto bloqueado y el exterior.
Es el único y eficaz, y su observancia es obligato¬
ria para los neutrales, con arreglo á la Declara¬
ción internacional de París.
El capitán Deschamps no encontró á su paso los
serios obstáculos de un completo bloqueo, reali¬
zado con sujeción á las prácticas del derecho de
gentes. Con la sola defensa de dos medianos ca¬
ñones, que era todo el armamento que llevaba,
burló la vigilancia de los buques yankees , que al¬
canzan velocidades de 17 á 21 millas.
Es verdad que se trataba de un marino español,
y como tal pundonoroso y atrevido hasta el sacri¬
ficio. Lleva más de veinte años al servicio de la
Trasatlántica, y sólo hace cinco que manda va¬
pores, aunque sin carácter definitivo en los esca¬
lafones de la Empresa.
Todo el mundo confía en su inmediato ascenso,
y aplaude la resolución del Gobierno proponién¬
dole para la más alta recompensa en la Marina.
Una nota final, que prueba el entusiasmo des¬
pertado por el temerario comportamiento del ca¬
pitán Deschamps. El Casino de Madrid ha acordado
regalarle las insignias de la Cruz Roja del Mérito
Naval.
Gabriel R. España.
POR QUÉ EL SOL NO SE APAGA.
conBUme> sabe Dios desde hace
cuántos siglos, cantidades innumera-
bles de calor, y la humanidad no se
X explica que, si se gasta, no se empobrezca
cuando no se recupera lo gastado.
1J7 Nadie comprende que un. fuego no se apa-
gue si con nuevos combustibles no se le ali¬
menta, así como paletadas de carbón, y esto
se busca para el astro del día, ni más ni menos que
si se tratara de un choubesky. Meyer y Thomson
creyeron encontrar esa carbonera inacabable en
la gran cantidad de siderolitos que, según aque¬
llos, deben caer á diario sobre el Sol; Siemen halló
también un buen depósito de combustible en el
oxígeno, hidrógeno, ázoe y carbono que aquel sa¬
bio supone mezclados en las esferas siderales con
los tenues átomos del éter. Pero la gente no en¬
tiende de suposiciones: quiere ver al fogonero ati¬
zando los hornos, y como no le vea, se burlará muy
á su gusto de esos depósitos ideales.
En un trabajo, modesto como mío, publicado no
hace mucho en este mismo periódico, extrañaba
yo que la ciencia se esté dando de calabazadas por
encontrar científicamente la causa de las causas, ó,
si se me permite, el primer principio , cuando esta
primera causa científica no existe ni puede existir;
y de igual modo es posible que se extrañe la gente
de que la sabiduría ande por esos espacios infini¬
tos en busca de ese depósito de carbón, que no más
que con fijarse en los últimos descubrimientos cien¬
tíficos, se ve, yo creo, que maldita la falta que nos
hace.
Tiempos atrás, en aquellos en que se tenía como
cierta la célebre teoría de Newton relativa á la
luz y al calor, podrían comprenderse estos temo¬
res de que el Sol se apagara, y era justificada la
manía de agregarle algo desde fuera para que no
disminuyese. Suponía Newton que la luz del astro
central y su calor, mejor aún, el medio para que
á nosotros llegasen, era como especie de lluvia ó
copioso desprendimiento de materia solar, tan te¬
nue como el éter mismo; pero como de ser esto así
poco tiempo hubiéramos podido disfrutar de aquel
calor y de aquella luz, dadas las dimensiones del
Sol y el espacio que con su luz y su calor abarca, la
teoría de Newton ha sido desechada por imposi¬
ble. Aquella otra famosa, que suponía en nuestros
ojos, y no sé si en todo nuestro organismo invisi¬
bles, tentáculos que, alargados hasta palpar con sus
extremidades los objetos, nos transportaban las
imágenes, y acaso también el calor y otras mil
sensaciones; la suposición del fluido lumínico, del
fluido calórico y de tantos otros fluidos con que
se aclaraban en tiempos estas y otras obscuridades,
y muchas extrañas ideas tan en boga durante lar¬
gos años, ahora son en justicia consideradas como
absurdos.
Ya sólo existe una teoría para esta clase de fe¬
nómenos. Se afirma hoy que la luz, el color y el
calor; mejor dicho, la causa de que á nosotros lle¬
guen, no es sino la vibración de una tenue sus¬
tancia que se extiende por los espacios infinitos.
Es cierto que la existencia del éter no está toda¬
vía comprobada, y posible que esta nueva teoría
aumente con el tiempo el interminable caudal de
los absurdos; pero si hoy la ciencia sin ningún
escrúpulo la admite; si afirma que por el éter no
se nos comunican sustancias, sino sólo la imagen
y las propiedades de los objetos, resulta verdade¬
ramente extraño que esa misma ciencia trate de
inquirir los motivos de por qué el Sol no se con¬
sume. ¿ Por que y cómo se han de gastar un calor
y una luz que no se vierten, que no se esparcen,
de los que la imagen sólo nos llega? ¿Se gastan
acaso los objetos porque la fotografía los repro¬
duzca?
Aventuradilla es la idea, y es preciso aclararla.
Todos saben cómo los cuerpos se componen de
pequeñas partículas, que han hecho pensar en la
existencia de los átomos como principio de la
materia ó parte material indivisible. La teoría
atómica ha sido siempre rechazada por muchos con
razones incontestables: es muy cierto que, por pe¬
queña que sea una parte de la materia, teórica¬
mente siempre será posible su división. Pero si
los átomos ideales desde luego no existen, los áto¬
mos reales forzosamente tienen que existir. La
fuerza humana puede pulverizar un cuerpo, redu¬
cir aquel polvo á otro más sutil todavía; pero la
fuerza humana tiene su límite, y hasta él sólo lle¬
gará no más su facultad de destrucción. Las fuer¬
zas de la Naturaleza son, claro está, mucho más
poderosas; pero indudablemente han de ser tam¬
bién limitadas: á este límite alcanzará no más en
ellas su poderío destructor; y cuando los cuerpos
se descompongan en tan ínfimas partes que ya
sean invulnerables á la acción de la Naturaleza,
cada una de esas partes será realmente indivisi¬
ble, y por tanto un átomo real.
Supongamos ahora que la combustión es el lí¬
mite para la fuerza natural en nuestro globo : el
resultado que ella obtenga sobre los cuerpos no
será otro que la completa disgregación de sus áto¬
mos. Pero ya se ha dicho que los átomos son inal¬
terables, y, por tanto, conservarán su cualidad y
su sustancia; á tal punto, que si fuera posible reco¬
ger de la atmósfera los en ella esparcidos; del
suelo los que en este quedasen, y los combináse¬
mos otra vez, se obtendría sin duda de nuevo el
cuerpo combustible. Y como de la Tierra nada sale,
y los átomos no se destruyen, existirán siempre
en aquélla iguales elementos para la combustión,
en posibilidad de combinarse de nuevo y repro¬
ducir el fenómeno. La cuestión es que aquellos
elementos se combinen, y en la Tierra para la
reunión de los átomos que antes se desunieron
hace falta un ratito.
¿Ocurre esto en el Sol?
La constitución del astro central es distinta á la
de nuestro globo: no existe en él esta atmósfera
tenue en la que los vapores se disipan. La atmós¬
fera solar es tan densa casi como el Sol mismo, y
esto sin explicación se comprende. Hay muchos
que suponen que es ella sola la que arde. Nada la
envuelve sino el éter, y al éter no se va parte
alguna de la materia, ó no son ciertas las leyes de
atracción, y si no fuesen ciertas, entonces sí que
el Sol disminuiría y hasta acabaría por extinguir¬
se, no estando por nuestra parte libres de ese pe¬
ligro.
La atracción que se supone en el centro sobre
la materia, ó bien la acción molecular, producen
allí la combustión en igual forma que ocurre en
el interior de nuestro globo. Allí, como aquí, las
fuerzas de la Naturaleza no pueden ser ilimitadas;
el efecto superior que ellas produzcan en la des¬
trucción de los cuerpos no será otro que la disgre¬
gación de sus átomos en una atmósfera que arde
y es casi tan densa como el Sol mismo. Y puesto
que las sustancias no se pierden, ni las partículas
ínfimas sufren tampoco alteración en sus condi¬
ciones, y al agitarse aquéllas no lo hacen en toda
libertad á causa del espesor de la hoguera, pueden
de nuevo combinarse mucho más fácilmente que
en nuestro globo, y sostener la combustión sin
tregua alguna y con la misma intensidad.
El Sol, pues, creo yo, no se apagará nunca por
falta de materiales que animen el incendio, sin
que haya necesidad de arrojarle paletadas de si¬
derolitos, que pudieran espasear algún día ó no
hallarse en la vecindad. El vive por sí mismo,
como todo en el universo, como la humanidad, que
por sí propia se reproduce, y los vegetales que con
sus semillas se renuevan, y hasta el mineral, que
se desorganiza para combinarse otra vez con las
mismas sustancias.
Estén tranquilos los mortales: no nos quedare¬
mos á obscuras.
Luis Calvo Revilla.
POR AMBOS MUNDOS.
. NARRACIONES COSMOPOLITAS.
Crispí pintado por si mismo. — Los católicos de Malte» en Suiza —
Retreta municipal contra los maridos. —El diablo en la iglesia
yankee. — Un verdugo de las colonias inglesas. — Una victima de la
policia alemana. — La Raffesia Amoldi de Mindanao; la flor más
hermosa del mundo.
KA fama del ilustre hombre de Estado
Crispi ha sido tan cruelmente com¬
batida por sus innumerables adversa¬
rios, que no sólo en Italia, sino en el
Extranjero, 'resulta muy reducida la
Ra de su crédito. Pero no es el político
aliano hombre que se amedrente, ni
que se sienta debilitado en lo más mínimo
V por los ataques de sus enemigos, sino que,
por el contrario, haciendo gala de su carác¬
ter enérgico, animoso é indomable, mantiene er¬
guidos su cabeza y su genio, y mira con soberano
desprecio á cuantos tratan de molestarle. Para no
quedar expuesto mañana ú otro día á la acción
demoledora que la crítica sañuda y parcial, dis¬
frazada de historia, suele producir en la determi¬
nación del mérito de los hombres eminentes, y
que á él de seguro podría alcanzar, se ha preve¬
nido Crispi, elaborando con toda paciencia y cui¬
dado una larga serie de Memorias que constitu¬
yen una autobiografía y una crónica analítica de
la historia contemporánea de Italia.
La obra manuscrita, que formará nueve tomos,
para cada uno de los cuales ha redactado cuatro¬
cientas cuartillas, ha sido adquirida, según dice el
Corriere delta Sera , por un editor inglés, que em¬
pezará á publicarla en el próximo mes de Julio.
La distribución del trabajo es esta: Tomo I. Polé¬
micas entre Mazzini y Cavour, escritas por Crispi
en la época en que tuvieron lugar y á la sazón en
que desempeñaba el cargo de corresponsal de va¬
rios periódicos franceses. — II. La unidad italiana
y la autonomía de Sicilia.— III. Historia documen¬
tada de los preparativos y marcha de la expedi¬
ción de los Mil.— iy. Desembarco en Maréala y
gobierno provisional de Sicilia. — Del Y al IX, la
obra versa sobre los sucesos ocurridos desde 1860
hasta el último Ministerio, resumiéndose en uno
de los últimos la participación importante que
Crispi tuvo en la formación de la triple alianza.
Se hará una edición en italiano y otra en inglés,
y seguramente se publicarán ¿ continuación las
traducciones en francés y en alemán. El que fué
brillante periodista en su juventud y gran orador
siempre, habrá realizado esta tarea, que tanto le
interesa, con todo el arte que un ingenio tan ce¬
lebrado ha tenido constantemente á su disposi¬
ción, de ese modo que el libro, aunque sea políti¬
co, y por consiguiente un tanto repulsivo á los
espíritus tranquilos y amigos de la amenidad, re¬
sultará ameno, interesante é instructivo, porque
la política aparecerá en él perfectamente suavi¬
zada por los atractivos del estilo y de la correc¬
ción literaria.
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30 Abbil 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.a xvi — 259
„ Macho se ha" hablado siempre, al describirlos
rasgos característicos de las naciones, de la tole¬
rancia, calma y bonhomie propias del patriarcal
pueblo suizo; pero entre todas las demostraciones
aducidas para evidenciarlo yo no recuerdo nin¬
guna que mejor fotografíe esas envidiables cuali¬
dades morales como la que cuenta el periódico de
Lucerna titulado La Gruyere .
Viven en el pueblo de Malters un gran número
de vecinos procedentes del cantón de Berna, que
son protestantes. EL pueblo es católico, y jamás
se ha inmiscuido para nada en las prácticas reli¬
giosas ni en las manifestaciones de dichos beme-
ses. Estos no tienen allí pastor, ni sacerdote, y,
por no tener, ni siquiera tienen templo, ni cosa
semejante. Cuando alguna que otra vez acudía
desde Lucerna el pastor Z. Locher para predicar
á sus correligionarios , solían reunirse en la sala
de la planta baja de una casa, y ocupaban además
los pasillos y las afueras, procurando los que no
podían entrar tomar parte en las ceremonias aso¬
mándose por las ventanas.
El cura católico del pueblo, Mr. Estermann, con¬
siderando lo apurada que se veía aquella gente
para cumplir con sus deberes religiosos, visitó á
Locher cuando últimamente acudió á Malters y le
invitó á que celebrara en adelante los actos del
culto dentro de su iglesia. Aplaudió el vecindario
este rasgo de consideración y de tolerancia de su
párroco, y no sólo les pareció bien lo acordado, sino
que convinieron en abrir una suscripción para ad¬
quirir un armonio, que se entregara á la colonia
bernesa para que pueda utilizarlo en el acompa¬
ñamiento de los cánticos del rito protestante. «En
las listas de suscripción, dice La Gruyere , figuran
al lado de los nombres de los berneses los de los
católicos, siendo el número de éstos tres veces
mayor que el de aquéllos.:»
— Posible es — dijo al pastor Locher, en Lucer¬
na, un personaje á quien refirió este caso; — posi¬
ble es que Mr. Estermann convierta á todos sus
feligreses de usted y los anexione á su parroquia.
— ¡Todo pudiera ser! — contestó el pastor, —
porque el medio más eficaz de conversión es el
que Mr. Estermann emplea, aunque con su tole¬
rancia y su afecto no se haya propuesto realizar
semejante fin.
•
• •
Las aldeanas de algunos pueblos próximos á Lu¬
cerna, ya que no puedan convertir á sus maridos
en materia de que no estén trasnochando en la
taberna, tratan de atarles corto. El periódico de
dicha capital L'Entlebucher manifiesta que mul¬
titud de madres de familia han dirigido una carta-
exposición al prefecto de la comarca pidiéndole
que designe una hora determinada de la noche,
las ocho en el invierno, y las nueve y media en el
verano, para que al toque de campana se cierren
todos los establecimientos de bebidas y juegos de
cartas, y obligue la policía á que «cada mochuelo
vaya á su olivo». Dicen las señoras al Goberna¬
dor: «Si V. S. ordena que se den los toques de
campana; si se advierte que ha llegado el momen¬
to de la retreta municipal, poniendo en práctica
cuantas medidas sean necesarias para desde di¬
cho momento no se vierta una sola gota más en
los vasos, ni parezca una baraja sobre las mesas,
tejeremos una corona en honor suyo ( sic ) y será
eterno nuestro reconocimiento, ya que es absolu¬
tamente preciso que nuestros maridos se retiren
temprano y descansen lo necesario, para que á la
mañana siguiente no se encuentren incapacitados
para madrugar y trabajar.»
Dadas la tolerancia masculina, la calma y la
bonhomie que quedan dichas, no hay duda de que
las suizas se impondrán á los suizos, y de que la
campana municipal será de aquí en adelante, al
vibrar en la hora de la retreta, el disolvente de
todos los núcleos de consumidores de cerveza y de
aguardientes, y de los clubs de habladores y des¬
ocupados, y de los que, á pesar de contar con me¬
dios para estirar mucho los brazos, alcanzan á
tirar de la oreja á Jorge, disputándose un puñado
de céntimos en cada sesión.
•
• •
La formalidad de los Estados Unidos hace reir
á todo el mundo. A la cifra de 20.000 hombres que
iban á desembarcar en Cuba, le han quitado un
cero; al bloqueo, quitándole otro cero, es decir, la
o final, resulta que la escuadra yankee es un blo¬
que, ó adoquín ó tarugo que no tapa ningún agu¬
jero por donde los barcos españoles puedan llegar
á la isla; á los habitantes de las costas, desde las
de la Florida hasta Boston, puede representárseles
también por un cero , que añadido al té que toman
para fortalecerse, da como suma la palabra que
expresa el verdadero estado de su ánimo, cerote !;
las milicias, por lo mal que se organizan, demues¬
tran que son verdaderas malicias ; y, á cambio de
los barcos que nos roban, cargados de los pacíficos
utensilios que tanta falta les hacen, como azúcar,
leña y cuernos, nosotros les apresamos otros car¬
gados de carbón, ó les agujereamos, de parte á
parte, cañoneros como el Cmhing .
La literatura se inspira toda en la trampa de
Tampa, y el patriotismo se da de cabezadas en el
revolutum blanco y negro que ha formado el Mi¬
nistro de la Guerra en el campamento encharcado
de lodo, de ginebra y de whiskey que hay en Chic-
kamanga. Aquella nación tan culta y tan adelan¬
tada, ofrece sin cesar relevantes pruebas del refina¬
miento de su estado social en la vida y costumbres
de los pueblos. Hé aquí un detalle curioso que lo
demuestra á maravilla: el domingo 10 del co¬
rriente predicaba en su iglesia de Betlsel, en Bor-
bón (Indiana), el reverendo pastor Alkin, desarro¬
llando el tema: «Su Majestad Satanás». Cuando
estaba en lo más interesante de su sermón y des¬
cribía con horripilantes pormenores al espíritu
del mal, pintándolo con sombríos colores en me¬
dio de las llamas y rebullicio de los infiernos, se
vió aparecer en la iglesia, y correr por medio de
ella hasta el altar, á un individuo vestido de dia¬
blo, con traje y larga cola de color escarlata, tiz¬
nado el rostro y ostentando en la cabeza un par
de descomunales cuernos. El siniestro aparecido
recorrió la iglesia dando saltos por entre los gru¬
pos de personas, echando llamas y humo por boca
y narices, y diciendo: «¡Yo soy el demonio! ¡Ve¬
nid, venid todos conmigo!»
Asustados los fieles, revueltos en confuso tropel
hombres, mujeres y niños, caídos y pisoteados
muchos de ellos, en medio de la gritería más es¬
pantosa, se amontonaron hacia las puertas para
escapar de las garras de Satanás. Al correr ato¬
londrados derribaron la estufa encendida que ser¬
vía para la calefacción del templo, la cual prendió
fuego á las sillas; y como nadie pensó en acudir á
apagarlo, bien pronto ardieron todas, comunicán¬
dose el incendio á la armadura del altar, del coro,
del púlpito y del techo. Cuando á los doce minutos
de la entrada del diablo habían desaparecido por las
ventanas de la sacristía éste y el reverendo pas¬
tor, y se sacaron los últimos pisoteados y caldos
que había cerca de las puertas, la iglesia ardía en
masa, y media hora después no quedaban más que
montones de humeantes escombros sobre los ci¬
mientos.
Esto ha ocurrido en uno de los Estados centra¬
les de la Unión norteamericana, á dos pasos de
Indianópolis y de La Fayette, entre las múltiples
vías férreas que unen á Chicago con Cincinnati y
Luisville, es decir, en plena tierra de la civiliza¬
ción yankee , no en el Colorado, ni en el Oeste, ni
en ninguno de los territorios que tienen fama de
ser el escenario obligado de todas las extra vagan¬
cias y barbaridades propias de los pueblos hetero¬
géneos sin ideal y sin respeto á la ley ni al pró¬
jimo. Semejante cuadro es digno de figurar, como
elocuente documento de prueba, en la galería esco¬
gida de las informalidades que reflejan la deca¬
dencia moral de la patria de Taylor, de Lee y de
Mac-Kinley.
• •
Hay un sistema colonial que consiste en dejar
á los indígenas en completa libertad de continuar
practicando todas las bárbaras tradiciones y cos¬
tumbres de sus antepasados, con tal de que reco¬
nozcan sumisos la soberanía europea que les do¬
mina y paguen los grandes tributos que se les exi¬
gen. Así lo tienen planteado algunos europeos en
las Indias. Hoy admiran los habitantes de Ham-
burgo á un personaje que ha desempeñado princi¬
pal papel en esas costumbres bárbaras: al verdugo
de cuatro patas. De la India ha llegado á aquella
metrópoli del comercio central de Europa el afa¬
mado tratante de fieras Cari Hagenbech, que entre
otros ejemplares ha traído un elefante de ochenta
años, jubilado de su profesión de verdugo después
de haber cumplido treinta de buenos servicios.
Es el caso que como la religión de los indios
les prohíbe matar á ningún prójimo aunque sea
criminal, destinan al cruento oficio de ejecutar á
los malhechores á los elefantes de mayor talla que
se encuentran en la comarca. El que ha llegado á
Hamburgo procede del país de Dacca. La ejecu¬
ción se realiza obligando al condenado á poner su
cabeza sobre una piedra. El elefante levanta una
de las patas delanteras, calzada á propósito, y la
coloca sobre la cabeza del reo, que queda deshe¬
cha con una simple presión.
Repugna, á la verdad, el leer estos detalles; pero
¿cuánto más repugnante no es el presenciarlos y
consentirlos? ¿Hay algo análogo ni parecido en
los detalles seculares de nuestras posesiones ultra¬
marinas?
• •
Aliquando también en plena civilización ocu¬
rren espantosos sucesos, en los cuales el verdugo
es el abandono de los desgraciados. No puede
leerse sin profunda pena lo sucedido en Ratisbona,
en la culta comarca de Baviera. La policía detuvo
en las calles á un niño de doce años, que por no
tener medios con qué sustentarse vivía pidiendo
limosna. Acusado de vagabundo fué encerrado en
un calabozo á pesar de sus protestas de inocencia,
de sus lamentos y de las súplicas que hacía para
que le permitieran regresar á su casa. Nadie dió
importancia á sus lágrimas. Metido en el calabozo
continuó llorando, y durante nueve días ninguno
se ocupó de él, ni para oirle, ni para atenderle, ni
para darle un poco de pan ni de agua. Al fin el
juez, revisando la cárcel, mandó abrir el calabozo,
y se extrañó al encontrar en él á un muchacho
preso, del cual nadie le había hablado. El pobre
detenido no podía tenerse en pie; cuando el juez
le interrogó, se quedó como mudo y absorto, re¬
costado en la pared y temblando . ¡Estaba loco!
•
• •
En esa dilatada y admirable isla de Mindanao
que poseemos hace cuatro siglos, y que no hemos
sabido conocer y dominar todavía más que en las
costas, se ha descubierto y estudiado por un explo¬
rador botánico alemán «la flor más grande de la
creación», á la que los indígenas dan el nombre
de bolo . Brota esta maravilla gigantesca de la ve¬
getación en las cumbres de las cordilleras de la
isla, á 1.000 y 1.200 metros de altura, y ostenta
cinco pétalos que en su circunferencia ocupan uñ
espacio de 3,50 metros. Los botones de dondo pro¬
ceden las flores son, antes de abrirse, del tamaño
de la cabeza de un niño, y el tallo que los sostiene
es de un grueso de cinco á seis centímetros. En
las cimas donde aparecen estas flores, forman jun¬
tas verdaderos ramilletes colosales, que cubren una
extensión superficial hasta de 140 pies cuadrados.
El peso de cada flor excede de 10 kilogramos. Al
dar cuenta de este singular hallazgo, dice el via¬
jero naturalista que la planta bolo pertenece á la
misma especie que el Raffesia Amoláis que se en¬
cuentra en los bosques de la isla de Sumatra.
Ricardo Becerro de Bengoa.
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260 — n.° xvl
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Abril 1898
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
Anuario del Comercio Bailly-BalIIiére. — Hemos recibido
el interesantísimo y útil Anuario del Comercio para 1898 que
acaban de publicarlos Sres. Bailly-Bailliére é Hijos, de Madrid.
Por hacer veinte años que sin interrupción viene publicándose,
la obra es bien conocida. La multitud de datos sobre el comercio,
la industria, magistratura, administración, etc., que contiene, tan lo
de España y sus colonias como de los demás países donde se ha¬
blan los idiomas castellano y portugués, hace que se la estime y
se la considere como indispensable á todo el que ejerza una indus¬
tria, por pequeña aue sea, ó sus negocios estén relacionados con
las clases mercantiles.
Los comerciantes é industriales encontrarán en el Anuario del
Comercio Bailly-Bailliére nuevas salidas ó medios de exporta¬
ción para sus productos y nuevos mercados de donde importar las
materias indispensables á toda fabricación.
Esta edición ha sido cuidadosamente ilustrada con 22 mapas de
provincias de España, indicando todos los Ayuntamientos, ferro¬
carriles de via normal y estrecha en explotación ó en construc¬
ción, carreteras del Estado y provinciales, canales, ríos, altura de
montañas, etc., y las Repúblicas hispano-americanas con los re¬
tratos de los presidentes y bandera nacional.
Escorial á la vista, por D. Juan Noguera.— En muy reducido
volumen, que hace muy cómodo su manejo, y muy elegantemente
impresa, acaba de pimlicarse una guía sumamente práctica y
completa del viajero en el Real Sitio de San Lorenzo. Él trayecto
desde Madrid al Escorial está minuciosamente descrito, y el Mo¬
nasterio y Palacio de San Lorenzo perfectamente estudiados, con
excelente método y gran riqueza de pormenores útilísimos á quien
visite aquellas maravillas. Ciertamente merece elogio el Sr. No¬
guera por su libro, que sin tener las pretensiones de una extensa
obra ae estudio, compendia admirablemente cuantas noticias
pueden apetecerse al recorrer la grandiosa y severa fundación de
Felipe II.
Le Théátre Büpagnol. — San Gil de Portugal , de Moreto, Ma¬
tos Fragaso y Cáncer, por Mr. Alired Gassier, París. Paul Ollen*
dorff, editeur. Es un estudio entusiasta de nuestro teatro desde cu
fundación á nuestros dias, honroso para su autor y para España.
A la conclusión se inserta el arregló de la comedia Caer para le¬
vantarte , como se representó ,* con muy buen éxito, en el teatro
del Odeon, de París, el 15 de Abril de 1897, con el título de San
Gil de Portugal . — Véndese en la librería de Fe. — C.
MADRID. — SALIDA DK PALACIO DE LA COMISIÓN DEL SENADO
DESPUÉS DE ENTREGAR Á S. M. LA CONTESTACIÓN AL DISCURSO DE LA CORONA.
(De fotografía de Medina.)
LICOR DEL POLO DE ORIVE
Nada hay tan desagradable como una dentadura sucia, una boca de olor fétido, unas encías pá¬
lidas y blandas. Las señoritas que poseen el arte de la belleza y que saben lo que más encanta al
hombre, sostienen sus dientes con hermoso y nacarado marfil, los encías duras y rosadas como el
carmín y la boca deliciosamente perfumada por la menta y la rosa, con el uso diario del más ba¬
rato y mejor de los dentífrícos del mundo Licor del Polo de Orive. Por mayor, Melchor
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PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN, PAGADEROS EN ORO.
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ADMINISTRACIÓN:
AREN AL, 18
Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Demás Estados de América y
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Madrid, 8 de Mayo de 1898,
AÑO.
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60 francos.
jíjI
262 — x.° xvn
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Mayo 1898
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Cuba nuestra, por don
Emilio Castelar, de la Real Academia Española. — Efectos del cor¬
so. por D. Cesáreo Fernández Duro. — Teoría y práctica, por Zeda.
—España, poesía, por i). José Jover. — Por ambos mundos. Narra-
ciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa.— Sueltos.
— Libros presentados á esta Redacción por autores ó editores,
por C— Anuncios.
Grabados. — Bellas Artes: En campaña , dibujo de Moreno Carbone¬
ro.— Trafagar, dibujo de J. Vallejo — La guerra entre España y los
EÉ. UU. de Norte- América: Croquis de la entrada y bahía de Ma¬
nila.— Retrato de D. Luis Cadarso y Rey, comandante del crucero
Reina Cristina , muerto heroicamente en el combate de Cavite.—
Crucero no protegido Reina Cristina , buque insignia de la escuadra
española en el combate de Cavite. — Principales buques que com¬
ponían la escuadra española en Filipinas: Crucero no protegido de
segunda clase Don Juan de Austria. Crucero no protegido de segun¬
da clase Don Antonio de Ulloa. Crucero no protegido de primera
clase Castilla. Crucero no protegido de segunda clase Velasco. Cru¬
cero protegido de segunda clase Isla de Cnha. Crucero de se_gunda
clase Isla de Lnzón. — Croquis del archipiélago filipino. — Cañonero
Ligera , que rechazó con graves avenas al torpedero americano
Cmhing en aguas de Cárdenas (Cuba). — Torpedero Cushing , recha¬
zado por el cañonero español Ligera. — Principales buques de la es¬
cuadra americana actualmente en la bahía de Manila: Crucero
protegido Boston. Cañonero protegido Petrel. Crucero protegido
Olympia , buque insignia. Crucero protegido Ralcigh. Cañonero pro¬
tegido Concord. — Retrato de D. José Mana de Gorordo ó Igartúa,
capitán del transatlántico Alfonso XIII, que arribó felizmente á
Puerto Rico burlando la vigilancia de los cruceros norteamerica¬
nos. — El vapor correo Alfonso XIII , de la Compañía Transatlántica,
recientemente llegado á Puerto Rico.
CRÓNICA GENERAL.
C KISTE día fué para nosotros la víspera
X del 2 de Mayol El general Augustin
o nos anunciaba la entrada nocturna en
2 la bahía de Manila de la escuadra nor¬
teamericana, y la pérdida en un com¬
bate desgraciado, pero heroico y épica¬
mente desigual, de nuestros principales
buques, que sólo podían oponer á las fortalezas
blindadas de la escuadra enemiga y á sus pode¬
rosos cañones, á sus bombas incendiarias, prohibi¬
das por el derecho y los tratados, sus cubiertas de
madera y su vieja artillería. A la guerra bufa de
reconocimientos convertidos en triunfos en las cos¬
tas de Cuba, había sucedido en Filipinas la acome¬
tida sobre seguro y con superioridad abrumadora de
una tierra lejana, no preparada á la defensa exte¬
rior, confiados como habíamos vivido en la paz
con todas las naciones, y acaso con exceso en el
valor personal de nuestras tropas y marina, valor
inútil cuando la muerte no se logra cuerpo á cuer¬
po, sino que viene de lejos, adonde no puede el
hombre llegar. No es ocasión de reflexiones que
saltan de la pluma y contenemos con trabajo. Ca¬
llemos hoy y mientras dure la guerra. El patrio¬
tismo impone la unión y el silencio, sobre todo
cuando nada se dice que sea de provecho. Ante el
espectáculo lastimoso de nuestros buques hundi¬
dos uno tras otro haciendo fuego, sin probabilidad
siquiera de vencer, y aceptando el patriótico sa¬
crificio con abnegación, solo nos corresponde sa¬
ludar con respeto la heroica y ya legendaria figura
de D. Luis Cadarso, comandante del María Cris¬
tina, que se nos representa en los últimos despa¬
chos cubierto de sangre y dirigiendo contra el
enemigo sus cañones poco antes de morir defen¬
diendo su bandera, rezar por los muertos en aque¬
lla gloriosa tragedia en que España perdió sus bu¬
ques y conservó su honra, y envanecernos de la
desdicha doliéndonos del mal.
La impresión fué dolorosa en toda España: más
de ira reconcentrada que de temor: lágrimas de
rabia impotente eran las que asomaban á los ojos:
la máquina burlándose del hombre : el acero des¬
trozando la madera: la bomba aplastando el te¬
cho de ñipa, y la riqueza insolente á la pobreza
honrada: el cerdo sano y mantecoso hollando al
moribundo león. Mala noche y malos sueños tuvi¬
mos el 1." de Mayo los que amamos á España. Lue¬
go, el cable cortado: la obscuridad, y larguísimos
días sin noticias..— Sólo venían de Nueva York las
insolentes risotadas, las jactancias, insultos y ba¬
ladronadas de los yankees . Pero ¿qué es la guerra?
Mezcla de regocijos y de penas. Estas nos hallan
muy curtidos : ¡adelante!
pechosas las que menos de ineptitud ó de codi¬
cia; perturbar y distraer á los que dirigen con
tardíos é inútiles consejos; perder el tiempo en
lastimosas discusiones; hacer discursos pomposos
y huecos, que excitan los ánimos, dividen á las
gentes y no nos traen remedios ni esperanzas: esto
se ha hecho en el Congreso; lo consignamos con
tristeza. Allí ha habido críticas que, aun siendo
justas, eran inoportunas y nocivas; y no ha habido
maldiciones ni protestas para el enemigo , resul¬
tando de estas censuras mutuas como si á aquél le
asistiera la razón. Hay que desinfectar nuestra po¬
lítica y orear el pudridero.
La repetición de los alborotos en las calles, y la
inutilidad de las reflexiones del gobernador, señor
Aguilera, le obligaron á resignar el mando en la
autoridad militar. También consignamos el hecho
con dolor. ¡Cómo! ¡Cuando nuestros soldados y
marinos están comprometidos en locha desigual,
hay quien distraiga parte de las fuerzas con sus
gritos y manifestaciones, para que no puedan acu¬
dir á la defensa de la patria ! Hace pocos días se
detenía en las cercanías de Gijón á un extranjero
sospechoso, y estalla en Gijón un motín de sub¬
sistencias y se saquean almacenes. Hace algún
tiempo se alzó una partida en Valencia para justi¬
ficar la inversión de fondos insurrectos, y ahora
se repite ese rápido fenómeno. Hay alborotos en
Talavera y en La Unión..... ¿se puede sospechar
con más verosimilitud que los agentes que suble¬
varon á Cuba trabajan en la Península, explo¬
tando todas los disgustos y miserias? Confiemos
en que, si es imposible evitar ciertas agitaciones,
el sentimiento del deber y de la salvación evitará
el triste naufragio que algunos desearían produ¬
cir. No nos suicidaremos: todas las energías pri¬
vadas rechazarán cuanto al desorden las provoque,
sabiendo con seguridad que Mr. Woodford y sus
cónsules no se irían sin dejar el espionaje y los
servicios de agitación bien organizados. Es decir,
que los yankees están en la Península. '
- La prohibición de exportar granos era indis¬
pensable, dado el precio enorme de los cambios.
El trigo es oro en todas partes cuando no abunda
en Europa, y el oro en España tiene una ganancia
increíble. La especulación no repara en hambres
ni en calamidades, y era preciso impedirla, como
será necesario perseguir con rigor ese contraban¬
do. Esa elevación de cambios favorece á una parte
de nuestra industria que ya no tiene concurren¬
cia: no es la guerra para todos una desdicha.
Desde luego muchos comerciantes han subido los
géneros y comestibles que adquirieron á precios
regulares, y dado un valor que no tienen á las
imitaciones de lo extranjero. Otros, en cambio,
sufren mucho.
Francia ha suprimido temporalmente el derecho
de 7 francos de aduana que pagaba el trigo á su
entrada y que se había resistido hasta ahora á re¬
bajar Mr. Méline. La guerra entre España y los
Estados Unidos, sin ser el motivo único, ha sido
una de las causas: excusado es decir que la supre¬
sión de ese derecho y los cambios hubieran llevado
á Francia una gran parte de nuestras provisiones
de aquel grano. Y si allí preocupa el precio del pan,
es natural que aquí se hayan tomado rápidas y enér¬
gicas medidas.
Véase, pues, cómo no sólo al patriotismo, al
egoísmo de los que tienen algo, á todo el comer¬
cio, á todas las industrias, interesa, no ya hacer
sacrificios con sus donativos, sino procurar que no
se agrave la cuestión de subsistencias. Rara vez las
ganancias que se logran en perjuicio de todos no
se revuelven contra el especulador que las obtiene.
Ya lo dijo Campoamor en una fábula:
Es el mundo, á mi ?er, una cadena
Do rodando la bola,
El mal que hacemos en cabeza ajena
Refluye en nuestro mal por carambola.
Las malas noticias producen un efecto doble:
afirman la lealtad de las naturalezas generosas;
pero desalientan á los débiles y alientan á los
ruines en su eterna tarea de hacer daño para sacar
algún provecho. No tenemos el más mínimo inte¬
rés personal en la existencia del actual ó de otro
cualquier Gobierno; pero el interés público acon¬
seja no debilitar sino fortalecer con todas nues¬
tras fuerzas y recursos al que tiene la grave ne¬
cesidad de defender al país en guerra con el
Extranjero: combatirle por una desgracia en vez
de ayudarle nos parece una mala acción, por mucho
que se decoren los pretextos. Revolver el pasado,
cuando apremia y agobia el presente; exhibir mí¬
seras personalidades, desacreditadas las más, sos¬
En diferentes ocasiones hemos sostenido que el
juego debe tributar: en la presente tenemos el
apoyo de un hermoso artículo que leemos en La
Correspondencia: sólo una sociedad privada puede
vigilar el juego arrendándola el arbitrio , que
puede ser considerable, y sometiéndole á reglas,
sacado á subasta por provincias. El hecho es evi¬
dente: se juega, jamás se ha dejado de jugar; fal¬
tan recursos; entréguese la explotación, ya en todo
el territorio, ya por provincias, con permiso de
subarrendarse por distritos. El producto sería de
importancia y moralidad evidente, fijándose en
esta consideración: paga todo el que trabaja; justo
es que contribuya el vicio. Objetaráse que es in¬
moral la licencia de jugar; puede replicarse que es
más inmoral el hecho inevitable y constante de que
se juega sin licencia y sin contribuir á la nación.
¿Alude Lord Salisbury á nosotros en su profecía
siniestra contra los pueblos débiles y moribundos?
A los españoles nos corresponde dar fe de que
existimos afirmando nuestra nacionalidad unidos,
generosos, olvidando el pasado, rehuyendo lo que
debilita y deprime el ánimo. Hagamos otra profe¬
cía á Inglaterra: hoy es fuerte, rica, próspera, aca¬
so invencible en el mar; pero todo ese poder es ar¬
tificial y falso, porque una pequeña isla , que tiene
á su lado el hueso de Irlanda , no puede dominar
desde tan lejos, y con su población y su fuerza efec¬
tiva, las regiones de la India, la Australia, el
Egipto, el Cabo, el Canadá, Chipre y sus infinitas
posesiones. Es un banco de crédito político y na¬
val sin verdadera garantía, destinado á derrum¬
barse de golpe á un esfuerzo mucho menor del que
sus eminencias se imaginan. El canal de Suez ha
de ser su muerte más tarde ó más temprano si no
robustece sus máquinas de guerra con la fuerza
moral, que al fin y al cabo triunfará á la larga de
las máquinas. Un explosivo, un agente químico,
cualquier invento, restablecerá el equilibrio, y
cuanto mayor hubiera sido el abuso , será más hon¬
da y estrepitosa la caída. Vivamos hoy por hoy y
gocemos del presente, responderán sus políticos;
pero estamos seguros de que se cumplirá nuestra
profecía y alcanzarán á ver la realidad muchas
gentes que están vivas.
Los españoles residentes en la República Ar¬
gentina merecen un aplauso por sus importantes
donativos, así como los de Méjico. Y merecen ser
leídas en toda la América española las opiniones
del general argentino Mansilla, que inserta Le
Temps del 2 de Mayo. Dicho general, ya sexage¬
nario, pide permiso, renunciando su grado, para
pelear en Cuba á favor de España si se le. permite
conservar su nacionalidad. «Mientras los cubanos
procuraban su independencia, dice, con ellos es¬
taban los que habían hecho lo mismo; pero lo que
no podemos admitir es que para lograrla hayan
buscado contra la madre patria, madre al fin á
pesar de sus agravios, el auxilio de una nación
extranjera, peligroso para ellos y para nosotros.
Los Estados Unidos codician á Cuba, y no les hará
desistir de su propósito ninguna protesta de hu¬
manidad ó desinterés. Y la desean no sólo por ser
una fábrica de azúcar sin rival, sino la llave del
golfo de Méjico y del futuro canal interoceánico,
y porque su dominio equivale al de los dos mares
y á la hegemonía sobre todo el continente.
»La guerra creará una fuerte marina norteame¬
ricana, y una vez convertida en gran potencia
naval, nada podremos hacer en nuestra casa sin
permiso de los norteamericanos. Nuestros agentes
de policía no podrán detener á un marinero yan -
kee sin que caiga toda su escuadra sobre nuestros
puertos.
»No sólo tenemos que sufrir nosotros ese pro¬
tectorado; Europa, que asiste inmóvil ó impotente
á esa intervención tan contraria al derecho de
gentes, también sufrirá las consecuencias.
x»No habréis olvidado el plan que nos propusie¬
ron los Estados Unidos en el Congreso panameri¬
cano de Washington en 1889. Nuestro delegado
Sáenz Peña contestó á su egoísta y equivocada
doctrina, «la América para los americanos j>, con
otro principio amplio y generoso: «América para
la humanidad».
Estamos conformes. Vencida ó no España, de¬
fiende la razón y el derecho y la causa universal.
Y, por nuestra parte, nos sentimos grandes en
nuestra pequeñez.
Hagamos justicia á nuestro Congreso. Si se han
oído en él discursos, acusaciones y pronósticos
deprimentes; si de él han partido voces agitado¬
ras, y, en general, no han correspondido sus se¬
siones al sentimiento nacional, y ha sobrado crí¬
tica y faltado calor, y no ha olvidado los vicios de
nuestra política menuda, y ha carecido de conse¬
jos útiles, de arranque y grandeza, y, en fin, está
lejos de responder al aplomo ó á la exaltación y
brío que requiere el estado del país, también se
han dado algunos ejemplos dignos de considera¬
ción y de respeto, como el apoyo de las minorías
conservadoras y de su jefe el Sr. Sil vela, el após¬
trofo del Sr. Salmerón contra la tiranía de la
prensa que tira muchos ejemplares, y quiere con¬
vertir una sociedad por acciones, explotadora de
anuncios y noticias, en poder ejecutivo; la demos¬
tración hecha po* el Sr. Moret, no de la irrespon¬
sabilidad constitucional, que no lo necesitaba, de
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6 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xvii — 263
la Corona, sino la efectiva en todos nuestros ma¬
les de los hombres políticos de todas procedencias,
ensayadas con daño, y verdaderos culpables, tanto
en la oposición como en el gobierno, por sus dis¬
cordias, levantamientos, rivalidades, ambiciones y
egoísmos, de las acciones y omisiones que nos han
traído á esta situación. Peor para ellos si nos equi¬
vocamos al creer que se notan síntomas de recon¬
centración patriótica para arbitrar recursos, ro¬
bustecer la fuerza directiva y sustituir la burla y
la negación con afirmaciones y energías guberna¬
mentales. Desde luego, ya era tiempo, se han oído
Íirotestas en el Congreso contra la brutalidad de
os yankees; y si hay sensibles excepciones en el
apoyo franco al Gobierno, son muy pocas. Lo pri¬
mero es lo primero, y más tarde se ajustarán las
cuentas que hayan quedado por saldar. Hoy sería
una ignominia.
Cerramos nuestra Crónica con impresiones me¬
nos pesimistas. Manila no ha sido bombardeada.
¿Recibiremos noticias que levanten el espíritu?
Las Cámaras insulares se han abierto. Los rebel¬
des de Visayas han sufrido un rudo golpe. ¿Quién
sabe lo que ha de suceder? ¡Adelante! ¡Adelante!
El patriotismo de los que luchan por España bien
merece que les ayudemos con todos nuestros re¬
cursos, y sobre todo ahogando nuestras pasiones y
volviendo por el honor y por la vida de esta patria
desdichada. Olvidemos de que hay carlistas, repu¬
blicanos, conservadores é íntegros; sean cuerpos
diversos de un ejército nacional oompuesto de es¬
pañoles.
Mentiríamos si dijésemos que los azares de la
guerra, y los motines de provincias, y la cuestión
económica, no asustan y acobardan á los tímidos
y prudentes: siempre ha sucedido lo mismo en
épocas difíciles; pero á los temperamentos gene¬
rosos las mismas dificultades les excitan, y no á
gritar y perturbar, sino á levantar el espíritu y
arrostrar con valor cuanto suceda. A los egoístas
hay que decirles: «No ya por obligación patriótica,
por vuestro propio interés, por codicia, debéis
contribuir con donativos ó préstamos á la defensa
del país»; á los generosos, acudir á su nobleza;
á los que se amotinan, hacerles ver que son sin
querer instrumentos del enemigo y nos privan de
fuerza mientras nos acometen; á todos, que no es
justo hacer la guerra con sangre de nuestros sol¬
dados y marinos; al Gobierno, que no es ocasión
de ser prudentes, sino de lanzar á la lucha todas
las energías nacionales; y á los defensores de la
patria an los mares y en la tierra enviarles nues¬
tros aplausos cuando luchen, llorarles cuando cai¬
gan, y no dejarles abandonados, vergonzosa y
traidoramente, por miedo ó avaricia, después de
comprometerlos en una empresa casi temeraria.
Cuando las mujeres que se amotinan comprendan
que privan á nuestros soldados de socorro y pro¬
tección, se arrepentirán de sus acciones. La vida
es corta; la Historia, inexorable: mueren los pue¬
blos cuando carecen de aspiraciones y grandeza,
y es menester que España viva. Nos asiste la ra¬
zón y hay que defenderla, y es preferible que en
tan legítima porfía Europa asustada nos ate como
locos á que nos desprecie por infames.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
BELLAS ARTES.
En campaña, dibujo de Moreno Carbonero. — Trafalqar, dibujo
de J. Vallejo.
Damos en primera página un dibujo de Moreno
Carbonero, magistralmente hecho, como todos los
suyos, que representa un corneta de órdenes en
campaña. El tipo de nuestros soldados está admi¬
rablemente visto, y la actitud en que está espe¬
rando la orden del jefe, que con su corneta ha de
comunicar á todos, muy bien sentida. Su proximi¬
dad al jefe de la fuerza y su colaboración en el
mando, prestan á la personalidad del corneta una
resolución y una energía que el dibujo de Moreno
Carbonero interpreta perfectamente.
En la (Joble página 268 y 269 publicamos un her¬
moso cuadro del desgraciado y gloriosísimo com¬
bate de Trafalgar, si presente siempre en nuestro
recuerdo, hoy todavía más con motivo de recien¬
tes desgracias heroicas como aquélla.
Las escuadras aliadas española y francesa fue¬
ron destruidas por la inglesa, que mandaba el gran
Nelson; pero pelearon con tal arrojo y denuedo,
y dieron tan alto ejemplo de heroico sacrificio,
que el funesto combate en que España perdió sus
mejores navios y sus marinos más ilustres, gra¬
bado está con letras de oro en los fastos de nues¬
tras glorias nacionales.
¡1.022 muertos y 1.383 heridos tuvo en aquel
combate la escuadra española! Mas los nombres
de Gravina, Churruca, Alava, Escaño, Cuneros,
Mac Donel, Vargas, Uriarte, Galiano, Valdés,
Cagigal, Argumosa, Gardoqui, Alcedo, Flores, Pa¬
reja, Quevedo y Cheza y Garbón, quedaron consa¬
grados con el laurel de los héroes.
Los que admiramos la gloria de los españoles
vencidos, no renunciamos á la esperanza de admi¬
rar con mayor entusiasmo la de los españoles ven¬
cedores.
•
• •
EL COMBATE EN LA BAHÍA DE MANILA.
El capitán de navio D. Luis Cadarso y Rev. — El crucero Reina Crin-
tina — Los buques principales de nuestra escuadra: Isla de Cuba ,
Castilla , Don Juan de Austria. Velonco. Don Antonio de ülloa é Isla de
Zwztíw.— Loe principales de la escuadra norteamericana: Boston ,
Petrel , Olympia , Raleigh y Concord.
La adversidad ha querido que en la guerra á que
nos ha arrastrado la perfidia norteamericana haya
sufrido España el primer quebranto ante la noto¬
ria superioridad de los elementos de combate con
que han sido abrumadas nuestras débiles defensas.
La interrupción de las comunicaciones por la ro¬
tura del cable nos ha privado hasta ahora de deta¬
lles exactos de la lucha, y no es posible por ello
describirla. Conocemos acertadamente nuestras
pérdidas, y ellas prueban por sí solas el heroico
esfuerzo con que nuestros marinos han peleado.
Nuestros enemigos mismos lo reconocen y lo pro¬
claman, y los que lamentamos con amargura in¬
consolable los rigores de la adversa fortuna, nos
enorgullecemos al mismo tiempo de pertenecer á
la raza que así sabe luchar y así sabe morir por el
honor de su bandera. Esta nación, modelo de viril
entereza para resistir, no se humilla ni se entrega
ante las tremendas catástrofes; no desmaya ni se
resigna siquiera, sino que se crece, y sintiendo
más vivos los estímulos poderosos del patriotismo,
se apercibe á vengar á sus mártires con más deno¬
dado. brío.
En la página 264 publicamos el retrato del bi¬
zarro capitán de navio D. Luis Cadarso y Rey,
que mandaba el crucero Reina Cristina , muerto
gloriosamente combatiendo por la patria.
Pertenecía á una familia de marinos cuyo ape¬
llido ha hecho más ilustre su heroica conducta.
Nació en Noya fCoruña) en 1844, y hacía un año
que se hallaba en Filipinas, donde ya había desem¬
peñado en otras ocasiones destinos importantes.
Dícese que por el último correo había escrito á su
familia diciendo que, á pesar del mal estado de su
salud, pues acababa de sufrir una operación en la
espalda para extraerle un tumor, estaba dispuesto
á combatir aunque le costase la vida.
El oficial de derrota del Reina Cristina , D. De¬
metrio Cadarso, es hijo del malogrado comandante.
Otro hijo es guardia marina, y se halla embar¬
cado en la Nautilus.
Dos niñas están en el colegio de Nuestra Seño¬
ra de Loreto, en Madrid, y otras dos en Tafalla.
Cuando ocurrió la su¬
blevación del Ferrol era
alférez de navio y per¬
tenecía á la dotación de
la fragata Blanca , obte¬
niendo entonces una re¬
compensa por su bri¬
llante comportamiento.
Después del conflicto
de las Carolinas fué
nombrado gobernador
político y militar, y al
volver á España se le
ofreció el destino de ca¬
pitán del puerto de Car¬
tagena, que no quiso
aceptar.
Ultimamente desem¬
peñó el puesto de te¬
niente fiscal del Conse-
jo Supremo de Guerra y
Marina.
Se ha dicho en algu¬
nos círculos que D. Luis
Cadarso había escrito
hacía pocas días á Ma¬
drid una carta rogando
que se concediera á su
hijo una plaza de gracia
6 ira el ingreso en la
scuela Naval.
Su familia practicó
las gestiones necesarias,
sin conseguir el deseo
del bravo marino, y tuvo que contestarle que no le
era posible al Ministro del ramo acceder á su ruego,
porque aquellas plazas sólo se concedían á los hijoó
de marinos..— «¡muertos en campaña!»
Era D. Luis Cadarso capitán de navio desde el
11 de Julio de 1895, estando condecorado con las
siguientes cruces: cruz y placa de segunda clase del
Mérito Naval, blanca; cruz roja de primera del
Mérito Naval; cruz roja de primera del Mérito
Militar; cruz blanca de tercera del Mérito Naval;
medalla de la campaña de Joló, y encomienda de
Isabel la Católica, ganadas por reconocidos y ex¬
celentes servicios como marino que siempre se
distinguió en su brillante carrera y siempre se
mantuvo en la más sincera modestia.
Una familia por él adorada llora hoy la pérdida
del sér querido. Sírvala de lenitivo en su justo
dolor la evidencia de que España entera lamenta
amargamente su muerte y le adjudica con cariño
y respeto el laurel que sólo á los héroes se destina.
En la misma página publicamos el barco que
Cadarso mandaba. Era el Reina Cristina un cru¬
cero de 3.500 toneladas, con 6 cañones de 16 cen¬
tímetros y 14 de tiro rápido, y fué botado al agua
en 1886. En el combate del l.° de Mayo se incen¬
dió á las siete y media de la mañana por la parte
de proa, y poco después ardió la popa, perdiéndose
por total incendio a la media hora.
Para que nuestros lectores puedan formar juicio
exacto de la superioridad de la escuadra enemiga
sobre nuestros barcos de Filipinas, publicámos en
la página 265 los nuestros y en la 272 los nórte-
americanos más principales, detallando en los res¬
pectivos epígrafes su tonelaje y artillado, para que
pueda ser más precisa su comparación.
•
• •
CROQUIS DEL ARCHIPIÉLAGO FILIPINO. — (Véase
la p¿g. 266.)
• *
LA «LIGERA» Y EL «CUSHING».
En la página 271 incluimos dos grabados repre¬
sentando el primero la lancha cañonera Ligera ,
que rechazó con grandes averías en agua» de Cár¬
denas al torpedero americano Cushing.
Hallábase nuestro diminuto barco en la boca del
‘puerto cuándo el Cushing, reproducido en el se¬
gundo grabado, la hizo once disparos dé cañón, á
los que contestó valientemente y con tal acierto,
que sus proyectiles perforaron el casco del torpe¬
dero y le causaron averías de mucha considera¬
ción, destrozándole una de sus máquinas gamelas
y obligándole á huir.
La Ligera sólo experimentó la rotura de un can-
delero, esto es, de uno de los hierros salientes de
la obra muerta que sirven para asegurar cuerdas.
La cañonera española es uno de los barcos más
pequeños de nuestra marina. Fué botada al agua
el año 95; desplaza 43 toneladas, y tiene 20 metros
de eslora, 3,75 de manga y 2,10 de puntal ; lleva
dos cañones y andar de 11 millas. Su dotación es
de 22 hombres. I
El Cushing desplaza 105 toneladas, tiene 42 me-
CROQUIS DE LA ENTRADA Y BAHÍA DE MANILA.
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264 — n.° xvu
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Mayo 1808
tros de eslora, 4,50 de manga, anda
22,5 millas y llevaba tres cañones
de una libra y tres tubos lanza¬
torpedos.
* •
P. JOSÉ MARÍA DK GOBORDO K 1GARTÚA,
capitán del transatlántico Alfonso XIII.
Al saberse en los Estados Unidos
que el hermoso vapor transatlánti¬
co Alfonso XIII y que conducía tro¬
pa y abundantes municiones y ma¬
terial de guerra, había entrado de
arribada en las islas Barbadas para
tomar agua, el almirante Sampson
destacó dos barcos de su escuadra
para que lo apresaran.
Grande era la ansiedad que en
España se sentía por saber el para¬
dero del Alfonso XIII , y mayor la
alegría que á todos nos produjo el
telegrama que recibió el Ministro
de la Guerra en la mañana del 5 del *
actual, del Capitán general de Puer¬
to Rico, dándole cuenta de haber
entrado en aquel puerto el referido
buque español.
¿¿Según referencias autorizadas, el
Alfonso XIII ha conseguido burlar
á dos cruceros americanos que le
perseguían y trataron de capturarle.
En el primer grabado de la pági¬
na 273 publicamos el retrato del ca¬
pitán de dicho barco, D. José María
de Gorordo ó Igartúa.
Nació este bravo y experimenta¬
do marino en Plencia (Vizcaya) en
Febrero de 1848, y es hijo de don
Blas Mari*1110 de Gorordo, acredi¬
tado capitán de la marina mercante;
estudió en el Colegio de Náutica de
aquella población, y álos diecisiete
años empezó á navegar en clase de
agregado, examinándose de tercer
piloto en el Departamento del Fe¬
rrol, y con este cargo hizo un viaje
D. LUIS CADARSO Y REY,
COMANDANTE DEL CRUCERO «REINA CRISTINA»,
MUERTO HEROICAMENTE EN EL COMBATE DE CAYITB.
. (De fotografía de Fernando Debas.)
á las Antillas; previo examen en el
mismo Departamento, obtuvo el tí¬
tulo de capitán ¿ la edad de veinte
años, y con el cargo de segundo pi¬
loto, y á las órdenes de su hermano
el capitán D. Blas de Gorordo, rea¬
lizó otros viajes á las Antillas y Pa¬
cífico en la fragata Pomboy de la ma¬
trícula de Santander, y propiedad
del Sr. Marqués de Casa-Pombo;
como premio á sus servicios se le
confió el mando de dicha fragata
antes de cumplir la edad de veinti¬
trés años, y le ejerció por espacio
de cuatro, hasta que, conceptuando
á dicho buque en mal estado para la
navegación, dejó de prestar en él
sus servicios; poco tiempo después
mandó la barca Antela y de la misma
matrícula y de la propiedad de los
Sres. Gordon y Valle, y desempeñó
el cargo durante tres años.
En Mayo de 1880 ingresó de ter¬
cer oficial en la empresa de vapores
A . López y C:\ hoy Compañía
Transatlántica , obteniendo el
mando del vapor el Tana en Junio
de 1884, y sucesivamente ha man¬
dado los buques de la misma Com¬
pañía San Agustín , Habana , Isla
át Luzón , Ciudad de Santander y
Reina María Cristina ¡ navegando
en ellos á Filipinas, Buonos Aires
ó Isla do Cuba.
Con el San Agustín remolcó de
las islas Azores á Cádiz al vapor
Veracruzy de la misma empresa, el
cual había arribado á aquellas islas
por rotura del eje, é igual servicio
prestó al cañonero ElcanOy desde
Cádiz á Barcelona, cuando este bu¬
que de guerra fué á instalar su má¬
quina en dicho puerto.
Está condecorado con cruz del
Mérito Naval de primera clase, dis¬
tintivo blanco, y con encomienda
de Isabel la Católica.
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LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRIC A. — crucero no protegido «reina CRISTINA»,
BUQUE INSIGNIA DE LA ESCUADRA ESPAÑOLA EN EL COMBATE DE CAVITE.
3.520 toneladas; 0 cañones Hontoria de 16 centímetros, de 3 millas de alcance; 14 cañones de tiro rápido; 7 tubos lanzatorpedos.
(De fotografía.)
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8 Mato 1888
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° xvii — 265
CRUCERO NO PROTEGIDO DE SEGUNDA CLASE ((DON ANTONIO DE ULLOA»,
CRUCERO NO PROTEGIDO DE SEGUNDA CLASE ((DON JUAN DE AUSTRIA».
1.150 toneladas; 12 cañones; una ametralladora.
1.159 toneladas; 12 cañones; una ametralladora.
CRUCERO PROTEGIDO DE SEGUNDA CLASE ((ISLA DE CURA». CRUCERO DE SEGUNDA CLASE «ISLA DE LUZÓN ».
1.043 toneladas; 9 cañones; una ametralladora. 1.048 toneladas; 9 cañones; una ametralladora.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA. — PRINCIPALES BUQUES QUE COMPONÍAN
LA ESCUADRA ESPAÑOLA EN FILIPINAS.
(Dibujos de Oaula.)
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266 — n.® xvii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
■8 Mato 1898
(Dibujado expresamente para La Ilustración EspaSola t americana.)
Digitized'by v^.ooQLe
8 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xvii — 267
Damos en el segundo grabado de la misma pá¬
gina una reproducción del vapor Alfonso XIII.
Fué construido este hermoso transatlántico por la
casa Villiam Denny, Hermanos, de Dumbarton
(Inglaterra), en 1888; y mide 124,41 metros de es¬
lora, 14,36 de manga y 9,83 de puntal, y tiene un
tonelaje total de 5.124,80 y neto de 3.585,18.
El casco es de acero, de doble fondo celular.
En su parte central está situada la cindadela,
donde se halla el comedor especial, y encima el
salón de música.
A popa está el alojamiento del personal y de¬
pendencias del servicio interior del buque, y am¬
plias literas y camarotes, 176 de primera, 56 de
segunda, compartimientos por separado en tercera
especial para 30 hombres y 12 mujeres, y además
en la cubierta inferior ó sollado se pueden alojar
más de 900 transportes, debiendo notarse que 28
camarotes están armados como cuartos especiales
de familia, y que los de preferencia aparecen lu¬
josamente decorados.
Sus máquinas son del tipo de tres cigüeñales, de
triple expansión, con tres cilindros que se surten
de vapor (á una presión de 170 libras) de tres cal¬
deras tubulares de doble acción; tienen aparatos
de tiro forzado, y dos bombas centrífugas, siste¬
ma Guynne, impulsan el agua hacia el condensa¬
dor, mientras para achicar el alimento de las cal¬
deras se usa de potentes bombas sistema Wein, y
las máquinas hidráulicas de achique son del sis¬
tema Brawn.
Todo el buque está iluminado por luz eléctrica
(en junto 430 luces de incandescencia y de arco),
y los dinamos y sus máquinas tienen además fuerza
suficiente para mover seis abanicos ventiladores,
sistema Brawn, que extraen el aire impuro (200.000
pies cúbicos por hora) de todos los departamen¬
tos, aun del sollado y de las bodegas; está dotado
de ocho botes salvavidas, una lancha de vapor,
cuatro botes ordinarios, y seis salvavidas insu¬
mergibles, sistema Chambers, de los llamados
se mip legantes; para los casos en que el Gobierno
español le pueda utilizar como crucero de guerra,
tiene el emplazamiento necesario para montar
ocho cañones Hontoria de 14 centímetros, y dos
más de 9 centímetros, con las plataformas y las
necesarias obras de refuerzo.
En el decorado del interior de los grandes salo¬
nes compiten la riqueza y la elegancia.
Está aparejado con cuatro palos, y presenta la
forma de yate, la cual opinan los inteligentes que
es la preferible para los principales buques mer¬
cantes.
Carlos Luis de Cuenca.
OXJBA. NTXJBSTÍtiA.
i.
en £raude litigio se aducen por un
(5 propietario legítimo, á quien le dispu-
tan su propiedad la falsía y la codicia,
todos los títulos demostrativos de su
ir
derecho, nosotros, al vernos amena¬
zados de robo por esos piratas que se 11a-
v man yankees , registramos el gran archi¬
vé vo en que se conservan los comprobantes de
j nuestra posesión jamás interrumpida del mar
de las Antillas, posesión indisputable á todas
luces, y cuya pérdida demostraría que aquí en el
mundo han cesado para siempre la justicia y el de¬
recho, dominando sobre la humanidad y sobre los
hombres la violencia y la fuerza. No hay pueblo
alguno propietario y poseedor de territorios colo¬
niales en América ó en Africa ó en Oceanía ó en
Asia, que pueda presentar los títulos presentados
por nosotros, justificativos de nuestro dominio,
sin solución de continuidad desde sus sendos des¬
cubrimientos, sobre nuestras dos Antillas. Así,
creo yo servir al trabajo colectivo de defenderlas
contra la rapacidad sajona, y salvarlas de sus uñas,
el ofrecer al público la serie de recuerdos en que se
sostienen los timbres y las genealogías y las escri¬
turas comprobantes de nuestros incontrastables
derechos. Permítanme, pues, mis lectores que,
d ida la copia de razones históricas condecentes á
demostrar nuestros títulos de propietarios eternos
sobre Cuba y Puerto Rico, evoque unos episodios
del segundo viaje de Colón, los cuales nadie puede
recusar, enseñando como enseñan que allí, por un
decreto de la Providencia, después de descubiertas
tantas regiones americanas, se dijo la primera
misa en prueba providencial de que todo el Nuevo
Mundo se cristianizaba ó bautizaba por medio de
Cuba, merced á la próvida mano de nuestra glo¬
riosísima y creadora España.
II.
Empezó el explorador Colón exploraciones nue¬
vas en su viaje segundo con ánimo de cumplir el
ministerio recibido de los Reyes, y extender los
descubrimientos y tomar de éstos plena posesión.
En las múltiples calidades, componentes de suma
tal, como su genio profético y su espíritu lumino¬
so, había el piloto ejercitado la observación en
términos de que atendía con cuidado á muchos ob¬
jetos de estudio y los notaba con esmero. Contaba
y no acababa, por ejemplo, en la Española, de
aquellos indios salvajes cuyos cuerpos, en su des¬
nudez, parecían, por lo durísimos, pétreas escultu¬
ras, y por lo pintarrajados, esculturas polícromas;
de los cenus grandes ó ídolos movidos á formular
oráculos por medio de cerbatanas, que iban á los
labios, ó del sacerdote, ó del creyente mismo, y de
los cenus pequeños, que pendían como amuletos y
medallas, ensartados en guitas, de las sienes; del
ocio impuesto por aquella naturaleza exuberante,
donde se bebía y se respiraba la vida y su alimen¬
to, como el agua y como el aire, sin esfuerzo y sin
fatiga; del baile semejante á un ejercicio litúrgico,
y del tabaco apurado hasta la embriaguez y el en¬
venenamiento; de las bebidas fermentadas hechas
con maíz mascado; de las brujerías y sortilegios
empleados en las enfermedades, atendidas y cura¬
das en juntas de brujos ó hechiceros; del estran-
gulamiento inferido al desahuciado para precipitar
su muerte y atajarle las ansias ó agonías postre¬
ras; del culto á los muertos, cuyas cabezas reve-
renciadísimas se colocaban junto á los prestigiosos
idolillos; en fin, de aquel estado edénico, á una
sociedad primitiva connatural, con todos los en¬
cantillos y con todos los inconvenientes también
de la primera infancia.
III.
Nada más congruente con el ministerio desem¬
peñado y el oficio ejercido por Colón, que ir ex¬
tendiendo con los nuevos dominios las observa¬
ciones, unas veces apuntadas por él en persona,
otras por compañeros suyos tan diligentes como
el médico Chanca. El 24 de Abril, en la primavera
del año 1494, comenzó la exploración capital de
este segundo viaje. Dirigióla Colón desde la Es¬
pañola, con tres buques á Cuba, muy al revés de
los años anteriores, que fue de Cuba á la Espa¬
ñola. En los primeros encuentros repitiéronse las
escenas de siempre. Huyeron los indios á la pri¬
mera vista de los recién llegados, y se mostraron
dándose á partido, aunque recelosos y vigilantes,
así que los creyeron buenos é inofensivos. En esta
situación de ánimo á favor del huésped, colmaban
los naturales de dones con cariño á los que mira¬
ran poco antes con terror. Así acaeció en la her¬
mosísima bahía de Santiago, desde donde, al bogar
en busca del oro esperado y requerido, con sólo
navegar unas cuantas leguas marinas, descubrie¬
ron la Jamaica, realzada por montañas aeriformes,
que parecían transparentes en la diafanidad del
aire y ceñidas de multicolores nubarrones. Valle
de bienaventurados la llamaba en sus transpor¬
tes de intenso entusiasmo Colón, y el nombre
le puso de nuestro nacional patrono Santiago, que
supo convertir á Compostela en una Jerusalén de
Occidente, visitada por innumerables peregrinos
y henchida de piadosas plegarias. En prados de
verdura, bajo cielos etéreos y junto á mar diáfano,
veíanse innumerables bohíos, compuestos de ra¬
mas y troncos, que guardaban población muy nu¬
merosa, la cual expidió varios naturales en canoas
larguísimas á impedir la profanación del suelo y
á contrastar la entrada del recién venido, blan¬
diendo lanzas manejadas con suma destreza, y
lanzando gritos despedidos con fragoroso espanto;
pero á estos impulsos del terror sucedían emocio¬
nes más dulces, unas veces despertadas por el
miedo, y otras provenidas de la reflexión, las cua¬
les permitieron al piloto anclar en dos bahías y
reconocer algunas costas.
IV.
Mas como quiera que lo principalmente allí
buscado, el oro, no se hallase, tomó de nuevo el
rumbo á Cuba, explorada con grande prolijidad,
y merecedora de aquella devoción por el espec¬
táculo maravilloso que ofrecían las aguas transpa¬
rentes llenas de peces, cuyas escamas, parecidas á
preciosas lacas, dejaban líneas de colores y círcu¬
los en el celeste líquido; por las costas, en que gi¬
gantes tortugas andaban perezosamente al lado de
conchas y caracoles tendidos entre las guijas,
como perlas y ópalos en infusión próximos á cua¬
jarse; por los bosques de resonantes palmeras car¬
gadas con frutos, los cuales mitigaban hambre y
sed con sus zumos y con sus azúcares; por las banda¬
das de pájaros, parecidos, según las pintadas plu¬
mas, á ramilletes volando sobre la flora tan varia y
entre tan intensos aromas; por las canoas llenas
de ofrendas y tripuladas con indios coronados de
vistosos plumajes; por los ritmos de las danzas po¬
pulares movidas al dulce deseo de vivir; por el
coro de los arpados sinsontes; por todo aquello que
percibían gusto, y olfato, y vista, y oído, en el
esplendor de la Naturaleza y en el exceso de la
vida. Cuba no solamente sobre los sentidos de
Colón ejercía este mágico influjo; ejercíalo tam¬
bién sobre su alta inteligencia. Engañábalo como
una especie de maga, diciéndole no ser isla como
decían muchos en sus consejas, sino aquel conti¬
nente asiático flotante con su preste Juan de las
Indias y su grande Kan de Tartaria en los fanta¬
seos producidos por las tradiciones medioevales.
A cualquier indicio le sacaba la punta de su enga¬
ñosísima superstición en el estado hipnótico á
que lo alzaba la seguridad completa de haber ha¬
llado el extremo Oriente por el extremo Occi¬
dente.
V.
Nadie ignora cómo se llama, desde los griegos
acá, el mundo de los largos ropajes blancos á los
imperios asiáticos. Las flotantes túnicas de lino,
usadas por emperadores y sacerdotes, justifican
esta calificación. Colón porfiaba en buscar los pue¬
blos de los blancos ropajes, y algunos de sus in¬
térpretes le aseguraban haber oído á indios la
existencia de gentes así vestidas en aquellos paí¬
ses. Con efecto, un día que cierto grupo de tripu¬
lantes desembarcó en Cuba, emboscóse con faci¬
lidad en una de aquellas selvas, donde los ramajes
entrelazados como en bóveda, y las lianas tendi¬
das como tapices, y las hierbas altas á modo de
laberintos, extienden la noche material, magüer
el pleno día, ó por lo menos producen una especie
de tibio crepúsculo, semejante al compuesto por
los cruces del centelleo de los astros sobre nues¬
tra retina en el anochecer ó en el amanecer tro¬
picales. Rezagóse uno de los exploradores en aque¬
lla dulce obscuridad, y de súbito se le apareció
extraño personaje cubierto de blanca túnica y
parecido por su estatura y por su porte á una es¬
tatua que por allí ambulara. Tomólo al pronto el
animoso español por el fraile de la Merced que
acompañaba la expedición, quizás descendido á
tierra. Pero ¿eral no sería su asombro, y cómo
se pondría de nervioso y espeluznado, viendo que
al primero sucedían otros muchos, puestos en dos
hileras, iluminados por los inciertos resplandores
y perdidos en los lejos del follaje, que se movían
como al acaso, y moviéndose, le saludaban á una
con caprichosas reverencias de todo el cuerpo,
especialmente de las altas y angostísimas cabezas?
VI.
No sabiendo qué hacer el sorprendido, retro¬
gradó espantado con riesgo de caerse de espaldas,
mientras la visión se desvanecía y se disipaba en
lo lejos de aquellas cambiantes perspectivas. Mu¬
chas apariciones de tal género referían los cuen¬
tos cambiados por los exploradores en las corre¬
rías de mar ó tierra y en las vigilias á ellas con¬
siguientes. Las Casas nos refiere cómo por las
noches, en el recinto donde se construía la Isa¬
bela, cubierto por los despojos de tantos cadáve¬
res como tendieran en tierra los efluvios de la
peste, veíanse figuras de caballeros con sus es¬
padas al cinto, sus collares al cuello, sus mantos á
la espalda, sus corazas al pecho, sus guanteletes al
brazo, sus espuelas al pie, sus ropillas al cuerpo,
quitándose las cabezas ceñidas con blasonadas go¬
rras de plumas, en saludos sobrenaturales á los
viandantes y esparciendo por el aire largos y las¬
timosísimos sollozos. En tal situación de las cosas
y en tal estado de los ánimos, nada tan propio del
buen sentido como atribuir á hipnosis ó alucina¬
ciones de la vista los rapaj es aquellos, ó al paso por
allí de grandes aves conocidas, muy semejantes,
por su porte y por sus aptitudes, á verdaderas
personas. Pero Colón vió en aquello un indicio
más de la existencia del pueblo de los ropajes y
otra fianza más del carácter continental de Cuba.
No le cupieron desde tal expedición dudas á ese
respecto, cual demuestra la increíble ceremonia
de su bajada con un escribano y varios testigos á
tierra, levantando acta notarial que hacía de la
región aquella un verdadero continente, y conmi¬
naba con pena tan terrible como la horadación
por un hierro encendido á toda lengua capaz de
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TRAl'A
DIBUJO DE J
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í'ALGA.R,
) DE J* VALLEJO.
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é
270 — n.° xvii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Mayo 1898
llamarla isla. No lo creeríamos, en verdad, si un
documento auténtico y solemne, con todos los ca¬
racteres de la evidencia irrefragable, no lo confir¬
mase.
VIL
El 6 de Julio entró en el golfo de Santa Cruz, y
sobre uno de sus cabos ordenó que se levantase
improvisado altar y se dijese misa bajo el dosel
de las palmas. Al oir el murmullo de los rezos y
notar la devoción ferviente con que veían la hos¬
tia consagrada los cristianos de hinojos y se da¬
ban entre abrazos el beso de paz, un anciano
indio se conmovió al punto de manifestar la reve¬
rencia con que á semejantes ceremonias hermo¬
sísimas asistiera, y la esperanza por ellas desper¬
tada de inmortalidad, explicable dentro de sus
ritos merced á transmigraciones donde las almas
se purifican por obra de los castigos y de los pre¬
mios etemales. Tales palabras, y algún que otro
acto, indicaban ciertas inclinaciones en los indios
hacia los españoles, despertadas dentro de los in¬
genuos ánimos salvajes por la natural y evidentí¬
sima superioridad de los civilizados. Unas veces
aparecía inteligente y apuesto joven que, sobre-
Íionióndose á su familia llorosa, requería plaza de
os tripulantes en cualquier nave al deseo de ver
las regiones desde donde hombres tan sobrenatu¬
rales bajaban; otras veces maldecía un viejo su es¬
trella, que le deparaba tan tarde la vista de aque¬
llos huespedes revestidos del carácter de dioses, y
con los cuales quería vivir y morir; otras veces
los primates de tribus enteras prestaban homena¬
je, y pedían entrar en aquella corporación de
cristianos, alardeando con sus arcos de buenos
auxiliares para toda empresa, y ofreciendo á los
ojos maravillados, sobre canoas esculpidas rica¬
mente, sus preseas más hermosas, los cinturones
de bordado algodón, los mantos de multicolores
plumajes devestidos de las más pintadas especies,
las banderas semejantes á las colas de las aves
llamadas, por los iris en ellas extendidos, pájaros
del Paraíso, las ajorcas pendientes como nuestros
zarcillos de las orejas, los cintillos de pedrería en
las sienes, y colgadas al cuello de una cadena las
láminas de oro sobre sus pechos. Así Colón se hol¬
gaba en ver cómo surgían las islas á su paso, y
cómo se acercaban , después de haber huido al pri¬
mer encuentro, los naturales reconciliados con los
españoles por el siguiente reflexivo impulso en
las canoas cargadas de ricas ofrendas. Gozábase
mucho con los nombres á dar y con los datos á re¬
coger en aquellas exploraciones. A un grupo de
numerosas isletas le llamaba Jardín de la Reina,
en homenaje á Isabel I; y á una mayor, como la
de Pinos, Evangelista, en recuerdo y conmemo¬
ración del cuarto Evangelio, donde resuena el
Yerbo creador. Mucho más anduviera, y á poco de
haber andado en fines de Septiembre, persuadié-
rase á tomar Cuba por isla en una reveladora ex¬
periencia que ya iba pronto á ofrecerle su derro¬
tero, cuando los vientos le contrariaron de tal
suerte, y las vigilias y los cuidados le pusieron en
términos tales que, á fuerza de luchar con los ele¬
mentos contrarios y con los obstáculos espiritua¬
les á su providencial ministerio y destino opuesto
por todas partes, cayó enfermo en términos de
haber quedado como muerto, sin conocimiento ni
sentido, mostrándose tan sólo la vida que le res¬
taba en los horrores y exacerbaciones de una fie¬
bre altísima.
y de italianos en Africa; la fundación de Roma y
Tiro, tan costosas; el conflicto de Asia con Grecia,
representado por Darío y Ciro, amen del conflicto
de Grecia con Asia, representado por Alejandro;
aquellas revelaciones de Sión en materias religio¬
sas, y de Alejandría en materias científicas; la con¬
quista romana y las calamidades traídas por los
bárbaros, á quienes comandaban Atila y Genseri-
co; el esfuerzo que suponen las guerras por las in¬
vestiduras y por las herejías, y por las cruzadas y
por el rescate de la España cristiana, y por el con¬
flicto entre la monarquía y el feudalismo; pensad
todo esto, reconoced todo esto, medid todo esto,
la cantidad incalculable de humano esfuerzo y de
tiempo creador en todo ello latente, y decidme
después de cuántos dolores no provenían y dima¬
naban aquellos frutos de cultura conducidos por
los descubridores al Nuevo Mundo y por una ley
natural en la humana contingencia fecundados con
tanta sangre. En política llevábamos los Estados
modernos recién salidos del caos feudal; en admi¬
nistración, los tribunales permanentes y las chan-
cillerías, que generaba un profundo y mayor co¬
nocimiento del Derecho romano; en milicia, los
ejércitos orgánicos, muy contrapuestos á las anti¬
guas mesnadas; en ciencias, una filosofía que co¬
menzaba su emancipación de Aristóteles, y una
astronomía que comenzaba su emancipación de
Tolemeo; en artes, la arquitectura y la escultura
del Renacimiento; en letras, una inspiración ju¬
venil expresada por medio de lenguas tan sonoras
como la lengua nacional nuestra, fija ya por escri¬
tores tan eximios como Garcilaso; en religión, el
cristianismo; en industria, la pólvora y la impren¬
ta; en medios de locomoción, el barco y el caballo
y el buey; en alimentos, el pan y el vino, amén
de todos los ideales del humano derecho y de to¬
das las esperanzas congénitas al espléndido albo¬
reo del espíritu moderno. En los puertos, donde
apenas bogaba la canoa, el barco de vapor, movido
por sos propias fuerzas y emancipado de los vien¬
tos, conduciendo poblaciones enteras de pasaje y
almacenando en sus bodegas productos más copio¬
sos que los reunidos antes por todos los mercados
históricos; en el suelo los pararrayos contrastando
las nubes y sus devastadoras centellas, como el
vapor contrasta las olas y las corrientes; en el
aire los telégrafos, que comunican á una con su red
eléctrica, semejante á la red nerviosa, todos los
continentes entre sí de la tierra, y el telescopio,
que comunica la tierra con el cielo; no lejos de los
altares antiguos, la Iglesia cristiana, henchida
con la idea del Dios único y aromada con el in¬
cienso de un puro idealismo; aquí las colosales
máquinas que metamorf osean la materia, y allí
las escuelas que pulen y Abrillantan el alma; en
política, las instituciones más altas y las formas
de gobierno más perfectas; el Jurado popular, el
comicio universal, el sentimiento religioso entre¬
gado á la espontaneidad, la prensa periódica es¬
cribiendo á cada minuto un libro para el pueblo,
la democracia plena, el trabajo libre, la Repú¬
blica. España hizo América como Dios hizo el
mundo. Antes borraréis el sol de sus cielos que el
verbo hispano de su espíritu. América será espa¬
ñola eternamente.
Emilio Castelar.
Madrid, 6 de Mayo de 189P.
EFECTOS DEL CORSO.
YIII.
Interrumpamos esta narración, la cual muestra
nuestros títulos á la posesión de Cuba, como no
pueden tenerlos otros pueblos á la posesión de sus
respectivos territorios, y reflexionemos primero
sobre lo poco que costó al Nuevo Mundo la vieja
civilización, llevada en breves años allí por nues¬
tra patria, y después sobre la diferencia entre los
mares de las Antillas tal como nosotros los inve¬
nimos, y los mares de las Antillas hoy día. Exa¬
minando el movimiento de los siglos y las distan¬
cias enormes entre los varios términos de la
evolución universal, maravíllase uno á la vista
del poco tiempo empleado por las sociedades ame¬
ricanas en el paso desde civilizaciones muy ante¬
riores al cristianismo hasta las maduras y plenas
civilizaciones cristianas. En dos años Cortés apor¬
tó á Méjico la cultura elaborada por el humano
espíritu desde Abraham hasta Colón. Pensad los
penosos tránsitos de los estados nómadas á los es¬
tables; las enormes luchas de los pueblos aspiran¬
tes á su independencia con los Faraones de todos
tiempos y países; los sitios luctuosos de Troya y
de Cartago; las irrupciones de africanos en Italia
I.
Que
Jj$ L empleo en la mar de esta arma de
guerra terrible, constituye en los mo-
mentos actuales una de las cuestiones
_ más graves y dificultosas que han sur-
gido del rompimiento de nuestras re-
r laciones con los Estados Unidos de Amó-
9 rica por la provocación de su Gobierno.
Que nos asista perfecto derecho para hacer
uso de ese como de cualquier otro medio
lícito de ataque y defensa, es indiscutible,
nuestros adversarios de hoy se reservaron
como nosotros mismos, la facultad de practicarlo,
declarando solemnemente, al trabar de abolirlo en
París las grandes Potencias el año 1856, <rque no se
adherirían jamás á modificación del derecho inter¬
nacional que pudiera imponerles la necesidad de
mantener una marina poderosa», es notorio, como
también el hecho de haber ejercitado ellos el corso
en época posterior al compromiso europeo. Que
habrán de descartarse los escrúpulos al examinar
y decidir si nos importa su planteamiento, resulta,
pues, á todas luces obvio. Pero, ajenas á la concien¬
cia y á la legalidad, ofrece al discurso diversas con¬
sideraciones, y no es indiferente la de los efectos
que haya producido en contiendas marítimas an¬
teriores.
Al régimen de España, dicho sea en verdad, fué
repulsivo el corso desde que, sellando las memo¬
rias de la Edad Media, firmó el rey D. Fernando
el Católico en Valladolid, á 12 de Enero de 1489,
la pragmática sanción, perpetualmente duradera, ,
prohibiendo la expedición de guiajes ó patentes á
navios. Ni los estragos que berberiscos y turcos ha¬
cían en nuestro litoral, ni los que en las Indias
causaron los negreros y semipiratas ingleses, ni
las guerras de Europa, modificaron la doctrina
sustentada en consultas del Consejo de Estado, de
rigurosa aplicación contra el gran Duque de Osuna,
virrey de Nápoles. Aquel alto cuerpo juzgaba ser
el corso recurso de naciones débiles: España no lo
había menester.
Pero empezaron á cambiar las circunstancias
en el reinado de Felipe IY : consumido un cente¬
nar de galeones en los desastres de Guetaria y las
Dunas, en las jornadas del Brasil y en tantas otras
que se sucedían, dejó de ser temible la armada
poderosa de otros tiempos, echándose de ver con
la demanda arrogante de una escuadra del Parla¬
mento de Inglaterra, ó sea de Oliverio Cromwell,
erigido en protector por el asilo dado á bajeles con
bandera de los Stuardos.
Arreglada la cuestión, significando después el
dictador de los bri taños las mejores disposiciones
amistosas, brindó con los servicios de la escuadra
que destinaba en el Mediterráneo á la persecución
de la piratería, si se consideraban de utilidad con¬
tra las algaradas del Duque de Guisa en el reino de
Nápoles, ofrecimiento declinado, más por el cual
se dispensó á la dicha escuadra acogida más que
amistosa en los puertos, proveyéndola sobrada¬
mente. Otra escuadra inglesa navegaba en tanto
en dirección de las Antillas con instrucción que
había de hacerse pública bien pronto, jy de qué
modo!
En el mes de Septiembre de 1656 recaló sobre
el Cabo de San Vicente la flota de Tierra Firme,
reducida por varios accidentes á ocho velas , dos
de guerra; mercantes las otras seis. Llegando con
la confianza que inspira el estado de paz á las cer¬
canías de Cádiz, fueron acometidas todas por la
misma escuadra agasajada; y aunque los galeones
de guerra hicieran valerosa defensa por más de
seis horas, el resultado no podía ser dudoso: uno
se incendió, el otro fue sumergido, y dos de las
naves cayeron en manos de los asaltantes, propor¬
cionándoles botín considerable, aun así, pues ex¬
cedió, según sus declaraciones, de dos millones
de pesos.
Ninguno de los actos de Cromwell le procuró en¬
tre el pueblo inglés la popularidad que este, pre¬
parado á ciencia y paciencia antes de hacer -de¬
claración de guerra. Celebrada en Londres con
aparato de música y banderas, á manera de triun¬
fo, la entrada de los carros conductores de la pla¬
ta, el Parlamento votó una fiesta á la Divinidad
en acción de gracias por tan gran beneficio; escri¬
bieron elogios en verso y prosa los literatos, rela¬
tando el suceso en forma que acallara la concien¬
cia de los timoratos; brindaron al dictador con la
corona, y no fue de los menores el obsequio de la
parte de presa que le adjudicaron ó se tomó.
Aquí se tienen acciones tales por villanas é ini¬
cuas; allá las venía preconizando el escritor ma¬
rino William Monson, razonando en buen inglés
«que el que da primero, da dos veces»; razones
sin duda convincentes, pues que tantas veces han
incitado á la repetición.
Concretando la mención á esta, en que con los
militares de la armada perecieron mujeres y niños
de los pasajeros; oído el grito de reprobación uná¬
nime, estimó el Gobierno de necesidad lo que sólo
por rareza ó excepción había en ocasiones autori¬
zado: el corso. Abrió la mano expidiendo patentes
á los que las querían é invitando á tomarlas á per¬
sonas de viso , tales como el capitán Fructuoso de
Yeroiz, que armó ocho fragatas de á 30 cañones;
el Marqués de Villarrubia, que en competencia
alistó otras tantas, y las muchas que echaron á la
mar una ó dos. Se autorizó al mismo tiempo al
maestre de campo D. Juan Patricio para tripular
veinte con gente irlandesa partidaria de los Stuar¬
dos; y como en los puertos de Flandes era permi¬
tido al Almirantazgo alistar holandeses católicos,
no pocos se hicieron corsistas , según la voz em¬
pleada en los documentos oficiales.
Por acuerdo y dirección entre todos , situaron
bajeles en los estrechos y cabos de recalada; para
el Mediterráneo, en Algeciras y Ceuta por primera
línea; en los extremos de Córcega y Cerdeña la se¬
gunda, que tomaron á su cuidado los mallorquines;
en el Atlántico los cabos de San Vicente, Berlin¬
gas y Finisterre, así como las islas Canarias y Azo¬
res eran las estaciones preferentes, exceptuado
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8 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
x.® xvn — 271
sol á las puertas de sus cuchitriles y dar á besar las
manos a los chiquillos...- Después nadie había
vuelto á verle.
Es decir, nadie, no.
Existía una persona en la ciudad que estaba en¬
terada del misterio que envolvía la desaparición
del pobre clérigo.
Esta persona era D. Justo Morales, catedrático
de Psicología en el Instituto de X...
• •
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE- AMÉRICA.— cañonero de 3.a, «ligera»,
DE 43 toneladas, que rechazó con graves averías al torpedero americano «cushing»
EN AGUAS DE CÁRDENAS (CUBA).
(De fotografía.)
el canal de la Mancha, en el que por el Norte cru¬
zaban los flamencos y por el Sur los cántabros. Las
escuadras inglesas tuvieron que dividirse y dis¬
traerse en escoltar convoyes de mercantes, y aun
así sufrieron golpes de consideración bastante para
producir la quiebra de casas de banca y para le¬
vantar en la Gran Bretaña clamoreo contra los
perjuicios de la guerra.
La represalia de los españoles, ha escrito el re¬
putado historiador francés Mr. Martín, nada ami¬
go nuestro, fué más dura de lo que pensara el
protector; causó aprensión de naves muy superior
á la que los ingleses habían hecho en la guerra con
Holanda; apreciación conforme con la del autor
nacional David Hume, según la cual quedó des¬
truido el próspero comercio de Inglaterra, per¬
diendo en poco tiempo más de mil quinientos ba¬
jeles.
Cesáreo Fernández Duro.
TEORÍA Y PRÁCTICA.
de sus discípulos el complicado funcionar de las
facultades anímicas! ¡Con cuánta precisión y exac¬
titud clasificaba los juicios, señalaba la trabazón
de los raciocinios y fijaba las leyes de la dia¬
léctica!
Pero cuando el hombre echaba el resto era al
meterse por los campos de la Etica/j Válgame Dios,
y cómo tronaba contra las flaquezas y debilidades
de los hombres! ¡Cómo ensalzaba los deberes,
cómo anatematizaba el duelo, y sobre todo el sui¬
cidio!
«El atentado del hombre contra sí mismo — de¬
cía — es el crimen más grande que puede come¬
terse. Todos los delitos tienen remedio: solamente
el suicidio no lo tiene. El suicida, al privarse de
la vida, se priva al propio tiempo de toda posibi¬
lidad de redención. Con ser monstruosa la traición
de Judas Iscariote, todavía fué mayor su crimen
al atentar contra su vida.»
* *
} E seguro que no le ha olvidado nin¬
guno de sus discípulos. Tenía más de
cuarenta años, pero tan bien lleva¬
dos, que sin dificultad podían pasar
por treinta y cinco. Era la imagen
viva de la pulcritud: el cabello partido
«por gala» en dos partes por la raya, que
parecía sacada con auxilio de una regla; la
barba obscura y brillante, sin una sola cana;
los ojos gra¡ves; la frente alta y combada; el as¬
pecto severo y digno. Armonizábanse perfecta¬
mente el dueño y su vestido. Valiéndome de una
frase filosófica que el catedrático acostumbraba á
emplear, diré que en su persona había «absoluta
adecuación entre el fondo y la forma externa».
Los pantalones, tirando á negros, no tenían ni
una arruga; el sombrero, siempre de copa alta, lo
que en provincias constituye una singularidad,
brillaba como si acabase de salir de las manos del
sombrerero; relucían sus botas lo mismo que es¬
pejos, y su levita, siempre abrochada, era un mo¬
delo de austera corrección. Puños y cuellos, blancos
como la nieve; en todo tiempo guantes ajustados,
de cabritilla.
Era catedrático de Psicología, Lógica y Etica en
el Instituto de X... Cuando serio y en cierto modo
majestuoso cruzaba el patio del establecimiento
de segunda enseñanza, cinco minutos antes de la
hora de clase, suspendíanse como por encanto
todos los ruidosos juegos de la turba escolar, las
manos acudían á las gorras y todos los semblantes
mostrábanse serios y respetuosos. Era la Filosofía
que pasaba: Minerva disfrazada de catedrático.
Nada tan solemne como aquella cátedra po¬
blada de viejos bancos, alumbrada por altas ven¬
tanas de vidrios polvorientos, y en cuyo testero
se erguía, á guisa de pulpito, la tribuna del profe¬
sor. Este, envuelto en su negra toga, tocado con
su birrete de borla azul, comenzaba con tono grave
y pausado su explicación, con el mismo tono con
que la terminaba. ¡Qué facilidad de lenguaje la
suya! ¡Con qué claridad demostraba el buen señor
la existencia del alma! ¡Cómo ponía ante la vista
Lo que se conocía de la conducta del catedrático
estaba en perfecto acuerdo con sus teorías. Tenía-
sele en X... por modelo de ciudadanos, ejemplo de
esposos y prototipo de padres.
Y sin embargo .
Ocurrió, por los días á que se refieren estos ren¬
glones, un suceso en X... que traía preocupada y
alborotada á toda la población. El virtuoso cura de
la parroquia de San Lucas había desaparecido. Los
vecinos de la casa en que vivía el anciano párroco
le vieron salir como de costumbre una tarde de
invierno, saludar á las comadres que tomaban el
D. Justo, á pesar de su fama, tenía en su vida
algo que no estaba muy conforme con las leyes de
la Etica. Cuidadosamente rebozado y sin que la tie¬
rra le sintiese, solía el filósofo penetrar en una som¬
bría callejuela; alguien que sin duda le esperaba
en una casa de la susodicha calle abría sigilosa¬
mente una puerta, y por ella colábase el Sr. Mo¬
rales de rondón, no sin observar antes si alguna
persona le había visto.
Tanto el galán como la dama (porque habrá
comprendido el discreto lector que era una mujer
quien esperaba á D. Justo) guardaban con tal dis¬
creción el secreto de sus clandestinos amores, que
nadie en X... sospechaba que éstos existiesen.
Un día, cuando el Sr. de Morales estaba en la
casa de la callejuela, sobrevino» el marido. Hubo el
susto consiguiente; la necesidad para D. Justo de
ocultarse; una verdadera caminata á lo largo de
estrechos pasillos y la subida por tenebrosas esca¬
leras á un desván lleno de trastos viejos, sin más
luz que la que penetraba por un agujero imper¬
ceptible desde fuera, que debió de abrirse en otro
tiempo para dejar paso al cañón de una chimenea.
Cuando el Sr. de Morales se sintió algo repuesto
del natural sobresalto, creyéndose seguro en su
escondite, se aventuró á mirar por el boquete. Lo
que se presentó ante su vista hizo que se le eri¬
zase el cabello. Vió un jardín de altas tapias, un
sacerdote anciano que se inclinaba como para con¬
templar una planta, y un hombre que alzaba por
detrás del cura una piqueta y hería de muerte al
anciano, rematándolo después á martillazos.
El escondido pudo á duras penas contener un
grito de espanto; pero, atraído por el horrible es¬
pectáculo, siguió mirando el cuadro que la casuali¬
dad desplegaba ante su vista. El asesino, luego que
acabó con su víctima, la arrastró hacia una fosa
abierta de antemano en un rincón del jardín,
miró á todos lados para convencerse de que nadie
le veía, y después de registrar las ropas del muerto
y de saóar de uno de los bolsillos un llavero con
varias llaves, arrojó el ^ dáver en el hoyo, cu¬
briéndolo de tierra, apisonándola después y co¬
locando encima , con gran cuidado , hierbas y
plantas.
¿Cuánto tiempo había durado la espantosa es¬
cena? ¿Horas? ¿Minutos? De séguro que D. Justo
no hubiera acertado á precisarlo. Acababa de ser
el único testigo de un crimen espantoso. Pasados
los primeros momentos de estupor, vió surgir ante
su conciencia una tremenda interrogación. ¿Qué
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE- AMÉRICA.— torpedero americano «cushing»,
DE ACERO, DE 105 TONELADAS, RECHAZADO CON GRAVES AVERÍAS POR EL CAÑONERO ESPAÑOL «LIGERA».
(De fotografía)
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-CAÑONERO PROTEGIDO «PETREL».
81*0 toneladas; 9 cañones de tiro rápido de 152 milímetros, de 3 millas de alcance
2 ametralladoras; 2 tubos lanzatorpedos.
CRUCERO PROTEGIDO «BOSTON».
3.189 toneladas; 2 cañones de 203 milímetros, de 8 millas de alcance; 0 de 152 milímetros,
de 3 millas de alcance; 6 de tiro rápido; 6 ametralladoras.
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* CRUCERO PROTEGIDO «RALE1GH». CAÑONERO PROTEGIDO «CONCORD».
3.183 toneladas; un cañón de 152 milímetros, de 3 millas de alcance; 22 cañones de tiro rápido; 1.750 toneladas; 0 cañones de 152 milímetros, de 3 millas de alcance; 5 cañones de tiro rápido;
2 ametralladoras; 6 tubos lanzatorpedos. 4 ametralladoras; 2 tubos lanzatorpedos.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE- AMÉRICA. — PRINCIPALES BUQUES DE LA ESCUADRA AMERICANA
ACTUALMENTE EN LA BAHÍA DE MANILA.
(De fotografías.)
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8 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xvii — 273
hacer? ¿Denunciar inmediatamente
el delito? Tal decisión llevaba im-
plícita la necesidad de explicar
cómo y por qué él, el catedrático in¬
tachable, había presenciado el cri¬
men; equivalía, por consiguiente, á
entregar al mundo la reputación de
una mujer, la honra de un hogar, y
destruir su propio crédito tan á lar¬
ga costa adquirido. Porque era evi¬
dente que la justicia no se contenta¬
ría con procesar al delincuente;
querría averiguar todas las circuns¬
tancias del asesinato; le baria com¬
parecer á él, testigo casual de la
sangrienta escena, y le exigiría que
explicase su presencia en aquella
casa. ¡Qué escándalo entonces! .
¡Qué ignominia!..... Toda una vida
de respetabilidad arrastrada y piso¬
teada entre el barro de las calles.
Y si callaba, si guardaba en lo
hondo de sn alma el terrible secre¬
to, ¡qué tormento! ¡qué losa de plo¬
mo sobre el corazón! . ¡Adiós sue¬
ños tranquilos, reposado estudio,
estimación , dignidad , decoro ! .
Cuando desapareció el peligro y
pudo el Sr. Morales salir de la casa
adúltera, llevaba en el cerebro todo
un infierno de angustiosas ideas.....
Pasaron varios días; los discípulos
de D. Justo observaron en su profe¬
sor un cambio completo. Demacrá-
basele el rostro, y en sus ojos hun¬
didos advertíase la intranquila va¬
guedad del espanto. Ya no era el
hombre atildado de otro tiempo .
hasta su vestido había perdido su
acostumbrada corrección. Parábase
á veces repentinamente en medio
de sus explicaciones y permanecía
absorto y distraído durante varios
minutos; en otras ocasiones, él, tan
pacífico, tan acompasado, tan so¬
lemne, exaltábase como un loco.
— Debe de estar muy enfermo .
D. JOSÉ MARÍA DE GORORDO É IGARTÚA,
CAPITÁN DEL TRANSATLÁNTICO «ALFONSO XIII»,
QUájARRIB ) FELIZMENTE Á PUERTO RICO BURLANDO LA VIGILANCIA
DE LOS CRUCEROS NORTEAMERICANOS.
(De fotografía.)
—pensaban los discípulos— ¡Estu¬
dia tanto !
• •
A todo esto la población de X...
no hablaba de otra cosa que de la
desaparición inexplicable del párro¬
co de San Lucas. Hacíanse acerca
de ella las más absurdas suposicio¬
nes ; ni aun faltaba quien diese por
cierto que el anciano sacerdote se
había ido á la facción á defender,
fusil en mano, la causa del Preten¬
diente. (Es de advertir que los he¬
chos de esta verídica historia ocu¬
rrieron en el año de 1873.)
La policía, por su parte, estaba,
como suele, despistada. Había regis¬
trado la casa del clérigo sin encon¬
trar ni en armarios ni baúles señal
jil'jruna de violencia. Dinero no se
halló, y como de público se decía
que el cura era hombre que tenía
ahorros, so dedujo que se trataba de
un robo; pero el ladrón , si lo hubo,
debía de haberse valido de las llaves
que, según se aseguraba, llevaba
siempre encima el sacerdote.
Transcurrió cerca de un mes, y
ya casi estaba olvidado en X... el
triste suceso, cuando la policía atra¬
pó á un pobre diablo, vago de ofi¬
cio y borracho de profesión, á quien
las comadres del barrio afirmaban
haber visto en el portal de la casa
del cura el mismo día que se vió á
éste salir por última vez de ella.
El hombre se disculpaba diciendo
que había ido, como de costumbre, á
recoger las sobras que el clérigo so¬
lía darle; pero el comisario no se
dejaba convencer con esta explica¬
ción, y aseguraba, loco de contento,
que haría cantar al detenido.
»
« *
Por aquellos días el aspecto del
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE.^UU. DE NORTE- AMÉRICA. — el vapor correo «alponso xtii», de la compañía transatlántica,
RECIENTEMENTE LLEGADO Á PUERTO RICO.
.(De fotografía.)
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274 — n.° xvii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Mayo 189&
Sr. de Morales daba miedo; en unas cuantas sema¬
nas había pasado de la edad viril á la vejez. Su
mujer y sus hijos estaban desolados. D. Justo ape¬
nas comía, y se pasaba las noches de claro en claro.
Cuando la detención del supuesto criminal llegó
á oídos de Morales, el pobre señor se quedó como
de piedra. Después brilló en sus ojos una resolu¬
ción desesperada, corrió á su casa y se encerró en
su despacho. Allí pasó horas y horas, emborro¬
nando papeles, rompiéndolos luego de escritos y
escribiendo de nuevo. Uno de, ellos debió de satis¬
facerle, porque después de leído y releído, lo me¬
tió en un sobre, que guardó en el pecho. Sacó un
revólver del cajón de la mesa, lo examinó con
atención y lo guardó también en el bolsillo. He¬
chas estas cosas, salió de su casa sigilosamente y
sin despedirse de su familia.
Alguien le vió llegar á la puerta de la casa del
juez, detenerse breves momentos en el umbral,
alejarse algunos pasos, volver de nuevo, y partir,
por último, con paso rápido como cediendo resuel¬
tamente á un pensamiento decisivo.
•
• •
En los anales escolares de X... quedó como fecha
inolvidable la de aquel día del mes de Enero. Se¬
gún costumbre, los alumnos de Psicología espera¬
ban libro en mano la llegada del profesor. Dieron
las diez, las diez y media, y, caso inaudito, el
Sr. de Morales no parecía. ¿Qué cataclismo había
podido ocurrir para que D. Justo faltase á clase?
Un alumno llegó corriendo, y todo alborotado
exclamó:
— ¿No sabéis? . ¡Se ha matado!
— ¡ Cómo!
— ¿Quién?
— Habla.
— ¡D. Justo se ha matado! . No se habla de
otra cosa..... Allá junto á las peñas del río!.....
La turba de muchachos salió escapada camino
de las peñas.
Era verdad; en un peñasco musgoso, á cuyo pie
corre mansamente el río, yacía el cadáver de don
Justo Morales con la cabeza ensangrentada: el
muerto conservaba en la mano derecha un revól¬
ver.
Aquella misma tarde fué detenido el asesino y
encontrado el cádaver de la víctima, merced á los
precisos pormenores consignados en el largo es¬
crito que encontró el juez en el bolsillo del des¬
venturado profesor.
Zeda.
ESPAÑA.
Á MI AMIGO FEDERICO BALART.
Con respeto y amor, vate sublime,
Escucho los acordes de tu lira
Llenos de indignación y de amargura,
Y la patria que gime
Y tu canto que inspira
Me dan valor para escalar la altura;
Que aunque mi torpe mano
Nunca supo arrancar un grato acento,
Español de abolengo y buen cristiano,
Quiero juntar al tuyo mi lamento.
Los que en tiempo de paz y de alegría
Cantamos el amor y los placeres,
Hoy que vemos la patria en negro día,
No cual réprobos seres
Le volvamos el rostro atribulado.
El vate y el soldado
Lancen aí aire el grito más sonoro
Maldiciendo la turba abominable,
Ayudando ¿ formar épico coro
O trocando la pluma por el sable.
¡Mírala con el manto desgarrado,
El seno palpitante,
Pero altivo y enérgico el semblante
Aunque esté por la angustia destrozado!
¡ Mírala por el valle y por la sierra
Demandando venganza,
Y llena de esperanza
Cómo llama sus hijos á la guerra!
El León, la melena sacudiendo,
Que es de la fiera el bélico atavio,
Va tras ella con garra prepotente;
Él mostrará su brío,
Porque la gran Matrona
Aun tiene quien sustente su corona
Aunque la deje el mundo en el vacio.
Tiempos de maldición, letal momento,
Cuadro desgarrador, aislada, sola,
La gran Patria española,
Huérfana, desangrada, empobrecida,
Sin un amigo que le preste aliento ;
Pero aun conserva vida
Y vengará la afrenta;
Que en tratando de honor sus campeones
Del poder del contrario no hacen cuenta,
Y lo mismo son cinco que cincuenta
Y lo mismo cuadrillas que legiones.
Ya no bastan las liras más sonoras
A atajar tanto mal; abandonadas
Enmudezcan agora, y las Armadas
Vomiten fuego de sus altas proras.
Coge el bruto ligero
Que en el desierto muestra su pujanza,
Ocupa el torpedero,
No des paz á la lanza,
No descanse el acero;
Que en los tiempos que el cielo nos destina,
Pide el honor morir como valiente,
Anhelando ceñir la altiva frente
Con verdes ramos de robusta encina.
¡Animo y á la lid! que tanta gloria
No puede perecer, Dios no lo quiere.
La Nación que cansancio fué á la historia,
La que dió Recaredos y Fernandos
Y produjo Isabelas,
Llevó sus carabelas
Y sus apuestos bandos
Y sus nobles guerreros
Y sus sabios y ardientes misioneros
Adonde quiera que la fe cristiana
Se vió desconocida,
No puede sucumbir porque inhumana
Falange parricida
La escupa con su baba corrompida.
¡Confianza y valor! ¿No has visto nunca
El huracán furioso, la tormenta
El monte descuajar, barrer el llano,
Y á fértil vega que abundancia ostenta
Convertir en pantano?
¿No viste luego el rayo desprendido
Derribar del palacio el fuerte muro?
¿No escuchaste el gemido
Del pobre gladiador del Océano
Que se juzgó perdido?
¿Y no viste por fin al Dios clemente
Mostrarnos en el iris su sonrisa,
El nublado volverse transparente,
Trocarse el huracán en débil brisa,
Y del náufrago el triste desconsuelo
En gritos de placer mirando al cielo?
Pues ya suena la horrísona tormenta;
Ya el rayo destructor muestra su saña;
Ya el Océano en convulsión violenta
Del huracán soberbio se acompaña;
Ya retumba el cañón; ya en la campaña
Donde el pendón hispano gallardea
Tienes quien por ti muera, madre España;
Ya sangrienta pelea
Traban los fuertes hijos de Pelayo,
Y la sangre que humea,
Y la bélica pompa,
Y el fragor del combate furibundo,
Y el ronco són de la guerrera trompa,
Pregonan por el mundo
Que aun existen aqui las razas bravas
Que mostraron su esfuerzo sin segundo
En Gerona, en Lepan to y en las Navas.
¡Gloria al pueblo gallardo y animoso
Que se lanza á la lid; aplauso y gloria
Al que llenó de hazañas nuestra historia
Y supo resistir al gran Coloso!
El solo con esfuerzo sobrehumano
Hoy eleva su frente,
Y de Oriente á Occidente
Él so lo lidia con pendón cristiano;
El con robusta mano
Combata por su honor, por su derecho;
El expone su pecho
En la dura batalla,
Sin que atajarle puedan su camino
Ni la muerte que siembra la metralla,
Ni la asechanza vil del neoyorkino.
Sí ; vosotros, cuadrilla de bribones,
Que acaparáis el oro por montones,
Nunca habréis de olvidar, venza quien venza,
Que con miles millares de millones
Ni se templan á fuego corazones
Ni se compra el decoro y la vergüenza.
Basta ya, caro amigo . . y pues lograste
Inflamar con tu voz el pecho ¿lío
Y con sublime y arrogante brío
El espíritu patrio levantaste,
Dame la mano amiga,
Que estrechará leal la de un hermano;
Y con la fe que nuestro pecho abriga,
Hagamos votos por que Dios bendiga
Los esfuerzos del pueblo castellano.
José Jover.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
El gran caudillo español Anda. — Bombardeo y toma de Manila por
los ingleses en 1762. — La defensa — Insurrección de los indígenas.
—La guerra contra ingleses, indios y Jchinos. — La paz. — Cons¬
trucción de una escuadra en Filipinas. — Un gobernador y capitán
general modelo.
A corta distancia d© la vía férrea del Norte, en¬
frente al pueblo y estación de Nanclares de la Oca,
y al pie de las alturas que limitan aquella parte
de la provincia de Alava con el condado de Trevi-
ño, yace olvidada la aldea de Subijana, con sus quin¬
ce casas, un palacio y una iglesia dedicada á San
Esteban. En aquel palacio, que tiene en su escudo
de la fachada las trece estrellas de Salazar, na¬
ció en 23 de Octubre de 1709 el esforzado é inmor¬
tal defensor y reconquistador de Manila y del ar¬
chipiélago de Filipinas, doctor D. Simón de Anda
y Salazar López de Armentia y Ruiz de Uriondo,
cuyos padres procedían de Morillas, sobre el Por¬
tillo de Techa, y sus abuelos de Anda, en el valle
de Cuartango, lugares todos de la tierra alavesa.
Hijo de labradores bien acomodados, siguió la
carrera de Filosofía y de Derecho, empezando por
estudiar las primeras letras en Morillas, al lado
de sus abuelos; Latín en Salinas de Añana, y Hu¬
manidades en las aulas del convento de Santo Do¬
mingo de Vitoria, afamado centro de cultura, de
donde habían salido genios como Fr. Francisco de
Vitoria, Garibay y otros. Cursó después en Alcalá
de Henares, recibiendo los grados de bachiller y
maestro en Artes y de licenciado y doctor en De¬
recho. El que fué escolar modelo brilló bien pronto
en la corte como reputado jurisconsulto, logrando
al cabo de veinte años de ejercicio tan justo cré¬
dito, que fué nombrado magistrado de la Audien¬
cia de Manila para gran honra y provecho de
España (1755), de cuyo destino tomó posesión
en 1761.
• •
Catorce meses después, declarada la guerra en¬
tre España é Inglaterra, y siendo gobernador de
Filipinas el mejicano arzobispo Rojo del Río, se
presentó dentro de la bahia de Manila, sin que
nadie se lo impidiera, la escuadra anglo-sajona,
que mandaban el comodoro Cornisch y el briga¬
dier Draper, compuesta de 13 navios de guerra
con 6.830 hombres á bordo, exigiendo la rendición
de la capital, para cuya defensa sólo había 500
soldados españoles y 80 artilleros del país, á cuya
escasa fuerza se añadieron unos 240 voluntarios
vecinos de Manila (23 de Septiembre). El día 24
desembarcaron las tropas de Draper y empezó el
bombardeo, durante el cual estuvo encargado de
recoger vituallas y recursos para la plaza otro ala¬
vés ilustre, D. Francisco Leandro de Viana, na¬
tural de Lagrán, fiscal de aquella Audiencia y fu¬
turo Conde de Tepa. Después de cinco días de
bombardeo, al temerse que los sitiadores de Ma¬
nila la tomasen, fué nombrado subgobernador del
Archipiélago y capitán general de las fuerzas el
magistrado Anda, por ser la persona de más ta¬
lento y energía con que contaba la Junta de guerra.
Los indios que habían acudido desde Bulacán
y Pampanga á ayudar á los españoles , apenas sir¬
vieron para nada ante los efectos de las armas y
táctica de los europeos; el bombardeo continuaba
desde los buques y desde las baterías levantadas
alrededor de la ciudad; se habían arrojado sobre
ella 6.000 bombas y más de 25.000 balas en diez
días, y sólo se atrevieron los ingleses á dar el
asalto cuando contaron con la traición del coman¬
dante francés Fallet, que mandaba una de las co¬
lumnas de defensa. Llegó el jefe inglés Draper
con sus tropas hasta el palacio del gobierno, y el
arzobispo Rojo entregó la ciudad, que sufrió cua¬
renta horas de saqueo, no sólo de parte de los ingle¬
ses, sino también de los indios refugiados y de los
sirvientes de las familias españolas (5 de Octubre).
•
• «
En medio del terror que se había apoderado de
los ánimos, cuando era inminente la rendición de
Manila, un hombre de indomable corazón, un gran
patriota, D. Simón de Anda, se propuso y consi¬
guió rechazar la dominación inglesa en Filipinas
y asentar de nuevo en ellas la dominación de Es¬
paña. Salió con sigilo de la capital en la noche
víspera de la rendición, con sus títulos autorizados
de capitán general y subgobernador, y con algunos
pliegos de papel sellado y escaso dinero, en com¬
pañía de un criado. Llegó á Bacolor, en Pampan¬
ga, empezó á organizar los voluntarios, estableció
la fundición de cañones y fabricación de pólvora
bajo la dirección facultativa de los padres agusti¬
nos Acosta, Garrido y Castro, y declaró la guerra
á los invasores, ordenando que no se cumpliera
ninguna disposición del arzobispo Rojo, gobema- •
dor del Archipiélago, el cual continuaba en Ma¬
nila sirviendo á los ingleses y ayudando á Draper
á someter á los habitantes, y contra cuyas gestio¬
nes se resistía tenazmente en Manila el magistra¬
do fiscal Viana, que se opuso y consiguió que no
se entregaran al general inglés el millón de pesos
que les impuso de contribución, si bien no pudo
eximirse de firmar con los demás magistrados la
cesión de las islas al Rey de Inglaterra al verse
amenazado de muerte.
*
• *
Continuó Anda peleando con los ingleses en los
alrededores de Manila y en Bulacán y la Pampan-
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8 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xyii — 275
ga, ayudado por la bravura é inteligencia de su
segundo jefe el asturiano D. Pedro José del Busto,
minero de profesión. Mientras los españoles lea¬
les peleaban contra los invasores, éstos consiguie¬
ron insurreccionar varias comarcas: en Pangasi-
nán se sublevaron 10.000 indígenas (3 de Noviem¬
bre), manteniendo la rebelión largo tiempo, hasta
que el alcalde de Cagayán, D. Manuel Ignacio de
Arza y Urrutia, alavés como Anda, los derrotó y
castigó duramente; en la Pampanga, unidos chinos
é ingleses, se propusieron asesinar á Anda, pero
éste los sorprendió y exterminó bien pronto (23 de
Diciembre); en Yigan (llocos) se alzó el famoso
Diego Silán.(14 de Diciembre), reconociendo al
Rey de Inglaterra como soberano, cuya rebelión
apagó también Arza después de la muerte de Si-
lán; Pangasinán se sublevó al mismo tiempo; la
insurrección de Cagayán f ué sofocada por el mis¬
mo Arza (1763); en Batangas pacificó á los insu¬
rrectos, por mandado de Anda, el esforzado viz¬
caíno D. Pedro Gaztambide, y, en fin, en otras
muchas provincias se encendió el fuego de la fu¬
ria indígena contra los españoles por las prome¬
sas y engaños de los ingleses y de los chinos,
temiéndose en varias ocasiones que estando Ma¬
nila y Cavite en poder de los enemigos, y subleva¬
dos tantos indígenas, iba á perderse de seguro la
soberanía de España; pero gracias al común es¬
fuerzo de los valientes hijos de ésta y á la pericia
y decisión del improvisado general magistrado
Anda y Salazar, y de sus capitanes, la victoria y
la justicia triunfaron.
• •
Cansado Draper de la campaña, regresó á Ingla¬
terra, dejando á los comandantes Fielt y Drak y
Becus al frente del ejército inglés de ocupación.
Estos jefes, no pudiendo derrotar á Anda, ofrecie¬
ron 5.000 pesos al que lo apresara y entregase
(1763). Anda bloqueó por tierra á Manila y ofre¬
ció á su vez 10 000 pesos al que llevara la cabeza
de cualquiera de los jefes ingleses que firmaron la
oferta de pagar la suya. Acorralados los enemigos,
pidieron y obtuvieron de los chinos el envío de
1.500 hombres. Cuando más gente había reunido
el jefe español y mayores seguridades tenía en el
éxito de su empresa, se firmó la paz entre España
ó Inglaterra, aquella paz que nos costó la pérdida
de la Florida en América. Aunque Anda recibió
noticias de la paz por conducto de los ingleses, no
quiso entenderse con ellos, ni detuvo las hostili¬
dades hasta que Carlos III le remitió sus despa¬
chos. Tenía entonces un ejército de 500 españoles,
200 franceses y 3.000 indios. El arzobispo Rojo
había muerto poco antes de la paz, y desde España
llegó á hacerse cargo del gobierno de las islas el
nuevo teniente gobernador, coronel D. Francisco
de la Torre, á quien Anda entregó el mando y el
Archipiélago reconquistado. Los ingleses lo eva¬
cuaron bien escarmentados, después de convenido
el arreglo consecuencia de la paz (Marzo de 1764).
Terminada la guerra, presentó Anda la cuenta
de ella al nuevo Gobernador general, resultando
que aquel integérrimo y gran patricio, que había
recibido tres millones de pesos para ella, gastó so¬
lamente 610.225 pesos, y devolvió el resto al Te¬
soro filipino, sin que faltara un solo maravedí.
En 1767 regresó Anda á España; fue nombrado
por el Rey consejero de Castilla, y á sus instancias
aceptó, después de repetidas ofertas, el Gobierno
general de Filipinas. Para entonces su ilustre pai¬
sano, el fiscal Sr. Viana, había escrito un concien¬
zudo estudio acerca de aquel país, con el título de
Demostración del misero deplorable estado de las
islas Filipinas ; en él analizaba la cuestión de
abandonarlas ó mantenerlas con fuerzas respeta¬
bles; de los inconvenientes de lo primero y venta¬
jas de lo segundo; de lo que pueden producir á la
Real Hacienda; de la navegación, extensión y uti¬
lidades de su comercio, y de la conveniencia de
formar una compañía de comercio bajo la Real
prptección para hacer fácil y gloriosa la Monar¬
quía española y privar á sus enemigos de las ga¬
nancias con que la destruyen en paz y en guerra;
notabilísimo trabajo práctico que, aunque escrito
en aquellos tiempos, contiene gran enseñanza y
aplicación para los presentes.
•
• *
Llegó Anda á Manila á mediados de 1770, lle¬
vando consigo al valiente guerrero Bustos, á quien
dió el mando del regimiento de Vitoria, y siendo
recibido en triunfo por la población en masa. Poco
después, con una previsión digna de un gran go¬
bernante, y preparándose contra cualquiera tenta¬
tiva de invasión de los ingleses, fortificó por com¬
pleto á Manila, reconstituyó el arsenal y mandó
crear una escuadra que el maestro guipuzcoano
D. Gabriel de Aristizábal construyó en ocho me-
ses, y que comprendió estos barcos:
Olase y nombre.
Número y calibre
de los cañones.
Falconetes.
Fragata San Jone .
Idem San Cario* .
Bergantín Santo Niño .
Idem San Cario* .
Idem Santa Ho*a .
Idem San Jo*é .
Pailebote Ro*ario .
Idem Ntra. Sra. de Guadalupe. .
Idem san Telmo . , .
Idem San Ju*é .
Lorcha Soledad .
Pontin Satito Niño .
32 cañones de á 8, 6 y 4 »
18
—
de á 6
í
10
—
de á 0, 4 y 3
14
8
—
de & 4
20
6
—
de á 0 y 3
20
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—
de á 0 y 3
32
12
—
de á 4 y 2
10
12
—
de á 4 y 2
10
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—
de á 4, 3 y 2
20
10
_
de á 2
10
12
_
de á 4
10
>
—
>
12
En suma, doce buques con 134 cañones y 173
falconetes; todo, como quien dice, improvisado,
con materiales del país, ¡en ocho meses! Aquel va¬
rón íntegro y fuerte, duro en su carácter, modelo
de servidores del Rey y de la patria, dejó escritas
admirables manifestaciones y advertencias acerca
de cuantos elementos sociales tomaban parte en
la vida de Filipinas para combatir sin tregua ni
debilidad los desórdenes que observaba: logró au¬
mentar las rentas del Tesoro en millón y medio
de pesos cada año; creó el Consulado y Junta de
Comercio, ajustándolo á las ordenanzas del de Bil¬
bao; creó una armada especial para castigar las pi¬
raterías de los moros de Joló y de los datos de
Mindanao; mandó fortificar de nuevo la isla del
Corregidor, y envió contra los ingleses, que se ha¬
bían apoderado de la isla de Balambangán, próxi¬
ma á Joló, una expedición mandada por el coro¬
nel italiano Cencelly, que hizo traición á España
y malogró todo lo dispuesto para recobrarla.
El extraordinario y sostenido esfuerzo que du¬
rante muchos años tuvo que hacer Anda para
cumplir severamente los deberes de su cargo en
Filipinas minó su naturaleza, y acabó de rendirla
la dolencia que allí ha causado tantas víctimas: la
alteración de las funciones digestivas. Contribuyó
mucho asimismo á abatir sus fuerzas la pesadum¬
bre que sintió su carácter indomable al ver que
las intrigas de sus émulos y de sus enemigos lo¬
graron triunfar en la corte de España y desauto¬
rizar algunos de sus acuerdos. Luchó con el mal
durante tres años, y ni el descanso que buscó en
la casa conventual de los religiosos de Imus, ni los
cuidados de su hijo D. Tomás de Anda y Salazar,
pudieron detener la ruina de aquel cuerpo tan
quebrantado. Al sentir que su vida terminaba, mo¬
desto y lleno de entereza, se hizo llevar al hospi¬
tal de Cavite, donde murió en 1776 auxiliado por
los frailes recoletos. En un mísero lecho, en la
sala de los pobres, exhaló el último aliento el Go¬
bernador y Capitán general de aquel imperio ma¬
rítimo, que restituyó á su patria, donde había ma¬
nejado tantos millones y donde dió tan grandes
ejemplos y enseñanzas de cómo debe ser el hombre
á quien su patria confía el gobierno de las colonias.
• •
Curiosísimo recuerdo es éste en las actuales cir¬
cunstancias, cuando Manila y el archipiélago todo
están sirviendo de cebo á la voracidad de idéntica
gente que la del siglo pasado, porque de inglés á
norteamericano no va más diferencia que la pro¬
ducida por la degeneración de aquél -en éste. To¬
mada la bahía y bombardeada la capital, resistié¬
ronse 500 españoles contra 6.800 invasores, y sólo
cuando el Arzobispo cedió ante los horrores del
asalto se apoderaron de Manila los enemigos. Pero
el espíritu indomable de los pocos españoles que
había en las provincias, enardecido por la patrió¬
tica conducta de un hombre civil, de Anda, bastó
para que los invasores no pudieran dominar nunca
más que la capital, á pesar de haber conseguido in¬
surreccionar tres ó cuatro provincias. Nada valió
tan criminal empeño contra la soberanía españo¬
la, que tenía materialmente cercados á los ingle¬
ses en Manila cuando llegó de Europa la noticia
de la paz, después de dos años de guerra.
Hoy la audacia y el conocimiento del estado de
la bahía de' Manila han servido á los yankees para
destrozar nuestra escuadrilla ante Cavite y para
bombardear la capital; pero dentro de ésta, un Ge¬
neral bravísimo é inteligente y 20.000 soldados
españoles se encargan de anular los efectos de la
mala jornada marítima y de impedir que pisen
las playas de Manila. Podrán desembarcar en otro
panto y llevar la guerra al interior con ayuda de
los tagalos; pero para ello necesitan más fuerzas
que las que tienen, y contra ello está la experien¬
cia de esta clase de guerra aprendida por nuestro
ejército en la reciente campaña, y que ignoran
por completo ios voluntarios del Oeste que po¬
drán amontonarse en California para ir á Luzón.
Mientras tanto también nosotros podremos enviar
mayor número de combatientes adiestrados en
este género de combates.
Lo que hizo D. Simón de Anda lo harán D. Basi¬
lio Augustin y los valientes Sres. Jáudenes y Soto,
todos avecindados desde hace tantos años en la
tierra donde Anda nació, en la provincia de Alava.
Sueñen, pues, los yankees en la repartición de
Filipinas, y esperen sentados. Firme ha de seguir
nuestra soberanía , como firme sobre su pedestal
glorioso se mantendrá en el muelle de Manila y
en la plaza de Bacolor, de Pampanga, la estatua de
Anda; de aquel hombre tan ensalzado por los in¬
gleses mismos, por Le Gentil, por Jagor, por el
Duque de Almodóvar, por el P. Zúñiga, por los
Sres. Mas, Barrantes y Montero y Vidal, y por
cuantos otros escritores distinguidos concienzudos
á imparciales se han ocupado en la admirable cam¬
paña de 1762 á 1764.
Ricardo Becerro de Bengoa.
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LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
Maravillas históricas, por D. Ricardo Ruiz y Benftez de
Lugo.— Hemos recibido ejemplares del libro que con el título
3 ue encabeza estas líneas acaba de publicar el primer teniente
e Caballería y licenciado en Derecho D. Ricardo Ruiz y Be-
nítez de Lugo. El asunto de la obra tiene gran novedad, y es de
una rareza que despierta la curiosidad del lector por el solo
enunciado de los capítulos, como puede verse por el sumario
de los mismos que consignamos A continuación: El hechicero
Thorel.— Las apariciones.— La visión de Carlos XI.— Biloca -
ción.— Gritos telepáticos de una muerta.— Mva villas de lamas
y fakires. — Ascensión de cuerpos.— Casas encantadas. Los
presentimientos.— El mal de ojo.— El cuerpo astral.— Visión á
distancia. — Fantasmas que anuncian muerte. — Sueños que se
realizan.— Proyectiles misteriosos.— La vidente de París.— Las
brujas.— Profecía realizada.— ¿Adivino ó farsante?— Las po¬
sesiones. — La adivinación.
Seguramente la materia extraña de que trata en forma ame¬
na el Sr. Ruiz merecerá muy distintos juicios, según el ponto
de vista desde el qne la considere cada cual ; pero cualquiera
que sea el criterio del que la leyere, apreciará Jo interesante
que resulta. Lleva la obra un prólogo de nuestro compañero
en la prensa D. Salvador Canals, y se vende en las principales
librerías al precio de 2,60 pesetas.
Fausto Fsíquio. Novela de D. Francisco Antiché Izaguirre.—
Hemos recibido ejemplares de esta obra, discretamente escrita
por el Sr. Antich, ya conocido por muchos trabajos científicos
y literarios <rae han acreditado su ilustración y su laboriosidad.
Véndese al precio de 1,50 pesetas.— C.
Digitized by ^.ooQie
276 — n.° xvii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Mayo 1898
NO NOS PREOCUPEMOS DE LOS HABITANTES
DE LA LUNA.
No calentaos el cerebro con respecto á los ha
bitantcs de la luna, sino estudiad al habitante
de la tierra, ó sea el hombre que cubre vuestra
propia ropa.
Si cada persona tuviese cuidado de sí misma
del mejor modo posible, los institutos de caridad
no tendrían razón de ser. Hay mucha significan¬
cia en el dicho de que la caridad empieza por uno
mismo. Cuando un hombre tiene las dos alterna
tivas de nadar ó ahogarse, por lo menos hará un
laudable esfuerzo para nadar. Quizás sea porque
nos socorremos mucho unos á los otros.
Como en el ejército, así pasa en la sociedad,
dependemos individualmente sobre el general y
sobre la multitud. Es mala cosa esta, porque in¬
duce al hombre á confiar en su suerte y en el nú¬
mero, y no en su propio valor é ingenio. Por con
LA FOSF ATINA FALIERES es el ali¬
mento más agradable y más recomendado para los
niños de 6 á 7 meses de edad . princiDalmente en la
HICIU, Y JIU UII BU UIUUIU YU1UI C 1II£CIIIVS. *. Uí vuil . _ - . J _ . . , 0 ÜU ^
siguiente, cuando la calamidad nos risita no nos
ononnnlr* nsanorm-os onosanHn onmn nnlooi* v 1 ... J "«»«*«w. uro ws
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encuentra preparados, ignorando cómo pelear y
combatirla.
Por ejemplo, lié aquí á nuestro buen amigo el
Sr. John Wilkinson, de Norbury, Whitchurch,
Salop, quien no hace mucho dijo á un conoc do
suyo: «Amigo, estoy perdido.* ¿Por qué se ex¬
presó así? Porque los médicos le habían de¬
sahuciado creyéndole víctima de la tisis; lo bas¬
tante para amedrentarle si en realidad era tisis
su entermedad. Pero ¿es este el caso? Hé aquí la
cuestión.
Dicho señor so explica del modo siguiente:
«Pertenezco — dice— á una familia fuerte y sa¬
ludable, y hasta la primavera de 1885 me hallé
siempre bien. Podía competir con cualquiera en
levantar peso, correr, saltar, y fácilmente cubría
treinta millas en un día. Hacia Abril de ese ano
sentí algo apoderarse de mí, que gradualmente
fué arraigándose. De principio me sentí triste,
pesado y cansado, con sensación de abatimiento
y pesadez en la boca del estómago, y dolor en el
costado y entre los omoplatos. Mi piel se puso
descolorida, y el blanco de los ojos se tiñó de un
color amarillento. Mi paladar era malo, especial
mente por la mañana. Cubría mi boca y mis dien
tes una substancia espesa, y un fluido claro
acuoso me subía á la boca procedente del est
mago.
•Me faltó el apetito, y el poco alimento que
podía tomar me causaba mucho dolor. Una sen¬
sación de tirantez me oprimía el pecho y ambos
costados, como si me encontrase cogido en una
prensa, é iba poniéndomo cada vez más endeble
y muy acongojado. No parecía sino que la vida ó
el alma me había abandonado.
•Luego empezó á atormentarme una tos seca
que me hacía perder mucho sueño. En efecto, me
era imposible descansar de noche á causa de la
misma, sino que solía estar despierto toda la
noche, tosiendo y esputando. Trascurriendo el
tiempo, me encontré tan extenuado que apenas
podía andar, y cuando me aventuraba á salir á
la calle me veía obligado á pararme á cada mo¬
mento para descansar, mientras me paseaba á lo
largo de las callejuelas temiendo caerme.
• Probé toda clase de medicinas, y estuve en
manos del médico, pero sin conseguir alivio. En
este lamentable estado seguí arrastrándbme du
rante seis meses. Mis parientes y vecinos creían
que mi fin no estaba muy lejano y que pronto de¬
jaría de pertenecer á este mundo.
•Un día, un amigo mío, el Sr. Thomas tate¬
man, guarda de coto en Marbury, viéndome tan
enfermo, me preguntó cómo me había sobreve
nido mi enfermedad. Mi contestación fué: «Estoy
perdido; jamás me restableceré, amigo mío.» A lo
que él, á su vez, contestó: «No digas eso haslí.
3ue hayas probado el Jarabe Curativo de la Ma
re Seigel». Y continuó contándome cómo le ha
bía curado éste, después de haberse hallado á la.‘
puertas de la muerte y haber sido desahu
de los médicos como víctima de la tisis. En vista
de esto, por no dejar nada por hacer hacia m
restablecimiento , mandé á Whitchurch por e
remedio. Después de haber consumido tres bote
lias, todo dolor y malestar me abandonó, comít
de todo, y la tos y la expectoración, como tam
bién el dolor en el pecho, desaparecieron, y d<
nuevo recuperé mi salud.
• Digoá todos como el Jarabe Curativo de la
Madre Seigel me salvó la vida, y está usted en
completa libertad de publicar mi relación, á fin
de que otros enfermos sepan lo que hacer — (Fír-
mado): John Wilkinson, zapatero, Norbury
Whitchurch, Salop.»
Uo? casos es*°s. d°s hombres, Bateman y
VVilkinson , eran casi idénticos en síntomas y ca¬
rácter. Ambos padecían de indigestión y dispep¬
sia, ambos recelaban la tisis, y ambos fueron
oportunamente curados por la misma medicina.
¿Cuántos hay en este país en las mismas condi¬
ciones? ¡Centenares de miles! ¡Ah! ¡los días tris¬
tes y terribles que han de pasar en dirección á la
sepultura, pues de faltarles el remedio, morirán
seguramente de una muerte prematura!
¿Eres tú acaso, lector, uno de esta multitud
doliente, ó sabes de alguno que pertenezca á la
misma? Permítenos te hagamos una observación,
y es que no debes esperar ponerte bueno aguar¬
dando y esperando indecisamente.
Estudia al hombre que cubren tus propias ro¬
pas, ó de diferente modo, pon en juego tu propio
criterio y obra según él y según la reputación de
que goza un remedio que posee tal evidencia para
probar su virtud.
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'
278 — x.° xvjji
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Mayo 1898
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos* Luis de Cuenca.— Episodios nacionales.
Zumalacarregui, por U. B. Pérez Galdós. — Vasco ae Gama. IV cen¬
tenario del descubrimiento del derrotero de las Indias, por don
Angel La* so de la Vega.— La guerra, poesía, por D. Manuel Soria-
no. — Por ambos munuos. Narraciones cosmopolitas, por U. Ricardo
Becerro de Bengoa. — Sueltos.— Libros presentados á esta Redacción
por autores ó editores, por C.— Anuncios.
Grabados.— Retrato del Excmo. Sr. D. Manuel de la Cámara y Li-
vermoore, contraalmirante de la Armada, comandante general oe
la escuadra de reserva. —Croquis de la bahía de San Juan de
Puerto Rico. — Barcelona : Llegada del vapor-correo León XIII ,
conduciendo al capitán general Lxcmo. Sr. U. Fernando Primo de
Rivera. — La guerra entre España y los EE. UU. de Norte -América:
Vista parcial de Matanzas. —La escuadra norteamericana á la vista
del puerto de la Habana. Campamento de infantería en Tampa. El
regimiento de Infantería de linea num. 13, recientemente llegado á
lampa. Vista parcial do Cayo Hueso. Regimiento de Infantería, de
color, núm. 25, en Chiekaoiauga*— Croquis de la isla de Puerto Rico.
— Playa Sur y playa Norte del var&uero, en Cárdenas (Cuba).—
Bellas Artes: De la comda patriótica , dibujo de Pía. — Barcelona:
Exposición de Bellas Artes é Industrias Artísticas. Vista paicial
del gran salón de escultura extranjera. Sección española. Salón
Reina Regente , donde se celebró el solemne acto de la inaugura¬
ción. Sección holandesa. El vestíbulo. — Retrato de D. Luis non-
cada y Soler, coronel de Estado Mayor del ejército, jefe de las
fuerzas que rechazaron el desembarco de tropas norteamericanas
en Cárdenas. — Retrato de I). Emilio Hédiger y Olivar, capitán de
navio, jefe de Estado Mayor general de la escuadra de reserva.—
Barcelona: Embarco de tropas para reforzar las guarniciones de
las islas Baleares. — Maltón (Baleares): Llegada de tropas á bordo
del vapor Ciudad de Maltón.— Madrid: Fachada de la casa editorial
de las obras del eminente literato D. Benito Pérez Galdós. — Gran
carroza gótica, propiedad de la empresa de servicios fúnebres La
Soledad.
CRÓNICA GENERAL.
ODO el interés de estos días se ha re-
concentrado en una sola pregunta:
^ — ¿En dónde está la escuadra de
Cabo Verde?
Porque si entre los políticos la
cuestión preferente era averiguar si ha-
— bía crisis, pues toda su ciencia de go-
V4 bernar se reduce á procurar y resistir esos
fQ cambios de Ministerio, todo el resto del país
se preocupaba por la suerte de nuestras naves de
guerra. Se ha mentido en todas las formas posi¬
bles: por el cable, por telégrafo, en letras de mol¬
de, en cartas y de palabra en todos los corrillos.
Ante todo, en medio del dolor producido por el
desastre de Cavite nos enorgullece leer en los pe¬
riódicos norteamericanos ensalzado el valor he¬
roico de los marinos españoles, que sin huir ni
arriar bandera, antes clavándola para demostrar
su decisión de morir sin entregar sus buques, se
hundían en el agua sacrificándose gloriosamente,
y mereciendo especial mención del enemigo el
nombre del Castilla , que resucitará algún día en
forma de acorazado para perpetuar aquella haza¬
ña. La gloria de vencer la da muchas veces la for¬
tuna: se obtiene con la superioridad numérica
sin peligro; pero el saber morir antes que ceder
cuando se carece de fuerza, eso siempre pertenece
á la epopeya. ¡ Ensalcemos á aquellos mártires ge¬
nerosos que merecen una corona fúnebre de la
poesía castellana!
La hipocresía de Mac-Kinley ha quedado en evi¬
dencia : cuando aseguraba que intervenía en Cuba
como un noble y desinteresado pacificador, ace¬
chaban sus buques las Filipinas para verter sangre
y revolver aquellas islas, dando á todas las pose¬
siones europeas del Oriente el mal ejemplo de la
insurrección; hoy acechan sus codiciosas escua¬
dras la isla de Puerto Rico, tranquila y próspera,
para llevar también allí la guerra. ¡Valiente paci¬
ficador, que de una rebeldía reducida á límites es¬
trechos hace una guerra marítima en Oriente y
Occidente, perturba el archipiélago filipino y to¬
das las Antillas, entorpece el comercio universal,
ensangrienta Italia con el hambre, produce moti¬
nes en toda España, alarma á toda la América del
Sur, conmueve á Europa; y, en nombre de la hu¬
manidad, prepara un derramamiento atroz de
sangre; en el de la independencia, cae sobre una
tierra lejana para sujetarla á otro dominio, y en
el de la protección de sus intereses mercantiles
en Cuba, destruye, como si no fueran intereses
respetables también, no sólo los de España, sino
los de todos los pueblos de Europa y Asia á quienes
afecta el cataclismo! ¡Inicua hipocresía!
Sin embargo, llegan de Washington palabras de
paz. Todo podría arreglarse, según ellos, entre¬
gando España á Cuba, pagando una indemniza¬
ción de doscientos millones de pesos, y conser¬
vando ellos en prenda Puerto Rico y Cavite mien¬
tras se paga la indemnización. ¡Hermoso arreglo,
que constituiría un estado de derecho público
digno de enseñarse en las encrucijadas por cate¬
dráticos armados de trabucos! El que tiene más
buques y riquezas podrá intimar al que no posee
tantas la orden inapelable de entregar una región
que al fuerte le conviene; si éste no la entrega, se
le hará la guerra; y una vez declarada, al primer
revés, no sólo quedará declarado el fuerte dueño
de aquello que exigía, sino arruinado el adversa¬
rio con la indemnización que le quieran exigir.
Esto sería risible si no fuera odioso, bárbaro y
sangriento.
Podrán ser reconocimientos, aunque parecen
algo más, los intentos de desembarco en Cárdenas
y Cienfuegos; pero, hasta el momento en que es¬
cribimos, la fuerza norteamericana con toda su es¬
cuadra, con la proximidad de su base de operacio¬
nes, no ha conseguido sino recibir algunos balazos
en los cascos de sus buques y en los cuerpos de
sus gentes. Todo el influjo de la gran República,
todas sus amenazas no han logrado intimidar á los
defensores de Cuba y Puerto Rico, y la partida
empeñada está tan al principio que, sin la ventaja
de Cavite, acaso el poder de Mac-Kinley hubiera
sufrido en su patria un serio contratiempo. ¡Y
quién sabe si lo de Cavite ha de serle á la larga de
más daño que provecho ! En las cosas de la guerra
hay que ser cautos: lo próspero y lo adverso sue¬
len enlazarse, y no nos debemos abatir con los
tropiezos ni ensoberbecer con un buen éxito si se
obtuviera. Baste conservar entero el ánimo, que
se prueba mejor en los reveses.
Aunque la prensa de gran tirada nos ha pare¬
cido en estos días más entregada á las pequeñeces
de la crisis y á su vicio de quererlo dirigir todo,
cuando lo único que consigue es aumentar la con¬
fusión, todavía debemos esperar de su patriotismo
calor é iniciativa en aquello para que sirve: para
promover el entusiasmo y las acciones generosas y
la emulación de todas las clases á fin de activar la
suscripción. No desconfiamos todavía en que ha
de cooperar á ese resultado con todo el civismo de
que suele blasonar, pues de lo contrario constaría
en la historia su indiferencia y su pereza. Desde
luego echamos de menos en estas circunstancias
medios de recaudar en pequeñas cantidades anó¬
nimas lo que cada cual quiera entregar sin mo¬
lestia; por ejemplo: ¿no podría la Dirección de
Correos emitir una serie de sellos patrióticos, ven¬
didos sin descuento en los estancos y estableci¬
mientos que se presten á ello, para que contribuya
en silencio todo el que quiera darse ese placer en
su conciencia? Esos sellos, puramente voluntarios,
no tendrían valor de franqueo, pero le tendrían
para las colecciones filatélicas si se diera la orden
de matasellarlos en los sobres; no sólo se vende¬
rían en España, sino en todo el Universo, dada la
afición filatélica. Recordemos que los sellos del ju¬
bileo de la reina Victoria sirvieron para fundar
un hospital.
La corrida patriótica ha producido un buen re¬
sultado; la venta de flores por las señoras y seño¬
ritas de la aristocracia dió un valor enorme á los
claveles. Un rasgo delicadísimo merece consig¬
narse: una pobre criada que llevaba la cesta al
brazo dió una peseta, que sería para ella una gran
cantidad, porque la dejasen oler un clavel. ¡Ben¬
dita sea! La Duquesa de Castro-Enríquez, que re¬
gala una fortuna de 100.000 duros; la madre anó¬
nima que al ir á pagar la redención de su hijo, se
entera de que hay guerra extranjera, y no le li¬
bra; y la pobre criada que hace esa poesía en la
calle de Alcalá, ensanchan el corazón y le compen¬
san de muchos desfallecimientos.
De los que exhiben su gastada é inútil persona¬
lidad con críticas acerbas, y se burlan de las sus¬
cripciones como si no se hubieran hecho en las
grandes ocasiones de nuestra historia; de los que
convierten el Congreso en casa de vecindad, y
para los que la política se reduce á chismes de co¬
madre; de los agiotistas que aprovechan el conflic¬
to, los avaros que hacen cola en la Lonja del Almi¬
dón para vender el oro que ocultaban bajo tierra;
los que escatiman su ayuda; los que difunden el
desaliento con noticias funestas, y nos dividen y
quebrantan; los que excitan á las turbas infelices
para que, sin saber lo que hacen, distraigan nues¬
tras tropas de acudir contra el enemigo de la pa¬
tria; los egoístas marrulleros; los cínicos mercade¬
res que sacian su codicia con el hambre general;
los yanquizantes de todo género, envidiosos, ca¬
lumniadores, pobres de espíritu, profetas de catás¬
trofes, críticos ineptos, y toda la polilla moral
que conspira para enfriar el entusiasmo y desviar
á las gentes de lo que exalta, refresca el alma y
vigoriza, mientras nuestros marinos y soldados
pelean lejos de nosotros y sacrifican sus vidas,
esperan nuestra ayuda, nos llaman y piden auxilio
desde lejos..... ¡qué importa! No son los usureros,
ni los egoístas, ni los ambiciosos los que salvan á
los pueblos, sino los que se sacrifican y alzan la
vista á las alturas. Aguántense aquéllos; tengan un
poco de paciencia: para ellos es siempre el fruto
de los que luchan y padecen: es ley humana que
los ruines obtengan los provechos. Pero dejen á
los buenos cumplir su obligación.
Convencidos de que la guerra tiene sus alzas y
sus bajas, no cantaremos victorias como definiti¬
vas y durables cuando se consigan ventajas. Si la
situación de Filipinas es grave, tampoco la cree¬
mos desesperada ni mucho menos; pero en Cuba
y Puerto Rico, en el momento de cerrar esta Cró¬
nica, los norteamericanos han sufrido tres desca¬
labros; Cárdenas, Cienfuegos y San Juan, bom¬
bardeados brutalmente, han rechazado con he¬
roísmo al enemigo; otra vez la pequeñísima Ligera,
que manda el intrépido Rendón, ha hecho probar
sus balas á los cañoneros enemigos; y el remolca¬
dor Antonio López , mandado por el cubano Mon¬
tes, se ha cubierto de gloria: de cuatro torpederos
enemigos han ido á curarse ti es á Cayo Hueso, y
del otro no se sabe. Lo mismo que en Cienfuegos
las tropas y voluntarios han rechazado el desem¬
barco, San Juan de Puerto Rico, combatido por
una poderosa escuadra, también la ha rechazado
con gloria, haciéndola retirarse con averías. Y
bajo esta agradable impresión cerramos esta Cró¬
nica. Veinticuatro horas de término daban los pe¬
riódicos yaukees á su escuadra para conquistar
toda la isla.
¿Dónde está nuestra escuadra de Cabo Verde?
nos habíamos estado preguntando durante algunos
días. Pues apareció en la Martinica, ó al menos un
destróyer que comunicó con el Ministro de Mari¬
na. ¿En dónde volverá á reaparecer? No necesita¬
mos saberlo. Saldrá donde convenga.
¡Bien por los defensores de Cárdenas, Cienfue¬
gos y Puerto Rico! ¡Guíe Dios con bien nuestra
escuadra por aquellos mares peligrosos!
•
• •
Aunque la guerra nos preocupe, no por eso deja¬
mos de prestar atención á los sucesos importantes
que ocurren por el mundo. Desde luego las eleccio¬
nes de Francia, aunque están pendientes muchas
votaciones por los empates, parece que no modi¬
ficarán apenas la constitución del anterior Con¬
greso, sino en verse privadas las oposiciones de
algunos oradores de primera talla, como Mr. Jaurés,
que ha decidido retirarse temporalmente de la po¬
lítica. La cuestión de subsistencias en Italia pare¬
ce haber dado pretexto en Milán á los anarquistas
para una batalla cruel en que su mortandad ha sido
enorme. Dicen las correspondencias que los veci¬
nos aplaudían y vitoreaban á las tropas cuando
iban á cargar, diciéndolas desde los balcones:
«¡Apuntad bien y dad firme!)); lo que prueba que
no iban á combatir con infelices hambrientos, sino
contra sectarios feroces. Sin negar que la miseria
haya echado en España á la calle á muchas gentes,
creemos que se ha aprovechado el malestar para
agitar nuestras provincias: no se concibe que el
hambre haga quemar y destruir las subsistencias
en vez de aprovecharlas. ¡Qué infeliz es el pueblo!
Le convierten en instrumento de su propio daño
sus mayores enemigos.
»
• •
Procuremos alegrarnos. Entre los recursos que
se han propuesto para aumentar la suscripción pa¬
triótica merece especial mención la carta que nos
remiten:
«Sr. Cronista.
» Soy pobre y muy honrado: creo que si entre¬
gara mi alma al diablo me daría una buena canti¬
dad: no me determino á venderla, pero sí puedo
empeñarla, y destinar á la suscripción todo el pro¬
ducto, si la patria, en acabando la guerra, me res¬
cata. ¿Quiere usted proponer esta operación de cré¬
dito ai Gobierno.»
No nos parece buen negocio; siendo demonio el
prestamista y estando la patria apurada, ni en el
día del juicio habría soltado la prenda ni arregla¬
ríamos la trampa.
Mejor es el proyecto de la señorita yankee ó
yanka , que este debe ser el femenino, de formar
un escuadrón de amazonas para combatirnos.
¿Qué sucedería en un encuentro tan agradable?
Desde luego nuestros soldados cargarían el Mau-
ser con bombones. Y resultaría equivocado el ge¬
neral Weyler al decir que la guerra no se puede
hacer con caramelos.
Digitized by ^.ooQie
15 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xvin — 279
Más terrible es el propósito del periódico
yankee que quiere reclutar contra nosotros
un regimiento de gigantes.
¡Yaya un blanco que presentarán esos sol¬
dados ! i Menudos biftecs que necesitarán
para raciones!
Bien dijo quien dijo:
Un gigante al morir tendió las zancas;
Lleváronle á enterrar hormigas blancas.
¿Y qué bandera llevaría el regimiento de
gigantes? ¿Adivinan ustedes?
— ¿Los titanes escalando el cielo?
—¿Un San Cristóbal?
— Ño; el anuncio del periódico.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
EXCMO. SR. D. MANUEL DE LA CÁMARA Y LIVBRMOORE,
contraalmirante de la Armada,
comandante general de la escuadra de reserva.
En la primera página publicamos el re¬
trato del contraalmirante D. Manuel de la
Cámara, comandante general de la escuadra
que se halla en Cádiz. Nació en Málaga el
7 de Mayo de 183í>, y comenzó su carrera en
la campaña de Méjico, donde estuvo agre¬
gado al Estado Mayor del almirante francés
Jurien de la Graviére.
Como teniente de navio en la Vencedora y
como oficial de derrota en la Villa de Ma¬
drid, hizo la campaña del Pacífico.
En la primera guerra de Cuba mandó va¬
rios barcos, y después la corbeta Africa y
el vapor Tornado .
De capitán de navio condujo á Filipinas
una división naval compuesta de los buques Ulloa ,
Castilla y D. Juan de Austria .
Ha sido comandante de Marina de Málaga, jefe
de la Comisión naval en Jos EE. UU. y en Lon¬
dres, jefe de Estado Mayor del apostadero de la
Habana, y ha desempeñado dos veces la dirección
del material del Ministerio de Marina.
Las excelentes condiciones pesonales del con¬
traalmirante Cámara, su vasta ilustración y larga
práctica á bordo, hacen concebir fundadas espe¬
ranzas de su acierto en el importantísimo mando
que le está confiado.
•
© «
BARCELONA.
Llegada del vapor-correo León XIII.
El primer grabado de la página 280 representa la
llegada á Barcelona el 10 del actual del vapor-co¬
rreo León XIII , procedente de Manila. A bordo
del mismo regresaron del Archipiélago el ex go¬
bernador general Primo de Rivera; los generales
de brigada Sres. Viana y Contreras; D. Francisco
Yaldés, obispo electo de Puerto Rico; veinte jefes
y oficiales, y cuatrocientos soldados.
Durante la travesía falleció el gobernador de
Pangasinán, D. Joaquín Oliver, distinguido pe¬
riodista.
* *
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.
Vista parcial de Matanzas. — Playa Sur y playa Norte del varadero,
en Cárdena». — La escuadra norteamericana á la vista del puerto
de la Habana. — Campamento de infantería en Tampa. — El regi¬
miento de infantería de linea núm. 1$. — Vista parcial de Cayo
Hueso.— Reconcentración de tropas norteamericanas.
explosión que mató á un alférez , á tres fogoneros
y al cocinero.
Muchos tripulantes resultaron heridos.
El torpedero Winslow entró en la bahía de Cár¬
denas para cerciorarse de los medios de defensa
que tenían los españoles.
Nuestros cañoneros empezaron en seguida sus
disparos con tan buena puntería, que al segundo
cañonazo destrozaron la caldera al Winsloic. Este,
sin gobierno, empezó á derivar hacia la playa.
Otro torpedero yankee , el Hudson , acudió en au¬
xilio del Winslow , y recibió multitud de proyecti¬
les, siendo milagro que no fuera á pique.
Sus cañones no alcanzaban á las baterías espa¬
ñolas.
El cañonero protegido Wilmington trató de de¬
fender á los otros barcos yankees, y disparó sus
cañones con mucha rapidez.
Un proyectil de los cañoneros españoles cortó
el cabo que el Hudson había largado al Winslow
para llevárse e.
Después de veinte minutos de faena logró echar
otro cabo al Winslow y remolcarle, retirándose
de la bahía.
El Hudson llevaba también averías conside¬
rables.
Además de los yankees citados, murieron el co¬
mandante Bernadow y varios marinos que, ha¬
biendo sido heridos al comenzar la acción , no pu¬
dieron ser curados.
Ha llegado á Cayo Hueso el Hudson , conducien¬
do los cadáveres horriblemente mutilados de los
oficiales y marineros que han pagado con su vida
el ataque á Cárdenas.
BELLAS ARTES.
Be la corrida patriótica , dibujo de Pía.
Una elegante y artística nota de actualidad nos
ofrece Cecilio Pía en su bellísimo dibujo que pu¬
blicamos en la página 284. La clásica indumenta¬
ria de las hermosas mujeres por él dibujadas y
los trofeos de la lidia que llevan, nos declaran, sin
necesidad de explicaciones prolijas, que vuelven
de la corrida de toros. Esta fiesta española podrá
ser discutida todo lo que se quiera, pero no puede
negarse que está tan encarnada en nuestras cos¬
tumbres, que forma parte integrante de la vida
nacional. En nuestras alegrías y triunfos es nú¬
mero indiscutible del programa de nuestros fes¬
tejos; en nuestras desventuras es siempre recurso
eficaz para allegar socorros. La última á que el di¬
bujo de Pía se refiere ha puesto á contribución la
riqueza de los ganaderos, el valor de los lidiado¬
res y la afición del público para aumentar consi¬
derablemente la suscripción nacional.
•
• •
BARCELONA.
Exposición de Bellas Artes é Industrias artísticas.
Aun cuando las circunstancias por que España
atraviesa no son las más propicias para ello, el
deseo de corresponder á la cortesía de los artistas
extranjeros que han respondido á su invitación,
ha obligado ai Ayuntamiento de Barcelona á inau¬
gurar la Exposición de Bellas Artes é Industrias
artísticas.
El sábado 23 de Abril se efectuó solemnemente
este acto en el palacio de Bellas Artes.
Al entrar en el palacio el Excmo. Sr. D. Eduar-
Contra lo que la soberbia de los yankees imagi¬
naba, y las opiniones de Máximo Gómez y la Jun¬
ta revolucionaria de Nueva York aseguraban, los
desembarcos en Cuba no han resultado para los
norteamericanos empresa de fácil é inmediata rea¬
lización.
Hasta ahora hanse visto frustrados por la resis¬
tencia de los españoles en Matanzas y en cuantos
puntos los han intentado, y en Cárdenas con gran
quebranto de los agresores .
Conocidas son por las noticias de la prensa dia-
De los aprestos y preparativos militares y na¬
vales de los Estados Unidos, ofrecemos á nuestros
lectores cinco asuntos en los grabados de la pá¬
gina 281.
Representa el primero la escuadra norteameri¬
cana á la vista del puerto de la Habana, y el se¬
gundo un campamento de infantería en Tampa.
En el cuarto publicamos vistas del lazareto y de
las nuevas fortificaciones de Cayo Hueso, punto
que, por su posición respecto de Cuba, tiene para
los yankees gran importancia. Los grabados ter¬
cero y quinto reproducen escenas de la moviliza¬
do Monner, baile del Real Patrimonio, delegado
de S. A. R. la serenísima infanta D.a Isabel, y los
Excmos. Sres. D. Ensebio Güell y D.a Isabel López
de Güell, represen tantée de SS. AA. los Principes
de Baviera D. Fernando y D.a María de la Paz, la
banda municipal tocó la marcha de Infantes; y al
llegar el Excmo. Sr. Conde de Caspe, represen¬
tante de S. M. la Reina Regente, le recibieron las
autoridades y corporaciones á la entrada, mien¬
tras las tropas le tributaban los honores de orde¬
nanza y las músicas municipal y militar tocaban
la marcha Real.
ria la esterilidad de sus reiteradas acometidas y la
serena pericia con que nuestras tropas los recha¬
zaron; y respecto de los daños sufridos por los nor¬
teamericanos, telegrafían de Washington que los
torpederos Winslow y Tecumseh sufrieron grandes
averías.
ción del ejército norteamericano. Los tres centros
de movilización son: Nueva Orleans, Mobile y
Chickamauga. Dichos grabados representan la lle¬
gada á Chickamauga Park del 25.° regimiento de
Infantería, compuesto de gente de color.
Abierta por el Sr. Conde de Caspe la puerta del
salón central del palacio con magnífica llave de
plata, se trasladó al salón de la Reina Regente, en
donde debía celebrarse el acto. Ocupó la presiden¬
cia el mencionado General, sentándose a su dere¬
cha la señora de Güell, el Excmo. é limo. Sr. Obis-
Una granada de las baterías españolas ha hecho
volar el polvorín del Tecumseh .
Otro proyectil disparado por los españoles pene¬
tró en el polvorín del Winslow , produciendo una
© *
MAPA DE LA ISLA DE PUERTO RICO. — ( YÓase la
página 282.)
-*■ i
' * ©
po de la diócesis y el Excmo. Sr. Gobernador civil,
y á su izquierda el baile del .Real Patrimonio, el
Sr. Güell y el alcalde accidental Sr. Griera.
En el estrado tomaron asiento los tenientes de
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280 — n.° xviii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Mayo 1898
BARCELONA.— llegada del vapor-correo «león xiii», conduciendo al capitán ge*neral excmo. sr. d. Fernando primo de rivera,
EX GOBERNADOR GENERAL DE FILIPINAS.
(De fotografía de J. Furnells.)
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE.'UU. DE NORTE-AMÉRICA.— vista parcial DE MATANZAS (CUBA).
(De fotografía)
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15 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xviu — 281
EL REGIMIENTO DE INFANTERÍA DE LÍNEA NÚM. 13, RECIENTEMENTE LLEGADO A TAMPA.
Lazareto. Formicaciones en construcción.
VISTA PARCIAL DE CAYO HUESO.
RECONCENTRACIÓN DE TROPAS NORTEAMERICANAS. — REGIMIENTO DE INFANTERÍA, DE COLOR, NÚM. 25, EN CHICKAMAUGA.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.
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Google
(Dibujado p» D. J. E. para La Ilustración Española y Americana.)
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15 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# xvui — 283
alcalde, concejales y nutridas representaciones
de la Diputación provincial, cabildo catedral,
cuerpo consular, ejercito y armada, y de distin¬
tas corporaciones y entidades importantes de la
capital.
En la página 285 publicamos varias vistas de la
Exposición: del salón de escultura extranjera; la
sección española; el salón Reina Regente; la sec¬
ción holandesa, y el vestíbulo.
• •
D. LUIS MOXCADA Y SOLER,
coronel de Estado Mayor del Ejército, jefe de las fuerzas que
rechazaron el desembarco de tropas norteamericanas en Cárdenas.
de la citada empresa, ha importado muy cerca de
18.000 duros.
¿ Quién estrenará tan rica carroza?, se pregun¬
taban los que admiraban su extraordinario lujo;
y el director de la empresa, Sr. Nueda, resol¬
vió el problema con una idea oportunísima. La
carroza de oro y plata la ha estrenado un pobre
fallecido en el hospital del Niño Jesús, designado
por la suerte, y al que se le costeó además todo el
entierro.
Sobre el valor del oro y de la plata, y sobre el
mérito de su esmerada labor, no podía colocarse
mejor trofeo que el de la caridad cristiana.
Carlos Luis de Cuenca.
cosa semejante, se discurrió suministrarles me¬
dios de salvamento. Toda la madrugada duró el
trajín para reunir sogas, y hacer con ellas y pali¬
troques escalas de bastante resistencia para el ob¬
jeto, y no hay que decir que esta operación fué
como un paréntesis de esparcimiento y jovialidad
en la cruelísima lucha. Fago ayudaba en aquella
faena con gran celo y actividad, y sus manos en¬
callecieron de tanto hacer nudos con ásperos cá¬
ñamos. El fué el primero que, encaramado en los
hombros de un gastador, y valiéndose de una
larga percha, alargó el rollo de cuerda, para que
lo cogiese la mano flaca, perteneciente á un en¬
juto y tiznado brazo, que se estiraba en la ventana
ojival. Dueños ya de una soga, los sitiadores su¬
bieron con ella las escalas y todo el aparejo nece¬
sario para el salvamento.
Habríale gustado á Fago encontrarse arriba para
prestar su concurso en el dificilísimo y peligroso
descendimiento; se le ocurrían advertencias de
aparejador mañoso, y haciendo bocina con sus
manos, gritaba: «¿Tenéis un madero fuerte ?...-
¿No?..... Pues asegurad la cuerda en el pivote de las
campanas, no en la barandilla, que parece ende¬
ble . Sujetad á las mujeres con cuerdas por bajo
de los sobacos, y retenedlas á medida que vayan
bajando...... Prolongóse la tregua basta la mañana
para que tuvieran tiempo los sitiados de disponer
lo conveniente, y los facciosos, luego que retira¬
ron sus heridos y muertos, descansaban, confia¬
dos en que tras de las mujeres se descolgarían los
hombres, rindiéndose á discreción. Era gran lo¬
cura ó necedad obstinarse en la resistencia, rodea¬
dos de llamas y humo, sin esperanza de que vinie¬
ran tropas de Pamplona á socorrerles. En esta
confianza, ni se curaban de atizar el fuego, que pa¬
recía encalmado después de media noche por la
quietud del aire. A lo largo del caballete corrían
llamitas fantásticas, graciosas, en algunos puntos
humorísticas, que hacían mil figuras ó signos, de
un lenguaje luminoso, semejante al dulce platicar
de los tizones de una chimenea. A ratos, avivada
la lumbre por una racha de viento, alumbraba con
siniestro resplandor la plaza y calles circundan¬
tes, enrojeciendo las fachadas de las viviendas y
las caras de los soldados. El pueblo no dormía; to¬
dos los vecinos estaban en la calle, mirando á la
torre, aún entera, erguida, arrogante en medio de
tanta desolación, despertando el interés de los se¬
res vivos, que tienen alma. Callaban sus campa¬
nas; pero todo en ella era rostro y muda expre¬
sión, que decía: yo vivo, yo pienso, yo padezco.
Al despuntar el día, se intimó desde abajo que
despacharan pronto, y comenzaron á reunirse gen¬
tes diversas en los sitios más próximos á la torre.
Zaratiegui mandó que no se permitiera acercarse
á las mujeres; pero éstas, en fuerte pelotón, gra¬
vitaron sobre la línea de soldados, y convencidos
éstos de que no He podía con ellas , dejáronlas lle¬
gar adonde quisieron. Conviniendo mucho á la
facción contemporizar con el vecindario de los
pueblos adictos y aun halagar sus pasiones, se to¬
leraba á las mujeres de la causa todos los alboro¬
tos, chillidos y escandaleras que no perjudicasen
á la moral del soldado; moral militar se entiende,
que de la otra no tenía por qué cuidarse la Orde¬
nanza. No bien empezó la operación de descolgar
las hembras y criaturas, la muchedumbre no pudo
contener su inquietud. Las mujeres de los urbanos
no eran bien miradas en el pueblo: rivalidades de
familia, que la feroz política exacerbaba, produje¬
ron escisiones, continuas querellas, habladurías.
La Fulana , por ser cívica, había llegado á tener
mal concepto entre sus convecinas. La Zuiana ,
carlista furibunda, era motejada entre el bello
sexo urbano del modo más cruel. Así es la polí¬
tica, en las aldeas como en las ciudades populo¬
sas. El día anterior, las hembras, encerradas con
sus maridos en la torre, mientras éstos hacían
fuego, insultaban á las mujeres facciosas. «Ya *a-
bes dónde te has puesto, bribona — les contesta¬
ban, chillando desaforadamente. — Abajo eras ca¬
rraca, y arriba campana. No voltees mucho, que
puedes caerte . » Y como las bravatas de las vr-
banas terminaron pidiendo misericordia, y se les
permitió el descenso, que era como concederles
la vida, al comenzar el acto de salvarlas, las seño¬
ras de la causa no pudieron contener su inquina,
y allí fué el cantarles el Trágala y el ponerlas de
oro y azul. Bajaron primero tres niños, que los de
arriba ponían cuidadosamente en los últimos pel¬
daños de la escala, y eran recogidos por soldados,
que trepaban cuidadosamente para esta operación.
El descenso se hacía paso á paso, presenciado con
ansiedad por unos y otros. Llegaron á tierra feliz¬
mente los chiquillos, y fueron auxiliados al punto
de ropa y comida, pues se hallaban ateridos y
muertecitos de hambre. Al descender la primera
urbana , la muchedumbre la saludó con aullidos
de burla por ser la que el día anterior con más
En la página 286 publicamos el retrato del co¬
ronel D. Luis Moneada, distinguido jefe de E. M.,
cuyos excelentes servicios en Cuba desde el prin¬
cipio de la guerra actual se han aumentado con el
brillante hecho de armas realizado en Cárdenas
por las fuerzas de su mando al rechazar las tropas
norteamericanas que intentaron un desembarco.
D. EMILIO HÉDIGER Y OLIVAS,
capitán de navio, jefe de Estado Mayor general
de la escuadra de reserva.
Publicamos en la página 288 el retrato del ca¬
pitán de navio D. Emilio Hédiger, hoy mayor ge¬
neral de la escuadra de reserva que se halla en
Cádiz. Nació en Palma de Mallorca el 4 de Agosto
de 1847, y siendo guardia marina hizo la campaña
del Pacífico á las órdenes del inolvidable Méndez-
Núñez, que le confió pliegos muy importantes para
los comandantes de la Blanca y la Berenguela .
En el bloqueo de Joló mandó el cañonero Fili¬
pino , y en la Península, más tarde, el Somorros -
tro y el torpedero núm. 1.
Ha sido profesor de la Escuela de torpedos
cuando se fundó, y en dos ocasiones mandó la di¬
visión de torpedos de Baleares.
Fué segundo de la Tornado , tercero de la Victo¬
ria , segundo de la Numanda y de la Navarra ,
y comandante del Pilar .
Recientemente ha sido jefe de la Comisión de
Marina en Francia.
Está muy bien reputado en la Armada por sus
dotes de inteligencia, y su nombramiento actual
de jefe de Estado Mayor general ha sido muy bien *
recibido.
BARCELONA.
Embarco de tropos á bordo del vapor Ciudad de Maltón para reforzar
las guarniciones de las islas Baleares.
El 26 del pasado embarcaron en Barcelona, á
bordo del vapor Ciudad de Maltón , el primer ba¬
tallón de Infantería del Rey y fuerzas del de León,
siendo despedidos con gran afecto. El 27 llegó el
barco á Mahón, donde se tributó á las tropas un
entusiástico recibimiento. Nuestro segundo gra¬
bado de la página 288 reproduce el primero de
dichos actos, y el primero de la 289 la llegada á
Mahón, en el momento en que el Sr. Obispo de
Menorca se adelanta entre los generales y grita
¡viva España!
•
• «
MADRID.
Fachada de la casa editorial de las obras de D. Benito Pérez Galdós.
En el segundo grabado de la página 289 publi¬
camos la fachada de la casa donde el insigne nove¬
lista D. Benito Pérez Galdós escribe y edita sus
notables obras. En esa casa de la calle de Horta-
leza se edita en la actualidad la nueva serie de
Episodios nacionales , que muy en breve verá la
luz pública, y cuyo primer tomo, Zamalacarregui ,
es esperado como acontecimiento literario.
De este libro ha querido consagrar las primicias
á los lectores de La Ilustración Española y
Americana, que en el presente número publica
un interesante capítulo inédito.
»
• «
CARROZA GÓTICA,
propiedad de la empresa de servicios fúnebres La Soledad.
Muy notable muestra del progreso de nuestras
industrias artísticas es la carroza monumental
construida recientemente para la empresa madri¬
leña La Soledad y cuyo diseño publicamos en la
nna 292.
Poda su ornamentación es de plata y oro, del
estilo ojival llamado gótico florido del siglo XIII;
mide 5 metros de altura, coronando su cúpula una
figura de oro que representa la Ciencia alumbran¬
do al mundo.
Construida por artistas españoles en los talleres
EPISODIOS NACIONALES.
ZUMALACARREGUI. 0)
^OS urbanos ó cívicos (que de entram¬
bos modos se les llamaba) defensores
de Villafranca, no eran menos tem¬
plados que los del otro pueblo; y como
allá, se encastillaron en la iglesia, el
único edificio sólido y fuerte de la villa,
la cual parecía de barro y yesca, como la
tierra circundante. Los carlistas situaron á
la puerta del templo los dos únicos cañonci-
tos que llevaban, y batiéronla y se hicieron
dueños de ella. Los urbanos se replegaron en la
torre, de robusta construcción, y con ellos se en¬
cerraron sus hijos y mujeres. Debe advertirse que
si en el vecindario dominaba la opinión facciosa,
no eran pocos los cristinos furibundos; y encona¬
das las pasiones, el sexo femenino, con bu locuaz
vehemencia, exaltaba el ánimo de los hombres y
los hacía sanguinarios y feroces. Al encastillarse
con sus maridos en la torre, las mujeres de los ur¬
banos, antes qu9 por un móvil heroico, hacíanlo
por miedo á las uñas y á las lenguas de las mu¬
jeres del otro bando.
Ganada la iglesia por los facciosos, resolvieron
pegarle fuego. Los lugares sagrados, mediante una
breve salvedad de conciencia, caen también den¬
tro del fuero de guerra, y los militares atan y
desatan al demonio según les conviene. Hacinaron
bancos, túmulos y confesonarios; metieron mu¬
cha paja, y poco después las imágenes se veían
envueltas en humo que no era de incienso. Antes
se había cuidado de poner á salvo las Sagradas
Formas, que llevaron á la ermita de Santa Ana,
sin que en ello prestara ayuda el bueno de Fago,
el cual, atónito, presenciaba cosas tan extrañas y
nunca vistas. Impávidos en la elevada torre, los
cívicos hacían fuego certero desde el campanario;
tenían municiones abundantes y los víveres pre¬
cisos para resistir. Apuntaban bien, y mataban
todo lo que podían; vino la noche, y como el fuego
de la iglesia no cundiese con rapidez, metieron
los sitiadores más paja, atizaron de firme, y el al¬
tar mayor, que era un armatoste grandísimo y
muy apropiado á la propagación del incendio, llevó
las llamas á la techumbre. Por fuera, guedejas de
humo negro y espesísimo coronaban el caballete,
enroscándose, por causa del viento, en dirección
opuesta á la torre, lo que daba algún respiro á los
urbanos. Y el tiroteo no cesaba. La claridad del
incendio permitió á los sitiadores hacer puntería,
y con las balas salían del campanario apóstrofos
injuriosos y cuchufletas impropias de la gravedad
de la contienda. Las mujeres chillaban más que
los hombres.
Durante la noche ardió parte del tejado y la
parte superior de la escalera del campanario, la
cual era exenta y se apoyaba en el caballete, que¬
dando así incomunicados los cívicos y sus mujeres
y chiquillos; mas no por eso menos decididos á
defenderse á todo trance. Lo peor fue que el hu¬
mo, penetrando en la torre por diferentes huecos,
les molestaba más de lo que quisieran, y á media
noche parlamentaron con los sitiadores por un
ventanucho ojival, distante como doce varas del
suelo, y reiterando el propósito de no rendirse,
pidieron al General consintiese la salida de las
mujeres y niños, que no merecían correr la triste
suerte de los hombres. Oyó esta propuesta Zara¬
tiegui, que al pie déla torre vino con tal objeto,
y al punto fué á ver al jefe, alojado en la rectoral
y que, según se dijo, estaba pasando una noche de
perros, molestado por el mal de orina que aque¬
jarle solía. Con la respuesta consoladora de que se
salvase á las mujeres, volvió Zaratiegui al poco
rato; pero como el fuego había devorado la esca¬
lera superior, y los sitiados no tenían escalas ni
(1) Capítulos de "Un libro próximo ¿-publicarse.
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DE LA CORRIDA PATRIÓTICA,
DIBUJO DE PLA.
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BARCELONA. — EXPOSICIÓN DE BELLAS ARTES É INDUSTRIAS ARTÍSTICAS.
1. Vista parcial del gran salón de escultura extranjera. — 2. Sección española. — 3. Salón Reina Regente, donde se celebró el solemne acto de la inauguración.
4. Sección holandesa. — 5. El vestíbulo
«De fotografías de J. Furnells.)
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286 — n.° xvin
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Mato 1898
desvergüenza injuriaba á los facciosos. «Anda,
gran púa, saltamontes..— ya ves cómo te perdona¬
mos— M Merecías colgar ahorcada, y te descolga¬
mos con vida..—* La segunda, que era de libras,
fué asegurada con una cuerda por debajo de los
sobacos, y así la iban aguantando en el penoso
descenso por si acaso faltaba la escala. «Anda,
anda, y no te tapes, bribona. ¡Tapujos ahora, si
cuando debías taparte no lo hiciste!..... ¡Miren que
salir ahora con vergüenzas!..... ¿Vergüenza tú?*
£n esto ocurrió un incidente que excitó más los
ánimos, y en un tris estuvo que se malograse la
difícil operación de salvamento. Un soldado lla¬
mado Díaz, natural de Lerín, mozo de mucha vi¬
veza y travesura, que ayudaba en el
trajín de las escalas, se pasó de un
brinco á la parte de tejado que aun se
conservaba libre del fuego, y se apro¬
ximó al boquete de la destruida esca¬
lera de la torre, el cual los sitiados ha¬
bían tapado malamente con maderas y
cascote. Creyeron, sin duda, los urba¬
nos que se trataba de atizar candela
por el interior de la torre, y sin enco¬
mendarse á Dios ni al diablo, ínterin
descendían trabajosamente las hem¬
bras, hicieron fuego sobre Díaz y le
hirieron en la paletilla. No hay para
qué decir que se armó gran tumulto, y
que la falta ó ligereza de los sitiados
por poco la pagan con su vida las tres
infelices mujeres que en aquel momen¬
to descendían, hallándose unaá pocos
pasos del suelo, otra á mitad del espa¬
cio, y la tercera arriba, tratando de
afianzar sus pies para descender. Si no
contienen á las mujeres de la causa ,
que al pie de la torre chillaban, fácil
hubiera sido que éstas rompieran la
cuerda y que se estrellaran dos por lo
menos de las tres infelices que estaban
en el aire. La agitación era grande; el
de Lerín bajó rápidamente, con el
hombro ensangrentado; las cívicas de
la torre lloraban afligidas; las otras las
insaitaban: gritaban todos. Algunos
querían matarlas para castigar en ellas
la increíble torpeza de los urbanos,
que así rompían la tregua y respondían
tan indignamente á la generosidad con
que se les había concedido la vida de
sus esposas. Se avisó al General en
jefe, y pronto cundió entre la muche¬
dumbre la voz: «¡Ya viene, ya vie¬
ne! . * Los soldados, á culatazo lim¬
pio, quisieron despejar, y se arremo¬
linó el mujerío procaz; pero al fin,
donde menos parecía que pudiera
abrirse un hueco, el hueco so abrió, y
este hueco en la masa humana lo fué
aumentando la tropa por el procedi¬
miento sencillísimo de arrear golpes á
diestro y siniestro, sin reparar en pe¬
chos, espaldas ni barrigas, hasta for¬
mar como una plazoleta vacía de gente.
Esto no bastaba, y continuaron rom¬
piendo calle por entre el apretado gen¬
tío hasta comunicar con la casa del
cura, donde se alojaba el General de
los ejércitos de Carlos V. Consta que el
héroe, hallándose frente á la ventana
de su habitación ocupado en cosa tan
vulgar como afeitarse, veía descender las hem¬
bras por la escala, y al oir el tiro y la algazara
que se produjo, apresuró la operación barberil,
en la que comúnmente perdía muy poco de su
precioso tiempo, y todavía con algo de jabón pe¬
gado á las orejas, poniéndose la zamarra y abro¬
chándose los cordones, salió á la salita próxima
donde le aguardaban su ayudante Plaza, dos ó
tres notables del pueblo y el cura D. Fabricio, que,
aunque furibundo sectario de la legitimidad, no
se consolaba del incendio y destrucción de su que¬
rida iglesia. Al entrar D. Tomás, el reverendo,
dando un puñetazo en la mesa y apretando los
dientes, decía: <t¡Guaidiós , que esas hi-de-porra ,
malas chandras y tienen la culpa de todo. Yo que
usted, mi General, yo, Fabricio Gallipienzo, en
vez de colgar esa carne podrida fuera, la habría
colgado dentro de la santísima iglesia, cuando ar¬
día los santísimos altares, para que se les ahuma¬
ran bien los tocinos.*
«Gracias á Dios — se dijo Fago — que voy á ver
á ese portento, el caudillo de los soldados de la fe,
el Macabeo redivivo.* Y poniéndose en el sitio
que creía mejor, no quitaba los ojos del camino
que debía traer el héroe, viniendo de la Rectoral.
Rodeado, ihás bien seguido^ de diversa gente mi¬
á mi generosidad. ¿Qué demonios hacíais vosotras
en Ja torre, ni qué teníaiB qué pintar arriba, con¬
denadas? Y si yo mandase fusilar ahora mismo á
la que no acreditara ser esposa, hija ó hermana ae
algún urbano , ¿qué diríais? A ver, ¿qué diríais?*
No decían nada las pobrecitas: tal era su te¬
rror. Y por contera del discurso, ¡zas! otro par
de latigazos á cada una, agraciando también á
la que en aquel momento ponía el pie en tierra.
Con aclamaciones y vítores acogía la multitud
las palabras y el hecho del General, que por
tales medios halagar quería las pasiones popu¬
lares, movido de un fin político. En aquella te¬
rrible guerra, más que ganar batallas, urgía sos¬
tener el tesón de la causa, y esto no
se lograba sino aboliendo en absoluto
toda compasión de lante de los secta¬
rios; tratando con crueldad al enemigo
fuerte, con menosprecio al débil, para
que cundiese y se afianzase la idea de
que el cristino era forzosamente, por
naturaleza, un sér inferior, abyecto,
indigno hasta de las consideraciones
más elementales. Sólo así se formaba
un partido viril, duro, resistente á toda
adversidad. Para poder lanzar confia¬
damente las masas de hombres á com¬
bates desesperados, era forzoso encen¬
der en ellos sentimientos de implaca¬
ble furor , los .cuales debían tomar
cebo y sustancia de los odios mujeri¬
les. El genio de Zumalacarregui veía
este resorte, por muchos inapreciable,
del mecanismo de la guerra, y quería
producir la ferocidad del varón con las
pasioncillas villanas de la hembra.
Azotó á las mujeres de los urbanos, no
por gusto de maltratar inhumanamen¬
te á seres indefensos, sino por con¬
tentar á las otras, furias chillonas de
la causa, que sostenían con su procaci¬
dad la exaltación populachera, fer¬
mento necesario en las guerras civiles.
No comprendiendo esta trastienda
política, el aturdido Fago, al ver el
¡bárbaro tratamiento qne el General
daba á las pobres mujeres, la indigna¬
ción hizo vibrar todos sus nervios, y
apretó los dientes, y se clavó los dedos
de una mano en otra, movido de su
natural corajudo, que se sobreponía
en ocasiones como aquélla, sin poder
remediarlo, á la mansedumbre propia
del estado eclesiástico. Olvidado de la
orden que profesaba, de buena gana
habría salido del ruedo, y acometien¬
do al orgulloso caudillo, le habría dado
un par de morradas buenas, pero bue¬
nas, de las que él sabía y solía dar en
sus tiempos de seglar levantisco y pen¬
denciero. Pero ello no fué más que un
fugaz estímulo, que logró dctminar al
punto, y para mejor apartar de sí ideas
tan peligrosas en aquellos momentos,
trató de alejarse y dar una vuelta solo
por las inmediaciones del desgraciado
pueblo. No lo hizo, porque cuando rom¬
pía trabajosamente por entre la mul¬
titud, oyó estas voces, que le dejaron
helado: «Allá bajan la última que que¬
daba . Saloma..... la hermosa Sa¬
loma.....*
Creyó que aquellas voces y aquel nombre ha¬
bíanlos pronunciado todos los demonios del in¬
fierno, difundidos invisibles por los aires, y volvió
adonde estaba, y oyó nueva algazara de mujeres
chillonas . . y mirando para arriba, vió un bulto,
una mujer con la cara tapada.—. Dudoso estuvo
entre huir campos afuera, ó quedarse para ver la
hembra descolgada, á quien el pueblo, bullicioso,
nombraba y denostaba al propio tiempo, juntando
el nombre y los insultos. ¡Dios poderoso! lo que
sufrió el hombre en breves momentos no es para
referido. Bajaron á la moza, y si cuando se apro¬
ximaba al suelo, descubierto ya su rostro, pudo
creer por un instante que era la hija del infortu¬
nado Ulibarri, al verla de cerca la reconoció como
absolutamente distinta; pues, aunque hermosa
como aquélla, no se le parecía ni en las facciones
ni en el color del rostro. Vamos, que era otra Sa¬
loma. El hombre dió gracias á Dios con toda su
alma, pues verdaderamente, si hubiera resultado
la Saloma de su historia, dificilillo le habría sido
contenerse viéndola de tal modo escarnecida é in¬
sultada.
El General se había vuelto á su alojamiento; el
que mandaba la tropa al pie de la torre ordenó
que no se hiciese daño á las pobres urbanas , y las
familiaR.de éstas, con. la timidez natural de quien
be siente minoría en el pueblo y se halla bajo la
litar, paisana y eclesiástica, apareció Zumalacarre¬
gui, andando con viveza, la boina azul de las co¬
munes muy calada sobre el entrecejo, ceñidos los
cordones de la zamarra, botas altas, en la mano un
látigo. Le precedían dos perros de caza, blancos,
con lunares canelos, que olfateaban á los soldados
y agradecían sus caricias. Era el General de aven¬
tajada estatura y regulares carnes, con un hombro
más alto que otro. Por esto, y por su ligera incli¬
nación hacia adelante, efecto sin duda de un pa¬
decimiento renal, no era su cuerpo tan garboso
como debiera. En el clavó sus ojos Fago, exami¬
nándole bien la cara, y al pronto se desilusionó
enteramente, pues se lo figuraba de facciones du¬
D. LUIS MONCADA Y [SOLER
CORONEL DB ESTADO MAYOR DEL EJÉRCITO.
Jefe de las fuerzas que rechazaron el desembarco de tropas norteamericanas en Cárdenas.
(Do fotografía.)
ras, abultadas y terroríficas, con hermosura seme¬
jante á la de algunas imágenes de la clase de tro¬
pa, como los guerreros bíblicos Aarón, Sansón y
Josué. Como en aquel tiempo no circulaban retra¬
tos de celebridades, bien se explica que Fago no
tuviese conocimiento de la estampa real del cau¬
dillo, el cual era un tipo melancólico, adusto, cara
de sufrimiento y meditación. La firmeza de su vo¬
luntad se revelaba más. en el trato que á la simple
contemplación del rostro, y había que oirle expre¬
sar sus deseos, siempre en el tono de mandatos
indiscutibles, para comprender su temple extraor¬
dinario de gobernador de hombres , de amasador
de voluntades dentro del férreo puño de la suya.
Con tan intensa atención le miraba el bueno de
Fago, que si en aquel punto dejase de verle, nunca
más olvidaría el rostro enjuto y tostado, la nariz
fina, bien cortada y picuda, el entrecejo melancó¬
lico; el bigote negro, que enlazaba con las patillas
recortadas desde la oreja, el maxilar duro y bien
marcado bajo la piel. Su voz era un tanto velada;
el mirar grave, sin fiereza en aquel momento.
Después de cambiar algunas palabras con Zaratie-
gui y otros que allí mandaban, llegóse á las urba¬
nas y que acababan de poner el pie en tierra, y
arreó a* cada una un par de latigazos, diciéndoles
iracundo: «Bribonas, por culpa vuestra perecerán
esos desgraciados.—. Y ya veifl cómo corresponden
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15 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
xnii — 287
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA. — plata 8üb
DEL VARADERO, EN CÁRDENAS (CUBA).
presión moral de masas irritadas y vencedoras,
las auxiliaban con ropas y alimentos.
Mandaron despejar, y las urbanas y sus hijos
retiráronse en compañía de algunos vecinos nota¬
dos de cristinismo ; las unas, absolutamente decaí¬
das de espíritu, lloraban sin consuelo; las otras,
bravas é iracundas, enronquecían de tanto gritar
contra la facción y su insolente General, y todas
creían perdidos á los pobres defensores de la torre
si no se entregaban pronto y sin condiciones.
Compadecido de aquellas infelices, Fago las siguió
al través de las tortuosas calles, hasta que acam¬
paron en los últimos corrales del pueblo, ó en me¬
dio de las eras, temerosas siempre de ser atrope¬
lladas. Pero no querían ausentarse de Villaf ranea
sin conocer la suerte de sus infelices maridos, her¬
manos ó lo que fuesen, que sobre esto había dudas.
Tratando Fago de inquirir con buenos modos el
verdadero parentesco de las azotadas heroínas con
los héroes de la torre, entabló coloquio con la lla¬
mada Saloma, cuyas facciones no se hartaba de
examinar para cerciorarse de su desemejanza con
las de la extraviada hija de Ulibarri, y ella, que
desde los primeros momentos dió á conocer su
desahogada condición, no tardó en franquearse
con él en esta forma: « Yo, señor, no soy mujer de
naide, aunque no es por culpa mia, que bien quise
y bien quisieron mis padres darme marido por la
Iglesia santísima. Huérfana quedé á los veinte
años, y me engañó, ya digo, un tal Seladiz que én
la faición está, malos truenos le confundan, y era
alpargatero en mi pueblo, que llaman Borja, para
servir á usted.
— Lo conozco — dijo Fago, — y sé que sus habi¬
tantes no son los menos brutos ni los menos no¬
bles de Aragón.
— Dispénseme, señor: usted es de iglesia.
— Efectivamente: soy sacerdote.
— Se le conoce en lo ajiegidico . Los hay de
dos clases: los ajiegidicos, que son los buenos, y los
de pelo en pecho, que mataban franceses en la
otra guerra, y ahora salen contra los pobres cus¬
cos..... Pues, señor, si quiere que le diga lo que hay
tocante á mí, lo primero, ya digo, es que después
que me plantó Seladiz en metad de la calle, deján¬
dome con lo puesto, me amparó uno que le llama¬
ban Cotnecome, de junto á la Huecha; mas como
era casado, le dejé, ya digo, porque á honradez po¬
drán ganarme, pero á conciencia no..... y me fui á
Zaragoza, donde hablé con un chicarrón de infan¬
tería de la Guardia Real, ya sabe, los primeros que
vinieron hace dos años á sofocar la faición, lo cual
que no la sofocaron. Era el tal de junto á Tarazo-
na, bueno como el pan; pero muy cuita dico, en fin
de los que no encuentran agua en el Ebro. Con su
casaca abrochadica, el correaje en cruz y la gorra
de pelo con la chapa, estaba como un sol. A los de
la Guardia se les llamó entonces guiris porqúe lle¬
vaban tres letras, G. R. I., en la gorra y en la car¬
tuchera, y guiris se les llama todavía. Pues, ya
digo, aquél y yo contábamos casarnos cuando aca¬
bara el servicio..... era un pedazo de animal como
los ángeles..... Pasó el cuerpo á Logroño, y yo de¬
trás del cuerpo..... Mandaba el general Lorenzo-...
Siguió el cuerpo á Navarra al mando del general
Rodil..... yo no podía menos de ir detrás del cuer¬
po, donde tenía mi alma . ¡Ay! ya digo, se me
parte el corazón cuando lo cuento. En la acción de
Artaza me le mataron . ¡pobre maño , rico mío!
Le vi cadáver, arrimado á una peña, que parecía
dormidico . Estuve mala de la desazón, y me aco¬
gieron unos vecinos de Abarzuza. No le puedo
contar, porque es cosa larga, cómo vine á parar á
Funes, orilla de este pueblo, donde hice conoci¬
miento con Celestino Muruve, por mote Mediago-
rra , que es uno de los urbanos de más calzones
que tiene usted en la torre, y allí se batirá hasta
dar las boqueadas, porque, ya digo, es muy entero,
y él sabe que por ser tan bravo hablo con él, que
si no, no hablaba.»
A este punto llegaba la moza de su relación,
cuando oyeron gran tiroteo y vieron aumentada
la humareda que envolvía la iglesia.
«Padrico del alma — dijo una de las más afligi¬
das, llamada Claudia, que era mujer legítima de
un urbano, — lléguese á ver qué pasa .
— Por lo visto — replicó Fago — se han roto las
hostilidades, y creo que los señores cívicos lo pa¬
sarán mal.
— Son tercos, y morirán antes de rendirse —
observó otra llorando, pero sin perder la entereza.
— Mosén, vea lo que hay, y venga después á
contárnoslo — indicó una tercera. — Si les dan cuar¬
tel deberían rendirse, que harto han hecho ya
por la bandera urbana y por la Reina chiquitita.
¡Ay, Dios mío, qué será de ellos!
— Que Dios les dé fortaleza; que no se entre¬
guen.
— Que vivan, aunque tengan que entregarse.
— No, no . rendirse no. Cada uno mira por la
honrilla..... ¡ Que viva el Cuerpo!
— Eso, eso . lo primerico el Cuerpo.
— Que es el alma, como quien dice, el amor pro¬
pio de uno..... de una también, porque lo que aquí
sobra es patriotismo.»
Pronto se enteró Fago de lo que ocurría, que
era lo más sencillo, lo más conforme á la marcha
natural de los acontecimientos. Salvadas las mu¬
jeres, se rompieron de nuevo las hostilidades con
recrudecimiento de fiereza por una parte y otra.
Hacia el mediodía preguntaron los urbanos si da¬
ban cuartel, y como les respondieran que no, si¬
guieron apurando su defensa con la débil espe¬
ranza de que por cansancio levantasen los facciosos
el sitio y se largaran á expugnar otro pueblo. Pero
lo que hicieron fué atizar más el fuego de la igle¬
sia, y abrir una comunicación directa de ésta con
la torre, para que el humo envolviera completa¬
mente á los sitiados. La tarde fué para éstos an¬
gustiosa: el humo les ahogaba, y recalentada toda
la fábrica, sentían que se les quemaban las plan¬
tas de los pies. Al anochecer, lograron los faccio¬
sos arrojar materia combustible en la parte baja
de la torre. La mitad de los urbanos ó habían
muerto ó estaban fuera de combate; los restantes
aun hacían fuego desesperado al amparo de las
campanas, y de tiempo en tiempo gritaban: «Cuar¬
tel, cuartel»; pero de abajo respondían: «Discre¬
ción, y pronto, pronto».
Con estas noticias, que Fago llevaba á la tribu
de urbanas acampadas en las eras y corralizas del
pueblo, las pobres mujeres no hacían más que llo¬
rar y lamentar su suerte. Esposas eran algunas,
hermanas otras, arrimadas las menos: todas ama¬
ban en diferentes estilos. Tan pronto rezaban in¬
vocando á la Virgen y á los santos con fervor sin¬
cero, como arrojaban de sus bocas horrendas mal¬
diciones contra la facción, contra su General, su
Rey y el demonio que los trajo al mundo. La ga¬
llarda Saloma decía: «¡Que no se rindan, contro!.....
Tú no te rindes, Mediagorra; ¿verdad que no te
rindes, maño mío?»
A media noche los urbanos que aún vivían, no
pudiendo resistir más el calor que les abrasaba,
medio locos de furia, de hambre y de sed, deja¬
ron de hacer fuego. Lentamente descendieron por
las escalas, tiznados, los ojos enrojecidos, manos
y pies como carbón. Al llegar al suelo apenas po¬
dían tenerse en pie. «Vamos, hombres — les dije¬
ron — por zoquetes os pasa esto. Ved aquí lo que
habéis adelantado con vuestra terquedad.
— Que..... ¡re-contra! ¿Nos van á fusilar? — pre¬
guntó el más significado de ellos.
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288 — ní° xvi] i
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Mayo 1898
-—Naturalmente — replicó el capitán,
con toda la naturalidad del mundo en la
entonación de la palabra. — Pues, ¿qué
queríais?..... Vaya, que os traigan un trago
de vino.
— Chiquio — dijo uno, que era de Borja,
— nos mandan al pocico.
— Qué..... ¿te pena?
— Miá que yo.. ..»
Aterrado se alejó Fago , y no sabía
cómo dar la tremenda noticia á las muje¬
res. No se atrevió á decirles más que esta
frase : «Se han rendido . Ahora los de
abajo les convidan á vino.» Prorrumpie¬
ron en chillidos las mujeres, gritando:
«Les dan la bebía : es la señal de afu -
sitara
La más brava era siempre Saloma, que
dijo: zMediagorra no tiembla..... ¿Qué ha
de temblar si es de bronce?»
Desde media noche empezaron las tro¬
pas á evacuar el pueblo. Salieron primero
el 7.° y 5.° de Navarra; luego los grana¬
deros, el Cuartel general. Zaratiegui par¬
tió á las dos, y Eraso quedó el último. El
vecindario no pudo entregarse al descan¬
so, pues como se levantara viento, te¬
mieron que el fuego cundiera de la igle¬
sia á las casas próximas y se quemase todo
Villafranca. Ocupáronse con los soldados
del 3.° y parte de los guías en cortar el
incendio, y los del l.° de Guipúzcoa eje¬
cutaban la orden de vaciar las cubas de
vino en las casas y bodegas de cristinos ,
resorte de guerra que se empleaba siem¬
pre en la Ribera, á fin de empobrecer al
enemigo y de aterrar á los labradores des¬
afectos. Corría el líquido por las calles,
mezclándose en algunos sitios con el rojo
de la sangre, tan fácilmente derramada
como si los cuerpos humanos fuesen odres
que se vacían para volverlos á llenar.
Las urbanas quisieron reunirse á sus
hombres.
Aun ignoraban algunas de ellas si el
suyo ó los suyos habían perecido en el
fuego, medio extinguido ya, ó estaban
entre Jos vivos condenados á muerte
Corrieron hacia la plaza; pero' el movi¬
miento de la tropa que evacuaba el pueblo
les cortaba el paso á cada instante, y en
la obscuridad de la noche se separaron
D. EMILIO HEDIGER Y OLIVAR,
CAPITÁN DE NAVÍO,
JEFE DE ESTADO MAYOR GENERAL DE LA ESCUADRA DE RESERVA.
(De fotografía de Valentín.)
no se respiraba aire, sino ambiente de
maldiciones mezcladas á un aliento in¬
sano como transpiración de enfermo co¬
rrupto. Sin llegar adonde querían ir, por¬
que los cordones de tropa se lo impedían,
cada una de las urbanas iba por su lado,
como en los viajes de pesadilla, revolvién¬
dose por las calles, siempre á obscuras,
entre el vértigo de los soldados y paisa¬
nos que corrían de un lado para otro. Con
Saloma y Claudia iba Fago, decidido á
consolarlas en su tribulación, y encontra¬
ron á otras dos, y los cinco se dirigieron
por una callejuela que conducía á la ermi¬
ta de San Bartolomé. Habían oído decir:
«Por ahí los llevan», y corrieron tras el
tumulto. No bien llegaban á unos treinta
pasos de la ermita, un pelotón de solda¬
dos les cortó el paso. Detuviéronse ellas y
él aterrados, sin resuello, con la corazo¬
nada de un inmenso duelo. Oyeron una
exclamación salvaje, horrendo coro de
seis, ocho ó veinte voces (no se podía
apreciar el número) que con desconcerta¬
dos y roncos acentos gritaba: «¡Muera
Carlos V! . » Siguió una descarga cerrada,
varios disparos sueltos..... después un si¬
lencio lúgubre.
¡Pobres urbanos! ¡Así pagaban su tenaz
constancia celtibérica! Así se derrochaba
el tesoro inmenso de la energía española.
¡Es verdadero milagro que después de tan
imprudente despilfarro del caudal por
uno y otro bando, todavía quedara mu¬
cho, y quedará siempre, y quede todavía!
B. PÉREZ GaldóS.
VASCO DE GAMA.
IV CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO
DEL DERROTERO DE LAS INDIAS.
Honda tristeza y penoso sentimiento
nos causa hoy , al volver la vista al pasa¬
do, el recuerdo de. aquella [ época feliz de
intrépidos navegantes y afortunados des¬
cubridores que . dieron al mundo .nuevas
comarcas, llevando á ellas la civilización
en diferentes grupos, se perdían, volvían á encontrarse para separarse de , y colmando á su patria de gloria, riqueza y poderío. Amargas han de ser las
nuevo.* Llamaban á* los suyos: nadie las escuchaba. No faltaron gentes piado- reflexiones que tal recuerdo sugiera en estos instantes en que los vientos de
sas#:déP otro bando que .las auxiliaban y. querían consolarlas. El’incendio la sinrazón y la injusticia, desencadenados por gentes á quienes faltan las
alumbraba muy poco, la noche era lóbrega; no soplaba viento ; el humo pesaba tradiciones históricas que mantienen la hidalgía heredada, y desconocen la
sobre* las’ angostas calles ; eí olor de madera quemada infestaba toda la Villa; frase nobleza obliga , tan tenida en cuenta por los que estiman su honra, des-
BARCELON A. — EMBARCO DE TROPAS PARA REFORZAR LAS GUARNICIONES DE LAS ISLAS BALEARES.
(De fotografía de J. Fournells.)
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L
«MAS DP APATICAS
MADRID. — FACHADA DE LA CASA EDITORIAL DE LAS OBRAS DEL EMINENTE LITERATO D. BENITO PÉREZ GALDÓS,
(De fotografió.)
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rj i 1 1 i
II
4 tillé
-O
290 — X.# XY11I
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
16 Mato 1898
pués de haber impelido á la rebeldía, á la ingrati¬
tud, á la deslealtad y á sangrientos excesos, preten¬
den llevar sus estragos allí donde £spaña pudo
decir al mundo conocido: «Hé aquí otro mundo que
ignorabas existía, y me pertenece por sagrado é
indiscutible derecho.»
Confiando en la Providencia, que ha de proteger
la buena causa, y dominando impresión tan dolo-
rosa, ocasión es de conmemorar, con el vecino reino
lusitano, el gran suceso del descubrimiento del
camino de las Indias por Vasco de Gama, cuando
se cumplen cuatrocientos años que el insigne na¬
vegante llegó á éstas por el cabo de Buena Espe¬
ranza, á los seis de haberse descubierto el Nuevo
Mundo. El 20 de Mayo del año actual es la fecha
en que debe celebrarse tan memorable aconteci¬
miento. Grandes festejos se preparan con tal fin
en la nación portuguesa. Merecidas son las honras
aue se tributen á quien une su nombre á los de
Colón, Magallanes y Elcano, con los que forma
glorioso grupo en el alcázar de la fama. En honra
y prez de la península ibérica, á estos navegantes
ilustres se debe haber completado con sus descu¬
brimientos y exploración de los mares la redon¬
dez de nuestra esfera.
Vasco de Gama o forte capitao
Que á tamm&nhas empresas se offreciere;
De soberbio y altivo coraza o,
A quen fortuna sempre favorece.
Así lo presenta el insigne cantor de Os Lusiadas ,
inspirado narrador en el lenguaje de las musas del
descubrimiento de la senda que por los mares con¬
ducía á las Indias. Dignos son en verdad de épicos
cantos sucesos tan extraordinarios y trascenden¬
tales, y el animoso aliento, la ciencia, la pericia y
el desprecio á los peligros de aquellos descubrido¬
res que se lanzaban á lo desconocido desde las
costas de Portugal y España. Camoens, soldado y
poeta, unió su celebridad á la del héroe de las In¬
dias Occidentales, honrando al ilustre marino y á
las letras lusitanas con su inmortal poema.
No pretendemos relatar los hechos que enno¬
blecen la vida del célebre descubridor, tratados
ya ampliamente; sólo en esta ocasión, como tri¬
buto á su memoria, recordaremos, lo más breve¬
mente posible, la gloria alcanzada por el mismo
en su afortunada expedición.
Vasco de Gama era un marino experimentado;
pasó su juventud en la vida del mar, y al venta¬
joso ooncepto adquirido debió sin duda ser desig¬
nado por el rey D. Mauuel para realizar el deseo de
los antecesores de éste, D. Enrique el Navegante
y D. Juan II, de encontrar el camino del Océano
índico. La escuadrilla mandada por aquél como
capitán mayor, en la que iba á bordo del San Mi¬
guel su hermano Pablo, fondeó en 20 de Mayo
de 1498 en el puerto de Calicut. El éxito más com¬
pleto coronó su empresa: las naves lusitanas ha¬
bían llegado á las costas occidentales de la India;
el camino de éstas estaba descubierto, é iniciado á
la vez el de la Oceanía. Al regresar á su patria el
héroe de tan feliz expedición en el año 1499 , re¬
cibió los aplausos, honras y distinciones á que tan
justamente era acreedor, llegando á obtener el tí¬
tulo de Almirante y el de Conde de Videgueira.
Dícese que después de este acontecimiento que
tanta gloria dió á la nación lusitana, no fué aten¬
dido como merecía el cumplidor de la misma, á
semejanza de lo que pretendan algunos se hizo con
el insigne nauta que descubrió el continente ame¬
ricano, y que hasta se vió olvidado, sufriendo los
sinsabores que ocasiona la ingratitud. Si algo hubo
de esto, debieron ser los que suelen suscitar á los
que sobresalen por su grandeza los desdeñosos
desahogos y malquerencias de la envidia.
Don Juan III nombró á Vasco de Gama virrey
de las Indias en 1524. En el mismo año, á poco de
tomar posesión de este alto puesto , halló término
su vida. Las vicisitudes de ésta, sus navegaciones
é importantes servicios no caben en una ligera
reseña. Recordaremos sólo un rasgo de carácter del
hábil y valeroso marino. Refiérelo así el Vizconde
de Santarem: «Todo el mundo conoce las pala¬
bras que se le atribuyen casi al terminar existen¬
cia tan memorable: hay en su poética exageración
algo que se aviene á esos conquistadores de rei¬
nos. Al hallarse próximo á las costas de la India,
dicen la mayor parte de los cronistas contemporá¬
neos, desconocida agitación se manifestó en el
seno de las aguas; agitáronse los olas sin que nada
indicase las señales que suelen acompañar á una
tempestad; el bajel sufrió violentos choques, y un
grito de horror sucedió á tan inexplicable fenó¬
meno. Nadie había conocido hasta entonces este
temblor de tierra submarino. Vasco de Gama con¬
servó su serenidad ante tales siniestros presagios,
y entonces exclamó: — ¿Qué temor os asalta? Lo que
veis es que el mar tiembla á nuestra presencian
Pretenciosa frase, que deja de serlo pronunciada
por quien sabía contrarrestar el poder de las olas
ensoberbecidas.
El glorioso descubrimiento del derrotero de las
Indias, debido al célebre Almirante de sus mares,
tendrá en su próximo centenario el carácter so¬
lemne y propio de tan fausto suceso. Portugal va
á honrar la memoria de uno de sus hijos más ilus¬
tres, y lo hará dignamente, como España lo veri¬
ficó en el año 1892 al conmemorar la llegada de
las carabelas españolas al mundo desconocido. En¬
tre los festejos preparados en tal ocasión, figuran
la revista naval de una escuadra mandada por un
Almirante ; un cortejo cívico al que, por iniciativa
del comercio de Lisboa, concurrirá un carro triun¬
fal alusivo al acontecimiento que se recuerda; la
acuñación de una medalla con el busto del descu¬
bridor, y otros actos solemnes de corporaciones
oficiales y particulares. Sin duda que todos tendrán
el esplendor debido, y serán dignas del insigne
navegante lusitano las honras que se le tributen.
Angel Lasso de la Vega.
LA GUERRA.
Como era el Reino aquel un Paraiso
Donde marchaba á maravilla todo,
Y vivían las gentes
Sin apuros , sin ansias y sin odios,
Todo el mundo envidiaba
La suerte de aquel pueblo venturoso,
Con el que Dios había
Sido en dones tan pródigo,
Que no existía reino que pudiera
A ven tai arle en lo feliz y próspero.
Allí todo era paz, todo ventura;
Allí no había guerras ni alborotos,
Pues los hombres, lo mismo que los ángeles,
Se adoraban los unos á los otros,
Y, como consecuencia,
No había ni envidiados ni envidiosos.
Cansados de placeres y venturas,
Porque suele lo bueno cansar pronto,
Todos los habitantes de aquel Reino,
Con el respeto propio
De tales circunstancias, elevaron
Hasta el divino Trono
El ruego de que al punto
Hubiese un cambio radical en todo.
«Señor (clamaba un médico), aquí nadie
Padece ni un mal tifus, ni un mal cólico,
Y cada vez que veo á mis clientes
Los encuentro más sanos y más gordos.»
«¿Qué hago yo aquí , Señor? (un boticario
Gritaba fiero hasta ponerse ronco).
¿Qué hago de mis jarabes, de mis píldoras,
De la ciencia infinita que atesoro,
Si se pasan los meses y los años
Sin que, ni por asomo,
Venga á mí una receta
Pidiéndome aunque sea agua del pozo?»
«Ese médico imbécil (exclamaba
Un pobre enterrador lleno de enojo),
¿Qué es lo que hace? ¿en qué piensa,
Que ni un solo cliente manda al hoyo?»
«¡Mis armas se enmohecen
(Gritaba un militar de ceño torvo),
Y mis hombres de guerra
Su energía consumen en el ocio!»
«Con tu inmenso poder, oh Dios clemente,
Tú, que el mundo gobiernas á tu antojo,
Modifica, Señor, nuestra existencia,
Ven en nuestro socorro,
Porque resulta ahora
Que es una gran desgracia el ser dichosos.»
Y el Dios de las alturas,
Que á los ruegos jamás se muestra sordo,
«¡Desdichados! (les dijo desde el cielo),
Veréis logrado vuestro empeño loco
Los que, hartos de venturas infinitas,
Buscáis en la existencia un purgatorio.
Desde hoy podrá el guerrero
Probar su temple, su valor, su arrojó,
Y al ronco detonar de sus cañones
El mundo temblará de polo á polo;
Veréis vuestras viviendas arrasadas
Por el fuego y el plomo,
Vuestra sangre vertida.
Vuestros sagrados templos hechos polvo,
Vuestros hijos del alma hechos pedazos,
Vuestras grandes ciudades en escombros .
Desde hoy podrá el Galeno
Utilizar su ciencia entre vosotros,
Y el boticario les dará salida
A las pócimas mil de que hizo acopio;
Y hasta el sepulturero,
Que hoy se lamenta porque se halla ocioso,
A fuerza de cerrar y cavar fosas
Verá inundado de sudor su rostro.
Y Dios entonces les mandó la guerra,
Y asi quedaron complacidos todos.
Manubl Soriano.
POR AMBOS MUNDOS.
NAKRAOIONHS COSMOPOLITAS.
El anarquismo de la civilización armada.— Inventos mortifero-bufo»
de Edison.— La moralidad yankec: los divorcios. —La formalidad
anjrlo- sajona: un empate electoral. — Del sacerdocio al teatro. — Ba¬
ladronadas y fanfarronerías de los yankeex.
frjfflScK. A propiedad, la justicia y el derecho
son vanas palabras para las muche-
W dumbres salvajes, que oponen á ellas
UjJárVd: el robo, la violencia y el egoísmo.
Nuestro siglo se ha estremecido mu-
fg® chas veces ante las horribles amenazas
de los socialistas y de los anarquistas,
pero no ha tenido -que presenciar la ruina de
las naciones porque estos sectarios no cuen¬
tan con fuerzas suficientes. Además, contra los
excesos de la anarquía que practicase el despojo y
la destrucción, uniríanse, por instinto de mutua
conservación, todos los pueblos civilizados. Esto
parece lo lógico, lo digno, lo que el mundo culto
tiene derecho á esperar; y, sin embargo, esto es
una ilusión, una mentira, una completa farsa.
Hay una muchedumbre infame, cuyo único ideal
es el egoísmo, que olvidando lo que son la propie¬
dad, la justicia y el derecho, y valiéndose de su
fuerza material, se ha lanzado á fines del siglo XIX
á practicar el robo, la carnicería, el incendio y la
destrucción. Ante los horrores de ese anarquismo
culto, los demás pueblos civilizados se han cru¬
zado de brazos. Los Estados ó Los Ladrones Uni¬
dos quieren apoderarse, porque sí, de todas nues¬
tras colonias; y arrastrándonos á una guerra im¬
posible, ellos, que han vivido en paz casi durante
todo el siglo, contra nosotros, que no hemos te¬
nido un momento de tranquilidad, emplean cuan¬
tos recursos de destrucción ha ideado el satánico
genio de las armas para reducir á escombros y á
montones de cadáveres la vida de nuestras pose¬
siones ultramarinas. Ese anarquismo es peor que
el sectario y callejero; ese anarquismo es mil ve¬
ces más criminal, y los que lo consienten no ten¬
drán razón jamás para impedir que el anarquismo
popular interno quiera apoderarse de la propiedad
y destruya cuanto se le oponga para conseguirlo.
Hoy se trata de despojar á España; mañana
entre tres ó cuatro naciones poderosas despoja¬
rán á Inglaterra; Holanda perderá su Insalinda
en cuanto á Alemania y á Rusia se les antoje;
como cayó Tejas en poder de la avaricia yankee ,
caerán Méjico y el Centro- Amé rica, y nadie de¬
berá, ni podrá sorprenderse, ni llamarse á enga¬
ño, porque la conducta de los Estados Unidos con
nosotros hoy, sienta de hecho la nueva jurispru¬
dencia internacional de la legitimación del robo,
sancionada por el consentimiento y acatamiento
de las potencias; y al empezar el siglo XX, des¬
pués de tantos progresos en las manifestaciones
y prácticas del derecho, resultará que la humani¬
dad ha retrocedido á los tiempos de Atila, y que lo
que realmente comienza es la era de la barbarie.
E impelidos por esa barbarie, concentraremos
toda nuestra energía, toda nuestra vida, todo
nuestro pensamiento, el ideal supremo de España,
en armarnos más y más cada día; en condensar
ira y odio en nuestros pechos y en tomar la re¬
vancha; que si Francia no sueña en otra cosa por
haberse visto despojada de dos provincias, que no
eran suyas hace dos siglos, nosotros ni ahora ni
nunca debemos perdonar á los ladrones que acaso
consigan usurparnos lo que siempre ha sido nues¬
tro, desde que la humanidad histórica descubrió y
civilizó los lejanos países donde yacía la humani¬
dad ignorada.
• •
¡Pobres de nosotros! Edison ha hablado, y an¬
tes de un mes ya no quedará un español vivo fuera
de España, ¡y quién sabe si tampoco dentro! An¬
tes se dedicó, con fortuna admirable, á hacer
lámparas; ahora hace faroles. Oiga el lector á Edi¬
son el farolero:
«He inventado — ha dicho á un periódico ame¬
ricano — un sistema de cables que pueden tender¬
se alrededor de un pueblo sitiado y que produci¬
rán la muerte de cuantos intenten pasar sobre
ellos. También he logrado construir unos ovillos
ó manojos de cadenas eléctricas, que pueden lan¬
zarse al espacio á fin de que, divididas y esparci¬
das, caigan sobre el ejército enemigo. Un extremo
de la cadena va unido al proyectil con que se carga
un cañón, y el otro está unido á una poderosa di¬
namo hasta el momento en que se efectúa el dis¬
paro. Entonces la cadena, en la que circula una
poderosísima corriente, marcha por el aire arras¬
trada por el proyectil, y se divide en miles de tro¬
zos, los cuales, al caer sobre los regimientos, es¬
cuadrones y baterías, destruyen todo cuanto to¬
can. En fin, he podido idear una máquina que
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15 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° rvm — 291
arrojá á gran distancia chorros de agua cargados
de electricidad á razón de 5.000 volts, cuyo riego
barrerá una masa de gente enemiga, como el hu¬
racán barre y disipa el polvo. No sé aún á punto
ñjo hasta qué longitud alcanzarán las columnas de
agua eléctrica, pero la experiencia de la guerra
nos lo enseñará.»
¡Y pensar que contra todas estas redes y cade¬
nas eléctricas y contra estas «mangas de agua»,
es decir, contra las que preparen y disparen, bas¬
tan los Mausers de un batallón de muchachos de
veinte años! Esa mortandad voltaica se hará en
los campos de batalla, en tierra, y ya se ha visto
que, hasta ahora, en Cuba y en Puerto Rico los
Mausers han impedido que las tropas regulares é
irregulares, alquiladas ó improvisadas en los al¬
macenes y campamentos de Chickamauga y de
Tampa, se apoderen de aquellos territorios como
lo soñaron y anunciaron los almirantes, genera¬
les, políticos y periodistas, hombres de Estado y
muchedumbres de Washington y de toda la, Unión
americana.
«
• «
Al leer los detalles que publican á diario casi
todos los periódicos yankees respecto á las menú -
deudas del estado social de su país, se comprende
que es imposible que haya para tales gentes amor,
ni consideración de la dignidad humana, ni nin¬
guna otra clase de atenciones de las que la mora¬
lidad enseña, tratándose del prójimo, y hoy de
los pueblos extranjeros, cuando ellos mismos no
se guardan miramiento alguno. El lazo del matri¬
monio, base de la familia y de la sociedad, allí
apenas tiene importancia alguna. Al abrirse los
tribunales en Boston el año último, se concedie¬
ron durante los siete primeros días 75 divorcios.
La proporción de divorcios en Chicago es de 1 por
cada 8 matrimonios; en Connecticut, 1 por cada 10;
en Vermout, 1 por cada 14; en Rhode-lsland, 1 por
cada 13, y en Massachusetts, 1 por cada 21.
Si esto es una vergüenza nacional, resulta es¬
candaloso sobre todo el conocer cómo se arreglan
legáímente estos desarreglos. Cada Estado tiene su
sistema especial para hacer fácil la ruptura com¬
pleta del matrimonio á gusto de los disgustados
cónyuges. En el Oregón, por ejemplo, basta con
que marido y mujer se larguen cada uno por su
lado, sin dar cuenta á nadie, para que de hecho, y
con arreglo al derecho ( yankee ) , quede realizado
el divorcio. En el Maine se justifica el divorcio tan
sólo con que sencillamente entiendan los jueces
que les parece bien. Es muy frecuente el que una
demanda de divorcio se resuelva en el acto mismo
en que se presenta.
* «
Los maestros é inspiradores del pueblo norte¬
americano, los ingleses, que en punto á moralidad
social dan también estupendos motivos de asom¬
bro, continúan en su humorismo ofreciendo á me¬
nudo patentes pruebas de su informalidad. En la
última elección municipal en North Wolsham
(Norfolk) tratábase, para completarla, de elegir
presidente del Ayuntamiento. El pueblo está di¬
vidido en dos bandos rivales muy encarnizados,
uno de los cuales sostiene como candidato al pre¬
sidente anterior, mientras que el otro es partida¬
rio del reverendo Dr. Orvén. Al elegirse el con¬
cejo resultaron igual número de individuos en
uno que en otro partido, y, por consiguiente, em¬
pate en las votaciones. El día de la elección de
presidente invadió la sala un gentío tan numeroso
como apasionado y bullanguero. Desde el estrado
sostenía animados diálogos los concejales con
seis amigos del público, satirizándose un bando al
otro, en medio de las carcajadas y bravos y repi¬
que de bastones y patadas en el pavimento. Cuando
sonó la campanilla del presidente interino cesó el
tumulto y fue realizándose con orden la votación.
A nadie sorprendió el resultado del escrutinio:
seis concejales votaron por el Alcalde anterior, y
otros seis por el reverendo Dr. Orvén. Ante seme¬
jante dificultad, y ordenando la ley que la vota¬
ción se repita mientras haya empate, resolvieron
los concejales esperar hasta ver si alguno de eJlos
se retiraba aburrido y cansado, y resolvió el pú¬
blico quedarse en la sala hasta ver en qué paraba
«aquello». Desde las siete hasta las diez de la no¬
che no hubo novedad; cada cual siguió en su
puesto. Un tanto rendidos y hambrientos, á las
diez acordaron que dos concejales, uno por cada
bando, salieran a encargar bebidas, refrescos y ci¬
garros. A las once sirvieron, de un cafó cercano,
pasteles, embutidos, naipes y tableros de ajedrez.
1£1 salón de la villa se convirtió en un restaurant
alegre; y para darle mayor carácter, se consintió
que los espectadores, que iban bebiendo lo que
podían, entonasen en coro humorísticas canciones.
A las dos de la mañana se enviaron á sus respec¬
tivos domicilios á los dos concejales adversarios
que aparecían más cansados, habiéndoles exigido
palabra de honor de que no volverían. A las tres
todo el Ayuntamiento roncaba, y la mayor parte
del público también. A las seis, cuando desperta¬
ron, el empate continuaba, porque seguían dis¬
puestos á votar cinco por Orvén y cinco por el
último presidente. Con la seguridad de que, siendo
tan tercos, tenaces é indomables, pasarían muchos
días en la misma actitud, rendidos ante la impo¬
sibilidad de vencer, acordaron largarse á su casa
y dejar la elección para el domingo siguiente. Han
pasado tres domingos desde entonces, y aún conti¬
núa el empate. Son muchas las apuestas que se han
hecho en los pueblos vecinos á North Wolsham
en pro ó en contra del triunfo de Orvén, y el cual,
como se ve, depende de que uno de los doce con¬
cejales falte á la sesión ó á su compromiso, resul¬
tado que persiguen con más empeño los directores
del agio de las apuestas que los partidarios de
uno ú otro presidente.
»
* •
El sacerdote ó pastor protestante L. Leigh, vi¬
cario de la parroquia inglesa de Hatfled, que du¬
rante catorce años ha bautizado, casado y ente¬
rrado á centenares de personas, y ha aconsejado
con sus sermones á bastantes millares de fieles,
ha tenido que renunciar al alzacuello y á los levi¬
tones de largo faldón para hacerse cómico. Fué un
gran pastor, piadoso, respetado y de buen crédito;
pero es casado y tiene muchos hijos, á cuyo sos¬
tenimiento y decorosa educación no puede aten¬
der con el modesto peculio que recoge de la renta
de la parroquia y del culto. Cada año ó cada dos
años se aumenta su familia con un nuevo chiqui¬
tín, y el pobre hombre, viéndose en crecientes
apuros, dejó el hisopo, cerró la Biblia, apagó las
velas y se plantó en el escenario. Había sido de
joven bastante aficionado al teatro, y siempre
conservó especiales aptitudes para la oratoria y
para la declamación. Un día en que acertó á pasar
por su pueblo una compañía de actores de un tea¬
tro ambulante, se alistó en ella con su mujer y
sus hijos mayores, y poco tiempo después, tan de
veras tomó la nueva profesión, que se hizo empre¬
sario y figuró como uno de los primeros artistas
de los escenarios populares. No hace mucho tiem¬
po que la prensa elogiaba la maestría con que ha¬
bía sabido crear el principal personaje del nuevo
melodrama Las mujeres temibles , que su compañía
ha puesto en escena en Londres.
Cuando los periodistas acudieron á él á pedirle
datos acerca de su evolución religioso-artística,
les replicó que él había desempeñado muy á gusto
y con entera fe su profesión de pastor evangélico,
y que no la hubiera abandonado jamás si la mise¬
ria no le obligara á ello. « Si algo se puede apren¬
der en lo que á mí me ha ocurrido — les dijo, — es
que, no teniendo medios de fortuna, hay que pen¬
sarlo mucho y bien antes de decidirse á servir á
la Iglesia en Inglaterra. La fe nos impulsa, ani¬
mándonos á vencerlo todo y presentando el por¬
venir de color de rosa; pero cuando la fe tiene que
vivir en compañía del hambre, la fe se va disi¬
pando y el hambre queda. Lo menos malo á que
puede apelar un hambriento es á hacerse cómico,
siempre que tenga verdaderas dotes de actor.»
•
* •
A la informalidad humorística anglo-sajona aña¬
den los yankees la cursi fanfarronería. Para ellos
la conquista de Filipinas, de Cuba y de Puerto
Rico era obra de coser y cantar. Habían arreglado
en Washington á su gusto el reparto de nuestras
colonias de uno y otro mundo. Manila se tomaría
en tres días, el Archipiélago en veinte; goberna¬
dores y comodoros, generales y administradores
estaban listos en San Francisco de California para
presentarse en las orillas del Pasig y borrar hasta
la última huella de nuestro dominio. Treinta ex¬
pediciones de cubanos y de yankees averiados, am¬
parados por trescientos cañones, desembarcarían
y tomarían en ocho días á la Habana, á Matanzas,
á Cienfuegos y á Santiago, con la ayuda de Máxi¬
mo y de Calixto. Ya á cumplirse un mes desde
que se declaró la ^erra, y ni los desembarcos
parecen por ninguna parte, ni Máximo, ni Calixto
tampoco. El programa se ha mojado; hay que po¬
nerlo á secar, y mientras sople en las playas de
Cuba y Puerto Rico el tiempo duro de los caño¬
nes y fusiles de la costa, dejar su realización para
otros tiempos, y mandar recoger para ocasión
más propicia á los comités de Tampa y de Nueva
York, para ver si de aquí á cien años vale algo
más que ahora para pelear frente á frente con
nuestras tropas la morralla separatista. Hay que
repetir lo que ha dicho la musa satírica de Floren¬
cia con ocasión del fiasco de las fiestas del Cente¬
nario :
Visto ohe il tempo é doro,
I fuochi giá nunziati
S aramio rimandati *
Al secolo futuro;
E lo straordinarío
Programma ó rinviato
Con tutto il Comitato
Ad altro Centenario.
Mantengámonos, mientras tanto, con serenidad
ante las peripecias favorables ó adversas que acerca
de la guerra nos comunique á diario el telégrafo.
Vario como tiempo revuelto de la primavera,' al
frío semiglacial de unas horas sucederán los ar¬
dores del entusiasmo en otras, para volver á la¬
mentar la destemplanza de las que vengan des¬
pués con cielo obscuro y tormentoso. Así es la
guerra, como la lucha de los elementos de la Na¬
turaleza, hasta que irremisiblemente se cumplan
las leyes de ésta, y se despeje el horizonte y luz¬
can con sus galas y sus dones los hermosos días
del estío, como se impondrá en los espléndidos
espacios de la justicia y de la razón la luz de la
victoria de los más valientes y cautos. El diario
portugués O Popular , de los Sres. Carvalho y ti¬
men tel, publicaba hace muy pocos días esta sen¬
tida Folhinha em verso: :
Houye frío inda ha tres dias
Hontem rebenta o calor!
Se amanha choyer, e a gente
Ti?er de bater o dente
Qae nao se espante o leitor.
E’ que tambem anda a guerra
No grande mundo dos soes
E os anjoB americanos
Porfiam odios insanos
Com os anjos hespanhoes.
Muy repetidas muestras de fraternal afecto en¬
contramos en la prensa de Portugal, con motivo
de la inicua guerra á que nos han arrastrado los
genios de la Charrilandia. Pocos días después del
infausto suceso de Cavite, decía, entre otras cosas,
el Diario de Noticias (de Brito Aranha): «Nao
amesquinharemos á sua dor vertendo lagrimas
sobre o sen infortunio, porque a Hespanha á si-
milhan^a das matronas romanas, nao lamenta a
perda de seus filhos quando elles cumprivan o seu
dever. Respeitemos por tanto á sua magoa e cur-
vamo-nos silenciosos deante (Telia, como se visee¬
mos passar, coberta de lucto mas cheia de resig¬
nado, a imagen da Patria »—....... «Se até agora o
povo espanhol tem dado tantas provas de cordura
e de harmonía patriótica, pelo que tem merecido
a sympathia e a admirado do mundo, esperamos
aínda que elle saberá conservar a mes mal inha,
mantendo até ao fim o mesmo pundonar e a mes-
ma serenidad©. Este será o seu maior elogio e o
seu maior triumpho.»
Ricardo Becerro de Bengoa.
Al público en general interesa yer el nneyo local qae ocupa la
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292 — n.° xvin
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Mato 1898
LIBROS PRESENTADOS
i ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES
La Gallega, nave capitana de Colón, por
D. Celso García de la Riega.
Hemos recibido ejemplares del libro cayo
título encabeza estas líneas, en el cual el
distinguido escritor D. Celso García de la
Riega publica sus muy eruditas investiga¬
ciones acerca de lañare capitana de Colón
en su primer viaje de descubrimientos. En
opinión de dicho señor, la carabela Santa
María ó la Gallega no procedía, como se
ha supuesto, de las villas cantábricas situa¬
das en Asturias, Santander y Provincias
Vascongadas, sino de los astilleros de Ga¬
licia, y seguramente del puerto de Ponteve¬
dra, población de importancia marítima y
comercial donde se construían en el siglo xv
embarcaciones de toda clase, merced al des¬
arrollo de la industria existente en dicha
villa desde el siglo xii, creada en ella, como
en Padrón y Noya, por el célebre Arzobispo
Gelmírez.
El notable estudio histórico del Sr. García
de la Riega llamará seguramente la aten¬
ción de los eruditos, y dará ocasión á que se
rectifiquen j uicios hasta ahora no discutidos.
Véndese la obra al precio de 2 pesetas.
Entrelos rebeldes. — La verdad de la
enterra . Revelaciones de un periodista yan -
Ase.— El periodista norteamericano G. Bron-
son Rea, que ha permanecido más de un año
entre los rebeldes cubanos, no ha querido
seguir á sus colegas en la campaña de fal¬
sedades con que defraudaban al público que
bascara la verdad en el relato de los que se
decían testigos presenciales de los fantásti¬
cos sucesos que referían, y ha escrito la ver¬
dad de lo que en el campo de la insurrec¬
ción ha visto.
Rectifica muchas versiones falsas que han
circulado; analízalas miserias, indignida¬
des, farsas y, horrores del campo mambís;
traza siluetas de cabecillas y describe bata¬
llas, incendios y fechorías de todo género
llevados á cabo por nuestro* enemigos.
Traducido del inglés muy concienzuda¬
mente, contiene este libro materia tan in¬
teresante y de tan indiscutible oportunidad,
que nos creemos en el deber de recomendar
eficazmente su lectura, que resulta tanto
más agradable cuanto que nos presenta la
verdad proclamada por un adversario con¬
vencido y admirado de la energía española.
La obra, ilustrada con láminas y elegan¬
temente editada por la casa Horres, vén¬
dese al precio de 2,60 pesetas.— C.
lfi f
j r unja BPgrTú w
nllr IHnSfcsB
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GRAN CARROZA GOTICA, PROPIEDAD DE LA EMPRESA DE SERVICIOS FUNEBRES «LA SOLEDAD*.
(De fotografía.)
En tod.au clase d.e ■vómitos 37- diarreas, y en
toda clase de indisposiciones del tia/bo di¬
gestivo, emplead los
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POR EL MINISTERIO DE MARINA Y POR EL DE GUERRA
Los recomiendan indiscutibles autoridades médicas. — Celebran con entu¬
siasmo sus efectos cuantos los usaron.
Depósito en todas las farmacias acreditadas del mundo. — Son falsificadas
las cajas que no lleven prospecto con inscripción trasparente.
■% *■ I | ■ ■ A No hay uno que se re-
U I I I BJI I sista á la eficacia pode-
IHfc A» I I |U| fl rosa, jamás desmentida,
$ I\: í i lll U del Bálsamo Anti-
| | Wm U lll rl reumático de Orive.
Se detalla la compos ción á los médicos que de¬
seen conocerla.— En todas las farmacias. Por ma¬
yor: Bilbao, Orive, y Madrid, M. García.
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talles , las operaciones militares en la Isla de Cuba.
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8.° mayor francés.— 4 pesetas.
Historia de 1883. — Un tomo, 8.° mayor
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Historia de 1884» — Un tomo, 8.° mayor
francés.— 4 pesetas.
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yar francés. — 4 pesetas.
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presentando costumbres españolas del siglo xvii.
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del Arenal, 18, Madrid.
ftfll AnrC Loe calma en el acto al
UULUnL.U descuidado que loe sufre
1 por no usar todos los días
DEM H A C el Licor del Poto de»
lll U LLHw Orive. Pero el no tener
dolores de muelas depende de la voluntad; v
esto es tan exacto, que jamás tuvo dolencia al-
IVI W LskiF^W Orive. Pero el no tener
dolores de muelas depende de la voluntad; v
esto es tan exacto, que jamás tuvo dolencia al¬
guna en la boca el que se enjuagó todos los días
con tan excelente dentífrico, que se vende en
toda farmacia y perfumería acreditada.
Xmpreao con Unto de la fábrloa L0BXWE17X y C.\ 10, me Sngor, Parla.
. • 1 MADRID. —Est
Reservado* todos loe derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID. — Establecimiento tipolitográfleo «Sucesores de Rlvadeneym»,
- impresores de la Real Gasa.
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PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN.
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN, PAGADEROS EN ORO.
NUM. XIX
administración:
ARENAL, 18
Madrid....
Provincias.
Extranjero
35 pesetas.
40 id.
50 francos.
18 pesetas.
21 id.
26 francos.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Demás Estados de América y
Madrid, 22 de Mayo do 1898.
Excmo. Sr. d. ramón auñón y villalón
CAPITAN DE NAVIO DE TRIMERA CLASE,
(De fotografía de G amoneda.)
#
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294 — n.° xix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mato 1898
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, porD. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Efectos del corso, por
D. Cesáreo Fernández Duro. — Din dan don, por D. Felipe Pérez y
González.— Portugal en Oriento. Llegada á la India, por D. G. Re-
paraz. — Crónica parisiense. En la Galería de Máquinas del Campo
de Marte, por D. A Mar.— Góngora, poesía, por D. Manuel Reina.
—Por ambos mundos. Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo
Becerro de Bengoa.— Sueltos. — Libros presentados á esta Redac¬
ción por autores ó editores, por C. — Anuncios.
Grabados.— Retrato del Excmo. Sr. D. Ramón Auñón y Villalón,
capitán de navio de primera clase, nuevo ministro de Marina -
Medalla conmemorativa del IV centenario del descubrimiento del
camino de las Indias. — Vistas parciales de San Juan de Puerto
Rico: La entrada del puerto. Parte Oeste de la ciudad. El barrio
de la Marina y la bahía.— La guerra entre España y los EE. UU.
de Norte- América: Guerrillas españolas rechazando el desembarco
de las tropas norteamericanas en la costa de Cienfuegos (Cuba).—
Escuadra de reserva fondeada en Cádiz.— El crucero no protegido
Conde del Venadito y el cañonero Nueva España , que hicieron retirar
cinco barcos norteamericanos delante del puerto de la Habana.—
Entrada del puerto de la Habana.— Retrato de Mr. William Evart
Gladstone. ilustre estadista inglés. — Retrato de Mr. Chamberlain,
ministro de las Colonias de Inglaterra. — Bellas Artes: ¡Adiós! , di¬
bujo de Pieolo.
CRÓNICA GENERAL.
' LLÁ se las hayan los políticos que han
promovido una crisis estando España
en guerra: allá se las hayan los que,
una vez reformado el Gobierno, han
de dificultar sus trabajos, escatimar
4C los recursos y soliviantar los ánimos,
X para pescar á río revuelto y perpetuar
la exhibición de sus personas. No esta¬
fo; mos para detenernos en tales pequeñeces,
' y bien venidos sean los nuevos ministros,
Sres. Gamazo, de Fomento; León y Castillo, de
Estado, este aun no seguro; Romero Girón, de Ul¬
tramar, y Auñón, de Marina, que sustituyen á los
Sres. Conde de Xiquena, Gullón*, Moret y Ber¬
mejo. Para nosotros, todos representan el Gobier¬
no Nacional; no son D. Fulano y D. Zutano, de tal
ó cual procedencia, sino los ministros españoles
encargados de la defensa pública, y de cuya uni¬
dad y fuerza dependía la del país. Bienvenidos
sean los nuevos ministros, repetimos; no vienen á
disfrutar sino á sufrir contrariedades, y al aceptar
el poder dan un ejemplo de civismo. Nos avergon¬
zaríamos de poner obstáculos á un Gobiemq espa¬
ñol en guerra con el Extranjero, ni de pedir di¬
misiones, desautorizar á los jefes que mandan
nuestras fuerzas, ni hacer granjeria de los males
del país. Nos parecen mezquinas hoy las habilida¬
des para buscar contradicciones y divergencias.
Bueno fuera eso cuando, si se registra un poco
la historia, no hay político que no haya dicho mil
veces como la niña de Amar por señas , al tomar
una determinación:
Después, como no soy río,
Me puedo volver atrás.
Tan rápido y casual fué el paso por España del
rey Leopoldo de Bélgica, que nos recordó el ro¬
mance del Príncipe de Esquiladle:
paña, habían conseguido la ventaja de Cavite, y
ofrecían sus periódicos á Inglaterra las Filipinas,
como si ya fueran suyas. España fue ó no fué alu¬
dida por lord Salisbury entre las naciones cristia¬
nas muertas: parece que lo niega. Entonces, ¿cuáles
son y dónde están esas naciones? No se trata de
Grecia; para nada juegan Portugal ni Bélgica, ni
los demás Estados menores de Europa en estas
cosas. Si no se alude á España, claro es que las
compensaciones del espléndido ofrecimiento he¬
cho á Inglaterra están en la América española: la
alianza de los Estados Unidos é Inglaterra tendría
el objeto, por parte de ésta, ayudar á su aliada á
dominar toda la América, empezando por la ad¬
quisición de Cuba y Puerto Rico; por parte de los
Estados Unidos, coadyuvar con su exceso de po¬
blación y recursos á los planes del Imperio britá¬
nico. Este proyecto, más vasto que sólido, tiene,
con su aparente grandeza, todas las condiciones
para seducir y entusiasmar á los yankees , no para
alucinar á los ingleses. Estos saben que no pueden
contar con aquéllos para una alianza larga, porque
no hay pueblo más mudable ó inseguro ni más
antitético por sus tradiciones y carácter. Ingla¬
terra todo lo prepara; los Estados Unidos todo lo
improvisan: sólo coinciden en la violencia de sus
propósitos, una vez decididos á la acción. Los yan-
tcees todo se lo hablan; los Gobiernos ingleses ca¬
llan y ejecutan. La campanada que ha dado lord
Chamberlain para que resuene en todo el mundo,
¿puede achacarse á indiscreción? No parece pro¬
bable; sería tan enorme, que hubiera cuarteado el
Ministerio. ¿Qué ocurre, pues? ¿Qué hay en el
fondo? ¿Una amenaza para tantear el espíritu de
todas las cancillerías? Los ingleses no avisan
cuando caen sobre una presa, y han avisado esta
vez. No lo comprendemos. En cambio, el Empe¬
rador de Alemania, de quien se esperaban declara¬
ciones sorprendentes, se ha reservado su opinión.
Hay que esperar para ver claro. Desde luego, no
parece creíble que los ingleses hayan tomado por
un pueblo de soldados, dispuesto á sostener ias
necesidades imperiales, á la República norte¬
americana. ¿Es que han creído que Europa, divi¬
dida, no puede entenderse y es llegada la ocasión
de atreverse á algún nuevo despojo? Sabemos que
Inglaterra es fuerte por sus escuadras; pero esas
escuadras suponen un gasto enorme, que se su¬
fraga con la paz. ¿Podría mantenerlas en una gue¬
rra complicada, que produjese una bancarrota y
lanzase al campo á los que quieren sacudir su do¬
minación? No nos explicamos que desee perturbar
el equilibrio mercantil y político en que vive con
tanto desahogo; pero tampoco imaginamos que
sean las palabras de su Ministro una ligereza que
no merezca meditarse por los que tienen el cui¬
dado de velar por las naciones. La muerte del gran
político Gladstone se considera como el fin de una
época en que el derecho internacional era respe¬
tado, siquiera en apariencia. Su voz poderosa ya
no defenderá la moral y la justicia entre los pue¬
blos. Pues fortifique cada cual sus costas como pue¬
da, y tienen la palabra los cañones. Pero conside¬
ren los que se juzgan invencibles por sus acoraza¬
dos que también se bombardea con ideas.
Tan dormido pasa el Tajo
Entre anos álamos verdes,
Que ni las hojas le Ten
Ni las arenas le sienten.
Cuando nos enteramos de que había visitado á
la Reina, y nuestros museos y la pradera de San
Isidro, en plena romería, ya había traspasado la
frontera. S. M. belga pudo ver que España no ha
perdido el buen humor en estas circunstancias.
¿Por que no solazarse en la pradera, si en la Ha¬
bana, cuando la amenazaba el bombardeo, no se
suspendieron los teatros, y en Puerto Rico, antes
y después de haber hecho retirarse maltrecha á la
poderosa escuadra yankee , no se perdió la alegría?
Pero el escándalo de estos días le ha dado el
ministro inglés Mr. Chamberlain con un discurso
en que ataca al Emperador de Rusia y declara que
serían bien aprovechados los gastos de una guerra
si consolidaran una alianza de Inglaterra con los
Estados Unidos. Recordando el de lord Salisbury
acerca de las naciones muertas, cabe sospechar
que, en vez de contradecirse, se completan. Y si
a esto se añade la actitud de una parte de la pren¬
sa norteamericana, que pretende esa alianza ; el
aplauso teatral con que saludan la unión de las
dos banderas, y el fanfarrón desafío al Universo
de los yankees contando con esa unión, se presta
todo ello á muchas reflexiones, que no tenemos
espacio para exponer. ¿En qué oportunidad han
pronunciado ambos Ministros sus discursos? Cuan¬
do los Estados Unidos, estando en guerra con Es¬
Aparte de varios reconocimientos ó intentos de
desembarco, todos rechazados en Cuba, y de los
trabajos del general Augustin para organizar la
resistencia en Manila, todas las noticias de la gue¬
rra, en el momento de escribir estas líneas, con¬
densan su mayor interés en dos hechos principa¬
les. La llegada á Santiago de Cuba, y creemos que
su salida de dicho puerto, de la escuadra del ge¬
neral Cervera, que tan hábilmente supo despistar
á la marina yankee con sus acertados movimien¬
tos, en opinión de las personas competentes: el
testimonio de los extranjeros es que el jefe espa¬
ñol ha demostrado hasta ahora mayor pericia náu¬
tica, así como todos los que secundan sus órdenes
con gran acierto y disciplina, y que ha empezado
la parte más peligrosa y principal de sus opera¬
ciones. El otro hecho importante es el destino y
demás circunstancias de la escuadra de reserva,
encomendada al general Cámara y Livermoore,
que ha conferenciado en Madrid con el nuevo mi¬
nistro de Marina Sr. Auñón y el Jefe del Gobier¬
no: el general Cámara ha navegado mucho, y en
todos los mares por donde han cruzado buques de
guerra españoles, desde la expedición á Méjico y
la guerra del Pacífico, y conoce lo mismo los ma¬
res filipinos que los de las Antillas y las costas
norteamericanas. ¡ Quién hubiera podido escuchar
su conferencia con el nuevo ministro Sr. Auñón,
uno de los jóvenes en quienes nuestra Armada
tiene mayores esperanzas! Claro es que nos hu¬
biéramos guardado de contarla, á haber tenido esa
fortuna, aun á nuestra almohada. Como se ve, las
piezas del tablero están en movimiento, unas ata¬
cando ó amenazando muy de cerca, otras tomando
posiciones parada partida en que hemos sido em¬
peñados. España no la deseaba ni la provocó: la
lectura del Libro Rojo , que acaba de publicar
nuestro Gobierno, demuestra hasta dónde llegó
nuestra condescendencia: lo que entonces pudo
considerarse humillación y mortificar nuestro
amor propio, hoy viene á servirnos de justifica¬
ción ante las calamidades de una guerra que se
nos impuso. Hacen mal en discutir hoy esos docu¬
mentos los españoles : nos duele verlos estampa¬
dos; pero hagamos la justicia á sus autores de que
más les dolería redactarlos, y que es muy fácil la
crítica cuando no se arrostran los inconvenientes
de los actos: lo que entonces nos afligía hoy nos
exculpa, puesto que demuestra no recaer sobre
nosotros las calamidades de la guerra. España la
evitó con un pueblo superior en recursos y des¬
cansado. Hizo su deber. Vino la guerra: las nacio¬
nes se conmovieron ante el hecho; y España, obli¬
gada á luchar, hizo lo de siempre: no rehuir el
compromiso y no asustarse.
*
e e
Un amigo querido hemos de despedir en esta
Crónica: á D. Federico Sánchez Bedoya, goberna¬
dor que fué de Madrid y vicepresidente del Con¬
greso, y actualmente diputado y uno de los jefes
del partido conservador de Sevilla. Había servido
en el cuerpo de Artillería hasta la Revolución de
Septiembre. Su carrera política fué rápida y bri¬
llante: como hecho curioso de su vida recordamos
la célebre competencia que mantuvo con la auto¬
ridad judicial, prendiendo al juez de guardia, que
á su vez quiso prender al gobernador. Era de trato
cordial y agradabilísimo: su generosidad le colmó
de amigos que le cercaban para explotarla, y su
talento, su finura y sus altas condiciones de ca¬
rácter le hicieron estimado en vida y sentido hoy
en su muerte.
Mr. Alfredo Gassier, autor del interesante libro
Le Théátre Espagnol , merece nuestra gratitud: es¬
critor distinguido, había hecho aplaudir en París,
con el título de San Gil de Portugal , la comedia
que Matos, Cáncer y Moreto titularon Caer para
levantar y inspirándose en El Esclavo del demo¬
nio , del Dr. Mira de Mescua. El compendio histó¬
rico de nuestro teatro, del Sr. Gassier, prueba un
estudio bastante extenso de nuestras antiguas co¬
medias y de los críticos que mejor clasificaron á
los autores de primera y segunda línea, porque
reunían á su erudición un gusto depurado y seguro:
podrán rectificarse algunos conceptos, como el de
que se perdieran las farsas de Lucas Fernández,
halladas y publicadas algunas por el Sr. Cañete;
el de que haya descendencia de Santa Teresa de
Jesús, en lo que quiso significar que existe su fa¬
milia: y que escribiese en prosa sus sainetes don
Ramón de la Cruz, sin duda por no considerar el
Sr. Gassier la asonancia del romance sino como
especie de prosa; pero si ha incurrido en otras
faltas, será ante los eruditos que ahondan en eso
de títulos, fechas y noticias, y han hecho investi¬
gaciones posteriores, como las muy importantes
del Sr. Menéndez y Pelayo en su estudio de Lope
de Vega; por regla general, Le Théátre Espagnolj
no sólo demuestra, cosa rara en libro extranjero,
que el autor conoce bien nuestro idioma, por la
exactitud con que trascribe nombres y traduce tí¬
tulos, sino que tiene la cualidad por excelencia de
una obra destinada á vulgarizar nuestro teatro en
tierra extraña, y es, que da una idea exactísima de
él en su conjunto, sobre todo hasta llegar al tea¬
tro contemporáneo. Y si se funda el Sr. Gassier en
los críticos más seguros, no lo hace sin corregir y
discutir sus juicios cuando son preocupados, y de¬
mostrar con citas, razones y noticias propias que
conoce el antiguo teatro por haber estudiado á sus
autores: es notable el tacto con que, sin faltar un
instante al patriotismo, expone la influencia del
teatro español en el clásico francés, disipando
errores, añadiendo datos y dando á cada cual lo
suyo con serena imparcialidad; y es notabilísimo
que, sin dejar de ser un buen francés, haya escri¬
to una obra tan española que debería servir de
ejemplo á muchos escritores nacidos en España,
donde necesitamos acudir al Barón de Schack para
conocer y apreciar nuestro teatro, y sólo tenemos
monografías de épocas ó autores. No culparemos
al Sr. Gassier si no estamos conformes en una
buena parte de su juicio acerca del teatro contem¬
poráneo: baste para su disculpa que esa es la opi¬
nión general de los españoles difundida por la
prensa: el Sr. Gassier no ha podido por sí solo
apreciar y leer y clasificar ¿ los autores: ha de¬
bido, y ha hecho bien, fiarse del juicio más admi¬
tido y exponerle con rectitud: los lectores es-
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22 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xix — 295
pañoles contemporáneos le hallarán juicioso y
exacto; pero vendrán las rectificaciones del por¬
venir, y se demostrará con textos la falsificación
enorme que se ha hecho de méritos, y la confusión
y falta de sinceridad de los juicios de la prensa. Y
conste que este fenómeno en nada perjudica á la
probidad y bondad de la obra, que destinada á dar
idea exacta en Francia de la historia y valor de
nuestro teatro, no sólo cumple su fin, sino que es
digna de ser leída y estimada por los españoles y
consultada por los literatos.
« 4
El doctor D. Carlos Caries, director general de
correos y telégrafos de la República Argentina,
ha publicado el segundo tomo de muestras de to¬
dos los valores postales que allí rigen. Es un ver¬
dadero álbum que mejora y completa el primero,
conteniendo muestras de todos los timbres, fajas,
cartas y tarjetas postales, dignos por su variedad,
delicadeza de su estampación y abundancia de ti¬
pos de servir de modelos. Acompañan al libro al¬
gunas disposiciones oficiales que ilustran la mate¬
ria, y merece especial mención el proyecto de ley
contra las falsificaciones, no sólo de los valores
vigentes, sino de los extinguidos, que son, al fin,
valores en el mercado: todo prueba, no menos que
el magnífico álbum, la competencia y el buen
gusto del ilustrado Dr. Caries.
•
o 4
— ¿Qué piensa usted del matrimonio de los Es¬
tados Unidos é Inglaterra?
— Sólo se me ocurre pensar en el divorcio: si es
que pasa del cambio de regalos.
Conocidísimo es el cuento del estudiante que
fue á alquilar un caballo, y preguntándole el alqui¬
lador cómo le deseaba, respondió que le quería lar-
guito para que pudiesen montar siete. Los yankees
han ido más lejos; tienen un regimiento de Caba¬
llería con un solo caballo, y otro de Infantería con
un solo fusil.
— Es la simplificación de la impedimenta.
— Puede haber más: que el fusil sólo tenga un
cartucho y el caballo una herradura.
— ¿Y en qué montan los jefes?
— Cuando tienen que salir á paseo, hacen que les
ensillen un soldado.
En Nueva York fué detenido un ratero que ha-
^>ía hurtado un lechoncillo.
— ¿Y qué hicieron con el ladrón?
— Le metieron en la cárcel.
— ¿Y el lechoncillo?
— Le llevaron á la Inclusa.
Un fenómeno extraordinario ha puesto en con¬
moción á los Estados Unidos. Una señora ha dado
á luz una criatura tan diferente á todo lo que allí
nace, que los padres se enriquecen exhibiéndola.
— ¿Y de qué género es el monstruo?
— Del que menos podía esperarse en esa tierra:
es una criatura racional.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
KXCMO. SR. D. RAMÓN AUÑÓN Y V1LLALÓX ,
nuevo ministro de Marina (pág. 1.a).
Tiene en las circunstancias actuales importan¬
cia tan trascendental la dirección suprema de los
asuntos de la Armada, que en la reciente crisis
ministerial preocupaba hondamente al país la pro¬
visión de la cartera de Marina. Cuantos deseába¬
mos para ella una personalidad que á las condicio¬
nes de inteligente aptitud uniese la viril energía
y actividad vigorosa que las circunstancias exigen,
fundamos las más halagüeñas esperanzas en el
señor Auñón, por entender que en él coinciden
aquellas apetecidas cualidades.
No hemos de hacer ahora su biografía, ni hemos
de extractar prolijamente su hoja de servicios;
sólo recordaremos que desde 1859, en que á los ca¬
torce años de edad ingresó en la Armada como
guardia marina, no ha dejado de “prestar servicios
excelentes. En la guerra de Africa, en la de Santo
Domingo y en la de Cuba combatió con los ene¬
migos de España; en los buques-escuelas Bilbao ,
Fet'rolana y Asturias demostró sos aptitudes téc¬
nicas; sus condiciones de inteligencia lucieron
en muchas comisiones científicas que á su talento
se encomendaron; y durante su mando del cru¬
cero Infanta Isabel y de la estación naval de Es¬
paña en la América del Sur, fue objeto de muy
señaladas distinciones de la colonia española y del
Gobierno del Uruguay y de la Argentina. Enton¬
ces fué cuando, al estallar la revolución en Bue¬
nos Aires, como se declararan impotentes los mi¬
nistros extranjeros para impedir el bombardeo,
el Sr. Auñón fué aclamado jefe de la escuadra in¬
ternacional, no obstante ser las fuerzas españolas
inferiores en número á las de otras naciones. El
éxito que en aquellas difíciles circunstancias lo¬
gró le conquistó tan justas y generales simpatías,
que al retirarse con su buque del Plata, cumplien¬
do órdenes superiores, le acompañaron en un tra¬
yecto de treinta millas todos los vapores del trá¬
fico y toda la colonia española, á cuyo frente iba
el Ministro plenipotenciario, y la marinería le
despidió con entusiastas hurras desde las vergas
de los buques extranjeros.
En las importantísimas comisiones de redac¬
ción de las ordenanzas de la Armada, de la ley de
ascensos y compilación legislativa de Marina des¬
de el siglo pasado, y en el cargo de oficial del Mi¬
nisterio, dió evidentes pruebas de sus aptitudes y
conocimientos especiales; y sus conferencias en el
Ateneo de Madrid y en el de Cádiz, como sus es¬
critos en la prensa profesional, acreditaron su
vasta y sólida cultura.
Muy recientes y muy conocidas son sus campa¬
ñas en el Parlamento, para el que fue elegido rei¬
teradamente por la circunscripción de Cádiz. En¬
tonces, como siempre, demostró el entusiasmo que
siente por la marina española, y los constantes
desvelos que á su mejoramiento ha consagrado.
Hoy, que todos los españoles lamentan unáni¬
mes que nuestra escuadra no sea más poderosa, y
no faltan las quejas por la apatía ó la imprevisión
de los que no cooperaron á tiempo á su engrande¬
cimiento, no nos parece ocioso recordar que hace
veinte años, cuando muy altas personalidades po¬
líticas consideraban la escuadra como artículo de
lujo , impropio de una nación modesta como Es¬
paña, y confiaban en que era garantía suficiente
contra improbables contingencias la firmeza de
los españoles pechos, el Sr. Auñón, en La Voz del
Litoral , escribía hermosos artículos combatiendo
tan erróneo criterio, y revelaba con tal previsión
los peligros futuros, que al leer hoy sus trabajos
parecen escritos para estos tiempos.
La suerte ha querido que en las circunstancias
dificilísimas que previó hace veinte años le toque
á él gobernar como ministro de Marina. Al serlo
demuestra que no se limita á la estéril misión de
lamentar las consecuencias de ajenos yerros con
la triste satisfacción de haberlos señalado de an¬
temano, sino á la de emplear la acción eficaz que
tienda á su posible enmienda , aceptando un
puesto tanto más honroso , cuanto más difícil se
presenta.
Su amor á la patria, su entusiasmo por las glorias
de la Armada y el apremiante estímulo de la con¬
ciencia del deber, bastan seguramente para inspi¬
rar al nuevo Ministro en su ardua empresa; pero
á su clara inteligencia no puede ocultarse que para
alentarle en su penosa tarea le rodea y le acom¬
pañará en sus nobles iniciativas la simpatía y la
esperanza de toda España, deseosa como nunca de
enaltecer y premiar legítimos éxitos.
•
« «
MEDALLA (UN MEMORATIVA
del IV centenario del descubrimiento del camino de las Indias.
A estas líneas acompaña el dibujo de la medalla
oficial aprobada por la Gran Comisión Ejecutiva
del centenario del descubrimiento del camino de
las Indias por Vasco de Gama.
El dibujo de la medalla es de D. JManuel Pedro
de Feria Luna, oficial del ejército portugués, y
ha sido modelada por el escultor italiano Giovani
Crutofanetti. El busto de Vasco de Gama es copia
fiel de un retrato antiguo que existe en la Socie¬
dad de Geografía de Lisboa. Por su objeto y lo ar¬
tístico de su ejecución, se considera esta medalla
como muy notable.
4 4
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS ESTADOS UNIDOS.
Vistas parciales de San Juan de Puerto Rico (pág. 296;.
El comodoro Sampson, que no parece que tiene
en estrategia naval aquella portentosa habilidad
que demostró para zurcir informes como el del
Mame , viene siendo objeto de censuras de sus
propios paisanos, y bajo el apremio de la opinión
se decidió el 12 del actual á conquistar de una vez
á Puerto Rico. Once barcos se presentaron en la
madrugada de dicho día frente a la bahía de San
Juan de Puerto Rico, rompiendo el fuego sin pre¬
vio aviso, según el nuevo derecho internacional
de los sensibles filántropos yankees .
Hicieron fuego el lowa , el Indiana , el New
York , el Detroit , el Cincinnati , el Macblehead , el
Montgomery , el yate Mayjlower, y los monitores
P tiritan y Terror .
Contestaron enérgicamente las baterías de la
plaza, y algo después de las nueve de la mañana
retiráronse los terribles conquistadores sin con¬
quistar nada, y llevando á remolque uno de sus
grandes barcos con averías de importancia.
Los daños que en la plaza causó el bombardeo
no tuvieron gravedad, y las bajas consistí eroín en
varios paisanos heridos; dos muertos y tres heri¬
dos de la guarnición y voluntarios.
El Gobernador general de Puerto Rico, al comu¬
nicar este hecho, elogió calurosamente la sereni¬
dad y entusiasmo que demostró la población civil,
y lo satisfecho que quedó del brillante comporta¬
miento de todos.
Damos en la citada página tres vistas de San
Juan de Puerto Rico, situado, como es sabido, en
la costa Norte, y defendido principalmente por
los castillos del Morro y San Cristóbal. El prime¬
ro domina la entrada del puerto; el segundo ocupa
una altura en el ángulo Nordeste del recinto for¬
tificado.
Vista desde la bahía la ciudad de San Juan,
ofrece cierto parecido con Cádiz. El peñón en que
se asienta forma un plano inclinado que baja sua¬
vemente hacia el puerto. La isleta está unida al
resto de la isla por el puente de San Antonio, cerca
del cual se halla la punta del Escambrón y el fuerte
de San Jerónimo, que dominan por aquel lado
el mar.
*
4 4
LA DEFENSA DE CIENFUEGOS.
Dibujo de M. Alcázar <pág. 297).
El dibujo de M. Alcázar reproduce una escena
del ataque á Cien fuegos, vigorosamente rechazado
por nuestras tropas.
Cuatro barcos de guerra norteamericanos situa¬
dos á barlovento de la Boca de Cienfuegos, hicie¬
ron innumerables disparos de cañón de varios ca¬
libres.
Al mismo tiempo, varias lanchas de vapor se
destacaron de entre los barcos de guerra enemi¬
gos remolcando ocho grandes barcazas, que, á lo
que parece, venían llenas de armas y municiones
para los rebeldes.
Aproximáronse las lanchas con las barcazas
hasta muy cerca de tierra.
En la costa había varios batallones de Infante?
ría dispuestos convenientemente, que comenzaron
á hacer fuego sobre las naves enemigas.
Estas se detuvieron en su avance y aguantaron
un breve rato el fuego.
Después se retiraron rápidamente.
Al mismo tiempo, una batería que hay en el faro
de Cienfuegos y una pieza de artillería de cam¬
paña colocada en la costa, dispararon sobre los
yankees y haciéndoles alejarse mucho más.
Nuestras tropas tuvieron cuatro soldados he¬
ridos.
La caseta de amarre del cable que va de Cien-
fuegos á Batabanó y de Cienfuegos á Tunas, fué
destruida por un disparo de cañón de los barcos
de guerra norteamericanos.
Estos se situaron entonces á sotavento de la
Boca de Cienfuegos y repitieron un fuerte ca¬
ñoneo.
Entretanto, las lanchas de vapor y las barcazas
por ellas conducidas fueron á colocarse frente ai
embarcadero del río Arimao, entre éste y la Punta
del Gavilán.
También había allí tropas.
El general Aguirre, conocedor del intento de
los yankees y había dispuesto en el lugar citado dos
batallones.
Por dos veces intentaron las barcazas el desem¬
barco, y otras tantas hubieron de retirarse.
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VISTAS PARCIALES DE SAN JUAN DE PUERTO RICO
L • ' guerrillas españolas rechazando el desembarco de las tropas norteamericanas
EN LA COSTA DE CIENFUEG03 (CUBA).
(Dibujo do M. Alcázar.)
$93 — n.* xix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mato 1898
Mr. WlLLIAM EVART GLADSTONE
ILUSTRE ESTADISTA INGLÉS.
Nadó en Liverpool el año 1800; f en Hawarden el 10 del corriente.
(De fotografía.)
12,350 de puntal, 7,85 de calado, 9.235 toneladas
de desplazamiento, y velocidad máxima de 20 mi¬
llas; el PélayOy de igual clase, 102 metros de es¬
lora, 20,2 de manga, 14,45 de puntal, 7,35 de cala¬
do, 9.917 toneladas, y velocidad de 16 millas; el
crucero Vitoria , de 90,17 metros de eslora, 17,34
de manga, 8,87 de puntal, 8,60 de calado, 7.250
toneladas, y 11 millas de andar; el Alfonso XIII ,
crucero de primera clase, de 96,57 metros de es¬
lora, 15,45 de manga, 9,91 de puntal, 6,10 de cala¬
do, 4.826 toneladas, y velocidad de 20 millas.
Figuran también en el grabado el aviso Giralda ,
que hemos descrito recientemente, y los destruc¬
tores de torpederos Audaz , Osado y Proserpina,
del tipo de 65,056 metros de eslora, 6,705 de man¬
ga, 3,962 de puntal, 380 tone¬
ladas, y 30 millas de velocidad
por hora.
Según las últimas noticias,
irán á Filipinas los acoraza¬
dos Pelayo y Carlos V; los
cruceros Patriota y Rápido ;
los auxiliares Alfonso XII y
Antonio López, dos ó tres des¬
tructores y el aviso Giralda .
Después se procurará orga¬
nizar lo más rápidamente po¬
sible otra escuadra con la
Vitoria, la Numancia , el Al¬
fonso XIII , el Audaz y otros
barcos auxiliares que se están
armando.
MR. CHAMBKRLAIN,
ministro de las Colonias de Inglaterra
(pág. 303).
BELLAS ARTES.
¡Adiós!, dibujo de M. Picolo (pAg. 304).
La escena conmovedora que el dibujo de Picolo
interpreta, es de palpitante actualidad. La partida
del vapor que lleva á su bordo el sér querido, ha
sido siempre motivo de tristeza para la pobre fa¬
milia que ve perderse en el horizonte el penacho
de humo que parece su postrera despedida; pero
es aún más triste cuando á los riesgos del mar se
Cuando por segunda vez trataban de aproxi¬
marse á tierra, les alcanzaron muchos disparos de
Mauser de nuestros soldados, que les causaron
bastantes bajas , según se pudo apreciar por la
agitación de los tripulantes de las barcazas y de
las lanchas de vapor.
MR. WlLLIAM EVART GLADSTONE (PAG. 298).
El lunes 19 del corriente, á las cinco de la ma¬
ñana, expiró en su castillo de Hawarden el ilus¬
tre estadista que durante sesenta y seis años ha
tomado parte importantísima en la política de la
Oran Bretaña. Imposible encerrar en los reduci¬
dos límites de esta sección una
biografía de Gladstone, pues
sería necesario referir la his¬
toria de Inglaterra de más de
medio siglo. Nació en Liver¬
pool en Diciembre de 1809, de
rica familia, y apenas terminó
sus estudios en el Colegio de
Eton y en la Universidad de
Oxford, fué elegido diputado
por la protección del Duque
de Newcastle. Muy pronto se
revelaron en el Parlamento
sus dotes oratorias, y sir Ro¬
berto Peel le nombró en 1834
lord de la Tesorería. En los
comienzos de su vida política
se señaló como conservador.
Poco después, como adver¬
sario del gabinete Melbourne,
tomó parte en las apasiona¬
das polémicas de carácter re¬
ligioso, y proclamó la necesi¬
dad de una religión del Estado
en un libro que causó impre¬
sión profunda.
Vuelto al poder Peel en
1841, nombró á Gladstone
miembro del Consejo priva¬
do, y le encargó de estudiar
la revisión general de las ta¬
rifas, estudio que convirtió al
futuro jefe del partido libe¬
ral en librecambista decidido
y apasionado.
En 1845 fue nombrado mi¬
nistro de las Colonias; y ha¬
biendo tenido que renunciar
el cargo de diputado por
Newarck, no fué reelegido por
haber modificado sus opinio¬
nes y haber iniciado la evo¬
lución que le alejó, andando
el tiempo, de las filas de los
conservadores.
Ya en 1847 fué considerado
en la Cámara como uno de los
jefes del partido conservador.
En 1866, la situación de Ir¬
landa era grave, en términos
de que Gladstone se creyó obli¬
gado á pedir al Parlamento
medidas de represión, incluso
la supresión del Habeos cor -
pus. Pasado poco tiempo, pidió
desde los bancos de la oposi¬
ción la separación de la Iglesia
y del Estado en Irlanda, y que los recursos pecu¬
niarios que esta reforma dejara en manos del Go¬
bierno se emplearan en mejoras beneficiosas para
el pueblo irlandés. Obtuvo mayoría en la Cámara
de los Comunes, pero fué derrotado en la de los
Señores, comenzando entonces (1868) su primera
campaña para mover la opinión en favor de Ir¬
landa. En 1870 presentó á la Cámara el Irhis land
bilí , inspirado en sus ideas de reforma agraria en
Irlanda, y cuatro años después, ai pedir la refor¬
ma de la Instrucción Superior en esta isla, fué
derribado por los conservadores.
En 1880 volvió á gobernar, teniendo por artículo
principal de su programa la supresión de las se¬
veras medidas de represión adoptadas en Irlanda
por el Gobierno anterior. Presentó un proyecto
de ley que favorecía mucho á los infelices colonos
irlandeses, pero rechazáronle los Señores, con lo
que la agitación fué aumentando en Irlanda en
términos de que Gladstone tuvo que mostrarse
muy enérgico con los levantiscos, lo que le hizo
perder el apoyo de Parnell. Sin desanimarse por
ello, llevó al Parlamento su bilí de la reforma
agraria, pero también fué vencido.
En Irlanda iban tomando las cosas muy mal as¬
pecto, siendo asesinados en Mayo de 1882 el lord
gobernador Cavendish y su secretario. Volvió
Gladstone á presentar en 1884 otra ley favorable
á la isla, la de reforma electoral, y si bien cayó
del poder, fué para ocuparle de nuevo al poco tiem¬
po. Entonces presentó al Parlamento su famoso
bilí de la autonomía de Irlanda (8 y 16 de Abril),
en el que pedía para ella Parlamento y Ministerio
propios (menos los de Guerra, Hacienda y Estado),
y completa independencia en los negocios inte¬
riores. A esto se añadía un proyecto de compra de
las tierras de los grandes propietarios, para repar¬
tirlas entre la población rural más necesitada.
Derrotado el proyecto por 341 votos contra 311
(8 de Junio de 1886), apeló ante la opinión públi¬
ca, disolviendo la Cámara y convocando á elec¬
ciones generales, en las que fue vencido.
En la oposición comenzó esa admirable cam¬
paña de Irlanda, en la que ha probado el vigor de
su palabra, la claridad de su talento y la robustez
física de su organismo, que á los ochenta y cuatro
años le permitía pronunciar discursos de dos y
tres horas con el fuego y la voz de un joven de
veinticinco.
La personalidad de Gladstone continuó influ¬
yendo poderosamente en la política inglesa aun
después de retirarse á la vida privada, deseoso del
apacible descanso después de tantos años de ac¬
tiva labor.
Rodeado de su familia ha muerto el greaf oíd
man , á los ochenta y ocho años, produciendo su
muerte gran sentimiento, no solamente en Ingla¬
terra, sino en todas las naciones que reconocían
los indiscutibles méritos del gran estadista, escri¬
tor eminente y hombre modelo de virtudes públi¬
cas y privadas.
*
« o
ESCUADRA DE RESERVA FONDEADA EN TAPIZ (TÁGS, 300 Y 301).
Con el nombre de escuadra de reserva se ha
designado hasta ahora la que se halla en las aguas
de Cádiz al mando del contraalmirante Cámara.
Nuestro grabado en doble página representa el
acorazado de primera clase Carlos V , buque de
acero de 115,82 metros de eslora, 20,42 de manga,
Pocas personalidades des¬
piertan hoy la pública curio¬
sidad en tan alto grado como
el ministro inglés Mr. Cham-
berlain , con ocasión de su
discurso pronunciado en Bir-
mingham el 12 del corriente.
El antiguo radical, hoy in¬
fluyente conservador; el con¬
tramaestre de antaño, hoy
tan refinado dandy que reci¬
be cada quince días de Vene¬
zuela las más extrañas orquí¬
deas para el ojal de su levita,
ha hablado de la alianza de
Inglaterra con los Estados
Unidos en los siguientes tér¬
minos:
«Jamás han sido más fuer¬
tes que ahora los lazos que
unen á la metrópoli con sus
posesiones.
»8i se ha atendido á esa
primordial obligación, ¿qué
es lo que ahora nos resta? Es¬
tablecer y conservar los vín¬
culos de una amistad duradera
con nuestros parientes de
allende el Atlántico.
»Constituyen hoy una na¬
ción generosa y potente. Su
idioma es nuestro idioma, su
raza nuestra raza; sus leyes,
su literatura, su criterio so¬
bre determinadas cuestiones son exactamente los
del pueblo inglés; sus sentimientos é interés por
la causa de la humanidad y el pacífico desarrollo
del mundo, preséntanse idénticos á nuestros sen¬
timientos y tendencias.
»No sé lo que nos tiene reservado el porvenir;
ignoro qué alianzas nos serán posibles; mas ésta,
hecha con el consentimiento de ambos pueblos,
creo superaría á cualquiera otra por muchos con¬
ceptos. Convendría igualmente á Inglaterra, á los
Estados Unidos y al mundo. Mucho decir es; peio,
en mi opinión, y no obstante lo terrible de la gue¬
rra, resultará ésta un factor barato si en pro de
una causa noble y grande llegaran á ondear juntas
las banderas de ambas naciones, unidas por la
alianza anglo-sajona.»
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22 Mayo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xix — 299
unen los peligros de la guerra. Sagrado es el de¬
ber de combatir por la patria; pero ¡cuántas amar¬
guras causa en los humildes hogares la guerra que,
sin razón ni derecho, ha encendido la codicia de
nuestros enemigos!
• •
EL CRUCERO «CONDE DEL VENADITO» (PAG. 305).
El Conde del Venadito es un crucero no prote¬
gido de segunda clase, de casco de hierro; mide
63,85 metros de eslora, 9,73 de manga y 5,34 de
puntal, desplazando 1.189 toneladas. La fuerza de
t>u máquina es de 1.500 caballos indicados, tiene
una hélice, anda 13 millas por hora, y su radio de
acción es de 2.600 millas.
Consiste su armamento en cuatro cañones Hon-
toria de 12 centímetros, dos de 7, dos de 5 y cuatro
de 4, y dos tubos lanzatorpedos.
Su dotación es de 180 hombres, siendo coman¬
dante del barco D. Esteban Arriaga, capitán de
fragata.
• •
ENTRADA DEL PUERTO DE LA HABANA (PÁG. 305).
Publicamos la vista de la entrada del puerto de
la Habana, con ocasión del hecho brillante reali¬
zado por los cruceros españoles Conde del Vena -
dito y Nueva España , contra los bloqueadores nor¬
teamericanos, el 14 del corriente.
Según noticias telegráficas, á las cuatro de la
tarde salieron de la Habana nuestros barcos, dis¬
puestos á combatir con los buques norteamerica¬
nos que bloquean aquellos sitios.
La noticia circuló con rapidez, produciendo la
natural impresión.
Pronto se vió todo el litoral lleno de gente que
despedía á nuestros dos pequeños buques con gran
entasiasmo.
Estos hicieron rumbo hacia el sitio en que se
hallaban los enemigos.
Por momentos aumentaba la emoción de los cu¬
riosos que presenciaban desde tierra los movi¬
mientos de los buques.
Componían la flota enemiga que se iba á com¬
batir cinco buques mercantes armados y dos cru¬
ceros de tipo medio.
Hallábanse á respetable distancia del puerto, y
al ver á nuestros buques notóse que se disponían
á maniobrar.
Los nuestros avanzaron en su busca unos 14 ki¬
lómetros.
Todos los buques yankees se pusieron en movi¬
miento precipitadamente, y comenzaron á descri¬
bir zlszas, como si quisieran rehuir el combate á
que se les provocaba.
Entonces el Venadito y el España , colocándose
en línea, rompieron el fuego, siendo contestados
débilmente por el enemigo.
Nuestros buques dispararon veinte cañonazos
cada uno.
Los yankees sólo hicieron fuego ocho veces, em¬
prendiendo la retirada á toda velocidad hasta per¬
derse de vista muy pronto.
Uno llevaba averías, á juzgar por las dificultades
con que maniobraba.
Nuestros buques no experimentaron la menor
novedad, regresando al puerto á las ocho de la
noche.
El pueblo entusiasmado les tributó una caluro¬
sísima ovación.
Cuéntase, como detalle curioso y altamente sim¬
pático, que siguiendo á nuestros buques de guerra
salieron del puerto tres remolcadores llenos de
gente, y que durante el cañoneo estuvieron muy
cerca presenciando el combate y saludando con
vivas á nuestros bravos marinos.
• •
EL CAÑONERO TORPEDERO «NUEVA ESPAÑA» (PAG. 308).
El Nueva España . Es este barco un crucero tor¬
pedero con casco de acero. Mide 58 metros de es¬
lora, 7 de manga y 4,22 de puntal, desplazando
630 toneladas.
La fuerza de su máquina es de 2.400 caballos,
tiene dos hélices, y anda 19 millas por hora, siendo
su radio de acción de 2.700 millas.
Su armamento consiste en dos cañones Honto-
ria de 12 centímetros, cuatro Nordenfelt de 37 mi¬
límetros, una ametralladora Nordenfelt de 11 mi¬
límetros y dos tubos lanzatorpedos.
Su dotación se compone de 81 hombres, estando
el barco mandado por el teniente de navio don
Eduardo Capelástegui.
' ; Cabidos Luis d^j Cueno/C
EFECTOS DEL CORSO.
II.
'^m L resultado conseguido con el armamen¬
to de naves de particulares; el enorme
daño causado al comercio de los ene¬
migos, con el que vino el nuestro á
beneficiarse, y por el que se aceleró
5 el fin de la guerra con la Gran Bretaña,
' no acabaron con los escrúpulos del Go-
bierno de Felipe IV, ni menos desarraigaron
s la antigua prevención contra los abusos que
difícilmente pueden evitarse otorgada licen¬
cia de aplicar el derecho elástico de los beligeran¬
tes en espacio ilimitado, fuera de la vista y del
alcance de los llamados á poner inmediato correc¬
tivo. Por ello se restringió la concesión de paten¬
tes de corso á los mares de Europa, prohibiendo
ejercitarlo en los de las Indias.
Bien mirado, algo más que la consideración y
el respeto á la propiedad de los neutrales influyó
en la determinación. Temíase que los armadores,
aislados ó en compañía, aprovecharan la libertad
dé acción para llevar y traer mercancías; para ir,
en una palabra, contra el monopolio comercial es¬
tablecido en las colonias y con suspicaz política
guardado.
Para prescindir de estas reservas, para dar oídos
á la insistente petición de los gobernadores, de
los pueblos y aun de los mercaderes privilegiados,
fué menester que, empeorando sin términos de
comparación el estado de los asuntos nacionales
en el reinado siguiente de Carlos II, llegara el
caso de no poder dormir en mar ni en tierra, los
que por aquellas regiones habitaban, sin temor de
despertar cautivos.
Muchedumbre de foragidos, escoria del mundo,
apoyada por las naciones más cultas y fuertes con
tal de destruir ó debilitar á la nuestra, se había
instalado en las Antillas menores, transformán¬
dolas en nidos de piratas donde se incubaba la
desolación. Horroriza el relato de atrocidades in¬
creíbles que cada día cometían impunemente,
anulado el poder naval con que sólo se hubiera
podido tenerlos á raya. Ni las ciudades muradas
estaban seguras contra el ataque de piratas en le¬
gión de miles, cuanto más los pueblos abiertos, las
haciendas ó las estancias del campo.
Oídos al fin en la corte de España los lamentos
de tantos lastimados, acabó la vacilación, suscri¬
biendo el Gobierno el recurso que como eficaz con¬
tra los males se le proponía: el corso; el medio
que, sin reñir con los de economía, iba á propor¬
cionar á las Indias naves de combate sin sostener¬
las el Estado; la resolución que, prescindiendo del
sistema defensivo casi siempre adoptado en nues¬
tras guerras, y siempre desastroso y fatal en ellas,
azotara á los malhechores.
No se trataba de perseguir buques cargados de
mercaderías, ni de herir en los intereses á un ene¬
migo franco: se había de hacer uso de la medica¬
ción por el sistema futuro de Hahnemann; el corso
contra el corso, lo cual requería fórmulas especia¬
les discurridas en la ordenanza dada á 22 de Fe¬
brero de 1674 con 19 artículos, cuya esencia era:
Las presas se repartirían conforme al tercio viz¬
caíno en la antigua marina de Castilla. Los piratas
aprehendidos habían de ser castigados como tales.
Hacíase merced por la Corona del quinto de su
derecho, así como del casco, artillería, armas y
efectos de cualquier especie. Serían entregados los
prisioneros para hacer justicia. Ninguna autoridad
percibiría parte ni joya de las presas. Estas se
podrían vender en cualquier puerto sin pago de
alcabalas ni de ningún otro tributo. Se reputarían
los servicios en los navios corsarios como hechos
en la armada Real. Gozaría la gente de las preemi-
nencias de la milicia.
Los resultados de esta ley, la más liberal de las
que en el particular han regido, han de verse en
el libro de Oexmelín, actor y cronista de los fili¬
busteros, refiriendo el daño que causó á sus com¬
pañeros, por aquellos españoles que se lanzaban á
la mar decididos á despojar al ladrón, con la segu¬
ridad de repartirse en el acto lo ganado, sin pro¬
cesos, diligencias, liquidadores oficiales, dilaciones
ni filtraciones; y por cierto dice que no les dieron
tanto que sentir los cruceros de 30 y 40 cañones,
como ciertas embarcaciones construidas expresa¬
mente para buscarlos en sus guaridas; embarca¬
ciones velocísimas, que á lo sumo llevaban 120
hombres.
‘TTsto* ocurrió en el mar de las Antillas, seno
mejicano y Costa- Firme; en el mar Pacífico, donde
los filibusteros aparecieron más tarde, se les aplicó
(1) Véase el núm. XVII. página 270
el mismo remedio después de ensayar los co¬
munes.
Corriendo el año 1684 habían formado los faci¬
nerosos dos escuadrillas ó cuerpos independientes:
uno de diez naves con 1.100 hombres bien arma¬
dos, otro de lanchas y piraguas con 500 tripulan¬
tes. Corrían las aguas desde California hasta Chi¬
le; hacían estación en las islas desiertas; sorpren¬
dían de noche á los pueblos y ponían á saco toda
la costa. Los interesados en el tráfico determina¬
ron defenderlo armando bajeles, con los que tu¬
vieron no pocos encuentros; mas, como antes va
dicho, mientras sólo á la defensa estuvieron, nada
se adelantó de provecho. Ocurrió entonces la idea
de la asociación con objeto de formar escuadrilla
que no tuviera otro objeto que la persecución de
los piratas, y ya fué distinto.
Ocho representantes de la Compañía, tres caba¬
lleros de hábito, tres capitanes y dos sin título
oficial, pidieron al Virrey la autorización para
constituirse con estas condiciones principales:
Armar escuadra con nombre de Nuestra Señora
de la Guía. — Que por cuenta de S. M. se les faci¬
litara artillería, municiones y armas portátiles,
obligándose á la devolución y á satisfacer el valor
de lo que faltara. — Que el Virrey expediría títulos
de capitanes y oficiales á los propuestos por la
Compañía. — Que las presas se adjudicarían á la
misma. — Que los buques no pudieran ser deteni¬
dos ni empleados por las autoridades. — Que la
Compañía tendría absoluta independencia en gas¬
tos y cuentas. Sin embargo de la última cláusula,
haciendo el Virrey el debido elogio de la Asocia¬
ción, escribió en su Memoria oficial:
« Aunque la fineza con que obraron estos vasa¬
llos haciendo una compañía en que pusieron vo¬
luntariamente sus caudales puso en ninguna obli¬
gación de dar cuenta, quisieron que yo la viese de
todo, y la pusieron en mis manos tan bien ajus¬
tada que admiró la puntualidad y el costo, pues
para mantener esta escuadra en dos años tiene des¬
embolsados la compañía 5.060.000 pesos hasta el
día que me trajeron la cuenta y se han continuado
los gastos, porque aun la están manteniendo.»
Dinero bien empleado: los piratas, viendo el
negocio en baja, duramente escarmentados con
persecución incesante, perdidos los buques mayo¬
res, teñiendo que andar escondidos y malparados,
desaparecieron del Pacífico.
Apreciando sin duda enseñanzas parecidas por
las que puede estimarse el verdadero valor del ele¬
mento complementario de las marinas de guerra,
es como ha escrito el marino ó ilustre historiador
italiano Augusto V. Vecchi: Felice la contrada
che produce corsari!
Cesáreo Fernández Duro.
DIN 3D-A.iT 3D03ST.
I.
cííSSEví
^ ; STOS tres «sonoros» monosílabos, que
parecen un toque de campanas, son
caprichosa expresión de un antiguo y
conocido proverbio español: «Dineros
dan calidad», confirmado por aquel
otro refrán no menos sabido ni menos
añejo que dice, volviendo la oración por
pasiva: «Mal suena el don sin el din.»
Jy' La risible vanidad humana, no satisfecha
con dividir á los hombres en razas, en cas¬
tas, en clases y en jerarquías, como si todos no
tuvieran el mismo abolengo, ha estado siempre
inventando trajes, insignias, motes y distinciones
para subdividirlos, pretendiendo poner á sus fa¬
vorecidos «señales visibles» á fin de que no se con¬
fundan con los demás.
Pero á la vanidad de las palabras, de los títulos,
de los pergaminos, de los oropeles y de los cinta-
jos, que siempre tuvo mucho de ideal y de fantás¬
tica, salió una terrible competidora más pode¬
rosa y sobre todo más « positiva » : la vanidad de
las riquezas, que no sólo tuvo fuerzas bastantes
para sostener la competencia con aquélla, sufrien¬
do sus burlas y desprecios, sino que alcanzó ím¬
petu suficiente para invadir sus dominios y para
apoderarse de sus dictados y de sus prerrogativas,
unas veces por derecho de conquista, otras por
tratados de «alianza», y no pocas por «vulgares»
escrituras de compra-venta.
El más empingorotado título de la nobleza más
rancia por sólo su título, no logra hacer ni encon¬
trar una peseta para un remedio: un ricachón
cualquiera de la más baja estofa «se hace» sin
grandes dificultades con el título más pomposo y
rimbombante y con todos los dictados, tratamien-
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I
Aviso Giralda.
Osado.
Vitoria.
Pelayo .
ESCUADRA DE RESERVA
(DIBUJO de a,
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i
ii
t
\
\
Audaz- Alfonso XIII.
FONDEADA EN CÁDIZ.
^ p£ Ai DE CAULA.)
Carlos V.
Proserpina.
4
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302 — n.° xix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mato 1898
tos, honores y condecoraciones que se le antojen,
si se decide á deshinchar la bolsa para hinchar
por ese medio la vanidad.
Y como por todas partes se va á Roma, por mu¬
chos caminos puede llegarse á la «nivelación so¬
cial» y puede volverse á la natural igualdad de to¬
dos los hombres, que tanto da, para igualarlos en
ese punto, suprimir todos los títulos como dar un
título á cada uno. Si todos los habitantes de un
país se llamaran «reyes», ¿habría menos igualdad
que si todos se llamaran «ciudadanos»?
Buena prueba de ello es lo ocurrido con el Don ,
que si en otros tiempos sonaba mal sin el din, hoy
suena bien hasta «con el Turuleque», contradi¬
ciendo otra vieja y sabidísima frasecilía popular.
¿Quién no tiene hoy Don?
¿Quién no «disfruta» en nuestros tiempos de
ese «título honorífico y de dignidad que se daba
antiguamente á muy pocos, aun de la primera no¬
bleza, que se hizo después distintivo de todos los
nobles, y que ya no se niega á ninguna persona
decente», según rezan algunos diccionarios, aun¬
que en «eso de decente» pueda haber sus más y
sus menos?
Lo cierto es que hoy el Don á nadie se le niega,
aunque no tenga din, ó, según dijo el otro, aunque
no tenga algo , como antaño hacía falta tenerlo, á
juzgar por lo que afirma este repetidísimo epi¬
grama:
Vuestro Don, señor hidalgo,
Es el don del algo-dón ,
El cual para tener don
Necesita tener algo.
Hoy todos tenemos Don , y el Don del nombre
es ya más general y corriente que el don de errar ,
con serlo este tanto que «hasta en latín» se ha di¬
cho, y solemos repetirlo de estas dos maneras:
Errare humanum est , y Hominis est errare, insi -
pientis vero perseverare .
Hoy, al que no se concede el Don de palabra se
le da por escrito, cuando menos en los sobres de
las cartas, en las fajas de los periódicos, en las
circulares anunciadoras de los comerciantes y en
las circulares de los candidatos en épocas electo¬
rales, y al último pelagatos se le encaja su Don
correspondiente impreso ó manuscrito, si no se re¬
macha, que sí es costumbre remacharlo, con el
usual «pleonasmo bilingüe» de Señor Don .
Porque Don ó Dom, como se escribía antigua¬
mente, no es otra cosa que abreviatura de la pala¬
bra latina Dominus, que equivale á el Señor , nom¬
bre que, por antonomasia, en un principio sólo se
daba á Dios; después, por extensión, se dió á los
Romanos Pontífices, representantes de Dios en la
tierra; más tarde lo usaron los reyes, por no ser
menos; dióse luego, en lo eclesiástico, á obispos,
abades y altas dignidades de la Iglesia, y en lo
secular á los nobles, á los grandes y á los guerre¬
ros que realizaban heroicas hazañas, hasta que al
fin el nombre dado en un principio exclusiva¬
mente á Dios, ha llegado á ser «patrimonio» de
todos los hombres, acaso pérque todos los hom¬
bres hemos llegado á figurarnos que somos dioses.
Lo más curioso es que, aun á aquellos á quienes
por su condición ó por su calidad no se les quiere
llamar señor en latín, se les llama don ó dominus
en castellano, y antes y ahora no ha llamado la
atención el decir á un sirviente, sobre todo si era
entrado en años, <tel señor Fulano ó la señora
Mengana», y parecería estupendo y ridículo lla¬
marles « doña Mengana ó don Fulano».
La historia de la «decadencia del Dona, que es,
por singular contraste, la de su mayor extensión
por el mundo, ofrece algunos pormenores muy
curiosos.
En el siglo XI JI «todavía», el maestro Gonzalo
de Berceo, en la Introducción á la Vida del glo¬
rioso confesor Santo Domingo de Silos, da ese tí¬
tulo al hijo de Dios en aquellos versos con que co¬
mienza su obra:
En el nomine del Padre que fizo toda cosa
Et de don Ihesucristo, fijo de la gloriosa .
como también lo hace en el «Duelo que fizo la
Virgen María el día de la pasión de su fijo», donde
dice:
Los ángeles del qielo lis facien compannía;
Dt> líense de don Xpo ( CrUto), doliense de María.....
Ya en el siguiente siglo, Juan Ruiz, el famoso
arcipreste de Hita, lo aplica á dom Júpiter, que,
aunque mitológico, al fin y al cabo también había
sido llamado «dios»; pero en el siglo xvn D. Fran¬
cisco de Quevedo da al dinero ese tratamiento en
su popularísima letrilla que comienza:
Poderoso caballero
Es don dinero.
No hay\ que creer por ello que el dinero había
sido antes menos querido y reverenciado. Ya el
mencionado Arcipreste, como otros escritores, ha¬
bía ponderado el poder del dinero, y había escrito
lo siguiente, amén de otras chistosas y atrevidas
frases en su «Ensiemplo de la propiedat que el di¬
nero há» :
Sea un orne nes<?io e rudo labrador,
Los dineros le fasen fidalgo y sabidor,
Quanto mas algo tiene tanto es mas de falor,
El que non ha dineros non es de si sennor .
El fase caballeros de nespios aldeanos,
Condes e ricos ornes de algunos Tíllanos,
Con el dinero andan todos los ornes lozanos
Cuantos son en el mundo le besan hoy las manos .
Claro está que si el dinero lograba todo eso y
mucho más para los que lo poseían, nada tiene de
extraño que consiguiera para sí el don que podía
dar á los demás.
Por eso no debe sorprender que en sus versos
le aplicara el Don nada menos que Don Francisco
de Quevedo, quien al mismo tiempo en su Visita
de los chistes zahería la «profusión» con que el Don
se concedía y la facilidad con que cualquiera lo
tomaba para sí.
«Es de advertir, dice Quevedo en aquella obra,
que en todos los oficios , artes y estados se ha in¬
troducido el Don en hidalgos y en villanos. Yo he
visto sastres y albañiles con Don, y ladrones y
galeotes en galeras; pues si se mira en las ciencias,
en todas hay millares; sólo de los médicos nin¬
guno ha habido con Don, pudiéndolo tener mu¬
chos; mas todos tienen don de matar, y quieren
más don al despedirse que D*n al llamarlos.»
Lo que no se explica fácilmente es cómo podía
ser tan ambicionado y tan pretendido ese Don de
que muchos se apoderaban, exponiéndose á burlas
y á castigos, cuando era título tan vano, inútil y
mal aplicado, que lo desdeñaban muchos hombres
de ciencia y se lo encajaban ladrones y galeotes.
Por si alguno piensa que el dicho de Quevedo es
exageración satírica del escritor mordaz, sirva
para confirmarlo el testimonio de Fr. Juan Be¬
nito Guardiola, monje benedictino, escritor del
siglo XVI y autor del Tratado de los títulos que
hoy tienen los harones grandes y claros de España,
el cual afirma que los judíos eran los que más
afectaban dicho tratamiento, y que en su tiempo
lo usaban hasta las rameras, especialmente en
Andalucía.
¿Quién puede creer que ese Don tan prodigado
y tan mal tenido y usado por gentes tales en los
siglos XVI y xvn, era en el siglo xv merced tan
alta que D. Diego Fernández de Córdoba, conde
de Cabra, cuando los Reyes Católicos se lo conce¬
dieron con otras muchas gracias y honores, «la
estimó sobre todas, por ser una de las mayores
honras que podían recibirse de la Corona»?
¿Quién puede creer que en los tiempos de aque¬
llos Reyes, muchos encumbrados personajes y va¬
lerosos guerreros no podían anteponer á sus es¬
clarecidos nombres el ambicionado Don, sin título
especial otorgado con las fórmulas y solemnidad
de que da idea el expedido á favor de aquel pró-
cer, como premio por la prisión de Boabdil?
Para que los lectores juzguen por sí mismos,
antes de tomar conveniente descanso á fin de que
no les resulte este modesto trabajo más largo ni
enojoso, reproduciremos la copia de aquel título
tal como la inserta el Sr. Diana en sus Capitanes
ilustres:
«Don Fernando y Doña Isabel, etc. Por hacer
bien y merced á vos Diego Fernández de Córdoba,
alcayde de los Donceles, del nuestro Consejo, aca¬
tando los muchos e leales e buenos servicios que
nos habéis fecho y facéis cada día, especialmente
en la prisión del rey de Granada que vos, el conde
de Cabra fescistes, y por vos más honrar y subli¬
mar ó porque de vos e vuestros servicios quede me¬
moria e permanezca en vos y en vuestro linaje
para siempre jamás; tenemos por bien ó es nuestra
merced que agora ó de aquí adelante vos y vues¬
tros fijos y descendientes, é los que de vos ó de
ellos vinieren para siempre jamás, tengades título
de Don y vos podades llamar y intitular y llama-
des y intitulades y llamen y intitulen Don, é por
esta nuestra carta mandamos . etc.»
Felipe Pérez y González.
PORTUGAL EN ORIENTE.
LLEGADA Á LA INDIA.
El 25 de Octubre de 1495 murió de hidropesía
- D. Juan II, dejando á Portugal á las puertas de la
India. Conocíase ya el término de la jornada, sa¬
bíase el rumbo, había noticias ciertas de las rique¬
zas orientales , y empujaban además al viajero las
tradiciones marítimas y la propia política de don
Juan, que siguió viva después de muerto él, como
el alma sobrevive al cuerpo.
A poco de volver Bartolomé Días, mandó el Rey
que se hiciesen los aprestos de la expedición que
había de llegar á las costas con tanto afán busca¬
das. La junta de cosmógrafos que oyera á Colón,
compuso un derrotero que los navegantes debían
seguir para llegar seguramente ¿ su destino. Em¬
pezáronse á hacer los barcos; escribiéronse las ins¬
trucciones; quizás quedó nombrado jefe Vasco de
Gama, hidalgo de Sines, buen marino y militar,
joven animoso y áspero. Don Manuel el Afortu¬
nado lo encontró todo hecho; pero en vez de des¬
cuidar la obra por ajena, puso en acabarla el mis¬
mo empeño que si fuese propia, según claramente
se vió en las Cortes celebradas en Montemor ó
Novo á los pocos meses de fallecido D. Juan.
Los barcos fueron cuatro: las naos San Gabriel
y San Rafael, construidas bajo la dirección de
Bartolomé Días; una carabela de ochenta tonela¬
das llamada San Miguel, comprada á un piloto de
Lagos que se nombraba Berrio , y otra embarca¬
ción de doscientas toneladas para transporte.
Duarte Pacheco nos dará cabal noticia de la ex¬
pedición.
«No convenía — dice — que los barcos de este
descubrimiento y viaje fuesen muchos y grandes,
y por eso mandó el Rey nuestro señor que se hi¬
ciesen cuatro buques pequeños, de los cuales no
había de tener el mayor más de cien toneladas,
porque para tierra no sabida y tan incógnita como
aquella lo era entonces, no debían ser mayores;
é hízose esto así para que mejor pudiesen entrar y
salir en todos los parajes, lo que siendo grandes
no podrían hacer. Construyéronlos muy singula¬
res maestros y oficiales, con muy fuertes maderas
reciamente enclavadas, con triple provisión de
velamen cada nao, y lo mismo las amarras y otros
aparejos, y tres ó cuatro veces más cordelería de
la que era costumbre llevar. Los toneles y barriles,
así de vino como de agua, vinagre y aceite, fueron
todos reforzados para mayor seguridad con mu¬
chos aros de hierro, y la provisión de pan, vino,
harinas, carnes y cosas de botica, así como tam¬
bién de armas y pólvora, fue dada con la libera¬
lidad que la necesidad del caso pedía y aun mucho
más; y también fueron en este viaje los principa¬
les pilotos y mareantes, y los más sabedores del
arte de la marinería que en nuestra patria se ha¬
llaron, á los que se señalaron grandes sueldos y
otras mercedes, siendo tan bien pagados que sus
salarios aventajaron á los de todos los que la gente
de mar de las otras provincias acostumbran á te¬
ner; y tantos y tan grandes gastos se hicieron con
tan pocos barcos, que por difíciles de oir y creer
los dejo de decir por menudo, de todos los cuales
no tuvo por entonces nuestro Príncipe otra utili¬
dad que la de ser descubierta y nuevamente sa¬
bida alguna parte de aquella Etiopia, bajo Egipto
y principio de la India inferior (1).»
No iba la expedición a la aventura como cinco
años antes fuera la de Colón, sino que en el de¬
rrotero compuesto en Lisboa tenía un itinerario
minucioso, en el que todo iba señalado desde el
puerto de partida hasta el de llegada. « Llevaba
Vasco de Gama cuantas instrucciones y auxilios
podían darle la observación , la política y la cien¬
cia de aquel tiempo..... Señalósele de antemano,
como puerto de arribada, el de Calicut, para cuyo
rey llevaba una carta de D. Manuel. Reunida la ar¬
mada en Cabo Verde, engolfóse desde allí en el
Océano Austral, siguiendo un rumbo que no se
apartaba mucho del Sur, aprovechando el conoci¬
miento que se tenía de los vientos generales de la
costa occidental de Africa, contrarios á su derrota,
y de la dirección que la costa occidental, ya descu¬
bierta hasta cierta distancia por Bartolomé Días,
seguía de Sur á Norte. Llegado á la latitud meridio¬
nal aproximada del cabo de Buena Esperanza, na¬
vegó al Oeste, circunstancia que, sin disminuir el
concepto de audaz que su empresa merece, prueba
que estaba concebida científicamente. De que no
fué obra de la casualidad la determinación de tomar
aquel rumbo, dan testimonio los conocimientos
que en esta materia había entonces, el Derrotero
d¿ Vasco de Gama y las siguientes navegaciones á
la India; y si Cabral descubrió el Brasil fué por
seguir el ejemplo de Vasco de Gama, y navegar
como éh hacia el Sur, pero derivando demasiado
al Oeste. En el mar de las Indias, que le era des¬
conocido, hallamos al Almirante corriendo á lo
largo de la costa africana hasta encontrar el piloto
que le condujo á su destino, y gracias al cual le
vemos aprovecharse de las monzones, tanto en la
(1) Esmeraldo de sita orbis , libro iv, cap. ii. Publicó este pa¬
saje por primera vez el Sr. J. H. da Cuntía Rifara, en el artículo
que con el título Duarte Pacheco fió la luz en el tomo v de la
primera serle de la excelente re?ista O Panorama . El libro en¬
tero fué impreso en 1392 bajo la dirección del Sr. Rafael Eduardo
d’Aze?edo Basto. t i
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22 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA „Y AMERICANA
K.® xix — 303
ida á Calicut como en la vuelta, si bien en su
primer viaje fué más afortunado que en .el se¬
gundo (1).»
* *
La noche del 7 al 8 de Julio de 1497 pasáronla
Vasco de Gama, su hermano Pablo y Nicolás Coe-
Uo, capitán de la tercera carabela, rezando en la
capilla de Nuestra Señora de Belén, construida
por orden del infante D. Enrique. Allí oraban los
atrevidos navegantes antes de lanzarse á los peli¬
gros de la navegación en los desconocidos y pro¬
celosos mares, y allí pidieron á Dios amparo para
su empresa los descubridores de la India. En aque¬
llos tiempos de grandes hombres y de grandes he¬
chos, las almas estaban llenas de fe, y como te¬
nían altos pensamientos hallábanse más cerca del
Creador.
Al día siguiente, sábado, salieron de la capilla
Vasco de Gama y los suyos, y dirigiéronse al Tajo
en procesión, llevando cada uno un cirio en la
mano. Inmensa muchedumbre entusiasmada con¬
templaba la ceremonia. El Rey se llegó hasta los
buques en un bote. Al partir la armada, las voces
de los que en tierra estaban atronaron el espacio,
á las que respondían los navegantes
con alegres gritos de despedida.
Impelida por suave brisa salió del
Tajo la armada, acompañada de la ca¬
rabela en que Bartolomé Días iba á la
costa de Mina. El 15 llegaron á las Ca¬
narias, el 26 á la isla de la Sal (Cabo
Verde), y á primeros de Noviembre
fondearon en la bahía de Santa Elena,
á pocas leguas del cabo de Buena Es¬
peranza, al que dieron vista el 19 de
dicho mes. El poder de encontrados
vientos y alborotados mares les impi¬
dió doblarlo hasta el 22; pero hallando
mejor tiempo del otro lado, navegaron V
sin detenerse hasta la ensenada de
San Blas, en la que se detuvieron tre¬
ce días, tiempo que Vasco de Gama
empleó en quemar el transporte, se¬
gún se le mandaba en las instruccio¬
nes que llevaba, y repartir la carga
entre los otros barcos. La tierra era
buena, y los naturales de muy apacible
condición. Hasta el 15 no traspuso la
armada el último paraje descubierto
por Bartolomé Días.
De allí en adelante navegaron por
mares desconocidos, empujados por
contrarios vientos y corrientes, mal¬
tratados por furiosas tempestades, y
tan á punto de perecer que hubo inten¬
tos de asonada, dominados luego por
Vasco de Gama con grandísima ener¬
gía. El 10 de Enero de 1498 volvieron
á ver tierra. Hallábanse en la costa
oriental del continente, junto al río
Inhambane, al que llamaron del Co¬
bre por el mucho que tenían los na¬
turales, que eran unos negros de buen cuerpo y
ánimo, bien armados. El 22 llegaron á Quilima-
ne, donde salieron muchos hombres en almadías
á ver las naos, y entre ellos había dos señores
bien vestidos, con tocas y gorros de seda, lo que,
pareciendo á Vasco de Gama señal de alguna ri¬
queza y policía, fué causa de que bautizara con el
nombre de Río dos Bons Signaos al que en aquel
paraje desemboca. H izóse á la mar la expedición
el 24 de Febrero, y fondeó en Mozambique el 2 de
Marzo, donde las buenas señales del río de Quili-
mane hallaron plena confirmación. El jeque vino
á bordo con gran pompa, siendo recibido por
Vasco de Gama con la mayor que pudo. Pidió el
Almirante prácticos para seguir su viaje, y aunque
le dieron dos escapósele uno , siguiendo á la fuga
muestras evidentes de la hostilidad del jeque. Al
que guardaron á bordo mandó azotar Vasco de
Gama por sospecha que de su fidelidad tuvo, y
que pronto se confirmaron en Mombaza, donde
hubiera acabado desastrosamente el viaje , sin la
perspicacia y serenidad de Vasco de Gama y del
piloto mayor Pero d’Alemquer.
Quedaron los portugueses sin práctico; pero al
día siguiente apresaron un barco de moros, donde
iba un comerciante viejo, hombre rico, el cual les
sirvió de mucho en Melinde, adonde llegaron á
los dos días de haber salido de Mombaza. Vasco de
Gama, siempre receloso, no entró en el puerto
hasta el 17, á pesar del buen recibimiento que el
Rey hizo á la armada. El 24 6alió ésta de Melinde
con rumbo á Calicut, guiada por un moro que
Vasco de Gama cautivó por sorpresa, y el 20 de
Mayo de 1498 fondeó en Capocate, fuertecillo in¬
mediato al que buscaba.
Vasco de Gama mandó á Calicut, distante sólo
dos leguas, uno de los galeotes que llevaba á bordo,
para correr las tierras, tomar lenguas y otras pa¬
recidas comisiones. Tropezó el portugués con unos
moros tunecinos que hablaban italiano y español,
uno de los cuales, luego que le oyó, di jóle asom¬
brado de verle:
— ¡Llévete el diablo! ¿Quién te trajo por aquí?
¿Cómo había de recibir el comerciante al nuevo
rival que, por nuevos y para él todavía desconoci¬
dos caminos, venía á disputarle las ganancias?
Explicáronse el recién llegado y los moros, y
uno de éstos consintió en ir á bordo, el cual, al
entrar en el barco de Vasco de Gama, exclamó en
portugués :
— ¡Buena ventura! ¡Buena ventura! ¡Muchos ru-
Mk. CHAMBERLAIN,
MINISTRO DE LAS COLONIAS DE INGLATERRA,
PRONUNCIANDO SU CÉLEBRE DISCURSO EN BIRMING HAM.
(De un apunte remitido por Mr. J. H.)
bies, muchas esmeraldas! Mil gracias debéis dar á
Dios por haberos traído á tierra donde hay tanta
riqueza.
Estaba acabado el viaje á la India y abierto el
mercado de las riquezas orientales.
G. Rbparaz.
(1) Roteiro da viagem de Vasco da Gama em MCCCCXCVII.
Segunda edi$ao, correcta e aumentada d'algumas observares
principalmente philologíca?, por A. Herculano e o Bario do
Casteilo de Paira. Los editores hacen estas y otras observacio¬
nes no menos interesantes.
Este derrotero no es otra cosa que el diario de viaje escrito
por uno de los compañeros de Vasco de Gama, llamado Alvaro
Velho.
CRONICA PARISIENSE.
EN LA GALERÍA DE MÁQUINAS DEL CAMPO DE MARTE.
* UZ y colores, animación y alegría, be¬
lleza y elegancia, arte, talento, ins¬
piración, genialidad, esprit parisién;
hé aquí los elementos de esta fiesta
con que París recibe la llegada de la
primavera.
La Sociedad de Artistas Franceses , que
celebraba su exposición anual en el Palacio
de la Industria, 'de los Campos Elíseos, y la
Nacional de Bellas Artes , que instalaba todos
los años su certamen en las salas de fiestas de la
última Exposición Universal, se han refugiado en
la inmensa Galería de Máquinas, huyendo de la
piqueta demoladora que abre cauce en estos mo¬
mentos á las nuevas obras del gran espectáculo
que París se dispone á ofrecer al mundo, á la lle¬
gada del siglo ya en albores.
Las dos agrupaciones de artistas, estas dos so¬
ciedades de una rivalidad por momentos efectiva,
por momentos aparente, se han reunido bajo el
mismo techo para exponer su producción; y á
guisa de mojón fronterizo hase instalado un res -
taurant en donde todos quisiéramos ver cómo un
día ambas familias convierten el mojón en mesa
redonda, y cómo al fuego del espumoso champa¬
gne se funden en una las dos agrupaciones.
Pero..... vamos á la Galería de Máquinas.
Las avenidas Bosquete de la Bourdonnais , de
Tourvilley de la Motte-Picquet y Duquesne no eran
bastante anchas para dar paso franco al número
considerable de coches que conducían á los Salo¬
nes el mundo de las primeras , de estas primeras
parisienses á las que no puede faltar el elemento
chic , que aquí es mucho, y que hace una religión
de la elegancia y de la moda tradicionales.
Los torniquetes marcadores de la entrada gira¬
ban y giraban sin cesar cual aspas de molino mo¬
vidas sin descanso por aquel vendaval humano que
se arremolinaba ante el obstáculo momentáneo
que, al girar con cric-crac acompasado, dejaría li¬
bre cauce á la impaciencia y amplio espacio en
donde exhibirse á la elegancia.
Por entre los mármoles y los bronces, los ma¬
cizos de flores y los pedestales, se esparce la con¬
currencia.
Allá, junto al busto de un patilludo magistrado,
vese un grupo de damas que dejan saltar con liber¬
tad una cascada de risas y de frases;
más lejos, al lado de la Chute (Picare ,
un mozalbete gesticula frases expli¬
cando con vehemencia no sé qué his¬
torias á una señora que luce una toi¬
lette llena de encajes y rica de refina¬
mientos; á la izquierda, un sacerdote
contempla con místico recogimiento
un Crucificado , obra magistral de Loi-
seau-Rousseau; hacia el centro, un se¬
ñor respetable, de perfil volteriano,
examina al detalle una Manon , de Bas-
tet, statuette en mármol, sentada so¬
bre cojines, que se despereza con ex¬
quisita gracia; agrúpanse unos ante La
Perle , de Lavasseur; otros ante La
Saone emportant ses affluents , de Bar-
tholdi; (^uién ante Le décliny de Stei-
ner; quien ante Le baiser de la Mort .
¿Mas quién piensa en el beso de la
muerte, allí, en aquel conjunto de be¬
llezas artísticas, de hermosuras ani¬
madas, de ambientes perfumados, ;de
bullicios que respiran la vida á to¬
rrentes?
¿Pues qué, es posible que la muerte
alcance, con esa garra asquerosa qué el
artista nos presenta , á todo ese mundo
que ríe y que goza, que se apiña impa¬
ciente por exhibir su elegancia, que
corre tras el capricho, que se agita por
una idea?
¡No!..... Entre esa masa todos se con¬
sideran inmortales.
Allí el artista que ya tiene un nom¬
bre, que ya se sabe aplaudido, que os¬
tenta en el ojal de su levita á la moda
una condecoración, que mira como
desde un pedestal á todos los demás seres, pasa
con desdén al lado del beso de la muerte ; el que
por vez primera ha conseguido ver su cuadro en
el Salón ó su mármol entre aquellos que contem¬
pla la multitud, pavonéase altanero, luciendo
¡ claro está ! no la levita á la moda del artista que
llegó y sino la bota puntiaguda, el pantalón ceñido
al tobillo y anchísimo luego, la chaquetilla ajus¬
tada, el chaleco bien cerrado, un lazo enorme por
corbata y el flexible sombrero y la larga melena,
mira también con desprecio el beso de la muerte ;
la hermosa de profesión que sirvió de modelo á
aquella estatua, ó para aquella fígqra que contem¬
plan extasiados los amantes de lo bello, hace un
mohín de compasión al pasear sus gracias por de¬
lante del beso de la muerte ; y la dama elegante, y
la joven hechicera, y la beldad perfumada, y el
gentleman atildado, y todos, todos, en fin, los que
vienen á exponerse á la Exposición, no creen ni
un solo instante que el beso de la muerte pueda
estallar jamás en sus mejillas .
Las claras toilettes de primavera hacen irrup¬
ción. El vaporoso tul de la viuda; el ligero vestido,
ya rosa, ya blanco, ya azul, ya perla, de la mujer
en flor; el artístico corsage que aprisiona el busto,
y el gracioso sombrero, ya cuajado de flores, ya
de hojas, ya de frutas, ya de alas, recrean las mi¬
radas; que, en suma, el vemissage no se ha dis¬
puesto para ir á ver obras artísticas, sino para ce¬
lebrar un concurso de elegancia, dispuesto y sus¬
tentado por la moda.
Pero dejemos un momento toilettes claras y
cabelleras rubias; dejemos que la hermosura y que
la gracia se exhiban á sus anchas y se contoneen
ufanas ante los ojos atónitos de los admiradores
de profesión y de los galanteadores de oficio, y
vamos á echar una ojeada — ojeada de conjunto,
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BELLAS ARTES
¡ADIÓS!
DIBUJO DE PICOLO.
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ENTRADA DEL PUERTO DE LA HABANA
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.
(De zotograílM.)
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306 — n.® xix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mayo 1898
puesto que de detalle no es posible — por los salo¬
nes de «Artistas franceses» y de «Bellas Artes».
Ante todo se observa que si «el Salón de los
Campos Elíseos» no produce, «el Salón del Campo
de Marte» crea; es decir, que si en aquél hay
5.024 números, y en éste 537, éste ofrece, por mo¬
mentos, más originalidad, más novedad.
Y no digo esto — ¡líbreme Dios! — porque el
«Salón del Campo de Marte» haya puesto á su en¬
trada, como clou de la escultura, la estatua de
Balzac, por Rodin.
Esta obra, de la que hay quien dice que es una
maravilla, es, pura y simplemente, una monstruo¬
sidad, una foca, de pie, una plaisanterie del autor.
Yo entiendo que el arte debe, ante todo, buscar
la belleza. Si ésta, á veces, está en la verdad, y la
verdad es monstruosa, tanto peor para el buen
gusto; pero nadie podrá creer que Balzac no tuvo
otro gesto más bello, y que para darnos idea de lo
que fué, en persona, el eximio escritor de La Con -
sine Bette , sea preciso hacer un sapo en actitud de
lanzar su esputo.
De igual manera, y puesto ya en el disparadero
de la censura, he de dar mi opinión contraria al
desnudo desbordante de ambos Salones .
Yo creo que el senador Mr. Béranger — le Pere
la Pudeur como se le llama por aquí — tiene razón
cuando aboga por las hojas de parra.
El arte, para elevarse en alas del genio hasta
tocar al cielo con los destellos de la inspiración,
no necesita de la impudencia. El arte, hermano
inseparable del buen gusto, ha de buscar en la
verdad la belleza, y ha de ofrecer con sus creacio¬
nes efluvios delicados á la inteligencia y no mias¬
mas de vicio á lo material; que la misión del arte
es sanar y no podrir; es idealizar, enseñar á sen¬
tir con el alma, y no cebar la materia con latidos
mundanales.
El desnudo puede dar al artista magníficas oca¬
siones para lucir sus talentos; el desnudo ha de
existir, debe existir en el arte, pero como poesía
de la Naturaleza, como soplo materializado del
Creador, como canto tangible del Poder Supremo,
no como brote del vicio, no como pedazo de car¬
ne, no como conjunto de torpes incentivos.
¿Por qué no representar la perla en forma de
ninfa llena de correcciones; por qué no á Eva en
los verjeles del Paraíso; por qué no á Neptuno
conduciendo sus caballos, ó á Diana cazando en el
bosque, ó á Hércules, ó á las ninfas, en absoluta
desnudez?
Todo eso está admitido, todo eso es necesario al
arte; pero éste ha de huir, en vez de buscar, el
detalle ó la actitud que salga de la belleza artísti¬
ca, para entrar en la materialidad impúdica; ha
de prescindir del desnudo cuando el asunto que
trata con el color ó el cincel no necesita para nada
de la verdad positiva ; que si en la robusta pierna
de una Diana cazadora, ó si en el redondo seno
de una Venus admiramos la linea artística, la her¬
mosura de la belleza, sin que la mente sienta el
aguijón de la liviandad, éste la espolea cuando la
pierna ó el seno son de una cortesana que se des¬
nuda en el fondo de una alcoba.
El desnudo, pues, está admitido, y hasta consti¬
tuye una de las más robustas ramas del arte; pero
¡por Dios, que, al paso que vamos, será la sola
rama!.....
Si al ocuparme aquí en la impresión general de
los Salones de este año señalo esto del desnudo
como tendencia que debe censurarse, justo es que
apunte — para justificación de los'artistas — el ori¬
gen principal de esta tendencia lamentable.
El artista, aun siendo, como es generalmente,
hombre que ve la vida bajo un prisma ideal, tiene,
en suma, que preocuparse de vender sus cuadros,
cuyo producto representa el sustento, á veces, de
toda una familia; y si un cuadro de costumbres,
de historia ó de otro cualquier género que no sea
sino la materialización de una idea artística le
ofrece algunas probabilidades de venta, un desnu¬
do intencional le ofrece muchas, y, ¡qué diablo! .
la vida antes que el arte, se dicen muchos.
París en esta época está plagado de extranjeros
que vienen á admirar las bellezas de la Villa-Luz ,
á disfrutar de los encantos de la primavera en flo¬
res y á permitirse aquí ciertas licencias que allá,
en la patria respectiva, son los primeros en cen¬
surar.
La seriedad inglesa y el austerismo alemán tra-
dúcense aquí, aquélla en sed por el placer, ésta en
hambre por disfrutar y por reir; y el ostentoso
rastaquoere y el opulento yankee , formando coro
con aquéllos, se disputan la statuette sin rebozo y
el cuadro..... (Tapres nature , en tanto que el cua¬
dro y la estatua que no pasan los límites del arte
quedan con frecuencia sin postor.
Disparados mis proyectiles contra las imáge¬
nes..... del vicio, en general, y contra el Balzac de
Rodín, en particular, quédame sólo una poca pól¬
vora, que voy á quemar en fuegos de artificio; pero
antes, y ya que he señalado el clou del Salón de
Marte, señalaré el del Salón de los Elíseos.
El clou aquí es un retrato, Mr. Hanotaux, aca¬
démico de la Francesa, ministro de Negocios Ex¬
tranjeros, historiador, poeta..... ¡qué sé yo!....., he¬
cho por Benjamín Constant.
Realmente, la obra es notable como ejecución,
como parecido, como color, y ¡ah!..... como estudio
de detalles. Los lentes de Mr. Hanotaux son una
maravilla; es decir, los lentes que hay pintados
sobre el lienzo por Benjamín Constant; lo cual
prueba que el artista puede hacer gala de su talen¬
to, no solamente reproduciendo la belleza plástica,
sino pintando unos pedazos de acero retorcidos,
unos cristales y unos ojos de hombre — ¡ni aun si¬
quiera son de mujer! — que miran por ellos.
En resumen, los Salones de este año merecen
verse. Hay cosas medianas, vulgares, de poco mé¬
rito y hasta de mal gusto; pero las hay muy bue¬
nas, las hay muy artísticas, las hay inspiradas, y,
sin duda alguna, que el decorado que el arte ha
puesto á la entrada que abre á la Primavera es de
una riqueza digna de la encantadora visitante.
Entre las oleadas de perfume que despedían las
preciosas toilettes , entre la agrupación de las her¬
mosas damas que vinieron á rendir culto á las ma¬
nifestaciones del arte, entre los delicados efluvios
de las flores que se erguían en los verdes macizos
de irreprochable improvisación, entre el animado
vaivén de aquella muchedumbre juguetona como
niño en fiesta, brillante como manifestación de
la elegancia, sonriente como primer destello esti¬
val, respirábase algo así como una esencia de de¬
licadeza incomparable, de finura exquisita, de pe¬
netración embriagadora, más que para los sentidos
para el alma; y cuando la vista se elevaba por en¬
cima de aquellas figuras creadas al soplo del ge¬
nio, veíase una neblina diáfana que subía, que su¬
bía, y que pasando por entre los cristales de la
inmensa caparazón, como pasa el rayo de sol por
el cristal, sin romperlo ni mancharlo, remontá¬
base á las celestes bóvedas , hasta perderse entre
las madejas blanquísimas que se mecían en los es¬
pacios.
Aquella diáfana neblina que de allí manaba, y
que subía y subía sin detenerse ante ningún obs¬
táculo, era la inspiración; la inspiración hermosa,
que, desbordándose de aquellas obras de arte, se
alejaba con majestad sorprendente hacia los con¬
fines del infinito, hacia los cauces de su origen.
Fiesta espléndida, preludio sorprendente del
gran certamen que la Naturaleza se dispone á ofre¬
cemos con sus brisas perfumadas, con sus verdu¬
ras encantadoras, con sus flores, con sus susurros,
con sus mañanas de rosicler brillante, con sus
tardes de poética calma, con sus noches de pla¬
teada melancolía; fiesta (jue en París deja su his¬
toria, cuyas páginas están escritas por el genio
sobre hojas de rosa refrescadas por el rocío de la
inspiración.
• *
Yo no debo hablar aquí de política, y claro que
no he de traspasar los límites que el deber me
marca; pero séame permitido al finalizar esta cró¬
nica, escrita en los momentos en que mi Patria
solloza amargamente, dejar entrever las lágrimas
á través de las cuales trazo estas líneas.
¡Pobre Patria mía! . Este hijo que tan lejos
está de tu regazo guarda siempre sobre su corazón
tu sagrado recuerdo; y al saber los males que te
aquejan, las desventuras que sobre ti amontona
el dolo y la ambición, apenas si ha podido soste¬
ner entre sus manos nerviosas los útiles del tra¬
bajo y dar forma aceptable á un artículo escrito
sin poder ver claros los renglones en muchos de
sus párrafos!.....
¡Qué Dios salve á mi Patria! ¡Qué Dios proteja á
mis hermanos!.....
A. Mar.
París, Mayo 98.
o-óira-ois-^..
En las noches invernales,
Cuando brama el aquilón
Y triste la lluvia suena
Como funeral tambor,
Góngora, el insigne vate
De los campos y del sol,
Viejo, pobre y enclavado
Sobre la cruz del dolor,
Para calmar sus pesares
Lanza su imaginación,
De la aurora de su vida
Por el délo brillador.
Y vese joven, al viento
Dando su argentina voz
Bajo las verdes palmeras
Y los naranjos en flor.
Para gozar los encantos
De su plácida canrión,
Dejan las aves el nido
Que fabricara el amor;
Las ninfas del claro Betis
Su cristalina mansión,
Y las cándidas pastoras
Su ganado balador.
Su endecha á las alboradas
Los esplendores robó,
Y a las palomas torcaces
El arrullo gemidor.
Con veste de azul y plata
Guadalquivir la vistió,
Y claveles y azahares
Dióronle aroma y color.
Su endecha, lira que luce
Por cuerdas rayos de sol,
Ya es idílica zainpoña;
Ora dardo punzador;
Ya morisca pandereta
De ronco y gárrulo són;
Ora azucena fragante
Donde anida un ruiseñor.
Como abeja melodiosa
Va á posarse su canción
En los labios de las bellas,
Y liba mieles de amor.
Y musas, ninfas, pastoras,
Embriagadas de pasión,
Coronan con frescos lauros
La frente de su cantor.
Y él duérmese, acariciado
Por el cedro veloz,
Bajo las verdes palmeras
Y los naranjos en flor.
Luego, hundiéndose el palacio
Que elevara su ilusión,
Su éxtasis , blanca paloma,
En cuervo se convirtió.
Y al verse olvidado y viejo,
Sobre la cruz del dolor,
Un raudal de llanto y sangre
Arroja su corazón.
Manuel Reina.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
La primavera y la propaganda religiosa en Inglaterra. — Los valien¬
tes de Grosseto. — Un bandido menos.— Contra las golondrinas.
la vuelta de los hermosos díjas de
(3 la primavera, con la aparición de las
■ hojas y de las flores, se abren nuevos
_ y amplios horizontes á la imaginación
y * las ilusiones. Aun en los países
tristes, nebulosos y fríos siéntese el
hervor de la sangre febril, regenerada,
^ cuando la Naturaleza vuelve á ostentar sos
j galas y luce sus admirables encantos. Así
ocurre á la hora presente en Inglaterra. Aquel
pueblo calculador y pasivo no se ha entusiasmado
mucho con las siniestras manifestaciones de los
lores Salisbury y Chamberlain (ó Charlembalde,
como se dice en vascuence); pero no ha podido
ni puede resistir el hormiguillo que en sus venas
produce el renacimiento de la vida en este período
del año. Esa agitación febril comunica sus vibra¬
ciones al cerebro, y éste se siente inspirado, crea¬
dor, soñador, místico ó revolucionario, según la
especial manera de ser, física y espiritual, del in¬
dividuo. No se libra de semejante influencia pri¬
maveral el pasivo y calculador pueblo británico.
En estos días abundan los meetings al aire libre,
en pleno campo, en las plazas y parques, cuyos ár¬
boles se han vestido de pomposo follaje. Miles de
«devotos» oyen las peroraciones y lecturas de los
entusiastas comentadores y comentadoras de la
Biblia, de cuyos versículos sacan cuantas ense¬
ñanzas y consecuencias les parecen bien para sos¬
tener sus particulares doctrinas, usando y abu¬
sando de la elasticidad con que el arte protestante
sabe interpretar los textos sagrados.
Entre sermones, conferencias y cánticos des¬
ahogan sus fantasías filosófico-religiosas los pro¬
pagandistas ingleses y sus fieles. Existen allí muí-
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32 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.d me — 307
titud de Ligas de abstinencia y de difusión evan¬
gélica, que cuentan con el apoyo pecuniario de
los capitalistas y grandes señores. Asombra el oir
que solo en lo que va del mes de Mayo han reci¬
bido las asociaciones de propaganda más de 200.000
libras esterlinas en donativos. Nada tiene de ex¬
traño que con semejante base se hayan celebrado
en Londres y pueblos de los condados inmediatos
200 meetings concurridísimos. Entre párrafo y pá¬
rrafo de cada perorata, ó entre endecha y endecha
de cada cántico, toman los concurrentes amplias
raciones de sandwich y sendas tazas de té; de
modo que estas solemnidades populares poético-
religiosas se amenizan y remojan con diversidad
de golosinas é infusiones, en las que no faltan al¬
gunas gotas de wisky que tonifiquen, corroboren
y aprieten, y den salud al cuerpo y al alma si le
conviene. No se puede negar que son prácticas
piadosas muy aceptables.
El tema de las peroraciones es siempre de «alta
novedad», como dicen los sastres en sus anuncios.
En el año actual predican los deglutidores de sand¬
wich bíblico el teotolismo, y sirven de blanco á
sus disparos el demagogo Mr. Bradlaugh, apóstol
del neomalthusianismo, y su colaboradora la fu-
¡riosa señora Bessant, que sostiene que también
Inglaterra padece, como Francia, la plaga de la
despoblación. Los discursos se toman taquigráfica¬
mente, y se imprimen, venden y reparten á ínfi-
¡mos precios. Un taquígrafo ha tenido la paciencia
[de contar el número de palabras que los oradores
¡han pronunciado por término medio cada día en
los trece primeros de Mayo, resultando que son
,1.620.000. Pollos, gallos, pastores, gañanes, mis-
(tress y misses, lujo, juventud, alegría, devoción,
misticismo, hojas, flores, aromas, pasteles, 23.460
tazas de té consumidas en una sola semana por
una sola de las Ligas, sermones, discusiones, filo¬
sofías, extravagancias: todo este revoltijo tiene
poco de común con la severidad de la religión,
pero resulta muy entretenido, interesante y ape¬
tecible. Por eso halla tantos partidarios. La excusa
es la fe; el impulso lo da el tiempo encantador, que
convida á pasar alegres horas en el campo ; la ins¬
piración se sostiene a fuerza de te, cerveza, empa¬
redados, pastas y tabaco; y el objetivo que se per¬
sigue, que es «ir viviendo» del modo más divertido
que sea posible, se logra á maravilla con este pisto
ó pudding anglicano, discutido, cantado, tragado y
bebido. El procedimiento, importa poco; el asunto
es que el pudding salga apetitoso. Así lo dijo Ma-
quiavelo, y así lo repite hoy la sabiduría inglesa:
The proof ofthe pudding isin the eating!
•
• «
Aquel burlesco relato del batallón de rústicos
armados, que dieron como razón para haberse de¬
jado robar por una docena de salteadores la excusa
«de que iban solos», es hoy una verdad.
En efecto, el caso se ha realizado en Italia, muy
cerca de la ciudad de Grosseto, y demuestra que
la audacia de los bandidos de profesión conoce
perfectamente hasta dónde llega la prudencia de
los hombres bien hallados, que prefieren quedar¬
se sin un céntimo á riesgo de que no les agu¬
jereen el pellejo. Y por cierto que el riesgo no
hubiera aparecido en este suceso reciente por
ninguna parte, si á la audacia criminal se hubiera
opuesto un poco de la audacia que debe caracte¬
rizar al ánimo sereno de quien se ve débilmente
atacado.
.Avanzaba hace pocos días por el desfiladero de
Sticcianesi, en la comarca de Grosseto, un grupo
de jinetes y peatones, compuesto de los ingenie¬
ros Romanin-Jacur, Tognetti y Cuppari, de Pisa,
Oliveri, Silvestri, Jacobi, y el rico hacendado
Londei, y de un maestro plomero y cinco opera¬
rios, todos los cuales iban á un pueblecillo in¬
mediato á descansar de la correría que acababan
de hacer para estudiar el estado de las cañerías
de conducción de agua de Monte Arniata á Gros¬
seto, trabajo que les encomendó la comisión de
arbitraje del pleito que sostienen el Municipio de
la ciudad y la sociedad constructora del acueducto.
- Iba el primero Londei , guiando á sus compañe¬
ros, y, cuando menos lo esperaban, vieron que
éste se detenía ante la aparición de un hombre
que, apuntándole con su carabina, estaba plantado
en medio del camino, gritando: «¡Alto, la bolsa
6 la vida!»
' Como movidos por un resorte, los ocho inge¬
nieros echaron mano á sus respectivos bolsillos, y
sacaron, no sus respectivos revolverá, sino sus
portamonedas, que alargaron al ladrón sin chistar
una sola palabra. Este, animado por la sumisa
actitud de aquella gente, y sin dejar de apuntar¬
les, gritó: «Los señoritos, que suelten todo lo que
lleven; vosotros, los obreros, guardad lo que ten¬
gáis, si tenéis algo, y adelante todo el mundo, sin
que ninguno se vuelva á mirar atrás, porque lo
abraso.» Y, dicho y hecho; el señor ladrón se se¬
paró á un lado, dejándoles paso, y los señoritos,
después de poner en el suelo cuanto llevaban, des¬
filaron por delante de él más que á prisa, sin de¬
cir «tus» ni «mus».
En cuanto pasaron, el signor Mariani, que así
parece que se llama este bravo, escapado del pre¬
sidio de la Ambrogiana de Montelapo, recogió
tranquilamente las 1.750 liras, que fue, poco más
ó menos, lo que produjo la colecta; se echó la ca¬
rabina al hombro y desapareció entre los árboles
del monte. El Gobernador de la provincia, al en¬
terarse de caso tan peregrino, puso en movimiento
á la policía, y á estas horas buscan á Mariani por
todos los rincones. El periódico de Liorna El Te¬
légrafo, al referir el suceso pone en solfa á ios
trece sorprendidos, robados y perdonados, y ase¬
gura que los señoritos no quisieron oponerse al
saqueo porque «el pelear ocho contra uno hubiera
sido una prueba de cobardía!» ¿Y los cinco obre¬
ros que llevaban zapapicos, barras, y alguno que
otro cuchillo en el cinto? El caso ha dado mucho
que reir, y la opinión está conforme en que es¬
tuvo muy bien pensado el evitar toda efusión de
sangre, tratándose de un puñado de liras. Más se
reirá en su guarida el animoso Mariani , digno
discípulo y heredero del afamado bandido Tiburzi.
• *
El émulo de Tiburzi en Bulgaria, el cruel y te¬
mido ladrón Athanasio, que se atrevió á detener
y robar un tren de la línea del Oriente Express,
ha caído en manos de la policía después de haber
ejercido durante muchos años el papel de autó¬
crata desbalijador de todos los ricos de la comarca
rural y de cuantos turistas acaudalados circularon
por ella. Como de la mayor parte de los jefes de
bandoleros, contábase de Athanasio que era para
los pobres una verdadera providencia, porque ja¬
más hubo miseria en las casas de los campesinos
donde se albergaba. A esto debió gran parte de la
impunidad de que gozara, porque no había casa
pobre en el campo y en la sierra donde no le die¬
ran seguro alojamiento y defensa. En vano le per¬
seguía la fuerza armada, porque aun estando ésta
en la misma casa donde se había escondido, tenía
la confianza absoluta de no ser denunciado ni
descubierto. Pero estos favores cambian con el
tiempo. Ahora, viejo, ya no podía atender con
la generosidad de otros tiempos á cerrar la boca
y los apetitos de algunas gentes insaciables, des¬
de el retiro de una aldea de la montaña, donde
se había propuesto pasar en paz sus últimos años,
y esa falta de recursos fué bastante para que algún
descontento diera al Gobierno «el soplo» de su
existencia en el lejano escondite.
La policía lo cercó, y hoy yace en un calabozo
de la cárcel de Sofía aguardando las cien senten¬
cias que caerán sobre él, y que no serán flojas.
o
• A
Aunque Europa vive en paz interior, conste que
viene sosteniéndose una gran matanza y carnice¬
ría en las playas italianas del Adriático; y aunque
estamos en tiempo de veda, sépase que cazan
abora como nunca en dicha comarca los cacciaroli
de Ancona y demás puertos. Las víctimas, ¡quién
lo creyera!, á despecho de los congresos y asocia¬
ciones de los ornitólogos, son «las pintadas golon¬
drinas», que ahora regresan desde Oriente y desde
el Mediodía hacia el interior de Europa. Millares
y millares de golondrinas mueren en estos días, y
como son tantas, sobran, de las que se destinan á
aprovechar sus plumas para el adorno de los som¬
breros, muchísimos centenares, que van á parar á
los mercados para surtir las cocinas de las fondas,
hoteles y casas particulares. No se considera entre
nosotros como bocado apetitoso y sano la golon¬
drina; pero en Italia, país abonado á el hambre
hace tantos años, parece que no sólo no les sabe
mal, sino que se guisa de modo tan macarrónico
que se chupan los gourmets los dedos de gusto.
Allí se cumple á la letra la ley que dice: «¡Ave
que vuela, ála cazuela !»; y allí, al verlas muertas
á montones en las playas para ser embanastadas
y apiladas en los carros y en los vagones de las
vías férreas, se puede decir con entera seguridad:
I Éstas no volverán !
La matanza se practica tendiendo entre dos per¬
chas, á la altura de uno ó dos metros del suelo, re¬
des muy finas y resistentes, dispuestas en tres ó cua¬
tro filas que distan entre sí unos 100 metros. Todas
las mañanas, poco después de salir el sol, avanzan
desde los lejanos horizontes del mar innumera¬
bles bandas de las pobres avecillas, que cansadas
del largo viaje que traen, llegan volando casi, casi
á poco más de un metro del nivel de la playa. Al
tropezar con la red y quedar presas se esfuerzan
en vano para vencer semejante obstáculo, y arman
espantosa algarabía y confusión, que los cazadores
esparcidos en semicírculo aprovechan para reco¬
ger la red, cerrando sus extremos y dejando caer
á tierra el inmenso hormiguero de golondrinas.
Retirada la red, para matar toda la presase tiende
otra nueva, en cuyas operaciones despliegan los
cacciaroli extraordinaria habilidad y sanguinaria
energía. Muchas de las golondrinas que pasan un
poco más altas caen en la segunda ó la tercera
red, asustadas por el espantoso bullicio y movi¬
miento de la primera acometida. En cada recogida
se matan de 500 á 800 aves. Las que tienen la
suerte de desviarse de ese rumbo é ir á cruzar las
playas por puntos deshabitados, continúan su viaje
al interior; pero la afición á este género de des¬
trozo ó caza aniquiladora se va generalizando tan¬
to, que es seguro que en los pueblos de mucha
parte del litoral del Adriático no se volverá á ver
ningún nido de golondrinas antes de pocos años.
Las pobres y bienhechoras avecillas que apare¬
cen con las flores en el hermoso mes de Mayo, en¬
cuentran cuando vienen, á los pueblos civilizados
de Europa hechos unos verdugos bárbaros, y á los
pueblos semibárbaros de | Oriente y de Africa tan
hospitalarios y amantes como siempre cuando la
inclemencia del tiempo les obliga á regresar y á
vivir entre ellos. ¡ Tanto pueden la miseria y la
avaricia contra las seculares tradiciones de la Na¬
turaleza!
Ricardo Becerro de Bengoa.
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Filipinas, por D. Enrique Abella y Casariego.
El conocido escritor, autor de muy notables trabajos sobre
la geología de Filipinas, D. Enrique Abella, que ha permane¬
cido veinte años en aquel país desempeñando cargos tan im¬
portantes como el de Inspector general de Minas y secretario
del Gobierno general, ha publicado un folleto en que examina
las causas y período preparatorio de la insurrección, y el
curso de la misma durante el mando del general Blanco, del
general Polavieja y del general Primo de Rivera. Precede k
este interesante folleto un prólogo de nuestro antiguo y que*
rido oom pañero D. Gonzalo Reparaz.
Véndese al precio de una peseta.
Digitized by ^.ooQie
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Mayo 1898
308 — "k.° iix
Biblioteca completa de Electricidad, por Slo&ne, traducida del
inglés porD. José Pía.— Hemos recibido y examinado los tomos ter¬
cero y cuarto de esta biblioteca, publicados por la conocida casa edi¬
torial de los Sres. Bailly* Bailliére é Hy os.
£1 título de estos tomos es: Cómo se forma un buen electricista , y
La electricidad para todos.
Llegar & ser ingenieros electricistas es la ambición de millares de
jóvenes y hombres de edad; pero no todos pueden hacer los cuan¬
tiosos gastos ni disponer de los tres ó cuatro años necesarios para
esta carrera; sin embargo, esta obra está destinada á enseñar cómo se
forma un buen electricista sin los sacrificios que ordinariamente hay
Quehacer para conseguirlo. La electricidad para todos está dedicada
los aficionados y á la juventud: en ella encontrarán capítulos muy
provechosos que tratan de las pilas, imanes permanentes, electro¬
imanes, electromotores, timbres eléctricos, juguetes diversos, bobi¬
nas de chispas y de inducción , dinamos movidas á mano, y numero¬
sas fórmulas , con cuya aplicación podrán construir por sí gran número
de piezas de aparatos eléctricos, consiguiendo á la vez instrucción y
recreo.
Véndese á 1,60 pesetas en rústica y 2 en tela cada tomo.
La Fuerza irreatatlble — Memoria leída en la Academia de Juris¬
prudencia y Legislación por D. Benito Mariano Andrade.
Hemos recibido ejemplares de la Memoria presentada á la Real
Academia de Jurisprudencia por el joven jurisconsulto D. Benito M.
Andrade , en la cual estudia una importantísima cuestión de derecho
penal: la de la fuerza irresistiblet como circunstancia eximente de
la responsabilidad criminal.
Estudia el Sr. Andrade la fuerza irresistible en el terreno psicoló¬
gico, frenopático y propiamente jurídico. Muéstrase el Sr. Andrade
convencido partidario de la responsabilidad individual basada en el
libre albedrío; y negando que la influencia pasional sea la circunstan¬
cia eximente conocida con el nombre de fuerza irresistible, la concede
el valor de atenuante muy calificada.
Sentimiento de In naturaleza en Iom relieves medioevales
españoles , por D. Enrique Serrano Fatigati.
El docto catedrático y reputado escritor D. Enrique Serrano Fati¬
gati ha publicado un interesantísimo folleto en que estudia con gran
competencia el sentimiento de la naturaleza que en los relieves me¬
dioevales españoles se revela. Comienza con una breve noticia de los
monumentos españoles del mismo período, y trata después separada¬
mente de las plantas esculpidas, de los animales y monstruos de
piedra, y las diversas luchas, ya reales, ya simbólicas y legendarias,
y termina con el examen de las preocupaciones populares, los apó¬
logos y las et cenas del trabajo humano.
El libro abunda en curiosísimas observaciones del autor, que reve¬
lan un minucioso y concienzudo estudio de los monumentos arqui¬
tectónicos de que tan rica es nuestra patria, y va ilustrado con gra¬
bados, como gráfica demostración de las afirmaciones que el trabajo
contiene.
C.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE- AMÉ RICA.
CAÑONERO TORPEDERO «NUEVA ESPAÑA», QUE, EN UNIÓN DEL «CONDE DEL VENADITO», HIZO RETIRAR
CINCO BARCOS NORTEAMERICANOS DELANTE DEL PUERTO DE LA HABANA.
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Impreso con tinta de la fábrioa LOÉILLETJ1 y C.\ 16, roe Snger, París.
Reservados todos los derechos de propiedad artística y literaria. MADRID. - Establecimiento tipolitográflco t Sucesores de Rivadeneyra»,
impresores de la Real Casa.
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AÑO XLII. — NÚM. XX
PRBCI08 DE SUSCRIPCIÓN, PAGADEROS EN ORO.
ADMINISTRACIÓN:
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Provincias.
Extranjero.
12 pesos fuertes.
7 pesos fuertes.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
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MARIANO BENLLIU RE,
LAUREADO ESCULTOR,
ACADÉMICO DE LA DE DBLLAS ARTES DE SAN FERNANDO.
(De fotografía de Franzen.)
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310 — n.° xx
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Mato 1898
SUMARIO.
TEXTO. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Episodios de guerra
marítima, por D. Cesáreo Fernández Duro. — La vida privada de
un grande hombre. Recuerdos de Gladstone, por Rombal.— Revista
musical, por.D. J. M. Esperanza y Sola.— Din dan don, por D. Felipe
Perez y González. — La niña y la mariposa, poesia, por D. Manuel
de Sandoval. — Por ambos mundos. Narraciones cosmopolitas, por
D. Ricardo Becerro de Bengoa. — Sueltos,— Anuncios.
Grabados.— Retrato de Mariano Benlliure, laureado escultor. — La
guerra entre España y los EE. UU. de Norte -Amé rica: Entrada y
bahía de Santiago de Cuba. — Capturé de dos redactores corres¬
ponsales del periódico yankee World, en la playa del Salado (Cuba).
—Retrato de D. Heliodoro Moneada y Soler , coronel de Infante¬
ría. — Retrato de D. Ramón Argiiel les, coronel de voluntarios de
la isla de Cuba. — Madrid: VI Exposición bienal del Circulo de
Bellas Artes. Monumento á Gayarre, por Mariano Benlliure.— Bar¬
celona: Exposición de Bellas Artes ó Industrias Artísticas. Salas
españolas Sala extranjera. Gran salón central.— Marina de guerra
norteamericana: El acorazado Ma usachMseU. i. — Primer Gobierno
autonómico de Puerto Rico: Retratos del presidente, secretarios
del despacho y subsecretarios. — Santiago de Cuba: Pescadores de
Cayo Smith, próximo á la capit&L
CRÓNICA GENERAL.
Ningún hecho importante, después de la
llegada a Santiago de Cuba de la es¬
cuadra del vicealmirante Cervera, te-
l(f£ nemos que registrar respecto de la
guerra: como es consiguiente, han su¬
plido este paréntesis los periódicos con
noticias contradictorias de combates,
presas, ruido de cañonazos, buques en pe¬
ligro y movimientos navales, que se desmen¬
tían con la misma facilidad que se inven¬
taban. La entrada en Guantánamo de dos buques
yankees que enarbolaban nuestro pabellón, para
salir pitando después de descubierta la superche¬
ría, ha dado ocasión á protestas animadas, no fal¬
tando quien sostuviera como lícito el ardid, que
si es disculpable alguna vez en el débil y fugitivo,
es abuso y deslealtad en los que con mayor fuerza
naval bloquean y acometen; pero nos parece muy
propio de la nación que aprovechó la voladura
casual del Maine para declararnos la guerra. La
hacen como quienes Sun : se apoderan de los va¬
lores que contiene la correspondencia con España;
usan proyectiles explosivos; bombardean sin avi¬
sar; desvalijan como ladrones á los prisioneros;
fusilan á españoles que les parecen sospechosos;
adulan ¿ los ingleses para que les ayuden á ven¬
cernos; retroceden heroicamente de las baterías
que alcanzan á sus buques; respetan á Rusia; aguan¬
tan lo que les hacen los alemanes; se crecen con
Portugal, y echan roncas al Pont í tice romano.
En España se dió al fin la cartera de Estado al
Duque de Almodóvar del Río, y resuelta al fin la
crisis, no han dejado los políticos de aspirar á
otra; que esa es y ha sido siempre la única cien¬
cia de gobernar que practicamos. Nadie creeria,
al asistir á las sesiones de las Cortes, que tenemos
tres ejércitos y dos escuadras dispuestos á vencer
ó morir por nuestra honra; que el tiempo urge, y
está la nación amenazada, no sólo por los enemi¬
gos descubiertos, sino por los que se presienten,
y que hay necesidad de patriotismo y virilidad. Se
discute como en los tiempos bonancibles y sere¬
nos: los mismos discursos huecos y solemnes que
se podrían condensar en pocas líneas; las mismas
habilidades y menudencias; las mismas cábalas,
compadrazgos, discusiones y críticas y disgustos
de familia. En vez de tronar allí la pasión que cal¬
dea los espíritus, salen ráfagas heladas de escepti¬
cismo y de cansancio: ni una voz que aliente, ni un
rasgo patriótico, ni una explosión de entusiasmo;
todo es pequeño, vulgar y desabrido. Sí, se ve cla¬
ramente que no es de allí de donde la patria espe¬
ra su defensa: el calor vendrá de otras esferas; no
de los indiferentes y calculistas, que por desgra¬
cia no son calculadores; ni de los que atisban con
ansiedad las cotizaciones, husmean las evoluciones
de los cambios, acechan toda ocasión de especula¬
ciones posibles con la escasez de unas materias y
la falsificación de otras; ni de los intelectuales
enervados, ni de los prudentísimos; sino de los
sanos de corazón y entendimiento, que poniéndo¬
se en la realidad, y ésta no es otra que haber caído
contra nuestra voluntad y conveniencia en una
guerra dura y difícil, no hay otro recurso, ni sal¬
vación, ni solución posible, que revolverse contra
la suerte y multiplicar las fuerzas con la voluntad
y la fiereza: que siempre desde que hay historia,
y hasta la consumación de los siglos, la voluntad
y la energía centuplican las fuerzas de los deci¬
didos y tenaces, y no se cuentan las naciones por
sus millones de habitantes, sino por el número de
los que entre ellos tienen espíritu y vergüenza
militar. No hay sino tumbarse y callar cuando
graznan los cuervos que piden carne muerta. Nos
quieren devorar, y no hay más solución que sacu¬
dir los bolsillos y los puños: se trata de nuestra
independencia, de nuestro interés material, del
porvenir de España, de ser ó no ser hombres.
Como es natural, si hay quien se forja ilusiones
respecto del alcance efectivo de las simpatías que
inspira España á otras naciones, hay quien nada
absolutamente espera de ellas. Bueno y justo que
confiemos sólo en nuestra fuerza y decisión, pero
tampoco se debe exagerar la mansedumbre de
Europa ante las imposiciones anglo-sajonas. In¬
glaterra se ha de mirar mucho antes de provocar
una guerra general, en que expone bastante más
de lo que podría conseguir: hoy es dueña de los
mares, y goza en paz todas las ventajas de su in¬
menso comercio: por bien calculada que esté la
combinación de sus escuadras, hay en la guerra
moderna factores desconocidos que temblará antes
de ponerlos en ensayo. Cuando los cables estén
rotos, el Egipto sublevado y sus depósitos de car¬
bón y provisiones interrumpidos en algún punto
estratégico, ¿podrá acudir á todo desde su lejana
metrópoli, perturbada en su vida mercantil? ¿Po¬
drá alimentarse el monstruo colosal de su indus¬
tria, base de su potencia marítima, y creerse libre
de las huelgas con que la crisis de la guerra podría
atar sus brazos, y de la explosión política interior
que produjese su temeridad? ¿Tiene la seguridad
de que estarán mandadas y dirigidas sus escuadras
con la superioridad evidente que necesita para
que el descalabro de una de ellas no descomponga
la máquina con que cree tener los mares asegura¬
dos? Y, sobre todo, siendo en paz su dominio tan
evidente, ¿le expondrá á las contingencias de la
guerra con elementos no probados? Se nos hace
difícil creerlo, aunque comprendemos que no
basta esa sospecha para que no se realice lo im¬
probable.
Por otra parte, las dificultades y peligros de una
guerra con el Imperio británico tienen que dete¬
ner mucho á otras naciones, aun cuando una alian¬
za las haga poderosas. Por lo que á nosotros inte¬
resa, si sólo el servicio de mediar directamente se
considera como deuda de carácter remuneratorio,
no debemos esperar gran provecho de esas amis¬
tades, á menos que una coincidencia de intereses
determinase naturalmente alguna conjunción.
El viaje del Ministro británico á Gibraltar no
debe extrañarnos: nada más inútil que el viaje de
un ministro para esos accidentes de la defensa: &e
ha dado una explicación á propósito para que no
se crea en ella: ¿se trata de alarmar y de prestar
servicios indirectos, como de entretener un ejér¬
cito de observación en Gibraltar? No lo sabemos.
Inglaterra no puede extrañar que España se pro¬
vea de la defensa natural en ese punto; no descon¬
fiamos de esa buena amiga; pero su actitud en
Hong-Kong, las palabras de Mr. Chamberlain y su
cooperación misteriosa al rompimiento de España
y los Estados Unidos nos obligan á estar recelo¬
sos. Respecto de Alemania . estos puntos suspen¬
sivos indican que debemos suspender nuestra
opinión.
La pobreza de España es otro de los argumentos
que nos presentan los que quisieran vernos enco¬
gidos; pero como esa pobreza es accidental, y con¬
siste en que no hemos sido nünca gobernados, y
está por explotar gran parte de la riqueza, tene¬
mos para reponernos en el porvenir lo que no tie¬
nen otros pueblos donde se ha llegado al máxi¬
mum de los adelantos. Con decir que el Archipié¬
lago filipino nos ha costado dinero en vez de ser
fuente de prosperidad, queda comprendido cómo
habremos sido administrados. ¡Quién sabe si esta
lección y este sacudimiento nos desperezará de
una vez! Desde luego es una ventaja que ya se vea
claramente que los elementos políticos que bullen
en los Parlamentos están muy por debajo de las
necesidades y los alientos del país. Ya va pasando
el tiempo de que se entregue el poder legislativo
á personas que no ofrecen garantías de acierto.
El período de los charlatanes no puede ser eterno.
Hoy ni siquiera comprenden una verdad tan sen¬
cilla como que hay precisión de dar fuerzas y re¬
cursos al Gobierno que preside la defensa nacio¬
nal. Y si lo comprenden y no lo hacen, ¿merecen
la confianza del país? ¿No podrían callarse y con¬
tenerse mientras duren los peligros?
Por ahora, los que pretenden ahogar el senti¬
miento público que nos lleva á resistir las impo¬
siciones injustas y groseras, y defender lo nuestro
y procurar por el patrimonio y por la honra, su¬
ceda lo que quiera, que no ha de ser peor que lo
ya decidido en contra nuestra, esos están equivo¬
cados. España no se abate, y pedirá cuentas estre¬
chas en su día á los que no estén á la altura de su
posición y sus deberes.
*
« «
La Sociedad Filatélica Balear acordó hacer una
emisión de sellos voluntarios de á cinco céntimos
y entregarla íntegra al presidente de la suscrip¬
ción nacional: aceptado el obsequio, los estanque¬
ros de la isla han puesto á la venta los sellos sin
descuento. Agradecemos la noticia al digno teso¬
rero de la expresada Sociedad, D. Juan Gaspar Ru-
bert y Sureda, y aplaudimos el acto generoso de
los filatelistas baleares. También se ha emitido un
sello análogo en Jerez de la Frontera.
•
• •
Dos amigos queridos han sufrido pérdidas irre¬
parables en su familia. El mismo día en que ce¬
rramos la Crónica anterior cumplimos el triste
deber de acompañar al cementerio de San Justo á
la Sra. D.a Josefa Cobeña, viuda de Díaz Pérez y
madre del eminente letrado y orador forense don
Luis Díaz Cobeña: aunque falleció á la edad de
ochenta y dos años, parecía por su aspecto desti¬
nada á mucha mayor longevidad y muy lejana 6U
pérdida: fue su tranquilo fin el de una buena ma¬
dre de familia: se extinguió dulcemente entre los
besos y las lágrimas de sus hijos y sus nietos.
Dos días después sucumbía en lo mejor de su
edad, aquejado de dolorosa y cruel dolencia, don
Fernando Sevilla, escritor estimable y autor de va¬
rios libros útiles, hijo político de nuestro antiguo
compañero Ossorio y Bernard, uno de los vetera¬
nos de la prensa. Por último, vemos anunciado en
el Heraldo el fallecimiento de D. Leandro Urre-
cha, padre del reputado escritor D. Federico.
Consideramos como propios los duelos de tan
queridísimos amigos.
»
* *
Hemos recibido un ejemplar del lindo tomo de
poesías del escritor sevillano D. Luis Montoro,
que titula N ochen de luna . Son desahogos del cora¬
zón en forma poética, en rasgos delicados y bre¬
ves y no destinados al público, pues la elegante
edición, costeada por el Marqués de Xerez de los
Caballeros, sólo consta de cien ejemplares. Si el
libro no tuviese el mérito de sus poesías y de su
firma, aún sería curioso como rareza bibliográfica:
en todos conceptos agradecemos el valioso regalo.
t>
« •
— ¡Ah, señores! (añade el orador después de to¬
mar un sorbo de agua). El progreso todo lo modi¬
fica y engrandece: nada se libra de su influencia.
— ¿Ni lo demostrado? — le interrumpen.
— Ni lo demostrado.
— ¿Dos y dos no serán cuatro siempre?
— Tengo tal fe en que el progreso todo lo agran¬
de, que creo, y hasta aseguro, que dos y dos con
el tiempo serán cinco.
Mirando en una tienda de muebles:
— ¿Te gustan esos sillones?
— ¡ Ya lo creo! deben ser muy incómodos. Si me
los alquilasen, los completaría poniéndoles clavos
Con la puñta hacia arriba en el asiento.
— No te visitaría nadie.
— Sólo me visitan ya mis acreedores .
— Si usted me permitiera .
—¿Qué?
— Si no se incomodara usted .
— ¿Qué, hombre, qué?
— Nada, amigo mío, que si usted me prometiera
no devolvérmelas, le daría á usted dos bofetadas.
Los protestantes de los Estados Unidos quieren
que los suyos guarden los domingos no presen¬
tando batalla en ese día.
¡ Qué religiosos son los yankees! Saben que esta
guerra es una especulación, y quieren interesar á
Dios para que tome parte en el negocio.
— ¿Es cierto que Mac-Kinley pretende imponer
al Papa una absoluta neutralidad?
— Si el Pontífice no tiene estados, ¿qué ha de
hacer de Su Santidad?
— Quieren los yankees que declare el Tedeum
contrabando de guerra.
José Fernández Bremón*
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N.® XX — 311
30 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
NUESTROS GRABADOS.
MARIANO BENLLIURE,
laureado escultor (pág. 1.*).
El genial escultor Mariano Benlliure nació en
el Grao de Valencia, el 8 de Septiembre de 1862.
Desde muy niño tuvo necesidad de luchar por la
vida, y comenzó por propia iniciativa á modelar
en cera figuritas. Vino en 1871 á Madrid, donde
su hermano José había abierto estudio, y á -su
lado fué perfeccionando sus aptitudes naturales,
presentando en la Exposición de 1876 un grupo
en cera representando La cogida de un picador,
que llamó mucho la atención por la verdad con
que estaba vista y la manera franca de su ejecu¬
ción. Acompañando siempre á su hermano mar¬
chó á Roma, y allí encontró el ambiente artís¬
tico en que su genio se reveló con poderosos alien¬
tos. Bien pronto se dió á conocer como escultor
notable en los bajos relieves de mármol que escul¬
pió para el opule ato norteamericano Macquay, y
en la Exposición Nacional de 1884 se confirmó
plenamente en España su extraordinario mérito
artístico con su gracioso bronce Un accidente , que
representa un monaguillo que se ha quemado los
dedos al encender el incensario. Desde entonces
cuenta sus triunfos por el número de sus obras,
que su fecunda labor ofrece á menudo á la pública
admiración.
Las estatuas de El Españólelo, de Z>. Diego López
de Haro , del Teniente Ruiz , del Marqués de Santa
G0ruz y de la Reina gobernadora , entre otras; el
Anfora báquica , y los preciosos trabajos de géne¬
ro Al agua , ¡Picaros! , Buzo en la playa, con mu¬
chos bustos y retratos de personajes ilustres, for¬
man la obra del genial Benlliure, á quien el Jurado
de la Exposición de Bellas Artes de 1895 otorgó la
medalla de honor por su estatua del escritor An¬
tonio Trueba.
Por separado tratamos de su última obra, el mo¬
numento á Gayarre (véase la doble página).
« •
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS ESTADOS UNIDOS.
Entrada y bahía de Santiago de Cuba. — Pescadores de Cayo Smith
(págs. 312 y 324).
El puerto de Santiago de Cuba, capital del an¬
tiguo Departamento Oriental, es el segundo de la
isla por su movimiento comercial, muy impor¬
tante en épocas normales. Aunque bien abrigado
de todos los vientos, es puerto de entrada larga y
difícil de tomar á causa de lo tortuoso y angosto
de su cañón, internándose cinco kilómetros y me¬
dio de SO. á NE, con unos siete cables de ancho
medio, llegando su extremo NE. á Santiago. La
costa E. del cañón, en cuya parte exterior está el
castillo del Morro, despide un placer de piedra y
hace una escuadra, en cuya extremidad N. se ve
el castillo de la Estrella. Dicho placer, con otro
que avanza un cable al S. desde la costa de sota¬
vento, forma el canal de entrada, que primero
tiene un cable de anchura y se va estrechando
hasta no medir más que 7/10 enfrente de la ci¬
tada ensenada, desde la cual continúa sin variar
hasta rebasar el cayo Smith, sitio en que empieza
á ensanchar el puerto.
La ciudad está situada al pie y en la ladera oc¬
cidental de una loma, y se desarrolla en anfiteatro,
destacándose por la derecha el faro de 244 pies de
altura sobre el nivel del mar, los dos castillos y
una alta ribera, de la que descienden ocho pequé-
ñas corrientes, de las cuales las más caudalosas son
el arroyo Cascón y los ríos de Caimanes y Paradas.
Reproducimos una fotografía de Cayo Smith,
que representa una casa de pescadores.
•
* •
EL CORONEL D. HELIODORO MONCADA,
comandante militar de Cárdenas (pág. 313).
Toda la prensa, al ocuparse en la brillante de¬
fensa de Cárdenas y elogiar como merece al co¬
mandante militar jefe de las fuerzas que rechaza¬
ron bizarramente el desembarco, ha incurrido en
el error de confundir el dicho jefe D. Heliodoro
Moneada con su hermano D. Luis, que también
sirvió en Cuba, distinguiéndose por sus hechos.
Nosotros también publicamos recientemente el
retrato de D. Luis Moneada, y hoy lo hacemos
con el del verdadero defensor de Cárdenas, para
que aquel facilísimo error de todos quede justa¬
mente rectificado.
El coronel D. Heliodoro Moneada cohermano
también del muy ilustrado' coróne! de caballería
D. Santiago, teniente fiscal militar que ha sido
del Consejo Supremo de Guerra y Marina. El de¬
fensor de Cárdenas nació en Pamplona en 3 de
Julio de 1845. Se distinguió mucho en la campaña
carlista en el Norte y en el Centro, y al terminar
ésta pasó voluntariamente á la isla de Cuba, donde
sirvió siete años, pasando después á Puerto Rico.
A los tres años regresó á la Península, y, ascen¬
dido por antigüedad á coronel, marchó nuevamen¬
te, á su instancia, á la campaña de Cuba, siendo
nombrado comandante militar de Cárdenas.
A él, pues, corresponden todos los merecidos
elogios que con motivo de la defensa de aquella
plaza se han hecho unánimemente.
* «
CAPTURA DE DOS CORRESPONSALES CCYANKEESD
en la playa del Salado (pág. 313).
Al fin lograron los yankees su anhelo de pene¬
trar en la isla de Cuba. Ya han penetrado dos en
la misma Habana . pero penetraron presos.
Según telegramas de los corresponsales, cerca
de la Cabaña tres barcos yankees trataron de pro¬
teger un desembarco en combinación con una par¬
tida de 300 insurrectos.
Dos periodistas norteamericanos, reportera del
World, iban en un bote con quince separatis¬
tas, protegidos por los fuegos de sus buques de
guerra.
El bote logró llegar á tierra, y cuando toda la
gente había desembarcado llegaron los soldados
españoles, quienes, á pesar del fuego vivísimo de
cañón que desde las barcos hacía el enemigo, se
acercaron valerosamente á la costa sin cesar de
disparar sus fusiles.
Tan certeras y terribles eran sus descargas, que
otras barcazas, con gentes de desembarco, tuvie¬
ron que retroceder y ampararse con los buques
yankees, y los quince cubanos ya desembarcados
se vieron obligados á reembarcar á toda prisa y
huir á fuerza de remos, no sin que los proyectiles
les alcanzaran, á juzgar por la gritería y el desba¬
rajuste observados en los fugitivos.
Los corresponsales yankees no pudieron ganar
el bote, y aunque daban angustiosos gritos á los
que huían, éstos, locos de terror, sólo se cuidaron
de escapar de aquella lluvia de balas, abandonando
á sus compañeros de expedición.
Los yardeees quedáronse, pues, en tierra y caye¬
ron en poder de nuestros soldados.
Cuando éstos los cogieron estaban asustadísimos.
Sus primeras palabras fueron de súplica.
— ¡Nos encomendamos á la hidalguía de los es¬
pañoles !— decían.
Nadie trató de molestarles; pero ellos cada vez
más aterrados exclamaban:
— No matarnos y nos ofrecemos á prestaros toda
clase de servicios.
Los soldados, sin hacer caso de tan humillantes
ofrecimientos, se llevaron presos á los yankees .
A su entrada en la Habana el pueblo les hizo un
ruidoso recibimiento, usando para la serenata los
característicos instrumentos propios del día de
San Isidro.
Esta primera invasión ha dado asunto al dibujo
de Alcázar, que en la citada página publicamos.
»
« «
DON RAMÓN ARGÜELLES,
coronel de voluntarios de la isla de Cuba (pág. 314).
Entre los generosos donantes que en la suscrip¬
ción nacional han demostrado su amor á España,
merece especialísima mención D. Ramón Argue¬
lles, que ha ofrecido al general Blanco para las
necesidades de la guerra la suma de diez millones
de pesetas.
Hace unos treinta años que llegó á Cuba D. Ra¬
món Arguelles con un pequeño capital, y á fuerza
de trabajo, de perseverancia y de gran acierto en
sus empresas logró reunir una gran fortuna y
todo género de honores. Antetel conflicto de la
madre patria todo egoísmo de Comerciante desapa¬
rece, y de aquella fortuna con el trabajo de tan¬
tos años reunida, ofrece á España la mayor parte.
Este rasgo de generosidad del jefe de voluntarios,
no solamente es apreciado con gratitud y entu¬
siasmo por sus hermanos de España, sino que en
importantísimas revistas extranjeras hemos leído
muy justos elogios al Sr. Argüelles por este her¬
moso ejemplo de patriotismo.
»
• e
BELLAS ARTES.
Monumento á Gayarre, por Mariano Benlliure (págs. 316 y 317).
Aun cuando la Exposición del Círculo de Bellas
Artes, abierta actualmente en el Palacio de Cristal
del Retiro, no tuviera otra obra que el Monumento
á Gayarre, de Mariano Benlliure, éste, por la atre¬
vida originalidad con que está imaginado y lo pri¬
moroso de su artística ejecución, llamaría podero¬
samente la atención pública. Como nuestros lec¬
tores pueden apreciar por la reproducción del
hermoso mausoleo que en doble página publica¬
mos, la obra resulta grandiosa y digna de su ge¬
nial autor.
Sobre una gradería se eleva la urna de mármol,
decorada en sus costados con grupos de niños can¬
tores en bajo relieve, unidos por bandas, en las
que campean inscripciones de las óperas <jue Ga¬
yarre cantaba; en cada uno de los cuatro ángulos
lleva un niño de bulto, esculpido con la belleza y
la gracia que para estos asuntos tiene el inimitable
cincel de Benlliure.
Llora al pie de la urna, apoyándose en una lira
rota, una matrona que personifica la Música, y
apoyados en los bordes de la tumba abierta, dos
figuras, representando la Melodía y la Armonía,
levantan el riquísimo féretro que guarda los restos
del ártista, sobre el cual se posa un ángel apli¬
cando el oído como si esperara volver á oir aque¬
lla voz privilegiada del inolvidable tenor.
La composición del grupo, en lo que se refiere
al modo de simbolizar la inmortalidad del artista,
no puede ni debe juzgarse con la frialdad de la
lógica; hay que sentirla y juzgarla en el terreno
de la fantasía, y admirar el poderoso genio que
revela su conjunto y la maravilla de ejecución de
todos sus detalles.
Un distinguido crítico de arte ha dicho con gran
acierto que aquello es un poema de mármol y
bronce.
• •
EXPOSICIÓN DE BELLAS ARTES DE BARCELONA.
Solos españolas. — Sala extranjera. — Gran salón central
(págs. 319 y 320).
Recientemente dimos cuenta en esta sección del
acto inaugural de la Exposición de Bellas Artes ó
Industrias Artísticas, que actualmente se celebra
en Barcelona. Completando hoy nuestra informa¬
ción gráfica, publicamos tres fotografías de dicha
Exposición: una de la Sección de Escultura ex¬
tranjera, instalada en el hermoso salón del Pala¬
cio que se construyó para la primera Exposición
Universal, y dos de las instalaciones de Industrias
Artísticas.
. •
• *
MARINA DE GUERRA NORTEAMERICANA.
. El acorazado Masmchuseth <pág. 320).
El acorazado Massachusetts es un buque de
acero de 10.288 toneladas de desplazamiento,
106,07 metros de eslora y 21,11 de manga. Su ve¬
locidad es de 16 millas, y su calado máximo de
7,80 metros. El blindaje es de 45,70 centímetros
en los costados, 43 en la torre, 42 en la barbeta, y
7,6 á 6,9 en la cubierta. Su artillería se compone
de 4 cañones de 32,5 centímetros, 8 de 20, 15 de
tiro'rápido, 20 de 6 libras, 6 de una, 4 Gatling,
y 6 tubos lanzatorpedos. Fué botado al agua el
año 1893.
•
• •
EL GOBIERNO DE PUERTO RICO.
Los secretarios y subsecretarios del despacho (pág. 321).
Con ocasión del Manifiesto en que ha dado ga¬
llarda muestra de su amor á la madre patria el Go¬
bierno de Puerto Rico, publicamos hoy los retratos
de los secretarios del despacho que lo constituyen
y de los subsecretarios de los departamentos.
Preside el primer Gabinete portorriqueño en
el nuevo régimen autonómico el respetable pa¬
tricio D. Francisco Mariano Quiñones, el único
que sobrevive á los comisionados de 1865 que fir¬
maron en Noviembre del siguiente año el Mani¬
fiesto pidiendo para su país la abolición de la es¬
clavitud «con indemnización ó sin ella, si no fuera
otra cosa posible; sin reglamentación del trabajo
libre ó con ella, si se estimaba de absoluta nece¬
sidad]).
Siempre estuvo el Sr. Quiñones con su palabra,
con su pluma y con el voto del lado de los comi¬
sionados reformistas á quienes hoy se califica jus¬
tamente de precursores de la autonomía.
Ha sido el Sr. Quiñones diputado á Cortes, y
goza de gran prestigio como inteligencia y como
carácter.
El secretario de Gobernación y Gracia y Justi¬
cia es D. Luis Muñoz Rivera, el infatigable direc¬
tor de La Democracia .
Es muy elogiado el talento práctico con que ha
conseguido enlazar los destinos del partido libe¬
ral en Puerto Rico á los del presidido por el señor
Sagasta, y el esfuerzo y la constancia con que ha
logrado llevar al censo restringido 80.000 electo¬
res liberales.
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«
312 — n.° xx
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Mato 1898
1. Santiago de Cuba. — 2. Punta Blanca. — 3. Escuadra española^ — 4. Cayo Ratones. — 5. Cayo Smith. — 6. Punta Soldado. — 7. Castillo de Santa Catalina. — 8. Batería
de la Estrella. — 9. Ensenada de la Estrella. — 10. Vigía. — 11. Faro. — 12. Morro. — 13. Punta del Morrillo. — 14. La Socapa. — 15. Desembarcadero del Cobre. — 16. Punta
Sal. — 17. Buenavista.— 18. Navio Soberano. — 19. Río Gascón. — 20. Matadero.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.— ENTRADA Y BAHÍA DE SANTIAGO DE CUBA.
(Dibujo de Caula.)
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
g.v ;*
««•si
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA.— captura de dos redactores corresponsales
DEL PERIÓDICO NORTEAMERICANO «WORLD», EN LA PLATA DEL SALADO (CUBA),
(Dibujo d9 M. Alcázar.)
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Google
SO Mayo 1898
El secretario de Hacienda es el literato
D. Manuel Fernández Juncos, director
de El Buscapié , asturiano de nacimiento,
portorriqueño de corazón, infatigable po¬
lemista y defensor entusiasta de la causa
liberal en Puerto Rico.
Identificado con D. Rafael María Labra
en política, y autonomista de siempre,
tiene gran reputación como economista.
Secretario de Obras públicas y Comu¬
nicaciones es el jurisconsulto D. Juan
Hernández López, que á su fama como
letrado une la de orador elocuentísimo.
Prestó importantes servicios a la causa
autonomista, y estuvo separado de la po¬
lítica activa mientras juzgó que su parti¬
do trabajaba estérilmente, volviendo á la
lucha con nuevos bríos cuando la juzgó
posible y eficaz. Es presidente del Ateneo
y de la Institución Superior libre de En¬
señanza.
El decano del Colegio de Abogados,
D. José Severo Quiñones, es secretario de
Agricultura, y sus méritos como hombre
de ciencia y orador muy brillante los
avalora la viril energía de su carácter, del
que, en difíciles circunstancias, ha dado
pruebas evidentes.
El abogado D. Manuel F. Rossy desem¬
peña la cartera de Instrucción pública.
Desde los comienzos de su carrera se con¬
sagró á la política liberal, y en las épocas
más difíciles para su causa demostró gran
entusiasmo, sin temor á los peligros que
entonces tenía su atrevida campaña en
los periódicos autonomistas. Contribuyó
con su peculio á la fundación del perió¬
dico El País y y en él ha tomado muy
activa parte como escritor.
N.b xx — 313
D. Cayetano Coll y Tosté, subsecreta¬
rio de Agricultura, Industria y Comer¬
cio, es hijo de Arecibo, y desde estudiante
luchó en Barcelona y en su país por la
causa liberal. Médico distinguido de gran
práctica, es además poeta laureado y di¬
rector propietario del Repertorio Histórico
de Puerto Rico .
El Sr. Coll contribuyó poderosamente
á la terminación de un hermoso hospital
en Arecibo, y hoy tiene la idea generosa
de fundar en Puerto Rico una sociedad
benéfica protectora para asegurar el ali¬
mento de los enfermos pobres, y una
cocina económica.
En su paso por el gobierno regional
de San Juan ha demostrado el Sr. Coll
sus brillantes aptitudes de mando.
Ejerce la subsecretaría de la Presiden¬
cia D. Julián E. Blanco, hijo de uno de
los primeros periodistas liberales del país
y nieto por su madre de uno de los defen¬
sores del puente de San Antonio cuando
el asedio de los ingleses de 1797.
Cuando cursaba sus estudios con gran
aprovechamiento tuvo que dedicarse al
humilde oficio de amanuense de procura¬
dor para ganarse el sustento, y pasó des¬
pués por los bufetes de cuatro notables
jurisconsultos, adquiriendo en ellos gran
caudal de conocimientos.
Ha sufrido por sus ideas liberales mu¬
chas persecuciones y destierros, siendo
varias veces reconocida su inocencia des¬
pués de sufrir grandes daños por suponér¬
sele delincuente. En 1870 hizo en El Pro¬
greso su primera campaña periodística, y
al año siguiente fue elegido diputado pro¬
vincial.
Designado por sus compañeros para
desempeñar la Comisaría de Hacienda y
Contabilidad , organizó con ese carácter
la Hacienda de la provincia, comenzando
D. HELIODORO MONCADA Y SOLER,
CORONEL DE INFANTERÍA,
COMANDANTE MILITAR* DE CÁRDENAS (CUBA).
314 — n.* xx
LA. ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Mayo 1898
por levantar un empréstito que se cubrió rápida¬
mente y que en plazo brevísimo fué reintegrado.
El mismo año 71 hubo de cesar en su cargo,
para ser elegido diputado ¿ Cortes por el distrito
de Caguas, siendo revestido de igual representa¬
ción en las nuevas Cortes de 1872 y en las Consti¬
tuyentes del año 1873.
Todas las correspondientes actas fueron apro¬
badas por el Congreso; pero el Sr. Blanco sólo
pudo asistir á las Cortes de 1871, por haberse di¬
suelto las otras antes de llegar él á Madrid.
Durante un período de alejamiento de la vida
política se dedicó Blanco á trabajos de otro gé¬
nero, como la fundación de la Asociación de Agri¬
cultores, á que prestó eficaz ayuda, y la creación
del Banco Territorial y Agrícola. En ambas insti¬
tuciones ocupó y ocupa altos pues¬
tos, recibiendo distinciones se¬
ñaladísimas.
Es presidente de la Sociedad
Económica de Amigos del País
y miembro de varias corpora¬
ciones.
En la Asamblea de Febrero del año 1897 le¬
vantó la bandera de la disidencia, luchando desde
entonces por la organización del grupo «orto¬
doxo ».
El Dr. Barbosa contribuyó á fundar el perió¬
dico El País , y ha sido siempre constante redac¬
tor del mismo.
D. José de Diego, subsecretario de Gobernación
y Gracia y Justicia, estudió el bachillerato en
Logroño y Barcelona, y escribió en muchos perió¬
dicos de la Península desde muy joven. Dirigió la
¡Semana Cómica y colaboró en Madrid Cómico ,
Verán ustedes , El País y El Progreso .
Es abogado de mucha fama, y tiénela también
El subsecretario de Obras pú¬
blicas y Comunicaciones, D. Tu-
lio Larrinaga, nació en Trujillo
Alto en 1847. Estudió y practicó
su -carrera de ingeniero civil en
el Extranjero.
De regreso á San Juan de Puer¬
to Rico, fué nombrado arquitecto
municipal. Proyectó y constru¬
yó, en 1880, el primer ferroca¬
rril de Puerto Rico (línea de tran¬
vía de San Juan á Río-Piedras).
Parante doce años sirvió el
ca?go de inspector de obras pro¬
vinciales, proyectando y cons¬
truyendo dos carreteras.
En J889 renunció varias veces
el puesto de inspector de obras
provinciales. Aceptada por fin la
renuncia, marchó á París, en
donde se le hicieron proposicio¬
nes por una antigua casa cons¬
tructora de puentes para montar
en Puerto Rico todos los puentes
del ferrocarril de circunvala¬
ción. En breve plazo realizó di¬
cha obra el Sr. Larrinaga, ha¬
biendo de formar brigadas ente¬
ras de operarios que, para esta
especialidad, no existían en el
país.
Ha dado cima, en sus veinti¬
ocho años de práctica profesio¬
nal, á gran número de obras im¬
portantes.
Al formarse la Compañía de
ferrocarriles de vía estrecha de
Mayagíiez, fué llamado para con¬
fiarle la empresa de llevar la vía
al centro de las más elevadas
montañas. La primera sección de
esa línea férrea (18 kilómetros)
ha quedado abierta recientemen¬
te á la explotación, y muy pronto quedará termina¬
da la prolongación hasta San Sebastián.
En este pueblo se encontraba cuando se le llamó
para ocupar la subsecretaría de Obras públicas y
Comunicaciones.
Ha sido siempre liberal de corazón, y cuando
su partido le ha confiado trabajos de propaganda
los ha desempeñado como bueno.
Subsecretario del departamento de Instruc¬
ción pública es el distinguido facultativo y hom¬
bre público D. José C. Barbosa, que regresó con
título de médico-cirujano á su país natal en el
año 1880.
Apenas llegado, ingresó en el partido liberal
entonces existente, que era el asimilista.
Iniciada ya la labor de propaganda, asistió el
Dr. Barbosa á la reunión convocada por el señor
Millet, en la que éste expresó la conveniencia de
proclamar el régimen autonómico como organis¬
mo de la descentralización que pedía el antiguo
partido liberal.
Comisionado por el Comité de San Juan, Bar¬
bosa fué uno de los que en la Asamblea de 1887
dieron forma definitiva al plan autonómico.
Surgieron los sucesos del año 87, y Barbosa
prestó su cooperación, su consejo y su apoyo mo¬
ral y material á todos los perseguidos por sus
ideas autonómicas.
Desde entonces figuró en todas las delegaciones
del partido.
D. RAMÓN ARGUELLES,
CORONEL DE VOLUNTARIOS DE LA ISLA DE CUBA.
(De fotografió.)
muy reconocida como poeta de hondo sentimiento
y brillante fantasía.
En la asamblea de Mayagüez celebrada por el
partido autonomista fué elegido secretario.
«Su ingreso en el partido liberal monárquico es¬
pañol — dice un periódico de Puerto Rico— es un
acto de sincero patriotismo. Amaba la república
por amor á la patria y á la libertad. Vino á la mo¬
narquía porque encontró en el seno de ella el bien
y la libertad de la patria.
»Su inteligencia, su talento vigoroso, sus varia¬
dos conocimientos y su amor á la tierra nativa y
á la nación madre , hacen esperar de él una labor
á la que deberá notables progresos el país.»
Desempeña la subsecretaría de Hacienda el jo¬
ven y distinguido periodista D. Luis Sánchez Mo¬
rales, que desde el año 86 comenzó sus tareas
periodísticas en El Palenque de la Juventud ,
figurando siempre en el partido autonomista. Du¬
rante mucho tiempo fué ingenioso y castizo cro¬
nista de El Buscapié .
Al regresar de la Península la comisión que
concertó la alianza con el partido del Sr. Sagasta,
fue uno de los que se abstuvieron de votar en la
asamblea de Febrero del 97, é ingresó en el grupo
autonomista histórico que recogió la tradición del
partido. Unánimemente se le designó para secre¬
tario de la colectividad.
Carlos Luis de Cuenca.
EPISODIOS DE 60ERRA MARITIMA.
EL «HIENA».
'N los momentos de revolución de las
colonias americanas contra la madre
patria, no fué la de Buenos Aires de
las más perezosas en procurarse, con
el auxilio exterior, buques de guerra.
Los buenos oficios del banquero de Bos¬
ton William White le sirvieron para en¬
cargar, sin reparo en el precio, un bajel rá¬
pido y fuerte, de condiciones superiores eñ
cualquier concepto á los de la estación espa¬
ñola del Río de la Plata.
Servidos á maravilla los de¬
seos, se botó al agua un buque
construido expresamente, apare¬
jado de queche ó bergantín y ar¬
mado con veinte cañones de
grueso calibre. Se aseguraba que
con la marcha podría burlarse
de cualquiera otro de mayor ca¬
pacidad, y con el esmero de las
disposiciones militares hacer
cara ventajosamente á los me¬
jores enemigos. Pusiéronle los
insurgentes por nombre Hiena ,
y ordenaron que al punto salie¬
ra á campaña, porque estaba su
puerto principal de Buenos Aires
bloqueado, y les convenía dis¬
traer ó molestar á los que amino¬
raban los recursos de resistencia.
Con estas órdenes emprendió
el Hiena el primer viaje hasta
la costa patagónica, y entró en
la bahía de los Santos á fin de
tomar lenguas respecto al núme¬
ro y situación de las fuerzas blo-
queadoras en el Plata. Nada tenía
que temer en aquel fondeadero,
donde ni había fortificación, ni
guarnición, ni más de algunos
colonos que vivían de la caza y
de la pesca.
Una embarcación con seis es¬
pañoles se aproximó al costado,
ofreciendo en venta frutas y vo¬
latería, y aceptados los artículos
subiéronlos á bordo, procediendo
al ajuste, que se fué prolongando
por no entender bien el inglés
de los tripulantes. Lo que enten¬
dieron en seguida era que no
había en el buque mucha disci¬
plina, observación con que se de¬
cidieron á la empresa, que cuesta
trabajo concebir, de hacerse due¬
ños de él. Armas no tenían otras
que las facas del oficio marinero;
pero de ánimo no estaban des¬
provistos. Acometiendo de im¬
proviso los seis á la gente ame¬
ricana descuidada, en menos
tiempo que se dice abatieron á
18 hombres, mientras el mayor
número de la dotación, que era de 96, se precipi¬
taba por las escotillas poseído de pánico en busca
de armamento. En el intermedio, nuestros marine¬
ros hicieron señas á tierra, de donde no tardó en
llegarles refuerzo suficiente para aprisionar á to¬
dos los sorprendidos, para dar la vela y entregar¬
los con el buque al comandante de Marina de Mon¬
tevideo.
El que hizo cabeza á los seis primeros se llamaba
José González. Su nombre se publicó en la Oaceta
de la Regencia del reino de 17 de Octubre de 1812
con relación del suceso y merecido elogio. El Hie¬
na sirvió bastantes años en la Armada sin cam¬
biarle la denominación.
EL «MAIPÍ’I».
Pronto repuso la pérdida del primer bajel el
Gobierno provisional de los argentinos. Lo mismo
que el de los chilenos y que los de las otras regiones
americanas, contaba con agentes activos y con el
crédito que la simpatía de su causa, ó mejor dicho,
que la animadversión universal contra la pasada
preponderancia de España sostenía. Pronto la re¬
pública naciente en el Plata, ála par de las demás,
dispuso de escuadra, cuya bandera se encargaban
de llevar sobre las aguas saladas aventureros de
todos los rincones. El Sr. Barros Arana, historia¬
dor de Chile, ha publicado lista de los treinta pri¬
meros oficiales de Marina contratados en los Es¬
tados Unidos de América: de aquel país era la
mayoría; mas los había ingleses, holandeses, fran-
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30 Hato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# xx — 315
ceses é italianos, y aun dieron contingente otras
naciones europeas, cuando sin transcurrir espacio
largo de tiempo, un lord inglés aceptó el almiran¬
tazgo de la Armada republicana.
Otro historiador argentino, Calvo, cuenta inge¬
nuamente cómo habiéndose llegado á formar, la
escuadra de Buenos Aires bajo la dirección y man¬
do de William Brown, contribuyeron á organi¬
zaría marinos de fortuna de once nacionalidades
distintas, declarando los nombres de los coman¬
dantes Baxter, Rusell, King, Clark, Leech, Hubac,
Mac Dougall los que predominaban. En esta es¬
cuadra, lo mismo que en la de Chile, se mandaba
la maniobra en inglés.
Importan los antecedentes á la inteligencia del
episodio del Maipú , ocurrido cuando la marina
insurgente se había hecho superior á la de España
en el Pacífico. No habiendo seguridad para la na¬
vegación mercantil, por natural consecuencia, ni
naves de guerra disponibles que la ampararan, de¬
cidió el consulado de Lima en 1818 armar por su
cuenta dos buques del comercio, la fragata Resolu¬
ción , que puso á cargo del alférez de navio de la
Armada D. Francisco Sevilla, y el bergantín Can¬
tón , cuyo mando confió al alférez de fragata don
Antonio González Madroño. Ambos barcos habían
de servir de escolta contra corsarios al convoy
reunido con destino á los puertos peruanos.
Diéronse á la vela en el mes de Octubre, nave¬
gando juntos y en buen orden hasta el día 17.
Cuando amaneció, hallándose cerca de las islas
Chinchas, avistaron dos bergantines sospechosos
que á todo trapo se dirigían hacia el convoy. Sevi¬
lla se interpuso resuelto á defenderlo, y uno de
los dichos bergantines, el mayor, le abordó inme¬
diatamente por mitad del costado. La pelea era
muy desigual por superioridad del insurgente en
artillería, en tripulación y en borda con la fra¬
gata mercante: no fué, sin embargo, feliz en el
asalto; tuvo que desatracarse con pérdida de gente,
y ensayó otro sistema, corriéndose por la popa y
cañoneando á la Resolución á tiro de metralla.
Tampoco consiguió su objeto con el segundo modo
de combatir, que duró cosa de una hora; antes
bien, uno de los proyectiles de la fragata le echó
abajo el palo trinquete con el mastelero de gavia,
y aproximándose en esto el Cantón , que había ya
rendido al otro bergantín enemigo, arrió el pri¬
mero la bandera, resultando ser el nombrado
Maipú y de catorce cañones, de los calibres de á 18
y 9, y 120 hombres anglo-americanos ó ingleses:
su comandante, Mr. John Brown. Tuvo en la re¬
friega 26 muertos y 35 heridos, esto es, más de la
mitad de la tripulación de baja; y la Resolución 20
heridos y 4 muertos, con gruesa avería en el cas¬
co. El segundo bergantín apareció presa que ellos
habían hecho, y que se recobró sin resistencia.
«JUANITA».
Era la Condor goletiila primorosa, construida
en los Estados Unidos, como los otros barcos que
voy enumerando; de gran velocidad, armada con
un cañón giratorio de á 18 en crujía, dos carro¬
ñadas del mismo calibre y dos cañones largos de
á 8 en los costados. En el primer viaje hecho á
Costa-Firme para ponerse al servicio de los sepa¬
ratistas, encontró por mala suerte á nuestro ber¬
gantín Hércules , que la arrinconó sobre tierra y la
apresó. No hay para qué referir pormenores, por¬
que estos recuerdos se dedican á hechos de armas
que se distinguen por circunstancias poco comu-
, nes; y teniendo el Hércules fuerza superior á la
goleta, no era de los que pudieran añadir página
gloriosa á la historia de la marina el apresamiento.
Baste consignar que el comandante americano Sa¬
muel Pilot, en el extremo de la fuga, se fué á la
costa y abandonó el barco con la mayor parte de
la gente.
Tripulado en seguida por la española, y confian¬
do el mando al alférez de fragata D. José Mon-
tojo, avistó en la mar á otra goleta de igual porte,
al parecer, á la que dió caza medio día antes do
alcanzarla. Empezado el combate con el cañón, la
abordó por la tarde, decidiendo el encuentro al
arma blanca en breve pero sangrienta lucha. En el
buque colombiano nombrado Juanita murieron el
comandante, el segundo, un oficial, con la mitad de
los marineros. Eran 50 en suma, y no quedaron vi¬
vos más de 24, los más heridos. De los españoles,
21 cayeron también muertos ó heridos graves, entre
los últimos, el alférez de fragata D. Pablo de Lla¬
nos, héroe de la jornada; el primero que saltó en
la cubierta del insurgente, chafarote en mano; el
que palmo á palmo la fue ganando y ganó en tota¬
lidad, á costa de un pistoletazo á quema ropa que
le llevó la mandíbula inferior.
No fué seguramente acción naval, esta del 5 de
Abril de 1824, que tenga importancia técnica; mas
si se considera que se riñó en un espacio de ochen¬
ta pies de longitud, obstruido por los cañones, los
palos y los pertrechos desordenados, lidiando
cuerpo á cuerpo como fieras un centenar de hom¬
bres que entre los recursos ofensivos no excusa¬
ron el incendio, hay motivos para avalorar el tem¬
ple de alma de los vencedores. Por este concepto
se celebró el hecho en España, poniéndolo entre
los señalados: en los periódicos, en los libros, en
el teatro, se citó por ejemplar de bizarría, y hoy
mismo lo recuerda un cañonero de nuestra Ar¬
mada con el simpático nombre de Condor .
Cesáreo Fernández Duro.
LA VIDA PRIVADA DE ÜN GRANDE HOMBRE.
(RECUERDOS DE GLADSTONE.)
Ba desaparición de entre los vivos de
un hombre de las condiciones de
Mr. Gladstone, tan íntimamente uni¬
do á la vida de Inglaterra en el pre¬
sente siglo, y que tanta influencia ha
ercido en sucesos importantísimos de
uropa, no podía menos de conmover al
3 culto, y durante muchos días han te-
íonmovedora importancia las noticias
que salían del castillo de Hawarden, donde
el venerable anciano ha exhalado el último suspiro
rodeado de todos los seres queridos de su alma.
La vida política del ilustre colaborador de Ro¬
berto Peel, del que completó la obra de Palmers-
ton, del inventor del home ruley del que ha hecho
que se llame en Inglaterra gladstoniano á todo lo
que tiene un sentido elevado de libertad, de dig¬
nidad y de pureza, la apreciará la historia al ocu¬
parse en la parte más importante del reinado de
la Graciosa Soberana del Reino Unido, Emperatriz
de la India. Pero hay algo muy interesante en este
momento, y es, fijarse en la vida privada de ese
eminente estadista para poder apreciar la bené¬
fica influencia que en los actos públicos délos que
gobiernan á los pueblos ejerce la pureza de las
costumbres, la delicadeza de los sentimientos y el
orden y el amor que prevalecen en un hogar ben¬
decido por el cariño.
Se suele decir que á los hombres engolfados en
las luchas de la política, y colocados á la cabeza
de los partidos, no hay que juzgarlos más que por
sus actos públicos, respetando su vida privada; y
aunque esto debe practicarse en justicia, no se
puede desconocer la íntima relación que existe
entre la vida pública y la privada, y la poderosa
influencia que launa ejerce en la otra.
El talento más poderoso, la palabra más elo¬
cuente, la intención más recta y pura se empaña¬
rán ó sufrirán eclipses si el que posee esas sobera¬
nas condiciones no las completa con un hogar
sereno y apacible para entregarse al reposo des¬
pués de la lucha, ó para prepararse para las nue¬
vas empresas.
Los gustos y las aficiones del hombre público,
la familia de que ha salido, y más principalmente
aquella que él se ha formado, ejercen una influen¬
cia poderosísima é inevitable en todos los actos
de su vida de gobernante. Si es aficionado al lujo
y ai aparato; si la vanidad le ciega; si propende
al endiosamiento, y en vez de tener á su lado
quien le aparte de estos peligros se los cubren de
flores, no procederá, aunque lo intente, con la
rectitud propia del hombre sencillo, que necesita
de muy poco para vivir y que tiene en el hogar
respetable, que es el santuario de su familia, todo
lo que su alma anhela para ser dichoso.
Nadie podrá negar al primer Marqués de la En¬
senada su gran talento y su provechosa y fecunda
iniciativa, con la que prestó importantes servicios
á su patria y á su rey. Pero no se podrá descono¬
cer tampoco que le precipitó en la desgracia su des¬
medido amor al fausto y al esplendor, que se prestó
á tan malévolas insinuaciones, y que dió tan po¬
derosas armas á sus adversarios.
Menos genio que el famoso D. Zenón Somode-
villa tuvo aquel otro ministro de su tiempo, el
modesto Campillo, que decía que sólo necesitaba
de una peseta diaria para vivir, y que podía aho¬
rrar la mitad si era tiempo de uvas; y no dejó de
prestar buenos servicios á su país, y sobre todo
no tuvo tan estrepitosa caída como el que deslum¬
bró á la corte con sus trenes, y le decía al buen
Fernando VI, que le reprendía por su lujo: «De¬
jad, señor, que por la librea del criado se conozca
la magnificencia del amo.»
En Gladstone se unían al talento más poderoso
los gustos más sencillos, y una delicadeza de alma
que se manifestó desde que comenzó su vida en
el colegio, y que le ha acompañado en, todos los
actos de su vida.
Su juventud no fué tumultuosa, y acalló todas
las pasiones su amor al estudio, que le proporcio¬
nó purísimas delicias. Tenía quince años cuando
obtuvo en Eton su primer triunfo oratorio, mara¬
villando á sus condiscípulos y á sus maestros con
un alarde de elocuencia debido á sus porten tosas-
facultades naturales, pero debido también al gusto
que adquirió en el estudio de los modelos subli¬
mes de Grecia, que habían sido el encanto de sus
años de adolescente.
Herido en el alma, al comenzar su vida, por la
quiebra de su padre, que fué un comerciante muy
rico, no descansó hasta rehabilitarle; y cuando lo
logró, recogiendo todos los créditos que había
contra el autor de sus días, llevó con tan legítimo
orgullo su nombre de Gladstone, que no consintió
en dejarle por ninguno de los títulos aristocráti¬
cos que en diferentes ocasiones le ofreció la Reina
como recompensa de sus señaladísimos servicios.
La suerte, que le fué siempre propicia, puso en
su camino á una mujer encantadora y de talento,
á la bella y virtuosa Catalina Glynne; se enamoró
de ella, fué correspondido, y se casaron cuando
Gladstone acababa de cumplir los treinta años y
se hallaba en la plenitud de sus poderosas facul¬
tades.
Entonces comenzó para el eminente hombre
público una vida privada que ha sido hasta que
ha exhalado el último suspiro un cielo sin nubes,
una existencia que no ha turbado una sola crisis,
un paraíso formado por el cambio de afectos de
dos seres que se aman, que se comprenden y que
no forman más que uno solo.
Han tenido tres hijos y dos hijas; los han criado
y educado á su lado; los han visto correr por los
bosques de Hawarden, y han bendecido á las
compañeras que ellos han elegido, y á los compa¬
ñeros que ellas han aceptado, ensanchando el ho¬
gar de la familia, alegrado por las risas y los jue¬
gos de los nietos.
Gladstone, tan amante de la familia, tan' enca¬
riñado con el castillo dohde tenía su biblioteca, y
con el bosque donde ejercitaba sus fuerzas derri¬
bando añosas encinas, y donde se complacía en
plantar otras nuevas, era en sociedad un hombre
encantador. Poseía como pocos la magia de la
conversación particular, y el que asombraba en la
tribuna, encantaba en una tertulia, sobretodo al
referir sucesos.
Durante cinco horas estuvo hablando una vez
en la Cámara de los Comunes para defender un
presupuesto formado por él, y no produjo el me¬
nor cansancio ni en amigos ni en adversarios.
«Habla el lenguaje de los dioses», decían de él
en la patria de Fox, en el país donde se ha hecho
un culto de la elocuencia parlamentaria.
En un salón producía el mismo efecto que en
la tribuna; y este hombre, que fué un marido fide¬
lísimo al que la maledicencia no ha podido seña¬
lar ni la más pasajera aventura, tenía especial
complacencia en hablar con las señoras, de las que
gustaba verse rodeado y á las que encantaba con
su trato.
Pero en cuanto podía dejar á Londres y sus sa¬
lones lo hacía con mucho gusto, y se refugiaba en
Hawarden con su esposa y con sus hijos, y allí se
levantaba á las cinco de la mañana y se ponía á
traba j ar, variando, según el precepto de Montaigne,
el asunto de su labor, esto es, consagrándose unas
veces á los estudios de economía, otras á los de
literatura ó de derecho, que alternaban con sus
dominantes ocupaciones políticas.
La literatura clásica fué siempre para él un ma¬
nantial de delicias, y en los últimos días de su
existencia se hacía recitar por su esposa los tro¬
zos de la Riada que juntos habían aprendido.
Consagró siempre mucho cuidado al ejercicio
físico para conservar su fuerza y su salud, y daba
grandes paseos á pie y manejaba con singular des¬
treza el hacha del leñador.
Su esposa ha sido siempre su compañera inse¬
parable, su confidente, su amiga, ejerciendo con
él funciones de lectora y de secretaria, pero sin
dejar ver nunca su influencia ni mezclarse en cues¬
tiones políticas.
Un hecho insignificante al parecer, prueba la
entereza y la delicadeza del alma de la señora de
Gladstone. Llevaba en su coche á su esposo á la
Cámara un día en que éste tenía que pronunciar
un discurso que le preocupaba mucho y que debía
ser de gran importancia, y cuando llegaron á la
puerta del Parlamento Gladstone se despidió de
ella, bajó del carruaje y cerró la portezuela con
tal violencia que cogió la yema de los dedos á la
pobre señora, que no tuvo tiempo de retirar la
mano.
Sabido es el horrible dolor que un accidente
de esta clase produce; pues la valerosa dama tuvo
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por ;mariano BENLLIL'RE.
318 — x.° xx
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Mayo 1898
el valor de ahogarle y de no dar un solo grito,
para que su esposo no se preocupara ni distrajese
de la idea de su discurso.
Sesenta y dos años han vivido en la más estrecha
unión William Evart Gladstone y Catalina Glyn-
ne, y la muerte sólo ha podido separarlos. Yo no
olvidaré nunca el efecto que me hizo aquella res¬
petable pareja de ancianos venerables cuando los
vi hará unos cuatro años en Biarritz: él llevaba la
levita negra y larga, el chaleco con dos hileras de
botones, y el sombrero de copa, que era su traje
habitual lo mismo en Londres que en Hawarden,
lo mismo cuando era primer ministro que cuando
viajaba; y ella dejaba ver, entre el marco formado
por los encajes negros de una capota adornada
con violetas, un semblante en el que se unían á los
restos de una gran belleza el sello augusto de la
maternidad y de la virtud.
Mr. Gladstone, al que hacía un momento había
oído yo hablar de España con gran simpatía y ha¬
ciendo un caluroso elogio de D. Emilio Castelar,
al que profesó siempre gran amistad y con el que
sostenía frecuente correspondencia, compró al
salir del hotel lo& periódicos del día y se los dió á
su esposa, que los metió en un k cabos, en el que se
veía un tomo de las obras de Homero.
Los sucesos del día y la literatura clásica, lo que
constituía la curiosidad del hombre público y la
afición del literato, se unieron en aquel saco , de¬
mostrando que ni aun en viaje olvidaba aquel
insigne estadista ni sus deberes ni sus encantos.
Ha muerto sin enfermedad y sin dolores, á los
ochenta y ocho años, asistido por su esposa y ro¬
deado de sus hijos y de sus nietos, y rezando el
Padre nuestro .
I Qué grande su vida y qué hermosa su muerte!
Bien se puede decir que Mr. Gladstone ha gozado
de toda la felicidad que se puede disfrutar en la
tierra, porque en él se han unido el genio y la
honradez, y ha consagrado tan inmenso culto á lo
que es manantial de puras y tranquilas delicias:
el hogar y la familia.
Kasabal.
REVISTA MUSICAL 0).
Sr . Director de La Ilustración.
Ijl querido amigo: Cuánta verdad en¬
cierra aquel sabido refrán «el hom¬
bre propone y Dios dispone», no
creo necesite demostración, porque,
á bien seguro, habrá tenido, como to¬
dos los mortales, ocasión de apreciarlo
muchas veces en su vida. Y convencido
de ello, no ha de extrañar el que le diga, que
en los tiempos que corremos, cogióme el tal
refrán de medio á medio, ó lo que es lo mismo,
que todos los firmes propósitos que tenía al co¬
menzar el invierno, de proseguir la campaña que
de luengos años vengo haciendo en La Ilustra¬
ción como cronista musical, se fueron al traste,
gracias á las frescas brisas con que el Guadarra¬
ma acaricia á los moradores de esta heroica villa,
las cuales pusieron á mi flaca humanidad cual si
digan dueñas, ó dicho más en canto llano, en el
estado patológico más antimusical posible, y mi
pensamiento más preocupado con las pócimas de
la botica que con partituras y obras de arte.
A Dios gracias, el temporal que he corrido ha
amainado, permitiéndome consagrar algunos ra¬
tos á mis aficiones musicales, y me deja ahora re¬
anudar, aunque tardíamente, mis interrumpidas
tareas, las cuales, por ahora, me sospecho que no
han de ser muy largas, ni, usando de una conocida
frase, he de hacer gemir mucho las prensas con
mis escritos, dado que en el momento histórico
en que trazo estas líneas hace ya días que la So¬
ciedad de Conciertos ha dado el acorde final de
sus sesiones, la empresa del Regio coliseo cerró
las puertas de éste á piedra y lodo hasta el otoño,
y la compañía lírico- dramática del teatro del Prín¬
cipe Alfonso tuvo, al poco tiempo de comenzar sus
tareas, que darlas por terminadas a fortiori .
Dicho esto por vía de preámbulo, y como justi¬
ficación del silencio que a fortiori he guardado,
entremos en materia si le place.
Ya sabe usted que la Sociedad de Conciertos, no
sé si con buen ó mal acuerdo , ha dado dos series
de ellos, desde los comienzos del invierno hasta
poco há. Hablar á usted y á los lectores de su
ilustrado periódico de la primera sería servirles
un plato trasnochado, ypondría á La Ilustración
(í) La abandancia de materiales de palpitante actualidad ha
sido causa del retraso con que se publica esta Revista.
al nivel de aquellas viejas Gacetas de Madrid 4«1
tiempo de nuestros abuelos, que traían noticias de
Polonia ó de Dinamarca á los seis ú ocho meses
de ocurridos los sucesos que relataban. Por eso
me guardaré bien de hacerlo, enderezando esta
carta á hablar tan sólo de la segunda campaña,
cuyos ecos todavía resuenan en mis oídos, y aun
eso, fijándome únicamente en lo de más interés y
novedad.
Al tratar de hacerlo, no creo que haya usted de
llevar á mal el que, cediendo no ya á una invete¬
rada manía, que tal pudiera creerse dado mi eclec¬
ticismo en materia de arte, sino á un profundo y
arraigado convencimiento, empiece por dolerme
una vez más del espíritu estrecho y exclusivista
que de algún tiempo á esta parte preside á la redac¬
ción de los programas de dichos Conciertos. Mer¬
ced á él, ni una sola vez se han visto estampados en
ellos Iob nombres de Haydn, el padre de la sinfo¬
nía, y de Mozart, haciéndose de sus obras una pre¬
terición soberanamente injusta, antiartística de
todo punto, y que no tiene precedente ni ejemplo
en ninguna de las series de conciertos verdadera-
. mente importantes del Extranjero. Mendelssohn
ha figurado, por gracia sin duda, dos veces, y qui¬
zás esas ¿despecho de los que tienen por catecismo
infalible El Judaismo en música , que en mal hora,
y en un momento de despecho, escribió Wagner; y
no han salido mejor parados Weber y Schubert.
Es decir, se ha dado de lado, más ó menos abso¬
lutamente, á grandes maestros en el arte, cuyas
obras asombraron al mundo y vivirán mientras
haya quienes rindan fervoroso y desapasionado
culto á la verdadera música.
¿Quiere decir esto que yo pretenda que sus com-
Íjosiciones, las del titán de la música, como Ber-
ioz llamó á Beethoven, y las del patriarca de todos,
el gran Bach, sean las únicas que se oigan en los
Conciertos á que vengo aludiendo, y se haga caso
omiso de cuanto bueno se ha escrito después, sea
cual fuere su procedencia? Creo que me hará usted
la justicia de creer que nada está más lejos de mi
ánimo que semejante ridicula pretensión. Lo que
yo aconsejo y pido, con la seguridad , sin embargo,
de que mis palabras han de ser verdadero sermón
en desierto, es que, dejándose guiar por un buen
sentido artístico , y tomando por norma lo que se
hace en otras naciones más cultas, musicalmente
hablando, que la nuestra, se de cabida en los Con¬
ciertos á todo lo selecto, sin preferencias de es¬
cuela ni intransigencias desnudas de toda razón.
Y no es esta la única observación ó el consejo
que he de dar, puesto ya en este camino, no sin
advertir que algo y con fortuna se ha iniciado
últimamente en el sentido que voy á indicar. Si
es siempre empresa no fácil de conseguir la de
mantener vivo el interés en los Conciertos pura¬
mente sinfónicos, la dificultad sube de punto, fa¬
tal y necesariamente, cuando éstos cuentan largos
años de existencia; y por más que se luche para
darles atractivo buscando obras nuevas, y lla¬
mando artistas y maestros, de gran renombre al¬
gunos, que coadyuven á los trabajos, no es posible
que tengan toda la variedad y el atractivo que de
desear fuera.
Esto acontece con los que celebra nuestra So¬
ciedad de Conciertos, y el mal seguirá en au¬
mento, y en daño suyo, si no da entrada en ellos
á un elemento importantísimo que figura en todos
los de verdadera importancia en el Extranjero, y
figuró en los nuestros allá en sus comienzos, y
cuando estaba ai frente de ellos el inolvidable
Barbieri: el elemento vocal. Con él, la Sociedad de
Conciertos abriría ancho campo á sus tareas; se¬
rían éstas mucho más amenas ó interesantes; los
amantes del arte tendrían ocasión de conocer y
apreciar las hermosas obras que los grandes maes¬
tros españoles y extranjeros han escrito en ese gé¬
nero, y la Asociación cumpliría aun más y mejor
el fin artístico para que fue creada, que no es otro
que el de difundir y popularizar las admirables
creaciones de los grandes genios de la música.
Terminado este capítulo de advertencias, no vaya
usted á creer que intento ahora darle cuenta, si¬
quiera fuese á vuela pluma, de cuanto se oyó en
los Conciertos á que esta carta se refiere. Tan le¬
jos está eso de mi ánimo , que no sólo me he pro¬
puesto guardar silencio respecto de las obras allí
interpretadas y ya de antes conocidas, porque res¬
pecto de ellas ya está dicho todo cuanto yo pudiera
escribirle, sino que aun de las que no se encuen¬
tran en ese caso, y, por tanto, han figurado por vez
primera en. los programas, he de ser muy parco,
dado su relativo mérito, reservándome no serlo
tanto en aquello que pudiéramos llamar la great
atraction de la temporada.
Así, con decirle que la primera Suite de Mosz-
kowski, sin ser una composición que inmortalice
á su autor, es agradable y muestra que éste conoce
bien los secretos del arte de la instrumentación;
que la overtura de la ópera La Novia vendida , de
Smetana, no gustó á los señores, como el exami¬
nando de un conocidísimo cuento, á pesar de no
estar exenta de mérito; que lo propio pasó, y con
muchísima razón, digan lo que quieran los apasio¬
nados de Berlioz, con la Marcha de los peregrinos,
de este, la cual, dicen los que lo saben, entusias¬
mó á Paganini cuando la oyó; que tampoco entu¬
siasmaron á las gentes, ni en realidad había mo¬
tivo para ello, las Pieces Symplioniques de Kerven-
guen; y que tanto la Marcha triunfal como la
Overtura de concierto , de Espino, revelan un
maestro entendido en el arte, y fueron con justi¬
cia muy aplaudidas, tengo liquidada sin trabajo
mi cuenta con no escasa parte de las novedades
presentadas por la Sociedad de Conciertos, las
cuales, salvo levísimas excepciones, no creo ha¬
yan enriquecido gran cosa su bagaje artístico.
Y vamos al punto capital de esta carta. Hablan¬
do Berlioz de lo que debe ser un director de or¬
questa, y después de hacer constar que ha de oir
y ver, ha de ser ágil y vigoroso, y ha de estar com¬
penetrado de la partición que tiene delante de sus
ojos, añade que debe poseer además otras dotes
casi indefinibles, sin las cuales no puede estable¬
cerse el apretado lazo que ha de unirle con la or¬
questa q¡ue tiene bajo su mando. Estas, á juicio del
gran critico y maestro, son: «Que se conozca que
siente, que comprende, que se conmueve; y enton¬
ces— añade — su sentimiento, su emoción se comu¬
nican á los que dirige; su llama interior los abrasa,
su electricidad los electriza, su fuerza de impul¬
sión los arrastra, y proyecta en tomo suyo las
irradiaciones vitales del arte musical.»
Poseedor en grado eminente de esas cualidades
es el joven maestro Ricardo Strauss, que, prece¬
dido de honrosísima y bien ganada reputación, ha
dirigido tres de los Conciertos objeto de esta car¬
ta. Hijo de un padre músico, desde niño dedicóse
al divino arte, mostrando tan grandes disposicio¬
nes y aprovechando de tal modo las enseñanzas
que recibiera de W. Meijer, maestro de capilla de
Munich, que cuando sólo contaba diez y seis años
de edad publicó con éxito varias composiciones,
y poco después, Le vi, cuya fama es notoria y
cuyo gran mérito hemos apreciado y admirado
aquí, daba á conocer una sinfonía en cuatro tiem¬
pos del novel compositor. La favorable acogida
que obtuvo, le animó más y más á seguir traba¬
jando con Richtter y Hans de Bülow, hasta el
punto de que á los veintitrés años ya compartía
con Le vi los trabajos de la dirección de las óperas
en el teatro de Munich, la cual, por renuncia de
aquél, ha ejercido en absoluto, y no mucho después
era activo cooperador de la interpretación de las
obras wagnerianas en Bayreuth, dirigiendo ade¬
más Los Maestros Cantores , y ganando en aquella
Meca del wagnerismo la consagración de director
de orquesta, colocándose, si no al nivel, á bien corta
distancia del mismo Le vi, de Richter y Motil, que,
como es sabido, son los tres grandes padres que el
mundo musical reconoce en la materia.
Strauss ha dirigido aquí tres Sinfonías y la over¬
tura de Leonora , de Beethoven, y varias obras de
Wagner, con singular maestría, sobre todo las úl¬
timas, en las que se ve que ha recogido en la pro¬
pia fuente la tradición del modo y forma como
deben ser interpretadas aun en sus más mínimos
detalles. Afortunadísimo también en la quinta
Sinfonía de Beehtoven, cuyas grandes bellezas
supo hacer resaltar, y nuestra orquesta bajo su há¬
bil batuta interpretó de un modo irreprochable,
en mi humilde opinión no lo fué tanto en las de¬
más, debido esto tal vez al afán de ahondar más y
más en busca de la verdadera interpretación de las
obras beethovenianas, al deseo de alcanzar más
efecto en ciertos y determinados pasajes de ellas,
añadiendo para ello á las indicaciones que Beetho¬
ven puso en sus partituras, algo y aun algos de co¬
secha propia, lunar, dicho sea entre paréntesis,
que la crítica se ha atrevido á poner también, tra¬
tándose de las mismas obras, á Motil, á pesar de
su gran saber y de su mucha autoridad, ó, en fin,
á la voluntad de querer sustituir la manera de en¬
tender é interpretar ciertos y determinados pasa¬
jes, con lo que venía, con más ó menos razón,
teniéndose como tradicional desde Habeneck hasta
nuestros días, bien que en ello no anden los pare¬
ceres muy acordes.
Pero, de todos modos, Ricardo Strauss es una
gran figura como director de orquesta, y el lla¬
mado á suceder, con Weingartner, otro joven que
por las muestras da quince y raya á muchos maes-
trazos, á los que ya antes he nombrado y por de¬
recho propio figuran en primera línea.
Pero si desde ese punto de vista todo elogio que
de Strauss se hiciera sería merecido, no pasa lo
propio considerado como compositor. No sólo no¬
bleza, sino verdad obliga, y deber es del que ejerce
la crítica decirla, con más ó menos claridad y lisu-
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30 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xx — 319
ra, á despecho de los que tengan un contrario pare¬
cer. Y de que de esto último puede uno estar seguro,
no hay más que echar una ojeada al artículo que en
la Ghude Musí cale de Bmxeíles dedicó Kufferat al
elogio de unas obras de Sbrauss, que, por cierto, ni
en París después, ni luego aquí, conmovieron al
público, ni mucho menos, y en el cual á los que no
opinaren como él, los trata nada menos que de
mandarines de la crítica, doctrinarios de la bana¬
lidad y apóstoles de lo soso y délo vulgar, no pi¬
diendo para ellos la interdicción civil y el extra¬
ñamiento perpetuo de todo lugar donde se cultive
la música, sin duda por un exceso de indulgencia
que es de agradecer. Perdonando este desahogo
que en un momento de entusiasmo artístico se per¬
mitió el portaestandarte del wagnerismo en Bél¬
gica, no será malo recordarle, no en són de de¬
fensa, sino como justificación del parecer que cada
cual tenga en materia de arte, no sólo aquella frase
latina de gustibus non disputandum , que en nues¬
tra tierra se ha traducido «en materia de gustos
no hay nada escrito», sino lo que un maestro de la
crítica como Berlioz, que ciertamente no pecaba
por exceso de benevolencia, decía en uno de sus
escritos, dando una prueba de su gran sentido: «Lo
que yo encuentro bello, es lo bello para mí; pero
quizás no lo sea para mi mejor amigo, aquel cuyas
simpatías son casi siempre las mías, y que, sin
embargo, no le produce la misma impresión, pe¬
diendo muy bien suceder que la obra que me trans¬
porta, me da fiebre y arranca lágrimas, le deje á
él frío , ó, lo que es más, no le guste nada y hasta
le impaciente.»
Pero, pidiendo á usted perdón por esta digre¬
sión, y volviendo al asunto, le he de declarar con
toda lealtad que, concediendo á los poemas sinfó¬
nicos Don Juan y Las Jugarretas de Tül Eulens-
piegel y Muerte y Transfiguración todos los pri¬
mores que se quieran desde el punto de vista de la
armonía y del contrapunto; reconociendo de buen
grado la gran maestría que en ellos revela su au¬
tor en el arte de la instrumentación , y de que es
legítima consecuencia el gran colorido que tienen
muchas de sus páginas, á los que, como yo, no es¬
tán bien avenidos con el gongorismo musical que
ha invadido á los seudo imitadores de Wagner, ni
por su forma, ni por su ausencia de claridad, ni
por las ideas que encierran, pueden gustarnos unas
composiciones que, bien miradas , más pueden te¬
nerse por los delirios de una razón enlerma, que
por la descripción fantástica de sucesos que ni aun
con ayuda de apuntador (que no es otra cosa el
programa que les acompaña) pueden entenderse.
Alargaría más de lo debido esta carta, si yo apun¬
tase siquiera, y á propósito de esto, la cuestión de
lo que la música debe expresar, dónde empieza su
acción y cuáles son los límites de su campo, cues¬
tión harto debatida desde los antiguos tiempos, y
en la que el modernismo ha tomado no poca parte;
pero aun hecho caso omiso, a fortiori, de ello, es
lo cierto que exagerar del modo y manera que se
hace en tales poemas la música descriptiva, es sa¬
carla de sus naturales límites y desnaturalizarla
por completo. Prescindiendo del Don Juan , que
aun los más entusiastas partidarios de los poemas
en cuestión reconocen como el más endeble de
todos, ¿es posible, como dice un autorizado crítico
de allende el Pirineo, pintar musicalmente las
aventuras de un personaje que monta á caballo,
penetra en una plaza rompiendo
platos y hortalizas, se disfraza
de fraile, hace la corte á las mu¬
chachas, oficia de estudiante en
una Universidad y muere á ma¬
nos del verdugo en menos de tres
cuartos de hora, como sucede en
Las Jugarretas de Till Eulens -
jriegel? Se dirá por los partidarios
de este género de música que eso
es muy factible, porque ésca pue¬
de expresarlo todo; pero á esa
afirmación rotunda podría con¬
testársele como aquel ilustre
prócer, gloria de la literatura es¬
pañola, á un maestro de baile
que se esforzaba en demostrarle
que con la danza todo se podía
decir y expresar: «Pues bien, há¬
game usted el favor de explicar¬
me cómo podré yo asomarme al
balcón, llamar aí sereno y decir¬
le que vaya corriendo á avisar al
comadrón, porque mi mujer está
de parto.» Y si eso pasa con el
poema sinfónico aludido, en
cuanto al de Muerte y Transfi¬
guración, haciendo mías sus
palabras, diré yo aquí, con el
crítico antes aludido, que «en
realidad es un baile fúnebre, en
que Strauss pinta los sufrimien¬
tos de un enfermo. La música
no nos dice qué mal tiene, pero
bien se ve que empieza por el es¬
tado comatoso. Después, de tiem¬
po en tiempo, un violento acceso
nace saltar de su lecho al enfer¬
mo y al público también, y de
sacudida en sacudida se liega á
la catástrofe final , después de lo
que se oyen unas arpas, señal
evidente de que el muerto está
ya en el Paraíso.»
Y basta de sinfonías, para decir á usted que
harto mejores que ellaB son las melodías que can¬
tó Mme. Strauss con hermosa voz, aunque no de
mucha extensión, con expresión y sin acudir á
ninguno de esos recursos de mal gusto á que suelen
acudir los artistas en demanda de aplausos; y que
gran cosecha de ellos alcanzó con toda justicia en
uno de los Conciertos nuestro violoncelista Mi-
recki, demostrando una vez más ser de la raza de
los buenos artistas y merecedor de la alta estima
en que es tenido por los amantes de la buena mú¬
sica.
Y para concluir esta carta, que á pesar de todos
mis propósitos ha resultado larga, consignaré que
los Conciertos terminaron interpretándose en los
últimos, por el excelente Orfeón de San José, que
en no lejana fecha ganó en buena lid merecidos
lauros, la cantata bíblica de Wagner, La Cena de
los Apóstoles, y el coro de Grieg, La verdadera ;
patria . Escrita, según dicen, la primera para un
festival y en época en que Wagner no había entra¬
do aún en su última manera, parece casi toda ella
la obra de un clásico de los buenos tiempos de la
música religiosa puramente vocal, sin que esto
quiera decir que se eleve á la, altura de la de los
SALAS ESPAÑOLAS.
(De fotografía de J. Fumells.)
grandes maestros de entonces, cuyas obras brilla¬
ban no sólo por la corrección y pureza de la forma,
sino por la unción religiosa de que estaban im¬
pregnadas; siendo, no sólo en mi sentir, sino en el
de la mayoría de las gentes que la oye, lo verda¬
deramente bello ó inspirado de ella el final en que
interviene la orquesta con poderosa manera, pá¬
gina grandiosa en que el maestro de Bayreuth se
elevó á grande altura, conmoviendo é impresio¬
nando ai oyente. Lo cual no pasa á éste con el coro
de Grieg, que no podrá contarse entre las obras
maestras de este originalísimo autor. Ambas* como
he dicho, las interpretó con amore el Orfeón de
San José, secundado por la orquesta, alcanzando
con justicia los obreros que le componen grande
y merecida ovación.
Y con esto doy por comenzadas mis vacaciones,
deseando que en el Otoño, al reanudar, Deo vo-
lente, mis tareas, estén nuestros ánimos harto más
tranquilos para tratar de música que al presente
lo están.
Siempre suyo afectísimo amigo,
J. M. Esperanza y Sola.
BARCELONA.— EXPOSICIÓN DE BELLAS ARTES É INDUSTRIAS ARTÍSTICAS.— sala bxtbaxjbra.
(De fotografía de J. Furnella»
DIN D^aST DON". <*>
II.
^A risible manía de ponerse un Don de¬
lante del nombre se propagó tan rá¬
pida y generalmente por España, por
Portugal y por nuestras posesiones
americanas, que son infinitas las anéc-
f- -tjí/ dotas, chanzas, sátiras y epigramas, y no
^ pocas las disposiciones de monarcas y de
autoridades que procuraron poner coto á lo
que entonces se tenía por intolerable abuso
y deplorable confusión.
En Francia debió ocurrir también algo de eso,
á juzgar por algunas indicaciones que se hacen en
estos versos de Fuloy:
Oui-da, je Tiene avertir, s il tous plait,
Dom procureur que dom mulet est pr£t;
y en aquellos otros de la conocida fábula de La
Fontaine El cerdo, la cabra y el carnero:
Dom pourceau criait en chemin
Comme s il avait cent bouchers á ses troussea,
aunque ese dictado fué casi privativo de los frai-
(1) Véase el número anterior.
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320 — n.° xx
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Mayo 1898
MARINA DE GUERRA NORTEAMERICANA. — el acorazado «massachusetts».
(De fotografía.)
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üli
■
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BARCELONA.— EXPOSICIÓN DE BELLAS ARTES É INDUSTRIAS A R TI STICAS. — gran salón central.
(De fotografía de J. Fumells.)
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D. Juan Hernández López
Obras públicas y Comunicaciones).
D. José Severo Quiñones
(Agricultura, Industria y Comercio).
D. Manuel F. Rossy
(Instrucción pública).
D. Tulio Larrinaga
(Obras públicas y Comunicaciones).
D. Luis Muñoz Rivera
(Gobernación y Gracia y Justicia).
D. Francisco Mariano Quiñones,
presidente.
D. Manuel Fernández Juncos
(Hacienda).
SECRETARIOS DEL DESPACHO.
D. José C. Barbosa
> (Instrucción pública).
• h
D. Cayetano Coll y Tosté
Agricultura, Industria y Comercio).
D. Julián E. Blanco
(Presidencia).
D. José de Diego
Gobernación y Gracia y Justicia).
SUBSECRETARIOS.
D. Luis Sánchez Morales
(Hacienda).
PRIMER GOBIERNO AUTONÓMICO DE
PUERTO RICO.
(De fotografías.)
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322 — n.° xx
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Mato 1898
les benedictinos, que «no soltaban el Dom ni á tres
tirones».
En cnanto al oso ó aboso del Don en las Amé¬
rica» españolas, baste recordar la siguiente anéc¬
dota que refiere el Duque de Frías en su Deleite de
la discreción:
«Es Arequipa una ciudad de gran pobreza en el
Perú, y de tal vanidad en sus vecinos, que por ella
se dice aquel proverbio: <iDe Dones , pendones y
muchachos sin calzones .» Sucedió que llegando á
apearse en la posada cierto religioso grave, vió á
un mozuelo hecho andrajos y díjole: «¡Eli, man¬
cebo, téngame este estribo!» Respondióle enfure¬
cido: «¡Eli, padre! ¿Sabe que habla con Don N...
de Tal y Tal?», arrojando millares de apellidos.
A que dijo el religioso: «Pues señor .Don Fulano
de Tal y Tal y Tal, Ymd. se vista como se llama
ó se llame como se viste.»
Respecto á lo que en este punto sucedía en Por¬
tugal a mediados del siglo xvji, hállase esta cu¬
riosa noticia en una de las interesantes cartas de
D. Jerónimo de Barrionuevo (1) escritas en aque¬
lla época y hace algunos años coleccionadas y
publicadas con el título de Avisos de Barrionue-
vo , en la notable «Colección de escritores caste¬
llanos» :
«Las Cortes han concedido al Rey prorrogación
de ocho millones, y que no se trate más de las
quiebras de los pasados; y ha dado á S. M. una
persona un arbitrio, el más gracioso del mundo.
Helo visto y leído impreso . Dice que en Portu¬
gal se apreciaban los títulos de los Dones , y que
^si el Rey ponía una imposición, por corta que
fuese, la suma sería grande, y que se podía hacer
lo mismo en todos los demás honores, mitad de
justicias y otras cosas, porque no hay ya quien no
se llame Don por cuitado que sea, ni mujer que no
le traiga rodando entre los chapines por esas ca¬
lles. No sé adónde pueda llegar locura semejante.»
En nuestros tiempos únicamente los reyes usan
el Don en Portugal; los demás todos son señores
más ó menos «ilustrísimos y excelentísimos».
Por lo que se refiere á España, imposible sería
citar ni aun enumerar todas las disposiciones y
todas las sátiras á que dió ocasión la vanidosa por¬
fía de los empeñados en usar el Don, que sólo les
concedía su antojo y sancionaba su voluntad.
Dice el licenciado Baltasar Porreño, en sus Di¬
chos y hechos del señor rey D . Felipe II, que
viendo algunos caballeros y consejeros la desor¬
den de mucha gente común que se nombraban
Dones, esto es, Don Fulano y Doña Fulana, pi¬
dieron á S. M. lo remediase con pragmática y gra¬
ves penas, y oídas las causas y razones que para
ello daban, respondió como tan prudente: «Esto es
irremediable, y así me parece dejallo y que cada
uno tome de la vanidad lo que quisiere, y con este
acuerdo suyo nunca más se trató de ello».
Pero el bueno de Porreño se olvidó de estas pa¬
labras á las pocas páginas, y él mismo las desmin¬
tió refiriendo las siguientes anécdotas y dando la
subsiguiente noticia:
«Firmando (Felipe II) una venta para un Don
Fulano de un lugar de behetría, dijo: «Vuélvase á
hacer sin el Don, porque no puede haberle en lu¬
gar de behetría.»
«Llevándole San toyo (su secretario) unas con¬
sultas de unos corregimientos, iba consultado un
Don Fulano, hijo de Fulano. Tomó la pluma y bo¬
rró el Don, diciendo: «Désele el corregimiento con
condición que no se llame Don, pues su padre no
lo tuvo; que ningúu hijo se debe preferir á su
padre.»
»E1 año de 158G mandó pregonar en sus reinos
de Castilla y León, aquella pragmática tan alabada
de las cortesías y tratamientos, así para con las
personas reales, como para con los demás gene¬
ralmente, con que se evitaron muchos cuidados,
encuentros y desórdenes.»
También Felipe III prestó atención á tan im¬
portante asunto, y en 3 de Enero de 1611 publicó
una pragmática declarando quiénes podían usar
el Don, y eran los obispos, condes, mujeres é hi¬
jos de los hidalgos y los hijos de personas titula¬
das «aunque fueran bastardos»; y Felipe IV en
1636 repitió la pragmática de su abuelo, aumen¬
tando la severas penas ya señaladas por éste para
«los que dieran á otros tratamientos indebidos,
para los que los recibieran enteramente y aun
para los que lo oyeren, si no avisasen».
Sin embargo, en 3 de Julio de 1664 diéronse re¬
glas para las medias anatas de mercedes, y en
ellas están comprendidos los títulos de Dones en
200 reales, y siendo por dos vidas 400, y siendo
perpetuos 600.....»; lo cual demuestra que no se
echó en saco roto aquella «proposición de arbitrio»
que algunos años anteS llamaba Barrionuevo «el
más gracioso del mundo».
(1) Fechada en Madrid á 12 de Junio de 1655
Lógico y natural era que lo que así trastornaba
las costumbres, ocupaba á los legisladores, daba
asunto á los poetas y tema de hablillas á los des¬
ocupados, fuera también llevado á la escena; y
muestra de lo que con motivo del Don se decía,
es lo que el ilustre Don Juan Ruiz de Alareón
pone en boca de los graciosos Lucía y Tristán en
la comedia La prueba de las promesas. Tristán,
ascendido de lacayo á secretario, desdeña á Lucía,
que era
Fregona el año pasado
Y hogaño también fregona;
á lo que ella dice ofendida:
No me fregonice tanto,
Ni piense desYanecido
Que un Don tan recién nacido,
Puede á nadie dar espanto,
palabras que hacen exclamar á Tristán:
¿Remoqnetitos al Donf
Huélgome, por vida mía;
Mas escáchame, Lucía,
Que he de darte una lección ,
Para que puedas saber,
Si á murmurar te dispones,
De los «pegadizos dones»
La reula que has de tener.
Si fuera en mí tan reciente
La nobleza como el Don ,
Diera á tu murmuración
CaiiRa y razón suficiente;
Pero si sangre heredé
Con que presuma y blasone,
¿Quién quitará que me endone
Cuando la gana me dé?
¿Qué es Don , y qué significa?
Es acc dente del nombre.
Que la nobleza del hombre
Que le tiene nos publica.
Pues ahora pregunto yo:
¿Un hábito es cosa fea
Ponérsele, cuando sea
Viejo un caballero? No.
Luego si es noble, es bien hecho
Ponerse el Don siempre un hombre,
Pues es el Don en el nombre
Lo que el hábito en el pecho.
A pesar de todo lo dicho y de todo lo precep¬
tuado, en el siglo xvui hubo ya completa libertad
para ponerse el Don quien lo tenía por conve¬
niente. De modo que ya nada significaba y nada
decía. Y en vez de ser «accidente del nombre»,
como creía Alareón, era ya una parte casi esen¬
cial del nombre mismo, con la diferencia de que
el nombre podía llamarse propio, pero el Don era
imposible dejar de llamarlo común .
A fines del pasado siglo, todavía D. Ramón de
la Cruz suelta alguna pulla á los dones pegadizos.
En La Maja majada dice Mauricio á Doña Petro¬
nila:
Usté en eso no se meta,
Doña Petronila .
— I Arroz!
interrumpe con mucha gracia Colasa la criada»
que sigue diciendo:
Mi señora doña Petra,
Hermana do la Bastiana,
Pasanta de muñuelera
En las Vistillas, recoja
Usté ese Don que Je cuelga,
Porque está mal hilvanado .
Hoy...... ¡bah! hoy ¿quién se ocupa de esas co¬
sas? Y, sin embargo, en estos tiempos democráti¬
cos en que el Don nada significa y no es distin¬
ción, porque todos lo tienen, y no es honor ni
merced, porque quien quiere y cuando quiere se
lo pone, quítenle ustedes á cualquiera el Don, y
ya verán ustedes cómo se ofende y protesta y
pone el grito en el cielo.
Y, sin embargo, todos llamamos al inmortal
autor del Quijote, á uno de los mayores genios de
la humanidad, honra, gloria y orgullo de Espa¬
ña, Miguel de Cervantes, y nos morimos de risa
cuando algún extranjero «ignorante» se permite
llamarle Don Miguel.
Hoy no hay necesidad de tener dinero para te¬
ner don . . din dan don es hoy un sonido vano;
pero la vanidad humana, con ser más risible por
aferrarse á no soltar lo que tan poco vale, quizás
pudiera ser mejor explotada que en el siglo XVII.
Decrétese hoy aquel impuesto que en 1655 pro¬
ponían al rey Felipe IV para sostener entonces
los gastos de la guerra, aquel arbitrio el más
gracioso del mundo; y aunque es muy posible que
alguno, como el Aretino cuando Carlos V le ofre¬
ció el Don, conteste que «un Don sin Din es como
una pared sin blanquear, que sólo sirve para basu¬
rero», posible es que muchísimos se deshagan del
din por no deshacerse del Don.
De ese modo hoy podría también procurarse
dinero para la guerra, y ya que ahora no sea nece¬
sario ni exacto decir: Din dan don , podría, en
cambio, decirse Don dan din.
Y esto sonaría mucho mejor en los oídos de la
patria.
Felipe Pérez y González.
LA NIÑA Y LA MARIPOSA.
I.
De clavel en clavel , de rosa en rosa,
En el iardin florido revolaba
Una alegre y pintada mariposa;
Y una niña, que absorta la miraba,
Febril, entusiasmada y anhelosa
Con impaciente afán la perseguía,
Y al mirarla tan bella se decia:
— ¡Si pudiese cogerla! ¡Es tan hermosa!
II.
Sobre un rojo clavel la mariposa
Parando el vuelo se quedó posada,
Y la niña, callada y sigilosa,
Alargando la mano codiciosa,
Consiguió verla al fin aprisionada
Entre sus dedos de marfil y rosa.
La débil mariposa, que de lejos
Como viviente llama relucía
Del esplendente sol á los reflejos,
Cuando las tenues alas de colores
Con movimiento rápido batía
Al volar del jardín entre las flores,
Contemplada de cerca, parecía
Que el polvo de oro en que la luz fingía
Del iris los matices y cambiantes,
Y los tonos alegres y brillantes
Que esmaltaban sus hélitros, perdía.
Y mirando á la pobre mariposa,
Que inquieta, palpitante y temblorosa
Con inútil afán se retorcía
Prisionera en su mano nacarada,
La niña murmuró desconsolada:
— ¡No es tan hermosa como yo creía!
III.
Abrió la blanca mano , y presurosa
Volvió de nuevo á remontarse al cielo
La ingrávida y brillante mariposa;
Y al verla desplegar el raudo vuelo,
La niña, arrepentida y pesarosa,
¡Ay! — dijo con amargo desconsuelo —
¡La he dejado marchar ! ¡Y es tan hermosa!!
Manuel de Sandoval.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
Suscripción nacional por el hambre, en Rusia: el peligro del hambre
por la guerra. — Elementos de resistencia.— Los peregrinos rusos de
Lavra.— La mujer anterior oí hombre — Adán según Pontoppidan.
— Gramática alemana viva.
* HfJ ambién en Rusia están de suscripción
nacional. No se reúnen fondos allí
vi para atender á las exigencias de la
guerra, sino para cubrir las apre¬
miantes necesidades del hambre. En
diez y seis gobiernos cogieron muy mala
cosecha, y al llegar la primavera ni tie-
O) nen pan ni grano para la siembra de esta
• 3 época. El Gobierno ha podido enviar á las co¬
marcas centrales del Imperio bastantes cantida¬
des de trigo y ocho millones de rublos; pero es
tan grande el número de los que sufren, que la
crisis aguda queda en pie. La suscripción volunta¬
ria apenas da resultados, porque el malestar eco¬
nómico es en Rusia tan profundo como en el resto
de Europa. En San Petersburgo, por ejemplo, á
pesar de las excitaciones de la prensa y de los es¬
fuerzos de los comités de socorro, no ha podido
recaudar la Cruz Roja, que es la sociedad encar¬
gada de reunir los fondos y distribuirlos, más que
23.000 rublos, cantidad insignificante dada la po¬
blación de la capital de Rusia.
Si á la deficiencia de la cosecha del centro se
uniera dentro de dos meses la de la zona meridio¬
nal del Imperio, la catástrofe sería inmensa, no
sólo para los rusos, sino para toda la Europa occi¬
dental, porque con poco trigo en los puertos del
Mar Negro, y acaparado y caro el de los Estados
Unidos á consecuencia de la guerra, sería casi im¬
posible abastecer á algunas naciones de nuestro
continente, tal vez á las que más consumen. Na¬
die tendría la culpa de que la inclemencia de los
tiempos, reduciendo mucho las cosechas, nos de¬
jara sin pan; pero todos cuantos se surten de la
América del Norte sufrirían las consecuencias de
la incalificable conducta de los yankees, que, al
provocar una guerra inoportuna, innecesaria, in-
j usta é inmoral, crea grandes dificultades al tráfico,
encarece el mercado y pone á la marina mercante
en el caso de no poder surtirse de ese producto.
Bien es verdad que en cuanto Inglaterra, Francia
ó Alemania sientan la menor amenaza de hambre,
acordarán ,quje la guerra termine, porque el honor
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30 Mato 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xx — 323
internacional y la conciencia elástica y el afán
belicoso de ver desde la barrera cómo se baten los
modernos buques de guerra podrán interesarles
mucho platónicamente, y podrán dar toda la es¬
pera necesaria á que los encuentros se realicen;
pero ni el honor, ni la conciencia, ni el entusias¬
mo militar resisten á las exigencias de los estó¬
magos vacíos, y no hay potencia de primero ni
de cuarto orden que se atreva á resistir á la poten¬
cia del hambre.
Las masas populares pobres, que viven en cons¬
tante sobriedad, que comen poco y á las que todo
les gusta, aprovecha y satisface, son los únicos
elementos sociales que pueden resistir las acome¬
tidas de la necesidad. Los pobres hijos de las po¬
bres familias de los labradores españoles que hacen
en Cuba campañas de tres y de ocho años alimen¬
tándose con arroz, tocino y galletas, son invenci¬
bles si el clima infame no les aniquilara; en cam¬
bio el voluntario (!!) yankee, blanco ó negro, en la
An tilla, el inglés en el valle del Nilo, arrojan la
carabina y se tumban en el suelo si no comen
bien, si les faltan las carnes y las conservas, las
galletas finas, el té, los alcoholes y la vida confor-
, table, es decir, alcohólicamente regalona y voraz,
que la gente anglo-sajona usa en su tierra, lo mis¬
mo en los tugurios callejeros, que en la existencia
cómoda de la familia, que en la sociedad de di¬
nero.
• «
En Rusia misma, á pesar del hambre, se da hoy
el espectáculo de poder contemplar cómo millares
de personas, consumidas por ella y que parece que
viven del aire, se agitan y recorren inmensos te¬
rritorios sostenidas por el fanatismo, que es una
de las excusas más usadas para disculpar la holga¬
zanería. En estos días se está verificando la pere¬
grinación de los devotos vagabundos de distintos
gobiernos ó comarcas, tan lejanas algunas como
las de Tchernigoff y varias de Siberia, al monas¬
terio de Lavra, cerca de Petchersk, región de
Kieff, donde se venera á San Nicolás y á otros
muy afamados santos nacionales, que están repre¬
sentados en el pórtico de aquel templo en anti¬
quísimas imágenes. Imposible es darse idea de lo
extraño de semejantes desfiles de peregrinos. No
sólo en cada gobierno, sino en cada valle ó tierra
de las regiones rusas, cambian las formas de los
trajes, jamás relacionados con la moda ni con los
gustos modernos con que se atavían los habitantes
de las villas y ciudades, pudiendo asegurarse que
la indumentaria que les caracteriza es la misma
que usaron hace dos ó tres siglos. Muchos curiosos
hay que van desde San Petersburgo, desde Yarso-
via y desde las ciudades alemanas próximas á la
frontera, á presenciar el paso de los peregrinos de
la Rusia oriental por las calles y plazas de Kieff,
á la gran vía de Alejandro, por la que avanzan
en verdaderas legiones, como los rebaños de me¬
rinos por el centro de las ciudades viejas de Cas¬
tilla. La peregrinación arrastra á toda la masa de
los pueblos, lo mismo á los hombres adultos, que
á los viejos, que á los niños, que á las mujeres.
Estas son las que, por sus raros atavíos y vesti¬
mentas, por sus originales tipos, llaman más ex¬
traordinariamente la atención. Los abrigos y las
faldas son de chillones matices, rojos, verdes,
amarillos y rayados como telas ordinarias de jer¬
gón; cúbrense con mantos blancos que se atan á la
cintura, dejando sueltas sus puntas delanteras y
llevando recogida por detrás en abultados dobles,
á estilo de abultado polisón, toda la caída ó re¬
borde, para que se vean bien los pliegues y toscas
labores de la falda. Calzan muchas de ellas enor¬
mes botas, y en cambio llevan las más los zapatos
en la mano, porque jamás se los ponen en su pue¬
blo, y además por penitencia y por economía. El
tocado ostenta infinidad de formas: las mujeres
bien acomodadas, ó cosa semejante, envuelven su
cabeza en cerrada toca para conservar bien el ca¬
bello, y sólo dejan ver el óvalo del rostro; en cam¬
bio las pobres, las más, se lían alrededor del mo¬
ño un trapo, cuyas puntas atan debajo de la barba;
otras llevan encasquetado el gorro alto de pieles;
otras lucen las enmarañadas crenchas, jamás pei¬
nadas ni atusadas, que caen sobre la espalda; otras,
en fin, llevan á estilo de turbante diversas ban¬
das de tejidos de distintos colores, exornados con
prendidos y joyas baratas que hacen juego con los
pendientes y los múltiples pollares de cuentas me¬
tálicas del cuello y del pecho. Hombres y muje¬
res van cargados con heterogéneos equipajes, sa¬
cos, atos, maletas, cestos y largos báculos ó palos
que sirven para sostener sobre los hombros el mi¬
serable ajuar y provisiones de las familias.
Al llegar al pórtico de San Nicolás, en Lavra,
se amontonan para besar los pies de la imagen
del Santo y para tocar con trozos de lienzo blan¬
co, recortados á propósito, las vestiduras de otras
imágenes misteriosas, retazos que besan, guardan
y veneran como reliquias y amuletos y como re¬
cuerdo de la peregrinación. Los monjes de Lavra
recogen cuantiosas limosnas, depositadas, ochavo
á ochavo, por millares de peregrinos, y pagan con
bendiciones los fervientes saludos y oraciones que
los fieles lanzan en la confusa algarabía allí rei¬
nante.
Cumplidos los votos, visitados los santuarios,
entregadas las dádivas piadosas y recogidas las re¬
liquias, vuelven los peregrinos hacia sus comarcas,
dispersándose en todas direcciones y perdiéndose
en los inmensos horizontes de aquellas tristes es¬
tepas, con el espíritu lleno de fe y el estómago
casi vacio á prueba de todas las hambres que lle¬
nan de espanto á los pueblos cómodos, pero que
se remedian en la salvaje vida rural con un pu¬
ñado de raíces cocidas, con una masa alimenticia
que llaman pan y con unos sorbos de agua y algu¬
nos tragos de aguardiente indefinible, extraído de
no se sabe dónde, y fabricado por el procedimiento
de Balarrasawieff y Compañía.
•
• *
No se han sublevado en los Estados Unidos los
pieles rojas , pero es indudable que se van á insu¬
rreccionar las pieles rubias . Hace estragos en aque¬
lla tierra del disloque la fiebre del feminismo.
Las yankees no irán á Cuba, ni á ninguna parte,
en calidad de amazonas, pero es seguro que van á
invadir las casas de todos los prójimos para que
imperen en ellas, única y exclusivamente, las pró¬
jimas. Semejante pretensión necesitaba una base
histórica, induditable, que dejara establecida la
primacía de la mujer en el mangoneo de vida so¬
cial de la humanidad. Pues bien; esta base existe,
ya que el superior talento de una señora ha dado
con ella. Esta señora, Mrs. Gamble, había publi¬
cado hace algún tiempo una obra originalísima,
titulada: Emancipación de la mujer , en la que, se¬
gún la autora, quedó demostrada la superioridad
moral y física de la mujer sobre el hombre, con
arreglo á los principios científicos de la teoría
evolucionista. Fue el libro muy ensalzado entre
las faldas revolucionarias, y ante tan entusiasta
acogida, escribió Mrs. Gamble otra obra, mucho
más estupenda, que intituló: La idea de Dios entre
los antiguos , ó el sexo en la religión . El trabajo es
muy escabroso y pertenece al género peor, y en¬
tre las muchas afirmaciones ó extravagancias ori¬
ginales que contiene figuran éstas: El elemento
femenino precedió en la naturaleza al masculino.
Las diosas son más antiguas que los dioses: Astarte
fué anterior á Baal; Hera a Zeus; Iris á Osiris;
Eostra á Odín. La mujer, en el primer período de
la humanidad, se representó por la serpiente, esto
es, por el diablo, personaje anterior al hombre.
A esta sarta de desatinos engancha los siguien¬
tes: Noé fue Menú, el legislador indio; Noé fué
un dios marino, una especie de pez ó pejenaute
antediluviano; Abraham fué el primero de los
druidas; los griegos son los descendientes de los
y avanas indios; los jonios son los antiguos adora¬
dores de la diosa Yon, expulsados de la India por
no haber querido admitir que el espíritu creador
fuera masculino.
Este modernismo filosófico femenino yankee es
de lo más cómico y divertido que puede imagi¬
narse en el proceso de las aberraciones de la fan¬
tasía humana. Sin embargo, aun se puede encon¬
trar algo más cómico y ridículo que estos engen¬
dros, y es el que haya gentes que lo tomen en
serio.
•
« #
Para que forme pendant con esta chifladura de
las nietas del tío Sam, hágase cargo el lector de
los descubrimientos bíblicos (!!) que acerca de la
historia de la creación de Eva en el Paraíso ha rea¬
lizado en Noruega un vecino de Ibsen, el literato
R. Henric Pontoppidan: «Vivía Adán en el Pa¬
raíso, solo y completamente aburrido, tumbado
en la hierba é imitando, por pasar el tiempo, los
cánticos de los pájaros, los rugidos de las fieras y
los estruendos de los vientos y de las tormentas.
Viéndole Dios así, tuvo lástima de él y compren¬
dió que le hacía falta una compañera. Para propor¬
cionársela ocurrió lo que es sabido: le sacó una
costilla mientras dormía, y al despertar le presen¬
tó á la nueva divina criatura, diciéndole: — Aquí
tienes á Eva. Comparte con ella tu vida y permane¬
ced unidos, como es mi voluntad. — Algún tiempo
después llamó el Señor á Adán y le preguntó cómo
le iba en su nuevo estado. Adán, medio loco y
tembloroso, se echó á sus pies y contestó: — ; Padre,
Señor, sacadme las demás costillas y hacedme con
ellas otras tantas Evas!— Desde entonces compren¬
dió el Creador que el mundo estaba perdido, y sin
detenerse á mirar á Adán, llamó á un arcángel,
cuyas alas eran de oro, y le dijo: — Desenvaina tu
espada y expulsa de mi Paraíso á un hombre y á
una mujer que encontrarás en él para que vayan á
morir de hambre y de pesadumbre en el desier¬
to.» Tal es la sátira filosófica del insigne Pontop¬
pidan, mucho más humorística que Lis fantasías
de Mrs. Gamble.
*
« «
El tétrico país del Norte, lo mismo en Europa
que en América, ridiculiza los ideales del amor
por falta de calor en la sangre y de luz en el cere¬
bro. En cambio entre la gente meridional todo se
presta é invita á sentir y á querer, y de todo se
saca partido para ensanchar los horizontes de la
alegría. Durante el período de vacaciones, muchos
Jóvenes extranjeros que concurren á la Universi¬
dad de Ginebra, y que usan el francés como len¬
gua cosmopolita, aprenden el alemán por un pro¬
cedimiento encantador. Buscan una novia proce¬
dente de los cantones del Norte de Suiza, donde
se habla esta lengua, ó una alemana legítima, sa¬
jona, bávara ó prusiana, y recorren con ella á dia¬
rio los pintorescos valles, vericuetos y rincones
de las orillas del lago y del gran río. Ellas hablan
generalmente el francés y el alemán con igual fa¬
cilidad. Ellos intentan aprender, y aprenden poco
á poco, el alemán, obligados por el propósito que
se imponen de entenderse con ellas en esta len¬
gua, y dirigidos y aleccionados por las correccio¬
nes cariñosas que las muchachas aplican á sus erro¬
res y torpezas. Y luego que con unas semanas de
noviaje se entiende casi de corrido el sajón po¬
pular, ponderan juntos las excelencias de este
método, que irónicamente llaman «de la Univer¬
sidad». Entre otras muchas composiciones estu¬
diantiles que así lo consagran, es muy espiritual
y curiosa la siguiente, sostenida en diálogo por la
profesora y el alumno :
« — Lieben — aimer,
On nous fait conjuger des Yerbes;
— Easen — m&nger,
Nous avons des appétits superbes ! ;
— Spazieren — promener,
Nous montons tous les jours au S&léve;
— Traumen — rérer . ;
C’est la méthode de l’Université
De Genéve!»
Después de estos dulces coloquios, dígale cual¬
quiera á los chicos que Mrs. Gamble opina que la
mujer fué anterior al hombre, ó que Pontoppidan
sabe que fué posterior, y que Adan quería quedar
completamente descostillado, y ellos, riéndose de
semejantes extravagancias, repetirán: <c Lieben,
essen, spazieren, traumen », que es lo que anhela
la juventud ajena á la fiebre feminista y á la ta¬
rea de descifrar jeroglíficos paradisiacos.,
Ricardo Becerro de Bengoa.
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324 — n.® xx
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pleto de todos los publicados hasta el día.
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hojas, comprendiendo una la parte oriental , y la otra la occidental de
la Isla. Es indispensable á todos cuantos quieran seguir, en todos sus de¬
talles, las operaciones militares en la Isla de Cuba.
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dicos que lo recetan.— En todas las formadas.
Por mayor: Bilbao, Orive, y en Madrid, M. Garda.
Impreso oon tinta de Xa fábrica' LOMLLEPI j C.% 16, rae Suger, París.
Reservados todos Tos derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID.— Establecimiento tipolitográfleo c Sucesores de Rivadeneyra»,
impresores de la Real Casa.
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PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN.
AÑO.
SEMESTRE.
TRIMESTRE.
Madrid .
35 pesetas.
18 pesetas.
10 pesetas.
Provincias .
40 id.
21 id.
11 id.
Extranjero .
60 francos.
26 francos.
14 francos.
¥
ANO XLII. — NUM. XXI.
&
administración:
ARENAE, 18.
Madrid, 8 de Junio de 1898.
PRECIOS DE SUSCRIPCIÓN. PAGADEROS EN ORO.
Cuba, Puerto Rico y Filipina*.
Demás Estados de América y
Asia .
AÑO.
12 pesos fuertes.
60 francos.
SEMESTRE.
7 pesos fuertes.
86 francos.
Excmo. Sr. D. GERMÁN GAMAZO,
MINISTRO DE FOMENTO.
' (De fotografía do M. Huerta.)
Digitized by ^.ooQie
326 — n.° xxi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Junio 1898
SUMARIO.
Texto.— Crónica general» por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenco.— Episodios de guerra ma¬
rítima, por D. Cesáreo Fernández Duro. — Desayuno de gorrión,
por D. Alfonso Pérez Nievo. — Eucaristía, poesía, por D. Carlos
Luis de Cuenca. — Corpa* Chriati , por D. Anselmo Gascón de Go-
tor, C. d^la Peal Academia de San Fernando. — Las recientes apli¬
caciones del horno eléctrico, por D. José Rodríguez Mourelo.—
Los que se fueron. Valeriano D. Bécquer, por D. E. de Lustonó.—
Pueblos delincuentes, por D. Benito Mariano Andrade — Por ambos
mundos. Narraciones cosmopolitas, por D. Ricardo Becerro de
Bengoa. — Sueltos. — Importante. — Libros presentados á esta Re¬
ducción por autores ó editores, por C.— Anuncios.
Grabados. — Retrato del Excmo. Sr D. Germán Oamazo , ministro
de Fomento. — Retrato de la Baronesa de Janzé.— Retrato de don
Emilio Díaz Moreu. capitán de navio — La guerra entre España y
los EE. UU. de Norte- América: El acorazado de segunda clase
Cristóbal Colán , que combatió en Santiago de Cuba contra la escua¬
dra del comodoro Schley. Vistas de Santiago de Cuba:-Entrada
de la bahía. Castillo del Morro. La población y la bahía. Muelle
grande. Trabajos de fortificación en la costa de Santiago de Cuba.
— Retrato del Excmo. Sr. D. Juan Manuel Sánchez y Gutiérrez de
Castro, ministro de Estado.— Alegoría del Carpios Chritstú — Bellas
Artes: Un dia de Mayo, cuadro de Félix Mestres Borrell. — Retrato
de Mr. Goschen, primer lord del Almirantazgo de Inglaterra.—
Barcelona: Feria-Concurso Agrícola, inaugurada el & de Mayo
próximo pasado. — París (Francia): Exposición del palacio de la
Baronesa de Janzé.
CRÓNICA GENERAL.
.A discusión de los Presupuestos no
daba juego, como dicen en su tecni¬
cismo especial los parlamentarios; la
de la plata fue acogida como un entre¬
tenimiento; pero prohibida la expor¬
tación, que por lo menos convierte ante
la ley en criminal al especulador y dis¬
minuye sus ganancias, y evita ó decrece la
posibilidad del conflicto que se intentaba oca¬
sionar, estaba el asunto agotado en su aspecto pin¬
toresco para los que hacen de la ciencia política
un ejercicio semejante al de los reñideros de ga¬
llos. La cosa, sin embargo, tenía miga para el pú¬
blico: tratábase nada menos que de exigir al ciu¬
dadano un tanto por ciento en la moneda de papel
que hubiera en el fondo de todos los bolsillos, sin
el riesgo de meter la mano en ellos para sustraer
esos millones; de dificultar el pago de los jornales
y los giros para las atenciones de guerra, y de dar
á la plata un precio que no tiene: era, hablando
en plata también, especie de traición, si no por las
intenciones, que salvamos, por las consecuencias
que pudo producir. Es verdad que el negocio no
tiene entrañas: clava sus dientes con la irrefle¬
xión de la criatura ansiosa que mama hasta exte¬
nuar á su nodriza, y está clavándonos Jas garras
en todas formas, ya ocultando y encareciendo el
trigo, ya subiendo el precio de muchos géneros
indispensables que en conciencia no han sufrido
los quebrantos y recargos que se hacen pagar al
público, y contribuyendo al malestar con su indi¬
ferencia y falta de generosidad y patriotismo en
que parecen puestos en competencia las gentes de
negocio y los que viven de la política.
Otro hecho muy distinto ha fijado nuestra aten¬
ción en estos días. La repetición de telegramas
provinientes de diversas capitales extranjeras, en
que se nos aconseja pidamos la paz por conducto
de otra potencia á Mr. Mac-Kinley, el que nos de¬
claró la guerra, y el cual, según los telegramas, se
hallaría dispuesto á otorgárnosla si le cediéramos
Puerto Rico, diéramos la independencia á Cuba
con un protectorado, y dejásemos á las potencias
resolver respecto de Filipinas: esto es lo que se
tantea, con pocas variantes. Y todo ¿por qué? Por
la razón sencilla de ser lo que más conviene á
nuestros enemigos y á la tranquilidad del mundo,
que dejaron perturbar las naciones que se sienten
molestadas. No hacemos á ningún español la inju¬
ria de acoger tan mala idea: desde que las Cáma¬
ras norteamericanas nos ordenaron , y su Presi¬
dente intimó renunciar á toda autoridad en Cuba
y retirar nuestras fuerzas de mar y tierra de aque¬
lla posesión secular, hemos sido aún más agravia¬
dos y ofendidos por lo de la sangre generosa de¬
rramada en Cavite, la captura de inofensivos
barcos mercantes antes de la declaración formal
de guerra, bombardeo sin aviso de nuestras pla¬
zas, uso de nuestra bandera para atacarnos, y de
proyectiles reprobados. Por consiguiente, no he¬
mos de pedir la paz por gratitud. ¿La pediríamos
por temor? No le tuvimos, ó predominó sobre éste
la vergüenza, cuando rechazamos mucho menores
exigencias, sucediera lo que sucediese. Y desde
entonces, ¿qué ha ocurrido fuera de lo de Cavite,
que es el principio de una partida problemática?
Que sus escuadras han sido rechazadas y averia¬
das, hasta el momento de escribir, en Cárdenas,
Matanzas, Cienfuegos, Guantánamo, Santiago de
Cuba y Puerto Rico. Somos los agredidos ó inju¬
riados, no los vencidos á quienes se impone inso¬
portables condiciones.
Esa paz ignominiosa sólo sería aceptable des¬
pués de terribles desastres reveladores de impo¬
tencia. A Mac-Kinley, que nos expulsó de Cuba,
corresponde hacer efectiva su amenaza, forzar con
sus escuadras nuestros puertos y vencer á nuestros
soldados : hasta ahora su famosa intervención pa¬
cificadora sólo ha logrado aumentar los males de
Cuba y extenderlos á otras islas; íntegras están en
España y las Antillas nuestras baterías y nuestras
escuadras modernas; íntegro el Ejército, íntegro
el honor de la bandera, y los corazones que le
defienden llenos de ardimiento. ¿Hemos de ha¬
cerles traición confesando su impotencia? ¿Quién
es el infame y el imbécil que habla aún de paces
vergonzosas?
Si las hiciéramos, dentro de diez años nos des¬
pedirían de las Canarias, luego de las Baleares y
luego nos desterrarían al Africa, y harían bien;
que esa es la suerte de los pueblos que no se saben
defender. Mientras que si España es fuerte y dura,
y hiere y corta, ya se mirarán, aun los fuertes y
osados, antes de atreverse con nosotros. Si no por
patriotismo, por conveniencia, por espíritu sim¬
plemente mercantil, debemos defender nuestro
derecho.
Nuestros marinos, nuestros artilleros del Morro
y baterías de La Socapa y Punta Gorda en Santiago
de Cuba; el crucero Cristóbal Colón , que manda
Díaz Moreu, tuvieron la honra de rechazar el pri¬
mer ataque á Santiago de Cuba, haciendo retirarse
á los acorazados que embestían á la plaza. Los mis¬
mos artilleros terrestres y los buques menores que
vigilaban el canal echaron á pique al Merry Mac
ó hicieron huir al acorazado que trataba de forzar
la entrada del puerto en el silencio de la noche,
dos días después. Un teniente de navio, un maqui¬
nista y varios tripulantes, fueron recogidos en
aquel naufragio y hechos prisioneros. Podrán las
vicisitudes de la guerra y la suerte de las armas
sernos desfavorables en los azares de la lucha.
Hasta ahora, Cuba y Puerto Rico muerden á los
yankees . Estos han adoptado la fórmula de llamar
reconocimientos á los ataques fracasados. No se
exponen tantos buques de los mejores de una es¬
cuadra para esa operación, ó si se hace, tiene el
segundo alcance de aprovecharse de la sorpresa
para un golpe atrevido, según dicen los inteligen¬
tes; ni se retiran tantos buques á la vista de su es¬
cuadra averiados, sin haber obtenido alguna ven¬
taja que influya en la moral. Y en cuanto al ataque
nocturno, no pueden negar que fué una sorpresa
frustrada que les costó un buque, y víctimas y pri¬
sioneros sin ninguna utilidad y con detrimento de
la confianza de las fuerzas en la pericia y acierto
de sus jefes.
Explica el enemigo este fracaso como un éxito,
afirmando con gran frescura que trató de obstruir
el canal de salida echando á pique el Merry Mac .
Aun aceptando la intención, no fué realizada, ni el
acorazado que protegía la operación pudo salvar á
los tripulantes del buque auxiliar. Si aceptásemos
la versión de que el Merry Mac fue sacrificado vo¬
luntariamente para no conseguir nada, la respon¬
sabilidad del jefe yankee sería mayor por lo pue¬
ril del intento, toda vez que la dinamita hubiera
desobstruido en pocas horas el canal; y si conta¬
ban con esto, claro es que no se trataba de ence¬
rrar á nuestra escuadra para siempre, sino el
tiempo necesario para cañonear las baterías sin la
presencia exterior de un crucero nuestro, lo cual
demuestra que en la última jornada les estorbó
mucho el Colón. ¿Encerraría el Merry Mac alguno
de esos artificios explosivos que ponderaban los
norteamericanos? Si es así, el no haber reven¬
tado aquéllos ni incendiado el buque la explo¬
sión de que fué víctima, prueba una vez más que
las minas exteriores hunden instantáneamente
los buques sin dar lugar á otros fenómenos, y me¬
nos al incendio, por lo cual interior, y muy inte¬
rior, debió ser la causa de la voladura del Maine,
inicuo pretexto de la guerra. Y será mayor la
prueba si se confirma la voladura del Baltimore en
Filipinas, que, según se dice, se incendió y voló
por causa interna.
En resumen : las operaciones de estos días han
sido, no sólo provechosas, sino honrosísimas para
España. Continúa enfrente de Santiago de Cuba
toda la escuadra norteamericana, y sus ataques
han sido hasta ahora infructuosos, con daño de sus
buques. Debemos desear y esperar que continúen
con la misma suerte que hasta aquí. España entera
sigue con entusiasmo estas operaciones, y ve con
júbilo lo bien defendidos que están los puertos
atacados hasta ahora por los yankees. Estos empie¬
zan á comprender que su empresa es muy difícil.
Ayudemos desde aquí á los que exponen su vida
y cuidan allí de nuestra honra; no dificultemos
su acción, antes ayúdeles cada cual en lo que esté
en su mano; que los pueblos enérgicos, desintere¬
sados y constantes que defienden una buena causa,
son invencibles á la larga.
•
0 tt
Ha muerto un veterano: el teniente general don
José Ignacio de Echavarría y Castillo, marqués de
Fuente-Fiel, senador y ex ministro de la Guerra.
Tenía ochenta años de edad; contaba en su hoja
de servicios muchas acciones de guerra; fué uno de
los últimos defensores de Isabel II en la batalla
de Alcolea; se desterró voluntariamente en la épo¬
ca revolucionaria; volvió á servir con la Restau¬
ración. Fué un valiente y un caballero leal. Dios
le haya premiado.
0 0
Tenemos entendido que se ha propuesto á la
J unta central de la suscripción nacional la emi¬
sión de sellos de diferentes tipos y valores, para
que en esa forma cada cual contribuyese oculta y
lentamente , á la medida de sus fuerzas y deseos,
á aumentar los fondos de tan patriótica suscrip¬
ción. De desear sería que , tanto esos sellos como
los que se han emitido en Alicante, Mallorca y Je¬
rez de la Frontera, se m&tasellasen en las admi¬
nistraciones de Correos, aunque no sirven para
el franqueo, dándoles con esa inutilización oficial
marca de haber servido ya y valor filatélico y de¬
mostrando que la Administración aplaude aquel
regalo. De Bélgica hemos recibido una carta fran¬
queada en forma regular, y que tenía en el sobre,
además, muy separado del otro, un sello español.
Pues bien; este timbre estaba matasellado en for¬
ma por la galante Administración de Correos bel¬
ga. El que nos escribía era un caballero francés,
Mr. P. P., que demostraba de aquel modo, usando
voluntariamente en su correspondencia sellos es¬
pañoles, su afecto á España y la manera de Con¬
tribuir al aumento de sus gastos, si bien echaba de
menos un signo más claro, como serían los sellos
patrióticos, para demostrar esa simpatía, que agra¬
decemos al c udadano francés que nos escribe.
Tal vez nuestro comercio ayudaría á la difusión
de esos timbres expendiéndolos gratuitamente, ó
demostrando con ellos en alguna forma su interés
por la suscripción. Esta sigue progresando y al¬
canza ya cifra importante, y justo es decir que
nuestra aristocracia, á pesar de que no son para
ella bonancibles los tiempos, remite continua¬
mente cantidades respetables, como son en Es¬
paña los miles de pesetas. Por nuestra parte, y
rogaremos á todos ios deudores que sigan nuestro
ejemplo, si esos sellos se hacen no pagaremos el
recibo del casero y otros de igual magnitud si no
coloca en ellos el timbre patriótico.
0
0 0
Las cigarreras de Madrid constituyen un poder
ante el cual ceden el estado de sitio, la misma
Guardia civil, la Iglesia y el Gobierno. No hace
mucho hizo enterrar juntos dos amantes que se
habían suicidado del mismo modo. En estos días
se empeñaron en casar á un guardia civil contra
su gusto. Este quería unirse con una joven: las ci¬
garreras trataron de obligarle á que se casase con
otra que presentaba una criatura entre sus brazos.
Se produjo un alboroto en la parroquia de San Il¬
defonso; escaparon los novios á otra iglesia, y se
reprodujo el motín en San Antonio de la Florida.
No hubo casamiento. No sabemos en qué habrá
quedado todo: podrá suceder que el guardia, con
tiempo pára reflexionar, se quede soltero para
siempre.
0
0 0
Un joven me anuncia su boda.
— ¿Cuándo se casa usted?
— Mañana.
— ¿Tiene usted arreglados los papeles?
— Sí, señor. Están hechas las amonestaciones y
tengo licencia del vicario.
— Falta un requisito, joven. Otra licencia para
casarse, de las cigarreras de Madrid.
—Una limosna para un pobre cesante.
— ¡Cesante! ¿quiere usted ser gobernador? Dé¬
jeme extender el nombramiento.
— (Tornando un papel.) Esto es una burla.
— Pues tome un real, hermano. Pero con el mis¬
mo derecho que nombra Mac-Kinley un goberna¬
dor de Filipinas, le nombraba á usted gobernador
de Nueva York.
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8 JúNicr 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° xxi — 327
' — Péro ¿va ó no á Cuba ese regimiento yankee
de amazonas?
— Parece que han desistido: los españoles ha¬
blan preparado para hacerle frente un escuadrón
de suegras, sin otras armas que sus escobas y sus
uñas.
En la escuadra yankee .
La tripulación arroja al mar un marinero muerto
del pasmo.
Los tiburones devoran el cadáver, y parece que
dicen, moviendo las colas con regocijo:
I Gracias , señor marino !
Echenos otro cacho de tocino.
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
EXCMO. SR. D. GERMÁN GAMAZO,
ministro de Fomento (pág. 1.*).
Nació el ilustre jurisconsulto y estadista don
Germán Gamazo y Calvo en Valladolid; allí cursó
con gran aprovechamiento la carrera de Derecho
y adquirió bien pronto justa fama de orador fo-
rense y de hábil polemista. En 1863 se trasladó
á Madrid; ingresó en el bufete de D. Manuel Sil-
vela, y continuó dedicado al foro hasta el año 1871,
en que comenzó su vida política como diputado
pór Valladolid. Liberal, pero poco inclinado á las
ideas radicales, militó en el partido del Sr. Sa-
gásta y fue dé los primeros que reconocieron la
monarquía restaurada y aceptaron la Constitución
del 76, formando en el partido conservador.
Perteneció después al grupo llamado centralista,
que se fusionó mas tarde con el partido del señor
Sagaáta, y desde entonces figura á su lado como
Una de las más altas personalidades de su agru¬
pación política. En 1883 fué ministro de Fomen¬
to, dejando muy gratos recuerdos de su gestión, y
luego lo ha sido de Ultramar y de Hacienda.
En la última crisis ha entrado nuevamente en
el Ministerio de Fomento.
• • #
D. EMILIO DÍAZ MOREU,
capitán de navio, comandante del acorazado Cristóbal Colón
<pág. 328).
Nació este distinguido marino en Motril (Gra¬
nada) el 28 de Enero de 1846, y desde 1858 per¬
tenece á la Armada, contando en sus años de ser¬
vicios más de veintiuno de embarco. Ha navegado
por los mares de la Península, Indias, Pacífico y
Filipinas, y ha mandado la falúa Buen Viaje , la
¡corbeta Hircey el bergantín Marta Luisa , el ca¬
ñonero Pelícano , la goleta Valiente , el aviso Mar¬
qués del Duero y la fragata Zaragoza , el crucero
Aragón y el Conde del Venadito , con el que estuvo
!en los sucesos de Melilla y en el cual condujo á
jMazagán al embajador extraordinario en Marrue¬
cos, general Martínez Campos.
Ascendió á capitán de navio hace tres años, y
en la actualidad manda el Cristóbal Colón , que
en la entrada del puerto de Santiago de Cuba
combatió victoriosamente contra los barcos norte¬
americanos el 31 de Mayo próximo pasado.
*
• «
¡ LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS ESTADOS UNIDOS.
El acorazado de segunda olase Cristóbal Colón (pág. 328).
El acorazado de segunda clase Cristóbal Colón ,
de 6.800 toneladas, construido para la marina de
guerra española por la casa Ansaldo de Génova y
mandado en la actualidad por el capitán de navio
D. Emilio Díaz Moreu, combatió bizarra y victo¬
riosamente contra la escuadra norteamericana, el
31 de Mayo próximo pasado, en la embocadura del
puerto de Santiago de Cuba.
Según los telegramas de los corresponsales en
la isla, próximamente al mediodía aparecieron á
la vista de Santiago de Cuba once barcos de guerra
norteamericanos.
Después de maniobrar colocándose en orden de
ataque, á las dos de la tarde enfilaron la boca del
canal los acorazados enemigos Iowa , Massaxhu-
setts y Texas y el crucero protegido Brooklyn , el
crucero Amazonas y un transatlántico armado én
guerra.
Inmediatamente rompieron el fuego contra las
baterías que defienden la entrada del canal.
Los fuertes españoles contestaron con un fuego
terrible.
El acorazado Cristóbal Colón estaba situado en
la boca del canal, precisamente en la parte vi¬
sible desde el mar, y ^apenas se entabló el combate
disparó sus cañones contra los barcos enemigos.
Los provectiles lanzados por las baterías espa¬
ñolas del Morro, de La Socapa y de Punta Gorda y
los que enviaba incesantemente el Colón eran tan
certeros, que los buques enemigos comenzaron á
replegarse y á emprender la retirada.
Los acorazados yankees hicieron unos setenta
disparos con los cañones de 30 centímetros, pero
sin producir /ningún daño ni en las baterías ni en
el Colón .
Algunos de los proyectiles lanzados por eleva¬
ción por los barcos enemigos cayeron dentro del
puerto de Santiago de Cuba, pero sin hacer daños
ni ocasionar desgracias.
Una hora escasa duraba el combate cuando uno
de los proyectiles españoles dió en la popa del
acorazado loica , produciéndole averías de consi¬
deración.
Al mismo tiempo caían sobre la cubierta de di¬
cho acorazado dos granadas que debieron ocasio¬
nar muchas bajas, y en otro buque yankee otra
granada produjo un incendio á bordo.
Entonces la escuadra enemiga cesó de disparar
y se retiró rápidamente de la vista de Santiago de
Cuba, pudiendo observarse desde las baterías es¬
pañolas avanzadas y desde el Colón que, además
délos indicados, llevaba otro buque de gran porte
con averías también.
Ni en las baterías españolas, ni en el Colón , ni
en el puerto de Santiago, el ataque del enemigo ha
producido destrozos ni bajas.
«
<* 6
EXPOSICIÓN DEL PALACIO DE LA BARONESA DE JANZÉ.
Vistas parciales de los Ralones (pág. 337).
Merece nuestra más viva gratitud el hermoso
rasgo, de caridad para los desgraciados y de sim¬
patía para España, que ha tenido la ilustre Baro¬
nesa de Janze.
Es el palacio que en París posee la aristocrática
dama de tal suntuosidad y encierra tanta riqueza
artística, que su morada se considera como valioso
museo, cuya» preciosidades no era dado á todos
admirar, como acontece con las que en las públicas
galerías se conservan. Su noble corazón le sugirió
la feliz idea de abrir su palacio á la pública admi¬
ración, destinando el producto deda- entrada en él
al socorro de los heridos españoles. La gran sim¬
patía que Francia nos demuestra en las actuales
circunstancias, y la atracción que la generosa idea
ejerció en la sociedad parisiense, han llevado al
suntuoso hotel gran número de visitantes.
A estas líneas, en que saludamos agradecidos á
la ilustre dama, acompaña la reproducción del úni¬
co retrato fotográfico que de ella existe. En él apa¬
rece en la plenitud de su juvenil belleza, y así con¬
cuerda con la idea que los españoles nos formamos
de su rostro, al conocer la hermosura de su alma.
o
• «
SANTIAGO DE CUBA.
Entrada de la bahia — Cantillo del Morro.— La población y la hahia.
—Muelle grande. — Trabajos de fortiUcaoión en la costa de San¬
tiago de Cuba (págs. 320 y 340).
El interés de la guerra de España con los Esta¬
dos Unidos de Norte- América, se ha concentrado
en estos últimos días en Santiago de Cuba. Ade¬
más del combate del 31 de Mayo, de que ante¬
riormente hemos escrito, ha intentado el buque
auxiliar Merry Max forzar la entrada del puerto,
auxiliado por el acorazado lowa . Cualesquiera que
fueran los propósitos de los conspicuos comodo¬
ros, una vez más se vieron frustrados, pues el
Merry Mac fué echado á pique y el lotea viró
en redondo y huyó á toda velocidad, sin detenerse
á auxiliar siquiera á los tripulantes del otro bar¬
co, que deben la vida á los españoles, hidalgos
siempre con los vencidos. En estas ocasiones en
que los yankees abandonan á sus hermanos y los
españoles los salvan, sí que nos toca á nosotros
exclamar: «Acordáos del Maine .»
Aunque los telegramas recibidos por los perió¬
dicos diarios no señalan el paraje en que se fué á
pique el Merry Macy de las noticias oficiales dedú¬
cese que el casco se hundió á la entrada del canal,
pero todavía fuera de la boca de éste.
La profundidad del paso varía entre 5 y 8 bra¬
zas, y como la anchura mínima es de 170 metros,
compréndese que puede ser obstruido con relativa
facilidad. Pero el despacho del almirante Cervera
advierte que la navegación ha quedado casi del
todo libre, y además no creemos que ofrezca gran
dificultad volar con dinamita los restos del barco
que puedan ser obstáculo á la salida de nuestros
buques.
En nuestro número anterior publicamos deta¬
lles del puerto de Santiago de Cuba, al explicar el
grabado de su plano en perspectiva, y hoy com¬
pletamos nuestra información gráfica con los gra¬
bados de la bahía vista desde el mar, del puerto,
del muelle grande y de la fortaleza del Morro,
mandada construir en el año 1665 por el maestre
de campo D. Pedro Yayona Villanueva. También
publicamos en la última página una vista de los
trabajos de fortificación en la costa de Cuba. Des¬
de esas baterías y en aquellas aguas, nuestros sol¬
dados y nuestros marinos han defendido con vic¬
toriosa bizarría la bandera de España contra la
asechanza y el ímpetu de las formidables escua¬
dras norteamericanas, y, hasta ahora, los peque¬
ños han rechazado á los gigantes, y la honda de
David ha puesto la piedra en la frente del coloso.
•
• •
EXCMO. SR. D. JUAN M. SÁNCHEZ Y GUTIÉRREZ DE CASTRO,
duque de Almodóvar del Rio , ministro de Estado (pág. 330).
En la última modificación ministerial ha sido
elegido para el difícil ministerio de Estado el se¬
ñor Duque de Almodóvar del Río, á quien la opi¬
nión señalaba hace tiempo para obtener una car¬
tera y las Cortes encomendaron la presidencia de
comisiones importantísimas. En mas de una oca¬
sión fué enviado por el Gobierno para concertar
en el Extranjero tratados de comercio, distinguién¬
dose notablemente y siendo con justicia celebrado
su talento y su diplomática habilidad por los es¬
tadistas más insignes de Francia, Alemania é In¬
glaterra, cuya afectuosa amistad conserva.
Las dotes de su inteligencia, avaloradas por una
brillantísima educación, hacen fundar legítimas
esperanzas en su difícil gestión de las cuestiones
internacionales, hoy como nunca importantes para
nosotros.
•
• *
«Corpus chrjsti.» — (Véanse el grabado y el
artículo de los Sres. Gascón de Gotor en la pá¬
gina 332.)
• *
BELLAS ARTES.
Un día de Mayo, cuadro de Félix Mostrea Borrell (pág. 333).
Premiado fué con medalla de tercera clase el
hermoso cuadro de Félix Mestres Borrell en la
última Exposición Nacional de Bellas Artes.
Un día de Mayo se titula, y fácil es al contem¬
plarle formar cabal idea del asunto y del acierto
con que está tratado.
Mística ceremonia de la Pascua florida; poética
procesión de niñas, cuyas blancas vestiduras y
flotantes velos revelan que celebran la fiesta inol¬
vidable de su primera comunión. En la época en*
que el cerrado capullo de la infantil inocencia va
á abrir su corola al sol de la juventud, la familia
cristiana lleva á sus hijos al pie del altar á recibir
el aroma de la gracia, que con el admirable Sacra¬
mento se infunde en el alma, defensora de su pu¬
reza contra las asechanzas de la vida. La sencilla
ceremonia, tan sublime en su fondo y tan poética
en su forma, no se borra jamás de nuestra memo¬
ria y siempre se recuerda con ternura.
•
• •
MR. GOSCHEN,
primer lord del Almirantazgo de Inglaterra (pág. 335).
Muy comentada ha sido por la prensa la visita
que recientemente ha venido á hacer á la plaza de
Gibraltar el primer lord del Almirantazgo de In-
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328 — n.* xxi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Junio 1898
glaterra, Mr. Goschen, muy poco des¬
pués del célebre discurso del Minis¬
tro de las Colonias, Mr. Chamberlain,
que tanta impresión produjo en toda
Europa.
Goza Mr. Goschen de gran prestigio
en su país, y es muy celebrada su ges¬
tión al frente de los negocios de la
marina inglesa. Fué primer lord del
Almirantazgo en un Ministerio liberal
presidido por el ilustre Gladstone, y
algunos años después entró á desem¬
peñar idéntico cargo en un Ministerio
unionista, bajo la presidencia de Sa-
lisbury.
Procedente de Portsmouth llegó el
28 de Mayo último á Gibraltar, á bordo
del crucero inglés Terrible. Explícase
oficialmente el objeto de su visita di¬
ciendo que no era otro que el de ins¬
peccionar las obras del dique que en
Gibraltar se construye, y realmente
sólo en los dos días que ha durado su
permanencia ha desembarcado para
inspeccionar dichas obras, viviendo á
bordo del crucero. En la tarde del 80
emprendió Mr. Goschen el viajo de
regreso.
•
• •
BARCELONA.
Feria-Concurso Agrícola (pág. 336 ).
La honda preocupación que la gue¬
rra mantiene en todos los espíritus no
puede ni debe traducirse en abandono
ni en olvido de los vitales intereses
del país; antes bien debe estimularnos
á conservar y acrecentar, nuestros ele¬
mentos de .vida, esenciales mantene¬
dores de nuestra resistencia y de nues¬
tra rehabilitación de los presentes que¬
brantos.
Por eso ; merece ' plácemes cuanto
tienda al estímulo y fomento de nues¬
tra agricultura, como la Feria-Concur¬
so que se inauguró en Barcelona el
5 de Mayo último.
D. EMILIO DÍAZ MOREU,
CAPITÁN DE NAVIO,
COMANDANTE DEL ACORAZADO «CRISTÓBAL COLÓN».
(De fotografía de J. Mon.)
Poco antes de las cuatro se habían
ya reunido en el palacio del Goberna¬
dor el delegado regio Sr. Griera, el
baile del Real Patrimonio Sr. Monner,
el Ayuntamiento presidido por el te¬
niente de alcalde D. Juan Amat y Sor-
maní, el gobernador civil D. Ramón
Larroca, el obispo Dr. Catalá, y repre¬
sentaciones de la Diputación, Cuerpo
consular y otras entidades impor¬
tantes.
A pie, y precedida por un piquete de
la Guardia Municipal, de gran gala, se
dirigió la comitiva oficial al Salón
central del Museo de Reproducciones,
donde aguardaba el Capitán general
Sr. Conde de Caspe.
Una compañía del regimiento de
Almansa, con bandera y música, rin¬
dió los honores de ordenanza á los re¬
presentantes de S. M. la Reina y de
8. A. R. la Infanta Isabel, batiendo la
marcha Real al unísono con la banda
municipal.
Una vez la comitiva en el estrado
del Salón de Reproducciones, el secre¬
tario del Ayuntamiento, Sr. Gómez
del Castillo, leyó los acuerdos por los
que se celebraba el certamen, y acto
seguido el secretario del Comité Eje¬
cutivo, D. Martín Lorenzo Coria, dió
lectura de una minuciosa y razonada
Memoria en la que relató los trabajos
realizados para llevar á cabo tan im¬
portante concurso, dedicando á la par
justísimos elogios al señor Collaso,
tanto por su iniciativa como por sus
incesantes desvelos para el mayor lu¬
cimiento del certamen.
Después de sentidas frases del señor
Amat y 8ormaní, que, como hemos
dicho, presidió la corporación munici¬
pal, levantóse D. José Griera y, en
nombre de S. M. la Reina, declaró
inaugurada la primera Feria-Concurso
Agrícola.
Como complemento del acto oficial,
la comitiva y los invitados visitaron los
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE- AMÉRICA.— el acorazado de segunda clase «Cristóbal colón»,
QUE COMBATIÓ EN SANTIAGO DE CUBA CONTRA LA ESCUADRA DEL COMODORO SCHLEY,
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‘ LA POBLACIÓN T LA BAHÍA. MUELLE GRANDE.
; LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE-AMÉRICA. — vistas de santiago de cuba.
(Do fotografías de D. José Buena)
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330 — N.° xxi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
3 Junio 1398
jardines en que están emplazadas las instalacio¬
nes. Termino la ceremonia inaugural con los
mismos honores mili bares con que empezara, y
con la grandísima animación que la prestaron
cuantos concurrieron al solemne acto.
Momentos después, el alcalde Sr. Griera, dele¬
gado regio, elevó un telegrama á S. M. la Reina
Regente participándole haberse abierto el cer¬
tamen.
A la vez remitió otro á D. José Collaso, dándole
cuenta de dicho acto y trasmitiéndole el recuerdo
que en aquél se le había dedicado como iniciador
de la Feria-Concurso Agrícola.
Cáelos Luis de Cuenca.
año, en vista de lo cual desarmó y vendió los bu¬
ques de su escuadra, restituyéndose á Yeracruz en
una balandra de pescadores á dar cuenta de su
poco lucida campaña.
Entonces pasó Laborde á la Costa-Firme, pre¬
sentándose sucesivamente ante Cartagena , Santa
Marta, la Guaira y Cumaná, puertos en que se ha¬
llaban las naves de Colombia. Como á todas las
mayores desarmó igualmente el temor de per¬
derlas, después de tanto tiempo de zozobra se vió
libre de corsarios el mar de las Antillas, y pudo
el jefe español dedicarse á las cuestiones desaten¬
didas de relación, visitando á las autoridades de
Jamaica y Santo Domingo.
Transcurrieron -unos'dos años de tranquilidad
EPISODIOS DE GUERRA. MARITIMA.
EL « GUERRERO )) •
Con brevísima exposición se ha indica¬
do en los artículos precedentes la diligen¬
cia y empeño que pusieron Colombia,
Buenos Aires, Chile y el Perú para dispo¬
ner de fuerzas navales con que luchar
contra la madre patria por su indepen¬
dencia; Méjico no se quedó á la zaga en
la actividad ejercitada á fin de procurarse
el principal elemento que debía oponer á
la represión preparada en las costas de la
Península ibérica, estando por medio la
gran extensión del Océano Atlántico.
Los revolucionarios de Nueva España,
lo mismo que los de las otras colonias
hispano - americanas , contaban con las
simpatías, con el crédito abierto y con la
ayuda eficaz del pueblo y del Gobierno
de los Estados Unidos; de modo que no
les fué difícil formar también su escua¬
drilla de guerra, habiendo encomendado
la organización y el mando al comodoro
David Porter, antiguo oficial de la ma¬
rina de aquella República, que continua¬
ba, sin embargo, enviando protestas de
amistad á España.
A fines del año 1825 se creyó el referi¬
do comodoro en disposición de tomar la
ofensiva, puesto de acuerdo con el jefe
de la escuadra colombiana, anglo-ameri-
cano como él, para bloquear la isla de
Cuba y combinar planes contra la de
Puerto Rico; mas justamente por este
tiempo había sido nombrado comandante
general del apostadero de la Habana don
Angel Laborde, ascendido al empleo de
brigadier por los eminentes servicios pres¬
tados en el de Puerto Cabello; y tanto
había sabido cambiar el estado del puerto
y arsenal, restos del poderío de España;
tanto consiguió que las advertencias y
clamores enviados al Gobierno fueran es¬
cuchados, que saliendo á la mar con el
navio Guerrero, las fragatas Lealtad , Ibe¬
ria ^ Perla y bergantín Vengador y goleta
Habanera , seis buques puestos á su cargo
y por él bien disciplinados, desconcertó á
los enemigos, muy ajenos de tener que verse con
semejante fuerza y que se separaron, por tanto,
tratando de volver a los respectivos puertos de
procedencia.
Porter no pudo conseguirlo, cortado su camino
por el seno mejicano, á menos de reñir batalla con
desventaja, y se resolvió á entrar en Cayo Hueso
bajo la protección de la bandera estrellada. Pensó
quizá hacer de aquel puerto base de operaciones,
manteniéndose casi á la vista de la Habana y en
disposición de recorrer sus aguas tan luego como
las naves españolas se alejaran; pero cualquiera
otra cosa hiciera con ellas Laborde. Cambiando
los papeles, bloqueó al que había proyectado blo¬
quearle, sin arredrarse por las condiciones peli¬
grosas del lugar, á la boca del canal de Bahama,
batido por fuertes corrientes y rodeado de escollos.
De allí no se movió ni aun en la época conocida
en que suelen desencadenarse los huracanes, pre¬
firiendo arrostrarlos á dejar abierta la puerta álos
sendo mejicanos encerrados.
Siéndole contraria la suerte, presentóse en efec¬
to el terrible fenómeno atmosférico $n los días 5
y 6 de Septiembre de 1826, con empuje que desar¬
boló de todos los palos al navio Guerrero , causó
serias averías á los demás bajeles y zozobró á la
pequeña Habanera , haciéndola desaparecer para
siempre entre las olas con cuantos hombres la
tripulaban. El bloqueó subsistió no obstante, y
Porter tuvo la última prueba por suficiente para
convencerse de su constancia, habiendo pasado un
Excmo. Sb. 1). JUAN MANUEL SANCHEZ Y GUTIÉRREZ DE CASTRO,
DUQUE DE ALMODÓVAB DEL RÍO,
MINISTRO DE ESTADO.
(De fotografía de M. Huerta.)
en Cuba, aprovechados por el Gobierno de Méjico
para adquirir y preparar barcos que róemplazaran
á los de la escuadra deshecha en Cayo Hueso. En
una de las ausencias de Laborde había salido del
puerto de la Habana, el 9 de Febrero de 1828,
convoy de cuarenta goletas caboteras escoltado
por las de guerra Marte y Amalia , y, puestas á la
vela, al día siguiente llegó aviso por tierra de ha¬
ber sido atacadas por un bergantín insurgente de
gran porte, y de que, acogidas en el puerto de
Bañes, se defendían dificultosamente del buque
enemigo, cuya artillería, gruesa y de largo alcan¬
ce , hacía muy desigual la pelea y necesariamente
acabaría por destruir ó sojuzgar á los dos barcos
menores.
En las guerras de mar juega la información un
papel incomparablemente superior al que hace
en las guerras terrestres. De ella depende muchas
veces el encuentro ó separación de las escuadras,
el logro del objeto calculado, la caza ó la huida,
los golpes impensados, el éxito, en una palabra.
Es incalculable, en estos tiempos de hilos telegrá¬
ficos y de hojas impresas diariamente, el servicio
que puede hacer la prensa comunicando la obser¬
vación de sus corresponsales respecto de la situa¬
ción, la entrada y salida, la fuerza, las condicio¬
nes de buques enemigos en cualquier parte, y no
hay que decir si es igualmente dañosa la indiscre¬
ción, haciendo públicas semejantes noticias rela¬
tivamente á las naves propias. Sin contar con los
medios rápidos de que actualmente se dispone,
mostraron los americanos en la lacha de que se
va tratando mucha sagacidad y gran disposición
para el espionaje, por medio -del cual solían estar
impuestos de lo que les importaba conocer, y su¬
pieron en Méjico el alejamiento de Laborde con
la escuadra y la disposición en que quedaba el
apostadero.
Había dejado en la Habana á las dos goletas
mencionadas y una fragata, la Casilda , barco
pesado y de malas condiciones marineras, con que
no solía contarse más que para hacer bulto. Otra
fragata se hallaba en el puerto, la Lealtad , pero
en composición, desarmada y sin gente. Al lle¬
gar el aviso desde Bañes, pensó el segimdo jefe
de Marina que saliera desde luego la Casilda hacia
allá; era de esperar que llegara á tiempo
de salvar á las goletas, y no era poco;
ocurrióle, sin embargo, poner á prueba
la buena voluntad del comandante de la
segunda fragata, y hallándola dispuesta á
cualquier esfuerzo si se le facilitaban ele¬
mentos, empezó por procurarle el de ma¬
rineros, mandando embargar la mitad en
todos los buques mercantes del puerto y
añadiendo á la suma los del arsenal y
embarcaciones menores.
Esto ocurría en la mañana del 9 de Fe¬
brero estando la Lealtad atracada al mue¬
lle de la machina sin más que los palos
machos; en la mañana del 10, antes de
pasar veinticuatro horas, salía á la mar,
ofreciendo muestra de actividad de que
habrá pocos ejemplos y de que debió que¬
dar satisfecho el comandante D. Melitón
Pérez del Camino. Iba el casco sin pin¬
tura, y todavía estando á la vela por la
boca del Morro, llevaba lanchas al cos¬
tado acabando de embarcar pólvora, ví¬
veres y efectos de varias clases. La gente
no conocía á los oficiales, ni unos á otros
se habían visto hasta entonces; al tiempo
mismo que se hacía su lista, se les seña¬
laba puesto en los cañones ó en la mani¬
obra, en situación nada á propósito para
entrar en combate; advertíase, no obs¬
tante, que siendo marineros veteranos los
reunidos á bordo, no necesitaban más que
simulacro de zafarrancho para posesio¬
narse, y esto se iba verificando mientras
la fragata, con completo velamen de alas
y rastreras, se acercaba al lugar de la ne¬
cesidad.
Un disparo de fortuna de las goletas,
que desarboló al bergantín insurgente del
mastelero mayor, le había entretenido,
suspendiendo el combate mientras reem¬
plazaba la arboladura, diligencia acabada
de hacer en el instante de llegar la fra¬
gata á su alcance en la misma tarde.
Nada hizo para esquivarla el insurgente,
que era el bergantín nombrado Guerrero,
recientemente construido en Nueva York, *
armado con 22 cañones de á 24 y tripu¬
lado con 300 hombres escogidos. Mandá¬
balo el comodoro Porter, que, fiado en los
informes, se proponía borrar las malas
impresiones de la derrota de Cayo Hueso,
empezando por rendir las dos goletas que
se le venían á las manos, y siguiendo por
el bloqueo de la Habana, en que estaba interesado
su amor propio. Creyendo que la fragata avistada
fuera la Casilda y de la que podía burlarse como
cualquiera de los vapores rápidos de hoy día lo
hace de los de marcha ordinaria, se aguantó du¬
rante la noche, sin perder de vista á los buqueci-
llos ambicionados. La amanecida del 11 de Febrero
le hizo variar un tanto de ideas, porque aquella
fragata sin pintura y de aparejo destartalado se le
aproximaba tanto, que debía de ser de pies de
privilegio: imposible que hiciera tal camino la Ca¬
silda, pótala de reputación en los términos del
seno mejicano. Maniobrando, pues, con alguna
prudencia ensayó diversas posiciones, en todas
las que la fragata le sacó ventaja, visto lo cual se
puso en franca huida con todo trapo, convencido
de haberse equivocado.
Dióle caza la Lealtad desde las ocho de la ma¬
ñana hasta las once, hora en que, alcanzándole á
distancia de tiro de fusil, disparó una tras otra
dos andanadas de la artillería, sin que fuera nece¬
saria la tercera. El Guerrero , muerto el comodoro
Porter en compañía de 19 más, y con otros 46
hombres heridos, arrió la bandera, rindiéndose
el segundo comandante, hijo del mismo Porter.
En la fragata resultaron 19 fuera de combate, dos
de ellos para siempre.
Con mucha alegría presenciaron los habitantes
de la Habana el regreso de la fragata conduciendo
prisionero al bajel famoso de que tanto se prome¬
tían los insurgentes. Con él acabaron el comodoro.
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8 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xxi — 331
y la escuadra de Méjico, y no volvió á presentarse
por aquellas aguas barco hostil. En nuestra ar¬
mada sirvió el bergantín con nombre de Cautivo ,
hasta que, cambiado el aparejo por el de corbeta,
se le dió el nuevo nombre de Liberal .
Cesáreo Fernández Duro.
DESAYUNO DE GORRIÓN.
I.
g^¿ERO esto ya no se puede soportar, se¬
ñor! Una cosa es tener buen corazón
y hacer por el prójimo, y otra que¬
darse sin camisa. Hasta el propio San
Bemardino de Sena, y eso que era
un santo, lo decía: «La caridad bien en¬
tendida empieza por uno mismo.» ¡Es
claro! Ha cundido la voz; todo el mundo sabe
en la comarca lo que es usted, y se nos co¬
men por sopa.
Y la pobre ama de llaves acabó su diatriba, en
la que latía un intenso cariño hacia el sacerdote,
á voces y roja de indignación, pero á la vez sa¬
cando del cajón de la mesa una media hogaza, que
alargó ¿ la mendiga. El aguacero de denuestos de¬
rivó, como era natural, sobre la menesterosa.
— ¡Tome usted y quítese de en medio! — la gritó,
amedrentándola de tal manera que la mujer aga¬
rró el pan temblando, se lo puso bajo ei brazo
tapándolo con el raído mantón, y se salió de la
rustica cocina sin atreverse á mirar al ama, que
clavaba en ella sus ojos de acero, y murmurándole
al compasivo sacerdote: « ¡Dios se lo pague, señor!»
El cura vió desaparecer á la mendiga calle arri¬
ba, y sintiendo profunda lástima de ella por la
manera brusca como había sido despedida, se
volvió hacia el ama y la dijo con voz severa pero
suave, de triste reposo:
— Juana. Eres incorregible, y en cuanto ves un
pobre te pones fuera de tino como los perros de
fas masías. Todos tenemos derecho á la vida.
— Pero no la obligación de mantener vagos.
— Esa mujer está enferma. Lo lleva escrito en
la cara.
— De beber aguardiente. Usted es demasiado
cándido, señor.
— Y tú muy mal pensada. En último caso, mi
deber es socorrer al que no tiene, donde le encuen¬
tre y sin averiguar más. Yo no poseo, no debo po¬
seer nada mío. Los hábitos que llevo me obligan
al sacrificio permanente.
— Pero es que á ese paso, señor, llegará usted á
carecer hasta de lo preciso. ¿Y entonces?
El cura no contestó al pronto. Contempló con se¬
rena mirada el rostro compungido del ama de lla¬
ves, y abriendo de par en par la ventana trasera
de la cocina que daba al campo, y por la que pe¬
netraron á la vez una intensísima claridad y una
bocanada de aromas, la obligó á mirar al valle y
la dijo con humilde sonrisa mostrándola su tapiz
de huertos:
— Entonces..... Dios proveerá. Piensa despacio,
Juana, en esa naturaleza que tienes delante de
tL ¡Qué libro tan elocuente para los que saben
leerlo! ¿Quién calculas tú que cuida de esos milla¬
res de troncos, de pájaros, de plantas que ahí vi¬
ven? Nadie. Y son seres como tú y yo, creados con
un fin como el tuyo y el mío. Pero la mano del
Señor no les abandona nunca, y les manda á su
tiempo lluvias y rocíos, y sol y heladas, y crecen
tan hermosos! Pues si esto hace con ellos, ¿por qué
no ha de hacerlo también con nosotros, que somos
igualmente hijos suyos?
La vieja sintióse desarmada por el espontáneo
razonamiento de su amo, y sólo contestó entre
dientes:
— Lo que es buenas razones no le faltan á usted
nunca. Así tuviéramos igualmente pan.
Siempre comenzaban estas cuestiones lo mis¬
mo, y siempre concluían igual. El ama enseñaba
primero los colmillos, y terminaba por obedecer
al cura y callarse. Respeto de perro que cesa en
sus gruñidos moviendo la cola. Y el caso es que
no le faltaba del todo la razón á la pobre mujer.
Sin ser una prebenda, no era cosa despreciable
aquel curato, y hubieran podido vivir con tran¬
quilo regalo, haciendo obras de caridad, sí señor,
que no tenía ella, á Dios gracias, un corazón de
roca, pero moderadamente y sin llegar á las pri¬
vaciones que pasaban.
Porque conforme cogía el buen clérigo la paga,
vaciábala en las casas en que batía sus alas la mi¬
seria. Por fortuna, era propia la en que vivía.
Y si luego recibía durante el mes algún obsequio,
apenas si paraba en su despensa una semana.
«¡Parece esto un fielato!» solía decir riéndose el
ama, bien que alguna lágrima se deslizase tímida¬
mente entre las risas. Hasta la ropa entraba en
juego. Daba grima ver al sacerdote con su sotana de
ala de mosca, cepilladísima pero casi transparente
de puro raída. Los hábitos nuevos empeñados en la
ciudad; el gabán de invierno que gastaba bajo los
manteos, vendido. A la propia ama la debía varias
mensualidades, y á veces pedíale el salario á los
ocho días de entregado para socorrer alguna des¬
dicha.
Para la honrada sirviente hubiera tenido fácil
remedio tal prodigalidad: marcharse del lado de
su amo. Alguna vez le amenazó con dejarle, sin
propósito serio de realizar la amenaza, porque en
el fondo admiraba la abnegación del sacerdote;
pero al ver la cara compungida que puso, ella mis¬
ma tuvo que desmentirse para consolarle. Llevaba
cuarenta años en la casa; había conocido al cura
en las mocedades; las familias de ambos eran ami¬
gas y convecinas. Lazos tales, cuando viene á es¬
trecharlos luego el ejemplo de una gran virtud, no
se desatan fácilmente.
Ante el efecto de sus palabras, cesó de amena¬
zar el ama con irse, pero no dejó de reñir á su se¬
ñor como si fuera un chiquillo y como si él estu¬
viera á su servicio en vez de estarlo ella.
— No te apures, mujer — terminaba siempre el
cura con su habitual mansedumbre, — no te apures.
¡Dios proveerá, que es el que provee á los pájaros
y á los árboles!
Y el ama concluía moviendo la cabeza y con
cierto tono de reproche burlón:
— ¡Sí, señor, sí! ¡Pero no va á ser boca la que
abran los arrieros cuando un día se encuentren
en la carretera un cura de sotana parda y una vieja
con gafas pidiendo limosna!
II.
Pronto estuvo á punto de cumplirse la predic¬
ción de la vieja gruñona. Una mañana en vano
miró y remiró el bolsillo y la cómoda: ni un real.
Y nada de comer en la despensa. Por todo ali¬
mento para el desayuno, un trozo de hogaza en el
cajón.
— Ya caerá algo, mujer, mientras me afeito —
dijo el cura; — y si no, lo pediremos prestado.
Y sin apurarse grandemente, dispuso navajas y
jabón.
Y algo cayó hacia la mitad de su faena, afeitán¬
dose ante el espejillo colgado de la vidriera. To¬
das las mañanas hacía la misma operación, y como
por la fuerza de la costumbre apenas necesitaba
cuidarse del cristal, manejaba la navaja mirando
á la vez la campiña que se descubría inmensa
desde aquel balcón. El bueno del párroco llevaba
así la cuenta de lo que sucedía en la ribera abar¬
cada desde su observatorio, viniendo á ser un ins¬
pector de la mañana en los huertos. No se le es¬
capaba un detalle. El Patazas ha empezado ya la
escardadura. La noria de Antolín no trabaja hoy.
¡Anda, anda, la vaca de la Faustina metida por
entre las coles! ¡Menudo zafarrancho!
Lavábase el cutis con la brocha, cuando vió ve¬
nir por un sendero, prados á través, una campe¬
sina, baja la cabeza, andando despacio, como per¬
sona que camina abrumada por el peso de una
honda preocupación. Sujetándola con el brazo iz¬
quierdo traía una excusa de mimbre atada con una
guita. La figura se fué acercando , y ya próxima
reconocióla el padre, iluminándose su rostro con
la luz de una repentina alegría. Ai llegar frente á
la casa levantó la aldeana la cabeza, distinguió Ja
cara bondadosa del párroco enjugándose con la
toalla, y le sonrió.
— Es la Patricia, la chica del tío Cerrojo — mur¬
muró el cura; — y mucho me equivoco si eso que
trae bajo el brazo no es una excusa de fresa.
Y acabándose de secar, se salió de su cuarto gri¬
tando, á la vez que bajaba por la escalera de la co¬
cina:
— ¡Juana, Juana! ¿Yes cómo hacía yo bien en
no desconfiar? Ahí viene la Patricia, por el atajo
de los Trampales, á traernos fresa.
No acababa de decirlo, cuando penetró en la co¬
cina la aldeana, una muchachota fresca y colora¬
da, de gruesos labios llenos de risa y ojos cándi¬
dos. El ama de llaves interrumpió el lavado á que
se entregaba y salió al encuentro de la campesina,
saludándola con el agrado del que se dispone á
recibir un obsequio.
— ¡Hola, Patricia! ¿tú por aquí? — dijo la vieja
gruñona.
— ¿Que tal va tu padre del golpe que se dió la
otra tarde en la serraduría? — agregó el clérigo.
La campesina soltó sobre la mesa la excusa que
traía bajo el brazo, y cogiéndose las puntas del
delantal replicó , sin atreverse á mirar de frente
al cura, intimidada por el respeto:
— Pues padre ya está bien, gracias á Dios, señor
cura. Y de su parte vengo á traer á usted esa poca
fresa. Es la primera que da el fresal nuevo, y mi
padre dijo, dice: «Anda y llévale á D. Julián esa
excusita, que no quiero que nadie la pruebe antes
que él.»
El ama había destapado mientras el cestito, y
sobre un lecho de verdísimas y amplias hojas de
moral surgía un empedrado de fresa de vivísimos
tonos. La buena señora cogió del vasar una fuente
honda de loza, y tomando la excusa, volcó en la
fuente el fresco fruto, que rodó como una cascada
de rubíes, esparciendo por la cocina un olor in¬
citante.
— ¡Debe de estar riquísima! — exclamó el ama
de llaves cortando la frase para lanzar una mirada
de reproche á su señor, que decía:
— Pero ¿por qué se ha incomodado tu padre, Pa¬
tricia?
III.
Media hora después, bañados por un rayo de sol
que entraba por la puerta de la cocina, mano á
mano, á uno y otro lado de la limpísima mesa, se
desayunaban tranquilamente amo y criada.
— ¿Ves cómo Dios ha provisto, Juana?— decía el
clérigo.
Y la buena mujer replicaba, señalando á la fuen¬
te y al pan desparramado sobre la mesa:
— Contentándose como los gorriones con miga¬
jas y fresa..... ¡Pero yo estoy por una jicara de
chocolate !
Alfonso Pérez Nieva.
EUCARISTÍA.
I Amor, Eterno Amor que de la nada
Creaste las innúmeras esferas
Que, reflejando tu mirada amante,
Fulguran en sus órbitas inmensas!
¡ Oh Padre de la humana criatura
Que formaste del lodo de la tierra
Y porque dominase lo creado
Le diste generoso un alma eterna!
¡ Oh Salvador que al redimir al mundo
De la terrible y merecida pena,
Padeciste por él dolor acerbo
Y moriste en patíbulo de afrenta!
¡Aun no bastaba al infinito anhelo
De tu divino amor tanta largueza,
Y tu cuerpo y tu sangre redentora
Dejaste al hombre por perpetua herencia!
¡Oh soberano símbolo en que todos
Los dogmas y misterios se completan!
¡Oh Sacramento vivo que el portento
Del amor infinito nos revelas!
¿Qué vista mirará tus resplandores?
¿Qué acento cantará tu gloria excelsa?
¿Qué idea del humano entendimiento
Abarcaría tu infinita esencia?
Cae ante Ti, vencida y humillada
La vana ceguedad de mi soberbia,
Y postrado ante el ara de tu gloria
Hundo mi frente en polvo de la tierra.
Porque ante Ti, mi corazón herido
Del rudo batallar de la existencia,
Deja el amargo tedio de la vida
Y de inefable placidez se llena.
Por Ti, el rebelde espíritu, que atado
Al peñón de sus dudas forcejea,
Rompe la esclavitud que le aprisiona
Y con las alas de la fe se eleva.
Piedad, Señor; no es digna la morada
Del alma que pecó de tu presencia,
Mas haz que vibre el celestial acento
De tu voz que las almas regenera.
Que ya me alumbra tu mirada amante
Y en las negruras de mi sér penetra.
Como en la negra charca del pantano
El sol desde los cielos se refleja !
Carlos Luis de Cuenca.
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deaurati; cuín pede, data Ecclesúe per Regem 1 á co- mk^ry{
lum Ar agonía, pondere L marchas; su mita te, ct la -
terihus ac parte anterior i hahct / dures imagines stan -
tes, et alienas pidas in smaltio.... lando . ; retrorsum
hahet portas cumfa et com ad custodiendum cor - ^
por alia, et importis sunt sex se uta et in pede quatuor
de anuís Jtegis Aragón um.»
La alhaja es ejemplar valioso <le orfebrería aragonesa, sin (pie pueda precisar á
qué escuela pertenece, si á la de Barcelona ó á la célebre de Montpeller; tiene cierta
parecido con el báculo del Papa Luna que expone en una de mis vitrinas el Museo
Nacional de Antigüedades cs| añohn; ambos, en su ornamentación, presentan es¬
maltes traslúcidos y esbozan influencias del arte francés. Mide — excluyendo las es¬
tatuas y el viril, coronamiento de pésimo gusto colocado en el pasado siglo para
/ai* una forma recién consagrada ad cavtclam — 80
isa 50 marcos de plata.
rra con puertas blasonadas, quizá retocadas,
el precioso tronco del ostensorio, por acuerdo de los reyes Fernando é Isabel,
el interior, en un armario, se guardan las seis
La parte posterior de la alhaja forma el asunto de la ilustración do
Jesús crucificado y
Herreros con indumentaria de la centuria en que se repujaron, en el
>, en el inferior, estando separados uno de otro
azul obscui o esmaltado: en los laterales de la
estatuas, ascendiendo á 19 el total, y
de Aragón, que
PR cumplimentar el acuerdo de llev
I centímetros de altura, y pe
[ La parte anterior del ostensorio se cier
siendo muy curiosas las fallebas; en
esta página: pertenece al siylo XIII la imaginería de los dos cuadro:
[ superior; María, madre, y dos orantes,
por galerías que destacan del fondo
custodia, sobre ménsulas y cabe guardapolvos,
10 los escudos heráldicos con las barras, último cuartel de las armas
se cuentan en tal joya.
Por origen confirmado por el inventario, y por la imaginería de los cuadros, la cus¬
todia procesional de Daroca es del siglo XIII; por las innovaciones dominantes en ella,
podría adjudicarse al siglo XIV; en los XV-XVI fué nuevamente reformada, y en
el xvill afeada y quizá mutilada en su remate.
_ _ Antes se conducía la alhaja procesionalmente sobre andas de madera, estofadas sua
columnas espirales, sus tallas, medallas é historiados relieves; desde hace muy pocos
JÉ XkH años se lleva, gracias á la esplendidez del canónigo Sr. Fuertes, en andas de plata, á
modo de basamento que mide 60 centímetros de altura, también decorado con meda-
nRBLm I Iones, y en el frontis, dentro de un sagrario, colocan el relicario de filigrana de oro,
donativo de los monarcas Católicos .
El milagro aconteció en 12119; en 1262 se creó una comisión compuesta de indivi¬
duos del clero y de vecinos de la ciudad para rogar al Santo Padre la aprobación del
culto de las Sagradas Formas, espontáneamente tributado por el pueblo; petición que,
apaciguadas las discordias de giielfos y gibelinos, apoyaron Santo Tomás y San Bue-
< v, r naventura; en 1263 publicóse la Bula creando la festividad del Corpus, aunque, tam-
bien por los antedichos disturbios, no se hizo vigente hasta 1311 en el Concilio do
Viena, ai que asistieron los reyes de Aragón, Francia é Inglaterra, siendo pontífice
Clemente V; y en 1336 .luán XXII acordó celebrar octava y mandó llevar procesio-
2? nalmente el Santísimo Sacramento.-
Principiaron á celebrar la solemnidad del Corpas: Barcelona, en 1319, según sus
dietarios municipales; Sens, en 1.320; Tournay, en 1323; Vich y Chartres, 1330; Va¬
lencia, 1335; Palma, 1316; Pavía, 1401, siguiendo después las demás ciudades del
^ orbe católico. Distinguiéronse en España por su carácter y originalidad: Barcelona, Zaragoza, Sevi-
« lia, Valencia y Madrid, que presentaron pasajes délos Testamentos; celebraron danzas de espadap,
dé ángeles y de diablos, de la mala hembra; idearon tarascas, rocas, carros de triunfo, gigantones
r y enanos.
Construyeron custodias procesionales, que muchas de ellas desaparecieron con los sitiadores de
principios de este siglo: Barcelona, 1408; Vich, 1413; Valencia, 1456; (ferona, siglo XV; monasterio de (Guadalupe, 1480 ( r >;
León, 1506; Córdoba, 1513; Toledo, 1517; Cuenca y la Cartuja de Miradores, 1528; Zamora, 1528 (?); Cádiz, el Cogollo y
Salamanca, por igual fecha; Jaén, 1533; Zaragoza, 1537; Toro, 1538; Santiago, 1554; Calahorra, ídem (?); Santa María de
Uioseco, loo i ; convento de San Esteban ^Salamanca), Ubi: Avila, lotl; San Juan de Alarcon ^Cuenca \, lo i 5; Sevilla, loSO;
C. de la Real Academia de San Fernando.
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CUADRO DE FÉLIX MESTRES EORRELL.- TREMIALO CON 3 * MEDALLA EN LA EXPOSICIÓN GENERAL DE BELLAS ARTES DE 1867.
334 — n.° xxi
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Junio 1898
US RECIENTES APLICACIONES DEL HOMO ELECTRICO.
ON ser las invenciones modernas tan
iMgv&yM fecundas en aplicaciones prácticas,
J ninguna de ellas aventaja, y pocas
igualan, al homo eléctrico. Extendi-
da, gracias á él, la escala de las tem-
peraturas, hasta alcanzar como límite su-
perior la de la volatilización del carbono,
habiendo antes transformado en vapor la
| cal, el ácido silícico, y cuantas substancias
* eran consideradas refractarias al cambio de
estado, bien puede decirse que ha causado en la
Metalurgia tan hondos cambios como produjeron
los nuevos métodos para obtener el níquel ó los
procedimientos de beneficiar los minerales de hie¬
rro fosforados. Ningún invento se ha extendido
más en menos tiempo : convirtió en usuales me¬
tales rarísimos; consintió preparar, en cantida¬
des ya relativamente grandes, cuerpos cuyas alea¬
ciones y ligas con otros tienen á cada punto
mayores aplicaciones; por él se obtiene el carburo
de calcio, de cuya utilidad nadie duda, base de la
industria del acetileno y fundamento de la indus¬
tria del alcohol sintético; y por el horno eléctrico
se ha llegado á aislar y estudiar la serie de los
carburos metálicos casi completa, nueva clase de
cuerpos, muchos de ellos inmediatamente aplica¬
bles, que relacionan de modo positivo los com¬
puestos minerales y las substancias orgánicas.
Aparte de esto, débese al ya famoso aparato ha¬
ber completado, con magníficos datos experimen¬
tales, el conocimiento de los estados del carbono,
no ya sólo en lo relativo á las propiedades parti¬
culares de cada uno, sino, acaso mejor, esclare¬
ciendo el problema de su génesis, especialmente
en lo relativo al asunto de los estados interme¬
dios y al mecanismo de los fenómenos en los cua¬
les se producen. Y dentro de la pura teoría, es
bien sabido, á la hora presente, cómo los resulta¬
dos experimentales, conseguidos aplicando la tem¬
peratura extrema producida en el horno eléctri¬
co, son datos de gran valor, en los cuales se apo¬
yan doctrinas de la mayor importancia, relativas
al probable origen de substancias naturales de
tanta complejidad como los petróleos, naftas y
esquistos bituminosos.
Demandan los adelantos realizados atento y mi¬
nucioso estudio; reclama el conocimiento de los
más trascendentales examen detenido, y meréce¬
lo, en general, el novísimo procedimiento meta¬
lúrgico, cuyas aplicaciones en brevísimo tiempo
han de transformar la gran industria de los me¬
tales, haciendo usuales cuantos se califican de ra¬
ros, aprovechando las cualidades de los carburos
metálicos, solos ó asociados, y preparando alea¬
ciones á voluntad, dotadas de cualidades previstas
de antemano. En ciencia, los descubrimientos son
función de los métodos, y cada uno nuevo es ger¬
men de muchos; porque aun no percibiéndose cla¬
ras las relaciones entre los hechos y los medios de
llevarlos á cabo, semejantes lazos existen, son ín¬
timos y llegan á descubrirse al cabo, de igual modo
que por el estudio de un movimiento se deduce
la fuerza ó el sistema de fuerzas que lo originaron.
Nos hallamos en el caso presente con un procedi¬
miento nada complicado ciertamente, el cual pone
©n manos del investigador medio de conseguir y
aplicar la mayor energía térmica jamás conocida:
ai punto vese la posibilidad práctica de nuevos
cambios de estado, haciendo á todos los cuerpos
susceptibles de ellos, porque, así como los medios
de conseguir grandes presiones y temperaturas
extremadamente bajas han borrado la noción de
gases permanentes, ante la potencia térmica del
horno eléctrico no hay substancias refractarias,
ni óxidos irreductibles, ni metales que no se vo¬
latilicen. Y si desde el punto de vista físico son
posibles, en la práctica, semejantes transforma¬
ciones, obteniendo gases que son cal, sílice, car¬
bono ó plata, desde el punto de vista químico
facilítanse asociaciones moleculares y se hacen
interesantes, es preciso considerar los experimen¬
tos á que se alude. Primero, en razón de su valor
como datos para inferir la estructura de los cuer¬
pos obtenidos y el mecanismo generador de ellos
en reacciones químicas de extraordinaria senci¬
llez; y luego, en razón de las aplicaciones de las
nuevas substancias, ya sea por sí mismas, ya uni¬
das á otras cuyas propiedades modifican, hacién¬
dolas susceptibles de- nuevos usos industriales.
Tanto por haberlos preparado puros, cuanto por
haber conseguido sus carburos, la obtención de
cuerpos metálicos en el horno eléctrico ha influi¬
do, de manera decisiva, en los progresos de la
nueva Metalurgia, los cuales aseguran, para ya no
lejano porvenir, la posibilidad de modificar las
propiedades de los metales, conforme se logra me¬
jorar las del acero, haciéndole perder carbono por
el ferromanganeso, ó como se alcanza basta pro¬
ducir bronces de aluminio, dotados de las condi¬
ciones, previstas de antemano, que los hacen uti¬
lizabas para diversas industrias. Las formas de
combinaciones obtenidas, merced á la tempera¬
tura elevadísima producida en el horno eléctrico
de Moissan, demuestran también cómo pueden
unirse químicamente cuerpos considerados iner¬
tes, cuyas relaciones de parentesco parecen no
existir, ó cuando menos hallarse muy lejanas, y
ser en extremo débiles; por donde se viene á pro¬
bar, en el caso concreto del carbono y los meta¬
les, que las afinidades de unos cuerpos para otros,
de tan varios modos manifestadas, son función de
la temperatura, ó, hablando con mayor propiedad,
del estado de las substancias que reaccionan y del
medio ó mecanismo generador, conforme aparece
bien probado, ya en otro orden de fenómenos, en
los notabilísimos casos de combinación directa del
nitrógeno con los cuerpos orgánicos binarios y
ternarios, por influencia de los efluvios eléctri¬
cos, estudiados por Berthelot en ingeniosos y ad¬
mirables experimentos, cuyos resultados son deci¬
sivos.
No es preciso esforzarse mucho para entender
este hecho fundamental, base de los novísimos
trabajos: cuando se calienta, á la temperatura cuyo
límite superior está en la correspondiente á tres
mil grados centesimales, un óxido metálico cual¬
quiera mezclado con carbón, el óxido se reduce y
el metal, en tales circunstancias puesto en liber¬
tad, se une al carbono en exceso, formando el car¬
buro metálico. Constituye el caso más sencillo, y
también el más importante por las numerosas apli¬
caciones que ya tiene el producto conseguido, el
carburo de calcio, ahora preparado en grandes
cantidades mediante reacción del carbón sobre la
cal viva. Una propiedad, quizá la de mayor inte¬
rés, desde luego la más general, de los carburos
metálicos es descomponer el agua, de ordinario á
la temperatura ordinaria, produciéndose el hidrato
metálico, insoluble casi siempre, y desprendién¬
dose uno ó varios carburos de hidrógeno, en cier¬
tos casos hasta mezclados con este mismo gas puro:
recuérdense, á guisa de ejemplos, la obtención del
acetileno, que es ya una industria, la del formeno,
la del etileno y la del grupo de hidrocarburos lí¬
quidos constituyentes del petróleo, producidos en
las acciones del carburo de urano sobre el agua.
Este mismo modo de descomponer las combina¬
ciones metálicas del carbono es la base y punto de
partida de los novísimos métodos de obtenerlas,
mediante una reacción á todas ellas extensiva y
tan general como puede serlo aquella misma ori¬
ginaria del carburo de calcio ó la que produjo las
variadas formas del carbono, disolviéndolo antes
en la masa de un metal fundido, y sometiendo
luego el sistema á enormes presiones y lento
enfriamiento. Aunque las observaciones relati¬
vas al mecanismo de las reacciones generadoras
de los carburos metálicos sean posteriores, pue¬
den ahora servir de guía para entender los nue¬
vos métodos, cuya práctica es por todo extremo
sencilla.
Está averiguado que ningún cuerpo, aun el pro¬
ducido mediante las reacciones instantáneas ca¬
racterísticas de las materias explosivas, se forma
posibles las antes desconocidas: la serie, ya tan
completa, de los carburos metálicos es de ello el
mejor ejemplo. Diferentes veces me he ocupado
en el estudio particular de algunos; ahora me pro¬
pongo hablar de los estados ó cuerpos intermedios
hasta llegar á formarlos, partiendo del carbón y
el correspondiente óxido metálico, y tratar luego
de un procedimiento general de obtención por
medio de reacciones sencillas, partiendo del car¬
buro de calcio, el cual hace, respecto del particu¬
lar, análogos oficios que el acetileno respecto de
los carburos de hidrógeno, y en particular de los
pirogenados: ambas cosas, cuya importancia vese
al punto, constituyen las más recientes aplicacio¬
nes del famoso horno eléctrico.
de una vez, como de repente, sin transición alguna
entre el estado inicial de los cuerpos que han de
actuar y el estado final correspondiente á la subs¬
tancia ya formada. Se trata, en el caso general del
fenómeno químico, del paso de un sistema de equi¬
librio molecular á otro sistema, lo cual no se con¬
sigue sin pasar antes por toda una serie de estados
intermedios, tanto más rápidos, cuanto más vio¬
lenta es la reacción. Al descomponerse un óxido
mediante el carbón en el horno eléctrico, no se
forma inmediatamente el carburo metálico; tanto
valdría esto, como admitir que el hecho se llevase
á cabo de la misma manera y al mismo tiempo en
toda la masa constituida por la mezcla del óxido y
el carbón: en ella, por necesidad, han de efee-
Desde dos puntos de vista, ambos igualmente tuarse reacciones internas y secundarias, cuyo
término será, en definitiva, el carburo que se
trata de obtener. Iniciase en un pronto la meta¬
morfosis química; allí se reduce el óxido, y mien¬
tras el metal libre se combina con el carbón, el ,
fenómeno iniciado continúa propagándose en la
masa, podiendo coexistir en ella el óxido metá¬
lico, el metal y mucho carbón sin actuar, en dis¬
posición de producir determinadas acciones secun¬
darias.
Sin pretender generalizar el hecho, debe citarse
un fenómeno, primeramente y hace ya tiempo in¬
dicado por Berthelot, y ahora comprobado por
Moissan en experimentos recientes: se trata de la
formación de ciertos carburos metálicos, los al¬
calinos, haciendo reaccionar, ya á la temperatura
ordinaria, el acetileno puro sobre el metal corres¬
pondiente, en cuyo caso, antes de producirse el
carburo, fórmase un cuerpo ternario, combinación
integral del metal y el acetileno, compuesto ines¬
table fácilmente disociable, originándose así, sir¬
viendo de términos intermediarios, el acetileno
potásico y el acetileno sódico, los carburos de po¬
tasio y de sodio. Mas no son éstos los únicos me¬
tales susceptibles de unirse al más sencillo de los
hidrocarburos formando combinaciones definidas;
otros, como el magnesio, lo hacen también, y J
en las mismas circunstancias se disocian los cuer¬
pos constituidos por el metal, el hidrógeno y
el carbono. Salta á la vista la importancia de los
hechos referidos, no limitada á la ciencia pura,
sino extendida hasta un método general para ob¬
tener los carburos metálicos, partiendo como
reacción generadora de la llevada á cabo entre el
metal y el acetileno: sábese cómo éste, ó por me¬
dio de condensaciones pirogenadas que lo enrique¬
cen de carbono, ó mediante combinaciones con el
hidrógeno, produce y engéndrala serie casi com¬
pleta de los carburos de éste. Pues bien; los nue¬
vos experimentos demuestran cómo, pasando por
una combinación ternaria poco estable, se llega á
reemplazar el hidrógeno del acetileno por un me¬
tal, formando así los carburos metálicos.
Calentando en el horno eléctrico la mezcla de
cal viva y carbón , se prepara el carburo de calcio,
en el día producto industrial; este carburo, en con¬
tacto con el agua, produce acetileno, que, en con¬
tacto con un metal y empleando el mecanismo ya
dicho, genera carburo metálico, el cual, á su vez,
actuando sobre el agua, se transforma en hidrato
metálico, desprendiéndose uno ó varios carburos
de hidrógeno. Tal ciclo de reacciones químicas,
cuya práctica en los laboratorios es ahora fácil,
tiene muchos puntos de contacto y presenta nota¬
bles analogías con el génesis más racionalmente
probable de los hidrocarburos naturales. Nadie
duda de la existencia del carburo de hierro na¬
tivo á grandes profundidades de la corteza terres¬
tre; allí la temperatura es muy elevada, y mantie¬
ne el agua en estado de vapor á enormes presio¬
nes, circunstancias necesarias para que se formen
dos series de compuestos: el vapor de agua des¬
compone el carburo metálico, y resultan de ello
hidrato férrico y los carburos de hidrógeno que el
calor y las presiones determinen; de otra parte,
como se produce acetileno en contacto de un me¬
tal, habrá acaso la reacción secundaria indicada,
regenerándose quizá el carburo primitivo; fórmase
también acetiluro de hierro, el cual, descompues¬
to por el agua, da acetileno libre, susceptible de
todo linaje de transformaciones pirogenadas. Así,
con sólo un carburo metálico y vapor de agua
pueden generarse multitud de cuerpos de funcio¬
nes químicas definidas, cuya mezcla constituye las
mejores primeras materias de la gran industria
química moderna; y no es aventurado suponer,
después del conocimiento de los fenómenos elec-
trocapilares estudiados por Becquerel, que la mis¬
ma electricidad empleada en producir el calor ne¬
cesario para tales metamorfosis químicas, es el
propio agente que en la Naturaleza interviene en
la producción y génesis de cuerpos idénticos, ó
cuando menos muy semejantes.
Un nuevo hecho, más general todavía, acaba de
añadirse á la ya numerosa lista de las maravillas
realizadas en el horno eléctrico: la importancia
del experimento es doble, porque pone de mani¬
fiesto las relaciones íntimas existentes entre los
carburos de hidrógeno y los carburos metálicos, y
da un método fácil de conseguir estos últimos en
tales condiciones que no tardará en hacerse in¬
dustrial. Obtenido en grandes cantidades el car¬
buro de calcio, descomponiéndolo por el agua, fué
cosa sencillísima tener acetileno puro, que da in¬
definida serie de compuestos de hidrógeno y car¬
bono, y es susceptible de producir el alcohol sin¬
tético: con acetileno y los metales, no sólo Fe
generan acetiluros,. sino, pasando por la. combi¬
nación ternaria, tantas veces nombrada, se pre¬
paran los carburos metálicos, cuando menos los
alcalinos y el de magnesio. Todo ello es conse-
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8 Junio 1888
LA ILUSTRACIÓN' "ESRAN'OLA Y AMERICANA
n.° xxi — 335
cuencia del puro estadio de las reacciones del ace¬
tileno sobre diversos cuerpos, y en las más varia¬
das condiciones experiméntales;- faltaba, empero,
conocer el modo de actuar entre sí, y unos con
otros, los distintos carburos metálicos, y esto ha
sido el objeto de los recientes trabajos de Moissan,
acaso los más importantes llevados á cabo con au¬
xilio del horno eléctrico: fué el carburo de calcio
el punto de partida, y se procedía mezclándolo
íntimamente con distintos óxidos metálicos, so¬
metiendo luego la mezcla, y no por mucho tiem¬
po, á la temperatura desarrollada en el arco vol¬
taico. El resultado de los experimentos fue suma¬
mente curioso y de un interés grandísimo para la
industria: el carburo de calcio se descompone en
las condiciones indicadas, fórmase óxido de calcio
y se» genera el carburo del metal cuyo óxido ha
sido ¡ sometido al tratamiento. Cuantos ensayos se
hicieron — y á la hora presen¬
te van .ya muchos — dieron el
mismo resultado, y así quedó
como un método general para
obtener los carburos metáli¬
cos la acción de los óxidos so¬
bre el carburo de calcio, á la
elevada temperatura produci¬
da en el horno eléctrico.
A tan sencillos términos se
concreta un procedimiento
llamado á producir, ya de mo¬
mento, una verdadera revolu¬
ción industrial en el campo de
la Metalurgia, en cuanto las
consecuencias de los novísi¬
mos experimentos han de per¬
mitir modificar y mejorar, por
medio de aleaciones con otros,
las condiciones de los usua¬
les, preparar en cantidad al¬
gunos hasta ahora raros, y uti¬
lizar las propiedades de de¬
terminadas combinaciones
metálicas del carbono, hasta
el presente sin uso ninguno;
que de tal suerte van poco á
poco pasando á la industria
las sustancias diputadas por
meras curiosidades ó rarezas
de laboratorio.
Considerando la mezcla de
un carburo metálico , rico de
carbono, con otro carburo de
metal más oxidable, y some¬
tiéndola á elevadísima tempe¬
ratura en una corriente muy
violenta de aire, sucederá que
la descarburación se irá ha¬
ciendo hasta ser casi comple¬
ta, oxidándose el metal que
lo sea más fácilmente, pero
uniéndose parte del que queda
libre al menos oxidable: te¬
niendo en cuenta semejantes
hechos, realizados en la des¬
carburación de las fundicio¬
nes de hierro, por ejemplo, se
comprende la posibilidad de
obtener ligas metálicas bina¬
rias ó ternarias, cuyas pro¬
piedades se prevean, teniendo
en cuenta las de los metales
originarios. Se partirá de los
correspondientes carburos,
obtenidos reaccionando el de
calcio con los óxidos, de la J
manera ya dicha, y de seguro
encontrarítfnse pronto aplicaciones inmediatas á
los primeros productos de las metamorfosis quí¬
micas: conocido el principio y determinada la ge¬
neralidad de la reacción originaria, aquéllas no
tardarán de seguro mucho tiempo en llegar. Y en
otro orden de ideas no menos importante, si con
razón el acetileno es tenido como fundamental de
todos los carburos de hidrógeno, en especial los
procedentes de síntesis pirogenada, después de los
últimos experimentos de Moissan bien puede ser
considerado el carburo de calcio origen y punto
de partida de los carburos metálicos, en cuanto
todos pueden formarse cuando reacciona sobre los
óxidos de los metales: las funciones químicas de
ambos cuerpos son análogas, y la misma su reac¬
ción característica; pues de uno ó de otro se pue¬
de partir para conseguir, por mecanismos quími¬
cos, si no idénticos, muy semejantes, toda la serie
de las combinaciones metálicas del carbono, obte¬
nidas á la elevada temperatura desarrollada en el
homo eléctrico.
José Rodríguez Mourelo.
LOS QUE SE FUERON.
VALERIANO D. BÉCQUER.
Cuando mis pálidos restos
Oprima la tierra ya.
Sobre la olvidada fosa
¿ Quién vendrá á llorar?
¿Quién, en fin, al otro día,
Cuando el sol vuelva á brillar,
De que pasé por el mundo,
Quién se acordará?
GUSTAVO A. BÉCQUER, Rima LXI.
El año de 1870, tan fecundo en sucesos políticos,
no lo fue menos en numerosas y sensibles pérdi¬
das para España. La política, la pintura, la música
y las letras vieron desaparecer, en el trascurso de
aquél, políticos tan notables como D. Pascual Ma-
Mr. GOSCHEN,
PRIMER LORD DEL ALMIRANTAZGO DE INGLATERRA.
(De fotografía de Elliot & Fry.)
doz y el invicto general Prim; escritores y publi¬
cistas tan excelentes como Javier de Ramírez,
Juan Pérez Calvo, Juan Rico y Amat, Agustín Fu¬
nes y Luis Soles y Eguílaz; autores dramáticos de
la importancia de Camprodón y de Sanz Pérez,
cultivador del género andaluz (1); compositor tan
inspirado como Gaztambide; actores tan aprecia¬
dos como Juan Catalina y Antonio Capo, cisógrafo
además de gran mérito; poetas líricos de la talla de
Bernardo López García y Gustavo Adolfo Bécquer,
y al pintor y dibujante Valeriano Domínguez Béc¬
quer, hermano queridísimo del autor de las Rimas .
Al anunciar la prensa de Madrid su fallecimien¬
to, acaecido el 20 de Septiembre del citado año,
uno de los más ilustres periodistas de la época
decía, en el artículo necrológico que le dedicó, que
la nueva generación de España había perdido en
él un artista; la desgracia un alma fuerte que ator¬
mentar, y la Naturaleza uno de sus más fieles y
más inteligentes admiradores.
(1) Autor de La flor de la canela , El parto de los montes, El
congreso de gitanos, Marinos en tierra, y otras muchas, verda¬
deros modelos en su género.
Pero dejemos al inmortal autor de las Rimas el
trabajo' de' retratar á"su hermano. ¿Quién mejor
que él podría hacerlo?
Los apuntes que van á continuación , y que hoy
por primera vez se dan á luz, fueron escritos al
correr de la pluma, para que los tuviese presentes
Augusto Ferrún, su hermano del alma, al escribir
la biografía de Valeriano.
Del autor de La Soledad y La Pereza los he¬
redó el coleccionador de estos datos.
Habla Gustavo Adolfo Bécquer:
((Valeriano nació en Sevilla en Diciembre del
año 1834, de modo que había cumplido ya treinta
y cinco años. Como sabes, nuestro padre era pin¬
tor, y murió siendo nosotros muy pequeños, tam¬
bién á los treinta y cinco años.
»A poco de morir nuestro padre, murió nuestra
madre. Valeriano de pequeño estuvo en el colegio
de San Diego, de Sevilla, del
que fué maestro el célebre don
Alberto Lista. Siempre mos¬
tró una gran disposición para
la pintura. Es una puerilidad,-
pero yo recuerdo que siendo
muy chicos nos quitaban la luz
después de acostados, y Vale¬
riano las noches de luna abría
el balcón y dibujaba á aquella
claridad dudosa. Ya desde chi¬
co pintaba todo lo que nos su¬
cedía, y retrataba en papeles
y libros á las gentes que íba¬
mos conociendo. Esta costum¬
bre, que conservó siempre,
hace que en sus carteras se
encuentren muchos episodios
de su vida y sus viajes, he¬
chos con gracia y facilidad. Le
ha sido siempre tanto más fá¬
cil la expresión de las ideas
por medio del dibujo que de
la palabra, que, como sabes, su
correspondencia conmigo, que
en gran parte conservo, es cu¬
riosísima, porque no dice las
cosas, sino que las pinta con
la pluma.
»Después de salir del cole¬
gio, comenzó decididamente
á dibujar, bajo la dirección
de mi tío Joaquín. Pero al par
de los estudios, un poco ruti¬
narios, de las Academias de
Sevilla, seguía él libremente
pintando y dibujando por su
cuenta, apuntando ligera¬
mente del natural cuanto veía,
ó trazando al capricho lo que
pensaba.
»La facilidad que para com¬
poner y pintar demostró des¬
de luego, llamaba la atención
en Sevilla, donde hizo multi¬
tud de retratos, y cuadros y
bocetos originales, siempre li¬
geramente, pues la necesidad
de vivir, casi desde niño, del
producto de su trabajo, no le
permitió nunca hacer estudios
serios. Lo que sabía lo adivi¬
naba. Ni su estilo, ni su ma¬
nera, ni su color, se parecía á
nada de lo que había visto allí,
y siempre conservó una sen¬
cillez y una espontaneidad que
le hacían original. Vino á Ma¬
drid por el año 61, y á poco estuvimos, á causa
de estar yo enfermo un año en el monasterio de
Veruela, aislados completamente.
»Allí dibujó mucho y pintó algunos cuadros pe¬
queños de costumbres aragonesas, y dos de fanta¬
sía muy originales. Uno es En busca del diablo ,
y otro, La pecadora . También pintó La vendimia .
En esta época se fijó en el estudio de las costum¬
bres populares.
»De vuelta á Madrid obtuvo una pensión, siendo
Ministro de Fomento Alcalá Galiano, para viajar
por España estudiando las costumbres. La pensión
era insuficiente: diez mil reales al año, de los cua¬
les habían de salir los viajes, vivir con sus hijos,
pues alejado siempre de los centros ninguna otra
cosa tenía que hacer, y todos los gastos de dos cua¬
dros originales que había de presentar cada año
al Museo. Vivía, viajaba y pintaba con mil traba¬
jos y privaciones: sin embargo, era feliz. Apuntaba
y dibujaba mucho, rodando de aldea en aldea. Sus
libros están llenos de episodios curiosos y pinto¬
rescos de estos viajes. A última hora, en un luga-
rejo cualquiera, hospedado en un mesón, con buena
ó mala luz, con avíos ó sin ellos, pintaba los cua-
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X." XXI
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
8 Junio 1898
1. La Guardia Municipal esperando la llegada de la Comisión para el acto inaugural. — 2. Llegada de la Comisión. — 3, Vista general de la ¿Sección de V iticultura.
4. Pabellón déla Asociación de fabricantes de harinas. — 5. Pabellón para instalaciones permanentes. — 6. Vaquería bretona é instalación colombófila de Cataluña.
7. Sección de Horticultura.
BARCELONA. — FERIA-CONCURSO AGRÍCOLA, INAUGURADA EL 5 DB MAYO PRÓXIMO PASADO.
(De fotografía» de J. Furnells.)
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8 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xxi — 337
PARÍS (FRANCIA). — EXPOSICIÓN DEL PALACIO DE LA BARONESA DE JANZÉ, Á BENEFICIO DE LOS HERIDOS ESPAÑOLES.
VISTAS PARCIALES DE LOS SALONES*
(De fotografías.)
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338 — n .• xxi
La ilustración española y americana
8 Junio 1898
dro s de la pensión, sin modelos, sin recursos. Así
^ pintó los ocho cuadros que están en el Museo Na¬
cional de Madrid. Dos de costumbres aragonesas.
• titulados El chocolate y El presen te . Tres de cos¬
tumbres y tipos de Soria: Las carretas de los pi¬
nares , El leñador y La hilandera . Tres de Avila:
. La romería de San Soles , El escuadra y La ven¬
dedora de huevos . Todos estos cuadros están he¬
chos de memoria, en malísimas condiciones, y,
sin embargo, rebosan en elfos la verdad, la espon-
. taneidad y la gracia.
«La costumbre de estar siempre apuntando del
natural, hacía que no se amanerase nunca y que
hubiera en sus composiciones un sello grande de
verdad. Pero por lo mismo que no se ceñía al rea¬
lizar sus ideas ai modelo vulgar y prosaico, tienen
todas sus composiciones un sabor de arte y belle¬
za , algo de selecto y distinguido <jue sabía encon¬
trar y extraer aun de las cosas mas vulgares, que
al pasar por su fantasía como que se depuraban y
perdían algo de material y grosero sin dejar de
ser verdad.
«En estos tres años, y para atender algo á poder
vivir, pues los diez mil reales eran insuficientes,
fue cuando probó, á instancias de Rico (1), á dibu¬
jar algo en madera para grabar, ó hizo la colección
de dibujos de costumbres que empezaron á lla¬
mar la atención en el Museo Universal de Gaspar
y Roig.
« Al llegar la Revolución, entre otras economías,
suprimieron en Fomento éu pensión. Era tan poca
cosa, y la devolvía en dos ó tres cuadros anuales
con tanta usura, que yo creo que hicieron mal, toda
vez que la colección habría sido tanto más intere¬
sante cuanto más completa. La pensión no era una
canonjía ni mucho menos; sin embargo, él sintió
mucho perderla, porque perdía la base para seguir
sus instintos, corriendo de pueblo en pueblo pin¬
tando y dibujando al aire libre. El decía que á los
seis ú ocho años de andar así, y pasando luego dos
haciendo estudios serios de otro género, se fijaría
en un punto y había de echar cuadros por los de¬
dos. Y sí los hubiera echado.
«Un día nos pusimos los dos á recordar, chicos
y grandes , cuántos cuadros originales había pin¬
tado, é hicimos una lista — á pesar de los muchos
que no recordaríamos— de ciento once. Esta lista
la conservo. Dibujos con asuntos y composiciones,
eso no es posible ni imaginarlo: á más de los mi¬
les que ha dado y se han perdido, y á más de los
muchos publicados, conservo en sus carteras y li¬
bros, seguramente, trescientos ó cuatrocientos, de
los que cada uno se puede decir que es una idea ó
un cuadro.
«Siempre hemos pasado trabajos; sin embargo,
preguntándole yo, hablando entre nosotros: — ¿Si
te dieran una renta muy grande con prohibición
absoluta de pintar , la aceptarías? Y siempre decía
que NO. Otra veces decía: — Yo lo que quisiera era
uno que me diese de comer y beber nada más que lo
suficiente , y luego muchos colores y muchos lienzos
de todos tamaños , chicos y grandes , anchos y estre¬
chos; á veces el tamaño le da á uno el asunto ; y yo
pintar y pintar , y él que se llevase lo pintado , y si
podía hiciera con aquello el negocio que le diese la
gana .
«Realmente pintar y dibujar era en él una pa¬
sión. No sabía nada de casi nada, pues sabes que
siempre decía que en cuanto leía un poco le dolía
la cabeza, y, sin embargo, por la relación que tiene
el Arte con todo, todo lo adivinaba. No conocía los
hechos históricos, y, sin embargo, el tipo y el ca¬
rácter artístico de los hombres y las cosas de todas
las épocas los conocía perfectamente.
«Era gran aficionado á la música, la sentía, y
hacía entre las combinaciones del sonido y las del
color unas comparaciones hermosas.
«Por último, después de la Revolución estuvimos
en Toledo, y luego aquí. En este tiempo pintó dos
cuadros, para Yalera (2) unos retratos, y bosquejó
cuatro tablitas que ha dejado sin concluir. Dibujó
bastante en sus libros, y ha hecho los dibujos de
La Ilustración de Madrid . Su carácter, lo que él
era, tú lo sabes. De todo esto hablaré yo algún
día, cuando publique, que pienso hacerlo, un libro
con los grabados suyos, á los que acompañaré con
un poco de texto. De seguro será un libro intere¬
sante, pues á más de los conocidos añadiré algu¬
nos dibujos de las carteras.
«Tú de todo esto aprovecha lo que quieras y te
parezca oportuno. — Gustavo .»
*
• *
Otro de los que se fueron , el eximio literato
Ramón Rodríguez Correa, en cuyos brazos exhaló
(1) Don Bernardo Ricb, notable grabador, muy apreciado de
los lectores de La Ilustración Española y Americana por
haber desempeñado la dirección artística de este periódico hasta
su fallecimiento. *
(2) D. Juan Yalera.
Gustavo el último suspiro, al coleccionar las obras
de éste, refiere en el prólogo la siguiente aventura
ocurrida á los dos hermanos la primera vez que
juntos visitaron la ciudad de Toledo.
«Una magnífica noche de luna decidieron am¬
bos artistas contemplar su querida ciudad bañada
por la fantástica luz del tibio astro. Armado el
pintor de lápices y el poeta-arquitecto de recuer¬
dos, abandonaron la vetusta corte, y sobre arrui¬
nado muro entregáronse horas enteras á su charla
artística.
«Hallábanse departiendo los hermanos, cuando
acercóse una pareja de guardias civiles, que por
aquellos días, sin duda, andaban á caza de malhe¬
chores vecinos. Algo oyeron de ábsides, de pechi¬
nas, de ojivas y otros términos á cual más sospe¬
chosos y enrevesados, unido á disertaciones sobre
el género plateresco de Berruguete y Juan Gua,
sobre el artificio de Juanelo, etc.; y examinando
el desaliño de los que tal hablaban, sus luengas
barbas, sus exaltados modales, lo entrado de la
hora, la soledad de aquellos lugares, y obedecien¬
do, sobre todo, á esa axiomática seguridad que
tiene la policía de España para engañarse, dieron
airados sobre aquellos pajarracos nocturnos, y á
pesar de sus protestas y de no escuchadas expli¬
caciones, fueron éstos á continuar sus escarceos
artísticos á la dudosa y horripilante luz de un ca¬
labozo de la cárcel de Toledo. También el Gober¬
nador debía aguardar por aquellas cercanías la
visita de temidos conspiradores, cuando al ama¬
necer los delincuentes honrados continuaban en
su mazmorra.
«Supimos todo esto en la Redacción de El Con¬
temporáneo , al recibir una carta explicatoria de
Gustavo, toda llena de dibujos, representándolos
detalles de la pasión y muerte probable de ambos
justos. La Redacción en masa escribió á los equi¬
vocados carceleros, y por fin vimos entrar sanos
y salvos los presos, parodiando ante nosotros, con
palabras y lápices , las famosas prisiones de Silvio
Pellico. ¿ Quién en aquellos ojos brillantes, risas
estrepitosas y sorprendentes facilidades para todo
lo que era expresión de cualquier arte, hubiera
podido predecir estéril é importuna muerte?»
•
« *
Cuando, después de una vida de quebrantos y de
escaseces, habían conseguido, unificando sus es¬
fuerzos, organizar Gustavo y Valeriano una mo¬
desta manera de vivir, la muerte del pintor hirió
el corazón del poeta, siéndole á éste tanto más
cruel la herida, cuanto más refractario era su es¬
píritu ideal á la seca verdad del no ser.
El 23 de Septiembre de 1870 dejó de existir
Valeriano.
El 22 de Diciembre del mismo año exhaló Gus¬
tavo el último suspiro.
Huérfanos casi desde niños, la desgracia fué la
morada de ambos; pero también fueron sus com¬
pañeros fieles la resignación, el genio y el arte.
E. de Lustonó.
PUEBLOS DELINCUENTES.
sólo cometen delitos los hombres,
A sino también los pueblos.
homicidio y el robo, delitos tí-
picos contra las personas y la propie-
dad, se ^evan a cabo Por *aB socie-
dades organizadas que se llaman Estados,
^ lo mismo que por sus socios , que se ape-
vfj' llidan ciudadanos.
Los pueblos, pues, son á veces sujetos ac¬
tivos de delito, al cometer acciones ú omi¬
siones voluntarias, penadas por la ley natural
emanada de la Justicia suprema que rige los des¬
tinos de la humanidad.
La muerte violenta de una nación débil, ó la
sustracción de sus propiedades y territorios, como
la muerte airada de un individuo ó el apoder a-
miento forzoso de sus bienes, son hechos intrín¬
secamente malos, independientemente de las
leyes que puedan castigarlos en cada momento
histórico.
El robo á mano armada y en cuadrilla , realizado
en la soledad del camino contra el indefenso ca¬
minante, ha sido y será siempre delito abomina¬
ble, de igual naturaleza jurídica que la apropiación
violenta de aquellos territorios que por legítimo
derecho de ocupación primaria posee un pueblo.
Ese ciego egoísmo que arrastra al hombre hacia
el crimen por afán de lucro, aparece hoy domi¬
nando al sentimiento colectivo de algunas nacio¬
nalidades poderosas.
La idea de fuerza, preponderante en los tiempos
de conquista de las edades primitivas, resurge arro¬
gante, pretendiendo borrar con su presencíalas
huellas indelebles de la verdadera civilización,
fundada en el concepto del derecho que ha infor¬
mado saludablemente la vida de los pueblos cul¬
tos en las últimas centurias.
Pero no es lo peor que, de hecho, alguna nación
poco escrupulosa pretenda violar las leyes más
elementales de la sociología internacional con
ambiciones desmedidas sobre propiedades ajenas,
sino que haya alguien que se empeñe en hacer ver
que esas tentativas de dominio por la fuerza son
ajustadas al más estricto derecho de gentes.
Tergiversando y torciendo el sentido de algunas
máximas de la filosofía positiva, y aplicando á la
vida jurídica de las naciones aquellas teorías pro¬
pagadoras de que la idea de derecho surge por vía
de evolución de la idea de fuerza, mércase hoy
cierta tendencia hacia el primitivo y brutal des¬
potismo apellidado derecho de anexión ó de con¬
quista.
Y á fines de siglo, y después de los trabajos y
desvelos de los jurisconsultos más eminentes de
todos los países civilizados, dirigidos á sentar las
bases inmutables del derecho internacional, hallé¬
monos expuestos á tocar de cerca los efectos de¬
sastrosos de la regresión tristísima á los tiempos
en que la fuerza del derecho era anulada por el
derecho de la fuerza.
Pero así como los ciudadanos honrados tienen
el derecho de legítima defensa contra las agresio¬
nes injustas de los malhechores, también le tienen
los pueblos de recta conciencia contra los acome¬
timientos egoístas de los Estados delincuentes; y
ya que para sus crímenes no hay directa y eficaz
sanción, como no sea la maldición de Dios y el
desprecio de la Historia, tendrán los ofendidos que
acudir á todos los medios que estén á su alcance
para repeler el ataque.
I Pueden tan fácilmente los ágresores dejar en
la contienda los trozos de su piel y los pedazos de
su carne!
Benito Mariano Andrade.
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
La lucha política en Bélgica: flamencos católicos federativos contra*
valones liberales unitarios. — La política en Francia: indiferencia*
creciente. — Indiferencia general.
íy; vPéLGICA, que disfruta de plena paz ma-
terial, vive en perpetua guerra moral
intestina. Ahora acaba de darse una
icjr-, nueva batalla en los comicios. El par-
w tido clerical ó católico ha obtenido
otra vez la victoria sobre el partido libe-
^ ral. ¿Es que se lucha en Bélgica dentro
del terreno religioso? En realidad no.
Esas denominaciones ocultan ó disfrazan el
verdadero fin de la contienda. Allí lo que
realmente lucha es la mitad de Bélgica contra la
otra mitad: el regionalismo ó federalismo fla-
meneo del Norte contra el unitarismo liberal ó
demócratico del Sur y del Oeste, contra los valo¬
nes; la población que habla la lengua flamenca y
que simpatiza con Holanda* y Alemania, contra la
que habla francés y mantiene las tradiciones re¬
volucionarias. El regionalismo belga alienta cier¬
tas aficiones separatistas, y deja escapar á me¬
nudo las significativas frases de: «la patria y la
nación flamenca». En la apasionada lucha que se
sostiene asegúrase que reviste el carácter de una
guerra de razas, y mucha parte de la opinión en¬
tiende allí que, si la unidad belga se destruye, será
porque así lo quieren los flamencos.
Estos, por su parte, imponiéndose en el gobierno
por medio del sufragio, van consiguiendo que se
les otorgue una serie de concesiones que tienden
al reconocimiento efectivo de su importancia y de
su poder en el país. Los flamingantsy como se de¬
nominan alli los sostenedores de la restauración
del espíritu, lengua y administración flamencas,
han conseguido realizar, por ser mayoría en el
Parlamento, las siguientes conquistas contra el
unitarismo valón : ley admitiendo el uso de la len¬
gua holandesa en los tribunales (1873); ley conce¬
diendo á los flamencos el derecho á ser empleados
de la administración civil en los municipios y
provincias (1878); ley autorizando el uso del ho¬
landés en la segunda enseñanza (1883); ley am-
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8 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xxi — 339
pliando la otorgada para el aso de esta lengua en
los tribunales (1889); y, en fin , la ley Coremens-
Wriendt, aprobada en ^.bril del año actual, en
la que se ordena que al lado del texto oficial del
Código se inserte el mismo texto en lengua fla¬
menca.
La agitación entre estos dos bandos enemigos
no sólo revuelve al país entero, sino que produce
tremendas peleas en el Congreso de los Diputados.
En siete tumultuosas sesiones vociferan como lo¬
cos veinticinco oradores. Aplaudió en masa el ve¬
cindario de Gante al aprobarse la ley, y protesta¬
ron enfurecidos los de Namur y Lie ja. Flamencos
y valones chocan donde quiera que se encuen¬
tran; la policía es arrollada, y menudean las tundas
en todas partes. La verdad es que no se parecen
nada los dos elementos que forman el pueblo bel¬
ga. En el Mediodía, país accidentado, que sostiene
la industria minera, rico en trigo y en pan blanco,
vive el elemento activo, alegre, emprendedor, de
origen galo, identificado con Francia; en Oriente
y al Norte, en las comarcas turberas y arenosas,
en los polders, habita el flamenco, tenaz, sosega¬
do, de mucha resistencia, gran consumidor de
carne y de cerveza, de tipos rubios con ojos azu¬
les, y de sangre sajona y teutónica. Donde más se
notan las diferencias es en la población rural:
desde Bruselas, Courtrai y Tongres no se oye ha¬
blar más que flamenco; en cambio al Sur, entién¬
dese todo el mundo con el patois valón. Los pri¬
meros son agricultores; los segundos industriales:
aquéllos son católicos, músicos, poetas, entusias¬
tas de las tradiciones municipales, particularistas
en política; éstos son indiferentes en religión, sa¬
tíricos, polemistas y unitarios. Desde que Bélgica
quedó hecha nación en 1830, hasta 1870, predomi¬
nó el elemento liberal, valón, mientras que poco
á poco los flamencos trabajaban con constancia y
sin ruido para reivindicar sus derechos contra esa
opresión. La excusa fué la lengua. La lengua, ha
dicho un pensador, es la bandera de los que no
tienen ninguna.
Derrotada Francia en 1870, empezó á eclipsarse
su influencia entre los belgas. Surgió el flamigan-
tismo , la propaganda de la lengua flamenca ú ho¬
landesa, y con ella la de sus tradiciones y admi¬
nistración, y desde entonces acá consiguieron todas
las victorias que quedan indicadas. Como se ve,
todo es cuestión de dualismo de razas y de es¬
píritu. Esa división no acabará nunca; Gante y
Amberes, Malinas y Lovaina serán siempre fla¬
mencas, clericales y federativas; Lie ja, Namur y
Courtrai liberales, y Charleroi y Mons socialistas.
Como tales se han portado en las recientes elec¬
ciones, en las que el triunfo, por una gran mayo¬
ría, ha afianzado más y más en el poder al partido
católico.
•
• •
En cambio, la última campaña electoral fran¬
cesa apenas ha cambiado la orientación de la po¬
lítica. Ya que queda explicada la división de los
partido^ en Bélgica, es curioso bosquejar en bre¬
ves párrafos 4a de los de Francia. Cuatro tenden¬
cias ó doctrinas distintas inspiran hoy á los po¬
líticos franceses, dividiéndolos en otros tantos
grupos principales; los republicanos, propiamente
dichos; los socialistas; los antisemitas ó neoboulan-
gistas, y los clericales ó monárquicos.
El partido republicano comprende dos tenden¬
cias: la de los radicales, cuyo jefe es Mr. Bour-
geois,y la dé los unionistas dirigidos por Mr. Mé-
line, y cuyo ídolo es hoy Mr. Deschanel. Al
f rento de los socialistas figuran Mr. Jaurés y mon-
sieur Millerand; en la heterogénea masa de los
neoboulangistas, ó nacionalistas, ó antisemitas,
guían Mrs. Drumond, Dérouléde, Thiébaut, Mille-
roye y Rochefort, y en la hueste monárquica no se
puede decir que haya jefe, siendo su verdadero
espíritu informador Mr. Brunetiére, que ha esta¬
blecido la tesis de que la Francia es el catolicismo
y de que el catolicismo es la Francia. La ruptura
de las relaciones que hubo entre antisemitas y
clericales y las divisiones de los socialistas, son
la más fírme base para la continuación de la re¬
pública.
El socialismo, muy poderoso en Francia, ofrece
tQdos los caracteres de una especie de religión
popular, que brinda ¿ las clases trabajadoras y
sufridas los consuelos de su antigua fe y de las es¬
peranzas que ya han perdido. Predican la solida¬
ridad, la unidad moral , el amor fraternal día los
primitivos cristianos y la nobleza de los senti¬
mientos. Desde que concurren á los comicios y
han abandonado las antiguas violencias, viven en¬
tregados á las esperanzas que alientan cuantos se
creen víctimas del régimen social, tiránico é in¬
justo. Esperan y confían en la creación, en la tie-
xra,rde un paraíso que no está muy lejano. Se pide
A todos fe, ardiente fe, que no niegan cuando se
les promete que se realizará cuanto su imagina¬
ción sueña y desea. Este espíritu platónico tan
seductor alcanza muchos adeptos, y cada día es
mayor el número de socialistas en los pueblos
grandes y las aldeas. En cada elección consiguen
mayor número de representantes. Mr. Millerand
y otros les aseguran que no se trata de repartir ni
de hacer común la propiedad pequeña, sino la de
los grandes, la de los ricos. Con esta garantía figu¬
ran en las filas socialistas muchos pequeños pro¬
pietarios rurales. *
Los antisemitas explotan las tradiciones del pa¬
sado y los odios de raza. Fanáticos también á su
manera, exageran el culto y el amor á la patria y
al ejército, y se valen de todos los medios, de to¬
dos los sucesos y de los más ruidosos procesos,
como se ha visto, para aparecer como los más fíe¬
les servidores de la nación, idólatras de su ban¬
dera y acérrimos enemigos de sus explotadores,
y promueven pasajeros pero ruidosos escándalos,
que al fin y al cabo vienen á tener la misma im¬
portancia que su representación en el Parlamen¬
to; esto es, ninguna. Los monárquicos ó «el cleri¬
calismo militante», que sé dice en Francia, como
no tienen jefe! ó símbolo de poder, como aparecen
reñidos con la'mayor parte de las conquistas polí¬
ticas modernas, y como no han conseguido atraerse
á la opinión, que en general sigue ciegamente al
éxito, no logran ventaja alguna en las elecciones,
y en la última hasta han perdido el concurso de
bastantes amigos de Mr. Méline que solían armo¬
nizar con ellos.
Los dos grupos republicanos que constantemente
se disputan el poder, radicales y moderados, no se
diferencian en el fondo ni en la firmeza de sus
doctrinas, ni en sus convicciones más ó menos
arraigadas; plantean las cuestiones políticas sin
prejuicio alguno y sin pasión ni entusiasmo, y
cambian de orientación y de denominaciones se¬
gún lo imponen las circunstancias. Por esto, no
dirigiendo la opinión, sino dejándose dirigir por
ella; no teniendo programa fijo para apelar al su¬
fragio, sino dejando abierto el campo á todas las
ideas; no luchando por ellas, sino por las personas
y por los intereses locales, ha descendido mucho
el nivel de la política, que al cabo y al fin viene á
ser para el elector un recurso para sacar algo en
el momento de votar, y algo más, si se tercia, des¬
pués, y para la mayor parte de los elegidos una
ilusión pasajera que sólo produce sacrificios y pe¬
sadumbres. Contra semejante rebajamiento traba¬
jan esforzados, con muy buenos deseos y rara cons¬
tancia, el radical Mr. Bourgeois y el republicano
Mr. Deschanel, «un pico de oro».
reacción con todos sus odios, y ante semejante
peligro dieron el grito de alarma y quedó la unión
deshecha. El socialismo, al templarse tanto en sus
procedimientos, se ha creado en sus propias hues¬
tes numerosos enemigos. Resulta, pues, de todo
esto, que nadie conserva fidelidad ¿ su verdadero
programa; que no hay una bandera típica, sino
un lienzo abigarrado de todos colores, y que tan¬
tas vacilaciones y contradicciones agitan el es¬
píritu de los electores como el de los candidatos.
Tal es, en resumen, lo que allí se dice al analizar
el estado de la opinión, y bueno es hacerlo cons¬
tar entre nosotros para que no se crea que somos
el único pueblo del mundo que carece de fe, de
dirección y de vigor en la política. Si cupiera aquí
el añadir los resúmenes que pueden hacerse de la
anárquica política italiana, de la embrollada y
sumisa política alemana, de la aparatosa, hueca y
egoísta política inglesa y de la caótica política
austro-húngara, vería el lector bien á las claras
que no hay nadie que pueda ponemos la ceniza en
la frente, y que los pueblos más prósperos y afa¬
mados son tan incrédulos, tan interesados y tan
faltos de ideal en sus creencias y costumbres po¬
líticas como nosotros, que tenemos encima la
pesadumbre de un siglo entero de ruinosas luchas.
Ricardo Becerro de Bengoa.
Previa galante invitación, tuvimos el gusto de asistir el 31 del
próximo pasado á la inauguración del Hotel de Ventas, insta¬
lado en el antiguo palacio de los Duques de Nájera, en la calle
de Atócha. El Hotel de Ventas es en Madrid, tal como ahora se
ha establecido, una novedad , ya conocida y ensayada con buen
éxito en otros países. Su amplio y lujoso local tiene condiciones
apropiadas para la exposición y venta de objetos, y su organi¬
zación es favorable á los particulares, que por él podrán verse
libres de los apremios de tiempo en sus verdaderas almonedas,
y de la coacción de los que comercian con los apuros del próji¬
mo. Tiene el Hotel de Ventas, además, autorización oficial para
servir de depósito y encargarse de la exposición y venta condi¬
cional de los muebles y efectos que hayan de subastarse judi¬
cialmente, de lo cual resulta seguramente un gran beneficio á
los interesados, satisfaciendo una necesidad hace tiempo sen¬
tida en los Juzgados de Madrid. .
Muchos plácemes recibió el Sr. Gil Montgano por su útilísi¬
mo establecimiento de las distinguidas personas que concurrie¬
ron á la brillante inauguración del Hotel de Ventas, y- fueron
obsequiadas con un espléndido banquete.
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el mu» perfumado de loa jabones de tocador
LOCIÓN VAISSIER del cabelle**
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4, PIAOS OS Xi’OPÉ&A, FASIS
l)e venta en todas las buenas perfumerías de España y América.
« *
A menudo se oye decir en España que aquí se
han perdido toda la fe y entusiasmo políticos, y
que vivimos en medio de la mayor pasividad é in¬
diferencia. Pues bien; «en todas partes cuecen
habas». La prensa de Francia, salvas raras excep¬
ciones, ha manifestado una vez más, con motivo
de las últimas elecciones, que aquella nación atra¬
viesa una época de triste atonía y de positivo es¬
tancamiento en materia de ideas políticas. Rei¬
na una indiferencia tan general, que no sólo han
sido pacíficas las elecciones, sino que en diversas
comarcas han pasado desapercibidas y apenas ha
habido reuniones públicas. No se discute ya nada,
ni nada interesa. Los antiguos entusiasmos se re¬
cuerdan como cosa extraña. Los candidatos se
agitan, inundan el país con manifiestos y carteles
de todos colores; pero los electores, los pueblos,
hacen el mismo caso de los programas que las pa¬
redes de los carteles que pegan sobre ellas con
engrudo. Los partidos se subdividen cada día más
dentro de sus respectivos grupos, á lo cual se debe
el que haya tantos candidatos y el que concurran á
las urnas tantas gentes que votan exclusivamente
por las personas y no por las ideas. Ya no hay fe
común ó colectiva, ni apenas personas que sim¬
bolicen los principios. Todos los partidos políticos
sufren grandes desengaños con semejante estado
de cosas, porque el sufragio universal no da la
victoria á ninguno de ellos. Todos los ídolos ó per¬
sonajes declinan. El gran proteccionista Mr. Mé¬
line ha tenido que retirar su credo y suprimir los
derechos de importación de los trigos ante la apa¬
rición del monstruo del « pan caro ». Los radicales
ya no se atreven á sostener sus famosos progra¬
mas del impuesto progresivo sobre la renta y de
la revisión constitucional. Muchos antisemitas ó
nacionalistas, después de vociferar con Rochefort
y Drumond, se asustan y se callan al pensar que
trabajan inconscientemente por el bulangismo
anónimo y por el restablecimiento de la dicta¬
dura del. sable. Los que piensan con serenidad
vieron en la unión de estos antisemitas con los
monárquicos que empezaba á asomar la oreja la
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vicio de sus respectivos abonos no sufra retraso
por la aglomeración de trabajos, propia de esta
época dei año, en nuestras oficinas.
Tanto para avisar las renovaciones, como para
hacer cualquier reclamación sobre el servicio, es
muy conveniente acompañar á las cartas una de
las fajas con que se recibe el periódico.
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MAPA DE LA ISLA DE CUBA.
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
’340 ’n.° xxi
8 Junio í 808
LIBROS PRESENTADOS
A ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE NORTE AMÉRICA. -
EN LA COSTA DE SANTIAGO DE CUBA.
Descripción geográfica «le las Islas Canarias,
por D. Juan de la Puerta Canseco.
Lujosamente editados están los ejemplares que de esta
obra hemos recibido, digna también de nuestro imparcial
elogio por su mérito científico. Su autor, el maestro de
primera enseñanza D. Juan de la Puerta Canseco, decla¬
ra con gran modestia que su único propósito al publicar
su tratado de la geografía de Canarias ha sido el de faci¬
litar el estudio á la infancia; pero examinado detenida¬
mente su libro se comprende que no es sólo útil a la
infancia que comienza á estudiar, sino á todas aquellas
personas que deseen conocer la geografía de aquellas isla*.
La escasez de obras que traten de una región determinada
hace que las noticias geográficas que generalmente se ad¬
quieren sean muy superficiales y poco detalladas, y cuando
se quiere puntualizar un dato hay que recurrir á obras vo¬
luminosas, no siempre fáciles de encontrar. El Sr. Puerta
ha simplificado muy diestramente la materia y la pre¬
senta en forma clara al alcance de todos; pero es una
verdadera geografía de Canarias prácticamente útil.
Acompañan al texto 25 láminas perfectamente fotogra¬
badas y un mapa en colores.
Revista Moderna. — Esta notabilísima publicación, que
▼e la luz en la República del Brasil, ha puesto á la venta
recientemente un magnífico número, dedicado por com¬
pleto á España, el cual es una espontánea y sincera mani¬
festación de las simpatías con que en aquella gran Repú¬
blica se mira la causa do España con motivo de la guerra
á que nos han impelido los Estados Unidos.
Publica en el citado número, que por cierto es un nota¬
bilísimo trabajo tipográfico, los retratos, muy bien re¬
producidos y estampados, de SS. MM. los Reyes de Espa¬
ña, de los Sres. Sagasta, Blanco, Montojo y otros, además
de magníficas vistas de la Habana y Santiago de Cuba, y
numeremos trabajos literarios, todos dedicados á asuntos
españoles, de inmejorables firmas.
Con ser muy digna de gratitud por parte de todos los
españoles tal demostración de afecto en las actuales cir¬
cunstancias, aun lo es más el objeto á que se deaica el
importe de la ventadel repetido número, que se destina á
engrosar el producto de la suscripción nacional.
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LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA ' '
"15 Jumo 1898
342 — n.° xxn
SUMARIO.
TEXTO. _ Crónica general, por D. José Fernández Bremón. — Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de* Cuenca. — £1 centenario del gran
pintor alemán Jacobo Asmo Carstens. El 25 de Mayo de 18118, por
D. Juan Fastenrath. — ¿Cómo se hace un duro?, por D. Ramón
Arizcun. — El alma del muerto. Cuento trágico, por D. Alejandro
Larrubiera. — Sol en Tauro, por D. Eduardo de Palacio.— Instantá¬
nea, soneto, por D. Manuel de Sandoval. — Carta de Cuba, soneto,
por D. Rafael Ochoa.— Por ambos mundos. Narraciones cosmopo¬
litas, por D. Ricardo Becerro de Bengoa. — Sueltos. — Importante.
— Libros presentados ¿ esta Redacción por autores ó editores,
por C.— Anuncios. _ , TT„ „ .. ^
Grabados. — La guerra entre Espnna y los KE. UU. de Norte-
Amórica: Vista parcial de Manila. Crucero norteamericano Merry
Mac, echado á pique en Santiago de Cuba. Crucero español licina
Mercedes, convertido en batena flotante en Santiago de Cuba. Cro¬
quis general de cables submarinos. — Madrid: Fabrica Nacional de
la Moneda y Timbre. La acuñación de la plata. Taller de fundi¬
ción. Recepción de barras de plata. Sala de balanzas. Vertedor y
carro de rielar. Tesorillo. Balanza automática. Retratos de D. Car¬
los Torrijos y la Cruz, D. Antonio del Castillo Olivares, D. Luis
López Puigcérver, D. Federico García Patón, D. Bartolomé Maura
y D. Joaquín Uossell. Taller de fabricación. Laminador. Horno de
recocer. Escarchador. Banco de hilera. Prensas de cortar. Sala de
blanqueo. Tórculos. Volante de hincar troqueles. Prensa de acuñar.
Máquina de inutilizar moneda. Entrega de la moneda fabricada.
Vista general de la Fábrica. — Retrato d^l Dr. Sanarelli, distinguido
médico, descubridor del bacilo déla fiebre amarilla. — Retrato de
D. Casimiro del Collado, distinguido literato.
CRÓNICA GENERAL.
^ A prensa extranjera no puede menos
de reconocer una verdad. Mientras
que España no oculta, sino que reco¬
noce y declara en sus partes oficiales
todas nuestras pérdidas, los almiran¬
tes norteamericanos desfiguran de tal
modo los hechos, que convierten sus des-
. catabros en victorias: hasta los nombres co¬
nocemos en España de los jefes y oficiales
muertos ó heridos en el último ataque in¬
fructuoso y empeñado de la escuadra yankee á
Santiago de Cuba: sólo indirectamente, por el re¬
fuerzo de G50 marineros que envían ellos á esa es¬
cuadra, se evidencia que han tenido bajas enor¬
mes, ya por las balas, ya por el vómito, en su
bloqueo y sus ataques. Que bus buques han pade¬
cido bastante, es indudable; como que las defen¬
sas de Santiago de Cuba se hallan íntegras. La ri¬
gurosa censura telegráfica que han establecido en
el país donde la noticia ha tenido siempre la liber¬
tad, dijimos mal, la licencia más escandalosa, y
tanto se miente en nuestro daño, demuestra que
algo ó mucho nos quieren ocultar y tratan de que
no se divulgue por el mundo, y debe enseñarnos
á ser algo menos francos y esconder mejor nues¬
tros pensamientos; que la mitad del éxito en la
guerra está en engañar al adversario. La marina
española ha hecho nuevos sacrificios de sangre ge¬
nerosa en el segundo jefe del Reina Mercedes ,
D. Emilio Acosta, y algunos de sus bizarros tri¬
pulantes: también lia derramado la suya el vale¬
roso ejército de tierra, figurando entre los heridos
el ilustre inventor Sr. Ordóñez, honra de nuestra
artillería, al rechazar la formidable de los acora¬
zados de Sampson. Orgullosos podemos estar del
valor heroico y sereno de nuestra marina y nuestro
ejército, y de cuantos luchan en Cuba y Puerto
Rico. Hasta ahora sólo ha encontrado el enemigo
una muralla de hierro que le costará trabajo y mu¬
cha sangre franquear. Si dominando el mar halla
un boquete en aquella extensa costa, todavía le
quedará dentro el hueso por roer.
No son gratas las impresiones que nos trasmi¬
ten de Filipinas, y no sabemos si las exagera ó no
la incertidumbre. Que son graves aun después del
desastre de Cavite, lo demuestra la importancia
que las dió el Jefe del Gobierno, noticiando la re¬
belión vuelta á renacer y capitaneada por el trai¬
dor Aguinaldo, recién sometido y pagado, según
se dice, y que gritaba con el bolsillo repleto: ¡viva
España! Pronto han arrojado los yanlcees su más¬
cara humanitaria: para hacernos la guerra no han
sentido escrúpulo en armar y excitar á la guerra
más salvaje á las hordas que asesinan mujeres, ni¬
ños y pacíficos religiosos: ya se sabe por qué artes
pudo deslizarse la escuadra de Dewey en la bahía
de Manila; ya no se puede dudar de dónde provi¬
no la conspiración que obligó á España á sostener
ios guerras lejanas á la vez para extenuarnos, y
el papel que hacían en nuestras regiones ultrama¬
rinas los cónsules de nuestra amiga la República
norteamericana. ¡Qué lección la de esos cónsules
para todos los Estados, sobre todo de América, que
mantienen relaciones con la falaz República! En¬
vanézcanse los yanlcees de su fácil entrada en Ca¬
vite; envanézcanse de combatir á las escasas fuer¬
zas españolas de un país que, por la misma escasez
de esas fuerzas, se demuestra que dominábamos
benignamente, confiados en el buen natural de
aquellas gentes. Se puede luchar contra las agre¬
siones extranjeras; pero contra la deserción de los
que nos inspiraban confianza, y la traición inter¬
na, la lucha es más difícil. Si sólo de castigar y no
de reducir se tratase , el castigo que merecerían
era dejarles por amos á los yankees . No sabemos
si Aguinaldo habrá leído la sentencia de Calderón:
El traidor no es menester
Siendo la traición pasada.
Pero España no puede renunciar á lo que es
suyo porque momentáneamente sufra un eclipse
su poder.
Los yankees , que trataron en Cuba de sacar con
mano ajena las castañas del fuego, tratan de ha¬
cer lo mismo en Filipinas: creemos, haya suce¬
dido lo que quiera, que están en un error. No se
domina ni se infunde respeto y cariño en una re¬
gión durante siglos sin que se conserven grandes
elementos en ella afectos á nosotros, y sin que
produzca la rebelión y la ingratitud estremeci¬
miento como el que causa un sacrilegio; ni se
perturban aquellas regiones sin que los ecos de la
sublevación prendan en otras no distantes las chis¬
pas del incendio. ¿Y en nombre de qué? ¡De la hu¬
manidad! Véase lo que escribe acerca de eso El
Tiempo , periódico de Méjico:
«Los Estados Unidos han exterminado más
gente en cien años que todas las naciones del
mundo juntas desde que principió la era cristiana.
^Calcúlase que en todo el territorio que hoy
ocupa aquella República había, cuando llegaron
los peregrinos, más de seis millones de indios,
cálculo muy bajo si se considera la inmensa ex¬
tensión que hay desde las playas del Atlántico al
Pacífico, y desde el Río Bravo al San Lorenzo.
3> ¿Qué número de indios existe hoy en los Es¬
tados Unidos?
»Unos cuantos miles; y esta observación basta
para dar una idea de la espantosa obra de destruc¬
ción de aborígenes comenzada por Inglaterra y
continuada, con un empeño digno de mejor causa,
por sus descendientes.
»Con razón Logan, el gran jefe indio, echaba
en cara á los yankees su horrible crueldad, di-
ciéndoles que asesinaban á los hombres, á las mu¬
jeres y á los niños á sangre fría.
»Nuda decimos del exterminio de la raza meji¬
cana en Tejas, California, Nuevo Méjico y otras
regiones que fueron nuestras. Los mejicanos dis¬
minuyen en ellas rápidamente, gracias al estado
de miseria á que los han reducido sus conquista¬
dores.!)
. r .
No es sólo en Méjico; en casi toda la América
española se oyen voces análogas contra la trope¬
lía de los yanlcees . Sentimos no poder copiar el
artículo que publica El Porvenir , de Cartagena
(Colombia). Extractaremos sus conceptos princi¬
pales :
«Para nadie era nueva la intervención de los
Estados Unidos en lo de Cuba; hoy pasa de auxi¬
liar á actor principal. El Tío Sam cree á España
cansada, y cae encima con sus millones y sus
fuerzas para castigarla, más que por sus errores,
por sus grandezas pasadas; pero el quijotismo que
hace reir á los enemigos de España, y llaman
también España á toda la América latina, no es
cosa de burla cuando se apresta á pelear, porque
si cae descalabrado, no le derriban sin haber alan¬
ceado á muchos. Los Estados Unidos pudieron in¬
fluir en lo de Cuba por vías amistosas, sin obligar
á España á quemar el último cartucho. El Ministro
de España no escuchó sino insultos, algunos de
carácter oficial, para su patria y su raza; No obra¬
ron así contra Inglaterra: entonces se contentaron
con sacar aquello de «América para los ameriea-
»nos!>, en que no se comprenden « esos pueblos se-
))inisaívajes que cubren el continente desde el Río
>Grande hasta el cabo de Hornos», como dijo el
New York Herald. Los pueblos americanos no
pueden ver una nación hermana en esa República.»
Y termina con estas elocuentes líneas el escritor
colombiano D. Lino M. de León, después de algu¬
nas salvedades en favor de los cubanos:
«Vencida España por los Estados Unidos, lo sen¬
tiremos con los españoles; porque, quién más, quién
menos, españoles todos somos. En español senti¬
mos ; en español pensamos ; por españoles nos
aman entrañablemente no pocos de los pueblos no
españoles, hasta el extremo de hacerle sus caricias
de cuando en cuando á nuestro comercio de expor¬
tación .
»En español, por último — aunque debiéramos
haber dicho por cima de todo, — á Dios elevamos
nuestras plegarias, siendo por cierto la de los pre¬
sentes solemnes instantes por el universal reinado
de la justicia, por la paz y la dicha de todos los
pueblos I»
Los poetas sudamericanos enardecen los espí¬
ritus, reconociéndose hijos de España. Quisiéramos
poder transcribir los versos inspirados que publica
La Correspondencia de Bogotá .
«Si escrito está que caigas, acosada
En lucha desigual, tú sin desdoro
Perecerás de lauros coronada......
escribe en hermoso soneto J. C. Ramírez.
«Puede trocar los mares en cuarteles
El coloso de América .
¡Pero jamás con bombas ni bajeles
Se rinde á la justicia ó se la mata!»
dice Enrique W. Fernández en otro notable so¬
neto.
«España, madre España .
¿Qué pecho americano
Al sentir que circula por sus venas
La ardiente sangre que tu sér anima
No alza la frente ufano? .
Tus hijas tornan hacia ti los ojos,
Y olvidados de un tiempo los enojos,
Vuelven á ti con la cerviz erguida
Desafiando los odios y la muerte.
¡Que es, España, tu suerte nuestra suerte:
Que nunca el seno maternal se olvida.»
Así canta Ruperto S. Gómez en una oda entonada.
Y aunque sólo podemos transmitir de esas poesías
los conceptos que dan idea de su espíritu, nos pa¬
rece consolador que vengan á nosotros de ese con¬
tinente americano que perdimos, y donde tantas
raíces tiene nuestro corazón, esas voces amigas
que tanto prueban, que tanto significan para nos¬
otros y para la orgullosa República del Norte.
Los periódicos alemanes hablan ya de la posi¬
ble anexión, ó propósitos de hacerla, de toda la
América del Sur hasta el canal de Nicaragua. No
creemos que á esos países les halle desprevenidos.
Y continúan los periódicos extranjeros propo¬
niéndonos que pidamos la paz. Nadie la desea ni
hizo más por conservarla que nosotros. ¿Y qué
conseguimos? Ser atacados injusta y brutalmente.
No hacemos la guerra, sino que nos defendemos
contra los que nos la hacen. A ellos corresponde
cesar en su agresión. ¿Que causa males al mundo?
Es lamentable; pero no podemos remediarlo, ni
compadecer á nadie por males que sufrimos en
primer término. Lo que nos extraña es que se asus¬
ten de nuestra futura suerte, cuando España no se
asusta, por haber descontado con melancólica fir¬
meza cuantas desgracias nos puedan ocurrir. So¬
mos el caminante sorprendido en su camino á
quien se quiere quitar la bolsa, y se defiende.
Cuando el Gobierno expuso el estado de una
parte de la isla de Luzón, los partidos ofrecieron
su apoyo en lo fundamental; si hubo distingos, fu¿
sólo en lo accesorio. ¿Quieren que nos unamos del
todo? No será imposible si nos aprietan algo más.
Tenemos temple no sólo para reñir con los de
afuera, sino para seguir peleándonos en casa. Y no
es jactancia: está sucediendo; es vicio de lá san¬
gre. Aunque convendría que no imitásemos la fá¬
bula de los dos conejos. ¿Es oportunidad esta de
dividirnos sobre quién tuvo ó no la culpa de esto
ó aquello? Pues todos la tuvimos: unos antes, otros
después, ó al mismo tiempo. ¿Es ocasión de mur¬
murar por si el Ministro de Marina va á Cádiz á
conferenciar con el general Cámara y Livermore?
¿De retardar los Presupuestos? ¿De escatimar
recursos?
Ignoramos si el país está ó no satisfecho del
Gobierno: somos independientes; pero una varia¬
ción tendría el inconveniente de debilitarnos y
trastornar todos los planes. ¿Para qué? ¿Qué se ga¬
naría con un cambio? Dejémosle gobernar con
calma en estas graves circunstancias. Es lo sensato
y lo español. Cuando todo concluya, bien ó mal — y
¿de qué sirven la esperanza y el valor sino para
confiar en el bien? — entonces tirémonos los tras^
tos á la cabeza; pero hoy no, que están empeñadas
la suerte, la riqueza y la honra de la patria.
•
• *
Apartemos la vista de la guerra y fijemos la vista
en la literatura: aun ahí la guerra nos persigue.
El ilustre autor de los Episodios Nacionales ha
reanudado aquel trabajo, empezando otra serie con
un tomo que titula Zumaldcarregui , al que segui¬
rán Mendizábal , De Oñate á la Oran ja , Luchana *
La campaña del Maestrazgo , La Estafeta román¬
tica, Ver gara. Montes de Oca, Los Ay acuchos f
Bodas reales . Como se ve, su trabajo histórico no¬
velesco se detendrá en el principio del reinado de
Isabel II: aun este episodio , viviendo los dos prin¬
cipales personajes, parecerá á algunos demasiádó
próximo para novelado; aunque históricamente
resulta bien lejano, y ha sido analizado con bas-
Digitized by AjOOQle
>5 Junio 189R
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xxii — 343
tanto crudeza por políticos graves, en especial el
difunto Marqués de Miradores, que intervino en
los sucesos. Zumalacarregui, como- es- sabido, fue
la primera figura militar del partido carlista, así
como Cabrera su caudillo más legendario. El señor
Pérez Galdós se ciñe bastante á la historia más
admitida respecto del general carlista, y añade de¬
talles de localidad que no conocíamos; la parte
novelesca es de carácter simbólico y fantástico, y
de un sabor místico moderno, que recuerda algo
á Nazarin del mismo autor. Aunque las ideas del
Sr. Galdós hagan creer lo contrario, nos parece
que guarda justa neutralidad al apreciar á los cris-
tinos y carlistas: á lo menos.se conforma con re¬
laciones carlistas de las intrigas que hubo en la
corte de D. Carlos contra Zumalacarregui. Escrita
como todas las del autor, le deséamos en esta ter¬
cera serie de los Episodio k Nacionales la misma
suerte que en las anteriores, de que será epílogo y
complemento.
•
* *
Las procesiones del Corpus en Madrid siempre
fueron célebres por las carreras que se producen
en la gente amontonada en calles céntricas y es¬
trechas; este año no han faltado.
— ¿Estuviste en la procesión?
— Como siempre.
— ¿Corriste?
— Como un gamo.
— ¿No temes que te atropellen?
— Jamás; cuando hay carreras yo siempre gano
el primer premio.
— ¿No dice usted que adelanta el mundo? Yo
creo que hemos vuelto á la Edad Media.
— Estos no son siglos guerreros.
— ¿No? Cada diez años se acometen las nacio¬
nes. Antes los hombres de armas se cubrían de
hierro; hoy se ponen las corazas en los buques.
Viene á ser lo mismo.
Mr. Comish ha experimentado en el Jardín
Zoológico de Londres los efectos del violín y de
la flauta en diversos animales.
— Sólo las serpientes no manifestaron placer;
los alacranes demostraron satisfacción, y lo mis¬
mo los lagartos: en la jaula de león, éste agrade¬
ció la música meneando la cola; el elefante alzó
una pata mientras duró el concierto, y el tigre se
paseó gruñendo de gusto.
— Y dígame usted: ¿qué sucedió en la jaula del
yankee?
Las chicas andaluzas, cuando San Antonio tarda
en concederles novio, cuelgan la imagen de una
cuerda y la sumergen en el pozo. Esto hizo Pa¬
quita y tuvo novio, pero salió un tremendo ca¬
lavera.
— ¡Vaya un pez que me proporcionaste! — dijo
la niña al Santo.
La imagen milagrosa abrió la boca y contestó:
— Si me metiste en el agua, ¿qué podía sacar de
ella sino un pez?
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
VISTA PARCIAL DE MANILA (P ÁG. 1.*).
La cama de la humanidad , de la que los yan -
kees se declararon exclusivos paladines, y su im¬
paciente deseo de que terminase inmediatamente
la insurrección cubana, les ha sugerido sin duda
la nobilísima idea de encender y fomentar otra
insurrección en Filipinas, y no han encontrado
medio más eficaz para promover la civilización v
obtener la paz que el de armar y sobornar hordas
de salvajes contra España.
Cuando en los tiempos venideros se lea la his¬
toria serena é imparcial de los sucesos de esta
época, habrá que volver con asco la hoja que man¬
chen los hechos de la República norteamericana.
Efi grabado que representa una vista parcial de
Manila tiene hoy un tristísimo motivo de opor¬
tunidad. Al contemplar las baterías, el paseo de
Magallanes y el pintoresco Pasig, apena el alma
considerar la angustiosa situación de los hijos de
España que en aquella lejana tierra se ven bajo el
feroz asedio de la traición tagala y de los pérfidos
y ankeesy sin recibrr-á- tiempo el- auxilio que con¬
toda el alma desearíamos darles sus hermanos.
CRUCERO NORTEAMERICANO «MERRY MAC» (l'ÁO. 344).
En nuestro número anterior referimos el frus¬
trado plan de los norteamericanos contra Santia¬
go de Cuba y la pérdida de su buque auxiliar Me -
rry Mac> que fue echado á pique cuando intentaba
forzar la entrada del puerto. Hoy publicamos un
dibujo de dicho barco, que era de 4.600 toneladas
y perteneció á la Compañía Real Inglesa hasta
que lo compraron los yankees para auxiliar de su
marina de guerra.
• *
CRUCERO ESrAÜÍOL «REINA MERCEDES» (PAG. 344).
Fue botado al agua el crucero Reina Mercedes
en el año 1887, y tiene 85 metros de eslora, 13,2
de manga y 7,90 de puntal, desplaza 3.090 tonela¬
das y una máxima velocidad horaria de 15,08 mi¬
llas. Nuestro grabado le representa fondeado en
la ensenada de la Fstrella, á la entrada del puerto
de Santiago de Cuba y preparado para el combate.
Como se recordará, este barco español tomó ac¬
tiva parte en la defensa de dicho puerto cuando
el Merry Mac , auxiliado por el acorazado Ioway
intentó forzar la entrada de la bahía.
Contra lo que se acostumbra en las cartas geo¬
gráficas, van en blanco los mares, y rayados los
continentes é islas, con el objeto de que destaquen
con mayor claridad las líneas de los cables. Estas
son más gruesas en los que comunican con nues¬
tra Península. El croquis va dividido en tres sec¬
ciones: la superior de la izquierda contiene Jas
comunicaciones en los puertos de la Isla de Cuba;
la inmediata de Ja derecha, las de España con di¬
cha Isla, á saber, la que partiendo de la Habana
enlazaba en Cayo Hueso, hoy interrumpida, y
la que desde Santiago de Cuba desciende á Ja¬
maica, y va por las Bermudas al Canadá, Ingla¬
terra, y de allí á Bilbao, que es la que hoy se uti¬
liza. La parte inferior del croquis es continuación
de la anterior por Occidente (lado derecho del
croquis superior), y contiene las comunicaciones
desde Cádiz por el Mediterráneo, mar Rojo, golfo
de Omán y de Bengala, mar de la China, islas de
Malta y Hong-Kong, y de allí á Manila. Debemos
advertir que en los sitios en que la línea se inte¬
rrumpe y sigue otra de puntos, se indica que la
comunicación se continúa por las líneas telegráfi¬
cas terrestres.
•
* #
MADRID. FÁBRICA DE LA MONEDA Y TIMBRE.—
LA ACUÑACIÓN DE LA PLATA. — (Véanse las ilustra¬
ciones de las págs. 345, 347, 348, 349 y 352, y el
artículo del Sr. D. Ramón Arizcun en la 346.)
»
* #
DR. SANARELLI,
descubridor del bacilo de la fiebre amarilla (pég. 351).
El ilustre Dr. Sanarelli, que después de largos
y dificilísimos trabajos en Río Janeiro ha descu¬
bierto el verdadero bacilo de la fiebre amarilla,
no pudo llegar á tiempo á las sesiones del Conr.
greso de Higiene y Demografía últimamente ce- *
lebrado en esta corte, perdiéndose, por tanto, la
ocasión, de que en él luciera su reconocido ta¬
lento.
Comenzó su vida científica el Sr. Sanarelli á
los dieciocho años de edad en la Universidad de
Siena (Italia), dedicándose con gran entusiasmo
al estudio de las ciencias médicas y naturales al
lado del sabio profesor Sanquirico, de quien fué
predilecto é inseparable discípulo. Hallábase aún
en el tercer año de sus estudios, y ya publicó la
primera de una serie de Memorias sobre la lisio-
patología de la alimentación, demostrando sus só¬
lidos conocimientos en Química biológica.
Dedicóse con grande ardor á la entonces nueva
ciencia de la Bacteriología, y alcanzó por sus no¬
tables trabajos sobre esta materia el premio na¬
cional para el perfeccionamiento en las ciencias
módicas. En Pavía y en Munich completó sus
estudios al lado de los más notables maestros, y
publicó obras de verdadera importancia; y de
vuelta á Italia, se le ofreció el puesto de jefe de
servicio en el Instituto de Higiene de Pisa, y des¬
pués en la Escuela Superior de Higiene de Roma;
confiriéndole en seguida el Consejo de Instruc¬
ción pública, por título, el grado de profesor li¬
bre (Privatdocent ) de Higiene pública.
Pero la gran aspiración de Sanarelli se realizó
en 1892, marchando á París á tomar activa parte
en los prodigiosos trabajos del Instituto Pasteur,
donde dejó brillante recuerdo de su actividad in¬
cansable y su amor á la ciencia.
Sus estudios y descubrimientos sobre serotera-
pia de la fiebre tifoidea y sobre el cólera produ¬
jeron gran sensación en el mundo científico, y
sus publicaciones científicas le abrieron las puer¬
tas de la Universidad en su patria, siendo nom¬
brado catedrático de Higiene pública en Siena, en
la misma institución donde comenzó á estudiar.
En Agosto de 1895 fue á Montevideo para diri¬
gir, á instancias de la Facultad de Medicina, los
estudios de Bacteriología; y después de largas y
penosas investigaciones, realizadas con inquebran¬
table constancia, consiguió hallar el bacilo de la
fiebre amarilla, resolviendo uno de los más difí¬
ciles problemas de la Bacteriología. Resuelto el
problema etiológico de la terrible enfermedad, la
ciencia ha dado un gran paso hacia la parte más
importante de la cuestión, que es, á no dudar, la
terapéutica que la cure.
*
• #
CROQUIS GENERAL DE CABLES SUBMARINOS (l»ÁG. 353).
~ De gran actualidad creemos la publicacióa del
croquis de cables submarinos, dibujado para La
Ilustración, Española y Americana por D. Gui¬
llermo de Federico.
n. CASIMIRO DEL COLLADO,
distinguido literato (pág. 350).
El 28 de Marzo falleció en Méjico el notable li¬
terato y académico D. Casimiro del Collado, figura
de verdadera y reconocida importancia en la lite¬
ratura hispano- americana. Nació en 4 de Marzo
de 1822 en Santander, y de ello se vanagloriaba
Menéndez y Pelayo en un estudio sobre dicho es¬
critor, del que decía que era paisano suyo dos ó
tres veces, pues Collado nació en la misma provin¬
cia, en la misma ciudad y hasta en el mismo barrio
y en la misma calle que el autor de la Historia de
las ideas estéticas en España .
. _ .A.lofl catorce_años de. edad, marchó Collado á
América á buscar fortuna, y á pesar de que la ha¬
lló fácilmente en los negocios mercantiles, siguió
siempre sus naturales inclinaciones literarias.
En 1841, á Jos diecinueve años de edad, fundó
en Méjico un periódico de crítica teatral y litera¬
tura, llamado El Apuntador , en el que aparecie¬
ron sus primeras composiciones poéticas.
En plena época de romanticismo era difícil sus¬
traerse á su corriente y dejar de sufrir la pode¬
rosa influencia de Víctor Hugo y de Lord Byron
á un poeta que conocía las lenguas en que éstos
escribían; pero el talento de Collado no dejó que
se anulara su personalidad literaria en la imita¬
ción servil de la escuela dominante.
«A semejanza del Duque de Rivas — dice uno de
los más notables críticos de Collado — tomó del
romanticismo lo que en realidad tenía de bueno:
la profundidad en el sentimiento; la viveza en las
imágenes; la energía en la elocución; la novedad
y la brillantez en el conjunto, y á esto se debió
el agrado con que fueron acogidos y con que hoy
se leen sus primeros ensayos.»
Pesado, Carpió, Segura, Arango y Escandón y
otros escritores mejicanos de valía fueron sus ca¬
maradas de vida literaria, y, como ellos, alcanzó
pronto justo renombre.
De sus composiciones románticas son las más
notables: sus Orientales ; su leyenda Oelmira , y la
que tituló En la muerte de mi hermana y fue leída
por él en la Academia de San Juan de Letrán.
Aumentó en esta Academia su renombre el te¬
ner D. Casimiro raras facultades de lector.
Apartado en la segunda época de su vida de la
escuela romántica, y nombrado miembro de la
Academia Mejicana correspondiente de la Real
Española, el poeta siguió las huellas de los clási¬
cos; y en sus nuevas composiciones, como dice su
ilustre prologuista D. Marcelino Menéndez y Pe-
layo, «la lengua, estudiada por Collado con amor
más que filial, le abrió sus más recónditos tesoros
y camarines, y derramó sobre sus cantos lluvia de
perlas y de flores, no de las postizas y contrahe¬
chas, sino de las que reserva para sus vencedores.
No encontró rima indócil, ni estrofa rehacia: el
pensamiento y la forma no fueron en él como el
cuerpo y la vestidura, sino como el cuerpo y el
alma, y la estrofa salió alada y vibrante del taller
de la idea».
De las composiciones de su segunda época, sus
admiradores en el país que lo acaba de perder
prefieren la Oda á Méjico , y algunos de ellos, le¬
trados y entusiastas, afirman que hasta hoy nin¬
gún mejicano cantó como Collado la patria en que
por tantos años vivió el poeta, y en la cual nació
á la_ vida literaria y logró sus legítimos triunfos
de escritor.
Carlos Luís de Cuenca.
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34-
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Junio 1898
CHUCERO NORTEAMERICANO «MERRT MAC», ECHADO Á PIQUE AL INTENTAR FORZAR LA ENTRADA DEL PUERTO DE SANTIAGO DE CUBA,
CRUCERO ESPAÑOL (REINA MERCEDES», CONVERTIDO EN BATERÍA FLOTANTE PARA DEFENDER LA ENTRADA DEL PUERTO DE SANTIAGO DE CUBA.
LA GUERRA ENTRE ESPAÑA Y LOS EE. UU. DE N O RT E- A M É RI C A.
(Dibujos de Caula.)
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"T- .\ 7
' :
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.. Taller de fundición. — B. Recepción de barras de plata. — C. Sala de balanzas. — D. Vertedor y carro de rielar. — E. Tesorillo (almacén de metales en fabricación).
MADRID.— FÁBRICA NACIONAL DE LA MONEDA Y TIMBRE.— LA ACUÑACIÓN DE LA PLATA.
346 — n.° xxix
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
15 Junio 1898
EL CENTENARIO DEL GRAN PINTOR ALEMÁN
JACOBO ASMO CARSTENS.
(EL 25 DE MAYO DE 1898.)
UNQUE los tiempos que corren, dada la
injusta guerra que contra su voluntad
y sólo en mantenimiento de sagrados
derechos tiene que sostener la pobre
cuanto heroica España, no son los
más oportunos para ocuparse de arte y
de artistas, creo conveniente no echar
en olvido al fundador del clasicismo ale-
^ mán, Jacobo Asmo Carstens, que por lo ma¬
cizo é inmortal de su fama se nos presenta
como figura de museo cubierta con la pátina del
tiempo.
Con Carstens expiró un artista pensador en que
el pensamiento y la composición eran la copia de
su riqueza interior, mientras la ejecución de sus
concepciones era el reflejo de su pobreza exterior
y de su estrechez. Tiene la gloria de haber sido el
heraldo del. arte alemán que cultivaron en la pri¬
mera mitád del siglo actual los Wachter, Koch,
Schick, Overbeck, ISchadow, Cornelius, Schnorr,
Buenaventura, Genelli, Rottmann y Preller, cuyas
composiciones nobles ostentan el ideal de belleza
helénica conquistado para el arte alemán por
Jacobo Asmo Carstens, que sabía penetrar como
el que más en el antiguo espíritu heleno, realizan¬
do en las esferas de las Bellas Artes lo que Win-
ckelmann hizo triunfar en la ciencia, lo que pre¬
gonaron en la poesía alemana Klopstock y Lessing,
Goethe y Schiller, y lo que en la arquitectura al¬
canzó Schinkel.
Carstens abandonó el arte ecléctico, ruin, raquí¬
tico, decaído y amanerado de su tiempo para bus¬
car y rebuscar caminos nuevos, restaurando el
ideal de las líneas rítmicas y de la belleza armo¬
niosa, de la sencillez y grandeza antiguas, y re ti-
tuyendo la figura humana en la plenitud de su
verdad y de su hermosura. Hay quien, vanaglorián¬
dose con el espíritu moderno, siendo naturalista
ó impresionista, dice que las creaciones helénicas
de Goethe Ifigenia y Tasso fueron un retroceso
en el desarrollo del gran poeta, y que lo misino
füé el estilo severo y plástico de Carstens, des-
Íireciando el brillo del color. Pero aquel juicio de
a nueva generación no es un juicio imparcial, pues
á cada artista ha de juzgarse desde la época en
que vivió: en los tiempos de Carstens consisiia
el progreso en la erección de un ideal puro y se¬
vero de belleza, y Carstens ha de denominarse
uno de los artistas más eminentes que produjo la
dultura germana, el primer genuino artista ale¬
mán después de la época memorable de los Alber¬
to Durero y Holbein, un artista de cuerpo entero,
con estilo original, con personalidad propia, que
buscaba notas artísticas nuevas; un artista cándido
y primitivo, sorprendente por la genialidad de su
invento: un artista lleno de poesía que ejercía una
gran influencia sobre Thorwaldsen y hasta sobre
el arte moderno, que no debiera olvidar nunca lo
que debe á Carstens. Este tenía á gala luchar por
su profesión, por el mundo helénico que estudiaba
on las traducciones de Homero, de Píndaro y de
los trágicos, por el ideal de belleza clásica que re¬
conocía también en Rafael y Miguel Angel; no
debía nada á la escuela, todo á sí propio, y lo sa¬
crificaba todo al arte, que era su vida, su religión.
Preocupado con su arte, iba peor trajeado que los
artistas de hoy por las calles de Roma, que le dió,
más que una tumba tranquila después de una exis¬
tencia llena de luchas, más que la blanca piedra
sepulcral próxima á la pirámide de Cestio, en me¬
dio de hierbas exuberantes y de rosas silvestres,
una misión trascendental, de que se encargaba
su alma libre, grande y pura, y que llevaba á cabo
con la fuerza y la fe de su prodigioso idealismo.
El fundador del clasicismo, que más era dibu¬
jante que pintor, el ilustre autodidacto alemán
que se conmovía con la silueta de San Pedro y se
recreaba con los antiguos y los grandes italianos,
los maestros del Renacimiento, y se entusiasmaba
con las impresiones de fuerza ardorosa, de poesía
penetrante y honda que le proporcionaba su estan¬
cia en la Ciudad Eterna, era hijo de un pobre mo¬
linero de San Jürgen (Jorge), cerca de Schleswig,
y durante cinco años, hasta los veintidós de edad,
hubo de ejercer la profesión de cubero en la ciudad
de Eckernforde.
Nació el 10 de Mayo de 1754.
* Sümisos y encantados seguimos á Carstens en
todas sus peregrinaciones : vemos al niño en la ca¬
tedral de Schleswig sentir con delicadezas de mís¬
tico las bellezas de los cuadros religiosos, rogando
á Dios le conceda en su gracia que un día pudiese
pintar también cuadros bellos en su honor. Le
acompañamos en 1776 á Copenhague, donde la
contemplación de los vaciados de yeso en la Aca¬
demia le producía un Sentimiento de devoción
sacrosanta, como si éstos fuesen seres sobrehuma¬
nos, y donde lograba reproducir cual cuadro inte¬
rior todo lo que había visto. Le acompañamos
en 1783 en su primer viaje á Roma, que había de
interrumpir por falta de dinero, no llegando sino
hasta Mantua, donde las pinturas monumentales
de Julio Romano le hicieron adivinar las bellezas
de las concepciones rafaélicas. Le vemos después
emplear seis años de su vida en trabajos artísticos
en la ciudad anseática Lübeck y ganarse la amis¬
tad del escritor de arte Sr. Temow. En 1790 le ve¬
mos ascender á profesor de la Academia de Berlín;
y, por fin, en 1792 le vemos, gracias á un estipen¬
dio debido al ministro de Prusia Sr. de Heinitz,
atravesar los Alpes y llegar á Roma. Allí no daba
paz á la mano y y no obstante las amonestaciones
constantes del Ministro para que volviese á Berlín,
no podía abandonar la ciudad privilegiada del arte
después de haber admirado los artistas de la anti¬
güedad en el Vaticano y las obras maestras de
Rafael y Miguel Angel. Entre los artistas italianos
é ingleses residentes en Roma obtuvo un señalado
triunfo en la Exposición de once composiciones
suyas llenas de grandiosidad clásica, que inauguró
en Abril de 1795 en el estudio de Pompeyo Batto-
ni, en la vía Boca de León. Aquel día mereció
llamarse el día de bautismo del sacro arte alemán.
Pero la naturaleza del maestro, consumida por la
lucha y la enfermedad, extinguióse ya en la pri¬
mavera de 1798, muriendo el pintor, cuyo estilo
recordaba los grandes maestros del Renacimien¬
to, en 25 de Mayo.
La numerosa colonia de artistas españoles resi¬
dentes en Roma se ha mostrado digna de la no¬
ble, constante y enérgica raza española, recau¬
dando fondos en Mayo de 1898 para el desarrollo
de la marina nacional, abriendo la suscripción
entre sus colegas el ilustre Villegas. Y la colonia
de artistas alemanes ha celebrado en Roma el
centenario de su inovidable maestro Jacobo Asmo
Carstens.
Juan Fastenrath.
Colon iu, 27 de Mayo de 1898.
¿CÓMO SE HACE UN DURO?
* JUREME Dios de alardear de erudito; pretendo
sólo, y no es poco, que quien pusiere los ojos
sobre mis notas á vuela pluma, las recorra
sin fatiga y las concluya sin hastío. Y pues
me brinda la ocasión asunto interesante por
demás en estos tiempos positivistas, he de
abordarlo sin rodeos ni preámbulos.
r’ El dinero: este es el asunto, y su interés ac¬
tual no nace sólo de ser el nervio de la guerra, sino
de que está sirviendo en estos momentos de mediador
pura la manifestación de bien opuestos sentimientos
ante las amarguras de la patria: la generosidad, que le vierte
con largueza en las arcas del Tesoro, y el egoísmo, que le
acapara codicioso para ponerle en extranjeras manos, arras¬
trado á la traición por la avaricia.
Del dinero hablaré; mas no del oro aristocrático. ¿Quién
recuerda en estos tiempos aquellas peí uconas que semejaban
retratos de nobles antepasados en la mansión vetusta de
una familia linajuda, ó aquellas atildadas isabelinas, simbó¬
licas imágenes de la heredera de cien títulos nobiliarios,
ricamente ataviada para lucir su belleza en los modernos
salones del gran mundo?
Quede también á un lado la calderilla democrática lanzada
de uno á otro mercado, ora en bien alineados paquetes que al
deshacerse muestran el color luciente del metal cobrizo, como
el pueblo es lanzado á la guerra en que su propia sangre da
tintes rojizos al brillo de las heroicas virtudes del soldado,
ora en obscuras masas pesadas é inconscientes, que seme¬
jan la masa popular convertida por el espíritu de la revolu¬
ción en ola devastadora de destrucción y de exterminio, en
que aquel brillo queda empañado por las negruras aterrado¬
ras de bajas pasiones y rencores infernales.
El metal del presente, el que llama la atención de las
gentes, el que hoy atrae todas las miradas, el metal puesto
de moda en el Extranjero, donde se solicita el que de Es¬
paña procede como solicitan nuestras elegantes los últimos
figurines llegados de París, es la plata; esta plata en cuya
elaboración fuimos los españoles, en tiempos pasados, maes¬
tros de todo el mundo; esta plata que, convertida en duros
blancos, brillantes, resistentes y macizos, semeja con rasgos
de exacto parecido á esa otra clase del cuerpo social, á la
que la falta de un solo nombre español propio y el prurito
de emplear los de idiomas extraños han continuado con el
afrancesado de burguesía, á esa clase media en que se re-
unen y conciertan la honradez, la laboriosidad y la fortaleza
del pueblo, con la cultura, la distinción, y a veces también
la riqueza, de las clases elevadas.
Quiero, pues, hablar del duro, y quiero presentároslo en
su propia casa, donde hallaréis remembranzas de palacio
del magnate y de hogar del pobre; de estudio del artista y
de taller del obrero; de despacho donde el banquero opu¬
lento maneja el capital por millonadas, y de oficina en que
el modesto empleado consigna en cuadriculados impresos
minuciosas estadísticas ; de gabinete y laboratorio en que el
ingeniero aplica los prodigiosos adelantos de las ciencias, y
de militar fortaleza en que soldados, en su mayor parte ve¬
teranos, rinden culto de amor y lealtad á su bandera, de res¬
peto y obediencia á* la- disciplina, y~de abnegación nunca
desmentida ante los sacrificios y penalidades que impone el
cumplimiento del deber cuando se inspira , no en los egoís¬
mos del lucro, sino en los sentimientos elevados del honor.
Salvemos, pues, de un salto la cadena de siglos que en¬
laza aquellos tiempos cantados por Homero, en que el buey
servía de uoidad monetaria, y en cuatro de éstos era esti¬
mada una cautiva hábil en las labores de su sexo, con estos
presentes en que al voluminoso comúpeta ha sustituido el
vivaracho perro chico , y hasta uno de éstos para pagar el
resumen diario de todas las manifestaciones de la vida so¬
cial , el periódico , suma y compendio de progresos y retro¬
cesos, de virtudes y vicios, de acciones heroicas y de accio¬
nes criminales, que produce la febril actividad de este
mundo moderno, no sé si taller inmenso de trabajo intelec¬
tual y manual, ó si colosal casa de orates en que la humani-r
dad enloquecida inventa y realiza toda clase de absurdas
extravagancias.
&
o o
Y puesto que os he de presentar á Su Argentina Excelen¬
cia en su propio palacio , dejad conmigo el bullicioso centro
de Madrid y dirijámonos juntos á la espaciosa plaza donde
tiene asiento el más apropiado y oportuno esa mansión del
símbolo de la riqueza, casa solariega de donde salen dis¬
puestas á recibir universal vasallaje generaciones innume¬
rables del poderoso caballero , mostrando en el rostro la es¬
tirpe regia de donde tienen su poder soberano , y cubriendo
sus espaldas con el manto en que campea el blasonado es¬
cudo de la patria.
Ocupa el centro de la plaza la estatua de Colón , que re¬
cuerda y simboliza todas nuestras grandezas, y afluyen allí
vías y paseos que parecen abiertos para dar acceso á todos
los elementos sociales: el paseo de Recoletos, por donde ha
de venir ese mundo oficial que llena los centros burocráti¬
cos de la capital; el de la Castellana, de cuyos hoteles sun¬
tuosos llegará el gran mundo, acaso de regreso de la fiesta
hípica celebrada allá en los confines de la ciudad con el
campo; la calle de Genova, por donde afluirán, viniendo del
industrial y populoso Chamberí, las masas obreras, y las de
Goya y Hermosilla abiertas á la clase media que concilia el
decoro con la economía, refugiándose en el barrio de Sala¬
manca. '
Ahí, en esa anchurosa plaza, frente á la estatua del descu¬
brid- r de aquellas Indias de inagotable riqueza, de las que
hoy una nación sin escrúpulo trata de arrancarnos los últimos
jirones, luce los dos cuerpos salientes de su fachada, la verja1
que los une y la rampa que á ella da acceso, nuestra Fábrica
Nacional de la Moneda y Timbre (pág. 352), modelo de só¬
lida construcción, severa y elegante, sobria en el adorno ex¬
terior, cual morada del acaudalado modesto que prefiere
el bienestar de la comodidad á la suntuosidad del lujo, y
dejando dominar sobre sus alineados caballetes las esbel-<
teces airosas de sus altas y elegantes chimeneas, que lan¬
zan al aire alientos empañados reveladores de la actividad
fabril.
Franqueemos la anchurosa verja, junto á la cual guarda
y defiende los tesoros que el edificio encierra una pequeña
guardia.
Tras breve estancia en el severo y anchuroso despacito
del celoso administrador de aquella casa, D. Antonio del
Castillo, ábresenos, ante la autorización que dicta su amabi¬
lidad extremada, el paso al interior.
Imposible recorrer de una vez todas sus dependencias ni
describir en un solo relato, sin cansancio de quien lo leye¬
re, cuanto en ellas se encierra digno de ser conocido. Séame
permitido pasar por alto al presente cuanto se refiere al ser¬
vicio del timbre del Estado, y dejar para ocasión más opor¬
tuna la descripción que merecen los valiosos trabajos anti¬
guos conservados y los que ahora se hacen en la sección artís¬
tica. Hoy está, en aquella casa, concentrada la atención en
un solo objeto, la acuñación de plata en monedas de cinco
pesetas, para surtir con abundancia de ellas las arcas del
Banco de España, de donde han de salir á los mercados. Tal
es también el asunto de palpitante interés para el público,
temeroso ya de un conflicto ocasionado por la exportación
de la plata, tras del cual veía las amenazas del curso forzoso
y de la depreciación del billete, y que parece conjurado
merced á la prohibición de exportar y á la actividad extraor¬
dinaria y meritísima con que nuestra Fábrica Nacional de
la Moneda está reponiendo las bajas producidas, por la ex¬
portación ya hecha , en la masa de plata en circulación.
Aunque así limitado el campo de mi narración, es por
demás extenso , y no me atrevería á hacerlo recorrer á mis
lectores si no creyera que ha de inspirarles grande interés la
contestación que en él se encierra á esta pregunta, que nadie
podrá hacerse sin que en él despierte la curiosidad:
¿Cómo se hace un duro?
o
o o
Los carros del Banco de España ruedan pesadamente so¬
bre el anchuroso patio, conduciendo las blancas y relucien¬
tes barras de plata fina , que á poco cubren en largas filas
el suelo de las galerías (B , pág. 345). Traspórtaselas á la
sala de balanzas (C), y allí se encarga de ellas la Fábrica,
después de pesarlas una á una, con escrupulosa exactitud
el juez de balanzas, en las muy sensibles y bien cuidadas
que para este fin existen. Cada barra recibe un número de
orden, frente al cual se anota su peso en el registro de
entrada.
Bastaría el peso exacto para determinar el valor de la ba¬
rra, si sólo plata contuviera; pero la más fina plata salida
del copelado en los fábricas de desplatación contiene siem¬
pre algunos elementos extraños, siquiera sólo sean, algunas
milésimas de la masa. Es preciso, pues, un ensayo que file
la cantidad de esas impurezas, pof el cual se determina la
riqueza en plata, que también se consigna, para cada barra,
en el documento de entrega.
Después de este doble bautismo , á partir del cual se lie-
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15 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.# XXII — 347
varán-cuenta. minuciosísima y razón exacta hasta, de las más
pequeñas partículas del metal precioso ,pasa labarra con
todas sus compañeras á la tesorería. Dentro de aquel recin¬
to , que semeja soñados tesoros de un cuento de badas , es-
, peran en apiñadas pilas el momento de ser empleadas en la
* fabricación.
o
o o
Son las seis de la mañana; van llegando á.la fábrica, unos
en pos de otros y en gran número, hombres de caras curti¬
das v manos callosas, muchos con cabellos tan blancos como
la plata que manejan á* diario hace veinte, treinta, cuarenta,
cuarenta y cinco años, y otros, no más* jóvenes por regla
general , cuyos trajes y tipos revelan al hombre consagrado
al trabajo burocrático. En todos aquellos rostros marcó su
sello la honradez, dejando ver á través de la serena transpa¬
rencia de un mirar reposado y tranquilo, los claros reflejos
de la lealtad constante y fiel. Cada uno toma de los cuadros
fijados en la portería la medalla que contiene su número, y
la deposita , ya dentro del taller, en las
tablillas de asistencia. Después ocupa
su puesto y se dispone á emprender la
ruda tarea que abandonó, para reponer
apenas sus fuerzas, á las nueve de la
noche anterior, y que no interrumpirá
hasta que de nuevo llegue esa misma
hora.
V:aá empezar la diaria labor; distri-
búyense por todas partes las vagonetas
en que quedó' el día anterior el metal en
elaboración; pónense en movimiento
las máquinas ; enciéndense los hornos,
y al silencio del reposo sucede el ruido
del trabajo, en medio de un continuado
ir y venir en aparente confusión , pero
en real y efectivo orden perfecto, de
operarios, vagonetas y esportillas, en
que ora disimula el metal su riqueza
bajo capa de negros tonos, ora la mues¬
tra espléndida con blanco y fulgurante
brillo.
Sigamos, para no perdernos en la
confusión aparente, el orden metódico
del trabajo.
Aquellas robustas barras de 32 á 35
kilogramos, que quedaron custodiadas
en la tesorería por centinelas obligados
á mirarlas á través de los gruesos ba¬
rrotes de las rejas, salen, después de
nuevamente pesadas, en las vagonetas
que han de conducirlas á la fundición.
En e 8 te momento los funcionarios ad¬
ministrativos que las recibieron del
Banco las entregan á los jefes técnicos
de la fabricación. D. Federico García
Patón y D. Joaquín Hosell , y allí em¬
piezan á la vez la responsabilidad grave
y la misión delicada de éstos. Determí¬
nase el peso de cobre que ha de alearse
con cada barra de plata, para que ésta
alcance el titulo legal de 900 milésimas;
apártase este peso de granalla en un
saquito, y pónense juntos los dos me¬
tales que han de celebrar indisoluble
himeneo entre ardores de infierno, en
el fondo candente del enrojecido crisol,
o
o o
Arde, en efecto, con vividos res¬
plandores, el carbón acumulado en los
22 hornos de la fundición (A, pág. 345), en tanto que los
horneros agitan, ya uno, ya otro de ellos, levantando un
momento sus grandes y pesadas tapas, hasta que la barra
alojada en cada crisol, y la granalla de cobre que la acom¬
paña, ceden á la violencia del fuego y truecan las frías
rigideces del estado sólido por las flexibilidades volup¬
tuosas del ardiente líquido. Gira entonces la equilibrada
grúa, extendiendo su férreo brazo sobre el horno, álzase la
tapa de éste, sepúltase en él la tenaza, suspendida de la
grúa por robusta cadena, y al recoger ésta, aparece opri¬
mido entre las garras de aquélla el crisol. Su negra opa¬
cidad se ha trocado en encendido rojo , y cerca de sus
bordes aparece tembloroso , vivo , resplandeciente , irra¬
diando fulgurantes destellos de luz anaranjada, el precioso
metal.
Media vuelta de la grúa lleva el crisol al vertedor, bajo
del cual está preparado el carro de rieleras (D, pág. 345)
cargado de gruesas barras de hierro que al unirse forman
las cajas de moldes en que tomará la pasta, al solidificarse,
la forma de pequeñas barras á que se da el nombre de rieles.
Un operario dirige, merced á bien sencillos mecanismos de
engranaje, ya el avance, ya la inclinación del crisol; otro de¬
rrama con una brocha dentro de las rieleras , el aceite que ha
de impedir que la pasta se adhiera al molde; y una vez ver¬
tida’ ést^ sucesivamente en cada caja, otros apartan el carro,
desarman las cajas y sacan los rieles, que depositan todos
jqntos en una de las casillas en que está dividida la vago¬
neta que los ha de conducir á poder del ensayador.
La vigorosa animación del cuadro que ofrece en estos
días la gran sala de fundición de plata, donde se funden dia¬
riamente 14.000 kilogramos de metal , es en verdad digna
de verse, y si todos cuantos en aquella Casa trabajan están
dando pruebas de celo dignas de calurosos elogios , mere¬
cen, entre todos, uno muy especial los que derrochan el te¬
soro de la salud, único que poseen, permaneciendo diaria¬
mente dieciséis' horas en aquella atmósfera cargada de hu¬
mos y vapores, bajo la acción enervante de aquella tempe¬
ratura insoportable, consagrados á un trabajo rudo y sin
descanso.
o
Q Q
Dos inspecciones ha de sufrir el producto de cada cri¬
solada: la déí pesó y : la de* la ley.' Por eso ha de ir en la *
vagoneta cada grupo de rieles separado de los demás.
El peso debiera ser, igual. al de. la barra de plata y la gra¬
nalla de cobre si todo el metal se aprovechara. Pero alguna
parte se volatiliza, otra puede verterse en el horno al agitar
la pasta, y queda en las cenizas, y otra cae inevitablemente
fuera del molde y queda en el suelo , de dondo se ha de re¬
coger á su tiempo con esmero. La primera y parte de las
otras dos desaparecen , y constituyen la -merma ; pero ésta
se reduce cuanto es posible (rara- vez pasa de 1,5 por
1.000), almacenando las cenizas de hornos y las tierras del
barrido, apartando de ellas directamente lo más grueso, y
tratando después la masa por el procedimiento, entre meta¬
lurgistas bien conocido . de la amalgamación.
Consiste en mezclar las cenizas y tierras con mercurio y
agitar la mezcla. Las ' partículas de plata se amalgaman (en
términos vulgares podríamos decir que se disuelven en .el
mercurio como el azúcar ó la sal en el agua). Retírense las
tierras, queda sola la amalgama,, mátenla en una retorta,
pónese al fuego, en comunicación por un tubo con otro re¬
cipiente, y el mercurio volatilizado en la primera se con¬
densa de nuevo en el segundo, en taDto que en aquélla
queda al fin solidificada en un pan ó torta la plata resca¬
tada.
Aun queda en las tierras y cenizas alguna plata, que ya
no conviene recoger en la fábrica porque requiere otros
procedimientos ; pero se logra de ella algún beneficio ven¬
diendo esos residuos á las fábricas de desplatación, donde
existen, para beneficiarlos, hornos de copelar.
La recogida de cenizas y tierras, si bien es un trabajo
puramente mecánico, exige bien probada fidelidad, y está
encomendada al celo de un operario titulado jefe de la es¬
cobilla, verdadero modelo de laboriosidad y honradez, aun
allí donde estas cualidades tanto abundan, que cuenta 79
años de edad y 51 de servicio en la Fábrica.
Volvamos á la inspección de los rieles. Anótase el peso
de cada crisolada, y pasan en. la vagoneta á poder de los
ensayadores, quienes determinan la ley ó riqueza de la
pasta de cada una de ellas. Concede la ley una tolerancia de
dos milésimas de defecto ó exceso , y por consiguiente no
serian legales y deben., apartarse las pastas en que la canti¬
dad de plata por kilogramo no llegue á 898 gramos ó pase
de 902. Son, pues, desechados los rieles no comprendidos
entre estos límites, y se entregan los demás como útiles al
taller de fabricación.
Los desechados vuelven á la fundición, y mezclados allí
con cobre ó con recortes de la misma fabricación , se funden
de nuevo en proporciones convenientes para lograr rieles
de ley.
Rarísima vez este examen rigoroso llega á encontrar mo¬
tivo para desechar una crisolada.
Enciérranse en la fundición problemas técnicos de suma
importancia, que no me es dado desflorar aquí. La reduc¬
ción de mermas , la homogeneidad del producto, el punto
de temperatura, la economía de combustible, y mil otros
interesantísimos detalles, hacen de esta operación, en apa¬
riencia, tosca, y sencilla, la más delicada quizás de la fabri¬
cación, porque en ésta, como en todas las industrias meta¬
lúrgicas , de la buena fundición depende la buena fabrica¬
ción, puesto que en aquélla se dan al metal las cualidades
que le han de hacer bueno ó malo para el trabajo á que des¬
pués se le somete.
Sigamos á la masa de rieles al salir de la cautividad en
ue durante veinticuatro horas los tuvo el ensayador, hasta
arles patente de bien dispuestos para el rudo combate que
han de librar, y entremos con ellos en la gran sala de fa¬
bricación ( 1 , págs. 348 y 349).
] Hermoso espectáculo! Un salón inmenso de 14 metros de
anchura y 70 ae longitud, cubierto por la techumbre á dos
aguas que sostienen 34 graciosas y ligerisimas armaduras
.de\hierro, es el palenque en que el riel prueba, á través de
cilindros, hileras, cortes y estampas, su dócilísima obedien¬
cia, al duro trabajo que se le exige, de la cual, en premio,
recibe forma atilaada, brillo consistente y 6obre todo atri¬
butos preciados de soberanía, que le avaloran mucho más
de lo que en justa estimación corresponde á la materia que
le forma, con ser ésta, por su valor intrínseco, llamada pre¬
ciosa.
Sigamos una á una las transformaciones del riel. Una,
otra, otra más, y aun una cuarta vez, pasa oprimido en¬
tre otros tantos pares de cilindros laminadores (2, pág. 348),
aumentando en cada una su longitud
á medida que pierde grueso; pero al
terminar esa cuarta tortura, tan opri-
fnido queda y tan violentamente colo¬
cadas sus moléculas, que cualquier
otro cambio de forma le obligaría á
quebrarse como frágil lámina de vi¬
drio. Dicese entonces que el metal está
agrio, y para volverle esa docilidad al
cambio de forma que, por respetos ai
latino origen se llama ductilidad, pre¬
ciso es someterle en hornos de rever¬
bero (3, págs. 348 y 349) á la bien¬
hechora influencia del calor. Allí, á la
temperatura del rojo sombrío, parece
como que se aflojan los anudados lazos
y las violentas aproximaciones de las
torturadas moléculas, cual si se prepa¬
rasen á gozar de nuevo de la libertad
que lá fusión les dió en el crisol.
Quedan muy lejos de ella; pero basta
el ambiente de libertad que dentro de
la masa crea el esponjamiento de la di¬
latación que el calor produce, para que
se ordenen según las leyes de cohesión
á que por naturaleza obedecen, y en
ese orden recobren aptitudes y energías
para resistir nuevos esfuerzos.
Sufren los, en efecto, en otras dos pa¬
sados por los laminadores, de las cua¬
les la última, denominada alisado, W
aproxima mucho al grueso y ancho de
la moneda, este último con pequeños
excesos laterales. Falta, sin embargo, á
la tira igualdad en ese espesor y an¬
chura, que sólo se logran haciéndola
pasar por una hilera.
¿Qué es una hilera? preguntará el
lector no versado en trabajos de meta¬
las. No es sino una chapa ae acero per¬
forada en su centro por una abertura
de bordes afilados y de forma exacta¬
mente igual á la sección que se quiere
dar á la tira ó barra que por ella pase.
Mas para que ese paso tenga lugar es
preciso antes preparar la punta de la
tira, aguzándola, y esto es lo que hace
otra máquina denominada escarchador
(4, pág. 349).
Entre dos cilindros que giran en
sentido contrario uno de otro, como
los de los laminadores, pero «que vuelven en seguida sobre
su marcha, coloca un obrero la punta del riel. Oogenia los
cilindros, la aplastan al avanzar llevándola entre ellos, y la
devuelven al regreso su libertad, después de haber adel¬
gazado el extremo sometido á su apretado abrazo.
Pasan así preparados los rieles á los bancos en que las hi¬
leras imaciables los esperan, y una nueva tortura les da allí
una forma más perfecta, como una nueva prueba, en el
orden moral , eleva á una nueva perfección al alma que por
ella pasa. Sujeta con fijeza la hilera en la férrea é inflexible
cabeza del banco (5, pág. 348), introdúcese en la abertura
la aguzada punta del riel, y por el otro lado se coge entre las
estriadas quijadas de una tenaza poderosa denominada cairo.
Sobre el banco se mueve una gran cadena, en cuyos gruesos
eslabones pueden enganchar dos corchetes del carro. Cogido
asi éste por la cadena, avanza arrastrado por ella, alejándose
de ja cabeza, y como por el mismo tiro se aprietan fuerte¬
mente las quijadas, el riel se ve forzado á seguir el avance,
pasando á través de la hilera y acomodándose exactamente
en toda su longitud á la forma de ésta.
o
o •
Ya se lograron con suficiente exactitud el grueso precito
y la holgada anchura, y llega el momento de dar vida in¬
dividual á lo que hasta entonces sólo fué conjunto en masa/
Es preciso separar del riel cada uno de los discos que más
adelante han de tomar el pomposo titulo de monedas, y qué
al nacer se contentan con el más familiar, y sólo usado en la
casa nativa, de cospeles. Cortadores cilindricos, movidos por
máquinas llamadas cortes (8, pág. 348), efectúan la separa¬
ción de los cospeles, por medio de repetidos golpes que de¬
jan en el riel movido por el operario una tila de círculos
vacíos, en tanto que los discos que los ocupaban caen á la
espuerta que los recibe.
K1 recorte restante, que es llamado en la casa cizalla,
representa el 60 por 100 del total , y vuelve á la fundición
para recibir.de nuevo la forma de riel. Excepto lo que de
él se emplea para corregir fundiciones de ley defectuosa,
suele fundirse solo, puesto que asi conserva esa misma ley
que ya tenía, antes con tendencia á mejorar que á empo¬
brecerse.
Al salir ol^cospel del corte, sus cantos tienen defectos y
rebabas, que es preciso corregir' ó quitar, "y de ello sé en*»
BALANZA AUTOMÁTICA.
MADRID.— FÁBRICA NACIONAL DE [LA MONEDA Y TIMBRE.
LA ACUÑACIÓN DE LA PLATA.
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D. Oarlos Torrijos y la Cruz, D. Luis López Pu
interventor. tesorero.
Exorno. 8r. D. Antonio del Oastillo Olivares,
administrador. t
1. Taller de fabricación. — 2. Laminador. — 3. Horno de recocer. — 4. Escarchados — 5. Banco de hilera. — 6. Fít
MADRID. — FÁBRICA NACIONAL DE LA MONEDt
(DB FOTOGRAFÍA
(
!
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de cortar. — 7. Sala de blanqueo. — 8. Tórculos. — 0. Volante de hincar troqueles. — 10. Prensa de acuñar
£DA Y TIMBRE. — LA ACUÑACION DE LA PLATA:
DE PRIETO.)
Google
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D. Federico García Patón, D. Joaquín Rossell.
director facultativo, jefe de la fabricación. segundo jefe de fabricación.
D. Bartolomé Maura,
jefe del centro artístico de gratado.
360 — n.° xxii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA ' Y AMERICANA
15 Junio; 1898
carga otra ingeniosa máquina, el tórculo (8, pág. 349),
cuyo mecanismo merece algunas líneas. Sobre una mesa
de hierro se ven varios tubos verticales, en que un ope¬
rario coloca pequeñas pilas de cospeles sin cesar renovadas.
El cospel que queda debajo de todos en cada pila recibe
por su canto, gracias á una ranura que separa el tubo de
la mesa, el contacto de una guía que se mueve alternati¬
vamente avanzando y retrocediendo; y así como una cre¬
mallera, dotada de análogo movimiento alternativo, haría
avanzar y retroceder un piñón que con ella engranara, así
la guia obliga al cospel á rodar por su canto sobre ella sa¬
liendo de debajo de la pila, apoyado en la guía misma y en
otra igual tija y paralela 4 la primera, que le toca y oprime
en los puntos diametral mente opuestos á los sucesivos de
contacto con la primera. Así, rodando oprimido entre ambas
guias, los cantos adquieren regularidad perfecta, y antes
ae que la guía móvil empiece su retroceso, la fija, que no
llega tan lejos como aquélla, deja libre al cospel precisa¬
mente al pasar éste encima de un orificio , por donde cae al
tubo que le conduce á la espuerta colocada debajo de la má¬
quina. Otro cospel quedó entretanto formando la base de la
pila, y al siguiente avance de la guia móvil rueda á su vez
con ella y va á acompañar al que le precediera; y asi otro y
otro, sin interrupción y con rapidez casi vertiginosa.
Al salir el cospel del tórculo está otra vez agrio el metal, y
es preciso recocerle de nuevo para que resista la acuñación.
Así se hace, no sin ser antes contado y pesado escrupulosa¬
mente; y como la acción del fuego oxida el cobre de la su¬
perficie y ennegrece ésta, hay que hacer seguir á esta ope¬
ración la del blanqueo (7, pág. 348), allí llamada blanque¬
cido ó blanquimento , que consiste en encerrarlos cospeles
en un bombo de oobre agujereado, sumergir éste en agua
acidulada con ácido sulfúrico y voltearle para que las mo¬
nedas reciban la acción del ácido , que convierte el óxido de
cobre en sulfato soluble y le desprende, dejando al descu¬
bierto limpia capa de plata de un blanco mate.
Así, recocidos y limpios, debieran ya ir los cospeles á la
acuñación; pero es preciso no olvidar que se trata de opera¬
ciones en que la exactitud y la perfección han de ser extre¬
madas, y para lograr que lo sean es preciso también extre¬
mar las precauciones.
No basta, pues, que los rieles hayan sido pesados escru-
ul 08 amen te al pasar del ensayo al laminaje, de éste á las
ileras, cortes y tórculos, ni que al salir de éstos los cospeles
hayan sido también pesados, contados y distribuidos por
millares en espuertas. Es preciso contarlos y pesarlos de
nuevo por partidas al salir del blanqueo.
Una sola operación fabril resta para convertir el cospel
en moneda: la acuñación. Pero antes de sufrir esta meta¬
morfosis que le ha de transformar de masa anónima sin
más valor que el que intrínsecamente corresponde á la ma¬
teria que le forma, en signo de cambio adornado con el es¬
cudo de la patria y realzado con el busto del soberano, es
preciso que salga triunfante de una última prueba, per la
cual asegure la confianza que á todos ha de inspirar y
afiance el crédito del Estado, que, bajo la garantía de su
palabra, lo lanza al mercado. Esa prueba es la del peso le¬
gal, fijado para el duro en 25 gramos, con una tolerancia,
por defecto ó por exceso, de 75 miligramos. Pesar tan gran
número de piezas una por una con la precisión y con la ce¬
leridad necesarias, no sería empresa fácil si no existiera
para ello el delicado cuanto ingenioso aparato que se llama
balanza automática. Cinco de estos preciosos aparatos tiene
nuestra Fábrica para las monedas grandes, cuatro para las
medianas y tres para las pequeñas.
No las describiré, temeroso de ir demasiado lejos en estos
apuntes. Baste decir, para completar la idea que de su me-
•anismo da el grabado de la página 347 , que de la posición
en que quedan los brazos de la balanza depende la que toma
una tolva delante de uno de los tres orificios que respecti¬
vamente dan entrada á las cajas de cospeles buenos, fuer¬
tes ó débiles. Una guía empuja, uno tras otro, los cospeles
al platillo de la balanza; del otro brazo pende el contrapeso,
y ae éste la tolerancia, que actúa ó no según es necesario.
Si el cospel equilibra al contrapeso, con ó sin tolerancia, la
tolva se coloca sobre el buzón de la caja central, y en ésta
cae la pieza que la balanza aprueba; si le falta peso , se in¬
clina el brazo del lado del contrapeso, y la tolva la dirige á
la caja de las débiles, llamadas febles; y si, por el contrario,
es excesivo el peso, el brazo cae del lado del platillo, y por
la tolva va el cospel á la caja de los fuertes.
Por término medio resultan aprobados 80 cospeles de cada
1Ó0, y 20 fuertes ó febles.
Los de las dos últimas clases vuelven á la fundición ; los
de la primera, contados de nuevo por millares, se entregan
á las prensas que hap de imprimir en ellos el cuño.
•
o o
Es ésta otra máquina interesante ( 10 , pág. 349 ). En su
mesilla coloca el operario las pilas de cospeles, que una mano
mecánica coge y lleva uno por . uno encima del anverso del
troquel, y enmedio de las tres piezas laterales que, encaja¬
das en una virola ligeramente cónica, han de juntarse é im¬
primir en los cantos las flores de lis. Baja entonces, llevado
por la prensa, el reverso del troquel, y una presión rápida
y violenta obliga á lá dócil pasta á llenar todos los huecos
del dibujo. La transformación está hecha; el cospel mate ha
quedado convertido en moneda brillante y sonora; la pren¬
sa, en su acompasado movimiento, asciende dejando libre +
el antes vil metal y ahora recién coronado soberano; éste?
salta con presteza por el tubo de salida, dejando oir el argen¬
tino timbre de su voz al chocar en la esportilla con los que
le precedieron, y el que ha de seguirle entra á su vez entre
las caras del troquel para ser igualmente transformado.
También hay bajas en esta última batalla: ya son los can¬
tos que resultaron defectuosos, ya las caras que no llena¬
ron los huecos del grabado, ya las hojas ó poros que quitan
¿ la pieza el sonoro timbre ó la brillante tersura. Témanlas
expertos examinadores, que sin compasión retiran las que
presentan el más pequeño defecto, y otra máquina (pagi¬
na 352) se encarga de hacerlas pasar entre estriados cilin¬
dros que surcan inexorables las caras del que no supo ad¬
quirir, al beso del troquel, la perfección deseada.
Quedan, en fin, aprobados los que la alcanzaron; cu éntan-
se, pesándolos por grupos de cincuenta; reúnense en talegas
por millares, y aquellos carros del Banco que trajeron las
gruesas barras de plata, vuelven á rodar pesadamente, opri¬
midos bajo la preciosa carga, y la depositan en las arcas
desde las cuales se lanzará el flamante duro á los azares de
la vida, sin descanso, tomando parte en cuantas acciones
buenas y malas puedan imaginarse.
o
o o
El modelado del cuño, en cera; su reducción sobre acero;
las condiciones que ha de llenar como objeto de arte dentro
del restringido margen que á los relieves deja la necesidad
de que los adquiera la moneda en un solo golpe; la hinca del
cuño por la acción poderosa y repetida de la prensa de vo¬
lante (9, pág. 349) en los tochos de acero, en los que se ha
de vaciar en hueco lo que el cuño tiene en relieve para que
en relieve también lo tomen á su vez de aquél los cospeles,
son operaciones delicadas é interesantísimas que piden ma¬
yor espacio para ser descritas.
Dejo intactas también otras muchas y muy graves cues¬
tiones que con la fabricación de la moneda se relacionan, y
que en aquella casa se estudian. Esbozarlas siquiera sería
asunto para un libro. Hay allí mucho que aprender, todo
ello digno del mayor interés; perorante todo, son dignas de
él, y merecen bien de la patria y gratitud de todos, la leal¬
tad acrisolada, la actividad incansable, la probada compe¬
tencia y el elevado concepto del deber, que, desde el más
alto basta el más bajo, pone todo aquel personal meritísimo
en el rudo trabajo que las circunstancias le imponen al pre¬
sente.
•
• •
Los elementos de la Fábrica están dispuestos para una fa¬
bricación normal de 100.000 piezas diarias. Surgió el apre¬
mio de las circunstancias, y redoblando el trabajo se llegó á
rendir 125.000; pero se vislumbró el conflicto, solicitóse un
nuevo esfuerzo, yante la imposibilidad de formar personal
de relevo, prestóse todo el mundo á trabajar desde las seis de
la mañana basta las nueve de la noche, con lo cual se lia lo¬
grado, desde el día fi del corriente, rendir 200.000 piezas dia¬
rias, equivalentes á un millón de pesetas, y que pesan 5.000
kilogramos. Esto requiere tener en movimiento una masa de
plata de 50.000 kilogramos, que rueda de uno á otro lado y
viene, al terminar el trabajo del día, á encerrarse cuidadosa¬
mente en el llamado tosorillo (E, pág. 345), dopde al pre¬
sente se reúne todas las noches un valor próximo, y á veces
superior, á 40 millones de reales. Y es, en verdad, intere¬
sante la vista que ofrece ese capital cuantiosísimo convertido
en negras y toscas tiras, en amontonados recortes y en
blancos y negros cospeles. Nadie sospecharía, á no estar
advertido, que aquella masa metálica representa próxima¬
mente el coste del grandioso edificio en que el mismo Banco
de España ha de recibirla.
Si enumerar detalles es imposible, lo es también nombrar
personas. Las más significadas por su categoría, á quienes
nunca agradeceré bastante la amabilidad con que me han
tratado, aparecen en los dos grupos que figuran al frente
de los grabados insertos en las páginas 348 y 349 del presente
número. Bien quisiera referir sus altos merecimientos y se¬
ñalados servicios y aptitudes, pero me lo impiden los lími¬
tes, que ya be rebasado, del espacio á que debiera ceñirme.
Ellos me impiden también analizar el coste de fabrica¬
ción, dato interesante y complejo allí donde las trabas de
una repetidisima y escrupulosa comprobación obligan á re¬
cuentos y repesos, ensayos y refundiciones que en una fa¬
bricación menos delicada serían innecesarios. En globo se
estima el coste de fabricación en 1,50 pesetas por kilogra¬
mo, equivalente á 93 $ céntimos por duro.
La responsabilidad de los jefes de fabricación sólo queda
salvada entregando, en el conjunto de una labor, el 998 por
1.000 de lo que durante ella han recibido.
Sírvenle de abono para esa entrega las monedas que
rinde, los residuos, si quedan, y el importe de la venta de
cenizas y tierras beneficiables.
Es, en resumen, la Fábrica Nacional de la Moneda, en es¬
tos momentos, centro de actividad prodigiosa, y es en todo
tiempo digna de ser visitada, por el interés vivísimo que
despierta cuanto en ella se encierra. Acaso alguna vez, cuan¬
do la ocasión fuere propicia, guiaré á los lectores de La
Ilustración en una nueva visita á otras secciones. Hoy basta
ya, y aun temo, con haber callado mucho, haber dicho de¬
masiado; mas todo era preciso para que, como el loco sevi¬
llano citado por Cervantes mostraba á los testigos de su fa¬
tigoso soplo cuánto es gran trabajo hinchar un perro, así
mostrara yo á cuaotos me leyeren que no es cosa tan fácil
y sencilla como pudiera creerse hacer un duro.
Ramón Arizcun.
EL ALMA DEL MUERTO.
(CUENTO TRÁGICO.)
I.
Ofrecíase la campiña de Villabrín sombría, y el
cielo encapotado ocultaba las titilaciones de los as¬
tros: un calor bochornoso caía sobre la tierra, y de
ésta desprendíase un vaho cálido: el canto del rui¬
señor venía á ser, en el concierto de los indescrip¬
tibles acordes nocturnos, el aria de tenor, coreada
desapacible y monótonamente por sapos y grillos,
ranas y cigarrones.
Recostado en uno de los árboles de la carretera
se encontraba al acecho un hombre joven.
A cada instante miraba con ansia y temor no
disimulados á todo lo largo del camino real. .
El silencio de la noche fuá interrumpido por los
ecos de un canto popular entonado con potente
voz y no escaso gusto.
— ¡El! — murmuró el que acechaba, saliendo al
encuentro del cantor.
Al encontrarse frente á frente del mismo ., le
dijo con acento tembloroso:
— ¡Quin, te esperaba!
El de la copla hizo alto y replicó sorprendido:
— ¿A mí?..... ¿No te era lo mismo en el pueblo?
— ¡No! allá abajo podían enterarse.
— ¡Vaya un misterio! ¿Y qué tienes que decirme?
— Ahora te lo diré.
— ¿La cosa es grave?
— Demasiado sabes que sL
— ¿Yo, Juan?
— Sí, tú; no te hagas de nuevas. En el pueblo se
corre que eres novio de Anita, la hija del boti¬
cario.
— Sí, lo soy, ¿y qué?..... — replicó Quin arrogan¬
temente.
Y con acento de insulto, prosiguió: .
— ¿Y para decirme eso te quedas como un ladrón
de caminos, en la carretera, esperando mi paso?.....
¡Hombre, lo tomo á broma, que si no!.....
— No; no lo tomes á broma, Quin. Ya en ello la
vida.
— ¿La vida?,..- ¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡Estás loco!.....
— Sí; por esa mujer lo estoy.
— ¿Quieres quitarme la novia?..... ¡Quítamela,
hombre, quítamela si te atreves!
— No seas fanfarrón y déjate de bravatas. Vuel¬
vo á repetirte que hablo en serio. Escucha.
— ¿Algún cuento? .
— No; historia pura.
— Que sea corta; tengo prisa. ,
— El caso merece no tenerla. Voy á decirte á ti
ahora lo que jamás he dicho á persona humana.
Quiero á Anita — á tu novia — como no he querido
á ninguna mujer. Y eso, tú y todos los del pueblo
debéis de saberlo , que no he buscado el esconder¬
me para manifestar mis sentimientos..... ¡Bueno!
Ninguno de los mozos se ha atrevido á requebrar
á Anita, porque adivinaban que al primero que lo
intentase le saldría caro el hallazgo. Tú, más arro¬
jado y vendiéndote~mi amigo, la has requerido y
propalado por el pueblo la hazaña. ¡Y, por Cristo
que, ó dejas de pensar más en esa mujer...- ó te
aplasto como á un sapo!
— Vaya, hombre, vete á dormir. Debes de haber
tomado una copita de más.
— ¡No bebo!..... ¡Y no me insultes, Quin! Sé que
tú al pedirle amores á esa mujer, lo has hecho por
prurito orgulloso..— « Ya que los otros no se atre¬
ven, seré yo el primero» — te has dicho. — Y mal
aconseja, Quin, el amor propio cuando á tales ex¬
tremos conduce.
Y Juan, dulcificando cuanto pudo su acento, con¬
tinuó :
— Amigo mío , vuelve sobre tu acuerdo y olvida
á esa niña, á quien tan injustamente traen en len¬
guas por tu causa.
— ¡Dejar yo á Anita!-... Pero, Juan, ¿crees que
me asustan tus cacareos?.....
— Por lo que más quieras te lo suplico. ¡ Si no—..!
— ¿Me amenazas?.....
— ¡No!..... No te amenazo..— Eres novio de esa,
mujer guiado por el amor propio, que te ciega.
A esa niña no la amas tú como ella se merece ser
amada. Honradamente tú no la quieres, no puedes
quererla. En el pueblo tienes fama de mujeriego,
y para ti, Anita es una más en la lista: para mí, en
cambio, ¡es la única!—.
— Hablas tan bien como el señor Cura— ¡muy
bien! . pero yo no dejo á Anita— ¡Será esto por
amor propio, lo que tú quieras, pero con ella me
caso..... ¡Y si no, al tiempo!—
— Piensa bien tus palabras, Quin.
— ¡Las sostengo!
— Tú lo quieres..... ¡pues sea! ¡Defiéndete!—
No dijo más Juan. Rápido como el pensamiento,
se registró los bolsiUos de la americana, y una ace¬
rada hoja brilló en su mano; Quin, que no iba des¬
prevenido, sacó á su vez una navaja, y entre ambos
jóvenes se entabló la lucha. Rugiendo de rabia, los
rivales se abrazaron..... Su abrazo era de muerte.
Uno de los dos debía de encontrar su lecho mor¬
tuorio en el blando polvo de la carretera.....
Sonó un ¡ay!, cayó un cuerpo, y el otro que que¬
daba en pie arrodillóse junto al caído, y palpán¬
dole, murmuró con espanto:
— ¡En mitad del corazón!.....
Y para atajar la sangre que abundantemente
manaba de la herida, el vencedor sirvióse de su
pañuelo como de una compresa.
Finalizada la operación, miró aterrorizado á lo
largo de.lá carretera* . . ..
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. 15. Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° xxii — 351
/
Nadie había presenciado la lacha.
El vencedor hizo un esfuerzo.sobrehwanoLCon
ambas manos levantó en alto el inanimado cuerpo
de su rival, y con aquella carga que le hacía gemir
de cansancio se internó en la campiña, atrave¬
sando los prados y salvando ¿ saltos las lindes.
Llegó á un pradal cercado de piedras. Sin aliento
casi arrojó al suelo la pesada carga, arrodillóse al
pie de la cerca, y con la misma hoja acerada con
que diera muerte á su rival, cavó un hoyo en la
tierra y dentro de él sepultó el cadáver.
Gruesas gotas de sudor surcaban la frente del
joven al acabar su lúgubre faena.
Dirigió al cielo una mirada de imponderable
amargura, y casi sollozando, cruzadas las manos
en actitud de súplica, balbució:
— ¡Perdóname, Dios mío! ¡Vir¬
gen Santísima, perdóname!.....
Y las lágrimas al brotar de sus
ojos cayeron sobre la tumba que
acababa de abrir, sobre el cuerpo
del rival reducido á la nada.
Arrojó ?la tierra removida en el
hoyo, apisonándola hasta dejarla al
nivel de la superficie.
El cielo, como si providencial¬
mente quisiera borrar las huellas
de aquel sangriento episodio, en¬
vió á la tierra una lluvia torrencial.
II.
color de la gloria. Y ni gloria ni esperanza de lo¬
grarla prometíase, el desdichado mozo al lado de
aquella hermosa mujer por la que en lucha había
matado á un hombre . Y mayor sarcasmo aún la
alegría que resplandecía qn todos los convidados,
incluso en la heroína de la fiesta.
Contraste suficiente para borrar la negra página
siempre viva en el pecho ¡de Juan.
Pero hay páginas que qada ni nadie puede bo¬
rrar. La conciencia que tiene una mancha, es bui¬
tre que se asoma á todas las alegrías destrozándo¬
las despiadado.
El regocijado aspecto de los convidados; el des¬
lumbrador cuadro del banquete; lá mesa cubierta
de niveos manteles , y sobre éstos la vajilla de Sé-
pastoril: que el hombre, cuando los cuidados de las
drogas le dejaban vagar, gustaba de leer los clásicos
que tratan de Filis y Batos, y pintan Arcadias allí
donde hay un poco de verdura y un par de grose¬
ros pastores, los cuales, gracias ¿ la poesía de los
que los pintan, pueden aparecer hasta sublimes y
amantes.
IV.
Terminó el banquete, y los comensales creyeron *
del caso, y como medida higiénica y divertida, en¬
tregarse al agitado placer del baile.
Mientras se organizaban las parejas, Anita, apo¬
yada en el brazo de Juan, paseaba con dulce deja¬
dez por el prado.
De pronto se detuvo la joven, y
señalando alegremente á su esposo
una rosa pálida que se erguía al otro
lado de la cerca, le dijo:
— ¿Vamos á coger esa flor, Juan?'
— ¿Esa flor?..... — repitió el aludi¬
do con espanto, mientras desviaba
la vista del sitio señalado por Anita»
— Sí, hombre. ¡Tengo capricho
en cogerla! ¡Es tan bonita!..... Anda,
ven conmigo.
Juan permanecía quieto.
— ¡Qué poco galante eres! — re¬
plicó con despecho la joven.
Y abandonando el brazo de su es,-
poso, se dirigió resueltamente hacia
la cerca.
Juan le gritó con acento desfalle¬
cido:
— ¡Anita! .
Pero Anita, sin hacerle caso,
arrancó la rosa, y con aire de triun¬
fo volvió á reunirse á su compañe¬
ro , diciéndole irónicamente :
— ¿Tenías miedo á clavarte al¬
guna espina?..... ¡Mírala! ¡Mírala qué
bonita es! .
Juan apartaba sus ojos de la rosa;
era un horror aquello. La rosa había
fructificado en el mismo sitio que
servía de tumba á Quin.
— Ahora, para castigarte, verás
lo que hago — dijo Anita riendo.
Y posó sus labios sobre las hojas,
depositando en ellas un ruidoso
beso.
—Ahora, Juan —prosiguió,— bé¬
sala tú también como castigo á no
querer las flores. ¡Y eso que sabes
que las quiero con toda mi alma!.....
Y al notar la palidez cadavérica
que cubría el rostro de su amado,
le preguntó con voz que semejaba
una caricia:
— ¿Qué tienes?.—.
— Nada. Un desfallecimiento.....
¡Ya pasó!
V.
— El era ambicioso, y puede-ser—
Pero bien pudo decirnos que se iba,
y no que de la noche á la mañana...
si te he visto no me alcuerdo.
—El día menos pensao le vemos hecho un Duque.
—Amén.....
— ¡Ea! ¡Ya sale la novia!
— Vámonos detrás.
— ¿Y para qué, mujer?.....
— ¡Toma! ¿Para qué? . Para ver si cae algo.
— Como que nos van á dejar entrar á los pro¬
bes . ¡Sí, en seguidita !.....
— Pues que nos prohíban la entrada en el campo.
— ¡Ah! ¿pero la boda se celebra en el campo? .
— Como lo cuento. El padrino así lo ha querío.
En el prao alto que tiene el boticario han preparao
las cosas . ¡Y qué cosas, hija de mi alma! . ¡Y
qué comía!..... ¡Y qué de confituras!..... De princi¬
pes ríales..... En mi vida vi otra igual.
— Pues vamos, señá Pascuala.
Las mujerucas, á retaguardia del cortejo nup¬
cial, emprendieron la marcha, y las galas de los
convidados, iluminadas fuertemente por el sol,
hacían más duro el contraste con el montón de
trapos de la chusma villabrinesca: que nunca hubo
función que no tenga por apéndice la miseria .
III.
El día de sus nupcias..... ¡qué triste se le antojó
á Juan! ¡qué largo! Saroásticas se le antojaban las
galas del cielo y las galas de latierra; verde la una
con el eolor de la esperanza, azul el otro con el
ESC UBRIDO R DEL BACILO I)E LA FIEBRE AMARILLA.
(De fotografía.)
vres de irisados tonos; los destellos de la plata;
los artísticos centros cuajados de flores; las hu¬
meantes viandas; el animado charloteo de los co¬
mensales; sus ojos bañados de esa luz propia de los
seres dichosos; el encanto de los ojos de Anita,
que muy abiertos miraban á Juan como repro¬
chándole su conducta estrafalaria, y suplicándole
una de esas mimosas miradas que bañan el espí¬
ritu de dulce placidez; el plañidero pedir de la
chusma, que, estacionada á respetuosa distancia de
la mesa, seguía con avidez la desaparición de los
manjares en la boca de los señorones; el tintineo
de las copas; el ruido de los cubiertos y de los pla¬
tos; los dulces acentos de Anita instando al que ya
era su dueño á que hiciese honor ai festín: todo era
para el joven obscuro, sombrío, negro. Una idea
fija le hacía clavar angustiosas miradas allá en la
cerca de piedra que rodeaba el prado: allí estaba
«aquél», es decir, un montón de huesos .
Nunca la casualidad fué más cruel ni el azar
trajo una nota más lúgubre. Juan quiso dominar¬
se, entrar de lleno en la fiesta que por él se cele¬
braba. Buscó en los ojos de su novia el efluvio mag¬
nético que, tocando en el corazón ó iluminando
el cerebro, desviara la pesadilla ¡ Y no pudo! Sus
palabras eran ilógicas, su risa una mueca de dolor.
Interiormente renegaba de aquello que él mismo
había preparado, del banquete, de los convidados,
de su debilidad en complacer al suegro, que exigió
que se celebrara la boda á campo raso , á estilo
Los sones de la fiesta habían en¬
mudecido. Marido y mujer se con¬
templaban en silencio.
Anita, sorprendida de la actitud
de sufrimiento de Juan, volvió á preguntarle con
el solícito interés de la mujer amante:
— ¿Estás enfermo?.....
—No: un ligero dolor de cabeza. Puedes reti¬
rarte á descansar — replicó Juan con acento som¬
brío. — Yo, mientras, voy á asomarme á la ventana,
á ver si con el fresco de la noche me alivio.
Anita obedeció.
En un florero que había sobre la tabla de már¬
mol de la chimenea dejó la rosa cogida en el prado.
¡La rosa allí!
Y como atraído, Juan iba acercándose á ella,
tendiendo las manos, como si la flor fuera un arma
que hacia él se dirigiese amenazadora. Retrocedió4
antes de tocarla; dejóse caer á plomo en una silla,
y vió la rosa transformarse en una silueta negra,
que iba agrandándose, agrandándose, mientras,
que la habitación se estrechaba, empequeñecién¬
dose hasta lo imposible, hasta no dejar espacio
más que parala negra silueta y él, Juan. La silueta
hablaba, y echándole los brazos al cuello, 10 decía
algo muy horrible que hizo lanzar un grito de es¬
panto al desventurado. Juan quiso hablar, pero las
palabras morían en la garganta estranguladas por
un orgasmo terrible; intentó incorporarse ©n su
asiento, pero tampoco pudo: le pesaba el Jcuerpo
como si fuera de hierro; una situación horrible.
— ¡Juan! — se oyó una voz dulce; la de Anita.
Y Juan no pudo responder, no pudo moverse;
Digitized by ^.ooQie
m -
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VISTA GENERAL DE LA FÁBRICA.
MADRID — FÁBRICA NACIONAL DE LA MONEDA Y TIMBRE.— LA ACUÑACIÓN DE LA PLATA.
(De fotografía de Franzen.)
354 — n.° xxii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Junio 1899
sentía un miedo que le erizaba el cabello, que po¬
nía perláticas sus manos y tembloroso todo el
cuerpo: una crisis sin nombre no registrada en
ninguna terapéutica.
Con ojos extraviados miró hacia la entornada
puerta: detrás de ésta se encontraba su mujer, la
mujer de sus amores.
Arrastrándole , llevado de no sé qué espíritu de *
arrepentimiento, Juan, en vez de acudir al dulce
llamamiento de su esposa, llegó hasta la puerta de
salida, y como (Dios le dió á entender, tambaleán¬
dose como un ébrio, salió de su casa, abandonó el
nido por él fabricado para sus amores, y las som¬
bras de la noche le robaron para siempre de Vi-
llabrín. ]
Para siempré; porque hace más de cuarenta años
que en el pueblo se murmura que el diablo, envi¬
dioso de la felicidad que en la tierra esperaba á
Juan, habíale arrebatado de brazos de su esposa la
noche de nupcias .
Alejandro Larrubiera.
SOL EN TAURO.
N cuanto empieza el calor resucitan los
verdaderos aficionados á la fiesta na-
íal.
-Mire usted, podrá haber disgus-
tos públicos y de familia, y peligros y
calamidades públicas, y enfermedades y
pestes, de todo menos dinero y tranqui¬
lidad; pero todo eso es lo de menos mientras
\ j no nos falten los toros.
Esto me decía un aficionado de verdad, abo¬
nado á una barrera de sombra desde antes de na¬
cer, porque fu señor padre le dejó «el talón» para
que continuara abonándose todas las temporadas,
y el número de un décimo de la Lotería nacional,
que también tenía por abono desde la juventud.
Y cumplidas estas obligaciones expiró.
Lo primero que hizo el hijo fue dar sepultura al
padre, como era natural, y lo segundo fue «sacar
©1 décimo» de la administración donde le com¬
praba el padre, y lo tercero, en cuanto vió el rar-
tel anunciando la apertura de la temporada y del
abono, fué sacar los billetes de barrera.
En ambos lados encontró en la primera corrida
á dos abonados, también veteranos como el di¬
funto.
Le saludaron cariñosos, y en seguida le dijo uno
de ellos:
— ¿Usted es aficionado, eh?
— Sí , señor — respondió el mozo.
— Pero, por mucho que quiera ser — replicó el
interpelante, — no será usted tan buen aficionado
como su padre: aquél era un inteligente de ver¬
dad, aunque algo parcial.
_ Muy parcial — afirmó el otro abonado. — He¬
mos andado á puñetazo limpio en varias ocasio¬
nes por su intemperancia.
El muchacho callaba.
Pero tanto apretó uno de los inteligentes colin¬
dantes, que se deducía que el difunto era un al¬
cornoque, y ya no pudo oir más el hijo.
_ Bueno— replicó, - pues tengan ustedes la bon¬
dad de suspender esa conversación.
Claro es que no pasaron muchas corridas sin que
fueran á las manos el hijo y heredero del finado
inteligente y sus vecinos.
La Situación que aquellas bofetds crearon al no¬
vel abonado, era insostenible.
Entre buscarse una ruina— según él— y dejar la
barrera de sus{aii'tepasados, no sabía qué hacer.
Su bueña suérte resolvió el problema.
A1 tino de sus colaterales, que era funcionario
Íniblico, lo trasladaron á otra provincia; y al otro,
e trasladaron también . al cementerio.
Y ro dejaron sucesión.
—No perdería mi barrera? ni la permutaría por
una dirección general, créame usted — confesaba
el aficionado.
Un árabe ño prestará su caballo ni sus armas al
mejor amigo. ;
Un abonado no cede la localidad ni a una per¬
sona de su familia.
En cuanto empieza ía temporada, se rejuvene¬
cen los aficionados.
— Parece imposible que pueda, un hombre de
bien vivir sin corridas de toros durante el in¬
vierno.
— Doy todos los dramas por una buena corrida.
—Yo cambio á Wagner por Guerra, y doy al¬
guna cosa encima.
—¡Ah! si en lugar de ópera hubiera corridas de
toros en el Real, más viril sería este pueblo.
— Los toros son la única verdad social.
Y algunos aficionados entusiastas van aún más
allá.
He oído decir á uno de ellos:
— Yo exigiría la tauromaquia obligatoria para
los niños.
El que posee un talón de abono, cree que es su¬
perior á cualquier otro ciudadano sin abono.
«Para los extranjeros y los niños sin gradua¬
ción» — según anunciaba la empresa de un teatro
— la primera corrida de toros es un espectáculo
mágico.
La aglomeración de gente, el ruido, la alegría»
los vestidos bordados con plata y oro que usan los
toreros, las suertes, el peligro, los toros, los caba-
. líos, la sangre .
Algunos, aunque no muchos, extranjeros se
1 aficionan al espectáculo.
— Esto ser come la música — me hablaba uno; —
mí no entender an prinsipio; hoy ya conoser al
toro and los toreadores e los suertes de pique e
mondadientes and espadas e molilleros. Mí gosar
mocho conosiendo el argumento.
Para los niños empieza también la temporada
taurina en sus juegos en la calle ó en el paseo, y
á domicilio.
Sillas derribadas y aun mortecinas por golpes
del toro ; butacas pareadas y aun estoqueadas por
los diestros menores, que se sirven de bastones ó
de cualquier otra arma para ejecutar las suertes de
picar y de matar; protestas del público de padres
y madres; castigos que suele imponer la presi¬
dencia paterna.....
En cada casa un torero, y en cada paseo una
cuadrilla.
Las aficiones impulsan á cada nene por su ca¬
mino.
Unos se contentan con ser caballos, y piafan y
botan como los auténticos.
Otros se declaran picadores, y tratan de conven¬
cer al criado ó á la doncella para que hagan de
caballos.
Otros son banderilleros de nacimiento.
Algunos se lanzan de una vez y se titulan ma¬
tadores.
Pero lo más cómico es que varios chiquitines
aspiran á ser toros desde sus primeros años.
Aspiraciones soberbias, si bien se mira.
I Ser toro 1 volcar á los caballos y á los picado¬
res, alcanzar á los banderilleros, humillar al al¬
tivo matador; todo esto halaga el amor propio de
los toretes voluntarios.
Cuando llegan estos meses en que la Naturaleza
despierta, el sol, no solamente sonríe, sino que
abrasa con el aliento, la fiesta de boros está en su
mejor período.
Los inteligentes lo dicen.
— Páralos toros, sol, mucho calor; que pique,
que pique: así les hierve la sangre y pegan.
Es el desiderátum de «la afición»: que peguen
los toros, que revienten á muchos caballos, y de
cuando en cuando, á algún picador.
Porque á los pobres picadores les tienen mala
voluntad los aficionados, ó por lo menos, asi pa¬
rece.
Las corridas formales empiezan en Abril ; pero
hasta Mayo ó hasta Junio no están los toros en su
punto.
Es cuando pegan.
No me atrevo a decir: «¡Qué barbaridad!»..... por¬
que también soy de esos.
No de los toros, de los aficionados á que «pe¬
guen».
Eduardo de Palacio.
INSTANTÁNEA.
SONETO.
Filé tan sólo un instante; de repente
Se iluminó mi espíritu abatido,
Y latió, dé placer estremeció',
Mi apasionado corazón ardiente.
Tu acento, entrecortado y balbuciente,
El preludio ensayó junto á mi oído
Pe ese sublime canto no aprendido,
Que es siempre igual y siempre diterente.
Y como, al ser el arma disparada,
Mientras arde la pólvora inflamada,
La víctima desplómase sin vida,
Así , con repentina llamarada,
Resplandeció en tus ojos la mirada,
Y yo en el corazón sentí la herida.
Manuel pe Sandoval.
CARTA DE CUBA.
AL SOLDADO-PERIODISTA JOSÉ FRANQUESA,
COMBATIENTE EN CUBA.
SONETO.
Por la quebrada cuesta de un camino »
Donde la choza del pastor humea, '
Se adelanta el cartero de la aldea }
A la zaga de escuálido pollino.
Nada inquieta al honrado campesino,
Cuya faz varonil el cierzo orea;
La tonada, que alegre canturrea
Fresca se escucha en el lugar vecino.
Esperando noticias de un valiente,
Sale al atajo la serrana airosa
Que del primer amor la pena siente, 'í
Y que al cielo mirando ruborosa, *
Besó la carta del soldado ausente,
Y hacia la aldea se volvió dichosa-... ;?
Rafael Ochoa. .
POR AMBOS MUNDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
La tradición de la resistencia en el pueblo castellano. — Loe tagalos
y visayoB en mano» de loe \iankeen. — Loe alemanes en Marruecos.
Campaña rusa contra el corsé.
?OR la áspera cuesta que conduce en
Toledo desde la Puerta Bisagra á la
Puerta del Sol, al Miradero y á Zo-
codover, subo penosamente una an-
, - ciana, vestida de luto, descalza y con
^ los zapatos en la mano. Al lado de ella
camina otra mu j er bastante más joven, de
cabello y ojos muy negros y de tez morena
m salpicada de diminutos lunares, como los al-
baricoques que se crían en los cigarrales toleda¬
nos. También lleva el calzado en la mano y los
pies al aire. En medio de ellas, aprisionado por el
cariño de ambas, va un mozo de veintiséis años,
delgado, enjuto v fuerte, ostentando el humilde f
glorioso equipo de soldado de la reserva. El mozp
ha sido llamado de nuevo al servicio de las arma»,
y acude á la capital con su madre y su abuela, quf,
no satisfechas con. haber llorado mucho alia en
su pobre hogar del pueblo de Bargas, quieren re¬
correr todo el calvario sin enjugar sus lagrima*,
hasta que el muchacho quede al amparo de la ban¬
dera de su regimiento. .... . ,
Dentro ya de la imperial ciudad se calzan las
lugareñas y marchan por el intrincado laberinto
de sus estrechas y sombrías callejuelas, hasta dar
con una pobre posada, ó mesón primitivo, adonde
han acudido otras varias familias de la aldea para
acompañar también a sus hijos. Allí, en un rin¬
cón, entorno á la improvisada mesa, fórmase un
amistoso grupo, tertulia y banquete de despedi¬
da, de una docena de labriegos, mujeres, viejos y
mozas, padres y soldados, que recíprocamente se
animan, aunque todos sienten en su alma la pun-
zante pena de la separación de sus muchachos.
Entre suspiros y frases de humorísticos recuerdos
y consuelos, traban singular algarabía hembras y
varones, y éstos procuran endulzar los tragos
amargos del nuevo pesar que les envía la suerte
con los tragos deliciosos del clarete de la tierral; y
aquéllas no dan tregua á secarse los ojos con el
revés de las manos, porque tanto mas afluyen las
lágrimas á ellos cuanto más bromean los hom¬
bres. Un viejo, que bebe poco y habla menos, da
con el codo á la anciana de Bargas que se sienta
á su lado, y exclama, moviendo tristemente la
cabeza: „ , . _
— Señora Martina, ¡de esta hecha se acaba
España! , .
Ante tal salida enmudece el concurso, y enton¬
ces la vieja, descargando un tremendo golpe en la
mesa con su nudoso y curtido puño, mira al vete¬
rano con marcado gesto de altanería y de pesar, y
responde: , _
_ ¡Eso nunca, nunca I porque por apurada y
combatida que esté España, yo la he visto en peor
estado, y ha sabido levantarse y resistir y vivir,
sin que se haya acobardado nunca. Hace ochenta
y cinco años que nací, y cuando tenia diez, y an¬
tes y después, oí contar á mi padre lo que España
había pasado y lo que estaba sufriendo, que fue
mucho más grave que lo que ahora sufre. Las tro¬
pas francesas invadieron y conquistaron toda
nuestra tierra; la saquearon y aniquilaron, y nos
quedamos sin ejército, sin dinero, sin gobierno y
sin pan. Habíamos perdido todos nuestros barcos
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15 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA' Y> AMERICANA
n.° xxii — 355
en un solo combate; y perdimos másj, perdimos
Méjico, Perú, Colombia, Chile, Buenos Aires y
Montevideo. Perdimos después tres ó cuatro veces
la paz interior; y á pesar de todo, España se re¬
hizo y no se hundió, y vivimos fortaleciéndonos
poco á poco, desde el año 50 al 70 y desde el 80
hasta el 95. Ahora, cuando, gracias á la paz, avan¬
zábamos por el camino de nuestro mejoramiento,
un pueblo infame, lleno de fuerza y de dinero,
prepara el crimen de robarnos las islas de la Amé¬
rica, y para ello inventa la guerra de la insurrec¬
ción de Cuba y la sostiene; y cuando ve que íba¬
mos á terminarla, nos declara la guerra, y pone
en peligro nuestro dominio en América y en I Fi¬
lipinas, y ayuda á los sanguinarios salvajes de juno
y otro lado, é insiste en llevar adelante ese cri¬
men, mientras las demás ilaciones lo consienten
y se cruzan de brazos, temerosas de combatir unas
contra otras. Tal vez al amparo de este egoísmo,
que pagarán bien pronto muy caro ellas mismas,
porque no quedará colonia que con tan inmundo
ejemplo no se insurreccione y emancipe; tal vez
por esa impunidad perdamos lo que en Ultramar
tenemos; pero España no se aniquilará ; vivirá en¬
tera, animosa, fuerte en su pobreza, indomable en
su sufrimiento, con el odio eterno guardado en e^
pecho, acariciando el ideal de la venganza futura,
y sin más preocupación durante algunos años que
la de hacerse más fuerte cada día, la de convertir
á todos sus hijos en soldados y marinos y aguardar
el momento en que la variable fortuna desate sus
horrores contra los egoístas que ahora nos despo¬
jan, ó que consienten el despojo, para ser también
egoístas nosotros y unirnos con los que se com¬
prometan á aniquilar á nuestros enemigos. En todo
debemos pensar menos en bajar la cabeza y en
conformarnos. Viviremos descalzas y comeremos
pan negro; pero criaremos nuestros hijos para la
patria y ahorraremos un puñado de pesetas para
que no falten fusiles. Como salimos adelante hace
setenta ú ochenta ó noventa años, saldremos aho¬
ra; pero ¡que no se acabe nunca el odio, hasta que
quede satisfecha la venganza 1 Ochenta y cinco
años de pesadumbres no han abatido mi corazón,
que está cada día más entero, y así es España: un
siglo entero de desventuras no podrán hacer que
vacile un solo instante en el cumplimiento de su
deber , reducido en adelante á combatir y vencer
á sus hipócritas ó infames enemigos. ¡Vamos á de¬
jar á nuestros hijos en el cuartel!
Todos los lugareños, enardecidos por las frases
de la venerable bargueña, se pusieron en pie sin
proferir una frase. Ninguno de ellos, ni hombres
ni mujeres, lloraba ya; y silenciosos y altaneros
al cumplir el triste deber, salieron por los angos¬
tos callejones y acompañaron hasta el cuerpo de
guardia a los cinco soldadas, que fueron recibidos
con fraternales abrazos por un centenar de paisa¬
nos y compañeros.
*
• # -
El Arzobispo de Manila decía, no hace muchas
semanas, á los indios, en una elocuente pastoral
publicada con motivo de la declaración de gue¬
rra y. de la aproximación de la escuadra norteame¬
ricana al archipiélago, que si el pueblo yanlcee lle¬
gaba á invadir y dominar aquel .país, todas las
tradiciones y costumbres católicas se verían es¬
carnecidas, y no quedarían ni templo, ni altar, ni
familia cristiana que no fueran miserablemente
aniquilados por los idólatras del dallar . Verdad
grande es esta; pero aun suponiendo que la fe y
nuestras creencias sean cosas de poco más ó me¬
nos para la. menguada tagalería, bueno es añadir
á las previsiones del Prelado que desde el mo¬
mento ^n que desapareciera la soberanía española,
quedaría de hecho implantada la esclavitud del
indio, rico Apobre, %an te la férrea y antihumanita¬
ria tiranía yankee , incapaz de reconocer derecho,
ni propiedad, ni aspiración alguna en una raza
inferior que no puede servirle de otra cosa que
de bestia de trabajo y de carga. Los filipinos se
convertirían no en autonómicos, sino en autóma¬
tas. El yankee no consiente su vecindad, su contac¬
to, ni su trato : someterían á todos; si algunos se
rebelaran, los acorralarían, por no exterminarlos
de una vez, en las Indians reservations , como las
del Oeste y del Norte en Iob Estados Unidos; y si
alguno que otro sobresalía como hombre de nego¬
cio, nuevo Jim, Tom ó Billy de Cagayán, sería el
hazmerreír de la endiosada aristocracia monopo¬
lista extranjera, y andaría, con todos sus compañe¬
ros, de fortuna, puesto en caricatura y en solfa
en todos los periódicos anglo-sajones del mundo.
La esperanza de la constitución de una república
tagalo-visaya es una ilusión de los vendidos en
Biac-na-bató. En Filipinas no se constituirá nada
que no sea sumisión absoluta á los mercachifles
de Nueva York y de San Francisco, y tal vez de
Liverpool, de Manchester y de Nagasaki y Yoko-
hama. Al filipino rico y hacendado se lo absorbe¬
rán y asimilarán, como lo han hecho en su tierra
con los desventurados propietarios rurales de al¬
gunos Estados del Oeste, de los antiguos coloniza¬
dores que vivieron lejos de la avaricia yankee , á
quienes los negros denominaban en són de burla
crackers , y que han tenido que sucumbir ante la
invasión de los explotadores de las riquezas del
suelo, verdugos implacables, para los que nada sig¬
nifican las familias ni los pueblos si se trata de
hacer negocio. En las minas, en las vías férreas,
en el aprovechamiento de los bosques, en el de
las ganaderías, surgen genios audaces, sin Dios
y sin conciencia, que, favorecidos por el éxito,
imperan sobre veinte mil trabajadores, es decir,
sobre otras tantas familias, que suman cien mil
personas, y amontonan cinco, y luego diez y lue¬
go veinte millones de duros, cuando ayer, venidos
de nadie sabe dónde, no tuvieron más hogar que
la mísera chabola de madera, lean toy apoyada en
los berruecos de la montaña. , Estos millonarios,
que tienen á su cuenta tantas vidas y tantas lágri¬
mas, brotan como plantas malditas donde quiera
que hay algo que explotar, y claro es que pocos
países hay en el mundo más abonados para que
surjan como el rico suelo de Filipinas. La pobla¬
ción es para ellos un rebaño; el revólver la única
policía, y el egoísmo el único ideal. Tagalos y vi-
sayos, sujetos á las costumbres yankees, sometidos
á la esclavitud del miserable jornal, vivirían
echando muy de menos á los gobernadores, á los
te capitanes pasados», á los frailes y á todos los
casillas, que les han tratado como á hombres, en
cuanto se vieran sometidos al bestial negocio del
Tío Sam, que les trataría como á perros. No habría
allí, como no lo ha habido nunca, el derecho de
pernada, pero tendrían en cambio que sufrir el
derecho de patada. Y no valdría remontarse , por¬
que el yankee , que sacó á los indios del Colorado,
del Utah y del Arizona de sus cavernas naturales
(cave dwelling) y artificiales (diff divelliny), y los
arrojó de sus campamentos, buscaría en los últi¬
mos rincones de las cordilleras de los Caraballos
y Mariveles á los remontados, y los colgaría de
los árboles si do le servían para trabajar. La domi¬
nación de los Estados Unidos se resumiría en un
supremo fin social , que es el de la éktinción de
todas las razas indígenas. Así lo han hecho ó están
á ¡punto de ultimarlo en el Norte de América, y
asi lo han hecho sus maestros y progenitores los
ingleses en Nueva Zelanda, Australia y El Cabo.
No puede esperarse otra cosa de la barbarie mo¬
derna, que ha invadido nuestros territorios como
Atila invadió el centro y mediodía de Europa en
los pasados siglos.
♦
* O ’ V%*
Más suave y hábilmente so incrustan los alema¬
nes en la masa de los pueblos que han de servir de
base á la explotación europea. Sus agentes comer¬
ciales y sus ingenieros, que se van diseminando
por toda la tierra, dejando atrás, á Jos franceses y
aproximándose en el predominio de su influencia
á hacerla tan respetable é intensa como la de los
ingleses, no podían menos de aparecer trabajando
con éxito en Marruecos. Esta aparición, y la se¬
riedad de los trabajos que han emprendido, traen
muy preocupados á los franceses; y si nosotros pu¬
diéramos preocuparnos por algo, también senti¬
ríamos el desasosiego de idéntica preocupación.
Los alemanes constituyen el elemento extran¬
jero más poderoso que hoy bulle en la ciudad y
puerto de Rabat, la población más importante del
Imperio, llave de las comunicaciones entre los
reinos de Marrakesh y Fez, y bajo cuyos muros
artillados pasa el único camino practicable que
une al Sur con el Norte del país. Hace seis años
que varios ingenieros alemanes, acompañados del
personal necesario de maquinistas, capataces y
empleados, construyen, por encargo del Sultán,
los fuertes que defienden la entrada del río Obou
Regrag contra cualquier ataque marítimo y las bate¬
rías del puerto. Estas obras no se terminan nunca:
siempre hay necesidad de completarlas, y con tal
excusa nunca dan por concluida su misión los ale¬
manes. Al amparo de los que fortifican el puerto,
se han establecido tres casas de comercio de Ham-
burgo. En la ciudad de Mazagán no había en 1895
más que una casa de tráfico alemana; hoy se cuen¬
tan cinco. En Fez no hay más que un comercio
que venda géneros europeos, y su dueño es un ale¬
mán. En Marruecos existen cuatro establecimien¬
tos comerciales: dos alemanes, uno suizo-alemán
y otro francés, pero dirigido y administrado por
un alemán. En Salé se emprenderán muy pronto
nuevas obras de fortificación, que servirán para
formar así otro núcleo germánico pagado con el
tesoro del Sultán. Estos ingenieros y agentes sa¬
ben de sobra que los gobernadores ó bajás de los
pueblos no tienen autoridad ni medios para opo¬
nerse á su creciente ingerencia; y confiado» en la
impunidad que les da el apoyo de la corte de Ma¬
rruecos, hacen todo lo que creen oportuno con
excusa de servirla mejor, pero en realidad para
arraigar más y más su influencia, sus intereses Jr
su ¡porvenir. ■
»
< * *
Rusia sigue idénticos procedimientos en Abisi-
nia y en las lejanas comarcas de Mandchuria y de
Corea. De su vida social no hay que decir nada, por¬
que allí realmente, ó imperialmente si se quiere,
no se hace en el interior política ninguna; pero
curioso es saber lo que el actual ministro de Ins¬
trucción pública, S. Bogoljewow, acaba de ordenar,
y que afecta á la libertad y capacidad individual, si
no de los ciudadanos, de las ciudadanas, villanas y
aldeanas, y que, aunque no tenga relación con las
aspiraciones de la opinión, la tiene muy grande
con las del feminismo emancipador de todas las
opresiones que sufre la mujer. No hay entre estas
opresiones ninguna como la del corsé. Un buen
ministro de Instrucción pública, ó de Justicia (aun¬
que de Gracia de ninguna manera), ó de Hacienda,
que no simpatice con el corsé, no podría olvidar
que sus súbditas intelectuales viven y padecen bajo
esa opresión indigna, y cumpliendo con su deber
de emancipador, debía condenarla y suprimirla.
Esto es lo que ha hecho Bogoljewow al prohibir á
las alumnas que asisten á las escuelas superiores,
á los liceos y á los conservatorios de música y de
bellas artes , el uso del corsé. La orden es termi¬
nante, como rusa, y se cumple á raja tabla. Ya no
hay allí, entre la juventud femenina que acude á
las aulas, cinturas elegantes, ni corazas postizas,
ni talles esbeltos, ni cuerpos artísticos. Se ha im¬
puesto la blusa, tan ancha por arriba como por
abajo, el cinturón de lana ó de seda y..... ¡ancha
Castilla! El talle resulta talego con tendencias de
costal, y el cuerpo, más que de persona, parece
cuerpo de ejército. Pero la higiene lo ordena y el
Ministro también, aunque la belleza y la elegan¬
cia se eclipsen. Las feministas, tan anchas de con¬
ciencia como de cuerpo, aplauden á rabiar esta
reforma. ¡Allá se las compongan!
Ricardo Becerro db Bkngoa.
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sen seguir honrándonos con su concurso, se sirvan
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la mayor anticipación posible, á fin de que el ser¬
vicio de sus respectivos abonos no sufra retraso
por la aglomeración de trabajos, propia de esta
época del año, en nuestras oficinas.
Tanto para avisar las renovaciones, como para
hacer cualquier reclamación sobre el servicio, e»
muy conveniente acompañar á las cartas una de
las fajas con que se recibe el periódico.
El Administrador*, •,
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366 — to.° xxii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
15 Junio 1898
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
Las guerras de Granada, por D. Víctor Bala-
guer.
El ilastre académico de la Española y de la His¬
toria D. Víctor Balaguer ha publicado el tomo 33
de la colección de sus obras, cuyo producto íntegro
destina á sostener, conservar y fomentar la Bi¬
blioteca-Museo de Villanueva y Geltrú, fundada
por el autor. No necesitamos encarecer el mérito
de este libro, que por si solo recomienda el nom¬
bre del que lo escribió, y sólo diremos de él que
contiene en sus 400 páginas de lectura la intere¬
sante narración de aquellas guerras de Granada
qae, á no estar testificadas por la autoridad de
historiadores arábigos y españoles, parecerían
épicas creaciones de la fantasía. Tan concienzu¬
da y detalladamente se refieren en este libro los
sucesos que pusieron grandioso remate á la titá¬
nica epopeya de ocho siglos, que en estas épocas
de abatimiento ante la adversidad que nos que¬
branta, confórtase el alma y se deleita ante el fiel
relato de pasadas glorias.
Las guerras de Oranada réndense al precio
de 6 pesetas.
Póstuma, poesías de Stecchetti, adaptación al
castellano por J. Jurado de la Parra.
Conocida es la aceptación que el libro Postuma
alcanzó en Italia, donde su aparición fué un ver¬
dadero acontecimiento literario, agotándose en
breve tiempo hasta veinte ediciones de esta colec¬
ción de versos.
¿Justificó tamaño éxito la gallardía y brillantez
de la forma en que están expresadas las ideas más
atrevidas? ¿Fué precisamente lo escabroso del
asunto y los atrevimientos é impiedades del autor
los que excitaron la pública curiosidad ? ¿ Aumentó
el interés con que la obra fué buscada la fingida
historia del autor, á quien se presentaba como un
desdichado presa de la lenta agonía de enfermedad
incurable, en la profunda desesperación de un
alma que siente que todo le va faltando poco d
poco alrededor? Cuando se descubrió que Lorenzo
Stecchetti no había existido, y que Olindo Guerri-
ni, que presentaba al público los versos del malo¬
grado poeta, era el verdadero autor de ellos , se
juzgó la vida, enfermedad y muerte de Stecchetti
como reclamo de grosero mercantilismo.
Sin juzgar nosotros este asunto, sí confesaremos
que toda la celebridad de Postuma no nos hace
variar de criterio sobre esa literatura sensual que
D. CASIMIRO DEL COLLADO,
DISTINGUIDO LITERATO,
t recientemente en Méjico.
(De fotografía remitida por nuestros agentes generales en Méjico,
Bres. Herrero Hermanos.)
hace rastrero el alto vuelo con que, la verdadera
poesía pasa sobre la materia.
Nuestros elogios son para el traductor, que ha
realizado una labor cuya dificultad es inmensa.
Conservar la energía y el carácter del original,
dignificando hasta donde es posible el concepto, y
trasladar de la lengua italiana á la más rebelde
nuestra versos ajenos, sin que los propios pierdan
la espontaneidad y frescura con que se engendran
y nacen las poesías originales, es fortuna que muy
raras veces se consigue, y acredita en el Sr. Jurado
de la Parra un completo dominio de la forma , un
estudio concienzudo do- la obra de Stecchetti , y
una perseverante laboriosidad — ¿por qué no de¬
círselo?— dignos de más alto empleo.
Amalia, poema por D. Salvador Llanas y Ra-
bassal.
Hemos recibido ejemplares' del poema Amalia ,
del distinguido escritor catalán D. Salvador Lla¬
nas y Rabassa, merecedor como pocos del título
de fecundo autor; pues además de muchas leyen¬
das y pequeños poemas , ha escrito para el teatro
cinco dramas en cuatro actos, Ay es del alma, El
Alfiler de oro , Entre mi hijo y mi honra, La Mu -
jer de Urías y El Emplazado ; dos en tres actos,
Carlos de Viana y Don Carlos el Hechizado , y
otro en un acto, El Hermano del Mártir, todos
ellos representados con éxito repetidas veces. Para
el teatro catalán ha escrito también varios dra¬
mas , entre los que recordamos Lo mas mdlheit ,
L'anell de la moría, Ramón Llull y La mal'
ánima.
Amalia , que es el último libro que ha dado á
luz, es un voluminoso poema, escrito todo él en
décimas, de las que contiene el libro 1.272, y me¬
reció elogios de críticos como Melchor de Palau,
Feliú y Codina, y otros paisanos del aplaudido
autor.
La Exposición Nacional <le Bellas Artes
de 1897.
El cuaderno 22 de esta importante publicación,
que hemos recibido, contiene el retrato de D. Sal¬
vador Martínez Cubells, y cuadros del mismo, Ji¬
ménez Aranda, Fernández Alvarado, Miguel Gar-
bonell, Díaz Peinador; esculturas de Atche y Cas¬
taño, y muebles artísticos de S. Santa Bárbara, y
obras de arte decorativo de Beristain, Oliva y
Tomás E*truch. El texto contiene muy concienzu¬
dos estudios sobre las obras que figuraron en la
referida Exposición, escritos por el competente
critico de artes Sr. Alcántara.
C.
REUMA
No hay uno que se re¬
sista á la eficacia pode¬
rosa, jamás desmentida,
del Bálsamo Anli-
reumático de Orive.
Se detalla la composición á los médicos que de¬
seen conocerla.— En todas las farmacias. Por ma¬
yor: Bilbao, Orive, y Madrid, M. García.
LA CRUZ DEL VALLE
Poema, por D* Isabel Oheix. Véndese en las prin¬
cipales librerías. Precio, una peseta.— Los pedidos á
la autora, Gravina, 31 , Sevilla.
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pleto de todos los publicados hasta el día.
Este mapa, esmeradamente impreso á. cinco tintas, está dividido en dos
hojas, comprendiendo una la parte oriental , y la otra la occidental de
la Isla. Es indispensable á todos cuantos quieran seguir, en todos sus de¬
talles, las operaciones militares en la Isla de Cuba.
El precio de venta en toda España es de 2 pesetas cada hoja, ó sean
4 pesetas el mapa completo.
CUADROS VIEJOS
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presentando costumbres españolas del siglo xvn.
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descuidado que los sufre
por -no usar todos los días
el Licor del Bolo de
Orive. Pero el no tener
dolores de muelas depende de la voluntad; y
esto es tan exacto, que jamás tuvo doleitáfe al¬
guna en la boca el que se enjuagó todos loe 'días
con tan excelente dentífrico, que se vende en
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Reservados todos los derechos de propiedad artística y literaria.
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impresores de la Real Casa.
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AÑO XLII. — NÚM. XXIII.
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21 id.
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Madrid, 22 do Junio do 1898.
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60 franooe.
86 francos.
1
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_
Excmo. Sb. D. RAMÓN BLANCO Y ERENAS,
MARQUÉS DE PEÑA-PLATA,
GOBERNADOR GENERAL DE LA ISLA DE CUBA Y GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO DE OPERACIONES.
(De fotografía )
Digitized by
358 — x.d xxiu
L*A ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Junio 1898
SUMARIO.
TEXTO.— Crónica general, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca.— Los discursos de Cham¬
bo ría i n y Salisbury. por D. Emilio Cas telar, de la Real Academia
Española.— Correo interior, por D. A. Sánchez Pérez. — K1 problema
de Filipinas y el de la Península, por D Juan de Madariaga, conde
de Torre Vólez.— Noche de San Juan, por D. Alejandro Larrubiera.
— A mi querido poeta Antonio Mana tíodró, eo el día de San An¬
tonio, soneto, por D. Antonio Griio. — A Grilo, soneto, por D. Anto¬
nio Mana Godró —Por ambos mundos. Narraciones cosmopolitas,
por D. Ricardo Becerro de Bengoa. — Gran café-restaurant de Co¬
lón y academia de billar, de Barcelona, por D. Luciano García del
Real.— 8ueJt04.— Importante.— Libros presentados á esta Redacción
por autores ó editores, por C.— Anuncios.
Grabados.— Retrato del Kxcmo. 8r. D. Ramón Blanco y Erenas,
marqués de Peña-Plata — Filipinas: Grut i en Biac-na-bató. Paseo
del malecón y obras del puerto (Manila). Calle del Rosario, en Bi-
nondo. Proveedores de víveres á las puertas de Manila. In Jiirenas
insurrectos y aliados de las tropas norteamericanas. — Retrato de
D. Fernando Arbós y Tremanti, laureado arquitecto. — Bellas Ar¬
tes: En la fuente , cuadro de Godward. Riqueza s d* Extramaduray
cuadro de Emilio Sala. — Marina de guerra española: Destructor
de torpederos Terror , fondeado en" Han Juan de Puerto Rico. — La
Habana: Las nuevas Cámaras insulares. Salón de sesiones. Edifi¬
cio donde se hallan instaladas los nuevas Cámaras. — Barcelona:
Gran café-restaurant de Colón y academia de billar —Retrato del
Illmo. Sr. Dr. D. Pedro Loza y Pardavé, arzobispo de Guad ala-
jara (Méjico).
CRÓNICA GENERAL.
r^ARPÓ de Cádiz la escuadra que manda
- el contraalmirante D. Manuel de la
Cámara, y los periódicos noticieros
afirman que se la vió desde Gibraltar
cruzar el Estrecho y aun pasar por
delante de Ceuta* Como nuestra Cró-
, , nica se escribe con anterioridad á su fe-
cha y sólo el paso del canal de Suez de-
terminaría con seguridad el rumbo cierto,
1 únicamente consignamos su salida de Cádiz.
Vaya donde vaya, despedimos con efusión á su bi¬
zarro jefe y á todos cuantos forman la expedición
que va á defender en esta difícil guerra los dere¬
chos de España, por los cuales hacen tantos gene¬
rosos sacrificios nuestro ejército y nuestra mari¬
na. Difícil era la elección del punto adonde debían
acudir: el apremio principal estaba en Filipinas,
de donde las noticias eran y son dolorosas por el
crecimiento de la insurrección tagala, promovida
y pagada por los yankees y sostenida por su escua¬
dra, hasta el punto de hallarse en peligro la capi¬
tal del Archipiélago. Claro es que también hu¬
biera sido muy útil en otras partes, como acaso
conviniera recurrir al corso en diversos mares
para entretener y dispersar á la marina ynnkee ;
pero no hemos de dar consejos á quien no los ha
de menester, cuando nos atenemos al principio de
no distraer á los que dirigen, sino fortalecer la
unidad de dirección. Menos consejos y más dine¬
ro, esto es lo que se necesita, sobre todo cuando
esos consejos sólo conducen á producir desalien¬
to, cuando tanta falta hace levantar los corazo¬
nes, y es indudable que los yankees , qde pro¬
movieron y auxiliaron la insurrección en Cuba,
y luego y ahora la de los tagalos, conspiran en
España y hacen lo posible para dividirnos y des¬
animarnos, exagerando los peligros, atizando todo
género de discordias y comprando á todos aque¬
llos que por su naturaleza venal se presten á la
traición, añadiendo indirectamente leña al fuego
de nuestras divisiones, procurándoles informes,
esparciendo alarmas, y prestándoles diversos y
útiles servicios.
Entretanto, nuevos é inútiles bombardeos á
Santiago de Cuba han puesto á prueba una y otra
vez el valor de sns heroicos defensores y la forta¬
leza de sus baterías. La prensa y at tiene refiere com¬
bates y describe batallas en las cercanías de Guan-
tánamo, donde supone que desembarcó una corta
fuerza, que se mantiene con dificultad al amparo
de unos cruceros. Como por la vía española no
hay noticias oficiales, y los conductos norteame¬
ricanos son tan novelescos, no nos atrevemos á
afirmar ni negar el hecho, que no conceptua¬
mos imposible, y que, de todos modos, aun admi¬
tiendo la versión yankee , no los favorece, y de¬
muestra el valor de nuestra infantería. Lo que
rechazamos con toda convicción es la calumnia
de que nuestros soldados y voluntarios mutilan
los cadáveres, propalada por los mismos que nos
atribuyen la voladura del Maine para encañar y
explotar á la plebe norteamericana. Nuestros sol¬
dados y voluntarios sufrieron esas venganzas crue¬
les en la guerra civil alentada por los yankees ;
pero siempre constituyeron y forman un ejército
regular y disciplinado, incapaz de esas bajezas.
Mienten los corresponsales que se las achacan: si
hubo esos encuentros, que por afirmarlo ellos son
muy sospechosos, no hubo en ellos seguramente
españoles que mutilasen ¿ los muertos.
La presencia de una escuadra alemana en la
bahía de Manila inspira á Le Tempe ciertos rece¬
los. Y suponiendo que pueda haber cierta aproxi¬
mación entre España y la triple alianza, cita iró¬
nicamente la solidaridad de la raza latina. En
efecto, la práctica enseña á España el valor de esa
solidaridad, y no hace muchos días Le Temps
mismo nos negaba todo auxilio de Francia, des¬
aire que no merecíamos por no haber pedido
aquél. Le Temps ha sido siempre, además, uno de
los periódicos franceses menos afectos á España,
y lo demuestran sus correspondencias de Madrid
y de la Florida, en que tantos elogios prodiga al
famoso cónsul Lee, uno de los inventores de la ca¬
lumnia del Maine y de los que promovieron la
insurrección, que ya no disimula sus propósitos
de anexionarse á Cuba. En España no sabemos
nada que autorice nuestra proximidad hacia Ale¬
mania, y, hoy por hoy, estamos peleando solos
contra la agresión de los Estados Unidos: respecto
del porvenir . ese Dios lo sabe.
Lo que va habiendo en Europa es miedo á tener
que usar de los acorazados y á que se arme un lío
inesperado por Oriente. La verdad es que España
sólo confía en su razón y en sus cañones, que,
como dice el refrán, obras son amores . Con¬
viene fijarse en un nuevo principio que se esta¬
blece en el derecho internacional con esta guerra:
las naciones que crean en otras intereses mercan¬
tiles tienen derecho á intervenir en ellas; luego
ningún Estado previsor debe dejará los otros que
creen esos intereses.
Los catalanistas quieren que se pida la paz : es
una opinión; pero aconsejan que nos amputemos
un miembro; y como eso es siempre una desgra¬
cia, no nos parece remedio, sino un mal. Por for¬
tuna, decir catalanista no es decir catalán: somos
tan partidarios de la paz como el primero ; desea¬
mos siempre que no hubiera guerra. Barcelona fue
una de las poblaciones que se indignó con razón
ante la insolencia insoportable de los yankees: no
provocamos, sino que rehuimos el combate; pero
nos acosaron como fieras para que desalojáramos
lo nuestro. Por buena que sea la paz, cuando no la
hemos alterado nosotros, es preferible cuidar de
dos cosas que no son indiferentes: la reputación y
basta el interés material que va á ella unido. No
se gobierna sólo para apartar males presentes, sino
para evitar mayores males; y si España resultase
un país tan blando que se acoquinara á los prime¬
ros reveses, caería sobre nosotros todo el universo;
mientras si demuestra que no se la puede ofender
y despojar sino con trabajo, será respetada, lo que
no es poco en estos tiempos. Es muy prudente lo
que proponen los catalanistas: impone sacrificios
y acaso desastres el temperamento contrario; pero
los pueblos viven para el porvenir y para la histo¬
ria. Por eso creemos que contra la prudencia ca¬
talanista protestará la energía y la bravura ca¬
talana.
No se rige á los pueblos con sentimentalismo,
sino con energía, sobre todo en épocas de peligro
y amenazas; ni es ocasión de manifestar miedo
cuando ha sonado el cañón, ni es decente entre¬
gar á los que luchan, sino ayudarlos con recursos,
con simpatías, con aplausos, según pueda cada
cual. ¿Creían los que gritaban «¡guerra!» que no
había de interrumpir nuestras digestiones y que
sólo se hacía con carne de soldado y de marino?
Pues se hace con tributos y sacrificios y tristeza
generales ¿Nos creían mejor dispuestos? ¿Acaso
ignoraban que llevamos tres años de gastos y lu¬
cha, y un siglo de revuelta*, en que nos hemos
tenido que desarmar porque desconfiamos los unos
de los otros? Una guerra extranjera podría si¬
quiera tener la triste ventaja de unirnos en un
sentimiento nacional. Peor para nosotros si no lo
comprendimos y no sacrificamos nuestros egoís¬
mos y codicias. Hágase la paz ó sígase la guerra,
hay que gastar mucho en cañones y marina; no
hay más derecho público que el de la fuerza, y
nuestra posición en la entrada del Mediterráneo
nos obliga á ser un pueblo marino y militar, con
colonias ó sin ellas, mientras no se alteren las ac¬
tuales circunstancias de los pueblos. En resumen:
deseando la paz como el primero, creo que pre¬
tenderla en estas circunstancias sería más desas¬
troso que lo de Cavite. Sería peor que haber aban¬
donado á Cuba á las primeras intimaciones de
Mac-Kinley. Si hoy la pudiesen lograr los Estados
Unidos, habrían hecho un magnífico negocio y
sin quiebras, ó indirectamente creo que trabajan
por hacerlo. Esta es mi opinión: no presumo de
infalible. Creo que lo patriótico es tener firmeza y
dejar en libertad al Gobierno de escoger lo que
convenga.
• *
La nueva composición de la Cámara francesa
ha determinado la dimisión del Gobierno presi¬
dido por Mr. Méline, y á la hora en que escribi¬
mos no tiene sucesor definitivo. Aunque Mr. Mé¬
line había logrado una mayoría favorable en la
votación que motivó su salida, el Ministro no la
creyó suficiente para gobernar. Mala ocasión es
para dividirse la que han elegido los franceses,
estando la política exterior tan desorientada y
vidriosa. Si bien el régimen parlamentario es de
tal mdole, que no siendo seguramente la intención
de los franceses debilitarse, se encuentran sin
quererlo divididos, pues nadie sabe, al depositar
su voto en la urna, qué efecto público producirá
aquel acto privado cuando se sumen todas las pa¬
peletas. Por mucha seguridad que tenga cada elec¬
tor de la conveniencia particular de su voto, ig¬
nora en absoluto su influencia en la totalidad de
la política. La prueba está en lo sucedido en Fran¬
cia: la mayoría de los franceses ha querido un
Parlamento gubernamental: el Ministerio, sin
embargo, contando con la mayoría del país, no
puede gobernar con las Cámaras, lo cual es eviden¬
temente contrario al voto del país.
•
• •
Nuestros compatriotas de las Repúblicas Ar¬
gentina y del Uruguay han remitido nuevas y res¬
petables sumas para la suscripción nacional, que
va tomando cuerpo y pasa de los ochenta y cuatro
millones de reales. Esta generosidad, que siempre
sería agradecida, nos conmueve mucho más cuan¬
do ciertos egoísmos forman contraste con aquella
esplendidez.
*
P 0
Se quejan algunos periódicos del sinnúmero de
enmiendas, concesiones y otras gollerías que á úl¬
tima hora, y en montón, se introducen para apro¬
vechar las últimas sesiones de las Cámaras: como
no estamos enterados de pormenores, sólo dire¬
mos con tristeza que es una práctica viciosa hace
ya tiempo, que concluirá por desacreditar el sis¬
tema parlamentario si no se corrige. Malo es, pero
peor nos ha parecido la esterilidad de las sesiones
desde el punió de vista nacional y patriótico.
b Aunque no resuelto en absoluto, lo está en prin¬
cipio el servicio militar obligatorio, reforma que
unos hallan excelente y otros funesta, y de que no
podemos exponer el pro y el contra. También ne¬
cesitaría más espacio del que disponemos la refor¬
ma que se introduce por los nuevos presupuestos
en la legislación acerca de los empleados, y que
ha ocasionado, aunque, según parece, de un modo
indirecto, un rarísimo lance personal entre el pre¬
sidente de la Cámara, Sr. Marqués de la Vega de
Armijo, y el diputado por Madrid Sr. Marqués de
Cabriñana.
Encerraba dos cuestiones independientes y li¬
gadas entre sí. Una personal: por palabras, supues¬
tas ó reales, que motivaron una dura carta del
Sr. Urbina al Marqués presidente, y éste había
entregado á sus padrinos, que, según El Impar áál,
muy enterado del asunto, lo hubieran arreglado
sin dificultad. Otra política: ¿constituía desacato al
Presidente un acto de esa especie, y ofensa al Par¬
lamento? Así lo creía el joven y elocuente orador
Sr. Sánchez Guerra, volviendo por los fueros de
la Presidencia, y calculando acaso que la dignidad
personal había impedido al Presidente usar de su
indiscutible autoridad. Los consejos del Sr. Sil-
vela y la fuerza de la razón, obrando en el ánimo
y buen natural del Sr. Marqués de Cabriñana, le
hicieron poner término al conflicto retirando la
carta, entre los aplausos del Congreso. Perp quedó
un punto pendiente: la susceptibilidad del señor
Marqués de la Vega de Armijo. ¿Envolvía censura
esa actitud de la Cámara por no haber hecho uso
de su autoridad presidencial? A nuestro juicio,
ninguna: el Congreso defendía ésta en cuanto á
jurisprudencia y precedente, elevando su escudo
para sostener sus prerrogativas, y el Marqués de
la Vega de Armijo quedaba aún más autorizado al
no querer valerse de ellas en lo que afectaba á su
decoro personal. Lo referimos como caso pinto¬
resco. Tenía precedentes. Recordamos que el ge¬
neral Narváez, siendo presidente del Gobierno,
envió sus padrinos al Conde de San Luis, que lo
era del Congreso, y por un asunto personal. Pero
mejor será que no se repitan estos lances.
Los paisajes de D. Carlos Haes eran, en las Ex¬
posiciones primeras que recordamos haber visto
en el patio de la Trinidad, de los cuadros que
atraían al público: sin duda veía en ellos encan-
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22 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.# xxiii — 359
tos nuevos ó algo grato á que no estaba acostum¬
brado en aquel tiempo: esto y su figura simpática
y elegante se pusieron en moda durante muchos
años, hasta que otros paisajistas trajeron otras
cualidades, haciéndole enorme competencia sus
discípulos ó sus émulos, sin quitarle su título de
maestro. Hay en arte sus modas, y los favoritos
de ayer no son los de mañana: sólo el tiempo, á
la larga, fija las categorías, teniendo en cuenta
quién precedió á quién, y si éste innovó ó aquél
se limitó sólo á mejorar. Don Carlos Haes era bel¬
ga, nacido en Bruselas; pero vino á España muy
joven, primero á Málaga, trasladándose á Madrid
definitivamente y obteniendo toda clase de pre¬
mios en las Exposiciones, una gran cruz, una cá¬
tedra por oposición, una plaza de académico de
Bellas Artes y la estimación general por su ta¬
lento y su carácter. Ha muerto soltero á los setenta
años de edad, el 17 de Junio, en su estudio de la
calle de Atocha, nútn. 55, asistido y llorado por sus
compañeros y discípulos.
•
tt «
Ajustada nuestra Crónica, la abrimos para re¬
gistrar un acontecimiento doloroso de gran im¬
portancia: la muerte de D. Manuel Tamayo y
Baus: no necesita adjetivos el autor de El Drama
nuevOy á nuestro juicio el más perfecto y humano
y el más hondo que ha producido nuestro teatro
hace dos siglos; de Virginia y una de las mejores
tragedias castellanas; de Locura de amor y her¬
moso drama histórico romántico; de Lances de
honor y drama de costumbres, que estremece por
sus patéticos episodios y abrumador misticismo;
de La Bola de nievey famosa en el teatro ; de Los
Hombres de bieriy la sátira dramática más atrevida
con que se ha abofeteado al público egoísta; de Lo
Positivo y modelo de arreglos teatrales y de pro¬
verbios delicados, que constituyen un conjunto
selecto que vivirá en la escena y en el libro como
obra genial y vibrante y modelo de dicción. Rom¬
pió la pluma en el vigor de su talento y se ente¬
rró voluntariamente en vida en la secretaría de
la Academia de la Lengua y en la Dirección del
Cuerpo de Archiveros, logrando ver su obra san¬
cionada por la posteridad. No tenemos más espa¬
cio que para descubrimos con veneración ante la
tumba del maestro.
•
• * -
Un espía yankee se detiene ante una carnicería
donde despachan al pormenor carne de puerco, y
escribe en su cartera:
c¡ Horrible atrocidad! Protesten ante el mundo
civilizado. En España se mutilan los cadáveres.»
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
EXCMO. SR. D. RAMÓN BLANCO T BREÑAS,
marqués de Peña-Plata , gobernador general de la Isla de Cuba
' y general en Jefe del ejército de operaciones.
En la primera página publicamos hoy el re¬
trato del general Blanco, en testimonio de respeto
y admiración al caudillo español cuyo corazón
conserva el santo fuego del patriotismo y la viril
energía que se declara en las hermosas frases de
sus alocuciones al ejército y al pueblo de la Ha¬
bana.
El general Blanco nació en San Sebastián, en
1833, y comenzó su historia militar en los sucesos
de Barcelona del año 55, donde recibió un balazo
en el pecho.
Ascendió á capitán en 1858; pasó voluntaria¬
mente á Cuba, y allí recibió el encargo de mar¬
char á Santo Domingo á averiguar el fundamento
de los planes del general Santana, del que se de¬
cía que pensaba pedir la anexión de aquella Repú¬
blica á España. Estuvo en la campaña que siguió
al desacertado paso que dió el Gobierno de enton¬
ces, y por su comportamiento le dieron el empleo
de teniente coronel.
Después estuvo en Filipinas, siendo algún tiem¬
po gobernador de Mindanao, y de regreso á la
Península sirvió en los ejércitos del Norte y de
Cataluña con mucha honra, ganando todos los as¬
censos por méritos de guerra. Las principales
acciones en que tomó parte fueron las de Puente
la Reina, Montejurra, Velabieta, Somorrostro,
San Pedro Abanto, Monte Muru, liberación de
Irún, Urbieta, toma de Dancharinea y asalto de
Peña-Plata. Esta última le valió el título de Mar¬
qués. Antes había ganado, con la pacificación de
Cataluña, el ascenso á teniente general.
Ha sido capitán general de Cataluña, Aragón
y Filipinas. Fué jefe del cuarto militar de D. Al¬
fonso XII, y en la campaña de Mindanao ganó el
empleo de capitán general de ejército.
En la difícil situación en que las circunstancias
le han colocado, deseamos vivamente tenga la
suerte de que bajo su mapdo se cubran de gloria
los animosos defensores de la honra nacional en
la perla de las Antillas españolas.
•
0 0
ISLAS FILIPINAS.
Gruta en Biac-na-bató.— Paseo del Malecón, en Manila. — Calle del
Rosarlo, en Binondo. — Proveedores de víveres á las puertas de
Manila. — Indígenas insurrectos y aliados de las tropas norteame¬
ricanas (págs. 360 y 361.;
En las Cámaras, en la prensa, en los círculos
políticos y en las conversaciones particulares es
asunto de preferente discusión la paz de Filipinas
y el célebre pacto de Biac-na-bató. Totalmente
ajenos á nuestra misión la crítica de estos asuntos
olíticos de palpitante actualidad, nos limitamos
publicar un dato interesantísimo desde el punto
de vista gráfico: una gruta en Biac-na-bató, que á
su pintoresco aspecto une la celebridad que le ha
dado el pacto de efímera pacificación del Archi¬
piélago filipino.
De Manila publicamos el paseo del Malecón,
uno de los mejores de la ciudad: á este paseo con¬
duce la Calzada de las Aguas, así como á las obras
del magnífico puerto que aun se halla en construc¬
ción. En dicho paseo está el obelisco, de 14 metros
de altura, levantado para honrar la memoria del
ilustre patricio Simón de Anda y Salazar, obra
construida por suscripción pública.
Tiene Manila muchos arrabales, y casi todos
ellos están cruzados por esteros, y unidas^- por
lo tanto, muchas calles por puentecillos que le
dan cierto asj^cto veneciano. El más impprtante
de estos arrabales es el de Binondo, que tiene do¬
ble perímetro que la ciudad murada. En este ba¬
rrio están situados los mejores bazares de los chi¬
nos, los Bancos ingleses y las más importantes
casas de comercio de europeos. De él publicamos
la calle del Rosario. Como detalle de las costum¬
bres, insertamos también el grabado que repre¬
senta á los proveedores de víveres, instalados á
las puertas de la ciudad en sus características ca¬
setas de ñipa.
Las principales razas indígenas del Archipiélago
de Legazpi son la de los negritos y la malaya, de
los indios cristianos y de los moros; pero en los
distintos terrenos que ocupan suelen tener nom¬
bre diferente. Del migmo modo que los negritos
reciben de los indígenas los nombres de aetasy
attaSy até y etay itay etc., los igor rotes se llaman
también tinguianes en Hocos Norte é llocos Sur
de la provincia de Abra (LuzónL Como país de
los igorrotes se designa generalmente la citada
provincia, los distritos de Lepan to, Bontoc, Tia-
gan y Berenguel, y una buena parte de otras pro¬
vincias limítrofes, como la Isabela, Nueva Vizca¬
ya, ambos llocos y La Unión. También otras co¬
marcas reducidas se hallan habitadas por infieles,
como sucede con los aetasy en el distrito del Prín¬
cipe, provincias de Bataán y Zambales, y los
remontados del interior de Camarines. General¬
mente se establecen en la parte más montuosa
del territorio, como la gran cordillera del Caraba-
lio y sus estribaciones. Los que habitan el terri¬
torio de llocos y la parte llana del Abra son los
que reciben el nombre de tinguianes.
El traje del igorrote no puede ser más sencillo,
pues se reduce al bajaquey turbante de corteza de
bolitiy y el upit ó saquito donde llevan el tabaco
y la pipa ó cuaco.
Al contemplar los tipos de nuestro grabado,
fielmente reproducidos por la fotografía, se admi¬
rará seguramente los elementos civilizadores de
que los humanitarios yankees se sirven para su
misión de paz á cañonazos y de progreso..... igorro¬
te. Norteamericanos y tagalos se aliaron y se ayu¬
dan contra nosotros por la eficacia de una ley que
formuló hace tiempo nuestro antiguo proverbio:
¡Dios los cría y ellos se juntan!
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D. FERNANDO ARBÓ8 Y TREMANTI ,
laureado arquitecto (pág 362).
El 12 del actual se efectuó en la Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando la pública y so¬
lemne recepción del académico D. Fernando Ar-
bós y Treman ti, elegido hace dos años para dicho
cargo.
Su discurso sobre las transformaciones más cul¬
minantes de la arquitectura cristiana y confirmó
nuevamente la vasta y profunda cultura artística
del laureado arquitecto, y el claro juicio con que
aprecia la historia del arte cristiano y siente el
ideal de la arquitectura, cuya transformación pre¬
sentó como lógico resultado del renacimiento del
esplritualismo religioso y la fraternidad huma¬
na, que simbolizará el nuevo arte en su brillante
apogeo.
Es costumbre en nuestra patria que á los jóve¬
nes que en su artística carrera demuestran gran¬
des aptitudes se les envíe á Roma, á fin de que en
la Ciudad Eterna encuentre su genio ambiente
apropiado para pu total desarrollo; pero con el se¬
ñor Arbós sucedió todo lo contrario : no le man¬
damos allá, sino que fué Roma la que nos le en¬
vió. Hijo de un distinguido artista español, nació
Arbós en la ciudad que encierra tantas arquitec¬
tónicas maravillas, y ante aquellas bellezas y en
aquel ambiente artístico brotó en su alma la vo¬
cación firme y segura que, encauzada por la cien¬
tífica disciplina, ha dado después tan brillantes
resultados en las obras de su talento.
Desde 1862 hasta 1865 cursó la carrera de ar¬
quitecto en París, continuándola y terminándola
después en la Escuela Superior de Madrid.
En ambos centros obtuvo premios como estu¬
diante el que, una vez en posesión de su título
profesional, ha seguido obteniéndolos como arqui¬
tecto.
El proyecto de edificio destinado á Monte de
Piedad y Caja de Ahorros, premiado en primer
lugar por voto unánime del Jurado; ¡el de una
gran necrópolis en el término de Vicálvaro, que
obtuvo igual recompensa, y últimamente el de la
Real basílica de Nuestra Señora de Atocha, en que
ganó el primer premio también, justificarían ple¬
namente la envidiable fama que su talento ha sa¬
bido conquistar, -aunque no-fuesen igualmente co¬
nocidos sus excelentes trabajos como arquitecto
de la Real Casa, deja Dirección General de Esta¬
blecimientos Penales, del Ministerio de Fomento
é inspector vocal de la Junta ¡facultativa de cons¬
trucciones civiles, cargos que en distintas épocas
ha venido ejerciendo.
Muy conocidas son en la corte las obras parti¬
culares que ha dirigido, y hoy está fija la atención
de los inteligentes en las del templo de Atocha,
también á su cargo.
En aquella basílica, donde se perpetúa en mau¬
soleos la memoria de ilustres caudillos, y se cuel¬
gan las banderas de nuestros gloriosos triunfos,
perpetuará Arbós también su esclarecido re¬
nombre.
Los grandes arquitectos no tienen que esperar
á que la justicia de las futuras generaciones eleve
monumentos á su memoria; £in pecar de inmo¬
destia, ellos mismos los dejan construidos en sus
propias obras.
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BELLAS ARTES.
En la fuente, cuadro de Godward. — Riquezas de Extremadura ,
cuadro de Emilio Sala (págs. 364 y 365).
Muy bella y muy artística es la figura de la jo¬
ven griesra del cuadro de Godward, titulado En la
fuente. Por el asunto, la clásica manera con que
está tratado y hasta el primor con que los jaspea¬
dos mármoles estén pintados, recuerda esta obra
las del celebrado Alma Tadema.
Riquezas de Extremadura ha titulado Emilio
Sala su precioso cnadro, que llama justamente la
atención del público que visita la Exposición
bienal del Círculo de Bellas Artes. Tan primoro¬
samente pintado está el lienzo, que su reproduc¬
ción fotográfica parece tomada directamente del
natural de aquella tierra. Al ver la cerdosa piara,
se recuerda aquella escena del Ingenioso Hidalgo
cuando el tropel, el gruñir y la presteza con que
llegaron los animales inmundos puso en confu¬
sión y por el suelo á la albarda. á las armas, al
Rucio, á Rocinante, á Sancho y á Don Quijote. No
falta quien ante el cuadro recuerda sucesos y ani¬
males de más reciente actualidad, y aun en este
caso puede exclamar con Don Quijote: <rj Castigo
del cielo es que á un caballero andante vencido le
coman adivas y le piquen avispas y le huellen
puercos!»
•
• 0
MARINA DE QUERRA ESPAÑOLA.
El destructor de torpederos Terror (pág. 367).
Entre las invenciones que con la mayor fres¬
cura del mundo propalan los periódicos yankees
para dar pasto abundante á la expectación jin¬
goísta y merece figurar en primer término la noti¬
cia de la destrucción de nuestro cazatorpederos
Terror. No se daba la tal noticia como rumor, sino
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H.° XZ1II
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
' 22 Junio 1898
FILIPINAS.— GRUTA EN BIAC-NA-BATÓ. — PASEO DEL MALECÓN Y OBRAS DEL PUERTO (MANILA). — CALLE DEL ROSARIO, EN BINONDO.
PROVEEDORES DE VÍVERES Á LAS PUERTAS DE MANILA.
(De fotografiad.)
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22 Junio 1898
ILUSTRACION ESPAÑOLA
AMERICANA
x.° xxni — 361
1. Jóvenes de la provincia de Albay. — 2. Tinguianes de Nueva Écija. — 3. Indios remontados en la provincia de Albay.
4. Igorrotes antropófagos del Caraballo. — 5. Negritos aetas de Mariveles. — 6. Tinguianes del Abra. — 7. Igorrote antropófago. — 8. Tinguián de Nueva Écija,
F I L I P I N A S . — INDÍGENAS INSURRECTOS Y ALIADOS DE LAS TROPAS NORTEAMERICANAS.
(De fotografías.)
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Google
362 — N.° XXIII
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Junio 1898
con todos los detalles más minuciosos del suceso,
lo que hizo creer á los periódicos extranjeros y á
alguno nacional que la pérdida de nuestro barco
era un hecho negado sistemáticamente por el Go¬
bierno. Por último, se ha acreditado que el Te¬
rror es tá en Puerto Rico, y que toda la relación de
la prensa norteamericana fué una ridicula fábula.
El cazatorpederos Terror fué construido por la
casa Thomson, en Clydebank (Inglaterra), y bo¬
tado al agua en 1896. Tiene 67 metros de eslora,
6 de manga y 2,96 de puntal; desplaza 380 tonela¬
das, y su mayor velocidad horaria es de 29 millas.
Su armamento consiste en dos ametralladoras de
14 milímetros, sistema Maxim-N orden f el t, situa¬
das una á popa y otra á proa; dos del mismo sis¬
tema, de 6, en los lados, y dos cañones de 37, sis¬
tema Maxim, á babor y á estribor. Lleva también
dos tubos lanzatorpedos, de 14 pulgadas, sistema
Shawartz Kor.
lio en la catedral el 7 de Marzo del mismo año,
de manos del sabio y santo obispo Sollano.
En 1870 estuvo en Roma y asistió al Concilio
ecuménico del Vaticano, siendo uno de los obis¬
pos más entusiastas defensores de los dogmas en
él definidos.
Toda la archidiócesis le debe favores de gran va¬
lía, y le profesa tierno y respetuoso afecto, que se
ha hecho público en la celebración de sos bodas de
plata sacerdotales y episcopales, y aun más cuan¬
do celebró el quincuagésimo aniversario de su or¬
denación. Su Seminario se llama, con razón, semi¬
llero de obispos y pues de allí han salido muchos de
los que honrosamente rigen diócesis mejicanas.
Levantó el templo de los Dolores, joya de Guada-
lajara; construyó el nuevo Seminario, ó instituyó
las escuelas parroquiales, hoy florecientes. Ha vi¬
sitado varias veces todas las paroquias y ranche¬
rías de su extenso arzobispado. Nueve obispos
lo pasado, la vigilancia de lo presente y el estu¬
dio de lo por venir, mandar en un gran pueblo, el
cual cree, por los respetos que se le guardan y por
la organización de que goza, gobernarse á sí mis¬
mo él, mientras lo gobiernan sus más expertos y
consumados estadistas. Hace tiempo se halla divi¬
dido el Ministerio inglés en dos tendencias muy
contrarias y muy batalladoras : una tendencia or-
gu liosísima, creyendo á la Gran Bretaña más fuerte
dentro de su aislamiento que restringida por inúti¬
les alianzas; y otra tendencia conquistadora, cre¬
yendo necesario fortalecer el Imperio con grandes
amistades, no sólo para conservar lo adquirido,
para conseguir nuevas adquisiciones en todos los
mares y en todos los territorios del mundo. La
primer tendencia está representada en el Minis¬
terio inglés por lord Salisbury, el jefe de aquella
situación; y la segunda está representada por mís-
ter Chamberlain, el ministro de las Colonias.
LA HABANA.
La* nuevas Cámaras insulares (pág. 368).
Publicamos en la referida página dos
vistas, una exterior y otra interior, del
antiguo Casino Español de la Habana,
edificio en el cual se ha establecido el
Parlamento insular de Cuba. Solemne
fué la inauguración de la primera legisla¬
tura del nuevo régimen colonial, y fué
ocasión de explícitas y calurosas demos¬
traciones de amorá España y de adhesión
al ilustre General que es en aquella an tilla
digno representante de la madre patria.
El trayecto que recorrió el General es¬
taba engalanado y cubierto por las tropas.
Salió el general Blanco en una carroza,
acompañado de los señores general Gon¬
zález Parrado y Congosto.
Quince cañonazos anunciaron su salida
de Palacio, y otros quince que había lle¬
gado al Parlamento.
En los balcones había mucha gente pre¬
senciando el paso de la comitiva.
Al terminar la lectura del Mensaje, el
general Blanco dió un viva á España, que
fue contestado unánimemente.
—¿Juráis todos morir por ella? — pre¬
guntó á seguida el general Blanco.
— ¡Sí, sí! — contestaron todos los asis¬
tentes, dando otros vivas á España y á
Blanco, salvador de Cuba.
Al salir del Parlamento y al entrar
en la Capitanía general se repitieron las
salvas.
La multitud que había en las calles y en
los balcones presenciando el desfile, acla¬
mó con entusiasmo al General.
•
• *
BARCELONA: GRAN CAFÉ-RESTAURANT
DE COLÓN Y ACADEMIA DE BILLAR.— ( Véa¬
se la pág. 369, y el artículo de D. Luciano
García del Real en la 371.)
• •
ILLMO. SR. DR. D. PEDRO LOZA Y PARDAVÉ,
arzobispo de Guadalajara (Méjico) (pág. 372).
D. FERNANDO ARBÓS Y TREMANTI,
LAUREADO ARQUITECTO.
NUEVO ACADÉMICO DE LA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO.
(De fotografía de M. Huerta.)
II.
En todo el desarrollo de la política im¬
perante sobre Inglaterra, hase conocido
esta irremediable división. Cuantos Esta¬
dos gobiernan al planeta y tienen la he¬
gemonía del mundo, han de sobrellevar
en sus hombros innumerables problemas,
desconocidos en aquellos Estados y pue¬
blos que deben obedecer al ¡empuje de
los que son primates, si no por más sabios
éstos, por más poderosos, ricos y fuertes.
Inglaterra tiene, considerándolas á ojo
de buen cubero, las gravísimas cuestiones
siguientes: cuestión del Egipto; cuestión
de Chipre; cuestión de Creta y Grecia;
cuestión de Turquía y Armenia; cuestión
del mar Rojo y del golfo pérsico; cuestión
del Afghanistan, en las montañas de India
fronterizas con la Mongolia; cuestión de
China, en el Océano amarillo; el Níger
en las tierras del Congo; Zanzíbar en el
espacio africano austral; los boeros en el
Cabo de Buena Esperanza; por las aguas
americanas centrales cuestión de la des¬
embocadura del Orinoco, mientras por las
a nías americanas boreales cuestión del
Canadá y de Terranova; en una puerta
del Mediterráneo Gibraltar, donde media
el Medit erráneo Malta, y al concluirse la
tierra de Suez, que se da la mano con Abi-
sinia y Nubia: problemas infinitos, como
no los han conocido por su iipportancia
y por su número los Imperios mayores
surgidos en el tiempo y destinados á do¬
minar el espacio. Pues bien, como cada
cual de todos estos grandes problemas
ofrece una diaria dificultad preñada de
guerras y combates, siempre que tal difi¬
cultad surge, Salisbury propone un trata¬
miento de conciliación y de paz, mientras
Chamberlain propone un tratamiento de
guerra y de conquista.
han sido por tan venerable pastor consagrados.
Llámasele, por su elocuencia y virtudes, el Ma -
sillón mejicano y y su inteligencia clarísima y su
energía inquebrantable se mantienen en su avan- Chamberlain seguramente no consintiera 4as
zada edad como en los mejores años de su vida. matanzas de Armenia, tan desdorosas para Ingla-
Nació el venerable decano del Episcopado meji¬
cano en su capital el 18 de Enero de 1815. Fue
alumno aprovechado de la antigua Universidad
Gregoriana, y aventajado discípulo del sabio obispo
Dr. de la Garza y Ballesteros, prelado de grata me¬
moria en aquel país, de quien el Dr. Loza recibió
láp órdenes sacerdotales y fué familiar cuando di¬
cho pastor gobernó la diócesis de Sonora. En la
misma fué rector del Seminario y secretario del
gobierno de la mitra de Guadalajara.
El obispo Dr. de la Garza propuso al Sr. Loza
para que le sucediese en la mitra de Sonora; y,
aunque el agraciado se ocultó en un claustro de
Puebla de los Angeles huyendo de tanta honra, le
sacó de su retiro la obediencia á la Santa Sede, y
fué solemnemente consagrado el 22 de Agosto de
1852 en la iglesia de San Fernando de la ciudad
de Méjico.
Modelo de prelados fué en la Sonora, donde con
apostólico celo promovió el culto y fomentó la
instrucción en el Seminario y en las escuelas; y
tan llana era su condición, que administrando los
sacramentos como el párroco más humilde, reco¬
rrió en algunas ocasiones más de sesenta leguas de
penoso camino para ir á confesar á un enfermo
en aquellas vastísimas comarcas.
El 22 de Junio de 1868 fué promovido para el
arzobispado de Guadalajara, del que tomó posesión
en 28 de Marzo de 1869, recibiendo el sagrado pa-
C ARLOS Luis DE CUENCA.
LOS DISCURSOS DE CHAMBERLAIN Y SALISBURY.
P OY no puede atenderse á otra cuestión
que á la cuestión de los discursos bri-
rwwr1 únicos. Entiéndense por discursos
británicos los dos pronunciados por
el primer Ministro y por el Ministro
de las Colonias en grandes asociaciones
inglesas, de carácter mercantil aparente,
de verdadero carácter político en realidad.
X* Los ingleses, tan originales de suyo que los
* estimamos extravagantes, no aprovechan las
discusiones de sus Cámaras para expresar los pro¬
gramas gravísimos y los propósitos trascendenta¬
les; dirígense á cualquier amiga reunión bautizada
con el nombre de club, y en su benévolo seno,
sin miedo á oir protestas y á encontrar dificulta¬
des, dicen todo cuanto les sugiere su gusto, y fun¬
dan á su arbitrio nuevas combinaciones, dando á
su país una orientación prometida mucho antes
de ser esperada, pues las alturas del Gobierno se
han hecho para desde allí, con la experiencia de
térra; no callara delante del pacto convenido en¬
tre los imperantes de Alemania y los califas de
Constantinopla; no tolerara la paz y quietud con
que Francia se apoderó del Imperio de Madagas-
car y de las orillas del Níger, en detrimento de
los intereses británicos; no tuviera tantos escrú¬
pulos como ha tenido la opinión liberal europea
en lo relativo á las irrupciones de Jameson y sus
filibusteros en el territorio de independientes re¬
públicas africanas; contestara sin escrúpulo á los
anatemas y censuras del joven César germánico
con retos y desafíos temerarios; protestara contra
la extensión inmensa que va tomando el Imperio
moscovita por la Mongolia y la Mande huria y la
Corea; no consintiera sin disparar sus cañones los
acaparamientos de territorios chinos, por Alema¬
nia hechos, contando, si no con la conformidad,
con la paciencia del pueblo inglés, tan maltratado
y maltrecho en estos últimos tiempos, que no ha
podido adquirir un átomo de tierra, mientras sus
tres grandes potencias rivales, Rusia, Francia,
Germania, las tres á una, se han engrandecido
con innumerables territorios amenazadores á la
prepotencia británica y con muchísimo influjo so¬
bre la futura suerte del planeta. Ni el partido
tory por su vieja experiencia; ni el primer Mi¬
nistro inglés por su carácter conciliador y pacífi¬
co; ni el temperamento mercantil é industrial so¬
brepuesto á lá Gran Bretaña por sus seculares
trabajos, podían suscribir á la política conquista-
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22 Jünjo 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xxiu — 363
dora dei Ministro de las Colonias, dimanando de
todo esto una batalla interior dentro del Gobierno
inglés, que le ha traído indecibles dificultades y
le ha suscitado innumerables crisis.
IV.
Esta política inflige un verdadero mentís á toda
la historia y á toda la doctrina del Ministro de
las Colonias británico. Para cumplirla práctica¬
mente hay que alterar todo el temperamento fisio¬
lógico y toda la complexión psíquica de Inglate¬
rra. Una sociedad organizada para el trabajo ha
de tener el organismo correspondiente con el
ministerio á desempeñar y con la fidelidad á cum¬
plir en el mundo social. No les pidáis á las espe¬
cies carniceras, al tigre, al leopardo, al león, aquel
sabio y providencial organismo tomado por los
bómbices que tejen sus sedas y las abejas que des¬
tilan sus mieles. Nada de Parlamentos, los cuales
garrulean en Inglaterra y debilitan los poderes y
autoridades centrales; nada de libertad, trayendo
consigo aparejada la triste anarquía; nada de mer¬
cenarios soldados, como los tradicionales é histó¬
ricos; nada de ministros hechos en los perturba-
dísimos y perturbadores comicios: un bárbaro
emperador, con su espada por cetro y su rojo
manto en sangre humana teñido; un imperio des¬
pótico y avasallador, cual aquel que todos los con¬
quistadores, desde Ciro á Tamerlán, ejercieran; la
disciplina militar forzada, sustituyendo á la dis¬
ciplina social voluntaria; un presupuesto consa¬
grado al exterminio apocalíptico, sustituyendo al
presupuesto creador de la industria y del trabajo:
hé ahí la política de Chamberlain, política terri¬
ble, contradictoria con sus teorías económicas,
con su antiguo culto á los derechos humanos, con
su escuela de Manchester tan progresiva, con sus
propósitos humanitarios y reformadores, con todo
aquello que le había dado la corona de pensador
entre los demócratas, sustituida por sus discursos
con una corona de Atila entre los irruptores, azo¬
tes de la humanidad y del planeta.
V.
Nunca llevó Disraeli, el enemigo implacable
de la escuela democrática; el opositor terrible á
las ideas mantenidas por Chamberlain ; el apolo¬
gista de un Imperio que, al cabo, se convirtió en
falsa honra y en vano título para la reina Victo¬
ria, emperatriz de los Imperios indianos; nunca
llevó Disraeli, repito, la romántica idea cesarista,
embargadora de toda su existencia, donde acaba
de llevarla el exaltado hugonote, perteneciente á
la escuela de Manchester un día ; competidor de
Dilke y Labouchére otro día en principios avanza¬
dos; con un carácter tan radical que tocaba en la
república, y de utopías tan exageradas que frisa¬
ban todas ellas con el más descabellado comunis¬
mo. Realista exaltado en este segundo período de
su existencia; patricio y aristócrata y noble al
modo tory; para justificar sus injustificables con¬
versiones tiene que acogerse á los procedimien¬
tos más exagerados y á las doctrinas más extremas
de la nueva iglesia política donde le llevaran sus
impaciencias injustificables y sus desapoderadas
ambiciones. Ninguno de los apóstatas célebres que
han ocupado un triste puesto, desde Juliano á Na¬
poleón, ninguno, ni aun aquellos pertenecientes
por sus tallas y por sus historias á la misma espe¬
cie de Chamberlain, exageraron sus ideas reaccio¬
narias al ingresar en la reacción, como las ha exa¬
gerado el Ministro de las Colonias británicas, y
ninguno ha promovido los escándalos que ahora
promueve la grande apoetasía del antiguo radical
inglés, expresada con un cinismo de que guardan
para honra de nuestra humanidad bien pocos ejem¬
plos nuestros anales históricos. Creíamos que no
podría darse un paso en estas materias compara¬
ble al que diera por Francia Olivier y su tiempo:
Chamberlain ha eclipsado á Olivier, y, según la
vía hoy recorrida por él y el método reciente¬
mente abrazado, puede traer su apostasía conse¬
cuencias tan graves al Imperio inglés, como las
que trajo al último Imperio napoleónico la triste
apostasía del orador republicano.
VI.
En los antiguos torys hay mayor mesura que la
ofrecida por este radical, desatentadamente con¬
verso al torysmo. Y la prueba de mi aserto, la
prueba del carácter superior que los viejos con¬
servadores ofrecen sobre su radical neófito, se
halla en que ha resistido Salisbury con resisten¬
cias invencibles á todos los propósitos é intentos
guerreros del antiguo demócrata economista. Sa¬
lisbury no ha querido oponerse con violencias y
combates violentos á la posesión de Puerto Arturo
y á la posesión de Talien-Wai por los ejércitos
moscovitas; no ha querido considerar como un ca-
sus belli próximo los ingresos, más ó menos cier¬
tos, del ejército francés en las posesiones británi¬
cas adyacentes al Níger; no ha querido oponer
protestas armadas contra los acaparamientos ger¬
mánicos en China, dejando hablar á Chamberlain
cuanto quisiera mientras los intentos de éste no
pasasen del dicho al hecho. Y así nadie ignoraba
en Inglaterra, y muchos sabían en Europa, cómo
los discursos pronunciados contra el aislamiento
inglés; las manifestaciones hechas por una mayor
actividad en la política universal y por una mayor
intervención en todos los problemas interconti¬
nentales; los proyectos dirigidos contra Francia y
Alemania y Rusia en el Oriente asiático, prove¬
nían todos de Chamberlain, emperrado en prestar
al partido tory su mismo carácter batallador, se¬
cuela y consecuencia de su viejo carácter radical
ó revolucionario, y en promover alianzas con ob¬
jeto de suscitar una guerra planetaria, en cuyos
incendios hervirían los mares y se convertirían
las tierras en nubes de cenizas, retrocediendo los
míseros humanos hasta la barbarie prehistórica, y
el planeta entero hasta una edad como aquella in¬
memorial de las geológicas catástrofes: que los
movimientos regresivos tampoco tienen término
y límite cuando pierden la cabeza los hombres
destinados á dirigir las sociedades iluminándolas
si abrazan el error, y enderezándolos si cometen
la enorme culpa de penetrar en abominables re¬
trocesos.
Emilio Castelar.
Concluirá
CORREO INTERIOR.
SR. IX EMILIO MABIO
PRIMER ACTOR Y DIRECTOR
Paseo de la Rabana, 18, hotel
Papeles son papeles.
Cartas son cartas,
Palabras de los hombres
Todas son falsas.
( Cantar infantil.)
Querido y nunca olvidado (aunque sí algo olvi¬
dadizo) amigo mío: No me parece muy infantil,
antes bien considero propio de vejez experimen¬
tada — y, por ende, recelosa — el cantarcito que me
sirve de lema para encabezar esta pobre epístola
dirigida al amigo siempre estimado; pero en la¬
bios de niñas (que jugaban al corro) lo oí, por vez
primera — ¡hace ya medio siglo! — y en labios in¬
fantiles lo he oído después muchísimas veces
desde aquella época ya remota hasta la presente,
en que acaso lo cantan las biznietas de aquellas
niñas que entonces lo cantaban; porque esas co-
j olillas del corro , por lo mismo que son muy malas
y muy impropias de la niñez, suelen ser durade¬
ras, y se perpetúan tradicionalmente, de genera¬
ción en generación, de una manera lastimosa.
Pero, propia ó impropiamente, con oportunidad
ó sin ella, las niñas lo cantan, y, por consiguiente,
infantil es el cantarcito aunque no lo parezca.
¡Bah! de esas cosas que no son lo que parecen ó
que no parecen lo que son está lleno el mundo, y
usted, querido amigo mío y admirado artista, lo
sabe perfectísimamente.
Perdóneme usted, Sr. D. Emilio, estas conside¬
raciones, que no me atrevo á llamar impertinen¬
tes, y á las cuales doy de mano en este punto mis¬
mo, y siga leyendo con benevolencia, habitual
en usted cuando de mí se trata, estas cortas lineas ,
á cuyo recibo celebraré se halle usted con la más
cabal salud que yo para mí deseo: se lo digo de
corazón, y que Dios no me la dé si me queda otra.
Pues sí, amigo Mario, por aquí supimos todos
con gran contentamiento, aunque naturalmente
sin extrañeza, que por esas poblaciones andaluzas,
primero, y por la hermosa y culta capital gallega,
después, había usted alcanzado triunfos artísticos
á que por tantos conceptos es usted acreedor, y al
felicitarnos por ellos hemos pensado y hemos di¬
cho los muchos admiradores que usted tiene: «Pero
¿no es verdaderamente deplorable que Emilio Ma -
rio , ese verdadero maestro, ese representante de
la buena escuela y de las gloriosas tradiciones de
nuestro teatro, haya de ausentarse de Madrid, don¬
de tanto lo queremos, y donde tan conveniente,
más aún, tan necesaria es su presencia?»
Llamaban unos á esto , con notoria injusticia sin
duda, ingratitud de usted; teníanlo otros por fu¬
nesto resultado de la invasión del mal gusto; pero
éstos y aquéllos confiaban en que ese alejamiento
duraría poco. A usted, amigo mío, corresponde
ahora la meritoria labor indispensable para que
esas esperanzas no se conviertan en
Ilusiones engañosas,
Livianas como el placer,
según dijo un gran poeta nuestro, y que, á pesar
de ser español , dejó escritas y dichas cosas muy
buenas, de las cuales acaso no tendrán noticia
muchos admiradores de dramaturgos suecos ver¬
tidos al francés, dramaturgos que en autores espa¬
ñoles hallaron muchas veces fuentes de inspira¬
ción para obras cuya importación á España se
pretende ofrecer cual descubrimiento novísimo y
prodigioso, á la sombra de exótica etiqueta , ó
marca de fábrica, si usted lo pretiere para que los
señores académicos de la Española no se enfaden.
Usted, que es lector asiduo, desde hace mucho
tiempo, de esta Ilustración Española y Ameri¬
cana, sabe ya, tanto por las ligeras noticias es¬
critas por un literato de gusto exquisito, y tan
discreto como modesto — y no es de admirar, por¬
que la modestia y la discreción van casi siempre
juntas — que firma sus trabajos con la inicial A,
cuanto por artículos magistrales suscritos por el
justamente celebrado autor de Pepita Jiménez , lo
que ha ocurrido en los teatros de la villa y corte
durante el tiempo que usted empleaba en lograr
victorias y recoger laureles por esas hermosas tie¬
rras del Mediodía y del Noroeste de España.
No voy á enterar á usted, pues, de lo que usted
sabe, fuera de que ese asunto de los teatros no
corresponde á mi jurisdicción; pero sí he de de¬
cirle que, en efecto, esas ocurrencias teatrales de
la temporada, poco há fenecida, vienen á constituir
prueba plena de lo necesaria que es la presencia
de usted en un teatro de esta heroica villa.
¿En cuál de ellos?
Eso para mí es indiferente; en cualquiera: en
el Español ó en el Cómico, en la Princesa ó en el
de las Aguas (como usted dijo, no há muchos me¬
ses, á Ensebio Blasco, en carta dirigida á éste
desde las columnas de un diario madrileño, El
Liberal , si no estoy equivocado).
No vaya usted á figurarse por lo dicho que, re¬
negando de mis antiguas opiniones, aspiro ahora
á centralizar la literatura dramática y propongo
que Madrid monopolice lo poco bueno que aun
queda del arte escénico nacional; no, no es eso.
Siempre fui enemigo de toda centralización y
de todos los monopolios, y muy especialmente de
la centralización y de los monopolios artísticos;
pero, como— sean cuales fueren mis opiniones en
la materia — no tengo más remedio que reconocer
y aceptar los hechos consumados, admito que,^or
ahora al menos , la vida artística y literaria se
halla centralizada en Madrid: lo deploro, lo con¬
sidero un mal; creo que debemos enderezar nues¬
tros esfuerzos á procurar y á conseguir saludable,
acaso salvadora, descentralización; pero, aun cuan¬
do en ese sentido se han realizado ya muy lauda¬
bles ensayos en varios puntos, y principalmente
en Barcelona, cuyo florecimiento literario y ar¬
tístico en estos últimos años es evidente, la cen¬
tralización existe, y con esa existencia, factor que
se impone incontrastablemente, es preciso contar
para todo lo que á la literatura dramática y al arte
escénico respecta.
Cumpla usted, por consiguiente, lo que á Ense¬
bio Blasco y, aun más que á Ensebio Blasco, al
público madrileño prometió usted en la carta ya
mencionada, y vea el modo de conseguir que en
la temporada teatral próxima venidera (1898-
1899) figure el nombre de Emilio Mario al frente
del elenco de una compañía de las que hayan de
funcionar en cualquiera de los teatros de Madrid;
en cualquiera digo, porque donde quiera que esté,
allí estará — sin duda de ningún genero — una de
las cabeceras, y me quedo corto.
Porque usted, amigo D. Emilio, es, y valga lo
vulgar de la frase, el que nos trajo las gallinas .
Los verdaderos amantes del adelantamiento del
teatro, si con imparcialidad proceden, han de con¬
venir en ello. Usted en sus gloriosas é inolvidables
campañas de la Comedia, además de tributar el
debido homenaje á nuestro insigne Moratín, á nues¬
tro ingenioso y fecundísimo Bretón de los Herre¬
ros, logró aclimatar, con atrevimiento que ahora
no pueden estimar los que no alcanzaron aquellas
épocas de pudibundeces hipócritas, de un público
aparentemente asustadizo, las obras de Dumas
(hijo) y de Sardou, que eran ya conocidas en todos
los teatros del mundo cuando aun no habían lo¬
grado entrada en el nuestro.
Al mismo tiempo que con traducciones, por en¬
cargo de usted hechas, se ensanchaban los hori-
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BELLAS ARTES
, EN LA' FUENTE, _
CUADRO DE GODWARD.
(Publicado con autorización de la Sociedad Fotográfica de Berlín.)
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MADRID. — VI EXPOSICIÓN BIENAL DEL CÍRCULO DE BELLAS ARTES.
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CUADRO DB EMILIO SALA.
3(>6 — x.° xxi n
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Junio 1898
zontea de nuestra dramaturgia, presentaba usted
autores españolea á quienes alentó con su apoyo.
Ceferino Falencia, hace ya bastantes años; Ja¬
cinto Benavente y Mariano Vela, en estos últimos,
en teatros por usted dirigidos alcanzaron sus más
decisivos triunfos.
No ha llegado aún, y quiera Dios (en buena
hora lo diga) que tarde mucho tiempo en llegar,
para usted la hora de las alabanzas no discutidas
y de los elogios unánimes; pero, reduciendo las
cosas á una sencilla y veraz exposición de hechos,
siempre quedan en evidencia los servicios presta¬
dos por usted, en su vida de director y de empre¬
sario, á la literatura y al arte escénico.
Y quien tales servicios ha prestado y quien tan¬
tos otros puede prestar aún, sobre todo á los es¬
critores españoles que toman en serio el arte y
quieren trabajar y saben hacerlo, está obligado á
permanecer aquí para fomentar el arte dramático
español, que ahora como nunca ha menester de
estímulos y de apoyo.
Sabe usted, amigo D. Emilio, que hay en cuanto
digo y en cuanto escribo, á falta de otras dotes,
una de la cual no prescindo ni prescindiré nunca:
la sinceridad; esa sinceridad con que se repite de
usted leal amigo y admirador constante
A. SÁNCHEZ PÉREZ.
EL PROBLEMA DE FILIPINAS T EL DE LA PENÍNSULA.
vez ^ue una ma^a llega á
® remover la ansiedad pública, crece
Y el coro de las recriminaciones, no
f siempre acertadas, ni siempre justas.
El desastre inacabable de Cavite las
aumenta con gran intensidad, y millares
N de voces se unen para hacer un capítulo
e cargos por no haber enviado inmediatos
j refuerzos á la isla de Luzón.
¡Parece, en efecto, tan elemental eso de
acudir al socorro de quien se halla en trance de
muerte! ¿Quién puede discutir, no ya la conve¬
niencia, sino la obligación en que se está de ha¬
cerlo? Pero la cuestión no es esa: las buenas inten¬
ciones están á salvo; lo que hay que averiguar des¬
apasionadamente es si se disponía á la par de me¬
dios adecuados á realizarlas con éxito.
Se ha hablado y se ha discutido mucho acerca
de tan grave asunto; pero ¿las cosas se han juz¬
gado desde su verdadero punto de vista, para rec¬
tificar las derivaciones exaltadas de la gran masa
de opinión?
*
* •
Al comenzar la guerra con los Estados Unidos,
en Filipinas apenas se había apagado el fuego de
una lucha potentísima por la cantidad y por la ca¬
lidad de los insurrectos: el indio, si tiene quien
le dé ejemplo, es temerario por temperamento y
fanático de naturaleza. La manera de concluir la
guerra civil, manera no aceptada por el gabinete
Cánovas, pero realizada con posterioridad, influyó
de toda evidencia en la disminución de nuestra
fuerza moral y en el aumento de las vanidosas
arrogancias. De cualquier modo, nadie creyó en
una larga paz; los más exigentes contentábanse
con un intervalo de veinte años, al igual de la du¬
ración de los períodos de paz en Cuba.
Dewey se presenta inopinadamente en la bahía
de Manila, destruye nuestra débil escuadra, y
las tropas españolas, siempre victoriosas ante los
indios, míranse ahora replegadas bajo los muros
de la hasta entonces intangible Manila. Aguinaldo
llega, y contra la opinión de todos los sabios re¬
cién venidos de Filipinas á la Península, gemelos
de cuantos llegaron antes, pues todos juntos prue¬
ban que nunca acertamos á enterarnos de cuál era
el verdadero estado de cosas y situación de ánimo
de tagalos ni visayos, ni de nadie, levanta en cuatro
días el país, y mientras Dewey guarda la bahía de
Manila ó incomunica á ésta con el resto del mun¬
do, Aguinaldo, dueño efectivo del territorio, en¬
cierra nuestras fuerzas en el recinto de la ciudad
murada, y sin elementos de combate, casi sin
subsistencias, quizá escasas las municiones, parece
al vulgo que ya España no posee en Luzón más te¬
rreno que el que pisa.
tiva, temporal ó definitiva — eso el tiempo lo
dirá — de Cuba. El objetivo de Washington en Fi¬
lipinas seguramente fue no más que llamar la
atención por ese lado; pero el éxito superó á las
esperanzas : lo contrario de lo que les ocurre en
Cuba: así son las cosas de la guerra;
El 2 de Mayo, día doblemente infausto para
la patria, trajo el telégrafo la triste nueva del
desastre de Cavite : en el ánimo de todo el mundo
surgió el anhelo unánime del desquite, y como
la base no podía ser otra que nuestras fuerzas na¬
vales, hacia ellas convergieron las miradas.
Afirmar que apenas declarada la guerra surgió
un plan combinado y general de campaña, sería
afirmar una majadería, y yo no lo haré: se vió sólo
de la parte de afuera — de la parte de adentro no
puedo juzgar por la sencilla razón de descono¬
cerla — que cual el médico que no diagnostica, ata¬
cábamos solamente síntomas: allí hay un dolor,
pues una cataplasma; el enfermo tose, píldoras de
cinoglosa ó jarabe de brea; fiebre alta, antipirina;
y así en lo demás. Se anunció que la escuadra
yankee salía para la Habana; pues barcos nuestros
á la Habana. ¿Cuántos? Los que haya por el pron¬
to. ¿Adónde? Hacia adelante. ¿Con qué objetivo?
Con el que se presente.
La opinión , por su parte, á las veinticuatro ho¬
ra? de declarada la guerra, no hacía más que pre¬
guntar por la escuadra. Es empresa homérica con¬
vencer á las gentes de que ni las escuadras se
improvisan, ni pueden moverse sino en la pleni¬
tud de sus elementos de acción y previstas las
contingencias y modos de subvenir á las necesida¬
des y á las mil complicaciones de la vida de mar,
sobre todo en campaña, y en campaña contra fuer¬
zas muy superiores. El clamoreo fué grande; se
gritaba: «¡Barcos! ¡barcos!», como en los toros se
piden; «¡Caballos! ¡caballos! d. Se comprenderá
cuánto con el desconocimiento de las cosas se des¬
naturalizan y atropellan los sucesos, y se abruma
á los que gobiernan con exigencias impremedita¬
das y comprometidas, al propio tiempo que se
coopera á la confusión general.
Nosotros éramos débiles en la mar: esto no ha¬
bía por qué negarlo; y es elemental, que si una
fuerza A es más débil que otra B, si A se divide y
subdivide, se habrá hecho una, dos, etc., veces más
débil, y B una, dos, etc., veces más fuerte. Pero no
hubo medio: una escuadra minúscula, á todas luces
minúscula, fué «empujada á Cuba, y á Cuba fué y
á Cuba llegó, porqtie Dios protege la buena in¬
tención.
Nuestro poder naval quedó más debilitado; sur¬
gió lo de Filipinas, y aquí no disponíamos de un
solo barco: á fuerza de órdenes y gestiones se re¬
unieron, al cabo de mucho tiempo — porque los
días en época de guerra tienen mucha más dura¬
ción moral que efectiva, — el Pelayo y el Carlos V
y unos cuantos barcos mercantes en traje de bar¬
cos de guerra. La escuadra llamada de Cervera
llegaba en tanto á la Martinica: pudo entonces or¬
denarse la reconcentración en Canarias, ó en un
punto cualquiera de la Península, aun á despecho
de los indoctos, que hubiesen puesto el grito en
el cielo.
« *
Para socorrer á Filipinas con intento de recon¬
quistar la isla de Luzón, había que tener en cuen¬
ta: l.v Situación interior y exterior. 2.° Barcos de
guerra necesarios. 3." Contingente de tropas pre¬
cisas y posibilidad de embarcarlas y convoyarlas.
4." Tiempo para preparar la expedición, y días
de mar.
Situación interior y exterior . Dewey domi¬
nando en absoluto el exterior; Aguinaldo y su
gente preparándose á levantar en armas el in¬
terior, intento hoy ya conseguido. — Barcos de
guerra necesarios . Cuando menos una flota en un
tercio superior á la de Dewey en previsión de
los refuerzos a éste. — Contingente de tropas preci¬
sas y posibilidad de embarcarlas y convoyarlas .
Cuando la situación estaba vencida, según afirma¬
ciones del general Polavieja, y cuando ni remota¬
mente podían contar los insurrectos filipinos con
el auxilio poderoso de los Estados Unidos, aquel
General declaró que, sobre los 25.000 hombres de
que disponía, necesitaba 20.000 más, ó sea un total
de 45.000. Prescindiendo de ese actual poderoso
auxilio de los Estados Unidos; prescindiendo de
no hallarse ahora dominada la situación por nos¬
otros, sino por los enemigos, y triunfante la rebe¬
lión, no creo exagerada hoy, días de angustia su-
poder siquiera simular que están armados. Ahora
bien: una expedición de esta naturaleza es difícil
de convoyar ni por las dos escuadras reunidas de
Cervera y Cámara. Si por esto se rebajan barcos de
transporte y hombres, en tal proporción irá siendo
deficiente el refuerzo; reducido á expediciones de
8 á 10.000 hombres, tendrían que ir sin convoyar;
y limitado á una única expedición de esa cifra,
parece una temeridad de tal especie, que no atino
á comprender que nadie piense siquiera en ella ¿
la hora presente (1), ni pudo pensarse tampoco
cuerdamente antes. — Tiempo necesario para jtre -
parar la expedí ción^ y días de mar. Regulada por
el barco mercante de menor andar, y á partir de
la llegada de la escuadra á la Martinica, no creo
que la expedición más pequeña, si hubiera de ir
con tropas, tardase menos de dos meses en orga¬
nizarse y llegar, y mes y medio si hubiese sido sólo
compuesta de barcos de guerra.
De todo lo expuesto se desprende: l.° La recon¬
quista de la isla de Luzón se nos hizo imposible
desde que, destruida nuestra escuadra, teniendo en
Cavite una base de operaciones los yankees y do¬
minando en el mar, actuaron como tropas de des¬
embarco las hordas tagalas sublevadas en masa,
no dejando á los españoles más terreno que el que
pisaban. 2." Los refuerzos hubieran llegado tarde,
aun enviados á raíz del desastre de Cavite, y ha
habido absoluta imposibilidad de enviarlos en el
número y calidad necesarios para afirmar el éxito.
3.° Nuestra base de operaciones está en las Yisayas
y Mindanao, y sobre esta base debe defenderse la
soberanía de España en el archipiélago, calculando
con precisión y previsión lo que hay que hacer,
porque es evidente que algo hay que hacer . Si desde
el principio se hubiese visto claro todo esto, las
cosas marcharían mejor á estas horas, porque la
cuestión planteada en sus términos exactos habría
adelantado soluciones rápidas y eficaces. 4.° Para
quebrantar los propósitos de los yankees , favore¬
cer la soberanía de España en la mayor cantidad
posible de territorio filipino y prevenir nuevas
insurrecciones de indígenas, convendría dar en¬
trada en alguna parte del archipiélago á Europa,
porque una nación sola no podrá ya nunca impo¬
nerse á los engreídos y traidores tagalos. 5.° La
rendición de Manila no supone, como general¬
mente se cree, la extinción súbita de nuestra so¬
beranía en Filipinas, porque ni la capitulación al¬
canzará á más fuerzas de las que tenga á su más
inmediato mando el Capitán general, ni la isla de
Luzón, aun considerada en su conjunto y aun pres¬
cindiendo de las provincias enclavadas en ella que
todavía permanecen fieles, es otra cosa que una
parte mínima del archipiélago, y el resto ó porción
muy importante de él puede y debe defenderse
bajo la bandera de España.
•
* *
Vengamos ahora á otro orden de considera¬
ciones.
El infortunio de nuestras armas en una parte
del archipiélago, obedeciendo á causas que no son
para tratadas ahora, jamás ha debido amenguar,
ni con efecto ha amenguado, los alientos de la na¬
ción. Accidente propio de la guerra, donde lo mis¬
mo se pierde que se gana, pero adonde nadie debe
ir fiado á un éxito total y dulce, no debe ser alar¬
gado de sus justas proporciones, ni menos tomado
por pretexto para fines perturbadores por las ban¬
derías políticas en la metrópoli.
A vueltas de mucho hablar de patriotismo y de
encomiar el desinterés de los juicios y de prego¬
nar la elevación de miras, obsérvase, sin embargo,
sin esforzarse mucho en la observación, cómo los
partidos políticos revolucionarios y sus órganos
en la prensa, aun aquellos á quienes no les ha ido
del todo mal con los prohombres de la Monarquía
en los veinticinco años de Restauración, y que han
usado de continuas melosidades con las institucio¬
nes mientras han visto lejos la tierra de promi¬
sión, hoy, creyendo que de las desgracias de la
patria pueden surgir los días de ventura para ilu¬
siones durante esos veinticinco años almacenadas,
toman pretexto de esas mismas desgracias para
arrojar las responsabilidades, no sobre los Gobier¬
nos de la Monarquía, sino sobre la Monarquía mis¬
ma, predicando como consecuencia que la reprise
del régimen que produjo los vergonzosos días del
73 es la única panacea para llevar la patria por
caminos de prosperidad y bienandanza; mientras
creen otros que el retroceso á los días de Torque-
* *
No se creía en la posibilidad de la guerra por
los llamados principalmente á prever el caso; pero
menos se creyó en una agresión feliz contra Fili¬
pinas; quizá ni por los yankees mismos, porque el
objetivo de su campaña era y es la ocupación efec-
prema, la cifra de 45.000 hombres que pidió el
general Polavieja en días de bonanza: es así que
el general Augustin dispondrá de un máximo de
8.000 soldados; luego habrían de enviarse 37.000
hombres. Calculando mu/barco para .nada I.QQ0 _
hombres, hacen falta 37 barcos de un andar míni¬
mo de 12 millas, y con algunas condiciones para
mada y á las miserables intrigas de Escoiquiz,
hará también lucir por igual acaso el sol de la fe¬
licidad sobre este país, cuyos destinos vense á dos
dedos de regir.
(1) Me refiero siempre á la isla de LuzónT
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22 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA T AMERICANA
N.é xxin — 36?
Hora es, pues, de discutir un poco tan intere¬
sante tema. -
Muchas veces se anotan los hechos; pero no to¬
das se penetran bien las causas ni la trascendencia
efectiva. El país se ha enterado, no cabe duda, de
cuánto progresaron en pocos años las institucio¬
nes militares, lo mismo en la parte formal que en
la de esencia, en su organización y medios, como
en su fisonomía moral; mas hay mucha gente que
no se ha dado cuenta todavía de cómo se han pre¬
parado y realizado estos hechos, que no han sido
ciertamente efecto ele una mera mecánica oficial.
«
« «
Hace doce á catorce años, la fecha importa poco,
se reunieron unos cuantos militares y marinos,
todos modestos, humildes, humildísimos, insigni¬
ficantes (esa fue tal vez su mayor defensa); quisie¬
ron hacer algo obscura y calladamente en beneficio
de su patria, y de la comunidad de tendencias y pen-
cual, y en plena paz, se vió amenazado de des¬
membración el territorio nacional. Bastó estable¬
cer el contacto, y la integridad del territorio quedó
á salvo, sin ocurrir aquí dentro en la Península
el temido choque, el temido derramamiento de
sangre; más adelante se juzgó un día que el pres¬
tigio de las instituciones militares no estaba bien
defendido, y se produjo otra vez el contacto, y una
delegación de siete modestísimos subalternos le¬
vantó de sus asientos, aun sin quererlo, á un Con¬
sejo de Ministros entero, y una situación, entera
también, cayó como por arte de encantamiento;
otro día se creyó en cierta colonia que se había
presentado igual fenómeno, y también el contacto
surgió como por magia; cuanto después ocurrió
no hay para qué mencionarlo. No los cito como
sucesos placenteros, sino como prueba de lo for¬
midable y robusto del fenómeno, apareciendo y
desapareciendo con la rapidez del rayo, y como
el rayo aniquilando.
Pues bien; no lo duden los soñadores políticos
ó no en el manto del patriotismo. El pabellón, á
fuerza de usarse y usarlo mal, está muy roto y no
cubre ya la mercancía. La Monarquía tiene más
raíces de lo que parece y de lo qtie quisieran mu¬
chos. No influye poco en esto que detrás de ella
no hay nada. Eso de ir al caos con un breve en¬
treacto á beneficio de cuatro malos cómicos, hace
veinticinco años frustrados, se descuenta por in¬
necesario, y el famoso tacto de codos lo evitará,
pese á quien pese.
Por otra parte, nadie apercibe entre nosotros
la existencia de seres sobrenaturales; de modo
que no son de esperar los casos agudos de mila¬
gros fulminantes: pierdan, pues, la esperanza y
no perturben cuantos están á caza de sucesos gra¬
ves de orden interior, esperando de ellos el pro¬
pio provecho; limítense á disfrutar en plena paz
lo que se les da ó merodean, que no es poco, y no
olviden, además, que de alterarse la paz interior
por alguna violenta y súbita convulsión, el porve¬
nir no puede ser jamás de elementos viejos, tris-
f
u
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA. — destructor de torpederos «terror», fondeado en san juan de puerto rico.
(De fotofíi-Afia de Reymundo y C .“)
samientos, surgió desde luego ese Centro militar
de Madrid, progenitor de otros varios de provin¬
cias y que ya cuenta con una brillante hoja de
servicios prestados ¡y los que aún ha de prestar I
En aquella tribuna, en la prensa y en el libro se
hicieron propagandas, sin descanso y con fe del
apostolado más convencido, de la necesidad de
reorganizar1 y dignificar el ejército, fomentar y
reformar la¡ marina y establecer el servicio gene¬
ral militar obligatorio. Si fue fructífera ó no la
propaganda] díganlo las leyes que se dictaron y que
colocaron á grande altura la organización militar
y el espíritú de disciplina; la ley concediendo un
crédito de 200 millones para hacer escuadra — y si
no la tenemos en la debida proporción , claro es,
no puede iniputarse á quienes sólo se movían en
el terreno de las ideas, — y la ley estableciendo el
servicio geqeral militar obligatorio, cuya más es¬
tricta aplicación es ya en estos días un ideal, no
sólo militar^ sino popular.
Aquellos modestos y obscuros propagandistas
tuvieron sufc días de relativa notoriedad; mas
pronto volvieron á la tranquila paz de una obscu¬
ridad satisfécha de sí misma y del éxito alcanza¬
do, único lauro, única compensación á que aspira¬
ban, que otra alguna no era posible; les bastaba con
esto y con verse libres á ratos de los disgustos y
hasta las persecuciones de que en varias ocasiones
fueron objeto. Cada cual soportó con resignación
su mala hora, y la pasó como Dios le dió á en¬
tender.
La primera vez que pudo medirse la intensidad
de la gran fuerza creada, abriendo el período de
la mayor edad de las instituciones militares, fué
durante cierto cónflicto con país extranjero, en el
de aventuras, cualesquiera que sean su proceden¬
cia, vestimenta y significación, todo ello es un
efecto del hondo transformismo realizado en las
instituciones militares, Jas cuales hoy, en los ca¬
sos extremos, siguen sin vacilar el camino que les
traza su espíritu y honor, y rechazan todo acto
innoble ó toda ingerencia extraña ó fuera de ley.
Acabó el tiempo en que los militares eran instru¬
mentos ciegos que neciamente servían de peldaño
á las ambiciones de algunos militares ó paisanos
de insana codicia; hoy la masa militar no va más
allá de adonde con perfecta conciencia cree que
debe ir; guíase de sus propias inspiraciones, y des¬
deña los espíritus santos más ó menos tribunicios
ó endiosados. Ya no puede nadie, entiéndase bien,
nadie , ir á los cuarteles por las tropas para hacer¬
las pedestal de su engrandecimiento personal. Lo
que convenga hacer se hace sólo por sugestiones
imperiosas de la religión del deber y pensando
sólo en la patria, y será arrollado con toda facili¬
dad cuanto á ello se oponga; porque ya, además,
no se usa el fusil de chispa, y con estos mausers
modernos se acabaron los valientes y las valen¬
tías de ocasión en la vía pública. Fíjense las gen¬
tes en el alboroto que había en España antes de
las declaraciones parciales del estado de guerra en
Ja Península; luego de hechas, todo quedó como
una balsa de aceite; se puede oir el vuelo de una
mosca.
•
• •
Quiero decir con todo esto que las instituciones
militares ya andan solas y no hacen caso de ton¬
terías, díganlas quienes las digan, y envuélvanse
temen te ensayados en años inolvidables para la
patria: el tacto de codos producirá resortes nue¬
vos, y serán barrera infranqueable donde se estre¬
llarán las aventuras y las ambiciones decrépitas.
Juan de Mad ariaga,
Conde de Torre Vélez.
NOCHE DE SAN JUAN.
Todos los santos son buenos.
Y San Juan es el mejor,
Porque ése tu va la dicha
De bautizar al S^ñor.
(Cantar popular.)
Precursor de la Buena Nueva el
que desde las márgenps del Jordán
exhortaba á penitencia prefigurando
el bautismo de Cristos simboliza el
amor, la redención, la luz de los cie¬
los; su fiesta, una de las más grandes del
cristianismo, se celebra en el solsticio de
verano, cuando la Naturaleza muestra pró¬
diga toda su fecundidad; cuando el cielo es
más azul, más puro; cuando el sol, como
amante ávido de caricias, envuelve á la tierra en
beso ardentísimo y perdurable: en la noche de
San Juan, millares de luceros parpadean en lo in¬
finito; la tierra arroja vaho cálido; su seno, hen¬
chido de flores y frutos, aromatiza el ambiente.
En lo hondo de los valles, en las cumbres de
las montañas , en las plazas de las ciudades y de
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22 Junio 1893
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
SALÓN DE SESIONES
EDIFICIO DONDE SE HALLAN INSTALADAS LAS NUEVAS CÁMARAS,
(De fotografías de los gres. Otero y Colominas.)
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í 22 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
,N.° xxiii — ,369
La academia d3 billar. — Vista exterior del edificio. — Gran salón del café.
BARCELONA. — GRAN café-restaubant de colón y academia de billar.
(De fotografías )
s,
r
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370 — n.° xxm
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
22 Junio 1898
las aldeas, en todas partes donde se sigue la doc¬
trina del Justo, arden hogueras, resuenan músi¬
cas y bailan mozos y mozas. Y mientras los tron¬
cos de los árboles, las árgomas y los heléchos
chisporrotean y levantan llamaradas de fuego se¬
mejantes á lenguas de oro bendiciendo al Bautista,
mozas y mozos también se sienten abrasados por
el amor, y las ilusiones y esperanzas que éste le¬
vanta en su pecho en tal noche son acaso más bri¬
llantes y menos fugaces que las chispas que brotan
de la fogata.
¡Noche de San Juan! Adornad, mujeres, vuestros
cabellos con guirnaldas de trébol, artemisa, gro¬
sella ó verbena, que son las consagradas al Pre¬
cursor, y antes de que el reloj marque las doce
de la noche escuchad mi charla: un puñado de
creencias que tienen su origen en esta festividad.
¡Dichoso yo si practicáis alguna de ellas y su re¬
sultado se ajusta á vuestro deseo ! .
Las hogueras simbolizan el fuego celeste, y en
casi todos los pueblos arden la víspera de San
Juan: en las regiones americanas que descubri¬
mos y poblamos los españoles, hay la arriesgada
costumbre, por los jinetes atrevidos, de hacer que
los caballos atraviesen de un salto por encima de
las llamas: en España, por lo regular, como ocu¬
rre en Andalucía, rodean la «candela» una por¬
ción de chaveas que saltan y danzan, ó bien, como
se practica en Cataluña y en varios puntos del
Norte y Castilla, la gente moza forma corro y
canta en derredor de la lumbre (1).
En muchos puntos celebran la ñesta de San
Juan con grandes regocijos y gastos de pólvora,
y difícilmente habrá algún pueblo en que no se
haga feria ó verbena: en Madrid, desde el año
16ol en que se verificó con gran suntuosidad la
primera verbena de San Juan, ideada por el Conde-
Duque de Olivares, continúa dicha fiesta, aunque
de up modo que dista mucho de lo que debía espe¬
rarse de la capital de España.
El rocío que antes de salir el sol cae sobre las
plantas en el día del Bautista, es tradicional que
ejerce benéfica influencia sobre las enfermedades:
en Toscana creen que bañándose los ojos en este
rocío no padecerán dolencia alguna 'en ellos; en
Suecia ó Islandia, que sanarán de los males del
cuerpo, y en Yenecia, los calvos — ¡no hay por
qué sonreirse incrédulamente! — recogen el rocío
para que les crezca el pelo.
En Madrid y en otros muchos puntos es cosa de
eney entre la gente del pueblo, el lavarse la cara la
víspera de San Juan, al sonar las doce de la no¬
che: esto da la felicidad para todo el año. No pue¬
de ser más factible ni mas económico el alcanzar
tamaña ventaja.
En Extremadura las niñas casaderas parten un
huevo la víspera del Precursor al dar las doce, y
lo echan en un vaso mediado de agua.
Al día siguiente corren presurosas á ver la for¬
ma que ha tomado el huevo. Y todo es cuestión de
fe: unas ven flotar en el vaso un navio, otras adi¬
vinan una locomotora, quiénes un arado, cuáles
una espada. Y no se necesita un gran esfuerzo de
imaginación para averiguar la profesión del no¬
vio que les depara la suerte, marino, ingeniero,
labrador, militar, etc., etc., según se transforme el
huevo.
También preparan las jóvenes catalanas sus ho¬
róscopos. Para esto colocan debajo de su cama, en
tal noche, tres cardos: cada cardo tiene el nom¬
bre de un adorador ficticio ó efectivo. El cardo
que de los tres florece primero , es el que indica á
la niña el que verdaderamente la quiere.
En la mayoría de los pueblos hay otra supers¬
tición muy arraigada, y que en sus resultados fes
parecida á las múltiples que prevalecen la víspera
ae San Juan: la que tiene ansia por conocer el
gran misterio de sus amores, coloca en el patio, y
en sitio precisamente bañado por los rayos de la
luna, un lebrillo lleno de agua: á las doce en punto
se asoma á éste, y en su fondo surge misteriosa¬
mente la imagen del hombre que la adora en se¬
creto.
Otras costumbres, ya olvidadas, pero que á tí¬
tulo de curiosidad relatamos, son las que se ejecu¬
taban siglos há en España y en Inglaterra: las
inglesitas, al rayar el día de San Juan, asomá¬
banse á la ventana de su casa ó salían á la calle,
en la persuasión de que el primer joven que viesen
había de conducirlas al altar.
Las españolas con ganas de perder su soltería
poníanse al balcón ó á la ventana en la noche del
Santo, con el cabello suelto y el lindo pie desnu¬
do, metido en un barreño lleno de agua. Y así per-
(1) Algunas de las tradiciones de la noche de San Juan que
figuran en este artículo se encuentran confirmadas por D Car¬
los Mendoza en su notable y erudito trabajo La Leyenda de
las plantas, — (N.delA,)
manecían mucho ó poco tiempo, según el caso,
hasta escuchar el primer nombre de varón que se
pronunciara en la calle: suponían que así se lla¬
maría el esposo que los hados las deparasen.
Entre los mozos se siguen ciertas prácticas le¬
gendarias, como la de regalar ramos de diversas
flores de excepcional virtud, la de atar lazos á las
rejas de las casas de sus novias, la de desgañitarse
cantando coplas alusivas á la protección que el
Santo ha de dispensar á sus quereres, acompañán¬
dose de guitarras ó bandurrias.
Una de estas prácticas, la más generalizada, es
la de que el mozo que pretende á una moza cuel¬
gue de uno de los hierros de la ventana en donde
vive el objeto de sus ansias, un ramo de rosas y
azucenas la víspera de San Juan por la noche.
Si á la mañana siguiente permanece el ramo en
el mismo sitio en que se puso, es señal de que su
declaración ha sido desatendida, y si, por el con¬
trario, ha sido recogido, prueba esto que la niña le
corresponde.
Existe entre los labradores firme creencia de
que, recogiendo en la noche de San Juan determi¬
nadas hierbas de sus campos, se verán estos libres
durante todo el año de inclemencias atmosféricas,
plagas y enfermedades.
¡Noche de San Juan, bendita seas!..... ¡Cuántas
ilusiones, cuánta fe y cuántos ensueños pueblan
el mundo en tal noche! . ¡Felices los puros de co¬
razón que tienen arraigadas en el suyo creencias
tan candorosas! . ¡Dichosos los que realizan sus
más caras esperanzas en esta bendita noche en
que palpita el amor en la Naturaleza y en el cora¬
zón humano! . Para estas nupcias sólo hay un
poeta que pueda escribir el epitalamio: Dios.
Alejandro Larrübiera.
i MI QUERIDO POETA ANTOHIO MARÍA GODRÓ,
EN EL DÍA DE SAN ANTONIO.
(HABLA LA ESPOSA MUERTA.)
«¡Por la primera vez, Antonio mío,
Después de nuestro santo matrimonio,
Al llegar tu bendito San Antonio,
Sientes cansancio .... y soledad . y frío!
»¡ EstaR dulces palabras que te envío
Son de mi amor eterno testimonio,
Y á mis hijos les doy por patrimonio
Ternuras que en sus sueños les confío!!
»¡ Acércate al altar de la Florida
Cuando hoy la luz medrosa te despierte,
Y no llores allí por mi partida!!
»¡ Nunca mis ojos dejarán de verte:
Nuestras almas, tan juntas en la vida,
Son más inseparables en la muerte!!!»
13 de Junio, 1898
Por la copia,
Antonio Grilo.
-A» GBILO.
Desde las cumbres de la eterna vida
Tendió la inspiración el raudo vuelo
Para imprimir un ósculo del cielo
Entre los labios de mi abierta herida.
El alma que escuchó , de horror transida,
De bu respiro el postrimer anhelo,
Oye cantar tras el celeste velo
La madre de mis hijos tan querida.
La magia de tu estrofa rutilante
Hace vivir de nuevo las ideas
De aquel sér tan amado y tan amante.
¡Bien hayas tú, que la esperanza creas!
¡Bendita, sí, tu inspiración gigante!
¡Heraldo de mi amor, bendito seas!
Antonio María Godró.
13 Junio 98.
POR AMBOS MUNDOS.
NAKRACIONES CÜSMOrOI.li'AS.
Washington : Patriotería belicosa: el shake-hand.— Á Europa á pie,
sobre el mar, desde Boston.— El vicio de la embriaguez en las
mariposas.
Supongo que, después de dos meses de despedi¬
das de los bravos y de recepciones guerreras entu¬
siastas, ya se irá cansando Mr. Mac-Kinley de ver
desfilar y recibir á los boys que concurren á la Casa
Blanca de Washington á darle el shake-hand , ó
‘ apretón de manos, porque el fiasco belicoso de la
gran nación no ha podido ser más grande. Regis¬
trado , llorado y maldecido el incalificable abando¬
no de la bahía de Manila, donde nuestros valientes
marinos, mal dirigidos, sucumbieron, marchando
al abordaje, ante la audacia é impunidad de De-
wey, y donde se paralizaron todas las energías de
combate de los norteamericanos, que encomenda¬
ron la continuación de su empresa, para que sir¬
vieran de verdugos y de carne de cañón , á dos¬
cientos mil indios traidores, que no hace mucho
tiempo fueron barridos y dispersados en pocos
días por los invictos Polavieja y Lachambre; re¬
gistradas y lamentadas esa horrible desventura y
sus consecuencias necesarias, queda como resul¬
tado ostensible y elocuente de la incapacidad yan -
kee el fiasco de todas sus tentativas contra Cuba y
Puerto Rico.
De nada les han valido hasta ahora los 355 mi¬
llones de pesos gastados en preparativos y expe¬
diciones marítimas; de nada el haber soñado au¬
mentar su ejército desde 23.000 hombres, que dicen
que tenían á fines de Abril, á 100.000 para Cuba,
20.000 para Puerto Rico, otros tantos para Filipi¬
nas y 130.000 para la primera reserva, cuyas fuer¬
zas no parecen por ninguna parte; y de nada, en
fin, la poderosa (!) escuadra del bloqueo oficial, ni
la volante, porque á estas horas, después de se¬
senta días de gnerra, no dominan un solo palmo
de tierra en nuestras Antillas. Ni lo dominarían
nunca ni se aproximarían á ellas si tuviéramos en
aquellos mares cuatro ó seis acorazados más; que
á tan sencilla deficiencia se debe el que Sampson
y Schley se hombreen en el mar, á dos pasos de
su tierra, como no se hombrearán jamás de playas
adentro Lee, Miles y otros generales descono¬
cidos.
Por creer que esa deficiencia era mucho mayor,
y que nuestras colonias serian conquistadas en
ocho días; por creernos débiles y sin ánimos para
resistir, se atrevió Mac-Kinley á hacer con España
lo que Cleveland jamás quiso hacer contra Ingla¬
terra en Hawai y en Venezuela, ante cuya poten¬
cia, impulsado por el temor, contestó al Senado,
cuando éste hizo suya la proposición Davis, que se
opondría á ella con todas sus fuerzas, porque el
pueblo no reclamaba una solución tan belicosa
(for wich there ivas no popular demand). El te¬
mor al enemigo poderoso libró entonces á Cleve¬
land de una acusación (impeachment) del pueblo;
y la vanidad y ,1a* avaricia han librado ahora á
Mac-Kinley de )otra impeachment más tremenda,
al halagar al pueblo declarándonos la guerra, con
la seguridad de que éste, vencedor un día, se re¬
parta los despojos. «Yo the victor belong the spoils /»,
como dijo antaño el senador yankee Mr. Marcy.
La raza ó pisto étnico anglo-sajón que puebla el
territorio unido adolece, en efecto, de la idiosin¬
crasia del despojo, del spoifs system ; practica sin
escrúpulo la cleptomonía ó vicio de apoderarse
de lo ajeno contra la voluntad de su dueño; y
como lo hizo ayer con Tejas, Florida, Nuevo Mé¬
jico y California, y lo hace ahora con Hawai, as¬
pira á hacerlo mañana con Cuba, Puerto Rico y
Filipinas. A esto se reduce su ideal, que antes se
formulaba, respecto á las aspiraciones de todo
yankee , en la frase: «Comprar ó venderse», según
irónica y fielmente lo expuso el escritor Gayarre,
de Nueva Orleans, en su afamada comedia The
school for poli ti es , tan aplaudida en Nueva York
en 1854; y ahora, con el progreso de los tiempos,
se ha convertido en la de : To destroy and tú roby
«destruir y robar».
En pro de la iruerra, del supuesto predominio
del mas fuerte, de la destrucción y del despojo, se
han celebrado en Washington los .grandes desfiles
y recepciones de improvisados batallones de vo¬
luntarios blancos, alquilados, sin patria ni hogar;
y de pelotones de negros, vestidos de mamarra¬
chos, con uniformes galoneados, charreteras y
tricornios con plumas. Todos ellos, blancos, par¬
dos ¿ verdes y negros, avanzaban blandiendo sus
sables vírgenes, y entonando con aguardentoso
timbre los patrióticos himnos Star Spangled Ban -
nery ó el Yankee doodley por no poder modular,
sin duda, con sus ásperos gaznates, el dulce can¬
tar resumen de sus criminales deseos:
Cuba, gemina Antillica, sposa del mar!
Las turbas entran en Witehouse á dar al Presi¬
dente un shake-hand y y á oir de labios del misino
la democrática ^respuesta: Glad *to%*see youy «Me
alegro veros»; y, cumplido este debér patrióti¬
co, desfilan de nuevo y se atropellan al fin, para
asistir devotamente á algún prayer meeting donde
piden al cielo el exterminio de todos los españo¬
les. Y, antes y después, fortifican su espíritu con
el de remolacha ó patatas que contienen las bo¬
tellas de whisky y de brandy, y se tumban pen¬
sando en la victoria, gracias á la mona dormi¬
lona, que parece repetir en sus oídos el cantar ve-
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22 Junio 1898
'LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA* Y AMERICANA
N.° xxin — 371
neciano, no sabido en Tampa, ni en Punta Rasa,
ni en Charleston :
Dormi, o bella, o fingí di dormir!
• •
Mientras ana ó varias divisiones de guerreros
norteamericanos se apoderan de las Antillas, otra
vendrá á España sin necesidad de barcos. ¿Cómo?
Andando. El problema está resaelto. Un capitán
(allí todos son capitanes de repente), William 01-
drieve, vecino de Boston, ha inventado unas bo¬
tas, de madera de cedro, con su quilla y todo, de
metro y medio de longitud, y con las cuales «se
tiene tieso» sobre el agua y anda por ella como
Pedro por su casa. Las botas pueden sostener un
peso de 80 kilogramos; y como Oldrieve no pesa
más que 73, no hay peligro de que se sumerja. Así
lo ha demostrado paseándose sin novedad durante
muchas horas en la bahía de Massachusetts y en
los ríos Hudson y Merrimac. En una ocasión en
que se propuso recorrer la bahía de Pablo, en la
Florida, cuando llegó al centro de ella lo arrastró
hacia alta mar una fuerte racha de viento. Al ver
que desaparecía creyéronlo perdido; pero algunas
horas después apareció de nuevo, tan erguido como
antes y saltando de ola en ola, hasta que llegó á la
playa. Desde entonces acá ha perfeccionado mu¬
cho las botas, y en prueba de la confianza que tiene
en ellas, se propone salir de Boston el día 4 del
próximo Julio para dirigirse al Havre. Le acom¬
pañará, no á pie, sino embarcado en su chalupa, el
famoso capitán (otro capitán) William Andrews,
que ha hecho dos veces la travesía del Atlántico
(en 1878 y en 1892), tripulando él solo su lancha.
Durante la travesía, y si el mar está en calma, se
pondrá Andrews otras botas, semejantes á las de
Oldrieve, y aprenderá á andar con ellas sobre el
agua. Para dormir y comer se acomodarán ambos
en la lancha. Tienen acordado seguir el trayecto
de los baques transatlánticos, y calculan que tar¬
darán en recorrerlo de cincuenta á ochenta días.
Desde el Havre remontarán el Sena hasta París.
En cuanto ambos capitanes vuelvan, andando, á
Boston, el Gobierno de los Estados Unidos man¬
dará fabricar cuarenta mil pares de botas marinas
y se instruirán otros tantos voluntarios en pasear
por el mar en todos los puertos del Atlántico. Una
vez adiestrados, se dirigirán á las costas de España
para aniquilarnos, si aun dura la guerra; y si se
hubiera terminado, irán á poblar el interior del
Sudán y del Congo en Africa, que es el verdadero
país donde podrán perfeccionar sus ideas humani¬
tarias, cristianas y civilizadoras los continuadores
de las sangrientas y abominables prácticas de But-
ler y Sherman.
•
* *
hizo las siguientes: encerró en una galería de flo¬
res doce mariposas machos y doce hembras, y ob¬
servó que, mientras que estas sólo libaban algunas
gotas de rocío para calmar su sed, aquéllos se pre¬
cipitan sobre las flores de cuya destilación se ob¬
tiene más alcoholy chupaban insaciables hasta que
caen desvanecidos por largo tiempo. Apenas hay
día en que no se encuentren algunos ejemplares
muertos por la embriaguez. Y para mayor prueba de
sus afirmaciones dejó caer algunos gotas de whisky
en el suelo y en los soportes de las plantas en la
galería, viéndose inmediatamente que las maripo¬
sas machos se dirigían á ellas hasta consumirlas.
Puesta en el jardín sobre un banco una copa
de gin, se lanzaron sobre ella, al sentir las ema¬
naciones del licor, multitud de estos insectos que
volaban en libertad, y después de saciarse, se fue¬
ron cayendo dormidos alrededor de aquel deli¬
cioso pozo. En cambio, según Mr. Tutt, no es
cierto que los mar ¡posos sean infieles, ni incons¬
tantes, como lo han divulgado sin razón alguna
los poetas. Por el contrario, no tienen jamás sino
una sola compañera, á la que guardan fidelidad
hasta la muerte. Frecuentemente se ve que cuando
el varón se achispa, y apenas puede volar ni tenerse
en pie, va á dormir la mona al lado de su cara
mitad, que le prodiga toda clase de cariños para
salvarle y animarle. Los naturalistas saben ya,
pues, un interesante dato más acerca de este lepi-
dóptero: los poetas deben cambiar de opinión res¬
pecto á sus ilusiones; Jos anticuarios ó historiado¬
res apuutarán que no fue Noé el primer iluminado
alcohólicamente, y los borrachos podrán sostener
que su vicio es obra de la Naturaleza; que existe
desde que hay flores, mosquitos y mariposas en el
mundo, y que no importa que la gente aguada ande
diciendo hace muchos siglos que:
Quum Tini vis penetraTit.....
Consequilur gravitas membrorum praepediuntur
Crura vaciilanti, tarduscit lingua, madet mens,
Nant oculi; clamor, singultus, iurgia, gliscunt;
porque también es cierto que el espíritu de la sa¬
biduría con nada se conforta mejor que con el es¬
píritu de vino (si munitae adhibti vim sajñentiae);
y que, en la ocasión presente, el alcohol, disfrazado
de gin, de ron, de brandy y de whisky, ha de ser
uno de nuestros mejores auxiliares, en los climas
tropicales, para que la fiebre amarilla diezme y
aniquile á las mariposas machos que Mac-Kinley
envía para que agosten y ensucien el jardín más
hermoso del mundo: la isla de Cuba.
Ricardo Becerro de Bengoa.
GRAN CAFÉ-RESTAURANT DE COLÓN
Pero, en broma ó no en broma, lo creíble es que
si la guerra dura algún tiempo y trae consigo las
consiguientes complicaciones, no les han de faltar
barcos á los Estados Unidos, porque Inglaterra
caerá al fin del lado á que se inclina, se aliará des¬
caradamente con sus hermanos ó primos del otro
lado del mar, y pondrá á su disposición la marina
que sea necesaria. No necesitan inventar los in¬
gleses nada nuevo para dominar los mares ni para
ir con gran número de combatientes hasta el fin
del mundo, por lo cual sus sabios más eminentes
se dedican á descubrir toda suerte de maravillas
en el pacífico terreno de las ciencias. Que hubiera
en la Gran Bretaña grandes adoradores del dios
Baco no era un secreto para nadie; pero que entre
los tipos másgenuinos representantes de la embria¬
guez estuvieran «las pintadas mariposas», eso nin¬
guno lo podía sospechar siquiera. Semejante des¬
cubrimiento ha causado profunda sensación en
todas las clases sociales, sensación de alegría pro¬
pia del compañerismo, entre los 25 millones de
consumidores de whisky, ron, jerez, tinto, que se
han bebido ya, en los cinco meses que van trans¬
curridos de este año, 7.575.063 galones de vino,
por valor de 2.678.682 libras esterlinas; y sensa¬
ción de inmensa pesadumbre en las damas místi¬
cas y remilgadas y en los propagandistas de la
abstinencia alcohólica, cofrades de las congrega-
. ciones de templanza y agua limpia. Es el caso que
el profesor Dr. J. W. Tutt, de la Sociedad de Ento¬
mología de Londres, ha averiguado que las mari¬
posas machos «se dedican con frenesí á la bebida».
Las mariposas hembras no. Suum cuique . Trátase
dé las mariposas de los jardines, de los bellísimos
y delicados seres que revolotean en torno á las flo¬
res, y cuyos encantos, candidez y pureza han ce¬
lebrado tantas veces los poetas, hasta que Mr. Tutt
ha venido á decir, en la conferencia que dió no
hace quince días, que poetas y vulgo estábamos
equivocados, y que las mariposas «son los borra¬
chos más repugnantes del universo».
Entre otras muchas experiencias demostrativas,
Y ACADEMIA DE BILLAR, DE BARCELONA.
'asta una ojeada á los grabados de la
página 369 para conocer que aquel
nuevo y magnífico establecimiento es
excepcional en su género, pues no hay
otro que llegue ni á la grandeza de sus
proporciones ni á la artística distribu¬
ción de las partes que le constituyen.
Su construcción, en la que abuudan el
mármol y el hierro, ofrece un admirable
ejemplo de cómo se hacen las grandes obras
en Barcelona. En el punto mejor, á la entrada del
paseo de Gracia y ocupando parte de la Ronda de la
Universidad, hubo que derribar varios edificios
para dejar libre el espacio inmenso que ocupa el
solo, 1.200 metros cuadrados. La altura del cimien¬
to al techo, sin contar los remates, es de 14 metros,
de los cuales corresponden al café siete y medio
próximamente, circunstancia que, al darle una am¬
plitud sin ejemplo, le hace también superiormente
higiénico, y toda la construcción se efectuó en
seis meses.
Consignaré otros datos reveladores de su gran¬
diosidad: sólo en el salón del café hay más de
ciento treinta mesas, y podría haber más, pues
entre unas y otras queda espacio sobrado para el
tránsito. Su soberbio lucernario parece la cúpula
de un templo.
Arriba, en los salones de billar, hay veintisiete
mesas con mucha holgura, sin contar la de ma¬
yor lujo, que está en la Academia, la cual se halla
instalada en el bajo y de la que hablaré en segui¬
da; de modo que con ese número de mesas de bi¬
llar habría para surtir tres grandes establecimien¬
tos de este género. Además, ai lado de los billares
se encuentran salas destinadas á otros juegos líci¬
tos; en la del tresillo hemos contado diez y seis
mesas, pero no sería fácil contar todas las que es¬
tán á disposición del público y á las que correspon¬
den millares de cómodos asientos.
Tres puertas principales dan acceso al café:
una por el chaflán, otra por el Paseo de Gracia y
la tercera por la Ronda de la Universidad. En el
frente de esta puerta se halla la elegante escalera
de mármol, que comunica con la parte superior,
adornada de lindísimas estatuas, y abajo, á su iz¬
quierda, se halla la entrada de la Academia. — Es
verdaderamente admirable la vista de conjunto de
la sala suntuosa, de decoración propia para más
importante objeto por su severidad como por su
riqueza.
Descuellan entre su adorno los hermosos ven¬
tanales de colores, que, así como los que decoran
el cafó y el lucernario, salieron de los talleres
barceloneses de A. Rigalt y C.\ Después de la
Academia quise ver la cocina, que es muy propor¬
cionada á tales grandezas y que merecería la vi¬
sita, aunque no fuese sino para observar cómo un
motor eléctrico facilita todo el trabajo de la repos¬
tería y del café. Llama la atención un recipiente
de 200 litros de cabida, que se renuévan cada día,
destinado á hacer el excelente cafó que se toma
en esta casa.
— Esa agua es de Moneada y la preferimos por
sus condiciones superiores para este objeto, me
dijeron.
Es justo citar los nombres de los que con su
iniciativa y su inteligencia dotaron á Barcelona de
tan notable establecimiento: D. Arturo Vilaseca,
dueño é inspirador; el Sr. Rogent, arquitecto, y
D. Francisco Riera, maestro de obras y contratis¬
ta. El Sr. V ilaseca dió al arquitecto idea exacta y
general de lo que constituye la originalidad de
este establecimiento; por eso le citamos como ins¬
pirador.
En las primeras horas de la tarde, en el grandio¬
so café Colón se reúnen y se confunden todas las
clases de Barcelona: desde el menestral hasta el
opulento banquero, y con ellos se mezcla la colo¬
nia extranjera con numeroso contingente.
Aquí debo trascribir una frase que oí á uno de
los extranjeros el día de la inauguración, entre el
entusiasmo que cundía por toda la concurrencia:
«Esto es Barcelona; sabe hacer el mejor teatro
del mundo y el mejor café, y sabe hacer exposi¬
ciones que nos admiran, y sobresalir en la indus¬
tria y en las artes.»
El gentío que allí acude tarde y noche ofrece
un aspecto pintoresco en primavera y verano,
desparramándose por las amplias aceras del Paseo
de Gracia y de la Ronda de la Universidad, y
arriba por la hermosa galería-balcón que corre á
lo largo de las paredes.
Luciano García del Real.
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IMPORTANTE.
Rogamos á los Señores Suseriptores cuyos abo¬
nos terminen en fin del presente mes y que pien¬
sen seguir honrándonos con su concurso, se sirvan
anunciar su propósito á esta Administración con
la mayor anticipación posible, á fin de que el ser¬
vicio de sus respectivos abonos no sufra retraso
por la aglomeración de trabajos, propia de ésta
época del año, en nuestras oficinas.
Tanto para avisar las renovaciones, como para
hacer cualquier reclamación sobre el servicio, es
muy conveniente acompañar á las cartas una de
las fajas con que se recibe el periódico.
El Administrador.
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372 — n.° xxiii
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
* 22 Junio 1898
LIBROS PRESENTADOS
Á ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
El Laboratorio Central de Sanidad
Militar. Memoria histórico - descriptiva,
por D. Ignacio Viñes, D. Manuel Cano y
D. José Lbeda.
Damos las gracias al Sr. Inspector Direc¬
tor del Laboratorio Central de Sanidad
Militar y depósito de medicamentos para
el ejército, por la interesante Memoria que
ha tenido la bondad de remitirnos. El señor
Viñes, en unión del teniente coronel de In¬
genieros D. Manuel Cano y del farmacéu¬
tico primero D. José Ubeda, merecen la fe¬
licitación más sincera por su ilustrado
trabajo, en el que se da á conocer la inne¬
gable importancia del Laboratorio Central,
que tantas Tentajas ha traído al Estado,
al Ejército y á la Marina. No es posible en
el reducido espacio de esta sección anali¬
zar detenidamente una obra llena de datos
interesantes, y hemos de limitarnos á con¬
signar que en ella se acredita el desarrollo
y progreso que tan beneficioso estableci¬
miento ha alcanzado por el celo y laborio¬
sidad inteligente de su personal facultativo,
y que produce en la actualidad cuatro Te¬
ces más de lo que cuesta. A la reseña his¬
tórica, organización y servicios del Labo¬
ratorio, descripción del edificio, instalacio¬
nes y material, siguen unos curiosísimos
datos estadísticos, y planos y láminas de
los laboratorios , maquinaria y almacenes.
Connultor del propietario, agricul¬
tor y ganadero, por D. Angel de Torrejón
y Boneta, ingeniero agrónomo.
Conceptuamos este libro sumamente útil
al propietario, agricultor, ganadero, aboga¬
do, ingeniero, administrador, arrendatario,
colono, secretario de Ayuntamiento, etc.,
porque en un volumen se coleccionan lae
principales disposiciones legales é instruc¬
ciones prácticas relativas á las materias si¬
guientes: Código civil y ley de Enjuicia¬
miento (bienes, propiedad, deslinde, arren¬
damiento , compra-venta , servidumbres,
usufructo, censos, desahucios, etc.): con¬
tribuciones é impuestos; crédito agrícola;
Banco hipotecario ; pósitos ; ganadería;
montes y guardería rural; aguas y riegos;
expropiación forzosa; caza y pesca; plagas
del campo; colonias agrícolas; aduanas; fe¬
rias y mercados; transportes; teguros; mar¬
cas agrícolas; legislación penal; enseñanza
y experimentación agrícola; corporaciones
oficiales y Cámaras de Agricultura; pesas y
medidas, etc.
La sola mención de los asuntos que en
este libro se tratan, cuyo conocimiento es
tan útil , justifica plenamente el elogio que
esta obra práctica merece, poniendo al al-
Illmo. Sr. Dr. D. PEDRO LOZA Y PARDA VÉ,
ARZOBISPO DE G ü AD ALA J ARA (MÉJICO).
(De fotografía remitida por nuestros agentes generales en Méjico, Sres. Herrero Hermanos.)
canee de todos, en un momento dado, co¬
nocimientos que por estar esparcidos en
muy diversas obras sería dificilísimo ad¬
quirir.
Véndese la obra en las principales libre¬
rías, y en Madrid, en la Administración,
Lagasca, 36, al precio de 6 pesetas.
Química biológica,. aplicada á, la hi-
giene y día patología humanas .
Se han recibido los cuadernos 9, 10,11
y 12 de esta obra científica de reconocida
importancia.
Publícala D. Manuel Soler, editor de Bar¬
celona, al precio de 4 reales cuaderno.
Toledo. Tradiciones , descripciones , narra¬
ciones y apuntes de la imperial ciudad ,
por D. Juan Marina.
Se ha publicado el xiv volumen de la co¬
lección elzevir ilustrada que publica en Bar¬
celona la casa Gili. Toledo, la imperial
ciudad que tantos recuerdos históricos ate¬
sora y tan artísticos monumentos encie¬
rra; la que á través de los tiempos conserva
un carácter de antigüedad que constituye so
mayor encanto , ha sido siempre fuente co¬
piosa donde artistas y escritores bebieron
la inspiración que produjo obras bellísimas.
Una vez máís sus monumentos, los re¬
cuerdos de sus pasadas glorias y sus poéti¬
cas leyendas, han inspirado á un escritor
de gran cultura y excelente gusto un libro
interesante: D. Juan Marina declara que
sus páginas son exacto reflejo de las impre¬
siones subjetivas que la histórica ciudad le
causara al contemplar los espléndidos edi¬
ficios, las múltiples y esbeltas torres, los
pintorescos alrededores, las numerosas le¬
yendas y tradiciones populares, la impor¬
tante historia y las variadas y poéticas si¬
luetas de la ciudad conocida con el nombre
de Roma Española •
Contiene el libro del Sr. Marina intere¬
santes tradiciones, como la del Cristo de
la Vega , distinta de la que escogió el gran
Zorrilla para su leyenda A buen juez mejor
testigo; episodios históricos, como Santia¬
go y Libertad , inspirado en la lucha de las
Comunidades; descripciones déla ciudad,
como la titulada A la luz de la luna, é in¬
vestigaciones de gran interés y erudición,
como la de La calle de las Armas y Nemine
discrepante , consagradas la primera al an¬
tiguo gremio de espaderos toledanos, y rica
la segunda en detalles de los antiguos cole¬
gios y de la vida estudiantil.
La obra, editada con el mismo lujo que
los tomos anteriores de la colección , está
profusamente ilustrada con artísticos dibu¬
jos del joven y muy distinguido pintor señor
García Sampedro.
Véndese el tomo al precio de 2 pesetas.
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pleto de todos los publicados hasta el día.
Este mapa, esmeradamente impreso á cinco tintas, está dividido en dos
hojas, comprendiendo únala parte oriental , y la otra la occidental de
la Isla. Es indispensable á todos cuantos quieran seguir, en todos sus de¬
talles, las operaciones militares en la Isla de Cuba.
El precio de venta en toda España es de 2 pesetas cada hoja, ó sean
4 pesetas el mapa completo.
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excesos. Es también el mejor alimento para criar á los niños.— Depósito General :
Vidal y Ribas, Barcelona, y en casa de todos los buenos boticarios y ultramarinos
de la Península y de Ultramar. Du Barry y Cía., 77, Regent Street, Londres. *
ALMANAQUES
DE
LH ILUSTRflGlOH ESPAÑOLA I AIAEAICAÑA
Correspondientes á los años 1878, 1879 y 1881 á 1898
EIIDA I Al 1© JAQUECAS, M/í/n&rM en • /
LUnALHIAOMfdma*>(ft/s/er/*mo, toda* la»
enfermedades nervtoeaa ¡9 cí/msnnrpnn M | CR
con laa pildora» antlneurilgica a dellt u n U 11 1 1 n
3 franco».— Parla, Farmacia, 2J, ruédala Non í'i*
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Impreso oon Unta de la fttbrloa LOULLZTC j C.», 16, rué Snger, París.
MADRID.— Establecimiento tipolitográfico «Sucesores de Rivadeneyra»,
Reservados todos Vos derechos de propiedad artística y literaria. impresores de la Real Oasa.
Digitized by ^.ooQte
30 Junio 1898
374 — n.° xxiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
SUMARIO.
Texto. — Crónica general, por D. José Fernández Bremón.— Nuestros
grabados, por D. Carlos Luis de Cuenca. — Efectos del corso, por
i). Cesáreo Fernández Duro. — Las manos, por D. Felipe Pérez y
González. — Carlos de Haes, por D. Aureliano de Beruete. — Del
Sur de América, por D Kamón Arizeun. — Ante el cadáver de mi
querido amigo y compañero Manuel Tamayo y Baus, soneto, por
D. Manuel del Palacio.— Ante una estatua, poesía, por D. Juan Ar-
zadún. — Por ambos mundos Narraciones cosmopolitas, por D. Ri¬
cardo Becerro de Bengoa.— Sueltos. — Importante. — Libros presen¬
tados á esta Redacción por autores ó editores.— Anuncios.
Grabados.— Retrato de D. Manuel Tamayo y Baus — Retrato y
vista parcial del estudio del ilustre paisajista D. Carlos de Haes.—
Manila: El puente colgante. El puente de Ayala. — Marina de
guerra norteamericana : Cañones de dinamita á bordo del dinami¬
tero Vesuvius.— Madrid: La primera comunión del rey D. Alfon¬
so XIII en la capilla del Real palacio. — Retrato de D. Manuel
C. Román, jefe del partido autonomista de Puerto Rico — Retrato
del Excmo. Sr. D. Julián González y Parrado, general de división.
— Marina de guerra española : La oflcialidad-del-aviso-/^w/í/a- —
Isla de Cuba: Bahía de Guantánamo — Retrato de D. José de Pon-
tes y Rosales, primer farmacéutico de la Real Cámara, nbevo
académico de la Real de Medicina.- — - ~ “
CRÓNICA GENERAL.
1 nuestra conciencia no nos impidiera
contribuir á la desunión de los espa¬
ñoles, diríamos al cerrarse las Cortes
. . lo que el Sr. Aguilera cuando partió
^ en 8U *'rea Woodford; «Gracias á
Dios que estamos solos. ¡Viva España!»
Porque, á decir verdad, y resumiendo
las tareas parlamentarias del período que
py. termina, pueden reducirse á lo siguiente:
negar al Gobierno gran parte de los recursos
que pedía para la guerra; debilitar con críticas ya
inútiles la acción central, y no ofrecer al país ni
remedios ni siquiera alientos para arrostrar las
circunstancias. Todo lo que desanima y entorpe¬
ce, aun siendo útil — no lo discutimos — en épocas
normales, es en tiempo de guerra malo y peligro¬
so. Por nuestra parte, declaramos que nos han de¬
jado las últimas sesiones el mal sabor de ver des¬
conocidos, por algún orador, los esfuerzos de
nuestra marina, que supo morir heroicamente en
Cavite con barcos inservibles y viejos; batirse
con los buques menores de la escuadra contra los
yankees en varios puertos de Cuba; sostener en la
boca de Santiago de Cuba con un solo crucero el
fuego de la formidable escuadra enemiga, después
de haber burlado el general Cervera la vigilancia
de los almirantes contrarios, y constituir en aque¬
lla bahía un núcleo de resistencia que, no sólo per¬
mite mantener íntegra la capital y nuestra mejor
plaza de armas, sino que, si Dios nos ayudara, la
previsión de nuestros jefes y el valor de nuestro
ejército de tierra podrían ocasionar al enemigo un
serio contratiempo.
El desembarco de los yankees en Baiquiri ha va¬
riado en Cuba las condiciones de la guerra: si por
un lado han conseguido la ventaja de haber to¬
mado tierra por un punto indefenso, apoyados por
los cañones de la escuadra, y Santiago de Cuba,
sólo amenazado hasta ahora por el mar, tiene que
defenderse por mar y tierra, también podemos
poner en funciones ya nuestro ejército y volunta¬
rios contra la irrupción de los yankees , favoreci¬
dos por los insurrectos de García y Castillo, cono¬
cedores del terreno, y, en este concepto, grandes
auxiliares. Desde luego ya ha habido choques y
movimientos que suponemos sean puramente es¬
tratégicos, y ya ha tenido que apelar á la fuga y
sufrir pérdidas de personas notables la caballería
yankee . Estamos, pues, en un período expectante
de sumo interés para las eventualidades de la gue¬
rra; y como sólo nos ocupamos de lo ya sucedido,
que no es grato, debemos suspender esta relación
en lo más arduo del enredo, deseando anotar en
otro número impresiones de hechos más satisfac¬
torios.
Sólo haremos una reflexión. Confiados en los
informes que uno y otro día suministraba la pren¬
sa acerca de la falta de organización del ejér¬
cito yankee , nos ha sorprendido el desembarco.
Indudablemente, los periódicos españoles han ve¬
nido estando mal servidos por sus corresponsales:
ojalá se equivoquen también en lo desfavorable.
Y si no, ¿qué le hemos de hacer? En las contrarie¬
dades se prueba el temple de los pueblos.
La situación no es cómoda. En Cuba se pelea
con los insurrectos y los yankees . En Filipinas
tenemos otras dos guerras, y en España empieza
otra insurrección: la de llamar valor á quitar el
ánimo y acoquinarse ante el peligro. ¡Valor se
necesita para esta falsificación y para publicar
como cosa corriente ciertas condiciones de paz
ignominiosas! ¡Y valor necesitan, para criticar á
los que pelean, los que se quedan en casa!
No daremos importancia al incidente ocurrido
entre el ministro d^ Marina, general Auñón, y los
periodistas de la 'tribuna del Congreso. Sólo dire¬
mos que si por algo se .pecó aquel día,fué por exceso
de publicidad: porque el parte del general Cervera
debió, en nuestra opinión, reservarse, ó por lo
menos suprimirse en él algunas líneas, por lo que
se prestaban á interpretaciones desagradables. El
Ministro estaba herido, con razón, de los ataques
que había sufrido la Marina; y si fue injusto con
la prensa, ésta debió tener en cuenta que el señor
Auñón representaba una de las fuerzas que sostie¬
nen nuestro derecho, y contestar á sus argumen¬
tos ó agravios con refutaciones y argumentos.
Pero no estaban serenos los ánimos del uno ni de
— -loa-^tros aquel día, y no hay que volver sobre el
asunto. Nosptros no nos cansaremos de repetir á
nuestros compatriotas: Unión, unión y unión;
pues han de tener presente que la responsabili¬
dad de los males que sobrevengan no recaerá so¬
bre los que hacen algo, aunque sea ineficaz, sino
sobre los que, haciendo menos, impiden que haya
tranquilidad en la dirección, y recursos, y aliento
y confianza. Con éstos se acometen y terminan
empresas muy difíciles; si faltan, recordemos el
ejemplo de la China, el país más poblado de la
tierra. Sabido es que los yankees acuden para ven¬
cer á dividir á sus contrarios, y sentiríamos que
su influencia se dejara sentir dentro de España,
con la difusión de noticias y propósitos que por su
naturaleza no parecen procedentes de españoles,
ni encarnan en el espíritu nacional. En guerra,
pava hacer algo difícil, hay muchas veces que
prescindir de la prudencia.
Otro buque de la Transatlántica, auxiliar de gue¬
rra, el Mana Cristina , al mando del bravo capi¬
tán de fragata D. Justo Aréjula, ha entrado en
Cienfuegos con recursos forzando el bloqueo y
burlando la escuadra yankee: los aplausos y acla¬
maciones con que ha sido acogida en aquel puerto
la brava tripulación del transatlántico, y su intré¬
pido comandante al trasladarse á la Habana, pre¬
sagian alguna recompensa oficial bien merecida.
Al cerrar esta Crónica, la escuadra del general
Cámara está en Port-Said; y con este motivo se
supone que nuestros amigos los ingleses aprove¬
charán la ocasión, no de molestarnos directa¬
mente, pero de hacer méritos ante los yankees
con esa neutralidad que, declarando el carbón con¬
trabando de guerra, decidió en favor de los Esta¬
dos Unidos las principales ventajas marítimas. De
lo que resulta que España está haciendo frente, y
no se abate, á la insurrección cubana, á la tagala y
á los poderosos Estados Unidos, ayudados por In¬
glaterra. No es mala página de historia para con¬
cluir el siglo XIX. Los precedentes que deja para
el siglo venidero son tales, que van á quedar: anu¬
lado todo el derecho internacional; demostrada la
inutilidad de la diplomacia, y aun convertida en
elemento sospechoso de perturbación y espionaje
para el pueblo que la acoge; los pueblos descon¬
fiados unos de otros; el comercio considerado
como vanguardia de las invasiones militares y
principio de dominación extranjera; y converti¬
dos en definidores del derecho y la razón los ca¬
ñones de mayor calibre.
Entretanto, continúan en crisis Francia é Ita¬
lia; Inglaterra . ¿pero á qué ocuparnos de Eu¬
ropa? ¿Acaso existe el viejo continente? Y si exis¬
tiera, ¡debe estar tan lejos!
o
e «
El mismo día en que se celebraba en Palacio la
ceremonia de la confirmación del rey D. Alfon¬
so XIII, recibíamos un periódico, Et Boletín del
Comercio , de Barranquilla (Colombia), en que, á
propósito de haber festejado allí la colonia de es¬
pañoles el cumpleaños del nacimiento del Rey,
estampaba el articulista colombiano, entre otros
párrafos de igual sentido, el siguiente, que merece
ser leído:
«Nosotros no creemos, no podemos creer, que
mientras los españoles están comprometidos en
una guerra extranjera, haya uno de ellos, uno si¬
quiera, que piense en otra cosa que en defender la
bandera de la patria. No es posible que hoy, cuando
la espada se ha desenvainado para pelear como en
otros días, haya quien piense en España en soca¬
var el trono secular de sus reyes. La blanca mano
de una mujer admirable muestra á las huestes de
Castilla el lugar donde se ha de combatir por el
honor de todos; y un niño, ahijado de León XIII,
duerme seguro mientras tanto, porque está prote¬
gido por la lealtad española. En él serán respeta¬
das, no sólo las tradiciones gloriosas y los siglos
que han pasado por sobre su corona, sino la abne¬
gación heroica de su madre y su propia inocencia.
Nadie entre los suyos ultrajará su diadema ni su
cetro, precisamente porque la una ciñe los dorados
bucles de un niño y al otro lo sostienen manos
inocentes.»
La circunstancia de ser escrito el artículo en un
país republicano y en la América española, unida
á otros muchos síntomas de simpatía á España en
aquellas regiones, prueban que moralmente no
estamos tan aislados, y que nos importa tener pa¬
triotismo y corazón.
No vemos citados siquiera en nuestra prensa
estos movimientos del espíritu americano. En
cambio nos quieren dar por leales los consejos de
Le Temps , que siempre fué contrario á España en
la cuestión de Cuba. Y por combatir al Gobierno
sólo noticias pesimistas se acogen, y versiones
yankees de los hechos, que, aun dándolas por tales,
labran y minan la confianza y la energía nacio¬
nales.
4
« «
Por la calle de Génova vemos desfilar un gran
entierro: va delante el clero parroquial; detrás un
féretro lujoso y enlutado, al que rodean los porteros
del Senado y del Congreso; siguen dos largas filas
de pobres con hachas encendidas, y á pie, graves
y vestidos de luto, políticos, ex ministros, títulos,
banqueros y toda ciase de personajes; dos coches
llenos de magníficas coronas, los de gala de las
Cámaras, los de los Ministros y una fila tan larga
de carruajes particulares que nos cansamos de con¬
tarlos.
— ¿Quién es el muerto? — preguntamos.
— D. José Elduaven, primer marqués del Pazo
de la Merced — nos responden.
— Entonces comprendemos: acompañan á la es¬
tación del Norte, para ser enterrado en su panteón
de Vigo, á uno de los personajes de más influencia
que tuvo el partido conservador, y que, excepto la
jefatura del Gobierno, ejerció los cargos más altos
del Estado. Ingeniero de caminos, político y ora¬
dor, era uno de los pocos hombres que tenían au¬
toridad personal en el mundo de la política y en
el de la Banca, por su carácter, conocimiento de los
asuntos públicos y energía. Deja vacante un Toi¬
són y la vicepresidencia del ferrocarril del Norte,
y se le erigió en vida una estatua. Aunque nació
en Madrid el año 23, Galicia fue su patria adopti¬
va. Murió á los setenta y cinco años, y su magní¬
fico entierro corresponde á su alta posición, su in¬
fluencia y su fortuna.
*
# •
Estamos en el período de las verbenas y los ex¬
traordinarios : aquéllas no son tan frecuentes;
en este mes las de San Antonio, San Juan y San
Pedro: los extraordinarios salen todas las tardes
invariablemente, y lo ordinario es que no digan
nada nuevo; los preferimos, sin embargo, á los
que publican los periódicos formales, porque
cuando éstos se vocean es para anunciar una des¬
gracia, como si les faltase tiempo para causarnos
y cobrarnos un disgusto. Véndense primero al
precio corriente los extraordinarios de pega; pero
ese papel baja á la caída de la tarde, y entonces
se pregona y cambia por un pitillo; los vendedo¬
res se fuman su mercancía patriótica, y todo se
convierte en humo.
Siguen las tómbolas; la suscripción pasa de los
noventa millones de reales; los aragoneses acla¬
man á Polavieja, y Madrid está tan divertido
como si nada sucediera por el mundo. Volviendo
á las verbenas, la gente menuda y las señoras
acuden á la plaza Mayor, aquéllos por las figuri¬
llas de los santos, éstas para elegir tiestos de al-
bahaca, clavellinas, hortensias y geranios, hierba
luisa y ramas de peras de San Juan. Pero la ver¬
dadera fiesta es el Prado: allí, en torno de las bu¬
ñolerías ó de una orquesta de vihuelas y bandu¬
rrias, se come, bebe, baila y se hace el amor al aire
libre, que lo está como si fuera otoño el mes de
Junio: que este año apenas hubo invierno, y ape¬
nas hay verano.
• *
En la lucha del Ayuntamiento contra los canes
callejeros, el público se ha puesto hoy, como siem¬
pre, de parte de los perros. Ya se han dado bata¬
llas. Siguiendo el ejemplo de Europa, nos decla¬
ramos neutrales para no comprometernos.
#
« *
— ¿Y tu hijo?
— Lo envié á Madrid para que aprendiera idio¬
mas .
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n.° xxiv — 375
30 Jdnio 1898 LA ILUSTRACIÓN ' ESPAÑOLA Y AMERICANA
— ¿Y adelanta?
— Me escribió qtie ya sabía tres, y he averiguado
que eran: el de los dedos, para hablar de lejos con
su novia; el caló, y el lenguaje de las flores.
— He visto en coche á los de López: ¡vaya un
carruaje tronado que llevaban!
— Te equivocas. Es magnífico: son ellos los que
hacen parecer tronado al carruaje.
Doña Mónica tiene mucho miedo á las tormen¬
tas: su esposo la tranquiliza apelando á la estadís-
tica. ^
— ¡Ay, ay! — grita la señora santiguándose.
— No tengas miedo, mujer: á lo más suelen caer
seis ó siete rayos: repartidos entre 500.000 habi¬
tantes, no tocamos á nada.
En la verbena:
—Pero ¿dónde está la fuente de Neptuno?
— Está deshecha.
— ¿Y el dios de las aguas?
— fin vuelto en una funda.
— ¡Y queremos tener ventajas en el mar cuando
tratamos á Neptuno de ese modo!
José Fernández Bremón.
NUESTROS GRABADOS.
D. MANUEL TAMA YO Y BAUS (PAO. 1.a).
El 20 del corriente falleció' en esta corte el
eminente escritor D. Manuel Tamayo y Baus.
Hijo de actores, comenzó á revelarse desde su
infancia su privilegiado entendimiento, que con
admirable iniciativa cultivó en el estudio, y cuén¬
tase de él que á los diez años de edad salió á es¬
cena en Granada de la mano de sus padres, como
traductor aplaudido de la obra que acababan de
representar. _
El que para nosotros ha sido el primer autor
dramático español, estrenó en el teatro de la Cruz
de Madrid su primera obra original, que no gustó;
mas bien pronto diéronle victorioso desquite otras
muchas que el público ha aplaudido siempre, y
que han quedado como modelos. ¿Quién no conoce
entre las joyas de nuestra dramática contemporá¬
nea los títulos de Virginia , La Ricahembra , Hija
y Madre , Locura de amor , La Bola de nieve. Lo
positi vo y Más vale maña que fuerza y El Drama
yiuevo y No hay mal que por bien no venga?
Era tal el dominio del arte que como autor dra¬
mático poseía Tamayo, que en la última de las
obras citadas acertó á sostener una acción intere¬
sante, que no decae un momento durante tres ac¬
tos, con tres personajes únicamente.
Por modestia según unos, y según otros por un
piadoso voto, no se presentaba nunca Tamayo á
recibir en, la escena los aplausos del publico, y
* siempre firmaba sus obras con el seudónimo de
Joaquín Estébanez; pero ni este ni otro alguno
que hubiera escogido podían engañar al público
ni á la crítica, que desde las primeras escenas
veían en el dominio del castizo castellano y en la
especial hermosura del diálogo la personalidad li¬
teraria de su ilustre autor.
Católico ferviente, dió á sus obras siempre una
finalidad moral y religiosa, sin adular gustos ni
modas del público, ni temer su desvío ni sus
enojos.
Hace tiempo que renunció á escribir para el
teatro; pero era opinión entre sus íntimos que
acabadas tenía obras, de alguna de las cuales hasta
se decía el título.
«Corroborando esto — dice un colega, — se sabe
que muy recientemente, y comprendiendo su es¬
tado, hizo una selección en sus papeles, rompien¬
do muchos, pero conservando otros.
»Del examen de estos últimos se encargarán
sus testamentarios, salvando del olvido una labor
que seguramente será digna de figurar entre las
obras del gran dramaturgo.»
Sus méritos literarios le abrieron las puertas de
la Academia Española á los treinta años de edad,
y cuando murió Bretón de los Herreros fue ele¬
gido secretario perpetuo de la misma.
En la actualidad era jefe del Cuerpo de Archi¬
veros y Bibliotecarios, y director de la Biblioteca
Nacional. Cuando el traslado de ésta al nuevo Pa¬
lacio, dió asombrosas muestras de su celo y labo¬
riosidad, interviniendo personalmente en tan lar¬
go y penoso trabajo, con notorio quebranto de su
salud.
El entierro de Tamayo, al que su cristiana aus¬
teridad privó de humana pompa, fue modestísimo;
pero cuantos escritores y actores se hallaban en
Madrid concurrieron espontáneamente á rendir
el sincero testimonio cKísu admiración al escritor
eminente, gloria indiscutible de las letras caste¬
llanas.
• •
DON CARLOS DE haes. — (Véanse los grabados
de la pág. 37G, y el artículo de D. Aureliano de
Beruete en la 379.)
• «
MANILA.
El puente colgante.— El puente de Ayala (pág. 377).
Situada la población de Manila á orillas del Pa-
sig, tiene varios puentes para atravesarlo: entre
ellos, el colgante y el de Ayala, cuya importancia
es grande en estos momentos.
El puente colgante, reproducido en nuestro gra¬
bado de la citada página, es de propiedad particu¬
lar, y su paso no es gratuito. Une el arrabal de
Quiapo con Arrocerosy punto que fue antiguo mer¬
cado de arroz, del que tomó su nombre.
El puente de Ayala une el barrio aristocrático
de San Miguel con el de la Concepción , y, en rea¬
lidad, sus tramos forman dos puentes, que descan¬
san en la isla de San Andrés , situada en el centro
del cauce del Pasig.
Llámase á esta isla, de la Convalecencia, porque
en ella existen el Hospital de Convalecientes , la
Casa de Dementes y el Hospicio de San José .
•
• *
MARINA I)K QUERRA NORTEAMERICANA.
Cañones de dinamita á bordo del dinamitero VesuviuH( pág. 378).
Desde los comienzos de la guerra entre España
y los Estados Unidos de Norte-América se viene
hablando del barco dinamitero Vesuvius, que es
el único de su clase que existe en el múndo según
los pomposos elogios que de él hacen los yankees .
Hasta ahora la verdad es que no se ha demostrado
con hecho alguno notorio que haya efectuado nin¬
guna de las extraordinarias proezas. que^de.éL se _
prometían; pero como todos los días le atribuyen
una terrible misión, y en las fantásticas descrip¬
ciones de los combates de Guantánamo le han he¬
cho actuar los reporters norteamericanos, publi¬
camos hoy un grabado de su cubierta para que
nuestros lectores lo conozcan. No es ciertamente
la belleza su nota característica, y á tenernos de
mejor humor los actuales sucesos, quizás no nos
faltara alguna frase cómica que dedicar á esos ca¬
ñones . en zapatilla s.
♦
• «
MADRID.
La primera comunión del Rey D. Alfonso XIII (págs. 380 y 381).
El jueves, 23 del actual , recibió el Rey de Espa¬
ña por vez primera el sacramento de la Eucaris¬
tía. Este acto, que las más humildes familias cató¬
licas celebran siempre con toda la solemnidad
posible, ha revestido en el alcázar de nuestros
reyes un carácter de austera sencillez, que con¬
trasta notoriamente con los brillantes esplendores
tradicionales en la corte.
Las circunstancias por que el país atraviesa,
que preocupan y afligen hondamente el ánimo de
S. M. la Reina, se reflejan en todos los actos pala¬
tinos, y por eso el de administrar al Rey por
primera vez el pan de vida, con ser tan impor¬
tante para la Real familia, no ha tenido otras
solemnidades que las que la liturgia católica ha
establecido en honor de tan augusto Sacramento.
Ni lujosas galas, ni ricas preseas, ni ceremonial
de etiqueta, ni ostentoso acompañamiento. La Real
familia, con personas de su inmediato servicio, y
los Ministros de la Corona, asistieron al acto con¬
movedor, que aumentaba su interés en aquella
sencilla intimidad familiar en que se celebraba.
Al pie del púlpito tenía su asiento el Nuncio de
Su Santidad, y enfrente, en el lado del Evangelio,
estaban el Arzobispo -Obispo de Madrid-Alcalá y
el arzobispo-obispo de Granada, Sr. Moreno Mazón.
Estos Prelados tuvieron el paño durante la comu¬
nión.
El Gobierno ocupaba la derecha de la Familia
Real.
S. M. el Rey, que había confesado el día ante¬
rior con el P. Montaña, estuvo arrodillado con
gran recogimiento desde el principio de la misa.
AHlegar el momento señalado por el ritual, el-
Obispo de Sión, que asistido por el clero de la Ca¬
pilla celebraba el oficio divino, se adelantó al au¬
gusto penitente, en cuya boca depositó la sagrada
hostia.
En aquel punto S. M. la Reina Regente, visible¬
mente emocionada, tuvo que inclinar el rostro
para ocultar sus lágrimas.
Terminada la misa, el Prelado oficiante pronun¬
ció una breve plática ensalzando los beneficios de
las prácticas religiosas, únicas* que fortifican el
espíritu en los días de prueba por que España atra¬
viesa.
El grabado que' eh doble página publicamos re¬
produce un dibujo de nuestro compañero Comba,
representando el solemne momento de la comu¬
nión.
•
• •
, D. MANUEL C. ROMÁN,
jefe del partido autonomista de Puerto Rico (pág. 383).
El trabajador hijo del pueblo que por su propio
y vigoroso esfuerzo ha logrado hacer una fortuna,
el Sr. D. Manuel C. Román, á quien la prensa de
su país califica de patriota ardiente, español leal y
portorriqueño fiel, es hoy el jefe del partido au¬
tonomista liberal.
No es larga su historia en la vida pública; pero
de ella 6e dice, con razón, que si no tiene el brío
arrebatado y brillante de los políticos de combate,
posee en cambio la seguridad, la firmeza, la cons¬
tancia inconmovible de quien jura fe á una causa
y le dedica los esfuerzos de una voluntad que no
decae y de un vigor siempre resistente, al que los
obstáculos no dominan.
Miembro del Municipio de San Juan do Puerto
Rico, consignan las actas de sus sesiones más
de un rasgo suyo altamente beneficioso para el
pueblo.
La confianza plena del partido liberal le escogió
para su tesorero, y de su brillante gestióñ es prue¬
ba el unánime voto con que le honró en una de
sus últimas sesiones el comité del partido.
a
a •
EXCMO. SR. I). JULIÁN GONZÁLEZ Y PARRADO,
general de división, segundo cabo de la Capitanía general
de la Isla de Cuba (pág. 384).
Correspondencias y periódicos de Cubanos dan
reiteradamente noticia de. la. inteligencia y acti¬
vidad con que el general segundo cabo D. Julián
González y Parrado cumple su dificilísima misión
en las graves circunstancias por que atraviesa
la isla.
El general González y Parrado, que procede del
arma de Infantería, ha servido varias veces en
los ejércitos de Cuba y de Filipinas, y une por
tanto á sus brillantes dotes militares un conoci¬
miento práctico de aquellos países, que hoy tiene
innegable importancia.
Como general de brigada tomó activa y muy
eficaz parte en la campaña de la Isla de Luzón, y
por sus beneméritos servicios en ella, y muy par¬
ticularmente en el ataque y toma de Marahuit el
10 de Febrero de 1895, le fué concedido, á pro¬
puesta del General en jefe, el empleo de general
de división.
El general González y Parrado, cuyo retrato pu¬
blicamos, es, además de bizarro militar, persona
de vasta cultura y escritor distinguido. El autor de
Divagaciones militares no solamente ha escrito
sobre cuestiones técnicas, sino sobre asuntos de
bella literatura.
• •
MARINA DE GUERRA ESPADOLA.
La oficialidad del aviso Giralda (pág. 384).
El yate Giralda , adquirido por el Gobierno es¬
pañol para aviso, fué construido por la Compañía
Fairfield en 1895 con destino á Mr. Hug Mac Cal-
mont.
Es seguramente el yate más grande de propie¬
dad particular, pues mide de eslora 95 metros, de
carena 83, de manga 10,70 y de puntal 5,80. Su
desplazamiento es de 1.500 toneladas.
Sobre el puente tiene el yate un castillo central
de 50 metros de longitud, y á popa otro que sirve
de abrigo al timón.
El Giralda es de casco esbelto, y se distingue
por la velocidad que le proporciona su máquina.
Las pruebas efectuadas en 1895 acusan un andar
de 20,90 millas por hora, desarrollando las dos má¬
quinas á tiro forzado 8.500 caballos de fuerza.
Nuestro grabado representa al comandante y ofi¬
ciales del Giralda sobre la cubierta del mismo.
El l.° de la izquierda es el contador de fragata
D. Rafael Barrera; el 2.°, el alférez de navio don
José García de Paredes; el 3.°, el segundo médico
D. Luis Cendrero; el 4.°, el alférez de navio don
José Ochoa; el 5.°, el capitán de fragata D. Rafael
Rodríguez dé Vera, distinguido marino que manda
el aviso Giralda ; le siguen en orden de colocación
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376 — n.° xxiv
LA ' ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Junio 1898
el segando comandante teniente de navio
D. Juan de Ibarreta y el alférez de navio
D. Ramón Bullón.
o
# tt
LA DE CUBA.
Bahía de Ouantánamo (p&g. 385).
El puerto de Ouantánamo, en el que hay
muchos sitios que pueden abrigar numero¬
sas escuadras, se interna unas 10 millas de
S. á N., con una anchura muy variable, la
cual es, entre las puntas exteriores de su
boca, de dos millas, y se divide en dos par¬
tes: una interior, la bahía de Joa, con 3,0
á 4,5 metros de agua, á la cual se llega por
un estrecho y muy profundo canal; y otra ex¬
terior, en la que ordinariamente fondean los
buques de gran porte. Desde su punta exte¬
rior de barlovento, que es muy limpia, corre
la costa oriental una milla al N., descen¬
diendo media milla al N. de dicha punta, y
á algo más de media milla al O. un placer
de piedra cuya cabeza se halla en el paralelo
de la boca del río Guantánamo, y en cuyo
veril se cogen de 6,7 á 8,4 metros de agua;
tuerce después al E., formando una punta y
una ensenada, donde alrededor de la prime¬
ra, y á corta distancia de un playazo de arena
en que se ve algún matorral y suele haber
algunos bohíos, acostumbran á fondear los
barcos de guerra.
Su costa de sotavento está guarnecida de
placer de piedra, á distancia de dos cables,
desde fuera hasta la boca del citado río, que
se halla á media milla al N. de la punta in¬
terior de la misma banda, y luego, conver¬
tida en una playa de arena en cuyo centro
se ve un notable frontón parduzco, corre al
NE. á formar el límite NO. del fondeadero
exterior.
Comenzaron á construirse las fortificacio¬
nes dé Guantánamo desde que en Julio de
* 1 ' '
DON CARLOS DE HAES,
ILUSTRE PAISAJISTA.
Nació en Bruselas en 1831; t en Madrid el 17 del actual.
(De fotografia del Sr. Marqués de Bellamar.)
1742 le ocupó el almirante inglés Vemon.
Arruináronse luego, y en 1846 D. Leopoldo
O’Dónnell comenzó la pequeña de la angos¬
tura, que se terminó el año siguiente*
•
• 4»
SR. D. JOSÉ DE rONTES Y ROSALES,
primer farmacéutico de la Real Cámara (pág. 388).
En la solemne sesión pública celebrada
por la Real Academia de Medicina el día 12
del actual, tomó posesión de su plaza de nú¬
mero el ilustrado Dr. D. José de Pontee y
Rosales, primer farmacéutico de Cámara
de S. M.
Nació el nuevo académico en la ciudad de
Granada en el año 1838, siguiendo después
en aquella Universidad, con gran brillantez,
sus estudios en la Facultad de Farmacia,
cuya licenciatura obtuvo con la calificación
de sobresaliente. En 1860 se graduó de doc¬
tor con igual censura, y más tarde ingresó
por oposición en el Cuerpo de Sanidad Mili¬
tar. Obtuvo además el grado de bachiller en
ciencias físico-químicas en la Universidad
de Granada.
Por oposición también, ingresó en 1862,
con el núm. 1 y el cargo de profesor ayudan¬
te, en la Real botica, habiendo obtenido en
ella los ascensos que por antigüedad le fue¬
ron correspondiendo, hasta alcanzar el ac¬
tual de primer farmacéutico de la Real Cá¬
mara, jefe de la dependencia y de todo el
servicio farmacéutico de los Reales Sitios.
En oposición á una plaza de catedrático
auxiliar de la Universidad Central, fué pro¬
puesto en terna por unanimidad.
Ha sido redactor en varios periódicos
científicos, como La C tínica , El Restaura -
dor Farmacéutico y El Semanario Farma¬
céutico , y su estudio biográfico de Fr. Ber-
nardino Laredo mereció ser premiado por
el Ilustre Colegio de Farmacéuticos de Ma-
MADRID. — VISTA PARCIAL DEL ESTUDIO DEL ILUSTRE PAISAJISTA D. CARLOS DE HAES.
(De fotografia del Sr. Marqués de Bellamar.
/
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30 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.° xxiv — 377
MANILA. — EL PUENTE COLGANTE.
(De fotografía.)
MANILA.— EL PUENTE DE AYALA.
(De fotografía.)
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378 — N.° xxiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Junio 1898
MARINA DE GUERRA NORTEAMERICANA.— caSonks dk dinamita
Á BORDO DEL DINAMITERO üVKSUVIUS».
(De fotografía.)
drid; pero lo que más le dió á conocer fue la tra¬
ducción, arreglo y comentarios que hizo de la im¬
portante y voluminosa obra de Dorvault, que lia
sido durante muchos años el repertorio de Farma¬
cia más completo que se ha escrito; tradujo tam¬
bién con notable acierto la obra de Wurtz, Leccio¬
nes de Filosofía y Química , y colaboró en el gran
Diccionario de Farmacia que publicó el referido
Colegio.
Dedicóse en la Real oficina de Farmacia á los
trabajos de laboratorio, procurando conservar el
alto concepto de que aquella oficina ha gozado
siempre, logrando que hoy sea admirada por cuan¬
tos conocen su organización y servicios.
Como profesor práctico se ha distinguido por
su escrupulosidad y carácter observador, del que
es reflejo fiel el notable discurso que para su in¬
greso en la Academia ha escrito acerca del Con¬
cepto de la Farmacopea al terminar esta centuria.
Es miembro de la Sociedad Real de Farmacia
de Bruselas y de varias otras Corporaciones cien¬
tíficas.
Carlos Luis de Cuenca.
EFECTOS DEL CORSO G>.
III.
W I pasados los tiempos en que rigieron
a la monarquía Felipe IV y Carlos II,
hubiéramos de examinar con despa¬
jé* ció los sucesos marítimos, diéranos
la enconada lucha sostenida para asen¬
tar en el solio á D. Felipe V sobrada
materia de corroboración á las observa¬
ciones que se desprenden de los grandes
servicios prestados á la patria por los cor-
sistas.
Días de suprema ansiedad transcurrían después
que á la hostilidad externa de Austria, Inglaterra,
Holanda, Saboya y Portugal, naciones coligadas
para repartirse los despojos de la triste España,
vino á juntarse el alzamiento de la antigua región
aragonesa en guerra intestina, por la que las po¬
blaciones todas de las costas de Cataluña y Valen¬
cia se pusieron á devoción del adversario. Blo¬
queadas las demás de la Península; destruidas ó
apresadas las escuadras y las flotas; anulado el
comercio por la inmensa superioridad naval con
que contaba aquél, mientras las nuevas de Italia y
de Flandes se sucedían en siniestra serie, llegada
la de avanzar los ejércitos enemigos por Ciudad-
Rodrigo y Salamanca hacia Madrid, mayor aflic¬
ción que la de ver al país convertido en vivaque de
soldadesca extraña y ensangrentado por sus pro¬
pios hijos, produjo la evidencia de haberse tro¬
cado en contrarios también los generales france¬
ses en cuyas manos tenía el referido D. Felipe
puesta la defensa. Concertados con su mismo her¬
mano, trabajaban el ánimo de Luis XIV inclinán¬
dolo á la indignidad de despojarle del trono en
que le puso, y de dar
oídos á las proposi¬
ciones de paz con que
tentaban á su can¬
sancio los aliados.
Quizá fue el Rey
de España el único
que no tuviera en¬
tonces su causa por
desesperada; quizá
sintió inspiración al
ejercitar el disimulo,
al desplegar la ener¬
gía con que se hizo
merecedor del califi¬
cativo de Animoso ,
como del de Soldado ,
y digno también del
pueblo castellano,
único en sostenerlo
contra su familia y
contra el mundo to¬
do. El hecho es que,
desviado el soplo del
infortunio en la tre¬
menda crisis, la ba¬
talla de Almansa su¬
ministró al adorno
del santuario de Ato¬
cha, en Madrid, cien¬
to doce banderas con
la variedad de colo¬
res y blasones de tantos beligerantes.
Esto en tierra: en la mar, al corso se debie¬
ron, como en tantas otras circunstancias, las débi¬
les compensaciones de los daños experimentados,
con las presas y atrevidas acciones que obligaron á
los bri taños á distraer muchos de sus bajeles en
protección del comercio, y aun así no lo conse¬
guían, teniendo que sentir á cada paso la captura
de sus mercantes y los rebatos en sus posesiones
de Ultramar. Sin los armadores particulares, sin
los navios corsarios, no se vieran en las aguas del
Océano las insignias de España, ni sonara el nom¬
bre de sus marinos como frecuentemente se oía
en el Parlamento inglés en representaciones de
perjuicios, si hemos de dar crédito al historiador
Campbell, según el cual, además, unidas las na¬
ves del almirantazgo nuestro de Ostende con las
de Dunquerque, ó hacían en las pesquerías holan¬
desas destrozos que recordaban los de antaño, ó
cruzando en la Mancha no dejaban paso á nave
suelta ni á convoy que no llevara fuerte escolta.
Bastante progresó el material de la Marina en
los siglos xvil y XVIII: tuvo amplitud la capaci¬
dad de los vasos, solidez su construcción, aumento
en potencia y número la artillería; celeridad en
la carga y disparo las armas portátiles; mas no
variaron ni la propulsión obtenida del viento ni
el sistema tradicional de organización y provisio¬
nes del bajel, continuando, por consecuencia, con
escasas alteraciones, las ideas á que obedecía la
aplicación de las unidades y las sumas. El corso
seguía siendo arma y recurso de las naciones dé¬
biles contra las fuertes; pero en cien años más do
vida del universo, el empleo del vapor, la susti¬
tución de la madera por hierro y acero, la lucha
de poder entre el cañón y la coraza, el invento de
máquinas, de explosivos, de todas aquellas com¬
plicaciones anteriormente indicadas (1), causaron
revolución completa.
Tasso y Cervantes maldijeron á los inventores
de las armas de fuego, que, puestas en manos de
un cobarde que acaso tiembla al dispararlas, en¬
vían por azar el proyectil mortífero al pecho de
un valiente caballero. ¡Cuán distantes estarían de
pensar que en la marcha de la humanidad, por el
pretendido camino de la perfección, otras armas,
contra las cuales nada significan inteligencia ó
bizarría, vendrían á decidir las sempiternas dispu¬
tas de los hombres, lanzando á éstos por cientos
en el aire, hechos fragmentos ennegrecidos que
se confunden con los de la nave arrogante que
gobernaban I
Ello es así: el torpedo , á que cuadra mejor, al
parecer, el nombre de «máquina infernal» que
tuvo en los ensayos primitivos; el torpedo, con
los acompañantes de predilección guerrera en los
presentes días, ha transformado el modo de ser
de las marinas. Mas, antes con mucho de que se
generalizaran estos medios en las militares, ha¬
bía surgido la duda y planteádose la cuestión de
subsistencia del corso, y esto no tan sólo por el
enorme costo que representan los armamentos
modernos, por la dificultad de reunir personal
idóneo que los maneje, y por los obstáculos que
habían de ofrecerse al reemplazo de las provisio¬
nes indispensables; ante todo, por el acuerdo de
(1) Véanse los números de 8 y 22 de Mayo último.
(1) En el número de 30 de Abril.
las grandes potencias, enderezado á debilitar más
y más á las que están por debajo de su nivel, y á
privarlas por tanto de aquel recurso tan de temer,
introduciendo en lo que pasa, al grado de las pri¬
meras, por derecho internacional y cláusulas ó con¬
diciones que lo anularan.
La contienda entre los Estados de la América
del Norte demostró, sin embargo, que aun es po¬
sible saltar por encima de los obstáculos imagina¬
dos y servirse en las guerras marítimas de la pa¬
lanca del movimiento mercantil, nervio de los
intereses en la vida actual de las naciones. El corso
tuvo necesariamente que cambiar de fase, acomo¬
dándose á las alteraciones adoptadas en la nave¬
gación; pero en el objetivo y en los procederes,
así como en los efectos contrarios á las pretensio¬
nes de dominación, siguió su carrera por lo que
se ha visto, favoreciendo á los oprimidos. Díganlo
los sucesos.
Tranquilos atendían á sus operaciones los nego¬
ciantes de Boston y de Nueva York, pensando que
en guerra interior con gentes dedicadas á la agri¬
cultura nada podría turbar el curso ordinario de
su comercio. Los Estados del Norte disponían de
mayor población y de incomparable riqueza; de
ellos eran los arsenales , las fábricas, los estable¬
cimientos técnicos; de ellos, la armada militar; de
ellos la mar, en fin. Los Estados del Sur estaban,
no obstante, resueltos á extender sobre las olas
testimonio de vitalidad, y el l.° de Julio de 1861
despacharon bajel que diera al viento la bandera
de su confederación.
Llamábase este buque Sumter. Endeble y pe¬
queño, respondiendo únicamente á las necesida¬
des de comunicación periódica entre los puertos
de Nueva Orleans y la Habana, para las que fue
construido, medía 500 toneladas, y le proporcio¬
naba impulso máquina de vapor de corta fuerza.
Deshechos los camarotes de pasajeros, fortalecida
un tanto la cubierta, reformada la arboladura con
el fin de servirse de ella en lo ordinario, se armó
el vaso con dos cañones giratorios en crujía y cua¬
tro obuseros del calibre de á 24 en las bandas. El
director de la transformación, el que iba á serlo de
la campaña y alma de la navecilla, era Mr. R. Sem¬
ines, oficial distinguido de la marina de guerra
ahora enemiga, hombre de inteligencia, de ins¬
trucción y de entereza bien probada pronto, em¬
pezando por la salida del Missisippí rompiendo el
bloqueo, perseguido por los guardianes de la boca.
Hizo la primera captura de barcos mercantes el
día 3; verificó seguidamente otras siete sin difi¬
cultad, siendo en la tierra y no en las aguas donde
había de encontrarlas. Lo mismo en el puerto de
Cienfuegos, de Cuba, primero en que entró, que
en los sucesivos de las antillas inglesas, francesa^
y holandesas, el reconocimiento de su Gobierno y
pabellón, la observancia de las leyes de neutrali¬
dad y de asilo, le obligaron á tratar y á discutir
con las autoridades locales; á hacer entrega de pre¬
sas y prisioneros, y á sufrir toda especie de entor¬
pecimientos en la provisión de efectos ó comesti¬
bles que necesitaba reemplazar.
Se los suscitaban principalmente los cónsules
acreditados de los Estados Unidos, por lo general
activos, hábiles, y que no limitándose á la gestión
natural de los oficios, no en todas ocasiones repug¬
naron medios ilícitos : el soborno de los marine¬
ros, por ejemplo; la compra anticipada del carbón,
ó el flete de las embarcaciones de que pudiera ser¬
virse. Semmes á todo se sobrepuso, menos á la pre¬
tensión de utilizar los barcos capturados, inacep¬
table por parte de los neutrales: así, determinó
destruir cuantos cayeran en sus manos, una vez
probada con exhibición de documentos fehacien¬
tes la propiedad enemiga de la carga, pues en caso
de pertenecer á amigos, ponía á rescate el vaso.
Sosteniendo el crucero por el mar Caribe, Costa
Firme y Brasil, el resto del año, dirigióse á Eu¬
ropa al empezar el de 1862, sabiendo que no me¬
nos de ocho bajeles de guerra de fuerza superior
le andaban á los alcances, con órdenes precisas
del Gobierno de Washington para deshacer aquel
estorbo, molesto más de cuanto pudiera presumirse
de su pequeñez, pues abultando la fama en alas
del temor la entidad de los daños, por la subida
de los fletes y crecimiento en las pólizas de segu¬
ros, se estimaban en un millón de pesos las pér¬
didas de aquellos negociantes de Nueva York y
Boston nombrados anteriormente, y esto sin po¬
ner en cuenta la influencia moral ejercida por
aquel barquichuelo, el desconcepto de los jefes
que lo perseguían, la irritación de los políticos y
las censuras de los periódicos.
En realidad hizo el Sumter en nueve meses de
campaña diez y ocho presas, de las que siete in¬
cendió, tomando de algunas otras pagarés ó libran¬
zas por soltura. Más no pudo hacer: reconocido el
buque en la bahía de Cádiz, apareció que por el
trabajo extraordinario y constante á que se le
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30 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.° xxiv — 379
constreñía, necesitaba reparaciones considerables
en el casco y en la máquina, y, lo peor del caso,
reemplazo de las calderas, declaradas inservibles.
Obras de tanta importancia, equivalentes á la
transformación del bajel, no cabía autorizarlas
sin faltar á los preceptos rudimentarios de auxilio
por humanidad ó arribada forzosa: en la aprecia¬
ción coincidieron las autoridades españolas y las
inglesas de Gibraltar, adonde el Sumter se tras¬
ladó tentando el último extremo; y no quedándole
el de volver á la mar en tan mala disposición, por
haber llegado á celarlo desde Algeciras buques
enemigos, el comandante Semmes determinó des¬
armarlo allí donde estaba, reservando su propósito
de adquirir barco mejor y de continuar la empresa
osada con que había de alcanzar renombre entre
los marineros del siglo.
Cesáreo Fernández Duro.
XjA.8 MANOS.
(p^AN ustedes al teatro, y á poco que se
fijen en la «acción» de los comedian-
_ tes, observarán que la mayor parte, y
entre ésta muchos de los que pasan
por n°tables y aun Por eminentes,
«no saben qué hacer con las manos».
«Ellos» necesitan. tenerlas constante¬
mente ocupadas con el bastón ó con el som¬
brero ó metidas en los bolsillos; «ellas» no
s pueden pasar sin el pañuelo ó sin el abanico;
y cuando unos y otras, por la índole del papel que
representan ó de la situación en que los ha puesto
el autor, se ven privados de aquellos « indispensa¬
bles auxiliares», son de notar la violencia de sus
actitudes, la torpeza de sus movimientos, el emba¬
razo de su acción y la figura desgarbada que pre¬
sentan sin atinar con el modo natural de mover
los brazos ni saber cómo ni dónde colocar las
manos.
A mí me ha confesado un actor, muy aplaudido
por cierto, que cuando sale á escena cada mano «le
pesa un quintal»; y actriz hay que desde que se le¬
vanta el telón envidia á la Venus de Miio, no por
su belleza extraordinaria, sino por su carencia de
tan «incómodas» extremidades torácicas.
Así vemos, que mientras unos actores apenas
mueven alguna vez las manos, siempre con los
brazos caídos y pegados al cuerpo, como soldados
de madera de las cajas de juguetes, otros los mue¬
ven descompasadamente como si fueran aspas de
molino, ó los levantan á modo de «Juanes de las
Viñas» y como si de vez en cuando les tiraran de
un cordelito.
Ven ustedes un cuadro, una estampa, una cari¬
catura, y á poco que reparen en los pormenores
de las figuras notarán que en muchos casos, y aun
en obras de artistas célebres y celebrados, las ma¬
nos dejan bastante que desear, y cuando no son
defectuosas, desproporcionadas ó imperfectas, apa¬
recen en colocación impropia y forzada, como si
en ese punto hubiera sido imposible lograr la «na¬
turalidad» del modelo ó hubiera fracasado el ta¬
lento del artista. Y cuenta que no son pocos los
pintores, dibujantes y caricaturistas qae al dar en
ese tropiezo, y no acertando á vencer la «dificul¬
tad» que las manos ofrecen, apelan , como algunos
comediantes, al recurso de esconderlas, ó procu¬
ran disimular sus defectos acudiendo á algún otro
recurso más ó menos ingenioso.
Yo he visto cuadros y dibujos en que figuras
muy lindas estaban afeadas por manos que no pa¬
recían «de la misma mano»; manos extendidas que
á primera vista se hubieran tomado por manojos
de espárragos; manos cerradas que semejaban ca-
becitas de ídolos indios, y manos entreabiertas,
con todas las apariencias de pulpos marinos.
Esas «dificultades artísticas» en el uso y en la
copia ó representación de las manos corresponde,
sin duda, á la importancia extraordinaria que las
manos tienen, y á su indudable supremacía sobre
las demás partes del cuerpo humano, excepción
hecha de la cabeza, morada de la inteligencia,
cuando se tiene, y del corazón, albergue del senti¬
miento, cuando no se carece de él.
Y hasta en el lenguaje usual y corriente se re¬
conoce y declara esa superioridad aun sobre el co¬
razón y sobre la cabeza.
Si un hombre desea realizar su unión con una
mujer santificándola por el matrimonio, no pide
su corazón, como parece lógico y natural, como
centro del amor que inspira aquel deseo de unión
y ha de contribuir á hacerle dichoso: el hombre
pide «su mano» , porque de ese modo se entiende
que lo ha pedido todo.
Si una persona quiere dar el testimonio más evi¬
dente de la virtud de otra, ó la prueba más termi¬
nante de su absoluta confianza en ella, no dice que
pondría su cuerpo en una hoguera, su cabeza en
un horno ó sus pies en la lumbre: dice que pondría
« las manos en el fuego», dando á entender que
exponerse á perder las manos es el mayor sacrifi¬
cio que puede imaginarse.
Aplícase á un enfermo medicina tan oportuna,
provechosa y eficaz, que el paciente logra rápida
curación ó inmediato alivio, y todos convienen en
que aquella medicina admirable ha sido « mano de
santo».
Sucesos inesperados, circunstancias imprevis¬
tas llegan á favorecer al hombre honrado reme¬
diando sus desdichas, sacándolo de trances en que
parece ya imposible toda salvación ; vienen á cas¬
tigar al malo, causándole quebrantos y dolores, ó
destruyendo sus inicuos y mejor fraguados planes;
concurren para descubrir el crimen que ha que¬
dado impune, ó para vindicar la inocencia injus¬
tamente perseguida ó calumniada, y en aquellos
sucesos y en aquellas circunstancias ven todos «la
mano de Dios».
En. los trances apurados, en las situaciones gra¬
ves, en los momentos de angustia, de dolor, de es¬
peranza ó de desaliento, se levantan los ojos al
cielo para pedir fuerzas, para implorar clemencia,
para buscar consuelo; pero como recurso supremo,
como último recurso para lograrlo, á la vez que
los ojos, se alzan «las manos al cielo».
Pilatos después de sentenciar al Justo se lavó
«las manos», creyendo que eso bastaba para puri¬
ficar su alma de aquel crimen; el sacerdote en la
misa lava sus manos ínter inocentes ; Jesucristo, al
expirar en la cruz por su amor á los hombres, pro¬
nunció esta su «última palabra», dirigiéndose á
su divino Padre: ín « manas tuas » commendo spi-
ritum meum.
Signo de afecto, de amistad, de paz, fué siem¬
pre «darse las manos», ya materialmente, en el
último caso, estrechándoselas los jefes de los ejér¬
citos enemigos, ya simbólicamente entregándose
mutuamente «manos de bronce, de plata ó de
oro»; señal de convicción ó de sinceridad ha sido
en todo tiempo hablar con «la mano puesta sobre
el corazón»; expresión de la mayor franqueza y
de la bondad suma tener «el corazón en la mano»,
y condición esencial para la eficacia del juramento
colocar la mano sobre los santos Evangelios ó po¬
nerla sobre el sagrado objeto por que se jura, ó
cuando menos extenderla en el aire abierta y con
la palma hacia abajo para dar mayor solemnidad
y fuerza al juramento.
El sacerdote que bendice, el padre que desea
atraer sobre sus hijos los favores del cielo, el rey
que el Viernes Santo en la ceremonia de la ado¬
ración de la Cruz «perdona á los que delinquen
para que Dios lo perdone», unen ai pensamiento
y al deseo el movimiento ó la imposición de las
«manos», como si fuera requisito indispensable
para fortalecer ó confirmar su anhelo y sus pa¬
labras.
Para dar idea de una conversación íntima, afec¬
tuosa, confidencial, que los franceses llaman un
cabeza á cabeza ( tete-u-tete), los españoles tenemos
una frase mucho más propia y expresiva: «hablar
mano á mano;» para ponderar la mala suerte del
que no encuentra quien le proteja, decimos que no
hay quien «le dé la mano»; para indicar ó desear
el acierto en cualquier asunto ó empresa, nuestras
palabras son éstas: «¡Buena mano!»; para hacer el
más significativo é inexcusable cumplimiento á
una persona, aunque sólo de palabra ó por escrito,
«se le besa la mano»: la ceremonia palatina en que
los cortesanos demuestran más ostensiblemente
su afecto, sumisión y acatamiento á los reyes, es
el besamanos .
En unos versos que leí, hace algunos años, en
una velada que el Centro Instructivo del Obrero
dedicó á la memoria de mi inolvidable amigo Fe¬
lipe Ducazcal, decía yo:
«No es la mano solamente
Un pedazo deleznable
De este cuerpo miserable
Que el mal rinde fácilmente.
No; que siempre con razón
Para el noble y el Yillano,
Ha sido y será la mano
Trasunto del corazón.
Por eso, si un daño aflige
Ó un goce en el alma anida,
La mano, como atraída,
Al corazón se dirige.
Por eso todo hombre busca
La de algún querido sór,
Cuando le anima el placer
O cuando el dolor le ofusca.
Y es de admiración objeto
La del hombre superior,
Ya se estreche con amor,
Ya se bese con respeto.
Por eso la honrada mano
Del obrero, encallecida,
Vale más que la pulida
Del inútil cortesano.*
Y ustedes perdonen que haga esta «cita» mía,
pero no tengo «á mano» otra.
Conste, pues, para terminar — ó dicho ahora con
mayor propiedad — para «dar de mano» á este tra¬
bajo, que es innegable la superioridad de la mano
sobre las demás partes de nuestro cuerpo, y que,
como dice un amigo mío, también aficionado á los
juegos de palabras, sin duda por eso es la mano la
que en todo caso lleva . la palma.
Felipe Pérez y González.
CARLOS DE HAES.
A desaparecido para siempre este ar¬
tista ilustre, cuyo pincel, por hallarse
completamente ocioso de años atrás,
fué cayendo en olvido, y con él una
de las figuras que más influencia han
ejercido en el desarrollo del arte en
nuestra patria durante casi toda la se-
gunda mitad de este siglo.
^ Nació Ilaes en Bruselas poco antes de 1830,
de familia distinguida, de origen holandés.
Hizo en Bélgica su educación primera, base de
una cultura poco común, que mostró siempre, no
ya en las obras artísticas que creó, sino en todas
las manifestaciones de su vida, y que hizo el en¬
canto de cuantos cultivaron su trato. De niño
aprendió el dialecto flamenco, que no olvidó ja¬
más, á la par que los idiomas francés y holandés.
Dotado de aptitud para las lenguas, conocía bien
el inglés y algo del alemán é italiano, y al trasla¬
darse desde Bélgica á Málaga su familia, cuando
su padre se estableció como comerciante en aque¬
lla población, Haes, todavía muchacho, al apren¬
der el castellano, se asimiló no poco del acento
andaluz, que dio un tinte y un gracejo especial á
su conversación siempre culta, amena y chispean¬
te, sin caer jamás en lo vulgar ni chocarrero. Esta
amalgama de lo flamenco de origen y de lo fla¬
menco de Málaga fue en él una cualidad que le
daba gran atractivo, y que unida á su tan distin¬
guido y elegante porte y á su corrección en el
trato, maneras y ademanes, le hubiera abierto
todas las puertas, si su gran talento de artista no
las hubiera hallado siempre de par en par.
Intentó su padre dedicarle al comercio, pero su
vocación le llamaba hacia otro lado, y de las en¬
señanzas mercantiles no sacó otra cosa, y no fué
poco, sino los hábitos del más perfecto orden eco¬
nómico, unidos á la más rigurosa formalidad y
exactitud en el cumplimiento de todos sus com¬
promisos y obligaciones. Para él, contestar una
carta, corresponder á un obsequio, devolver una
visita, eran deberes cuyo incumplimiento le ponía
nervioso: consideraba éstos como letras á la vista,
cuyo pago no consiente aplazamientos ni excusas.
De carácter firme y vocación decidida, no pudo
sujetarse á los intentos paternos, y pronto hubo
de poner los ojos en el arte de la pintura, eligien¬
do la especialidad del paisaje, que casi exclusiva¬
mente cultivó desde su juventud.
Su origen patrio y las relaciones de familia y
amistad, hicieron que fuera Bélgica el país en
que se dedicó, durante varios años, al estudio se¬
rio del arte. Si hubiera podido escoger, segura¬
mente hubiera optado por Francia, donde á la
sazón estaban en su apogeo los paisajistas más
grandes de este siglo, que es, á no dudar, el que
ha revelado en esta rama del arte manifestacio¬
nes bien diferentes y de orden quizás superior al
de anteriores épocas.
En Francia, cuando Haes la atravesó para ir á
Bélgica, allá hacia el año 1850, florecían aquellos
paisajistas que, inspirados, á no dudar, en otros
ingleses anteriores, y en particular en Constable,
constituían lo que más tarde se ha llamado la es¬
cuela de Barbizón, cuyas firmas son hoy cotizadas,
y con razón, tan altas cual las de los grandes
maestros de los siglos xví y XVII. Eran aquéllos
Rousseau, Troyón, Corot, Millet, Daubigny y
otros no tan célebres. Los principales paisajistas
belgas no rayaban á la altura de estos colosos,
pero eran reflejos suyos.
Haes tuvo por maestro á Quinaux, paisajista de
grande habilidad técnica que le inculcó su maes¬
tría en el dibujo, base de enseñanza de todas las
artes plásticas. Al poco tiempo de aprendizaje,
Haes, que se hallaba dotado de las mayores apti¬
tudes, y que fue un traba jor incansable, resistente
cual ninguno á todas las fatigas de la vida del pai¬
sajista, y Dios sólo sabe cuán grandes son éstas,
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MADRID. — LA PRIMERA COMUNIÓN DEL REY D. A
(dibujo de ji
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Alfonso xiii en la capilla del real palacio.
)E,ijAN comba.)
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382 — n.° xxiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Junio 1898
comenzó á distinguirse entre sus compañeros y
logró alcanzar éxitos en las Exposiciones de Bél¬
gica.
De regreso á Málaga, envió á Madrid, en 1856,
dos cuadros destinados á la Exposición Nacional.
Desconocido, y sin relaciones ni apoyo, pasó lo
de siempre: colocaron mal sus cuadros; pero el
público, llevado de la mano por la crítica inteli¬
gente, que manifestó sus juicios en la prensa, hizo
justicia ai artista poniendo en el lugar que mere¬
cían sus obras, que de otra suerte hubieran pasado
inadvertidas.
Contrajo en Madrid, con ocasión de estos suce¬
sos, amistades que le fueron muy preciosas du¬
rante el curso de su vida. Uno de sus íntimos de
entonces, y con el cual le unió para siempre amis¬
tad fraternal, fuó el distinguido literato Federico
Muntadas, conocido de todo el mundo por haber
sacado á luz las bellezas de sus propiedades en el
río Piedra, en las cercanías del monasterio de este
nombre en Aragón. Muntadas instó á Haes á pasar
una temporada en Piedra; fué, en efecto, el artista
á acompañar unos días á su amigo, pero quedó tan
encantado del paisaje, que pasó allí todo el verano
haciendo estudios, los cuales, expuestos en Madrid
en el otoño, causaron el asombro de todos los ar¬
tistas y aficionados. He oído referir á Raimundo
de Madrazo, que fué uno de aquellos entusiastas,
el gran contento que tuvo al ir en compañía de
otro pintor tan conocido, Suárez Llanos, una ma¬
ñana á la Casa de Campo á ver pintar á Haes. Ma¬
drazo y Llanos llevaban sus cajas, pero no las
abrieron; querían tan sólo observar cómo se go¬
bernaba delante del natural aquel artista, mitad
belga, mitad español, que se había entrado de sor¬
presa asombrando á todos con sus cuadros y estu¬
dios, que parecían ventanas abiertas al campo.
Corría el año 1857. Muerto Pérez Villaamil, que
era profesor de paisaje en la Academia de San
Fernando, se convocaron las oposiciones á la cá¬
tedra vacante. Haes, en aquella época, tenía el
propósito de volver á Bélgica, y lo hubiera reali¬
zado á no ser por su viaje á Piedra ya referido.
Sus amigos y admiradores de Madrid le impulsa¬
ron ¿ que se presentase á las oposiciones de aque¬
lla cátedra de paisaje. Esto determinó que se
quedase entre nosotros, y á ello debemos que su
nombre sea una gloria del arte moderno español.
La superioridad de Haes sobre sus compañeros
de oposiciones era tal, que, á pesar de las influen¬
cias que mediaron, ninguno pudo disputarle el
triunfo. Los trabajos que fuó realizando durante
aquellos ejercicios, producían tal sorpresa entre
los opositores; los procedimientos de que se ser¬
vía eran tan diferentes de los conocidos, tan otra
la brillantez de los colores que usaba, que en cierta
ocasión hubieron de descerrajar la caja de su uso
con el fin de sorprender algo que buscaban como
causa secreta de lo que no era otra cosa que el
fruto de una enseñanza sabia, basada en el estudio
del natural, puesta al servicio de una inteligencia
clara y despreocupada, todo ello en contraposición
á los métodos inspirados en amaneramientos de
escuela y en convencionalismos tan al uso enton¬
ces en España.
Y, sin embargo, las obras que tanto asombro
produjeron entre sus colegas y sus admiradores
de aquella época no son, ni con mucho, compara¬
bles á otras por él ejecutadas con posterioridad.
Los estudios y aun los cuadros de Haes de toda
aquella época, muy bien dibujados, es cierto, ado¬
lecen de cierta nimiedad y tienen un color tosta¬
do, debido principalmente al abuso del asfalto, de
que entonces se servía para buscar transparencias.
El mismo, cuando contemplaba alguna de las
obras de su juventud, decía que eran duras y ta¬
bacosas, y más de una vez, habiéndole preguntado,
ante alguna de ellas que hacía largo tiempo no
había visto, qué efecto le producía, exclamaba:
«Hecho de menos un incendio.»
A esta su primera época pertenecen los estudios
que existen en la clase de paisaje de la Escuela de
Bellas Artes, pintados en su mayoría en Bélgica;
el cuadro hecho para las oposiciones á la cátedra,
que se conserva en la misma Escuela, y que repre¬
senta una vista del Palacio Real desde la Casa de
Campo; y también, aun cuando fuó pintado poste¬
riormente, el famoso lienzo de El Valle del Lo -
zoya, existente en el Museo moderno, el cual
figuró y obtuvo gran celebridad en la Exposición
Nacional de 1860.
Desde esta fecha se inicia la del apogeo del ar¬
tista, quien fuó desarrollando y afinando sus cua¬
lidades en una vida de constante laboriosidad. No
tan sólo desempeñaba la cátedra de paisaje de la
Escuela superior de Pintura, y dirigía desde ella
la educación de multitud de discípulos, sino que
también era profesor de dibujo en la Escuela de
Ingenieros de Caminos, y como académico de San
Fernando, que lo fué aquel mismo año de 60, asis¬
tió á las juntas y comisiones de aquella Corpora¬
ción. Trabajaba, además, constantemente en su
estudio de la calle de San Quintín, donde pintó
numerosos cuadros que le encargaban á porfía los
aficionados más distinguidos. En el Palacio Real,
en las casas de los grandes, en las de todas las
personas de alta posición social, los paisajes de
Haes alternaban con los retratos del maestro don
Federico de Madrazo.
Su actividad no se limitaba á la vida del estudio
y de la cátedra. Hombre de sociedad y de cultura,
frecuentaba los círculos literarios, y estrechó la¬
zos de amistad con los escritores y publicistas de
aquel tiempo. Cañete, Tamayo (que también acaba
de morir), Morphy, Zarco del Valle fueron sus
íntimos; y en esta vida de múltiples ocupaciones,
aun le quedaba tiempo para asistir á los salones
más en boga, entre ellos el de la Condesa de Ve-
lle, quien, muy amante de las artes y protectora
de ellas, reunía en su casa á lo más florido de los
artistas de la época, como Rosales, Palmaroli,
Luis Alvarez, Víctor Manzano, Araujo, y tantos
otros de aquella pléyade.
Vivía con su familia, á la cual había hecho ve¬
nir de Málaga á disfrutar á su lado de aquella
época de bienestar y de gloria; y su madre, á cada
nuevo cuadro que su hijo pintaba, reunía á sus ín¬
timos para enseñarles gozosa la nueva creación.
Libre del desempeño de sus cátedras durante el
verano, empleaba Haes esta estación, la más fa¬
vorable para todo paisajista, en hacer largas ex¬
cursiones por España y el Extranjero, en las cua¬
les, impulsado por una verdadera fiebre de trabajo,
pintaba estudios sin cuento, que aprovechaba du¬
rante los inviernos para hacer cuadros, á fin de
satisfacer las numerosas peticiones de su escogida
clientela.
De sus campañas de aquellos años merece con¬
signarse la de Elche, á la cual fué acompañado de
algunos discípulos y amigos, entre ellos el inolvi¬
dable Zeferino Araujo Sánchez, que también fuó
paisajista é imitador de Haes, pero que se dió á
conocer más bien como crítico, y á él debemos
muchas obras y trabajos de este género que son
de todos conocidos. Araujo era uno de los amigos
más entusiastas de Haes y más conocedor de su
vida y de sus obras, y si él viviera, es bien seguro
que no fuera yo quien se hubiera atrevido á dis¬
putarle el honor de escribir estas líneas.
Otra excursión de Haes fuó la realizada á través
de la Mancha, para hacer la reproducción de los
paisajes por los cuales cruzó el Ingenioso Hidalgo.
i Había que oirle contar las aventuras que le ocu¬
rrieron, tan cómicas algunas como las del héroe
manchego! Pero como el viaje de éste no fuó cosa
real, sino de la imaginación de Cervantes, fuéle
á Haes imposible seguir las etapas de Don Quijote,
y hubo de desistir de su propósito.
Por aquella época colaboro en la revista El Arte
en España , fundada por Cruzada Villaamil, en
compañía de Enrique Mélida, Araujo, Suárez Lla¬
nos, y tantos otros, de los que pocos viven ya.
Haes publicó en ella algún artículo; pero lo más
importante que dió á la estampa en tan exce¬
lente publicación fuó una serie de paisajes graba¬
dos al agua fuerte, en los que reveló aptitudes
desconocidas en él hasta entonces. Sabidas son las
dificultades de este procedimiento de grabado,
que Haes logró dominar con su constancia y labo¬
riosidad ya tan probadas.
Sus viajes al Extranjero alternaban con los que
hacía por el interior de España, y así fuó enrique¬
ciendo con los estudios numerosos que de ellos
aportaba la inmensa colección que atesoraba para
sus cuadros. Tenía por principio de conducta no
desprenderse jamás de ningún estudio hecho de¬
lante del natural.
Por los años de 72 y 73 se dedicó con preferen¬
cia á pintar marinas y rocas en las costas de Viz¬
caya y Santander, aficionándose á este género, que
alternó desde entonces con el de paisaje. También
pertenecen á esta época buena cantidad de estu¬
dios de gran tamaño hechos en las cercanías del
monasterio de Piedra, en el pueblo de Jarava, de
terrenos y rocas amarillas y rojizas, que interpre¬
tó con el mayor vigor de claroscuro y brillantez
de color. Ya entonces había ido desterrando de
sus obras la nimiedad y dureza que se advierten
en las de su juventud, y pintaba con mayor ampli¬
tud y desenvoltura. También abandonó por com¬
pleto los frotes con asfalto, cuyo color llegó á de¬
testar, y hasta lo eliminó de su paleta. Pintaba de
primeras, sin preparación ni bosquejo, logrando
así gran frescura y brillantez en las tintas. Procu¬
raba hacer cada estudio del natural en una sesión
de dos ó tres horas, empleando lo más dos sesio¬
nes, según el tamaño del lienzo.
De año en año, con este trabajo constante, fué
adquiriendo gran práctica y maestría en estos ejer¬
cicios delante del natural, en los cuales gozaba el
artista mucho más que cuando en su taller pintaba
los cuadros de encargo. Estudios y más estudios
en el campo: este era su lema, que imponía tam¬
bién á sus discípulos. No se hallaba satisfecho si
después de cada viaje de verano no aumentaba su
colección con un centenar de ellos. Aprovechando
horas perdidas ó sesiones cortas, pintaba del na¬
tural multitud de tablas pequeñas que jamás reto¬
caba.
Observaba Haes fielmente la tradición apren¬
dida de sus maestros, de pintarlos cuadros, bien
copiando en mayor escala los estudios hechos del
natural, bien componiendo dichos cuadros con
asuntos tomados de aquéllos. Son contados los
cuadros que hizo pintados directamente del natu¬
ral, á excepción de las citadas tablas de tamaño
pequeño, que como cuadros pueden considerarse.
También al pintar aquéllos procuraba hacerlo de
primeras; pero en esta obra de segunda mano
nunca consiguió, y él fué el primero en recono¬
cerlo, la frescura y espontaneidad de sus estudios:
de ahí la mayor estimación que de éstos hacía.
Por aquellos días del 70 al 80, el número de sus
discípulos fué aumentando. Sería imposible recor¬
dar los nombres de todos; entre ellos se contaba
José Jiménez, hermano de Federico, el conocido
pintor de animales, cuyos estudios de paisaje le
revelaron como pintor de la raza de Daubigny: su
muerte prematura nos privó de una gloria verda¬
dera. Morera, cuyo nombre ya ilustre nos evita
todo elogio, fué desde entonces también su discí¬
pulo predilecto, y más tarde fué para él como un
hijo, y le acompañó constantemente durante más
de veinte años, hasta la hora de la muerte. Mon-
león, Férriz, Agustín Lhardy, Entrala, Bernardo
Villamil y tantos otros, fueron también los discí¬
pulos de Haes de aquella década.
Tuve yo el honor, desde el año de 1873, de serlo
también y de acompañarle en varios viajes y ex¬
cursiones, amén de las que hacíamos anualmente
todos los de su clase las mañanas de Mayo, desde
la Academia de San Fernando al monte del Pardo
ó á sus cercanías, que terminaban al fin de cada
temporada con un fraternal banquete que Haes
presidía, alternando con todos como el compañero
más alegre y espiritual, después de habernos mos¬
trado la mayor solicitud corrigiendo á todos uno
y otro día. En aquellas inolvidables mañanas pri¬
maverales, Haes, no tan sólo nos aconsejaba y re¬
tocaba los estudios de todos nosotros, sino que
pintaba para sí. No podía someterse á ir al campo
y no traer algo pintado del natural.
José Entrala, cuya aptitud para el paisaje era
envidiada por nosotros y muy estimada por Haes,
y yo, tuvimos la fortuna de acompañar al maestro
en el verano del 74 á los Picos de Europa. Bien nos
mostró Haes á qué punto llegaban su entusiasmo
y su laboriosidad; bien nos estimuló con su ejem¬
plo. Jamás estaba ocioso, y cuando la lluvia nos
imposibilitaba de pintar en el campo, faena en la
que empleábamos todas las horas de luz, él aprove¬
chaba el tiempo pintando, desde la ventana de la
posada ó de la fonda en que nos hallábamos, lo
que veía delante. En aquel viaje trabajó enorme¬
mente, y entre los muchos estudios que hizo se
cuenta aquel de que se sirvió para Su cuadro La
Canal de Mancorbo , del Museo moderno.
También hicimos juntos el viaje del verano si¬
guiente, que empezó por Alsasua y Aranzana. Po¬
cos meses después, en 1896, contrajo Haes matri¬
monio con D.R Inés de Uhagón. La fortuna, tan
pródiga con Haes hasta entonces, le volvió la es¬
palda en aquella ocasión, pues perdió en breves
días á su amada compañera y á la hija que de ella
tuvo, antes de cumplir el año de su matrimonio.
Desde aquella época empezó Haes á mostrar
más afición á las nieblas y tintes grises del Norte,
y especialmente de Holanda, que á la luz meri¬
dional de España. Creía que era más apto para la
interpretación del paisaje de aquellas comarcas.
Y estaba en lo cierto al pensar así, pues aun cuan¬
do se advierte gran progreso en su paisaje de La
Canal de Mancorbo , que puede presentar como un
buen ejemplar de so segunda época, comparándolo
con el del Valle del Lozoya, tipo de los de su pri¬
mera, no iguala aquél á los hechos en los últimos
años de su vida de pintor, sobre todo el de las Cer¬
canías de Vreeland, que fuó premiado en París en
la Exposición Universal de 1878, y que es, á mi
juicio, la más completa expresión del talento
de este paisajista. En dicho cuadro, de vigoroso
efecto, de colorido jugoso y de una factura envuelta
y magistral, trabajó Haes cual en ninguno de sus
cuadros; y no contento con el éxito obtenido en
París, volvió á retocarlo y á corregirlo, logrando
con este trabajo, hecho en diferentes épocas, un
empaste que no tienen otras obras suyas. Además
de ésta podríamos citar multitud de ellas que pintó
en los últimos años de trabajo, pues su labor en¬
tonces fué tan intensa como en su juventud, bus-
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30 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
N.a xxiv — 383
cando siempre la tonalidad análoga á la del cuadro
que hemos mencionado, inspirada en las brumas
y paisajes nublados del Norte.
Hace ya tiempo que, fatigado su organismo por
un trabajo tan continuo y tan intenso, puede de¬
cirse vertiginoso, y quebrantada su salud por la
fatiga, empezó á sentir desasosiego, y aun dolor
físico, así que trabajaba algunas horas seguidas. Su
dolencia fué agravándose, y hubo de resignarse a
abandonar por completo el trabajo, privándose
del goce de la realización de tantas obras que ima¬
ginara, lo cual fué para el artista una muerte mo¬
ral. Su vida intelectual quedó reducida á la con¬
templación y á la lectura, y al trato de los muchos
amigos que siempre le rodearon. En su estudio,
lleno de estudios y de cuadros por él pintados,
rara vez se hablaba de pintura, que para él era una
teres por nuestros lectores de América, y con gra¬
titud por los de España. Dice así:
*Sr, Director de La Ilustración Española y Americana.
Madrid.
»Una reunión tan trascendental como entu¬
siasta y conmovedora tuvo lugar el domingo 8 de
Mayo en esta histórica ciudad de Mendoza, capi¬
tal de uno de los Estados más prósperos y popu¬
losos que forman la Confederación Argentina.
»Lo más selecto de esta sociedad, por su in¬
teligencia y su posición, invitó á «los amigos
de España» á un fneeling que se celebró el día
mencionado en el teatro Municipal, á las dos
de la tarde, y que fue un acto imponente y entu¬
siasta.
»nal al menos. Y cuando, venciendo esos prejui¬
cios, he estudiado su historia, deslumbrándome
»ante las espadas de sus héroes y la luz de sus ge-
»nios; cuando he admirado al Cid y me ha abru¬
mado Cervantes, ha surgido en mí, como revela-
»eión inefable y arrebatadora, el amor, el entu¬
siasmo, el orgullo de tener su sangre y proceder
»de su patria, con la satisfacción de conquistar por
»mí mismo esos tesoros que se me tenían ocultos
»por torpe injusticia y cobarde recelo. Sí, todos
»los americanos hemos sido ingratos con España,
»pues permitiendo que muchas naciones extranje¬
ras tengan aún posesiones en América, parece
»que sólo hubiéramos tenido empeño en ver des-
»aparecer de nuestro mundo el pabellón déla glo-
»riosa conquistadora.»
ilusión perdida. Pasó los últimos veranos
en Algor ta, gozando de la vista del Océa¬
no y saboreando las bellezas todas de la
Naturaleza con su exquisito reünamiento
de artista, y pintando en su mente cuanto
veia, ya que sus nervios agotados no le
consentían hacerlo en realidad.
Pocos días há, en vísperas de su viaje
anual, le vi entrar en mi casa: estaba de¬
mudado, ya presa de la traidora última
enfermedad. Esclavo, como siempre, de
los deberes de la amistad y cortesía, quiso
despedirse de mí y de los míos. «¿Qué
tiene usted, D. Carlos?, le pregunté sor¬
prendido de verle cual nunca le había vis¬
to.— Me siento muy mal, me dijo. El ca¬
lor...... Me voy á Algorta, y quería ver á
ustedes.» Fué aquella visita, que quedará
bien grabada en mi alma, la última que
él hizo.
Día llegará en que se estudien cual me¬
recen las obras de pintor tan insigne.
Sirvan entretanto estas líneas, escritas
aún con lágrimas en los ojos, de tributo
cariñoso á la memoria del maestro respe¬
tado y del entrañable amigo.
Aureliano de Beruete.
DEL SUR DE AMÉRICA.
Tiempo há que viene recibiendo La
Ilustración Española y Americana
testimonios elocuentes de las simpatías
y afectos cordialísimos que por España
sienten sus hijos de América.
Desde que los Estados Unidos empeza¬
ron á significar su espíritu de humanidad
»No hay que decir si tan leales senti¬
mientos serían aplaudidos, así como la
elocuente oración con que supo corres¬
ponderles el abogado español Sr. D. An¬
tonio López de Gálvez.
»Una preciosa niña, Fanny Gallegos,
hija del Vicecónsul español, declamó las
décimas Al Dos de Mayo de Bernardo
López García, j la Srta. Esther Fouza la
valiente Oda a España del poeta argen¬
tino D. Calixto Oyuela.
» Hablaron después un italiano, un grie¬
go y un ruso por sus respectivas colecti¬
vidades, demostrando todos su adhesión
á la causa española y protestando contra
la intromisión yankee y la barbarie de sus
bombas incendiarias con que la había sos¬
tenido en Manila.
»En nombre de los españoles cerró el
acto, dando gracias del alma, el ex direc¬
tor y propietario de nuestro Correo Espa¬
ñol de Buenos Aires, Sr. Justo López de
Gomara. No es posible transcribir todo!
su hermosísimo discurso, pero tampoco
lo es para mí omitir algunos de sus pá¬
rrafos.
«España combatida — decía el Sr. Ló-
»pez de Gomara, — España injuriada por
»uua nación inmensa, se alza con la arro-
«gancia de sus mejores días y el valor
«temerario de sus insignes capitanes, dis-
»puesta á sucumbir con honra; y cuando
»la creemos sola, abandonada ante el
»peligro y la desgracia, sus hermanas la-
» tinas y sus hijas poderosas y libres, y los
«hombres y los pueblos todos amantes del
»derecho y de la justicia, la gritan á una
»voz: ¡Adelante, preclaro paladín, con-
»tigo están los corazones todos!
»Y entre el eco ensordecedor del
y sus deseos de paz, hasta que movidos
del uno y arrastrados por los otros han ar¬
mado á la barbarie tagala contra la civili¬
zación española, y han convertido una
rebelión agonizante y otra ya muerta en
auxiliares generosos de esa guerra santa
provocada en nombre de nobilísimos sen¬
timientos de universal fraternidad contra esta Es¬
paña opresora de la libre América, esa misma
América oprimida y esclava no cesa de anatema¬
tizar la empresa yankee , calificándola de expolia¬
ción escandalosa, de brutal atropello y de villana
alevosía. Y á la vez proclama por todas partes que
esa tiranía española pintada con tan negros colo¬
res, y esa esclavitud odiosa en que yacen aún
nuestras Antillas, y á la que estuvo sujeta ante¬
riormente una gran parte de los pueblos america¬
nos, no ha podido condensarse en palabra más
dura que la que resume y expresa todos los amo¬
res, todas las generosidades y todas las ternuras:
la de «madre». Madre llaman á España las nacio¬
nes americanas que, orando en nuestro idioma,
adoran á nuestro Dios; y con ese nombre, á la vez
que desenmascaran y condenan con un enérgico
mentís la hipocresía yankee , proclaman la grati¬
tud y el amor que España supo despertar en esos
grandes pueblos cuya cuna meció con solicitud
amorosa, y que hoy, fuertes y vigorosos, dan mues¬
tras de juventud lozana, llenando de risueñas es¬
peranzas el porvenir de la humanidad.
En medio de los dolores que á España causan
las calumnias con que la ultrajan y la violencia
con que la vejan los Estados Unidos, es gran con¬
suelo para ella que la hagan justicia y le muestren
amor y reconocimiento esos otros pueblos de Amé¬
rica que la conocen mejor , y en los que no entur¬
bia las luces del entendimiento el delirio de la ra¬
pacidad, ni paraliza las fibras del corazón el hielo
del egoísmo.
Entre esos numerosos testimonios de afecto y
gratitud hemos recibido una carta que los con¬
densa todos, y que seguramente será vista con in¬
D. MANUEL C. ROMÁN,
JEFE DEL PARTIDO AUTONOMISTA LIBERAL DE PUERTO RICO.
(De fotografía.)
»E1 vicegobernador D. Jacinto Alvarez, no obs¬
tante su cargo oficial, presidió la Comisión de ar¬
gentinos que ocupaba la escena, manifestando que
prefería al pueril respeto de formulismos políti¬
cos hacer ver que el vicegobernador de Mendoza
sabía sentir como hombre honrado y proceder con
lealtad; y los ministros de Gobierno, Hacienda y
Fomento también se encontraban entre los pre¬
sentes. Los acaudalados industriales Sres. Balbino
Arizu y Miguel Escorihuela presidían la Comisión
española.
»Abrió el acto entre los aplausos del inmenso
público, de que formaban parte las más distingui¬
das damas, el Dr. D. Severo G. del Castillo, hom¬
bre de tan severo y recto carácter como acrisolada
reputación y alta inteligencia, verdadera encar¬
nación de la justicia, de que ha sido intachable
magistrado, y cuya sola adhesión suponía ya el
fallo favorable para la causa española de la opi¬
nión respetable de este pueblo.
»Otro argentino, ilustre por su claro talento y
las nobles cualidades de su viril carácter, D. Ju¬
lio L. Aguirre, habló después, y en un discurso
tan magistral como aquella grandiosa reunión
merecía, compendió dignamente sus causas y pro¬
pósitos.
«Todos los americanos — dijo entre otras mu-
»chas bellezas y en noble arrebato de elocuencia, —
»todos los americanos hemos sido ingratos con
»nuestra gloriosa madre patria, inculcándosenos
»desde la escuela cierta injusta aversión, como si
»se temiera que la natural atracción del afecto
»fuese tan grande que pudiera poner en peligro
»nuestra independencia, ó nuestro carácter nacio-
» mundo honrado se destaca una voz que
»agita y conmueve todas las fibras de mi
«alma: la voz argentina, la de mi esposa,
»la de mis hijos, la de mis amigos y com-
» pañeros de todos los días, que gritan á
»mi patria: ¡Madre, contigo estamos! Y
»en medio de tan profundas emociones,
»y cuando en la cultísima ciudad de Mendoza se
»celebra una manifestación del universal senti-
»miento, ¿he de ser yo quien pueda, no ya pagar,
»pero aceptar siquiera deuda tan inmensa de gra¬
titud y de nobleza?
»En la perversa tierra hay quien, valiéndose de
»la fuerza de la materia bruta, violenta y disloca
»la rectitud y alteza del espíritu; ved en el Norte
»un pueblo que, laborioso y próspero, parecía des-
»tinado á ser el Paraíso del moderno Redentor,
»el trabajo; y la ambición, el orgullo ó el delirio
» tremendo del vicio, haciéndole olvidar que no
»sólo de pan vive el hombre, han hecho de él el
» criminal incendiario que con la tea en la mano
»amenaza destruir diecinueve siglos de cultura.
»Por horrible sarcasmo, la antorcha de la civiliza-
»ción iluminando al mundo se ha convertido en
»la mecha del petróleo que la deshonra y ani-
»quila, y los marinos españoles han perecido en-
»tre sus llamas como heroicos mártires de la más
»sacrosanta de las religiones: la religión de la
» patria.
»¡Oh! ¡ese pueblo no merece llamarse america-
»no! Y no lo es, en efecto.
»Descubierta América por velas latinas, el yan~
y>Jcee no puede desempeñar en su territorio otro
» papel que el de usurpador intruso que anhela
»apoderarse del fruto del trabajo ajeno. Tejas y
»California y Cuba lo comprueban. El águila del
»Norte acecha la presa en que saciarse; las estre-
»llas de la noche esperan las sombras en que ex-
»tender su reinado: si les fuera posible, América
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384 — n.° xxiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Junio 1898
rentera sería estrecha á su ambi¬
ción; pero hay en el Sur un pue-
»blo llamado á ser el campeón , el
areivindicador de los derechos y
^grandezas de la raza: la República
» Argén tina, donde no tememos in¬
vasiones de estrellas, porque á la
»luz del sol de Mayo vivimos en
»pleno mediodía y se eclipsarían
apronto cuantas osaren penetrar en
»su horizonte.
>En el palenque de la historia, los
»siglos y las razas contemplarán la
* liza y aplaudirán el triunfo, y al
»fin América, abierta á todos los
^hombres de bien , será de los ver¬
daderos americanos, sus legítimos
dueños, y no de aquellos que estam¬
pan rótulos pomposos para disfraz
de malas mercancías. »
>En esos mismos días se había
constituido en toda la República la
c Sociedad de Damas Pro Patria
para contribuir con suscripciones
nacionales al engrandecimiento de
la Marina argentina, y en el mismo
teatro donde se hablaba acababa de
verificarse un baile de niños con ese
objeto. Estas circunstancias, utili¬
zadas por el Sr. Gomara, formaron
el lazo final de la entusiasta re¬
unión, poniéndole el sello de soli¬
daridad fraternal, que será inque¬
brantable entre nosotros.
^Entiendo que acontecimientos
de esta importancia y trascenden¬
cia, producto legítimo de la ilustra¬
ción española y. americana, mere¬
cen quedar consignados en las pági¬
nas que llevan ese nombre.
»No concluiré sin hacer saber al
Sr. Director que los dos mil españo¬
les que residen en esta provincia
han . contribuido con 50.000 duros
para la Suscripción nacional abierta
en Madrid con el patriótico propó¬
sito de contribuir a los gastos de la
guerra.
*Los españoles residentes en la
Argentina hemos remitido ya dos
millones de francos, y pronto irá el
tercero, sintiendo no poder hacer
más por nuestra España.
x> Saluda al Sr. Director
» A. J. Ramos .»
Mendoza, 16 Mayo, 98.
Al hacerse eco La Ilustración
Española y Americana de esos
acentos de fraternal amor venidos
de la América española, siente, á la
vez que gratitud profunda, una ín¬
tima satisfacción, la de haber con¬
tribuido en la medida de sus fuer-
zas, y por la labor perseverante de
muchos años, á establecer corrien¬
tes de comunicación y lazos de so¬
lidaridad entre esa América espa¬
ñola y la madre España, en las re¬
giones elevadas y serenas de las
letras y de las artes, en las que na¬
cen y se desarrollan vigorosos gér¬
menes de paz, de concordia y de
fraternidad verdaderas.
¡ Quién sabe si esa fraternidad lle¬
gará un día á convertirse en solida¬
ridad perfecta de aspiraciones den¬
tro de una independencia absoluta
de nacionalidades, y si será ése el
día en que una inmensa cruzada le¬
vantada por las razas latinas pasea¬
rá por el mundo la gloriosa enseña
del ideal, á que siempre rindió cul¬
to, vencedora ya del frío cálculo y
del mercantilismo egoísta, que son
dos ídolos ante los cuales se postran
otras razas hoy poderosas!
Mucho pueden en el mundo la
fuerza de las armas y la influencia
del oro , que todo lo violentan ; pero
pueden más á la larga y en definiti¬
va la fuerza de la ideas y el influjo
de los sentimientos. Que al fin toda
materia se descompone y todo cuer¬
po perece; pero el espíritu, y cuanto
de él procede, lleva el sello indele¬
ble de su divino origen, la inmor¬
talidad.
Por la Dirección,
Ramón Arizcun.
. » *** + ÍJ*
. % t/ 1
Excmo. Sr. D. JULIÁN GONZÁLEZ Y PARRADO,
GENERAL DE. DIVISIÓN.
SEGUNDO CABO PE LA CAPITANÍA GENERAL PE CUBA.
(De fotografía.)
■
V\ x \ " w .*
MARINA DE GUERRA ESPAÑOLA. — la oficialidad del aviso «giralda».
(De fotografía de J. Furnells.)
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1. Eusenacla de Joa. — 2. Playa de Pescadores.— 3. Cayo del Toro.— 4. Fuerte. — 5. Cuyo Barnón.— 6. Cayo del Medio. — 7. Cayo del Hospital.— 8. Ocujal.— 9. Punta Pescador. 10. Punta de Barlovento.
11. Punta de Sotavento. — 12. Punta de Sun Nicolás. — 13. Ensenada de MuLcmil la. — 14. Rio de Guantánaino.— 15. Rincón del Tio Frío. — 16. Punta del Hicaeal. — 17. Cayo de Caoba. — 18. Caimanera. 19. Faro. — 20. Punta Salinas.*
21. Ferrocarril á Santa Catalina do Guanta nau.o.— 22. Punta Rubí ó Manatí.
ISLA DE CUBA. -BAHÍA DE GUANTA ÑAMO.
386 — n • xxiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Junio 1898
ANTE EL CADÁVER
.DE MI aUlRIDO AMIGO I COMPAÑERO MASOEL TAMAYO Y BAOS.
SO NETO.
El sol, que los espacios ilumina,
También de luto y lobreguez se viste;
Ya se ocultó; parece que no existe
Y á través de las nubes se adivina.
¿Por qué la luz del astro que declina
Llega á nosotros desmayada y triste?
¿Por qué, Señor, lo que inmortal hiciste
Al olvido sucumbe y á la ruina?
Yo vi este cuerpo misero y helado
De cuantos dones guarda el bajo suelo
Con justicia y sin limites colmado.
Gloria, nombre, fortuna . ¡loco anhelo!
Tuvo otra aspiración y la ha logrado;
¿Quién pudiendo volar no aspira al cielo?
Manuel del Palacio.
ANTE UNA ESTATUA.
Contemplando a sus pies la inmensa rada
De Nueva York, fanal que al nauta muestra
La vía del emporio sin segundo,
De rayos , no de almenas , coronada.
La Libertad gigante alza en su diestra
La clara antorcha que ilumina al mundo.
Cuando en la noche el ave emigradora
Desde el Norte glacial huye á otros climas,
Ve refulgir como impensada aurora
Su resplandor sobre las altas cimas.
Nuncio del astro que templó su estío
Juzga el fulgor radioso que columbra,
Y le saluda con alegres notas,
Hasta que, á impulsos de su propio brío,
Se estrella en el fanal que la deslumbra
Helada y ciega y con las alas rotas.
Cuando tu luz, estatua gigantea,
Con la sangre inocente derramada
De cárdeno matiz se colorea,
¡Qué triste , oh Libertad , es ver trocada
Tu pura antorcha en incendiaria tea! .
No hay en la ingente mole férrea y dura
La majestad serena
Que las almas suspende y enajena.
Cuando el pliegue de suelta vestidura
Guarda , petrificada en la escultura,
La caricia gentil del aura helena.
Es de otra raza. El pueblo invencionero,
Que en las alturas do se forja el rayo
Hace brillar al rayo prisionero,
Reprocha al Arte como vil desmayo
Su creador ensueño. Vasallaje
Le rinde el suelo que domó, salvaje,
Y cual sátiro á ninfa sin ventura
Que en sus brazos hercúleos forcejea,
A la joven, espléndida Natura
Sin piedad de su virgen hermosura
Viola y fecunda en bárbara pelea.
Son sus armas triunfantes
Corvos arados y afiladas proras,
Y en sumisa legión , como elefantes
De asiático rajah, locomotoras
A su voz obedecen jadeantes,
Del tiempo y la distancia vencedoras.
Roza incapaz de levantar el vuelo —
¡Pesa el oro en sus alas! — nunca el cielo
Del ideal ansió; tan insensata,
Que cifrando en lo enorme la grandeza,
Argos del lucro y ciega á la belleza,
Del Niágara la hirviente catarata,
Del mundo encanto, con brutal rudeza
Al carro de la Industria arrienda y ata.
El noble hidalgo, con altivo ceño,
Proclama, desde cumbres ideales,
Falsa su gloria, su poder pequeño.
¡Para juzgar mezquinos y triviales
Sus férreos monumentos colosales,
Basta al loco inmortal su Clavileño !
¡ Su furor compadece ! No le admira
Que ante España no sienta el vil logrero
Veneración, amor, ¡ay! ¡lo que inspira
La ancianidad gloriosa al caballero!
¡ Es justo, advenedizo de la Historia,
Que no evoque un recuerdo en tu memoria,
Fiera legión de estatuas inmortales
Que duerme en nuestras viejas catedrales
El sueño majestuoso de la gloria!
Cuando en tu culto al oro que te oprime
Relegas olvidados
Al templo de los dioses ignorados,
Al fiero Honor y al Ideal sublime,
¿No hay algo en tu grandeza que te espanta,
Viendo que, en tu naciente poderío,
Como en marmóreo pedestal vacío
Ni una idea ni un héroe se levanta?
¿Y al pueblo insultas de la Patria mía?
Antes que tú nacieras, ya escribía
Noble poeta y guardador austero
De un código de honor ¡su Romancero!
Que es provocar al débil felonía;
Y en la tierra natal de la hidalguía,
Del injusto ofensor para vergüenza,
Siempre que afrenta á venerable anciano
Brutal conde Lozano,
¡ Surge un Cid generoso que le venza !
De tu misión pacifica ¿qué has hecho?
Si la fuerza brutal vence al derecho,
Si entre sangre y estrago
Busca ganancia infame tu codicia,
Si parodia de Roma á la milicia
La mercenaria hueste de Gartago;
De la gigante Libertad, que un día
Mostrarnos pretendía
Cómo, por luminoso derrotero,
Puede libre y feliz el mundo entero
Gozar derechos y cumplir deberes,
¿Qué hiciste? ¡ Un faro más que al lucro guía
Turbas de codiciosos mercaderes! .
Hoy que, á tus pies, la Guerra desgreñada
La razón y el derecho pisotea,
Mientras miras al cielo consternada,
¡Qué triste, oh Libertad, es ver trocada
Tu pura antorcha en incendiaria tea!
Juan Arzadún.
POR AMBOS MONDOS.
NARRACIONES COSMOPOLITAS.
Nuestra colonización y la extranjera —Por la caridad entra la peste.
—La quiebra de Ilooley. — La fuerza de la voluntad de lord ltose-
bery. — Terapéutica social del imperador de Alemania.
íW abido es cómo paga el diablo á quien
bien le sirve. Nosotros los españoles
hemos cometido la insensatez de con-
> 'xJ vert^r á los tagalos y mestizos en ciu-
<f ÍGtíyfó dadanos; de establecer para ellos uni-
versidades, seminarios, colegios y escue¬
las; de hacerlos doctores, sacerdotes y
funcionarios públicos, y, en cuanto la juven¬
tud indígena se vió enaltecida con esas dis¬
tinciones que jamás mereciera, emprendió la pro¬
paganda parricida contra España, conspiró apro¬
vechándose del bien que les hicimos, y después
de rendidos y perdonados, se han unido á nues¬
tros infames enemigos los acaparadores de la he¬
gemonía americana. ¿Por qué no se han sublevado
contra Holanda, contra esta nación que tiene sólo
4 millones y medio de habitantes, los 32 millones
de indígenas que pueblan sus colonias de Sumatra,
Java, Sur de Borneo, Flores, Célebes, Molucas y
Nueva Guinea? Pues sencillamente porque los ho¬
landeses, menos quijotes que nosotros, no han he¬
cho ningún doctor, ni ningún abogado, ni ningún
clérigo, ni ningún funcionario de los naturales de
aquel país; porque no han pensado jamás en igua¬
larse con ellos, en poco, ni en mucho, ni en nada;
porque los han dejado en su vida primitiva como
á bestias naturales, con sus costumbres propias,
con sus emperadores y reyes pour vire , con su re¬
ligión y sus tradiciones, sin cuidarse de que vayan
ó de que no vayan al cielo ó á los profundos infier¬
nos. Los holandeses no han hecho del indígena más
que una máquina de trabajo, á la que exigían que
entregase la cosecha de café que recogía, á razón
de 15 pesetas por partida, por ejemplo, para ven¬
derla luego en Holanda á fiO. Esta tiranía, esta ex¬
plotación del hombre, duró desde 1832 á 1872. En
1890 cesaron algunos de los monopolios antiguos;
pero el Gobierno holandés continúa explotando el
del café, el del opio y el de la sal. A cambio de
que el indígena trabaje y pague, completamente
sometido al Estado, se le conservan todas sus li¬
bertades (?) antiguas, las de la vida del atraso y
del abandono; y con esta concesión vive á su gus¬
to, y los holandeses más. Esta es la colonización
modelo, la egoísta; y la nuestra es la mala, la ge¬
nerosa, y así es el mundo, el de los explotadores.
Y para el caso de que los naturales cambien de
modo de pensar y se les ocurra alzarse contra sus
dominadores, mantienen éstos allí constantemente
un ejército de 15.000 europeos (de ellos 11.000 ho¬
landeses), y otros 15.000 indígenas.
La farsa de la conservación de los monarcas
malayos y de su corte y ejército, con cuyas apa¬
riencias creen los naturales que aun son casi in¬
dependientes, es completa. En Surakarta (la se¬
gunda población importante del archipiélago, que
cuenta 130.000 habitantes) viven dos Emperado¬
res: Susocbonán y Pangerán Adipati Ario Mangku-
Negoro, descendientes de los antiguos monarcas.
Como gentes del mismo oficio, no se pueden ver
uno á otro ni pintados, y en su mutua rivalidad
está la garantía de su impotencia y la tranquilidad
absoluta de los holandeses. Además, para que la
recíproca tirria sea más honda entre ambos, los
holandeses los han hecho cuñados, casando á Su-
sochonán con la hermana de Negoro.
Para imponerse á los babiecas de sus súbditos
tiene aquél delante de su palacio unos cañones de
bronce, cubiertos de roña desde el oído hasta la
boca; y en cambio, Negoro manda un regimiento
ó montón de seiscientos soldados (?) de infantería
y medio escuadrón de caballería. No pueden los
Emperadores salir de su palacio sin permiso del
Residente ó Gobernador de la comarca; y disfru¬
tan de tai independencia y consideración, que to¬
das las mañanas les presentan el correo en una
bandeja de oro; pero . ¡después que lo ha abierto
y examinado, de la cruz á la fecha, el Residente!!
¡Qué palacios y (jué corte tan admirable la de
los Soberanos in partibus de las colonias holande¬
sas! Los europeos que visitan las residencias im¬
periales cuentan que no acaban, y tragan que es
un portento. Negoro recibe en los salones de su
Pendono , decosados á la europea con resabios del
arte malayo é iluminados por setecientas lámpa¬
ras. Allí se dan banquetes de trescientos cubiertos,
y á cada convidado sirve un camarero especial.
No tienen otro oficio los Soberanos que comer,
tumbarse á la sombra y oir los acordes de la mú¬
sica europea, que ejecutan (y es verdad el vocablo)
ios músicos indígenas, que aprenden de oído para
ser artistas, el gamela ng de Java. Entre estos Sobe¬
ranos y los grandes de su corte abunda mucho el
dinero, y toda su preocupación consiste en consu¬
mirlo alegremente. No hay para qué decir que á
la buena comida y á la buena música añaden el
indispensable regalo de las esposas legítimas por
docenas. Ningún agustino, ni franciscano, ni do¬
minico, ni jesuíta les ha dicho jamás que por ese
camino se va al infierno, porque allí no se estilan
tales hábitos; y en cambio, los holandeses, los des¬
cendientes de los especieros del siglo XVTI, les ani¬
man á que sigan disfrutando de la vita bonay con
tal de que malayos ricos y pobres paguen el tributo
que el Gobierno de La Haya les exige. Y esto es el
resumen de un sistema colonizador, suave, inteli¬
gente, acertado, modelo y garantizado contra toda
clase de sublevaciones. «Al olor de la rica miel»
han acudido á poblar y á aumentar las poblacio¬
nes de aquella deliciosa Insulinda miles y miles
de malayos, chinos, árabes ó indios; y desde unos
tres millones de habitantes que había en todas las
islas á principios del siglo XIX, son hoy treinta y
dos los que residen en aquel paraíso de la zona tó¬
rrida oceánica. He referido las maravillas estu¬
pendas de la colonización comercial, laica, positi¬
vista y utilitaria de los holandeses, en mis leccio¬
nes sobre los intereses ultramarinos en la cátedra
del Ateneo de Madrid, y digo y repito ahora que
jamás hubiéramos tenido insurrecciones en las Fi¬
lipinas si, siendo menos humanitarios, menos ca¬
balleros, menos cristianos y menos quijotes, y
habiéndonos dedicado exclusivamente, sin ningún
miramiento, á imponer el predominio español so¬
bre el tagalo , y á explotar su fuerza física como
se explota la de los animales, y á trazar una línea
absoluta de separación entre los indígenas y los
peninsulares, no los hubiéramos educado ni ense¬
ñado nada, ni hubiéramos tratado de evangelizar¬
los, ni redimirlos, ni les hubiéramos abierto las
puertas de la Universidad y de los colegios y se¬
minarios, ni les hubiéramos dado participación
alguna en la administración y gobierno de los pue¬
blos. Esto es muy duro; pero más duro es el pago
que nos ha dado la ingratitud filipina.
o «
Por la caridad entra la peste . Si no hubiera ni
un abogado, ni un alcalde, ni un empleado, ni un
cura indígena, no se hubieran sublevado jamás
aquellas islas. Lo demuestran así las colonias y
posesiones holandesas ó inglesas de Asia y de
Oceanía. Por eso las conservan, por haber tratado
á los naturales como seres inferiores é indignos;
por eso no las conservamos nosotros, por haberlos
considerado como hombres y como hermanos
nuestros. La colonización digna y humanitaria ha
sido la española; la colonización brutal y exter-
minadora ha sido la inglesa y las que la han imi¬
tado. Cuanto queda dicho de Java y de Sumatra,
se puede repetir de la India, de Nueva Zelanda y
del Africa Meridional, donde el elemento indí¬
gena ó ha desaparecido en absoluto ó no tiene
participación alguna en la administración y go¬
bierno de la colonia, por más que conserve todas
las libertades y prácticas de la barbarie antigua,
como ocurre en la India entera. El laissez /aire,
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30 Junio 1898
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
n.® xxiv — 387
laissez aller de los librecambistas es la gran doc¬
trina del egoísmo colonizador; dejad al colono, al
indio, al tagalo que hagan lo que les dó la gana,
con tal de que vivan sometidos y, paguen el tribu¬
to, con tal de que trabajen como caballerías y pro¬
duzcan todo lo que puedan al tesoro colonial, y lo
demás es palabrería pura. Esto será antihumano
y anticristiano ; pero haciéndolo así conservan sus
colonias las naciones grandes y pequeñas de Euro¬
pa, y por no hacerlo nosotros, las hemos perdido
y las iremos perdiendo.
*
« «
Para los pueblos anglo-sajones y flamencos, la
colonización no es más que un negocio, y todos
los medios, aun los más detestables, son lícitos y
buenos con tal de realizarlo. Este grosero positi¬
vismo está en la masa de la sangre de esos pue¬
blos, y lo aplican, no sólo al trato de los colonos,
sino al de sus conciudadanos y convecinos. «Amon¬
tonar dinero, y caiga el que caiga», tal es el ideal.
Así lo puso en práctica, con tanta audacia como
fortuna, el millonario aventurero Hooley, cuya
espantosa quiebra acaba de producir tanta sensa¬
ción en la Bolsa de Londres. Ese mozo, que cuenta
hoy treinta y nueve años, era no hace muchos
humilde emplead illo de una casa de banca, y en
1897 había reunido un capital que le producía
1.800.000 pesetas de renta. No hubo jamás obs¬
táculos ni dificultades para él en materia de nego¬
cios. En 1895 fundó la Compañía de Dunlop, con
la que sacó ai público cinco millones de libras es¬
terlinas, dos de los cuales se apropió como funda¬
dor. Había creado ya, con un capital de dos millo¬
nes y medio de libras, la sociedad Bovil para la
explotación del extracto de carne; se hizo dueño
de la empresa de aguas minerales de Scheweppe;
mangoneó como pocos en los centros bursátiles de
la City, en Londres; fundó la fábrica de fusiles
Lee-Metford; trató de realizar varios empréstitos
con las naciones extranjeras, y entre ellos uno de
16 millones de libras con el Gobierno chino, y
tuvo gran participación en el contratado para el su¬
ministro del gas en Viena.
Vivía á lo millonario espléndido, con seis admi¬
rables posesiones rurales de gran cultivo, produc¬
ción y lujo; poseía afamada caballeriza, y era su¬
mamente pródigo en sus constantes donativos.
Cuando se celebró el Jubileo de la reina Victoria,
regaló á la catedral de San Pablo una colección
de ornamentos de oro puro. Su fama de hombre
atrevido y afortunado es tanta, que aun hoy, des¬
pués de la quiebra, se asegura en Inglaterra que
el activo que presenta es mayor que el pasivo, que
pagará á todos sus acreedores y que continuará
negociando con tanta actividad como antes.
En una reciente conversación con un periodista,
dijo con su habitual frescura y sangre fría: «He
dado á los pobres más de 250.000 libras , y hoy no
tengo una peseta en mi casa. El banquero en cuya
caja dejé 5.000.000 de libras, se ha negado á pa¬
garme un cheque de 150 que le he enviado para
satisfacer los gastos de mis empleados. Durante
muchos años he trabajado dieciséis horas diarias,
sin haber tenido en ellos dos ó tres días libres
para descansar. Muchos caballeros á quienes he
sacado de la nada, que ocupan hoy grandes posi¬
ciones gracias á haberles admitido á formar parte
de los sindicatos que fundé y que se hicieron ri¬
cos sin tener que discurrir nada, me vuelven la
espalda; pero no importa; yo me reharé, yo vol¬
veré á subir; pagaré á todos y me quedarán 500.000
libras para empezar á trabajar de nuevo por mi
cuenta. Soy víctima de las calumnias de mis ex¬
plotadores , y juro que he de desenmascararlos y
que daré buena cuenta de ellos.»
Con gran impaciencia se esperan en el mundo
de los hombres de negocios las revelaciones de
Hooley; pero no hay persona que piense en esto
que no diga: -Por muy crueles explotadores que
hayan sido los que persiguen á Hooley, ¿qué ex¬
plotador se podrá comparar con él, que en diez
años, sin tener mil pesetas á su disposición, acu¬
muló un capital de tantos millones? ¿A cuántos
miles de familias habrá desplumado este D. Juan
de Robres, para hacer pasar los ahorros del pró¬
jimo á sus insondables bolsillos ? Aun es muy jo¬
ven, y con lo que ha aprendido, posible es que
vuelva á recuperar la fortuna, porque la tenacidad
de su carácter no dejará de encontrar bastantes
millares de incautos á quienes arrastrar y asimi¬
larse pecuniariamente. Todo es cuestión de volun¬
tad y de constancia, virtudes típicas en el carác¬
ter inglés, y de las cuales fué modelo incompara¬
ble por cierto el ex jefe del partido liberal lord
Rosebery. Era estudiante en Oxford á los dieci¬
séis años este famoso aristócrata, y discutiendo en
cierta ocasión con sus compañeros acerca del po¬
der de la firme voluntad, les dijo: «Tal como me
veis, yo me casaré con la joven más rica de Ingla¬
terra; yo seré primer Ministro en el Gobierno, y
yo ganaré el primer premio en las carreras del
Derby.» No puede soñar mayores éxitos ni gran¬
dezas un inglés. Pero lord Rosebery no soñó, por¬
que algunos años después se casaba con una hija
de Rothschild y presidía el Gobierno liberal cuan¬
do lord Gladstone se retiró; y de sus caballerizas
salió el caballo que obtuvo el gran premio en las
carreras. Como marido y como criador de potros
1* fue mejor que como político, porque no consi¬
guió retener por mucho tiempo la jefatura del
partido liberal, que le disputó y arrebató sir
W. Harcourt, y á quien ahora trata de arrebatár¬
sela á su vez, para suceder definitivamente á lord
Gladstone. ¿Lo conseguirá? Todo se puede esperar
en la política si se tiene la cabeza tan dura y el
ánimo tan esforzado como Rosebery, que hasta
ahora siempre que ha dicho «¡quiero!», ha logrado
realizar lo que ha querido.
Alemania es tan positivista ó más que la Gran
Bretaña, y está tan materializada como la nación
más prosaica y realista del orbe. Esta enfermedad
corroe su organismo y su sangre hasta lo más
hondo, y es más grave en la vida del pueblo y de
la clase media que el socialismo y que el anar¬
quismo. ¡Pero no haya miedo! El enfermo teutón
sajón tuvo un gran médico: el emperador Guiller¬
mo. Acaba ahora mismo de encontrar un remedio
heroico contra el mal social , un elixir para idea¬
lizar á la nación, para levantarla, para que se re¬
dima del ruin culto de la materia. ¿Cuál es este ma¬
ravilloso remedio? El teatro.
Discutan en hora buena ateneístas , lateros de
cafó, logorreos y emborronadores de cuartillas, si
el teatro es ó no escuela de costumbres; Guillermo
de Alemania ha hablado, y el pleito queda resuelto
en suprema instancia. Hé aquí alguno de los pá¬
rrafos de la alocución imperial, dirigida hace diez
días á los artistas de los teatros alemanes subven¬
cionados por el Gobierno: «Cuando subí al trono
acababa de salir de la escuela del idealismo, en la
que mi padre me educó. Desde entonces he creído
que los teatros reales estaban destinados, antes
que á todo, á cultivar el idealismo en el pueblo, y
que deben ser, como la escuela y la universidad,
un instrumento de que el monarca se sirve para
conservar los tesoros intelectuales de la noble pa¬
tria alemana. El teatro debe contribuir á formar
el espíritu y el carácter del pueblo, á arraigar sus
ideas morales, y es para el soberano una de las
principales armas que puede emplear en pro del
progreso de la nación. Por esto tengo el deber de
cuidarme mucho de que se sostenga y prospere,
como lo hicieron mi padre y mi abuelo. Os agra¬
dezco muchísimo, señores artistas, el haber culti¬
vado é interpretado tan magistralmente las obras
maestras alemanas, las creaciones de nuestros
grandes genios y las de los de las demás naciones.
En todas partes se admira el arte de los teatros
que llevan el nombre de reales por estar bajo el
amparo de los reyes.
» Continuad ayudándome á servir el ideal con
firme confianza en Dios, y á sostener la lucha
contra el materialismo y contra las tendencias
opuestas al espíritu alemán, y á las cuales se han
entregado desgraciadamente algunos teatros ale¬
manes.»
A esta original encíclica laica y regia, por la
que se eleva á los cómicos al rango de regenera¬
dores activos del espíritu humano, ha contestado,
en nombre de los actores, el Conde de Hochberg,
intendente general de los teatros subvencionados
por el Gobierno, asegurándole que el arte nacio¬
nal multiplicará sus triunfos bajo la dirección
del Emperador, y enviándole el testimonio de
gratitud de cuantos toman parte en la vida teatral.
Confía Guillermo II en que la nación se engran¬
decerá inspirándose en el recuerdo de las grandes
obras de sus escritores dramáticos pasados y pre¬
sentes, como nosotros confiamos en que hemos de
ser cada día más ruines y pequeños inspirándonos
en los mamarrachos y chulaperías de nuestro des¬
acreditado y hundido arte callejero, cuya peque-
ñez y pobreza en la forma literaria son dignas de
sus menguados ideales.
Ricardo Becerro de Bengoa.
Al publicar en nuestro número XXI el retrato
y los espléndidos salones del palacio de la Vizcon¬
desa de Janzó, la llamábamos Baronesa, reprodu¬
ciendo el error en que la prensa extranjera incu¬
rría al confundir ambos títulos. Tenemos, por lo
tanto , el gusto de hacer constar que la aristocrá¬
tica dama que destinó el producto de la Exposi¬
ción de su artística morada al beneficio de los he¬
ridos españoles es Mme. Choiseul Gouffier^ viz¬
condesa de Janzé, y no baronesa.
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Rogamos á los Señores Suscriptores cuyos abo¬
nos terminen con el presente número y que pien¬
sen seguir honrándonos con su concurso, se sirvan
anunciar su propósito á esta Administración con
la mayor anticipación posible, á fin de que el ser¬
vicio de sus respectivos abonos no sufra retraso
por la aglomeración de trabajos, propia de esta
época del año, en nuestras oficinas.
Tanto para avisar las renovaciones, como para
hacer cualquier reclamación sobre el servicio, e«
muy conveniente acompañar á las cartas una de
las fajas con que se Recibe el periódico.
Los Señores Suscriptores recibirán con el pre¬
sente número la Portada y el Indice general co¬
rrespondientes al tomo lxv de La Ilustración
Española y Americana, que termina en esta
fecha.
Los frecuentes abusos que vienen cometiéndose
por individuos que falsamente se atribuyen el ca¬
rácter de representantes de esta Empresa en las
provincias, nos ponen en el caso de recordar nue¬
vamente: l.°, que no respondemos más que de
aquellas suscHpciones que se hayan formalizado y
satisfecho en nuestras oficinas; 2.°, que el público
debe acoger con la mayor reserva las instancias
de personas que, á la sombra del crédito de la Em¬
presa, y atribuyéndose una representación que de
ningún modo pueden justificar, abusan de su
buena fe; y 3.°, que siendo en gran número los li¬
breros, impresores y dueños de establecimientos
mercantiles que en todas las capitales y poblacio¬
nes importantes del Reino reciben suscripciones
á La Ilustración Española y Americana y á
La Moda Elegante, correspondiendo con hon¬
radez á la confianza que en ellos deposita el pú¬
blico, no nos es posible estampar aquí una lista
tan numerosa, ni es tampoco necesario; porque
conocidos como son en sus respectivas localidades
por el crédito que su comportamiento les haya
granjeado, nada es tan fácil, para las personas que
deseen suscribirse por medio de intermediarios,
como asesorarse previamente de la responsabilidad
y garantía que puede ofrecerles aquel á quien en -
tregan su dinero.
El Administrador.
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388 — n.° xxiv
LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y AMERICANA
30 Junio a *
LIBROS PRESENTADOS
i ESTA REDACCIÓN POR AUTORES Ó EDITORES.
España ilustrada.— Vistas, monumentos,
escultura y pintura.
Se han recibido ejemplares del numero
24 de esta artística publicación de la casa
Hauser y Menet, que contiene preciosas
vistas de Toledo, Eibar, León, y el célebre
cuadro de Goya La familia de Carlos IV.
El Credo y la ilazón, por D. José de Elo-
]*. — Un distinguido jefe ael Cuerpo de E. M.,
el Sr. D. José de Elola, cuyo nombre en el
ejército es Yentaj osamen te conocido, nos
sorprende con la publicación de una obra
de religión de gran profundidad y alcance,
cuyo título encabeza estas líneas.
Declara el autor que desconoce las sutile-
zas escolásticas y que ignora las razones
que los doctores de la Iglesia aducen en
apoyo de su doctrina; pero que, como hom¬
bre, encuentra en su razón, en su concien¬
cia y en el ejercicio del sentido común
medios apropiados para conocer la verdad,
y los emplea. ....
Llevado por imperiosa necesidad de su
espíritu á profundizar el significado de las
palabras del Credo, y obedeciendo á la irre¬
sistible aspiración A la verdad que el hom¬
bre siente, escribió para sí mismo; pero in¬
ducido por personas respetables A publicar
un estudio nacido de aquellas causas pura¬
mente subjetivas, colma todo su anhelo la
esperanza de que algún indiferente medite,
algún descreído crea, alguno sienta al leer
las páginas lo que el autor sintiera al es¬
cribirlas.
Examinando las grandes afirmaciones
católicas del símbolo de la fe, trata el señor
Elola con grandísimo acierto de materia
tan difícil con la sola ayuda de la razón na¬
tural; pero la razón del autor es la de una
inteligencia ejercitada en la fecunda disci¬
plina de los estudios matemáticos, está
ilustrada con la riqueza de ideas de una
vasta cultura, y tiene tal luz y (calor de
una fe sincera, que, superando sus propios
deseos, resulta la obra una apología cató¬
lica brillante y simpática de gran fuerza
sugestiva.
En materias tan delicadas de tratar,
puede la mejor intención de un escritor
poco versado en ciencias eclesiásticas caer
en errores lamentables; pero D. José Elola,
que sometió su trabajo á la censura de la
Iglesia, mereció del Excmo. Sr. Obispo de
Puerto Rico la autorización plena del mis¬
mo por no contener, según la censura, cosa
alguna contra el dogma católico y sana
DON JOSÉ DE PONTES Y ROSALES,
PRIMER FARMACÉUTICO DE LA REAL CÁMARA,
NUEVO ACADÉMICO DE LA REAL DE MEDICINA.
(De fotografía de Fernando Deba*.)
moral, encontrando su lectura recomenda¬
ble á los fieles por la instrucción religiosa
que encierra.
El precio marcado en la obra es el de 6
centavos de peso.
Claufttros románicos españoles, por
D. Enrique Serrano Fatigatf.
El docto catedrático y presidente de la
Sociedad Española de Excursiones, don
Enrique Serrano Fatigati, cuya Memoria
acerca del Sentimiento de la Naturaleza en
los relieves medioevales españoles exami¬
namos ligeramente en una de nuestras úl¬
timas notas bibliográficas, ha publicado
otro interesante estudio en que da nueva
muestra de sus profundos conocimientos
arqueológicos.
En este examina los caracteres propios
de los claustros románicos en nuestro país,
y describe el estado de los principales de
ellos. El monasterio de Ripoll, San Cucu-
fate del Vallés, San Benito de Bagés, San
Juan de la Peña, San Pedro el Viejo de
Huesca, el monasterio de Silos, San Pedro
de Vi Uanueva (Asturias), los de La Oliva
é Iranzu, los monumentos de Poblet, San¬
tas Cruces, Vailbona, las Huelgas de Bur¬
gos y otros muchos, son objeto de su
investigación. Analiza después la proceden¬
cia de los claustros españoles y sus relacio¬
nes con los extranjeros, examina su va¬
riada ornamentación, consagrando dos ca¬
pítulos respectivamente á la del monasterio
de Silos y de los relieves de Tarragona.
Veintiséis figuras intercaladas en el texto
ilustran la obra, á la que acompañan dos
fototipias, una del claustro de San Juan de
la Peña y otra del de Silos, hechas por
Hauser y Menet
La Cristiada, por Fr. Diego de Ojeda.
Hemos recibido los cuadernos 25 y 26 de
la edición artística y monumental que la
casa S. González y Comp.*, de Barcelona,
publica del épico poema cristiano de Diego
de Ojeda.
Necesariamente habríamos de incurrir
en repeticiones de lo que en análogos casos
hemos dicho de obra tan bella é importante
si tratáramos de elogiar como merecen los
cuadernos últimamente recibidos.
JLa Exposición Nacional de Bellas
Arte*.— Hemos recibido ejemplares del cua¬
derno XIV de esta artística publicación,
que contiene el retrato de J. Martínez Aba¬
des, y obras del mismo, de Hernández Ná-
jera, Vila, María Luisa La Riva, Vancell,
Alcalá Galiano, Francés, Cusín y Beristain.
C.
MAPA DE LA ISLA DE CUBA.
En la Administración do La Ilustración Española y Americana,
Arenal, 18, Madrid, hállase de venta el Mapa de la Isla de Cuba más com¬
pleto de todos los publicados hasta el día.
Este mapa, esmeradamente impreso á cinco tintas, está dividido en dos
hojas, comprendiendo una la parte oriental , y la otra la occidental de
la Isla. Es indispensable á todos cuantos quieran seguir, en todos sus de¬
talles, las operaciones militares en la Isla de Cuba.
El precio de venta en toda España es de 2 pesetas cada hoja, ó sean
4 pesetas el mapa completo.
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Reservados todos loe derechos de propiedad artística y literaria.
MADRID.— Establecimiento tipolitográfico «Sucesores de Bivadoneyra»,
impresores de la Real Casa.
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I'
I
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SOUTHERN REGIONAL LIBRARY FACILITY
405 Hilgard Avenue, Los Angeles, CA 90024-1388
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from which it was borrowed.
01 OCT 1 8 1S5£
NON-RI:NEWABLE
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